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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 16/06/17 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-Alberto, de verdad.

No te preocupes, que soñar que matas a tu suegra es algo muy común

y no significa nada. -Pero es que son todas las noches.

-No pasa nada. -De continuo.

O sea, ¿que puedo soñar con ella? -Sí. Sí, sí, sí, sí.

-Pues muchas gracias, doctora. -Nada, nada.

Hola. -Hola. ¿Has terminado?

-Sí. -Vale. ¿Vamos a comer?

-No tengo hambre. -¿Estás bien?

Yo creo que tienes fiebre. -Igual tengo un catarro.

Me tomo un ibuprofeno y ya está. -Que no, hombre, que no.

Pasa a que te vea alguien del hospital, por favor.

-En todo caso, si quieres me ves tú.

Que no quiero remover Roma con Santiago por un catarro, ¿eh?

-Bueno, pues nada, si quieres te miro yo.

Pero ya sabes que yo soy cirujana.

En cuanto pueda, te voy a meter el bisturí.

-¡Ay!

-Aunque con esa cara, igual te viene hasta bien.

-¡De verdad!, que no me gusta que me gastes esas bromas.

La doctora Soto explora a Lucia,

porque lleva toda la mañana con malestar general, febrícula

y dolor abdominal.

-¡Ay! Ahí me duele. -Sí.

-Y ¡Ay! Ahí más. -¿Ahí te duele?

-Sí. -A ver, siéntate, por favor.

-Pero con cuidado. -A ver, dime si te duele.

-Vale. No. No.

-¿No? -No.

-¿Tampoco? -Que no.

-Vale. Pues igual es una gripe.

Vamos a hacerte un análisis de sangre y de orina,

para que yo me quede más tranquila. -Vale.

-La gripe es una infección respiratoria aguda

provocada por el virus influenza.

A menudo, suele confundirse con un resfriado.

Pero, aunque tengan síntomas comunes, la gripe suele ir acompañada

de fiebre, dolor de cabeza y dolor muscular.

En cambio, el resfriado suele limitarse a una congestión nasal,

estornudos e irritación ocular.

Cuando lo tengas, me lo das y lo llevamos a analizar.

-Vale. -Porque... ¿No estarás...?

-¿El qué? -¿Embarazada?

-No. Pues ya sería mala suerte si estuviera embarazada.

Porque últimamente, lo que es la intimidad, pues no...

-Bueno. Era una pregunta. No necesito detalles.

-Pero es que este tema me tiene un poco preocupada últimamente,

la verdad. -Que necesitas hablar.

-Pues si tienes un rato... -Bueno, pues te voy a recetar

un ibuprofeno para el dolor y la febrícula...

-Bueno, lo que yo decía. -Y un café conmigo para los agobios.

Ahora, cuando venga la enfermera a sacarte la sangre,

nos vamos a un café. -Mmm, qué grima me da. Hola.

-La mayoría de las veces que nos contagiamos de gripe

no es necesario acudir al médico.

Casi siempre bastará con tomar ibuprofeno o paracetamol

para bajar la fiebre, beber abundante líquido, y guardar reposo.

El doctor Arce acompaña a Alberto, su vecino,

porque se lo ha encontrado dolorido en el rellano de la escalera.

¿Miguel? ¿Qué haces aquí?

Alberto vive en el piso de abajo, con su abuelo.

Los conozco de toda la vida.

Hoy cuando volvía a casa,

estaba esperando porque se había olvidado las llaves.

Y enseguida me di cuenta de que no estaba bien.

Así que he decidido traerlo al hospital.

Alberto, que tiene un dolor en el tórax, en el lado derecho. ¿M?

Y bueno. Iba a llevarlo a mi hospital,

pero preferí parar aquí. Como está más cercano...

Me parece muy bien lo que has pensado.

Vamos ahora mismo a Triaje, que te vea un médico, ¿vale?

Ya me encargo yo, gracias.

-Eh... Es más bien una sensación que un dolor. ¿Sabe?

-¿Y sientes presión? -No.

-¿Vómitos, náuseas, sudor...? -Mire, doctora, estoy de exámenes,

seguro que es por el estrés, o algo. No hay que darle más vueltas.

-Pero, ¿seguro que no te has llevado un golpe en la zona?

-Que no, no. Es que ya te he dicho que no.

-Vale. ¿Te puedes quitar la camisa, por favor?

