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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 08/06/16 (2) - ver ahora
Transcripción completa

César acude a urgencias con su hermana Laura.

Presenta fiebre, dolor torácico intenso

y dificultades para respirar. Una silla de ruedas.

-¡No, no, no! Mejor que no. Si me siento, no me levanto.

-Aviso al médico. -¿Cómo que no te levantas?

-En serio, no me levanto. -Tenemos una urgencia en recepción.

-Tuve que traer a mi hermano a rastras.

Si por él fuera, estaría jugando a la Play con 40 de fiebre.

Vino cuando le dije que, si no, no cuidaría a su sobrino.

Está claro que el niño es su punto débil.

-César, tienes disnea de reposo.

-¿Y eso qué es? -Es dificultad al respirar

sin realizar actividad física. -Ah...

(RÍE) Eso lo tengo de siempre, si yo no salgo del sillón.

(RÍE) -¡No te tomes esto a broma,

por favor! -Tu hermana tiene razón.

Tienes que cuidarte, César.

-Presión arterial alta y la temperatura es de 38 y medio.

-¿A qué altura del tórax te duele?

-Por aquí.

(TOSE) -¿Fumas?

-Como un carretero, dos paquetes al día.

Dígale algo, a mí no me hace caso. -Uno.

-¡Dos! -¿Uno o dos?

-Dos.

-Pues ya sabes lo que tienes que hacer.

-Vale. -Lo voy a repetir por enésima vez:

Fumar puede matar.

Lo pone en los paquetitos, pero es que es verdad.

Los riesgos de un fumador de sufrir complicaciones cardiovasculares,

respiratorias o un cáncer son mucho mayores

que las de un no fumador.

En su centro de salud podrá encontrar profesionales

que le ayudarán a terminar con este hábito tan peligroso.

-¿Esto podría ser un aviso de infarto?

-A ver, podría ser, pero un dolor torácico agudo

puede significar muchas cosas, como un neumotórax o neumonía.

Tranquilidad, mejor no pensar en lo peor.

A ver, ¿sientes como una presión

incómoda que se te va pasando del pecho hacia los hombros,

los brazos, el cuello, la mandíbula...?

-En el cuello. -¿Desde cuándo lo tienes así?

-Hará unas dos semanas o así. Y tengo fiebre desde hace dos días.

-Yo estoy segura que más.

Pero con tal de no venir al médico...

-Traga.

¿Dos días hinchado? -Sí.

-Bueno, te voy a mandar un par de pruebas, ¿vale?

Un electrocardiograma y una radiografía de tórax

para comprobar cómo están tus pulmones y tu corazón.

¿Vale, César? -De acuerdo.

-Dra. Romero, por favor.

Sí, tiene a los pacientes. Gracias.

-Gracias, ¿esperamos ahora aquí?

-Sí, ya viene. -Gracias.

La Dra. Romero recibe para revisión

a su paciente Diego Sanzol en tratamiento desde hace meses.

La estaban buscando. -Ah, hola, ¿qué tal?

-Teníamos una cita para hoy, así que...

-¿Todo bien? -Sí, sí, perfectamente.

-Acompañadme.

-La primera vez que vine al hospital creía que tenía

un ataque al corazón. -Resultó ser un ataque de ansiedad.

Algo bueno tuvo, le detectaron la hipertensión.

Si le llaman la enfermedad silenciosa, es por algo.

-La hipertensión arterial es una enfermedad crónica

y uno de los factores de riesgo cardiovascular.

Con pacientes como Diego se hace un proyecto de salud

en el que incluimos una dieta y, además, ejercicio

para intentar conseguir una tensión lo más normal posible.

Ahora nos queda saber qué tal lo ha hecho.

Tras interesarse por cómo lleva el paciente el tratamiento,

la Dra. Romero se dispone a anotar el dato de presión arterial.

¿Seguro que estás cumpliendo la dieta a rajatabla?

-Sí, la sigo como se me dijo.

-Bueno, dime pues, por ejemplo,

qué desayunaste, comiste y cenaste ayer.

-Pues me levanté, me tomé café con leche como siempre.

-Bueno, con leche desnatada, ¿eh? No le riña que se porta muy bien.

