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No recomendado para menores de 12 años Carlos, Rey Emperador - Capítulo 16
Transcripción completa

- ¡Por el emperador! - (TODOS) ¡Por el emperador!

Perderéis vuestra dignidad electoral

y todas y cada una de vuestras posesiones del ducado de Sajonia.

El rey ha muerto. ¡Viva el rey!

Os he fallado. A vos y al Imperio.

¿Casarme con mi prima? ¿Es la merced que mi tío va a concederme?

Maximiliano no regresará. Le concedo la regencia de las Españas.

Fernando ha recibido las quejas de Maximiliano y yo las de Fernando,

que no comprende por qué ninguneáis a su hijo.

¿Por qué le dais la regencia si no queréis que gobierne?

Mi momento ha llegado. Os ruego que me cedáis el paso.

De las Casas ha vuelto de las Indias. Exige que se eliminen las encomiendas

y la esclavitud de los indios. Con su influencia en el Consejo de Indias,

ha detenido la publicación del libro de Sepúlveda.

Estos son los teólogos que formarán el jurado.

Carece de sentido que exponga mi causa ante semejante tribunal.

Sabed que el tribunal ha solicitado que vuestros tres días de exposición

sean resumidos para su estudio.

Lo he meditado y fui injusto. ¿Vais a negociar otra solución?

Maximiliano sucederá a Felipe.

Las dos ramas de la familia se alternarán en la Corona Imperial

y ninguna saldrá perjudicada. ¿Qué burla es esta?

¡Alcémonos de nuevo contra él!

Decid a Federico que Francia acudirá en defensa de sus aliados.

¡Reunid a cuanto hombre pueda partir ya en auxilio del emperador!

No podemos acabar con el ejército imperial;

- sí con el hombre por quien lucha. - ¿Proponéis matar al emperador?

¿Qué estáis tramando?

¡Regresad! Si seguís, vais hacia una muerte segura.

Música

Explosiones

Esos estallidos son franceses. Nuestra pólvora se agotó hace días.

Majestad, sed prudente. Aún estamos a tiempo de pedir una tregua.

Con la humillación de Innsbruck fue suficiente. No...

¡No voy a dejar que ganen Metz! Saben de vuestro orgullo herido.

¿No veis que se aprovechan? Solo os provocan para llevaros al desastre.

(SE ESFUERZA) Sois terco hasta parecer desleal.

¡Mi espada!

¿Terco me llama quien pretende luchar torturado por la gota?

El dolor desaparecerá. En la batalla, no se siente el cuerpo.

Solo el miedo.

Explosiones

Fuerte explosión

Zumbido

Música onírica

Vuestro es el mando.

¡Quitadle la coraza! No pueden saber que es él.

- ¡Sacad al césar de aquí! - (UN SOLDADO GRITA)

Dejadme.

(DUQUE DE ALBA) No sabía si os encontraría despierto.

¿Y dormir mientras mis hombres luchan?

Contadme.

Hemos hecho cuanto hemos podido.

No tengo duda de ello.

¿Cuántos?

Cientos.

Mas aún contamos con suficientes hombres para otra jornada.

Nos retiramos.

Pediré una tregua.

Seréis vos quien negocie las condiciones.

Con vuestro amor propio, no cederéis fácilmente a los abusos del francés.

Si sabéis de mi orgullo, ¿por qué me obligáis?

¡Traté de evitar la derrota! ¡Miradme! ¡Por el amor de Dios!

No sumaré más deshonras a las que ya he sufrido.

No voy a presentarme enfermo.

Si no pensáis obedecerme, otro cumplirá la misión.

Os serviré con el celo de siempre.

Mas, si errasteis, majestad,

pagar por ello os limpiaría el alma.

El joven que dio la vida por mí... ¡Guzmán!

Encargaos de que a su familia no le falte de nada.

Así se hará.

Relojes

¿Qué nuevas traéis de Portugal?

Su prosperidad crece con cada avance en el Nuevo Mundo.

Nada los distrae de ello ni enturbia sus lazos con España.

Y los que un día se rompieron quizá se compongan.

La hija de vuestra tía Leonor.

Le comenté que visitaría Flandes y podía llevar un retrato a su madre.

Hube de insistir, pero, finalmente, lo conseguí.

- María, ¿no es cierto? - (ASIENTE)

Tanta belleza no suele ir acompañada de ingenio.

- ¿Es el caso? - En nuestra charla,

hablaba de asuntos de gobierno igual que de música y filosofía.

Una joven poco usual, ciertamente.

Es una lástima que vuestra tía no disfrute de una hija tan virtuosa.

He de preparar mi partida.

Marchad.

¡Maldita sea!

Siento que... no soy un buen hijo.

(BORJA) ¡Si veneráis a vuestro padre!

Pero lo desprecio por tomar decisiones absurdas.

Como las que lo han llevado a perder Metz.

Que discrepéis de sus órdenes no os convierte en un traidor.

A veces, quisiera tomar su lugar.

