Serie documental de cinco capítulos, dirigida por Juan Frutos, que cuenta el último viaje del Emperador hacia su retiro en el Monasterio de Yuste, mientras rememora su azarosa vida a través de los diferentes países que recorrió. La serie conjuga diferentes géneros, con un contenido riguroso de la mano de prestigiosos investigadores internacionales, un atractivo formato de cuaderno de viajes y cuidadas recreaciones históricas con un elenco de primer nivel

El reparto está encabezado por Mario Zorrilla, que encarna a Carlos V y Juan Gea, que da vida a Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa

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Carlos V. Los caminos del Emperador - Por las tierras de Castilla - ver ahora
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Es el rey, es el rey. -Ahí, viene, ahí viene.

Carlos V ha llegado a Castilla desde que partió del puerto de Flesinga.

Desde su anodino desembarco en Laredo,

aún se cuentan decenas de jornadas para llegar al Monasterio de Yuste.

Además, su hombre de confianza, Luis Méndez de Quijada,

no ha llegado.

¿Y Quijada?

-No lo mandó llamar Su Majestad.

Se encuentra en Villagarcía.

Todo sale mal.

Tan escueta recepción ha sido una ofensa para el Emperador.

Surgen imprevistos y habrá que permanecer en Laredo

más tiempo del planificado.

Leonor,

Dios no nos provee en este último viaje.

Pareciera que esté en desacuerdo con mi partida al Monasterio jerónimo

¡Nada persuadirá mi instinto!

Carlos V y sus hermanas pernoctaron durante aquellos días de 1556

en esta Casa-Torre, propiedad del Condestable de Castilla,

ubicada, como otros tantos edificios señoriales,

en el actual casco histórico de Laredo: la Puebla Vieja.

Toda la gente y el sequito que vino de Carlos V, todo el mundo,

no cabían en la Puebla Vieja de Laredo,

y sí que pernoctaron en la villa,

Carlos V y las 150 personas de su séquito.

Carlos V pernoctó en el antiguo "Palacio del Concejo",

en la casa del Condestable de Castilla, junto a la iglesia,

y el resto de su séquito

fue repartido en las casas de los linajes de la villa;

de los "Cachupines", "Hoyo Villota", "Escalante", "La Obra"

y de algún mercader también de la villa.

Varios días tras su desembarco,

Carlos V tuvo la mejor noticia que podía esperar.

Luis Méndez de Quijada, fiel servidor

y amigo íntimo de Carlos V arribó, presto, tras su requerimiento.

Luis Méndez de Quijada fue su confesor,

fue su mayordomo,

fue Coronel de los Ejércitos,

que luego fue nombrado Señor de Villagarcía.

Y es a quien le encomiendan la custodia,

la educación de ese niño bastardo

que ha tenido Carlos con Bárbara Blomberg.

La vida en Villagarcía pasa despacio, Su Majestad.

Los vecinos viven diariamente enfrentados a la incertidumbre.

-¿Qué hace el pueblo?

¿Cómo vive la gente?

-Creo que nos hacemos mayores.

Las mujeres jóvenes utilizan miel y vinagre

para evitar quedarse preñadas.

No sé adónde nos va a llevar esta juventud.

Lo introducen en... -Santo Dios, Quijada.

Me produce malestar tan ingente pecado.

-Hay un cirujano italiano

que ha desarrollado una envoltura hecha a base tripa animal.

Se coloca en el miembro viril...

-¿Ha venido desde Villagarcía para narrarme semejantes inventivas?

-En tiempos pretéritos le habrían venido muy bien a Su Majestad

semejantes inventivas.

-Querido Luis,

cuánto le he extrañado, mi buen amigo.

-Dígame Su Majestad, ¿por qué me ha mandado llamar a Laredo?

-Considero conveniente

su compañía en este viaje.

Infortunios y calamidades me esperan por doquier y lo estimo conveniente.

-Donde dictamine Su Majestad.

Le acompañaré hasta su destino.

Aún tiene por delante más de 30 jornadas,

si hace paradas frugales.

-Me gustaría me acompañara con su familia

de manera permanente; que residiera allí.

-¿En el Monasterio?

-O en la aldea de Cuacos, cerca de mí.

-Como Su Majestad ordene.

Cada rincón de Laredo

salvaguarda un pasado enriquecido por la visita de Carlos V.

Nueve días que han pasado a la historia universal.

La Iglesia de Santa María de la Asunción

ya existía en época de Carlos V.

En la actualidad,

el templo responde a los cánones del gótico cisterciense borgoñón.

