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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 04/12/18 (1) - ver ahora
Transcripción completa

-¿Podemos hacerlo ahora?

-Te quiero.

-Tengo la sensación de que lo nuestro ha sido como,

cuando una noche te enrollas con alguien...

Y durante esa noche todo es maravilloso, ¿no?

Pero a la mañana siguiente, cuando te levantas,

las cosas ya tienen otra apariencia.

Cuando la vi con Jaime, sabía que había algo entre ellos.

Lo sabía.

Imagino que Berta encontró en nosotros

su propia tabla de salvación.

(Teléfono)

-¿Por qué tiene mi marido un montón de llamadas tuyas en su teléfono?

-Vale, yo creo que es mejor que hables de esto con Andrés.

-¡Que no digas más Andrés! -Perdóname, por favor.

Eso quiere decir que te estás acostando con mi marido.

-Es lo mejor que podía pasar.

Preferiría que no hubiera acabado así, pero era cuestión de tiempo.

-¿Finde de relax?

-Sí. Es una sesión de spa con masaje. -Qué maravilla, ¿no?

-Bueno, una tarde allí es como estar una semana entera de vacaciones.

-Muchas gracias.

-¿Este es el regalo?

¡Me encanta! ¿Y cómo lo sabías? Me encantan los masajes, y todo eso.

-¿Y qué itinerario has contratado?

-Pues creo que tengo aguas termales y un masaje, sí.

Espero no quedarme dormida, porque estoy tan cansada...

-Qué bien. Yo a ver si voy uno de estos días.

Porque también estoy de un cansado...

-Oye, pues cuando quieras vamos juntas.

-Ah, pues mira... -Claro...

-Claro que sí. -Lo organizamos y ya está.

-Oye, ¿y quién es el afortunado?

-Mm... Eso es confidencial. -¡Ayysss!

(Música)

-Seguro que es muy importante,

pero no tanto como el primer café del día.

-¡Ay!, ¿es para mí? -No, es para el doctor Bravo.

Pero no te preocupes, quédatelo; lo entenderá.

Directora de hospital gana por goleada a médico residente.

-No es el primero, ¿eh? Llevo tres. Y necesitaré algo más fuerte

para lidiar con estos informes de contabilidad.

-¡Uy! Pues si va de números, yo no soy tu hombre;

yo soy más de vísceras. ¡Baaa!

Es un chiste muy malo, pero no te deprimas más, por favor.

-No es eso.

¿Tú te acuerdas de cómo nos conocimos?

-Claro.

Lo tengo gravado a sangre y fuego.

¿Quién eras?

-Nos peleábamos por un café con leche como este.

-Ah, eso te pasa por ir dejándoles por cualquier lado.

Hasta Rafa se acuerda.

Bueno, y mi esófago también, que estaba hirviendo.

Han pasado muchas cosas.

-Sí. ¿Tú crees? No tantas. -¡No, es verdad!

No me has contratado, no me has despedido,

no me has vuelto a contratar...

Y aunque yo soy un ser insignificante,

tampoco has conocido a tu padre.

Oye, ¿sigues sin...? -Sí. No, no... No he ido todavía.

No...

Es que no me gusta verle así, ¿comprendes?

-Ángela, sé que es una cuestión muy difícil; pero el tiempo se acaba.

Y quizá luego te arrepientas de no haberte despedido de él.

-No. Pero sí me despedí de él.

Antes de sedarle.

Todavía estaba consciente y...

Y fue una despedida bonita.

Triste, pero bonita.

Y ahora no sé qué hacer, la verdad.

Ir allí, no sé si me escucha, si sabe que estoy a su lado, en fin,

¿qué sentido tiene?

-Bueno, no sabemos si nos escuchan o no; eso no está claro.

Pero la que sí que vas a saber que no estás ahí eres tú.

Si no lo haces por él, hazlo por ti.

-Gracias. Pero no te preocupes más por mí. ¿Eh?

Llevo toda la vida asimilando su ausencia;

así que no es nada nuevo.

-Bueno, haz lo que quieras.

-De momento pasarme toda la mañana y parte de la tarde con estos informes.

Por cierto: dale las gracias al doctor Bravo por este café, ¿eh?

-Bueno, si no hay nada nuevo, nos vemos en un par de meses

y ya me cuentas qué tal el protector estomacal.

