Serie documental de cinco capítulos, dirigida por Juan Frutos, que cuenta el último viaje del Emperador hacia su retiro en el Monasterio de Yuste, mientras rememora su azarosa vida a través de los diferentes países que recorrió. La serie conjuga diferentes géneros, con un contenido riguroso de la mano de prestigiosos investigadores internacionales, un atractivo formato de cuaderno de viajes y cuidadas recreaciones históricas con un elenco de primer nivel

El reparto está encabezado por Mario Zorrilla, que encarna a Carlos V y Juan Gea, que da vida a Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa

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Carlos V. Los caminos del Emperador - El último viaje - ver ahora
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El emperador abandona Bruselas.

Carlos V ha comunicado a los frailes jerónimos

su intención de retirarse en el Monasterio de Yuste.

Desde su desembarco en Laredo,

el Emperador ha soportado las inclemencias del tiempo,

así como la dura orografía del paisaje.

Moriré de viejo,

con paños calientes

y postrado en una cama.

A esto se unen los problemas de salud

y sus constantes obsesiones que no puede dejar atrás.

¡Fuera de Castilla extranjero! -¡Fuera!

Tras partir de Bruselas, el 8 de agosto de 1556,

Carlos V y su séquito penetran en la actual Extremadura,

el 10 de noviembre, tres meses después.

Veo a los monjes jerónimos tensos,

disienten y discuten sobre quién ha de quedarse en el monasterio

y quién ha de ir a otra parte a mi llegada.

Hay dos bandos entre ellos.

Carlos V atraviesa Gredos el 11 de noviembre de 1556.

Habían pasado más de 30 jornadas desde su partida en Laredo

y apenas si quedaban unas leguas para arribar a su ansiado destino:

el Monasterio Jerónimo de Yuste.

La actual Comunidad Autónoma de Extremadura

recibió al séquito a mediados de noviembre de 1556.

Como en tiempos del Emperador, la tupida vegetación,

los bosques profundos

y las elevaciones del norte de Cáceres

siguen siendo la seña de identidad de esta provincia extremeña.

Carlos ya conocía las bondades del clima y del paisaje extremeño.

Treinta años antes había estado

en la extraordinaria comarca de las Villuercas-Ibores-Jara.

Carlos V tiene, por consiguiente,

una idea sólida sobre el entorno natural

que va a encontrarse y que, según los médicos,

calmará el mal de gota

y procurará al Emperador la paz y el sosiego que precisa.

Pero, ¿cómo un Emperador viajero

que había recorrido el mundo se decide por Extremadura?

¿Cómo un Emperador que había recorrido y visto

centenares de ciudades de su Imperio,

resuelve llegar hasta este rincón del norte de Cáceres?

Lo que podría echar de menos ya lo llevaba él:

un buen maestro cervecero, Juanelo Turriano,

el relojero de la Corte,

médicos...

Es decir, marchaba a un lugar donde pasar sus últimos días

de la mejor manera posible.

El Emperador atraviesa el Puerto de Tornavacas

y se dirige hacia la población que da nombre a esta cima

de casi 1.300 metros de altitud.

La tarde se echaba sobre el séquito

que hace una parada a los pies del río Jerte,

donde unos jóvenes pescaban truchas.

Jovenzuelos,

¿pueden traernos unas truchas para servir al Emperador?

Este episodio fue recogido por los secretarios de Carlos V.

Por todos era conocido el apetito insaciable del César;

y más, cuando se trataba de pescado de estas aguas cristalinas.

Aquí tiene. -Bien.

-Que hoy abundan. Muchas gracias.

Carlos V degustó aquellos salmónidos frescos en la cena,

ya en la localidad de Tornavacas.

A las siete de la tarde,

el séquito hace su entrada en el pueblo cacereño.

Tornavacas es, en la actualidad,

un municipio de algo más de 1.100 habitantes

que se levanta a los pies de la Sierra de Gredos.

Aquí nace el Río Jerte, que da nombre a todo el valle.

Carlos eligió este pueblo,

porque pertenecía al linaje de los Álvarez de Toledo

entroncado con los Condes de Oropesa,

fieles servidores del Emperador.

