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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 03/12/18 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-¡Antonio! Antonio, soy el doctor Herrera, ¿me reconoce?

Antonio. Estoy aquí, hemos hablado antes. Vale, tranquilo.

Venga, vamos a quirófano.

¿Vale? tranquilo.

Antonio, estoy contigo, ¿vale?

-¿Qué pasa?

-Antonio, que su nivel de consciencia está descendiendo mucho.

-¿Y eso qué significa?

-Bueno, le acabamos de hacer un TAC craneal

y tiene una hemorragia cerebral, ¿vale?

Por eso ha estado perdiendo fuerza y capacidad motora en su pierna.

Porque estaba sufriendo un ictus.

Y ahora, si me disculpa, tengo que operarle cuanto antes.

No me puedo entretener. -Claro, claro. Vaya.

Eh, ¿qué le van a hacer? -Le vamos a hacer una craneostomía.

-Sí. -¿Vale?

Que es para evacuar la sangre que tiene ahí acumulada.

Bueno, para entendernos: le vamos a perforar el cráneo.

Y ahora, si me disculpa, de verdad, que tengo prisa.

A ver...

-¿Se va a morir? -Si le soy sincero, no lo sé.

Es una operación muy complicada.

Pero lo vamos a intentar.

-Gracias.

(Campana)

¡Bote!

¡Hombre, el tío más afortunado del barrio!

-No, no. Rafa, déjate de guasa, que menudo plan llevo.

Ponme un café, anda.

-Vanessa, ponle un café al doctor Dacaret.

Bueno, ¿qué tal? ¿Cómo fue lo del regalo con la del sexo histórico?

-Pues funcionó perfectamente.

Dice que me devuelve el favor el jueves que viene por la noche.

-¿Qué?

-Eso, sí. Con incienso, aceites y cuerpos desnudos. Eso me dijo.

En señal de agradecimiento.

-O sea, ¿que todavía no has cortado con ella?

-No pude.

-Desde luego los hay que nacen con suerte, macho.

-¿Con suerte? No..., no sé qué me pasó.

Que me lie, me lie. No sé.

-¿Te liaste? -Sí, no. Se me nubló el cerebro.

Si es que no me acuerdo bien.

-Pues si quieres te lo recuerdo yo. -¿Cómo?

-Que la carne es débil.

Eso fue lo que te pasó.

Y entonces ¿ahora qué? -Pues no sé.

Estoy pensando en terminar con la otra.

Porque si no puedo renunciar al sexo, ¿qué hago?,

pues renuncio a lo otro, el romance.

Lo que tengo claro es que no quiero hacerle daño a ninguna de las dos.

-O sea, que entre la carne y el corazón, pues te quedas con la carne.

-Pues eso parece, sí.

-Pues hablando de carne:

tengo unos solomillitos que te puedo hacer vuelta y vuelta,

un montadito... ¿Qué te parece?

-Rafa, que no estoy yo ahora para...

-Pues chico, las penas con pan, son menos, hombre.

-Bueno, ponme uno. Vale. -Venga.

-Oye, apúntamelo.

-Sí. Oye, que tienes la nota del otro día todavía, ¿eh?

-Apúntamelo, Rafa. -Bueno, vale.

-¿Una guardia dura? -No.

-No sabía que tenías turno esta noche.

-No tenía turno y he dormido aquí.

Problemas en casa.

-Si necesitas hablar... -No. Gracias.

-¿No? Bueno, de momento lo que seguro que necesitas es un buen café, ¿no?

-Eso seguro. -Venga, vamos, que te invito.

¿Sabe Ángela que te has quedado aquí? -No, qué va. No le he dicho nada.

-Bueno, pues mejor que no se entere.

-¿Sigues queriendo destronarla?

-Eh, hombre, a ver: no lo digas así, que suena muy feo.

-¿Relevarla de sus funciones te suena mejor?

-Mucho mejor. Sí. Sigo queriendo.

¿Y tú sigues sin querer unirte? -Yo lo que no quiero son problemas.

Que ya tengo bastante con los míos.

Además, al final Ángela no me despidió. O sea que...

-Bueno, no te despidió gracias a mí.

Está feo que yo lo diga, pero no deberías olvidarlo.

-Bueno, Matías, que no quiero jugársela.

-Su trabajo está dejando mucho que desear y lo sabes.

