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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

El rey de Francia descansa ya en sus aposentos.

¿Cuándo veré al emperador? Pretendo de Francisco lo que es mío:

la Borgoña que Francia arrebató a mi bisabuelo.

- ¿Quién es la dama? - La reina viuda de Portugal.

Viajaréis a España para negociar con el emperador.

Con vos, entrego a España lo mejor de Portugal.

Quiero que me acompañéis a la frontera a recibir a la emperatriz.

Me verá, vivo o muerto.

(FERNANDO DE ALBA) ¡Majestad!

El rey Francisco ha caído enfermo.

(GERMANA) Vengo a vuestro encuentro por mandato del emperador.

Nos dirigiremos a Sevilla, donde os encontraréis con él.

¿Quién anda ahí? ¿Cómo os llamáis? Francisco de Borja.

Cortés ha regalado indios a sus hombres, para establecer encomiendas.

Yo no soy quien me habéis obligado a ser. ¡Matasteis a Moctezuma!

Junto a él, habría creado un imperio fuerte y rico.

La Borgoña es Francia, majestad.

Ningún trato habrá sin la entrega de la Borgoña.

Si no os basta, concededme la mano de doña Leonor.

¿Mandaríais venir al heredero? Por supuesto.

Habéis confiado en el rey. Os arrepentiréis.

Aquí tenéis los sellos de la cancillería.

No seré yo quien refrende tal engaño.

El emperador reconoce a Francisco como único rey de Francia,

desatendiendo vuestras legítimas aspiraciones.

Voy a pedir la anulación de nuestro matrimonio.

Entonces, ¿qué pensáis hacer?

Algo muy poco común: irme, antes de que me echen.

Una muerte más apenas añadirá peso a vuestra conciencia.

Vos sí habéis tratado al emperador. Perded cuidado, alteza.

Vuestro esposo está lleno de virtudes.

Allí está Portugal.

Aquí, un sueño compartido en el que haremos por ser todo y uno.

Sabéis que solo imagino mi vida a vuestro lado

Ya os amo.

Música

(MUJER) ¡Viva!

Vivas a sus majestades

Bullicio y vítores

(HOMBRE) ¡Viva la reina!

(TODOS) ¡Viva!

He de descansar.

Por supuesto.

(DUQUE DE ALBA) Majestad,

han llegado noticias desde Flandes.

Vuestra hermana Isabel ha fallecido.

Os doy mis más sentidas condolencias.

Vuestro dolor es el nuestro, majestad.

Según vuestra tía, llevaba tiempo padeciendo.

Dicen que se marchó con alivio.

Si agradeció la muerte, no fue por librarse del dolor.

Sino porque su vida fue sombría.

Majestad,

¿sois consciente de las consecuencias de la tragedia?

(SUSPIRA)

El luto.

Los fastos de una boda imperial son incompatibles con el duelo,

durante semanas.

(RESOPLA)

Primero, la ofendo con mi tardanza.

Y, ahora, he de posponer nuestro enlace.

¿Cómo evitar que mi prometida se arrepienta de serlo?

Rezad por vuestra hermana.

Dejad que dé la noticia a doña Isabel.

No.

Lo haré yo.

Como veis, no puedo honrar a una Isabel sin ofender a la otra.

A mi hermana ya la descuidé en vida.

¿Cómo seguir haciéndolo ahora, tras su muerte?

¿La descuidasteis?

¿De qué modo?

Isabel era reina de Dinamarca,

pero una rebelión la privó del trono.

Cuando ocurrió, suplicó a la familia que le ayudásemos a recuperarlo.

¿Y no lo hicisteis?

En esos días, yo solo atendía a la guerra en Italia.

Desdeñé sus problemas, como todos.

Sé que su tristeza ha sido su verdugo.

Hemos de guardar luto cuando se dé a conocer el fallecimiento.

Nada puedo reprocharos.

Quien me ofende es el destino, no vos.

Quizá Dios no nos quiera unidos.

Disculpad mi dolor. Es egoísta.

Os agradecería que me dejaseis sola,

majestad.

Dios no pone trabas a los hombres para que desistan,

sino para probar cuán grande es su deseo.

Guardaré la noticia de la muerte de mi hermana por unas horas.

Las que basten para desposaros.

¿Hoy?

Pero no habrá fastos.

Ni bailes.

Ni damas ni grandes besando nuestras manos.

¡Sea!

(EL SACERDOTE CELEBRA EN LATÍN)

Volo.

(EL SACERDOTE CONTINÚA CELEBRANDO EN LATÍN)

- Volo. - (CONTINÚA CELEBRANDO EN LATÍN)

(EL SACERDOTE BENDICE EN LATÍN)

- (TODOS) Amén. - Amén.

Amén.

No.

Majestad...

Puerta

No temáis. Venid.

Se dice que Granada es la ciudad más hermosa del reino. ¿Es cierto?

Es bella como pocas, sin duda.

Partiremos hacia allí. Mañana mismo.

Mi esposa ha de tener mejor recuerdo de nuestro enlace que hasta ahora.

Pero, en Valladolid, nos aguardan asuntos.

Dejad de censurarme, señor duque.

Disfrutemos ahora, que son pocos los conflictos.

Podría enumerar 20. Cuando suelen ser 50.

Majestad.

Ha llegado un envío de Nueva España.

¿Cortés se aviene? Lejos de ello.