Te voy a hacer un electro... -¿Me la tengo que quitar entera?

-Eh... Bueno, no, con que te desabroches, vale.

-Alberto no lo ha tenido fácil.

Sus padres murieron cuando era muy pequeño.

Y ahora, vive con su abuelo,

que tampoco le dedica todo el tiempo que necesita.

Me alegra mucho saber que has decidido terminar en el instituto.

Es lo mejor que puedes hacer.

-Sí. Y así voy a demostrar a todos de lo que son capaz, ¿no?

-Bueno. Mira.

Todo es normal, ¿eh? La saturación, el electro... Todo.

La auscultación... -¿Y usted qué piensa, doctora?

¿Tal vez un dolor torácico atípico, de origen ansioso?

-Pues es lo más probable.

Como estás nervioso, con los exámenes y todo eso...

Muchas personas vienen a Urgencias con dolor en el pecho,

pensando que están sufriendo un infarto.

Pero en realidad, también existen otras causas.

Por ejemplo, ansiedad o problemas musculares.

Lo que vamos a hacer ahora es llevarte a Boxes, ¿de acuerdo?

Que ahí vas a estar más tranquilo, te van a dar un diazepam sublingual,

y te podrás ir a casa. ¿Vale?

-Y entonces, ¿qué? Con Landó, ¿regular?

-Pues regular. A veces, parece que todo va bien,

pero luego es que tenemos días que parecemos dos desconocidos.

-¿Y eso lo has hablado con él?

-Pues es justo lo que no quiero hacer.

Porque es que estoy harta ya.

De darle vueltas al mismo tema siempre. Estoy harta.

Y bueno, al final, yo lo que quiero es tener una vida normal,

llegar a casa y hablar de cosas normales.

De lo pesada que es Andrea mandándome hacer análisis... Y de eso.

-Pues mira. Por ahí viene. Así que igual se lo puedes contar.

-Oye, por favor, ¿eh?

No le digas nada, que no quiero que me haga un chequeo,

que encima es mi ginecólogo. -¿Sí? ¿Y eso no se te hace raro?

-Pues al principio igual sí, un poco. Pero ahora ya no.

Llevamos muchos años. ¿Vale?

-Eh... Lucía. Hola. -Hola.

-Hola. -¿Comemos luego juntos?

-Eh... No, no. Yo me iba a comer un sándwich rápido con Andrea.

¿A que sí? -Sí.

-Ah, vale. Bueno. Qué lástima.

Oye, ¿estás bien? -¡Sí! Sí, sí, estoy perfectamente.

Venga, que... Que nos vamos. -Vale.

-Hasta luego. -Adiós.

-Clara. ¡Hola! ¿Qué tal Alberto?

Bien. Acabo de dejarle en Boxes.

Tiene un dolor torácico de origen ansioso.

Ay, la ansiedad. Qué mala es, ¿eh?

Oye, me alegro muchísimo que te lleves tan bien con tus vecinos,

de verdad. Alberto es un chico muy majo.

Sufrió acoso hace tiempo y afortunadamente pegó el estirón

y ya no se meten con él. Bueno, pues me alegro.

La verdad es que pareces un padre con él, ¿eh?

No. No es que me crea su padre.

Es que... Creo que solo necesita que vea que alguien se preocupa por él.

Ya.

Bueno... Oye, por cierto, te recuerdo que esta noche

hemos quedado para cenar Elsa, tú y yo. ¿Eh?

Ah... Clara, lo siento mucho.

Me había olvidado, y cambié la guardia con un compañero.

No me lo puedo creer. De verdad, es que siempre pasa algo.

Esto parece la cena maldita. Ya la haremos otro día, ¿m?

No te preocupes.

Además, no hay prisa,

ahora que tu hija decidió quedarse a vivir contigo...

Me voy. ¿Vale? Adiós.

La doctora Soto ya tiene los resultados

del análisis de sangre y orina de Lucía.

Lucía, pero, ¿tú por qué no te vas a casa?

-Pues porque tengo muchas citas y no quiero anularlas.

-De verdad. A ver, tienes infección urinaria.

-¡Hala! ¡Lo que me faltaba ya! -He mandado hacer un cultivo

para saber de qué bichito estamos hablando.

Pero eso va a tardar unos días.

La mayoría de las infecciones de las vías urinarias

están causadas por bacterias, que entran en la uretra

y luego en la vejiga.

