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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 07/11/18 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-Hola. -Hola.

Creo que te debo una disculpa, -No te preocupes.

-Ya me contó mi hija el numerito que monté.

-No pasa nada.

Los delirios que tuviste son propios de la fiebre alta.

Que por cierto, ¿y Alejandra?

-Pues creo que está en la garita, con las enfermeras.

Sí, se queda aquí dos días más y se hace la jefa.

-Pues me alegro que el tour que le di por el hospital haya servido de algo.

-Sí. -Ya tengo los resultados de las pruebas.

-¿Ya sabemos por qué se me fue la cabeza como se me fue?

No te pediré matrimonio otra vez, ¿no? -No. -Vale, vale.

-Has dado positivo para el tifus. -¿Tifus? ¿Eso existe todavía?

-Sí, por desgracia sí. -¡Madre mía! ¡Tifus!

Pero eso es muy peligroso, ¿no?

-A ver, puede llegar a serlo, pero como te dimos antibióticos

antes de tener los resultados por eso te encuentras un poco mejor.

-Sí, la verdad es que ahora estoy menos cansado

y no tengo la cabeza tan para allá. -Eso es muy buena señal.

Eso es que vamos bien con el tratamiento.

-¿Pero dónde he cogido yo el tifus ese?

Si lo más lejos que he salido este año ha sido centro comercial.

-Pues lo más probable es que te lo haya pegado Gustavo, tu mascota.

-¿Gustavo? ¿Gustavo? Pero si ese animal vive como un...

Se ducho más veces que yo a la semana.

-Ya, ya. Pero me dijo Alejandra que es un kinkajú,

que es un mamífero propio de la zona selvática de Centroamérica

y allí el tifus tiene más incidencia.

-¡Madre mía! Joder, la madre que parió al bicho.

Pues nada, a partir de ahora se acabaron los besos en los morros.

Un apretón de manos si acaso y mucho es.

-Creo que no me has entendido.

-Sí, sí te he entendido. Te he entendido perfectamente.

Pero pretendía bromear un poco.

Porque a Alejandra no le va a gustar nada lo que le va a pasar al animal.

Y tú y yo sabemos cuál va a ser su final, ¿verdad?

-Sí. Hay que sacrificarlo. -Estaba cantado.

Pues si matan a ese animal, el siguiente voy a ser yo.

Porque mi hija me va a matar a mí.

¿Te puedo hacer una pregunta de padre desesperado?

-Claro. -¿No hay otras opciones?

¿Un veterinario? ¿Una vacuna? Algo...

-Desgraciadamente, ya es muy tarde para eso.

y de todas formas es que, en estos casos,

hay que seguir escrupulosamente el protocolo.

-Pues a ver como se lo explico yo a ella

que por lo único que consiente venir a casa es para verlo a él.

-Yo sé que no va a ser fácil,

pero todo esto se podría haber evitado si hubieras cogido un animal

con todas las garantías sanitarias

y no un animal que nunca tendría que haber salido de su hábitat.

-Mira, lo que te voy a decir me coloca a mí como un mal padre,

pero... Pero si pierdo a ese dicho, perderé también a mi hija.

(Música triste)

Es patético, lo sé.

Pero ahora mismo mi hija Alejandra quiere mucho más al animalucho ese

que a su propio padre.

Ya sé que el hecho de que su madre y yo nos separáramos de malas influye.

Pero bueno, espero que cuando crezca,

y vea que ninguna mascota le va a dar 50 E para salir con las amigas,

pues cambie, Pero hasta entonces es lo que hay.

¿Por qué no le compraría yo un perro como todo el mundo?

La culpa la tiene la Paris Hilton esa,

que hizo famosa una mascota de estas haciéndose fotos y demás.

(Música)

-Mira, ven. Ven a ver esto.

-¡Eres tú!

-Que esté hecho un viejo achacoso no quiere decir que no haya sido joven.

La encontré en el fondo de la cartera.

-¿Qué edad tenías aquí? -Pues... Alrededor de 30.

