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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 13/12/18 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-Estos calambres me están matando, ¿eh? Siento, me siento como rara.

-Es que sigues teniendo la tensión descompensada y el potasio bajo.

Por eso te quiero hacer más pruebas. -¿Más?

Pero si me quedé aquí para mejorar, y ahora ya ni siquiera puedo andar.

-Bueno, Tati, un poquito de paciencia, ¿vale?

Que tu cuerpo se está tomando su tiempo para compensarse

y quiero averiguar por qué. -Vale.

Pero arréglame las piernas cuanto antes, ¿eh?

Que las necesito perfectas para caminar.

-Hija, cualquiera diría que quieres salir corriendo.

Bueno, tú no te preocupes que, cuando averigüemos la causa,

seguro que te empiezas a encontrar mucho mejor. -Eso.

-Oye. ¡¿Y mi bolso?, ¿dónde está mi bolso?!

¡Tengo que ir a por él, se me ha olvidado!

-Oye, Tati, tranquila, por favor, siéntate. Mira.

Mira, ¿ves al de seguridad?

Pues en cada planta hay uno. ¿Te quedas más tranquila?

Tus cosas van a estar bien, ya verás. ¿Vale?

Bueno, lo importante es que hemos descartado una serie de cosas.

¿Estás bien? -Sí, sí, sí.

-Bueno. Espérame aquí un segundito, que vuelvo enseguida. -Mm.

-¿Vale?

-¡Me está delatando!

-¡Tati, ¿dónde vas?! Pero, ¡Tati!

-¡Señora! -¡Pero Tati!

(Voces)

-¿Qué pasa?

-¡¡Me has delatado!! ¡¡Tía, me has delatado!!

-¡¡Tati!! ¿Estás bien?

-Sí, sí, sí. -¡Tati, Tati, Tati...!

Tati... ¿Tati...?

¿Me oyes?

No entiendo qué le ha pasado a Tati.

Parece tan normal...

Bueno, a ver, está un poco obsesionada con su bolso.

Pero ¿quién no tiene manías?

Pero a lo que vamos, que, que se ha puesto así,

y lo que más me preocupa, que se ha vuelto a desmayar.

Yo tengo que averiguar lo que le pasa, pero ya.

-Dígame la verdad, por favor. ¿Cómo estoy?

¿Me voy a morir? -A ver, Iván.

Lo que he visto es que hay un desgarro en la aorta. ¿De acuerdo?

El problema es que, si se agrava la situación,

podría llegar a romperse. -Eso no suena nada bien.

-No. Nada bien.

-¿Y ese desgarro se puede pegar, coser, o bueno, como se llame?

-Mira, lo primero que tenemos que hacer

es suspender el tratamiento que te pusimos. -¿Y lo segundo?

-Y lo segundo es ponerse en contacto con Cirugía Vascular

para que te operen cuanto antes.

Porque no podemos permitir que el desgarro siga aumentando.

Es posible que tengan que ponerte una endoprótesis, ¿vale?

Es un tipo de tubo

con el que intentarán reparar la aorta desde el interior.

-Bueno, todavía no ha contestado a mi pregunta.

¿Me puedo morir?

-Mira, si, si no te colocan la endoprótesis...

-Ya. ¿Y si me la colocan?

Vale, gracias, eso ya contesta a mi pregunta.

-Escucha: tienes que entender

que cualquier intervención de este tipo pues, implica un riesgo.

Pero es importante que no nos pongamos en lo peor, ¿de acuerdo?

¿Le llevamos a quirófano? -Vale.

Avísenle a mi mujer, por favor, y también a mi hijo.

-Hecho.

-A ver, ya estoy aquí. ¿Qué pasa? -¡Eso quiero saber yo!

¿Qué narices pasa?

¿Qué parte no entendiste de "no se lo cuentes a nadie", eh?

-Ah, vale. -¿Eh?

-Relájate, Matías. Que es Pepa. Pepa no cuenta.

-No, claro que cuenta. ¡Se lo va a contar a Vega!

¿Qué pasa, que tú lo sabías? -A ver: escúchame.

No va a decir nada; lo tengo todo bajo control.

-Mira, lo dudo mucho porque hoy me ha dejado muy claro

que no quiere que te utilice para echar a Vega.

-¿Que me utilices? -Sí.

Es como si tuviese poderes sobre ti, ¿sabes?