¿De acuerdo? Cuídate mucho.

-¿Puedo? -Hasta luego.

Sí, como en tu casa. -Bueno, pues aquí no está.

Joder...

-¿Qué buscas, que igual te sirvo yo? -Em..., nada.

Es que, que necesito una silla de ruedas.

-Mm..., claro. ¿Tan cansada estás de ayer?

Pues tráeme una silla a mí también,

que tengo las piernas que me tiemblan todo el rato.

-En serio, que..., que es que no tengo tiempo.

-Ya.

-Es que..., bueno, es que me está esperando un paciente y...

-Bueno, y a mí otro.

-Ya. Pero, de verdad que no..., que no... Que no tengo tiempo.

-Espera, ¿qué me estoy perdiendo? ¿Pasa algo?

-No, no, no, de verdad, es que tengo un día un poco a tope.

-Vale. -¿Vale?

-Bueno, hacemos una cosa:

si te apetece, luego te pasas por casa y ya está.

-Bueno, lo hablamos, ¿sí? -Vale, vale.

Oye, Esther. Que... ¿Estás bien seguro?

(Llaman a la puerta)

-Sí, sí. -Perdón.

¿Esta es la consulta del doctor Dacaret, verdad?

-Sí. ¿Le importa esperar fuera un segundo?

-No..., no es necesario, salgo yo, que me tengo que ir.

-¿Qué hago, paso o me espero fuera? -Pase.

-Sí, pase; adelante. -Adelante. -Gracias.

-Adiós. -Adiós.

-Siéntese, por favor.

¿A qué viene esto ahora?

Es que no lo entiendo.

O sea, es imposible

que Esther se haya enterado de que yo cené con Rocío.

Y menos de que nos despedimos cariñosamente.

No tiene sentido.

Bueno, bueno, al menos de que se hayan encontrado por los pasillos

y han empezado a hablar, y al final se lo hayan contado.

No sé. Si es que tendría que habérselo contado yo.

Pero ayer, entre unas cosas y otras, pues no...,

no encontré el momento, lo sé.

-También me duelen las articulaciones

y, de vez en cuando me dan ataques de tos.

¡Ah!, y a veces me salen como unas manchitas.

-Vale, a ver si me ha quedado claro.

Entonces estamos hablando de dolor de cabeza, dificultad respiratoria,

dolor articular y ataques de tos.

-Y las manchitas. -Sí.

-Ya se lo he dicho. -Sí, perdón.

A ver, vamos a ver esas manchitas.

Vale. Así, de primeras, parece una dermatitis leve.

¿Tiene algún antecedente de alguna otra enfermedad?

-Tengo fibromialgia.

Pero bueno, la verdad es que últimamente voy algo estresada.

-¿Y eso es por algún motivo? -Por el trabajo.

Porque llevaba mucho tiempo sin trabajar y bueno,

pues supongo que me tengo que poner al día.

-Bueno, tranquila, que eso, en cuanto pille confianza, ya verá cómo mejora.

¿Dónde trabaja?

-Soy cocinera en un bar de aquí al lado.

-¿No será el bar de Rafa? -¿Lo conoce?

-¿Que si lo conozco? Es como mi segunda casa.

Un momento: ¿no será usted la señora encargada

de hacer la tortilla de patatas? -Sí.

Y puedes llamarme de tú.

-No, lo que tendría que hacer es arrodillarme ahora mismo.

Espero que Rafa te trate bien.

-Es muy amigo de mi marido

y le tengo que agradecer que me haya dado esta oportunidad.

-No, yo sí que se lo agradezco, ¿eh?

Y todo el hospital tendría que hacer lo mismo.

-Bueno, calla, ¿eh? Que cuando venís a comer todos en tromba...,

bueno, se pasa mal en la cocina, y más yo, que estoy como estoy.

-Bueno, tranquila, que aquí te vamos a tratar muy bien,

por la cuenta que nos trae. -Eh, todo esto que tengo, doctor,

¿puede ser del estrés?

-A ver, sí que es verdad que presentas una serie de síntomas

que son un poco dispares.

-Bueno, tengo de todo, ya se lo he dicho.

-Ya. Pero tienes que entender que no tienen por qué estar relacionados.

-Ya. -A ver si me explico:

el dolor articular sí que puede que venga de la fibromialgia.

