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Transcripción completa

Roma me comunica que he sido elegido papa.

Parece que vuestro pupilo, el emperador,

amenaza con ajusticiar a monseñor Acuña.

(ADRIANO) Si decidís ejecutar a monseñor Antonio Acuña,

me veré forzado a excomulgaros.

Leonor regresará, como se estipuló las capitulaciones, tras dar a luz.

¿Vais a permitir que regrese? Llevo al heredero al trono en mi vientre.

El rey Juan no desea renunciar a vuestra amistad.

Mucho podemos lograr de él ahora. Desposad a la infanta Isabel.

- ¿Le ha ocurrido algo a mi esposo? - Aquí sugieren que tiene otra mujer.

(JUAN DE VELÁZQUEZ) Se hace saber que don Hernán Cortés

es nombrado ¡gobernador de la Nueva España!

¡Pediré el amparo de la máxima autoridad!

¡No os atreveréis!

Francia ha contratacado en el Milanesado.

Nuestras fuerzas no resistirán mucho tiempo. Necesitamos más hombres.

¿Me estáis proponiendo una traición?

Vuestra esposa está muy enferma. Se muere.

Conozco vuestras andanzas con el emperador.

A mí nadie me traiciona, primo. ¡Nadie!

El cristianísimo rey de Francia está preocupado.

Lo cierto es que mi señor teme que, con este nuevo papa, esa amistad...

Me equivoqué aceptando sentarme en el sillón de Pedro.

Acudo a vos, suplicando ayuda.

(ADRIANO) A cambio, pongo a Roma al servicio del Imperio.

La peste ha hecho estragos. Se alía con el imperio y muere.

O lo ha matado Francia o la curia romana.

Parto hacia Italia con mis hombres.

Necesito saber si puedo contar con vos.

Por supuesto, alteza. Atacaremos Francia por tres frentes.

Las tropas del condestable vienen hacia aquí.

Pero vienen contra nosotros.

No podríamos tener mejor botín, caballeros: es el rey de Francia.

Voy a enviar un emisario a Portugal.

Yo también tengo una propuesta que hacer al rey Juan.

Voy a desposar a Catalina, la hermana menor del emperador.

Y vos, al fin, os casaréis con Carlos.

Música

(LUISA) Muy buen hijo Carlos.

Pues, ante toda la Cristiandad, así he de llamaros ahora.

Sabed que doy gracias a Dios porque haya dispuesto que seáis vos,

el más justo de los príncipes,

quien haya de dar prisión a vuestro hermano, mi hijo y rey, Francisco.

Sabiendo como vos que no es propio de rey, y aún menos de hermano,

aprovechar la desgracia de un igual.

Confío en que, pronto, el entendimiento

devolverá la paz y la unidad a la Cristiandad,

tan necesarias en su lucha contra el hereje.

Habéis demostrado a cuantos temían a Francia

que el poder y la fuerza estaban de vuestro lado.

Sé que vuestra magnanimidad no será menor.

¿Cuándo veré al emperador?

(LUISA) Espero, como madre vuestra que me siento,

el gesto soberano que todos los reinos cristianos aguardan.

Vuestra y fiel siempre,

yo, Luisa, regente.

¿En verdad cree la regente que, aireando sus ruegos,

devolverá la libertad a su hijo? Es madre.

Y vos, emperador. Y, como tal, debéis actuar.

¿Qué se hace con un rey prisionero?

No es asunto común ni fácil de resolver.

Habéis sometido a vuestro enemigo. Aprovechad para acabar con él.

Daría la razón a la regente. Cometería una vileza.

Majestad... Solo pretende abusar de la nobleza de vuestros sentimientos.

Una y otra vez, el rey de Francia se ha interpuesto en vuestro camino.

Impidiendo que cumplierais la misión que Dios os ha encomendado.

¡Bien lo sé! ¿Entonces? ¡Deshaceos del estorbo que

os separa de la monarquía universal! Ahora está a vuestro alcance.

Señor, la Cristiandad es como un niño.

Solo desea que lo cojáis de la mano y lo guiéis.

Conozco perfectamente cuál es mi deber y lo que se espera de mí.

Entonces, no vaciléis. Francia es vuestro botín de guerra.

Contentad a vuestros aliados y disponeos a empresas mayores.

Pasos

Majestad.

El rey de Francia descansa ya en sus aposentos

y desea ser recibido por vuestra majestad.

Es voluntad de su majestad que la anulación del compromiso con María

no enturbie el entendimiento entre Inglaterra y las Españas.

¿Y qué piensa poner en la balanza vuestro señor

para equilibrar el descontento que me ha causado?

Una explicación.

Barata espera que le salga la afrenta.

Rompió su palabra de rey.

Yerra pensando que me voy a conformar con tan poco.

Vos no ordenasteis la invasión de Francia como habíais concertado.

En consecuencia, el emperador se sintió liberado de vuestro acuerdo.

¿Cómo os atrevéis?

Es felonía encerrar a un rey como hace vuestro señor.

Pero vos sois duque. Y, en la torre, hay sitio de sobra.

Soy el enviado de su majestad. Obrad como os parezca conveniente.

¡Retiraos!

¡Fuera de mi vista!

Vuestro sobrino se ha vuelto un insolente.

Yo era el árbitro en su pugna con el francés.

Encerrado este, ¿piensa que tan solo me queda acatar sus designios?

No me conoce.

Alteza, no os precipitéis.

Os arriesgáis a perder lo que, en justicia, merecéis.

El emperador, vuestro aliado, ha ganado una guerra.

Tendrá que compartir el trofeo obtenido.

¿Las posesiones continentales?

Francia es una res muerta lista para el despiece.

