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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

Reverencia, mi fiel Tavera,

se cumple otro aniversario desde que nos dejó Isabel.

Mas no hay hora en que no la recuerde.

Los días se alargan oscuros y mi sombra me sigue a todas partes.

Tras el infortunio de Argel, regreso a España, mi hogar.

Quisiera encontrarme con vos antes de llegar a la corte,

pues son varios los asuntos que deseo tratar.

Reverencia.

¿Cómo se encuentra su majestad?

Aparenta ser duro como la piedra de una catedral,

pero, en su interior, es una vidriera hecha pedazos.

Desde que perdió a su esposa, perdió también el rumbo.

Seguidme.

Majestad, su reverencia está aquí.

Reverencia. Majestad, no sabéis

cómo celebro que estéis de vuelta. Está todo listo para recibiros.

No se agasaja a los vencidos.

Ni premios ni medallas han de enmascarar nuestra derrota.

No debemos olvidar lo sucedido en Argel.

Se hará como digáis.

He visto pasar la muerte de muy cerca.

Siento que pronto llega mi hora.

Eso lo decidirá el Altísimo. Debéis desterrar tan sombríos pensamientos.

Lo haré. Por una única razón:

mi hijo. ¿Cómo está Felipe?

Sano y fuerte. Sin rastro de enfermedad, si es lo que teméis.

¿Y su formación? ¿Aprende?

Hablad sin tapujos.

El príncipe es inteligente, pero le cansa el estudio,

no tiene facilidad para los idiomas, no gusta de montar a caballo

y no manifiesta interés por los asuntos de Estado.

¿Acaso hay algo que haga bien?

Es un joven sensible que muestra buena disposición para la jardinería.

¿La jardinería?

¿De verdad encontráis placer, alteza, en el cuidado de estos vegetales?

No es placer, monseñor Granvela. Es admiración.

Y no los cuido.

Me dan a mí tanto como yo a ellos.

Estas plantas han viajado desde las Indias,

desafiando al clima, al hombre y a Dios.

Merecen todo nuestro respeto.

Seguid con tales razonamientos y haréis de la botánica una herejía.

Solo cuando estoy con mis plantas, dispongo de tiempo para mí.

Con ellas, descanso del latín, las matemáticas, la historia...

Del cardenal Tavera, que, hasta ayer, dormía en mi cámara.

Observad, Granvela.

¿Habéis visto qué hermosura?

- Vuestra hermana me reclama, alteza. - Aceptad esta planta, doña Isabel.

Dicen que nació del pecho de un joven

que se dio muerte por mal de amores.

Sois muy gentil.

Me siento halagada, pero no puedo aceptarla.

¿Teméis que os pida algo a cambio?

- Alteza, sois muy... - ¿Muy joven para vos?

Que no haya estado con una no implica que no sepa lo que una mujer precisa.

No dejéis que la tierra se seque.

Regadla en abundancia.

Este clima castellano es muy seco para sus flores.

(LEE EN LATÍN)

¿Me escucháis, alteza?

A fuer de ser sincero,

os oigo, pero no os escucho.

Bien que habéis aprendido en latín los nombres de las plantas.

Vuestro padre va a regresar. Dejó ordenado que...

¡Mi padre no está aquí! ¡Nunca está!

Como vos ahora: estáis ausente.

- No dejo de pensar en ella. - Y no os faltan motivos.

Pero sois el príncipe heredero.

Me temo que vuestros sentimientos hacia esa dama están de más.

Nos encaprichamos de lo que no poseemos.

No existe mujer sin encanto. Pronto lo aprenderéis.

Pero ninguna vale tanto como para perder la cabeza.

De mujeres entendéis más que yo, monseñor.

Sin embargo, salta a la vista que del amor yo sé más.

Necesitaríamos más tiempo para reunir al ejército que proponéis.

No cabe demora. ¡Conseguidlo! (TOSE)

Es ahora o nunca. Carlos no se lo espera.

La derrota de Argel ha diezmado sus fuerzas.

Además, Solimán está de nuestro lado.

Padre, ¿merece la pena?

Perderemos miles de hombres y es muy poco lo que vamos a ganar.

Escuchadlo. Él habla con la cabeza y no con el corazón.

¡Es la oportunidad de zanjar esto! ¿No lo entendéis?

¿El qué? ¿Que sois dos viejos rencorosos matándoos a bastonazos?

- ¿Os atrevéis a...? - Mi amor por vos y Francia

está por encima de vuestras obsesiones.

Mi hora está próxima.

Y no he de morir en paz, si no he sometido a Carlos.

¡Habrá guerra!

¡Así tenga que vaciar las arcas mil veces!

Yo marcharé al frente de mis ejércitos. (TOSE)

Veréis cumplidas vuestras órdenes, pero vos no lucharéis.

¿Qué tenéis que demostrar a estas alturas, señor?

No iré,

pero vos tampoco. Os quedaréis en palacio.

Ya he perdido un hijo. No puedo perder otro.

Padre...

Majestad. Alzaos, hijas mías.

María...

Ya sois una mujer.

Y a vos, Juana, os falta muy poco.

¿Qué os ocurre?

¿No os alegra mi vuelta?

Es que...

ya no recordaba vuestro rostro.

Bien sé cuánta tristeza provoca esa sensación.

¿Dónde está Felipe?

¿Por qué no ha venido a recibirme?

Majestad, vuestro hijo ha partido en busca de unos libros.

Cada vez se toma más en serio su formación.