Los síntomas comunes incluyen dolor abdominal,

ardor al orinar, olor fuerte de la orina,

necesidad de orinar más a menudo,

y dificultad para vaciar del todo la vejiga.

Cambios en el estilo de vida y en la dieta

pueden ayudar a prevenir su aparición.

De todas maneras, quiero asegurarme de que no es apendicitis.

-¿Qué? -Apéndice tienes, ¿no?

-Sí.

-Bueno, pues hay que hacer una ecografía.

-Bueno, pero, ¿me la haces tú? -Que sí. Venga, vamos.

Deja esto ya. -¡Ay! Es que me duele al levantarme.

-¡Si es que estás hecha un asco!

¿Tú estás segura de que no hay posibilidades

de que estés embarazada? -¿Qué?

¡Ay! -Siempre he querido hacer eso.

-Sí, pues menos mal que no eres ginecóloga.

-Bueno, yo aquí, realmente, no veo nada. Pero...

El que lo vería mejor es tu señor marido.

-Mira, deja a Ramón en paz...

-Pero, ¿qué es lo que pasa? -Pues que...

Hace unos días, estuvo aquí Mónica y no me dijo nada.

Y me ha dado por pensar que... Pues eso.

-A ver, Lucía, tú no puedes dejar que eso te esté carcomiendo todo el rato.

-Pero es que lo que me da es rabia.

Rabia, porque me entra una inseguridad... Te lo juro.

¡Que me siento fatal!

-Bueno. Te voy a recetar un antibiótico empírico

hasta que tengamos el cultivo. Y vete a casa.

-Oye, gracias, de verdad. Es que... Que no te quiero dar la chapa.

Pero es que eres la única persona con la que puedo hablar de verdad.

-Tranquila, no hay de qué. Pero vete a casa.

-Que sí, que sí, que me voy a ir a casa.

-Bueno.

-Y gracias por las sabanitas, que estoy helada.

Alberto regresa al hospital porque su estado se ha agravado.

Esta vez, el dolor torácico es mucho más acentuado,

y también le falta el aire.

Volví a casa cuando me encontré a Alberto tirado en un portal.

Casi no podía moverse, por la falta de aire,

y además, le había vuelto el dolor en el pecho.

Creo que sus problemas no están causados por una crisis nerviosa,

como pensábamos.

¿Te duele en el mismo sitio de la otra vez?

No es nada. -Pues yo no lo creo.

Doctora, esto no es un dolor torácico atípico de origen ansioso.

-Opino lo mismo. -La saturación está muy baja.

Es del 93%, ¿eh? -Bueno, te voy a explorar, Alberto.

A ver.

-Por favor, no lo pongas más difícil.

-¿No me podéis dar una pastilla de esas

que se ponen debajo de la lengua, como la del otro día?

Pero qué pastilla. Hombre, te tiene que explorar la doctora.

Venga, que no, déjalo. ¿Cómo qué?

¡Ay, madre mía! ¿Y esto?

Alberto, cuéntanos qué ha pasado. Cuéntanos.

-Me han vuelto a pegar, ¿vale?

Los chicos que me estaban acosando, pues lo han vuelto a hacer.

Esto no es por el estrés. Esa es la verdad.

-¿Y por qué no me contaste nada? -¡Porque es que tú no eres mi padre!

-Bueno, un segundito. Déjame.

Parece que hay líquido, ¿eh?

Y también hay disminución de los ruidos respiratorios.

-¿Y usted qué piensa?

-Pues es posible que tenga una fractura,

y esa fractura haya provocado un hemotórax.

-¿Es..., es grave?

-De momento no lo sabemos, tenemos que hacer pruebas.

Voy a pedir a Alberto una analítica completa,

y también una radiografía de tórax.

Pero, si lo que nos cuenta es verdad,

voy a tener que rellenar un parte de lesiones.

De todas formas, Alberto, voy a rellenar el parte de lesiones,

y tú tendrás, también, que denunciar. ¿Vale?

-No. No quiero hacer nada. Pero, ¡qué estás diciendo!

¿Cómo no vas a hacer nada? Hombre, ¿tú te has visto cómo estás?

¡Esto es muy grave, Alberto! Quiero dejarlo así.

Es la decisión que he tomado.

-Bueno, se queda ingresado y luego vendrán los resultados. ¿Vale?