Pero la dermatitis puede venir de una alergia y la tos de un catarro.

-¿Y si tengo algo más grave?

Porque es que yo estoy que no levanto cabeza.

-Bueno, tranquila. Vamos a hacer una cosa:

pediremos una analítica completa,

vemos los resultados y vamos descartando opciones.

-Como usted vea, a ver si hay suerte

y por lo menos puedo poner nombre a lo que me pasa.

-Claro que sí. Pues en cuanto tenga los resultados te aviso

y te pasas por aquí, ¿vale? Bueno, no.

Hacemos otra cosa,

en cuanto los tenga ya me paso yo por el bar.

Y así aprovecho y me como un pincho de tortilla, ¿vale?

-Vale. -Muy bien.

El médico este, muy simpático.

Pero..., algo incompetente también, ¿eh? Primero, ni me escucha.

Y después me despacha a casa con unos análisis.

"Ya la llamaremos". ¿Y mis dolores qué?

Seguro que para gorrear un pincho de tortilla se apunta el primero.

-¿Entonces no has vuelto a hablar con Berta?

Solo para hablar de Julia.

Imagino que su terapeuta le habrá aconsejado

que es mejor no hablar conmigo de según qué cosas.

¿Tú qué harías en su caso?

¿Cómo terapeuta o como pareja?

¿Sabes qué?

Casi mejor retiro la pregunta

y ya hablamos cuando tengamos más tiempo, ¿eh?

Pues sí. Oye, pero me alegra ¿eh?, verte tan animado.

Hombre, mujer. Pues me alegro que te alegres tanto.

Pues mira, qué felices somos todos.

Oye, que me tengo que ir, que tengo un paciente en la consulta.

Vale.

Hola. Eres Natalia, ¿no? -Sí.

-Yo soy Lucía, perdóname. -No, nada.

-He venido un pelín tarde. Siéntate, por favor.

-Gracias.

-Bueno, vamos a ver: ¿en qué te puedo ayudar?

-Pues..., no sé si estoy en el lugar adecuado, de verdad.

-Bueno, cuéntame. Y a ver si lo descubrimos.

-Vale. Pues el caso es que, desde hace un tiempo tengo...,

tengo problemas de pareja.

Bueno, no. No de pareja exactamente. Tengo más bien...,

que tengo problemas de cama. -Mm. Ok.

Eh..., ¿tienes pareja estable? -Sí, sí. Llevamos tres años.

Pero él está bien, ¿eh? Bueno, por lo menos eso creo.

-¿Sabe que estás aquí? -No. No.

Soy yo la que tiene el problema.

Es..., es a mí a la que desde hace un tiempo no...

No me apetece tener relaciones sexuales, vamos.

-Bueno, pues si te parece vamos por partes.

¿Vivís juntos? -Sí. -Sí.

Y, aparte de este problemilla con la apetencia sexual,

¿el resto de la vida, tenéis problemas, os va bien?

-No, no, no. Súper bien, sí. Yo estoy encantada;

es la mejor relación que he tenido nunca.

Bueno, a ver: él tiene sus cosas y yo las mías.

Pero nos entendemos muy bien, la verdad.

-¿A qué cosas te refieres? -Pues...,

pues que soy yo la que tira un poco más del carro,

la que piensa más en el futuro, y él es un poco más..., más comodón.

Como que se deja hacer.

-Ya. Entiendo.

-Por ejemplo, fui yo la que insistió para irnos a vivir juntos.

Si es por él, todavía está compartiendo piso con sus amigos.

-¿Seguís sintiendo atracción? -Sí. Sí, claro, sí.

A ver: no es como al principio, ¿no? Pero, pero la atracción está ahí.

Y por eso estoy tan preocupada; porque...,

para mí el sexo siempre ha sido muy importante. Y para él...

¡Ah! -¿Estás bien?

-Sí. Perdón. Serán, serán los nervios.

Se me meten en el estómago y no hay quien los saque.

-Bueno, pues lo primero que vamos a hacer

es sacar esos nervios del estómago,

y que sepas que esto es algo muy habitual,

sobre todo en parejas que llevan un tiempo viviendo juntas,

pues te puede pesar la rutina

y es normal que puedas tener etapas de inapetencia, ¿no?, sexual.