- Os corresponde una buena porción. - Atended a vuestro canciller.

Perdonad la afrenta de nuestro sobrino,

pues mayor será vuestro beneficio.

Que ese duque de Alba haga llegar nuestras demandas al emperador.

Por vez primera, jugamos en el mismo lado del tablero, señora.

Veremos hasta cuándo coinciden los intereses del reino y los vuestros.

¿Habéis recibido las instrucciones de mi esposo?

Con ellas, parto de inmediato.

El emperador ha de tenerlas en cuenta.

O comprometerá mi situación en Inglaterra.

¿Qué mensaje he de trasladarle?

Lo único que desea el rey

es un heredero varón que asiente su dinastía.

Y no se lo he dado.

Le habéis dado una hija.

¿He de recordaros que no ha habido rey

que pueda compararse a vuestra madre?

El compromiso con el emperador era un seguro para ambas.

Temo que, sin la protección de su majestad,

estemos perdidas.

(UN SACERDOTE ORA EN LATÍN)

(TODOS) Amén.

Firmáis las hipotecas de Úbeda, Baeza y Andújar.

Un sacrificio que os proporcionará las 300.000 doblas

que otorgáis en arras a la emperatriz.

Mayor es la dote que ella aporta.

Sí. Aunque triplica esa cantidad, vuestras arcas están vacías.

Pronto necesitaremos nuevos recursos.

Nunca ha habido dote igual. Y no basta.

Las guerras dejan deudas enormes, majestad.

Espero que el destino que deparéis a Francia os resarza con creces

de lo que os obligó a gastar en esta campaña.

Mientras, seguirán llegando remesas de las Indias.

No tantas.

Cortés ha regalado indios a sus hombres, para establecer encomiendas.

Ahora, prefieren cultivar sus tierras que buscar tesoros.

¿Ha osado esclavizar a súbditos de la Corona?

Administra la colonia apartándose de vuestras disposiciones.

Invalidad esas encomiendas

y aumentad la cuota de oro que ha de enviar a Castilla.

Recordad a Cortés que solo hay un rey en la Nueva España:

¡y soy yo!

La recompensa será acorde a la rapidez en la entrega.

Gattinara intuye que vuestro hermano planea negociar con Francisco.

¿Negociar? Sí...

Lo que ha de hacer es cobrarse su victoria.

¡Y pronto!

Antes que mantener preso al francés acabe volviéndose contra él.

¿Pero cómo puede dudar?

Primero lo privó de su sueño imperial y, ahora, lo mantiene cautivo.

Francisco jamás le perdonará semejante humillación.

Solo cabe una decisión, Fernando: destruirlo.

Aquí dicen que Dios envía a todo hombre,

en el curso de su vida, un buen otoño.

Si entonces no cosecha, pierde su oportunidad.

Tened por seguro que vuestra victoria ha sido deseo de Nuestro Señor.

No dudéis, por tanto, en aprovecharla

ya que vuestro enemigo lo será para siempre.

Acabad con él. Conjurad el riesgo de que un día él termine con vos.

Ese es mi parecer y también el de vuestro hermano.

Mi tía parece leeros el pensamiento, canciller.

A ambos nos guía vuestro bien y el del Imperio.

Es fácil que nuestros propósitos coincidan.

Señor duque.

¿Qué nuevas traéis de Inglaterra?

Vuestro tío solo sosegará su ánimo si recibe la parte de Francia

que reivindica como propia.

No os sorprenderá saber que mis deseos

se asemejan a los del rey de Inglaterra.

Pues pretendo obtener de Francisco lo que es mío.

La Borgoña que Francia arrebató a mi bisabuelo.

¿Y os conformaréis con una parte cuando podéis tomarlo todo?

Solo pediré lo que es justo. Francisco se avendrá y habrá paz.

La Cristiandad será una y podré hacer frente a infieles y herejes.

Le habéis arrebatado el Milanesado y, antes, la Corona imperial.

¿Pensáis que os dará la Borgoña de buen grado?

No tenéis intención de repartir Francia...

Así es. Contad con la enemistad de Enrique.

Temo por vuestra tía. Una reina es intocable.

Y más, si tiene como sobrino al emperador.

Cuidaremos de ella, pero no satisfaremos la codicia de su esposo.

¿Y en cuanto al rey de Francia?

Mi familia ha esperado 50 años para recuperar nuestra herencia.

Somos pacientes.

Daremos a nuestro huésped el tiempo que necesite.

- ¡Margarita! - ¡Madre!

- ¿Es este el final de Francia? - Son tiempos amargos.

Pero cada día aparece un rayo de luz en la oscuridad en que nos hallamos.

El papa nos apoya en este trance. Y no solo él.

Tened valor y no os dejéis abatir.

Noche y día, nuestro caballo está ensillado y nuestro sable ceñido.

¿Solimán?

¿El gran turco ha escrito este billete?

¿Estáis en tratos con el infiel?

Por vuestro hermano, pactaría con el mismo diablo.

Pero hay algo mejor.

El reino se ha unido como un solo hombre en torno a la Corona.

Francia saldrá de su peor pesadilla. Y lo hará fuerte y victoriosa.

Pero no a costa de mi hijo. Por eso os he llamado.

Viajaréis a España para negociar con el emperador.

¡Jamás!

El emperador considera justa la demanda.

Se trata de los dominios de sus antepasados.

Jamás cederé la Borgoña. ¿Cuándo veré al emperador?

¿No comprendéis que es una petición insensata?

Yo sabré hacérselo entender.

Os encontraréis cuando el emperador disponga.

Luchasteis por esta victoria

y es justo que reclaméis lo que os corresponde.

