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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 11/12/18 (1) - ver ahora
Transcripción completa

-Cuenta conmigo.

-¿Cómo dices?

-Para echar a Ángela; que cuentes conmigo.

-Sé cómo evitar que te den la invalidez por la esclerosis.

Pero escúchame:

no puedes decirle nada a nadie.

Estamos mirando cómo nos podemos quitar de en medio a Vega.

-De Herrera me lo puedo esperar, ¿pero de ti?

-Ángela, ya está.

-Quiero conocerte; quiero saberlo todo de ti:

¿Qué es lo que tengo que hacer para que te des cuenta?

-No tienes que hacer nada.

-De momento, vamos a apagar el móvil

y esta noche nos vamos a cenar tú y yo por ahí.

-¿Dónde estabas?

-En serio, que..., que es que no tengo tiempo.

-Ya.

-Es que...

Bueno, es que me está esperando un paciente y...

-Bueno, y a mí otro.

-Me lo paso bien con Dacaret.

Pero tengo la sensación de que, de que quiero algo más.

Que si se lo digo saldrá corriendo, ¿no?

-Éramos una pandilla de 15

y ya solo quedamos 4.

-Lo siento mucho, qué mala suerte, de verdad.

-Es que no sabes cómo fueron los 80.

Íbamos hasta el culo de todo.

Y empalmábamos un día con otro,

una fiesta con otra...

(Grito)

-Voy a hacerte un TAC urgente.

-¡Aah!

-Se ha caído.

-Me he ido a incorporar y me ha fallado la pierna.

-¿La pierna?

-¿Qué me pasa ahora?

(Música)

-Sí, mírelo, por favor.

-No, no, no.

Es que no me está entendiendo.

¡Que sale agua de todos los desagües; de todos!

¡Que no nos podemos quedar allí!

¡Pero que le estoy diciendo

que hay como dos dedos de agua por todo el piso!

-¿Cómo?

-¿No lo cubren?

¿Y entonces qué cubren?

Porque cuando tuvimos el problema con el cierre de la ventana

el año pasado, también nos dijeron que no.

¿Entonces de qué sirve tener un seguro del hogar, me lo puede decir?

¡Que le estoy diciendo que nosotras

no podemos estar en nuestra casa y el seguro lo tienen con ustedes!

-¡Ssss!

-¿Cuál era su nombre?

-¡¿Una semana?!

-¡Chsss!

-No, si encima le tendré que dar las gracias.

-No, mire. ¡Usted y yo no tenemos nada más de qué hablar!

-¿Qué, lo cubre?

-No. Ni de coña.

-Sí, sí, sí. Resérvelo.

Pero le advierto que voy a buscar otro fontanero.

Bien.

Varios días como mínimo.

-Pues los del seguro dicen

que tenemos que hablar con los de la comunidad

porque parece que es su culpa.

-Y del casero sin noticias, ¿no?

-Como si se le hubiera tragado la tierra.

-Pues vamos a tener que buscar un sitio donde quedarnos, Esther.

-Pfff, pues sí.

¿Se lo decimos a Mercedes?

-Esther..., Mercedes no tiene otra habitación.

-Ya.

¿Pablo y María? -¿Con Eire?

-Ya, no, no. Con un bebé no es plan.

¿Quieres algo? -Sí, un café, por favor.

-¿Me pones un café y un café con leche, por favor?

-Gracias.

-A ver, Bea.

Yo puedo buscarme la vida.

Pero ¿tú por qué no hablas con Carlos?

-Sí, claro.

-Oye, ¿por qué no?

Puede ser hasta divertido, ¿no?, convivir unos días juntos,

así, en plan informal.

-Según las pruebas y según lo que me ha contado la doctora Marco,

has sufrido un aneurisma en la arteria renal,

con trombosis y con dilataciones aneurismáticas

en las arterias esplénicas y hepáticas.

-A ver: ¿usted le habla así a todos sus pacientes

o es que me ha visto cara de médico?

-Ya he visto en su ficha que es fotógrafa, señorita Luna.

