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No recomendado para menores de 12 años Carta a Eva - Capítulo 2 - Ver ahora
Transcripción completa

-La carta. Sujétala fuerte.

Dásela al señor cuando te lo diga. -Sí, abuela.

-Ya verás como lo conseguimos. Pero tienes que ser valiente.

Como tu héroe de los tebeos. -¿El Guerrero del Antifaz?

-Ese. -Pero no se lo digas a mamá.

-¿Por qué? -No le gusta que lea esos tebeos.

-Dice que son fascistas. -Tu madre tiene unas cosas...

(ARG.) -Pedro, apúrate, por favor. (ARGENTINO) -¿Qué hora es?

-Van a ser las cinco. -¡Carajo!

-¡Pedro, el saco!

-Son solo unas palabras. Cinco minutos.

(ACENTO ARGENTINO) -Deme sus datos y vuelva otro día.

-¿Ha visto al crío?

Fusilaron a su padre y ahora quieren fusilar a su madre.

Por favor, dígale al embajador que necesitamos hablar con él.

Solo queremos darle una carta. -Me temo que no será posible.

Con esto de los preparativos por la llegada de Eva Perón

el señor Radío se encuentra muy atareado.

-A lo mejor, usted mismo puede hacerle llegar la carta.

Si es para la señora que viene de la Argentina.

-Señora, yo no puedo hacer eso. Está fuera de mis disposiciones.

-¡Cosme! -¿Sí, señor?

-¿Está listo el coche? -Sí, señor, el coche y el chófer.

-Llegamos tarde. Vamos, cariño.

-¡Señor, señor! Hijo, dale la carta al señor.

-No puedo atenderles. -Son cinco minutos.

-¿Cinco minutos? ¡Es imposible! Damián, arranque inmediatamente.

¿Llegaremos a hora al aeropuerto? -La carretera está colapsada.

-¡La puta madre!

(LOCUTOR) "En el aeropuerto transoceánico de Barajas,

una inmensa multitud espera a la ilustre viajera.

Ha acudido allí Su Excelencia, el Generalísimo Franco,

la esposa del Generalísimo, Exma. Sra. Dña. Carmen Polo,

e innumerables personalidades de todos los sectores nacionales.

Los altavoces anuncian la inminente llegada del avión.

El aparato especial de Iberia, que salió de Buenos Aires,

está ya en el cielo de la capital madrileña.

En un aterrizaje perfecto, el avión rueda por la pista principal.

Se agitan los pañuelos en el aire, imagen exacta

de la palpitación con que laten todos los corazones.

Dña. María Eva Duarte recibe el primer saludo

del pueblo de Madrid

y la bienvenida del Jefe del Estado acompañado de su esposa.

La primera dama argentina no oculta su intensa emoción.

La salida del aeropuerto se hace entre muestras de entusiasmo.

La comitiva emprende su marcha hacia la ciudad,

escoltada por el clamor popular".

-Mira, mamá, por ahí viene. Contrólate, niña, por Dios.

Va, no la hagamos esperar. ¿Y ella, qué?

Dos horas de pie en el aeropuerto.

Hasta las flores se han puesto mustias.

¿Qué culpa tiene si el avión llega tarde?

Me da igual, nos ha hecho quedar en mal lugar.

¡Qué choza! Un poco recargada, ¿no?

Y fíjese, qué barrigón. Se parece a Caturla,

el almacenero que me vendía los pollos en Junín.

Hasta la mujer se parece a la esposa de Caturla.

¡Señora! Disculpe por haber llegado tarde al aeropuerto.

¿Cómo osa presentarse así? Tuve problemas en la embajada.

¡Póngase bien la corbata y quítese el sombrero!

¡Un poco más de respeto!

¿Todo bien, Dña. María Eva? Bárbaro, el lugar es una belleza.

Gracias.

El palacio está lleno de objetos de la mejor época de España,

cuando éramos el país donde nunca se ponía el sol.

¿Por qué, no dormían?

No, teníamos tierras en los cinco continentes.

Se alojarán en la parte más antigua de palacio, la de los Austrias.

Si lo desea y no está muy cansada, puede cenar con nosotros.

Usted también, por supuesto, está invitada.

Vendremos encantadas.

Acompaña a las señoras.

Lilian, quiero sacarme este sombrero, que me molesta.

Vení.

¿Te gusta mi peinado? Me gusta su pelo.

Me tiño, soy más morocha que vos.

(RÍEN) Carmencita.

Perdón.

Qué jodida que es esta gorda.

(SILBA) ¡Qué lindo!

¡Che!

Estos gallegos son amables, no se puede negar.

Las casas de allá tienen una cuadra de ancho, como en la Castellana,

y los edificios son muy parecidos a los de la Gran Vía.

Los argentinos somos apegados a los gustos de la madre patria.

¿Toma café? No, yo soy más de mate.

Ya le hicimos un pedido. Muchas gracias.

Es una pena que su marido no haya podido acompañarnos.

¡Huy, Perón! Usted ya sabe lo complicado que es gobernar.

Y más si recién se empieza.

La única distracción de Perón es ir los domingos a la cancha.

¿Al fútbol? Sí, al fútbol.

Como un argentino más, caminando entre la gente.

¿A pie entre la gente? Sí, claro.

Perón no tiene nada que temer. La gente lo adora.

¿Y usted también lo acompaña? A veces. Yo tengo otros gustos.

¿Le gusta leer?

¿Por qué será que siempre me hacen este tipo de preguntas?

Perdón, no quería molestarla. No, no, perdóneme usted a mí.

Pensaba más bien en los periodistas.

A mí me gusta todo lo que leo. ¿Cuál es su escritor favorito?

Plutarco.

Es un escritor de la antigüedad. Así que lee a Plutarco.

¡No, ni pienso! Mi marido me lo nombra todo el tiempo.

A Perón no se le cae Plutarco de la boca.

¿Quizá prefiere la música?

A ver, yo entiendo de música y de pintura tanto como de chino.

O sea, nada. Todo lo que sé es gracias a Perón.

Con eso me basta. Para que entienda:

Perón habla como 20 idiomas. (CARRASPEA)

Por eso yo no necesito hablar ninguno.

(RÍE)

Será mejor que nos acostemos. Ustedes deben de estar cansadas.

Y todavía tiene que hablar para la radio.

Créame usted, señora, que me ha causado más impresión

su aplomo y dominio personal que el recibimiento de España,

con todo lo grande que éste ha sido,

porque le aseguro que aquí jamás se ha visto cosa igual.

Entiendo que no es a mí, sino a los de mi clase.

A los trabajadores, es a quienes agasajan.

Usted ya ha visto que yo solo soy una mujer del pueblo.

(SUSURRA) Tres, dos, uno, ahora.

Amigos de España,

abrumada de agradecimiento por vuestra gentileza, aquí estoy.

Pueblo de Madrid, corazón de España...

No voy a cansarlos: el mensaje es tan simple como profundo.

Es el mensaje de los trabajadores argentinos.

De esas fuerzas proletarias que se organizan...

(RADIO) "...no con la idea de una lucha fraticida,

sino con la idea de la paz y el trabajo constructivo

y la consigna de seguir adelante..." ¡Cómo puede hablar así!

"...junto a la figura de Perón". ¡Es peor que la Pasionaria!

Sí, pero hay que reconocer que tiene desparpajo.

(ENFADADA) Lo que tú digas, Paco.

