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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 08/03/17 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-Buenos días, Pepa. -¿Qué tal?

-Bien. Buen día.

-Esto es lo que tenemos que pedir. Vamos a recibir todo esto.

-Vale, vale. -¿Perdona?

Oye, ¿Qué pasa aquí? -Sé quién eres.

Tú eres una de las cómplices de todo este asunto.

-¿Cómo que sabes quién soy? ¿De qué estás hablando?

-No sabes quién soy yo. Mi nombre es Gustavo Rovira. Soy periodista.

Vengo a denunciar que en este hospital

están realizando ensayos clínicos sin las mínimas medidas de seguridad.

Y no solo eso, sino lo peor de todo, que estoy convencido

que parte del personal de este hospital

está al tanto de estas malas prácticas,

y no hacen nada para detenerlas.

Seguramente, porque están a sueldo de la farmacéutica.

Vamos, seguro no. Pongo la mano en el fuego.

Voy a sacar a la luz las malas prácticas que esta farmacéutica

está haciendo en vuestro hospital bajo vuestro consentimiento.

Y pienso publicarlo todos los días en mi blog hasta que se haga público.

-Espera un momento. Un momento.

¿Cómo que malas prácticas? ¿De qué estás hablando?

Aquí hay enfermos que se pueden beneficiar de tratamientos.

¿De qué estás hablando?

-¿Ves? Es por gente tan ilusa como tú

que las farmacéuticas hacen y deshacen a su antojo.

Y luego, ¿quién paga? ¿Los inocentes son los que pagan?

-De todas formas, no es una cosa... -Eh, disculpa, disculpa, Pepa.

¿Cuántas veces tengo que decirte que salgas del hospital?

-No me pienso ir a ningún sitio. ¡No me das ningún miedo!

-¿Quieres que llame a la policía? -De acuerdo, me voy.

Pero volveremos a vernos.

-¡Que no te quiero ver en el hospital más!

(Suspiro). -Gracias.

-Nada, nada. Es mi trabajo, Pepa. -Muchas gracias de todas formas.

Aunque es verdad que no hacía falta que fueses tan ortodoxa...

-Es que ese tío me saca de quicio. Es que te juro, me saca de quicio.

-¿Sí? -Sí...

-¡Oye! ¡Amanda! -¡Ah, ah!

-¿Qué ocurre? -Nada, que no, que me he mareado.

Pero ya está. -Vamos a llevarla a un box.

-Sí, sí, sí... -A ver. Una silla de ruedas.

-Amaya, trae esa silla.

Un equipo de emergencias ha traído a Charo,

que se ha caído en pleno cementerio,

cuando visitaba la tumba de su marido.

Charo...

La paciente ha solicitado que la atienda el doctor Landó.

¿Qué te ha pasado? -Nada. Que soy una tonta.

Me tropecé bajando las escaleras y me di un golpe en la cabeza.

-Bueno, ¿dónde fue, en tu casa? -Ramón, fue en el cementerio.

Ramón Landó es un viejo amigo.

Conocía a mi marido, Beltrán, desde la facultad.

Aunque últimamente no nos hemos visto demasiado.

-¿Cómo estás? ¿Qué tal va todo?

-Bueno, para haberme quedado viuda... Pues ahí estamos.

-Ya. Oye, lamento mucho no haber ido al funeral y...

-No pasa nada. Imagino que estarías... ¿liado?

-Eh. Te voy a hacer una exploración, ¿m?

-Mi marido murió hace un mes.

Llevaba más de un año con cáncer

y, la verdad, cuando lo descubrieron, pensaron que no iba a durar tanto.

Así que me imagino que debería sentirme agradecida.

-¿Estuviste inconsciente mucho tiempo?

-Pues no lo sé. Imagino que algunos segundos.

-Te voy a hacer una radiografía craneal

para descartar un traumatismo craneoencefálico. ¿De acuerdo?

-Gracias.

Por cierto, ¿cómo está Lucía?

Trabajaba también aquí, en el mismo hospital, ¿no?

-Sí, sí. Está bien. Está bien.

Oye, ¿quieres que avisemos a algún familiar

mientras te hacemos las pruebas?

Lo siento. No quería... -No, no estoy llorando.

¡Qué más quisiera! Es que me pican muchísimo los ojos desde hace días

y no sé por qué.

-Bueno, a ver, si quieres luego, cuando hagamos la radiografía,

hablo con el oftalmólogo para que te haga un examen, ¿eh?

-Gracias. Bueno, es lo que tiene ser la amiga del director, ¿no?

-Ah, no, no, no.

Ya no soy director hace mucho.