Y el departamento de investigación con células madre

me parece vital para nosotros dos, pero sobre todo para el hospital.

-Que sí, si yo te entiendo. Pero también la entiendo a ella.

Aunque está claro que últimamente

sus problemas personales le están afectando.

-Estás muy empático. Es lo que tiene que te echen de casa.

Bueno, no soy de los que me gusta insistir.

-Va. Vamos a por ese café.

Dame cinco minutos, que me pego una ducha y bajo.

-Venga.

-Matías y yo ya hemos enterrado el hacha de guerra.

No sé qué tiene este tío que siempre me acaba liando, pero bueno,

son ya muchos años y ya nos conocemos.

No es tan fácil quitárselo de encima.

Por eso creo que es un buen candidato

para el puesto de director del hospital.

Porque tiene justo lo que hay que tener:

cara dura y frialdad. Él siempre se mueve en su línea.

-Tú no te preocupes que es una prueba de nada.

Tranquila, Nuria.

-Hola. -Hola.

-¿Tienes un segundo? -Sí, claro.

-Que tengo una cosa para ti. Toma.

-¿Y esto?

¿Finde de relax? -Sí. Es una sesión de spa con masaje.

-Qué maravilla, ¿no?

-Bueno, una tarde allí es como estar una semana entera de vacaciones.

-Y..., ¿y esto a cuento de qué? -Pues no sé. Para...

-Muchas gracias. -De nada.

-Hola. -Hola.

-¿Y la paciente? -¿Nuria? Se ha ido ya.

-Vaya, se me han adelantado. -Os falta coordinación.

-Sí. Un poco, sí.

-Oye, que tenía que ver una cosa con Rocío.

-Ah, pues claro. Bueno, os dejo. Me voy.

Nos vemos, ¿m?

-Sí, claro. En el hospital, estamos aquí todos.

-Sí. Hasta ahora.

-Hasta ahora, Esther.

No si..., a lo tonto, a lo tonto va a acabar gustándome este tío.

Sí, no sé. No sé qué es ahí... Hay algo, ¿no? Hay química.

En la cama nos lo pasamos muy bien los dos.

Y a veces pienso que igual me gustaría que esto fuera a más.

Bueno, me gustaría que los dos pensáramos eso aunque...,

ya sabíamos lo que hay.

-Hola.

¿Cómo estás?

Espero que ya no te duela nada, que estés mejor.

Aunque con esa venda das un poco de yuyu.

¡Ay, Chiripa, Chiripa!

¡Ay!

Tienes que ponerte bien, ¿eh?

Que tú, con tal de salirte con la tuya y no entrar en el talego,

eres capaz de todo.

Además, que los liantes como tú no acaban así.

Y tú no eres tan mala gente.

Podías aprovechar el susto que te ha dado

para hacer algo de provecho en la vida

y no estar todo el día por ahí de, de farras y de jarana.

Yo no sé si yo debería haber llamado a alguien.

¿Este hombre tendrá familia? Yo no lo sé.

No sé si tiene hermanos... ¡Qué cosa más rara!

¡Ayy...! La verdad..., es que yo ya estoy cansado de todo esto.

Estar todo el día para aquí y para allá.

Y no te creas que todos los delincuentes son como tú.

Mira, Chiripa, yo había venido a decirte una cosa.

Pero voy a esperar a que te despiertes.

Porque te vas a despertar; ya lo verás.

-A ver: a ver, Rocío, escúchame.

Mira, que lo del otro día de la cena, que estuvo muy bien y...,

y yo te quería decir que... ¡oh! -Daca... ¿Qué haces hablando solo?

Oye, que ¿qué me querías contar?

Que al final, con tanto lío de las Urgencias y tal no hemos hablado.

-Sí, a ver: escucha, Rocío. Mira, que te quería decir que...

Nada, nada.

Que la cena del otro día, que estuvo muy bien y eso, que...

-Que no te lo pasaste bien.

-Que sí, hombre. Si es lo que te estoy diciendo, que estuvo muy bien.

-Ya, es que tienes una cara... Que ¿qué te pasa?

-Nada, nada. Por otras cosas.

Es que no sé qué hago, que me meto en unos líos yo solo que...

-Es que si no te metieses en líos no serías Dacaret.

-Ya.

-¿Qué?