Sin demora.

Antes de que, con sus errores, siga mermando lo que algún día recibiré.

Lo quiero con devoción,

pero...

ya no lo admiro.

Me siento más lúcido y fuerte que él.

En mis manos, sus dominios no conocerían el fracaso.

Alteza,

ambos sois humanos.

Ni él del todo incapaz ni vos infalible.

¡Dicen que apenas se puede levantar del lecho!

¿Teméis que...

quien fue un gran hombre y ya no tiene fuerzas para serlo

malogre vuestro porvenir?

Entonces, ayudadlo cuanto podáis.

Si lo veis débil, dadle fuerza.

Si equivocado, aconsejadlo.

Velad por lo que será vuestro siendo generoso con él.

Y preparaos, alteza.

Para el día en que seáis el hombre más poderoso de la Cristiandad.

¿Cuál será la penitencia, padre?

Una que quizá os enseñe lo que es vivir de veras en la impotencia.

¿Quién va?

Alteza.

Abuela.

¿Vos sois el que lleva su nombre?

Y poseéis su gallardía.

Sed piadoso con las mujeres que os amen.

¿Cómo os encontráis?

Mis piernas ya no responden. Han tardado 40 años

en comprender que aquí de nada me sirven.

Si echáis de menos algún cuidado, hacédmelo saber y se os prestará.

¿Con qué fin habéis venido?

- ¿Qué queréis de mí? - Nada más que saber de vos.

(FELIPE) ¿Por qué sospecháis?

Porque lleváis mi sangre.

Nunca he conocido familia tan desprovista de compasión como esta.

(ENRIQUE) Hemos desarmado al emperador, hijo mío.

Aquí tenéis su espada.

Gracias, padre.

Si la hubiera ganado vuestro padre, habría pedido ser enterrado con ella.

Estaría orgulloso de vos.

Más lo estaría de mis próximas acciones.

Seré misericordioso, Montmorency.

Voy a rematar al que agoniza.

¿A qué os referís? Habéis aceptado negociar una tregua con él.

Solo en Flandes.

Hablo de Italia.

Francia está cercada por los dominios de ese pobre viejo.

He de aprovechar la oportunidad para liberarla de ese sitio.

No permitiré que el emperador

se vaya de este mundo dudando de su grandeza.

- Ha de saber que carece de ella. - ¡Italia no es Metz, mi señor!

Para tomar lo que el césar posee, necesitaríais los millones que debéis

tras las últimas contiendas.

¿Y qué importa agrandar la deuda si eso nos da la victoria?

Ya habrá tiempo de resarcirla, ¿no es cierto?

Una mira tan elevada no puede frenarse por tamaña banalidad.

Veo que estamos de acuerdo.

Solo citaba a vuestro padre.

Aprended de los errores de vuestro antecesor, alteza.

O amarga liberación será para Francia si la arruináis para conseguirla.

Es conveniente que me case de nuevo.

Debo mirar por el futuro.

Un heredero no es del todo garantía de continuidad.

Y estos reinos tendrían, en la que será mi esposa, su regente.

¿A quién habéis elegido?

La princesa María de Portugal.

¿Otra portuguesa?

Antes de que os decepcionéis de nuevo:

tampoco en ella vais a encontrar a vuestra madre.

Contaba con que os casaríais antes o después.

Sé cuál es mi lugar.

Me conformo con conservarlo.

Os amo.

Pero mi intención es dejar de hacerlo.

Mi padre jamás fue infiel a su esposa.

Y pretendo ser en todo mejor que él.

Su amor fue un milagro que no se da dos veces.

Vos habéis sido un error.

Muy hermoso.

¿No me creéis capaz de renunciar a vos?

Mi alma es libre.

Y libre...

siempre regresará a mí.

La tregua me ha obligado a tolerar la herejía.

A cambio de la paz.

La unidad de la fe daba sentido al Imperio.

Y no he sabido lograrla.

La herejía se ha propagado como la peste

y Roma no ha hecho nada para impedirlo.

Cualquiera habría fracasado. ¡Pero he sido yo!

Y no es mi única falta.

Sembré un campo de muertos en Metz.

Y he arruinado a España con mis empresas.

El mérito está en vivir y ambicionar por encima de nuestras fuerzas

y de ese orgullo extraerlas.

Aquellas palabras vuestras fueron mi guía.

Quien las escribió era otro.

Más joven y despierto que yo.

Con menos derrotas a sus espaldas y capaz de empuñar una espada.

María,

he llegado a ese lugar del camino en que solo cabe el descenso.

Relojes

Si el más grande de los emperadores lo hizo,

en nada me deshonrará imitarlo.

Deseo retirarme.

¿Qué decís, majestad? Solo Dios retira a los soberanos.

¿Son los mediocres aferrados al poder mejor ejemplo que Carlomagno?

Solo la vanidad mantiene en el trono a quien ya se sabe inútil.

También el sentido del deber.