La parroquia se comenzó a construir en el siglo XIII.

La Puerta Sur era uno de los accesos a la parroquia

durante la segunda mitad del siglo XVI

y la que, probablemente, atravesó Carlos V.

Esta iglesia, refinada y distinguida,

acogería los rezos y plegarias de mismísimo Emperador

en aquella magna visita.

Durante aquellos días, la villa de Laredo

homenajeó y agasajó a Carlos V.

Soldados, políticos, nobles locales,

pero sobre todo, el pueblo de Laredo arropó al Emperador.

-Con la presencia

del Corregidor de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar de Castilla,

Concejo, Justicia y Regimiento de la Villa de Laredo;

del Excelentísimo Alcalde de Casa y Corte...

Carlos agradecería la hospitalidad del pueblo cántabro

con obsequios, cesiones y ofrendas.

Su Majestad el Emperador Carlos V hace entrega de unos atriles,

así como de ternas y ornatos litúrgicos...

Según documentos de la época,

concretamente el "Libro de Fábrica de la Iglesia Parroquial

de Santa María de Laredo",

el propio Carlos hizo entrega de estos lustrosos ambones a la Villa

durante su estancia.

De Laredo, a 6 de octubre de 1556.

El día 6 de octubre de 1556

parte al final, Carlos V y su sequito,

con una gran algarabía de la población que sale a despedirle.

Las crónicas dicen que el viaje fue bastante duro para Carlos V

y subir los puertos sobre todo.

Tras aquellos días en Laredo, el séquito,

con Carlos y sus hermanas a la cabeza,

comenzó un duro peregrinaje hacia Yuste,

en la actual Comunidad Autónoma de Extremadura.

En aquel tiempo los caminos dejaban mucho que desear,

respecto a hoy, por ejemplo,

pero con la llegada de Carlos V

muchos de ellos se prepararon.

Este grupo de personas, fieles al Emperador,

iniciaba su incursión en las cumbres de la Cornisa Cantábrica.

Penetraban en el Valle del Asón, por cuyos agrestes parajes

no podían transitar con soltura las carretas ni las bestias de tiro.

El historiador Manuel de Foronda dejó constancia a finales del siglo XIX

de esta última aventura del Emperador

en su obra "Estancias y viajes de Carlos V".

El denominado Camino Real de Castilla

comunicaba la costa con el interior de la Península.

Carlos V atravesó estos enormes macizos

y es fácil imaginarse que el César, reflexivo y buen meditador,

anduviera absorto por sus majestuosos bosques.

Carlos V recorrió decena de aldeas y villas en este viaje

en las que el Emperador, de un modo u otro,

dejó estampada su visita.

El martes, 6 de octubre de 1556, hizo su primera parada en Ampuero.

Parece ser que, justó aquí,

en esta Casa-Torre pernoctó el Emperador aquella noche.

El Palacio perteneció a los Espina,

una familia emparentada con el Condestable de Castilla.

Aquel día de 1556, el Emperador

pudo ver la Iglesia de Santa Marina de Udalla,

cuya construcción es atribuida a los Templarios.

Su amplio interior acoge aún plegarias

bajo las características bóvedas de crucería.

Las pequeñas aldeas emanaban actividad por el paso de Carlos V.

Los nobles se mezclaban con sirvientes y pajes

que proveían al séquito de víveres y otros suministros

para resistir tan largo éxodo.

El viaje hacía mella en el séquito.

Todos estos vienen descontentísimos y desganados.

Y ninguno sabe que ha de ser de sí.

-Viene solísimo.

El viaje es duro, el camino malo...

¡No me hables de caminos!

-Temo por su vida. No sé si llegará entero a Yuste.

No sé qué va a ser de sí.

Han muerto muchos desde que partimos de Flesinga.

-Siempre ha sido un hombre rudo. No teme a la muerte.

Aguantará, pero sufrirá.

Todos sufriremos en este viaje.

Rasines se localiza también en el Camino Real.

El Barrio de La Edilla

alberga imponentes casonas como la de Villanueva-Pico,

en la que destaca la torre de cuatro alturas.

Carlos V hizo una frugal parada en el municipio.

Como dato curioso,

se cuenta que incluso tuvo una amada de este pueblo.

De aquel periodo es la Iglesia de San Andrés,

del arquitecto Juan Gil de Hontañón, nacido en Rasines.

Este hombre fue, nada más y nada menos,

que Maestro Mayor de catedrales como la de Segovia,

Salamanca o Plasencia.

El duro viaje obligaba al séquito a hacer paradas

en aquel largo periplo hacia Yuste.