¿Tiene alguna pregunta en concreto?

-Bueno, a mí lo que me preocupa es saber si esto es muy grave.

-Bueno, ahora está estable.

Pero su estado es muy delicado.

-¡Ayys! Lo sabía.

-¿No decía que no era médica?

-Ja.

-Bueno, perdóneme, que no lo he podido evitar.

No me preocupa porque confío que la heparina disuelva los trombos.

-Bueno, ¿y usted me puede decir si esto tiene que ver con mi pasado?

No sé si ha hablado con la doctora Marco, pero quiero decir:

mi modelo de vida no ha sido especialmente saludable.

No sé si tiene que ver con lo que me está pasando.

-Bueno, eso no lo sabemos.

-Ya. Pero es que quisiera saber si...

-Bueno, vamos a ver:

no se preocupe.

Lo hecho, hecho está, ¿bien?

Y aparte hay que tener el factor suerte en cuenta.

Porque bueno,

hay gente que se ha cuidado mucho durante toda la vida,

y muere en un accidente de tráfico.

Y hay gente que es un desastre,

que acaba viviendo hasta los 100 años.

Usted ha llegado hasta aquí, ¿bien?

Con todos sus excesos y con toda su vida disoluta.

Bueno, no está mal.

-¿Sabe? Es usted un hacha dando ánimos.

-Ahora en breve vendrán a buscarla para hacerle más pruebas.

Descanse en la medida de lo posible.

Hasta luego. -Gracias.

(Suspiro)

-¿Quién ha venido?

"Edic Ritter" no necesita aplausos para nada, no se molesten,

muchas gracias a todos...

-¡Hombre, entró la diva! -Por supuesto.

-Ya era hora, ¿no? -Oye, ¡qué mal aspecto tienes!

Desde los mejores tiempos del "Penta"

o algo por el estilo no te veía con esas ojeras.

-Edison, es que he estado en el túnel de la muerte.

Y no te digo que no haya salido todavía, ¿eh?

-El túnel de la muerte es donde estuviste

en aquel coma etílico en el concierto de David Bowie.

Por cierto, ¿te acuerdas qué concierto?

Lo bien que la pasé yo en ese concierto.

Era impresionante...

-Ya estamos... -¡Ah, que estamos hablando de ti! Sí.

-Oye una cosa: espero que tengas algo grave, ¿eh?

Porque casi me bloqueas el teléfono con tantas llamadas que me mandaste.

-Bueno, no lo sé.

Igual te parece suficientemente grave

que lleve tres días en este hospital sola.

-¿Sola, sola...?

¿Qué me estás contando? Solos estamos todos.

Y para grave lo mío, ¿eh? ¿Has visto las críticas?

-¿Qué críticas? -¿Cómo qué críticas?

De la exposición. Inauguramos.

Nadie entendió nada.

Absolutamente nada.

Es un país de paletos.

Yo tenía que haberme quedado en Nueva York y no volver nunca más.

-¿Sabes? Yo entiendo perfectamente por qué no estás en Nueva York.

-No. El problema tuyo es que eres una mala persona.

Y además me molesta que no te hayas acordado, ¿eh?

-¡Ay! Discúlpame, ¿eh?

Igual es que he estado un poquito liada.

-Bueno, está bien, vale

Hoy eres la estrella. Vamos a hablar de ti.

-Hombre, gracias.

A ver, Edison, estoy mal.

O sea: estoy muy mal.

Me han encontrado varios trompos, aneurismas

y otras cosas así con unos nombres como de "drag queen" de segunda...

-Sí, pero no te preocupes.

Tú puedes con todo.

-Y me han dado ¡30 minutos de vida! -Pobre...

-¡Edison! -¿Qué?

-¿Puedes soltar el teléfono un momentito?

-Oye, ¿esto qué es?

-¿Esto, qué?

-Sí, ¿que te la han dejado? -Esto es mío.

-Pero ¿cómo va a ser tuyo? -Es mío.

-No me digas que ahora crees en estas cosas.

-Bueno, es que, desde que no me coges el teléfono,

igual he cambiado un poquito, ¿sabes?