Porque lo tengo,

no pienso dejar que mi ocaso provoque el de mis dominios.

Mas descuidad,

sé que mi voluntad no se puede cumplir de inmediato.

Vuestra madre.

Tenéis que gobernar Castilla en su nombre hasta que fallezca.

Tampoco quiero marcharme enemistado con Fernando.

O, en cuanto yo abandone, estallará la guerra por mi legado.

Temo que esa enemistad sobreviva a la reina.

Pediré de nuevo a mi hermana que medie entre ambos.

Y a vos, que dispongáis lo necesario

para cuando nada frene ya mi retirada.

Habláis con melancolía porque os veis enfermo.

¿Qué os han dicho los físicos?

Solo uno de sus remedios me complace.

El reposo al sol de España.

¡Magnífica idea!

Me encargaré de buscaros allí un lugar donde descansar.

Estoy seguro de que, cuando sanéis,

os volverán los ánimos para gobernar.

No estoy triste, mi querido Granvela.

Solo muy cansado.

Hermano, al fin, una sorpresa feliz para vos.

Padre.

Os traigo caudales para recuperar las arcas tras la última empresa.

¿Acudís a aliviarme o a reprocharme la derrota?

Vengo a brindaros mi apoyo en horas tan amargas para mi padre.

Nada podría contentarme más.

(SE QUEJA)

¡La gota!

Y algunos esfuerzos de más.

¿Como huir de Innsbruck para salvar la vida

porque vuestro hermano no quiso unirse a vos?

No tiene sentido que alberguéis hacia Fernando más rencor que yo.

¡Por su culpa la muerte os rondó en vuestro Imperio!

¡Y, gracias a él, la esquivé!

¡Me salvó! De la condena que él mismo os impuso.

¡Es tan desleal como su hijo! ¡Felipe!

Entre Fernando y yo hay una larga historia.

Más complicada de lo que pensáis.

Si sumásemos las ofensas de uno y otro, quizá el villano fuese yo.

El rencor agota. Y más hacia quien debería ser nuestro aliado.

Los enemigos son otros.

No lo olvidéis.

Acudí a visitar a la reina Juana.

Se está yendo.

Padre, deseo casarme de nuevo.

¿Tenéis candidatas?

Mi prima María de Portugal aún no ha sido desposada.

Sería oportuno rehacer nuestra unión con Lisboa.

La que se perdió al morir mi esposa.

¿En quién más habéis pensado?

¿Qué tiene ella?

Es hermosa y, según Granvela, cultivada.

No sé por qué, pero creo que será quien me haga feliz.

Algo que la pobre María Manuela no supo lograr.

Sois joven.

A vuestra edad, yo aún no me había enamorado.

Yo sé lo que es amar.

Pero no a quien debería.

¿Seguís frecuentando a esa mujer? No os conviene si no os importa

¡y menos aún, si lo hace! Lo sé.

Por eso deseo unirme a quien ha despertado mi interés

y dejar atrás mis descarríos.

Quiero para mí lo que vos y madre compartisteis.

A veces, siento como condena haber sido testigo de vuestro amor.

Temo buscar siempre algo tan perfecto

y ser infeliz al no encontrarlo.

Si lo anheláis, lo tendréis.

Siempre que dejéis de lado pasiones que a nada os conducen.

Me despedí de ella, padre.

Tenéis mi bendición.

Escribiré a Portugal sin falta

solicitando el enlace.

(REZAN EN LATÍN)

(CARRASPEA)

- Voy a casarme. - ¿Con quién?

Con vuestra hija.

Si me disculpáis, he de responder a su carta.

Leonor.

Es una gran noticia.

La última vez que la vi era una criatura.

¿Os asusta volver a verla?

La dejé en Portugal y no miré atrás.

¿Qué madre se comporta de tal modo?

La nuestra.

Y no hemos crecido odiándola.

Tan solo ignorando su existencia.

Eso ya es terrible en sí.

(RESOPLA) Dicen que le queda poca vida.

(GRANVELA) Majestad, el rey de Inglaterra ha fallecido.

¿Eduardo?

¿Tan joven?

Tal vez, Dios castiga a quienes dan la espalda a Roma.

¿Quién ocupa ahora el trono? Vuestra prima, María Tudor.

Es católica devota.

Quizá devuelva a Inglaterra a la obediencia de Roma.

(SUSPIRA) Pero tiene una edad.

Y no se ha desposado.

Si muriese sin dejar un heredero, reinaría su hermanastra Isabel,

la más convencida de las luteranas.

Con María, cabe la alianza contra Francia.

Habrá que buscarle un consorte para prolongar su linaje

y no perder ese beneficio.

¿Seguís con vuestra ocurrencia de retiraros?

Es la más brillante que jamás he tenido.

He sabido de un lugar en Castilla donde podríais descansar un tiempo.

Es un monasterio jerónimo.

Quizá muy tranquilo para alguien tan acostumbrado a la actividad.

¿Dónde se encuentra?