Tras ser diagnosticada de una infección de orina,

Lucía, la psicóloga del hospital, sigue sin encontrarse bien.

¿Qué te pasa? -Pues yo qué sé.

Me duele mucho la barriga. -Pero, ¿por dónde te duele? A ver.

-Por todos los lados.

¿Me puedes dar algo más fuerte para el dolor?

Que es que estoy trabajando y no me puedo ni concentrar.

-¡Es que yo lo que no sé es qué estás haciendo aquí!

Venga. Ven.

Casi todos experimentamos dolor abdominal en algún momento,

aunque la mayoría de las veces no suele ser nada grave.

Hay distintos tipos de dolor, dependiendo de la localización.

Si el dolor es generalizado, por más de la mitad del abdomen,

suele estar asociado a un virus estomacal.

Si está localizado en un punto, puede ser por un órgano.

Si el dolor es tipo calambre, se puede deber a gases,

y si el dolor es tipo cólico intermitente,

la causa suelen ser los cálculos.

Te voy a poner dexketoprofeno. ¿Vale? -¡Ah!

Ay...

-Vale. Ya está. Ya está, ya está. Exagerada.

Por favor, ¿te puedes ir a casa?

-Es que tengo mucho trabajo, de verdad. Y además, está Ramón allí.

No... No tengo ganas de verlo. -A ver, yo creo que te estás pasando.

Estás arriesgando tu salud, ya. -Por favor, ¿eh?

-Lucía, soy tu médico. Te ordeno que vayas a casa.

-Es que tú sabes que no me puedes obligar a eso.

Que si me encuentro peor, de verdad, me voy para mi casa.

-Tú sabes que, además de salvar vidas, yo estoy entrenada para matar.

-Ay, sí. Gracias.

-Landó, soy Soto.

-Es que no me cuadra que Alberto vuelva a sufrir acoso escolar.

A mí me parece increíble que todavía sigan pasando cosas así, de verdad.

Clara, yo he visto a sus compañeros de clase,

y a todos los saca una cabeza. Además, ya lo has visto.

Es que no es un chico que se deje intimidar fácilmente.

Al menos, ya no. Ya.

A ver, Miguel, si puedo hacer cualquier cosa para ayudar,

pues cuenta conmigo. Voy a ir a ver a su abuelo,

y a ver si puedo averiguar algo más. Vale. Qué suerte.

Alberto, digo. Que qué suerte de tenerte como vecino.

Me voy, ¿vale? Vale.

Adiós. Adiós.

Solo unas horas después, Lucía no solo no ha mejorado,

sino que cada vez se encuentra peor.

Lucía, por favor, ¿qué te pasa? Lo siento. Acabo de leer el mensaje.

-Pues no sé. Que cuando me has puesto el dextrofeno ese,

me dejó de doler, pero ahora me está dando un dolor fuertísimo.

Que es que creo que me voy a tener que ir a casa.

-Pues... -Lucía. ¿Cómo estás? ¿Qué te pasa?

-¿Qué haces aquí? -Me ha llamado Andrea.

Me ha dicho que no te encontrabas bien.

¿Por qué no me has dicho nada? -Pues porque ya la conoces.

Los pacientes es lo primero. -Pues que se aplique el cuento.

Porque ahora la paciente es ella. A ver, Andrea, ayúdame.

Vamos a llevarla a Rea que le quiero hacer una eco.

-Ya voy yo, ya voy yo. Déjame a mí. -Venga.

-¡Ay! ¡Mm!

-Desde luego, Lucía, que me entere por Andrea de que estás así...

-Que pensaba que era una infección de orina y...

Y que no es la primera vez que las tengo.

-Pues según la ecografía, hay líquido libre en el saco de Douglas.

Lo que significa que tienes una infección importante.

-Ay... -Toma. Límpiate.

-Eh... Lucía, quítate los pantalones,

que te voy a hacer una exploración vaginal.

-Prefiero que me la haga otro ginecólogo.

-¿Y eso a qué viene ahora, Lucía? Vamos a ver, yo soy tu ginecólogo.

Y el ginecólogo que está de guardia ahora

está en una operación de urgencias. No sé a qué viene esto.

Además, hoy es mi día libre.

He venido aquí por ti, porque es mi trabajo.

-Pues eso es lo que me incomoda.

