www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
3277418
No recomendado para menores de 12 años Carlos, Rey Emperador - Capítulo 2
Transcripción completa

- ¡Que vienen los turcos! - (CISNEROS) ¡Un año aguardando!

Ahora, se burla de quienes envié a su encuentro y desembarca en otro sitio.

(SARCÁSTICO) Ahora debo temer a Carlos de Habsburgo, mi vasallo.

Carlos es el hermano mayor y legítimo heredero. Así lo decidió Isabel.

- ¡Dijisteis que serían mis reinos! - ¡Olvidadlo!

(CATALINA) Podéis considerarme la esposa de don Hernán Cortés.

El gobernador de Cuba ha tenido noticia de unas tierras

cuyas riquezas en nada son comparables con lo ahora conocido.

Señor duque de Borbón, mi buen amigo Lautrec

ocupará vuestro puesto como gobernador de Milán.

Un buen rey no se deja gobernar por sus pasiones.

Y Francia merece el mejor, no un tirano.

(ADRIANO) Un partido crece en torno a vuestro hermano,

alentado por la reina Germana.

¿Piensan oponerse a una sucesión legítima?

La proclamación en Bruselas ha mermado tal legitimidad.

Siendo rey de Aragón, podríais presentaros en Castilla

como valedor de los derechos de la reina

- y reclamar una regencia. - Recibid a vuestros hijos.

Es mi conformidad, pues yo soy la única que tiene tal potestad,

que gobernéis en mi nombre los reinos que también os pertenecen.

Decid a su alteza que muero rogando por él.

Acudid a la corte cuanto antes, con suficientes hombres armados.

¡Decidid si queréis ser recordado como buen hijo o como buen rey!

¡Alteza! Vuestro hermano desea entrevistarse con vos.

Somos una familia. Así han de verlo todos.

- (CHIÈVRES) ¡Viva el rey! - (TODOS) ¡Viva!

Música

Música solemne

Con parecidas miradas, debieron recibir a César en Germania.

Y terminó conquistándola, mi señor.

¿He de hablar?

Solo jurar y recibir obediencia.

Estad tranquilo.

Nos, que valemos tanto como vos,

os hacemos nuestro rey y señor,

siempre que guardéis nuestros fueros y libertades.

Y, si no, no.

Juro.

¿Habéis de ser vos la primera?

- Alteza... - ¿Quién os permitió usar este lugar?

- ¡Es mi cámara! - Lo ignorábamos, alteza.

Pero ha sido elegida para alojar al rey.

Ya que lo hacéis sin consultarme, ¿no merezco que se me prevenga?

Os ruego que entendáis vuestro sacrificio.

No sé si me han jurado lealtad o me han perdonado la vida.

Lo importante es que, cada día, sois más rey que el anterior.

No veo en eso alivio alguno. Castilla se me antoja ingobernable.

Terminadas las sesiones de Cortes, regresaréis en contadas ocasiones.

- Han de financiar nuestro regreso. - Descuidad, lo harán.

¿Cómo podéis estar tan seguro?

Con lo que ha costado arrancarles un gesto de obediencia...

¡Imaginad sus reales!

Os garantizo que afianzaré vuestro poder

y que saldréis airoso de esas Cortes y de Castilla.

Solo preciso que confiéis en mí.

Poco pedís, si sois capaz de conseguir tanto.

¡Apartad!

¿Qué le habrá puesto de tan mal ánimo?

Sin querer, además del trono, le hemos arrebatado el lecho.

Como sabéis que le he encargado un nuevo proyecto al maestro,

apuesto a que tenéis unos cuantos aplausos y unas muecas de admiración.

Mas, hoy, no será suficiente con eso.

Vais a conocer el germen de una construcción inigualable.

Leonardo, por favor.

Le Romorantin no será un palacio,

será una ciudad.

¿Se postulará vuestro hermano para gobernarla?

Cuando resulte evidente que Milán le queda grande, quiero decir.

Compartid con nosotros vuestras impresiones, condestable.

Ingeniosas han de ser, para interrumpir al maestro.

Elogiaba lo acertado de la situación, majestad. Idea vuestra, sin duda.

Una elección extraordinaria.

Tal es la grandeza de Francia.

Cada cosa acaba en el lugar que se merece.

Continuad, Leonardo, por favor.

La futura capital del reino contará con su propio río navegable,

que la abastecerá de agua para los más diversos fines.

(LEONARDO) Habrá hermosas fuentes y grandes piscinas,

que servirán para celebrar torneos acuáticos.

(LEONARDO) Y caballerizas con un sistema único de limpieza.

Y un pabellón de caza...

Nada proporciona más placer a vuestro hijo que humillarme en público.

No estéis tan seguro.

Pero debería halagaros que se emplee en ofenderos.

Solo le incomoda quien puede.

¿Cómo se encuentra mi prima, vuestra esposa?

He sabido que los primeros fríos le han hecho mella.

Pareciera que preguntáis esperando oír una desgracia.

Elegisteis bien en desposarla a ella.

Yo no hubiera podido proporcionaros el ducado de Borbón.

Más de una vez, me he preguntado

por qué renunciamos a todo, solo porque os casarais.

Por decencia, señora.

Y, si la regente Ana descubriese que traicionaba a su hija...

¿Conmigo?

Yo habría perdido el ducado y, después, la vida.

(LEONARDO) Reportaría 125.000...

¿Cómo se encuentra el conde, vuestro esposo? Hace tiempo que no le vemos.

Asuntos domésticos lo retienen en sus dominios.

Pronto nuevas obligaciones reclamarán su presencia. Estoy segura.

Y todavía más lejos de la corte.

Mi esposo así lo querrá.

Será un honor para el mío complacer cualquier petición de su alteza.

Lleváis poco entre nosotros.

Aunque habéis demostrado que sabéis desenvolveros con envidiable soltura.

Sin duda, las hay más frescas y hermosas.

Pero pocas tan singulares como vos.

Señora, temo no ser capaz de apreciar tanto halago.

Aprenderéis.

Todas lo hacen.

