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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 16/01/19 (1) - ver ahora
Transcripción completa

-He comprado un billete, a Roma. -Qué bonito.

-Sí. Allí voy a tener mi vida soñada,

con el Coliseo, el Panteón, toda la civilización romana a mis pies.

-Me he dado cuenta que la persona a la que más quiero no iba

a estar allí conmigo y... y eso es un problema, claro.

Quiero dejarlo. Créeme que he intentado superarlo

y que no me afecte, pero no.

Lo siento. -No me puedo creer

que la jefatura de Servicio te esté desquiciando a ti también.

-Aunque igual si te está pasando eso es porque hay otra cosa

por ahí debajo que te está... -El problema es que...

lo he dejado con Reina. -Ah.

-Jo, lo siento. Ainhoa me estaba justo contando

que quiere reenfocar su carrera. Me apetece más de tranquilidad

y, trabajar en el hospital... Lo siento, pero no necesito un SAMUR.

¡No, no, no! No vendría como SAMUR. Ella es médico.

Vendría como médico interna. -Mi plantilla necesita

lo que tú manejas, que es ilusión. -Así que, si quieres dejar el SAMUR,

eres bienvenida. -Pero si vuelves a este hospital,

no me puedes dejar colgado como la última vez.

-Si te comprometes, te comprometes.

No te preocupes, esta nueva oportunidad no la voy a dejar pasar.

-El ambiente aquí en el hospital últimamente no es demasiado bueno;

no sé si has escuchado algo. -No. La verdad es que no.

-Intento hacer las cosas bien, y llevo tiempo haciéndolas bien;

pero la gente no lo entiende. -Si yo puedo ayudarte en algo...

-Gracias, Ainhoa. -Sabía que no me equivocaba contigo.

Todo tuyo.

-¿Ya has terminado todos los temas? Ni lo he abierto. No pienso estudiar.

Y no empieces a darme la chapa.

-Mateo ya hemos hablado de esto. Pues por eso mismo.

¿Quieres, que te lo repita otra vez? Yo si quieres te lo repito, Adela,

no voy a estudiar. No me hace falta. -¡Claro que te hace falta, Mateo!

-No puedes quedarte atrás en los estudios, no seas cabezón.

Que ya sé todo lo que tengo que saber, Adela.

-Perdona que te diga, te equivocas. -Tienes que pensar en tu futuro.

Pero ¿qué futuro? ¿Sabes cuánto tiempo llevo aquí metido?

Y lo peor, ¿sabes cuánto me queda todavía?

No lo sabes, ¿verdad? Ya somos dos.

-Pero cuando salgas querrás estar al mismo nivel que tus compañeros.

Me da igual.

-¡Ay, Mateo! Adela, deja de resoplar, ¿vale?

No llevas aquí el mismo tiempo que yo Y estoy lo suficientemente fastidiado

como para ponerme a leer libros. Un libro de gente

que ha escrito otro libro. -Bueno, no son tonterías.

-Leer esponja la mente y te hace viajar a otros sitios,

aunque estés aquí, y que no solo existe la televisión y la consola;

que puedes disfrutar mucho. -Mateo ni siquiera quiere salir

a que le dé el aire. Sí, claro, salir al pasillo...

Menuda fiesta, ¿eh? -Mateo, tienes razón.

Vaya. Pues sí que te ha costado entenderlo poco.

-Ten. Toma esto. ¿Qué es esto?

-Es "La montaña mágica", de Thomas Mann.

-Si no quieres leer libros sobre gente que escribe libros,

pues te puedes leer esos libros directamente.

-Va de una persona que está igual que tú. Te identificarás.

Paso. -Mateo, léete el libro, por favor.

-El primer capítulo, por lo menos y lo comentamos esta tarde.

-Esos son tus deberes para hoy. Pero... que no quiero leer, Adela.

-La verdad es que es un libro bastante complejo, ¿eh?

