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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 15/01/19 (2) - ver ahora
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¿Qué hay, chicas?

-¿Qué tal? ¿Cómo estás, Esther? ¿Cómo estás?

Bueno... Bien. Me acaban de hacer la punción en el saco...

-Y van a analizar el líquido que se vio en la eco, ¿no?

-Sí, eso es. Bueno, tú tranquila.

Ya verás qué prontito vas a estar bien.

Eso espero.

Oye, ¿habéis localizado a Suso? -No.

-¿Qué? No, ¿no?

Si es que, me la ha jugado bien.

Como le vuelva a ver ya verás tú.

A ver, Esther que... Sí, que lo hemos localizado.

Bueno, ha sido Silvia. Silvia ha sido la que lo ha...

¿Ah sí...?

-Es que ha dicho que va a venir al hospital a hacerse las pruebas

y así comprobamos si ha sido él quién te ha pasado la clamidia.

-Hombre, ha sido él.

Como le vuelva a ver, te juro que le reviento la cabeza.

Di que sí, que ese tío se merece un buen escarmiento.

Pues sí.

-Bueno, a ver. Mejor mantenemos un poco la calma, ¿no?

Esther, que si no te ha dado su móvil será porque no querrá verte.

-Pues claro que no quiere verme, Silvia porque es un cobarde.

Si solo fuera eso... Es un desgraciado.

Te lo juro que cuando le vea se va a enterar quién soy yo.

Pues sí.

Esther, es que no solo es eso. ¿Entonces qué?

Que... Hay más cosas.

Bueno, Clara, pero ¿me lo vas a contar de una vez, sí o no?

-No pasa nada. Que está casado.

Ya...

-¿Lo sabías?

-No, pero..., pero lo podía imaginar.

Pero ¿por qué? ¿Te ha dicho algo o alguna señal?

No, pero me dijo que estaba separado. Ah... Típico.

Pues sí. Pero cuando le llamé y vi que me había dado un número falso,

pues ya..., ya sospeché.

¿Cuántos hijos tiene?

-Dos hijos... pequeños.

Silvia no quería decírselo. Vamos, eso está claro.

Porque Esther y es verdad, se está recuperando

y la pobre no está para disgustos, pero es que esto lo tenía que saber.

Esther tiene que saber la clase de impresentable del tipo este.

Vamos, liarse con un ejemplar así.

Ahora, eso sí, me ha sorprendido mucho

la tranquilidad y la madurez con la que se lo ha tomado todo.

Vamos, yo en su caso...

Mira, Silvia. Ah... Quiero que se lo digas a su mujer.

-No... No, no, no puedo hacer eso.

Perdona, pero si se confirma que tiene clamidia,

tendrás que llamar a su mujer.

A ver, Clara, que conoces tan bien el protocolo como yo.

Yo tengo que hablar con él,

y si él me dice que va a avisar a su mujer, le tengo que creer

y tengo que mantener la confidencialidad.

No puedo saltarme la confidencialidad,

a no ser que sea un delito.

¿Perdona? Delito el que ha cometido ese tipo con Esther.

Eso sí es un delito, ¿eh? Y a saber con cuantas más.

Eso, eso. Y además que... qye tú no tienes que saltarte nada.

Silvia, tú simplemente, cuando su mujer esté por aquí,

me avisas y yo le cuento un par de cositas.

-A ver, chicas, que parece que no me he explicado bien.

Si se confirma que Suso tiene una clamidia...

Pero ¿acaso lo dudas?

Si se confirma que tiene clamidia,

no veo la forma en que tú puedes hablar con su mujer

sin que yo me salte el secreto profesional.

A ver, Esther, ¿a ti te gustaría que Landó fuera por todo el hospital

diciendo tu diagnóstico? -No.

-Pues eso. Nos guste o no,

este señor tiene exactamente el mismo derecho que tú.

Por favor, no compares.

Es que yo, de verdad, que no sé cómo hacer.

Pero, que este tío no puede irse de rositas.

-Bueno, a ver, que parece que soy el enemigo aquí, ahora.

Esther, céntrate en descansar y en recuperarte.