Los Álvarez de Toledo

eran fieles súbditos de Carlos V.

No hay que olvidar

que el Gran Duque de Alba,

que era consejero del Emperador,

que pertenecía también a esta familia, a este linaje.

Por tanto, estamos hablando

de una familia con muchísima cercanía al Emperador,

de gran fidelidad.

Tornavacas tiene un diseño medieval que aún hoy se aprecia.

A los pies de la calle Real se encontraba la antigua judería.

No en vano, esta villa contaba con la categoría de aljama.

El municipio está dominado

por la Iglesia Parroquial de la Asunción del siglo XVI.

El templo se erige muy próximo a la calle Real,

por la que pasó la comitiva de Carlos V.

El Emperador pernoctó la noche del 11 de noviembre en esta casa,

propiedad del escribano Juan Méndez de Ávila,

hombre de confianza de los Álvarez de Toledo.

Aquí se le habilitó una pequeña estancia

con una humilde capilla para sus oraciones.

Desde el siglo XVIII, cuando llega la noche,

Tornavacas se envuelve en el misterioso campaneo de la esquila.

El "Toque de Ánimas" se lleva a cabo

para que las almas del purgatorio puedan descansar,

aliviadas.

En Tornavacas, el Emperador decidió tomar el camino más corto,

pero también el más complicado para llegar a su retiro en La Vera.

El César, ante la complejidad del ascenso al Puerto Nuevo,

llegó a decir:

Ya no franquearé otro puerto que el de la muerte.

A mediados de noviembre de 1556,

Carlos V hace entrada en la Comarca de La Vera.

El Jardín del Edén.

Un vergel en la, hoy, Comunidad Autónoma de Extremadura.

La Vera está arropada por Gredos,

por lo que los fríos vientos del norte no penetran en el valle.

En verano procuran la brisa de montaña

que regala temperaturas suaves.

Esta área natural se caracteriza por la abundancia de agua

con ríos, gargantas y arroyos.

El 12 de noviembre, Carlos V pasa por Aldeanueva de La Vera,

situada entre la Sierra de Tormantos y la Peña Negra.

El gentilicio del pueblo, "pencones",

proviene al parecer de aquellos días en los que Carlos V hizo su entrada:

varios habitantes del pueblo se ofrecieron

para portear al Emperador por aquellos parajes escabrosos.

Cuando llegó la hora del pago,

los hombres pidieron tan solo

unos pencones de vino como recompensa por su trabajo,

algo que llamó la atención de Carlos V.

Aquella anécdota con el Emperador

es contemporánea a la Iglesia de San Pedro Apóstol,

el monumento más importante del municipio.

Data del siglo XVI.

La casa natal del Obispo Godoy,

importante teólogo de la Escuela de Salamanca,

también es uno de los puntos más significativos de Aldeanueva.

En La Vera, al igual que en el resto de valles del norte de Cáceres,

el agua está en cada calle, en cada esquina.

Es el agua, precisamente,

lo que convierte estos valles en un dibujo de verdes vírgenes,

de bosques insondables

que un día atravesó el hombre más poderoso de aquellos tiempos.

Un recorrido por caminos

en los que acompaña el sonido de cascadas y gargantas,

sorteadas por puentes centenarios.

La comitiva llegaba cansada tras aquella aventura

que inició en Bruselas

y ya apenas si restaban unas leguas hasta el Monasterio de Yuste.

El cenobio aún no estaba listo y los Condes de Oropesa,

fieles servidores y amigos intachables,

esperaban a los pies de su Castillo en Jarandilla de La Vera.

¡Salve Madre común de todos los mortales!

Aquí vengo desnudo y pobre

del mismo modo que salí del vientre de mi madre.

-Del mismo modo que salí del vientre de mi madre.

-Majestad.

Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa

fue tercer Conde de Oropesa y amigo personal de Carlos V,

al que acogió durante tres meses en su Castillo de Jarandilla.

Su esposa, Beatriz de Monroy y Ayala,

era Condesa de Deleitosa, señora de Belvís y Almaraz.

Carlos V por fin se encontraba como en casa,

después de más de tres meses tras su partida desde Bruselas.

Hermosas palabras, Majestad.