En la comarca de la Vera. En Extremadura.

Es una región soleada y el entorno del monasterio es hermoso.

Con arboledas y riachuelos.

Si os agrada, no se tardaría en preparar vuestra estancia allí.

Hacedlo.

Hermano, ¿podría hablar con vos? Decid.

Si no os hago falta aquí, ruego me concedáis permiso

para viajar a Castilla.

Hay algo que quisiera resolver antes de que sea tarde.

Madre.

No deseo turbar vuestro descanso,

pero necesito ganar el mío.

Nos desatendisteis,

os olvidasteis de nosotros sin que pareciera pesaros.

Como si no hubiésemos salido de vuestro vientre.

Tuvisteis hijos, pero jamás fuisteis madre.

¿No deseáis enturbiar mi paz y os presentáis

a recordarme todas mis faltas?

Las mías no se quedan atrás.

Como el resto de vuestros hijos, he permitido

que hayáis permanecido aquí encerrada durante casi medio siglo.

Cada vez que he venido a visitaros, deseaba que llegara la hora de irme.

Y apenas

habéis tenido sitio en mis pensamientos.

No os culpéis.

Si no he sido madre, ¿por qué sentiríais vos la piedad de una hija?

Habéis pagado sobradamente por vuestros errores.

¿Por ello merezco compasión?

Todo mi amor

fue para mi esposo.

Para vosotros

nada quedó.

Lo lamento.

Pero...

no me arrepiento.

Porque fui de la única manera que supe ser.

Perdonémonos.

Ambas.

Seamos madre e hija, aunque sea tan solo una vez.

¿Por qué?

Con mi hija he cometido el mismo pecado que vos.

Y necesito creer que cualquier distancia puede salvarse.

Aunque sea tarde.

Si eso os da paz,

sea.

¿Casarme con María Tudor?

Buscad el inconveniente y no lo hallaréis.

Nos asociaría con Inglaterra y, al darle un heredero,

el catolicismo se perpetuaría en ese reino.

Colaboraríamos vos y yo en la cruzada contra los herejes.

Y os convertiríais en rey de Inglaterra.

¡Mis planes eran otros, padre! Vuestros planes son los míos.

Haré mía vuestra decisión.

Pero sabed

que, cuando yo ocupe vuestro lugar, atenderé a más voluntades que la mía.

Porque sé que quien impone tiene castigo.

Alteza.

Os agradezco la embajada.

No os costará de esta corte la promesa de hermandad

- con mi primo, el emperador. - Que él corresponderá sincero.

Tal es su deseo de concordia con vos que como lazo os entrega a su hijo.

¡Europa entera parece empeñada en casarme!

La Corona de Francia también me ha procurado un pretendiente.

¿De tan alto rango como el heredero del césar?

¿Y a quien se le legarán las Españas, las Indias, Nápoles y Sicilia?

Un hombre... al fin y al cabo.

Cuya compañía no sé si me será grata.

¿Por qué la soledad es tenida como falta si es regalo?

Porque no os concederá el heredero que el trono de Inglaterra precisa.

Y será vuestra hermana quien os suceda.

¡Hermanastra!

(RESOPLA)

¿Cómo es vuestro príncipe?

Piadoso. Decidido, pero seguro.

- Aficionado a la música y gallardo. - (RÍE, IRÓNICA)

¿Creeros es cuestión de fe?

Sobre sus virtudes de espíritu debéis confiar en mi palabra... que os doy.

Mas su porte

podéis juzgarlo vos.

(RESOPLA)

Habéis de agradecer a Tiziano convertiros en rey de los ingleses.

Espero que el viaje os sea propicio.

La travesía es corta hasta allí.

Mas la estancia será larga.

Vuestro sentido de estado es intachable.

Por esa razón, desde hoy, pongo en vuestras manos el reino de Nápoles.

Que recibo con honor.

Gracias, padre.

(SUSPIRA)

Me casé con vuestra madre para cobrar su dote.

Ni un solo sentimiento me llevó a elegirla.

Y, sin embargo, no he conocido amor como el nuestro.

¿Quién sabe si, al otro lado del mar, no os espera una dicha igual?

Alteza.

Sed bienvenido.

La tierra que pisáis pronto será vuestra.

Cuidadla y os cuidará.

El honor del trono palidece ante el premio de vuestra compañía.

Con este reino y con vos me regirá lo mismo:

la devoción.

Había oído hablar de la galantería española.

Los españoles no somos lisonjeros, mi señora.

Tan solo incapaces de callar lo que pensamos.

¡Son inaceptables! No os serviréis de vuestro cargo

para conceder prebendas si no es a inglés.

Ni para implicar a este reino en conflictos del emperador o propios.

Y, de enviudar, nada os deberá esta isla más que respeto.

¿Alguien de mi dignidad se conformaría con ser esposo?

¡Mi señor, solo bajo estas condiciones

ha aceptado el Parlamento inglés nuestro enlace!