Os agradezco la fidelidad que guardáis al príncipe, monseñor,

pero no me ofendáis con palabrería. ¡Quiero que venga de inmediato!

¿Veis el puente?

Por él, llegó mi bisabuelo Fernando con su séquito

cuando vino a conocer a Isabel.

Se enamoraron nada más verse.

¿Os importuno?

No.

Habláis y habláis...

Temo que todo esto sea un juego para vos.

- ¿Un juego? - Un pasatiempo,

como vuestras plantas.

Aún no me conocéis.

- Yo no tengo pasatiempos. - Sois el príncipe.

Tarde o temprano, os cansaréis de mí.

Dais mucho por seguro, señora mía.

¿Y si yo empezara a necesitaros como vos decís?

¿Qué sucedería entonces?

¿Teméis que tal cosa ocurra?

¿Luego la consideráis posible?

¡Alteza!

Vuestro padre reclama vuestra presencia de inmediato.

Pensaba que no llegaría hasta esta tarde.

Alteza, ha tiempo ya que es por la tarde.

Majestad,

disculpad mi tardanza.

He venido en cuanto he sabido de vuestra presencia.

Acercaos, Felipe.

Padre, estáis... Mayor. Y fatigado.

Lo sé.

Vos, en cambio, parecéis lleno de energía.

O, al menos, así me lo han manifestado.

Un rey ha de tener ojos y oídos en todos los rincones de la corte.

Nada irreparable ha ocurrido, padre. Ni ocurrirá.

No podéis ver más a esa mujer.

¿Por qué?

Sois mi heredero. Si he de explicároslo,

es que vuestra educación no da los frutos deseados.

Vos habéis sido mi modelo.

Sé de quién soy hijo y sé quién he de ser.

Y no hago nada que vos no hicierais a mi edad.

Si me comparáis con mi bisabuelo Fernando,

con mi abuelo Felipe o, simplemente, con vos,

llevo una vida recatada. ¿Cómo os atrevéis?

Cuando llegasteis a estas tierras, doña Germana os ayudó a acomodaros.

- Su alteza no ha querido decir... - Sé muy bien qué he querido decir.

Me habéis hecho estudiar historia. ¡Basta!

Ya os habéis explayado bastante.

¡Salid todos!

Vos no, Tavera. Vos quedaos.

Tratad de comprender. La falta de su madre...

Os encomendé la educación de mi hijo.

Dejé en vuestras manos lo más valioso que tengo.

¿Y qué me devolvéis?

¡Un insolente! Me he volcado en cuerpo y alma,

descuidando otras cuestiones. Ya no habrá más clases de música

ni de latín ¡ni de nada!

Sus preceptores abandonarán sus quehaceres.

¿Pretendéis que yo solo me encargue de las enseñanzas del príncipe?

No.

Vos también quedáis liberado de esa carga.

Así, no tendréis que descuidar otras cuestiones.

¿Quién educará a vuestro hijo?

¡Yo!

Yo seré su único tutor. Vos no estáis nunca en Castilla.

Aquí voy a permanecer hasta que haga de él un hombre y un rey.

Retiraos.

El rey me ha prohibido veros.

¿Y así le obedecéis?

(ISABEL GIME Y SUSPIRA)

(ISABEL GRITA)

- ¿Os he hecho daño? - No... no.

No. Seguid. Seguid. Seguid...

(ISABEL GIME)

(LOS DOS GIMEN)

Partimos en más de 300 naves, entre galeras y naves de guerra.

En llegando a Argel, las tropas enemigas y el temporal

nos impidieron atracar en el lugar previsto.

Tuvimos que buscar un lugar seguro aquí.

¿Cuál era la relación de fuerzas?

Éramos 30.000. Ellos, tan solo 8.000 entre turcos, moros y moriscos.

Los españoles, en vanguardia.

El duque de Alba encabezaba conmigo las tropas alemanas aquí en medio.

En pocos días, tuvimos la ciudad sitiada,

con tan solo 300 bajas en nuestras filas.

Un día más y habría sido nuestra.

Esperábamos que llegaran las galeras por mar para cerrar el círculo.

(FELIPE) Pero no llegaron.

El temporal destruyó la flota en la costa.

Más de 150 naves se hundieron.

Estrelladas contra las rocas.

Perdimos víveres... Todo.

¿Por qué fracasamos, hijo?

¿Dónde estuvo el error?

No lo hallo en la estrategia, padre.

Sino en la persona.

No debisteis echaros a la mar por rendir tributo a la emperatriz.

Ese fue vuestro error.

Majestad.

Alteza. Traigo malas nuevas de Francia.

Continuaremos más tarde.

Como gustéis.

Decid.

Tenía entendido que las lecciones no acababan hasta caer el sol.

Asuntos de Estado se han interpuesto.

Mis enseñanzas tendrán que esperar.

¿Os importaría que os privara de tan agradable compañía?

He realizado unos injertos en unos árboles frutales

que desearía mostrar a vuestra dama.

Nuestro padre no lo aprobaría.

¿Acaso queréis hacerme cómplice de vuestra desobediencia?

Así es.

Porque sé que me queréis bien.

Y que sois discreta.

Y de buen corazón.

Deberíais ser más cuidadosos. Abundan los deslenguados en la corte.

Y los malintencionados también.

Los franceses han invadido Niza en menos de una noche.

¡Perro! Aprovecha nuestra baja moral después de lo de Argel.

Mientras decidimos, he ordenado a mis hombres

que acudan a defender la posición.

¡Anulad esa orden! La ciudad ya ha caído

y solo sacrificaríamos vidas intentando recuperarla.