Y no te preocupes,

que voy a seguir con los antibióticos y ya se me pasará.

-Lucía, a ver, Lucía, no seas cabezona, por favor.

-Déjame.

-Lucía.

Después de realizarle las pruebas a Alberto,

la doctora Romero quiere comunicarle los resultados a su paciente.

En la radiografía, he visto que Alberto tiene un hemoneumotórax.

Es decir, presencia de sangre y aire en la zona pleural,

que es la membrana que envuelve los pulmones,

y también el interior de la cavidad torácica.

Bueno, Alberto, pues tengo ya los resultados de todas las pruebas,

incluida la radiografía,

y todas coinciden en que lo que tienes es un hemoneumotórax.

-¿Y qué va a hacer ahora?

-Bueno, pues lo primero, rellenar el parte de lesiones.

Sí, Alberto, es mi obligación. ¿Vale?

Te vas a quedar ingresado, con oxígeno, con analgesia para el dolor,

y vamos a retirar el líquido que tienes acumulado. ¿M?

Pero Alberto, yo, sinceramente, creo que...

No sé, que deberías hablar con un psicólogo. Necesitas ayuda.

-Me ha ido muy bien de momento solo. Gracias.

-Seguramente, Alberto va a mejorar cuando retiremos la sangre,

que más o menos, calculo, será como un litro.

Pero al margen, voy a avisar a Psicología,

porque, aunque él no lo crea, necesita ayuda.

-Andrea, ¿tienes un momento? -Ay... Estoy entrenando una cirugía,

y acabo de seccionar la arteria iliaca a un paciente, por tu culpa.

-Vaya. Lo siento. -Sí, sí, pero hablas tú con su madre.

Es hijo único. Y el que lleva el pan a casa.

-Oye, escúchame, necesito que hables con Lucía. Está rarísima últimamente.

Ya sé que no estamos en nuestro mejor momento.

Pero necesito que hables con ella para que la convenzas

que se haga la exploración. Lo que tiene no pinta bien.

Y necesito verla cuanto antes. -Pero, ¿yo qué puedo hacer?

-Andrea, a ti te hace caso.

-Bueno, pero si tenéis problemas entre vosotros, yo poco puedo hacer.

-Escúchame, lo único que quiero es que hables con ella,

y la convenzas para que se haga la exploración.

Nada más. Es por su salud. -Bueno. Vale. Hablaré con ella.

-¿Seguro? -Sí. Por favor.

-Vale. Te dejo aquí con tu amigo. -Sí, sí.

Que como despierte de la anestesia, verás.

Romero. Sí, dime.

¿Qué tal Alberto? ¿Cómo está? Bueno, pues...

Tenemos que ver cómo evoluciona. Ya.

Por cierto, ¿sabes dónde está Arce? Necesito informarle de todo esto.

Pues mira, acaba de marcharse ahora mismo,

que iba a hablar con el abuelo del chico, de Alberto.

Ah. Sí.

Está un poquito preocupado, la verdad.

Normal. Normal.

Que no conocía yo esta faceta de Miguel.

Sí, está superimplicado con este chaval.

Y eso que ni siquiera es su familia ni nada. O sea, yo estoy...

Pero es bonito, ¿no? Ver cuando un hombre se pone tan protector

y tan implicado. Eso está bien. Que sí, es bonito.

De verdad que hacía muchísimo tiempo que yo no me encontraba a nadie así.

Bueno, pues a lo mejor es que tu momento ha llegado. ¿No crees?

¿Tú crees? Claro que sí. Anda, Clara.

Bueno. Gracias. Hasta luego.

-Bueno. ¿Estás lista? -Sí.

-Venga. Vamos a ello.

Tras hablar con la doctora Soto,

Lucía accede a ser examinada por el doctor Landó.

¡Ay! ¡Espera, espera, espera!

Respira.

Espera un momento. -Con cuidado, por favor.

-Ya está. Ya está. Ya... -¡Ay! Perdona.

-Ya está.

-En la exploración, he encontrado un flujo, con un tono verdoso,

que, unido al resto de los síntomas, como fiebre, o dolor abdominal...

Bueno, como médico, tengo que investigar todas las opciones.

Puedes incorporarte. -Yo, yo, yo, yo... Ya está.

¡Ufff!

Ah...

¿Qué? ¿No me tenías que hacer una exploración manual?