Sin duda, convenientemente elegidas

para que la leyenda conserve vuestra recordación.

-Veo que las noticias vuelan en este reino, Fernando.

-Sabéis bien, Majestad, que en estos, sus dominios, los chismosos,

políticos, enredadores y fuleros,

constituyen el circo que entretiene al pueblo.

-¿También los políticos?

-Su Majestad, felices estamos ante tan grata visita.

Hemos proveído el palacio a su antojo,

como refirió el Señor de Villagarcía

para que pueda reposar antes de su retiro al Monasterio.

-Tras muchas jornadas,

se resienten las nalgas y los huesos por tan perturbador éxodo.

En la actualidad,

el Castillo de los Condes de Oropesa es Parador de Turismo,

un hotel de lujo abierto al público;

una huella íntima de la historia de Carlos V.

La puerta principal de esta fortaleza defensiva

está flanqueada por dos torres cilíndricas.

Las almenas, los adarves o las troneras

reflejan el poderío de la fortificación,

situada en un cerro,

lo que posibilita el control del horizonte.

El interior del castillo se disponía en torno a un gran Patio de Armas,

desde el que observamos la Torre del Homenaje.

La historia que guardan estos muros otorga un halo de leyenda

a esta impresionante construcción de origen medieval.

Según los cronistas, el 25 de noviembre de 1556,

Carlos V acudió impaciente

a ver las obras del Monasterio con sus propios ojos.

Alguna buena nueva trae consigo,

con ese semblante alborozado, Su Majestad.

-Fernando, ¡de nuevo me honra con su visita!

-Como Señor de Jarandilla,

tengo obligaciones que enderezar en estos profundos valles, Su Majestad.

-¿Sabe Fernando?

El león no es tan fiero como lo pintan.

He visitado las obras del Monasterio.

El sol aprieta en la galería.

Tiene vistas al jardín,

vamos a construir un estanque, con tencas.

Quiero un huerto, con naranjos, limones, frutales y verduras.

Hasta hemos abierto un paso

de mi alcoba a la iglesia de los monjes.

-Me alegra verle de ese ánimo, Majestad.

Veo a los monjes jerónimos tensos.

Disienten y discuten, sobre quién ha de quedarse en el Monasterio

y quién han de ir a otra parte a mi llegada;

hay dos bandos entre ellos.

Según su secretario, Martín de Gaztelu,

esa fue la impresión que se llevó el Emperador.

La actitud de los frailes en aquella visita al Monasterio

le provocó cierto estupor,

aunque de ningún modo perdió las ganas por marchar

a su paraíso perdido.

Carlos había seleccionado a los 38 frailes del Monasterio

para atender a los servicios religiosos y a la capilla musical.

Vienen de diferentes conventos.

Claro, hay tensiones,

no siempre se tenía en el Monasterio a un personaje,

a un huésped como Carlos V.

La actual Jarandilla de la Vera

conserva el trazo del pueblo en época de Carlos V.

El Castillo despunta sobre todo el conjunto histórico del municipio,

aunque también cabe mencionar

la Iglesia de Santa María de la Torre

que antes de ser lugar de culto fue una fortaleza militar.

Entrado el invierno de 1557, a principios de febrero,

apenas si quedaban unas horas para que Carlos

dejara la que había su casa en los últimos tres meses.

Y dije a su Majestad:

Más vale que deje esas aves en el corral

y prosigamos la campaña antes de que esos gazmoños nos apaleen.

Pero el hambre acechaba en aquellos parajes junto al Elba

y bien es sabido...

-Mülberg fue una campaña difícil, Luis.

-¡Fue un episodio épico, Majestad!

Pero nos hacemos viejos y la muerte nos vigila, insobornable.

Y un día entrará en nuestra alcoba, sin nuestro permiso.

¡Como una furcia!

-Su Majestad, llegó el día,

el instante por el que emprendió su viaje en Bruselas.

-Llegó.

Desde que zarpamos de Flesinga hasta las vísperas de hoy,

unas 150 jornadas se cuentan.

-Querida Beatriz,

me agrada conversar sobre aventuras añejas,

historias que quedaron atrás; y recuerdos,

gratos recuerdos que contentan mi semblante.