Temen que, de tener vos más poder,

- mi reino quede sometido a España. - ¡Mi herencia es colosal!

¡No voy a someter a Inglaterra, pero tampoco ella me someterá a mí!

¡No firmaré!

¡Maldigo el día en que obedecí a mi padre!

- Debería estar en Lisboa. - Olvidad ya ese trance.

La infanta portuguesa fue humillada por este pacto

y jamás os volverá a aceptar.

¿De qué sirve este sacrificio si nada obtengo de él?

Tenéis un poder, aunque no esté escrito.

Desde que le mostré vuestro retrato, quedó prendada de vos.

¿Me pedís que actúe como las hembras? ¿Que gane mi influencia en el lecho?

Disculpad mi arrebato.

Sois...

incapaz de callaros lo que pensáis.

Y, como tal, os digo que no me placen las condiciones.

Pero aún menos cancelar esta unión.

Sed delicado.

Descuidad.

Hasta que os pida que dejéis de serlo.

¡Celebro compartir esta alegría con vos!

Felipe y su esposa han devuelto a Inglaterra a la obediencia de Roma.

Lo que nadie creyó posible.

Quizá ser su padre me ha impedido ver lo gran hombre que es.

¿No os parece capaz de todo?

No. No lo es.

¿Eso os ha dicho Fernando?

Veo que su rencor no ha cedido un ápice.

Tampoco cedéis vos en vuestro empeño por encumbrar tan solo a Felipe.

¿No habéis pensado que sea peligroso para él ponerlo todo en sus manos?

No existe gran hombre que carezca de enemigos.

Si el hombre es demasiado grande, es lo único que tendrá.

¿Es ese el futuro que queréis para vuestro hijo?

Deberíais preferir que gobernara en paz.

Sin generar odios y con el apoyo de su familia.

El precio de ese apoyo es muy alto.

Para quien ya tendrá adversarios en demasía, bien lo vale.

No seáis insensata.

Este remedio os está manteniendo con vida.

Os lo ruego.

Quiero irme para que otros puedan descansar.

Dejadme ser generosa con los míos.

Puerta

La reina necesita vuestro auxilio, padre.

Debéis preparar vuestro encuentro con Dios, alteza.

Es el momento de que limpiéis vuestra alma de todo pecado.

No voy a confesar, padre.

Mi señora, el Altísimo os está llamando.

No podéis dejar este mundo arriesgándoos a la condenación.

Nada deseo más que reunirme con mi esposo.

Algo me dice que no es al cielo donde fue a parar.

Saldar cuentas con Dios es vuestro deber como cristiana.

No estoy obligada a dar a Dios explicación alguna.

Es Él quien me la debe.

Por la existencia que me ha hecho padecer.

Alteza...

(JUANA SE QUEJA)

Hija...

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(EXPIRA)

(SE LAMENTA)

(ORA EN LATÍN)

Sepa toda Castilla que su reina ha muerto.

Es mi mandato convocaros el día 25 de octubre de este año del Señor,

no dándoos opción a rechazar o posponer

el cumplimiento de esta voluntad que es orden.

En tal fecha, os espero a todos sin falta.

Aquí, a mi lado.

Permaneceréis en Inglaterra durante mi ausencia.

Que la reina no tenga solo oídos para los que poco me quieren en el reino.

Descuidad, alteza.

Espero que Flandes solo traiga buenas nuevas para vos.

(MARÍA TUDOR) ¡Mi señor!

No me habéis dado fecha de vuestro regreso.

Si supiera a qué me enfrento, podría adivinar cuánto me llevará.

- Será cuanto antes, en todo caso. - Espero que así sea.

Pues alguien habrá de cuidar de mí

y del heredero que crece en mi interior.

¡Es una gran noticia, mi señora!

Este reino tiene así futuro lejos de la herejía.

Regresaré pronto para estar con vos.

Enhorabuena, alteza.

(EL COCHERO ESPOLEA A LOS CABALLOS)

Sabed que Portugal ha entendido como una ofensa

la ruptura de vuestro compromiso con mi hija.

Y a mí me ha causado honda pena.

Nadie ha padecido más que vos que la Corona decida

qué matrimonio nos conviene.

- Apelo a vuestra comprensión. - (PAJE) ¡Sus altezas reales,

Maximiliano y María de Austria!

¿Cómo osáis presentaros en la corte? Desandad vuestros pasos

- o se os arrestará por traidor. - Hermano, os lo ruego...

Traición sería desobedecer la orden del emperador.

Felipe, me alegro de veros.

Yo también, pues pensaba que me recibiría un verdugo.

Así habría de ser, si mi padre antepusiera la justicia a la familia.

(PAJE) ¡Su alteza real, doña María de Hungría!

El vuestro ha tenido la decencia de no presentarse.

No ha sido la decencia lo que le ha retenido.

- Sino que su hermano carezca de tal. - ¡Basta ya! ¡Por el amor de Dios!

Ha llegado la hora.

