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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 04/12/18 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-Hola. -¿Cómo está?

-Mucho mejor.

-Menos mal, tío. Yo creía que se moría.

Y encima mi amigo Pepe trabajando en Pontevedra.

-Ya. He hablado con ella y me ha comentado que por ahora

prefiere no decírselo al marido. -¿Se sabe ya lo que tiene?

-Pues no. No, pero la mujer está hecha un cromo, ¿eh?

-¿Qué me vas a contar? Esa mujer no está bien.

Seguro que tiene algo grave, ¿eh?

-Le hemos hecho varias pruebas y hemos descartado

que sea alguna enfermedad complicada

y tampoco tiene ningún tipo de infección.

-¿Y entonces qué pasa? ¿No será cuento, no?

-No, no. Yo espero que no. A ver qué dice el especialista.

-Mira, Hamman, te lo digo en confianza.

Igual Ana no tiene la culpa de nada. Pero a mí me está fastidiando la vida

-A ver, Rafa, escucha. Que yo te entiendo. ¿Vale?

Y sé perfectamente que tienes una situación complicada.

-No. Y sobre todo muy cansado para mí.

Llevo no sé cuántos días acostándome a las mil.

Porque antes tengo que limpiar todo el bar yo solo.

Y luego levántate a las 6 de la mañana, vete al mercado,

abre el bar y déjalo todo preparado.

-Bueno, bueno. Tú relájate a ver si damos con la clave

y todo se normaliza.

-A ver. Pero si es que esto no es vida, de verdad.

Para una chica que conozco en años,

cada dos por tres le tengo que estar cancelando las citas.

-O sea, que estás hasta arriba de trabajo,

pero para quedar con la chica sí que tienes tiempo, ¿no?

Por eso echas ese pestazo a colonia.

-Sí, pues para lo que me está sirviendo...

En lugar de estar con ella en un restaurante

con poca gente y muchas velas,

estoy aquí, hablando contigo en la sala de espera de Urgencias.

-Ya. Y tu urgencia ahora mismo es otra, ¿no?

-Ya te digo. Es la última vez que contrato a alguien conocido.

Lo he hecho por hacer un favor

y al final me lo voy a tener que comer con patatas.

-Con tortilla de patatas.

Porque anda que la mujer, menuda mano tiene con la tortilla de patata.

Vale, perdona. Era para quitarle hierro al asunto.

A ver, seguro que cuando esté bien, se da cuenta de que no puede seguir

el ritmo de trabajo que le exiges, Rafa.

-Pues no sé yo, ¿eh?

Porque lleva saliendo antes de su hora toda la semana,

y no creas que se siente muy culpable.

A ver si es que me la está jugando...

Tú qué sabes de esto: ¿no estará exagerando lo que tiene

para no venir a trabajar? -Que no, hombre, que no.

No. A ver, tampoco te voy a engañar, ¿eh? He visto de todo.

Hay gente que es capaz de cualquier cosa para no trabajar.

Perdona.

Mira, el alergólogo.

Pues que dice que todas las pruebas son negativas para alergias.

-¿Y entonces qué, Hamman? ¿Otra vez a limpiar la cocina yo solo esta noche?

-Pues es que no tengo ni idea. Ahora mismo estoy muy perdido, Rafa.

-Pues ya somos dos.

-Oye, te tengo que dejar. -Vale.

-Hasta ahora. -Hasta luego.

A ver. Que yo conozco a Ana desde hace años

y la verdad es que ni fu ni fa.

Yo al que adoro es a Pepe, su marido. Y ella lo sabe.

Por eso me extraña que me esté tomando el pelo.

O a lo mejor es precisamente por eso

por lo que se me está subiendo a la parra, yo qué sé.

Pero es que, joder,

cada vez que le quiero preguntar por algo del trabajo,

me sale con una enfermedad nueva.

Sea lo que sea, lo único que tengo claro es que yo así no puedo seguir.

-Hola. -Hola. ¿Tiene un minuto?

-¿Tienes cita?

-No. Soy Bernardo, el novio de Natalia...

-No sé.

-Natalia Ruiz, la chica que parecía que tenía apendicitis.

-¡Ah, sí! ¿Qué tal le ha ido? -Bien.