27 son las damas que mi esposo mantiene y entretiene,

mientras 27 consentidores se benefician.

Sois una entre 27.

Pero el rey solo tiene una esposa.

Y le debe la corona que porta en sus sienes.

Conozco bien cuál es mi posición.

Si ambas sabemos cumplir nuestro cometido,

no habrá discordia entre nosotras.

Sin embargo, la madre de su alteza...

Cuidaos de ella.

Os lo agradezco.

Sé cuánto aprecia a su hijo.

Recoged todo esto.

Esta noche, espero a mi esposo.

Excelentísima señora de Beaujeu.

Con hondo pesar, me veo obligada a informaros de que,

mientras vuestra hija Susana padece en su lecho,

su esposo se entretiene con la madre de su alteza, mi señor.

(CORTÉS) Esta es mi propuesta: rodear el Yucatán.

Si esas tierras nos han sido negadas, habrá otras igualmente ricas.

Y ya cuento con el plan de la expedición.

¿Alguna vez os han prometido tanta riqueza sin dispendio alguno?

- Yo sí. Asumiré todos los gastos. - ¿Con qué dinero?

Venderé mis bienes y eso bastará para hombres y navíos.

- ¿Nuestros bienes, Hernán? - Permiso para zarpar, gobernador.

Es lo único que os pido. Los medios y el esfuerzo correrán de mi parte.

Paciencia, Cortés.

Castilla aún ha de resolver la queja sobre el Yucatán.

¡Desistid!

Que el almirante de Flandes las disfrute. Busquemos ya otras tierras.

¿Y si las que encontráis son pobres? ¿O las habitan caníbales?

- (CORTÉS, BURLÓN) Caníbales... - ¡Ni siquiera tenéis certeza de que,

- más allá del Yucatán, haya algo! - Siempre hay algo.

Puesto que insistís, lo estudiaré.

Pero no hagáis nada mientras la Corona no responda.

Entretanto...

podéis aprovechar la espera.

¿Acaso no pensáis tener descendencia?

(VELÁZQUEZ RÍE CON MALICIA)

Sea este un secreto entre ambos, Grijalva.

Y no os atreváis a modificar ni un solo cálculo de la expedición.

No podréis mejorarlos.

Recibid mis sinceras disculpas por haber ocupado

la que era vuestra cámara en la corte.

Cuestión ha sido de mala fortuna.

Confío en que sepáis perdonar la ofensa.

Sabría que está olvidada, si aceptaseis mi invitación.

¿Carlos os ha invitado a salir de caza con él?

- ¿Qué le habéis respondido? - Nada. Aún.

Demasiadas molestias para reparar una ofensa.

- ¿Qué querrá? - No vayáis.

Pensaría que me he vuelto contra él.

Quizá vuestro hermano envidia la estima que Castilla os concede.

- Yo, en vuestro lugar, no iría. - ¿Sería capaz de acabar conmigo?

¡Le he jurado lealtad! ¿Qué más debo hacer?

Aun de rodillas, le seguís haciendo sombra.

Alteza, ¿por qué mató Caín a Abel?

Por celos.

Rechazad mi advertencia si os parece vana,

pero ¿acaso conocéis a vuestro hermano?

No trae escolta.

Retiraos.

Ladridos

Alteza.

Alteza.

Una mañana fría.

Decid: ¿qué se caza en estas tierras?

Zorros, venados,

- jabalíes... - ¿Jabalíes?

¿Es un arcabuz alemán? ¿De los que ya no precisan mecha?

Así es. Los fabrica para mí un armero de Núremberg.

Si queréis, lo guardo. No deseo partir con ventaja.

Yo conozco estos montes mejor que vos.

Una ventaja contra la otra, mi señor.

Un favor os he de pedir.

Llamadme Carlos.

(CHIÈVRES) El obispado de Coria,

8.000 ducados.

Algo menos, el de Tortosa. ¿Habíais valorado ese cargo para vos, no?

- El de Toledo también está vacante. - Me temo que ya tiene dueño.

- Mi sobrino, Guillermo. - ¡Por favor, señor mío!

¡Un poco de sensatez! ¿Qué tiene? ¿20 años?

La Iglesia de las Españas en manos de un flamenco

que ni se molestará en venir. ¿Cómo podéis pensar tal cosa?

Cierto que es un cargo de mucha de responsabilidad y enorme poder.

¿Preferís ponerlo en manos de un castellano?

La mayoría nos quiere fuera.

Y, por si fuera poco, el arzobispo de Zaragoza se ha postulado.

- ¿El bastardo del rey Fernando? - Imaginad la amenaza.

Somos políticos, no filántropos.

El nombramiento soliviantará a los castellanos.

No es el temor virtud en un gobernante.

Pero sí la prudencia. Debemos esperar.

Anunciad ese y el resto de los nombramientos tras las Cortes.

Si nos negaran el préstamo, ¿cómo se mantendría la Corona?

¿Cómo podríamos regresar a Flandes? No conviene arriesgarse.

Esperemos.

Esperemos, pues.

No sé qué me ocurre hoy.

Ese cañón vuestro hace un ruido del demonio. Asusta a las presas.

En Malinas, he cazado ciervos de 30 puntas con él.

Gracias a Dios, hay quien llene nuestras despensas.

Será mejor rendirse.

Me apena enclaustrarme de nuevo.

- Aún quedan horas de luz. - Si no queréis regresar aún,

seguidme.

(CHIÈVRES) ¿De caza con el infante?

¿Habéis dejado a su alteza a solas con él?

¿Sin escolta?

Desde ahora, me tendréis al corriente de cada cosa que haga.

O pagaréis por haber arriesgado la vida del rey.

- Sabréis nadar, supongo. - Está nevando.

¿No os atrevéis?

Tenéis más sangre de Austria que de Aragón.

Por supuesto que me atrevo.

El frío no me asusta, viniendo de donde vengo.

(GRITA)

¿Fernando?

Decid a vuestra señora que comparezca de inmediato ante mí.

No será necesario.

Vuestro bastón ha advertido de vuestra presencia a todo el palacio.

¿A qué debo el honor de esta visita?