Cuando tengamos los resultados de las pruebas,

venimos a verte, ¿vale? -Vale, gracias.

-Venga, anímate.

(SUSPIRA).

Oye, Clara. Dime.

Que no puede salirse con la suya.

Tú no te preocupes. Vale.

-Sí, sí, por las escaleras.

Hombre, no. Pobre Daca.

Oye, a ver..., Andrés, que te llamaba para una cosa.

¿Tú le podrías cambiar la guardia del vier...?

Ah, ¿qué tienes guardia?

Pero si no estás en el cuadrante, ¿qué dices?

Ah, vale, que ya se lo has cambiado a Ruiz. Bueno, pues entonces nada.

-(GRITO).

-Eh... Luego te llamo, ¿vale?

-Ah... Perdona, no... creí que estaba solo... lo...

-Je, je... -Lo siento. La...

La jefatura de servicio, que me está superando un poco.

-No, no pasa nada. Mmm...

Hablando de la jefatura de servicio, ¿tú has hablado con Dacaret?

-Bueno, sí. Pero más que hablar, ha sido... Bueno, da igual.

El caso es que tampoco lo que más me importaba ahora mismo es Dacaret.

Porque... (TARTAMUDEA).

Da igual, te estoy contando mi vida y tampoco viene al caso.

-¡Que no, que no, que no! -Soy un quejica, perdóname.

-Que no, que no. Yo soy una defensora del derecho al pataleo, ¿eh?

-Gracias. -Sí.

Pero..., jo,no me puedo creer

que la jefatura de servicio te esté desquiciando a ti también.

Aunque..., aunque igual, si te está pasando eso

es porque hay otra cosa por ahí debajo que te está...

que te está agobiando o algo, ¿no?

Fíjate, yo creo que deberías soltarlo.

-(RÍE). Ya... no...

Ya lo he soltado bastante, la verdad.

-Sí, sí... -Estoy mejor.

-Bueno, pero no me refería a eso, me refería a... no sé,

a hablarlo con alguien, ¿no? desarrollarlo...

Eso siempre viene bien.

Por que... ¿tú has hablado con alguien de esto?

Seguro que no. ¿Me equivoco?

-Eh... No, no te equivocas. Estás acertando en todo.

-Je, je...

-Oye, eh... gracias. Mmm...

Me refiero, no te lo tomes a mal.

Lo que pasa es que tampoco hemos tenido tanto trato tú y yo, ¿sabes?

-Ah, no, no, no. Si yo no me estaba ofreciendo como confidente, ¿eh?

-Ah... -No.

Me refiero a que guardarse las cosas para uno,

pues... que no es bueno. -Totalmente de acuerdo.

Lo que pasa es que la persona...

la persona a la que se lo podría contar, pues... ya no está.

No quiero decir que se haya muerto, quiero decir que no está aquí ya.

-Ah, sí. Ya, ya. Lo entiendo.

Pero..., yo creo que, aunque se haya ido...,

nunca es tarde, ¿no?

-El problema es que... que lo he dejado con Reina.

Ya está.

-Ah...

Jo, lo siento. Lo siento mucho, ¿eh?

Pero mira, justamente a eso me refería, ¿ves?

Eso era lo que te estaba...

lo que te estaba agobiando. Lo que tenías por debajo.

Pues, eso era. -Seguramente.

Pero bueno, ¡ya lo he sacado!

-¡Sí, lo has sacado! Es verdad. Ya... ya está.

Oye y... perdona, volviendo al tema de la jefatura de servicio...

Verás. Es que... Dacaret necesita el viernes

y es importante para él.

Yo sé que ha hablado contigo y no le has podido ayudar,

pero es súper importante.

-Vale, tranquila. Ya se lo cambiaré.

Hablaré con el Herrero. No te preocupes.

-¡¿Sí?! -Sí. Oye, gracias por la charla, ¿eh?

-Gracias a ti por el... por el cambio de turno.

-(RIENDO). Nada.

Bufff...

Hija mía, si las miradas matasen...

Pero tú míralo.

Un tío engañando a su mujer, a Esther,

y contagiando ETS por ahí.

Ahí está, como si cualquier cosa.

Tan pancho el tío.