-¿Qué de qué? Nada. -¿Qué pasa?

-Lo que pasa, Rocío es que me encanta tu sonrisa. Eso pasa.

-A ver, que tú sabes que a mí me puedes contar lo que quieras;

los líos esos en los que te metes, lo que sea.

Y bueno, aprovechando, pues...

Que estoy muy a gusto contigo;

y la verdad que me pasa con muy poca gente. Y...,

el otro día me lo pasé muy bien.

Bueno, el otro día y todos los días.

Bueno, que me lo pasé mejor que, que con un amigo.

-Ya, sí. Si a mí me pasa exactamente lo mismo.

-¿Entonces, me vas a contar qué te pasa?

-Nada. Mejor que no.

-Mira: ¿nos vamos a cenar tú y yo y me lo cuentas?

Eso para ayudarte a decidirte, por si te lo estás pensando.

-No, no. No tengo que pensar nada, no.

-¿Entonces nos vemos esta noche en el mismo sitio?

-Mm. -Venga. Te veo esta noche.

-Vale.

-Fíjate, ¿no? Daca y yo siendo tan amigos durante tanto tiempo,

y lo que es la vida.

Que ahora me va a empezar a gustar un poco.

Bueno, el caso es que yo creo que vamos por buen camino.

-Hola. -Hola, buenas tardes.

-Soy el doctor Andrés Silva,

el cirujano que la ha atendido en el quirófano.

-Encantada. -Igualmente.

-¿Cómo ha salido la operación? -Bueno, ¿cómo te encuentras?

-Bien. Yo me encuentro bien. Un poco embotada, pero bien.

-Bueno, claro, eso es normal, no te preocupes.

Pero vamos, que la operación ha salido perfectamente.

-Y ¿no se ha derramado nada del líquido del quiste?

-No, no, no. Ni una gotita. -Menos mal.

-Lo que tenías era un quiste hidatídico.

Está provocado por un parásito. -¿Por un parásito?

-Sí. Bueno, es un equinococo.

Es una especie de gusano plano

que suele alojarse en los intestinos de los animales.

-¡Por Dios!

Pero si yo no tengo animales.

¿Eso cómo ha podido llegar a parar ahí?

-Bueno, normalmente, por ejemplo, en las ovejas y otro tipo de ganado

suele ser el animal intermediario.

Pero su origen es en los perros. -Mi madre.

-¿Perdón? -Que mi madre es la que tiene perro.

Tiene una granja y allí tiene varios perros que van y vienen.

-Vale. ¿Y los lleva al veterinario? -Pues no.

-Pues sin los controles adecuados,

seguramente ese es el foco de la enfermedad.

-Vamos, me va a encantar llamarla para decírselo.

-¿Y eso por qué?

-Nada, hijo, una larga historia. Yo me entiendo.

-Vale. Bueno, quiero que sepas que has tenido mucha suerte, ¿vale?

Porque es una enfermedad grave.

Normalmente los quistes hidatídicos se dan en formaciones grupales,

pero bueno, a ti por suerte solo te hemos encontrado uno.

-Pues menos mal.

-Después de la cirugía, no creo que ya tengas problemas.

Nada, si todo va bien, en breve te daremos el alta.

¿De acuerdo? -Muchas gracias.

Y una cosita. M...

¿Sabes si el doctor Dacaret se pasará por aquí?

Es que me gustaría despedirme de él. -Seguro que sí.

Hasta luego. -Gracias. Hasta luego.

Anda, que estoy deseando llamar a mi madre para contárselo.

Esos perros yo no sé de dónde salen.

Están por ahí siempre merodeando, para arriba y para abajo...

Y mi madre, pues les da de comer. Pero vacunarlos...

Ella qué va a vacunar a los perros.

Yo la verdad es que tampoco me paso mucho por allí,

porque es que la verdad es que mi madre es muy pesada.

Pero bueno, a última hora, tus padres son tus padres, ¿no?

-Hola.

Bueno, pues va a ser verdad que eres un tipo duro.

-¡Ja! Como una vaca vieja.

-Pues sí. Porque he visto pocos casos como el tuyo.

-Entonces, ¿puedo..., irme? -No, hombre, no. ¿Adónde quieres ir?

No, pero si te hemos taladrado la cabeza.

-Ah. Sí. Y, y más cosas bonitas.