Niza es solo una etapa en el camino. Si no una distracción.

Francisco pretende recuperar Milán.

Tampoco él renuncia a sus obsesiones.

Entonces, concentrémonos en defender Milán.

Majestad, no estamos preparados para otra guerra.

¿Debo permitir que el rey de Francia se haga con mis dominios uno a uno?

Carecéis de aliados, gobernáis un reino hipotecado

y el dinero de las Indias se esfuma nada más llegar.

Hay un modo de solventar nuestra necesidad de financiación

y también la educación del príncipe.

Si pudiera detener el tiempo...

Sois un soñador.

Puede.

Quisiera quedarme junto a vos.

Sin envejecer...

Sin tornarme triste y oscuro

como mi padre.

Que es, exactamente, lo que él desea.

- Puede que solo sienta miedo. - ¿Miedo?

¿De mí?

¿De mi ambición por heredar lo suyo?

Miedo de lo que os aguarda cuando él no esté.

Quizás solo intente protegeros.

A su manera.

Tal vez.

Pero intenta arreglar en días lo que no ha hecho en años.

Y se me hace insoportable.

Nunca me ha dedicado tiempo y ahora que lo hace...

me dedico a hostigarlo

en vez de agradecérselo.

Porque no sé cómo.

¡Somos tan diferentes!

Menos de lo que pensáis.

Por eso chocáis. Sois como...

Como dos nubes,

llenas de lluvia en plena tormenta.

Siempre veis más allá de lo que está ante vuestros ojos.

Os amo.

Felipe ya es un hombre.

Y ha llegado la hora de que deje atrás la vida de muchacho.

Por ello y por el gran respeto que os tengo,

os pido la mano de vuestra hija Manuela,

con la intención de reforzar aún más nuestra alianza.

Demasiado tiempo sin noticias de vuestro hermano.

Ahora, quiere quitarme a una hija.

¿Os enoja que quiera convertirla en reina?

Una vez más, lo único que le interesa es nuestro dinero.

Sí.

Para combatir al aliado del turco.

Y, por bienvenida que fuera la dote,

nunca hubo mujer más amada que vuestra hermana Isabel.

Debemos ayudar a Carlos. Por el bien de Portugal.

¿Qué será de nosotros si vence quien se une al infiel por codicia?

- Nuestro reino es neutral. - Somos familia.

España y Portugal son tierras hermanas.

No podemos permanecer al margen.

Nosotros tenemos el dinero.

Y él tiene las razones.

(SUSPIRA)

Debo pensarlo con calma.

Os conozco, fray Bartolomé, y conozco a su majestad.

Permitidme un consejo.

Contened vuestra vehemencia y vigilad vuestro tono.

Gracias por concederme audiencia, majestad.

Dádselas a la emperatriz en vuestras oraciones.

Pues era ella quien atendía vuestros ruegos.

Decid, ¿qué queréis?

Es mi obligación relataros los horrores

que en vuestro nombre se están cometiendo.

¿En mi nombre?

¿Acaso no sois el máximo responsable de lo que allí acontece?

Id al grano.

El papa tuvo a bien conceder una bula

en la que se decía que los indios eran súbditos de Dios.

Libres, como vos y como yo.

Lo sé.

También ahí intervino mi esposa, que en gloria esté.

Grande será su decepción desde el cielo al ver

la mofa que se hizo de esta bula en Nueva España.

Los indios siguen muriendo, exhaustos por los trabajos

a los que se ven sometidos o a latigazos

en manos de los encomenderos. Pero...

Castilla seguirá mirando a otro lado, mientras arriben barcos con oro.

¿Habéis hecho tan largo viaje para ofenderme?

Solo hago referir una infamia.

¡Y suplicaros que cese!

Majestad...

Es nuestro deber de cristianos

prohibir las encomiendas y liberar a los indios.

¿Ha de soportar vuestra conciencia tantas almas perdidas?

Cortés me advirtió sobre vos.

Sois ladino e intrigante.

Prestad oídos a quien consideréis oportuno.

Yo seguiré porfiando por la salvación de los inocentes.

Pues tal es el designio del Señor.

¡No permitáis que vuelva a traspasar esa puerta!

Majestad...

Por testarudo que sea el fraile,

su causa es justa.

¿Vos también, amigo mío?

Convocad a Cortés.

Quiero hablar con él cuanto antes.

Leed.

Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

Por fray Bartolomé de las Casas.

Después de haber dado Atahualpa más de 2 mill. de oro a los españoles,

habiéndoles dado toda la tierra, quemaron al mismo Atahualpa.

Yo afirmo ante mis ojos que he... ... visto a españoles cortar manos,

orejas y narices a indios e indias sin propósito,

sino porque se les antojaba hacerlo,

en tantos lugares y sitios que sería largo de contar.

¿Pero qué es esto? Un fragmento

de lo escrito por fray Bartolomé que él mismo ha difundido.

También ha llegado a mis manos.

¿Quién más lo ha leído? Muy pocos,

- de momento. - Debéis impedir que publique

semejante relato sobre la conquista. ¡Por supuesto!

¡El escándalo sería...! ¿Solo eso os preocupa?

¿No os horroriza lo que refiere el documento?

¿Lo que hemos hecho a esas pobres criaturas desamparadas por la Corona?

Ese hombre retuerce la verdad a su antojo. ¡En su propio beneficio!

Ello le resta crédito. ¡Únicamente a vuestros ojos,

que lo conocéis, pero el resto del mundo lo dará por bueno!

