Docuficción basada en un exitoso formato internacional y que recreará cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos.

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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 18/01/19 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-Pues por tu nueva etapa. -Por mi nueva etapa.

-Anda, que tú también, has esperado a que venga yo para irte, ¿no?

-Ainhoa, es que no lo entiendes, pero es que yo no te he soportado nunca.

Lo que pasa es que no lo pillas.

-Qué bobo eres. Pero si habías tomado la decisión antes de que yo viniera.

-Ya, pero es porque puedo leer el futuro.

-¿Y qué ves en mi futuro?

-Pues en tu futuro veo que lo vas a arreglar con Ortega.

Cuando menos te lo esperes, te va a llamar

y todo va a ir bien, ya verás.

(Teléfono)

¿Soy un tío grande o no soy un tío grande?

Cógelo, anda. Venga, venga.

(Música)

-¿Sí? Sí. Eh, gracias por...

Claro.

-Oye, al final esto ha salido muy bien, ¿no?

-Sí. Y yo que pensaba que no vendría nadie. ¿Has visto?

-Sí, tenemos que hablar, sí. Perfecto. Ciao.

(Música)

-Sí. Y nos estábamos preguntando qué ibas a hacer con la comida allí,

porque... Claro, no se come como aquí.

-Ya, ya. Es verdad.

-Yo no sé si vale la vida la pena sin jamón y sin una buena paellita.

-Pues fíjate que he pensado en arrasar con todo esto

y llevármelo en táper.

Yo creo que puede estar bien, ¿no?

-Sí. -¡Sí!

Sí, porque allí ¿qué se come?

Allí hamburguesas y hamburguesas y hamburguesas todo el día, ¿no?

-Básicamente.

-Oye, ¿me perdonáis un segundo? -Sí, claro.

-Esther. Oye, que gracias por venir.

-Bueno, nada; que he oído que había barra libre y he dicho: "Me paso".

-Sí, me he venido arriba y, está todo pagado, ¿eh?

-Pues me tomaré algo, sí.

Ah, una tónica, por favor. Gracias.

-Oye, ¿tú sabes algo de Rocío? -No, no. ¿No está por aquí?

-No. Bueno, es que le mandé un mensaje y me dijo que estaba liada.

Es un poco raro porque se apunta a un bombardeo siempre.

-Ya. Gracias.

Bueno, no sé: a lo mejor no le gustan las despedidas.

-O a lo mejor el que no le gusta soy yo.

-No creo que sea eso.

-Ya. Esther, es que, bueno, he sido un imbécil con ella.

Con ella y contigo.

-Ya. Eso, sí. Pero bueno, que ya está hablado, ¿no?, y perdonado.

Por mi parte y por parte de Rocío también.

-Por su parte no creo, ¿eh? Me mandó un mensaje

y me quedó muy claro que me largara y que la dejara tranquila.

-Que no, Dacaret, que no creo que te guarde rencor.

Lo que pasa es que ahora cada uno tiene su camino, ¿no? Es la vida.

-Pues sí, es la vida. Supongo que tenemos que empezar de cero, los dos.

-Oye, Daca, que ¿nos hacemos una foto para el recuerdo o qué?

-Claro, claro.

-El deber te llama, anda. -Ya.

Oye, que, si ves a Rocío, le das recuerdos de mi parte.

-No, no, no. De eso nada. Tienes que despedirte en persona.

-Ya, bueno, pero es que, si no viene, ¿qué hago?

-Bueno, pero ya sabes lo de Mahoma y la montaña, ¿no?

Pues aplícate el cuento que tienes toda la noche por delante.

-¡Daca! Venga, que algunos tenemos que pasar consulta.

-Venga ve.

-Es que, si no surge, no surge, y ¿qué voy a hacer?

Oye, ponte en la foto.

-No, no, no. Vosotros. Sí, sí.

-Bueno, vale.

-Venga, a sonreír que eso queda para la posteridad.

(Música)

-Carlos. -¿Qué?

¡Me van a oír estos desgraciados! -A ver, Carlos, ¡Carlos!

-¡Que venga un doctor ahora mismo! ¡Enfermera, venga aquí!

-Pero ¿qué está pasando?

-¡Ya me estás llamando ahora mismo al doctor Herrera,

que mi padre no está bien! -Un momento, por favor.