-No lo sabes tú bien. He perdido la cuenta.

Te hemos hecho un TAVI, te hemos operado de una pancolitis,

has tenido una insuficiencia renal y te ha dado un ictus, ¿eh?

No te pierdes una, Chiripa. Que bicho malo nunca muere. ¡Ja, ja!

-¿Y esto de la boca? -¿La dificultad en el habla?

-Sí. -También es consecuencia del ictus.

Con ejercicios de logopedia y con trabajo y esfuerzo,

puede ser que vayas mejorando en el habla.

-Ah. -No te preocupes.

-Doctor. Pensaba..., que, que me moría, ¿eh?

-¿Sí? Yo también, Antonio, si te soy sincero.

Y vamos, aún todavía no las tengo todas conmigo.

-No, no, no... No, no, no me asuste, leche, ¡no me asuste!

-A ver: que no quiero asustarte.

No quiero que te preocupes, pero hay que ser cautos.

La función neurológica ha mejorado bastante, y la renal también.

Por eso te hemos quitado la diálisis y vamos a empezar a darte alimentos.

-Ah. -¿Bien?

-Y, ¿la pierna? -La pierna sí. Va mucho mejor.

Pero irá todavía mucho mejor con la rehabilitación. ¿Vale?

-Ah. Pues otra vez, ¿o..., operarme? -No, no, no. Son unos ejercicios

que vas a tener que seguir bajo las indicaciones del fisioterapeuta.

Y luego, cuando vayas a casa también vas a necesitar ayuda.

-Pero... -Claro, para recuperar.

-Pero ¿cómo...,? Como no llame a..., como no llame a la Alfonsi...

Es que..., es que me cuesta 30 euros cada vez.

-Bueno, eso ya veremos cómo lo solucionamos,

y también depende de dónde pidas la rehabilitación.

-Ah. -¿Sí?

-Sí.

-Bueno, el policía me ha dicho que, bueno,

que no cree que te libres de la cárcel.

-El poli es tonto. -Bueno, eso ya lo decidirá un juez.

-¡Eh, no, de eso nada! De eso nada. Ponte esto otra vez.

Que como volviste la última vez que te escapaste,

espero que no lo vuelvas a hacer, ¿vale?

-Ya.

-Bueno. Y si viene el policía, le pides muy amablemente

que te ayude aquí a dar unos pasitos en la habitación, ¿eh?

Que le va a venir muy bien a tu pierna.

-Ah.

-Bueno, luego en un rato me paso a verte.

-Bien. -Venga, Chiripa, ánimo.

-Adiós. Mmm... Gracias. -De nada.

-Doctor.

-Está ahí el madero...

-¡Andrés!

-¿Sí?

-¿Por qué? -¿Por qué, qué?

-Pensaba que eras alguien más noble, la verdad.

-Ángela, si no vamos a hablar de algo estrictamente profesional,

creo que no tenemos nada de qué hablar.

-¿Por qué le haces esto a Begoña?

No sé, si no eras feliz o te sentías atraído por otra persona,

se lo podías haber dicho, ¿no?

-Pero ¿por qué no te metes en tus asuntos?

-Porque... Si tus asuntos hacen que duermas

en la sala de descanso del hospital, son mis asuntos también, ¿comprendes?

-Mira, Ángela, estoy haciendo un esfuerzo por no perder la paciencia.

¿Vale? Y sinceramente no creo que tú seas la persona idónea

para darme lecciones de cómo tratar los temas personales en el trabajo,

¿no te parece? -No te compares conmigo.

-Bueno, yo hasta ahora no he montado ningún pollo en el hospital.

-Ni yo he traicionado a nadie que me quiera, Andrés.

-No. ¿No has traicionado a nadie en toda tu vida?

Mira, Ángela, que me da igual.

No quiero hablar de mi vida privada contigo y punto.

-Pero ¿por qué lo has hecho?

Begoña no te lo va a preguntar, pero no lo entiende, Andrés.

-Estas cosas pasan, ¿vale? Somos humanos.

-Si has sido capaz de hacerle esto a tu mujer,

¿qué serás capaz de hacer a los demás?

-Mira, ¡déjame en paz!

-No, ¡Espera un momento! No pases una sola noche más aquí.

Tú verás lo que haces; ¿entendido?