Otros lo intentan sin haber creído siquiera que fuera posible.

Os entrego a mi hermana.

No he de señalar cuán apreciable es el honor que os concedo.

Creed que mi reconocimiento está a la altura.

Ha sufrido.

Cuidad de ella.

Pues estaré vigilante. Procuraré ganarme su corazón.

Quizá la victoria en Italia haya sido empresa más fácil.

Pero obedecerá.

No pidáis mucho más. Pues no estaba este matrimonio entre sus deseos.

Vos y doña Leonor contaréis siempre con mi respeto.

Confío en que nuestro acuerdo se cumpla en su totalidad

y pronto recupere mis posesiones en la Provenza.

Pasos

Quedo a vuestros pies, alteza.

Por favor, levantaos, señor duque.

Vuestra valentía os hace merecedor de postura más digna.

La valentía siempre se rinde ante la hermosura.

Sois galante, apuesto, bravo...

pero hombre, al fin.

¿Cuál es vuestro defecto?

Ignorar si seré digno de vuestro amor.

No, señor mío.

Ser un traidor. ¡Leonor!

Ese es vuestro defecto. Marchaos.

Nací para ser reina.

Lo soy. Por ello, valgo más que 30 monedas de plata.

¡Marchaos, os digo!

(RESOPLA)

Perded cuidado. Igual que vos cumplisteis, cumpliré yo.

Será la cercanía del mar lo que más echaréis en falta.

Ya sé que Castilla es tierra austera y de gente sobria.

No más que vuestro hermano.

¡Cómo se parece a su madre!

Tenéis razón. Su pelo es el de Leonor.

¿Es hija de quien se dice?

No debéis creer todo lo que se cuenta.

He de saberlo. Y solo a vos podré creer.

Debemos sincerarnos.

Solo así, tomaremos las riendas de nuestras vidas.

La reina Germana...

¿Es verdad? Nunca viví en la corte.

Por tanto, nada vi.

Pero, aunque nada vierais, tan bien como yo lo sabéis.

Mi confesor tiene razón.

No habría hombres malos, si no hubiese mujeres peores.

Tanto Leonor como Germana viven lejos de quienes fueron sus amantes.

Si hubo algo, terminó.

El amor no nos viene dado en estas bodas.

Si queremos conocerlo, tendremos que conquistarlo.

¿Qué armas nos quedan para derribar tal fortaleza?

Dicen que os parecéis a nuestra abuela Isabel.

Ella lo consiguió.

Eso y todo.

También lo intentó vuestra madre.

De cada una hemos de aprender la lección que nos ha dejado.

Señora.

Deseaba mostraros mis condolencias por la muerte de vuestro esposo.

Os lo agradezco, majestad.

A decir verdad, no solo por eso os he convocado.

Necesito un servicio de vos.

Decid.

Quiero que me acompañéis hasta la frontera a recibir a la emperatriz.

¿Os parece conveniente?

Sois la dama de mayor rango en la corte.

¿Y vuestra hermana Leonor?

Debo mantenerla alejada de Portugal.

También compartí vuestras dudas.

Pero, hoy, nuestra amistad es del todo inocente.

¿Cuándo hemos de partir? Cuanto antes.

Todo está a punto. En estos trances, cada cosa ha de salir como se espera.

El emperador nos permite salir a cabalgar y a cazar.

Incluso a recibir visitas. Todo empieza a cambiar.

Solo una visita deseo. ¡La suya!

Poder resolver todo esto de una vez. ¿Por qué no quiere venir verme?

Mirilla

Esperaba encontrar más gamos que en Francia,

y solo nos cruzamos con conejos.

Aquí, no es fácil cobrarse las piezas, alteza.

Nada lo es en estas tierras.

- (SILBA) - Deteneos, señor.

Esas bayas son venenosas.

Aunque no acabasen con la vida de la bestia, sin duda, le sentarían mal.

Lleváoslo.

¿Quién es la dama?

La reina viuda de Portugal. Cada día, sale a pasear por estos cotos.

Presentadnos.

Id, os digo.

Mi señora, el rey de Francia desea conoceros.

De niño, soñaba con encontrar un tesoro escondido en el bosque.

Hoy, Dios satisface mi deseo.

Nunca le faltarán galanterías a un francés.

Y menos, al primero de ellos.

Acostumbraos, pues francés será vuestro esposo.

Y vos, duquesa en mi corte.

No sois vos menos víctima de la política del emperador que yo.

Pese a las circunstancias,

espero que vuestra estancia entre nosotros sea placentera.

Con vos, entrego a España lo mejor de Portugal.

Parte de mi corazón se queda aquí para siempre.

(SUSPIRA)

No hay mujer más bella que vos.

En cuanto mi hermano os vea, caerá rendido a vuestros pies.

He tenido una falta. Aún es pronto,

pero no podía dejaros ir sin que lo supieseis.

Yo ya he sufrido todo lo que me tocaba sufrir en esta vida.

Permita Dios que seáis tan feliz como nosotros.

Alteza.

- El emperador parte hacia Portugal. - ¿Se marcha sin recibirme?

Y dudo que lo haga mientras no aceptéis sus exigencias.

(RESOPLA)

He de verme entre estos muros hasta su regreso.

- Pasarán semanas. - Meses, tal vez.

Volved al coto que hoy visitamos.

Condesa,

vos y yo somos las mujeres más desgraciadas de Francia.

- Pues ambas amamos al rey. - ¿Sabéis algo de su alteza?

Sé que no hay cautivo feliz. Menos, un rey que lo ha tenido todo.

Vencido, humillado... Encerrado en esa corte austera.

- Temo por él. - Debemos conseguir que vuelva.

Creed que hago todo lo posible, pero ardua es la empresa.