Y que te hago sentir culpable por todo el tema de la demanda.

¿Esto qué es? -Bueno, no te preocupes.

Hablaré yo con ella, ya está. -No. Tú has hecho bastante.

¡Lo haré yo! -¡Que no, Matías! Esto es cosa mía.

-A ver, ¿se puede saber por qué se lo has contado?

Mira, Andrés, me has expuesto ante Pepa. ¿Vale?

Lo mínimo es que me cuentes por qué, ¿no crees?

-Se lo he contado porque Vega quiere que Pepa deje el trabajo.

-¿Por qué? -Porque tiene esclerosis.

Que Pepa lleva una vida normal, pero...,

como le da algún achaque de vez en cuando, y Vega ya lo sabe,

pues quiere que haga menos horas, o directamente ninguna.

-¿Y cómo se ha enterado Vega?

-Pues porque al parecer estaba delante de Pepa

cuando le dio alguno de esos achaques.

Y, además, Pepa se lo ha confirmado. -Ahora entiendo muchas cosas.

-Si se lo conté a Pepa

es porque pensé que a ella también le conviene que Vega se vaya.

-Bueno, pues pensaste mal, ¿bien?

Porque a mí me ha dejado muy claro que no quiere unirse.

Incluso que tú salgas del barco.

Bueno, hasta que ella se pueda hundir contándoselo a Vega.

-Que no. Que no lo hará, ¿vale? -Más te vale.

Pepa es una fuente de problemas. Lo has vivido y lo sabes.

-Haré que cambie de opinión. -¿Estás seguro?

-Seguro. -OK, confío en ti.

Pero no me falles otra vez.

Estoy convencido de que puedo hacerle ver a Pepa

que todo esto le conviene.

Si lo que está claro es

que no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos.

Además, lo que estamos haciendo no tiene nada de malo.

Todo esto es..., no sé, por un bien común.

El hecho de que Vega deje de dirigir este hospital

es lo mejor que nos puede pasar a todos y a Pepa la primera.

Y eso creo que se lo puedo hacer ver.

Estás muy guapa cuando te enfadas.

-¿Herrera te ha mandado para que me convenzas?

-No. ¿No puedo decir lo que siento? -¿En serio?

-Pe... -Perdón.

-Pepa, esto es lo mejor para ti y lo sabes.

-No, no, no, no.

¿No te atreverás a decir que lo haces por mí,

porque me quieres? -Pero si es que es la verdad.

-No, la única verdad es que estás intentando manipularme

y no lo voy a permitir. -Qué cabezota eres.

-No. Lo que para ti es ser cabezota, para mí es ser cabal.

Cosa que no entiendo por qué no eres últimamente.

-Ya. A ver: ¿tú quieres seguir trabajando aquí, sí o no?

-Sí. Pero no a cualquier precio. ¿Te queda claro?

-Pepa, esto es lo mejor para el hospital. Es lo mejor para todos.

Y no me pienso bajar de este barco. ¿Te queda claro a ti?

-Cristalino, Herrera.

Y ahora, si no te importa... -Eres imposible, ¿eh? De verdad.

No sé cómo pude enamorarme de ti...

-¡Hombre, mira! Ahora sí que has dicho lo que sientes

-No, Pepa, perdona. Que ha sido... -Ya. Vale. Vete. ¿Vale?

Es lo mejor, ¡vete! -Pepa, vamos a ver...

-¡Que te vayas!

Y la próxima vez que Herrera quiera decirme algo,

que venga él directamente.

-Bueno, espera, vamos a calmarnos un poco,

porque yo creo que toda esta situación

nos tiene un poquito alterados.

Yo creo que es mejor que hagamos

como que esta conversación no ha ocurrido nunca.

-Me parece fenomenal, y nuestra relación tampoco.

¿Te parece?

(Megafonía): Esther Fuentes, acuda a sala de curas.

-Pepa, ¿cómo va?

-Bien, todo está yendo según lo previsto.

-Ya. Bueno, ¿y tú? -Eh, bien.

Bueno, un poco cansada porque es la segunda intervención, pero bien.

-Es que tendrías que tomarte un descanso. Incluso unos días, Pepa.

-Sí, sí. Lo sé. Me, me vendrían bien. Pero...

-Ya. Sabes que no tienes que demostrar nada, ¿no?

Igual es momento de que empieces a pensar en ti.

-Vale. Gracias. Pero estoy donde quiero estar.

