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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 12/12/18 (1) - ver ahora
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Ángela, ya está.

¿Dónde estabas?

Que no estuve en sus últimos momentos con él

y le tenía mucho cariño y...

Lo siento, porque también fue culpa mía.

No tendríamos que habernos ido a cenar...

No es culpa de nadie.

Las cosas salieron así.

Lo que pasa es que ya no se puede hacer nada.

Berta quiere pedir la custodia de la niña para ella y para Jaime.

¿Qué?

Ya ha empezado con abogados,

está preparando todo el papeleo

y que es una nueva Berta

y que va adelante.

Bueno, ningún juez en su sano juicio le va a dar la custodia.

¡Pero que le estoy diciendo

que hay como dos dedos de agua por todo el piso!

¿Cómo?

¿No lo cubren?

¿Y entonces qué cubren?

¿Quieres quedarte en mi casa?

Me ofreció quedarme en su casa, por compromiso.

Desde luego, entusiasmado no se le veía.

No estoy yo tan seguro de poder con todo esto solo.

Tener una vida sentimental estable

siempre ayuda para conquistar la custodia...

Bueno, ¿me puedes pagar tú el café?

Es que tengo mucho trabajo, ¿eh?

¡Es que quiero que seas claro!

¿Tú quieres volver conmigo para ganar el juicio?

¡Yo quiero que volvamos juntos porque nos queremos!

¡Tú eres la mujer de mi vida!

Antes estábamos genial, Carlos.

Aunque yo notaba que tú estabas a gusto conmigo...

Pero desde que estoy en tu casa casi ni hablamos.

Y que yo no quiero meterme ni en tu casa ni en tu vida.

Que no es cosa mía. Que estás distante, es evidente.

Te invito esta noche a una cena casera, ¿vale?

Venga... ¿Qué me dices?

Oye, pero

¿en serio que duermes mal en mi casa?

No. No, no, no. En tu casa duermo perfectamente.

Donde no duermo bien es en tu colchón

porque está viejísimo, Carlos.

Pues como el dueño, acostúmbrate.

Mira es imposible que duermas bien ahí.

¿En serio eres tan tacaño?

Pero que no es por tacaño.

Es porque yo he dormido siempre ahí fenomenal.

Sin problemas de espalda.

Pero si se cede hacia el centro.

No.

Esa eres tú,

que te arrimas a mí cuando duermes.

Mira a mí me da igual porque voy a estar dos días.

Pero no entiendo la necesidad de que te dejes la espalda.

Y si tanto te molesta tenerme ahí pegada como un coala,

pues cambias el colchón.

A ver

¿no has pensado que quizás no cambie el colchón por eso?

Te lo acabas de inventar, ¿verdad?

Sí. ¿Se nota mucho?

No, en serio;

si quieres cambio el colchón, no pasa nada.

Compro uno tamaño "Queen Saisi", ¿m?

Venga, luego te sigo, ¿vale?

Voy a comprar una ensaladilla,

que hoy no tengo tiempo ni para comer.

Vale.

-Chao. -Chao.

-¡Y abre el paraguas, que encoges! -¡Baaaah!

¿Iker?

¿Qué pasa, Bea?

¿Cómo que qué pasa?

Ni que nos hubiéramos visto antes de ayer.

Sí que ha pasado un poco más de tiempo, ¿eh?

Unos 13 años.

¿Qué tal?

-13 ya. ¡Buah! -¿Qué estás haciendo aquí?

-Sí, bueno, he preguntado en el hospital,

me han dicho que entrabas ahora y que, que sueles pasar por aquí.

-Sí. -Te estaba esperando.

-¿Estabas limpiando, tú? -Sí. Sí, soy un poco puntilloso.

Oye, ¿tienes un momento, para hablar?

Pues, pues mira,

es que justo iba a coger algo para comer rápido.

Vale, vale. No te preocupes.

No, no, no.

Buscamos otro momentín, bueno, nos ponemos al día...

Oye, me alegro mucho de verte.

¿Estás segura de que no puede ser hoy?

No. De verdad;

es que voy pilladísima.

Es que quiero hablar de una cosa...

¿De qué?

Necesito el divorcio.

Sé que ha sonado un poco brusco,

pero es que no había tiempo y era importante decirlo.

No quedaba otra.