Y solo soy una mujer.

A veces, me siento desfallecer.

Permitid que os ayude.

¿Y qué podríais hacer vos?

Todo lo que esté en mi mano.

¿Le escribiríais a vuestro esposo?

Me propongo ofrecer un alto rescate por el rey,

antes de que suceda una desgracia mayor.

¿Colaboraría el conde como otros nobles?

Olvidadlo. Cuando mi hijo lo cubrió de honores,

no lo hizo pensando que se trataba de un préstamo.

Le escribiré hoy mismo.

Pondrá a vuestra disposición todo lo que pueda.

¡Cómo no iba a amaros mi hijo!

¿Qué pensáis hacer con ellas?

¡No, señor! Señor...

Me verá, vivo o muerto.

Os lo ruego. No lo hagáis.

Señora. Mi señor.

(FERNANDO DE ALBA) ¡Majestad!

El rey Francisco ha caído enfermo. ¿Es grave?

Deberíais daros prisa si queréis verlo con vida.

(SUSPIRA)

¿Se salvará?

Es difícil sanarlo sin conocer el mal.

Canciller...

Bayas.

Se comió estas bayas.

Buscad el remedio. ¡Rápido!

¡Señor!

Nadie podía prever un accidente así.

El rey sabía que las bayas eran venenosas.

Yo mismo se lo dije. Me acusarán de haberlo envenenado.

(GATTINARA) Si Dios se lo lleva, con él partirá vuestra victoria.

¡No puede morir! ¿Quién muere? ¿De quién habláis?

Ningún medio se escatimará para salvar al rey.

¿Mi hermano?

(MARGARITA DE ANGULEMA) ¡Francisco!

Hermano...

Sed fuerte. Estoy con vos. No estáis solo.

(FRANCISCO) Por fin...

Luchad y solo buscaré vuestro bien.

Soy vuestro esclavo y prisionero.

No...

Mi hermano y libre.

¿Hasta dónde es capaz de llegar?

¿Vais a permitirle que se salga con la suya?

Habéis visto su perfidia y sus malas artes.

¿Qué pacto podríais firmar con semejante bellaco?

No quiero oír más. Sabéis que lo que digo es verdad.

Puerta

Alteza.

¿Sanará? Está en manos de Dios.

Esta imagen de san Cosme y san Damián me ha protegido desde que era niña.

Las mujeres sufrimos los errores de los hombres.

Y, por si fuera poco, hemos de repararlos.

Señora,

soy doña Germana,

viuda del rey Fernando de Aragón y del marqués de Brandeburgo.

Vengo a vuestro encuentro por mandato del emperador, nuestro señor.

¿Su majestad no os acompaña?

Nos dirigiremos a Sevilla, donde os encontraréis con él.

Acercaos.

El emperador desea que portéis este collar.

Y ha ordenado traerlo desde Flandes.

Recibo a su alteza, en nombre del emperador nuestro señor.

Nada me importa más que la salud del rey.

Alteza.

En estos días, parece haberse alejado el peligro.

Recibidlo y la mejoría será completa.

Pensábamos, alteza, que traíais poderes para parlamentar.

Así es, pero, estando el rey aquí...

Dado lo ocurrido, me avengo a negociar.

No es poco para conformaros.

Vuestra victoria nos obliga a olvidar los derechos de Francia

sobre Milán, Nápoles y Génova. También a la devolución

de las villas y castillos ocupados en la frontera con Flandes.

Quedan otras demandas territoriales y económicas.

Además,

hemos de defender los intereses de los que nos ayudaron a venceros.

El duque de Borbón recuperará sus posesiones y aun las agrandará.

En cuanto al rescate, fijad la cantidad.

Procuraremos satisfacerla sin regateos.

No habéis mencionado la Borgoña. La Borgoña es Francia, majestad.

Ningún trato habrá sin la entrega de la Borgoña.

Y, sin trato, vuestro hermano jamás regresará a Francia.

¿De modo que esa bella dama me hace partícipe de su devoción?

El emperador solo quiere una cosa.

La Borgoña.

(RESOPLA)

Pues eso no tendrá más remedio que negociarlo directamente conmigo.

- Entonces, veremos. - No lo hará,

pues sabe que ese es vuestro deseo y no se fía de vos.

Mientras siga convaleciente, no cabe regresar a Francia.

Así que, ahora, yo también puedo esperar.

(SE PERSIGNA EN LATÍN)

Chasquido

¿Quién anda ahí?

¿Cómo os atrevéis a espiar a vuestra emperatriz?

Creed, señora, que no era ese mi empeño.

¿Cómo, si no?

Permanecisteis oculto,

acechando.

Mentiría si os dijera que no me oculté al veros.

¿Acaso pensabais...

hacer luego burla de mí? No, señora, no.

No, erré...

por no querer importunaros. Hubiera...

Hubiera debido mostrarme y dejaros a solas con vuestro dolor.

Mentís.

Como hombre que sois.

¿Cómo podría mentir en la casa de Dios?

Sin duda, merezco un castigo

por haber visto y oído lo que no debía,

pero no suméis otra falta mayor a mi culpa.

¿Cómo os llamáis?

Francisco de Borja. ¿Borja?

¿Como el papa Alejandro?

Era mi bisabuelo, alteza.

Habéis sido testigo de lo que solo debía contemplar Nuestro Señor.

Solo se me ocurre un castigo que pueda satisfacerme.

Juradme lealtad por siempre.

Quedaréis a mi servicio y nadie sabrá de mi flaqueza.

A partir de hoy, mi vida es vuestra.

Puerta

Disculpad que acuda a estas horas.

¿En qué puedo serviros?