-¿Le han tenido que operar? -No. No ha hecho falta al final, no.

Porque, porque resulta que no era apendicitis y,

y le están haciendo una biopsia ahora mismo.

-¿Y eso? ¿Por qué le están haciendo una biopsia?

-Bueno, le han hecho el TAC y parece que tiene li... limo...

-¿Leiomiomatosis? -Exacto, eso.

Pero bueno, puede ser benigno.

-Sí. De todas formas, aunque sea benigno,

le van a tener que extraer casi seguro los tumores.

La tendrán que operar, ¿no? -Exacto, exacto.

¿Es usted psicóloga, verdad? -Sí.

-Sí, porque sabe un montón de ginecología.

-Es que me he pasado 20 años casada con un ginecólogo

y algo y algo se le queda a una. -Ya. Ya veo, ya. Ya.

-Bueno, pues muchas gracias por avisarme y,

en cuanto tenga un ratito ya me pasaré a ver a Natalia.

-Sí. Hay una cosa más que quería comentar con usted, si...

-Dime.

-Bueno, Natalia me ha comentado que había estado hablando con usted

porque estaba preocupada porque..., teníamos poco sexo.

-Sí. Bueno, me alegro de que lo hayáis hablado.

-Sí. No, yo quería saber si...,

si le ha comentado alguna otra cosa en la relación que no funcione...

-Es que yo de esas cosas no puedo hablar porque no es ético.

-Ya. Es que estoy un poco perdido. La verdad:

en poco tiempo me he enterado que mi novia va al psicólogo,

que tiene un tumor, que la tiene que operar

y que resulta que hay una cosa de la relación

que yo no tengo ni puñetera idea de lo que es,

pero que parece ser que no funciona.

-Son demasiadas cosas, ¿no? En poco tiempo.

Pero lo único que te puedo decir es lo que tú ya sabes.

Ella me ha comentado que tenía..., bueno, que estaba preocupada porque

tenía un poco de falta de apetito sexual.

-Ya. Pero es que yo no había notado nada.

-Igual tienes que hablar con ella, ¿no? Para enterarte de esas cosas.

-Hablar, hablar...

Pienso que lo de hablar está sobrevalorado.

Siempre que he hablado he tenido problemas yo.

-Es que no hablar de los problemas no significa que no existan, ¿eh?

-Bueno, me voy, que al final voy a terminar pidiéndole cita yo también.

-Sí. Pero por favor, hoy no, que tengo mucho lío.

Otro día, y mira:

estaría muy bien que vinierais los dos juntos

cuando se recupere Natalia. -Ya.

Gracias. -Nada, nada.

-Hasta luego. -Venga, buen día.

Consejos doy que para mí no tengo.

Igual debería hablar con Ramón, ahora que no está con Berta,

y decirle cómo me siento, ¿no?

¿Qué hago, le llamo?

Voy a tomarme un café y luego lo decido.

-Pensaba que no ibas a hablarme nunca.

-¿Aún lees el periódico en papel? Te pega.

Muy siglo XX. -¿Qué me estás, llamando viejo?

-Y da gracias. Porque es lo más suave que podría llamarte.

Pero tranquilo, no vengo a hablar de ti. Quería hablarte de Esther.

-¿Qué pasa con Esther? -No sé. Dímelo tú.

-No sé qué habrás oído por ahí, ni qué te habrán contado, pero vamos.

-¿Contado? ¿De qué estás hablando?

-Reina, no sé. Mira, escucha: estoy aquí desayunando tranquilamente

y tú vienes a interrumpirme.

Así que déjate de historias y dime lo que tengas que decirme.

-No eres trigo limpio, Dacaret. No hay más que verte y oírte.

Y no sé qué vio Esther en ti. Pero solo te voy a pedir una cosa:

que por una vez en tu vida seas claro con ella. Y no la marees.

-¿Eso es todo?

-Te lo digo en serio. No le hagas daño.

-Vale. Pues tranquila.

No voy a hacerle daño, no es mi intención, ¿vale?

Aun así creo que los dos somos mayorcitos

para saber a lo que estamos jugando.

-Ya. Pues asegúrate de no ser tú solo el que pone las reglas de ese juego.

-Muy bien. ¿Alguna sugerencia más? -No. De momento.

