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No recomendado para menores de 12 años Carlos, Rey Emperador - Capítulo 5
Transcripción completa

¡Tomo este lugar en el que fundaremos la Villa Rica de la Vera Cruz!

Conseguir el Imperio tiene un precio. El rey necesita ayuda de sus nobles.

Que yo sea emperador beneficiará a todos.

Pero Castilla necesita a su rey aquí.

No le daremos el dinero que tanto le urge sin recibir nada a cambio.

¿Qué reclamaréis esta vez?

Que nos ceda parte de su poder y jure cumplir nuestras exigencias.

El dinero me preocupa.

Vuestra madre aún conserva bienes dignos de una reina que no usará.

De los siete electores, tres son príncipes de la Iglesia.

Debemos asegurarnos los cuatro votos de los laicos.

Y, entre ellos, es fundamental el voto de Federico de Sajonia.

Los sobornos no bastarán. Necesitaréis algo más.

No está en mi naturaleza sufrir por un trance que concluirá a mi favor.

Seréis el próximo emperador. ¿A qué viene esta chanza?

Federico de Sajonia os respaldará si os apoya el papa.

¡Hasta mi propia familia me da la espalda!

He decidido presentar mi candidatura al Imperio.

El rey no tiene posibilidad de lograr la corona imperial. Hacédselo ver.

Haced lo que os pido e Inglaterra apoyará a vuestro sobrino Carlos.

Cuando sea emperador, su poder os protegerá.

Castilla insiste en que desposéis a la infanta portuguesa. Lo sabéis.

Por otra parte, no hay soberano tan rico como su padre.

Cobrad la dote y no tendréis que arrodillaros ante las Cortes.

- ¿Sois cristiano? - Jerónimo de Aguilar.

Cristiano y súbdito de la reina doña Juana y su padre don Fernando.

(AGUILAR) Poderoso Moctezuma

os ofrece estos presentes y os da lo que deseáis prueba de su amistad.

- Pide que los toméis y nos vayamos. - No pide, es una orden.

La locura de vuestra madre es un obstáculo para el trono imperial.

Es justo que lo compense.

No nos llevemos a engaño, esto es un robo.

Y, si mi tía no consigue el aval, no habrá servido para nada.

El oro de Castilla saldó nuestra deuda.

El señor Fugger ha tenido a bien prestarnos la misma cantidad

con nuevos intereses.

El Imperio recuperará su esplendor. Y lo lograremos juntos,

pues vos seréis mi mano derecha.

Solo yo seré el candidato al Imperio.

No comprometí mi voto con vuestra familia, sino con Fernando.

Si el rey de España se presenta,

las razones que os di entonces valen lo mismo ahora.

¡Aguilar!

He pasado de mano en mano.

Así, hasta que sea sacrificada ante los dioses.

Eso no ocurrirá. Porque yo os protegeré.

Ahora, solo nos quedan nuestras manos y una única certeza:

¡conquistar esta tierra o morir en el intento!

¡De las Indias ha llegado un auténtico tesoro!

Ese tal Cortés ha puesto el Imperio a vuestros pies, alteza.

Puede que Carlos haya conseguido el oro,

pero nosotros tenemos los votos comprados

y, sobre todo, al sajón de nuestro lado.

¿Yo? ¿Presentarme a emperador?

Ganaréis. Pues os preferirán al poderoso Carlos.

¿Pensáis que voy a renunciar al 18 por ciento de semejante suma?

No he llegado hasta aquí para dar media vuelta ahora.

- ¿Qué os proponéis? - Cientos de mercenarios nos rodean.

Retiro mi candidatura. Mi voto es para Carlos de Habsburgo. ¡Juro!

O me extermina el rey de Francia o seré el amo de Europa.

Música

(LUTERO) A este humilde fraile agustino que suscribe, Martín Lutero,

pero no solo a él,

le resulta terrible ver que el señor supremo de la Cristiandad

viva de modo tan lujoso que no lo alcanza rey alguno.

Se hace llamar "santísimo", y es más mundano que el mundo mismo.

No sería extraño que Dios hiciese llover azufre y fuego infernal

y hundiese a Roma en el abismo

como en tiempos pasados hiciera con Sodoma y Gomorra.

Ya que todo su ser, obra y actividad

se dirigen contra lo establecido por Cristo,

¿no vendría a ser el papa sino el Anticristo?

Disculpadme.

Confiaba en que vos curaríais mi melancolía.

Nadie podrá, si no cejáis en vuestra obsesión.

(SUSPIRA)

El Imperio estaba hecho a la medida de mi grandeza.

Y me lo ha arrebatado ese flamenco tan vulgar, como bendecido por Dios.

Si no podéis asumir su victoria, amargádsela.

¡Actuad!

(RESOPLA)

Ese flamenco ha logrado la mayor victoria que jamás pudiera imaginar:

borrar vuestro ímpetu.

¿Vais a permitírselo?

Al fin, el Imperio.

Estoy deseando ir y, al tiempo, sé que echaré en falta lo que dejo.

Es tan difícil amar esta tierra sin reservas como llegar a desdeñarla.

Gobernaréis las Españas durante mi ausencia.

Pero es mi deseo apurar los 3 años que me han concedido las Cortes.

¿Tendréis ánimo para tanto? ¿Lo tendrán los españoles?

Por mucho que os hayan dispensado esa ausencia, vuestra partida los ofende.

A todo se resisten y de todo maldicen pero siempre acaban aviniéndose.

He de marchar.

Dadme cuenta de todo.

Algarabía en el exterior

¡Dios santo! ¿Qué ha ocurrido?

(SE QUEJA) ¡Que lo vean los físicos!

Lo han apedreado cuando ordenaba dispersarlos.

- ¿Dispersarlos? - Hay cientos de castellanos

rodeando el palacio. Están enfurecidos con vuestra marcha.

Salid, y vuestro viaje terminará en el otro mundo.

Hemos sido pacientes,

pero, una y otra vez, Carlos ha desoído nuestras peticiones.