-Si no tienes hábito de lectura... Pero... ¿qué te crees,

que no lo voy a entender, o cómo? -No, bueno...

-Si quieres te lo dejamos aquí; es bastante complicado para tu edad.

Ya te digo yo que no; pero vaya, vosotras mismas.

-¡Ay, de verdad!, que a cabezón no te gana nadie, Mateo.

-Adela es una profesora hospitalaria,

con muchísima experiencia como docente

y ahora está formando parte de un proyecto

que hemos iniciado desde el hospital, desde el Departamento de Psicología,

para que los menores que tienen enfermedades de larga duración

puedan seguir formándose y así no tengan que repetir curso

cuando salgan del hospital; eso les ayuda a sentirse activos.

-Me duele ver a Mateo con esa actitud tan pesimista.

-Con esa actitud no va a llegar a ningún sitio;

no quiere leer, no quiere cantar, no quiere ¡nada!

-Ya. A mí también me gustaría verle más animado.

-Está en una situación muy difícil. -Si ya lo sé.

-Parecía que la cosa iba mejorando, pero al final no.

-Las últimas pruebas han sido un palo -Pues tú imagínate para él,

que pensaba que iba a salir ya del hospital.

-Hay que tener paciencia. -Paciencia tengo toda la del mundo.

-Yo entiendo que esté hecho polvo, pero me niego a compadecerlo.

-No se trata de compadecerlo. -Mira,...

hay que tratarle como a un chico cualquiera, exigirle como a los demás

-Si no, se va a quedar ahí, metido en su concha,

comportándose como una víctima y lamentándose y, nada más.

-Pero es que no es un chico normal. Está enfermo.

-¿Quieres que lo trate como enfermo? -No quiero que lo trates...

-No quiero que lo trates como a un enfermo;

que lo trates como a un chico normal pero que tú sepas que está enfermo.

-Está en una situación muy delicada. -Si ya lo sé.

-Lo que no quiero es que se relaje.

-Quiero que haga cosas, que le entre el gusanillo de la lectura,

¡de lo que sea! -Me mata verle con esa cara tan larga

hasta el suelo, ahí, todos los días. -Ya lo sé. Yo también, cuando le veo,

pues me parece que... -¡Hola!

-Hola. ¿Te pasa algo? -Quería hablar un momento con Adela

antes de que se marchara. -Vale, muy bien. ¿No te importa, no?

-No, no, no, no. Os dejo solos. -Muy bien.

Si yo entiendo perfectamente a Adela;

es verdad que a estos chicos hay que tratarlos como chicos normales.

-Lo que pasa es que hay que tomar en cuenta sus particularidades.

-Es normal que Mateo esté desanimado, porque le hablamos de su futuro,

cuando es su futuro justo lo que está en juego.

-Hay que ser especialmente cuidadoso con estos chicos que están enfermos

porque suelen dar un paso para adelante y dos para atrás.

-Ya tengo los resultados de tus pruebas.

-Bueno, por tu cara, no son buenas noticias.

-No, Adela, no lo son.

-Bueno, no será tan grave, ¿no?, que os conozco después de tantos años

que os gusta un drama... -Dime, ¿qué tengo?

-¿Vamos un momento a mi consulta y hablamos tranquilamente?

-Vale. -Es por aquí.

-Como se puede ver en el TAC, tienes una masa

en el lóbulo inferior izquierdo. -Es una lesión pulmonar expansiva

que está dentro de los bronquios y los vasos sanguíneos.

-Pero eso ya lo esperábamos, ¿no?, y habíamos visto que tenía un nódulo.

-No, no, Adela, creo que no me estás entendiendo.

-Sabíamos que el origen de la infección respiratoria

que tuviste hace unos días era un nódulo, pero hasta

que no te hemos hecho el TAC no hemos visto que el origen es esa masa.

-¿Y tan grave es?

-No te voy a mentir; es el peor escenario posible.

-Siento ser tan directo, pero es que es importante

que tengas clara la gravedad de la situación.

