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No recomendado para menores de 7 años Centro Médico - 12/11/15 - Ver ahora
Transcripción completa

-¿Que qué es eso doctora?, A ver si me vas a escocer.

-Ten cuidado, ¡eh!

Vidal, es un joven de 20 años que se ha peleado en un bar.

La doctora Rey, le está atendiendo de una herida

que ha requerido, de varios puntos de sutura.

¡Eh!, gilipollas, que me iba a meter

las tijeras en un ojo. -No llores tío.

-Oye señorita Rey, ¿yo puedo tumbar aquí?

Oye por favor, que estáis en un hospital, levántate.

Perdona, perdón.

-No veas la que te espera, vamos a ver troncos.

-Compórtaos un poquito.

Sois unos cabrones.

¿Qué es eso doctora?

A ver si me vas a estropear la cara,

que mira qué carita tengo, ¿es o no?

Estate quieto.

Oye niño, ¿qué te parece la señorita Reyes?

-Está buena. -Está "to buena".

-Sí. -¿Qué haces esta noche señorita Rey?

Lo que a ti no te importa.

Con lo buena que estás y lo bordé que eres.

Voy a prescribirte unos analgésicos, ahora mismo regreso.

Venga guapa.

-¡Toma!

¡Seguridad! ¡Está buena de cojones!

Cada vez, hay más casos de agresiones a doctores.

Por eso a veces en los hospitales

parece haber más vigilantes jurados que médicos.

Es una pena, pero es así.

¡Pero la pedrada me la he llevado yo!

-Bueno tú, el segurata.

Sácales inmediatamente, por favor.

-¿Qué pasa aquí? ¿Qué te pasa a ti campeón?

-Tú chavalote, ¿ya estás curado?

-Sí. -Pues venga, largo.

Venga acompañadme.

-Yo te acompaño, anda. -¡Eh! ¿qué te pasa?

A ver, déjame ver eso. No, no, no.

No te vayas, espera.

¡Guapa!

-Doctora, quedamos tú y yo a las 12

o cuando tú quieras princesa. ¡Tú, que no me toques!

Es un bulto feo de mal aspecto,

creo que el chaval debería de hacérselo mirar,

pero no puedo obligarles, y mucho menos en el estado

en el que se encontraban.

Roberto Sancho, acompaña a su mujer Lourdes

a su cita con la doctora, Natalia Romero.

Lourdes, sufre fuertes dolores musculares

y un cansancio injustificado que apenas le permite trabajar.

No te preocupes, he oído hablar de la doctora

y me han dicho maravillas de ella.

Espera aquí.

-Me cuesta muchísimo levantarme de la cama

me duele todo.

La espalda, el cuello.

Antes de ayer, casi no pude ni ducharme.

Lourdes Riveras.

-Sí, somos nosotros. Pueden pasar.

Estoy cansada todo el día y me cuesta trabajar,

tengo un trabajo muy físico y me afecta mucho al sueño,

no puedo dormir.

Si no duermo, no descanso.

Me despierto con dolores de espalda,

de cuello y sobre todo de cabeza.

El dolor de cabeza es insoportable.

¿Lleva mucho tiempo así?

Bastante, pero sobre todo hace dos años.

Empezaron los olores muy fuertes,

me acabo de reincorporar al trabajo después de una baja

y mira cómo estoy.

¿Cuál era el motivo de la baja?

Por depresión.

Los síntomas que presenta Lourdes,

son perfectamente compatibles con una depresión.

Yo creo que todo está en su cabeza.

Ella dice que no pero yo creo que sí,

que todo está en su cabeza.

-Yo no estoy deprimida, sé que nadie me cree,

pero sé que tengo algo.

Que no está en mi cabeza.

Días después, el joven que acompañó a su amigo,

tras la pelea que tuvieron en un bar vuelve al hospital.

Quiere ver a la doctora Rey. ¿Tiene cita con ella?

-No, no tengo, es personal.

Pues pasa un momento a la sala de espera,

que voy a avisarla, gracias. -Sí.