-Eso será que hace mucho que no hablamos.

Todavía no he derramado ni una sola lágrima

por la muerte de mi marido.

Es como si de repente me hubiera vuelto insensible.

En cuanto al funeral...

La verdad es que sí me dolió bastante que no vinieran.

Yo sé que últimamente Beltrán y yo no éramos una compañía muy agradable

y que a Lucía nunca le hemos caído especialmente bien.

Pero de Ramón... De Ramón no me lo esperaba.

-Amanda, ¿fumas? -Sí.

-¿Cuánto? -Eh, ff, no sé.

Un paquete, paquete y medio al día... -La tensión la tiene en 19-11.

-Pues no es que te estés cuidando mucho.

Y además tienes sobrepeso, lo cual tampoco ayuda.

-Bueno, me gusta la buena vida, ya está.

-Lo que te acaba de pasar no es de muy buena vida.

Acabas de sufrir una crisis hipertensiva.

Una crisis hipertensiva es una elevación brusca

de la tensión arterial.

Pueden ser asintomáticas,

pero también suelen tener consecuencias muy graves

si no se controlan médicamente.

Hacer ejercicio, comer sano, reducir la ingesta de sal

y evitar el alcohol, el tabaco y el estrés,

suelen ser buenas formas de prevenirlas.

-Mira, a mí el que me pone de los nervios es el tío de las octavillas.

Ese es el que me sube la tensión.

Lo he echado mil veces, pero ahí está, erre que erre.

-Ya. Y el hombre este, ¿viene todos los días?

-Ah, todos. Pero tú no te preocupes,

que no es un paciente, que es un pesado.

-Ya, pero hasta que se forme la comisión gestora,

yo sigo siendo el director en funciones.

Y quiero estar al tanto de todo lo que pasa en el hospital.

-Vale, vale. -Muy bien.

Pues te vamos a hacer una analítica de sangre,

para comprobar si hay problemas renales o cardíacos,

ya que pueden ir asociados a una crisis como la que has sufrido.

Te daremos también captopril,

pero lo más importante sería que cambiaras de hábitos de vida.

Ese será el mejor tratamiento.

Hasta luego. -Hasta luego.

-Hasta luego.

Amanda, que si necesitas ayuda para dejar de fumar,

para cambiar de hábitos, ponerte una dieta mejor,

pásate por Educación para la Salud. -Vale.

Después de realizarse una radiografía de cráneo,

Charo se ha revisado la vista

con uno de los oftalmólogos del hospital.

Pues ya le has oído, síndrome del ojo seco, ¿eh?

No es grave, tendrás que utilizar lágrimas artificiales,

pero, nada más.

-Y eso, ¿tiene algo que ver con que no pueda llorar?

-No. En principio, la conjuntivitis seca produce lágrima escasa.

Pero no creo que sea la razón. -Vaya.

-El síndrome del ojo seco provoca irritación, fatiga ocular,

sequedad y sensación de quemazón.

A la persona que lo padece puede serle útil

la utilización de gafas de sol para protegerse de la luz y del viento.

Evitar los aires acondicionados,

y hacer pausas de al menos cinco minutos

tras una exposición delante del ordenador de una hora.

En un par de días te veo, para ver cómo va evolucionando el golpe.

La radiografía y el examen son normales.

O sea que no nos preocupemos.

Así que, cualquier cosa que necesites para los ojos...

-¡Hola! -Hola.

-¿Qué haces por aquí? ¿Qué te ha pasado?

-Nada, una tontería. Que me di un golpe en la cabeza.

-Bueno, pues... Oye, que siento mucho lo de Beltrán, ¿eh? De verdad.

-Ya. Y vosotros, ¿qué tal estáis? -Bien. Bien, muy bien.

Los niños creciendo y haciéndonos viejos...

-Mm. -Bueno, me alegro mucho de veros.

-Pues lo mismo decimos. -Hasta luego.

-Hasta luego. -Adiós.

-A ver, Ramón. ¿Por qué no me has dicho que estaba Charo aquí?

-¿Y yo qué iba a saber, Lucía? -Que es que no he ido al funeral.

Y además, no sé por qué no le has dicho que nos hemos separado.

-¿Y por qué se lo iba a decir? -Pues porque son tus amigos.

-Ah, perdona, se me olvidó que tú no los soportabas.

Además, tampoco he coincidido mucho con ella.

Hace mucho que no la veo y no he podido contarle nada.

-¿No has ido al entierro tú? -No.

-Pero, ¿por qué?

Mira, Ramón. No me cuentes nada. Pero si vuelve a venir un amigo,

y sobretodo, si no le has dicho que nos hemos separado, avísame.