-No, no. Si a estos les pongo yo las pilas.

¡Ya te digo yo que se las pongo!

-¡Cálmate, por Dios! Que no pasa nada...

-Pero ¡¿a ti te parece normal?! -¡Que estoy bien!

-¿Qué ha pasado?

-Pero ¿no lo ve? ¡Que se ha vuelto a mear encima!

-A ver...

(Timbre)

Estoy llamando a una enfermera.

-¿Qué le pasa a mi padre?

-Pues no le pasa nada grave. Se le ha salido la sonda.

-Pero ¿cómo que nada grave? ¡Si está cada vez peor!

¡Que está muy débil! -Bueno, porque sigue teniendo anemia.

-Claro que tiene anemia, ¿cómo no la va a tener, eh?

¡Si pasan de él como de la mierda!

-A ver, Carlos, por Dios, no empecemos.

-¿A usted le parece normal que tenga que ser yo el que le avise?

¡¿Le parece normal?!

-Bueno, lo hubiera visto dentro de media hora en la ronda.

Para eso están las rondas, ¿entiendes?

-Sí, claro, ya me conozco yo sus medias horas.

También le dijeron que le iban a operar pronto

y el hombre ha tenido que esperar seis meses.

¡Y porque lo traje yo, que, si no, aún estamos esperando!

A ver, ¿cuándo le van a operar para arreglar todo esto?

-Bueno, lo mejor ahora mismo es esperar.

-¡Pero esperar ¿de qué?! ¿Eh?

¿A qué? ¡¿A que se muera de una vez?! ¿Eh?

Y así se ahorra una operación, ¿no? ¡Eso ni lo sueñen! -¡Vale ya!

-Mira, papá, ¿eh? -O te tranquilizas o te vas.

-Por favor, no me calientes tú también, ¿eh?

-Oye, perdona, ¿me puedes acompañar un momento al pasillo, por favor?

-Muy bien.

-A ver, tranquilícese. Su padre está delicado.

-Le tienen que operar sí o sí. ¿De acuerdo?

-Pero esto no lo va a decidir usted.

-No me caliente, no me caliente, ¿eh?

Que ya nos lo hizo la otra vez y no voy a permitir que lo repita.

-¿Que repita el qué?

-No se haga el listillo conmigo.

Usted fue el que puso pegas para que no operaran a mi padre, ¿eh?

Y el que estuvo malmetiendo con el otro médico

para sacarnos del hospital antes de tiempo. Y ahora mire cómo está.

-¡Cállate ya, por Dios!, ¡Cállate ya! -¡Cállate tú!

¡Pero ¿no ves que esto lo hago por ti?!

Hombre...

(Música)

-Mire, doctor, o curan a mi padre ahora mismo

o juro que se va a enterar.

-Mire, no podemos operarle en su estado.

Primero por su edad y segundo por la anemia que está sufriendo.

Es demasiado arriesgado. Hay que esperar a que mejore.

-O a que se muera, ¿no? Que es lo que está deseando.

-Cálmese, porque si no me voy a ver obligado

a tener que llamar a seguridad.

-¿Me está amenazando? ¡¿Matasanos de mierda?!

-No...

-Carlos, vete a casa ahora mismo, ¿me oyes?

-¿A casa?

¡A casa te vas a ir tú, papá, pero con los pies por delante!

¡Pero ¿no te das cuenta que esto lo hago por ti?!

-Pero yo ¡es que no te he pedido que lo hagas!

-Muy bien. Pues quédate ahí, viejo... ¡Viejo desagradecido!

(Música)

-Vamos a la habitación. Volvamos a la cama, ¿vale?

(Música)

-Este hijo mío no cambia. No va a cambiar nunca.

Es el mismo que nos arruinó la vida a mi mujer y a mí.

(Música)

-Vaya cara...

Venga, rápido, dime, dime lo que sea. ¿Es algo grave?

-No, tranquilo, que está todo bien.

Los resultados de las analíticas yecografías están correctamente.

-Ah, vale.

-Ya no hay sangre en la orina y los riñones están perfectamente.

La semana que viene te vienes y te hacemos otra revisión.

-Pero no entiendo.

-A ver, tú me has dicho que juegas al fútbol, ¿no?