-No, no, no. Tú no te preocupes, dime lo que tengas que decir.

Podría tratarse de un leiomiosarcoma. Un tumor de gran actividad patológica

-Pero a ver, si yo me encuentro perfectamente. No te entiendo.

-Eso es porque todavía no has desarrollado los síntomas,

pero... créeme, es cuestión de tiempo -Hay que operar y cuanto antes.

-¿Pero me tengo que operar ya? -Cuanto antes lo hagamos, mejor;

no hace falta que sea inmediato, pero... sí.

-Bueno, pues entonces prefiero... prefiero esperar un poco.

-No podemos retrasarlo mucho, ¿eh? -No, no, no. No mucho.

-De momento no está afectando a tus capacidades,

pero eso podría cambiar rápidamente. Podría afectar órganos importantes

y que las cosas se fueran complicando.

-Yo entiendo que este tipo de noticias da miedo y bloquean.

-No, no, no. No estoy asustada.

Solo es que tengo trabajo que hacer y no quiero dejarlo a medias.

-No sé yo si es buena idea anteponer el trabajo a la salud.

-Lo sé.

-Pero es que estoy dándole clases a un chico aquí, en el hospital,

y no quiero dejarlo tirado. -Son días muy importantes.

-Están al caer los exámenes, ya sabes Prefiero dejarlo para más adelante.

-Vale. Pero solo unos días, ¿eh? -Como ya te he dicho,

la lesión pulmonar que tienes es de extrema gravedad.

-Oye, una cosa, no digas nada de esto en el hospital, ¿vale?

-No. Por supuesto que no. -Lo que hablamos con los pacientes

es estrictamente confidencial. -Insisto, decídete cuanto antes, ¿eh?

-Uno de los días que Adela se pasó por aquí,

no se encontraba nada bien; tosía muchísimo

y, presentaba todos los síntomas de una infección respiratoria.

-Conseguimos descubrir que todo se debía a un nódulo,

pero quisimos hacerle más pruebas para quedarnos más tranquilos.

Lo último que yo me esperaba es que la causa de todo

se debiera a una masa.

-No sé si Adela es del todo consciente de su situación,

pero desde luego debería serlo y no retrasar demasiado la operación.

-Un leiomiosarcoma, esto ya son palabras mayores.

Iker, ¿estás bien? -Car... Carlos...

-Te estaba esperando. -Tenemos que hablar tú y yo.

Vete a casa; no estás en condiciones de hablar nada.

-No, no. Que tengo que hablar contigo. Escucha.

¿Qué? -Te estás equivocando con Bea.

Ya, bueno. No voy a hablar contigo de Beatriz, ¿eh?

-Yo tampoco voy a discutir. -Pero escúchame.

Yo no quería que pasara nada y Bea tampoco.

-Pero si fue una tontería. Eso tendré que juzgarlo yo.

-Ya pero es que no te enteras, macho. -Que no estaba planeado; que pasó...

-No le des más vueltas. Yo la vi y me acordé de cuando era mi mujer,

cuando estábamos casados y... Vale, ¡déjalo ya, Iker! Déjalo ya.

-No lo dejo. -Escúchame.

-Ella se arrepintió y me echo de su casa.

-¡Fuera! ¡Nunca más, caput! -¡Que te eligió a ti, tío!

Vale, vale. Vale. -¿Y ahora pasas?

-Tú eres tonto. Bueno, basta ya, ¿eh?

-No, ¡basta ya no! ¡Que has ganado tío y no te enteras!

¡Ey, ven aquí! Tranquilo. -Déjame, déjame.

No, no te dejo. Has bebido mucho. Te has pasado con el alcohol

y quiero verte dentro del hospital. -No me apetece.

Bueno pues quiero que me digas que vas a entrar conmigo al hospital.

-Y yo que que te has enterado de lo que te he dicho.

-No, vamos no. ¿Te has enterado o no te has enterado?