No sé ni dónde me la hice.

¿Qué pasa?

-Nada. Nada, nada.

Quería decirte que si no vas a iniciar la quimioterapia,

entonces nosotros no tenemos mucho más que hacer, Imanol.

-Ya. Entiendo. -Tienes que dejar el hospital.

-Eso haré. Te dejaré descansar.

Yo también dentro de muy poco, también descansaré.

-Quería asegurarme de que lo has entendido todo bien.

Que la quimioterapia es tu última alternativa

para intentar vivir poco más.

Si la rechazas, tu esperanza de vida es corta. Muy corta.

Puede que te queden unas pocas semanas.

-Ya lo sé, ya lo sé, querida. Pero es que yo ya...

¿Tú quieres que siga el tratamiento? No te lo pregunto como médico.

¿Tú quieres que lo siga?

-Me gustaría que lo intentaras, sí.

-Gracias. Gracias por darme esto. -¿Lo vas a hacer?

-Te debo tantas cosas. Pídeme lo que quieras. Me pongo en tus manos.

-Estupendo. -Toma. -No, no.

-Mujer, cógela. Que no te pido que le pongas un marco. Anda, llévatela.

-Muy guapo.

(Música)

Hace tiempo que debería haber hecho esto. ¡Hace tanto tiempo!

-¿Cómo estás? -¿Has visto a Manuel? ¿Dónde se ha metido?

-Solo de pensar que no te ibas a despertar me estaba volviendo loco.

-¿Pero qué está pasando? ¿Dónde está Manuel?

-Se lo ha llevado la policía.

-¿Qué? ¿Pero por qué?

-Le han acusado de malos tratos contra ti.

-No, no puede ser.

-Sí. Ana, tranquila, yo no sé si tú te acuerdas de lo que pasó.

-Claro que me acuerdo. Me acuerdo de todo.

-Vale, pues entonces ya sabes por qué le acusan.

-Pero no le pueden acusar de nada. Él no hecho nada.

No tiene la culpa de nada. -Vale, vale.

Por eso mismo, hay que hablar con la policía cuanto antes, Ana.

-David, ni se te ocurra decir nada. No podemos decir la verdad.

-¿Entonces qué hacemos? -Pues no lo sé. No lo sé.

Tiene que haber otra solución.

-¿Tú sabes por el calvario que está pasando Manuel ahora?

-Peor lo pasará si se entera de que su mujer le está engañando

con su hermano. -Joder, Ana.

-Que no, que no. Ni los sueñes.

-Les voy a decir que no tiene nada que ver con todo esto y ya está.

-Ana, eso no va a ser suficiente

porque todas las pruebas apuntan a él.

La policía se va a creer que le estás encubriendo por miedo

o por coacción y no le van a dejar irse de rositas.

-David, yo le quiero.

No le voy a hacer más daño del que ya le he hecho.

-¿Y tú qué te crees? ¿ Que yo no le quiero o qué?

Por eso mismo tenemos que parar esto y dar la cara, Ana.

-Mira, igual a ti te da igual perder a tu hermano,

pero a mí no me da igual perder a mi marido.

-Un poco tarde para eso, ¿no crees?

A lo mejor tendríamos que haberlo pensado un poquito antes.

-¿A dónde vas?

-Pues a intentar arreglar este desastre, Ana.

Que yo no quiero que Manuel duerma esta noche en la cárcel

por nuestra culpa. -David, no lo hagas.

Dame un poco de tiempo para pensar. Por favor.

(Música)

-Mi cuñada y yo somos amantes desde hace tiempo.

Y la otra noche, en la cama, probamos algo nuevo.

"Asfixia sexual" le llaman. Y se nos fue un poco de las manos.

-No te lo estarás inventando, ¿no? -No, hija, no.

Lo que tengo se llama así, tifus.

-Nunca había oído hablar de esa enfermedad.

-Es una enfermedad contagiosa, muy rara en España,

y mira por dónde, me ha tocado mí.