(BORJA) Majestad,

exagere o no, cuenta la verdad.

La verdad, señor mío, es que solo yo y hombres como yo

¡llevamos la civilización donde solo había barbarie!

Para mayor gloria de la Corona y de la Cristiandad.

Basta, don Hernán.

Os agradezco que me hayáis puesto al corriente.

Siempre a vuestro servicio.

¿Sabéis qué pensé cuando vi nuestras naves hundidas frente a Argel?

Que me había excedido

y que Dios se había enojado conmigo.

Que ya no estaba de mi lado.

Prefirió la victoria del infiel antes que la de un soberbio.

Quizá esté purgando los pecados cometidos en mi nombre

al otro lado del océano.

La ruindad de un afán desmedido.

Haced venir al dominico.

Quedan suprimidas las encomiendas.

No habrá causa ni motivo alguno para convertir en esclavos a los indios.

Majestad, habéis demostrado ser el caudillo que la Cristiandad merece

a ambas orillas de la mar océana.

Puesto que Castilla ha promulgado estas Leyes Nuevas,

entended que ese escrito vuestro...

Mi testimonio no tenía otra intención que la de conmover al lector.

De haber sabido que sería examinado por tan regios ojos...

No me tratéis de necio. Lo hicisteis circular

para lograr vuestros propósitos a costa de evitar un escándalo.

La guerra es justa si el fin es noble.

El manuscrito ya ha cumplido su fin.

Así que os pido que lo destruyáis por el bien de todos.

¿Acaso no ha de ser contado lo que allí ha sucedido?

Decidme un solo imperio, por noble que sea,

que no se haya alzado sobre la sangre de los vencidos.

Habéis de saber que también se os ha concedido el obispado de Cuzco.

Fray Bartolomé,

el emperador está siendo muy generoso con vos.

Conviene que partáis de inmediato.

Majestad, no quiero ofenderos, pero no puedo aceptar.

Como sabréis, Perú está muy lejos del donde desempeño mis tareas...

¿Cuál sería la diócesis idónea para vos?

Desde el obispado de Chiapas,

podría velar mejor por el cumplimiento de estas Leyes Nuevas.

Sea.

- En cuanto al manuscrito... - De nada serviría destruirlo,

pues jamás olvidaré lo que vi y oí.

Vuestra entrega en la defensa de los indios os honra,

pero debéis lealtad y obediencia a la Corona.

No lo olvidéis.

Portugal ha respondido.

Que vengan Tavera y Granvela.

Y ordenad que traigan mi almuerzo.

Portugal acepta el compromiso. La dote será de 300.000 ducados.

Ya tenéis el dinero para vuestra guerra.

¿No os alegráis?

Ninguna guerra es motivo de alegría.

Eso os lo concedo.

Convendría rehacer los lazos con Inglaterra.

Escribiré a Enrique. Partiremos hacia Milán lo antes posible.

Yo mismo encabezaré las tropas.

¿Vos?

¿Despedís a los tutores de vuestro hijo

y, ahora, abandonáis lo que habíais empezado?

¿Cuestionáis mi decisión, reverencia?

Solo me pregunto qué pensará el príncipe.

Felipe no debe saberlo. Nadie le dirá una palabra ni de su boda

ni de mi marcha.

Yo mismo lo haré cuando lo considere oportuno.

Por supuesto, majestad.

Ahora, centrémonos en derrotar a Francisco.

Estoy deseando verme en el campo de batalla.

Yo también la recuerdo cada día.

La última vez que os vi tan callado, me advertisteis

que mi madre iba a morir.

Hay grandes nuevas que os conciernen.

Vais a casaros con vuestra prima María Manuela.

No podéis pedirme eso. No os lo pido. Os lo hago saber.

Vos retrasasteis vuestra boda años. Por más que todos insistieran.

Yo reinaba y sabía cuál era mi lugar.

Casándoos, abandonaréis por fin esa vida dedicada a las flores

y a vuestra amante.

Si he de casarme, me casaré.

Pero no digáis que es por mi bien.

La dote de mi prima financiará la guerra.

Así que no me toméis por un simple.

Tenéis razón. Merecéis ser tratado como un adulto.

No sé cuánto tiempo me queda, Felipe.

Y es mucho el poder que habéis de recibir.

Necesito saber que estaréis preparado.

Cuando llegue el momento, no confiéis en nadie.

¿En nadie?

¿Ni siquiera en nuestros consejeros? En nadie, hijo.

Ni en Alba ni en Granvela ni en Tavera. Todos querrán algo de vos.

Todos sin excepción.

En cuanto a vuestra esposa,

un rey ha de ser también un buen marido.

Refrenad vuestros impulsos.

No la ofendáis. Habréis de moderar los placeres.

Yaced con vuestra mujer, pues es necesario,

pero recordad que es malo hacerlo en demasía.

¿No exageráis quizá?

Fue exceso de amor lo que mató a vuestra madre.

Siete embarazos fue tentar demasiado a la suerte.

Haré caso de vuestros consejos.

Os lo prometo.

¿Acaso estáis enfermo?

Parto para la guerra.

Podría ser que ya no volviéramos a vernos.

¿Me abandonáis una vez más?

Os concedo la oportunidad de mostrar que sois digno de recibir mi legado.

Vos seréis el regente durante mi ausencia.

Ahora lo entiendo todo.

¡Hijo!

Ayudad a Felipe en la regencia.

Obedeced sus mandatos,

pero mantenedme informado de todo.

Así será.