-Ya. Pues a mí es la primera vez que me pasa.

Y, si solo de pensar que puede ser para siempre, me...,

me vuelvo loca, vamos. Esto se puede curar, ¿no?

-Claro. Pero necesitamos que colabore tu pareja.

Porque él es parte del problema y de la solución. -¡Ah!

-¿Te encuentras bien seguro? -¡Ah! Bueno...

-¿Quieres que llame a un médico? -¡Ah, ah!

-¿Sí, no? -Sí.

-Ramón, no, sí. He tardado poco en llamarte.

Es que resulta que la paciente con la que estoy

tiene un dolor bastante agudo, ¿en qué?

-Por aquí, por aquí. -En el abdomen, en la zona derecha.

Por eso te digo. ¿Tienes un hueco?

¿Sí? Pues bajamos ahora mismo. ¿Vale? Gracias.

¿Puedes levantarte? -Sí.

-¿Sí? Venga, te ayudo. Coge el bolso.

La falta de deseo sexual, más que una enfermedad,

es un síntoma de otro tipo de problemas

que pueden ser tanto físicos como psicológicos.

Como la depresión, la ansiedad, el estrés crónico

o el consumo de algunos fármacos.

Desde luego, lo que nunca debemos hacer

es achacarlo al género o a determinada edad.

Porque le puede pasar a cualquiera en cualquier momento.

-Yo me acababa de sacar el carné de conducir y entonces, con el coche,

lo metí ahí en la vía, y justo pasó el tren.

Y me rompió toda la parte de delante. -Hola, Rafa.

-La chi... ¿Qué hay, cómo estás?

-Hola. Oye, ¿me traes un pincho de tortilla doble

y una cervecita, porfa?

-¡Un pincho de tortilla doble y una cervecita!

¿Qué pasa, que has tenido una noche dura o qué?

-Sí. ¿Te importa hablar más flojito? -Ah, sí.

-Y no. ¿Qué pasa, que has hablado con alguien?

-No. Que no he hablado con nadie.

Lo digo porque como vienes con más hambre que una piara de jabalís...

-Pues no, te equivocas.

Ayer estuve en mi casa tranquila, sofá, peli y manta.

-Sí, claro. Un día de estos me tienes que explicar

cómo te lo montas tú para tener tanto buen rollo con las mujeres.

Por cierto: ¿dejaste a tu amiga esa para evitar lo de las dobles parejas?

-Qué va, Rafa.

Es más complicado de lo que yo pensaba.

Tengo que encontrar una solución, no sé cuál, pero la encontraré.

Oye, por cierto, que he conocido a la nueva cocinera que tienes aquí.

-Ah, ¿Ana? -Mm.

-Es verdad. Que me dijo que hoy venía más tarde porque tenía médico.

-Sí. Oye, cuídala, ¿eh? -Sí.

-Que con esa tortilla de patatas solo puede conseguirte cosas buenas, ¿eh?

Clientes en especial. -Clientes ya tengo.

A mí lo que me hace falta es dinero.

-Bueno, paciencia. Y qué bien, ¿no? Trabajar con una amiga tuya.

-¡Ah!, ¿te ha dicho que somos amigos?

En realidad soy amigo de Pepe, su marido.

Porque se fue Wilson, el cocinero que yo tenía,

y me pidió por favor que la contratase.

La pobre está pasando por una mala racha, creo.

-Ya, bueno, buen fichaje, ¿no? -Sí. A ver...

-Ahora me dirás que no es buena cocinera.

-Hombre, entre tú y yo, que no sé si vale

para estar en una cocina tan cañera como la mía.

-¿Y por qué no?

-Pues porque tiene muchos achaques, muchos dolores.

Si no le duele la cabeza es la tos, y si no es la tos son los huesos.

El caso es que la he contratado para ir más tranquilo,

y ahora estoy trabajando mucho más que antes. ¿No me ves la cara?

-Pues la misma cara fea que has tenido siempre, Rafa.

-Gracias.

-Bueno, Rafa, yo he estado hablando con ella

y me ha dicho que hacía un montón de tiempo que no trabajaba.

Así que dale tiempo y, cuando se adapte, pues la cosa irá a mejor.

-Si fuera otra ya la había puesto las pilas.

Pero es que, tratándose de la mujer de un amigo, pues no sé.