Hola. -Hola.

Me han dicho que quería hacerme.

Sí, en primer lugar, disculparme

por nuestro comportamiento del otro día.

Estábamos muy bebidos y bueno, no fue del todo adecuado.

Te lo agradezco, hicisteis pasar un mal rato.

Y, bueno, también...

No solo he venido por eso.

¿Te acuerdas que me viste un bulto?

A ver si era posible que me lo puedas mirar.

¿Sí? Claro.

Por supuesto, ¿tienes un momento ahora?

Sí, sí tengo tiempo.

Acompáñame, vamos por aquí.

Si quieres te puedes quitar la chaqueta,

que vas a estar más a gusto. Sí.

¿Podrías quitarte el gorro por favor?

Preferiría que no.

A ver, tranquilo, no te preocupes, de verdad,

que yo soy doctora y no me voy a asustar.

Es que me da vergüenza.

Venga, anda.

Si has venido hasta aquí, es para echarte un vistazo.

¿Seguro?

¿Recuerdas desde cuándo lo tienes?

Pues, hace unos meses.

Me hice un piercing y me salió.

Llevó meses ocultándolo con gorros,

la verdad es que me da mucha vergüenza

que la gente lo vea.

Además, desde que mis colegas lo saben,

no paran de descojonarse de mí.

Es una tumoración nodular de consistencia dura,

puede que sea un quiste de grasa,

pero es raro en esa zona.

Esto no es depresión, es algo más,

tiene que haber algo físico aunque nadie me crea.

¿Podría relacionar el comienzo de los síntomas

con algún acontecimiento traumático en su vida?

No, yo creo que no.

-Fue poco después de morir su padre.

De eso, ¿hace cuánto?

Cuatro años.

Bueno, vaya quitándose la camisa y ponga en la camilla

que la voy a reconocer. ¿De acuerdo?

Los dos trabajábamos en el bar del padre de Lourdes,

el negocio no iba bien, las cosas como son.

Pero después de morir mi suegro, no aguantamos ni dos meses.

Ella siempre ha sido una chica fuerte, pero...

¿Más el izquierdo que el derecho? Sí.

Pero supongo, que la pérdida de un padre es muy duro.

Por eso yo pienso que es depresión,

ella insiste en que no es eso, pero...

No sé, yo solo quiero que esté bien.

¿Te duele? Sí, si presionas sí.

También me duele al dormir.

Muy bien.

Voy a hacer unas pruebas para asegurarnos

que detrás de ese bulto no se esconde algo más grave.

Voy a hacerte un examen hematológico y serológico

para descartar cualquier cosa.

De acuerdo.

Doctora, ¿cree usted que puede ser un tumor?

No, no lo creo.

Tiene más pinta de ser un queloide.

Queloide, ¿qué es eso?

Por diversas causas, hay cicatrices

que crecen en la piel sana provocando un aumento del tejido.

Seguramente en tu caso te lo provocó el piercing

que llevabas en la oreja.

Vale.

Atendemos cada vez más casos de queloides entre los jóvenes,

los piercing, tatuajes y escarificaciones,

provocan muchas lesiones de piel.

¿Te has encontrado otro bulto en el cuerpo?

Bulto como tal, no.

Pero, bueno.

¿Qué tienes?

Es algo complicado.

Dímelo, por favor, ¿qué tienes?

Mejor te lo enseño.

¿Pero cómo te has hecho eso?

Tenía que hacerlo.

Me había apostado con mis colegas, que si no

volvería desnudo a casa si no lo hacía y bueno...

Entre nosotros, el sitio donde me lo hice

no parecía muy higiénico y... La verdad es que estoy preocupado.

Sé, que no tenía que hacerme una escarificación,

pero, tampoco iba a rajarme.

Además, me había apostado que si me acojonaba

volvería desnudo a casa, Tenía que hacerlo.

¿Usted cree que he podido contraer algún tipo de enfermedad,

SIDA o algo?

Pues no lo sé, pero si quieres,

te podemos hacer el análisis del VIH y de hepatitis.