-Entonces, ¿quién te lo ha contagiado?

-Pues a eso iba. Resulta que Gustavo también está malito,

con la misma enfermedad. -¿Te lo ha contagiado él?

-Eso dicen los médicos. -Y... Pero ¿entonces?

-Vamos a sentarnos.

-¿Qué le va a pasar a Gustavo?

-A Gustavo lo van a... Lo van a curar como me han curado a mí.

Pero tenemos que darnos mucha prisa

porque si no puede contagiar a otras personas.

-Entonces, ¿solo hay que llevarlo al veterinario?

-No exactamente así. Tienen que venir unos señores que son especialistas...

No tengo 6 años.

-Lo siento, hija. Tienes razón. Lo van a sacrificar. -¿Qué?

-No hay más remedio, Alejandra. -No, no, no. ¡No lo van a sacrificar!

-Alejandra, por favor. ¡Alejandra, ven aquí!

-Perdone, por favor, ¿puede hablar más bajo?

Estamos en un hospital, no en la lonja del pescado.

-Lo siento, es mi hija.

Es muy peligroso... Gustavo la puede contagiar.

-Pero vamos a ver ¿quién es Gustavo? -La mascota. Un kinkajú.

-¿Kinka...qué? A ver, dígame en qué habitación está, por favor,

que le acompaño, ¿vale?

-Avise a la doctora, por favor. Es muy urgente.

-¿A qué doctora? -A la doctora Jiménez.

-Vale, respira tranquilo.

-Avisa a la doctora Jiménez, por favor. Rápido.

(Música)

Hola.¡Hombre, Landó! ¿Qué tal? -Bien.

-¿Cómo te trata la vida?

-Casi hablamos de ti, porque lo mío ya no tiene arreglo.

-Bueno, tampoco te creas.

Que igual ahora tú y yo jugamos en la misma liga.

¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Que hay problemas en el paraíso del soltero de oro?

-Muy buenas. ¿Qué vas a tomar? Un café solo. Para llevar, Rafa.

-¿Te pongo un croissant, unas porritas, algo...?

Magdalenas, tengo magdalenas. Eh, no, Rafa, gracias. Solo el café.

-Escucha, que no te voy a aburrir con mis tonterías ahora mismo,

que es tu descanso y lo respeto. -Vale. Como quieras, tú mandas.

¿Todo bien con la vasodilatación?

-¿Esto qué es? ¿Una especie de bromita de Landó? ¿Cómo...?

Que no. Solo quería saber que todo iba bien.

-Pues mira, todo, todo no. Pero ese problema, resuelto, ¿eh?

Pero bien resuelto, ¿eh? Me alegro. Me alegro.

-Lo que pasa es que ahora me gusta mucho una chica

y quiero quedar con ella.

Y resulta que ella también quiere quedar conmigo.

Pues está ahí todo bien, ¿no?

-Sí. Espera, ahora es cuando me llamas inmaduro, irresponsable y,

seguramente, idiota.

Porque... A ver, que resulta que me he liado con su mejor amiga.

Y ya van dos veces que le digo que no.

Espera, espera. ¿A quién le dices que no?

¿A la amiga o a la chica que te gusta?

-No, hombre, no. A la que me gusta.

O sea,que definitivamente eres un idiota, un irresponsable

y un inmaduro, pero por partida doble.

-Ya, pero por partida doble estoy hundido en la miseria.

Así que tampoco hace falta que me hundas más.

Jo, es que no sé qué decirte, de verdad.

¿Y tú crees que necesitas consejo?

-¿Pero tú me has visto? ¿Tú crees que no necesito consejo?

Daca, tú mira en tu interior que seguro que encuentras la respuesta.

-¿En mi interior? ¡Claro, hombre!

¡Un cafecito para llevar! Venga, dime qué te debo.

-¿Vas a pagar con tarjeta o en efectivo?

-Yo me encargo. Ya pago. -¿Vas a pagar tú? -Sí.

-¡Uy! Qué raro. -¿Qué raro?

No le des más vueltas.