(SUSPIRA)

Solo Dios sabe cuánto me ha faltado mi madre

en estos días en los que tantas dudas me asaltan.

Nadie puede suplir el amor de una madre,

pero veré cómo puedo ayudaros.

¿Es normal sentir temor ante el matrimonio?

Toda mujer lo teme.

Y más, si no ha visto a su esposo antes de la boda.

Vos sí habéis tratado al emperador.

Perded cuidado, alteza.

Vuestro esposo está lleno de virtudes.

Entonces, aún temo más decepcionarlo.

¿Vos?

Sé que ha conocido a otras mujeres.

El hombre no puede negar su naturaleza.

Pero, incluso en eso, el emperador es contenido.

Entonces, ¿puedo confiar en él?

No puedo gobernar su pasado.

Pero estoy decidida a que este no forme parte de mi matrimonio.

Llevad esta carta al emperador.

Dádsela en mano. Os lo ruego.

Debo acompañaros a Sevilla.

No veáis en ello una orden,

sino la muestra de confianza que deposita en vos vuestra soberana.

Mucho me han hablado de la reina Germana.

Tanto me han contado que, más que que viniese ella a recibirme,

hubiera preferido tener que viajar yo muchas leguas para visitarla.

Confío en que procuréis que así sea en lo sucesivo.

Tanto como en que me recibáis en Sevilla.

Pues otra cosa no conviene a quien ya ha esperado en demasía

y cuenta con medios y casa a la que regresar.

Habladme de ella.

Hermosa.

Inteligente.

Segura de su lugar y dispuesta a mantenerlo ante todos, incluso vos.

Capaz de daros el cielo o el infierno. De vos dependerá.

No desposáis a una mujer, majestad,

sino a una emperatriz.

Fue un error pediros que me acompañaseis.

Lo fue.

Pero, así, he visto con claridad que mi lugar no está en la corte.

Volved a Valencia. Cuidaré de vos.

Y vos no demoréis vuestra partida.

Muchos matrimonios se juegan el porvenir en los primeros días.

Todo está preparado. Nada puede retrasar mi marcha.

Vos sois cristiano.

No un salvaje ni un animal.

Vos tenéis conciencia de cuán horrible es vuestro...

delito.

Pero no os preocupéis... Arderéis juntos.

Cuando el fuego muerda vuestra carne pecadora,

recordad que eso es todo lo que os espera por toda la eternidad.

Fuera. ¡Fuera!

Ha llegado un despacho del emperador.

Me pide más oro.

Sí.

Eso y que deis marcha atrás con vuestras encomiendas.

Sin el oro ni las encomiendas,

los que vinieron de España se volverán contra vos.

¿Querrá alentar una sublevación el emperador?

- Solo nos queda obedecer. - No lo haré.

Es una orden del emperador ¡No la podéis desatender!

En Europa, él será un emperador. Aquí...

- Es hora de que regreséis a Francia. - ¿Irme y dejaros aquí?

No. Debemos seguir negociando con el emperador.

Mientras pueda hacerlo con vos, no se avendrá a hacerlo conmigo.

No os recibirá. Salvo para que le cedáis la Borgoña.

Mi querida hermana, mi reino no puede seguir descabezado

y a merced de la terquedad de un flamenco.

Señor, ¿vais a entregar el ducado?

Haré lo que sea por salvar a Francia.

(MARGARITA) No sé lo que os proponéis,

pero, si yo no puedo creer que vayáis a ceder,

menos lo hará el emperador.

Majestad.

Traigo un mensaje del rey de Francia, mi señor.

¿Es verdad? ¿Habéis dejado partir a vuestros indios?

(SUSPIRA)

Tan solo he cumplido el mandato del rey, nuestro señor.

Vos, que os decíais mi amigo, sois la manzana podrida.

Duele más la traición de quien no se espera.

¡Parad!

¡Matadlo! ¡Acabad con todos, loco del demonio!

(GRITA SALVAJEMENTE)

¿Vais a acabar conmigo como con ella?

(TOSE)

¿En qué os habéis convertido?

No quiero ver a nadie.

¡A nadie! ¡Fuera!

Alteza.

Me han dicho que debéis comunicarme

algo que solo puedo oír de vuestros labios.

La Borgoña... será vuestra.

(SUSPIRA)

Solo el honor de mi familia me ha obligado a reclamar,

con tanta insistencia, lo que es justo.

Y vuestra victoria indiscutible sobre mí la que lo ha hecho posible.

¿Y en cuanto a todo lo demás?

Acepto todas las condiciones que negociasteis con mi hermana.

Y asumo el rescate que por mi persona queráis solicitar.

- ¿A todo os avenís? - Así es.

Pero tales exigencias hacen preciso que regrese a Francia

para convencer a mis Estados Generales.

Tranquilizaos. Obedecerán a su rey.

De lo contrario, tenéis mi palabra de que volveré aquí en seis meses

y seré vuestro cautivo perpetuo.

Vuestra palabra como única garantía...

Si no os basta,

concededme la mano de doña Leonor.

Vos y yo seremos hermanos y, así, todo será franco y claro.

Su alteza está comprometida en firme.

Si partís, ¿qué rehén quedará en vuestro lugar?

¿Mandaríais venir a vuestro hijo y heredero?

Por supuesto. Mi palabra es palabra de rey.

Agradezco vuestro recibimiento,

nobles señores de Sevilla.

El viaje me ha fatigado en exceso.

Ello y la...

obligada ausencia del emperador, nuestro señor,

me induce a convocaros a la llegada de su majestad

para todos juntos festejar nuestro encuentro.

Venís tan descompuesto como si os hubieseis desayunado con Lutero.