Sí, me he enterado perfectamente. Me he enterado, ¿vale?

Pero no es asunto tuyo. Bea sabe lo que hace y yo también, venga.

-Lo hacéis mal. -Los dos, tal para cual,

vamos que me voy a ir de aquí y no os voy a ver el pelo nunca más.

A ver si es verdad. Venga.

Es que al final se acaba enterando todo el mundo de todo.

-¡Oye! Que hacía mucho tiempo que no te veía reír tanto.

Bueno es que hacía mucho tiempo que no era feliz.

-Y me alegro tanto de verdad, después de tantas idas y venidas...

Bueno, bueno. Pero para que eso ya pasó, ¿eh?

-Pues por eso; que me alegro que hayáis dado el paso Silva y tú.

Bueno, y Ramón y tú, ¿no? Que aquí yo no soy la única que está feliz.

-No, no...

Se te ve radiante. -Mira,...

si me llegan a decir hace un año que iba a volver a estar con Ramón...

te que pienso que estoy delirando. ¿Y qué te ibas a volver a casar?

-¡De verdad...! Pero es que me voy a casar dos veces;

soy como las actrices de Hollywood. Está demostrado que el ser humano

es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

Pero que hay que disfrutarlo. que enseguida las cosas dan la vuelta

-¡Ah, no! Esperemos que la vida nos dé un poquito de cancha esta vez,

que nos lo merecemos ya tú y yo. ¿No te parece?

Esperemos, esperemos, esperemos, sí. -Me alegro tanto de verte tan feliz.

-¿Sabes quién tiene unas anécdotas buenísimas de los congresos?

-Ramón. ¿Ah, sí?

Pues Andrés también, ¿eh? -Pues tendremos que quedar los cuatro

¡Venga y hacemos el festival del congreso!

-¡Festival de locos! ¿Cómo no lo hemos pensado antes?

-Espera... que ahí viene.

-Se ha dado cuenta. ¿Sí, se ha dado cuenta?

Hola. -Hola.

Me enteré de lo de Iker. -¡Ah, sí!

¿Dónde le encontraste? -En el jardín del hospital;

con una tajada del 15. -No te preocupes, no parece grave.

-Le están haciendo un lavado de estómago ahora mismo.

¿En el jardín? -Sí.

¿Qué hacía allí? ¿Me estaba esperando?

-No, quería hablar conmigo. -Pero vamos, que estaba tan pedo

que le dio por eso como le podía haber dado por cualquier otra cosa.

¿Y de qué quería hablar contigo?

-De nada, da igual. Estaba borracho. -Carlos,...

de algo sería, ¿no? -Sí, de ti; quería hablar de ti.

-Quería convencerme de que estabas muy arrepentida de lo que pasó

entre tú y él; de que no tuvo importancia.

Lo siento. -Vale, da igual.

-Como te he dicho, estaba muy borracho, así que no pasa nada.

Carlos... -¿Qué?

Nada.

Gracias. -Nos vemos.

Ya verás, son muy simpáticos y muy graciosos.

Lo que pasa es que aquí están trabajando; sobre todo, Ramón.

Pero vamos, que son muy graciosos y, Lucía tiene unos puntos,...

no veas lo que nos hemos reído antes en la cafetería.

-Vale, bien, venga. -¿Sí?

Os vais a llevar bien, ya verás. -Pues nada.

-Si quieres quedamos con ellos para cenar un día que les venga bien.

-Es que quería hablar contigo de otro asunto.

¿Ha pasado algo? -He hablado con Matías,

y ha dado el visto bueno para que te hagan...

una reevaluación de la esclerosis. Bien.

-Y me voy a encargar yo de ello. -¿Tú?

Pero ¿eso no debería de hacerlo un neurólogo?

-Yo estoy perfectamente capacitado para hacerlo,

además, Matías ha dado el visto bueno ¿Y eso?

-Pues, como te he dicho, estoy capacitado para eso.