-No le pido consejo nunca más al Yoda del hospital, vaya.

Para mí que Daca se equivoca, pero quién soy yo para dar consejos.

Y más ahora, que llevo todo el día con taquicardia

pensando que luego he quedado con Lucía.

Lucía, Lucía Velázquez.

La mujer con la que he estado casado 20 años, de la que me separé,

le engañé con otra, luego nos volvimos a juntar,

acabamos divorciándonos.

En fin, una locura, ¿no? Pero supongo que así son las cosas.

(Música)

-David. -Hola, doctora.

-La enfermera me dijo que fuiste a ver a Ana.

-Sí, hace un rato. Ella está fuera de peligro, ¿no?

-Sí, sí. Está un poco desorientada, pero se pondrá bien.

¿Te dijo si recordaba algo de lo que pasó antes de irse a dormir?

Porque, bueno..., cuando llegó la ambulancia

Manuel dijo que habían discutido.

-Nada, no recuerda nada. Tiene muchas lagunas de memoria.

-Ya, bueno, eso es normal.

Y también es normal que vaya recuperando la memoria

a medida que pasan las horas.

-Ojalá. Porque es muy injusto

que mi hermano esté pasando el infierno que está pasando.

-Ya. También tengo noticias sobre eso.

-¿Cómo está? ¿Le han dejado libre?

-No. Está de camino al juzgado de guardia.

-O sea, que siguen empeñados en convertirle en culpable

por algo que no ha hecho. (IRÓNICO) Muy bien.

-Es que la declaración de Ana sería fundamental.

Esas lagunas de memoria no benefician en nada a tu hermano.

-Es todo muy injusto. -Ya, sé que es difícil asimilarlo,

pero es que todos los indicios apuntan en la misma dirección, David.

La discusión, las marcas internas en el cuello,

el hecho de que estuviesen los dos solos cuando llegó la ambulancia...

-Vale, tú misma lo has dicho. Indicios, son indicios,

pero es que a mi hermano Manuel ya se le está juzgando

y como no hagamos nada, también se le va a condenar.

-No, a tu hermano no se le va a culpar si no hay pruebas.

Pero piensa por un momento que fue él el que la estranguló.

¿No sería igual de injusto que no le castigasen por algo tan atroz?

-A ver, ¡que él no ha hecho nada, cojones!

No sé por qué no lo entendéis. Manuel es inocente.

-A ver, David, tranquilízate.

Yo entiendo que es tu hermano, pero es que no puedes estar seguro.

-¡Que no ha sido él y punto! -¿Entonces quién?

-¡Pues yo! Yo.

A ver, llevamos años acostándonos.

Todo empezó como un tonteo y acabó... Pues ha acabado como acabado...

-David, ¿eres consciente de que tengo que dar parte a la policía?

-Si no les llamas tú les voy a llamar yo.

Manuel es inocente.

Yo te digo que he sido yo. Bueno, los dos.

Estábamos jugando y... -¿Jugando?

-Sí, jugando a...asfixiarnos el uno al otro y se nos puede las manos.

-¿Sabes lo que tienes que hacer ahora, verdad?

-Sí, lo sé.

-Ana sufrió un accidente isquémico transitorio

a causa del estrangulamiento.

Eso provocó un trombo en la carótida que tiempo después se desprendió

y bloqueó el riego sanguíneo.

Lo que provocó que perdiese la consciencia.

Cuando ese bloqueo dura poco tiempo,

normalmente la recuperación es completa.

Pero sí que es normal que tarde varias horas o días.

(Música)

-Así que estás aquí.

-Tampoco hacía falta ser muy lista para adivinarlo.

-Tú tampoco has estado muy hábil que digamos.

-Ya, bueno. Salí corriendo.

Pero vamos, que no me pienso mover de aquí.

-Bueno, pues ya somos dos.

-No pienso dejar que se lleven a Gustavo, ¿eh?

Y mucho menos que lo maten.

-A ver, Alejandra, nadie quiere hacerle daño a Gustavo.