Aunque dicen que la leche desnatada es mala.

-Bueno, ¿puedes pasar a la báscula, por favor?

La dieta hiposódica para detener la hipertensión arterial

consiste en minimizar todo lo posible

la ingesta de sodio al día, es decir, nada de sal,

reducir las grasas saturadas seis por ciento, no más,

y también la grasa total al 27%.

No hay que olvidar tomar verduras, frutas y legumbres cada día.

Intentar reducir también la ingesta de proteínas

y, por supuesto, no nos olvidemos, nada de alcohol ni tabaco.

(MEGAFONÍA) Francisco Pascual, preséntese en boxes. Gracias.

La Dra. Ortega ha realizado un electrocardiograma a César

que, junto a la radiografía de tórax, ayudarán a determinar

si tiene algún problema en sus pulmones o corazón.

César, te vamos a hacer una prueba más, ¿vale?

Un ecocardiograma ahora. -¿Ocurre algo?

-Bueno, en la radiografía de tórax se ve la silueta cardiaca aumentada

y aquí en el electro vemos una serie de alteraciones

propias de una pericarditis o un derrame pericárdico.

-¿Y eso es grave? -Bueno, podría serlo.

Este líquido tapona la entrada de sangre

a los ventrículos del corazón.

Normalmente, en una auscultación cardíaca se puede escuchar

roce pericárdico que nos advierte de un posible derrame.

Pero, a veces, en personas con obesidad

es más difícil escucharlo y se necesitan otras pruebas.

Como pueden ver, el sobrepeso no solo puede provocar enfermedades

sino que puede dificultar su diagnóstico.

Te voy a bajar a diagnóstico

para hacerte la otra prueba. -Vale.

Pero, primero, ¿puede avisar a mi hermana?

La conozco y se pondrá muy nerviosa.

-Os lleváis bien, ¿verdad? -Sí.

-Lo que pasa es que ella se obsesiona mucho

y siempre ve el vaso medio vacío.

-Es lo que tienen los hermanos mayores.

-Muy pesada, muy pesada. (RÍEN)

-Enseguida vuelvo, voy a avisarla. -Vale.

Para mi hermana sigo siendo aquel niño al que regañaba

cuando hacía alguna trastada.

A veces me agobia un poco, pero es la única persona

que se preocupa por mí, aparte de mi madre.

Bueno, que la pobre ya murió hace mucho tiempo.

La echamos mucho de menos.

Pero al menos nos tenemos el uno al otro.

Bueno... (RÍE) Y también tenemos

al enano de mi sobrino, al Damián.

Ese sí que está hecho un trasto.

-Bueno, a ver, de la última vez has engordado un poco.

-Ajá, sí, puede que me haya relajado un poco.

-Ya. ¿Y del ejercicio? Cuéntame.

-Huy, mi marido nunca ha sido de hacer deporte.

-No, pero prometo que empezaré a serlo.

-¿Sí? Nueva vida. -Sí.

-De todas formas, con 30 minutos caminando al día es suficiente.

¿Últimamente ha notado más estrés?

-No, desde que vendí la fábrica y, con el dinero invertido,

la verdad, vivimos muy cómodamente.

-Es el sueño de cualquiera, vamos.

-Tengo una compañía...

Bueno, tenía una compañía de tiradores de muebles.

Nunca me acostumbro.

Y me hicieron una oferta que no pude rechazar.

-Habíamos hecho planes para ir al Caribe pero, ahora,

con esto de la hipertensión,

es imposible. -Hay algo que me preocupa,

porque desde luego la medicación no te hace efecto.

¿Hay algo que me queráis contar?

¿Que estés bebiendo o fumando?

-No, no, yo he dicho la verdad, todo lo he contado.

-¿Seguro? -Sí.

-Tu vida está en juego. -Lo tengo claro.

-¿Le cuentas tú lo del café o se lo cuento yo?

Es que se está tomando de seis a siete tazas mínimo.

-Querrás decir a la semana, ¿no? -No, no, cada día.

Mínimo siete. -¿Seis o siete tazas al día?

-Es que no puedo dormir y a la mañana siguiente

necesito tomar café porque, si no, me duermo.