Sí, sí por favor. De acuerdo.

Lo único que me lo tienes que confirmar por escrito.

Sí, sin problema.

Es una salvajada, una escarificación de este tipo

es terriblemente peligrosa, son heridas abiertas

que no cicatrizan durante días con el riesgo de infección

que eso supone.

En algunos casos extremos,

se ha producido una sepsis del paciente y ha muerto.

Me dieron una medicación para dormir,

pero no me funcionaba porque seguía levantándome cansada.

¿Y cuánto tiempo lleva tomando la medicación?

Me la dieron hace dos años casi,

pero no funcionaba y no puedo trabajar.

En cuatro años, ya me he cogido tres bajas.

Mi jefa ya no me cree.

La última vez, casi se le escapa la risa delante de mí.

No he pasado más vergüenza en mi vida.

Me has dicho que tu trabajo requiere esfuerzo físico.

Sí, estoy limpiando casas.

Bueno, ahora mi marido no trabaja así que

tengo que trabajar yo.

Bueno, vamos a seguir haciendo pruebas.

De momento, suprimiría la medicación

sobre todo para que no altere los análisis

y las demás pruebas que le vamos a hacer.

¿De acuerdo?, venga.

Las falsas bajas por depresión son bastante comunes,

hay gente que se aprovecha de que son síntomas

muy reconocibles y fáciles de fingir

para pedir bajas de este tipo.

El problema, es que esto produce

que muchas empresas no den importancia a pacientes

que sí pueden presentar una depresión real.

Pues lo mejor es que le dé la baja.

No doctora, la baja no, me van a echar del trabajo

como lleve una baja más y no podemos,

tenemos tres niños.

Y yo desde que cerramos el bar,

no he vuelto a tener ningún trabajo estable.

Ya, pero lo importante ahora mismo es saber lo que tiene.

Ya, pero hay días que no puedo ni coger la escoba.

Estoy todo el día subiendo y bajando escaleras.

Bueno, vamos a hacer un análisis de sangre,

para comprobar su sistema hormonal.

Hacemos un estudio de la función tiroidal,

y yo en cuanto tenga los resultados,

les vuelvo a citar, ¿de acuerdo?

De acuerdo. Eso es lo importante.

Ahora es muy fácil diagnosticar una depresión,

parece que todo el mundo debe de sufrir una

a lo largo de su vida.

Pero no todo se explica por un problema emocional,

yo lo he pasado,

tuve un caso en el que diagnostiqué depresión

y me equivoqué.

Pero no volveré a repetir ese mismo error.

David, el joven con un bulto en la oreja,

llega después de unos días para conocer

los resultado de los análisis.

Hola.

-Hola, buenos días, ¿qué desea?

-Vengo a ver a la doctora Rey, hoy vengo con cita.

-Muy bien, ¿sabe dónde está la consulta?

-Sí.

Muy bien, ahora le aviso, gracias. -Gracias.

(Puerta)

¿Se puede? Sí, claro.

Hola. Hola.

Ya tengo tus resultados.

¿Y qué es grave?

No, estás bien.

Bien.

(SUSPIRA)

¿Cómo tienes el bulto? Bien.

¿Qué podemos hacer con ello?

Pues ahora que lo dices me gustaría echarle otro vistazo.

¿Sí?, vale, vale.

No, tengo que verte de perfil. Vale.

Pues yo creo que lo mejor,

es una operación quirúrgica.

¿Cirugía? Sí.

Tenemos que extirpártelo.

Los queloides son difíciles de tratar,

por lo que es mejor prevenirlos.

Aunque es verdad, que hay tratamientos médicos

que pueden ayudar a reducirlos o eliminarlos.

Inyecciones de cortisona, láser,

aplicar nitrógeno líquido en la zona dañada,

e incluso terapias a base de radiación.

En este caso, al ser un queloide tan grande,

lo mejor es la extirpación quirúrgica.

Los acontecimientos traumáticos,

pueden desencadenar desajustes hormonales,

además la paciente está expuesta a productos químicos,

que pueden desencadenar o acentuar estos desajustes,

traduciéndose en fatiga o en dolores musculares.