-¿Cómo te encuentras? -Bien, me encuentro bien.

Pero, ¿cómo va el tema de los resultados de los últimos análisis?

-Los tenemos ya, pero no confirman ninguna relación

entre el fármaco y tus síntomas. -¿No?

-No. Necesitamos más datos. -Pues sí. Y los necesitamos urgente.

Ese tío del que Amanda habla es un periodista.

Está aquí todos los días. Tiene un blog.

Si sigue metiendo las narices aquí, nuestro plan se va a ir al garete.

-Ya. Sí que es verdad que puede ser un problema,

pero, si de momento se limita a repartir octavillas

y dar un poco la lata, significa que no tiene pruebas de nada.

-Sí, vale. Ya sé que son solo octavillas.

Pero es que no sabemos dónde van a llegar esas octavillas,

qué persona las va a leer.

Y no podemos poner en entredicho la seguridad del hospital.

-Tienes razón. Hay que pararle los pies.

Charo, la amiga del doctor Landó,

ha vuelto para una revisión con el oftalmólogo

que le diagnosticó el síndrome de ojos secos.

¿Qué tal con el oftalmólogo? -Pues, ¿cómo me va a ir?

Una revisión como otra cualquiera.

-¿Me dejas echar un vistazo?

Eh, Charo, ¿te has dado cuenta que te falta algo de pelo en la ceja?

-Pues claro que me he dado cuenta.

-¿Te has tocado? -¡No!

-A veces, por el estrés, la tensión, la gente no se da cuenta

y se arranca pelos de...

-¡¿Cuántas veces quieres que te lo diga?!

¡Que no me he tocado nada! ¡Ni la ceja ni nada!

-Vale. Vale. Tranquila. Verás, ya que estás en el hospital,

¿qué te parece si hacemos unos análisis de sangre

para descartar algún tipo de anemia, eh?

-Lo que quieras. Lo que quieras. -Vale. Venga, ven conmigo.

A ver, Charo.

Mira, ve a la sala de espera que voy a buscar una enfermera...

-¿Tú por qué me odias? -Yo no te odio, Charo.

-¡Siempre mirándonos por encima del hombro!

¡Siempre juzgándonos como matrimonio!

Pero, ¡¿tú quién te has creído que eres, eh?!

-Eh, Charo... -Pero, ¿sabes una cosa?

Yo tampoco te soporto. ¡Me das asco! ¡Asco!

Aunque te he echado mucho de menos.

Para mí siempre has sido el preferido.

-Charo...

-Me voy a la sala de espera.

-Eh, Lucía, necesito tu ayuda.

Escúchame, Charo está pasando por una mala racha,

ha perdido a su marido,

y creo que todo esto le está afectando psicológicamente.

-Bueno, pues recomiéndale un psicólogo.

-Lucía... -Yo no la voy a tratar.

-Escúchame, solamente quiero que hables con ella cinco minutos,

¡cinco minutos!

Mientras espera a que le hagan los análisis, por favor,

y me das una primera impresión. -Que no, Ramón.

-Lucía, ¡es nuestra amiga! -No. ¡Es tu amiga!

Y tú sabes que siempre me ha caído mal. Y ya está.

-De acuerdo, es mi amiga.

Pero tú sigues siendo la única psicóloga en la que confío.

Por favor.

-Bueno. La veo pero de una forma informal, ¿eh? ¿Vale?

-Vale.

-Amanda... -M.

-Te estuve esperando en mi consulta para ver los resultados.

-Es que estoy muy liada. Tengo mucho trabajo, de verdad,

y yo no puedo dejar mis obligaciones. Y menos por un desmayo.

Es una tontería.

-Lo que te ha pasado no es ninguna tontería.

Y no puedes volver al trabajo así como así, ¿eh?

-Que sé cuidarme sola, que lo he hecho toda mi vida.

-Vale. Bueno, me parece muy bien. Sabes cuidarte sola.

Pero ahora eres mi paciente.

Y te pido, por favor, que vengas a mi consulta cinco minutos.

-Pero a ver si te enteras, de verdad,

que yo no puedo dejar mi puesto de trabajo así como así.

Si me pilla un jefazo de estos, se me cae el pelo.

-Vale, pues muy bien.

Entonces, si quieres, hacemos una cosa:

llamo al director del hospital, y que sea él el que te diga

que te pases por la consulta. ¿Te parece bien?

-Voy a buscar a un compañero que me cubra y voy. ¿Vale?

-Cinco minutos. -Sí.

-(Suspiro). Hola. -Hola.

-¿Qué tal estás? -Bien.