-Perdóname, pero nos hemos visto la semana pasada.

Mucho tiempo para cambiar no tienes.

¿Me puedes explicar qué es eso?

-No tengo nada que explicarte.

-Pues entonces no entiendo nada.

-Edison...

Yo tampoco lo entiendo, pero me reconforta, ¿vale?

-Te reconforta...

Mira, no existe una persona en este país

más atea y más anticlerical que tú. ¿O no?

¡Esto es un...!

¿Qué te dio, un aire?

-Edison, igual no me conoces tan bien como crees.

-No, no, no, no... Eso no. Yo te conozco perfectamente, ¿eh?

-Mira, te voy a decir una cosa.

-No, escúchame. -Sí.

-A ver: en todos estos días que he estado aquí,

que he estado a punto de morirme, ni siquiera has aparecido

y ahora vienes ¿a qué, a criticarme, a reírte de mí?

Si has venido para eso, ya estás cogiendo la puerta.

¡No te necesito!

¡Tira! No; tira, tira, tira.

-Tira, tira... Tiro, porque el ambiente aquí está un poco pesadito.

-¿Pesadito? -Es cierto.

-¡Tira! -¿Has dicho trompos?

-He dicho trompos, sí. ¿Qué pasa? -Con razón estás mareada.

-¡No te soporto!

Lo que menos necesito en este momento

es tener a Edison ahí, rucurrú, rucurrú,

taladrándome el cerebro,

que si con el superyó, que si con el opio del pueblo

y con toda esa retahíla de tecnicismos de psicología barata

de trasnochado de bar, que es lo que es.

¡Sí! He dicho trompo.

¡He dicho trompo!

¡Es la primera vez que tengo trompos en la sangre, joder!

-A ver, que yo conozco todos sus trabajos, sus fotos,

los trabajos contra la iglesia,

contra la falsa moral de los creyentes.

Así que ahora no me puede venir

con el tema ese del túnel de la muerte y las estampitas.

Que es Ciara Luna, es mi amiga Ciara Luna.

Es una de las personas más lúcidas, escépticas y racionalistas

que conozco.

Ahora, la que está ahí adentro no tengo la menor idea de quién es.

(Música)

-Presenta aneurismas en la arteria segmentaria.

-Y tiene estenosis en la arteria renal.

Tenemos que ponerle unos stent cuanto antes.

-Sí. Pero eso no lo va a solucionar todo.

Esta mujer tiene muchos problemas más.

-Lo sé.

Pero es que no he conseguido dar con su causa exactamente.

Me está costando.

-Ya.

(Teléfono)

Perdona.

Lo siento, lo tengo que coger.

-Sí, tranquilo.

-¿Sí? Hola.

Sí, sí. Puedo hablar, no te preocupes, dime.

¿Ha pasado algo?

¿Que te quieres ir ya?

Pero bueno, vamos a ver:

por favor, ¿no te puedes quedar un rato más?

Por lo menos..., por lo menos un par de horas.

Está bien, está bien, está bien. Tráemelo al hospital, ¿vale?

Por favor. Dame un toque cuando llegues.

-¿Todo bien? -Podría ir mejor, la verdad.

-¿Algo grave? ¿Pasa algo grave, o qué?

-No. Grave no. Grave no. Mi hermano.

-¿Qué le pasa, está bien?

Si necesitas ayuda, me dices. ¿Eh?

-Gracias.

No. Que viene para acá.

No, no es un problema de salud.

Bueno, o sí. Según se mire.

Mi hermano sufre una parálisis cerebral y solo me tiene a mí.

Así que vive conmigo.

-Mm... No tenía ni idea.

-Ya. Es que no me gusta ir contándolo por ahí.

Pero bueno, es que teníamos una cuidadora

que nos estaba yendo muy bien,

pero es que se ha tenido que ir a vivir fuera de España

y no encontramos a nadie que se involucre tanto como ella.

De hecho, toda la gente que encuentro solo es para cuatro horas.

Y claro, no es suficiente.