Tengo que rehacer mi vida.

Para eso lo primero es divorciarme.

No creo que me ponga problema.

A no ser que siga sintiendo algo por mí, claro.

Fui su primera relación seria y eso no se olvida.

La verdad es que yo a ella tampoco la he olvidado del todo.

¿Dolores Martínez?

¿Ninguna de ustedes es Dolores Martínez?

Pues nada

tendría mejores cosas que hacer que venir al médico.

Amelia García.

¿Es usted?

Amelia no, Doctor: Aurelia.

Aurelia. Bueno, ¿usted me ha entendido, no?

Bueno, pase conmigo.

Hola, soy Dolores Martínez.

¡Hombre, la hija pródiga!

Fff, bueno, es igual. Venga, véngase usted conmigo.

¡Pero bueno!

Pero bueno, señora, vamos a ver:

Usted tenía hora a y 25 y esta señora a y cuarto.

Hay que respetar un poquito los horarios.

Y además,

aunque no se lo crean,

si no respetamos los compromisos, aquí no vamos a ningún sitio.

¿Y a usted qué le hace tanta gracia, señora?

Se ha puesto un poco dramático, ¿no?

¿Dramático?

Ah, venga, ¡estupendo!

Pues nada, señora. Venga, pase usted primero.

Qué mal educado.

Señora la mala educación

es no respetar el tiempo de las personas

y hacérselo perder.

¡Y el mío es muy valioso! ¿De acuerdo?

Hola. ¿Va todo bien por aquí? ¿Puedo ayudar en algo?

Sí. Va todo bien.

Son mis pacientes y sé cómo tratarlas. Venga.

Oye, es que les estás hablando de una manera

que tampoco me parece normal.

Oye, ¿me meto yo en tu consulta a decirte cómo lo tienes que hacer?

No, no, no. No pasa nada.

Lucía, ¡Lucía, Lucía!

Bueno, ¿qué?

¿Se van a quedar ahí las dos sentaditas?

¡Madre de Dios, vaya día!

A mí no me gusta ver a Ramón así, porque normalmente tiene paciencia.

Cuando la pierde es porque le está pasando algo gordo.

Pero claro, es de no contar las cosas.

Y yo lo que no voy a hacer es ir detrás de él,

como siempre, como si fuera un niño.

Pues no. Él ya sabe dónde estoy.

¿Y desde cuándo tienes el dolor?

Pues me ha empezado justo después de comer.

Después de comer ¿hace aproximadamente dos horas?

-Sí, más o menos. -Vale.

¿Y dónde se localiza? -Como por aquí.

-Ahí. En la boca del estómago. -Mm.

-Vale. ¿Tienes algún síntoma más? -No. No, no. solo eso. Pero fff.

¿Náuseas, sudoración...?

Bueno, un poquito de sudor frío sí tengo ahora, sí.

También es que no está muy animado estos días, ¿sabe?

Bueno, dejemos eso ahora, cariño.

Bueno, no son cosas importantes, pero...

-Que no lo voy a coger. -No lo cojas.

Si tenéis el móvil en silencio en la consulta yo os lo agradezco.

Sí, doctora, doctora, perdone, perdone.

Es que estoy intentando apagarlo, pero este trasto...

Lo siento, ¿eh?

Voy a hacerte un electro.

Es una prueba que a los niños les encanta.

Así que tranquilo, que será un momento.

Vale. Bueno,

cuando me lo despegues ya te diré yo si me encanta.

Sí es verdad,

porque los niños como que no tienen pelo en el pecho, ¿no?

¿Tienes algún antecedente de interés?

No, no, nada. ¿No?

Bueno, tiene la tensión, la tiene alta.

Bueno, sí. Pero un poquito.

-Vale. ¿Fumas? -Sí. Sí, sí.

Bueno, ya sé que tengo que dejar de fumar, ¿no?

Pues sí.

Siento ser poco original,

pero es un consejo que va con la bata.

Ya, ya.

No eres la primera que me lo dice.

Pero lo estuve intentando...

Estás intentándolo; muy bien, mi amor.

Con esta tensión y los secretitos que se traen,

me están poniendo muy nerviosa.

Y es que no puedo parar de pensar en lo de Belén.

La tensión arterial la tienes alta, la frecuencia cardiaca también ...

pero el electro está bien.