Trompetas

(SUSPIRA)

Os quiero decir algunas cosas de mi propia boca.

Poco ha que en Castilla falleció mi madre,

que, hace demasiado,

me trajo al mundo entre estos muros.

Su generosidad me llevó a gobernar ese reino

en el año 17 de mi edad.

Luego,

y siendo todavía muchacho,

se me concedió el honor del Imperio.

Al tiempo, había de regir Flandes, Nápoles y Sicilia

y las tierras de Ultramar.

Ha sido mi vida un rosario de viajes,

que no solo han consumido este cuerpo mío,

sino que me arrancaron con frecuencia de mis compañías más amadas.

La de mis hijos...

y la de mi esposa,

a quien habría querido entregar todos mis días.

No solo me llamaba el deber.

Para mi tormento y de mis dominios, también las guerras.

Batallé siempre obligado, para defenderme de la ambición de otros.

De quien creía habría de ser mi único enemigo, el turco,

y de esa condena hecha rey que fue para mí Francisco.

Hube de combatir, además, el brote del hereje en el propio Imperio,

peligro que no he sabido amainar como hubiese querido.

Mas ninguno de esos trabajos me fue más penoso ni me afligió tanto

como el que ahora siento al dejaros.

Murmullos

Para gobernar los estados que Dios me concedió no tengo ya fuerzas.

Y las pocas que me quedan se acabarán pronto.

Estando ya tan cansado,

no os puedo prestar servicio alguno,

como sí lo harán quienes reciban mi legado:

mi hijo Felipe,

a quien lego las Españas, Flandes,

las tierras italianas y las de las Indias.

Y el Imperio...

El Imperio quedará en manos de mi hermano Fernando,

a quien hubiera deseado mirar a los ojos al concedérselo.

Sé que lo gobernará con el mismo brillo con que lo ha regido,

con la dicha de tener en mi hijo a su más fiel aliado,

a quien sabrá corresponder.

Aunque muchos son los enemigos,

la fuerza de esa unión, y solo ella,

logrará vencerlos.

Y ahora os dejo.

Agradezco vuestros servicios y confío en que podáis perdonarme mis fallas.

En breve, partiré hacia las Españas para no volver.

Quedaos a Dios, hijos,

pues en el alma os llevo atravesados.

¡Me mentisteis!

¡Como sabía, Inglaterra ha sido un destierro para quitarme el Imperio!

¡Algún día me agradeceréis haberos privado de él!

El peso que habrán de soportar mi hermano y su hijo no lo querríais.

¡Es la grandeza mayor de la Cristiandad!

¡Es un castigo!

Gastos,

herejía,

traiciones,

guerras...

Y su porvenir se dibuja más sombrío de lo que ha sido hasta ahora.

Sois mi primogénito.

Nada me importa más que vos.

¿Qué más he de hacer para que lo entendáis?

Disculpad.

Disculpadme, padre.

Recibís las joyas de mi Corona:

la leal España, ese tesoro que son las Indias,

Italia, con su influencia,

y las ricas tierras donde nací.

No solo quiero legaros honores,

también, y por encima de ellos, enseñanzas.

Que regir el Imperio es tormento es una de ellas.

La lealtad a la familia, la más valiosa.

Seréis el nuevo gran maestre de la Orden del Toisón.

Conocéis sus máximas.

Nobleza, valor y fe.

¿Quién podrá cumplir mejor sus virtudes que quien ya las posee?

El hombre que ha obrado el milagro de arrancar a Inglaterra de su herejía.

Y que ya cuida de su futuro

gracias al heredero que espera.

Sois incapaz de decepcionarme.

Me voy tranquilo,

pues dejo lo mío en las mejores manos.

Vendré a visitaros a vuestro retiro tan pronto como pueda.

Sé, por experiencia, el trabajo que os espera.

No tendréis tiempo que perder en un monasterio.

Descuidad.

Estaré bien.

Tranquilo al fin.

Padre...

no puedo despedirme aún de vos.

Sois mi orgullo.

(MAXIMILIANO) Ahora sí.

Sois el legítimo emperador.

Y, como tal, podréis elegir vuestro digno sucesor.

Vuestro hermano se retirará en breve a Castilla.

Me rogaron que os pidiera que le visitéis antes de su partida.

Desea despedirse de vos.

¡No!

¿Qué os enfrenta ahora a él?

Padre, el Imperio ya es nuestro.

Decís bien.

Pero lo roto

roto está.

(MONTMORENCY) El cerco a Francia será historia.

La abdicación del emperador es una victoria.

¡Necio! ¡Todo ha quedado en manos de la misma familia!

Famila que no se comporta como tal.

Os recomiendo, de hecho, que os amistéis con Felipe.

Alteza, ambos sois las nuevas ramas de vuestra estirpe.

¿Y si probaseis a vivir en paz?

¿Paz?

- Por un tiempo. - ¿Quién sabe?

Quizá os acostumbraseis a ella

y al sosiego y prosperidad que le puede procurar a Francia.