-No... Mejor que te lo haga otro ginecólogo.

Ahora, entiendo por qué lo preferías. -¿A qué viene eso?

-Lucía, ¿es posible que tengas una...?

-Una, ¿qué?

-¿Una enfermedad de transmisión sexual?

-¿Cómo? -¿Es posible, o no?

-No, dímelo tú. ¿Es posible que tenga una enfermedad de transmisión sexual?

-A ver, ¿estás preguntando si yo soy el portador?

-Desde luego, la que no lo soy, soy yo, ¿eh?

Y Mónica ha estado aquí hace unos días.

Así que dos más dos son cuatro. -Vamos a ver, Mónica.

-¡Que no me llames Mónica!

-Vamos a ver, ¡cómo tengo que explicarte que entre Mónica y yo

no hay nada! ¿Cuántas veces quieres que te lo diga?

-Pues no lo sé. Lo que quiero es que me dejes ahora sola.

Que me quiero cambiar.

¡Que me dejes sola!

-Lucía... -Déjame.

-Lucía, por favor. Vamos a ver. Se supone que me habías perdonado.

-Eso no te da ningún derecho a no avisarme

de que me podías haber contagiado algo.

¡Y mucho menos, te da carta blanca para hacer lo que te dé la gana!

¡Ni para repetir! -¡Lucía, no ha pasado nada!

¿Tú qué miras?

Vale. Lucía. Lucía, escúchame. Lucía. ¡Lucía!

-¡Celador, una silla! ¡Celador!

Alberto.

Clara avisa a la doctora Romero de que Alberto, su paciente

y vecino del doctor Arce, está empeorando.

¡Romero! Por favor, rápido.

¿Qué ha pasado? Tiene la tensión muy baja, 75-40.

Y además, parece que se está desvaneciendo.

Vale.

Mira la bolsa, por favor.

Sí, tiene taquicardia, ¿eh?

Pues mira, ha evacuado unos tres litros de sangre.

Eso es muchísimo.

Alberto está sufriendo un shock hipovolémico.

Es decir, su corazón no puede bombear la sangre que el cuerpo necesita,

porque precisamente está perdiendo esa sangre.

Por tanto, estamos ante una situación de emergencia,

porque se podría producir un fallo multiorgánico.

Clara, hay que avisar a Cirugía. ¿De acuerdo?

Es posible que tenga una hemorragia interna

y hay que cerrarla.

También necesito pruebas cruzadas, para una transfusión,

y suero a chorro. Rápido. Vale. Voy ahora mismo.

Gracias.

Cuando hablamos de pruebas cruzadas, nos referimos a averiguar

la compatibilidad sanguínea del paciente,

antes de recibir una transfusión.

Esto lo conseguimos con una analítica de sangre.

Lucía Velázquez, la psicóloga del hospital,

ha sufrido un síncope, provocado por un episodio de hipotensión.

Gracias, Mar. -Gracias.

-¿Cómo estás? -Estoy mejor. Mejor.

¿Qué me ha pasado?

-Tienes la tensión muy baja y te has desmayado.

-Mm. -Pero ya te estás recuperando.

-Ay...

-Un síncope es una disminución temporal del flujo sanguíneo

al cerebro.

A veces, este viene precedido por mareos o por cambios en la visión,

y por lo tanto pueden preverse.

Si creemos que nos vamos a desmayar,

lo que podemos probar es a acostarnos o sentarnos, para evitar el síncope.

Eh... Lucía, cuando te encuentres mejor, y con más fuerzas,

sería conveniente terminar la exploración

que antes hemos dejado a medias. -Sí, vamos...

-No, no, no, no. No ahora. Luego.

Cuando hayas descansado y estés con más fuerzas.

-Vale.

-De acuerdo. Ahora descansa aquí, y luego te subiremos a la consulta.

-Tengo frío, ¿eh?

Pues a ver qué tal Elsa, con Arce. Sí

Mira.

¿Qué tal está Alberto?

Bueno, pues le hemos tenido que hacer una transfusión de sangre.

Sí. Aparte está en quirófano, porque ha tenido una hemorragia interna.

Miguel, ¿estás bien? -He ido a ver a su abuelo.

Y coincide conmigo en que lleva tiempo

comportándose de forma muy extraña. -Vamos a ver.

Sabes perfectamente que el acoso escolar,

pues te puede dejar muy traumatizado. Eso es normal.