-Es que es un círculo vicioso, porque tomas café

para no dormirte y, luego,

no puedes dormir porque tomaste café.

El insomnio y la hipersomnolencia

son dos síntomas aparentemente opuestos pero muy relacionados.

La hipersomnolencia es la dificultad

de mantenerse despierto por falta de sueño reparador.

En el caso de Diego, no sabemos, la verdad,

qué fue primero: Si el huevo o la gallina.

Esto podría explicar la tensión arterial alta.

De todas formas, haremos pruebas para saber si tu riñón está bien

y tu corazón está bien. -Ajá.

-¿Puede tener algo malo mi marido?

-Por eso voy a hacer las pruebas.

-Bueno, tengo que decir una cosa y es que...

Me olvidé de tomar las pastillas de la tensión.

-¿Te olvidaste del medicamento? -Hoy, la tomo cada día.

-Ya. -Diego, sabes que la hipertensión

es una enfermedad crónica, ¿no? Y que no duele, pero está ahí.

Y el problema es que si no te tomas la medicación

que te ha prescrito el médico, pasa lo que pasa ahora.

La tienes por las nubes.

-Ah... -Bueno, aparte te voy a hacer

un estudio del sueño.

Tras el ecocardiograma Doppler,

la Dra. Ortega comunica a César y a Laura los resultados

que confirman un derrame pericárdico.

Y eso, doctora, ¿se puede quitar?

-Sí, claro, además es fundamental extraer el líquido pericárdico

del corazón para evitar el taponamiento.

Lo que vamos a hacerte ahora es una periocardiocentesis,

¿de acuerdo? Es drenar el líquido

y enviar una muestra al laboratorio.

-A mí me dan mucho miedo las agujas.

-No te preocupes, te pondré anestesia local

y no te va a doler nada. Mirarás al techo y no la verás.

(RÍE) ¡Chachi! -¡Chachi!

-¿Y se le quitará la fiebre y se recuperará?

-En principio, así debería ser,

pero me gustaría que se quedara 24 horas en observación.

Y tienes que dejar de fumar, llevar una dieta más equilibrada

y hacerme ejercicio diario. ¡Sobre todo dejar de fumar!

-Yo lo intento, ¿eh?

-No, ¡lo intenta no, lo haces!

Que no te cuesta nada. -Bueno, pues lo hago.

-Mira, me alegro de que, por fin, alguien más,

aparte de mí le diga que tiene que cuidarse.

A ver si con este susto se toma la salud más en serio.

Porque no hay manera.

-Gracias. Bueno, César, lo peor ha pasado.

Te he quitado la aguja.

¿Cómo te encuentras?

-Tengo un poco de sueño.

-Puedes echarte una cabezadita sin problemas.

Aprieta ahí. -Envía una muestra al laboratorio.

-Vale. -Y ponle indometacina intravenosa.

-De acuerdo. -En un ratito vengo a visitarte.

-Doctora, ¿podría quedarse a mi lado y me canta una nana?

-Anda, que vaya morro tienes, ¡vaya morro tienes!

¡Hasta luego! -Hasta luego.

-¡Epa ahí! Quieto parado, ¿qué tal?

¿Cómo estás? -Bien, ¿y tú?

-Bien, agotada pero feliz, la verdad,

porque mis pacientes tienen buen pronóstico.

-Ah, pues me alegro mucho. -Gracias.

-Vale. -¡Hasta luego!

-Escucha, un momento, Ortega. -Dime.

-No te fíes siempre de los primeros resultados.

A veces las cosas se tuercen, te lo digo como consejo.

-Cómo me corta el rollo. -No es cortarte el rollo,

es para que lo sepas. -Vale, lo tendré en cuenta.

-¿Vale? Hasta luego. -Adiós, gracias.

-Lucía, Lucía, ¿tienes un segundo? -Sí.

-Que quería hablar contigo. -Si quieres hablar de Blanco,

podemos ir al despacho. -No es de Blanco.

Hay más cosas, ¿eh?

-Ah, hija mía, es que tenemos una vida muy sosa en el hospital,

para una que tiene interés... -¿La mía es interesante?

Venga... -Escúchame una cosa,

en serio, ¿estás bien? -¡Que sí!

-¿Sí? -Que no insistas.