(MUSITA) Ay, Santa Teresita, protégenos.

(SUSPIRA) No leas hasta muy tarde.

No estoy leyendo, retoco el discurso de mañana.

Hasta esa mujer tendríamos que retocar.

(RADIO) "La revolución social en esta hora de transición,

con el justo reclamo..." Anda, cariño, a dormir.

Luego pon las lentejas en remojo.

Venga.

(Radio, de fondo, ininteligible)

¡Eh!

¿Te crees que no te veo?

Anda, lee solo un poquito. No le diré nada a tu madre.

(SUBE EL VOLUMEN)

-La verdad es que parece que fuera comunista.

-Ay, hija, comunista o fascista, ¿qué más da?

Mientras lea nuestra carta y se le ablande el corazón...

(LEE) -"Te salvaré de las garras del villano".

¡Te salvaré de las garras del villano, mamá!

(Reloj, tres campanadas)

(SUSURRA) Liliancita.

Señora...

¿Qué haces?

Nada, empezaba mi diario de viaje.

A ver qué ponés.

Pero si no empecé.

Pensaba poner el recibimiento que tuvo usted,

lo que le gritaba la gente.

Lo lindo que me parece Madrid.

Cuidado con lo que ponés.

Sí.

Bueno, vení. Vamos a seguir escribiendo juntas a mi cuarto.

Apurate, Lilian. Sí, señora.

Apurate.

¿Y este mueble qué hace acá? Tengo miedo.

¿Miedo?

¿Miedo de qué? No sé.

De esos negros con turbantes que andan por el jardín.

(RÍE) Señora, si es la Guardia Mora de Franco.

Están acá para protegernos. ¿Y si uno entra? ¿Y si me roban?

O le van con cuentos a Perón.

Siempre se están diciendo chismes sobre mí.

Señora, usted tiene que descansar.

Mañana va a ser un día agotador y tendrá la cara muy demacrada.

Así, bien tapadita. Y no piense en nada.

(Reloj, tres campanadas)

¡Ay, Liliancita! ¿Qué pasa?

¿Sabés? Cada vez me importa más lo que se pueda decir de mí.

Pero, ¿por qué?

¿Vos qué esperás de la vida?

Yo a lo único que aspiro es a ser una buena madre.

Yo, en cambio, quiero pasar a la historia.

¿Entendés?

Sí.

(LA BESA)

(ASUSTADA) ¿Dónde vas?

A mi cuarto.

No, quédate conmigo, no me dejes sola.

¿Por qué no dormís ahí?

¿Ahí?

Pero es muy chiquito.

Por favor.

(SUSPIRA)

Está bien.

(CANSADO) "Soy el centinela de occidente.

Soy el centinela de occidente,

el que nunca se releva,

el que recibe los telegramas ingratos

y dicta las soluciones.

El que vigila mientras los otros duermen".

(Disparos)

(Disparo)

(Disparo)

Dos citas, dos retrasos. Demasiados contratiempos.

Los cambios son duros y no sabe adaptarse.

(MOLESTA) ¿Pero por qué tardará tanto?

Se estará maquillando. ¿No te pones tú un toque de carmín?

Pues sí.

Pero más de un toque... ¿O tú te maquillas cuando no te veo?

¿Yo? Parece que no me conozcas.

Te queda muy bien la pamela, Carmen.

Gracias, Pura.

Isabel... Isabel fue reina popular porque... porque, porque...

"Porque su tienda de campaña..." Porque su tienda de campaña

estuvo en el corazón del pueblo.

Solo de su pueblo, a los judíos, a los moros y a nuestros inDios

los hizo mierda.

No te preocupes, lo voy a hacer bien.

(MUSITA) Entonces... Isabel fue reina

Señora... Señora, perdone que insista,

pero usted no debe ponerse ese vestido.

Es un vestido de noche, con ese vestido va a estar...

¿Qué, ridícula?

Mira, Lilian, yo encargué este vestido especialmente

para la imposición de la cruz de Isabel la Católica.

¡Me importa un carajo si es de día, de noche o de la puta que lo parió!

(Música de tensión)

Estiradla bien, que quiero ver cómo queda.

¿A ver? Eso.

Que no me la pisen, ¿eh?

¿Cómo están los ánimos afuera? Están cansadas de esperar.

Bueno, que esperen. ¿Qué dice la gorda?

Le preocupa que usted se maquille demasiado.

Ya ves, ¡limpita!

Señora, por favor, no salga usted así.

El vestido puede esperar mejor ocasión.

¿No tenés nada mejor que hacer, Lilian?

Andate a la mierda y entretené a la gorda.

¿Ocurre algo, Sra. Guardo? No.

Un problemita con la cremallera del vestido.

-Jesús, qué mala suerte.

¡Sácame la cola!

Mirá, traeme aquel, el granate.

Y el tapado.

¿Las pieles? (GRITA) ¡Sí! ¿Qué pasa?

No, nada, señora.

Jesús, como viene, con este calor. Sí, pero sin maquillaje.

Qué buen aspecto tiene, Dña. María Eva.

Como siempre digo, a las flores, solo agua fresca. Vamos.

(LOCUT.) "En la Pza. de Oriente confluyen miles de almas

para rendir a la Argentina, en la persona de Dña. María Eva,

su homenaje fervoroso.

El amplio espacio de la plaza se llena por completo.

Gente de todas las clases sociales se acerca al recinto

y se extiende por los alrededores.

(Aplausos)

En el interior del palacio, y en un acto solemnísimo,

se ratifica la firme amistad entre la Argentina y España".

Hoy, con vuestra visita se gloria a España,

al afirmar el amor a las tradiciones hispanas de la nación argentina,

de la que es paladín y abanderado el general Perón.

Con esa lealtad acrisolada,

la misma que reza en la leyenda de la Cruz de Isabel la Católica,

en nombre de España, os condecoro.

(LOCUTOR) "Dña. María Eva recibe de manos del Generalísimo

las insignias de la Gran Cruz de Isabel la Católica.

(Música solemne)

La Reina Isabel, cuya cruz signa mi pecho

y me abruma sobre el corazón,

vela por el mundo que alumbraron sus maternales entrañas".

-¿Dónde llevas la carta? -Aquí, abuela.

-Bien.

-Abuela... -¿Qué?

-Si le pasa algo a mamá, ¿también me olvidaré de ella?

-¿Por qué dices eso? -De mi padre ya no me acuerdo.

-¡Ay, no pienses esas cosas, niño! A tu madre no le va a pasar nada.

-¿No tendremos que llevar flores a una tapia?

-No. Hale, ponte bien la cruz. Que se te vea.

-Mira, abuela.

A esa es a la que le escribimos la carta, ¿no?

-Sí, hijo, sí, es esa. -Es guapa, ¿verdad?

-¡Bua! Vamos.

¿Adónde va toda esa gente? -A la Plaza de Oriente.

Franco y la Perona van a hablar. -Ah.

Excelentísimo señor,

confieso que sentía y amaba a España.

Pero el amor de España me abruma hasta hacerme desconfiar

de la amplitud de las palabras de agradecimiento

con que, en el nombre de mi pueblo, de mi esposo

y el mío propio debo aceptar esta ofrenda máxima...

(RADIO) "...de vuestra hospitalidad.

Me entregáis, señor, la Gran Cruz de una condecoración

que toma su nombre de la Reina Católica,

colaboradora en el descubrimiento de un mundo,

con la conquista de un reino..."