Y, ahora, cuando se ha hecho con nuestras rentas, se marcha.

¿Hemos de servir a quien se ciñe la corona de Castilla

como un medio para ganar la del Imperio y no como un privilegio?

Desde que llegó, ha mirado solo por su bien, despreciando el nuestro.

¡Me niego a postrarme ante quien nos sangra para engrandecerse,

ante quien malversa la riqueza de nuestro reino!

Solo nosotros amamos Castilla. Solo nosotros podemos salvarla.

Maldonado está en lo cierto.

Cada comunidad, cada castellano, ¡en armas contra Carlos!

- ¡En armas por Castilla! - (TODOS) ¡Por Castilla!

Tlatoani Moctezuma,

de mil maneras he intentado frenar a los barbados. Nada ha servido.

¿Ni siquiera el oro?

Incluso alcé en armas la ciudad de Cholula para detenerlos. Fue inútil.

- ¿Vencieron con facilidad? - La arrasaron.

- ¿Dónde están? - A las puertas de Tenochtitlán.

Todos los augurios anunciaban su llegada.

Solo hemos conseguido derramar nuestra sangre.

Habéis cumplido con vuestro deber.

¿Y no lo es salvar la vida de los míos?

No son dioses, tlatoani, sino mortales.

Ataquemos y lo comprobaréis, porque seremos muchos contra unos pocos.

Nunca antes de que yo lo ordene.

Nunca, tlatoani.

Señor.

¿Cómo os encontráis?

Por fortuna, han apuntado al corazón.

(BROMEA) Y lo que no se tiene no se puede desgraciar.

Alteza.

Lamento añadir a lo ocurrido una terrible noticia.

Los rebeldes de Toledo han tomado el Alcázar.

¿Qué ha sido del corregidor? Ha sido expulsado de la ciudad.

Nada quieren saber de quien representa a la autoridad real.

¿Pero quiénes son los que se alzan contra su alteza?

- ¿Nobles? ¿Campesinos? - Ante todo, burgueses,

pero han encontrado afectos de toda condición.

Un desacato así pide ser reprimido o no tardarán en brotar más.

¿Pero cómo voy a lanzar un ataque antes de partir?

No puedo dejar un reino en llamas.

La falta de autoridad alimentaría la revuelta.

Os aconsejo que demoréis vuestra partida.

No oséis mirarle a los ojos.

Quien lo ofende de tal modo recibe la muerte como castigo.

Infinitos son el honor y la emoción

que siento al conocer al gran emperador de Tenochtitlán.

Mi nombre es Hernán Cortés.

Y provengo de un reino más allá del océano.

Hernán Cortés,

¿por qué acudís ante mí?

Por orden de mi señor, el rey de Castilla,

vengo a mostraros la fe verdadera:

que Jesucristo es el hijo de Dios

y que a quienes en Él creen les espera la vida eterna

y las llamas infernales, a quienes le desdeñan,

como así hace vuestro pueblo, creyendo en ídolos.

¿Osáis insultar a nuestros dioses?

La devoción por mi fe me ha llevado a ofenderos sin querer.

Ruego me perdonéis. Nuestros lazos han de ser amistosos

o no ser.

¡Akmo!

Solo soy un hombre honrado de veros y deseoso de conocer vuestro imperio.

Fundid nuestros aceros si así lo deseáis.

Nuestro ánimo es de paz.

Querido amigo...

Alteza.

Agradezco vuestra invitación.

Admito que temí que la victoria de Carlos

enfriara las relaciones entre Francia e Inglaterra.

Ni yo logré el Imperio ni vos el papado. De momento.

Y, dado que nos fallamos mutuamente, sabremos perdonarnos y fortalecernos,

ahora que un solo hombre acumula tanto poder en Europa.

¿Nos proponéis una alianza contra Carlos?

Su engrandecimiento nos amenaza. Nuestros reinos no pueden aislarse.

No sería propio de vos aceptar sin más su victoria

y os imagino deseoso de devolverle el golpe, mas...

Inglaterra no tiene voluntad alguna de entrar en guerra.

Yo tampoco.

Pues, como, sin duda, comprenderéis, alentar un conflicto entre cristianos

no me acercaría a Roma.

¿Quién ha hablado de guerra?

Os propongo un acuerdo pacífico.

Animad a Enrique a reunirse conmigo para tal fin.

Animadme a mí a hacerlo.

(SUSPIRA) Una pensión de 12.000 ducados,

que se duplicaría en caso de acuerdo.

La próxima vez que nos encontremos,

Enrique estará a mi lado.

Alteza.

No hay guerra sin penitencia previa.

Os pido perdón.

Llegué a pensar que la amabilidad con el barbado era sincera.

Todo hombre merece ser escuchado.

Al menos, una vez.

¿Cuándo tendrá lugar el ataque?

Concededme el honor de sajar la garganta

de quien ofendió con ella a nuestros dioses.

He de descansar.

Retiraos.

Alteza, el cardenal Wolsey se ha entrevistado con el rey Francisco.

Planean una alianza.

¿Quién buscó a quién?

La invitación partió del francés,

aunque ellos aseguran que tan solo se trata de un acuerdo de paz.

Permitid que dude de las intenciones

de un hombre al que arrebaté lo que más deseaba.

(RESOPLA)

Escribiré a Inglaterra. Mi tía Catalina ha de ayudarnos a impedirlo.

No nos olvidemos de Roma.

Conseguir el favor del papa entorpecería sus planes.

Me ofrezco a convencerlo.

Confiemos en el pontífice.

Fuerte ha sido siempre el vínculo de Roma con el emperador.

¿Veis acaso el cetro en mi mano?

¡Ante Enrique, Francisco o el papa, aún soy Carlos de Gante,

rey de España y ¡emperador de nada!

En cuanto las revueltas cesen, partiréis sin demora.

Las revueltas cesarán en cuanto me corone.

Cuando esos castellanos teman a la fuerza del Imperio.