Me enviará el oro y la plata que considere,

será él quien decida cómo han de convivir indios y españoles

y las tierras se repartirán a su gusto.

Cortés ha enloquecido y se cree rey. ¿Cómo se atreve a desobedeceros?

¿Qué sentido tendría hacerlo y, al mismo tiempo, mandaros esto.

Plata maciza.

Aquesta nació sin par.

Yo en serviros, sin segundo.

Vos, sin igual en el mundo.

(RESOPLA) Me desobedece porque cree que me hace falta.

Pero lo que yo necesito es la tierra conquistada, no al conquistador.

Quienes lo trajeron dicen que partió a la aventura.

Que nada se ha vuelto a saber de él. Quizá Dios ha obrado sabiamente.

Si en verdad abandonó su puesto, será un cargo más contra él.

¿Pensáis juzgarlo?

Lo hará un letrado. Y con justicia.

Él mismo se ha condenado.

¿Buscáis a alguien?

¿Don Hernán Cortés?

Mi nombre es Luis Ponce de León.

Así que el rumor es cierto. Se ha ido.

No habéis terminado de contarme qué hacéis aquí.

Su majestad me envía para juzgar los desacatos de Cortés a la Corona.

¿Juzgar?

Más bien, condenarlo.

Las pruebas contra él son muchas.

El castigo por desobediencia es ejemplar.

Vuestro viaje ha sido en balde.

Os ayudaré a preparar la expedición de vuelta.

(TOSE)

(TOSE)

El viaje fue terrible. Aún me estoy recuperando.

¿Podríais traer un poco de agua a vuestro gobernador?

(PONCE DE LEÓN TOSE)

¿Alguna explicación de Francisca que excuse su ausencia?

Es su ausencia la que explica cómo es ella.

La paciencia es un don escaso, querido.

Mi hogar.

Los míos.

¡Cuánta dicha siento al presentarme de nuevo ante vosotros!

Y con el orgullo intacto.

¿Creíais que, por lograr mi libertad, vendería a Francia?

¿Que me sometería a la codicia del emperador

con tal de ver de nuevo la luz del día?

Más dulce me habría parecido la muerte.

¡Nobles de Francia!

El tratado que firmé en Madrid queda impugnado.

Lo firmé, sí. Mas bajo coacción.

Pues el emperador me forzó a elegir entre el acuerdo

o la prisión eterna.

Y lo que no se decide en libertad

a nada obliga.

- (UN NOBLE) ¡Viva el rey! - (TODOS) ¡Viva!

Partimos.

Lo único bueno de una visita a España es poder contarla.

El más salvaje de nuestros sirvientes pasaría allí por caballero.

¡Y los españoles no comen, engullen!

Y visten con tanta pobreza

que yo, más de una vez, ofrecí limosna a un gran señor.

Y, aunque tristes, hablan a gritos, sin privar a nadie de sus asnadas.

No se escapa de una cárcel para hablar de ella.

Acompañadme. Quiero que conozcáis a alguien.

Siempre que sea tertulia más ligera...

Será mucho más que eso.

La pobre madame de Pisseleu se lamenta

porque su esposo, el duque, no ha venido.

Ignora que la buena suerte empieza siempre con un revés.

¿Debo agradeceros que me surtáis de amantes

cuando vos misma las espantáis en mi ausencia?

Si fuese el que era, me enojaría con vos.

Pero no lo soy.

¡Benditos nuestros abuelos que ganaron para España este milagro!

Es como un sueño.

Soñaréis largo tiempo.

Nos quedaremos cuanto podamos.

Solo quería devolveros la belleza que vos me dais cuando os miro.

Ahora lo entiendo.

¿El qué?

Lo que sentía mi hermano por Leonor.

La felicidad irreal.

El dolor más profundo por haberla perdido.

Yo nunca he poseído nada tan valioso como para temer que se malogre.

Lo poseo ahora.

¿Qué queréis decir?

Siempre quise desposaros.

Que nuestra unión fuera...

venturosa.

Que en ella hubiera comprensión y cariño.

No más.

¿Es tanta la felicidad que me espera junto a vos?

¿O es tan solo un espejismo?

Me pregunto lo mismo a cada momento.

Majestad, una comitiva ha seguido nuestros pasos.

Hermana, ¿qué hacéis aquí? No culpéis al mensajero.

(INSPIRA PROFUNDAMENTE)

Lamento que los agoreros estuviésemos en lo cierto.

Francisco es el más ruin de los hombres.

Vende su traición como benevolencia ofreciéndoos un nuevo trato.

¡Un nuevo insulto!

¿Piensa que me conformaré con recibir un rescate por sus hijos?

Sabe bien que lo rechazaréis. Solo espera vuestra negativa,

para culparos y, así, poder vengarse.

¿Lo creéis capaz de tornar una paz firmada en guerra?

La mejor defensa contra él es esperar lo peor.

Por eso ha contado a la Cristiandad lo ocurrido a su conveniencia.

Busca aliados.

Lo consiga o no, debemos prepararnos para preservar lo conquistado.

Partid de nuevo hacia Italia. Que nuestras tropas estén alerta.

Podéis retiraros.

(BORBÓN) Majestad,

mi deber es obedeceros.

El vuestro, pagar a los hombres a los que voy a mandar.

Mucho hace que aguardan.

No disponemos de fondos.

No hay peor soldado que el que lucha por nada.