Alteza, el emperador y el rey Francisco están negociando.

- ¿De igual a igual? - Así es, señor.

El emperador reconoce a Francisco como único rey de Francia,

desatendiendo vuestras legítimas aspiraciones.

- No repartirá el botín. - El sobrino de la reina

ha faltado a su compromiso por segunda vez.

¿En verdad creéis posible una alianza duradera entre Francia y el Imperio?

- Eso parece, señor. - Apoyaremos a Francisco.

- Carlos se lo ha buscado. - Vuestra esposa se opondrá.

- Tratará de convenceros de nuevo. - Descuidad.

No me dejaré embaucar más por ningún español.

Vuestro sobrino es un lobo con piel de cordero. Nos ha vendido.

¿Y pensáis vengaros de él echándoos en brazos del rey de Francia?

¿Un soberano arrogante que no siente por vos el menor respeto?

(LA MANDA CALLAR) Cuidado con lo que decís, señora.

Parecéis más fiel a vuestro sobrino que a vuestro esposo.

Más fiel al reino en que nacisteis que a aquel en el que sois soberana.

Solo pienso en el bien de Inglaterra,

que está de parte del emperador.

¿El de Inglaterra o el vuestro?

Soy yo quien pone por encima de todo el interés de la Corona.

¡Y vos sois un estorbo!

Como reina...

y como esposa.

Majestad, mi querido sobrino,

atended esta llamada de auxilio.

Dad la espalda a las reclamaciones de mi esposo

y provocaréis con ello mi total desgracia.

(CATALINA) Día a día, mi situación es más vulnerable, casi desesperada.

Creed que solo vuestra protección me mantiene en el trono de Inglaterra.

El emperador nos prevenía contra vuestro hijo,

y era él de quien había que ocuparse.

No hay reino en toda la Cristiandad que no lo haya comprendido.

Así lo advertí a todos.

Os admiro, señora.

La victoria militar fue del español, pero la de los despachos es vuestra.

No sin contar con Inglaterra.

La ruptura entre mi señor y el emperador es cosa hecha.

¿Con la bendición de la reina?

Por ese lado, perded cuidado.

- ¿Tan seguro estáis? - ¿Y vos?

¿Me aseguráis que el rey, una vez libre,

respetará los pactos a los que hemos llegado?

Pronto os lo demostrará. El regreso de mi hijo es inminente.

Quisiera regir mi imperio con la precisión de un reloj.

Lo conseguiréis. Pues grande es la virtud del relojero.

Hasta el mejor maestro ha de sostenerse en otros.

Por ello necesito que un soberano leal al Imperio gobierne Francia.

¿Queréis otro rey para el trono de los Capeto?

No es posible corregir los designios de Dios.

Francisco es el rey.

Y será también nuestro aliado.

¿Así lo creéis?

El matrimonio con mi hermana Leonor garantizará nuestra amistad.

No hay otra manera.

Dejé todo por unirme a vos.

Luché contra mi rey y lo derroté y, ahora, suya es la victoria

y yo he de partir vencido y humillado.

Aceptad de buen talante lo que no podéis evitar.

Cumplí. Ahora, debéis cumplir vos.

Sabré daros satisfacción. No lo dudéis.

¿Qué compensación puede haber a la altura de lo perdido?

El ducado de Milán.

Quizá por ser un relojero virtuoso, pensáis que los demás también lo son.

Habéis confiado en el rey.

Os arrepentiréis.

¿No vais a cejar en vuestra hostilidad?

Somos hermanos.

Deberíamos sustentarnos el uno al otro.

Sobra el entendimiento.

En breve, nos separaremos para siempre. Así lo habéis dispuesto.

Querría tratar de vuestro porvenir como hermanos.

Si no es posible, espero que lo acatéis con la obediencia debida.

Desposar al duque de Borbón será la penitencia a todos mis pecados.

No.

Os espera un destino más alto.

Y mucho más difícil.

Seréis reina de Francia.

(SUSPIRA EMOCIONADA)

No solo me devolvéis el rango.

También me libráis del oprobio de dar hijos a un traidor.

Hermana...

El bien del Imperio me obliga a enviaros a una corte antes hostil.

¿Acaso no teméis las dificultades que entraña?

Sabré allanarlas. Vos cumplís conmigo, señor.

Y yo sabré cumplir con vos.

Las duras circunstancias que atravesamos

me obligan a pensar en vuestra situación.

Erais dama de Claudia y está muerta.

La favorita de mi hijo, pero está cautivo.

¿Cuál es vuestra misión en la corte?

Aguardo el regreso de mi señor,

- que me ama. - Todos aguardamos

y a todos nos ama.

He de reunir todo el dinero posible para el rescate del rey.

Por tanto...

Me veo obligada a privaros de vuestra pensión.

¿Y de qué viviré?

De vuestro marido.

No puedo regresar con mi esposo.

Ese día había de llegar. Bien lo sabíais.

- ¡El rey volverá! - Volverá, sí,

pero no será el mismo hombre.

Aceptadlo.

Vuestra hora ya pasó.

Perdonad que insista, majestad.

El tratado que os disponéis a firmar es un fraude. ¡No lo hagáis!

¿Teméis que Francisco nos engañe? ¿Creéis que yo no?

¿Por qué os avenís pues? ¡No puede cumplir cuanto ofrece y lo sabéis!

Mantenedlo preso. ¿Cuánto tiempo?

¿Toda la vida? Cada día que pasa cautivo, Francia suma otro aliado.

¡Soy tan prisionero como él!

Solo me queda exigir todas las garantías posibles

y confiar en que el rey sea un caballero.

Majestad, los tiempos de la caballería pasaron.