Habrá que esperar a los análisis.

Buenas venas, así da gusto.

En cualquier caso, le voy a recetar algo para intentar paliar el dolor

hasta que lleguen los resultados.

Yo no quiero la baja, quiero trabajar,

pero no puedo con mi cuerpo, con mi cabeza, no estoy deprimida,

estoy desesperada.

Lourdes y Roberto esperan para ver a la doctora Romero,

han venido a ver los resultados de los análisis de sangre,

hoy sabrán si los dolores de Lourdes son por un problema hormonal.

¿Te duele?

Claro que me duele.

La espalda y el cuello me duele menos por la medicación,

pero sigo muy cansada y no puedo dormir.

No consigo concentrarme y no ayudo a mis hijos a hacer los deberes.

Intento ayudarla, pero no sé cómo hacerlo.

Es una sensación horrible y está afectando a nuestro matrimonio.

Mi marido no me apoya, piensa que es depresión, o que estoy floja.

Que se cura con unas vitaminas.

Es duro que la persona que está a tu lado no te crea.

Disculpa que te lo diga,

¿eres capaz de hacerte dibujos con la cuchilla en la piel

y me estás diciendo que te da miedo un bisturí quirúrgico?

No es lo mismo la cirugía que tatuarse.

Para mí no es lo mismo.

¿Te puedo hacer una pregunta? Sí, claro.

¿Por qué te lo haces?

Para hacerme respetar.

En el instituto era el pimpín, el mierdecilla, el parguela.

Entonces empecé a tatuarme y me fui dando cuenta que la gente

cada vez me miraba con respeto, como que se acojonaba al verme.

Entonces decidí dar un paso más y escarificarme la espalda.

Hay otras formas de hacerse respetar.

Incluso podrías tener a otros amigos a los que no tienes

que impresionarles continuamente.

No lo sé.

¿Has hablado con tus padres de esto?

Con mi padre tengo muy mala relación y mi madre no ha estado nunca.

Siempre me han dicho que no valía para nada, así que no,

no he hablado con ellos. Ya.

Es que tienes un concepto muy negativo de ti mismo,

tiene la autoestima muy baja.

Yo creo que te vendría muy bien ir a un psicólogo.

¿Psicólogo? Como que un psicólogo, ¿qué dices?

Tranquilo.

Lo siento.

Aprendí a reaccionar así en el instituto cuando todo mundo

se metía conmigo y me cuesta controlarlo a veces.

No pasa nada.

Nos vamos a centrar ahora en el queloide,

te lo vamos a quitar y ya hablaremos de lo otro.

De acuerdo.

Sé que no debería implicarme con mis pacientes,

pero no puedo evitarlo.

La doctora Romero dice que es mejor mantener una distancia emocional,

pero en un caso como el de David es difícil.

Es un buen chaval y el queloide no es el problema de fondo.

Quizás la doctora tiene razón, debería pedir ayuda.

Llevo años intentando aparentar algo que no soy,

para impresionar a los gilipollas a los que ni siquiera pudo llamar

amigos, no sé.

Hola, ¿ocupada? No, siéntate.

¿Qué tal?

Bien. Día duro. Pues anda que yo.

Mira mi cara, eso lo dice todo.

No paro.

Miedo me das.

Sabes que el otro día me estuve acordando de ti.

Ah, ¿sí? ¿Bueno o malo?

Malo.

Vale.

No es malo, siempre me estás repitiendo

que no me implique con los pacientes y siempre me pasa lo mismo.

Y tú no me haces caso.

Es un chaval que vino con un queloide muy grande,

tiene muy buen corazón y está metido en el mundo de las pandillas.

¿Y tú qué puedes hacer?

Dime.

Eres médico, Marina, no te puedes implicar así,

vas a sufrir muchísimo.

No te impliques, hoy es este niño, mañana será otro.

Con ese sufrimiento lo vas a pasar muy mal.

Mírate.