Reverencia.

Lamento haber sido injusto con vos.

Habéis hecho un buen trabajo con él. Solo el tiempo lo dirá, majestad.

Majestad, debemos salir ya o la noche nos alcanzará antes de lo previsto.

Recordad, hijo. Lo sé.

No he de confiar en nadie.

Ni en mi propio padre.

No debería dejarlo solo de nuevo.

¿Queríais verme?

Voy a casarme.

¿Lo sabíais?

No.

Con la infanta de Portugal.

Mi prima María Manuela.

Os doy mi enhorabuena.

Este día había de llegar.

Así es.

Ahora, debo centrarme en mis deberes como regente.

Y yo en ocupar mi lugar junto a vuestra hermana María.

No cabe más explicación.

Isabel.

Me habéis dado los momentos más felices de mi vida.

Pero no se puede detener el tiempo.

Carlos dirigirá sus tropas en persona.

- ¿Pretendéis que me quede sentado? - Prometisteis no combatir.

¡Y vos, guardar obediencia a vuestro rey!

¿Creéis que no me doy cuenta de cómo me miráis? ¡Todos!

Como a un viejo en el ocaso de sus días. ¡Peor aún!

Como a un muerto en vida.

Prefiero morir a caballo

antes que quedarme contemplando este funeral interminable.

Tenía la esperanza de que hallaríais paz y reposo en Castilla.

No.

No descansaré hasta que mi obra culmine.

Supongo que debo felicitaros por vuestro nombramiento, monseñor.

En cuanto a esas Leyes Nuevas, no esperéis que sean bien recibidas.

- Es la palabra del rey. - Sí...

Pero viene de muy lejos.

No os inquietéis. Cumpliremos la ley.

Y también con la Corona.

Ya encontraremos el modo de abastecerla de riquezas,

como hasta ahora.

Mi señor,

¿cómo os encontráis de la gota?

El inglés nos concede su apoyo. Eso alivia cualquier dolencia.

Pues esperad a oír lo que vengo a contaros.

Francisco ha acampado a legua y media de aquí. Pretende sorprendernos.

Preparad mi montura.

- ¡Me niego! - No os empecinéis, alteza.

No vamos a presentar más batalla. Debéis partir.

- ¡Jamás! - ¡Han delatado nuestra posición!

- Carlos viene, nos supera en número. - Pues le haré frente, ¡maldita sea!

¡Oídme bien!

Todo está perdido.

Marchad cuanto antes. No podéis caer prisionero de nuevo.

Vine en pos de la victoria.

No me iré como una vieja asustada.

¡Y mi deber es poneros a salvo!

Si no subís a ese caballo, juro que yo mismo os obligaré.

¡No os detengáis hasta París!

¡Padre!

Hemos organizado un baile

y han preparado el venado como a vos os gusta.

¿Qué celebramos?

El fin de la guerra.

Y que habéis vuelto de una pieza.

Mi derrota.

Nadie ha perdido esta guerra, pues ninguno la ha ganado.

Negociad, el emperador cederá.

Si queríais agrandar mi vergüenza, lo habéis conseguido.

Me retiro a mis aposentos. Que nadie me moleste.

La plaza entera se cubrirá de estandartes.

Los artesanos levantarán un arco de triunfo.

La boda más espléndida de la historia de las Españas.

Dejad eso para los cronistas, Granvela.

¿Cómo es ella?

Tengo entendido que es una buena cristiana.

Reverencia, sabéis que no es eso lo que os pido.

No conozco en persona a la infanta. Puedo contaros lo que dicen de ella.

Os lo ruego. Voy a desposarla y ni siquiera he visto un retrato.

He oído decir que es tan alta o más que su madre, vuestra tía Catalina.

Muy galana, amiga de vestir bien y con un semblante sin tacha.

¿Podríais ser más preciso?

Dicen que es un ángel.

Infanta.

Reverencia.

Decidme que sabéis dónde se halla vuestro hermano.

Calmaos. No habrá huido si es lo que teméis.

Puerta

¡Alteza!

La infanta doña María Manuela.

(TAVERA) Infanta, os presento a vuestro primo y futuro esposo,

el príncipe don Felipe.

Es un placer conoceros.

Espero que hayáis tenido un buen viaje.

Es un largo camino.

El ansia por conoceros lo ha hecho más corto.

Y, en verdad, ha merecido la pena.

Sin embargo,

vuestro silencio me dice a gritos que os he decepcionado.

¿Por qué habría de ser así?

Hemos tenido tiempo para que la imaginación vuele.

Y no deja de ser extraño casarse con un desconocido.

¿No estáis de acuerdo?

En verdad, es como decís.

Yo, por ejemplo, os creía más alto.

Poco importa lo que pensemos.

Ya han decidido por nosotros.

(TAVERA CELEBRA EL MATRIMONIO EN LATÍN)

Volo.

(TAVERA CONTINÚA EN LATÍN)

Volo.

(TAVERA CONTINÚA EN LATÍN)

Amén.

Me alegra volver a veros en circunstancias más gozosas.

Lo mismo digo. Permita Dios que el príncipe halle en su esposa

la dicha que su padre encontró en la emperatriz.

Así lo quiera Dios, ya que nos la arrebató.

Pero vos no habéis venido aquí solo para expresar tan buenos deseos.

Lo cierto es que no.

Como sabéis, atrás quedaron mis conquistas,

que se afanan en administrar funcionarios de la Corona.

¿Y no os sentís orgulloso?