-Pero en el fondo yo creo que lo que quiere Matías

es compensarme por todo lo que ha pasado; ya sabes.

Eso me suena más creíble. -Bueno, el motivo que sea da igual.

-Lo mejor es que me voy a encargar yo.

Pues yo no creo que sea lo mejor.

-¿Por qué dices eso? Preferiría a alguien imparcial,

sin vínculos emocionales conmigo. -Pepa, yo soy imparcial.

Pero yo quiero saber la verdad.

No quiero más tejemanejes de Herrera con el tema de mi enfermedad

ni levantar rumores sobre si mi evaluación es fiable o no.

-Pero ¿por qué te importa lo que digan los demás?

Es que no es los demás. Es que quiero estar segura

si puedo hacer mi trabajo. -¿Y no te fías de mí para eso?

Preferiría a alguien que no tuviese deudas con nadie.

-Pepa, yo no voy a mentirte, ni a ti ni a nadie.

Pero mira, eso es lo que tú crees,

pero mi trabajo depende de eso y, es importante.

Tú imagínate que hay una duda, un resquicio de duda,

por pequeño que sea, ¿de verdad crees que no vas a tirar por mí,

aunque sea por el cariño que me tienes?

-Te tengo algo más que cariño. Ya, bueno; pues peor me lo pones.

-Vale, muy bien. Como tú quieras.

-No volveremos a cometer los mismos errores del pasado.

Eso es. -Vale.

-Hablaré con Neurología para que busquen al neurólogo

más imparcial y objetivo de todo el hospital, de todo el país,

si es necesario, ¿vale? Mira que eres tonto...

La prueba consiste en hacer una serie de ejercicios

para que un neurólogo determine si he empeorado o no.

La verdad es que, después de los últimos brotes,

yo me he sentido bastante insegura;

y mentiría si dijese que no me da miedo afrontarlo.

Sin embargo, quiero saber de una manera objetiva y fiable

si estoy capacitada para trabajar. Quiero saber la verdad.

-Estoy seguro de que iba a ser objetivo;

aunque estas cosas no son blancas o negras.

-También estoy un poco nervioso por el resultado de la evaluación.

-Espero que a Pepa no le toque un neurólogo demasiado exigente,

porque para ella sería un desastre no poder trabajar de enfermera.

-A ver, yo la conozco, la he visto trabajar

y sé que puede desarrollar su trabajo perfectamente, pero...

ella tiene razón, hay que salir de dudas

y hacerlo con la verdad por delante, sea cual sea.

Esto que estás metiendo ahí...

espero que sea ginebra, ¿eh?, que mezclar no es bueno.

Hola. -Hola.

-Pensaba que no vendrías nunca. ¿Has visto la que he liado solo

para volver a verte? No me hace ninguna gracia, Iker.

-No, a mí tampoco, la verdad. ¿Qué te pasó?

Tienes una pinta horrible.

-Muchísimas gracias. ¿Estás durmiendo en tu coche?

-No, no. Me he pillado una suite junior ahí

en un hotelito en el centro, un tres estrellas, tampoco...

Iker, ¡déjate de chorradas! ¿Sigues durmiendo en el coche?

-Sí, pero...

no te preocupes que yo en el coche estoy fetén.

Vamos, mejor que en tu casa. ¿Que tengo frío? Meto un trago y ya.

-Si es que tampoco... ¿Quieres que me sienta culpable?

-Qué va. -¿Yo? Pero si...

si tú nunca te ves culpable de nada. De que bebas desde luego que no.

Sí, porque sabes que no deberías beber.

-Y tú tampoco deberías haber hecho otras cosas, pero...

aquí estamos, ¿no? -Así es la vida.

¿Qué te pasa en el pie? -Nada.

Nada no. Túmbate, déjame ver.

¿Tú te has visto cómo tienes el pie?

Voy a verte la glucemia.

Dame la mano.

Seguro que ni controlas los niveles de azúcar

ni las comidas... -Pues no; no he hecho nada de eso.