Invítame a un café, ¿vale?

Buenos días. Hola, buenos días.

Bueno, ya tengo los resultados.

Los niveles de la hormona T4 son un poco bajos,

entonces no podemos asegurar que sea un problema hormonal.

No tienen idea de lo que me pasa.

Tranquila.

Podemos buscar a otro psiquiatra.

Déjalo ya, no quiero buscar a otro psiquiatra.

¿Estás bien?

Déjame.

Lo siento, tengo que ir al baño.

¿Afectarme? No. Me incomoda, eso sí.

Los médicos no somos consejeros matrimoniales,

nuestro trabajo es diagnosticar y tratar enfermedades, nada más.

Pero esta enfermedad se me está resistiendo y eso sí que me afecta.

Discúlpela, desde la muerte de su padre se pone así

y yo no sé cómo hablarle para qué no salte.

Por eso pienso que es depresión,

con todas las pruebas que le han hecho a la enfermedad

acabaría apareciendo.

Las enfermedades no son invisibles.

Roberto tiene razón en una cosa, las enfermedades no son invisibles,

pero algunas se ocultan muy bien,

incluso se camuflan con los síntomas de otras enfermedades.

Tras descartar cualquier otra complicación,

David acude al hospital para quitarse el queloide,

llega acompañado de su amigo Vidal.

Venimos a ver a la doctora Rey.

¿Tienes cita previa? -Sí.

Ya sabes donde está la consulta.

Es mi colega, como le voy a dejar solo.

Si el cirujano va borracho y le corta la oreja, ¿qué pasa?

Para eso estamos los colegas.

Hola.

¿Estás preparado? Sí.

Tenemos ocupado el quirófano con una urgencia.

No hay problema.

¿Puedo entrar con él?

No, lo siento está prohibido.

Oye, cuídame a mi coleguita.

Se ha prestado a acompañarme y tampoco iba a negarme.

No tienes por qué dar explicaciones, no es asunto mío.

¿Te puedes quitar la chaqueta, por favor?

Pues me esperas aquí en la silla que voy a buscar al cirujano.

Vale, de acuerdo.

Siento haberme marchado antes así.

Tenía que haberme controlado un poco.

No pasa nada, póngase en la camilla que voy a hacerle

el último reconocimiento.

No haga el paripé, dígame que es depresión y ya está.

Lourdes, hazle cosa a la doctora.

Es muy sencillo es una prueba de un minuto.

Venga.

Un minuto.

Cuando estaba en el baño me ha llamado mi amiga,

que se tiene que ir.

Tengo que volver al trabajo, aquí no pinto nada.

Ah.

¿Y aquí?

Duele, ¿no?

Mucho.

Aquí.

También.

Déjeme un segundo.

¡Ah!

¿Las piernas duelen más que la espalda y los brazos?

Siempre me han dolido pero creía que era por el cansancio.

¿Por qué me duele tanto cuando me toca ahí?

Es uno de los puntos hipersensibles de los enfermos de fibromialgia.

La fibromialgia causa dolores musculares y fatiga.

No existe una forma definitiva para diagnosticarla,

por eso y porque los síntomas son muy parecidos a los de la depresión,

en muchos casos los pacientes acaban siendo derivados a un psiquiatra.

Entonces, ¿lo que tengo es fibromialgia?

No puedo asegurarlo porque es difícil de diagnosticar,

por eso le llaman la enfermedad invisible.

Tenemos que hacerle una prueba genética.

Se ha desmostrado polimorfismos genéticos en afectados.

Parece que existe un condicionamiento genético

de origen neurológico, la prueba genética que le vamos hacer

a Lourdes nos va a ayudar a confirmar el diagnóstico.

¿La prueba me la puede hacer hoy?

Yo es que no puedo pedirme más días en el trabajo.

Sí, es una muestra de saliva.

En dos semanas tendremos los resultados, ¿de acuerdo?

Vale.

No es que tener fibromialgia sea una buena noticia,

pero ya sé lo que tengo.