¡Basta ya! Cada minuto que paso aquí

es aliento para los que me quieren mal,

tanto en Castilla como en Europa. ¡Partimos!

No permita Dios que su deseo de hacerse con el Imperio

lo lleve a perder estos reinos.

¡Alteza!

Lamento confiaros la regencia en semejante trance.

Asumo el desafío,

mas habréis de reconsiderar los poderes que delegáis en mí.

¿Cómo controlaré la situación con tan poco mando?

Cumpliréis sobradamente.

Mucha confianza tenéis en mí... O muy escasa.

Si teméis que abuse del poder que me vais a otorgar, descuidad.

Descuidar es lo que evito, reverencia.

¿Estáis de nuevo en tratos con Francia?

Nos pretenden, pero aún no he decidido si nos merecen.

Me alegra que así sea. Nuestro sobrino Carlos os pide

que os reunáis con él antes que con el francés.

Dios bendiga mi renuncia al Imperio. Conservo mis caudales

y mi favor es solicitado por todos.

No equiparéis al emperador con un monarca humillado y sin caudales.

Vuestro sobrino aún no se ha ceñido la corona.

Y, por conseguirla, carga con una deuda tal

que se reunirá con Dios sin haberla saldado.

Considerad también lo que cada uno podría reportaros en el futuro.

Ya que Dios no ha querido concederos un hijo varón,

un compromiso digno para vuestra hija María sería muy valioso.

Tiempo ha que Francisco prometió unir nuestra descendencia.

Pero jamás lo ha sellado con su firma.

No encontraréis mejor ocasión para que se avenga.

Francisco os necesita.

¿Concierto el encuentro?

Sabéis que el francés os arrastrará en sus ambiciones.

¡A vos, que nada os interesa un conflicto!

Carlos posee tanto que no aspira a más.

Todo hombre siempre aspira a más, Catalina.

¡Extraña criatura!

Servíos de él para la caza. Un solo animal os traerá ciento.

Dicen que habéis estado paseando sin descanso durante varios días.

¿Con qué fin?

No habría llegado hasta aquí de no ser un hombre curioso.

Vuestra tierra está llena de prodigios.

¿Difiere mucho de Castilla?

El vuestro ha de ser un gran imperio.

Humilde, frente al vuestro.

Mas nos gobierna un rey que posee mil dominios de norte a sur

en una tierra inmensa que llamamos Europa.

Allí, los colores son pálidos comparados con estos.

Sin saberlo, teníamos una palabra para vuestro imperio:

paraíso.

- ¿Lo conocéis? - Sí.

He visto a los vuestros aspirarlo.

(ESCUPE Y TOSE)

No entiendo qué inconveniente veis

en un acuerdo de paz entre dos reinos cristianos.

Francisco no ha tendido la mano a Carlos.

Y, si no lo ha hecho, es porque algo gesta contra él.

Suposiciones. Además, Roma no es partidaria

de que en Europa se engrandezca solo un hombre.

¡Mi señor es el emperador del Sacro Imperio Germánico!

- Imposible más lealtad a la Iglesia. - Va a tener ocasión de demostrarla.

He firmado una bula de excomunión contra uno de sus súbditos.

¿Os referís a Lutero?

Con sobrada generosidad, he dado a ese hereje 60 días para desdecirse.

Si no lo hace, deberá ser arrestado inmediatamente.

Así lo ordenará el emperador. ¿Por qué obraría de otro modo?

¿Y vos, santidad?

¿Compensaréis ese celo que nos exigís en la salvaguarda de la fe

rechazando una alianza entre ingleses y franceses?

Lo haré.

Cuando Lutero se pudra en el más infecto de los calabozos.

Pasos

Os he añorado tanto...

¿Cómo os encontráis? En casa.

Alteza.

¿Habéis tenido buena travesía? Así es, gracias.

Extrañaréis el sol de las Españas.

El calor no lo dan los astros, sino la compañía.

Ojalá pueda quedarme aquí los 3 años que me han concedido las Cortes.

¿Cómo? ¿Por qué habríais de adelantar el regreso?

No he dejado una España en calma. Hay desobediencias, rebeliones...

- ¿Qué reclaman? - Todo... y nada.

Empiezo a pensar que en el carácter español está la queja por la queja.

Una deslealtad infantil... ¡Absurdo!

Han demostrado fidelidad en numerosas ocasiones.

Lo hicieron con nuestros abuelos. Así recompensaron su buen gobierno.

Si era vuestra intención ofenderme, os perdono.

La crítica es hábito propio de quien no tiene mando.

Y más aún de quien aspira a él sin conseguirlo.

Puerta

Os pido disculpas.

No sois vos quien me revuelve el ánimo.

Fernando no se propuso como candidato.

Si algún rencor albergáis por ello, que sea hacia mí.

Lo impide el afecto que os tengo,

pero aún siento la herida.

Me fuisteis desleal.

Veía con angustia cómo vuestro triunfo se volvía imposible.

Algo debía hacer para que el Imperio no cayera en manos ajenas.

¿Qué sabe él de estos lares? ¿Qué sabíais vos de Castilla?

Fernando ha aprendido mucho. Sus consejos me son de gran ayuda.

¿Pretendíais convertir a un consejero en emperador?

Carlos...

De haber perdido la elección, ¿no os habría complacido más

ver a Fernando en el trono imperial que a Francisco?

¡Por Dios! Sois hermanos.

¿Consideráis fraternales sus dardos?

No, no... Os conozco.

Si os han dolido sus palabras es que dudáis de lo hecho en Castilla.

Apreciad las críticas sabias, Carlos, o acabaréis rodeado de aduladores.

Ellos no herirán vuestro orgullo, no.

Pero os convertirán en el peor de los tiranos.

Puerta

Puerta

Habéis comprobado que no mentí cuando dije que aquí nada os iba a faltar.

Dispongo de todo lo que un hombre con ambiciones mundanas desea.

Ojalá lo fuera.

¿Qué os falta?

Poder.