Unas tres semanas se cumplieron desde la partida en Bruselas

hasta que arribaron al Valle del Asón.

El Emperador era consciente de sus achaques.

Los cronistas describen

el estado de ánimo de Carlos V en aquellas jornadas,

en las que el invierno se echaba encima.

Carlos V ya estaba enfermo antes de este viaje

y sus numerosos achaques ralentizaron la marcha.

La gota, las hemorroides,

las malas digestiones planteaban a Carlos V incluso,

si llegará vivo a Yuste.

Quijada.

Sigo vivo.

No dudo de su fortaleza, Majestad.

En muchos frentes se ha visto, con los turcos acechándole,

con el Rey de Francia provocándole,

¿por qué iba a morir en un lugar donde reina la paz?

-No me hubiese importado agonizar en un campo de batalla.

Moriré de viejo,

con paños calientes

y postrado en una cama.

-Sigamos nuestro viaje.

El viaje llevó al séquito hasta el siguiente destino,

Ramales de la Victoria.

El pueblo se encuentra en un profundo valle

flanqueado por imponentes roquedos como el Pico de San Vicente,

en la Sierra del Hornijo.

En el interior de estas masas calcáreas aparecen cuevas,

simas y cavidades.

Algunas de ellas Patrimonio de la Humanidad,

que fueron perfectos habitáculos

para los primeros pobladores del valle.

La tradición popular

cuenta que el Emperador atravesó el Puente Viejo

siguiendo el denominado Camino Real.

El pequeño municipio cántabro alberga casonas y palacetes

como el de Revillagigedo.

El miércoles, 7 de octubre,

según recoge el historiador Manuel de Foronda,

los séquitos de Carlos V y sus hermanas arriban a Lanestosa.

Estamos en el País Vasco, en la comarca de Las Encartaciones.

El Río Calera atraviesa el municipio

que visitó Carlos V en aquella jornada histórica.

El señor de Vizcaya otorgó el título de villa en el siglo XIII,

debido a su posición estratégica en la ruta

que unía la meseta con el mar.

Hoy día, el Camino Real está identificado,

pues seguía el trazado de esta calle.

Justo a los pies de lo que fuera la vía que recorrió Carlos V,

se encuentra la casa solariega

donde pernoctó el Emperador aquella noche de octubre.

El grupo tuvo que dividirse

para poder alojarse mejor por los lugares por los que pasaban.

Lo que es seguro es que Carlos se quedó

en aquellas casonas o palacios principales por los que pasaba,

mientras que su séquito, sus hermanas

se hospedaban en hostales o casas de vecinos o de familiares.

Al día siguiente, el Emperador pone rumbo hacia Medina de Pomar.

Carlos V está a punto de llegar a esta ciudad burgalesa.

Era el 8 de octubre de 1556,

cuatro días tras su partida en Laredo.

Lleva una media de algo más de cuatro leguas al día

unos 17 kilómetros,

por lo que apenas sí dedica al viaje 5 horas por jornada.

El resto del tiempo descansa y reflexiona.

Precisamente en Medina de Pomar acaece un episodio,

cuanto menos simpático,

que pondría de manifiesto, una vez más,

el apetito voraz que sufría el Emperador.

Su Majestad, si no le importuna mi impertinencia,

me atrevo a sugerirle, con humildad,

que olvide, a estas alturas, a esos luteranos.

Su hijo se encargará de los asuntos del Imperio.

-Madre Abadesa,

Dios sabe que este Imperio de naciones diversas

está firmemente ensamblado por un Dios católico.

Nuestra identidad religiosa

se tambalea en el mismo corazón de Europa

y cuán presto acabemos con los actos de esos herejes

y mandemos a la hoguera a esos bellacos hideputas,

gazmoños y zalameros.

Entonces será cuando...

-Cuando reine la paz en el Imperio donde nunca se pone el sol,

¿verdad Majestad?

-Perdone Madre Abadesa.

-¡Señor Luis, señor Luis!

Han llegado unos baúles para el Emperador.

-Es su hija...

-Abran los baúles.

Aquel día, Carlos V recibió dos baúles de su hija Juana,

la Regente, que contenían sabrosos víveres.

Después de las vicisitudes del viaje,

Carlos devoró con urgencia

lo que contenía aquella valija procedente de Valladolid.

Su secretario, Martín de Gaztelu,

llegó a comentar este momento al político Vázquez de Molina

que aquel día, el Emperador no compartió las viandas con nadie,

ni siquiera con Quijada, como solía hacer.