Dadles mi palabra de que, tan pronto como sea posible, serán compensados.

¿Qué ocurre? Vos despreocupaos.

Asuntos de gobierno.

Con gran decepción, he de anunciar

que el emperador ha rechazado las condiciones de Francia para la paz.

- ¡Indignante! - ¡Y tan injusto para vuestro señor!

Si de nada vale el tratado firmado por ambos,

el conflicto ha de seguir abierto.

Italia ha de librarse de las tropas imperiales que la tienen cercada.

Mis soldados con los vuestros lo lograrán.

Sin duda, nos sumaremos,

mas, con la victoria, que doy por segura,

vuestra santidad alejará al emperador de sus fronteras,

Francia recuperará la honra y lo perdido en la anterior lucha...

¡Abreviad! ¿Cuál es el precio?

Una bula.

La que anule el matrimonio de mi señor con la española.

Y supongo que dará razones para ello...

Se sabe en pecado por yacer con quien antaño fue esposa de su hermano.

Pero a quien desposó virgen. Así lo admitió la Iglesia en su día

y bendijo su unión. ¿Negáis su sabiduría al hacerlo?

No... No es corregir a Roma lo que procura mi señor,

sino a sí mismo.

¿Tras 20 años de convivencia?

Como sabéis, a veces, Dios tarda en iluminarnos en el recto camino.

Cuando seáis papa, haced lo que vuestra conciencia pueda soportar,

pero, de momento,

el papa soy yo.

Seréis compensados de otra forma. No lo dudéis.

Solo cabe esa.

Echaréis de menos a nuestras tropas.

Entonces, vuestra generosidad será mayor.

(CORTÉS) ¿Tanto me he ausentado que habéis aprendido a leer?

¿Señor?

(RÍE A CARCAJADAS)

Temí no volver a veros. Contadme vuestra aventura.

He abierto caminos al norte y al sur, pero me cansé de recorrerlos.

Añoraba esto, como nunca en mi vida he añorado nada.

- He vuelto para quedarme, Juan. - Este lugar no es seguro para vos.

¿Mi propia hacienda? ¿Por qué motivo?

Ahora nos gobierna un mandado del rey Carlos.

La Corona lo envía para juzgaros sin piedad, y mucho me temo...

¿Qué derecho tiene a gobernar estas tierras

quien no ha sangrado para conquistarlas?

- ¿Cómo las rige? - Nada sabe de ellas.

Vive encerrado. Lee, pero no aprende.

Y aquí todos se le rebelan por sentirle un intruso.

¿Qué hace, entonces? ¿Sin saber y sin hombres con quienes contar?

Solo le obedecen quienes con él vinieron.

Y a quienes encarga enviar a Castilla tanto oro y plata como puedan.

¡Eso es para ellos Nueva España!

Las ubres que alimentan el Imperio... ¡Nada más!

- ¿Son para él? - Sí.

¡No, no, no, mi señor! Si os ve, os prenderá.

Antes arriesgaré mi vida que ver como se hunde este lugar.

Sabed que nada tengo contra vos. (TOSE)

Es más, admiro vuestras hazañas, como todo castellano.

Cuando partí, renuncié a la gobernación.

Nada puedo oponer a que vos rijáis ahora estos dominios,

pero no me juzgaréis.

- Esa orden ya está dictada. - A cambio,

os ayudaré en el gobierno sin reclamar para mí poder alguno.

(PONCE TOSE)

(TOSE)

Solo con mis conocimientos sabréis administrar estas tierras.

Y, solo con mi bendición, los que ahora contra vos se rebelan

dejarán de hacerlo.

¿Qué os hace pensar que prefiero el poder

a cumplir la orden de su majestad?

Al fin y al cabo, soy un letrado.

Sois un hombre.

Y ningún hombre arriesga la vida cruzando un océano solo por obedecer.

Es la ambición la que viaja en esos barcos.

Juzgadme y habréis cumplido con vuestro deber.

Pero los que aquí viven me son fieles.

Y, si me castigáis, os castigarán.

El mando lo tendré yo.

(TOSE)

Si todo lo sabéis, decid, ¿qué puede curar mi mal?

Desde que partí de Castilla, solo malvivo.

No hay más remedio que el paso de los días.

Vuestro matrimonio con Francisco no puede seguir adelante.

Lo lamento.

Sus condiciones son inaceptables.

¿Pensáis alguna vez en nuestra infancia en Malinas?

(SUSPIRA) Aún niños, todos juntos.

Me gustaría volver allí.

Que Isabel aún viviera.

Tener la vida por delante, sin que todavía nos hubiera lastimado.

(HIPA)

El futuro solo traerá más pesar, Carlos.

No tengo fuerzas para enfrentarlo.

Leonor... Me asustáis.

Pienso en entregarme a Dios.

No, Leonor.

No a causa de Francisco. Su bajeza no puede recluiros.

Me culpo de ese compromiso. Dejad que lo repare.

Tendréis un buen futuro, un buen marido.

¡Estoy cansado de hacer daño a los míos!

(HIPA) Es cierto entonces lo que se dice de vos.

Os habéis enamorado, pues sois mejor hombre de lo que erais.

No deis cuenta a mi esposa de lo ocurrido.

Ni una palabra siquiera.

Os lo ruego.

Os agradezco que hayáis respondido tan pronto a mi llamada.

Teníais razón. Nunca debí confiar en el rey de Francia.