(Pitido constante)

-¿Qué pasa? -No sé.

¡Está hipotenso! -Es un shock hipovolémico.

Oye, no reacciona, ¿eh? -Vamos a perderlo, ¿eh?

(Desde el teléfono) -O fuera de cobertura en este momento.

-¿Necesita ayuda?

Soy Ángela Vega, directora del hospital.

-Hola. No. Estoy bien, gracias. -¿Seguro?

-Sí. Bueno, hace un...

Se han llevado a mi marido a quirófano y, y no sé nada.

-¿Quién le trata? -El doctor Dacaret.

Pero no me dicen nada. -¿Su marido es Iván Gómez?

-Es Iván Gómez, sí.

Lleva ya mucho tiempo en el quirófano.

Eso es malo, ¿Verdad? -No.

Lo que pasa es que estas operaciones requieren cierta preparación.

A veces se retrasan un poco más de lo previsto.

-Ya. Pero usted es la directora; igual podría entrar y...

-Podría, pero confío en mi equipo.

Y usted debería también, ¿eh? -Está bien; perdone.

-No...

Tranquila; es un momento difícil, lo comprendo.

-No lo sabe usted bien, ¿m? -Mm.

-Estábamos ahí, y se alteró porque le hablé mal.

Estaba muy enfadada con él.

En realidad, lo pagué con él.

Porque con, con quien estoy enfadada es con mi hijo.

Es que está incontrolable.

Qué difícil es criar a un hijo. -Mm.

-Nunca se sabe cómo acertar. -Desde luego.

Yo también tengo una hija y... -Ya.

-Pero vamos, lo importante es que usted se mantenga tranquila

porque su marido la va a necesitar a partir de ahora.

-Cuando salga no sé si me querrá ver...

Y con razón. -Pues claro.

¿Cuántos años llevan casados?

-25... -25...

-25 años, sí. Íbamos a celebrar las bodas de plata.

Pero no teníamos ánimo. Con esto del niño...

-¿Cuánto han discutido en todo este tiempo, eh?

-Pero esta vez no es igual. -Bueno, no se ponga en lo peor.

Piense dónde quiere celebrar sus bodas de plata.

Esto no pasa todos los días, ¿eh? -Tiene razón. Muchas gracias.

Váyase tranquila, que yo estoy bien. -Sí.

Bueno, es que es el cumpleaños de mi hija.

-Ya. -Sí.

-Entonces váyase, que la esperan.

Yo estoy intentando localizar el mío, al mío, pero no hay manera.

-¿Necesita ayuda con eso?

-No. Si es que no quiere ni vernos.

Tampoco a mi marido, que se está muriendo.

-No, no. No se va a morir.

Aquí nadie se va a morir. ¿De acuerdo?

Le acompaño a la sala de espera. Me pilla de camino.

Vamos. -Muchas gracias.

Iván tiene que salir de esto como sea.

Nunca me perdonaría que lo último que hemos hecho haya sido discutir.

Y menos por un hijo al que ya no le importamos nada.

Se la regalé cuando nos conocimos.

Es un trasto, pero él la adora.

Las cosas más sencillas son las que nos hacen más felices.

¿Cómo hemos terminado así?

(Pitidos intermitentes)

-Lo tenemos de vuelta.

-Disección de aorta descendente complicada con shock hipovolémico.

Casi no lo contamos.

Oye, ¿tú crees que con la endoprótesis...?

-Espera, espera, espera.

Que ya sé que estás emocionado, pero déjanos acabar.

-Ya, es verdad; tienes razón.

Voy a hablar con la mujer,

que, que tiene que estar desesperada. ¿Vale?

-Eh, deberías estar tú en todas las operaciones.

Subes el ánimo como nadie. -Bueno...

Un shock, hipovolémico es una pérdida grave de sangre o de líquido

que hace que el corazón no bombee suficiente sangre

al resto del cuerpo.

Esto también puede causar que muchos órganos se vean dañados.

A ver, Iván, Iván ha estado a punto de perder la vida.

Pero bueno, por suerte no ha sido así.

En cuanto salga de quirófano, su pronóstico será reservado

y tendremos que ver cómo evoluciona.

A ver, podemos decir que esta vez ha ganado la batalla.

-¡Sorpresa! -¡Aah!

-Mira...,

-Pero ¿qué es esto?