No veo alteraciones.

Pero aun así voy a hacerte algunas pruebas.

Porque tienes algunos factores de riesgo

y prefiero asegurarme.

Y mientras tanto ¿nos quedamos aquí?

Sí, sí. Claro.

Aunque será poco tiempo.

Si todo sale bien, carpetazo y a casa.

Hola. Ya estoy aquí.

Ella es Clara, es la enfermera.

Va a hacer la extracción de sangre.

Venga, hasta ahora.

Bueno, pues esto va a tardar un ratito.

Si quieres marcharte a dar una vuelta

o a la cafetería..., ¿eh?

Muy bien. Vale. Ahora vengo; buena idea.

-No va a parar, ¿eh? -Ya. Algún día parará.

Bueno, súbase la manga, por favor.

Mira que pensé veces, ¿eh?, en encontrarnos por ahí.

Pues era fácil, ¿no?

Una llamadita...

Ya... Ya, ya, la inercia.

Pero bueno, ya estás aquí.

Aunque no pareces tú.

¿No? ¿Tan cambiado estoy?

Hombre, pues yo es que te recordaba, Iker, lleno de grasa,

con una gorra horrible, que llevabas de aquella,

y en ese abrevadero.

¡Eh, eh, ey! Pero no, no.

Que está usted hablando de mi restaurante.

Bien que nos lo pasábamos allí todos juntos, además.

Sí. Sí, es verdad.

Una época chula, ¿eh?

¿Y lo que currábamos, Bea?

¡Bua! ¿Cuántos bocatas hacíamos al día?

-¿A domicilio? -Sí.

Doscientos y picos. Pero si éramos imbatibles tú y yo.

Como equipo no estábamos mal, ¿eh?

Ya como pareja...

¿Y qué, abriste franquicias o qué hiciste?

Nada. Iba bien,

pero tenía ganas de hacer otras cosas y vendí mi parte a mi socio.

¿Te acuerdas de Luis?

Sí, sí. Claro que me acuerdo.

¿Y en qué estás ahora?

Pues estoy montando una cosa bastante potente,

que tiene que ver con robótica.

De hecho mira.

Sí. En diez minutos tengo que salir.

Tengo una reunión

de la que puede salir una colaboración clave.

Así que,

si pudiéramos ir ya cerrando el tema de lo que...

-Del divorcio. -Sí.

¿Te viene bien entonces?

Sí. Sí, sí. Claro, por supuesto, Iker. Hecho.

-Qué gran honor. -Grandísimo, ¿eh?

Si es que ...

ya nos vale no haberlo arreglado antes.

Que son muchos años desde que rompimos.

Ay, yo qué sé.

Pues es que no lo necesitamos hasta ahora.

Pero ...

también te voy a decir, ¿eh, Iker?

No te lo voy a poner fácil.

Hombre es que tienes que presentarme a esa nueva señora Suárez

cuanto antes.

Oiga, ¿nos trae la cuenta, por favor?

-Invito yo, ¿eh? -Gracias.

Por los robots.

Ah, por los robots.

A ver si viene el camarero ya,

que me estoy poniendo un poquito nervioso con la hora.

Oye, que no..., que no te preocupes, que te invito yo.

Invitas tú a la siguiente.

Pues te lo agradezco mucho porque es que,

si llego tarde y esta gente se marcha...

Iker, por favor. Marcha ya; no te preocupes.

-Gracias. -Suerte.

No, si habéis hecho bien en mandarme a esta señora.

Por lo menos se ha quedado tranquila.

¿Había mucha gente en la sala?

-La verdad es que sí. -¡Ay, Dios mío, Landó!

¡Carlos! -¡Ey!

-¿Qué tal? ¿Dónde vas? -A tomar el aire un poco. ¿Te vienes?

-No puedo. Tengo que hacer de jefa. -M. Bueno, si quieres te espero.

Total, es un poco pronto para salir a descansar.

No debo.

Tengo trabajo hasta mañana al mediodía.

-¿Mañana al mediodía? -Mm.

Bueno, perfecto.

Si tengo una cosa con una máquina de diálisis...

Y luego tengo un plan...

No te lo voy a proponer porque no te va a apetecer nada...

¿El qué? Cuéntamelo, dime.