-Se necesita a alguien que esté todo el día con él, me imagino.

-Todo el rato, todo el rato. O sea, siempre.

Y yo no puedo.

Y bueno, lo peor es que mi hermano pues..., pues bueno,

se da cuenta de que es un problema para mí.

Y eso es lo peor que llevo con diferencia.

-Ya. Lo siento mucho.

Es un problema complicado.

-Sí. Sí que lo es; no te voy a engañar.

Pero bueno, es mi hermano y estoy muy orgulloso de él.

Es extraordinario.

Tendrías que conocerlo.

Es una persona admirable.

Todo un ejemplo el tío.

-Oye, estoy pensando que si quieres puedo preguntarle a mi madre.

Igual alguno de sus amigos conoce a alguien que pueda quedarse con él.

-¿Sí? -Mm.

-Sé que es muy difícil, pero bueno, si suena la flauta,

no te puedo decir que no.

-Yo pregunto y te digo algo, ¿vale? -Te lo agradezco. Sí, muchas gracias.

-Nada, hombre. -Hasta luego, Merino.

-Hasta luego. -Chao.

-Nunca me había parado a pensar cuál era la situación familiar de Matías.

Pero la verdad

es que no me lo había imaginado cuidando a un paciente

con parálisis cerebral.

Eso tiene que ser muy duro.

Y más tratándose de un pariente tuyo.

Nunca había visto ese lado de Matías.

La verdad es que la gente no deja de sorprenderme.

En este caso para bien.

-¿Dónde te duele?

-No sé, en general. Me duele por aquí, por aquí mucho.

-Lleva más o menos una hora con dolores y mareos.

Y náuseas también.

-Pero el bebé está bien, ¿no?

No quiero que le pase nada al bebé, por favor.

-No, cariño;

tú preocúpate de estar tú bien, y todo va a ser genial, ¿eh?

-Anita, ¿cuántos años tienes?

-16. -16 añitos, sí.

-16, vaya ¡qué joven! -Y tanto.

-No, bueno. Lo decía porque pareces mayor.

Biológicamente hablando, no hay ningún problema

porque la chica esté embarazada, ¿de acuerdo?

-Ya, bueno.

A mí lo que más me preocupa

es la responsabilidad de traer una vida siendo tan joven.

-Mamá, no empieces, por favor.

-¿Y el padre? -No. No hay.

-Sí. Sí que hay. Padre siempre hay, mamá.

-Bueno. Hay, pero este se quitó de en medio en cuanto le hizo el trabajito.

-Ya. -Bueno.

Pero ahora lo importante es que estés tranquila y bien, ¿eh?

-Hola.

-Un niñato pijo:

eso es lo que es el futuro padre de mi nieta.

¡Un canalla!

Un niño de una familia con dinero

que, por supuesto, no iba a permitir que su hijo se arruinase la vida.

Se fueron del barrio en cuanto se enteraron del embarazo.

Porque eso fue un escándalo.

Fue un escándalo total.

Y yo porque no me enteré antes, que si no...

No, por eso no me lo dijo mi hija.

Porque sabía que no iba a permitir que lo tuviera, vamos.

No iba a permitir que mi niña se arruinase la vida de esta manera.

-Aquí tiene. -Gracias, Ana.

Anita, ¿has tenido contracciones?

-Pues creo que sí.

¿Eso qué significa, que estoy de parto?

Es muy pronto, ¿no?

-No, no, no. Tranquila.

No creo que estés de parto.

Además, estás en buenas manos, ¿eh?

Verás, según el registro, pues no;

no hay contracciones, tampoco hay dinámica uterina,

así que yo os puedo confirmar que no estás de parto.

Seguro.

Vamos a hacer una cosa:

te vamos a realizar una ecografía y también te daré algo para el dolor.

No obstante:

debería quedarse al menos un par de horas en observación.

¿De acuerdo? -Sí, sí, sí.

-Vale. -Bien.

-Muchísimas gracias. -Nada.

-¿Más tranquila? -Sí.