Contad conmigo como mediador. Nada me agradaría más

que cerrar una herida que tanto he visto sangrar.

¡Hacedlo!

Habéis hecho lo correcto, padre.

¿Y si Felipe no acepta esa concordia?

He de tener pensada una maniobra por si se diera el caso.

¿Como cuál?

Como preguntarle al nuevo papa

si me daría su apoyo para invadir Nápoles.

- ¡Mi señor! - Os prometí que regresaría pronto.

Mi corazón ha hecho de vuestra ausencia de días años.

De igual modo la he sentido yo.

Alteza.

Contad. ¿Qué quería el emperador de vos?

Que quien salió rey de Inglaterra vuelva también rey de las Españas.

¿Qué decís?

Mi padre ha abdicado.

Me ha nombrado dueño de sus mejores dominios.

¿Los mejores?

Ha legado el Imperio a mi tío.

Lo lamento, mi señor. Sé cuánto lo anhelabais.

Prefiero celebrar lo recibido, que es mucho,

a sufrir por esa pérdida.

Sin quererlo, vuestras palabras son un consuelo para mí.

La dicha de teneros a mi lado mitiga el dolor

por la pérdida de nuestro hijo.

Mi señora,

siento no haber estado a vuestro lado en momentos tan difíciles.

Confío en que Dios no se demore en bendecir mi vientre de nuevo.

Así será.

No lo dudo.

¡Alteza!

No habéis perdido hijo alguno. Jamás lo hubo.

¿Qué decís?

¿Insinuáis que la reina inventó su estado?

Los físicos dieron fe de que los síntomas eran de la preñez,

mas esta jamás llegó a darse.

Su madre...

Mi tía Catalina solo la tuvo a ella.

Su vientre parecía estar maldito.

¿Y si mi esposa ha heredado su mal?

Es pronto para saberlo.

La reina no ha conocido más hombres y hace poco de vuestro enlace.

Pero, dada su edad

y su sangre...

Si algo malo le sucediera, la Corona pasaría a manos de su hermana.

Y, con ella, de los protestantes.

Confiemos que tal cosa no ocurra.

Un rey no confía,

actúa.

- ¿No deberíais guardar cuarentena? - (RÍE)

Ha sido una pérdida, no un parto.

Además, cuanto antes hagamos por buscar ese heredero, mejor.

Deberíais considerar la posibilidad de que vuestra hermanastra os suceda.

¡No la mentéis siquiera! ¡Es hija de mi padre y de esa perra de Bolena!

¡El fruto de la desgracia de mi madre y de la mía!

Si no sois madre, reinará después de vos.

Os pido que antepongáis el futuro del reino y de vuestra fe al rencor.

¿Por qué habría de hacerlo?

Podré daros hijos. Creedme. ¡Podré!

Casadla con un católico y prometedle la sucesión si renuncia a su herejía.

¡Jamás!

- Mi señor... - ¡Vuestro lacayo, más bien!

Pues no solo me negáis el mando, sino que despreciáis mis opiniones.

¡Me insultáis!

No...

No digáis eso.

Yo... yo os amo.

Amar no es tan solo gozar en el lecho y tener con quien danzar en fiestas.

Amar, mi señora, es también sacrificio.

Es mi voluntad

que el rey de Inglaterra, aquí presente,

goce de los privilegios y derechos que por su título merece.

Debe tener facultad para nombramientos.

Su rúbrica será ineludible para la aprobación de leyes y enmiendas.

Y no habrá cuestión del consejo que no pase por él.

Y, cuando, de nuestra unión,

nazca heredero

mi esposo dispondrá, hasta los 15 años de este,

de su custodia

y de la del reino.

Así lo ordeno

y así se hará.

En primer lugar, desearía felicitaros por los honores que ahora ostentáis.

Confío que haya sido la generosidad de vuestro padre y no la mala salud

- la que lo lleva a resignar. - ¿Se preocupa por su bienestar

quien tanto empeño ha puesto en menoscabarlo?

Tan absurdo es negar el pasado como condenarse a repetirlo.

Por ello, mi señor os ofrece un acuerdo de amistad para lo venidero.

¿Amistad francesa?

No sabía que existiera tal cosa.

Pues solo los enemigos de mi familia han disfrutado de ella.

Y no en tiempos remotos.

Bien poco hace que vuestro rey arrebató Metz a mi padre.

Como sabréis, mi señor guardaba inquina al emperador

por el cautiverio al que le sometió durante su niñez.

Una aversión entendible, después de tan duro trance.

Mas, en justicia, vos sois inocente de ese pecado.

Las heridas han de cicatrizar.

Por el bien de todos.

Sería de provecho la paz con Francia, mi señor.

Los cristianos hemos de ser uno contra la herejía.

No deberíamos tener otra misión que esa victoria.

El tormento que vuestro reino ha causado a mi padre

- es difícil de olvidar. - ¿Queréis ese sufrimiento para vos

cuando os damos la oportunidad de que jamás se repita?