-Ya. Gracias.

Bueno, a ver: tú tienes confianza con ella, ¿no?

-Sí. -Pues ya está. Habla con ella.

Y si está por una época mala de salud, pues, pues no sé.

Busca un refuerzo y le das menos horas a ella. Ya está.

-Sí, bueno. Ya veré lo que hago, tío.

Ya veré.

-Bueno, eso, tú te lo piensas y ya le...

Te digo una cosa, Rafa.

Si alguien se tiene que ir, te vas tú.

Pero esta señora aquí se queda. Porque esto...

-Sí, bueno, me voy. Voy a ver tu nota.

A ver si la encuentro. -Bueno.

La gente piensa que cualquiera puede trabajar en un bar.

Pero están muy equivocados.

No solo tienes que cuidar el producto y echar más horas que un reloj,

sino que además tienes que estar siempre de buenas.

Porque, si no, los clientes se huelen el mal rollo

y se van al bar de al lado echando leches.

Vale que Ana lleva poco tiempo, y bueno,

yo me tengo que adaptar a ella.

Pero sobre todo ella se tiene que adaptar a mí,

que para eso soy yo el jefe, ¿No?

Porque lo que no puede ser es que tengas un empleado ahí

y que, bueno, que no quiero decir nada porque al final todo se sabe.

Y no deja de ser la mujer de Pepe.

-¡Hola!

-¡Doctor Merino! -¡Hombre!

-Lleva usted mucho tiempo aquí. -No me estarás espiando, ¿no?

-Sí. Para evitarte.

Y mira que llevo posponiendo el descanso media hora

para no coincidir. Pero chico, no hay manera.

-Ya. Qué mala gente que eres.

Yo estaba pensando entre tomarme un café

o tumbarme diez minutitos aunque sea. ¿Tú qué opinas?

-Pues yo me tomaría el café. -¿Ah, sí?

-Sí. Porque para tumbarte

ya tienes tiempo de sobra mientras escuchas a los pacientes...

-Ya.

Yo a veces, me quedo hasta tronchado en el cuarto de baño.

Entonces es cuando... (Ronquido) -Pues es una buena táctica, ¿eh?

Mira, y te pagan por ello. Yo hago algo parecido.

Hago como que me llaman y así salgo a tomar un poquito a tomar el aire.

-¡Ayyy! Es que ¡es usted muy mala, doctora Reina!

Pone vidas humanas en peligro.

(Mensaje)

Perdona, que es Ángela.

¡Ayyyssss! Imanol está peor. Dice que no quiere ni ir a verle.

No la entiendo a esta mujer, de verdad.

Que se está equivocando, pero mucho.

-Bueno, voy a...

-¡Ah, ah!

Ahí. Te duele, ¿no? Sí. Mucho.

¿Y te duele más que antes? Sí. Sí, sí. Mucho más.

Pero ¿qué tengo ahí dentro, por Dios?

Pues verás, en un principio yo pensé que podría ser apendicitis.

-Entonces, ¿me van a operar? No. No te vamos a operar.

Verás, según los resultados de la analítica,

no hay indicios ni de infección, ni de inflamación en la zona.

Por lo tanto, tengo que descartar el apendicitis.

¿Y entonces? Vamos a hacer una cosa:

En un par de horas vamos a repetir la analítica, ¿de acuerdo?

Y luego comparamos los valores.

Mientras tanto, te voy a hacer una ecografía y un tacto vaginal, ¿m?

-¿Se puede? -Bernardo, pasa amor.

Sí. Pasa, por favor, pasa. Pasa, pasa, pasa.

Os dejo un momento solos.

Voy a ir preparando todo para las pruebas.

-Vale. -Vale.

Hasta ahora. Gracias.

Cariño, ¿qué pasa?, ¿qué es ese dolor, se sabe ya?

-No. No saben qué puede ser. Dicen que apendicitis.

-¿Apendicitis? Pero eso duele un montón, ¿no?

¿Dónde estabas cuando te ha pillado

el dolor has pillado una ambulancia o qué?

-No, no. No ha hecho falta.

-¿Cómo que no ha hecho falta?

Cariño, que sé que eres capaz de haber venido en bus.

-No, no. A ver: no te embales. Estaba aquí, en el hospital.

-¿Cómo que estabas en el hospital? ¿Qué tenías, revisión?