(Cantos gregorianos de fondo)

Venimos a pedirle ayuda... -Lo primero es lo primero, señora.

-Ah.

(SUSURRA) Vamos.

-Ahora pueden hablar.

-A mi hija la han condenado a muerte.

-Venimos a ver si usted puede hacer algo para salvarle la vida.

-Algo muy grave habrá hecho.

-La acusan de poner un petardo en la embajada argentina.

-¿Un petardo? -Un petardito.

Pero seguro que hay una equivocación.

-¿Está usted poniendo en duda a las autoridades judiciales?

-No, por Dios, padre, no es esa mi intención.

Pero nadie merece morir por poner un petardo en una puerta.

Además, los daños fueron mínimos y no hubo ningún herido.

-¿Ha dicho usted que su hija no tenía nada que ver?

-Bueno, un poquito, sí, pero... -Mire, señora.

Todo dogma de la Iglesia es ley

y toda acción del Estado está bendecida.

Dios siempre está con la ley.

-Sí, claro. Claro.

Pero mire al niño. Venga, Alexis, dame la carta.

Dile al señor lo que pone en esta carta.

-"Me llamo Alexis Mesón Doña. Me han fusilado a mi padre

y ahora van a fusilar a mi madre". -Es una carta para Dña. Eva Perón.

-¿Y yo qué tengo que ver con esta mujer?

-No sé, a lo mejor puede hacérsela llegar al embajador de Argentina.

-¿Por qué no se la lleva usted?

-Porque ya hemos ido, pero no nos hacen caso.

-Señora, yo no creo que deba inmiscuirme en esto.

Le aconsejo que vuelva a intentarlo.

Y rece, hija mía.

Al fin y al cabo, estamos en manos de Dios.

-(ENRABIADA) Jodido "zampahostias".

Vamos, hijo.

(RADIO) "...y ahora nosotros amamos al corazón de España

y la justicia, diría yo..."

...porque sé que del corazón de España

sale para mi pueblo de trabajadores

el supremo honor de la Gran Cruz de Isabel la Católica.

Que este signo sea sobre mi pecho, por siempre y sin desmayo,

el acicate de mi fe en Dios y en nuestros pueblos.

Señora... ¡Ay, Liliancita!

Estuvo estupenda. ¿Sí? ¿Te gustó de verdad?

Un discurso muy digno. ¿Le gustó?

Mucho. Lo he disfrutado mucho.

Pero un consejo: en lugar de decir "trabajadores",

llámelos mejor "productores". Nosotros preferimos ese término.

¿Y "descamisados"? ¿También le pareció ofensivo?

No, no es cuestión de ofender. No me malinterprete.

El problema sería que les llamara "obreros", que es...

un término un poco bolchevique.

Señora.

Todo Madrid la está esperando.

¿Vamos?

(Fuera, fragor de la multitud)

¿Nerviosa?

¿Sabe qué hago yo? Pienso en Dios.

Si está en todas partes, también nos acompaña en momentos así.

Entonces, voy a pensar en Perón.

(Fuera, fragor de la multitud)

(Los aplausos aumentan)

(Los aplausos aumentan)

(LOCUTOR) "El inmenso espacio de la plaza,

jardines y calles afluentes, apenas pueden albergar

la impresionante concentración que tremola pañuelos,

agita banderas españolas y argentinas

y prorrumpe en vítores entusiastas".

(Aplausos y vítores)

Dicen que venimos a formar un eje Buenos Aires-Madrid.

No, no he venido a formar ejes,

sino a tender un arco iris de paz con todos los pueblos,

como corresponde al espíritu de la mujer.

Unamos nuestros esfuerzos...

(RADIO) "...para que nadie padezca..."

¿Qué haces? -Me meo.

-Ahora vamos para casa.

"...para que todos los humanos..." -Abuela...

"...cualesquiera fuese su nacionalidad,

su fortuna, su ideario, puedan vivir en armonía

y por fin termine esta división de réprobos y elegidos,

que el mundo se trunque en una gran familia..."

¡Señora, vigile a este niño, mire qué está haciendo!

-¡Alexis!

¿Pero qué haces?

(SUSURRA) ¡Alexis! ¡Alexis!

(Música tierna)

-¿Quién es? -La Virgen.

-¿Es argentina? -¿Por qué?

-Porque se parece mucho a la Sra. Pepón.

-No es "Pepón", es Perón.

¿Tú crees que se parecen?

-Sí.

-Pues rézale, a ver si nos ayuda. -No puedo.

-¿Por qué? -Porque no soy cristiano.

-¿Y eso qué más da?

Pues rézale como si fuera la Sra. Perón.

-Mamá dice que rezar es de tontos. -Eso es verdad.

Pero algo tiene que haber ahí arriba.

Anda, tú prueba, a ver si nos escucha y ayuda a tu madre.

(SUSURRA) -Quiero ser cristiano como el Guerrero del Antifaz

para matar a todos los malos y salvar a mamá.

¡Rayos, no dejaré a ninguno de esos perros vivo!

-¡Cuida esa lengua, Alexis, o te la lavo con jabón!

Va a tener razón tu madre, esos tebeos no son nada bueno.

(SUSURRA) ¡Alexis!

¡Alexis!

¡Alexis!

-Arrepiéntase. ¡Va, déjelo ya!

-Si purga sus pecados, tendrá el perdón de Dios.

Yo no voy a pedir perdón por nada, y menos a su Dios.

Le hacen basílicas con la sangre de mis compañeros.

-Déjela que se pudra en el infierno.

Cuando se la lleven para capilla ya se arrepentirá, ya.

¡Ja!

-Por favor.

-Mire, Juana, yo voy a volver mañana a la misma hora

por si quiere usted hablar conmigo.

¿Quiere hacer algo por mí? -Sí.

Pues tráigame papel y lápiz.

Discúlpeme, señora, pero debo ausentarme.

No se levanten. Carmen, atiende a la señora como se merece.

¿No le gustó el menú, Dña. María Eva?

No, en absoluto, el menú era excelente.

Apenas la vi comer. Yo como muy poquito.

A mí me pasa lo mismo.

Ya me siento reconfortada desde la comunión de la mañana.

No es exactamente lo mismo.

Es que yo cuido un poco la línea.

Pero sí se comió los cañoncitos de dulce de leche, ¿verdad?

Sí, todo un detalle.

Aunque confieso que extraño los matecitos.

Bueno, no se ganó Roma en un día.

¿Me quiere conquistar?

Cuánta belleza por acá.

Disculpe, tendré que pedirle prestada a mi hermana.

Toda suya. Permiso.

Rodero está con Martín Artajo,

¿No tienen dudas con la llegada o el envío de los barcos de trigo?

-Una cena estupenda, Carmen. Marquesa, ¿y su vestido negro?

Ya ves, no iba a ser menos.

Yo no tengo ninguna intención de seguir esas modas.

Eso viene de la Francia traidora y judía.

La nobleza habla de los vestidos estupendos de esta señora.

La decencia va a durar siempre. Está avalada por la Iglesia

y la Iglesia es eterna. El negro te sienta muy bien.

Pero... Ya, ya veo.

Vas a seguir las tendencias.

Espera.

Sra. Guardo. ¿Sí?

Estaría bien que advirtiera discretamente a su señora

que se ponga la Cruz.

Mi marido no lleva nada bien estas cosas.

Por supuesto.

No ha tenido la decencia de ponerse la insignia.