Pero eso lo tendrán que decidir

las personas que vienen a hacerle las pruebas pertinentes.

-¿Y si dejáis de tratarme como una niña?

Gustavo no está enfermo. Si no, no estaría jugando siempre conmigo.

-Bueno, a lo mejor tienes razón.

A lo mejor Gustavo no está enfermo,

pero lo que es evidente

es que puede contagiar de muchas enfermedades a muchas personas.

-Pero si mi padre nunca trae a nadie.

-¿Y tú? ¿No tienes miedo de contagiarte?

-¡Pues no! Me lleváis al hospital y se me cura, como a mi padre, ¿no?

Este que si lo llego a saber, no digo nada de Gustavo.

-Vale, Alejandra. Me has convencido. Voy a tratarte como una adulta.

Imagínate que no nos dices nada sobre Gustavo,

¿sabes lo que le hubiera pasado a tu padre?

Que no le hubiéramos podido salvar, Alejandra.

¿Tienes hermanos o primos?

-Sí, un hermanastro pequeño.

-¿Cómo se llama? -Alberto.

-Vale, pues imagínate que Alberto tiene muchas ganas de verte

y va de visita a casa de tu padre.

Os ponéis a jugar con Gustavo y se contagia.

¿Sabes lo que le podría pasar a tu hermanito?- Sí.

-Alejandra, el tifus es una enfermedad muy grave.

Y ser adulto pues...

a veces, conlleva cosas como tomar decisiones muy difíciles,

pero muy necesarias.

Como sacrificar a Gustavo en este caso.

Lo entiendes, ¿verdad?

¿A que lo entiendes?

-No. Pero no puedo hacer nada. -No. No puedes hacer nada.

(Música)

-¡Eh! ¿Todavía aquí?

-Sí, para que luego no te creas que trabajo más que tú.

-¿Qué fue? ¿Un cambio de turno? -Eso es. Devolviendo favores.

-Oye, ¿tú viste mi cacao de labios? -No. Bueno, sí, está en casa.

Es que se me olvidó devolvértelo.

-Como siempre que me coges cosas de la taquilla, Esther.

-Lo siento. Ya, es que fue una emergencia, ¿sabes? Fue un DEFCON 2.

-Ya, un DEFCON 2...

-De verdad, que lo siento. -Ya, es que siempre estamos igual.

-¡Uy! ¡Uy! Que me da a mí que tu mala leche no tiene nada que ver conmigo.

A ver, ¿qué pasa? ¿Qué has vuelto a hablar con tu ex o qué?

-Sí, hombre. Pero mira, ese por lo menos, me llama de vez en cuando.

-¿Y quién es el imbécil que no le hace caso a mi reina?

-Pues tú lo dijiste: un imbécil.

-¿Y qué le pasa? ¿Que no tiene ojos en la cara o qué?

-Nos liamos hace días y desde entonces, mucho jiji jaja,

quedamos, quedamos, pero al final, todo son largas, tía.

-¡Oh! Qué pereza, los hombres.

¿Y no será... no sé, que tiene algo que le agobia,

como por ejemplo, una mujer y veinte hijos?

-Soltero. Confirmado.

-¿En serio? Te has informado... Eso es que te gusta de verdad.

Te gusta. ¡Ja! ¿Pero tanto como para aguantar su indiferencia?

-Un poco. -¿Nivel?

- DEFCON 4... No. 3.

-¿Y quién es? ¿Le conozco?

-Es del hospital. -¡Uf! De momento todo va mal.

-Oye, que no salga de aquí. -Si este es el problema.

Que no salimos de aquí

y por eso acabamos enrollándonos entre nosotros.

Yo estoy igual que tú. -¿Tú? ¿Con uno del hospital?

A ver si es el mismo... -Sí, pero que no. Eso hoy va de ti.

Anda, suelta... ¿Quién es?

Seguro que es un médico,

porque vosotros con esos sois super tiquismiquis

-Dacaret. -¡Sí, hombre!