Nunca esperé de vos decencia alguna.

Pero aprovechar que la salud de mi hija empeora para acechar a su esposo

os convierte en una alimaña.

Si prestáis oídos a la maledicencia, no seré yo quien pague por ello.

¡Tened el decoro de no mentirme!

Como gustéis.

Desengañaos.

Se lleve Dios a Susana o no,

jamás dispondréis del patrimonio de los Borbones.

- Tengo derecho sobre su herencia. - Si no hubiera heredero varón.

¿Aún lo creéis posible?

El cuerpo se resiste a la preñez tras malograrse ya diez embarazos.

¡Ni tendréis al duque ni tocaréis la herencia!

¡Por encima de mi cadáver!

- Lamento haberos puesto en riesgo. - Descuidad.

Nada cuesta velar por quien comparte sangre con uno.

(SOPLA)

(SUSPIRA) Ojalá hubiera podido con nuestra hermana Catalina.

¿Cómo se encuentra?

¿Por qué decidió encerrarlas?

- ¿Tan despiadado era Fernando? - No ofendáis su memoria.

Jamás hubo hombre más justo. Sus razones tendría para hacerlo.

Razones de rey, que no de padre. De rey cruel.

¿Y vos creéis que no lo seréis?

Antes o después, todos los reyes han de ser despiadados.

Dejad que me consuele achacándole faltas. De él solo escucho alabanzas.

Las merece. Ojalá lo hubierais conocido.

Suya es la culpa de que las gentes de aquí me rechacen.

Pues les inculcó el amor hacia vos.

Me contó que, en Castilla, lo tomaban por extraño, por ser aragonés.

Igual que a vos por ser de Flandes.

Y hubo de ganárselos. Creedme.

Seguid su ejemplo.

Pensé que Fernando os había acompañado.

Está siendo atendido por mi galeno. Nada grave. Descuidad.

¿Ha sido provechosa la jornada?

¿Algún faisán?

- No acostumbro a cobrarme aves. - ¡Lástima!

Un buen faisán es el único aliciente que le encuentro a la caza.

Yo pretendo salir a diario.

Mientras tanto, alteza,

¿quién gobernará vuestros reinos?

Por fortuna, tengo consejeros que me ayudan.

Deberíais tomar ejemplo de vuestro abuelo.

Nunca permitió que gobernaran por él.

Mi abuelo está muerto.

Dios lo tenga en su gloria.

Ahora, el rey soy yo.

Pero... Mi señor...

¿Cómo os encontráis?

Vuestro alarde en la jura solo era el comienzo, por lo que veo.

No sabía que, al renunciar a la Corona, perdería vuestro favor.

- ¡Pero de nada os sirvo ya! - ¿Y de qué sirvo yo?

Soy una viuda odiada por los leales vasallos de la difunta reina Isabel.

¿Qué será de mí sin el favor del rey?

Entendedme y apoyadme.

Pues, ahora, vuestro futuro es tan incierto como el mío.

Hacedla pasar.

Mi señor.

Tenéis razón.

Sois el rey y estoy segura de que tomaréis vuestras propias decisiones.

Y que lo haréis con sabiduría.

¿Os interesan los relojes?

Lo que hay en su interior, en particular.

Vuestro padre poseía uno que causaba gran admiración.

Lo desconocía.

Se lo regaló a vuestra abuela, la reina Isabel.

A su muerte, volvió a sus manos.

¿Y dónde está?

Temo que hubo de desprenderse de él.

¿Sabéis, entonces, cómo funciona?

Las horas vuelan montando y desmontando mecanismos.

Sois joven.

A mí me interesa más el tiempo que los ingenios para medirlo.

Disculpad. Debí haberos advertido.

Sois muy amable.

Os aseguro que reconozco a vuestro abuelo en vos.

¿Ya os habéis cansado de la condesa?

¿O acaso la guardáis bajo llave? Hace días que no se deja ver.

He permitido que regresara a Bretaña, junto a su esposo.

Pero, muy pronto, volverá a mis brazos.

¿Con la bendición del señor conde?

¿Sabéis que lo he puesto al frente de una compañía?

Un hombre sin honor ocupado en tarea tan honorable.

La esposa del condestable ha fallecido.

Enviaré una nota de pésame al duque de Borbón.

No. Yo misma comunicaré vuestras condolencias.

- Acudiré al velatorio. - ¿En calidad de rival?

En calidad de heredera.

Puerta

Veo que, esta mañana, estáis dando un respiro a los jabalíes.

Es mi voluntad presidir el consejo de hoy.

Por supuesto.

De hecho, un asunto requiere vuestro dictamen.

¿Un asunto de las Indias?

Desde allí, se ha recibido una queja

sobre la cesión del Yucatán al almirante de Flandes que firmasteis.

Procede del alcalde de Santiago, don Hernán Cortés.

Considera la decisión un abuso injusto.

¡Cómo se atreve a criticar con tan poco recato una orden real!

Resulta llamativo haber recibido una queja suya y no del gobernador.

Al fin y al cabo, fue este quien financió la exploración del Yucatán.

(ADRIANO) Su obediencia le honra.

La ofensa de ese Cortés no puede quedar sin castigo.

¿Lo depondréis de la alcaldía? ¿Le haréis volver a Castilla?

¿O le retiraréis las encomiendas?

Tomaos el tiempo que necesitéis para estudiar la cuestión.

(RESOPLA)

¿Qué tenéis?

Un mal presagio.

El silencio de Velázquez me inquieta.

Yo lo agradezco.

A mí, su palabrería me aburre.

Temo haber sido imprudente, Catalina.

- Vos sois osado, no imprudente. - No.

Quizá, haya sido un ingenuo confiándole mis documentos.

¿Teméis que se eche a la mar sin vos?

- (SUSPIRA) - No lo hará.

Si os arrebata vuestros sueños, me habrá quitado a mi esposo.

Y no lo permitiré.

Venid.

Que yo borraré esos malos presagios de vuestra cabeza.

Alteza, urge vuestra firma en estos decretos.

No os llevará mucho tiempo.