-Soy psicóloga, ¿eh? -Ya, bueno, pues ahora, mira,

tengo un paciente que no se hace con el tratamiento.

Es hipertenso y dice que se le olvidan las pastillas.

Y yo tengo mis dudas,

no creo que se le esté olvidando.

-Bueno, pues, hija mía, cuando vuelva, mándamelo a mí.

-¿Sí? -Sí.

-Vale. Y...

Y, bueno, que...

Ah...

Que tienes razón en una cosa, que estoy ahí, ahí.

-Ya. -¿Vale?

¿A qué viene esa sonrisa? -Pues, hija, porque...

-Esa sonrisa me ayuda mucho. -¿Sí?

-Pero no me preguntes más. -No, ¿qué te voy a preguntar?

Soy psicóloga. -Te veo, no preguntes más.

-¿Qué tal? -Mañana te cuento, ¿vale?

-Bueno, vas a ver que genial. Gracias.

-Venga, ánimo.

-Buenas noches, cariño. -Cuídate.

(RÍE) Hasta luego.

Diego Sanzol va a pasar la noche en el hospital

mientras le realizan una polisomnografía nocturna

o estudio del sueño.

Doctora... -Gracias, Arancha.

Perdón. -¿Puedo robarle un momento?

-Sí, dime. -Pues, mire, es sobre mi marido,

la verdad, eh...

Bueno, no, es que es una tontería,

no, no viene al... -¿Por qué va a ser una tontería?

Cualquier información para nosotros es muy importante,

aunque consideres que es irrelevante, ¿vale?

-Bueno... (RÍEN)

-Mi consulta está abierta para todo lo que necesites

y también tenemos un equipo de psicólogos que puede ayudar

y hacer mucho bien a Diego. -Vale.

-Yo creo que... Yo creo que tiene un bloqueo.

Y probablemente con la ayuda de profesionales consiga superarlo.

¿Vale? -Pues muchísimas gracias.

-Cualquier cosa, estamos aquí.

-Gracias. Hasta luego. -Hasta luego.

-Hay que ver que tienes mucho mejor aspecto.

-Me encuentro mucho mejor. -Me alegro.

-Esta médica es la caña.

-No lances campanas al vuelo, que la doctora te ha gustado mucho.

(TOSE) -¿Ves?

Mira, esa tos... Tienes que dejar de fumar, cariño,

esa tos no es normal. -Dame un respiro, ¿eh?

Un respiro, uno solo. -Si sigues así, no podrás respirar.

-Ay... -Bueno, ¿quieres algo?

-Sí. Una hamburguesa doble con queso y bacón.

Y le metes las patatas dentro, aquí no me dejarán hacerlo.

-Ay, mi gordo... (RÍE)

-Y un cigarro para el pecho por lo bien que lo hemos hecho.

(RÍE) -¡Ay, César, por favor!

Me acabas haciendo reír pero no es normal esto.

Tendría que tomártelo en serio. -¡No te piques!

-Sí, vale, no te pico. -¿Me traes la hamburguesa?

-Sí, te la traeré. Y no tendría que traerla

porque bien no te has portado. -¡Buenas!

Qué buen ambiente, ¿no? Eso es que te encuentras mejor.

-La enfermera dijo que estoy mucho mejor,

me ha bajado la fiebre y tengo la tensión más baja.

-Técnicamente se dice presión arterial, no tensión.

-No se tense, doctora. -Oh, no me presiones, César.

(RÍEN)

-Bueno, pues ahora a descansar.

Si mañana estás bien te doy el alta

y te vas a ver a tu sobri. -A jugar a la Play.

-No, a jugar a la Play no,

a jugar al fútbol para que te menees un poco.

-Nos vamos al parque con la pelota.

-Ah...

Ah...

(GRITA)

(GRITA)

-¿Lo ves? -Ajá.

-Mira...

Y aquí justamente fue donde tuvo el despertar más brusco.

-¿Y qué pasó después? -Tuvo medio despertares,

cuando consiguió conciliar el sueño,

y tuvo apneas e hipopneas.

-Entonces por la mañana caería rendido de agotamiento.

-Por agotamiento y falta de café.

Yo creo que el insomnio es el desencadenante

de la hipertensión y la hipersomnolencia.