¿Entendido? -Entendido.

-Muy bien.

-Anda, que estás como para echar unas carreras.

-¡Ay! -Espera, espera, espera...

Espera, que te ayude. -¡Ay!

-Venga, antes de que venga el médico. -¡Ay!

-No te vayas a desgraciar. ¿Eh?

-Esto sí que es dedicación exclusiva.

Oye, ¿y tu familia, qué? ¿Trabajando?

-Mira, no me piques, ¿eh?

Que como le dé a la palanca, te vas con la cama al suelo, ¿eh?

-Vete si quieres. -Sí, hombre. Eso quisieras tú.

Para que te fugues otra vez y no sepamos luego ni dónde encontrarte.

¡Ah, por cierto! -Sí.

-He estado mirando, y puedes cumplir condena

en un centro que den rehabilitación.

Solo hay que presentar una solicitud y tramitarla con el hospital.

Así que ahora, cuando venga el médico, pues le preguntamos.

-Mm. -¿M?

-Gracias. -De nada, hombre.

-Ya. Oye, ¿y la chola mejor?

-¿Eh?

¡Ah, sí, sí, sí!

Bueno, todavía me duele un poco. Pero va mejor, mejor.

-Me alegro. Menos mal.

Digo que, a ver si al final el que se va a morir eres tú.

-Tampoco iba a morirme.

-Bueno, hombre. Tampoco tienes tanto aguante, ¿no?

-Verás, es que en realidad te he estado tomando un poco el pelo.

-¿Eh? -Sí. La cosa no era tan grave.

-Ah. Bueno, Así te pones ahora duro, que menudo guantazo que te di.

-Que tampoco fue para tanto. Si en realidad lo hice para...,

para fastidiarte.

-¿En serio? Y ¿no te hice nada?

-Muy poca cosa. Un golpe y un..., esto es madera de nogal.

-¿Y todo ese cuento?

-Nada. Que solo me hiciste una pequeña herida y un chiii-chón.

¿Ves cómo no eres tan duro Chiripa? -¡Ah, ah!

-¡Eeeh! Y estabas preocupado, ¿eh, ladrón?

-No tanto.

Sí. Yo ya sabía que no podía fiarme de un madero.

Aunque me alegro de no haberle abierto la cabeza.

Pero me..., me toca las narices que me vacile.

Verdad, ¿verdad que es buen actor el jodío, eh?

Aunque..., vamos, se estará riendo por metérmela doblada.

Pero, como me pase otra vez, le doy fuerte de verdad.

(Llaman a la puerta)

-Hola.

-¡Hombre! Ya pensaba que no te veía.

-Ya. Oye, perdona que no me pasara después de la operación.

Pero es que estaba hasta arriba, ¿eh? -Ya. ¿Abarcando demasiado, no?

-No, bueno. Y también mucho trabajo.

Que por cierto: hablé con Silva

y me ha dicho que la operación fue muy bien.

-Pues sí. Gracias a Dios he tenido suerte.

-Ya. También me ha dicho que los responsables parecían

los perros de tu madre. -¿Has visto qué fuerte?

Bueno, la he llamado para contárselo, pero es que no se lo cree.

Piensa que le estoy mintiendo y que es cosa del culturismo.

Vamos, que es cabezota como ella misma.

Bueno, ¿y tú qué? ¿Te deslías o no? -Todo lo contrario.

-Desde luego, vamos, que estás hecho un perla, ¿eh?

-Ya. Pero a ver: que yo lo intento, ¿eh?

-Sí, sí, vamos. Seguro, seguro.

-No, lo que pasa que noto que, cuanto más me intento desliar, más me lío.

-Claro. Pero es que muchas veces, cuando los líos están así,

muy cogidos, muy cogidos, hay que cortar por lo sano.

-Pues mira: eso es justo lo que dice mi amigo Rafa.

-Pues hazle caso. -Ya. Pero no es tan fácil.

Porque lo que pasa con un nudo cuando lleva mucho tiempo atado,

es que no hay forma de meter ni un dedo, ni una uña.

Aquello se... -Son excusas, son excusas.

-Ya.

¡Ahí va!

-¿Qué pasa? -Nada.

Que me acabo de acordar que he quedado esta noche con...,

con dos de ellas.

Pero bueno, que tiene solución, ¿eh? Desquedo con una y ya está.