-A ver: yo lo que llevo fatal es el doble juego este

entre Esther y Rocío.

Y llevo dos días que, estoy casi al borde del infarto.

Que también hay que decir que por ahora lo llevo bien, ¿eh?

Porque nadie en el hospital sospecha nada.

Soy consciente de que no está bien.

Pero es que la situación..., es complicada. Muy complicada.

-No me fío de este tío. No me fío nada.

Y es que ya empiezo a tenerlo calado.

Que cuanto más sonríe, más cosas oculta.

Yo aprecio muchísimo a Esther...

Pues más le vale que sea cierto. Por su bien.

-Hola, Rafa. ¿Qué tal te ha ido el día?

-Pues bueno, hasta que no ha pasado la hora de los desayunos

hemos ido de culo. -Ya, me imagino.

-¿Cómo estás? -Mejor.

Cuando estoy al aire libre parece que respiro mejor.

Quería pedirte perdón por lo de ayer.

Los médicos siguen sin decirme qué me pasa. Pero no...,

no me acabo de encontrar bien. -Te entiendo, Ana. Pero...

-Rafa, yo necesito seguir trabajando en el bar.

-Es que yo no puedo seguir así. ¿No te ves?

Si es que tú no puedes trabajar ni en el bar ni en ningún sitio.

-Ya. Pero cuando me digan lo que me pasa, me pondré bien, ya verás.

-Bueno, eso me llevas diciendo

desde que entraste a trabajar en el bar y, mírate.

Si es que esto va a acabar con tu salud y con la mía.

Lo mejor para todos es que lo dejes.

-A ver, dame un poco más de tiempo, por favor.

-Mira, ya he tenido bastante paciencia. ¿Eh? Y lo siento.

Pero, si no renuncias tú,

no me queda más remedio que buscar a otra persona.

-No, por favor. O sea, dame otra oportunidad, somos amigos.

¿Es que eso no cuenta? -Oye, no me vengas con eso otra vez.

Bastante he hecho por Pepe y por ti. No me pidas más.

Es que me estás llevando al límite.

Mira, ya estás igual que ayer.

Perdona que te lo diga: pero es que, cada vez que saco el tema,

parece que te va a dar un ataque.

Y luego en el hospital, los médicos me dicen que se te pasa.

-Pero ¿quién te ha dicho eso?

O sea, ¿te crees que todo esto es un cuento, que me lo invento, verdad?

-Mira, yo a estas alturas ya, ni creo ni dejo de creer.

-Pero, ¿cómo puedes ser tan desgraciado?

O sea, he cocinado más de 65 menús con un dolor de cabeza

que no me dejaba ni respirar.

Ha habido días que me he quedado a fregar

casi arrastrándome por el suelo.

-Bueno, y otros días te has ido a las cuatro a tu casa,

y lo entiendo, de verdad.

Pero bueno, vamos a dejar este tema, ¿vale?

Mira, ahora que no hay nadie en el bar, te acompaño al hospital, venga.

-¡Déjame en paz! Ya está.

No, Berta. No me parece bien; me parece fatal.

Oye, me da igual lo que diga Jaime.

Escucha: Julia está muchísimo mejor conmigo.

¿Te parece motivo suficiente este?

Oye. Espera. Escucha, escucha, escucha. Berta, escúchame.

¿Tú de verdad, tú necesitas que yo te comente a ti

lo mal que lo ha pasado esa niña?

¡Julia no se merece en absoluto...!

Berta... ¡Berta!

No me lo puedo creer.

Hola. Hola. ¿Qué tal?

¿Qué tal tú? Bien.

¿Vas a operar tú a Natalia, no? Sí. Sí.

Le vamos a hacer una laparotomía exploratoria, sí.

¿Estás bien?

Pues no.

Sabía yo que esto no iba a resultar tan fácil.

¿El qué?

Berta quiere pedir la custodia de la niña para ella y para Jaime.

¿Qué? Así. Así como suena.

Que está dispuesta a hacerlo.

De hecho yo es que, de verdad. No sé.

No sé, no sé lo que le pasa a la cabeza de esta chica,

pero ya ha empezado con abogados, está preparando todo el papeleo

y que es ¡una nueva Berta!, y que va adelante.