Se habrá olvidado.

¡Ay, leñe, Pura, es un agravio! Tanto aquí como en la China.

Carmen, creo que tenemos un problema con el champán.

El salón que dijo tu mamá será por allí.

¡Sí, al fondo. Mis discos te van a encantar.

Qué lindas, chicas.

Ayúdame a sacarme la cola, Carmencita.

Los bailes regionales deben de ser un aburrimiento...

Pues aquí, en Madrid, aún tenemos suerte.

En la diócesis de Sevilla bailar está muy mal visto.

Con mis amigas tenemos que ir a Cádiz para no caer en pecado.

¿Bailas el tango? ¿El tango?

Lo he visto bailar en las películas. ¿Te enseño unos pasos?

Vale. Agárrame.

No. Vos "sos" la mujer y yo soy el varón.

Te cojo por aquí... Ojo, allá eso significa otra cosa.

¿Qué quiere decir? (SUSURRA) Joder.

(Tango)

Aprende rápido, su hija,

¿Quiere probar usted?

(BAJO) Parece que se acabó la milonga.

Dame la cruz, está bien.

Me olvidé de ponérmela, perdón.

La señora es... especial.

Disculpe si, a veces, no se sabe manejar adecuadamente con Uds.

o con personas de su categoría.

Es un poco directa, en efecto.

Su hija, Carmencita, me causó una gran impresión.

¿Ya tiene pretendiente? Tiempo al tiempo.

Aunque le confieso que ya tengo ganas de que encuentre uno.

Disculpe, Dña. Carmen.

Quería pedirles si serían tan amables de poner otra cama

en el dormitorio de Dña. Eva. ¿Por qué, no le gusta la cama?

No es eso. La señora no quiere estar sola por las noches

y tengo que hacerle compañía en el sillón.

(RESOPLA) Pero criatura, si es un sillón de un solo cuerpo.

Ni siquiera debe de poder estirar las piernas.

Mucha justicia social, pero parece que usted no está incluida.

No se preocupe, será atendida como se merece.

(ALIVIADA) Gracias, Dña. Carmen, gracias.

-Fíjese en los trazos alargados, la espiritualidad de los personajes,

el halo de luz que les envuelve.

Carmen, no hay manera de averiguar

si a Dña. Eva María le gusta el tapiz o no.

Es maravilloso. Pues es todo suyo.

Le prometí que se lo regalaría si no lloraba al ver El Escorial

y ya sé que no se emocionó. No lloro fuera de mi país.

Pues no lo entiendo.

Para mí no hay un edificio más majestuoso en toda España.

No entiendo por qué, teniendo un edificio tan grande,

no lo usan para algo más útil.

Una colonia para niños pobres, por ejemplo.

Se ven tantos en la calle... Tendríamos que pasar al salón.

Los bailes están a punto de empezar.

¿Vamos, Paco?

¿Vienes, Pura?

Disculpe que le moleste.

Dña. Carmen ha previsto una reunión con miembros de la aristocracia.

(MOLESTA) Sr. Radío, estoy harta de tanto protocolo.

Yo no vine a España para esto.

Yo soy una mujer del pueblo y al pueblo me debo.

¿Y qué le digo a Dña. Carmen?

¡Quiero visitar barrios obreros! Hágaselo entender.

Con estas o con otras palabras.

(Música dramática)

(Conversaciones animadas)

Te he traído boniatos, como te gustan tanto...

Que, por lo menos, eso no te falte. Gracias, madre.

Pero no podré cogerlos. El dinero se le da a las funcionarias.

Ellas compran el pedido después en el economato.

Dinero no tengo, Juana. Ya lo sé, tonta.

Anda, déjame ver a ese muchachito.

Este va a ser un guapo, como su padre.

Venga, ¿qué querías decirle a la mamá?

-Gracias por el caballo, mamá. ¿Te ha gustado?

Claro, es mejor que el de Carlitos. Al suyo le falta una pata.

-Tendrías que verle, no lo suelta ni un momento.

Hasta para dormir, lo aparca cada noche al lado del colchón.

Y le ha puesto nombre, ¿verdad? Centella, ¿a que es bonito?

¿Centella? ¿Pero no te dije que no leyeras esos tebeos?

Juani, no seas así.

¿Te están bien las zapatillas que te traje?

Duermo con ellas todas las noches.

Mira que eres rara. Me las ato bien fuerte

para cuando me lleven para capilla.

Así no me verán temblar las manos cuando me las ate.

Ayer la Perón ha dado un discurso en la Plaza de Oriente.

Hablaba como uno de nosotros.

A esa fascista... ¡Que no, hija, que no es fascista!

Tendrías que haberla oído.

Le hemos escrito una carta para que te salve.

La escribió Alexis de su puño y letra.

¿Pero qué tonterías que hacéis? Habla bien de los descamisados.

Que son gente como nosotros. ¿Descamisados, nosotros?

¡Descamisada lo será ella!

Buenas tardes, Sra. Guardo. Buenas tardes, Dña. Carmen.

¿Están ya listas? Enseguida.

La señora está haciéndose unos retoques de urgencia.

¿Pero va a ir vestida así para ver a los pobres?

¡Dña. Carmen, qué bueno que la tengo cerca!

Pase, ayúdeme. ¿Cuál le gusta más, este o este?

No es necesario que se ponga tan elegante.

Solo la va a ver gente muy humilde.

Justamente por eso. Yo era como ellos.

Así verán que también se pueden vestir así. Siéntese.

A los pobres les gusta vernos lindas, Dña. Carmen.

Vamos a un orfanato, no creo que los niños piensen así.

Los huérfanos también tienen sus sueños, ¿no cree?

Claro, y por eso les ayudamos.

Sin nuestra ayuda no serían más que unos bastardos.

Esos "bastardos" supongo que serán consecuencia de la guerra.

Esas criaturas son hijos de la vida descarriada de sus madres.

Republicanas que, al enviudar, optaron por oficios indecentes.

Ya me entiende.

Nosotros llevamos a los niños por el buen redil.

¿Y a esas mujeres no las atienden?

Ya le he dicho que esas mujeres llevan una mala vida.

¿No reciben ningún tipo de subsidio?

En la Argentina nos planteamos la ayuda social de otra manera.

¿Ah, sí? ¿Cómo? Trabajamos...

para que haya menos ricos y menos pobres.

Compréndalo. Con todo no podemos.

Señora.

Cuando se fomentan las guerras, se aguantan las consecuencias.

(ENFADADA) La guerra era necesaria

y el pueblo lo agradece. La gente quiere a mi marido.

En mi país también quieren a Perón.

Pero con una diferencia: gobierna con el voto del pueblo.

(Teléfono)

No sé qué haces en este cuchitril. Tu despacho es bien bonito.

Me va mejor para trabajar. El otro es para las visitas.

¿Qué pasa, Carmen? Estoy harta de la Sra. Perón.

Harta de sus desplantes, de su poca discreción.

Va vestida como una fallera para ir a ver a los pobres.

¡A los pobres! No es para tanto.

¿Que no? Si ella quiere hacer el ridículo, que lo haga. Yo no.

Nos van a tirar fruta podrida o algo peor.

Lo dudo.

Mira, Paco.

Si tú no puedes pararle los pies, llama a su marido y que haga algo.

¿Cómo voy a llamar a Perón para quejarme de su mujer?

No se preocupe, general.

Para dirigir un país hay que estar listo siempre.