No me habías dicho nada. -He venido a ver a una psicóloga.

-¿Cómo?

Que... ¿Por qué, qué pasa? -Querrás decir, qué no pasa.

-Cariño, no te estoy entendiendo.

-A ver: estoy preocupada por nosotros.

-¿Por nosotros? -Sí. Por nuestra relación.

Tú...,

¿tú te acuerdas de cuándo fue la última vez que hicimos el amor?

-Pero ¿eso qué tiene que ver ahora? -Ay, Ber, pues mira:

yo, yo no sé qué me pasa que, que no tengo ganas y...,

por eso estoy aquí.

Para que me miren, porque yo ya no puedo más.

-Bueno, cariño, ya está, ya está, ya está. No pasa nada.

-Ya. Pero no quiero perderte. -Cariño, cariño. Que ya está.

Que lo único que importa ahora es tu apendicitis, ¿vale?

-Es que te quiero mucho, cariño.

-Yo también, cariño, yo también, mi amor.

Pues va a tener razón Natalia, ¿eh?

Porque..., porque he estado echando cuentas y...,

y de la última vez hace ya dos meses.

O sea, antes hacíamos el amor cada noche.

Antes de ir a dormir.

Pero con el tiempo, pues si un capitulito de una serie por aquí,

que si una infusión por ahí..., porque mañana tenemos que madrugar,

que si esto. Y...

Dos meses ya, ¿eh?

-Bueno, es que estaba a esto.

A esto de tirarme encima y comerle la boca.

-Bueno, ¿y él qué hizo? -Pues nada.

Pero vamos, que yo creo que no le hubiese importado.

-Ah, o sea, ¿que ninguno dio el paso? -No. Qué va.

-Vaya par...

Pues no pensaba yo que Merino fuera el tipo de hombre

que se queda cortadito a la hora de...

-Ya. Ni yo. Pero vamos, que estaba preocupado en cosas suyas.

-Ya, sí. -¿Y tú qué?

¿Otra vez nos dieron las diez, las once, las doce con Dacaret?

Viva el amor. -Viva el sexo, querrás decir.

-Ah, bueno, perdona. Lo dices como si fuera una condena.

-No., no, no, mujer. Eso tampoco.

-Esther..., ¿qué pasa?

-Nada, nada. ¿Qué va a pasar? Sí..., estoy encantada, ¿no me ves?

-Sí. Supercontenta estás.

-Fff. No sé, Bea.

Pero es que hace días que le doy vueltas y, no sé:

Me lo paso bien con Dacaret, pero tengo la sensación de que...,

de que quiero algo más. -¿Algo más?

-Sí, bueno, ya me entiendes: algo más que sexo.

-¿Pero?

-Pero no sé cómo plantearlo. No sé cómo decírselo. Es que...

Desde el primer momento hemos tenido muy claro que lo nuestro era eso.

Era solo sexo.

Y si se lo digo saldrá corriendo, ¿no?

-Hombre... -Ya.

-Ya sabes que con Dacaret todo es posible.

-Sí. Y no es precisamente un ejemplo de madurez.

-No.

¿No crees que igual de momento es mejor que no muevas ficha?

-Sí. Si a lo mejor tienes razón. Pero es que...

Empiezo a estar un poco cansada de la situación, ¿sabes?

-Ya.

Normal, con las noches que te pegas...

-Eres de mala. Anda, trabaja un poco.

-¡Descansa!

A ver, que a mí me encanta ver ilusionada a Esther.

Pero es que chico, ir a enamorarse de ese...

Y sé que soy su amiga y que no puedo ir por ahí criticando a sus parejas.

Pero es que es un impresentable.

Vamos, que como se porte con Esther

la mitad de mal que lo hizo conmigo...

Es que me lo cargo. Me lo cargo.

¿Bernardo? -Sí.

Pasa. -Gracias.

Gracias. -¿Pasa algo, doctor?

Os cuento, por lo que he visto en las imágenes,

no se trata de una apendicitis.

-Pero ¿y entonces por qué me duele tanto en esa zona?

Verás, lo que tienes es una serie de masas sólidas

en la zona del retroperitoneo, que es justo la zona donde te duele.

¿Masas sólidas quiere decir que Natalia tiene un tumor?