Pero, entre tú y yo, creo que me oculta algo.

Por eso quiero que me ayudes. -Vale, vale, claro.

Sí, sí.

-La verdad es que no sé en qué puede ayudar a mi hipertensión

hablar con una psicóloga. -Pues en nada, la verdad.

Yo no te puedo curar, pero puedo ayudarte

a que estés más tranquilo, con lo cual dormirás mejor,

te bajará la ansiedad, la alimentación mejorará,

con lo cual la hipertensión pues bajará.

En tu historia dice que la primera vez

que te ingresaron fue por un ataque de ansiedad.

¿Te pasó algo especial ese día?

-Ah...

No, nada importante, me pasó nada más levantarme.

-¿Y el día anterior? Que fue el día...

-Tres de marzo. -¿Te acuerdas del día?

-Sí.

Se cumplía un mes de la venta de mi fábrica.

-Ahí podemos tener una pista.

Puede estar relacionado el ataque de ansiedad

con la venta de la fábrica. -Para nada.

Vender fue lo mejor que hice en mi vida.

Mire. Se lo voy a poner fácil.

Estoy felizmente casado. Y gracias a Dios,

tengo el dinero suficiente para no preocuparme de nada.

-Pero no puedes dormir.

Es normal encontrarse con pacientes

que tienen resistencia a descubrir o a reconocer un problema.

Pero el caso de Diego es diferente.

(MEGAFONÍA) Doctora Romero, vaya a la sala de imagen.

-¡Por favor, necesito ayuda! ¡Mi hermano!

Un día después de tratarle un derrame pericárdico,

César se ha despertado sin poder ver bien

por el ojo derecho. Lo veía todo borroso.

-¿Distingues formas y colores? -A veces, sí.

Y otras veces, no. Ahora se difumina todo.

-Intenta seguir la luz.

Vale. Avisa al oftalmólogo que esté de guardia. Rápido.

Tranquilo, tranquilo. -¿Pero qué pasa?

-Mi hermano no ve de un ojo.

¿Qué tiene que ver el líquido del corazón con esto?

-La pérdida parcial de visión del ojo de César

puede deberse a muchas causas.

Cuesta creer que no esté relacionado

con el derrame pericárdico.

-Justo cuando parecía que estaba mejor,

va y se queda ciego de un ojo.

Yo solo quiero que le curen.

Mi niño y mi hermano son la única familia que tengo.

No sé por qué nos tiene que pasar esto.

Tras perder gran parte de la visión de su ojo derecho,

César es reconocido por una oftalmóloga.

Lamentablemente, el resultado de las pruebas

no presagia nada bueno.

¿Qué tal está César? -La cosa no pinta bien.

Tiene una lesión metastásica en el ojo.

Voy a necesitar tu ayuda. -¿Se lo has comentado a él?

-No, porque sospecho que el tumor primario

está en el corazón. Pedí una resonancia para confirmar.

-Vale, perfecto. Deberíamos volver a hacer

un ecocardiograma y un electrocardiograma.

En el caso de que la resonancia confirme el diagnóstico,

me encargo yo de comentárselo.

-¿Vale? Vamos. -Vale. Gracias.

-¿Qué tal? Me alegro de verte. -Hola, doctora.

-Y, también, decirte que Diego ha estado hablando

con la psicóloga. -Muchas gracias.

Yo venía por lo que me comentó el otro día.

Que contara cualquier cosa, aunque no tuviera importancia.

Y, bueno, la verdad es que me da

vergüenza contarlo. -Dime.

-Es que con lo del insomnio, Diego come por las noches.

Yo no me había dado cuenta, porque hago la compra

y luego la chica se encarga de las comidas.

Y, bueno, al salir de aquí, pensé en controlarlo.

Le pregunté a ella y me dijo que sí,

que, efectivamente, faltaban algunas cosas.

Leche condensada. Bueno, que se pone fino.

-Ya. ¿Y siempre ha disfrutado de la comida?

-Qué va. Si Diego nunca ha sido muy comilón.

Por eso me extraña verle comer tanto.

-¿Y desde cuándo le ocurre eso?

-Yo diría... Bueno, desde luego, después de la venta de la fábrica.