-Vamos, lo tuyo es muy fuerte, ¿eh? ¿Y te parece así, muy bonito?

-A ver, que digo yo que tampoco pasa nada

por quedar con dos mujeres a la... -¿Ah, no?

¿A ti te gustaría estar en el lugar de una de ellas dos?

-Pues... -¿Qué?

No. Vamos a ver. -Bueno, vale. O sea...

-Mira, yo no te conozco de nada, ¿vale?

Pero, que si fuera tu amigo Rafa, te diría que no te autojustifiques.

-Vale. Bueno, pues ya lo pienso mañana, ¿no?

¿Qué más da un día más o un día menos?

-Desde luego, vamos, es que eres increíble.

Eres un perla pero en condiciones, vamos.

-Parece que estás asimilando los alimentos bien.

-Hombre, por cómo ha comido, yo diría que mejor que bien, ¿no?

-Cuando se ha pasado hambre, eso se queda.

-¿Y Juan? -Ah... ¿Quién?

-Venga... Venga, va, ¿eh? ¿Todavía estáis con eso?

-Mm... No sé de quién hablas, ¿eh?

-Pues Juan es el hombre que ha estado esperando abajo, muchas horas

a que salieses de quirófano todas las veces que has entrado.

-Mm... ¿Y esta quién es? -Tiene razón, Antonio.

Juan ha estado preocupado por ti todo este tiempo aquí.

A ver, ¿qué ha pasado ahora?

-Nada, que me ha traicionado.

-Ya. Pero tú le diste un golpe en la cabeza.

-Sí. Pero eso, eso era supervivencia. -Ya. ¿Y él qué te hizo?

-Algo go... Algo muy gordo.

-Ya será menos.

-Bueno, vamos a dejarte descansar,

que yo creo que es suficiente por hoy.

-¿Vale?

Bueno, hasta luego, Chiripa. -Adiós.

-¡Hombre, mira! ¡Hablando del rey de Roma!

-¿Qué hace este aquí?

-La enfermera me ha dicho que querías verme.

-¡Mm...!

-Mira, ya te he dicho que ha estado aquí todo el rato

preocupándose por ti.

Bueno, hasta luego.

-¿Puedo pasar o no?

-Mira que eres moña. Pasa y no preguntes tanto.

-Te he traído esto. -Dámelo y lárgate.

-Son las primeras páginas de una novela que he empezado a escribir.

-Ah. Pues muy bien. -¿Sabes leer?

-¿Que si sé...? Todavía te doy otra leche, ¿eh?

¡Claro que sé leer! ¿Cómo si no iba a leer la...,

novela esa de El Ladrón de Diamantes?

-El protagonista es el mejor carterista de la ciudad.

Y tiene una técnica estrella, que todavía no sé muy bien cómo es.

-Ah.

-Y al final siempre se libra del trullo.

-Un tío grande.

-Un tío legal, un lobo solitario. Muy leal con los suyos.

-Y... ¿y cómo acaba? -Todavía no lo sé.

Pero seguro que con las botas puestas.

-Ay...

-Si tú te retiras, yo también.

-Entonces, ¿ya no vas a atrapar a los malos?

-A los que queden en la calle no.

-¿Y qué vas a hacer? -Escribir.

-Pues vaya plan. -Me apetece mucho.

-Entonces no te va a servir de nada saber la técnica estrella.

-No importa. Los nuevos que se busquen sus propias fuentes

y sus propios colegas. ¿No te parece? -Pues sí.

-Claro. -Que, que... ¡Que espabilen!

-Eso es.

No me voy a meter en una oficina.

Pero he hablado con mi jefe para que me dé la jubilación anticipada.

Yo todavía me encuentro bien y creo que puedo hacer muchas cosas.

Aunque creo que mis años de perseguir delincuentes se han terminado.

Me voy por todo lo alto. Y ahora a disfrutar.

A ver si consigo sacarle provecho a tanta novela

y tantos años de servicio.

-Por todo lo alto me retiro.

Como un señor.

Porque está claro que..., no han podido conmigo.

Una cárcel para hacer gimnasia y que se pueda entrar y salir,

eso no es una cárcel, ni es nada.

Así que yo gano.

Se ponga Juan como se ponga.

Y encima ahora que me va a escribir un libro, voy a ser famoso.