- ¿Aliviado, quizá? - Tengo otros quebraderos de cabeza.

Pues he de velar por mis negocios aquí y en Nueva España.

Que no son pocos. Ni ruinosos, según tengo entendido.

Por fortuna.

Pero las Leyes Nuevas aprobadas por el emperador antes de su partida

pueden dar al traste con algunos.

No os privarán de un plato caliente. Estad tranquilo.

Sin embargo, a muchos les ahorrarán una vida de sufrimientos.

¡Cuán diferente se entiende aquí cuanto acontece allende los mares!

Creedme si os digo

que cuantos allí se han forjado un porvenir

no van a permitir verse perjudicados por unas leyes impuestas

desde la comodidad de la corte.

Amigo mío, no todos son como vos.

No.

Los hay de peor conformar.

Prevenid al emperador y que prepare su respuesta.

Y que sea convincente, pues Castilla, sin las Indias,

verá su bolsa tan mermada como la mía.

¿Tan lejos pensáis que podrían llegar?

Abunda la gente recia

y sus modales no lo son menos.

Decídselo.

A vos os escuchará con mejor talante que a mí.

(MANUELA) Tanto me habían preparado para este día

y evitaron contarme lo mejor.

De niña, escuché que erais delicado de salud.

Pero sois, en verdad, muy vigoroso.

Mi padre cree que debemos mantener un régimen de encuentros moderado.

Soy vuestra esposa.

Mi deber es daros unos hijos sanos y fuertes.

Si no os voy a tener siempre a mi disposición,

permitid, entonces, que hoy goce de vos hasta quedar saciada.

Puerta

Isabel.

- ¡Isabel! - ¿Qué hacéis aquí?

Es vuestra noche de bodas. Deberíais estar con...

Con la mujer a quien amo.

Os he extrañado tanto.

No podía dejar de pensaros.

La princesa os ama. Lo he visto en sus ojos.

¿Y en los míos? ¿Qué habéis visto?

Se ha entregado a vos enamorada. ¿No os basta?

No. Lo quiero todo.

Os quiero a vos.

Os amo.

Comportaos con el emperador cuando llegue. Os lo ruego.

¿Por qué he de ser cortés con quien no tiene consideración por nosotros?

Ha sentado a su hijo en el trono de España.

Pero se ha olvidado de vos y de mí. Tened paciencia.

Acabamos de ganar una guerra.

Veréis cómo hay recompensa para todos.

¿Quién sabe? Quizá el ducado de Milán sea para vos.

Aplausos

(CANTA)

Enhorabuena, hermano.

Por fin, termina esta guerra. Dios vuelve a estar de nuestro lado.

¿Qué vais a hacer ahora que habéis derrotado a vuestro eterno enemigo?

¿Descansaréis al fin?

Por el momento, aguardaré a que Francisco asuma la derrota,

se avenga a un acuerdo y lo respete.

¿Recordáis a mi hijo, Maximiliano?

Por supuesto. Aunque me habría sido imposible reconoceros.

¿De quién es esta voz maravillosa?

Aplausos

Se llama Bárbara Blomberg.

Majestad, espero que os haya complacido.

Para un hombre que vuelve de la guerra,

vuestro canto ha sido lo más cercano a estar en el cielo.

Ver de cerca al emperador impresiona más

que contemplarlo en pinturas y tapices.

En los cuadros, uno no envejece.

Majestad, son muchos los que reclaman vuestra presencia.

Deduzco que esta negociación no es lo bastante importante

para que el rey de Francia asista en persona.

La salud de su alteza le ha impedido venir.

Pero os habrá otorgado poderes para ceder el ducado de Borgoña.

Siempre y cuando vos renunciéis al Milanesado.

Intuyo que esta negociación se va a alargar.

Señor condestable,

he venido a firmar una paz duradera.

Si a vos os encomendaron pareja misión, llegaremos a un acuerdo.

¿A dónde van estos hombres?

A las minas, a los campos... Donde haga falta.

Allá donde antes había indios.

Vos habéis librado a los indios de sus tareas,

pero la Corona no renuncia al fruto de estas tierras.

Los ha comprado en África y este es su cometido.

Los negros nacieron para servir.

Para ser esclavos. Así lo quiso Dios.

¿O también pensáis que son como vos y como yo?

¡Esto es una ignominia! ¡Una infamia!

¡Esto es lo que vos habéis provocado!

No. Y mil veces no.

Paz en todas partes y para todos los hombres sin diferencia de raza.

Solo existe un Dios para todos los pueblos,

indios, paganos, griegos y bárbaros.

Yo creía que los negros eran más resistentes

que los indios que yo veía morir a cientos por las calles.

¡Me he equivocado!

(SOLLOZA) Señor, perdóname.

Perdóname, Señor.

Trasladad mis respetos a vuestro señor.

Espero su pronta mejoría.

Así se lo haré saber.

El reino entero reza por ello.

Finalmente, ni vos recuperáis Borgoña ni Francisco Milán.

De nada ha servido esta guerra. Como la mayoría.

Cerráis un largo capítulo. ¿Qué vais a hacer con lo obtenido?

Aún debo meditarlo.

Al menos, sabréis quién será el nuevo duque del Milanesado.

Milán será para el príncipe Felipe.

Un título digno para el hijo de un emperador, ¿no creéis?

¿Qué pretendéis? ¡No nos ha dado absolutamente nada!

Vos dijisteis... ¡Calmaos!

¡Todo para su hijo! ¡Hasta el ducado de Milán! ¡Una humillación tras otra!