-Bueno, puede que la inactividad le esté activando

otros estímulos, como, en este caso, la comida, ¿no?

-Pero es que no lo entiendo. Él sabe que le hace daño

para su salud comer tanto. Es como si se atacara a sí mismo.

César, el paciente que padece un tumor en el ojo izquierdo

y líquido pericárdico, está siendo sometido

a una resonancia magnética contrastada del corazón,

para conocer si existe una patología

que relacione ambos problemas.

Sí, Damián, cariño. El tito está bien.

No. Lo que pasa es que todavía estamos en el hospital.

Bueno, queda para un ratito.

Tú pórtate bien. ¿Te estás portando bien?

Sí. Vale. Cuando vaya, te compraré un regalito.

¿Sí? Bueno, amor. Vale, pues un besito.

Que te quiero.

Bueno, sí. En cuanto acabemos, vamos, ¿vale?

Bueno, adiós.

¿Ya saben lo que tiene? -¿Lo que tengo?

Todas las papeletas para sacarme el carné de pirata.

-En cuanto tengamos los resultados, subiremos a verles.

-Vale. -Yo les veré a medias.

-Deja ya de decir tonterías.

-Lucía, ¿tienes un segundín? -Ajá.

-Mira. Es que, bueno...

¿Sabes nuestro paciente, Diego, no?

-Sí, claro. -Te quería comentar una cosa.

He estado hablando con su mujer.

Me dijo que, últimamente, se pega unos atracones tremendos.

-Normal que tenga ansiedad, si no duerme.

-Ya, pero hay algo que me extraña.

Lo mujer me lo ha dicho. Es como si se estuviera castigando.

Tendría que ser feliz en estos momentos

que está viviendo, pero no es así.

-Ya. ¿Quieres?

Yo lo que pienso, es que es muy probable

que haya dejado la medicación. Eso de que se le ha olvidado,

no me suena de nada. -¿Verdad?

-Y luego, hay gente que tiene unos lastres

que le impiden ser la persona que quiere ser.

Puede estar en el pasado, en el presente

o en el futuro que se imaginaban.

-O el que nos queda.

-Tú déjate de lastres, que te va a ir todo muy bien.

-¿Sí? Oye, ¿y no decís los psicólogos aquello

de "adelantar el futuro es una distorsión cognitiva"?

-Sí. Touché, touché. (RÍEN)

Anda. -Vale.

No me mires.

-¿Qué haces? -Viendo cómo sería mi vida

sin un ojo.

-Ay, cariño. Tú no pienses que vas a perder la visión del ojo.

-Bueno, al menos, ha sido en el ojo bueno.

-¿Pero ves muy mal? -Cada vez peor.

¿Tú te acuerdas cuando éramos pequeños y mamá,

después de cenar, nos llevaba al cuarto

y nos leía "La vuelta al mundo en 80 días"?

-Sí. -Se la leo cada noche a Damián.

¿Te acuerdas qué nos decía cuando terminaba de leer?

-Sí. Teníamos que ser como Phileas Fogg.

A pesar de las zancadillas de la vida,

siempre teníamos que seguir nuestro viaje.

-Pues eso. ¿Eh?

-Ay, cariño. Tú no te preocupes.

Ya verás que todo sale bien.

Mi madre siempre decía que algún día

haríamos los tres un viaje así.

Pero no sé si con César, tal y como está...

La echo tanto de menos.

Supongo que nunca se es demasiado mayor

para echar de menos a una madre.

-Buenas. -Hola.

-Conocéis al doctor Dacaret.

-¿Qué tal? -Bueno, César, venimos de hablar

con el doctor Blanco y, lamentablemente,

no tenemos buenas noticias. Se trata de un tumor

en la aurícula derecha del corazón.

-La resonancia magnética ha mostrado

una masa tumoral de 6X3 centímetros.

-Pero bueno. ¿Y cómo la doctora no vio un tumor tan grande?

¿Nos ha tocado la doctora en prácticas?

-En el caso de César, era casi imposible poder verlo.

Es a causa de la obesidad y de que el líquido acumulado

en el pericardio que presentaba,

dificultaba la visión de una masa en el corazón.