Va a desposar a Leonor y dejará no uno, sino dos hijos como rehenes.

¡Nada de eso lo detendrá!

Ni vos ni yo podemos saberlo,

pero os exijo lealtad tanto en la victoria como en el fracaso.

Aquí tenéis los sellos de la cancillería.

No seré yo quien refrende tal engaño.

Solo vuestros servicios os libran de mi condena.

Majestad.

Acompañadme.

¿Juráis sobre las Sagradas Escrituras mantener lo aquí firmado?

Juro no quebrantar en todos los días de mi vida esta capitulación

ni dar consejo ni favor para que otro la quebrante.

(BENDICE EL MATRIMONIO EN LATÍN)

- (TODOS) Amén. - Amén.

No os he de dar sino la boca.

Retirémonos ahora, que ya somos esposos.

No, hermano.

Esta boda responde a un tratado.

Y se consumará cuando las demás condiciones se cumplan.

(RESOPLA) Hermano...

Es ante Dios... Obedeced y confiad.

Todo amor crece ante la espera.

Pasos

¡Dejadme en paz!

Para todos estoy muerto.

Vuestra es la culpa. Yo no soy quien me habéis obligado a ser.

- ¿De qué habláis? - ¡Matasteis a Moctezuma!

Junto a él, habría creado un imperio fuerte y rico.

Habría unido lo mejor de ambos mundos.

¿De verdad os creéis vuestras palabras?

¡Era mi sueño!

Sois vos el culpable de toda esta muerte y destrucción.

Aún estamos a tiempo.

Os prevengo:

no rompáis nunca estas cadenas.

¿Quién va?

¿Os protegéis en las sombras para no dar la cara?

Aproveché que no estabais para traeros algo de comida.

Desde que os apartasteis,

cada noche, duermo como un perro a vuestra puerta.

Nadie se atreve a acercarse.

Vos...

A quien tan injustamente he humillado...

Necesitáis comer y alguien que os proteja,

ya que os mostráis indefenso.

Perdonad mi soberbia,

mi injusticia,

mi ceguera.

Seréis capaz, pues habéis demostrado ser

mejor hombre que yo.

La colonia os necesita.

El desgobierno y la injusticia acechan.

¡Debéis reaccionar! Solo a vos os escuchan los nuestros.

Tanto españoles como indios.

Llegó la hora de partir.

Vos, al encuentro de vuestro reino.

Yo, a Sevilla, en busca de una mujer.

Despidámonos como hermanos.

Si en parte o en todo me habéis de engañar,

que no sea en lo que toca a mi hermana.

Si tanto desconfiáis de mí, ¿por qué me permitís marchar?

Ahora somos aliados, Carlos.

Lo que deberíamos hacer es repartir Italia y arrebatársela al papa

y a esos ambiciosos venecianos. Sacar ventaja de nuestro entendimiento.

Es la paz en la Cristiandad la que he procurado con nuestro acuerdo.

No quiero nada que no me corresponda por justo derecho.

¿Os he escandalizado?

Sois un hombre extraño, emperador.

Os sirvo como compensación por mi indiscreción, señora.

Ello impide recompensa alguna.

Aceptadlo como recuerdo de nuestra breve amistad.

Hoy mismo, parto hacia Portugal.

Vine a mi boda, pero...

no hay consorte que desposar.

Nada hago nada aquí. Creedme:

el emperador tendrá poderosas razones para explicar su tardanza.

No voy a esperar más.

Aguardad, señora. Os lo ruego.

Cuando os vea, solo podrá amaros.

Si algo necesitáis de mí,

hacedme llegar ese anillo.

Siempre os recordaré con afecto.

¿Y cuando llegue su majestad?

Encontrará el vacío que él me concedió.

Si os negáis a cumplir la palabra del rey, os destituirán.

Eso si no os encarcelan o algo peor.

A todo haré frente, pero ni pondré la colonia fuera de la ley

ni me acomodaré a lo que no creo para mantener mi posición.

- Pero, entonces, ¿qué pensáis hacer? - Algo muy poco común:

irme, antes de que me echen.

¿A dónde?

Este territorio es vasto.

Aún queda mucho por hacer.

¿Qué os proponéis?

Una misión que devengará grandes beneficios para todos:

descubrir el paso entre ambos océanos.

(RESOPLA)

De poco servirán tantos beneficios si las cosas aquí se desbaratan.

Solo vos podéis mantener la concordia poniendo a cada uno en su sitio.

Descuidad.

Dejaré todo en orden a la espera de los hombres del rey.

(SUSPIRA)

Me acusáis de traición, pero muero por lealtad a mi pueblo.

- Pero no a mí. - No soy uno de vuestros perros.

Soy un hombre que fue libre.

Ninguna lealtad os debo.

Os admiro.

Pero no puedo dejaros atrás.

Acabad de una vez.

Una muerte más apenas añadirá peso a vuestra conciencia.

Alteza.

¿Ha ido nuestro negocio en Francia tal como esperábamos?

Así es.

No estaremos solos ante el emperador.

Salid.

Dejadme a solas con la reina.

Vuestro sobrino no ha satisfecho mis demandas.

Sin embargo, no ha dudado en firmar un acuerdo con el francés.

Eso no merma vuestra dignidad.

- Al contrario... - Catalina,

sois una buena mujer,

pero Dios no está con vos.

Voy a pedir la anulación de nuestro matrimonio.

(GIME)

(LLORA DESCONSOLADA)

Abandonadme, pero no me obliguéis a casarme.

Solo quiero protegeros.

Pensé que nunca más volvería a pasar de mano en mano.

Es lo que trato de evitar.

El matrimonio os hará intocable.

A ojos de cualquiera, seréis uno de los nuestros.