Se me educó para la política, no para adormecerme en una jaula de oro.

Nada deseo más que desvelarme en los despachos.

Confiadme un cargo donde pueda seros útil.

No es poca la importancia de vuestra labor como consejero de nuestra tía.

Poseéis más títulos y dominios que ningún hombre. ¿No os basta?

¿Acaso sentís como amenaza que yo ejerza el poder

si lo hago a vuestro servicio?

Desconfío de vos solo en la medida en que desconfío de todos.

No permaneceré en la corte sin fin alguno.

¿Qué insinuáis?

Alteza... ¿Traéis buenas noticias de Roma?

No las que yo quisiera.

Su santidad ha emitido una bula de excomunión contra Lutero.

Si no la obedece, habréis de arrestarlo.

Solo entonces mediará Roma

para impedir la alianza entre ingleses y franceses.

Llegado el caso, ordenaré su arresto. Pero se retractará.

¿Cabe peor condena para un creyente que la excomunión?

¿Habéis leído sus escritos?

Lutero niega que Roma medie entre Dios y los hombres.

¿Qué valor dará a una amenaza procedente de alguien

cuya una autoridad no respeta?

Quizá no tema por su alma.

Pero la excomunión inicia el camino que conduce a la hoguera.

Los alemanes lo tienen por un héroe.

Y cuenta con el favor de grandes hombres como Federico...

Grandes hombres que han vivido demasiado tiempo

ajenos a la autoridad imperial.

Mi coronación les recordará su sitio y acabará con su audacia.

Salamanca, Segovia... Los levantamientos no cesan.

Y con mayor osadía, desde que partió el rey.

Si pensabais que esta llama se apagaría sola, desengañaos.

Si no actúo es porque la ruina de la Corona

me impide reunir el ejército que preciso.

- Tratad de negociar, entonces. - ¿Con qué potestad?

Habría de consultar con Carlos cada detalle.

Mientras los correos cruzasen Europa, los comuneros se harían con todo.

Necesito el auxilio de los señores de Castilla.

Solo si ponen sus huestes al servicio de la Corona,

podré apaciguar el reino.

Así se lo pediré. Y con ahínco.

Pero las revueltas se han propagado porque quienes podían frenarlas

no lo hicieron.

Habrá que ver si ahora se avienen.

Lo seguí discretamente.

Tras su encuentro con Adriano, el duque rindió visita a varios señores.

¿Qué ocurre?

La Corona busca el favor de la nobleza.

Dudo que la gane para su causa.

El desafecto de los señores hacia Carlos rivaliza con el nuestro.

El regente hará cuanto esté en su mano para que nuestro alzamiento

pase por una algarada sin otro fin que perturbar la paz.

Queremos un gobierno correcto para Castilla, no sumirla en el caos.

Y así lo hemos proclamado.

Fácil les resultará contradecir nuestras palabras.

Necesitamos el apoyo de alguien

cuya legitimidad ningún castellano de bien cuestione.

La reina Juana.

(SUSPIRA AGITADA)

- ¿Queríais verme, alteza? - ¿Dónde están las joyas que faltan?

¿Y el dinero? Guardar este lugar no os da derecho sobre mis bienes.

Sé de este hurto, pero no me atreví a denunciarlo.

Señalar al rey como ladrón me habría traído problemas.

¿Cómo osáis acusar a mi hijo de tal bajeza?

- ¡Ordenaré que os detengan! - (RÍE)

¡Respetad a vuestra reina, desgraciado!

- ¡No! - ¡Soltad a su alteza!

La hemos encontrado en la cámara del tesoro de Moctezuma.

¡Señor, teníais razón!

Es mucho más grande de lo que jamás pudimos imaginar.

¡Dios ha bendecido nuestra osadía con un mar de oro!

Si alguien le pone una mano encima, yo mismo se la cortaré.

Nada sino la promesa de riquezas nos ha hecho seguiros.

Promesa que se verá cumplida. Pero no antes de gobernar este lugar.

¡Señor, son millones! ¡Jamás podremos someterlos!

Es un milagro que despertemos cada mañana. Vivimos temiendo su ataque.

¡Tomemos el oro y huyamos para no volver!

Aquí ya no cabe mayor conquista.

Si algo debéis temer es desobedecerme.

(AGUILAR) ¡Capitán!

¡Capitán!

Mi señor, malas noticias. Cuatro de los nuestros han sido muertos.

- ¿A manos de quién? - De emisarios de Moctezuma.

¡Condenado salvaje!

Nosotros seremos los siguientes si nos quedamos.

Buscad vuestros aceros y seguidme.

Repique de campanas en el exterior

(CONSAGRA AL EMPERADOR EN LATÍN)

(CONTINÚA LA CEREMONIA EN LATÍN)

(EL ARZOBISPO ACABA LA CEREMONIA EN LATÍN)

Os arresto en nombre de la Corona de Castilla.

Nos vendíais concordia, y vuestros hombres asesinaban a los nuestros.

Nada sé de ese crimen.

Si es verdad lo que decís, os pido disculpas.

Cuatro vidas no se pagan con una disculpa.

Mientras no tenga la certeza de que no siguieron vuestras órdenes,

quedaréis bajo mi custodia.

¡Nadie roba la libertad del emperador!

Tras acabar con vuestra vida, vengaré a mis hombres.

Por cada español muerto, caerán cien mexicas.

Poneos bajo mi custodia:

tendréis el mejor trato y vuestro pueblo no tendrá nada por que pagar.

- (MALINCHE) ¡Cuidado! - Akmo.

Akmo.

Grave será lo que habéis de contar

para hacerme abandonar mi fiesta de coronación.

¿Cuán grave? Los rebeldes han tomado Tordesillas.

Se han puesto al servicio de nuestra madre.

Desean que reine. Sin vos.

¡Maldito Adriano! ¿Cómo ha podido permitirlo?

No esperéis autoridad de quien no la obtuvo.

Adriano es hombre sensato y leal.