Usted lo sabrá, y mejor que yo. ¿Qué me va usted a contar?

Como decía Napoleón,

requieren más energía los asuntos administrativos que la guerra.

Usted me llama porque ya no soporta a Eva.

(RÍE) Bromeaba, general. Yo sé que mi mujer se hace querer.

(RÍE) De eso no hay duda.

Ha conquistado a todos los españoles.

Es muy entradora, ¿vio? Sí, es evidente.

Pero precisamente quería hablarle de algo.

No me diga que se mandó una cagada.

¡No, por Dios, mi general! No, de ninguna manera.

No, es cosa de mujeres.

Mi esposa no entiende sus retrasos ni cómo interpreta el protocolo.

Además, sus vestidos... Mi esposa la acompaña hoy a ver a los pobres

y ella se ha puesto un traje muy ostentoso y mi mujer cree...

¡Ah, eso! No se preocupe.

Mi mujer sabe cómo manejar a la gente del pueblo.

Ya, pero no sé si eso se va a entender muy bien en España.

Los pobres no están aquí acostumbrados.

Mi mujer entiende muy bien lo que significa ser pobre.

Por eso la adoran. A ella y a sus vestidos.

Son las mismas mujeres peronistas las que le piden que se vista así.

General, usted haga pensar al pueblo que puede gobernar

y entonces se dejará gobernar.

¿No podría usted decirle que fuera un poco más discreta?

Y más puntual, de paso. (RÍE) Mejor olvídese.

Eso no va con ella y a mí tampoco me va a hacer caso.

Déjela, es muy viva.

Yo me mantengo en el poder

con los votos de los trabajadores peronistas que ella conquistó

y me mantendré con los votos de las mujeres peronistas

que, gracias a ella, por fin van a poder votar en este país.

General...

¡General! Sí, sigo aquí.

Las batallas contra las mujeres

son las únicas que se ganan huyendo,

como diría Napoleón. (RÍE)

Es que actúa como si fuera el centro del universo.

Y encima, está orgullosa. Yo creo que me tiene envidia.

¿Y por qué cree que le tiene envidia?

Pues no lo sé padre, porque no es de nuestra clase.

O porque no tiene hijos, ¿yo qué sé?

La odio, padre, la odio con un odio tan poco cristiano...

(LA REPRUEBA) Dña. Carmen.

¿Recuerda usted la historia de la Biblia sobre José?

Por la envidia de sus hermanos, lo vendieron como esclavo.

Pero sobrevivió.

Años más tarde, cuando estuvo en el poder, no se vengó de ellos.

No se rebajó a su nivel.

Les mostró su corazón lleno de piedad divina.

Les regaló de nuevo su protección y su amor.

¿Me está hablando de poner la otra mejilla?

No, estoy hablando de perdón. Y de humildad.

Entonces, ¿qué debo hacer? Ya se lo dije: rezar el rosario.

(RESOPLA) El rosario no me va a librar de ella.

Pero la reconfortará, hija.

-Abuela, ¿falta mucho? -Enseguida vendrá el embajador.

-¿Qué es un embajador? -¿Un embajador?

Alguien muy ocupado que no tiene ni cinco minutos para nosotros.

Espera, que voy a ver.

-No es por molestar, es que tengo al crío ahí con hambre.

-¡Señora, por favor, no insistan!

-¡Abuela! -Ahora no, hijo.

Tanto protocolo me hace descuidar la política de mi país.

Se debaten cosas importantes y Perón es flojo con los militares.

No, ni idea... -¡Abuela, está ahí!

-¡Señor, señor! ¡Eh, señor!

-Disculpe un segundo. (IRRITADO) ¿Qué quiere?

-Tenemos una carta para la señora de allá.

-Acá no pueden estar, tenemos asuntos urgentes. Démela.

-Por favor, déjeme hablar con ella. -¡Señora!

Cosme, que salgan inmediatamente de acá.

-¡Señora, mire que le dije! -Bueno, pero no empuje.

¿Quiénes eran esas personas? Nada, acá la gente es muy pesada.

Pero traían una carta para mí. Bueno, sí...

¿Y dónde está la carta?

Perdone, no le di importancia.

Son tantas las cartas de sus admiradores

y hay tanto que tiene que hacer. El Generalísimo y su esposa...

(LO CORTA) ¡Cállese ya!

Ya está bien. Fuera.

¡Señora!

Abuela.

¡Señora! Abuela.

¿La escribiste vos, pibe? (ADMIRADA) -Ha leído la carta.

Acabo de hacerlo.

Y quiero que sepa

que voy a hacer todo lo que esté a mi alcance por ayudarlos.

(SUSPIRA)

¡Señora! ¿Se siente bien? -Pues sí, de perlas.

Ha sido la cosa de la emoción.

¿Usted tiene más hijos? Sí, una hija más pequeña.

Y, ¿sabe? También es actriz, como usted.

Lo fui. No era muy buena.

¿Y nietos? ¿Tiene más nietos?

Alexis tenía una hermanita, pero murió.

¿En la guerra? No, fue después.

Tomó leche de un biberón en mal estado y...

Señora, ¿por qué hace todo esto por nosotros?

Será porque me pongo en su lugar.

Gracias.

¿Por qué no me anota su dirección?

Yo puedo hacerles llegar algunos víveres.

No, señora, no hace falta, por Dios.

Con su promesa nos vamos más que satisfechos.

Tenga, para usted. Y que Dios la bendiga.

(SUSURRA) Vamos.

Adiós.

Adiós.

Pero, mujer, ¿cómo le va a decir esto al Papa?

Dígale lo mismo, pero más suave.

Carmen, ¿le echas una mano a Dña. María Eva?

Mi mujer se educó entre monjas y conoce bien la Iglesia.

¿Usted me va a ayudar?

Por supuesto. La espero en mi habitación.

Enseguida estoy con usted.

Permiso.

Debería usar el título completo para referirse al Papa,

es conveniente en personas de su categoría.

Pide Ud. ver a una de las personas más importantes del mundo.

Es que no termino de entender. ¿Qué hay, un reglamento?

¿Uno, cuantos más nombres, más importante?

No siempre, pero no le conoce.

Entonces yo, a lo mejor, debería llamarme

Dña. María Eva Duarte de Perón y agregarme un par de santos más.

Dña. María Eva Duarte de Perón de Junín, el pueblo donde nací,

de Todos los Santos. A lo mejor así esas ricachonas argentinas

me aceptarían un poco más. (RÍE)

Ay, perdón. No, ríase, me encanta verla reír.

Disculpe.

Me estoy meando.

(Se perfuma)

(Cadena del váter)

(MUSITA) Por favor, señor...

¿Seguimos?

Tú ten fe, hija, nos va a ayudar. ¿Me dices que tenga fe?

Ha leído la carta. Ella misma me lo ha dicho.

¿Que te ha dicho qué? A mí y a Alexis.

¿Me estás diciendo que de verdad estuviste con Eva Perón?

Desde luego, lo que no consiga Paca Jiménez...

Te he traído dinero para comida, estás en los huesos.

No, guardároslo vosotros. Lo necesitáis más que yo.

Mira, cuando Eva Perón consiga... ¡Y dale con Eva Perón!

Esa mujer no va a hacer nada. Ella no. Va a ser Franco.

Ha dado ya muchos indultos. (SUSURRA) ¿Sí?

Díselo a Emilia, que la fusilaron por ser la mujer de un republicano.