-Bueno, no sé, ¿cómo estás llevando lo de tu marido?

-Bueno, perder a un marido no es fácil.

Pero tú deberías saber lo que es eso, ¿no?

-¿Por qué?

-Lucía, tú eres psicóloga,

habrás visto a cientos de viudas antes que a mí.

De todas formas, todo tiene un punto positivo.

En momentos como este,

es cuando te das cuenta quién merece la pena y quién no.

-A ver, Charo, yo te quería pedir perdón por no haber ido al funeral.

Ramón y yo nos acabamos de separar y bueno... No me apetecía encontrármelo

-Así que el matrimonio perfecto, ¿no era tan perfecto?

-Bueno, yo no sé por qué dices matrimonio perfecto.

-Lucía, no te hagas la tonta.

Siempre nos haz juzgado como matrimonio.

Siempre mirándonos por encima del hombro a Beltrán y a mí,

cada vez que él y yo discutíamos.

Pero si hasta que conseguiste que Ramón,

uno de los mejores amigos de Beltrán, le diera la espalda.

Lucía, yo ya sabía que estabais separados.

Lo que pasa es que quería escucharlo de tu boca.

No sabes lo que disfruté al enterarme.

-¿Qué tal, todo bien? -Perfectamente.

-Sí, sí. Todo bien. -De acuerdo.

Pues ya puedes pasar para hacerte los análisis.

-Vale.

Llaman a la puerta

Amanda, pasa. -Tengo un minuto, Pepa. ¿Te importa?

Que me siento aquí mismo, ¿vale? -Como quieras.

A ver, he estado revisando los resultados de los análisis

con el doctor Mendieta.

Y tengo una noticia buena y otra mala.

La buena es que la crisis no te ha afectado a los riñones.

-Vale.

-Pero la mala es que tienes casi 400 de colesterol.

-¿Qué pasa, eso es mucho o...? -Eso es una barbaridad.

¿Qué pasa, que comes mal?

-A ver, yo intento prepararme los táperes, ¿vale?

Para traerlos al trabajo.

Pero reconozco que soy muy vaga y acabo comiendo todos los días,

pues ahí, de la máquina. -Pero si es que eso es verdad.

Yo te veo siempre con una bolsita, Amanda.

-Bueno, hija, tampoco se ha muerto nadie

por comerse una chocolatina, ¿no? -Bueno, Vale.

No te escapes, de verdad. Tienes un problema.

Tienes colesterol e hipertensión. Y eso es una bomba.

El colesterol del malo o LDL se encuentra principalmente

en los alimentos de origen animal, como por ejemplo las carnes rojas.

Pero también en la bollería industrial, en los embutidos,

en los quesos curados y en los lácteos no desnatados.

Este colesterol se deposita en los vasos sanguíneos

y puede comprometer el flujo normal de la sangre,

llegando a provocar incluso un infarto.

Siéntate, por favor. Que tengo que hablar contigo seriamente.

Mira, Amanda. Tengo que ser sincera.

Tienes muchas posibilidades de sufrir un infarto.

Te lo tienes que tomar en serio.

Tienes que tomarte en serio la dieta y la medicación.

-Mira, lo de las pastillas, vale.

Pero lo de la dieta va a ser muy difícil. A mí comer me calma.

-¿Cómo que te calma?

-A ver, Pepa, yo aquí estoy agobiada, ¿entiendes?

¡Yo he estado muchos años trabajando sola en un polígono industrial!

Venía mucha gente a robar, mi vida estaba llena de acción.

Pero es que aquí es todo muy calmado. La gente es muy educada,

no me dan problemas... Me aburro, me aburro.

-Pero mucho mejor que la gente sea calmada, ¿no?

-Que no, que no lo entiendes.

Que a mí esa calma es lo que me pone de los nervios.

Que sí, que es muy raro. Que es contradictorio. Pero yo soy así.

-Tengo ya los resultados, ¿eh?

Y nos confirman que sufres hipotiroidismo.

-¿Y eso qué quiere decir? -Consiste en que tu glándula tiroides

no suministra el nivel de hormona tiroidea que necesitas.

De ahí que tuvieras toda esta serie de síntomas,

como la sequedad en la boca, sequedad en los ojos...

La caída del pelo de la ceja...

Además de estos episodios de ambivalencia afectiva.

-¿A qué te refieres? -(Carraspea).

-¿No te ha ocurrido que de vez en cuando

odias y quieres al mismo tiempo y de una forma muy intensa?

Bueno, quédate tranquila

porque todo esto es resultado de los síntomas de la enfermedad.

Verás, vas a comenzar con un tratamiento.