Sí, es una especie de tumor, pero bueno, dejadme que os explique.

Veréis, los tejidos de la zona están muy alterados, ¿eh?

Esa alteración lo que ha provocado es esta formación de masas sólidas.

Lo que no implica que sean malignas. Pero ¿podrían serlo?

Bueno, todavía es pronto para saberlo.

Tenemos que hacer pruebas, ¿de acuerdo?

En principio lo que vamos a programar es un TAC de urgencia

y también realizaremos una biopsia de los tejidos de la zona.

Para tener más información.

-Y, ¿si al final es malo?

Eso dependerá de muchos factores, ¿de acuerdo?

Lo más probable es que tengamos que operar.

Incluso aunque sean benignos. -Vale.

Voy a ver cómo va todo para hacer el TAC lo antes posible.

-Vale. Muchas gracias. Hasta ahora.

-Bueno, cariño, todo va a ir bien, ya verás.

-Sí.

Este doctor parece que entiende, ¿verdad?

-Sí, sí. Además, puede ser bueno. Si él confía que sea benigno...

-Sí. Sí, seguro, seguro que es benigno.

-Además, estamos en el mejor sitio posible.

-Que es a tu lado.

-Pepa, yo no sé si sabes algo:

me ha comentado Juancho, ¿sabes quién es?

¿El asistente del quirófano? -Sí, claro.

-¿Sí? -¿Qué?

-Pues me ha dicho que Silva se ha pasado la noche aquí durmiendo

y que no tenía ni urgencias ni guardia ni nada.

¿Ha pasado algo? -Pues claro que ha pasado, Lucía.

Ha pasado que su mujer se ha enterado de lo nuestro, imagínate.

-Bueno, pero tú tampoco te sientas culpable;

que el que tiene pareja es él, no tú. Tú no has hecho nada malo, ¿eh?

-Ya, ya, sí, pero eso es muy fácil decirlo en la teoría.

Pero luego, en el día a día, cuesta muchísimo ponerlo en práctica, ¿eh?

-Ya. ¿Has hablado con él?

-¿Para qué vamos a hablar, si ya se acabó? -¿Sí?

-¿Y Ramón qué tal?

Porque parece ser que lo suyo con Berta,

también se ha acabado, ¿no?

-Pues yo lo veo bastante mejor de lo que me esperaba, ¿eh?

-¿Ah, sí? Jo, pues me alegro muchísimo,

porque ha sufrido con esa relación... -Bueno, a ver,

ha sufrido también porque ha querido, ¿eh?

-¿Tú crees? -Hombre...

Yo creo que él nunca ha estado enamorado. Lo que pasa que...,

pues quería cuidarla porque primero tuvo ella el problema con el alcohol,

luego con la niña...

Pero me da la sensación de que lo que se siente es como liberado ahora.

-Pues qué bien que se sienta liberado.

Vamos, no es el caso de Andrés para nada.

-Que tampoco te digo que no se sienta dolido, ¿eh?

Pero me parece que va a ser lo mejor para los dos.

-O para los tres.

-¿A qué te refieres?

-¡Hombre...! Se te ve un poco contenta.

-¿Tanto se me nota o qué? -Un poquito.

-A ver, estoy contenta por él. -Ajá.

-Porque hemos tenido muchos altibajos...

¡Oye! Pero el cariño siempre queda, han sido muchos años.

-¿El cariño? -Sí. El cariño.

Sí, el cariño, el cariño.

¡Pepa, no me mires así!

De momento lo que hay es cariño, y punto.

-Cariño...

-Bueno, seamos positivos: serán benignos, me operarán y...,

y en una semana estamos en casa, ya verás.

-En nada vamos a volver a estar como antes.

-No, no, no. De eso nada. No. Estaremos mejor que antes.

Te prometo que haremos el amor mucho más. Te lo prometo.

Será como al principio. -Vale. Vale, de acuerdo.

Pero no te agobies ahora por eso.

-Ya. Pero ¿cómo no me voy a agobiar?

Yo quiero ser tu pareja, no tu compañera de piso.

-Bueno, cariño, eres bastante más que una compañera de piso.

-Bueno, pues hagamos que se note, ¿m?

Yo estoy dispuesta a todo para recuperar la pasión y...

Y bueno, espero que tú también te pongas las pilas.

-Sí, sí.