Y vos gobernáis demasiados dominios para hacerlo en persona.

Vuestro recelo puede haceros perder las Españas.

¡Sea, sea! Le concederé más mando.

No perdáis la esperanza, señor. Pocas traiciones nacen de una madre.

He de escribir a Adriano. En soledad.

(SUSPIRA Y RESOPLA)

La he mantenido aislada por miedo a perder el trono.

Apenas la he visitado y, si lo he hecho,

ha sido para arrebatarle sus bienes.

Carlos, confiad... ¿Cómo voy a confiar?

Si cede, no será traición, sino un castigo merecido.

Todos detestan una cabeza anciana sobre unos hombros jóvenes.

Así me lo enseñó Erasmo. Pero mi cabeza es joven,

y tanto peso cargo sobre mis hombros que ya ceden como los de un anciano.

Disculpad mi error, reverencia.

Fruto de la impericia más que de la desconfianza.

Haced cuanto creáis oportuno

para evitar que los alzados nos enemisten con la reina

o la lleven a traicionarnos.

- Mi querido Enrique. - Estimado Francisco.

Los cronistas narrarán este encuentro durante siglos.

Dos reinos, en su día enfrentados por una guerra de cien años,

celebran ahora su armonía.

El miedo, la envidia, la avaricia, el odio y el orgullo.

Eliminémoslos y tendremos paz permanente.

¡Ah! ¡Petrarca! Pero recordad:

La paz más desventajosa siempre es mejor que la guerra más justa.

Erasmo. Acompañadme.

¿No le basta con la altura para quedar por encima de mí?

Hace unos años, nos reunimos para firmar una paz,

auspiciados por su reverencia.

En nada ha cambiado nuestra estima mutua. Pero sí lo ha hecho Europa.

Sellemos hoy este acuerdo y estemos en guardia ante los nuevos rivales.

Que todos sepan que el delfín y mi hija un día serán marido y mujer.

¿Cabría mayor garantía de amistad perpetua

que hacer oficial el compromiso entre nuestros hijos?

Seremos familia. Pensé que este momento nunca llegaría.

Me habéis complacido con mi más amado deporte.

No sabía tal cosa. Si os soy sincero, los he hecho venir para mi disfrute.

Yo también amo la lucha.

- ¿La practicáis? - Tanto como puedo.

¿Y vos?

¿Por qué no?

- Os recuerdo que odia perder. - Por envergadura,

apostaría por Francisco, pero un inglés embriagado es imbatible.

Bendita diplomacia, que los hará terminar en tablas.

(SE QUEJA) ¡Partimos!

Alteza, fue tan solo un juego. Volvamos al banquete.

- Ganadle al menos en magnanimidad. - ¡Está muerto para mí!

(RESOPLA)

Deberíais sentir la humillación de vuestro rey como propia.

Si es que discernís a cuál de ellos servís.

Ahorrádmelo, madre. Además, nada he arriesgado. El acuerdo está firmado.

Pero, ahora, Enrique está deseando quebrantarlo.

(RESOPLA)

Vengo a comprobar que nada os falte.

Tan solo el honor.

Y quiero recuperarlo.

Aún no se ha aclarado el crimen.

¡Como si de eso dependiese mi destino!

¿Cuánto oro queréis por mi libertad?

Por desgracia, soy más difícil de contentar que mis hombres.

Quiero que os declaréis vasallo de Castilla

y gobernar este imperio con vos.

Mi ofrecimiento no variará. Vuestra autoridad sobre los mexicas

será menor cada día que paséis bajo mi custodia.

Hasta que ni tan siquiera podáis negociar.

Anticipaos...

y buen provecho.

Dais cobijo a sus hombres y ahora también a sus dioses.

Callad. No debéis humillarlos para que los nuestros no sean aniquilados.

- ¿Por unas decenas de hombres? - Por el Imperio que hay tras ellos.

Si atacásemos, cruzarían el océano para vengarse.

Vuestro pueblo moriría sonriente bajo su acero.

Ahora, camina con la mirada baja.

Os sabe sometido al invasor y eso los quema por dentro.

El fin de lo que conocemos está escrito, Cuauhtémoc.

Solo intento que no sea con sangre.

¿Mi emperador se deja tratar como un animal?

Me retienen por la noche. Temen que escape.

¡Carecéis del orgullo necesario para hacer tal cosa!

(MOCTEZUMA) ¿Qué pensáis hacer?

¡Deteneos!

Gran honor nos hacéis acompañándonos. Presidid nuestra junta, mi señora.

Pues nos gobernáis.

Con estas palabras haremos saber que solo a vos nos sometemos.

Y que vos estáis conforme con ello.

Me complace que busquéis el bien del reino contra los que de él abusan.

Y que en mí os amparéis.

Mas, antes, deseo escucharos.

Mucho hemos anhelado que quien nos gobierne nos preste oídos.

Os lo agradecemos.

Firmará. Pero, mientras tanto,

haré saber al regente Adriano que somos uno con vos.

Será de gran ayuda, mi señora.

¿Sin nuevas de Castilla?

Llevo días sin que el sueño me visite.

Temo acostarme rey y levantarme derrocado.

Por fuerza, los correos han de perderse en Francia.

Saben de nuestros problemas y así los agrandan.

Entereza, majestad. Quien ahora os aguarda no ha de intuir debilidad.

(SUSPIRA)

Majestad. ¡Qué honor que me sea concedida

la primera audiencia del emperador!

Compensad el privilegio, sirviéndome en lo que os he de pedir.

Sabréis que Lutero no se ha retractado aún de sus herejías.

El plazo todavía no ha terminado. Aún quedan días.

¿No deducís de su silencio que se resiste a obedecer la orden de Roma?

Es vuestro protegido. Haced que entre en razón.

Mía es la universidad en la que él enseña, no su alma.

¿Os hacéis de menos?

Lutero responderá ante vuestra autoridad si esta es firme.

¿No veis que pone en peligro la paz en Alemania?

Nada me preocupa más que el destino del Imperio.