-En un embarazo el cuerpo de una mujer sufre cambios

y no solamente físicos,

sino también se producen a nivel psicológico y hormonal.

Por eso es muy importante

que las personas que están a su alrededor no olviden esto.

Más si, como en el caso de Anita,

la embarazada es una chica tan joven.

También es importante recordar a aquellos pacientes que, bueno,

cuyos antecedentes hacen que reciban un tratamiento algo especial.

Y esto lo digo porque sé de lo que hablo

y no solamente como ginecólogo.

-Hola. -Hola.

-¿Qué tal el día? -Bueno...

¿Qué tal el tuyo? -Pues horrible.

Se nos inundó el piso.

-¿Ah, sí?

-Sí. Y lo peor es que no encontramos a ningún fontanero

que venga en varios días y..., el seguro tampoco se hace cargo.

-Los del seguro son lo peor.

-Yo qué sé.

Dicen que es culpa de la comunidad

o de alguien que atascó las tuberías, no lo sé.

¡Yo qué sé!

Y con el casero lo mismo, ¿eh?

Que él no puede hacer nada, que nos arreglemos con el seguro

y que es nuestro problema.

Vamos, que entre unos y otros se echan la culpa

y aquello parece el "13, Rue del Percebe"

-Pues vaya jaleo. Lo siento.

-Ya. Y yo. Y que allí no podemos quedarnos.

Porque no sabes cómo está aquello.

-¿Y no os van a poner un hotel?

Porque tampoco es culpa vuestra, ¿no?

-Sí, claro. Y un apartamento en La Manga.

Mira, yo con que nos paguen la reparación,

ya me doy con un canto en los dientes.

-¿Dónde te vas a quedar?

-No lo sé. Ya..., ya buscaré algo.

-¿Quieres quedarte en mi casa?

-No. No, no, no... No quiero molestar.

-Que no es molestia, ¿eh?

Pero mi madre entra y sale cuando le da la gana.

Bueno, mi casa es pequeña, ya lo sabes.

Pero te puedes quedar unos días, si lo necesitas.

-¿No te importa, de verdad?

Que a ver: que serán unos días,

pero que puedo buscarme cualquier otro sitio,

que sin problema.

-Que no me importa.

-¿Seguro? -Que sí, en serio.

Bueno, no será la primera vez que te quedas a dormir en mi casa, ¿no?

Me voy. Que tengo un paciente que atender, ¿vale?

-Bien.

-¿Qué tal, cómo te encuentras?

-Mejor. Eso que me han dado me ha venido muy bien.

¡Toma! Por fin he pasado de nivel.

Creí que nunca lo conseguiría.

Yo creo que, que la niña me da superpoderes.

Lo voy a publicar.

-Mi amor, no sabes lo duro que se me hace verte así.

-Mamá, por favor... -Ay, perdona.

-El otro día estuve hablando con Luci.

-¿Y qué te dijo?

-Pues que..., había estado hablando con Álvaro y que preguntó por mí.

Al parecer no se ha mudado de ciudad. Solo se ha cambiado de instituto.

-¿Qué más da dónde se haya ido, Ana?

-Pues no sé, al parecer estaba preocupado por mí.

-Ya. -A lo mejor se arrepiente.

-Mira, mi amor. Yo creo que lo mejor es que te olvides de ese chico.

-Pero todos podemos equivocarnos, ¿no?

-Sí. Sí, sí, sí.

Todos tenemos derecho a cometer errores, ¿m?

Y puede que Álvaro se haya arrepentido

o se arrepienta en un futuro...,

vamos, de hecho, estoy segura que se va a arrepentir algún día.

Pero eso no significa...

-¿Pero qué?

-Que no deberías esperar nada de alguien como él.

-Mamá, pero Álvaro no es mala persona.

-Bueno, yo no te he dicho que sea mala persona.

Pero un cobarde sí.

Y una persona que te ha traicionado también.

-Igual a lo mejor le obligaron sus padres.

No sé, si por lo menos pudiese hablar con él o algo...

-No, mi amor, no. Eso sí que no, ¿eh?