-Bueno, pues cualquier golpe, cualquier caída, cualquier balonazo

te han podido producir una lesión y de ahí la sangre. ¿Vale?

Puedes hacer deporte, sin problema,

pero recuerda que hay que adecuar el deporte a nuestra edad.

No te pegues palizones.

-Es que vaya susto.

Pues nada, le diré a mi cuñado que ya no cuente conmigo.

Yo..., yo ya, ya paso.

Pero entonces, esa cara, ¿esa cara que traes, por qué es?

¿Es por Ortega? -Sí. Me acaba de llamar.

-Bueno, pero eso es una buena noticia, ¿no?

-Pues no lo sé.

Simplemente me ha llamado, me ha dicho que teníamos que vernos

y me ha dicho la típica frase de "tenemos que hablar".

Y ya sabes que eso nunca trae nada bueno.

-Bueno, eso no es del todo cierto, ¿eh?

Merino, oye, ven un momento, que necesitamos tu ayuda.

-¿Qué?

Pero que sea rapidito, ¿eh?, que no tengo el día hoy.

-Sí. Mira, Merino, a a ti por ejemplo si te dicen: "tenemos que hablar",

¿tú qué piensas?

-¿De dónde has sacado eso, por qué dices eso?

-No, si es solo una pregunta.

Pero ¿a que no tiene por qué ser nada negativo? ¿O no?

-Rafa, nos vemos la semana que viene, ¿vale? que tengo que seguir currando.

Hasta luego.

-Nada, que era una..., una pregunta retórica, vamos. Pura hipótesis.

-¿Pero a ti te parece serio esto, tío?

-No. Pero ¿y a ti qué te pasa?

Si estuviéramos en el bar, te traía un azucarillo

para endulzarte un poco la vida.

-Ven . -¿Qué pasa?

-No le digas esto a nadie, ¿vale? -No.

-Reina y yo lo hemos dejado. -¿Qué me dices?

-Sí. Pero no solo eso. Sino que además está embarazada.

Y lo peor de todo es que no sabe de quién es el niño.

-Me acaba de explotar la cabeza ahora mismo.

-Pues imagínate a mí.

-Pero entonces, ¿qué vais a hacer? ¿Vais a volver?

¿Cuándo va a saber..., quién es el padre?

Y bueno, si es tuyo, ¿qué vas a hacer?

-No sé, no sé. No sé, Rafa.

Llevo desde ayer, que me lo dijo, sin saber qué contestarle.

-No, pues eso no está bien.

Porque acabo de hablar con una persona

que tiene problemas con su pareja,

y lo peor de todo es la incertidumbre.

Tenéis que hablar.

-Ya. Tienes razón, como casi siempre. -No, como siempre.

De hecho, soy camarero porque, además de poner cañas, tengo razón siempre.

Bueno, no, en serio. Que... ¿Qué le vas a decir a Reina?

Bueno, ¿cómo te sientes tú?

O sea, dime lo primero que te pase por la cabeza

porque así es como te sientes de verdad.

(Música)

-Si ese niño es mío, eso lo cambia todo.

-Bueno, eso está bien.

(Música)

-Ya tienes mejor cara, ¿eh? -Me encuentro mucho mejor, la verdad.

-Qué bien. El último cateterismo ha ido muy bien.

Han conseguido eliminar el trombo que tenías en el pulmón

y ahora tu presión pulmonar ya es normal.

-No, ya se nota, ya. Respiro mucho mejor.

Y ¿podré irme pronto a casa?

-Vas a tener que estar unos días más ingresado.

Porque queremos ampliar el estudio

para descubrir la causa de la trombosis pulmonar.

-Vale.

-Y también te hemos puesto un tratamiento ya.

Un tratamiento anticoagulante. -¿Vale?

-Pues nada, que te quedas unos días más de hotel.

-Pero hoy vamos a empezar con una ecodoppler,

una ecodoppler de las extremidades inferiores.

Porque a veces el origen del trombo está en las piernas.

Por una trombosis venosa profunda.

-Bueno, pues descarte eso pronto, porque suena bastante feo, ¿eh?

-Tranquilo, que así lo haremos. -Gracias.

-Bueno, pues nada; te dejamos descansar.

Enseguida van a venir a por ti para subirte a planta. ¿Vale?

Venga.