Más todavía.

Juanito...

-Pues nada, que aquí te quedas. Que yo me voy a un spa;

que con el día que llevo, nada mejor que un baño relajante

y un buen masaje. -¡Qué bien! ¿Y eso?

-Nada, regalitos que le hacen a una.

De un chico que estoy viendo, pero no me tires de la lengua,

que no te puedo contar nada. -¡Bueno, bueno...!

-Disfruta del spa. -Gracias. Hasta mañana.

-Hasta mañana.

-Ey... -Así que un spa, ¿eh? ¡Qué suerte!

-¡Ay, sí! Tengo la espalda destrozada.

De hecho es uno que..., voy a uno que me recomendaste tú, ¿no?

Que está por aquí cerca, ¿cómo se llamaba? Era algo nazarí o...

-¡Palacio Nazarí! -Palacio.

-Bueno, maravilloso. Te va a encantar, ya verás.

-¿Sí? He estado cotilleando en Internet y tienen una pinta...

-No, si ya te digo que es maravilloso.

Bueno, y después del masaje te tienes que tomar un té de hibisco,

el reina mora, que está buenísimo. -Bueno, pues tomo nota.

-Oye, ¿y qué itinerario has contratado?

-Pues creo que tengo aguas termales y un masaje, sí.

Ay, espero no quedarme dormida. Porque estoy tan cansada...

-Qué bien. Yo a ver si voy uno de estos días.

Porque también estoy de un cansado...

-Oye, pues cuando quieras vamos juntas.

-Ah, pues mira.

-¡Claro! -Claro que sí.

-Lo organizamos y ya está. -Oye, ¿y quién es el afortunado?

-Mm... Eso es confidencial. -¡Ayss!

-Ahí, ahí está. Perfecto. Perfecto; muchas gracias.

Hasta luego.

-¿Tienes un momento?

-Has visto qué senos paranasales tan magníficos, ¿eh?

Para que luego digan que la ciencia no es arte.

Mira los colores, si parece una mariposa.

-Cuenta conmigo.

-¿Cómo dices?

-Para echar a Ángela. Que cuentes conmigo.

-¿Qué ha pasado?

-Pues que Ángela no está preparada para dirigir un hospital

y aparte estoy bastante harto de estar en la cuerda floja

cada vez que le da un pronto. -Bueno, por eso no te preocupes,

porque creo que no puede echar a alguien de tu perfil.

-Es amiga íntima de Begoña. -Ya. Entendido.

Bienvenido al equipo.

-Por el futuro director del hospital. -Y por ti, amigo.

-Me duelen las articulaciones y, de vez en cuando,

me dan ataques de tos.

Y a veces me salen como unas manchitas.

-Vale. Así, de primeras, parece una dermatitis leve.

¿Tiene algún antecedente de alguna otra enfermedad?

-Tengo fibromialgia.

-Que tengo problemas de cama.

-¿Tienes pareja estable? -Sí, sí. Llevamos tres años.

Pero él está bien, ¿eh?

-Te ha podido pesar la rutina

y es normal que puedas tener etapas de inapetencia sexual.

-¡Ah! -¿Te encuentras bien, seguro?

¿Quieres que llame a un médico? -¡Ah!

-Cariño, ¿qué te pasa, que es ese dolor, se sabe ya?

-No. No saben qué puede ser.

-¿Dónde estabas cuando te ha pillado el dolor?

¿Has pillado una ambulancia o qué? -No, no. No ha hecho falta.

Ya estaba aquí, en el hospital. -¿Qué tenías, revisión?

No me habías dicho nada. -He venido a ver a una psicóloga.

-¿Sigues sin...? -Sí. No, no. No he ido todavía. No...

Es que no me gusta verle así.

-Sé que es una, una cuestión muy difícil.

Pero el tiempo se acaba

y quizá luego te arrepientas de no haberte despedido de él.

-En serio, que..., que es que no tengo tiempo.

-Ya. -Es que...

Bueno, me está esperando un paciente y...

-Bueno, y a mí otro.

-Me lo paso bien con Dacaret. Pero tengo la sensación de que...

De que quiero algo más.

-Ya sabes que con Dacaret todo es posible, Esther.

Subtitulación realizada por Teresa García Román

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Centro médico - 03/12/18 (2)

03 dic 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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