Ignorar vuestros consejos me ha traído graves consecuencias.

Majestad,

¿en qué puedo serviros?

Guiad mis actos.

A la vista está que decido sin acierto y temo hacerlo de nuevo.

¿He de vengar la traición?

Atacar garantiza la guerra. Con diplomacia, aún podemos evitarla.

Llevemos a Inglaterra y a Roma nuestra versión de lo ocurrido.

Creerán lo que les convenga creer.

Ha de intentarse. Es tiempo de prudencia, majestad.

Es encomiable que no os domine el rencor.

¡No puede haber ofensa sin castigo!

Puerta

Mi esposo me rehuye desde hace días.

¿Vos sabéis qué noticia recibió que lo cambió de tal forma?

¿Es ese mi destino en esta corte?

¿Ser venerada si el gobierno lo permite y dejada de lado si no?

Dudo que su majestad os desdeñe por gusto.

Su devoción por vos es mucha.

¿Y qué hombre devoto huye de lo que ama?

Aquel al que atraviesa la vergüenza, mi señora.

¿Vergüenza?

¿Debida a qué?

¡Maldita Inglaterra!

¡Con gusto, me divorciaría yo de Enrique para los restos!

Siempre discordante y egoísta... Por su culpa, no podremos atacar.

Un aliado tibio nunca es necesario.

Contamos con Roma. Y ellos, con Venecia y Florencia.

- Una alianza fuerte, no invencible. - ¿Cuál lo es?

Quizá la que cuente con el respaldo de un imperio.

Solimán no deja de ofrecernos su auxilio.

Y yo aceptaría gustoso, si el precio no fuera el que es.

La historia no me recordará por mi decencia,

pero tampoco por haber puesto un continente a los pies del infiel.

De saberse, sería mi ruina. ¡Y la de Francia!

El pontífice espera nuestras órdenes.

No.

Erráis. Solo podéis atacar.

Perdonad si, por vez primera, decido con sensatez.

(SE BURLA) Sensatez es una forma amable de llamar al miedo.

¡He estado un año preso de mi mayor enemigo!

(RESOPLA) Destrozó mi orgullo y a punto he estado de perder la vida.

¿Miedo a la derrota? ¿A que me humille de nuevo? ¡Por Dios que sí!

Sabéis que todo cuanto os duele me duele a mí.

¡Pero no lo aplacaréis escondiéndoos ni con discursos ante la corte!

- (RESOPLA) - Ganasteis vuestra grandeza

tomando Milán nada más coronaros. ¿Fuisteis sensato entonces?

Era muy joven... No había encajado golpe alguno. ¿Qué iba a temer?

Más mérito tiene ahora vuestra valentía.

Que sepáis levantaros tras la caída.

Y eso únicamente lo lograréis

haciéndole pagar la ofensa en el campo de batalla.

¿Acaso pensáis que deseo otra cosa?

¡Decidíos, pues!

Carlos es ahora un hombre humillado.

Aprovechad para darle el golpe de gracia.

Si le permitís que se rehaga, cargado de rencor como está,

el emperador será una amenaza terrible para vos.

Acabad lo que habéis empezado.

¿Cómo habéis podido pensar que os reprocharía la ruindad del francés?

No es cuestión de la que me plazca hablar.

Nada le habría rendado su vileza sin mi inocencia.

Muchos me advirtieron contra él, pero no quise creerlos.

Y, hoy, el mundo se ríe de mi ternura.

¿Y temisteis que yo me burlase también?

No hay motivo. Sois un hombre bueno.

¿No veis que eso me hace débil en este mundo en el que todo vale?

Y mis reinos pagan las consecuencias.

El toisón de oro cuelga de mi cuello desde los seis años.

Para mí nunca ha sido un adorno. Me condenó a ser un caballero.

Nada impide que seáis virtuoso

y, al tiempo, aprendáis de vuestros errores.

No regaléis vuestra nobleza al traidor.

Conservadla.

El mundo no necesita más hombres mezquinos.

Ni yo quiero uno como esposo.

Pero no volváis a librarme de vuestros pesares.

Evitando mi molestia, me causáis una mayor.

Menos me cuesta resolver una guerra que saber qué deciros

sin temor a equivocarme.

Anticipándome a vuestro enojo,

se me ocurrió una forma de lograr vuestro perdón, sin hablar siquiera.

¿De qué modo?

He traído de Persia unas flores aquí nunca vistas.

Se han plantado en vuestro honor y pronto crecerán.

Pobre treta... Lo sé.

No dejéis de ser el hombre que sois.

Os lo ruego.

Mi señor.

Decid: ¿soy ya libre?

¿Ni ofrecer mis ejércitos ha comprado la gracia del papa?

¿Qué hacéis ante mí, entonces?

¡Os ordené que volvieseis con la bula o no volvieseis!

Alteza, ahora me necesitáis más que nunca.

No me hace falta vuestro consuelo.

Mas os hace falta un nuevo papa.

Fracasáis y encima pretendéis que intrigue para vos.

Deponer a Clemente ha de ser harto más difícil que convencerlo.

Con la ley de Dios en la mano,

no hay base para que se os conceda lo que pretendéis.

No es eso lo que me dijisteis antes de partir.

Disfrazáis vuestra torpeza haciéndolo pasar por imposible.

Roma, cuando quiere, ignora la ley de Dios.

Pero Clemente no se corromperá por nosotros.