-Clara, ¿tiene un segundo? -Claro.

-Voy a ir tramitando la eco, ¿vale? -Venga, hasta ahora.

Dime.

-Nada, te quería dar las gracias por lo de mi madre, por avisarla y eso.

-¿De verdad? -Sí.

-¡Uf! Pues fíjate que,

por un segundo pensé que no había sido una buena idea, ¿eh?

-A ver: yo sabía que iba a ser complicado.

Pero... me ha hecho mucho bien verla.

-¡Qué bien! Me acabas de alegrar el día, fíjate.

-Bueno... -De verdad.

-Oye, y, a ver: ¿te puedo pedir un favor más?

-Por supuesto, hombre, para eso estamos. ¿Qué?

-Igual te suena un poco raro, ¿eh? -No, mira que me extraña, ¿eh?

Aquí ya estoy curada de espanto, ¿sabes?

(Música)

-Antes iba a ver a mi madre a la residencia todos los domingos.

Pero..., salía de allí tan hecho polvo

y me duraba tanto la tristeza...

Pues eso, que poco a poco fui espaciando las visitas.

(Música)

Pero, no sé, como que ayer al verla reír otra vez, me di cuenta de que,

si consigo hacerla feliz aunque solo sea un segundo...

Un segundo de su felicidad, pues eso es lo que me voy a llevar.

Con eso me quedo.

A ver, puede parecer poco, pero para mí ahora mismo lo es todo.

-Así que ¿mi hijo fue a hablar con usted?

-Sí. Vino a verme, sí. ¿Está por aquí?

-Pues espero que no.

Pero no sé cuánto durará la tranquilidad.

Bueno, usted ya ha visto el carácter que tiene, ¿no?

No es una persona fácil.

-Bueno, pero reconoce que tiene ese carácter; eso es un primer paso.

-Ojalá sirviera para algo.

Pero por desgracia todo se queda en ese primer paso.

-He venido a hablar con usted porque la conversación que tuve con él,

pues hubo algunas cosas que me preocuparon un poco.

-¿Estuvo violento con usted? -No, no, no.

-Es que ahora le ha dado por meterse con quien lleve una bata blanca.

-Ya, ya. Ya me lo han dicho mis compañeros.

Por eso quería hablar con usted, para que me contara su versión.

-Pero ¿yo qué le voy a decir? Si usted lo ha visto todo.

-¿Siempre ha sido así de problemático?

-Pues siempre; desde pequeño. Siempre buscando problemas.

Y mira que nosotros intentamos hacerlo todo,

le dimos una buena educación, le dimos todo nuestro cariño.

Lo hicimos lo mejor que pudimos. Pero nada.

No sirvió para nada.

-Su hijo me habló de una agresión.

-¿Eso se lo ha contado él? -Sí.

-Pues fue..., fue la gota que colmó el vaso.

Y con todo el dolor de nuestro corazón lo tuvimos que echar de casa.

-Pero ¿le había agredido antes? -De eso no quiero hablar.

Carlos es un salvaje. Pero es mi hijo.

Y ahora... -¿Ahora qué?

-Pues que ahora quiere cambiar. Aún no me ha puesto la mano encima.

(Música)

-Paco, ¿usted se está escuchando? "Aún no me ha puesto la mano encima".

¿Hubiera preferido que su hijo no volviera a casa?

Mire, el comportamiento que tiene su hijo no es normal.

Le está maltratando y eso se puede evitar.

-Pero ¡si ya le he dicho que no me ha puesto la mano encima!

-Es que hay muchos tipos de maltratos, no todos son físicos.

¿Usted le ha tenido alguna vez miedo a su hijo?

-Muchas veces. Hoy mismo, hablando con el doctor...

Pero mira, si es que mi hijo necesita ayuda.

-Pues claro que necesita ayuda. Pero usted también la necesita.

Y yo le puedo ayudar si usted está de acuerdo.

-¿Y qué quiere que haga?

-Quiero activar el protocolo de maltrato

y llamar a los servicios sociales.

-No. No. No, no, no.

¡Como mi hijo se entere que he sido yo

el que ha llamado a los Servicios Sociales...!

-Paco, Paco.

-¡Que no, por favor!

-Tranquilo, es que no se va a enterar

de que hemos llamado a los Servicios Sociales.