Bueno, con sus antecedentes, desde luego, no es lo más apropiado.

Pero ¿qué esperabas? Es su madre.

¿Que qué esperaba? que tuviera un poquito de más cordura.

Pero no. Eso es imposible; porque esa chica no cambia. No cambia

¡ni aun liándose con su terapeuta!

Bueno, ningún juez, en su sano juicio, le va a dar la custodia.

A ver, Lucía. Tú lo acabas de decir. Ella es su madre.

Y según el juez que te toque, eso pesa mucho, ¿eh?

Yo estoy seguro que Jaime la va a asesorar, Pero muy bien.

Bueno, también estoy yo aquí para asesorarte a ti. Así que tranquilo.

¿Eh? Ya veremos lo que pasa.

¿Vale?

Sí. Ojalá. Bueno, me voy.

Eh..., ¿qué querías? No...

¿Me querías decir algo, no?

No, no. Nada, que te quería decir una cosa del niño,

del cumpleaños de Marcos.

Pero ¿qué pasa, que otra vez es su cumpleaños?

No, hombre, no. Nada, que me estuvo hablando el otro día

y que quería la moto y tal.

Pero bueno, eso ya lo hablaremos, ¿vale?

Venga, pasa buen día.

Estoy de este hospital...

Esto ya está, Ana.

-¿Cómo está la tensión? Porque siempre la suelo tener un poco baja.

-Bien, bien. Está bien.

Y la respiración también está normalizada.

¿Tú cómo te encuentras? Mejor, gracias.

-Es curioso, ¿no? Porque cuando vienes al hospital

es como que los síntomas remiten de golpe.

-¿Será porque ya he conseguido escaquearme un día más de trabajo?

-No. No creo, Ana. ¿Por qué dices eso?

-Eso es lo que piensa Rafa.

A saber con quién ha hablado para que esté tan convencido.

-A ver, escúchame.

Tienes que entender que los síntomas se agravan

cuando estás en el ámbito laboral.

Y eso nos hace pensar que puede ser algún tipo de alergia

a algún producto o cualquier cosa.

Pero curiosamente el alergólogo nos ha dicho que, que no hay nada.

-Ya. Pues si no lo sabéis vosotros, que sois los médicos...

-Bueno, te aseguro que lo estamos intentando.

-Pues, por favor, daos prisa.

Y decidme qué tengo antes de que me despidan.

Ya es bastante triste tener que mendigar trabajo a los amigos.

Pero lo más triste además es que esos amigos, y hasta tu médico,

duden de ti. -Bueno, Ana, escúchame.

Que yo no dudo de ti ni de ningún paciente, ¿de acuerdo?

Pero tienes que entender que tampoco dudo del resultado de las pruebas.

-No puedo quedarme sin trabajo. ¡No puedo!

Rafa no lo sabe.

Pero mi marido invirtió todos nuestros ahorros en un negocio

y ahora no tenemos ni ahorros ni negocio. Solo deudas.

-Ya. Lo siento mucho.

Intentaré hacer todo lo que esté en mi mano, te lo prometo.

-Pues perdona si soy un poco grosera,

pero decidme qué tengo de una puñetera vez.

-Vale.

Hola. -Hola.

Natalia, ¿cómo estás? Bien. Un poco dolorida, pero bien.

¿Sí? Bueno. Veréis: os cuento: la operación ha ido muy bien.

Hemos podido extirpar todos los tumores,

lo cual es una gran noticia, ¿eh?

Por otro lado: Al abrir, en la cirugía hemos visto también

que el ovario derecho estaba muy afectado.

Lo cual nos ha obligado a tener que extirparlo.

Entonces, ¿entonces no me puedo quedar embarazada?

No, no, no, no. Qué va, por eso no te preocupes.

Verás, el ovario izquierdo está en perfecto estado.

Así que no vas a tener ningún problema en quedarte embarazada,

si lo deseas más adelante.

Ah, menos mal. A ver, no es que lo hayamos hablado aún,

pero bueno, nunca se sabe.

-O sea, entonces ¿todo está bien?

¿No tiene que hacer ni quimio, ni radio ni..., ni nada de eso?