(SUSPIRA)

Estos nombramientos son numerosos.

¿Vuestro sobrino, arzobispo de Toledo?

Es un puesto clave en las Españas y hemos de mantenerlo bajo control.

Guillermo se dejará orientar y no hará mal uso de él.

Os garanticé que afianzaría vuestro poder.

¿Y esta es la manera?

Alteza, las Cortes de Castilla van a ser un reto para todos nosotros.

La oratoria no bastará para superarlo.

Hemos de llegar a ellas habiendo dado muestras de autoridad.

¡Qué hábil sois!

Con una sola firma, conseguís un beneficio para mí

y para vos.

He podido saber que estáis confraternizando con vuestro hermano.

No os ofenda que os diga que me gusta frecuentar a alguien de mi edad.

Comprensible, sin duda.

Además, hace falta savia nueva en Flandes.

¿En Flandes?

¿Habréis previsto que Fernando parta de Castilla en breve?

No encuentro motivo para ello.

No pongo en duda su lealtad.

Pero el infante encarna la esperanza de quien rechaza vuestra autoridad.

(SOPLA CON RABIA) ¿He de enviarlo al exilio

porque algunos descontentos fantaseen con proclamarle rey en mi lugar?

(RÍE) Lo que he de hacer es demostrar que puedo gobernar con buen juicio.

- Y venceré su resistencia hacia mí. - Alteza, nadie gobierna mejor

que aquel que solo lo hace en la imaginación de los hombres.

Vos pensadlo y comprenderéis que el infante debe ser alejado de la corte.

No tengo decisión alguna sobre ese Cortés.

Descuidad. Yo me encargaré.

Aún hay luz.

Salid.

Se os nota en el semblante la falta de ejercicio.

Rezos

Luisa, alteza...

Lo lamento, Carlos. Por ella y por vos.

¿La habéis visto?

Consuela comprobar en su rostro que se ha ido tranquila.

- Como fue siempre. - ¡Qué tragedia!

Tan joven...

Siempre me quiso más que yo a ella.

Eso pesa en la conciencia.

Fuisteis un buen esposo.

¿Acaso somos libres de elegir a quien amar?

Me alegra que hayáis venido.

No os dejaré solo en semejante trance.

Sabéis lo que siento por vos.

Espero que el testamento no se interponga entre nosotros.

¿De qué habláis?

Susana tuvo a bien legarme todo su patrimonio.

(SUSPIRA) No es posible.

No habéis tenido hijos varones. Parte de esos bienes me pertenece.

No me culpéis a mí. Así lo quiso ella.

¡Así lo ha querido su condenada madre!

(CHASQUEA LA LENGUA)

Por dignidad...

No permitáis que use la voluntad de su hija contra mí.

- Contra la Corona. - No puedo oponerme a sus deseos.

Y, además, no quiero hacerlo.

(INSPIRA) Vuestro luto no me conmueve tanto como para ser burlada.

Si os negáis a darme mi parte, llevaré la cuestión al Parlamento.

Hacedlo, pues.

Alteza...

Creí entender que no cazabais aves.

Hacía tiempo que no veía un faisán tan hermoso.

Gracias, mi señor.

(DUDA) Confío en que...

¿En qué?

(DUDA) En que tengáis un buen descanso.

¿Por qué no me acompañáis en la cena?

Mandaré guisarlo.

- Está terminando por gustarme. - (RÍE)

Aunque sigo prefiriendo la cerveza de Malinas.

El faisán tampoco os ha convencido. Apenas lo habéis probado.

Y se dice que sois de buen yantar.

Apenas tengo apetito. Espero no ofenderos.

¿Estáis enfermo, quizá?

Entonces, habéis de estar enamorado.

Cuando el amor toma el cuerpo, lo invade y no deja sitio al alimento.

¿Dormís bien?

El amor también nos desvela.

¿Quién quiere dormir, cuando la vida nos da lo que soñamos?

Caminamos como si...

Como si nos llevara el aire.

Y nos asombra que hayamos podido vivir sin aquel que...

(SUSPIRA) Ahora, es la razón de nuestro ser.

- Os amo. - No...

No... No me amáis.

Disculpad. El vino ha dado alas a mi atrevimiento.

¿A dónde vais?

No hace falta que me améis para quedaros.

(GIME)

(AMBOS GIMEN)

Vuestro abuelo os envió una misiva conminándoos

a que me honrarais en su ausencia.

Así es.

Nunca pensé que lo hicierais con tanto afán.

(RÍE)

(GIME)

No sé qué me ocurre con vos.

Tardo mucho en crear afectos con quien me es extraño, mas, con vos...

Nos une la soledad.

La que nos hacen sentir en estos reinos. (SUSPIRA)

Somos dos extranjeros en una tierra que desconfía del que viene de fuera.

(RESOPLA)

Parece que leáis mi alma.

Llevo años sintiendo lo mismo que vos.

¿No acaba nunca esta desconfianza?

Ha de haber alguna forma de ganarse a estas gentes.

Vos estáis en Castilla sin estar.

Encerrado con vuestros consejeros flamencos.

No deberíais cometer el mismo error que vuestro padre.

Apenas conozco castellanos en quien confiar.

Conocéis al duque de Alba, que tan leal os es.

Sería un gran consejero. Como también lo sería Fernando.

- ¿Mi hermano? - Por eso mismo.

No podríais concederle mayor privilegio que el de serviros.

De mi esposo aprendió lo que sabe sobre estos reinos.

Con él, os contagiaríais del afecto que aquí se le dispensa.

Ese que vos tanto necesitáis.

(INSPIRA PROFUNDAMENTE)

¿Qué pensáis?

Que quiero...

"honraros" de nuevo.

Intolerable. El arzobispado de Toledo en manos de un jovenzuelo extranjero.

Es lo más grave, pero no lo único. ¡Chièvres, tesorero del reino!

¿Y quién preside las Cortes? ¿Cuántos obispados se han repartido?

¡Diríase que el rey no ha venido a gobernar, sino a saquear Castilla!

¡Hagamos llegar a la Corona un escrito con nuestra protesta!