Yo quiero pensar en usted. En que usted esté bien. ¿Vale?

-Haga lo que tenga que hacer. -Va a ser lo mejor para usted.

Por desgracia, muchas personas mayores son maltratadas,

y no lo denuncian porque su agresor es una persona cercana.

Normalmente, alguien de su familia.

Este dilema también se nos presenta a veces a los profesionales.

Pero, ante la duda, siempre avisamos a los Servicios Sociales

para que ellos valoren la situación.

(Música)

-Mira. Hay una rotura en el pedículo vertebral derecho, ¿no?

-Mm. Y aquí hay un desplazamiento de la vértebra. Vea.

-Sí, sí que..., que hay una rotura.

(Llaman a la puerta)

-¿Tienes un momento? -¿Nos dejáis un segundín?

-Claro... -Perdonen.

-Que quería pedirte... perdón por lo de ayer.

-No tienes que disculparte, Carlos.

Es más, tienes toda la razón para estar enfadado.

-No, me pilló por sorpresa.

Mira... No quiero seguir echándote en cara lo de Iker una y otra vez.

-Ojalá pudiera rebobinar. Cambiaría muchas cosas, lo aseguro.

-Ya, yo también cambiaría cosas. Eso es lo que quería decirte.

-Carlos, yo tampoco busqué esta situación.

A mí también me gustaría que el... Pues que todo fuera más sencillo.

-Beatriz, le he estado dando vueltas a todo. ¿M?

-Mira, entiendo.

Entiendo que quieras desentenderte de todo, sea o no sea tuyo.

-No, no, no, no, no es eso, no es eso. -¿Y entonces?

-Mmm... Pues que... A ver, he llegado a la conclusión de que...

De que si quieres tener al niño y finalmente es mío,

que yo seré su padre. Me ocuparé de todo lo que haga falta.

Una cosa es..., es nuestra relación y otra cosa es... lo que ha pasado.

-Vaya, pues... Muchas gracias, Carlos. Lo tendré muy en cuenta.

-Me voy, que tengo que ir a Urgencias.

-Carlos.

¿Te gustaría que fuera tuyo?

(Música)

-No lo sé. La verdad es que no lo sé.

¿Tú? -No lo sé. Tampoco lo sé.

(Música)

(Llaman a la puerta)

-¿Podemos pasar? -Adelante.

-Bueno. La cuidadora está en la cafetería.

Y me ha dicho que no se pueden quedar mucho tiempo.

Parece ser que hoy se ha levantado bastante desorientado y... Bueno.

Pues nada. Te la dejo, ¿vale?

-Muchas gracias por todo, Clara. -De nada, hombre.

Cualquier cosa que necesites, ya sabes. ¿Vale?-Gracias.

-Y... mucha suerte. Venga, hasta ahora.

-Mamá...

Mamá...

Asun. Asunción Peñalber...

-Mm.

-¡Hola! -Mm.

-Hola, Asun. ¿Has descansado?

-¿Qué hace ahí sentado? ¿No le han hecho la cama?

-¿Me vas a regañar, mamá? ¿Vas a regañar a tu Martín?

-Usted no es mi Martín. Usted es muy viejo.

¿Dónde está Jose? ¡José Manuel!

-Sss, sss... -Tiene que cerrar el grifo.

Dígale que cierre el grifo.

-Sss... Mamá, tranquila. Tranquila. Ya lo he cerrado yo.

-Mm.

-¿Vale? -Mmm.

-Oye. ¿Quieres ver lo que te he traído del colegio?

Un regalo para ti. -¿Para mí? ¿Por qué?

-Mi regalo del día de la madre. Toma.

-¡Ah! ¡Es verdad! ¡Hoy es el día de la madre!

-Claro. Venga, ábrela.

(Música)

-¿Lo has hecho tú, Martín?

(Música)

-Sí. Sí que lo he hecho yo, mamá.

-¡Hijo, es precioso! Anda, ven aquí, que te dé un beso.

(Música)

-¿Pero por qué lloras, Martín? ¿Alguien te ha pegado en el colegio?

-No. No me ha pegado nadie, mamá. -Que no me entere yo.

Tú dime quién es el niño que te molesta,

que ya voy yo a darle un par de azotes. -Vale.