No. Nada de nada. Eso sí: tendrás que volver al hospital

a hacer los controles periódicos pertinentes

y vas a comenzar también con un tratamiento hormonal, ¿de acuerdo?,

para evitar que estos tumores puedan volver a aparecer.

-¿Bien, no? -Sí, sí. Muy bien.

Otra cosa: tengo entendido que hay un problema

relacionado con tu ausencia de deseo sexual.

Sí. Pero... ¿Pero cómo sabe que...?

Lucía Velázquez, la psicóloga del centro me pidió que comprobara

si había un origen físico en tu caso.

¿Y lo hay?

Verás, es muy probable que los tumores que tenías

insensibilizaran la zona y formaran parte

o fueran causantes de esta ausencia de deseo sexual.

Entonces, ¿después de la operación todo eso ha quedado ya resuelto...?

Pues en principio debería ser que sí,

pero creo que es algo que tendréis que comprobar vosotros, ¿no?

De todas formas: daros un margen, al menos de dos, tres semanas.

Vale. ¿De acuerdo?

Muchas gracias, doctor.

Gracias por quitarme los tumores y quitarme este peso de encima.

No te preocupes. Descansa ahora y luego vendré a verte.

Hasta luego. Adiós.

¿Has oído? En cuanto volvamos a casa,

te prometo que nos vamos a poner al día.

-Bueno, pero ha dicho dos, tres semanas. Tampoco...

-Bueno, ¿qué pasa, que no estás contento o qué?

-No, claro. Sí, mucho. Mucho. Muy contento, sí.

Solo que..., no sabía que el sexo fuera tan importante para ti.

-Pues claro que lo es. Y para ti también, ¿no?

-Sí. Sí, sí. Claro, claro que lo es, sí, sí.

-Solo que, no me va la vida.

-¿Cómo? O sea, y, ¿y yo montándome la película

de que me ibas a dejar porque nunca me apetecía?

-¡Qué va! Si no hubiese sido por ti, ni me hubiese dado cuenta

que hacía ya dos meses que no...

-¿Me estás hablando en serio? -Claro. A mí dame una buena serie,

un sofá, una mantita, tu compañía y yo ya, yo ya estoy contento.

-Pero, ¿cómo no me dices nada?

Y yo, como una tonta, llorando por los rincones.

-Bueno, cariño, pues porque pensaba que estabas tan contenta como yo.

-Pero vamos a ver, ¿cómo no va a ser importante el sexo?

Si, si es el termómetro de cualquier relación.

-Bueno, ya está, ya está. No pasa nada. Tranquila.

Si hay que ponerse, pues nos ponemos. Ya ves tú qué problema.

-¿Que si hay que ponerse nos ponemos?

Pero, pero es que yo, yo es que flipo contigo, de verdad.

-Eso me pasa por hacer caso a la psicóloga.

Que si la comunicación es importante, que si las cosas hay que hablarlas.

Pero si a mí ya me iba bien como estábamos. ¿No?

O sea, con estar disponible cuando tocaba, yo ya estaba contento.

Hablar, hablar... ¡Qué perezón!

-Rafa.

-¿Cómo está? Espera: ¿no me digas que ha mejorado de repente?

-Pues..., sí, está mucho mejor, la verdad.

-¿No te digo yo?

-A ver, pero que no creo que esté fingiendo, ¿vale?

Creo que la mujer está sufriendo con todo esto, de verdad.

-Entonces, ¿me puedes decir qué leches le pasa?

-Pues yo sigo pensando que se trata de una alergia.

-Sí. Alergia: ya te digo yo a qué tiene alergia: al trabajo.

-Pues mira: podría estar relacionado con el bar.

No sé, con algún alimento,

algún producto de limpieza o algo así.

-Será de lo que limpia. Los últimos días me he comido el marrón yo solo.

Además, el último ataque le dio en la terraza del bar.

-¿Ah, sí? ¿Eso lo viste? -Claro. Lo vi allí en directo.

Y no había ni alimento ni productos de limpieza ni nada de eso.

-Vale. ¿Y había alguien alrededor? -No. Si estábamos solos.

-Oye, ¿tú no tendrás algún..., algún animal exótico en casa o algo así?

-Sí, claro, yo tengo una iguana y dos dragones de Komodo.