Tengo que ir al cementerio a arreglar papeleo de mi padre.

Estas cosas que nunca acaban, ya sabes.

Ya. Te acompaño.

-¿No tienes nada mejor que hacer? -Sí. Salvar vidas.

-Pero prefiero charlar contigo. -Qué bien.

-Bueno, luego nos vemos. -Ok.

A ver, yo no se lo he pedido.

¿Se lo he pedido? ¿A qué no?

Lo he sugerido.

Ha sido él.

La verdad es que

se me hace un poco cuesta arriba ir sola allí.

Y con él pues ...

siempre me siento mejor.

Sí, ya sé que está con Reina

y que debería poner tierra de por medio,

ya lo sé.

Pero es que ya está hecho, no...

Es mucho más complicado ahora deshacerlo.

¡Hombre, dichosos los oídos!

A ver, Berta,

¿me puedes explicar dónde has estado

desde las nueve menos cuarto de la mañana

que habíamos quedado?

No, no.

No, ni un ratito ni dos.

Sabes que me gusta llevar a la niña a la guardería.

Bueno. Bueno, pero no importa; me da igual.

Es que esta semana ¡le toca estar conmigo! ¿De acuerdo?

Vale. Bueno, pues me da igual.

Bueno, hagamos una cosa. No, es ...

Escúchame, escúchame.

Yo no tengo que ir a tu casa para nada.

La recojo en la guardería y punto. Ya está.

Berta ...

¡Berta!

Ramón, estoy muy ocupada, ¿eh?

Es un segundo.

Perdona, es que ...

A ver, que quería disculparme por lo de esta mañana, ¿de acuerdo?

Es que tengo mucho lío, es un día complicado. Nada más.

Dile a tu psicóloga qué es lo que te ha pasado con Berta.

¿Mi psicóloga?

Tú lo que eres es una vendita, hija.

Que tienes una paciencia conmigo...

Está bien.

¿Quieres dejar de dar rodeos y decirme qué te pasa?

¿Que si no le vas a acabar pegando a alguien?

Verás, esta mañana había quedado con Berta

para que me entregara a la niña,

porque esta semana le toca estar conmigo.

¿Ha aparecido? No.

Ahí me he quedado esperando como un imbécil.

¿Te ha dicho por qué?

Pues ¿por qué va a ser? ¡Por rollos de ella!

Si lo único que hace es liarme para no dejarme a la niña;

ya está.

¿Quieres que hable con ella

o que empecemos algún tipo, no sé, de trámite ... ?

Que no, mi amor. Que no, que no, que no...

Tú no tienes que hablar con nadie. Ya está.

Estos son mis líos familiares y no quiero que te salpiquen, punto.

Además, tampoco ...

tampoco es una semana fácil aquí, en el hospital.

Yo todos los días no pierdo un bebé y no es fácil.

Ya. Eso sí que no tiene solución.

Pero lo tuyo con Berta sí. ¿Eh?

así que no te agobies

y sobre todo no la tomes con los pacientes.

No se puede estar así.

Espera.

La jefa.

Claro, normal.

Dime, Ángela.

Sí, claro.

Sí, sí. No, yo me acerco a tu despacho, claro.

¿Ahora?

Ahora, sí.

Sí, sí. Claro, puedo.

De acuerdo. Ahora te veo.

Ramón ...

que nos conocemos, ¿eh?

¿Mamá?

¡Mamá!

¡Eh! ¡Mamá!

¿Qué pasa,

que no me conoces ahora o qué?

Mario, para empezar, relájate, por favor.

¿Relajarme de qué?

¿Como tú,

que parece que vienes del spa?

¿Me puedes explicar por qué no me coges el teléfono?

¡Que me he tenido que enterar por la vecina

de que está papá ingresado!

¿Te parece normal?

-¿Estás bien, Mario, estás bien? -Sí, sí.

-¿De verdad que estás bien? -¡Que sí, que estoy bien!

Me pongo la rebequita por las noches y lo que tú quieras.

¡Mario! ¡Por favor...!

¡Qué fuerte!

Que fuerte que me cambiéis la cerradura.

¿Está papá de acuerdo con eso?

Nos has puesto en una situación muy difícil.

¿Qué querías que hiciéramos?

Pues cambiar la cerradura no.

¿Estoy sin casa? Dímelo a la cara.