No le atañe lo bastante.

Alteza,

para ellos, Europa es lo que baña el Mediterráneo.

¡Esta isla importa lo que un familiar lejano!

Solo cuando deja rentas.

La nulidad será tan solo la primera de muchas gracias que os concederé.

Llevadme a Roma

y la Iglesia servirá a Inglaterra,

que sois vos.

A veces, me asusta lo incapaz que soy de renunciar a lo que más deseo.

Sé del paseo de hoy. Me alegra que estéis disfrutando de Granada.

Tenía algo de lo que desprenderme.

La joya que me regaló Francisco servirá

para alimentar a los huérfanos de la villa.

Hermoso gesto, Leonor.

La caridad llena hasta el alma más vacía.

Sé de otros que también agradecerían mi ayuda.

Decid quiénes y pondré los medios para que podáis socorrerlos.

Los hijos del rey de Francia.

Aunque me disguste, nada objeto a que sigan encerrados en Pedraza.

Mas son niños, no reos.

Necesitan ropas, algún juego...

Nadie más cruel con ellos que su propio padre.

Que ha obrado como si no le importase perderlos.

¿Y no aumenta eso vuestra misericordia hacia ellos?

En vuestras manos lo dejo.

Creo que necesito descansar un poco.

Disculpadme. ¿Qué os ocurre?

¿Isabel?

¡Isabel! Avisad al galeno. ¡Deprisa!

Isabel...

¿Isabel, qué ocurre? El galeno no ha querido decirme nada.

Porque deseaba decíroslo yo misma.

Seremos padres.

(SUSPIRA Y RÍE)

Hacéis tanto por mí...

Decid: ¿qué puedo hacer yo por vos?

No necesito más que reposo.

Que me sigáis viendo hermosa cuando mi cuerpo se ensanche

y mi carácter se enrarezca.

Despreocupaos.

Solo sé amaros, Isabel.

No podéis aceptar las pretensiones de ese encomendero.

Les está prohibido servirse de sus esclavos antes de la salida del sol.

- ¿Esa es la ley aquí? - (ASIENTE)

(TOSE)

Acumular vuestro saber me habría llevado años.

Y alguna cicatriz de la que os habéis librado.

(TOSE)

Han llegado órdenes desde España.

Hemos de enviar una expedición al oeste, a las islas Molucas.

España y Portugal disputan por ellas.

Largo tiempo llevan haciéndolo.

(TOSE)

Si tenemos éxito, esa disputa se habrá acabado.

¿Me convertirá eso en conquistador?

(TOSE) Habréis de ayudarme.

Hasta que me recupere, mal podré organizar una empresa tan compleja.

Descuidad. Faltan meses para que los vientos permitan travesía alguna.

- ¿Meses? - Sí.

Entonces, estaréis tan recuperado que incluso podréis uniros a ella.

(TOSE)

Francia y Roma han unido sus fuerzas para atacarnos.

¿Dónde? En Lodi, cerca de Pavía.

(DUQUE DE ALBA) De nuevo, guerra.

Ahora entiendo por qué mis embajadas eran ignoradas por el papa.

Era ya enemigo. ¿Cuándo ha dejado de serlo?

Se sirve de las tretas de Francisco para perjudicarme en Italia.

- ¿E Inglaterra? - No. No está en la lucha.

Enrique tampoco respondió a mi llamada.

Cuanto menos, bendice el ataque.

Todos contra mí. Y yo he dejado que así sea.

Dios castiga a los crédulos más que a los ruines.

No os atormentéis, majestad. Mejor resolvamos qué hacer.

Recaudaremos más impuestos.

Para pagar a los que allí luchan y mandar más remesas.

Organizaré el viaje a Valladolid.

La corte permanecerá en Granada.

No haré que Isabel viaje ni la dejaré atrás en su estado.

Majestad, en todo conviene dirigir la contienda

- desde el centro de Castilla. - Las noticias viajarán más rápido.

Y será más sencillo hacer acopio de recursos.

La emperatriz quedará aquí atendida hasta el exceso. No os necesita.

¡Granada!

¿Os agrada?

La flor persa...

Ya han brotado para vos.

Es extraña

y muy hermosa,

pero demasiado pequeña para impedir ver que hay algo que os inquieta.

Libramos nuevas batallas en Italia.

¿Contra Francia? Contra todos.

Y sin medios para afrontarlas.

¿Tanto cuesta entre cristianos lograr la paz?

Nunca me darán descanso, Isabel.

Sois el emperador.

Los conflictos a los que os enfrentáis

están a la altura de vuestra grandeza.

¿He de resignarme, entonces?

Dios será justo con vos,

antes o después.

Puerta

¡Majestad! El Milanesado vuelve a ser nuestro.

¡Os lo advertí! Nuestra alianza no bastaba.

Disculpad si me consideráis responsable.

Nada me hiere más que vuestras derrotas.

Derrotas serían si me las infligiese otro.

Viniendo de Carlos, ¡es tragedia!

Aún estamos a tiempo de convencer a Inglaterra para que sume sus tropas.

Me temo que su pugna, ahora, es otra.

Hacen campaña para que Wolsey llegue a Roma.

Lo último que les interesa es una victoria del papa Clemente.

Lo quieren débil. No aportarán ni un soldado.

Si a la larga Carlos vence, si me humilla de nuevo,

no necesitaré morir para vivir en un infierno.