Pero si no tengo tiempo de, de cuidar ni un cactus,

imagínate un bicho de esos.

-Vale. Pues no sé, algo de ropa o algo que te pongas encima.

Es que no lo sé.

Oye, ¿y a la chica esa, la sigues viendo?

-Sí, claro. ¿Pero eso qué tiene que ver?

A ver si ahora va a tener alergia a mi vida privada, no te digo.

-¿Y aún te quiere ver con el pestazo a colonia que echas?

-¿Cómo que si quiere? A ella le encanta. Por eso me la pongo.

-Ya. Ya. Oye, ¿y el frasco lo tienes encima?

-No. Lo tengo en el bar.

¿No me digas que ahora el problema va a ser mi colonia?

-Bueno, tú tráemelo y así salimos de dudas, Casanova, ¿vale?

-Vale. -Venga.

-¡Uy, pero bueno! ¿Tú no trabajas o qué?

-¿Tú sí? -He venido a por el cargador.

Que me estoy quedando sin batería y estoy esperando una llamada.

-Ya. No hace falta que pregunte de quién.

-Pues no. No, no hace falta.

Que al final he decidido que, bueno, que voy a hablar con él.

-¿Segura? -No.

Pero paso de quedarme con la incertidumbre. Así que...

-Ya. -¿Ya qué?

¿Qué ibas a decir?

-Que tengas cuidado, Esther.

-¿Por qué, qué pasa?

-Pues que te estás enganchando de un tío que no me da ninguna confianza.

-Ah, Bea. Pensaba que esto estaba superado,

lo de la entrevista y todo eso.

-Que no, que no es eso. Es que él está jugando a un juego

que sabe jugar perfectamente. Y va a ganar siempre.

-¿Y tú qué sabes?

-Yo que tú, me iría corriendo de ahí, de verdad.

-Ya, claro. Como tú estás estupendamente con Merino,

la vida amorosa de los demás tiene que ser una mierda, ¿no?

-No, Esther. Yo no digo eso. -Mira, Bea, ¡déjame en paz!

-Oye, Esther... ¡Esther...!

-A ver...

-Hola, Ana. -Puedes pasar.

-¿A qué viene tanto misterio?

-Pues creo que sé cuál es el culpable de lo que te pasa.

Siéntate, por favor.

-Sí, claro. ¿Me van a hacer algunas pruebas?

-No. No, no. No son pruebas. Es más bien un tipo de experimento.

A ver, ¿notas algo? -No. Bueno, huele un poco fuerte.

-¿Nada, ni una leve molestia, nada? -No. ¿Por qué?

-Por nada. Tenía una hipótesis, pero ya no.

-¡Ay! ¿Ya estamos otra vez? ¡Es que no puedo respirar!

-Vale. Tranquila.

Tranquila, que ya sé lo que tienes.

Túmbate aquí, en la camilla...

-¡Ay, ay! -Eso es.

-Es que no puedo respirar. -Y ponte esto. ¿Vale?

-¡Ay! -Úsalo.

¡Ay!

-¿Mejor?

-Sí. -Vale. A ver, Ana, escucha.

Lo que tienes es una enfermedad que se llama

sensibilidad química múltiple. -¿Qué? ¿Qué es eso?

-Tranquila: te lo explico a grandes rasgos.

Esto quiere decir que tu organismo

es incapaz de soportar la presencia de ciertos componentes,

que se encuentran en productos como ambientadores, suavizantes o perfumes

-Pero si yo siempre limpio con guantes, y perfume...

Pues hace siglos que no me pongo. No me gusta...

-Ya. Eso tú. Pero, ¿qué pasa con Rafa?

-¿Rafa?

Es verdad, que últimamente huele mucho a colonia barata.

A lo mismo que huele aquí. -Exacto.

Lo que ha ocurrido es que le he pedido a Rafa que trajera la colonia.

La he puesto en la silla, bueno, que se está ventilando ahora mismo,

y está claro que tu cuerpo reacciona de una forma muy violenta

a ese perfume en concreto.

-¡Vaya por Dios! ¿Y eso tiene cura? -Pues..., desgraciadamente no.

Lo que tienes que hacer es evitar estar en ambientes

donde esté este compuesto. -O sea, evitar a Rafa.