¿Para qué querías el televisor?

Pues para ver un partido con un amigo, que se ha roto el suyo.

Ya. ¿Y mi ordenador también te hacía falta, verdad?

Mira, no te lo voy a explicar porque no lo entiendes, ¿vale?

Claro, no lo entiendo.

Ojalá no lo entendiera. No soy tonta, ¿sabes?

Ibas a venderlo todo para colocarte; porque eres un adicto.

¡Dame cualquier otra razón para no partirme el corazón!

Eso, ponte a lloriquear y a montar el pollo,

que es lo único que sabes hacer.

De verdad, es que...

¡Mario...!

¿Todo bien, Rosa? Sí. Estoy bien.

A tu marido le están haciendo ahora una radiografía,

pero vamos, que enseguida se queda libre.

¿Cómo? Que no estoy bien.

Bueno, ven.

Vamos a un sitio más tranquilito.

Sí, fuera del hospital.

Mejor ahora que sabe que estamos aquí...

Bueno, tranquila, confía en mí. Venga, mujer.

No llores, anda... Que se te va a correr el rímel.

Este chico, a ver,

a los hijos los queremos sean como sea;

eso está claro.

Pero este es un pieza, ¿eh?

Ahí donde lo ves

tan peripuesto y tan moderno...

Hay algo en su mirada que bueno,

me recuerda muchísimo a los peores momentos de mi Elsa.

A la madre tampoco la conozco.

Pero no sé,

me da la impresión que es una buena mujer, fíjate.

Eso sí, con muy mala suerte.

¿Qué tiene, qué ha pasado?

-Desorientación y estupor. -Estupor...

-Está ido. -Estupor, ¿eh?

-Ok. ¿Cómo te llamas? -Iker...

-Iker. -Sí.

Muy bien. ¿Tienes sueño, Iker?

-Sí. -¿Recuerdas qué te ha pasado?

¿Sabes dónde estamos?

-No estoy seguro. -Estamos en un hospital, ¿m?

-¿Está Bea? -¿Qué Bea?

La doctora.

- ¿La..., doctora Beatriz Reina? -Sí.

Hoy hemos estado antes...

Bueno, tranquilo. Ahora la llamamos.

Primero vamos a hacerte unas pruebas.

Le llevamos a REA.

¿Sí? Adelante.

Pasa, Ramón, siéntate.

¿Qué hay?

Supondrás por qué te he llamado, ¿no?

¿Por lo que ha pasado antes en la sala de espera?

Eso es. ¿Qué ha pasado, según tú?

¿Hay algo que deba saber?

No. Nada, que...

Perdí los papeles, nada más.

¿Tienes un mal día?

Porque si es así lo has pagado con quien no debías,

con los pacientes.

Sí. Así es.

¿Sabes que ‘pasa? Que esto es un efecto dominó.

Tú pagas tus cosas con los pacientes

y los pacientes lo pagan con el hospital o con la directora,

en este caso.

Ya veo que has conocido a Aurelia.

Como ves es un nombre que no se olvida.

Muy diplomática no es la mujer, pero eso da igual, Ramón.

¿Qué ha pasado?

No sé.

Cualquier otro día hubiera manejado mejor la situación,

pero hoy ...

no tenía energía.

¿Esa es toda la explicación que me vas a dar,

que no tenías energía?

Muy bien.

Pues entonces no me queda otra

que suspenderte dos semanas de empleo y sueldo, Ramón.

¿Cómo?

Me parece que te vendrá bien descansar unos días.

Pero vamos a ver ¿por qué?

Si ni tan siquiera me has dado un aviso previo.

Bueno, no es el primer encontronazo que tenemos.

Y no puedo permitir estas salidas de tono.

¿Estas salidas de tono?

¿Pero Herrera sí se las puede permitir?

¿Perdona?

No estamos aquí valorando lo que hacen los demás,

sino lo que haces tú.

¡Y tu comportamiento deja mucho que desear!

Así que, por favor,

deja tu credencial en recepción y nos vemos en dos semanas,

¿te parece?

Perfecto.

Me encanta cómo se solucionan aquí las cosas.

Al principio queríamos pensar que era cosa de la edad.

Ya sabes,

los chicos a los 20 años ahora todavía son muy niños.

Pero luego se ha ido deteriorando todo tanto...