No. cariño, eso te va a hacer sufrir mucho más, ¿eh?

De verdad, que Álvaro no va a cambiar de opinión,

hazme caso.

Yo sé que no te gusta que te diga esto, Ana, pero de verdad,

que tengo mucha más experiencia que tú en la vida.

Confía en mí.

-Pero no le conoces como yo.

-¿Te ha llamado?

Porque podía haberlo hecho.

Sin sus padres delante.

¿Te ha dicho dónde está?

¿Te ha dicho que puedes contar con él si lo necesitas? ¿Eh?

No. Se ha ido cuando más falta hacía.

Mi amor.

Mi amor, escúchame;

yo sé que es duro, ¿m?

Pero tienes que asumir que estamos solas en esto.

-¡Que sí, que ya me he enterado, mamá,

que no hace falta que me lo repitas más, en serio!

-Vale. Perdona, vale.

-Que es que me da igual.

Que voy a tener esta hija, sea sola o acompañada.

Me da igual.

-No, mi amor. Sola no.

Porque yo voy a estar contigo ¡siempre!

-Entonces, ¿por qué lo ves todo tan negro?

Es que no lo entiendo, de verdad, mamá.

Traer vida al mundo es algo maravilloso.

Y tú vas a ser abuela, ¿no te hace ilusión?

-Es que no es eso, Ana.

-Ya. Ya, no es eso.

Dices que me apoyas y todo eso, pero...,

pero si te viese un poco más feliz sería mucho mejor.

-Mira, cariño. Yo no quiero ser dura contigo, de verdad.

Pero es que la vida te está pidiendo que madures de una vez

y tú parece que estás en los mundos de Yupi, hija.

-Lo que estoy es feliz, aunque tú no me dejes.

Mi madre me tuvo con 19 años y... y mi padre se fue.

Por eso se la tiene tan jurada a Álvaro.

Porque no piensa que a lo mejor él es distinto.

Estoy esperando a que él me llame y no sé, podamos hablar las cosas.

Y no me voy a quedar tranquila hasta que eso pase.

No sé;

si no quiere saber nada de su hija,

que por lo menos me lo diga a la cara.

-Gracias, Anastasia por traerlo

y por todo lo que has hecho por él estos días.

Que me figuro que le habrás cogido un poco de cariño.

-Sí. Pero es que mira:

-Bueno, no te preocupes.

Que lo entiendo.

Sé que es un trabajo estupendo y que tienes que cogerlo.

Ha sido un placer. De verdad muchas gracias.

-Gracias a ti. -Gracias.

-Dani, cuídate, ¿eh? Gracias.

(CON DIFICULTAD AL HABLAR)

-Adiós.

-Adiós, chao. -Hasta luego.

-Ya se va. Otra vez solos.

Pero bueno, no te preocupes, porque ya vendrá otra persona.

Pero bueno, esta tampoco te caía muy bien, ¿no?

-Sí. Me gustaba.

-¿Te gustaba?

Vamos, venga, reconócelo. Que estamos ya solos.

-No. Que... -No pasa nada.

(Risas)

¡Lo sabía!

Bueno, la siguiente que venga va a ser mejor, ya verás.

-Y... -¿Qué?

-¿Hoy qué?

-¿Hoy? Hoy te quedas conmigo en el hospital. ¿Qué me dices?

Hasta que pueda encontrar a alguien que te pueda cuidar.

-Pero ¿tú trabajo?

-A ver: no te preocupes por eso, porque yo tampoco trabajo tanto.

-Pero ¡Eres jefe!

-Y de momento solo soy jefe de Cirugía.

Dentro de poco seré jefe de todo esto.

-¿Y eso?

-¿Y eso? Solo te lo cuento si sabes guardar un secreto.

Pero no se lo puedes decir a nadie, ¿eh? A nadie.

-¡Vale! -Bien.

Bueno, dentro de poco voy a ser el director de todo el hospital.

Y cuando eso pase,

voy a crear un equipo de investigación

para que puedan ayudarte.

A ver, ¿tú te acuerdas de lo de las células madre que te comenté,

los estudios?