Tienes la glucemia por los aires. ¡Sabes que no puedes tomar alcohol

con tu diabetes! ¿No lo viste?

-Pues no. No me había dado cuenta, no -Tenía la cabeza en otra parte.

-Ni te lo pensaste si quiera, ¿eh? ¿Ni me pensé el qué?

-Pues que podía haberme quedado en tu casa contigo.

Pero no, tú coges y me echas ahí como un perro. ¡Venga, a la calle!

Oye, tú estabas de acuerdo. -¿Qué querías que te dijera, que no?

-Si tanto te preocupa mi salud, ¿por qué me echas a la calle?

-¿Adónde te pensabas que iba a ir?

-Has jugado conmigo, Bea. -Me has cuidado,

te has portado bien conmigo, te has reído conmigo,

me has besado, te has acostado... conmigo...

-Y luego me echas a la calle. -Ni siquiera llamas para preguntarme.

Lo primero, que tú estabas de acuerdo en marcharte.

y sinceramente, es que no hacía ni falta.

Y lo segundo, que yo había rehecho mi vida, Iker,

y desde que volviste a ella no tengo más que problemas.

Así que encima no me culpes a mí de tus problemas de salud

y de no cuidarte. Empieza a asumir tus errores,

que son muchos.

Es normal que no hayas pasado de la página diez.

Ya te dijimos que era un libro un poquito complicado.

-No me preocupa, Adela. A ver.

Vamos a intentar leerlo juntos, ¿te parece? Así lo entiendes mejor.

¿Por dónde dijiste que ibas? Por la página diez, ¿no?

-Adela,... si te digo la verdad,

ni lo he abierto. ¿Por qué me engañas, Mateo?

-Pues para que me dejes en paz; ya te he dicho que no quiero leer.

-Todo lo que se te dice te entra por un oído y te sale por el otro.

Pero ¿tú de dónde te sacas esa frase? Eres un redicho.

-Eso me lo suele decir mi madre.

-A ver, tampoco es que vea a mucha otra gente, ¿sabes?

Mira, Mateo,... si quieres quedarte ahí

tirado en la cama aburrido y solo, pues tú verás,

pero puedes aprovechar para hacer algo.

-Estoy enfermo, si no te das cuenta. ¿Y qué? Eso ya lo sabemos.

¿Qué piensas hacer? -No puedo hacer nada.

¡Sí que puedes, hombre! Pues claro que puedes, Mateo.

Mira, puedes viajar; puedes viajar sin moverte de aquí.

Puedes echar a volar tu cabeza. Porque, que yo sepa,

la cabeza la tienes perfectamente.

-Bueno, un poco dura, me decís todos.

-¿Y cómo es eso de viajar desde la cama, Adela?

-Bueno, leyendo, me imagino, ¿no?

-Venga, va, dímelo, que me he quedado con la intriga.

-Adela, ¿qué te pasa? -¡Adela!

-¿Estás bien? -A mí me parece que no.

-¿Quieres que llame a alguien? -¡Adela!

¡No, no! -No, no ¡Adela, Adela!

-¡Que venga alguien, por favor! -¡Que venga alguien! ¡Algún doctor!

-Adela, pero ¿qué te pasa? Nada.

-Si no me has dicho nada. ¿Qué sucede?

-No sé qué le pasa. -No puede respirar bien

y tampoco puede hablar bien. A ver, ¿te duele el pecho?

Un poco, sí. Vale, bueno.

Tienes los labios muy azules, ¿eh? Posiblemente tenga

la saturación de oxígeno muy... No llames, no llames.

Te tenemos que hacer una exploración, Adela.

Que yo... Yo sé lo que me pasa.

Bueno, Adela, te tenemos que explorar, ¿eh?

¿De acuerdo? Respira.

Esther, espera.

¡Espera un segundo, vamos a hablar! -Que no importa, de verdad.

¿Cómo que no importa? ¿Si llevo corriendo detrás de ti desde REA?