-Sí, más o menos. Pero bueno, tranquila,

que ya hablaré con él para que cambie de perfume.

-Espero que no ponga ninguna pega.

Aunque me parece que él está más por cambiar a la cocinera.

-Ya lo sé, Ana. Pero bueno, hablaré con él.

De todas formas, lo más importante ahora

es tratar de identificar cuáles son

los compuestos que te afectan de esta manera,

porque se pueden encontrar en otros productos.

-¿Se puede tener más mala suerte? -Ya.

Bueno, poco más puedo hacer por ti.

Ana, si te surge cualquier duda o quieres venir porque te duele algo,

aquí estoy encantado de hacerte un seguimiento, ¿vale?

-Gracias, doctor.

No se imagina cuánto me alivia saber qué puñetas tengo.

Porque es que me estaba volviendo loca.

-Ya me lo imagino. Bueno, ya te puedes incorporar.

Ya está. -Gracias.

-Te puedes quitar la mascarilla...

¿Bien? -Sí.

-¿Sí? -Sí, sí. -Perfecto.

Pues nada, puedes recoger el informe abajo...

-Muy bien.

-¿Vale? Y habrá que celebrarlo.

Y por mí, si es con un pincho de tortilla de los tuyos,

mejor que mejor. -Ya. Eso dependerá de Rafa.

-Ya lo sé.

-¿Qué pasa, cariño, todo bien? -Eh...

¿Te importa si nos sentamos un momento?

-Claro. ¿Qué es, la herida?

Ya sabía yo que te habían dado el alta demasiado temprano.

Pero es que aquí, a la que ven que estás un poco...

-No, no, no. No es eso. Estoy bien. Es que..., es que no...,

no dejo de darle vueltas a lo que has dicho antes

de que el sexo para ti no es importante.

-Ya sabía yo que no tenía que hablar tanto. Ya lo sabía yo...

-No. No, Ber, claro que hay que hablar.

Esto hay que hablarlo y cuanto antes mejor.

-Bueno, pues ya está, cariño.

Pues para ti el sexo es más importante,

para mí no es tan importante,

pues ya encontraremos el término medio.

-Que no es eso solo.

A ver: llevamos tres años juntos y..., y mira cómo estamos.

Es que, ¿qué pasará cuando llevemos 20 o 30 años?

-¡Uy, yo qué sé qué pasará de aquí a 20 años, cariño!

Bastante tengo con saber qué va a pasar de aquí a 20 minutos.

-¿Ves? Si es que no es solo el sexo. Es que...,

es que no nos preocupan las mismas cosas.

Es que, que a ti todo te está bien. -Y a ti todo te está mal, cariño.

-Vale. No, Ber. No quiero que esto se convierta en una discusión.

-No, no pasa nada. Quieres hablar de las cosas. Vale, pues hablémoslas.

Tú dices: a mí me importa mucho el sexo.

Y yo te digo: vale, venga, vamos.

Y dices: No, no, no, no me está bien, ¿no?

¿Quieres hablar de futuro? Vale, pues hablemos,

que ¿dónde quieres ir de vacaciones, al mar o la montaña,

te parece bien esto? Es esto...

-Ya. Ya. No te pongas así; ya está. ¿Vale?

-Es que todo este rollo, cariño, lo estás metiendo por alguna razón.

No sé, pues dímelo ya. Tú eres de hablar las cosas, ¿no?

Pues dímelo. ¿Qué pasa?

-Vale. Pues que...,

pues que creo que no nos importan las mismas cosas y...

Y que lo mejor será que nos demos un tiempo.

-¡Guau!

Vale.

Si es eso lo que quieres...

Vale. Llámame cuando..., cuando te lo hayas pensado.

Pero no tardes 20 años, ¿eh?

Que igual no aguanto tanto tiempo.

-¿No estará fumando, doctora Reina?

-¿En consulta? Qué va. Yo soy más de fumar en quirófano

y luego echarle el humo a la cara a los pacientes.

-Me lo apunto. Por si acaso viene un perito a evaluarte algún día.

-Pobre de ti.

-¿Qué te pasa? Anda, suéltalo.

-Nada, que...

Que he discutido con Esther.

-Pues hoy debe ser el día de las caras largas.