Normalmente, el tratamiento hace que los niveles hormonales

se estabilicen, se controlen y entonces desaparezcan los síntomas.

En tu caso, vamos a empezar con levotiroxina,

es una medicación que vas a tener que tomar de por vida.

Eso sí, tendrás que venir a revisiones periódicas

para ir controlando las dosis. ¿De acuerdo?

En tu próxima visita, yo te voy a derivar ya al endocrino.

Porque yo, como ginecólogo, bueno, pues ya he hecho mucho

y poco más puedo hacer, Charo.

-Las farmacéuticas nos están envenenando

y los médicos no hacen nada. ¿Vale?

Aquí tienes la dirección de mi blog, por si quieres buscar información.

-Perdonad. Oye, perdona.

¿Se puede saber qué estás haciendo aquí otra vez?

-¿A ti qué te parece? -¿Cómo que a mí qué me parece?

¿Qué es esto? -Disculpa, Pepa. Disculpa, por favor.

Pero tío, de verdad. ¿Otra vez tú?

-¿Ya está aquí el perro de presa del hospital?

-Pero... -A ver, espera. Tranquila, Amanda.

Que quiero hablar con él. Ven aquí. Quiero hablar contigo.

Quiero hablar contigo. Tengo una propuesta que hacerte.

-Si estás intentando chantajearme para que deje de protestar,

no te va a funcionar. -Bueno, primero me escuchas,

y luego opinas. Ahora no puedo hablar.

¿Puedes venir a las diez y media al hospital?

-Venga, diez y media, vale. -A las diez y media.

-Lucía, acabo de tratar a Charo. -Tu amiga es insoportable.

-Lucía, por favor.

Tiene hipotiroidismo, y acaba de perder a su marido.

Así que me imagino que todo este tiempo

habrá sido difícil manejar toda esta situación emocional.

Además, me ha dicho que te pida disculpas.

-Te lo habrá dicho a ti.

Porque desde luego, dentro, es que me ha dicho de todo.

Y por cierto, ya sabe que estamos separados, ¿eh?

-Vale. -Vamos a ver,

¿tú por qué no has ido al funeral de Beltrán, que era tu amigo?

-(Suspira).

No sé. Porque no seríamos tan amigos

y habíamos pasado mucho tiempo sin vernos.

Además, a ti no te caían bien.

-¡Oye! ¿Qué me estás, echando a mí la culpa de no haber ido?

-No, no, no. No quiero decir eso. Ya sabes cómo dice el refrán:

"dos que duermen en el mismo colchón, acaban siendo de la misma condición".

Pues es un poco eso. Es... Es como tú y el café. Antes lo aborrecías.

Después de un tiempo conmigo, pues...

-Ramón. -¿Qué?

-No me vuelvas a pedir más favores, ¿vale?

-Mira, quería decirte que dentro de un rato he quedado con Gustavo.

-¿Qué? -El periodista que está husmeando

y que está repartiendo octavillas todo el rato.

-Ya. -Es que me estoy pensando seriamente

que quizá deberíamos contarle lo que estamos haciendo

y convertirle en nuestro aliado. -Pepa, no. ¡No puedes hacer eso!

¡No le puedes contar lo que estamos haciendo!

¡Vas a poner en peligro todo el trabajo que llevamos hecho!

-A ver, entiendo lo que quieres decir,

pero míralo desde este punto de vista.

Él es muy insistente. Está todo el rato pendiente de nosotros.

Va a llamar tanto la atención que, al final,

la farmacéutica se va a llevar el estudio a otro hospital.

Por favor, hablemos con él.

-Pepa, lo siento pero no creo que sea una buena idea. Es muy precipitado.

Además, ¿quién te dice que el tipo este

no es un desequilibrado que solo ve conspiraciones por todas partes?

Tenemos que saber bien quién es. Saber qué contactos tiene.

Hay que prepararlo muy bien, Pepa. Porque nos jugamos mucho en esto.

-Lo sé. No te preocupes.

Charo ha vuelto al hospital por un fuerte dolor

en las articulaciones de los brazos.

Pero solo se deja atender por el doctor Landó.

Es que ahora mismo está pasando consulta. Es...

-Me duelen muchísimo los brazos. Es urgente, de verdad.

-Ya, ya. Si quiere, le puede atender otro médico.

Yo puedo llamar a otro médico.

-Pero si es que no puedo ni sostener el bolso.

-¡Charo, Charo! Hola. ¿Qué pasa?

-Que me duelen muchísimo los brazos, Ramón. Muchísimo.

-Bien. Bueno, yo me ocupo. -Muy bien.

-¿Y dónde te duele, exactamente? -Todo, Ramón, todo.