Mira, te digo una cosa, ¿eh? Bueno, Clara...

No, es que me entran ganas de ir allí y estrangularlo

con mis propias manos, fíjate.

¡Sinvergüenza!

Clara, por favor. ¿Qué?

Que el contagio de la enfermedad de transmisión sexual

no fue solamente culpa de él.

Esther podía haberlo evitado y lo sabe.

O sea, ¿que lo estás defendiendo encima?

No, no le estoy defendiendo,

pero te estás tomando este asunto tan personal o más que ella

y no lo entiendo. Ay...

¿Cómo ha ido la consulta? ¿Te vas a comportar?

Sí, venga, suelta.

Él tiene los síntomas.

He cogido una muestra para confirmar el diagnóstico

y le he pedido que contactara con su mujer

para hacerle también las pruebas. Ah...

No, si tiene razón que... no podemos hacer mucho más.

Pues eso.

Pero bueno, que su mujer ya se encargará de él.

Ya verás cuando se entere... del canalla que tiene por marido.

Le va a poner fino..., te lo digo yo.

Puede ser, sí.

¿Qué pasa? ¿Que a lo mejor no le ha llamado o qué?

Yo me tengo que fiar de lo que él me ha dicho.

Pero, delante de mí no la ha llamado.

Lo que me ha dicho es que la ha llamado

y que ella dice que va a hacerse las pruebas, pero en otro hospital.

¡Ja! Mira... ni le ha llamado ni le va a llamar. Está clarísimo.

Sh...

Se acabó, ahora mismo voy y se lo digo.

¡No! No se puede consentir esto, ¡hombre!

Clara, por favor. Clara...

(SUSURRANDO) Lástima de mujer, ¡que no!

Bueno... Tienes razón. Tranquilízate.

Vale, ya está. Clara, que no podemos hacer nada más.

¿Sabes qué pasa? Es que me hierve la sangre de pensar que...

un tipo así se va a ir de rositas, fíjate.

Ya, es que no es problema tuyo y al final te vas a meter en un lío.

Tranquilízate, ¿vale? No podemos hacer nada más, ¡ya!

Que sí, que ya.

Vale. Tengo que ir a pasar consulta. ¿Me voy tranquila o no?

Clara...

Que sí, que te vayas, que no hay ningún problema.

No voy a hacer nada que tú no hicieses.

¿Te vas a o no te vas?

No, vamos las dos, ¡venga!

Que no, que no pasa nada. Clara, venga.

Y luego el tío me dice:

"Dímelo a la cara, no tengas miedo, que yo lo aguanto todo".

Le miro a la cara y le digo:

"Antonio, vamos a tener que operarte".

Va y de repente se cae desplumado al suelo y se desmaya.

En resumen: laparotomía exploratoria abdominal y tres grapas en la cabeza

por la brecha que se había hecho. (RÍE).

-Bueno, mira, es lo que tenéis los que trabajáis aquí en el hospital

que tenéis anécdotas divertidas.

En la ambulancia siempre es lo mismo: Accidentes, navajazos, infartos...

-Bueno, tampoco te creas que es todo tan divertido, ¿eh?

que para cambiar una guardia, lo mío me ha costado.

-Bueno, esto ya está.

-Gracias. -Gracias.

¿Se puede saber qué te pasa,

que tienes un tono de voz que no te reconozco?

¿Eh? ¿Todo bien?

¿Y con Ortega, bien?

-Sí, sí, sí. Y... bueno, Pedro... ya le verás, que está grandísimo.

-Ya... ¿Entonces qué pasa?

-En el curro.

Que... estoy intentado dar un cambio a mi carrera profesional

y trabajar en otro ámbito,

pero en el hospital en el que estoy asignada no me dejan.

-Bueno, ya... ¿Y eso, para que yo lo entienda,

qué quiere decir? -Pues...

Puerta

-¿Se puede? -Sí.

-Pero ven aquí, cariño,

que me ha dicho un pajarito que estabas por aquí.

-¿Cómo estás, Lucía?

-Pues muy bien, cielo. Vamos a ver, doctor Dacaret.

¿Qué le ha pasado al paciente?