Santidad, se impone la alianza con Solimán.

¿Os habéis vuelto loco?

Juzgamos mal la fuerza de nuestra liga. Milán ha sido la muestra.

¡Enviad más tropas!

Ya han sido todas empeñadas en esta guerra,

e Inglaterra permanece impasible.

¿Cómo toleráis que intriguen contra mí?

Agradeced que os demos la clave

para que fracasen en su empeño de destronaros.

Si a sus intrigas añadiéramos vuestra derrota,

Wolsey no tardaría en multiplicar sus apoyos.

Y bien sabéis que el papado no es una gracia eterna.

(MONTMORENCY) Mi señor abandonará la contienda de no sumar más fuerzas.

- ¿Seréis capaces de dejarme solo? - Nos afligiría por vos.

Wolsey os amenaza desde las sombras. El emperador, desde Nápoles y Milán.

Me hacéis elegir entre mis escrúpulos y mi cargo.

No sois el único que se enfrenta a ese dilema.

Vuestro señor parece haberlo resuelto sin demasiado esfuerzo.

Es un buen cristiano, pero también es hombre de Estado.

Y quien tiene poder asume manchas, santidad.

¿Qué quieren a cambio esos infieles?

Lucrarse en comercios con Francia. Nada que os ensucie.

(UN RELIGIOSO ORA EN LATÍN)

(CONTINÚA LA ORACIÓN)

(TOSE)

Entereza, hijo. Pronto, Dios os consolará con su compañía.

Confiaba en que mi juventud pudiese ahuyentar mi mal.

En algunos hombres,

ni la juventud ni los remedios evitan el encuentro con el Señor.

¿Remedios?

Mi mal no los tiene.

Un galeno castellano trata a muchos con un bebedizo de raíces.

¿Y sanan?

Buena parte. Es grande su fama.

¿Acaso no le habéis consultado? ¿Os habéis dejado morir?

Traed a ese galeno.

¡Traedlo rápido!

(TOSE)

(TOSE)

(PAJE) Su alteza real, doña María de Hungría.

- ¡María! - ¡Tía!

Sentimos tanto la muerte de vuestro esposo.

A Dios gracias, vos escapasteis de los turcos.

Daría mi vida por librar a Hungría del infiel que ahora la ocupa.

Yo daré la mía por recuperar vuestro reino para la Cristiandad.

¿Ahora enviaréis vuestras tropas?

¿Ahora que mi esposo, el rey, ha muerto

y que en todas las iglesias de Budapest se reza a Alá?

Que Solimán pretendía invadir Hungría era sabido por todos.

Y nada hicisteis para impedir esta tragedia.

No, María. No debéis culpar a vuestro hermano.

No hay mayor peligro que el que amenaza durante demasiado tiempo.

¿Cómo estar alerta sin descanso?

Ojalá hubiera evitado lo ocurrido.

Con Budapest en su poder, el turco acecha el Imperio que defiendo.

Lo siento.

(DUQUE DE ALBA) Casi 100.000 hombres, cientos de cañones...

Tomó la ciudad en solo dos horas.

Todo lo recaudado para las tropas en Italia irá a manos de mi hermano.

No habrá más empresa que la defensa de Viena.

Esta no es una guerra en pos de un botín.

Es una amenaza a lo que somos y al Dios al que rezamos.

Defenderé Viena como cristiano y como hermano.

No fallaré a Dios en el compromiso con Él.

Ni negaré a Fernando el auxilio que pide.

Ojalá siempre fuera tan fácil decidir.

No os lo reprocho, majestad. Pero os recuerdo las consecuencias.

Sin fondos, nuestras tropas en Italia se negarán a luchar.

¿Acaso vamos a seguir batallando entre cristianos

mientras el turco avanza sobre Viena?

Pediré tregua y no se atreverán a contravenirme.

Si pensáis seguir recaudando para defender el Imperio...

Dejamos Granada. Nada me duele más que separarme de mi esposa,

pero la Corona ha de pesar más que la alianza.

Puerta

Isabel...

Mi séquito viajará con más lentitud que el vuestro.

Llegaré a Valladolid más tarde que vos.

Pero no trabajaréis para la defensa de Viena sin mí.

¿Habéis perdido el juicio?

Viajaré en litera y, si necesito reposo,

haremos noche en las villas del camino.

No, Isabel. No lo voy a permitir. No en vuestro estado.

Soy hija y nieta de reyes.

Sé del sufrimiento que producen problemas tan graves.

Me necesitaréis.

Ya que ignoráis mi opinión, seguid la del galeno. Os ordenó descanso.

No es vuestro imperio el que peligra, es el nuestro.

Las mujeres podemos criar y laborar. ¿He de recordaros a nuestra abuela?

Lo hacéis a menudo. Y no solo porque llevéis su nombre.

(SUSPIRA) Y las flores vendrán conmigo.

(RESOPLA Y RÍE)

Nunca he leído más improperios de un hombre de Dios.

El papa nos señala por la caída de Budapest.

- Intuye lo cierto. - Pero no puede demostrarlo.

¿O acaso algún francés entró en Hungría?

Alteza, su enfado es tal que se plantea

aceptar la tregua propuesta por Carlos

- y nos anima a imitarlo. - (RESOPLA) No...

¿Y desperdiciar la oportunidad de doblegarlo en Italia

ahora que otro frente lo entretiene?