-Pues tu fiesta de cumpleaños, cariño.

-Es que lo que pasa que habéis venido muy pronto,

pero todavía quedan muchos invitados por llegar.

(Mensaje)

Si es que no me ha dado tiempo a colocar unas cosas que tenía...

-No. Faltan un montón de amiguitas. ¿Eh?

Mira, deben ser ellas, que están al llegar.

-Podrías haber avisado para saber a quién invito y a quién no.

-¿Por qué, hija? -Laura es una envidiosa y una pesada.

-¿Ah, sí? ¿No te cae bien?

Pues es que no te podía preguntar; porque entonces no era sorpresa.

¿Comprendes? -Claro.

-No me gustan las sorpresas. Pero bueno, no te dejaré mal.

-Anda, quítate el abrigo.

-Ven, vamos. Ven por aquí, siéntate aquí con tus amigas...

Ya verás cómo te gusta todo lo que hemos preparado.

-Oye... -Bueno, ¿qué... qué vas a tomar?

-Leche de soja, por favor. -Pues de eso no tenemos.

-Pues donde me lleva mi padre siempre hay, nos encanta la soja.

-Ya. -Y a mí me gusta merendar eso.

Pero soy flexible, ¿qué ofreces? -Pues...,

pues te puedo dar, un refresco de naranja que también lleva soja,

que ahora la soja se la ponen hasta a la salsa de, de tomate.

Es lo que tiene el boom este de, de la comida sana, ¿eh?

¿Te parece bien?

-Si me puedes traer un poco de agua, que no sea del grifo...

-Claro. Agua. Muy bien. -Gracias. Os espero.

Hasta ahora.

-Vaya joyita la niña, ¿no? -Oye, ten cuidado. ¡Que es mi hija!

-Vale, vale. Entendido.

Le voy a traer al angelito su agua embotellada

porque parece que mi refresco de naranja con soja no le hace gracia

-Ay, déjate de pullitas, ya, Rafa. Además, mira qué hora es.

¿Y dónde están todos los globos que te he traído,

y la serpentina, y la música...? Y mira, ¡es que no hay gente!

-Vale, lo siento, Ángela, hago lo que puedo.

Pero, igual, y perdóname, aunque hubiera puesto cien globos;

pero si la niña bebe leche de soja.

Que ya no está esta para globitos. ¿Me explico?

-¡Ay! No sé ni por qué hago esto, la verdad.

Cualquier cosa que le propongo le parece mal, Rafa.

-Bah, pero si es que los niños de ahora son todos así;

como tienen de todo, pues es muy difícil sorprenderlos.

Pero nada, ahora llamo yo a Vanessa,

que me ayude a terminar de colocarlo, y chimpún. Y ya está.

-Gracias, guapo. No sé cómo devolverte este favor.

-Nada. No pasa nada. ¡Marchado un agua en botella!

-¡Hola a todas! ¿Qué tal?

¡Tienes que animarte! Que esto no ha hecho más que empezar.

-Ángela, deja de hablarme como si tuviese cinco años;

que tengo doce.

-No te hablo como si tuvieras cinco años, hija.

-Papá ya me dijo que me hablarías así.

Él tiene razón, no me conoces.

-Bueno, pues déjame que te conozca un poquito mejor, ¿eh?

-Vas a discutir en mi cumpleaños, qué mal rollo.

Además, papá nunca haría...

-¡Por favor, ¿puedes dejar a papá un poquito tranquilo?!

Un poquito, no creo que te cueste mucho, ¡hija!

Perdóname, cielo. Anda, tómate un sándwich.

-Bueno, pues aquí te traigo tu agua embotellada mineral, ¿eh?

Te la he puesto del tiempo. ¿Te gusta así?

-Sí, sí. -Bueno, menos mal.

-¿Entonces qué es lo que tengo?

-Pues en los resultados de la analítica y del TAC

hemos visto que sufres hiperalderosteronismo.

-¿Y qué mierdas es eso?

-A ver, que segregas una hormona

que está provocando las subidas de tensión y que tengas el potasio bajo.

De ahí los calambres y la pérdida de conciencia.

-¿Y por qué?

-Porque hemos visto que en el TAC abdominal

hay una lesión en una de las glándulas suprarrenales.

-Las glándulas suprarrenales son las que están encima de los riñones

y son las encargadas de liberar distintos tipos de hormonas.

-¿Y qué quieres, un premio por saberlo?