Sin embargo,

esas remembranzas me narran lo que fui,

pero no lo que soy.

Y de todos los viajes,

de todos los caminos andados y desandados, una y otra vez,

este es el viaje más doloroso.

Es un viaje sin retorno.

Carlos V fue un viajero nato.

Estuvo nueve veces en la actual Alemania,

siete en Italia, diez en los Países Bajos,

cuatro en Francia, dos en Inglaterra...

Efectivamente se encontraba en su último viaje.

-Que amanezcan bien.

Llega el momento de despedirse del pueblo de Jarandilla

y Carlos licencia a 98 de sus sirvientes,

en su mayoría flamencos y borgoñones.

Según Luis de Quijada fue un acto triste y emotivo

el ver partir a tanta gente que estuvo tanto tiempo junto a él.

El 3 de febrero de 1557 llegó el gran día:

su partida a Yuste.

La muchedumbre se reunió para decir adiós al Emperador.

Carlos V se despedía de los vecinos de Jarandilla

y de parte de su séquito.

-¡Gentes de Jarandilla!

Mi querido pueblo,

fieles súbditos del Emperador,

soldados,

niños y mujeres.

Llegué a La Vera de Plasencia entrado el otoño.

Y es entrado el invierno

cuando llega el momento de la despedida este pueblo.

Un pueblo que da, sin esperar nada a cambio...

-Beatriz, permíteme sin ser impertinente,

que ponga en duda este viaje hacia el Monasterio.

-Querido esposo,

fue una sabia decisión elegir estos parajes de La Vera.

-Veremos.

-Llega el tiempo de la despedida,

aunque pocas leguas nos separarán.

Emprendo mi último viaje desde este Castillo

que mi fiel súbdito

Fernando de Toledo y Figueroa,

tercer Conde de Oropesa,

ha tenido a bien proporcionarme para esta estancia mía.

Y hoy,

3 de febrero de 1557,

es tiempo de decir adiós a mi séquito,

que insobornable me ha acompañado por caminos de piedra y polvo,

de nieve y de hielo,

de agua y de barro.

-A la muerte de su mujer, Isabel,

Carlos se recluyó en un convento,

ahora hacía volvía a hacer lo mismo,

se recluía, pero esta vez para no salir más.

¡Viva el Emperador! -(Todos) ¡Viva!

¡Viva el Rey!

¡Viva Carlos V!

Pocas leguas separaban

Jarandilla de La Vera de Cuacos de Yuste;

una distancia que recorremos sorteando escarpadas serranías

que acarician las nubes plateadas.

Un bosque de robles, tupido y majestuoso,

envuelve la antaño aldea de Cuacos,

hoy capital administrativa de la Mancomunidad de La Vera

con algo menos de 1.000 habitantes.

Estas plazas, arropadas por el borboteo del agua,

o sus callejones laberínticos, cobijan, silenciosas,

epopeyas pretéritas que han pasado a la Historia de España.

El pueblo fue y es, también en la actualidad,

la puerta de entrada al Monasterio de Yuste.

El Monasterio de Yuste era un pequeño convento que se amplió

para acoger a Carlos V y su séquito personal.

El palacete se levantó adosado a la fachada sur de la abadía.

Sus dos plantas se perciben hoy con nitidez.

Carlos V hacía vida en estas estancias y aunque humildes,

no faltaban tapices y cuadros que recordaban a su familia,

y en especial, a su difunta esposa, Isabel de Portugal.

Cuida de Felipe.

Será un rey justo.

La famosa silla de la gota de Carlos V

se diseñó explícitamente para él.

Los episodios gotosos aparecían con frecuencia

y había que buscar un remedio.

Cuando podía y sus enfermedades no le invalidaban,

el Emperador mataba el tiempo jugueteando con relojes,

una de sus pasiones.

Majestad, os vais a dejar la vista en ello.

¡Es complejo montar ese artefacto!

-¡Dios Santo!

-¿Qué le incomoda?

-Maldita sea, Juanelo. La gota, ¡la gota!

-Mandaré llamar a su médico.

Carlos V construyó esta galería que daba al sur.

El sol batía con fuerza y procuraba la calidez que buscaba el Emperador.