-Sí. -¿Sí?

Bueno, pues hay algunos que están dando muy buenos resultados

en la recuperación neurológica y motora;

en pacientes como tú.

Dani, si todo va bien, podrás hacer cosas como antes,

como cuando éramos niños.

¿Eh?

Y voy a intentar que seas el de siempre, Dani.

-Pero... Yo soy el de siempre.

-Es verdad.

Es verdad.

Venga, vamos para dentro,

que se me ha ocurrido algo que te va a encantar.

¿Bien? Venga.

-Pero entonces eso ahora es un follón, ¿no?

-¿Me lo dices o me lo cuentas?

-Y, ¿el tío se ha declarado insolvente, insolvente?

O sea, que está tieso, vamos.

-Sí, sí. Insolvente de "a mí que me registren".

Dice que no tiene un duro.

No piensa pagar y por supuesto, no tiene seguro.

-Bueno, pero vosotras no pongáis ni un duro, vamos:

que pague el insolvente del tercero, que es el que tiene la fuga.

O si no, el propietario, que se ponga de acuerdo con el seguro.

Pero vosotras no soltéis nada, vamos.

-Que sí., que sí, Rafa.

Pero parece que seamos las únicas que tenemos prisa para solucionarlo.

Porque no podemos volver a nuestra casa.

-¡Madre mía, vaya follón!

-Hola. -Hola.

-Me está contando Esther el problema que tenéis con lo del piso, ¿eh?

-Ni me hables, Rafa.

Y ponme un cafetín. Anda, cuando puedas.

A ver si se me pasa el cabreo.

-Venga, marchando.

-¿Qué, niña?

¿Ya has encontrado dónde quedarte?

-Sí. Con Carlos.

-Ah, ¿sí? Me da a mí que tú de allí ya no te vas.

-Sí... Todo lo contrario, más bien.

-¿Y por qué todo lo contrario?

¿Qué te pasa?

-Bueno, pues porque me ofreció quedarme en su casa,

por compromiso, Esther.

-¿Tú crees?

- Desde luego, entusiasmado no se le veía.

-A ver, Bea. Que a lo mejor...

No sé, no te rayes.

A lo mejor no le viene bien, pero por otro motivo.

-Bueno, pues si no le viene bien, que me lo diga.

Yo no quiero que se vea obligado a nada.

-Bueno, mira, es igual.

¿Y tú? ¿Qué tal?

-Pues todavía no le he preguntado.

-¿A Dacaret? -Sí.

-El café.

-Bueno, pues... A ver si tú, por lo menos, tienes suerte.

-A ver.

-Toma, que sé que te encantan los cruasanes de aquí.

Toma, que es un cachito grande, ¿eh?

Te voy a dar un poquito para que lo tengas tú en la mano también...

-¿Doctor Herrera?

-Eh... Sí. -Ah, bueno. Hola.

-Hola.

-Mire, quería hablarle de una paciente, Ciara Luna.

-Eh... Perdone. ¿Quién es usted?

-Bueno, soy su amigo.

Entonces... Sé que han tenido que operarla.

-Eh... Sí.

La he operado yo.

Ha salido todo bien,

y el postoperatorio sigue sin ningún problema.

-¿Y qué le han hecho?

-Le hemos colocado unos stents para facilitar el flujo sanguíneo.

Ciara tenía unas arterias ensanchadas,

y otras, demasiado estrechas

como para que pasara la sangre con fluidez.

-¿Y por qué le ha pasado esto?

-Pues aún no lo sabemos.

Esperaremos a que se recupere para seguir haciéndolo pruebas

e intentar averiguarlo.

-Y dígame una cosa:

¿Usted cree que esta intervención,

aparte de las consecuencias físicas, que son inevitables, supongo...?

No sé cómo decirle...

¿Puede haber tenido alguna reacción psicológica, algo...?

No sé.

-No sé si le entiendo.

-Pues trataré de explicarme.

Está actuando... como si fuera otra persona.

Es decir... Con reacciones que no son normales.