-No. Pero no está mal, ¿no? ¿Para no ser la lista de la familia?

-Eh..., ¿me he perdido algo? -No, nada.

-Bueno, lo que dice Esther es así.

Hemos visto un daño en una de las glándulas suprarrenales.

Y por eso tienes estos síntomas.

-Vale, pues perfecto.

Eh, ¿me podéis recetar las pastillas de turno? Yo es que ya me quiero ir.

-A ver, Tati, es que esto no se soluciona con unas simples pastillas.

Puede ser algo..., grave. -¿Cómo, cómo de grave?

-Pues hasta que no te operemos, no podemos saberlo.

-¿Quieres que avisemos a alguien

o necesitas hacer alguna gestión antes de la operación?

-Sí. Eso, ¿quieres que avisemos a alguien?

-No. No, está bien. Opérenme cuanto antes.

-Vale, pues voy a prepararlo todo.

-¿Por qué no me ayudaste a escapar? -¿Y dónde pensabas ir?

¿Si no podías mantenerte en pie? -Bueno, ahora ya lo veo.

Y, perdón por eso. -No, nada.

Oye, ¿y tu hija dónde está? -Pues está con la vecina.

Que debe estar escupiendo diablos.

Debería haber vuelto ya.

-Si quieres la llamo y la aviso. -No.

-Bueno, pues si no me necesitas más...

-Sí, sí, necesito algo.

Me gustaría saber si mientras que esté en el quirófano...

Podrías...,

Esther, es el futuro de mi hija.

¿Lo harás?

-¡Qué bien! Bueno, ahora vuelvo, ¿eh?

¿Qué tal, chicas?

¿Todo bien? Bueno...

¿Qué tal, mi amor? ¿Está rica la tarta, eh?

-Sí.

-¿Qué tal? -¡Ay, gracias por venir!

-¡Pero ha quedado muy bien!

-No te esfuerces, anda, que es deprimente.

No han venido ni la mitad de la mitad de las amigas. -¿Ah, sí?

-Yo creo que Raquel va a recordar esto

como el peor cumpleaños de su vida. -Vaya...

Pero ¿estáis mal vosotras?

-Pues es muy difícil cuando todo el tiempo te está recordando

que con su padre todo es mucho mejor. -Ya. Pero es que eso es normal

en los hijos de padres separados, ¿no?

Yo el mío pequeño, cuando me separé de Ramón, me tenía loca.

Y todo el rato que quería estar con su padre,

se fue a vivir con él y todo.

Y si encima el padre le presiona, pues ya ni te cuento.

Es que hay hijos que consideran

a un progenitor como de primera categoría y al otro de segunda.

Se llama alienación parental. -Pues Raquel tiene eso, Lucía.

-Que no, que eso es muy grave, Ángela.

-Que sí. Por favor, ¿puedes hablar con ella?

¿Aunque solo sea un rato? -¿Ahora, el día de su cumpleaños?

-Ya sé que no debería pedirte esto, pero por favor.

Gracias.

-Hola...

¿Eres Raquel? Felicidades, ¿eh?

¿Me puedo sentar? Es que me están haciendo un daño estos zapatos...

-Me da igual.

Todo el mundo me pide permiso para muchas cosas.

Y luego hacen lo que quieren.

-Pues nada, entonces me quedo aquí de pie y ya que me duelan los pies.

-Siéntate, anda.

-¿Lo estás pasando bien?

-Todo lo bien que me dejan.

-¿Echas de menos a alguien, tu padre?

-No. Estoy bien así.

-Pues me alegro,

porque tu madre se ha esforzado mucho en hacer esta fiesta.

-Lo sé, mi madre se esfuerza mucho.

Igual que mi padre y yo. Somos una familia muy unida.

-¿Seguro que piensas eso? -¿Por qué no debería pensarlo?

-Por nada. -Pues vale.

-Mi amor...

-Mm....

-¿Estás bien?

Perdóname.

-No, perdóname tú a mí.

25 años juntos y ahora vas y sacas el genio.

-Sí, y yo tampoco sabía que lo tenía.

-Sí. Sí, esto está siendo demasiado para los tres. -Sí.

-Y tienes razón cuando dices que...,

que he sido un poco permisivo con, con Mario.

Pero pensé que lo de las drogas sería una etapa pasajera,

como la que tuve yo. Y..., pero no.