-Una quemadura en el brazo.

Cuando se dedica a ir en ambulancia, pues pasan estas cosas.

-Pero, ¿qué tal?, me lo tienes que contar todo. ¿Cómo va?

-Sí, eh... Ainhoa me estaba justo contando que...

que quiere reenfocar su carrera.

-Sí, que estoy ya un poco cansada de la ambulancia,

de ir "pa'rriba y pa'bajo",

y no saber qué te vas a encontrar cuando llegas.

Me apetece un poco más de tranquilidad

y trabajar en el hospital,

pero en el sitio donde estoy, pues... no me dejan.

-Es que no sé si acabo de entenderlo.

Tú siempre has sido de adrenalina, de acción, de estar en la calle,

no sé... -Sí, bueno, de demasiada acción.

-Ahí va... -Pero ¿qué te ha pasado, cariño?

-Pues..., atendiendo a una emergencia,

en el momento en el que llegué dije: "Aquí, esto va a terminar mal".

Me abalancé sobre el chico que estaba herido,

intenté socorrerlo y el agresor..., pues me pego un navajazo.

-Madre mía.

-Pues, no sabíamos nada, lo siento. Si lo hubiéramos sabido, pues...

-Nada, hombre. ¿Cómo lo vais a saber?

-Y Diana y tú lo tenéis que haber pasado fatal, ¿no?

-Sí...

Bueno, chicos, que... que me voy, que me esperan en la ambulancia.

Que muchas gracias.

-Oye, Ainhoa...,

a ver si nos tomamos unas cañas con Ortega, ¿no?

para retomar, un poco, los viejos tiempos.

-Claro, pero vente un día, vamos, que no estés trabajando

y que no vengas con heridas, ¿no?

-Claro, claro. Volveré. Y... gracias. -Vale... Adiós.

-Adiós.

¿Tú cómo la has visto?

-Pues como tú, supongo. Está rara. -Sí.

-¿Tú te has dado cuenta de que, cuando le pregunto por Ortega...

siempre responde con monosílabos?

-Igual tendríamos que llamar a Diana, ¿no? A ver qué pasa.

-Pues no lo sé.

Es tan buena compañera, tan buena amiga...

Cuando la he visto entrar por el hospital

he pensado: qué bien, una dosis de energía positiva,

porque, entre tú y yo, la cosa aquí está raruna,

pero raruna... (RÍEN).

-Bueno, tú no te quejes que a ti te quedan dos telediarios.

-Sí, y yo sé de una que me va a echar de menos...

¿No? -Pues no lo sé, cariño.

Sí, hombre, sí. Te voy a echar de menos mucho.

Vamos a trabajar, anda. Más tonto...

-¿Cómo van a montar esto? Pues mira, no lo sé.

Tú mándalo a Laboratorio,

que están acostumbrados a sacar marrones,

a ver qué pueden hacer con esto. Bufff...

¿Qué tal? Ah... bien.

Que quería hablar contigo un momento.

¿Ahora mismo? Es que... estoy aquí ocupada con un...

Ahora mismo, sí.

Vale, bueno. Llévalo a ver qué te dicen.

Pobrecillos. Pues nada... Que..., ¿qué me dices?

Te veo muy tranquila.

Anda, ¿por qué no iba a estarlo?

O sea que estás bien, todo bien. Muy bien, sí.

Bueno, que... gracias por interesarte,

pero vamos, que si no tienes más que decirme...

Ya... ¿Es que... sabes quién no está tan bien...?

Suso.

¡Normal. Tiene clamidia! ¿A ver cómo va a estar?

Mira a la pobre Esther.

Claro...

Sí, pero es que ahora también tiene un enrojecimiento del pecho...,

de la cara, de los ojos, un calor intenso...

Mmm... Eso es que ha empeorado, fíjate.

Ya... Estas cosas pasan.

Vamos, que tú lo sabes mejor que nadie.

Pero ¿sabes cuál es el problema?

Que estos síntomas no son de un empeoramiento de la clamidia.

No. Más bien parece que ha comido algo en mal estado, ¿sabes?

No me digas que se ha intoxicado.

Clara, por favor. ¡Dime que no tienes nada que ver con esto!