Lo del fin de semana pasado nos superó.

¿Quieres otra tila?

No tengo sed.

Yo creo que bebo por ...

por no hablar.

Es que hablar mal de los hijos

es de las cosas más difíciles de este mundo.

Y yo le quiero, ¿eh?

Le quiero muchísimo, le adoro.

Pero es que no le puedo soportar.

Es que esto no puede seguir así.

¿Y qué es lo que pasó el fin de semana pasado?

¿Tiene que ver con drogas o ...?

Estábamos pasando el fin de semana mi marido y yo

en una casa que tenemos en la sierra,

una casa que tenemos muy bonita, que hemos disfrutado mucho.

Los veranos con el niño en la piscina y eso.

Pero, pues bueno.

El caso es que

volvimos antes de lo esperado

porque Iván se pone muy nervioso

y decía que no quería meterse en el atasco de última hora.

Y cuando llegamos,

Mario había sacado el televisor del salón,

mi ordenador

y unas figuritas que tenemos bastante valiosas a la entrada.

Vamos, blanco y en botella, ¿no?

Sí. Ahora ...

ahora cuando se lo he dicho, ni se acordaba.

Estaba tan nervioso ... temblando.

Nos amenazó de muerte. ¿Tú sabes lo que es eso?

Pero ... ¿os ha pegado?

No. No, no.

O sea, yo no creo que sea capaz.

Pero bueno,

el papel de la pared, el papel se lo cargó.

Empezó ahí a pegar puñetazos como un poseso.

Nunca le había visto así ni de pequeño.

Tranquila. Tranquila, tranquila, aquí estás segura. Rosa, ¿vale?

Hay cámaras y guardias de seguridad.

No pasa nada, venga, tranquila.

Mi hijo ahí temblando, con el mono ...

Llamándonos 20 veces al día.

¡Qué pesadilla!

Pero ¿os acosa por teléfono?

No. Bueno, eso es lo que falta.

El caso es que cuando le dio el ataque

le llamaron por teléfono y salió corriendo.

Vete tú a saber a qué.

Estábamos tan asustados

que cambiamos la cerradura de la puerta

y pusimos una alarma.

Y nos atrincheramos dentro de casa y le dejamos fuera.

¿Te imaginas? O sea, una guerra, pero en familia.

Rosa ...

La vida es muy dura y tú no eres la culpable de todo.

Ya no puedo más.

Venga, mujer ...

Hemos pensado incluso

en cambiar de vida e irnos a otro país.

No creo que sea necesario hacer eso.

¿Habéis pensado en un psicólogo? ¡No!

Aquí en el hospital tenemos varios muy buenos.

Si lo hemos hablado, pero se cierra en banda. No...

Yo lo único que quiero ahora

es abrir la puerta de mi casa y marcharme sin mirar atrás.

¿Y qué vais a estar, huyendo toda la vida?

Pero si esto es una guerra.

Y tú sabes quién va a dejar ganar a quién, ¿no?

Venga, mujer.

¡Ay, los hijos...!

Lo ves en la tele o en los periódicos ...

Pero nunca piensas que te pueda pasar a ti.

Somos gente normal,

con una estabilidad, buenos trabajos,

y Mario fue u un niño muy deseado.

Yo creo que lo hemos hecho lo mejor que hemos podido, ¿eh?

Pero no dejo de preguntarme por qué,

por qué nos ha tenido que pasar a nosotros.

Bueno pues las pruebas indican que tienes hipoglucemia.

Niveles bajos de azúcar en la sangre, para que nos entendamos.

Sí, si ya nos entendíamos, doctor.

Estoy acostumbrado a la hipoglucemia, hace muchos años que debuté.

Bueno, entonces ya sabes lo que te pasa.

Usted también lo ha visto, ¿no?

Una diabetes mellitus tipo 1, muy guapa.

¡Sí! Muy guapa.

Te hemos puesto un suero,

que supongo que te está haciendo efecto, ¿verdad?

Sí, sí. Mucho mejor.

Pues entonces, como lo hemos pillado a tiempo,

está fuera de peligro.

-Hola... -Hablando de peligro...

-Iker, ¿cómo estás? ¿Qué pasó? -Bien, bien, no te preocupes.

Está bien, está bien.