Pero bueno, es tiempo, ¿no?

-Sí, pero después de hablar con su abuelo, fui al instituto,

y conseguí que sus compañeros me enseñaran este vídeo.

¿Ese es Alberto?

Ay, ay. Ay, ay, ay... ¿Qué hace?

¡Ay...! Pero no lo puedo creer.

¡Ayyy! Alberto no sufre acoso escolar.

Es mucho peor. Nunca lo habría imaginado de Alberto.

Ahora él es el agresor. Qué decepción.

Ay, por favor... Ay...

(Móvil):Esta es la primera regla, ¿eh? ¿Cuál es?

¡Dios mío!

-(Móvil): ¡Mira lo que me has hecho hacer!

Mira, mira, mira, mira. No lo puedo ni ver, ¿eh?

Bueno, Lucía, avísame si te duele.

-¡Ah! ¡Ah! Ay, ay... ¡Para, para!

¡Ah! ¡Uh, uh! ¡Aaa!

-Ya. Vale. Ya está. Ya está. -¿Ya?

-Verás, parece que tienes una enfermedad inflamatoria

pélvica atípica. -¿Qué es eso?

-Esta enfermedad, en su forma atípica,

supone una afección muy difícil de diagnosticar.

La mayoría de las veces está causada por la chlamydia o por la gonorrea.

Ambas...

Ambas son enfermedades de transmisión sexual.

Voy a tramitar tu ingreso para que te quedes en planta

hasta que estés mejor. -Vale.

Después de someterse a una operación

en la que le contuvieron la hemorragia

que le provocaba un hemoneumotórax,

la doctora Romero visita a Alberto para comprobar cómo se encuentra.

La evolución de Alberto es favorable, y hemodinámicamente está estable.

Además, le hemos hecho una radiografía de control,

y todo está en orden.

-¿Cuándo me puedo ir a casa? -Sabemos lo de las peleas.

Hemos visto los vídeos. ¿Cómo puedes hacer algo así?

-Vamos a ver, Alberto, necesitamos que nos digas la verdad,

cuanto antes. -Vale, sí. Qué quieres que te diga.

Me pego. Bueno, nos pegamos.

Unos amigos y yo quedamos de vez en cuando, pues eso,

para pegarnos.

Y así demostramos que nadie puede hacernos daño.

-¿Por qué no me contaste nada? -Prometimos no decir nada.

Pero es que alguien subió esos vídeos a Internet.

Es que simplemente lo hacíamos para desfogarnos.

-Pelearse no es forma de desfogarse. -Nadie se ha preocupado nunca por mí.

¿Vale? ¡Nadie! Así que déjame que haga lo que quiera.

-Oye, Alberto, él se está preocupando por ti. ¿No lo ves?

-De hecho, no solo yo me preocupo por ti.

He hablado con tu abuelo. Y está abajo.

Si te parece bien, le decimos que suba a verte.

-Después de una intervención como la de Alberto,

es muy importante mantener la herida limpia y seca,

eso en primer lugar.

Pero también es muy importante volver a la vida normal,

sin hacer esfuerzos durante, al menos, dos semanas.

Y también hay que recordar: No se debe montar en avión,

no se debe bucear, y como siempre, no se debe fumar.

Al día siguiente, la doctora Soto ya tiene los resultados

del cultivo de orina que le hizo a Lucía el primer día de su enfermedad

Andrea, eh... ¿Cómo está Lucía? -Bien, bien. Está tranquila.

Acabo de estar con ella. Tengo el resultado de su cultivo.

Y yo creo que estaría bien que se lo des tú.

-¿Y por qué no se lo das tú?

¿Una E.coli multirresistente? O sea, que no es...

-Una ETS. No.

-Andrea.

Eh... Gracias. Y disculpa, por haberte metido en todo este lío.

-No, no. No, no tienes por qué.

Pero todo el hospital se ha enterado de vuestra discusión.

-Ya. Verás...

Creo que todo esto se nos está escapando de las manos.

Estoy empezando a plantearme que Lucía y yo

deberíamos dejar de trabajar juntos. -Bueno, no lo sé.

Haced lo que tengáis que hacer. Pero... Sed discretos.

-Deberías hacerle caso a la doctora Romero, ¿m?

Bueno, y a mí también.

Hay mucha gente a la que le gustaría ayudarte.