O a Conchita, que la condenaron por dar clases subversivas.

O a nuestro Eugenio, que lo mataron

por defender un Gobierno elegido democráticamente.

¿Quiere que siga?

(Silbato)

Se acabó el turno.

(AUTORITARIA) -Vamos.

¡Mamá!

¡Eres grande!

¡Coño!

Solo le pido que retenga ese documento.

Conmutar una pena de muerte es un asunto de suma importancia.

Un asunto de Estado

y antes me gustaría poder hablar con mi marido.

Disculpe, Excelencia, pero yo me debo a mi país.

Y si la mujer del Presidente... Yo soy la del Generalísimo.

Estoy segura de que el Caudillo sabrá mostrarse agradecido.

(SUSPIRA) Compréndame.

Esta situación para mí es muy comprometida.

La petición ya se ha cursado. Lo entiendo perfectamente.

Ya sabemos que tanto papeleo es un incordio.

También sabemos que, a veces, las solicitudes se pierden.

O se traspapelan, ¿verdad?

Gracias, Sr. Radío.

Y no me acompañe.

Sabía que podía contar con usted.

No es necesario que informe de esto a la Sra. Perón.

(LOCUTOR) "En la arena de la Plaza de Toros de Madrid

luce el escudo con los colores de la Argentina y España.

Desde el palco de honor, la esposa del general Perón,

acompañada por el Jefe del Estado,

contesta a la resonante ovación con que es recibida por el público

entre vivas incesantes a los dos países fraternos.

El festejo se inicia en recuerdo de otros tiempos

con el desfile de una cabalgata goyesca.

(Pasodoble)

El gran triunfo de la corrida corresponde al argentino Rovira.

Después de haber entrado a matar con un volapié clásico,

se le concede la oreja y da la vuelta al ruedo.

En el palco presidencial no se le regatean los aplausos".

Dios mío, ¿por qué le hacen todo eso a ese pobre animal?

¿Por qué le clavan todo eso? Las banderillas y el picador

hacen que el toro se desangre. Eso lo debilita un poco.

Si no, sería demasiado peligroso, ¿no le parece?

No sé qué decirle. Entiende poco de toreo, ¿no?

Nada. En Argentina solo existe el toreo de la vincha.

Pero ahí los muchachos solo tienen que agarrar una moneda

que tiene el toro en la cabeza.

No hay banderillas, no lo lastiman. Qué barbaridad.

A mí lo que me parece bárbaro es lo que hacen ustedes.

No sé, poco cristiano, como diría usted.

En la Biblia está escrito: "ojo por ojo, diente por diente".

Pero si el toro no lastima a nadie. Pero podría.

Voy a cortar jamón.

¿No vio esos cuernos afilados en el toro?

En su país tendrán las costumbres que quieran.

Pero aquí hay que luchar a muerte. Me sigue pareciendo injusto.

(DESDEÑOSA) ¡La justicia!

La única justicia que hay es la de Dios

y Dios es quien dirige la mano del torero.

Si no quiere que alguien muera, intervendrá. ¿No cree?

Es una lucha entre el bien y el mal.

O sea, ¿que el toro es el mal y por eso debe morir?

Exacto.

Así ha sido y así será siempre.

¿No se puede salvar de ninguna manera?

¿No tiene posibilidad? A veces sí.

Alguna veces se le indulta. En ocasiones muy, muy especiales.

¿Dónde va? Al aseo.

¡Ay, Paco! Tampoco le han gustado los toros.

En cuanto pruebe la carne de lidia se le quitarán los remilgos.

(Pasos)

Buenas noches, Juana. Buenas noches.

Es usted un cabezota.

Hace bien su trabajo. Lo intento.

¿Se encuentra usted mejor? En la gloria.

A ver, ¿cómo se sentiría usted? Pues... algo asustado.

Y un poco aburrido.

Mi única distracción son los olés y pasodobles que oigo de la plaza.

No me gustan los toros. A mí tampoco.

Pues eso.

Ah, gracias por el papel.

¿Su confesión? Ya le gustaría a usted.

¿Sabe una cosa?

No me arrepiento de nada de lo que he hecho.

Si lo pienso bien, no puedo quejarme.

Moriré como mi marido,

con la dignidad de haber luchado por unos ideales que creo justos.

Mi vida no habrá sido muy anodina.

Habrá sido corta, pero intensa. ¿Escribe sobre eso?

Quiero que se recuerde lo que conseguimos.

Y lo que no conseguimos.

Confío en que algún día estos papeles vean la luz.

Se puede figurar que aquí dentro me piden de todo, ¿verdad?

Pero nunca una presa me había pedido lápiz y papel.

Porque la mayoría no saben leer ni escribir. Nadie se ocupa de eso.

Las monjas vienen a veces para instruir a las presas.

(IRÓNICA) Sí, a enseñarlas a ser perfectas cristianas.

Amas de casa sumisas, obedientes y calladas.

Si tan solo supieran leer... ¿De qué les serviría aquí dentro?

El conocimiento las puede hacer más grandes.

La palabra tiene un poder muy grande.

Mucho más que confesarse ante su Dios.

Entonces no tengo nada que hacer con usted, ¿verdad?

Quizá sí hay una cosa que podría hacer por mí.

Usted dirá.

¿Puede traerme un ajedrez?

Para cuando me lleven para capilla.

¿Pero con quién iba a jugar, si está aislada?

Con mi marido.

Claro que sí, Juana.

No va a haber ningún problema con eso.

¿Qué, Carmiña? ¿Ya tienes las maletas listas?

Paco, no sé si debo acompañar a la Sra. Perón en su gira.

¿No quieres ir a Andalucía?

Ni a Andalucía ni a Zaragoza ni a Compostela ni a nada.

¡Galicia sí, mujer!

En mi patria chica siempre te han recibido bien.

Además, te encantan los actos oficiales... ¡Ay!

¡Hombre, ve con cuidado! Perdone su Excelencia.

Déjelo, D. Damián, espere fuera. Ya termino yo.

Este señor siempre te deja los pantalones demasiado largos.

¿Y si os acompaño yo a ti y a la Sra. Perón?

Ni hablar, tú te quedas aquí con tu padre y conmigo.

Mujer, no es mala idea. Deja que la niña se divierta.

(SUSPIRA) ¡Ay, que no, Paco! Estoy harta de la Sra. Perón.

Con sus descamisados por aquí, dando limosnas por allá...

Todo para que la gente le diga lo guapa que está,

lo generosa que es... Siempre yo, yo, yo y yo.

Con cuidado, Carmen. Piensa en el trigo.

Todavía no hemos terminado de rematar el negocio.

¡Paco, que no! No voy a acompañarla.

La despedimos en Barcelona y se acabó. Que triunfe ella sola.

(Copla)

Estrella de plata,

la que más reluce.

¿Por qué me llevas por este calvario

llenito de cruces?

Tú vas a caballo

por el firmamento.

Yo, cieguecita sobre las tinieblas,

a pasito lento.

¿El día que nací yo,

qué planeta reinaría?

Por donde quiera que voy,

qué mala estrella me guía.

(Aplausos)

No puedo más, padre.

Una cosa es perder tiempo con quien me necesita

y otra perderlo exhibiéndome como una mona de feria.

Pero señora, lo está haciendo muy bien.

Ayer ya me dieron hora para su audiencia papal.

¿Vio esas fotos? Directas al Vaticano, padre.