Entonces...

¿actuaréis en consecuencia?

No tengáis duda.

Ni se os ocurra flaquear.

¿Queréis que arriesgue mi vida por ideas con las que vos no comulgáis?

Librar a Alemania de los abusos de Roma me interesa tanto como a vos.

Ambos compartimos el mismo fin: que estas tierras sean soberanas.

Mi cruzada al servicio de vuestros anhelos políticos...

¡Y estos al servicio de vuestra cruzada!

La conjunción de ambos hará el movimiento imparable.

Mas solo uno de nosotros será condenado a la hoguera.

Todo lo que ambiciono depende de que lo que habéis iniciado no tenga fin.

Seguid adelante. Y me desviviré por protegeros.

Os doy mi palabra.

- ¿Nuevas? - Desde Dueñas.

Los siervos del marqués de Buendía se han rebelado contra él.

Y lo han hecho en nuestro nombre. El ejemplo ha cundido en otros señoríos.

- Dios está de nuestro lado... - Decís mal.

Esos hombres nos ponen en el aprieto de reconocer su lucha como nuestra

o no hacerlo. En ambos casos, erraremos.

¡Hemos de servirnos de ellos para ganar otras plazas!

María, si el enemigo cambia, nuestra causa se pervierte.

¡Para derrocar a un rey, hace falta la cólera de muchos hombres!

Y, en el corazón de cada uno, anida un motivo contra su señor.

En Dueñas, la ira ha levantado un vendaval que sopla a nuestro favor.

No cuestionéis las causas.

Si los apoyamos, nos enemistaremos con los nobles.

- Y su tibieza nos ha hecho bien. - ¡No es tibieza lo que necesitamos!

Sino empuje, para ganar terreno. Y lo obtendremos de las gentes.

De su rabia por sufrir abusos y hambre.

¡Harta estoy de juntas y de esperar la firma de esa reina alienada!

Lo ocurrido en Dueñas no ha sido en vano.

Ha llegado la hora de atacar.

El marqués de Astorga, el conde de Béjar,

el marqués de Villena...

Al fin, a vuestro servicio.

Protegiéndose bajo las faldas de la Corona

ahora que la revuelta amenaza sus bienes.

Muy bien habrán de servirme para que los perdone.

Los rebeldes han atacado Villalpando. ¿Cuáles son vuestras órdenes?

¡Que los nobles salgan de sus castillos

y den sosiego al reino de una vez!

¡Niego a Roma!

El papa promete al pecador la salvación de su alma

al cambio de dinero.

¡Las indulgencias son redes para pescar

las riquezas de los hombres!

Abucheos

Jan Hus

ardió en la hoguera.

Y puede que mis palabras me deparen idéntico destino.

¡Pero escuchadme, Anticristo de Roma!

¡Las vuestras se consumirán antes que mi carne!

Abucheos

¡Ese fraile demente!

¡Y ese traidor de Sajonia que lo ampara!

¿Qué opináis vos?

El duque alimenta el odio contra Roma porque quiere para sí

lo que ahora ha de compartir con el papa.

El dinero de los impuestos. Y las propiedades de la Iglesia.

Emanciparse de Roma lo pondría todo en sus manos, pero, ante las gentes,

es el defensor de su soberanía.

Así que, si arrestase a Lutero, los alemanes me verían como un tirano

a las órdenes del papa.

Tened a los príncipes contra vos y las consecuencias serán ser fatales.

¿Y si responden amenazando las fronteras de Flandes?

Si pierdo el favor del papa,

la amenaza de Inglaterra y Francia se extenderá a todas mis fronteras.

(RESOPLA)

Mi señora,

los grandes han lanzado un ejército sobre Villalpando.

Los nuestros nada han podido contra él.

Declarad que el trono os pertenece solo a vos

o los enemigos de nuestra causa no se detendrán hasta aniquilarnos.

¡Firmad de una vez, alteza! ¡O caerán sobre nos!

Os veréis de nuevo sometida.

Levantamos un reino, lo ponemos bajo vuestro mandato.

Os liberamos, ¿y aún dudáis?

Parecéis muerta en vida como tantos dicen.

- ¡Retiraos! - Con nuestras vidas,

defenderemos lo que a vos solo os hubiera costado una firma.

- ¿Por qué, madre? - ¿Pretendéis que derroque a Carlos?

En nada merece vuestra lealtad.

Os negáis a vos misma el mando que todos os han usurpado.

¡Vuestro esposo, vuestro padre y mi hermano!

¡Y ahora los rebeldes!

No seré de nuevo una llave para la ambición de otros.

Por vuestra absurda lealtad, vamos a seguir presas.

¿Esa condena queréis para ambas? ¿Para mí?

No puedo traicionar a mi propio hijo.

¡Llevadme con vos!

¡Llevadme! ¡Os lo suplico!

Asumiré el repudio de los míos. La muerte, si ha de llegar.

Mejor será que retornar a la vida que tenía.

El campo de batalla es mi lugar.

El vuestro, esperar a resguardo nuestra victoria.

Cuando esta se haga realidad,

gozaréis de la dignidad que os han negado.

¿Lo prometéis? ¿Aunque la reina nunca os ampare?

Os doy mi palabra.

Id y venced.

Alteza.

(CATALINA DE INGLATERRA) Querido sobrino y césar,

con pesar os informo de que mi esposo,

el rey de Inglaterra, selló graves acuerdos con Francia.

Mas os hago saber que tales los empañó el proceder de Francisco,

cuya jactancia infinita en mucho hirió a Enrique.

Grata sorpresa vuestra visita, majestad.

Nos honra recibir al flamante emperador.

Lamento, entonces, no daros tal satisfacción.

Pues quien ante vos se presenta tan solo es Carlos, vuestro sobrino.

Mi querida tía.

Apenas hemos tenido tiempo a preparar nada para festejar vuestra llegada.

Me aliviáis. La gloria imperial es un disfraz engorroso

y hacer gala de ella, una impostura que agota.