Pasaba horas en este lugar, leyendo o, simplemente,

descansando por su delicado estado de salud.

A menudo se escucha que Carlos solo bebía cerveza,

que comía pescado, que estaba muy gordo.

Eso es una parte de la historia, la otra parte

es que todas las decisiones que se tomaban en el Imperio,

seguían pasando por él, para conocer su opinión.

Un apasionado de la vida,

un guerrero,

un político diligente e imperturbable,

que se encontraba ahora fustigado, consternado.

Al menos, gozaba de un excelente palacete, con vistas admirables.

El Emperador construyó un estanque que, finalmente,

sería su condena.

Según los expertos, esta laguna creó un foco de infección;

los mosquitos portaban la malaria,

endémica en aquellos tiempos en La Vera

y en algún momento indeterminado

Carlos contrajo esta enfermedad parasitaria.

Tened cuidado con el estanque ese que dicen que quieren construir.

Los mosquitos nos comen.

Hoy puede verse la alcoba del Emperador.

Tenía la peculiaridad

de que contaba con un paso directo a la Iglesia del monasterio,

para poder escuchar misa

sin necesidad de levantarse de la cama,

cuando la salud se resentía.

Las fiebres, las alucinaciones

y los delirios persiguieron al Monarca hasta sus últimos días.

Bárbara, Bárbara...

¡Bárbara!

Bárbara Blomberg fue el gran secreto de Carlos,

con ella tuvo a su hijo Jeromín,

el futuro Don Juan de Austria, vencedor en Lepanto,

al que Luis de Quijada cuidó y educó en la aldea de Yuste.

Carlos V, consciente de que el final estaba cerca,

quería conocer, por fin, a su hijo.

Acércate.

Vamos, acércate.

¿Cuántos años tienes? -Once, señor.

Te pareces a tu madre, hijo.

¿Te...

¿Te cuida bien tu...

tu padre?

-Sí, señor.

Ese día no reveló que era su padre.

En Cuacos de Yuste todavía queda en pie

la casa en la que se hospedó Jeromín con sus padres adoptivos.

Los días pasaban en el Monasterio de Yuste

y la expiración del rey viajero se aproximaba.

Lentamente.

En sus últimos días, apenas si era capaz de comer.

Las fiebres palúdicas, los delirios, consumían al Emperador.

Su Majestad...

¡Carlos!

En la madrugada del 21 de septiembre de 1558,

Carlos V yace moribundo en su catre.

Estaba rodeado de amigos como el Conde de Oropesa.

También Luis de Quijada.

Un fraile leía la Pasión de Cristo según San Lucas.

Carlos lleva el crucifijo con el que murió su mujer,

Isabel de Portugal, al que se aferra con fuerza.

Y Jesús decía...

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

-Ya es tiempo.

-De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Carlos V.

Un hombre ambicioso,

coronado Emperador por el mismísimo Papa.

Un figura épica en la historia de Europa,

un rey enamorado,

un viajero infatigable,

cuya huella puede palparse en Italia, España,

el norte de África,

o en el Nuevo Mundo.

Un monarca de una capacidad estratégica incuestionable

que supo rodearse de los hombres más poderosos de su época

para perseguir su sueño.

Un Emperador que ha inspirado

el concepto "Europa" como la conocemos

y que nos impulsa a seguir los caminos que recorrió,

los caminos del Emperador.

Subtitulación realizada por Beatriz Barroso Bravo.

Carlos V. Los caminos del Emperador - El último viaje

33:26 02 mar 2019

Carlos V penetra en la actual Extremadura tres meses después de su partida. Durante algún tiempo, reside en el Palacio del Conde de Oropesa, en Jarandilla de la Vera, antes de marchar al Monasterio de Yuste. La gota le provoca fiebres y alucinaciones que le persiguen hasta sus últimos días.

Carlos V penetra en la actual Extremadura tres meses después de su partida. Durante algún tiempo, reside en el Palacio del Conde de Oropesa, en Jarandilla de la Vera, antes de marchar al Monasterio de Yuste. La gota le provoca fiebres y alucinaciones que le persiguen hasta sus últimos días.

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    33:26 02 mar 2019

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