¿No tendrá algo que ver el hipotiroidismo?

-No. No debería.

Además, estás con el tratamiento, y ya los síntomas tienen que remitir.

Bueno, verás. Ya que estás aquí,

te voy a hacer una radiografía de las articulaciones

para averiguar de dónde viene este dolor.

-Gracias, Ramón. -Venga, tranquila.

-Gracias. -¿Vale?

Existen muchas afecciones que pueden provocar el dolor articular,

que además es un dolor muy molesto.

Y, salvo que se trate de una artritis,

medidas como baños tibios, masajes, reposo y ejercicios de estiramiento,

pueden venir muy bien a aquellas personas que los padecen.

-Sigue el dedo con la mirada...

Bueno.

Es verdad que ha sido de los fuertes, ¿eh?

-Tengo un dolor de cabeza que no se lo deseo a nadie.

-Descríbeme ese dolor.

-Pues es por toda la cabeza,

más o menos, muy intenso, punzante, por diferentes zonas...

-Ya. Vamos a hacer una cosa. Voy a hacerte un electrocardiograma,

una placa de tórax y una analítica

para medir los niveles de fármaco en sangre.

Si con eso no conseguimos establecer una correlación

entre la administración del fármaco y tus síntomas,

creo que será mejor que lo paremos. No pienso seguir jugando con tu vida.

-Esa es una decisión que me corresponde a mí.

-No. Pepa, lo siento, pero yo sigo siendo el director en funciones

del hospital, y soy el director del estudio.

Y es mi decisión.

-Vale. Me parece muy bien que tú seas el director del hospital.

Pero soy yo la que he pasado por todo esto

y no pienso dejarlo a la mitad. Quiero seguir. Es importante para mí.

-Me preocupas, ¿vale? -Lo sé.

Pero tenemos que esperar a los resultados de los análisis.

Yo creo que no deberíamos parar hasta demostrar

que el uso del medicamento es peligroso.

Y he quedado con Gustavo.

-Pepa, creo que deberías aplazarlo. ¿De acuerdo?

Al menos, hasta que sepamos cuál es el siguiente paso que queremos dar.

-Voy a ir a hacerme las pruebas,

y después voy a ir a hablar con Gustavo.

-Me gustaría poder hacerte cambiar de idea, pero...

-Confía en mí.

-¡Suena fatal esa tos! ¿Verdad? -No, tranquila.

-Pero que te tienen que mirar, que para eso estamos en un hospital.

-De verdad que no, que estoy bien. -Bueno, de verdad.

En casa del herrero, cuchillo de palo.

-Me voy a Triaje. -¡Ay, Dios mío!

-Lucía. ¿Puedo hablar contigo un momento?

-Eh, sí. Dime.

-Nada, me acaban de hacer una radiografía,

pero yo creo que mi problema no es ese.

Necesito llorar la muerte de Beltrán. Lo necesito y lo he intentado.

Pero es que no lo consigo. ¿Qué pasa, es que no tengo sentimientos?

-No. No creo que sea eso.

-Yo sé que Beltrán podía ser muy desagradable y..., pero yo le quería.

No sé... Ya no sé nada. -Yo no dudaría de eso.

-Entonces, ¿por qué no he derramado ni una sola lágrima?

-Bueno, en el duelo hay unas fases,

y hay personas que tardan más en superar unas que otras.

En fin, como decía una profesora mía, al final todos acabamos llorando

a no ser que tengamos un... -¿Qué pasa?

-Acompáñame un momento, por favor.

-¿Y bien?

-Estás consiguiendo justo lo contrario de lo que pretendes.

-No estoy para nada de acuerdo contigo.

-¡No tienes ningún dato! Y estás haciendo tanto ruido

que estás levantando la liebre con la farmacéutica.

-Es que eso es lo que quiero.

Que la farmacéutica sepa que van a ser descubiertos.

-¿Y cómo sé yo que tú no vienes de la farmacéutica?

-Este es el dosier con los informes del caso de mi padre.

-Mi padre sufría una enfermedad de estas catalogadas como raras

y, bueno, estaba desahuciado por los médicos.

Y se decidió a probar unos de estos tratamientos superinnovadores,

y, al poco tiempo pues... Murió, entubado hasta las cejas

y con una agonía horrible, horrible.

Y todo por las porquerías que la farmacéutica le metió en el cuerpo.

-Siento mucho lo que pasó con tu padre.

-Aunque no se hubiera sometido al tratamiento, hubiera muerto igual.

Pero, al menos, no habría sufrido todo lo que sufrió.

Estoy dispuesto a ir a por ellos aunque sea lo último que haga.