Descansad.

Nos reuniremos con vos cuando os hayáis recuperado del viaje.

Os lo agradezco.

Lo que Francisco debería envidiar no es su Imperio, sino su talante.

Tenéis razón, alteza. Sin embargo...

Resulta llamativo que quien desdeña la gloria

se haya arruinado para obtenerla.

Dado que no os place el emperador, no tendréis que sufrirlo.

Os dispensaré de nuestra reunión.

Si dejase de tratar con quien no me agrada, mal canciller sería.

Lo sois cuando me sugerís acuerdos movidos solo por vuestra ambición.

Aprovechad el receso para contar el oro que os llega de Francia.

Me aflige que sea Francisco y no Carlos quien tenga descendencia.

Hubiera preferido casar a nuestra pequeña con un hijo suyo.

Veis un revés donde hay lugar para el provecho.

No vuelven.

¿Os quedan joyas, madre?

¿Qué tramáis?

Si los rebeldes no vencen,

hay una forma de ser libres, sin que vos caigáis en traición.

¡Huyamos!

- ¿A dónde? - ¿Qué importa?

Con caudales, pronto estaremos lejos.

Yo soy la reina, no puedo evadirme.

Regresaremos. Pero solo cuando Carlos nos haya asegurado una vida digna.

Perdonadme.

No ensalzaré vuestra cerveza existiendo la inglesa,

pero ¡Dios maldiga el vino francés!

Eso pretendo:

que lo que yo os ofrezca torne indeseable lo que os brindó él.

Decid. Puedo yantar y negociar al tiempo.

Rechazad la alianza que os propone.

Gustoso lo haría,

pero perdería el compromiso de mi hija y lo lamentaría.

No, si no es a cambio de otro.

Bien sabéis que no tengo hijo varón.

(CATALINA TOMA AIRE) Mas... vos lo sois.

¿Queréis que me comprometa con la princesa María?

Apenas tiene cuatro años. Habría de esperar una vida para desposarla.

Francisco planea atacaros.

Vive obsesionado con vuestra victoria.

Su sed de venganza es irracional.

Ya no es rey de Francia, es rey contra vos.

Confío en que no pretendáis atemorizarme para ganar mi voluntad.

Creedme.

Aveníos a nuestras condiciones.

Y aislemos al francés con nuestro acuerdo.

Feliz acepto ser vuestro hijo. Mas, si Francisco me atacara,

vuestras tropas se unirían a las mías para defenderme.

La familia es el lazo,

la política, el precio.

Sea.

¡Majestad!

Donde veis un almuerzo hay un consejo. Habréis de esperar.

Pensé que os complacería saber que Tordesillas ha sido recuperada.

(SUSPIRA)

Me arrebata un imperio y, ahora, un aliado.

¿Qué mal le he hecho a Dios para merecer a Carlos?

¿Acaso os obligó él a humillar a Enrique?

Solo eso lo ha puesto a su favor.

Mi orgullo no es algo de lo que pueda desprenderme a voluntad.

Será, entonces, vuestra condena.

No.

Será la llave de mi victoria.

Pues solo quien se niega a perder

podría atreverse a lanzar sus tropas contra a todo un imperio.

Os presento al nuevo archiduque de Austria,

mi hermano Fernando.

El título os engrandece, pero también os carga de deberes.

Graves son los apuros en estas tierras.

Por ello, necesito auxilio para guardarlas cuando esté ausente.

Y, para ello, en vos confío.

Daos a conocer.

Música cortesana

Juro obedecer y cumplir los mandatos del rey Carlos de España.

Con quien aquí lo representa, Hernán Cortés, gobernaré estos dominios.

Cumpliré mi palabra si vos hacéis lo mismo.

He jurado protegeros de quien se rebele contra vos. Y así lo haré.

Y gozaréis de las mayores dignidades.

Vuestros súbditos no verán humillación en vos.

Quiero su contento, porque solo eso mantendrá la paz.

Empezad por contentarlos celebrando la festividad de las lluvias.

Así será.

¿Las mujeres en vuestra tierra también usan flores?

Sí,

pero lucen mil veces menos hermosas.

Las flores que allí nacen son mal pasto frente a las que aquí abundan.

Cuando habláis de Castilla, imagino un campo abrasado y triste.

Puede que la recuerde con dureza.

Pero así rige el amor:

envileciendo lo que se conoció antes.

Esta tierra me ha hechizado.

Y vos a ella.

O no habríais llegado a gobernarla.

En ninguna otra lo haría con más orgullo.

Ha estado bien cruzar un océano y mil desvelos para encontrar mi sitio.

Tormenta

La fiesta de las lluvias.

(AGUILAR) ¡Mi señor!

Han enfebrecido. Parecen poseídos por el maligno. Y aún más los nuestros.

Creen que los mexicas se preparan de esta guisa para atacarnos.

¿Qué decís? ¡Calmad sus desvaríos!

Tarde. Ya se dirigen al palacio.

Quieren hacerse con el tesoro antes de que caigan sobre nosotros.

Haced por detener a los nuestros.

(MOCTEZUMA SOLLOZA)

¿Esta es la paz que traeríais?

¿Saquear mi tesoro y abrir las entrañas de mi gente?

¡Era una fiesta!

Castigaré con la muerte a los culpables.

Pero detengamos antes el caos que reina ahí fuera.

La ciudad entera es un campo de batalla.

¿He de negarles el derecho a vengar esta masacre?

Me sometí a vos para impedirla. ¡Nada os debo!

¿Permitiréis que decenas de muertes se conviertan miles?

¿Valen acaso menos las vidas que aún podemos salvar que las ya perdidas?

¡Gobernamos este Imperio! ¡No podemos rehuir nuestro mando!

¡Ahora menos que nunca!

Los culpables de esta matanza serán ofrendados a los dioses.

Y los demás españoles vivirán aparte. Para que jamás se repita algo igual.

Ahora, sabéis que habrá justicia.

¡Que cese, entonces, la violencia!