Porque me acabo de cruzar con Vega por el pasillo

y no me ha dirigido ni la palabra.

-Bienvenido al club de los ignorados por la directora.

-Bueno, miento. Sí que me ha dirigido la palabra.

Me ha dicho que su vida privada es suya y solo suya.

Como si yo fuera hablando de ella por ahí.

-Ahora mismo lo estás haciendo.

-Bueno, ya. Pero de nada privado. No...

Espera un momento.

Oye, ¿tú no habrás comentado nada

de lo que te dije sobre ella y su padre, verdad?

Dime que no, por favor. -Solo a ella.

-Joder, macho.

-A ver, Carlos, que... Que quería que se diera cuenta

que se va a arrepentir el resto de su vida.

-Pero ¿tú de qué vas, tía?

¿Tú sabes en la posición que me deja eso?

Me deja como un imbécil que va por ahí de la vida privada de los demás.

-Oye, lo siento. Pensé que igual estaba perdida, desorientada

y yo pasé por algo parecido.

No sé, creí que podía ayudarla. -¿Ayudar a quién, a la doctora Vega?

-Sí. -Tú no la conoces.

No sabes lo complicada que es.

Ahora estará pensando

que está todo el hospital criticándola a sus espaldas.

-Vale. Muy bien; lo siento. ¿De acuerdo?

No ayudo a nadie. No ayudo a Esther, no ayudo a Ángela,

no te ayudo a ti..., a nadie.

¡Es más: es que lo hago por fastidiaros!

-La has cagado a lo grande. -¿Contento?

-De verdad. -¿Ah, sí? ¿Tú crees?

Pues se nota que no me conoces. Porque la puedo cagar aún más.

-Ana Miñanco, por favor. -Sí. El informe. Aquí.

-Sí. Gracias.

-¡Ana! -¡No, no te acerques!

-No, tranquila, que estoy limpio. Mira. Huéleme si quieres.

Si me he cambiado la camisa y he tirado la colonia y todo ¿eh?

-No, no, no. No hace falta.

-Oye, que... Que te debo una disculpa.

-Más bien. -Ya. Pero entiéndeme.

¿Quién iba a pensar que mi colonia te daba tanto repeluco?

Tan solo Dacaret, que es un sabueso.

-No necesito tus disculpas. Necesito el trabajo.

-Y yo tus tortillas de patata.

Mira, ¿qué te parece si hoy te tomas el día libre

y mañana nos vemos allí a las 7 de la mañana?

Bueno, no, mejor a las 8, que esta noche he quedado, ¿eh?

¿Qué te parece?

-¡Tira para el bar,

que en diez minutos lo tenemos lleno de batas blancas!

¡Venga, vamos! -Vamos, vamos.

-Que no, que no nos ve nadie.

Hola... Hola.

Donjuán... Que me he enterado

que el otro día te pillaron besándote con Reina

en la puerta del hospital, ¿qué te crees?Ya.

-Es raro porque va, viene y me sube hasta aquí.

-¿Has tenido algún movimiento brusco, algún golpe...?

-Hombre, últimamente estoy bastante liado.

-¿Por ejercicio físico? -Mi padre tiene Alzhéimer.

-El doctor Landó tenía razón y he recuperado mi apetito sexual.

-Me alegro. -Y yo.

-Pero..., después de una operación así, se recomienda reposo.

Sinceramente; lo único que me esperaba yo

era esta pelea por la custodia de Julia.

Que tú eres muy fuerte, ¿eh?

-La paciente presenta abundante sangrado en la zona vaginal

y fuerte dolor abdominal.

-¡Merino! -¿Es tu médico, Merino?

-Sí.

-Vale. ¿Algo más que deba saber?

-Por aquí terapia.

-Y no siento la..., mano izquierda, ni la pierna...

-Bueno, tranquilo. -¿Qué me está pasando?

-Mira, no lo sé. Voy a avisar a la doctora, ¿vale?

-Llevo dos guardias seguidas, que no estoy comiendo bien,

me está pasando factura, y ya está.

-Vamos a hacerte esa extracción de sangre.

-Silvia... Que me he levantado muy rápido.

Subtitulación realizada por Teresa García Román

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Centro médico - 04/12/18 (2)

04 dic 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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