-Pero... ¡eh! No te escaquees. ¿Con quién estás tonteando tú? ¿Eh?

-¿Estás con Dacaret? -¿Tú?

-No, no. Yo es que...

Con uno de Urgencias que es un pesado,

y todo el día me está mandando mensajes

y quiere quedar conmigo...

-¿Y? -Y nada. Nada, que no me interesa.

Que a mí los conductores de ambulancia no me gustan.

Y ya está. -Muy bien. Nos vemos en casa.

Y allí no te escapas.

-Ya. -Chao. -Chao.

¿En serio? De todos los hombres de este hospital,

¿nos hemos ido a fijar en el mismo?

Es que... No sé por qué no le he dicho nada...,

pero es que me he quedado bloqueada. No me lo esperaba.

A ver, es que yo me lo paso muy bien con Dacaret

y parece que él conmigo también.

Pero, claro, ¿y si a ella le gusta de verdad?

No sé, eso lo cambia todo, ¿no? ¿Qué hago?

(Música)

-Quiero una explicación. No que me pidas perdón. ¡Que me lo expliques!

¿Tú has pensado en mis padres? O en los tuyos. ¿Qué les digo yo ahora?

No, no me toques. ¡Que no, que no me toques!

Pero escúchame bien. No te conozco, ¿vale? Yo no sé quién eres.

-Manuel, Manuel...

(Música dramática)

(Llaman a la puerta)

-¡Menudo despacho que te han montado!

-¡¿Pero qué haces aquí?!

-Hay que subir muy arriba para dar contigo, ¿eh?

-Pero ¿por qué no me has dicho que venías?

-Es que ha sido todo muy improvisado. Me ha traído Julián, el de la era.

Tenía que ver a un cliente y me he colado en su coche, de paquete.

-Qué sorpresa. Estás bien, ¿no?

-Sí, sí. Está todo el mundo muy bien.

Del pueblo te mandan muchos recuerdos.

Y te he traído un poco de queso. -¡¡Ah!!

-Pero con las prisas, se me ha olvidado en el coche.

-Bueno, pues luego lo subes. -Claro, niña.

-Oye, ¿hasta cuándo te quedas? Cenamos hoy juntos, ¿no?

-¡Pero qué más quisiera yo! Ya sabes cómo es Julián:

lleva siempre un petardo en el culo.

Antes de dos horas me está llamando para que nos volvamos otra vez.

-Bueno, pues bajamos a la cafetería

y tomamos un café y nos ponemos al día, ¿eh?

-Ángela, la verdad es que he venido porque tengo que hablar contigo.

Y he pensado que sería mejor en persona.

-¿Seguro que no pasa nada? Venga, siéntate.

-Pasar, pasar... La verdad es que sí pasa.

Estoy muy preocupado por ti. -¿Por mí?

-Últimamente me estás preguntando mucho por tu padre.

Y quiero saber por qué. -Es eso.

-Quiero saber por qué de repente te ha dado por remover el pasado.

-No, no soy yo quién lo remueve, no.

El tema es que hace unas semanas apareció un hombre por el hospital

diciendo ser mi padre.

-¿Y por qué no me has dicho nada?

-Bueno, pues porque no quería preocuparte, tío.

El problema es que empiezo a dudar si dice la verdad o no, ¿sabes?

-¿Pero cómo vas a creer lo que te diga un loco?

-Es que no parece estar loco. No sé.

Las cosas que me dice, cómo me las dice.

-Ángela, por favor, te pido que entres en razón.

Tu padre, tu padre biológico murió hace 40 años.

Y si ahora aparece un chalado contándote esta historia,

lo que tienes que hacer es quitárselo de encima.

Porque esto es una locura.

-¿Pero por qué se iba a inventar que es mi padre? ¿Qué gana con eso?

No entiendo.

-Estafarte. Querrá quedarse con las tierras de la familia.

Sabes que las van a recalificar como suelo urbano, ¿no? Ya ves.

Lo que antes no valía ni para que pastaran en las vacas,

ahora va a valer un dineral.