No entiendo a qué viene esto ahora. Pero sí.

-A ver, que yo hablaba así, en general. De...,

los dos tenemos que hacer que esta relación funcione, ¿no?

Y hacer feliz al otro. -Sí, claro.

-Vale.

Pero ¿a qué ha venido eso?

O sea, yo estoy aquí volcado en ella

para que no se venga abajo con lo del tumor,

y me sale con que me ponga las pilas.

¿Que me ponga las pilas en qué?

Yo no lo sé, pero a mí me ha parecido un poco feo.

Pero bueno, los dos estamos en shock,

así que tampoco se lo voy a tener mucho en cuenta.

-Una cervecita por aquí.

-Rafa.

-Chica, ¡estás fatal!

-¿Te importa que me vaya un poco antes?

Es que me duele muchísimo la cabeza, y con esta tos...

-Pero y ¿cómo me dejas la cocina?

-No me ha dado tiempo a limpiarla, lo siento.

-Bueno, venga. Vale. Ya me encargo yo.

-Gracias. -Venga.

Oye, espera. ¿Podemos hablar un momento?

-Jo, ¿tiene que ser ahora?

-Sí. Va a ser solo un momento. Te lo prometo.

-Vale.

-Mira, Ana, que ya sé que llevas poco tiempo

y que es duro adaptarse al ritmo.

Que lo mismo el bar está vacío, como ahora, que no hay nadie,

que de repente entran doce personas y uno quiere un bocadillo,

el otro quiere un plato combinado, el otro quiere una infusión y...

-Ya. ¿Te importa que hablemos mañana? -No. Pero que ya termino.

Solamente quería que supieses que sé que estás delicada de salud.

Pero es que yo tampoco aguanto más, Ana.

Es que yo te he contratado para que me ayudes,

no para cargarme con más trabajo.

-Perdóname, es que no me encuentro bien. Lo siento, de verdad.

-Pero ¿qué te pasa?

-¡Pues que me va a estallar la cabeza!

-¡Pero bueno! Chica, tranquilízate, por Dios.

Que seguro que no es para tanto.

-¡Que no se me pasa y cada vez me duele más y me estoy ahogando!

-Bueno, tranquila, tranquila.

A ver, intenta, intenta relajarte.

Respira hondo. Respira hondo.

¡Vanessa, Vanessa, tráeme una silla! -Es que no puedo respirar.

-Respira hondo, tranquila. Tranquila. Tranquilízate.

-Nos vemos el mes que viene en revisión. Adiós.

-Beatriz.

¿Sabes que me debes seis informes de alta de la semana pasada?

-Sí. Sí, sí. Lo sé. Me faltan todavía dos; pero es que ando superliada.

-Ya. ¿Los tendrás para el viernes? -Sí, claro. Para el viernes perfecto.

-Estupendo. -Ángela.

-¿Sí? -¿Estás bien?

-¿Perdona?

-Bueno, oí lo de tu padre y, bueno, quería...

-Estoy bien. Gracias.

-Igual no quieres hablar de ello. Es duro.

Lo sé, sé de qué hablo.

Y por eso te recomendaría que no te dejaras nada dentro.

-¿Qué quieres decir?

-Mi abuelo aguantó muchos días sedado.

Y mi familia no paraba de insistirme en que fuera a verle

y yo solo hacía que buscar excusas para no hacerlo.

Y si te digo la verdad, todavía no sé por qué.

-¿Y?

-Bueno, que supongo que lo hacía

porque pensaba que, si no iba a ver a mi abuelo, seguiría vivo.

-Ya. Pues siento que no vieras a tu abuelo antes de que se muriera.

Imagino que tendríais una relación estupenda.

-Le adoraba. Y él me adoraba a mí.

-Pues gracias por contarme esta historia.

Pues lo siento, de verdad. Oye, dime una cosa,

¿de dónde has sacado que no quiero ir a verle, eh?

-Bueno, Merino me comentó algo y... -Ya.

Pues dile a Merino que la próxima vez

se busque otro tema de conversación cuando yo no esté presente.

-Ángela, lo siento. Solo quería ayudar.

-Te lo agradezco, Beatriz.

Pero, si quieres ayudarme, por favor, termina esos informes, ¿M?

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Centro médico - 04/12/18 (1)

04 dic 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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