Y pensar en una terapia psicológica no es nada descabellado.

Si quieres desfogarte, como tú dices, el deporte es una muy buena salida.

¿Vale?

Y siento mucho por hablar con tu abuelo,

pero es que tenía que hacerlo. -Me ha echado una buena bronca.

Lo sabes, ¿no? -Lo siento.

-Al final era lo que necesitaba, una bronca del abuelito.

Y que eso, muchas... Muchas gracias por todo lo que has hecho por mí,

en serio. -No hace falta.

-¿Nos vemos en casa? -Claro.

Bueno. ¿Qué tal con Alberto? Bien, bien.

Yo creo que las cosas irán cada vez mejor.

No creo que lo hiciese tan mal como padre.

Bueno, no estoy diciendo que quiera ser padre, ¿eh? Al menos, por ahora.

Y tampoco estoy diciendo que lo quiera ser dentro de un tiempo.

En realidad, no sé muy bien...

A ver, Miguel, que sé a lo que te refieres, hombre. ¡No te preocupes!

Oye, pero ya que has sacado el tema familiar,

¿qué pasa con la cena que tenemos pendiente Elsa, tú y yo?

Eh... Bueno. Eh... No sé, mmm... Pues te lo voy a decir yo.

Ni un solo cambio de guardia más, fíjate lo que te digo. Ni uno. ¿Eh?

Porque si no, voy a pensar que realmente no quieres

conocer a mi hija. ¿Eh?

¿Qué te parece si cenamos esta noche?

Claro. ¿Sí?

Sí, sí. Vale. Muy bien. Venga.

Hasta luego. Adiós.

Adiós.

-Hola. -Hola.

-Venía a traerte los resultados del cultivo.

-Ya, ya sé los resultados. Me los ha dado Soto.

-Pero si he hablado con ella...

-Pero me quería asegurar de que venías a verme.

-Pero, ¿por qué no iba a venir?

-Te quería pedir perdón

por cómo te he hablado, porque... Bueno, no quería... hablarte así.

Pero... No sé, Ramón.

Yo creo que seguimos teniendo un problema con Mónica.

-Lucía, no tienes que disculparte de nada. ¿De acuerdo?

Soy yo el que tenía que haberte dicho que Mónica estuvo aquí el otro día,

y no lo hice.

Y de verdad, es que... Me siento culpable,

porque soy el que ha originado todo este lío en nuestra vida.

Lo siento.

-Es que no sé lo que nos está pasando.

Y la verdad, tampoco sé si vamos...

A estar algún día como antes.

No lo sé, Ramón.

-Claro que sí. No llores.

-¿Tú dejarías que tu hija fuera a una fiesta

donde no hay supervisión de adultos?

-Es una fiesta. Que no es para tanto. -Deja que te haga una pregunta:

¿Tú eres madre?

-Vale. A Reanimación.

Sufrió un desmayo. ¿De acuerdo?

Y su hijo llamó a la ambulancia, y le trajeron hacia aquí.

-Que a lo mejor lo que... Lo que quiere es llamar la atención.

-¿Estás mejor, con analgésico? -Bueno.

-Poco más podemos hacer nosotros. Así que te vamos a dar el alta...

Perdóname por lo de antes. ¿Vale?

Que me he puesto un poco nervioso, y no pretendía ofenderte.

-A ver, ¿quieres que hagamos una cosa? Intento hablar con ella.

Solo un intento.

-He traído a un cliente y está muy malamente, ¿eh?

-¿Qué ha pasado?

¿Vale?

-¡Ah! -Ahí ya te molesta.

-¡Ay, sí! -Tiene diabetes tipo 1.

-¿Cómo tiene el azúcar? -263.

-Esto, unido a los antecedentes de Rosa,

me hace pensar que tiene otra cetoacidosis diabética.

-Tienes que hacer caso a los médicos. Es que, si no, te va a pasar

como a esos actores que se mueren en el escenario.

-Ay, bueno...

-Hay un holding inmobiliario que está amenazando con comprar el hospital.

¿Tú podrías hacer una contraoferta? -¿Te estás refiriendo a la fundación?

-Pepa, se está ahogando.

Llama a un celador para llevarla a Rea, por favor.

-¿Te has pensado eso que te comenté, de la contraoferta?

-Necesito más tiempo.

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Centro médico - 16/06/17 (2)

16 jun 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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