No contéis conmigo.

La codicia no nace del propio rey. ¡De ello estoy seguro!

- ¿Quién sino él firmó nombramientos? - Y, si no lo sabía,

entonces, es un títere en manos de sus consejeros ¡Valiente consuelo!

No niego el exceso y el desatino.

Si vos no lo negáis, el más leal de todos los señores,

¡figuraos la indignación de los demás!

¿Estáis seguro de que tal indignación nace de su preocupación por Castilla?

¿O de ver cómo se les niegan cargos que querrían para sí?

¡Basta!

No malgastemos entre nosotros el enojo que otros merecen.

Dejaos de escritos. El papel arde con facilidad.

Pronto se celebrarán las Cortes. Allí nos haremos oír.

No tendrán otra opción que arrepentirse de sus desmanes.

Alteza...

- Debéis parar este escándalo. - ¿Escándalo? ¿Qué escándalo?

Los nombramientos que ordenasteis han causado gran malestar.

Tanto por su número como por su índole.

Explicaos.

¿Acaso no pensasteis que se entenderían como una provocación?

No era esa mi intención.

Solo la elección del sobrino de Chièvres como arzobispo de Toledo

hubiera bastado para encrespar los ánimos.

Alteza, si las Cortes se os presentaban difíciles, ahora, más.

¡Os comprometisteis a anunciar los nombramientos tras las Cortes!

¿Cómo vamos a conseguir que nos financien?

- Lo harán. - ¡Insensato!

Teníamos a media Castilla en contra. Ahora, a toda ella.

Que bramen cuanto quieran. Su ira no traerá consecuencias.

El rey planea desterrar al infante.

Sin él, ¿qué harán los nobles con su rabia sino tragársela?

Si nos echamos atrás ahora, parecerá que a Castilla la gobierna

el ánimo de sus súbditos. No nosotros.

- Alteza... - ¿Por qué no se me ha informado

del malestar que han causado vuestros nombramientos?

No quería importunaros con una situación que solo yo he provocado.

De poco me sirve que os echéis la culpa.

Las Cortes son inminentes y vuestras decisiones no mejoran mi posición.

Yo hablaré por vos. Mía fue la decisión, mía la carga.

¿Por boca de quién os ha llegado esta cuestión?

Siendo cierto, poco importa el mensajero.

¿Obedecisteis mi orden de seguir los pasos del rey?

¿Y bien?

Majestad, os ruego que frenéis a vuestra madre.

¿Cómo ha sido capaz de llevar la herencia de Susana a los tribunales?

Se siente con derecho a una parte. Y nada puedo hacer contra eso.

Mas creedme si os digo que no la animé a dar el paso.

Se trata de la última voluntad de una muerta.

La Corona no puede verse implicada en pretensión tan indigna.

Y no lo está.

Será el Parlamento quien lo decida.

Me niego a entrar en este conflicto.

¿Me tomáis por necio?

¿Qué justicia puedo esperar de un pleito contra la madre del rey?

Pero sabed que no estoy solo.

Sé bien cuán poderoso sois, señor duque,

y en qué influyente regazo halláis refugio.

Mas ello no hará que cambie de postura.

Me impresionaron los planos de Le Romorantin.

¿Cómo han arrancado los trabajos?

La envergadura del proyecto impone cierta lentitud.

(SARCÁSTICO) Ah, ¿es por eso?

Pensé que se debía al paludismo que está acabando con los peones.

Quizá no fuese el mejor emplazamiento, después de todo.

No sabía de vuestra visita. ¿Os marcháis ya?

Tan solo pido lo que me pertenece.

Nada lamento más que vernos enfrentados.

Demostrad ese pesar cesando en vuestro empeño.

Esa...

es una petición que no puedo satisfacer.

Dice el rey sentirse muy honrado

por ser el nuevo gobernante de este reino.

Aun siendo numerosos sus dominios,

es Castilla el centro de su orgullo y de sus cuidados.

Reino grandioso en el pasado,

de gloriosas gestas y prestigio temible.

Mas el orgullo ha de ser mutuo.

Pues ha de envanecerse esta tierra de tener por cabeza un hijo de reyes,

nieto de emperadores y monarcas.

No ha sido el azar quien ha decidido su destino, sino Dios mismo.

Obedeciendo a su alteza, acatáis, por tanto, la voluntad divina.

Como quiere vuestro señor protegeros del turco que amenaza las fronteras,

os solicita

le concedáis de buen grado,

a devolver en tres años,

200 millones de maravedíes.

Pretendéis saquear nuestros bolsillos antes de escucharnos.

¿Os otorgáis el derecho de hablar en nombre de las Cortes de Castilla?

Sí. Pues he acordado con procuradores y señores nuestras reclamaciones.

Pedimos que ratifiquéis vuestro compromiso matrimonial

con la infanta doña Isabel de Portugal.

Pedimos que no salga oro y plata de Castilla.

Pedimos que el infante Fernando permanezca en el reino

hasta que el rey tenga sucesor. Y pedimos, no. ¡Exigimos!

que sean anulados todos los nombramientos concedidos extranjeros.

Alteza...

Atended todas nuestras demandas, pues recordad:

el rey es mercenario nuestro,

no al revés.

Aplausos

- Mercenario. ¡Qué osadía intolerable! - ¡Es culpa vuestra!

¿Acaso creéis que he buscado a sabiendas este conflicto?

No. Estabais demasiado ciego pensando en vuestros intereses para preverlo.

Mis intereses en nada difieren de los vuestros.

¡Todos me odian por ser extranjero! Muchos porque prefieren a mi hermano.

Y, si alguno dudaba, ¡vos lo habéis puesto contra mí!

Mis excesos son públicos, alteza.

Los vuestros, no.

Pero el escándalo que provocarían no se quedaría atrás.

- ¿De qué habláis? - De vuestra amistad

con la viuda del rey católico, vuestro abuelo.

(DA UN RESPINGO)

A nadie causo daño con mis actos.

Vos, con los vuestros, perjudicáis a quien debéis servir.