Me serán muy útiles. Más le vale.

Con tanta ofrenda a la virgen me estoy quedando sin joyas.

¿Cómo van las conversaciones con Inglaterra?

Marchan bien. ¿Bien?

¿Me van a invitar oficialmente, sí o no?

Inglaterra le invita semioficialmente, señora.

¿Y Perón qué opina?

Que es mejor una visita a medias que ninguna visita.

Para él es una cuestión de Estado. Y para mí, de humanidad.

(Llaman a la puerta)

¿Qué pasa, Lilian? Martín Artajo la espera.

Será por algo relacionado con el indulto.

No, Sra., su hermano Juan y Rodero. Creo que se salieron del protocolo.

Estuvieron festejando con las gitanas del Albaicín.

La prensa se enteró y... (LA CORTA) Está bien.

Quedate ahí.

Buenos días.

Buenos días, señora, tengo a su hermano al aparato.

Pasame con este atorrante.

Escúchame bien, Juancito.

Una puta más y te vuelves a la Argentina nadando.

Tenemos que demostrar que somos un pueblo educado,

no unos hijos de puta y milongueros como vos.

Gracias, señora, por su intervención.

-¡Señora, espere! ¿Y ahora qué pasa, Radío?

Su comida en la residencia de estudiantes

coincide con la jura de bandera.

Si por la tarde tiene que viajar hacia Vigo...

¿Por qué no me programa una siestita protocolar?

Me duele la cabeza, no podemos con todo.

Es cierto, señora, debería usted descansar. Se exige demasiado.

Muy amable, Radío. Haga como convenga.

Por cierto, ¿Franco firmó el indulto del que hablamos?

Todavía no, señora, no habrá tenido tiempo.

Quien no tiene tiempo es esa mujer encarcelada.

Averigüe. Y quiero una respuesta. Señora...

¿Qué? La esposa de Franco no es

partidaria de que su marido se desdiga de lo que firmó.

¿Y usted cómo sabe eso? Verá, yo...

No me diga que usted sigue instrucciones de esa mujer.

No, en absoluto, señora.

¿En qué Universidad se recibió de pelotudo?

Usted solo obedezca las órdenes de Perón, que ahora son las mías.

Vuelva a pedir ese indulto. Inmediatamente.

Y se lo hace llegar directamente al gordito.

¿Se siente bien, señora?

Está muy pálida. ¡No digas pavadas, Lilian!

Mirame bien.

¿Qué ves?

Una simple india de Los Toldos que es presidenta de Argentina.

Eva, la humilde servidora de Perón.

La mensajera de paz y fervoroso augurio.

La abanderada de la gira del arco iris.

La que enarbola el discurso de los oprimidos

y la causa del pueblo.

Pero cuanto más cerca me quiero sentir del pueblo,

más lejos me siento.

(RADIO) "Mujeres de España,

yo no puedo guardarme en silencio un mensaje que por mi intermedio

envía la mujer argentina a la española.

Sobre todo a la mujer que lucha como un héroe inadvertido

para el mundo en la brega cotidiana de la vida.

Se acabó. Al fin.

Yo también empiezo a estar harto de esta mujer.

No tiene más que exigencias.

Ahora pretende que indulte a una roja.

¿Cómo?

Una de las que pusieron la bomba en la embajada.

¡Pero bueno! Esta mujer planea acabar con tu reputación.

Tampoco es para tanto, Carmen. ¿Pero cómo que no?

Tú has firmado esas sentencias, no te puedes echar atrás.

La gente dejaría de tenerte respeto si dices una cosa y haces otra.

Tampoco sería la primera vez.

Perón me está presionando con lo del trigo.

Habrá que ir con tiento.

¡Encima que la protegemos de los atentados!

Hablaré con ella seriamente en Barcelona.

No, Carmen, tú no te metas. Esto es un asunto de Estado.

¿Y qué piensas hacer? Ahora, no darme por enterado.

Bastantes preocupaciones tengo yo.

¿Y luego? ¡Luego ya veremos, joder!

Señora, aún no se hizo oficial,

pero se rumorea que el Papa le va a dar la Rosa de Oro

y la Gran Cruz de San Gregorio el Grande a Perón.

La felicito, señora. Y yo a usted.

Pero de hacerme marquesa no dice nada.

Acá no lo comentan, el Vaticano es muy precavido.

-Sobre todo, en el monto de los donativos.

Ah, no, a mí el Papa no me va a joder.

Escuchame una cosa, Rodero.

Cuando yo salga de la reunión, me preguntás cómo me fue.

Si yo te digo "muy bien", es que el Papa me hizo marquesa

y le ponés 150.000 pesos. Si te digo "bien",

quiere decir que me dio la Rosa de Oro y le ponés 100.000 pesos.

Pero si te digo "regular" quiere decir que me dio un rosario

y le dejas unas chirolas, ¿entendido?

¡Señora!

El general Franco y Dña. Carmen llegaron ya de Madrid.

La esperan para ir al Ayto. Bueno, deciles que ahora voy.

"Entretenelos" y, sobre todo, calmá a la gorda.

"Entretenelos". Tal para cual, son.

(Ruido de llaves)

(Portazo)

-Buenas noches.

¿Ya? No.

Todavía no.

Pero la sentencia ya se ha hecho efectiva.

Mire, Juana, yo no le voy a insistir más con lo de la confesión.

Pero si necesita hablar conmigo para desahogarse...

Gracias.

(SUSURRA) Venga.

Guárdelo usted

y se lo entrega a mi familia cuando todo haya terminado.

(INSPIRA FUERTE)

(REPRIME EL LLANTO)

(Ruido de llaves)

-Tú, espabila. Está tu familia para despedirse.

(Música triste)

(GIME CON VOZ TRÉMULA)

(Ruido de llaves)

(SUSURRA) Juana.

¿Y Alexis? ¿Y mamá? Están esperando fuera.

Solo nos dejan entrar de uno en uno.

Cabrones hasta el final.

¡Ven, ven!

¿Cómo estás? Bien, bien.

(SOLLOZAN)

¿Has recibido mis cartas? ¿Qué va? Aquí no te dan nada.

Te he escrito todas las noches para que vieras que nos tenías cerca.

Eso ya lo sé yo, Valia, sin necesidad de cartas.

¿Cuánto te queda? Nadie lo sabe.

Vienen de madrugada, sin avisar, y te llevan para capilla

y ya no hay marcha atrás.

Siento mucho haberte echado en cara tu comportamiento.

Es mi culpa, siempre he puesto mis ideales delante de todo.

No, Juana, eso no es así. La culpa es de ellos, no nuestra.

Ellos son los que nos matan y nos hacen callar.

(SUAVE) Chis.

¿Y mamá, cómo está?

Pues triste.

Ha luchado como una leona para sacarte de aquí.

Creía que esa mujer iba a solucionar lo de tu condena.

¿Qué coño iba a solucionar esa mujer?

Pues mamá confiaba en ella.

Pero tú no te preocupes por mamá.

Es fuerte y está acostumbrada a sufrir.

Es valiente, como tú.

(Ruido de llaves)

(Golpes en la puerta)

Valia.

Dile a mamá que no malgaste más sus fuerzas.

Solo quiero que... (SE EMOCIONA)

Que cuando llegue el momento, cuides de ella y de Alexis.

(Música triste)

Alexis, ahora te toca ser valiente.

¿Te acuerdas de lo que te expliqué de tu padre y la "pepa"? ¿Sí?