-Me alegro de que hayas abierto los ojos.

-Ya. He estado a punto de morirme, cariño.

Y no estoy dispuesto a que todo esto me lleve la vida por delante.

Así que tenemos que hablar con Mario muy en serio.

-Vamos a salir de esto juntos. -Mm.

-Pero sin discusiones. -Ay, si no puedo.

Por prescripción médica.

-Voy a decirte una cosa... -Mm.

-Pero quiero que estés tranquilo. -Rosa, más tranquilo no puedo estar.

-Mm. Ya.

-Después de la operación no tengo ni ganas de fumar.

-Cuando te metieron en el quirófano,

me prometí que esto no volvería a pasar.

Que no nos iba a hacer más daño. -No sigas, Rosa.

-¿Por qué? ¿Qué te..., qué te pasa? ¿Llamo al médico?

-No, no.

Nos conocemos hace 25 años.

Has denunciado a Mario, en vez de convencerle

para que entre en el centro de rehabilitación, ¿verdad?

-¿Y te parece bien? -No.

Has hecho lo que yo no habría hecho jamás, condenar a nuestro hijo.

Lo hemos perdido para siempre por tu culpa.

-Si alguien tiene la culpa es él.

-Él es la víctima y nosotros le hemos dado la espalda.

-No has abierto los ojos. ¿Aquí se acaba todo?

Yo no soy un monstruo, ¿eh?

Yo quiero a mi hijo.

Sé que le he dejado al borde del precipicio.

Pero ahora solo depende de él si saltar o salvarse.

Y yo sé que he hecho lo mejor para él.

Y algún día Mario,

bueno y también Iván, me lo agradecerán.

25 años callada y ahora, por decir la verdad...

Ojalá mi marido algún día abra los ojos.

Y ahí estaré yo para esperarle porque...,

porque le quiero.

Sí, le quiero aunque sea un cabezota.

Al final esto ha podido con nosotros.

-¡Ángela! -¿Qué?

-¿Puedes hablar conmigo un momento?

-Pues es que tengo un poco de prisa, ¿sabes? -Ya.

-He venido a por el regalo.

Es que se queda Raquel conmigo hasta mañana.

(Teléfono)

Espera, espera. -Vale.

-Espera un segundo. ¿Sí? Hija.

Me cambio y voy, ¿eh?

-No hace falta. Me he ido. -¿Cómo? ¿Adónde te has ido?

-He pedido a papá que venga a buscarme.

-Pero cariño, si te he dicho que tenía que trabajar un rato

e iba enseguida. ¿Por qué?

-No te ofendas, pero prefiero estar con él.

-Ya. Pero el plan es que estuviéramos juntas hasta mañana, cielo.

-El trato era que si estaba incómoda podría llamar.

-¿No estás a gusto conmigo, hija?

Raquel, contéstame.

Bueno, pues te has dejado el regalo.

Al menos podríais venir a buscarlo, ¿no?

-Guárdamelo en el cuarto ese que tienes en tu casa.

¡Ya voy, papá...!

Me tengo que ir. Adiós, Ángela.

-Adiós.

-¿Qué tal?

¿Estás bien?

-No.

-¿Quieres hablar?

-Es...

Solo quiero saber si has sacado algo en claro

de la charla que has tenido con ella. -Ff, pues es que...,

es muy difícil sacar algo en claro

con el poquito tiempo que he estado con ella.

-Bueno, pero una primera impresión, no sé.

Ya has visto cuál es la situación, Lucía.

En breve se revisa la custodia y quiero saber a qué me enfrento.

-Raquel me parece una niña muy lista para su edad y...,

también me parece que tiene la habilidad

para manipular a los que le rodean.

-¿Cómo? ¡Pero si es una niña, Lucía, por Dios!

Es mi ex el que la manipula.

-Yo no sé si tu ex la manipula porque no he podido verlos a los dos juntos.

Pero a lo mejor es tu hija la que os manipula a los dos.

De todas maneras,

es que es muy difícil demostrar

que tiene el síndrome de alienación parental.

Lo siento, ¿eh? -Gracias, Lucía.

Voy a luchar por mi hija, cueste lo que cueste.

¡Me da igual que Lucía piense

que mi ex no tiene que ver en su comportamiento!

¡Por supuesto que sí!

De hecho, aprovechó el primer desliz que tuve para quitármela, el primero.