¡¿Cómo?! Claro que no tengo nada que ver con esto.

Pero bueno, ¿cómo se te ocurre?

Hombre, ¿cómo que cómo se me ocurre?

En la cafetería te pusiste con él que fuiste como un miura a por él,

que si no te llego a coger, te lo comes.

Perdona, pero es que lo de intoxicarle es otra cosa.

Hay un buen trecho entre una y otra, ¿no?

¿Me prometes, me das tu palabra,

de que no has tenido nada que ver con esto?

Bueno..., eso... no lo sé.

¿Cómo que no lo sabes? ¿Qué hiciste, Clara?

Algo sí que hice.

Ahora, lo que no sé si ese algo...

le ha afectado a su estado actual.

-Pero ¿qué hiciste?

Vamos a ver, tú me dijiste que no podías llamarla, a la mujer,

porque era confidencial,

pero yo sí que podía llamarle, de parte de una amiga.

Y eso es lo que hice.

Pero vamos, que ni le nombré el tema de la enfermedad,

ni de las cosas que tú me habías dicho del caso, ni nada.

Okey. O sea que te metiste en su perfil y le pusiste un mensaje.

Le puse un mensaje privado

para que se enterase de la clase de marido que tiene.

¿Y te respondió?

¿Que si me respondió? Al momento, fíjate.

Eso sí, me cosió a preguntas.

Que quién era esa chica...,

que cómo habíamos sabido el nombre de su marido...,

vamos, un montón de cosas de esas.

Claro, porque auería saber si era verdad lo que le estaba diciendo.

Claro. Y le dijiste quién era Esther.

No, hombre, no. Cómo les voy a decir eso. Para nada.

Lo que sí le dije es en la fiesta en la que se habían conocido.

¿Y te creyó?

Pues mira, yo diría que sí,

porque luego me contestó dándome las gracias, o sea que...

Vale, o sea que igual es la mujer la que tiene algo que ver

con la intoxicación de su marido, ¿no?

Pues no lo sé.

Mira, o es una casualidad

o a lo mejor sí,

ha sido ella la que le ha dado algo en mal estado

para cargárselo..., aposta.

Eh, pero que te digo una cosa: que se lo merece, ¿eh?

A mí no me da ninguna pena. Pero ninguna.

Es más, me alegro un montón que algo le haya sentado mal, fíjate.

Esto es el karma, la justicia divina. Ya está.

Pues, la próxima vez mantente alejada de mis pacientes, ¿mm?

-Ya...

Sí. -Hola.

Eh... Pasa, pasa.

Que... quería hablar contigo,

pero si estás ocupado da igual porque no es urgente.

No, no te preocupes,

iba a entregar los resultados de las pruebas de una paciente y...

Lando, que ya sé que se trata de Esther.

Tranquilo, porque no voy a preguntarle nada.

Pero bueno, que te venía a hablar de otra cosa.

Pues tú dirás.

-Pues a ver, el tema de Esther,

que no me haya contado nada, ni lo haya compartido conmigo,

me ha hecho pensar...

y me he dado cuenta de lo importantes que son los compañeros y los amigos

cuando los necesitas.

Me he dado cuenta de otra cosa, también...

que es que... no voy a poder ir a tu boda.

Ah...

Bueno, que no te preocupes, ¿eh?

que Lucía y yo... es que no sabemos si vamos a hacer algo oficial o...

ya me entiendes... Landó, qué más da...

como si hacéis una ceremonia...

no sé en chándal y repartiendo cervezas... da igual.

¿Te imaginas? Estaría bien.

Pues, ¿por qué no? Sí.

No, en serio, de verdad. Es que...

No sé. Me doy cuenta ahora de que, realmente, me voy muy lejos.

Y... y estando allí,

me voy a perder un montón de cosas muy especiales.

Y quieras o no, pues eso...

me toca. Ya...

Bueno, si te soy sincero, la verdad, es que no lo había pensado.

Pero..., bueno,

a mí lo que me importa ahora es que tú lo supieras

y compartieras esta alegría con nosotros. Yo qué sé...

Eres un viejo amigo.