-Mamá, ¿te puedo dar un abrazo? -Pero mira que eres tonto, Martín.

¡Pues claro! ¡Anda, ven!

Pero ten cuidado con el collar, que no se rompa. Mm...

Me lo voy a poner, para ir con tu padre este viernes al baile.

(Música)

-¿Le llevas tú entonces a Rayos?

-Claro, sí, yo me encargo. No te preocupes. Sí.

-Vale. -Sin problema.

-Muy bien. Vale. -Perdona.

-¿Rocío? -Ay, hola.

-¡Ay, hola! -¿Qué tal estuvo?

-Bueno, pues bien. Nada del otro mundo,

pero... te echamos mucho de menos.

-¿Me echasteis? ¿Tú y... alguien más?

¿Te dijo algo de mí?

-Me dijo que estaba preocupado

porque pensaba que te habías enfadado con él.

-Pero tú no le dijiste nada...

-No, yo... Como de costumbre. ¿M? Me hice la tonta.

Pero empiezo a estar ya un poco cansada, ¿eh?

-Oye, y... ¿Y te dijo algo más?

-Si tanto te interesa, ¿por qué no viniste ayer?

-Esther, ¿te dijo algo más o no? -Sí. Me pidió que...

me despidiera de ti en su nombre.

-Y... ¿Y te lo dijo, así, con cara de pena,

o te lo dijo en plan: Bah, me da igual todo?

-En serio, basta ya, ¿no? -Esther, por favor...

-Mira, pues me lo dijo con cara triste.

(Música)

Porque ¿sabes? Él siente exactamente lo mismo que tú.

Y quería, pues no sé. Al menos, despedirse de ti como Dios manda.

-¿Tú crees? -No, no lo creo. Lo sé.

-Pues igual... tienes razón, pero es que ya es tarde para eso.

Así que... Fff...

-Bueno, eso depende de las ganas que tengas de verle por última vez.

-¿Por?

-Porque su vuelo sale dentro de tres horas.

-Hombre, que no, que ¿qué hago yo yendo al aeropuerto...?

Para decirle, ¿qué? ¿Ahora?

Pero ¿qué me voy a quedar yo? ¿También con esto para toda la vida?

-Me parece bien que hayamos activado el protocolo.

¿En qué habitación está?

-En la 207, creo. Cuidado. -Ya.

-¿Y mi padre? ¿Dónde está mi padre? -Tu padre está bien, Carlos.

-¿Le han operado? -No ha hecho falta.

Como pensaba, pues... ha mejorado mucho de la anemia.

Pero... tiene que seguir haciendo reposo absoluto.

-¿Y entonces, por qué no está en la cama?

-Porque le hemos llevado a una habitación más tranquila.

-¿A una habitación? -Eso es.

-Quiero verle.

-No, en este momento no va a ser posible, Carlos.

-Ya sé qué está pasando aquí.

Por eso os habéis traído el pasmarote este, ¿no?

Queréis alejarle de mí, es eso, ¿no?

-Mira. Su conducta en este hospital ha dejado mucho que desear.

¿Bien? Y hemos tenido que tomar una decisión.

-¡Tú cállate, que eres un listo! ¿Me oyes? ¡Un listo!

-Carlos, a ver. Sí. Le hemos tenido que cambiar de habitación

porque tiene que estar tranquilo,

no puede estar sometido a tanto estrés.

-Eres tú la que ha montado todo este circo, ¿verdad?

-Mira. Vamos a ver. Ha sido una decisión conjunta.

Ahora vendrán los Servicios Sociales,

y dentro de una hora podrá hablar con ellos. Usted y su padre.

Pero eso sí, por separado, claro está.

-Tenía que haberte visto venir,

con esa vocecilla de no haber roto nunca un plato.

¡Todos los loqueros sois iguales, unos chusmas!

-A ver, cálmese, por favor. -¡Aléjate de mí!

-¡Un momento, por favor! -¿Has puesto a mi padre en mi contra?

-¡Un momento! ¡Escúchame un momento, Carlos!

Cuando viniste a mi consulta viniste con muy buenas intenciones.

-Sois basura.

-Si quieres que tu padre te deje de tener miedo,

tienes que colaborar, y tienes que cambiar.

-¡Cállate de una vez, no me creo nada!