Si en tan poco valoráis mi labor, tan solo habéis de ordenar mi partida.

Calmaos.

Os han expresado sus deseos. Respetadlos en la medida que podáis.

Si su temor es que estéis saqueando el reino, actuad para desmentirlo.

Quizá debería negarle el Yucatán al almirante de Flandes.

Sería una decisión acertada,

pero es el abuso en Castilla, y no en Indias, lo que más les indigna.

Deshaceos de Chièvres. Es su avaricia y su soberbia

la que os ensucia. Y se os tiene por su títere.

Destituyéndolo, mostraríais autoridad

y haríais ver que sus defectos no los queréis para vos.

Meditadlo. Y no os preocupéis.

Velamos por vos.

A día de hoy, sois mi único contento.

Señora...

Querido Carlos...

No os apenéis por mí.

Sin mi hija,

para mí, la vida solo es pesar.

Dios es misericordioso en llevarme consigo.

Sabed que siempre estaré agradecido. Soy lo que vos habéis hecho de mí.

Y lo hice con un fin.

Prometedme que la Corona nunca os arrebatará lo que os concedí.

Que Francia siga teniendo dos reyes:

el que se sienta al trono y vos.

Buscad alianzas: matrimonios que os engrandezcan.

Entroncad con el imperio y Francisco habrá de inclinarse ante vos.

Jurádmelo.

Lo juro.

Hija...

Lo juro.

Elevemos una oración por el alma de la excelentísima Ana de Francia.

(SE SANTIGUA EN LATÍN)

(CONTINÚA EN LATÍN)

Dios se está divirtiendo a costa del duque:

le da todo arrebatándole a su esposa

y, ahora, lo desampara llevándose a su única valedora.

Sin ella, pronto el juicio se decidirá a vuestro favor.

Dadle gracias al Señor. Ha colmado vuestros deseos.

He decidido anular la concesión del Yucatán al almirante de Flandes.

Esa península y las nuevas tierras conquistadas serán gobernadas

por quien supo obedecer a la Corona: Diego de Velázquez.

Le dais, por tanto, la razón a ese rebelde de Cortés.

¿Os parece sensato?

Aquí está la amonestación que recibirá por su atrevimiento.

Que no entienda mi decisión como un éxito.

Tan solo quería informaros. No cambiaré de opinión.

¿Por qué no habéis alzado la voz, ya que la mía no quiere escucharla?

Castigando a terceros, apacigua su enfado con nosotros.

- ¿Hemos de quejarnos? - Pero el almirante de Flandes

nos garantizaba grandes beneficios como pago de la concesión.

Amigo mío, mayor es el perjuicio del que nos hemos librado.

¡Alteza!

Aguardaba vuestra invitación.

Los peores augurios sobre vuestro hermano

eran clementes frente a lo que finalmente ha sido.

Ya habéis visto el clamor. Castilla es una contra él.

Ha sido jurado, pero ningún castellano lo siente como rey.

Proclamad vuestra rebeldía y todos os seguirán.

Aún estamos a tiempo, alteza.

- Solo esperamos vuestra orden. - Os ordeno que seáis leal

a vuestro legítimo rey: mi hermano Carlos.

Suyo es el trono. De los castellanos, el deber de servirlo y obedecerlo.

Pero, alteza, ya sabéis de los desmanes de su gobierno...

Con firmeza os habéis quejado de ello en las Cortes. Sea ese el camino,

- no la traición - Alteza...

Hoy, vuestras palabras quedarán entre nosotros.

Pero, si volvéis a proponerme rebelión alguna,

recibiréis el castigo que la ley reserva a los felones.

Lamento decepcionaros.

Sé que estáis acostumbrada a encuentros más prometedores.

Carlos me hizo saber que estáis enterado.

Venís a dar vuestra opinión... supongo.

Si os soy sincero, os entiendo.

Todos miramos por nuestros intereses. Pero habéis cometido un error.

¿El de sacar a Carlos de la jaula en que lo habéis mantenido encerrado?

Vuestro influjo sobre él es fruto de la pasión:

tan rápido como ha surgido se desvanecerá.

El mío, sin embargo, forma parte de su persona.

Mencionabais un error...

Si queríais aseguraros un futuro próspero, debisteis acudir a mí.

Aprended de su alteza.

Obedeced mi voluntad y nada os faltará. Os lo garantizo.

- ¿A cambio? - No os inquietéis.

Tan solo deberéis poner fin a vuestros devaneos.

- ¿Y si me niego? - (RÍE)

Lo lamentaréis.

¿Cómo que la señora se ha ido?

¿Sin más? ¿Sin decir a dónde?

Vos diréis.

He porfiado por esa herencia y puede que la obtenga.

Pero únicamente saciará mi ambición. No mi alma.

La dicha solo será plena si os tengo a vos.

Cuando desposasteis a mi prima, mi corazón se detuvo. Lo di por muerto.

Pero ahora sé que aún puede volver a latir...

Por vos.

A nadie más he amado desde que enviudé, con 20 años.

Casémonos, Carlos.

Casándonos, pondríamos fin a nuestra disputa.

Y viviríamos aquello a lo que, en su día, tuvimos que renunciar.

Os sabía codiciosa y vengativa.

Pero ignoraba de vuestras dotes para el teatro.

¿"Amor" decís?

¡Ambición! Nada más.

Os juro que hablo con el alma.

¿Cómo creeros, cuando, con ese casamiento, mis bienes y yo

quedaríamos a merced del rey. ¿O acaso no es eso lo que pretendéis?

Mi grandeza es tal que la Corona jamás someterá al duque de Borbón.

Ahora que la sombra de Ana de Francia se ha extinguido,

es el momento de fortalecer la Corona para siempre.

¿Y no es posible esperar a mañana, madre?

¡El duque de Borbón desafía vuestra autoridad!

¿Vais a permitirlo?

(SE DESPEREZA)

Pretendéis que lo que empezó como un litigio cambie el rumbo de Francia.

Lo hará, si sois inclemente con él.

Si el ejemplo impide que vasallo alguno se alce contra vos.

¡Por poderoso que sea!