Os ponéis en evidencia actuando de ese modo.

¡Vos pensáis lo mismo, salvo que no os atrevéis a abrir la boca!

¡Decid que no es así! ¡Decídmelo, padre!

¡Arrastraos ante él, si tan leal le sois! ¡Pero no sacaréis nada!

¡Ni las migajas que caigan del mantel!

¿Y mi sobrino Maximiliano? Apenas he podido verlo.

No se encontraba bien.

Yo tampoco.

La cena me ha sentado mal.

Disculpadle. Ha bebido en demasía.

Iré con él.

Es difícil acercarse a vos.

Siempre rodeado de los vuestros. Y tan solo al mismo tiempo.

¿Tan solo?

Solo y triste,

si me lo permitís.

Sois el hombre más poderoso de la Cristiandad.

¿Por qué esa tristeza?

Porque mucho he amado y todo lo he perdido.

¿Todo?

Permitid que lo ponga en duda.

Y que sacie vuestra sed.

Por más que llenéis mi copa, mi alma seguirá vacía.

Dejadme aliviar vuestra herida.

Dejadme intentarlo.

No hallaréis mejor consuelo en otras manos.

Perderíais vuestro tiempo. No hay nada que hacer.

Siempre se puede hacer algo.

Permitid que os lleve a un lugar más privado.

¿Dónde me habéis traído? Al mejor rincón de vuestro imperio.

Hablasteis de un lugar privado.

A solas no estamos, precisamente.

No prestéis atención.

Imaginad que solo estamos vos y yo.

Escuchadme solamente a mí.

(SUSPIRA) Yo... (LO HACE CALLAR)

Besos

Os habéis confundido. No hay error posible.

Sois un hombre.

Pero hace años que no estoy con una mujer.

Yo refrescaré vuestra memoria, majestad.

¿A dónde vais, majestad?

He de salir de aquí. No os vayáis...

Quedaos un poco más.

Vos no lo entendéis. No podéis comprenderlo.

Lo entiendo a la perfección, mi señor.

Estáis roto.

Vuestras heridas no han sanado.

Ni sanarán.

¡Carlos!

No.

- Soy Felipe. - Ah...

Vuestro nieto.

¡Sí que ha pasado el tiempo!

Os presento a vuestra nieta, Manuela.

Hija de Catalina.

Y, ahora, mi esposa.

No os parecéis en nada a vuestra madre.

- ¿Dónde está mi hijo Carlos? - En Flandes.

Acaba de ganar la guerra contra el francés.

Ya no viene a visitarme.

Hemos querido presentarnos ante vos

antes de que el estado de Manuela lo impida.

Seis hijos tuve de mi esposo.

Todos llegaron a la edad adulta y solo Isabel ha fallecido. (TOSE)

Tomad.

Que Dios se apiade de vos, hija mía.

(GRITA)

Sed fuerte, princesa. Ya falta menos.

Me está rompiendo. Me está rompiendo por dentro.

(SE ESFUERZA Y GRITA)

(SE QUEDA SIN ALIENTO)

(GRITA MÁS FUERTE)

Es un niño.

Parece sano.

¿Y la princesa?

Ha perdido mucha sangre.

Puede que no pase de esta noche.

Llanto del bebé

Mirad a vuestro hijo.

Parecía que no quería venir a este mundo, pero aquí está.

¿Cómo os encontráis, alteza?

¿Ni siquiera ahora vais a llamarme por mi nombre?

¡Cuán breve ha sido todo, Felipe!

No digáis eso.

- Aún hay esperanza. - No...

Lo veo en los rostros de todos.

Mi camino acaba aquí.

Yo he cumplido.

Os he dado un hijo.

Y, ahora,

empieza otro viaje.

(SE QUEJA Y SUSPIRA)

Felipe...

Sé que no me habéis amado,

pero habéis sido atento y cortés conmigo.

Y os lo agradezco.

Perdonadme.

Os lo ruego. Perdonadme.

Y, ahora,

si no os importa, me gustaría quedarme un rato a solas con el niño.

Campanas

(EL OBISPO REZA EN LATÍN)

(REZA EN LATÍN)

Deberíais visitar a su reverencia.

Cuanto antes.

Dios no os puede llevar consigo. Aún no.

Vuestro padre

es un hombre atrapado en sus miedos.

Decidid vos

quién merece vuestra confianza.

Sois más fuerte

de lo que pensáis.

¿Qué habéis hecho, insensato?

¡Lo que vos debisteis hacer hace mucho!

¿Qué habéis ofrecido a los príncipes alemanes

para que se hayan alzado contra el emperador?

¿Qué les habéis dicho?

Que vos sois el pasado ¡y yo soy el futuro!

¿Cómo es posible que los príncipes alemanes se alcen contra mí?

¿Es que nunca voy a poder vivir en paz?

Lo cierto es que la guerra es un hecho.

¿Tenéis vos algo que ver? ¿Cómo podéis pensarlo siquiera?

¡Estoy de vuestro lado! ¡Decidid vos si queréis ver en mí un aliado

o un traidor!

He de escribir a Felipe.

Necesitamos dinero para hacer frente a los alzados.

Traed a Federico de Sajonia a mi presencia.

Habéis tomado los hábitos de la Compañía de Jesús.

¿Por qué le dais la regencia si no queréis que gobierne?

Estaréis conmigo pase lo que pase.

Convoqué a Maximiliano, pero temo que Fernando no atienda mi petición.

¿Quién está conmigo?

Haré lo imposible por salvarnos.