Hemos pasado muchas cosas y... sabes que te aprecio.

Sí, sí; lo sé.

Bueno, te he traído un detalle. Anda...

Sí, toma. Ábrelo, anda. Brrr... ¿Y esto?

Pues...

Es una baraja de cartas, la última que me quedaba en casa.

Sabes perfectamente lo que significa para mí, ¿no?

(SUSPIRA).

Gracias.

Te echaré un montón de menos, ¿lo sabes, no?

Anda, dame un abrazo.

A ver, ¿qué se te ha perdido a ti en Nueva York?

Yo que sé. No lo sé.

Anda tira, vamos.

Vaya par.

Yo soy ex adicto al alcohol y Daca lo era a esto..., al juego.

Pero hace mucho tiempo.

El que es... ex adicto

lo es para siempre, para toda su vida, es así.

Y cuando yo estaba en la peor época,

pues, el apoyo de Dacaret fue muy importante,

porque él me entendía.

Siempre estuvo ahí.

Daca tiene sus cosas, ¿quién no las tiene?,

como todo el mundo...

pero... yo me alegro mucho de haberlo tenido en mi vida,

y de haber pasado tantas cosas juntos.

Por muy lejos que se vaya...,

no me va a perder.

Este regalo...

este regalo significa mucho.

Mira, si tú crees que es lo mejor, yo no tengo nada más que decir.

Puerta

-Adelante.

Me alegro de que hayas tomado esta decisión.

-Eh... Si queréis, vuelvo en otro momento.

-No, no hace falta.

El doctor Rodríguez y yo estábamos limando asperezas.

-Vale. -¿En qué te puedo ayudar?

Hasta luego.

-Pues no tenía mucha cara de estar limando asperezas, ¿no?

Parecía que no habíais llegado a un consenso.

-No sabía que me tenía que someter a un comité de empresa

cada vez que tengo que hablar con alguno de mis empleados.

-Bueno, no pretendía juzgarte a ti ni a tus decisiones, ¿eh?

-Ya, ¿entonces?...

-Pues, vengo a ver si ya has tomado alguna decisión

sobre cómo reorganizar la plantilla, ¿no?

porque ahora, como estamos teniendo tantas bajas...

-Pues claro que sí.

-¿Lo has pensado ya?

Es que se está... marchando gente

de una calidad profesional y humana muy importante para nosotros,

para el equipo...

-Sí...

-Igual sería bueno contratar a alguien...

pues de ese nivel.

-¿Alguien como quién?

-Como Ainhoa. -Ainhoa.

-Sí. -Precisamente ella.

-Sí.

-Bueno, pues lo siento, pero no necesito un SAMUR.

-No, no, no... Es que no vendría como SAMUR.

Ella es médico. Vendría como médico interna.

Y es una chica pues muy agradable, es muy optimista...

Yo creo que nos vendría bien a todos, tiene muchas ganas de trabajar.

-Ya, me imagino, pero... va a ser que no.

-¿Y por qué va a ser que no?

-Porque si contrato a alguien de mi plena confianza,

no va a ser de la confianza de mis empleados.

Además, Ainhoa y yo en el pasado... no fue santo de mi devoción.

-¿Y no crees que te estás pasando más tiempo discutiendo que proponiendo?

Digo... -¿Como, por ejemplo, ahora?

-Por ejemplo. -(RÍE).

De hecho, la gente no suele considerar muy bien a un jefe

que se pasa el rato discutiendo.

También hay que dar una alegría al equipo, de vez en cuando.

De hecho, los capitanes que dirigen una embarcación con mano de hierro

suelen ser los que primero... (RÍE), caen al fondo, ¿eh?

-Acabas de definir a Vega.

Yo cogí un barco hundido y estoy reflotándolo.

-Sí, pero con tus decisiones,

las que tú crees que te benefician a ti.

Pero, igual también tienes que pensar

en el beneficio del equipo, del grupo.

Eh... Bueno, yo solamente quiero que lo pienses.

-Y lo estoy pensando.

-¿Sí? -Sí.

-Muy bien. Muchas gracias por tu atención.

-De nada, chao.

(MEGAFONÍA: Doctora Ortega, acuda a Traumatología).