Sigo siendo vuestro emperador. Y, como tal, habéis de obedecerme.

Yo he visto sus ojos.

- Y son los de un traidor. - Me sometí para salvaros.

¿Pero qué es lo que no entendéis?

¡Para salvaros!

¿Eh? (GRITA DE DOLOR)

¡Deteneos!

Os prometo que devolveré la paz a este lugar.

Vuestros hombres serán los míos.

- Os doy mi palabra. - ¡Capitán! Solo queda la huida.

- Caen sobre nosotros. - No abandonaremos este lugar.

O escapamos o esta será nuestra última morada.

¡Señor!

Teníamos una palabra para vuestro imperio:

paraíso.

He decidido atacar al emperador por varios frentes.

Bastantes amenazas acechan ya nuestras fronteras, señor.

Os ven como el único obstáculo que se interpone entre ellos y el tesoro.

Media España se ha alzado contra él.

Y la nobleza alemana no se lo va a poner fácil.

En Burgos, todavía hay muchos fieles a nuestra causa

y podemos reconquistarlo.

Pensaba que pronto podría comunicar a su majestad

que Castilla volvía a estar en paz.

Padilla ha reorganizado sus fuerzas y eso ha alentado a los rebeldes.

El papa quiere saber por qué todavía no he hecho nada contra Lutero.

Prometedme que volveremos a vernos.

- Decidme, padre. - Prometedme que no os casaréis

hasta haber desposado a vuestra hermana con el emperador.

La guerra que nos enfrenta solo puede terminar de una manera:

con la victoria de la Corona.

¡Es mi esposa, Maldonado!

El futuro de Francia está en juego.

Me estáis pidiendo que censure al mismísimo rey en un asunto de guerra.

Nadie, excepto Dios, ha de juzgaros.

Deseo regresar a Castilla.

¡Quieren que pague la soldada de sus ejércitos!

¿Os retractáis de esos escritos?

Quien levante su espada contra mí o contra alguno de los míos ¡morirá!

Francia nos ataca.

Aquí está lo acordado.

¿Os quedasteis con el dinero de Lautrec?

Una trampa...

¡He caído en una trampa!

Alteza, tenemos la oportunidad de ganar la guerra con una sola batalla.

Yo intercederé por vos y haré todo lo que esté en mi mano

por daros un marido a la altura de la reina de Portugal.

¿Quién es el candidato con más posibilidades de sucederlo?

(JUAN) Vos misma lo dijisteis: O César o nada.

¿Vos os atrevéis a reclamar respeto?

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  • Capítulo 5

Carlos, Rey Emperador - Capítulo 5

05 oct 2015

La atención de Carlos y de sus consejeros se centra en su próxima coronación como emperador del Sacro Imperio. Sin embargo, en Castilla ha prendido la mecha de la revuelta contra él y clama por extenderla a todos sus dominios españoles. Con ese fin, los comuneros se plantean devolver el poder a Juana, la madre del rey, a quienes consideran como reina legítima de Castilla.

 

A pesar de todo, y ante la amenaza de una coalición de Francia e Inglaterra –bendecida por Roma– para cercenar su creciente poder, Carlos decide partir. Tendrá que valerse de su instinto para atajar la confluencia entre Francisco I y Enrique VIII.

 

Al otro lado del océano, los esfuerzos de Hernán Cortés por atraerse a Moctezuma fracasan por dos motivos: el ansia de oro de los españoles y la oposición de los vasallos del mexicano. El intento de Cortés termina en carnicería.

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  1. Carolina

    Hola me encanto Isabel y por eso me enganche con Carlos, sin embargo hace semanas que la quiero ver y el video se queda pensando, hay fecha de solución, busco los capítulos y no están completos :(

    30 ene 2016
  2. Enrique Gonzalez

    Jeronimo de Aguilar no hablaba Nahuatl (la lengua de los Mexica) hablaba maya. La Malinche hablaba ambas lenguas y muy pronto aprendio castellano. Es por ello que se volvio impresindible para Cortes.

    16 ene 2016
  3. Marcelo

    Excelente producción. Los personajes están muy bien caracterizados. Lo único que faltó es mostrar que Cortés fue apoyado por parte de los indígenas americanos enemistados con los aztecas.

    07 dic 2015
  4. Lety

    Que tve sea mas responsable con sus televidentes en el extranjero. Estoy en Canadá (montreal) y es un placer poder tener algo en español :(

    06 nov 2015
  5. Catherineq

    A los que os dan problema para ver los capítulos, probad a usar Chrome como navegador (a mi, no me funcionan en Explorer, algo habrán cambiado en la configuración, pero me van perfectamente en Chrome...)

    20 oct 2015
  6. akatombo

    hola por favor digan si podré seguir la serie, vivo en Japón y el capitulo 6 no se puede mirar,ya les escribí por Facebook,incluso les envie mensaje pero sin respuesta , gracias

    18 oct 2015
  7. Aldara Fernández

    Los vídeos no funcionan desde hace una semana. ¿cuándo piensan que podrán solucionar el problema? gracias

    13 oct 2015
  8. Juan

    Aqui en EE UU ya hay varias paginas web pasando las series y cobran por capitulo.

    12 oct 2015
  9. Avatar de Eric J Cardona Eric J Cardona

    Por alguna razón los programas de la Serie Carlos al igual que los documentales no funcionan en su web site. ¿Podrían explicar el porqué de esta falla? Ya llevan una semana del cual no funcionan los videos de RTVE. Gracias.

    10 oct 2015
  10. Príncipe Católico

    Me encanta Carlos V, Rey Emperador. Ya habia visto la serie de ISABEL y me enamoró. Estoy encantado de que sigan con estas series historicas que tanto nos enseñan y con las que verdaderamente disfrutmos. Gracias por vuestro trabajo, esfuerzo y dedicación a todos los actores, directores, guionistas, caracterizacion. Seguir asi. Enohorabuena. Un saludo desde Asturias.

    09 oct 2015
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