No escupo al cielo cuando se abre ante mí.

Será imposible convencer a Roma para que siga luchando.

Si la Cristiandad está amenazada en Viena, está obligado a socorrerla.

Que se atreva a hacerlo.

Y daré cuenta al mundo de que se amistó con el infiel

para aferrarse al papado.

Con la sombra de Wolsey sobre su trono, sin duda se someterá a vos.

Engrandecer a Francia es nuestro deber primero,

pero, hacerlo a costa de nuestra fe...

¿No nos condena?

¿No os atormenta lo que hemos provocado?

Nos comprometimos a no responder al avance del infiel. Y así lo haremos.

- ¿Y si ese avance continúa? - Tras ganar Italia,

dirigiremos a los nuestros contra el infiel.

Será nuestra redención.

Quiero creeros.

El fin de la Cristiandad sería demasiada carga sobre mi conciencia.

Madre...

¿Qué he hecho?

Me consuela dejar este mundo

habiendo cumplido con mi deber.

En Nueva España, quedará un buen recuerdo de vos.

(TOSE)

No me refiero a eso.

Como me ordenó su majestad, he hecho justicia.

He mandado nota a Castilla

con el nombre de aquel que me sucederá.

Y no seréis vos.

Sabéis que nadie gobernaría estas tierras mejor que yo.

Me habéis dejado morir.

(PONCE DE LEÓN TOSE)

Quien va a sucederme tiene orden de juzgaros.

Difícil será que os libréis del castigo.

Algo me dice que nos veremos pronto,

si es que me espera el infierno.

(JUAN DE VELÁZQUEZ) Acaba de fallecer.

- Sé de su venganza. - Que me enfurece, pero es justa.

Soy un hombre obsesionado y, como tal, ya no tengo virtud.

¿Asumís entonces el destino que os ha impuesto?

Nunca.

Mandaré a las Molucas la expedición que pidió la Corona.

Deseaba hacerlo como gobernador,

mas lo haré igual como renegado.

¿No os descompone servir a un rey que os quiere muerto?

Lo obsequiaré sin descanso con tal de que este lugar

no lo gobiernen sus mandados.

Nueva España es para quien la ama y la merece.

¡Es para mí!

Os dije que soportaría el viaje.

¿Isabel?

Más he sufrido por estar lejos de vos.

Debéis descansar.

Sentaos.

Día y noche, me ocupa la recaudación de fondos.

Aun así, he sentido mucho vuestra ausencia.

Quise apresurarme, pero, en cada villa en que me he detenido,

he reunido fondos para la causa de Viena.

(RESOPLA)

¿En lugar de guardar reposo?

Así que las Españas ya saben de vuestra tozudez y vuestro encanto.

Sacra católica cesárea majestad,

leed mis letras con la gravedad que pongo en ellas.

No temáis por la lucha. La victoria nos acompaña.

Mas esta no paga a vuestras tropas.

Su penuria tan prolongada se ha vuelto ira.

En Florencia, tomaron bienes sin mesura.

Y, ahora, muchos hablan de avanzar sobre Roma

y coger de ella los caudales que vos no enviáis.

Están encendidos. Y temo que asalten como fieras la Ciudad Santa.

E igual temo por mi vida,

pues solo yo me interpongo entre ellos y su propósito.

Y, por ello, os ruego, majestad, que paguéis a vuestros hombres

antes de que se tornen bestias.

Ordenaré mesura a nuestras tropas.

¿Sin más?

¿He de mirar por aquellos que se niegan a socorrer a Viena?

El papa nada ha hecho por la tregua

ni ha puesto tropas al servicio mi hermano.

Y Francisco luce el título de "rey cristianísimo".

Su mezquindad hiere, pero no sorprende.

Mas el papa... ¿cómo puede negarme auxilio ante el infiel?

Si he de defender Viena en soledad, guardaré mis ducados para tal fin.

Aunque eso encienda a mis tropas en Italia.

Así lo ha querido Roma. Por suerte, los españoles

se entregan a la causa con una generosidad apabullante, majestad.

No cesan los donativos. Incluso de los más modestos.

¿Y Nueva España? Su oro sería una bendición en este trance.

Hemos recibido envíos, y también un escrito de quien no lo esperábamos.

¡Lástima tenerlo como enemigo!

Nadie más irreductible que Cortés.

- ¿Malas nuevas? - Nunca son buenas desde Castilla.

¿No les ha complacido que hayáis mandando la expedición a las Molucas?

Complacido, sin duda. Mas solo pagan mis servicios con palabras huecas.

Ni me premian con la gobernación ni me quitan de ser juzgado.

Han marcado mi destino.

¿Qué os queda?

Volver a Castilla y defenderme ante el rey.

(RESPIRA AGITADA)

(SE QUEJA)

(CONTROLA LA RESPIRACIÓN)

La criatura es perezosa. No saldrá si no la obligáis.

En ese afán llevo horas. ¿Qué más puedo hacer?

Sufrir.

¡Por Dios que lo hago! No lo veo en vuestro rostro.

No me pidáis escándalo.

Si he de distinguirme es ahora. ¡Por Dios!

Olvidad la compostura. Gritad. Maldecid con toda vuestra alma.

Moriré, mas no gritaré.

(RESPIRA AGOTADA)

(SE QUEJA)

Así, nadie os verá padecer, pero hacedlo.

Por vuestro hijo.