¡Humilladlo!

Arrebatádselo todo, mi césar.

¡Todo!

¿Es verdad? ¿Se ha pronunciado la Corona?

El Yucatán vuelve a estar bajo mi gobierno. Como también las tierras

que sean conquistadas en un futuro. Gran generosidad la de nuestro rey.

Resuelta la cuestión, partamos. En días, puedo disponerlo todo.

Nos esperan grandes riquezas, gobernador. No las hagamos esperar.

Estoy de acuerdo en la urgencia.

Pero, por desgracia, he de prescindir de vos.

Juan de Grijalva hará las veces de capitán.

¿Por qué?

¿Cómo poner al frente de una expedición a quien ha sido

- amonestado por su majestad? - ¿Amonestado?

Vuestras quejas sobre la cesión del Yucatán no han sido de su agrado.

Ambos enviamos querellas. ¿Por qué solo yo he sido castigado?

Lo ignoro. Mi reputación ha debido jugar a mi favor. No lo sé.

Entended que vos aún debéis haceros un nombre en Castilla.

¡Ese malnacido de Velázquez me ha vendido ante el rey!

¿Qué decís?

¡Ha usado mi protesta a la Corona ocultando la suya!

- ¿Por qué haría tal cosa? - ¡Para apartarme de la expedición!

Ese cualquiera de Grijalva ocupará mi puesto sirviéndose de mis cálculos.

Si el gobernador actúa así, es porque os teme.

¡Y más habrá de hacerlo! Vengaré esta traición. ¡Pongo a Dios por testigo!

Si lo tenéis como enemigo, jamás permitirá

que os pongáis al frente de una expedición.

¡No es nadie para permitirme nada!

Entre mis deseos y yo, jamás volverá a interponerse Diego de Velázquez.

Solo el destino.

El infante se niega a apoyarnos. Poco podemos hacer contra Carlos

si él rehúsa proclamarse en rebeldía.

Confío en que hayáis rezado hasta el alba

para que hoy se repare lo que causasteis.

Ya que soy un lastre para vos,

estoy seguro de que lo lograréis mejor sin mí.

Vuestra es la palabra.

Alteza, la sesión ha de comenzar.

Música de suspense

¡Esperad!

Os lo ruego.

En la anterior sesión de estas Cortes, triunfó un hombre.

No fui yo, sin duda.

Ni aquel que alzó su voz. Ni tampoco el rey.

La victoria fue para Solimán el Magnífico, emperador de los turcos.

Mientras se rebaten nombramientos aquí y se alimenta la desunión,

mientras dudáis de la legitimidad de vuestro rey,

Solimán se prepara para asestarnos un golpe mortal.

Alteza, las Cortes de Castilla os niegan el tributo.

Olvidaos de vuestra misión primera como rey cristiano.

Dejad las costas indefensas.

¡Que sus navíos sean asaltados y sus jóvenes raptadas!

¡Que se quemen las iglesias y se imponga la fe de Mahoma!

Castellanos, veis en el origen del rey un motivo de recelo.

Mas sabed que ya no existe reino alguno

que pueda defenderse solo.

¡Os amenaza un imperio!

Solo otro podrá defenderos.

Aplausos

Le darán el tributo y no volverán a alzar la voz contra él.

No desistáis tan pronto.

¿A qué responde todo esto?

Dada la demora del Parlamento en la resolución del juicio

sobre el testamento de vuestra esposa, que Dios tenga en su gloria,

la Corona ha decidido intervenir.

Ordeno, así,

que la parte de la herencia demandada por doña Luisa de Saboya

pase de inmediato y sin remisión a su propiedad

y el resto de los bienes consignados en el citado testamento

sean embargados por la Corona de Francia.

¿Con qué derecho me expoliáis?

(RÍE BURLÓN)

(SUSPIRA)

Con el derecho que se otorga el rey, para salvaguardar los intereses

de Francia frente al de cualquiera de sus vasallos.

No admito réplicas.

Marchad.

He hecho lo imposible por esconderme de vos.

Es difícil tener secretos para un rey.

Perdonadme por haber partido de tal modo.

Chièvres, supongo.

No es nada fácil negarse a su dictado.

Lo sabemos ambos. Y, hoy, también las Cortes.

¿Habéis conseguido el préstamo?

- Lo ha conseguido él. - (SUSPIRA, ALIVIADA)

Lo sé. Es codicioso e impulsivo.

Y me crea apuros terribles. Pero también los resuelve.

Incluso en esta tierra que me es hostil.

El día que no me compense su servicio, prescindiré de él.

¡Pero el rey soy yo, Germana!

Por eso, estoy aquí. Porque nadie decide por mí.

¿A cuál de los dos creer?

Si queréis que ejerza el mando, no neguéis que lo tengo.

Nada os ocurrirá si seguís a mi lado.

Os lo garantizo.

¡Alteza! ¿Venís a estas horas? Está amaneciendo.

Se os ve demasiado contento como para estar libre de pecado.

Mantenedme en la ignorancia.

¿Y vos?

Os noto preocupado.

Anoche, llegó una misiva de vuestro abuelo, Maximiliano.

Se dice inquieto por los discursos de un fraile alemán, un tal Lutero.

¿Qué prédica es esa capaz de inquietar a un emperador?

Critica con insolencia a Roma y sus indulgencias.

Y son muchos los que atienden sus soflamas.

Siempre ha habido polemistas y herejes.

El emperador teme que lo que aparenta ser un debate religioso

- acabe dividiendo Alemania. - ¿Se ha pronunciado el papa?

¡Cosas de frailes!, ha dicho, según vuestro abuelo.

- Ni siquiera lo ha excomulgado. - Sigamos su ejemplo.

Ignoremos la la cuestión hasta que se desvanezca por sí sola.

Ojalá sea así, alteza, pero...

El problema no es quién predica, sino cuántos lo escuchan.

Y cuánto quieren que cambien las cosas.

Quien se ve rodeado de gran número de adeptos se engrandece, quiera o no.

Y puede acabar derrocando a quien se cree intocable.

Relincho

Alteza...