Lucía, la psicóloga del centro, sigue con la terapia de Diego,

el paciente con hipertensión e insomnio.

Hola, Mabel. -Hola, doctora. ¿Qué tal?

Bueno, estoy esperando a mi marido.

He venido a acompañarle a terapia. -Ajá.

¿Y cómo lo lleva? -Está, más o menos, igual.

Yo creo que, en parte, es porque no cree

en lo que está haciendo.

-¿Y tú cómo estás? -Estoy muy preocupada.

Yo pensé que Diego no tenía ningún problema

y es evidente que sí. Tiene un problema.

-Me gustaría hablar del día que vendiste la fábrica.

-Vender la fábrica ha sido lo mejor que me ha pasado.

-Si era lo que estábamos deseando.

Teníamos unos planes estupendos para ir al Caribe una temporada.

Y ahora con esto de la enfermedad, todo se ha interrumpido.

-¿Pero puedes contarme qué hiciste exactamente ese día?

(SUSPIRA)

Por la mañana, fui a la fábrica.

Me reuní con los nuevos propietarios.

Les presenté a los trabajadores. Fue muy emotivo.

Un día de despedidas. Nada más que contar.

-¿Y pasó algo sobre las cuatro de la mañana?

-¿Las cuatro? No.

-Es que en el estudio del sueño, tuviste un despertar

muy brusco a las 4:17 de la mañana.

-Se despierta todas las madrugadas.

No sé si fuera a raíz de la venta o no.

Más bien, ese día no, porque se fueron a celebrarlo.

-Había estado cenando con los nuevos dueños.

No me quería quedar, pero me sentí obligado.

-¿Bebiste alcohol? -¿Qué tiene que ver eso ahora?

-¿Es muy grave?

-A ver, hemos encontrado metástasis en dos focos.

Hemos encontrado un tumor en el ojo.

Y después de hacer el TAC, hemos comprobado

que hay otro en el lóbulo parietal izquierdo.

-Un tumor puede ser benigno o maligno.

A lo mejor, no es tan grave. -Sí.

Pero, en este caso, seguro que es maligno.

-Son ustedes unos incompetentes.

Estoy no es normal. Y la culpa es tuya,

porque tendrías que haber venido antes al médico.

Te lo digo todos los días y tú jugando a la Play.

-Laura, te están diciendo que si tiene metástasis,

pues no se puede hacer nada.

Eso quiere decir que ese tumor lleva ahí mucho tiempo,

o que se ha desarrollado muy rápido.

-¿Que no se puede hacer nada? Yo sí voy a hacer algo.

Voy a denunciar al hospital.

-Tranquilícese, por favor. -¡Ni tranquilícese ni nada!

Tú tranquilo, que de esto me ocupo yo.

-Ahora que se ha ido mi hermana, ¿el cáncer es muy grave?

-Bueno, hemos comprobado que es un angiosarcoma del corazón.

Los tumores primarios cardiacos

son poco frecuentes y la mayoría son benignos.

En este caso, es un angiosarcoma cardiaco,

un tumor maligno o canceroso con mal pronóstico.

-¿Pero se puede extirpar? -A ver, César.

Se pueden extirpar esta clase de tumores con cirugía.

Pero, dado el carácter infiltrativo,

la metástasis y la agresividad tumoral de tu cáncer,

hacen que no sea una buena alternativa.

El motivo es que la mortalidad operatoria

en un caso como este es alta.

Además, la supervivencia al año es baja

y los resultados son poco alentadores.

-¿Y cuánto me queda?

-Pues mira, César. No existe un tratamiento óptimo claro.

Te podrías someter a quimioterapia, radioterapia

y eso alargaría el proceso del cáncer,

como máximo, podrías llegar al año.

-Yo no quiero que me den ni quimioterapia ni radioterapia.

Me dejaría hecho polvo y no serviría para nada.

-Pero, César... -No, no, no, no.

-Yo creo que, más bien, fue unos días después,

que tuvimos que ir al funeral por un trabajador.

Una pena. Le atropellaron en el turno de noche.

Le atropellaron y ni siquiera pararon a ver si estaba vivo.

-Se llamaba Juan.

Llevaba tres años trabajando en la fábrica.

Y ese día volvió a casa en bicicleta.