(SE QUEJA)

(GRITA, CADA VEZ MÁS FUERTE)

Llanto de un bebé

(RECUPERA EL ALIENTO Y RÍE)

Puerta

(SUSPIRA)

Un varón. ¡Un heredero!

- Enhorabuena, majestad. - Compartimos vuestra dicha.

Deseo ver a la emperatriz.

La emperatriz está luchando por vivir.

Pediremos a Dios por ella, mi señor.

Vuestra esposa es joven. Se repondrá.

¿Y si no lo hace? Sería un golpe terrible, majestad.

En ese caso, habría de consolaros que hubiera dado su vida

por entregaros lo más valioso para alguien de vuestra condición:

aquel que os sucederá.

Si así ha de pensar un rey, yo no lo soy.

Cuando la miro, no veo a la emperatriz ni a la reina

ni a quien pueda darme hijos.

Veo a aquella sin la cual mi vida sería menos vida.

(SUSPIRA)

Os ruego que hoy me evitéis toda obligación.

Solo tengo una cuestión que atender.

(ORA EN LATÍN)

(LLORA DESCONSOLADO)

(LLORA DESCONSOLADO)

¡Isabel!

¿Cómo os encontráis?

Las fuerzas vuelven a mí.

Me culpo por haber dejado que os entregaseis a la causa de Viena.

Os debilitó. No...

Un parto de tantas horas enferma más que cualquier asunto de Estado.

Y he vivido para contarlo.

Seguiré ayudándoos. No os empeñéis.

(SE ESFUERZA)

¿Y nuestro hijo?

Es perfecto.

Puerta

La corte ya lo adora y pide un nombre para él.

Alba insiste en que sea Fernando.

Cree que, así, este reino sabría que soy tan español como flamenco.

¿Y vos qué pensáis?

Que me gusta tan poco como a vos que me digan lo que he de hacer.

Ya soy español.

Pues aquí gobierno, aquí os he conocido

y aquí ha nacido nuestro hijo.

Felipe.

Sois osado.

Enfadaréis a Alba y puede que a algún otro.

Felipe...

Campanas

Música solemne

(EL SACERDOTE CELEBRA EN LATÍN)

(TODOS) Amén.

¡Un galeno!

¡Por Dios!

Oíd:

don Felipe,

príncipe de Castilla,

por la gracia de Dios.

Majestad...

Roma ha sido saqueada,

quemada,

sus hombres pasados a cuchillo y sus mujeres forzadas.

Y han sido nuestras tropas.

Hemos violado Roma.

Como representantes de los príncipes cristianos, os exigimos su libertad.

Pronto habrá cambios en la casa de mi esposa

para avenirse a los usos de Castilla.

Quiero que, a partir de ahora, seáis su caballerizo mayor.

Catalina, reina de Inglaterra, compareced ante este tribunal.

Majestad, prometisteis justicia para todos vuestros súbditos.

¿Qué he de hacer entonces con ese tal Cortés?

Supongo que sois el cardenal Tavera.

Majestad, no me obliguéis a decir lo que jamás debería ser oído.

¿Pretendéis que envíe mis tropas a Italia?

Imaginad el costo de semejante campaña.

Un nuevo ejército entrará por el norte y recuperará el Milanesado.

Representantes de Francia e Inglaterra han entrado en Aragón.

Un día, mi desgracia será la vuestra.

¿Un duelo? No hay otro modo de acabar con esto.

¡Quiero que lamente el día en que se propuso quitarme a mis hijos!

Jamás tendréis mi amistad. Habréis de pagar cara vuestra afrenta.

Estrechad los lazos con el rey de Francia.

Y marchad juntos contra los imperiales para liberar al papa.

¡Enrique ha ido demasiado lejos!

Ha llegado un informe contra vos. No tardarán en apresaros.

Francia renuncia a sus derechos sobre el Milanesado

si vuestro sobrino hace lo propio con la Borgoña.

¿A dónde se dirigen? Ni a Roma ni a Orvieto,

según nuestros espías. Sino a Nápoles.

Prepararé nuestra partida.

Buscábamos la guerra y ya la tenemos.

No os mováis. ¡Enrique no se saldrá con la suya!

Esperaré aquí

la victoria de los franceses.

Ya es hora de que Francisco y yo resolvamos

nuestras diferencias cara a cara.

Carlos, Rey Emperador - Capítulo 9

02 nov 2015

Un nuevo e inesperado obstáculo se interpone en los planes de boda de Carlos e Isabel: la muerte de la hermana del emperador obliga al luto e impide la ceremonia. Carlos decide no hacer pública del fallecimiento para permitir el enlace. Poco después, marchan a Granada para disfrutar de una larga y apasionada luna de miel.

Cuando el emperador conoce que ha sido burlado por Francisco, como sus consejeros habían advertido, la vergüenza da lugar a la primera crisis de la imperial pareja.

A propuesta de Francisco, Inglaterra y Roma se alían para poner coto al inmenso poder imperial. La guerra es un hecho y la luna de miel ha de terminar. Por fortuna, ya ha dado frutos: Isabel espera un hijo, el futuro Felipe II. Pero el parto pondrá su vida en grave peligro.

En Nueva España, un nuevo gobernador enviado por la Corona aprovecha la ausencia de Cortés para hacerse con la colonia. A su regreso, el conquistador habrá de eludir los cargos contra él y recuperar el poder perdido.

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