-Te entiendo. Pero, por favor, espera.

Tenemos que colaborar en esto. -¿Qué propones?

-Que canceles el blog, que canceles todo de momento, perfil bajo.

-¿Y cómo sé que no eres tú la enviada de la farmacéutica,

que me quiere retener hasta que salga el medicamento?

-Porque yo estoy tomando ese medicamento.

Tengo esclerosis múltiple.

Mi implicación es personal.

-¿Se puede?

Vamos a ver, ¿lo que tiene Charo puede ser síndrome de Sjögren?

-¿Cómo? -Tiene sequedad en los ojos,

está todo el día con la botellita, le duelen las articulaciones...

-Podría ser, sí.

Bueno, voy a llamar al oftalmólogo para que le haga la prueba de Sjögren

El examen de Sjögren es una prueba que determina si el ojo segrega

la cantidad de lágrimas suficiente para mantenerlo húmedo.

Se realiza colocando la punta de una tira de papel especial

en el párpado inferior de cada ojo.

Se cierran durante cinco minutos y se retira el papel

para medir lo húmedo que está.

Un resultado de 10 milímetros de humedad o más,

sería lo normal en una persona sana.

En el caso de Charo, sus resultados nos dan 3 milímetros.

-Ven. ¡Ven aquí! A ver, explícame eso.

Repítemelo, lo del perro de presa.

-Vale, perdona por lo del perro de presa, ¿vale?

Tranquilízate, que no es lo que parece.

-Mira, te voy a pegar tal patada en el culo

que no vas a volver a este hospital. ¿Me has entendido? Venga.

-No me toques. -Que salgas, ¡coño!

¡Ah, ah! ¡Ay! -¿Qué pasa?

-Se ha caído delante de mí. Yo no he hecho nada.

-El brazo. Me duele mucho el brazo, el brazo...

-¡Celador! Puede ser un infarto. ¡Vamos, rápido!

-¡Ah! -Arriba, vamos. Vamos, venga.

-¡Ah!

-Está en fibrilación ventricular. Hay que usar las palas.

-Vamos, rápido. Ambú.

-Venga, venga, arriba. ¡Fuera! Vale.

Venga, venga, venga, venga. Segundo choque. ¡Fuera!

Venga, venga.

(Suspiro).

-Bueno, Charo.

Pues como efectivamente apuntaba Lucía,

tienes la enfermedad de Sjögren, ¿eh? Te explico.

Es un trastorno autoinmunitario que lo que produce es la destrucción

de las glándulas lagrimales y la saliva.

De ahí que tuvieras la sequedad en los ojos, la sequedad en la boca...

Voy a pedir un estudio de anticuerpos para confirmarlo,

pero, no obstante, mientras, pues vas a seguir utilizando

las lágrimas artificiales, sigue bebiendo mucha agua,

para mantenerte hidratada, también puedes tomar caramelos sin azúcar

para estimular la producción de saliva,

y te voy a recetar analgésicos y corticoides para el dolor.

¿De acuerdo?

-¿Así que de verdad no podía llorar?

Yo que me creía la persona más horrible del mundo...

-Pues parece que no es eso...

Amanda, la agente de seguridad

que sufrió una parada cardiorrespiratoria,

se recupera gracias a la intervención del doctor Mendieta.

Estoy hecha polvo, Pepa. No he seguido tus recomendaciones.

He fumado, sigo comiendo mal... Soy una paciente malísima.

Ni siquiera me he tomado la medicación.

-¿Cómo que no te has tomado la medicación?

Pero eso sí que no lo entiendo. -Que lo sé.

Es que nunca me han gustado las pastillas.

-Bueno, Amanda.

Si no te has tomado la medicación, no me extraña que te haya pasado esto.

Tienes que cambiar tus hábitos. De verdad, no puedes seguir así.

Lo que te ha pasado está muy relacionado con tu hipertensión

y con tu colesterol.

Y hay una cosa más que te quería decir.

Yo creo que necesitas apoyo psicológico.

Es evidente que no te estás adaptando bien al puesto de trabajo.

Y te vendría muy bien hablar con la psicóloga.

-¿Con Lucía? -Pues sí, con Lucía.

-Pepa, ¿qué voy a hacer? -Pues mira, tal como yo lo veo,

tienes dos opciones: o te vuelves a tu antiguo puesto de trabajo,

al polígono, a sacar la porra todos los días y todo eso,

o reconduces tus hábitos, te tomas las pastillas

y haces el tratamiento psicológico.

-Nunca me he preocupado por mí, ¿sabes?

No sé si voy a ser capaz de hacerlo. -Seguro que sí.