Yo le decía a la gente que era en mi cuerpo y no en mi cabeza.

La operación para quitar el queloide es sencilla,

se empieza aplicando una solución antiséptica.

Se aplica anestesia local con silocaina al 2 % sin epinefrina.

Se espera unos minutos a que haga efecto.

Anestesia.

Luego, se sitúa la incisión de la piel con el bisturí

cerca de la base del queloide.

Tranquilo, esto no es nada.

Se reseca la masa fibrosa del queloide desde su base

cuidando que no quede rastros del tejido proliferante,

se coagulan algunos vasos sangrantes con electrocauterio

de baja intensidad.

Cauterizador.

(Pitido)

Se sutura, se limpia de restos de sangre y se aplica una crema.

El tejido se envía a anatomía patológica para un examen.

¿Te has hecho los enjuagues? ¿Has comido algo después?

No, nada.

Abre la boca.

La lengua para arriba, ¿molesta?

Vale.

Muchas gracias.

No te preocupes, todo va a salir bien.

La operación ha sido un éxito, si no necesitan nada más

yo me voy para el quirófano.

Nada más, muchas gracias.

¿Y ahora que tengo que hacer?

Tienes que venir dentro de dos días a una prueba ambulatoria y ya está.

¿Puedo irme ya? Sí.

Doctora, déjelo.

Lourdes y Roberto van a ver la doctora Romero para que les diga

si definitivamente Lourdes tiene fibromialgia y así descartar

la depresión de una vez por todas.

Hola. -Hola.

Doctora, dígame, que esta vez he sido yo el que no hay pegado ojo

en toda la noche.

Hay pruebas genéticas que demuestran que puede tener fibromialgia.

¿Puedo tener fibromialgia?

Después de todas las pruebas que hemos hecho estoy convencida

de que sí.

Les dejo.

Yo sabía que no era depresión, pero había llegado a dudar de mí misma.

Puedo entender que estén contentos.

Es difícil estar enfermo y no saber por qué.

Se tardan cinco años en diagnosticar porque los síntomas

se confunden con otras enfermedades.

Si yo no hubiera cometido un error del pasado posiblemente

los hubiera derivado a un psiquiatra.

Lourdes mejorará con el tratamiento,

pero va a estar enferma toda su vida y tiene que cuidarse.

¿Qué pasa?

Que te quiero.

Tomar la medicación, hacer ejercicio, cuidar la alimentación,

pero seguirá con dolores.

Está sonriendo, ¿lo ves?

No volveré a dudar de ella ni una vez, esta niña

es lo mejor que me ha pasado la vida.

Días después de la operación, la doctora Rey acude a trabajar,

le informan que ha sido una noche muy agitada,

una pelea ha provocado la muerte de un joven por arma blanca.

¿Qué pasa? Me estás preocupando.

Quizás debería haber insistido.

Quizás debería haberme implicado más.

Pero ya no se puede hacer nada.

Cuando se trabaja con material tan sensible como el ser humano,

no siempre puedes acertar en tus decisiones.

Doctora Romero, que nos vamos ya, muchas gracias.

De nada, es mi trabajo.

Muchas gracias.

De nada.

Es mi trabajo, que tengan un buen día, hasta luego.

No sé qué pasará ahora, porque la doctora me ha dicho

que no pudo seguir con mi puesto de trabajo,

que no pudo estar escalera arriba, escalera abajo.

Solo espero que mis jefes sean comprensivos y me ubiquen

en otro puesto con menos esfuerzo físico.

No sé lo que pasará ahora, pero lo importante es que estamos juntos.

¿Desde cuándo tienes esa tos?

Un mes.

Somos médicos, no dispensadores de medicinas.

Los médicos quieren hacerme pruebas y yo no tengo tiempo para eso.

Tengo que trabajar.

¿Cómo ha ido?

Te tengo que ingresar.

Esto no se lo deseo a nadie.

¡Ayuda!

¡Ayuda!

¡Que alguien venga!

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  • Centro Médico - 12/11/15

Centro Médico - 12/11/15

12 nov 2015

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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