-Bueno, vale. Venga, ¿qué? ¿Qué mosca te ha picado?

¿He hecho algo? -¿Tú qué crees?

No sé. Creo que quizá no he hecho algo que debería haber hecho.

-¿Sabes, Ainhoa? Llevas dos días en el hospital y te ha faltado tiempo

para convertirte en el "corre, ve y dile" de Herrera.

¿Cómo? Perdona, pero eso no es verdad -¿Ah, no?

-¿Me vas a decir que no le dijiste a Herrera que yo hice la vista gorda

con el ingreso del paciente de la 312?

¿Es por eso? Pues no sé, perdona;

pero fue un simple comentario. Me parecía raro que un paciente

estuviera en el hospital y no formalizado su ingreso.

-¿Sabes qué pasa? Que llevas tiempo fuera del hospital, pero aquí,

a día de hoy, hay que ir con mucho cuidado con lo que hacemos

y con lo que decimos. ¿Y por qué?

A ver, sé que Herrera no es la persona más maravillosa del mundo,

pero yo tampoco soy una chivata. -Bueno pero ahora te ha contratado,

yo qué sé, te habrá hecho creer que es tu amigo, colega, lo que sea,

pero te está usando. Lo sabes, ¿no? Perdona, pero a mí no me usa nadie.

-Bueno, si no quieres saber cómo son las cosas, no preguntes.

Dacaret ya me avisó que el ambiente del hospital estaba raro;

pero eras la última persona que creía me iba a hacer la vuelta imposible.

-Pues yo nunca pensé que fueras a ponerte de parte del tío

que nos está jodiendo a todos.

Lo siento mucho pero no hay ninguna duda.

Hay gangrena. Los análisis muestran indicios de sepsis

y, la infección es grave. -¿Y eso qué significa?

Significa...

que vamos a tener que amputar un dedo para conservar el pie.

-¿Amputarme un dedo? -Pero ¿tú estás loco?

Lo siento, pero no hay otra opción.

-No lo sientes...

-Los doctores disfrutando, ¿eh?

Ni siquiera...

sé si es verdad que tengo gangrena.

Puedes hablar con el médico que quieras; te van a decir lo mismo:

que tenemos que cortar el dedo para salvar el pie.

Es la única opción que hay.

Además, tenemos que impedir que la infección y la gangrena

sigan extendiéndose por el miembro inferior.

-Te estás vengando por mi lío con Bea, ¿eh?

La venganza no es un factor que se tenga en cuenta

en un diagnóstico médico.

Yo solo te estoy diciendo cuál es la situación ¿vale?

Tienes diabetes y, no has controlado ni la comida

ni el azúcar ni nada. Y ahora, para salvarte el pie,

te vamos a tener que cortar un dedo, ¿de acuerdo?

Pero piensa que puede ser mucho peor. Así que déjame hacer mi trabajo,

que me lo estás poniendo muy difícil.

¿Qué te pasa?

Estás teniendo una taquicardia. Intenta respirar con normalidad.

Tranquilo. Ya está, ya está, ya está.

¡Eh, Iker!

El estado de Iker se ha vuelto de extrema urgencia.

Parece que la infección se extiende por todo el cuerpo

y está afectando a la circulación sanguínea.

Y si la circulación se resiente y no es suficiente,

podría provocar que los órganos y los sistemas

dejen de funcionar correctamente. Así que lo primero que hay que hacer

es estabilizarlo lo antes posible y llevarlo al quirófano

para amputar y eliminar el foco de infección.

Espero que eso sea suficiente.

Al menos con el chaleco no se me notaba la mancha,

porque con esto... -Si fuera una radiografía

no auguraría nada bueno. ¿Qué tal?

-Un café, por favor. Que estoy tonta hoy.

Que... bueno. Entre que quema y tenía que haber pedido manzanilla

en vez de un café...

-¿Está siendo dura la reincorporación?

-Bueno, la reincorporación y el cambio de puesto.