Y en el pueblo la gente ya está empezando a murmurar.

-Tío, ese hombre se va a morir. -¿Y?

-Pues que le queda muy pocas semanas de vida.

¿Para qué va a querer ese dinero? Si no lo puede usar.

-¡Qué sé yo para que lo va a querer! Tendrá hijos.

Y querrá dejarles una herencia.

Y por eso anda buscando una incauta que caiga en su trampa.

Vamos a ver, Ángela, ese tío o es un loco o es un estafador.

O lo uno o lo otro. No hay más posibilidades.

A tu padre lo enterré yo.

¿Entiendes lo que te estoy diciendo? Lo enterramos tu madre y yo.

Por favor, Ángela, te pido que pongas fin a esta locura,

por el amor de Dios.

-Hola.

-Después de 20 años sigues llegando tarde a una cita.

-Hay que respetar los clásicos, ¿no? -Buena frase. ¿De quién es?

-Tuya. -Touché.

-¿Qué tal Bea? ¿Bien? -Sobreviviendo. ¡Berta!

-¿Qué? -¡Hola!

-¡Hola! ¿Pero qué haces aquí? -Pues darte una sorpresa.

-Hola, Lucía. -¡Hola! ¿Qué tal?

Me alegro de verte, cariño. -Y yo.

-¿Pero cómo es esto? ¿Te han dejado salir?

Porque sabrán que estas aquí, ¿no? -Sí, claro.

Esta tarde me han dado la pulsera de la felicidad.

He pasado del azul al amarillo.

Así que ahora acostúmbrate a verme por casa los fines de semana.

-Pues enhorabuena, me alegro mucho.

-Gracias. Sí, ha sido un premio por llevar tan bien el tratamiento.

¿Qué pasa? No pareces contento, ¿no?

-Sí, sí que lo estoy. Lo que pasa es que no me esperaba esto.

-Tenía tantas ganas de verte, de verdad.

He estado contigo y con la niña. -Bueno, yo me marcho.

Que lo pases muy bien este fin de semana, ¿vale? Nos vemos el lunes.

-Adiós, Lucía. Bueno, ¿qué? ¿Nos vamos para casa?

Estoy deseando ver a la chica. -Sí, sí. El maletín...

-Venga.

(Música dramática)

-¿Es normal que mi padre esté así por un simple dolor de espalda?

-Mira, he detectado como una masa en la boca, en la boca del estómago,

que es más dura de lo normal.

-Quiero que te hagas cargo del tema de la demanda.

-Ese señor ha denunciado al hospital.

¿Quién mejor que la directora...?

-¿Quién mejor que el subdirector del hospital que, por otra parte,

tiene una excelente relación con el coordinador de zona?

-¿Yo? ¿Relación con Tévez? Pero si le he visto un par de veces

en plan de hola y adiós.

-Ya he visto a los periodistas en la entrada.

-Tengo la sensación de que están por todas partes.

-Por lo menos esta crisis te está ayudando a superar otra.

Me refiero a... A Begoña.

-A ver, no son buenas noticias, ¿de acuerdo?

Hemos detectado un aneurisma de aorta infrarenal.

-¿La gente se muere de esto? -Existen riesgos.

-Vengo a informarte

sobre las sesiones programadas de quimioterapia.

-Parece una forma suave de decir que me va a dejar para el arrastre.

-Bueno, cada persona es un mundo. Habrá que ver cuál es tu reacción.

-¿Y por qué me hablas así? Pero bueno... ¿Qué pasa?

¿Alguien te ha hablado, te han contado algo de mí?

-A mí lo único que me importa es la imagen del hospital.

-Y a los médicos que nos den, ¿no?

¿Esa es la estrategia, Matías? ¿Echarme a los pies de los caballos?

-¿Y qué quieres que haga? Vega me ha puesto entre la espada y la pared.

Si tienes algún problema, ve a quejarte a ella.

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Centro médico - 07/11/18 (2)

07 nov 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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