Su hija se había encargado de mandarle sardinas,

carne, hortalizas y allí precisamente tuvo un empacho de escabeche

y estuvo varios días hasta que se recuperó.

Por el corazón de Medina de Pomar

atraviesa el denominado Camino Real de Castilla.

Actualmente, en el corazón del municipio burgalés

sobresale el Alcázar de los Condestables, del siglo XIII.

El Palacio de la familia Velasco es uno de los inmuebles

quizá donde pernoctó Carlos V.

Hoy es Museo Histórico de la Comarca de las Merindades.

El núcleo poblacional de Medina se localizaba,

en época del Emperador,

en este cerro sobre el que se erige la Iglesia de la Santa Cruz.

Este alto estaba demarcado por una muralla,

cuyos lienzos aún pueden verse.

La Puerta de la Cadena

es uno de los accesos a la ciudadela primigenia.

En lo que fuera el recinto fortificado,

las callejuelas dan paso a plazas y edificaciones históricas.

También hoy podemos apreciar la Puerta de Oriente.

Por aquí discurría el Camino Real hacia Burgos.

Justo encima se encontraba la Casa del Alcaide,

otro de los lugares candidatos a ser hospedaje de Carlos V.

Lo cierto es que no se sabe con exactitud

dónde pernoctó el Emperador durante aquellas jornadas.

¿Y si se alojó en el Monasterio de Santa Clara?

Es otra de las opciones que sostienen los historiadores locales.

Desde enero de 1313

se tiene constancia del convento de clarisas

a instancias de Sancho Sánchez de Velasco,

Adelantado Mayor de Castilla en tiempos de Fernando IV.

La Capilla Mayor de Santa Clara es de estilo gótico

y el presbiterio barroco,

por una reforma que se hizo en el siglo XVIII.

En el frontis del coro

hay un recuerdo a los abuelos de Carlos, los Reyes Católicos.

Estos intrincados parajes

hicieron más duro el viaje de Carlos V hacia Yuste.

Pero los enormes roquedos de caliza que se elevan en Las Merindades

no fueron obstáculo suficiente para el séquito imperial.

En apenas 10 días atravesó la actual provincia de Burgos

y se adentró en la de Valladolid.

El ritmo del séquito era bueno.

Carlos se encontraba muy cerca del lugar

donde había conocido a su hermano Fernando casi 40 años antes.

-Hermano, somos una familia.

Y así han de verlo todos.

-¡Viva el Rey! ¡Viva!

-Carlos... -Somos una familia...

-¡Fuera de Castilla, extranjero!

El 21 de octubre por la tarde,

la comitiva de Carlos V hace entrada en la villa de Valladolid.

El Emperador quería huir de todo agasajo y recibimiento público.

Lo que deseaba, con exaltación, era visitar a su querida hija Juana,

regente por la ausencia de su hermano Felipe II.

La pequeña corte femenina de Juana esperaba la llegada de Carlos V.

-¡Hija! -¡Padre!

-Sagaz,

valiente,

entregada...

Bien desempeñas la responsabilidad que te confió tu hermano, hija mía.

He de agradecerte los baúles que me hiciste llegar a Medina,

aunque, aquel día, la gota...

Quijada tuvo que portarme a la alcoba.

La actual ciudad de Valladolid

está unida íntimamente a la vida de Carlos V.

Una vez más, el Emperador pasaba por las calles de esta ciudad.

Volvía a ver el Convento de San Pablo,

o el Palacio de Pimentel, donde había nacido su hijo Felipe II.

Fue precisamente Felipe el que llevó a cabo la obra de la Catedral,

un templo concebido originalmente para ser el más grande de Europa.

La Catedral se levanta justo al lado de la Iglesia de la Antigua.

Carlos V acudía a este templo para la oración

durante sus estancias en Valladolid.

El Palacio Real

fue igualmente el lugar de hospedaje predilecto del rey viajero.

Se alojó en este suntuoso edificio, hoy sede del Ejército de Tierra,

en numerosas ocasiones.

Aquí recibió Juana a su padre aquel otoño de 1556.

Durante aquellos días,

tres frailes jerónimos fueron a verle,

entre ellos el Prior de Yuste y Fray Juan de Ortega,

encargado de supervisar las obras en el Monasterio.

¡Ortega!

Bendita su presencia, Fray Juan.

En apenas unas jornadas arribaré a Yuste.

Las nuevas que me llegan son para discantar cosas bien sangrientas.

¿Cómo lleva esa novela del chiquillo cuatrero, que roba al ciego?