Pues ahora ha llegado el turno de mamá.

Tú no te preocupes, me voy con papá.

Un poco lejos, pero estaremos contigo todos los días.

Mamá, yo no quiero que te vayas tan lejos.

Yo quiero quedarme aquí, contigo. Alexis, amor mío.

Esto no puede ser.

¿Y si me escondo en el depósito del agua?

(SOLLOZA)

Alexis, sé buen chico.

Cuida de la abuela.

Cuídala.

Ella te necesita, no le puedes fallar.

(Taconazo)

¿Así? Un poco menos ajustado.

¿Ahí está bien? Un poquito menos.

Déjame ver si hay otro.

(Llaman a la puerta)

Disculpe.

Buenas noches, Dña. Carmen. Buenas noches, Sra. Guardo.

¡Dña. Carmen! Enseguida estoy con usted.

Ya sé que me volví a retrasar.

¿El viaje bien? Excelente.

¿Y su marido? Espera abajo.

Esta vez llegaremos más tarde que de costumbre.

Que esperen, por algo somos las presidentas.

Bueno, no sé usted. Yo solo soy la mujer del Caudillo.

Ya le queda poco en España. Sí. Se me hizo corto.

A nosotros también.

¿Sus asuntos con el Vaticano se presentan bien?

Parece que sí,

aunque con tanta diplomacia ya no sé dónde estoy parada.

Precisamente quería comentarle algo sobre un asunto de tipo legal.

En su país existe la pena de muerte, ¿verdad?

No. ¿Ah, no?

(RECALCA) No. Fue abolida hace mucho tiempo.

(SIN VOZ) ¡Ah!

¡Lilian!

Dejanos solas un ratito, por favor. ¿Cómo no?

Vayamos al grano.

A usted lo que le preocupa es mi pedido de indulto, ¿verdad?

Sí.

No sé si sabe que el procedimiento no es del todo correcto.

A mí no me parece del todo correcta su manera de actuar.

Yo me debo a mi esposo.

Siempre ha sido muy escrupuloso con los delitos de sangre.

Usted sabe perfectamente que no hubo víctimas.

Además, nuestra embajada es territorio argentino.

Nos regimos por nuestras propias leyes.

No creo que en este caso su marido opinara como usted.

¿Usted siempre hace lo que dice su marido?

Obedecer es mi deber de esposa.

Mire, yo entiendo

que usted se sienta identificada con esa mujer.

Usted también tuvo unos orígenes humildes.

Pero esa mujer es una comunista.

Al final, lo único que va a lograr es dejarnos a todos en mal lugar.

Yo lo único que quiero es salvarle la vida a esa mujer.

A una co-mu-nis-ta. ¡A una mujer!

Como usted y como yo.

(SUSPIRA)

Sea como sea,

no creo que mi marido apruebe su petición.

Mire, Dña. Carmen...

Cuando yo vea a su marido voy a hablar directamente con él.

Y le pido, por favor, que no interfiera.

Al fin y al cabo, él es el que toma las decisiones. ¿O no?

(Truenos)

(Ruido de pasos y llaves)

Levántate, te vienes conmigo.

¿Ya?

Átate los cordones.

¿Para qué?

¿Adónde me llevan? (SUSURRA) Calla, que duermen.

(Trueno)

(Música triste)

(SUSURRA) -¡Juana!

-¡Estate quieta!

-Juana Doña.

(GRITA) ¡Juana Doña!

(SUSURRA) Presente.

Se le conmuta la pena de muerte por 30 años y un día de reclusión.

¿Me conmutan? Sí, y bien a mi pesar.

Firme aquí.

¿Han conmutado también a mis compañeros de expediente?

Solo os habéis librado tú y ese. Con los otros ya se hizo justicia.

No parece alegrarse del indulto. Si me alegro o no es cosa mía.

Ustedes no me están regalando nada.

Voy a decir a los de la radio que se apuren.

¡Pibita!

Te voy a extrañar mucho. Y a usted también.

Nosotros también la vamos a echar de menos.

Esta es para usted.

Gracias.

¿Se la puedo poner?

Claro.

Es sencillita, pero yo le tengo mucho cariño.

¿Sabe? Cualquier actriz de mi país

pagaría mucho dinero por tener una sonrisa como la suya.

Dña. María Eva...

Les estaremos eternamente agradecidos a usted y al general.

Señora, la grabación está dispuesta,

Cuando quiera puede radiar su discurso de despedida.

Vaya, nos veremos en el aeropuerto.

Permiso.

Ah, y cuando quiera juntar tanta gente como en estos días

no dude en llamarme.

No entiendo por qué esta señora, con lo simpática que es

y con todas las atenciones que ha recibido de nosotros,

nos ha cogido tanta tirria. Porque no es una señora.

Que sea la última vez que tenemos invitados extranjeros en el Pardo.

Lo que tú digas, Carmen.

Españoles,

recojo vuestro clamoreo apoteósico

porque en mí se ha glorificado a la mujer popular,

siempre sojuzgada, excluida y censurada.

Os habéis exaltado vosotras mismas, trabajadoras españolas.

Reclamáis que no vuelva a implantarse esa antigua sociedad

en la que algunos seres,

por el mérito de haber nacido en la opulencia,

gozan de todos los privilegios y otros seres,

por el pecado de haber nacido en la pobreza,

han de padecer todas las injusticias.

Sois el pueblo que sabe morir por defender una idea

y mantener una afirmación.

Pido a Dios que no sea preciso

morir por vuestra afirmación y vuestra verdad.

Tendría que pediros el corazón que os entregué al llegar.

Pero siento que puedo irme con el vuestro en mi pecho,

dejándoos para siempre el mío.

Se lo dejo para vosotros, obreros madrileños,

cigarreras sevillanas, agricultores, pescadores,

trabajadores de Cataluña, al país todo.

Se lo dejo a vosotros.

Adiós, España mía.

¡Juani, no hay moros en la costa!

Compañeras, preparaos. Vamos a empezar.

Sacad los papeles. ¿Ya los tienes? Pilar, repártelos.

Vamos a empezar desde el principio. Des-pa-ci-to.

Tiempo tenemos. Tú, vigila la ventana.

Tenemos pocos lápices.

Las de enfermería han conseguido unos.

Reparte por aquí.

Las vocales. Son cinco.

La primera, la "a".

La "e".

La "i". Esta es fácil, ¿eh?

La "o".

Y la "u".

Las cinco. La "a", la primera.

Una montañita con un palo en medio.

Ahí, muy bien.

La "e", un palo con un techo, un suelo y uno en medio.

Como una escalera, pero nada en el otro lado.

La "i", esta es fácil. Un palo y un punto.

(Música emocionante)

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Carta a Eva - Capítulo 2

02 nov 2015

Tras el gran recibimiento tributado a Evita la relación entre ella y Carmen Polo se va "complicando".

Histórico de emisiones:
23/09/2014

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  1. Pucelana

    Por favor, permitan la reproducción en México

    30 mar 2016
  2. Mariela C.

    Extraordinaria serie muy bien escrita, llega al alma. Maravillosas actuaciones de los actores, me impresionó de especial manera la interpretación de Eva Perón, había visto muchas películas sobre Eva pero ninguna tan ponderosa como esta.. Gracias!

    04 feb 2016
  3. Susana

    Por favor, permitan la reproducción a Argentina . Gracias

    27 dic 2015