Lo que pasa es que ha preguntado por ti personalmente.

Tenía hipoglucemia y niveles altos de alcohol en sangre.

Pero que no soy ningún borracho, ¿eh?

es que estaba con la reunión esa que te he dicho,

estaba un poco tenso

y el otro ha empezado ahí a pedir cervezas, una tras otra,

si decía que no, pues iba a quedar un poquito raro.

Y que te empeñas en no desayunar y en tomar un café solo.

Estaba un poco nervioso después de tanto tiempo sin vernos.

¿Te pusiste la insulina por lo menos?

Sí. Sí, sí.

Bueno, pues está claro entonces;

si te pusiste la insulina, no has desayunado

y además has tomado alcohol...

Los niveles de glucosa han bajado, sí.

Para controlar la glucemia, es decir, el azúcar en sangre,

hace falta insulina exógena

porque el cuerpo no fabrica la necesaria.

Hoy en día

la vida de estos pacientes con diabetes tipo 1

es bastante más fácil que antes.

Hay medidores portátiles de glucosa,

jeringuillas fáciles de usar ...

Pero en todo caso

hay que seguir controlando la dieta

y sobre todo el alcohol.

Así que no te preocupes,

que en un ratito te podemos dar el alta.

Eso sí tranquilamente, no hay prisas.

Cuide que no me voy a apoltronar aquí.

No es de esos.

Es un trasero de mal asiento.

No. No, no, no, no.

Lo que soy es ...

Venga que lo estás deseando, dilo.

¿Qué decías cuando me despistaba con el azúcar?

Alelado.

¡Alelado! Alelado.

Y qué gusto cuando le insultan a un bien, ¿eh?

Te estarás preguntando quién es este, ¿no?

Pues daba por sentado que era el médico.

Oye, que si no...

No te digo a ti, alelado.

Carlos, este es Iker, es ... mi marido.

Ah, vale, vale. Ya me lo parecía.

¿Tú eres su pareja?

Sí. Bueno, supongo.

Ya te lo contaré más tranquilamente todo.

Bueno que tampoco hay nada que contar.

Si es que de hecho nos vamos a divorciar,

o sea que ...

Ah, bueno, oye, pues me alegro. O no, no sé.

Voy a seguir la ronda.

Así que las están pasando canutas con el chaval.

Qué pena de 20 años.

Si no fuera porque les queremos ...

Ya, pues eso es lo que pasa.

Que nos tienen pillados por donde más nos duele.

Bueno, si ves que el chico cambia de opinión, que venga a verme.

Pero ya sabes que cuando hay drogas por el medio,

si ellos no quieren es que no hay nada que hacer.

Ya lo sé, ya.

Bueno, ¿y a ti qué te pasa?

Anda, que no nos conocemos, ¿eh?

¡Hombre...!

Como si te hubiese parido, fíjate.

Pues a mí no me salen las cuentas.

Mira, vamos a hacer un trato.

Yo estoy intentando tomar menos dulce.

Así que tú me dices lo que te pasa y yo te doy mi tarta.

¡Eh! Y que no es cualquier cosa.

Mira qué cosa tan rica.

Cremosa de chocolate...

¡Mira, mira, mira...!

Estás más loca...

Pero ¿desde hace cuándo me tienes que sobornar tú a mí

para que te cuente algo?

¡Que te lo cuento todo!

Aaah, o sea, ¿que hay chicha? ¿Hay cositas que contar?

Venga, suéltalo.

Ramón me ha pedido que volvamos.

¡Ostras!

Enhorabuena, ¿no?

No. Enhorabuena ya te digo yo que no.

Porque acaba de dejarlo con Berta

y además le viene muy bien estar en pareja

porque ahora está pidiendo la custodia de la niña ...

Y yo, de verdad,

que es que no quiero que mis hijos sufran más.

Porque es que no me lo perdonaría.

Cuántas excusas en una, Lucía.

¿No te parecen buenas? Pues relativamente.

Cuando alguien busca tantos motivos para decir no,

es que seguramente

tiene unas ganas muy grandes de decir que sí.

¿Y tú por qué no estudias psicología, eh?

Quita, de verdad.

Bastante trabajo tengo ya

con la guerra que me dais entre uno y otro, fíjate.

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Centro médico - 12/12/18 (1)

12 dic 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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