Pues un poco sí, la verdad. En la ambulancia éramos menos

y cada uno iba más a su bola. Aquí... parece que todo el mundo

se mete en todo lo que haces.

-Bienvenida a mi vida.

¿Y a ti qué te pasa? -Bueno, que...

Que mi ex, uno de ellos,

tiene diabetes, no se cuida y acaban de ingresarlo y...

-Y mi otro ex es el que le está atendiendo.

Vaya.

Pues no tenía ni idea. Ya lo siento. -Tranquila.

-Pero bueno, vamos a dejar de hablar de mí,

que estoy un poco cansada de ser la comidilla de este hospital.

-¿Qué te pasa a ti para que reniegues del trabajo en equipo?

La verdad es que no sé si eres la más indicada para contártelo

porque eres muy amiga suya. -¿Tuviste mal rollo con Esther?

-Vaya, pues...

-Esther y yo somos muy amigas, pero vamos, que si hace algo mal,

soy la primera en decírselo; para eso somos amigas.

A ver, que tampoco es nada grave, que es una tontería, ¿sabes?, pero...

se piensa que desde que he llegado al hospital soy la chivata de Herrera

-Conociéndote un poco a ti y bastante a Esther,

yo correría un tupido velo. Pues eso estoy intentando,

pero es que se ha cerrado en banda y no hay manera.

-No se lo tengas en cuenta.

Esther no está pasando por su mejor momento.

-Aunque bueno, tú tampoco.

-Con eso del bebé prematuro y que Ortega tuvo que irse...

Pues no, no está siendo mi mejor año, la verdad.

-Mira, entre tú y yo,...

aquí nadie se fía de Herrera. -Tiene doble fondo

y con él las cosas... nunca son lo que parecen.

-De ahí que desconfiemos todos de él.

-Yo estoy segura que tú no tienes segundas intenciones.

-Dale un voto de confianza a Esther.

Pues sí, eso haré. Gracias por el consejo.

Si no te importa, si la ves no le digas nada, ¿vale?,

que prefiero hablar yo con ella. -Claro, me parece bien.

A ver que...

que a lo mejor no me tenía que haber tomado todo este asunto

tan a la tremenda. Que no me debería haber puesto tan a la defensiva

por mucho que... que Esther se pusiera como se puso.

Solo espero que solucionemos este mal entendido.

Y hablando se entiende la gente, ¿no?

Hola. -Hola.

¿Cómo estás?

-Bien. Anda, que cómo somos los adultos.

¿Por qué nos lo ocultaste?

-Porque no era seguro todavía.

Bueno, no es eso lo que me dijo el doctor Silva.

-Y por no llamar la atención.

-Lo importante son los chicos, que están con los exámenes.

Es que la enfermedad es algo muy importante también.

A ellos les podemos buscar otro profesor.

-Pero quería seguir haciéndolo yo.

-¿Has visto a Mateo?

-¿Ha empezado con el libro? No lo sé. Luego paso a verle.

-No le digas nada de lo mío.

¿Por qué no quieres que le diga nada? ¿Por qué lo quieres ocultar?

-Porque no quiero que se distraiga.

No es bueno que mentir a los chavales además, él es muy maduro.

-No sé yo...

Estás asustada, ¿no?

Te voy a decir una cosa. Un tumor no es algo que tengamos que esconder

ni de lo que tengamos que avergonzarnos.

-No es por eso. Es normal que tengas miedo

en esta situación. -No es eso, Lucía, es...

-No es miedo, es una... cuestión de responsabilidad,

es... una cuestión entre Mateo y yo.

Pero es que hay que aceptar las cosas como nos vienen.

¿No estás tú todo el día diciéndoselo a los chicos?

¿Te encuentras bien? Voy a llamar a un médico.

¡David, por favor! ¡Que venga un médico!

Tranquila, cariño, intenta respirar.

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Centro médico - 16/01/19 (1)

16 ene 2019

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas..

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