Majestad, no hay obediencia en esas tierras a las leyes de la Corona.

En nada nos beneficia que se alcen contra nos nuestros vasallos.

Mühlberg no sirvió como escarmiento. Los protestantes se alzan de nuevo.

Que el tiempo decida si Francia ha de continuar en la lucha... o no.

¿Qué burla es esta?

Ha llegado esta carta de las Indias.

¡El momento ha llegado! Os ruego que me cedáis el paso.

No dudo de vuestra estima hacia mí. Pero sí de vuestra lealtad al rey.

No podemos acabar con el ejército imperial.

Pero sí con el hombre por quien lucha.

Jamás soberano alguno ha reunido bajo su mando

dominios tan extensos y diversos.

¿Qué vais a hacer con Maximiliano?

Vos y yo compartimos el dudoso honor

de haber sido prisioneros del emperador.

Entonces, ayudadnos a liberarnos de su yugo.

Mis fuerzas merman de día en día. Y, por cuanto todos somos mortales,

debo dejar mis asuntos atados y bien atados.

¿Y mi padre?

- No lo hagáis, alteza. - ¡Es mi padre!

- Es el emperador. - ¡Por el emperador!

  • Capítulo 14

Carlos, Rey Emperador - Capítulo 14

11 ene 2016

Carlos regresa derrotado de la aventura que emprendió en Argel en memoria de su añorada esposa. Disconforme con los hábitos de vida que su hijo ha adquirido, decide ocuparse personalmente de la educación de su heredero. Pero Felipe ya no es un niño. De hecho, está enamorado de Isabel de Osorio, una dama de la corte, lo que provocará escándalo y preocupación en su padre. Carlos tiene otro matrimonio en mente para su sucesor, uno que asegurará la alianza con Portugal al tiempo que nutre las arcas españolas. Consciente a la vez de las obsesiones del emperador y del esfuerzo que este hace por acercarse a él, el príncipe cederá hasta que Carlos vuelva a decepcionarlo.
En Francia, a pesar de sus achaques, el rey Francisco no ceja en su empeño de hostigar al Imperio. Creyéndolo en horas bajas, ataca al emperador por sorpresa. Pero Carlos no rehúye el enfrentamiento y se pone al frente de sus tropas en el campo de batalla. Sin embargo, una sombra se cierne sobre él, un peligro que ha nacido en el seno de su propia familia.
Bartolomé de las Casas protesta ante el emperador por el trato que reciben los nativos de las tierras conquistadas. Lo presiona hasta convencerlo para dictar las llamadas “Leyes Nuevas”, que deberían impedir que los abusos continuaran. Pero la norma no es bien acogida al otro lado del Atlántico...

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  1. Talia

    buenas noches soy de Ecuador la series es muy buena. Podrían habilitarla para mi país. GRACIAS

    14 abr 2016
  2. María

    Hola amigos de la Serie. Quería comentarles que cuando quiero ver la serie por internet me es imposible verla pues nunca carga el vídeo. Sale el icono de tiempo de carga pero nunca da con el capítulo.Me he quedado en el capítulo 14 y no puedo continuar viendo la historia. Gracias¡¡

    08 abr 2016
  3. Migdaly Castañeda

    Pensé que era la única!!! :( Soy de Estados Unidos y soy maestra de español y hasta mis estudiantes disfrutaron de esta serie por la historia de Cortés y Cuautemoc, las escenas son fantásticas y estoy en espera de los siguientes capítulos, por favor, ingreso a este sitio casi a diario pero sin éxito.

    31 mar 2016
  4. Inés Allende

    Hola, soy de Argentina, me encanta Carlos Emperador, no puedo verla, ¿no pueden poner estas series históricas en Netflix, incluyendo la película de Juana La Loca?, son muy buenas. Gracias y saludos.

    29 mar 2016
  5. arturo deleon

    A estas alturas ya es obvio que no van a contestar... lo que yo me pregunto y a su vez lo pregunto a RTVE es ¿Por qué aparecen las páginas, llegando hasta el "PLAY" y después ya no se descarga el vídeo? yo creo que lo más sensato era quitar todo si al final no vamos a poder verlo. Pero creo que me quedaré con esa duda ya que nadie de RTVE responde. Y esto lleva ya desde febrero. Muy mal !!!!

    24 mar 2016
  6. Avatar de Apvicente Apvicente

    Vivo en Canada y necesito saber porque no puedo seguir viendo a Carlis V emperado cuando pude ver a Isabel completa?...cuando podremos volver a ver RTVE.es?

    15 mar 2016
  7. Pedro

    Pues en los EEUU no he podido ver mas capitulos despues del 11, que pena, aparentemente estan en venta en Espana en DVD pero es otro problema pues tienen el formato europeo, asi q para poderlos ver aqui hay q compra un dvd player especial

    01 mar 2016
  8. Agustina

    Me sumo a las quejas. Desde el capítulo 13 en adelante, no se puede ver nada. ¡Una lástima!

    27 feb 2016
  9. Anaeloisa

    Como podemos ver los últimos capítulos ? Es una serie muy buena, entretenida y con la que se despierta la curiosidad por nuestro pasado y orígenes .... Ojalá nos permitan verlo pronto... Tanto esta serie como los demás contenidos del canal son muy buenos y estamos privados de verlos !

    25 feb 2016
  10. Heidi Busse

    Tambien me quedé con las ganas de ver los capitulos finales acá en Chile, ahora no puedo ver ni los primeros. Dice " no disponible en su localización, por qué???

    24 feb 2016