Puerta

Hola, Ramón.

Hola, ¿cómo estás?

Bueno..., bien.

Vale. ¿Traes los resultados?

Sí, señorita. Confirman lo que sospechábamos.

Clamidia.

Más concretamente, una enfermedad inflamatoria pélvica por clamidia

con una peritonitis secundaria.

Con razón me dolía tanto el vientre.

El abdomen.

Bien. Verás, vamos a comenzar con antibiótico específico,

¿de acuerdo?, hasta que pasen los síntomas.

Vas seguir ingresada, así que paciencia.

Pero te pondrás bien, mmm...

Y poco más.

Muchas gracias por todo, Ramón. De nada.

¿Se puede? Hola.

-¿Qué tal? Pero, que volvemos luego, si no, ¿eh?

No, no, pasad, pasad. Yo ya he terminado.

Se va a quedar ingresada unos días y necesita descansar.

Sí. Tú no te preocupes por eso,

que esto va a ser un visto y no visto.

Bien, eso espero. (RÍE).

Te veo luego.

-Gracias. Venga...

Chao.

Bueno... -Hola...

¿Qué tal?

-Bueno... No sé, no me puedo creer que esto me haya ocurrido

por no utilizar un preservativo, de verdad;

me siento tan imbécil... Ay...

Lo de imbécil de sobra,

pero lo del preservativo no está mal que te lo repitas unas cuantas veces.

-Ya, ya lo sé, Silvia. Desde luego.

Hija mía, y un poquito de ojo con los ligues.

Que vaya el tipo que has elegido para darte un homenaje, hija mía...

Bueno, menos mal que ya ha recibido su merecido.

¿Por qué, qué le ha pasado?

-Las pruebas han confirmado el diagnóstico de clamidia...

Bueno, el caso...

que he escrito a su mujer y le he dicho la verdad:

que su marido le ha puesto los cuernos.

¡¿En serio?! -Sí.

Y ahora también tiene una intoxicación.

Bah, pero leve, ¿eh? Pero bueno, que algo es algo.

-Pero, ¿le ha contagiado ella?

Pues, no lo sabemos,

pero, desde luego, ha sido una bonita casualidad.

Ya. ¿Pero la mujer está aquí? ¿Sabe que él tiene clamidia?

-Él ha dicho que ella se va a hacer las pruebas, pero en otro hospital.

-Ya... Madre mía, o sea que no le ha dicho nada.

Ahora, te digo una cosa, ¿tú sabes lo que es el karma?

Sí. (SUSPIRANDO).

Pues coincidencias de la vida.

Ahora, con esto de la intoxicación,

no nos ha quedado más remedio que llamar a su mujer y que venga.

¿A que sí, Silvia, díselo? (RIENDO).

La intoxicación de Suso no era muy grave,

pero aun así ha requerido de unos días de ingreso hospitalario,

y claro, vino su mujer a verle y su médico, o sea yo,

le preguntó si tenía síntomas

de una determinada enfermedad de transmisión sexual,

los mismos síntomas que tiene su marido.

Vamos, que parece que el tiempo pone a cada uno en su sitio.

Bueno, la cara que se le quedó a la mujer cuando se enteró

de que él no le había contado nada de su enfermedad...

Eso fue un poema.

Yo solo sé que se marchó de allí

diciendo que iba a recoger a los niños...

Ahora, si iba a recogerlos al colegio

o se los iba a llevar para siempre, eso ya...

Pero bueno, que está bien que haya pasado esto,

que es de justicia.

Pues sí... Sí, sí; si yo no he dicho nada.

Y parece que va a tardar un tiempo en volver a contagiar a alguien más.

Bueno, ya lo creo. Ese se lo va a pensar dos veces.

-Pues sí... Bueno, chicas, muchas gracias,

no sé, por todo, por el apoyo... bueno, y por las risas, sobre todo.

Bah... Que formamos buen equipo.

Esto lo tenemos que repetir más veces, ¿no?

Sí, claro. Lo vamos a hacer todos los lunes ahora.

-Yo me apunto.