-Ya. Pero ¿a qué aspecto se refiere?

-A la forma de hablar, a sus creencias.

De repente se sacó de la manga una estampita,

como esta de los creyentes, que dice que le da fuerza.

-Ah. Eso entra dentro de lo normal.

Es bastante habitual en los hospitales. Sí.

Cuando una persona teme por su vida...

A ver, abre la boquita.

Necesita más que nunca creer en algo.

-Sí, el problema es que eso con Ciara no...

-Lo único que le puedo decir,

es que uno no conoce a alguien

hasta que le ve enfrentarse a la adversidad.

-Y yo creo que eso es un tópico tremendo.

-Bueno, usted puede pensar lo que quiera.

O mejor: hable con su amiga.

-Bueno. Muchas gracias por atenderme.

-No hay de qué. Hasta luego.

¿Qué?

¿Ese?

Nada.

Ese es uno... que no se cree nada.

-Como tú.

-¿Como yo?

Bueno, no tanto.

Yo sí que creo en alguna cosa.

Yo creo en ti.

-Bueno, eso no te preocupes, ¿eh?

Que no es nada.

Una foto en los huesos, y como nuevo.

Te lo dice una experta.

A ver.

-¿Y entonces te encuentras mejor? -Sí. Ahora ya, mucho mejor.

-Y ¿cuándo te dan el alta?

-Pues se supone que mañana.

¿Y ya sabes lo que vas a hacer?

-¡Ah...! Tendrás que esperar a mañana para verlo, ¿no?

-¡Uy! ¡Qué misterioso estás últimamente! ¿No?

-Pues sí...

-Yo siempre he sabido que entre Dacaret y Rocío,

pues había una amistad. Pero...

Está claro que... Que hay algo más.

Él y yo nunca nos hemos prometido nada.

Eso también hay que decirlo. Pero...

No sé. No es lo mismo verlo.

Y... no sé. No me siento bien.

No me lo esperaba.

-¿Álvaro?

Hola.

Soy Anita.

¿Qué tal?

¿Cómo..., cómo estás?

Me alegro de oírte.

¿Álvaro?

Álvaro.

Hola...

-Ana, ¿estás bien?

Ana.

Ana, ¿qué te pasa?

-Nada, déjalo.

-¿Cómo que lo deje?

Estamos en un hospital, estás embarazada

y te encuentro así...

-Que no es nada de esto.

-Mi amor...

Mi amor, ¿qué pasa?

-He llamado a Álvaro.

Y me ha colgado.

-Lo siento mucho, cariño.

-No. No lo sientes, no mientas.

-No, no, sí que lo siento.

Ojalá el padre de tu hija fuera un chico responsable y atento.

Y ojalá estuviera aquí contigo.

Es lo que más deseo.

-Pues no es así.

Porque es un cobarde y un imbécil.

Es que no entiendo por qué todas os asustáis tanto por esto.

Ni que fuera el fin del mundo.

Es más: podría ser algo precioso si no lo vieseis como un desastre.

Tú la primera.

-Mi amor, Ana...

-Vamos a tener un hijo jóvenes, y ¿qué más da?

No es algo tan terrible, ¿no?

-No, mi amor.

No, no digo que sea terrible, pero sí muy difícil.

Que la vida te va a cambiar por completo.

De verdad, te lo digo yo, por experiencia, que...

Que cometí el mismo error que tú y... Y me perdí la juventud.

-Ah, ¿que yo fui un error?

-No. Claro que no, mi amor.

-No sé, mamá. Has dicho eso. -Ya, pero... ¡Ana!

Pero no quería decir eso, cariño.

-Vete de aquí... -Ana...

-Que me dejes.

-Ana. Ana, ¿qué pasa? Ana, tranquila.

-Ana.

-¡Ana!

¡Oiga!

¡Oiga!

¡Ayuda!

Por favor...

Mi hija.

Soy la madre de Ana Fuentes.

Estábamos hablando y...

Y ha empezado a hiperventilar y se ha desmayado.

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Centro médico - 11/12/18 (1)

11 dic 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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