Si ya sé que no tenía que haberla dejado sola, y atender esa urgencia.

Ya lo sé. Pero ¿quién no ha cometido un error en su vida, eh?

Voy a recuperarla. Por mí y por mi padre. Se lo prometí.

-Mi bolso, por fin.

Por un momento pensé que no lo iba a ver más. Eres una tía legal.

Igual que tu hermano Felipe.

-¿Dónde está la pasta? -La he devuelto.

-Maldita sea. Pero ¿quién te crees para hacer algo así?

-No, no te preocupes. Lo he hecho con una llamada anónima

y he dejado el dinero donde la policía pudiera encontrarlo.

-No sabes lo que has hecho. -Sí, sí que lo sé.

Darte una oportunidad. -¿Darme una oportunidad?

¡Me has traicionado! Ese dinero era...

Ese dinero era el futuro para mi hija.

-No, Tati.

Tú eres el futuro para tu hija. Si te pillan, la van a separar de ti.

¿Es eso lo que quieres? -La has condenado.

Mira, me metí en líos. Iban a por mí y a por mi hija.

Y ese dinero era nuestro billete para largarnos, para desaparecer.

Y ahora nos has hundido.

-Tiene que haber otra solución. -Vete.

-Tati, ¿por qué no te calmas?

Entre las dos intentamos pensar otra...

-¡Esther, te he dicho que te vayas, por favor!

Vete. -Como quieras.

-¿De verdad has operado con ese florero en la cabeza?

-No estoy de humor.

-¿Tan mal ha ido la operación o qué? -¡Maldita sea...!

-Vamos a ver, ¿por qué intuyo que no has convencido a tu enfermera?

-Dame un respiro, ¿quieres? Además, ya no es mi enfermera.

Escucha, igual deberíamos replantearnos todo esto de Vega.

-La idea era que tú la convencieras a ella, no ella a ti.

-A ver, yo lo único que digo... -No.

-Es... Matías, tú no conoces a Pepa. ¿Vale?

Es muy cabezota, mucho.

Y ahora sí que corremos peligro de que nos delate.

-Ya no hay marcha atrás. -¿Cómo que ya no hay marcha atrás?

¿Por qué, qué ha pasado? -Vega me lo puso en bandeja.

Me pidió que presentara las cuentas a la Consejería.

Y bueno, les he enviado una versión muy especial.

-¿Has modificado las cuentas? -¿He dicho yo eso?

No, amigo, eso suena muy feo.

Porque podrían destituir a Vega y nosotros no queremos eso, ¿verdad?

-¡Estás loco! Estás loco, Matías.

Has firmado tu sentencia de muerte.

-Si lo dices por Pepa, no me preocupa.

No creo que sea un problema.

-Mira, no sé lo que estás tramando, pero no me gusta nada.

Y más te vale que no le pase nada a Pepa. ¿Está claro?

-Pero bueno, tranquilo.

Para no ser tu enfermera estás un poquito alterado.

Yo solo quiero charlar con ella.

Y si ella sabe lo que le conviene, atenderá a razones.

-Perdonad, ¿habéis visto al doctor Chacón?

-Pues no, ni idea. -No.

-Bueno, pues si le veis, por favor,

decidle que estamos en quirófano esperándole para la intervención.

¡Ay, Dios mío! Clara, es el doctor Chacón, ¿no?

Sí. Por favor, ¡corre a avisar a un médico, que vengan rápido, ya!

Sí. Voy volando. ¡Doctor Chacón, doctor!

¿Permites?

Es solo un segundo.

¿Qué pasa?

Creo que deberías traer a tu sobrina cuanto antes al hospital,

para que le hagan una revisión.

En el mejor de los casos, yo me equivocaré y...

Bueno, en el mejor de los casos, y lo más probable.

-Un segundito...

Tiene que presionar unos minutos...,

y le llamaremos para darle los resultados, ¿de acuerdo?

De verdad que mi intención no era ni meterme en tu vida

ni en la de tu familia. Exacto.

No eres nadie para meterte en mi vida

y mucho menos para soltarme lo que me soltaste de buenas a primeras.

-¿Qué ha pasado? -Fff.

Pues esta mañana he sustituido a una enfermera

haciendo una extracción de sangre y me he pinchado con la aguja.

-Bueno, cuidado que viene la R1... -El paciente tiene VIH.

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Centro médico - 13/12/18 (2)

13 dic 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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