Oye, entonces tenemos que llevar a Dacaret, porque vamos,

tiene experiencia también con esto de las caídas y las escaleras, ¿eh?

Sí, bueno, pero la próxima ETS para él...

(SUSPIRAN).

Vale, genial.

Están terminando de hacerle las pruebas,

pero todavía no se sabe nada, ¿vale?

-Vale, muy bien, gracias.

Aquí tienes toda la información, ¿vale?

-Hombre...

-Hola. -No sabía que estabas por aquí.

-Sí, nos han vuelto a desviar.

Mira que hacía tiempo que no venía y esta semana ya van dos veces.

-Supongo que eso habla bien de mi hospital.

Si otros hospitales nos derivan sus pacientes,

eso quiere decir que aquí podemos hacerlo...

-Supongo...

Bueno, no te había felicitado por tu nuevo puesto, enhorabuena.

-Gracias. Yo a ti tampoco por el tuyo.

-¿Cómo? Yo no...

-Lucía..., me ha dicho que estás intentando cambiar de aires.

-Sí, bueno... También ella me dijo que te lo había comentado

y no te pareció muy buena idea, y entiendo perfectamente por qué...

-No, no, si yo me he aclarado.

El pasado, pasado está.

Mira, creo que tienes mucho talento

y que mi plantilla necesita lo que tú manejas, que es ilusión,

así que, si quieres dejar el SAMUR y llevar aquí una vida más sosegada,

eres bienvenida.

-Bueno... No sé qué decir.

-Di que sí.

Pero, si vuelves a este hospital,

no puedes dejar colgado como la última vez.

Si te comprometes, te comprometes.

-Sí, no... no te preocupes,

que esta nueva oportunidad no la voy a dejar pasar.

-Entonces con Ortega y con tu hijo no habrá ningún problema, ¿no?

-Está todo controlado. -¿Sí? Pues entonces bienvenida.

-Gracias. Voy a ver qué tal está mi paciente.

-Muy bien. Un momento, Ainhoa.

El ambiente aquí, en el hospital, últimamente no es demasiado bueno,

no sé si has escuchado algo.

-No, la verdad es que no...

Pero bueno, que supongo que como en todos los lados, ¿no?

-Sí, como en todos los lados, y eso es lo que me preocupa.

Yo intento hacer las cosas bien para el hospital

y llevo tiempo haciéndolas bien, pero la gente no lo entiende.

-Bueno, tranquilo, si... si yo puedo ayudarte en algo...

-Gracias, Ainhoa. Sabía que no me equivocaba contigo.

Gracias.

Chao. -Chao.

-¿Sabes cuánto tiempo llevo aquí metido?

Y lo peor, ¿sabes cuánto tiempo me queda todavía?

¿No lo sabes, verdad?

Ya somos dos.

-Pero cuando salgas,

querrás estar al mismo nivel que tus compañeros, ¿no?

-Me da igual.

-Parecía que la cosa iba mejorando, pero al final no.

Las últimas pruebas han sido un palo para todos.

-Pues tú imagínate para él,

que pensaba que iba a salir ya del hospital.

-(BORRACHO) Yo no quería que pasara nada y Bea tampoco,

pero si fue una tontería. -Eso tendré que juzgarlo yo.

-Que te eligió a ti, tío. -Vale, vale, vale...

Has bebido mucho, te has pasado con el alcohol

y quiero verte dentro del hospital, venga.

-¿Y de qué quería hablar contigo?

-Quería convencerme de que estabas muy arrepentida

de lo que pasó entre tú y él. De que no tuvo importancia.

-Tienes una masa en el lóbulo inferior izquierdo.

-¿Y tan grave es?

-No te voy a mentir: es el peor escenario posible.

-He hablado con Matías y ha dado el visto bueno

para que te hagan una revaluación de la esclerosis.

Y me voy a encargar yo de ello.

-Pues... yo no creo que sea lo mejor.

-Me has cuidado, te has acostado conmigo

y luego me echas a la calle.

¿Qué sucede? No sé qué la pasa.

No puede respirar y tampoco puede hablar bien.

A ver, ¿te duele el pecho? Un poco, sí.

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Centro médico - 15/01/19 (2)

15 ene 2019

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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