¡Queréis alejarle de mí y no lo vais a conseguir!

¡Os lo juro por la memoria de mi madre!

(Música)

-Rocío. Rocío: te llamo por...

Bueno, por mi despedida.

Que hemos quedado a las siete en la cafetería.

Será solo un picoteo y tomar algo, pero no sé, que...

Que me gustaría que estuvieras. Oye, no faltes. ¿Vale?

Que tú sabes que sin ti, nada es lo mismo. Adiós.

(Música)

-Hola. -¡Rafa!

-¿Qué hay? ¿Qué tal?

-¿Qué tal?

Ya me enteré que llevas días por aquí. ¿Todo bien?

-Sí, sí, todo bien. De hecho, ya me estaba yendo.

¿Y tú? -Bien. Bien, bien, sin novedad.

¿Qué? -Nada, nada.

-No me digas que Carlos habló contigo.

-No, no.

-Mm... Sí, Rafa, habló contigo. -A ver, no le eches la culpa a él.

Si la culpa la tengo yo.

Que fui a preguntarle una tontería,

y el pobre necesitaba hablar con alguien para aclararse.

-Aun así. Yo creo que un embarazo es algo de los padres. De nadie más.

Y más si todavía no... Bueno.

-Entonces, deduzco que Merino no te ha dicho que... Vamos, que...

O sea, que... En fin, que... Que tú y él...

-¿Qué, Rafa?, que me estás poniendo nerviosa.

-Na, esto me pasa a mí por... Por bocazas.

Que Merino piensa que la llegada de ese niño, que si es suyo,

pues que lo cambia todo entre vosotros.

-¿Qué? No, a mí no me dijo nada de eso.

-Ya lo suponía.

(Música)

-Sí. Sí, quería pedir un taxi, sí. A esta dirección.

Sí, a Centro Médico. Gracias.

-Pues claro, hija, como de costumbre.

-Oye, Carlos, ¿me puedes cubrir?

que bueno, que voy a tardar un poquito más de una hora.

-¿Qué te pasa? ¿Pasa algo?

-A ver... Es que, si te lo explico...

Tengo un taxi esperándome ahí fuera, entonces no me va a dar tiempo.

-Vale, dale. Vete.

-Vale, ¿seguro?

-Claro. Venga. -Gracias.

-¿Qué le pasa a esta?

-Ah... Nada, nada, nada. Cosas nuestras.

(Música)

-Qué bien, ¿y es tu primer día?

-Sí, y no sé, estoy, así, como un poco perdida.

Porque acostumbrada a estar todo el tiempo allí me siento rara.

Pero ¿se ha chocado el autobús?

Ya. Ese café es mío.

-No, perdone, me lo acaba de poner.

(Teléfono)

-No, que es mío.

-Bueno. Ponemos otro café. Será por cafés.

-Eh... Estoy yendo...

¡No, no me estoy tomando un café porque me lo han robado!

-¡Vamos, chicos!

-Cinco quirófanos tengo disponibles. Ni uno más.

-Escuche.

-Sí. Hágase un café, ¿eh? Invita la casa.

-¡No, por aquí no! ¡Se llega antes por allí! ¡Vamos!

¡De verdad!

-Ha sufrido un aplastamiento y parece grave.

Pero, por más que le he insistido, no me ha dejado verlo.

-A ver. -Ese fonendo es mío.

-Este hombre tiene un hematoma torácico.

-Disculpa. ¿Eres nuevo en el hospital? ¿Nos conocemos?

¿Sabes? No tienes por qué estar aquí. -Es mi paciente.

-Ya, pero fuera hay mucho trabajo. Y hay que hablar con los familiares

y tienes pinta de que se te da muy bien.

-Sí, bueno. Ha sufrido una amputación, en..., en el accidente.

-¿Eres familiar? -No, yo soy médico. Carlos Merino.

-Clara... Bueno, Clara Rivas.

-Le agradezco su colaboración.

Pero si quiere ayudar, atienda urgencias menores.

-Solo le estaba devolviendo el teléfono a Roberto.

-¿Quién? -El conductor del autobús.

-Bueno, no se preocupe.

El personal del hospital se hará cargo.

-Permítame que lo dude. -¿Algún problema?

Centro médico - 18/01/19 (2)

18 ene 2019

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