Como curiosidad,

se le atribuye a Juan de Ortega la autoría del Lazarillo de Tormes.

Ya le he dicho

que poseo ese manuscrito de la historia del niño de Tormes,

pero yo no soy el autor de esa herejía.

-Podrá engañar a sus feligreses.

¿Cuándo podré marchar hacia el Monasterio?

-Las cosas de palacio...

Todo se está llevando a cabo como Su Majestad ordenó.

Mientras tanto, los Condes de Oropesa

le aguardan impacientes en Jarandilla.

El séquito de Carlos V puso rumbo a Sierra de Gredos.

Era el 4 de noviembre de 1556.

Tras franquear varios pueblos

de las provincias de Salamanca y Ávila,

el 10 de noviembre de 1556 comienza a internarse en Gredos,

con cumbres que rebasan los 2.500 metros.

El viaje fue muy dificultoso,

sobre todo atravesando los puertos de montaña.

Cuando atravesó Gredos, él dijo

que iba a ser el último puerto que atravesaba en su vida,

que el próximo puerto sería ya el de llegada al cielo.

Toda la jornada del 10 de noviembre

la pasa en la actual localidad de El Barco de Ávila,

donde aún se erige el Castillo de Valdecorneja,

que domina el valle del Río Tormes.

Al día siguiente, el reducido séquito de Carlos V,

a estas alturas de viaje,

ya se dirige hacia el Puerto de Tornavacas.

Estos caminos complicaron sobremanera la marcha,

abnegada e imparable, de un César deseoso de llegar a Yuste.

La salud por tan fatigoso viaje se resiente;

los ataques de gota se suceden;

y el atormentado espíritu del Emperador

se quebranta forzosamente.

Las alucinaciones ciegan a un Carlos,

arrepentido y temeroso, por episodios pasados.

-Cortés

-Más vale morir con honra...

-Mandemos a la hoguera a esos bellacos hideputas...

Según el médico Gregorio Marañón,

Carlos V llegó a tener hasta 21 enfermedades:

epilepsia, amigdalitis, gota...

Sus obsesiones y angustias le esclavizaron

hasta sus últimos días.

¡Majestad, Majestad!

El final estaba cerca.

¿Llegaría a tiempo a su paraíso perdido?

-Pronto arribaréis a vuestro paraíso perdido.

En el próximo capítulo...

Tras atravesar varios pueblos de la actual Comarca de La Vera,

el Emperador es recibido por su amigo

y hombre de confianza Fernando Álvarez de Toledo.

He visitado las obras del Monasterio.

El sol aprieta en la galería.

Tiene vistas al jardín;

vamos a construir un estanque con tencas.

Durante tres meses,

Carlos V residirá en el Palacio del Conde de Oropesa,

en Jarandilla de la Vera.

-Pero nos hacemos viejos y la muerte nos vigila, insobornable.

Y un día entrará en nuestra alcoba, sin nuestro permiso...

¡Como una furcia!

Hasta que finalmente,

en febrero de 1557

puede marchar al Monasterio de Yuste.

Subtitulación realizada por Beatriz Barroso Bravo.

Carlos V. Los caminos del Emperador - Por las tierras de Castilla

30:59 23 feb 2019

Tras su abdicación, Carlos V encuentra un lugar perfecto para su retiro: el Monasterio de Yuste. Después de desembarcar en Laredo, emprende un tortuoso viaje atravesando duros caminos y puertos de montaña. Su salud se resiente y el atormentado espíritu del Emperador se quebranta forzosamente.

Tras su abdicación, Carlos V encuentra un lugar perfecto para su retiro: el Monasterio de Yuste. Después de desembarcar en Laredo, emprende un tortuoso viaje atravesando duros caminos y puertos de montaña. Su salud se resiente y el atormentado espíritu del Emperador se quebranta forzosamente.

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    El último viaje

    33:26 02 mar 2019

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  • 30:59 23 feb 2019 Tras su abdicación, Carlos V encuentra un lugar perfecto para su retiro: el Monasterio de Yuste. Después de desembarcar en Laredo, emprende un tortuoso viaje atravesando duros caminos y puertos de montaña. Su salud se resiente y el atormentado espíritu del Emperador se quebranta forzosamente.

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    Llegan las despedidas

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    31:17 16 feb 2019 El Imperio Otomano avanza por Europa y Carlos debe frenar su expansión. Sin embargo, el Emperador sufre un terrible desgarro emocional con la muerte de su esposa. El Rey de Francia; los focos luteranos; o la falta de liquidez, terminan por derribar a Carlos, que empieza a plantearse su abdicación.

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