Hermano.

Decid, ¿en qué puedo serviros?

Tengo un cometido para vos.

En Flandes.

Os necesito en aquellos dominios.

Viviréis en la corte y, nada más llegar, se os concederán prebendas.

¿Me enviáis al destierro?

¿Por qué?

¿En qué os he fallado? Os he sido leal una y otra vez.

Cada paso que he dado ha sido en beneficio vuestro.

¿Y así me lo pagáis?

No toméis mi decisión como un castigo.

Pues no tengo motivos para infligiros uno.

No tenéis defecto, Fernando.

Y eso es lo que os convierte en una amenaza para mí.

¡No me engaño! Reino contra la voluntad de muchos.

Y harán lo posible por que vuestra lealtad se quiebre

y aceptéis derrocarme. No puedo tomar ese riesgo.

¡Os amparáis en una traición que no ha existido para traicionarme vos!

Vos teníais razón:

antes o después, un rey ha de ser cruel.

Querida tía Margarita, os anuncio que pronto recibiréis

al infante Fernando en la corte de Flandes.

Es mi deseo que le sean dispensadas las mayores atenciones

y que se le acoja con calidez y respeto.

Enseñadle, y no tardarán en ser valiosos sus consejos.

Su marcha no es fruto de sus faltas. Pues, si existen, las desconozco.

Bien sabéis que gobernar pide a veces soluciones injustas, pero necesarias.

Nada me habría complacido más que haberlo mantenido a mi lado.

Como consejero.

Como hermano.

Yo, el rey.

Dijisteis que las Cortes nos escucharían con la mejor disposición.

Y lo han hecho, alteza. Pero tienen derecho a poner sus condiciones.

¿No os bastaba con lo que le habéis hecho a Fernando y a Catalina?

¡También tenéis que traicionarme a mí!

- ¡La gloria y el oro nos esperan! - (TODOS JALEAN) ¡Sí!

- ¿A vos no os ofende el rechazo? - Carlos me aceptará como esposa.

El rey de Portugal amenaza con exigir el reintegro de la deuda castellana

si Carlos no accede a casarse con su hija.

- ¿Qué esperáis de mí, señora? - El contrapunto de Chièvres.

Debéis mermar su influencia sobre Carlos.

Uníos a mí y os concederé el mando de uno de mis barcos.

Sois el el candidato natural para suceder al emperador.

Habéis de estar preparado.

¿Por qué habría de ser francés el sucesor de Maximiliano?

Porque contará con nuestro apoyo.

Cuidaos de Enrique y de sus secretas sus alianzas.

Pues amenazan con ser un difícil escollo

para vuestras aspiraciones al trono imperial.

No dejaré a Germana.

¿Estáis dispuesto a perder la Corona imperial por ella?

Las calles de Zaragoza se han teñido de sangre.

- ¿Dónde está el rey? - Señora, debemos dejar la ciudad.

(RESPIRA AGITADO)

Decidle a Francisco que aceptamos el trato.

Únicamente os recibo, para deciros que ya no estáis a mi servicio.

Sosegaos, madre. Carlos no será un problema.

(GRITA DE DOLOR)

¿Qué ocurre?

Alteza...

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 2

Carlos, Rey Emperador - Capítulo 2

14 sep 2015

El séquito de consejeros que acompaña a Carlos parece haber venido a la Península con el único propósito de saquear sus riquezas y repartirse los cargos, para regresar a Flandes a continuación. Ello provoca no pocos problemas al joven rey, que aún no ha terminado de asentar su autoridad. Para lograrlo, Carlos desea atraerse el favor de Fernando, el hermano al que nunca conoció, y desmantelar de este modo la causa de quienes lo apoyan. Con doña Germana, por su parte, trabará otro tipo de lazos afectivos: la viuda de Fernando el Católico trata de asegurar así su supervivencia en la corte del nuevo rey.

En Francia, el rey Francisco se ve envuelto en la disputa que su madre y el duque de Borbón mantienen por una herencia. Francisco aprovechará el entuerto para menoscabar al noble más poderoso del reino, de quien desconfía. El duque nunca lo olvidará.

En Cuba, el gobernador Velázquez se las ha ingeniado para poner en evidencia a Cortés ante la Corona, mermando sus posibilidades de encabezar la expedición a tierra firme con la que sueña.

ver más sobre "Carlos, Rey Emperador - Capítulo 2" ver menos sobre "Carlos, Rey Emperador - Capítulo 2"
Programas completos (17)
Clips

Los últimos 155 programas de Carlos, Rey Emperador

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Angelica Diaz

    Alguien me puede decir donde puedo ver la serie

    13 ago 2018
  2. Marcela

    Aun no se puede ver en Chile...por que?

    20 abr 2018
  3. Gina Menéndez de Cuesta

    Saludos desde Panamá. Imposible reproducir los capítulos. Ya bajé el App y nada

    03 jun 2017
  4. Carla Basantes

    Alguien puede ayudarme diciendome donde o como puedo ver la serie.

    17 may 2017
  5. Carla

    También tengo el mismo problema. Alguien me puede ayudar o donde consigo ver la serie. Muero por verla.

    17 may 2017
  6. Silvia

    No puedo ver ningún caíitulo en mi celular alguien sabe porque ...otras series como acacias 38 las veo sin problemas pero Carlos V.

    26 feb 2017
  7. Raúl Gutiérrez

    Ni en mi PC ni en mi Smartphone a pesar de estar registrado no puedo ver ningún capítulo. ..

    15 mar 2016
  8. Marco Antonio Llanos

    Saludos cordiales, no puedo reproducir ningún video de Carlos, algunos de Isabel I temporada si se pueden ver, pero II, III temporada y todos los de Carlos, asi como los nuevos videos o trailers no pueden reproducirse. Por favor darnos una solución. Gracias

    30 ene 2016
  9. Antonio

    no se logra reproducir ningún episodio, ni de Carlos ni de Isabel. Que ha pasado?

    25 ene 2016
  10. oichs

    ¿Cómo desaparecen los subtítulos? ¿¿

    03 nov 2015