¿Sabes qué te digo? Te entiendo muy bien.

Yo debería estar en mi casa cuidando de mi esclerosis,

y mira, trabajando. -¿Por qué te interesas por mí?

-Porque me caes muy bien. Y haces muy bien tu trabajo.

¿Y sabes cuánto tiempo llevo pidiendo alguien de Seguridad?

-Gracias, Pepa, de verdad.

Mira, la verdad es que estoy tan acostumbrada a importarle un pito

a todo el mundo, que de pronto que, que Pepa... Bueno, y Mendieta, ¿eh?

Se preocupen por mí, es agradable. Me hace sentir bien.

Así que me lo voy a tomar en serio, voy a ir al psicólogo

y voy a empezar a cuidarme, que falta me hace.

Muchas gracias por todo, Ramón.

Y pídele disculpas a Lucía de mi parte.

La verdad es que he metido la pata con ella hasta el fondo.

¿Quién lo iba a decir?

Nadie daba un duro por mi matrimonio,

vosotros que parecíais la pareja perfecta. ¿Qué ha pasado?

-Cosas que pasan. -Bueno.

-Cuídate. -Tú también.

-Toma. ¿Y tú qué? ¿Has pedido ya cita para el médico?

-Todavía no. -Yo también se lo he dicho.

-¡Ayyyy! ¡Madre mía!

-Lucía. Has estado brillante con el diagnóstico, ¿m?

De aquí a internista un paso. -Bueno, yo no quiero ser internista.

Además, tampoco me gusta que me hagas la pelota.

Ha sido un golpe de suerte y ya está.

-Las personas brillantes, tienen golpes de suerte.

-Mira te pido, por favor, que no seas condescendiente conmigo.

Porque últimamente ya no somos ni amigos.

-Ya. Bueno, ya sé que no somos amigos.

Pero tú sigues siendo la madre de mis hijos.

Mira, yo qué sé, hemos pasado muchos años juntos, trabajamos juntos

y a veces cuesta el distanciamiento.

-Pues fíjate, a mí me pasa justo al contrario.

Cada vez que te veo, te conozco menos.

Es que de verdad, que nunca me hubiera imaginado

que no fueras al funeral de tu amigo. ¿Qué te ha pasado, Ramón?

En serio te lo digo. ¿Quién eres?

-¿Puedo? -Adelante.

Tengo aquí los resultados de tus últimos análisis.

-¿Y?

-Los tenemos. Lo hemos conseguido.

Estos datos no dejan ningún lugar a dudas.

Tus síntomas son efectos secundarios del fármaco.

-¿Y ahora qué?

-Ahora tenemos que difundir esto como Dios manda.

Tenemos que hacer mucho ruido

porque, si no, la farmacéutica nos va a silenciar.

-Vale. Sé cómo hacerlo.

Gustavo, tengo una cosa para ti.

Vamos a por ellos.

-¿Está bien? -Está helado.

Avisa a un celador que traigan una manta y una camilla, ¡rápido!

-Cuando me he despertado... ¡Pff! Estaba fatal.

Sobre todo las manos me las sentía como..., como muertas, ¿sabe?

-¿Ha tomado algún tipo de sustancia estupefaciente?

-A ver, un cubatilla, ¿no? Pero vamos, como todo el mundo.

-¿Cómo es posible que no vieras en la ecodoppler

la evidente falta de fluido sanguíneo?

-No, no sé cómo ha podido empeorar tanto en tan poco tiempo.

-Es evidente que me equivoqué contigo

y no eres un médico con todas las letras.

-¿Me vas a contar qué te metes?

-Algún cubata de vez en cuando, pero ya está.

-No te tiras dos días despierto a base de cubatas.

Y es imposible que una mano degenere tan rápido.

-¿Tú qué eres? ¿Médico o policía?

-Mil gracias por quedarte con él, de verdad.

-Nada. Si es un amor.

(Tos).

De pequeña tuve un fibroma en el mediastino.

-¿Cómo? -Bueno, tenía cinco años,

y me operaron...

Y estuve con quimio hasta los diez años

y en seguimiento hasta los 18.

Me he pasado la vida entre hospitales.

De hecho, creo que he pasado más tiempo en uno que en el colegio.

-No quiero preocuparte, ¿vale?

Pero hemos encontrado que tienes una masa en la zona del mediastino.

-¿Estás bien? -Mhm.

(Arcadas).

-¿Se va a morir como mamá?

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Centro médico - 08/03/17 (2)

08 mar 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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  1. Ana

    X fin hablan d mi síndrome un pokito básico, espero haya más y un poco más extendido

    09 mar 2017