-Nunca encontraron a quien lo hizo.

-Ya.

-En el funeral,

la mujer de Juan me abrazó.

Y me dijo que le habían dejado tirado en la cuneta,

como si fuera un perro o un gato.

-Desahógate. Desahógate.

Cuenta todo lo que te preocupa. (LLORA)

Tranquilo.

Tranquilo. -No lo sabía.

De verdad que no lo sabía.

-Escúchame.

Nunca es tarde.

-Policía.

-Lo que voy a hacer, va a ser coger todos los ahorros

e irme de viaje con mi hermana y con mi sobrino.

Voy a ir a dar la vuelta al mundo en 80 días, como quería mi madre.

Todavía, si me pongo flamenco, la doy en 90, 100 o 120.

Este viaje lo va a hacer mi familia sí o sí.

Doctores, no pongan esas caras,

que aquí no se ha muerto nadie, eh.

Ese era el sueño de mi madre.

Ella murió cuando éramos muy pequeñitos.

Todas las noches, antes de dormirnos,

nos leía "La vuelta al mundo en 80 días".

Ella siempre decía que algún día haríamos ese viaje todos juntos.

Pero no le dio tiempo.

A mí sí me da tiempo. Bueno.

No mucho, pero algo tengo.

-Más vale que nos mandes una postal desde

cada sitio en el que pares, ¿vale?

-De acuerdo, doctora. -Voy a avisar a tu hermana.

-Doctora. -¿Sí?

-Que... Que no le diga nada a mi hermana.

Que ya se lo digo yo poco a poco. ¿Vale?

-¿Decirme qué?

-Que nos vamos a ir de viaje.

-¿Qué? -Tú, Damián y yo. Nos vamos a ir

a dar la vuelta al mundo en 80 días, como decía mamá.

Mamá no lo pudo hacer y yo quiero hacerlo.

-Cariño, tú estás delirando. Tal y como estás,

es lo último que podemos hacer. -Laura, por favor.

-Bueno, mira. Según lo que digan los médicos, ya veremos.

Pero tú primero recupérate.

-Es su decisión. -Eso es.

Ortega.

Escucha. Creo que lo has animado demasiado con el viaje.

-A ver. Ha sido su decisión.

Probablemente, sea su último tren.

Tiene derecho a decidir si cogerlo o no.

-Me parece perfecto que sea su decisión.

Pero puede que no llegue a comprarse el billete.

-Ya. -Mira. Yo voy a hablar con él

y le voy a contar todas las posibilidades

que tiene de tratamiento. ¿Vale?

-Espera. Me parece bien. Yo te acompaño

y estaré a tu lado. Pero dejémosle tiempo,

que esté con su hermana, que hablen.

Es un momento delicado para los dos.

¿Vale? ¿Vamos haciendo tiempo y tomamos un café?

-Venga. Pagas tú. -Eso ya no me parece tan gracioso.

-¿Crees que hizo bien diciéndolo? -No lo sé.

Pero, a veces, en la vida hay lastres

que hay que soltar. Cueste lo que cueste.

Pero tú no tienes que pensar en lastres.

Tienes que mirar para adelante. -Ya.

¿Sabes una cosa?

Que me alivia mucho saber que tengo una amiga como tú.

-Lo mismo digo. -Gracias.

Un accidente de moto. Una luxación en el hombro derecho.

-Tranquilo. Tiene una amputación traumática

en el primer dedo de la mano. -¿Amputación?

-Hay que reimplantarlo. Ve a por hielo, por favor.

-No sabía que un dedo cortado se podía volver a pegar.

-Hacemos buen equipo. -Equipazo.

Si tuvieras que elegir un sentido que perder, ¿cuál sería?

La sangre no ha llevado suficiente oxígeno a las células

y se han ido muriendo. Tendré que extirparlo.

-Venimos buscando al doctor Mendieta.

-Yo no le voy a poder atender. Soy neurólogo.

-Se ha roto una ventana de la cocina

y al intentar quitar los cristales, me enganché y se hizo el corte.

-Vino a pedirme dinero y le dije que no.

  • Centro médico - 08/06/16 (2)

Centro médico - 08/06/16 (2)

08 jun 2016

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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