Tendréis los mismos derechos que cualquier española.

Sin vos...

la conquista habría sido diferente.

Sin vuestro amor,

yo también habría sido otro.

Llevadme con vos.

¿Ya no me teméis?

Quedaos...

Llevadme... pero no os separéis de mí.

Puerta

¿Me habéis seguido hasta la frontera para que cambie mi decisión?

En vano os esforzáis.

He sido derrotada.

¡Qué loco sueño!

El de tratar de unir mis deberes de princesa con mis ansias de mujer.

Tantos años detrás de un sinsentido y, hoy no...

Hoy, no sé si podré amar.

(SUSPIRA)

Perdí la partida.

Y con ella mi vida.

¡Que Dios se apiade de él!

Pues más pierde que vos.

Me atrevo a presentarme ante vos,

pues nada se ha perdido aún.

Al contrario, todo está por ganarse.

Os doy mi palabra de que respetaré vuestra decisión.

Y haré que todos la respeten.

Allí está Portugal.

Aquí, un sueño compartido, en el que haremos por ser todo y uno.

Si sois capaz de perdonarme.

Sabéis que solo imagino mi vida a vuestro lado.

Ya os amo.

Y os juro que siempre os amaré.

(DUQUE DE ALBA) Han llegado noticias desde Flandes.

Vuestra hermana Isabel ha fallecido.

Italia ha de librarse de las tropas imperiales que la tienen cercada.

Mis soldados con los vuestros lo lograrán.

El emperador será una amenaza terrible para vos.

Acabad lo que habéis empezado.

¿Qué hombre devoto huye de lo que ama?

Os agradecería que me dejaseis sola, majestad.

¿Don Hernán Cortés?

Decid: ¿soy ya libre?

Cortés ha enloquecido y se cree rey. ¿Cómo se atreve a desobedeceros?

(RÍE A CARCAJADAS)

Partid de nuevo hacia Italia. Que nuestras tropas allí estén alerta.

¿Qué os hace pensar que prefiero el poder

a cumplir la orden de su majestad?

Teníais razón. Nunca debí confiar en el rey de Francia.

(UN PAJE) Su alteza real, doña María de Hungría.

Que Solimán pretendía invadir Hungría ¡era sabido por todos!

Y nada hicisteis para impedir esta tragedia.

Sabéis que nadie gobernaría estas tierras mejor que yo.

¡Europa es lo que baña el Mediterráneo!

¡Esta isla importa lo que un familiar lejano!

Francia y Roma han unido sus fuerzas para atacarnos.

- ¡Enviad más tropas! - El papa espera nuestras órdenes.

Esta no es una guerra en pos de un botín. Es una amenaza a lo que somos

y al Dios al que rezamos.

Primero, la ofendo con mi tardanza.

Y, ahora, he de posponer nuestro enlace.

(LLORA DESCONSOLADO)

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Carlos, Rey Emperador - Capítulo 8

26 oct 2015

A pesar del triunfo que representa haber derrotado a Francisco en Pavía, tener preso al rey de Francia representa un conflicto para Carlos. ¿Qué ha de hacer: ser clemente y negociar o aplastar a su máximo y obstinado enemigo, ahora que tiene la oportunidad? Alrededor del emperador suenan con fuerza las voces que claman por lo segundo, pero Carlos duda. Entretanto, Luisa de Saboya y el propio Francisco hacen lo imposible para que el soberano español quede como un desalmado a ojos de toda Europa.

 

Tales circunstancias impiden que Carlos acuda a recibir a su prometida a la frontera portuguesa. Su ausencia provoca en Isabel una primera y gran desilusión. El matrimonio con el César, tantos años anhelado, puede naufragar antes de llevarse a cabo.

 

La deriva tiránica de Hernán Cortés alcanza su cota máxima. No solo se enfrenta con los suyos, sino que se niega a someterse a las disposiciones de la Corona. Aislado de todos y malquerido por muchos, el conquistador buscará en una nueva exploración la cura a todos sus males.

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  1. Ines

    Como dicen que Isabel y Carlos se enamoraran desde su primera mirada aquí lo representa muy bien esas miradas de amor aunque tengo q decir pese a todo q la reina Juana podría salir mas porque su existencia fue mucho mas lamentable

    27 jun 2016
  2. Sylvia Acosta Orique

    Después del capitulo 13, no hay mas? Porque estamos a 31 de diciembre y el ultimo es del 22 de noviembre....

    31 dic 2015
  3. Antoni

    Lamentable dirección y produccion. Se echan a perder momentos estelares de la historia con unas secuencias planas, casi siempre con los mismos encuadres, sin movimiento ni profundidad ni dinamismo ni ná de ná. Música atronadora que no deja escuchar los diálogos. Una pena. Sí, los asesores históricos eran de alto nivel, pero no les han hecho puñetero caso. Un ejemplo: Los conquistadores van grotescamente sucios, daban asco de ver, pero en cambio llevan las melenas (melenas en un soldado europeo del s. XVI...!!!) inmaculadamente lavadas, acondicionadas, marcadas y recortaditas parece que por el peluquero de la Lomana...

    17 dic 2015
  4. Javier L Santos

    Beatriz, esos hechos son posteriores, también queda Pizarro, la liga Santa, etc

    09 nov 2015
  5. Beatriz Martínez

    Me parece lamentable y doloroso que se halla pasado por alto un hecho tan principal a nivel nacional e internacional como fue la primera vuelta al mundo de Magallanes y elcano, la falta de acción es dolorosa pero se puede entender por la falta de presupuesto, pero si nosotros olvidamos lo más importante de nuestra historia mal vamos...

    04 nov 2015
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