Alteza,

concordia.

¿Podéis creerlo, Montmorency?

El nuevo papa es más hostil a los Habsburgo que mi propio padre.

Ni alaba a Felipe por haber devuelto a Inglaterra a la sujeción de Roma

ni me reprocha mi alianza con los protestantes.

¿Invadir sus territorios italianos? ¡Ignorad tales cantos de sirena!

Son demasiado hermosos para desoírlos.

¡Alteza, el acuerdo conseguido será de gran provecho para Francia!

Tendrá a España, a Flandes y a Inglaterra de aliadas.

He reinado siempre sin su favor.

¿Por qué iba a echarlo de menos ahora?

Porque, si no cumplís lo sellado con Felipe,

os hará pagar no solo la invasión de Italia, sino el engaño.

Renovaréis un odio antiguo que a Francia solo traerá guerra y ruina.

¡Mi señor! Francia ha invadido Nápoles.

¿Tampoco hoy hemos recibido contestación de mi hermano?

Me duele en el alma partir sin verlo por última vez.

Quien ha tendido la mano no debería sufrir al no verla tomada.

Aunque...

Si lo deseáis, podemos retrasar nuestro viaje a España.

Disponedlo todo. Partimos.

Vuestro carruaje aguarda, majestad.

Tendrá que esperar.

He de despedirme.

¿La travesía ha sido benigna, majestad?

Agotadora.

Mas ya no habré de franquear otro puerto que el de la muerte.

Castilla celebra vuestro regreso.

Muchos desean presentar sus respetos antes de que partáis hacia Yuste.

Y se han preparado grandes homenajes en vuestro honor.

Agradecédselo a quien corresponda, pero habrán de cancelarse.

Ya nada me obliga a padecer agasajos ni reverencias

ni parloteos de ningún ilustre. Hermano...

Y guardadme de todo asunto de gobierno, os lo ruego.

¿Por qué habría de ocuparme de ello si ya no soy nadie?

¡Nadie!

¡Alto!

¡Abajo!

¡Izquierda!

¡Alto!

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Carlos, Rey Emperador - Capítulo 16

25 ene 2016

Verse incapaz de dirigir a sus hombres en Metz hará pensar a Carlos que su hora, como la de sus rivales fallecidos, ha llegado. Pero el emperador no desea que sea la muerte quien dicte el final de su gobernanza. Inspirado una vez más por Carlomagno, sorprenderá a propios y extraños con su última iniciativa: Carlos reúne a su familia y les comunica que ha decidido abdicar. El emperador divide sus dominios entre las dos ramas de la familia y salva así la unidad de los Habsburgo, pero la brecha creada entre Carlos y su hermano Fernando ya es definitiva.

Entretanto, Felipe va tomando las riendas del poder, cada vez con mayor firmeza. No sin dolor de corazón, comunica a Isabel de Osorio su deseo de volver a casarse. Pero su padre intervendrá de nuevo para trastocar sus planes de matrimonio, proponiéndole que despose a la nueva reina de Inglaterra, María Tudor, hija de Enrique VIII y de Catalina de Aragón, tía del emperador. Felipe, consciente de los beneficios de tal unión, se casa con la inglesa a pesar de que sus sentimientos hacia ella distan mucho de los que alberga por Isabel de Osorio.

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  1. xxxfrro

    La música que no para de sonar durante toda la serie es a ratos insoportable, especialmente cuando suena a un volumen muy alto, llegando incluso a impedir oír los diálogos

    09 dic 2016
  2. juana rosa

    Maravillosa reconstrucción histórica, se desmitifica muchas de los acontecimientos de la época, inmejorable la visión económica de la época de Carlos, la ruina económica que nos supuso para España el control de un gran imperio, el tratamiento de Juana de Castilla, a pesar de que podía se cargante me gustó los cuatro escenarios en que se desarrollan, esto es, la corte Francesa, por supuesto la de Carlos, la Inglesa y la época de Hernán Cortés, magnifica serie con una banda sonora impresionante, la próxima vez que vuelva al Escorial me acordaré de esta serie.

    24 abr 2016
  3. maribel

    Preciosa serie... ojalá continuase econ la vida de Felipe... me encanta.

    29 mar 2016
  4. Gloria

    Hola de nuevo, es curioso las criticas que le hicieron a la serie por entremezclar tantos elementos en la historia. Sin embargo aquí en América entendemos perfecto como están ligadas las vidas de Carlos y Hernan Qué pena que nos privaran de verla serie, como en esa época.

    09 mar 2016
  5. Fernanda Echanique

    Hola! Encontré en el buscador el capitulo completo #17 aquí les comparto el link http://www.seriesflv.net/ver/carlos-rey-emperador-1x17.html saludos :))

    02 mar 2016
  6. Horacio

    Qué es esto!!!! Pensé que era un error técnico acá y me encuentro con esto!!! Y sin solución y sin respuesta!!! Qué pena y yo que estaba recomendando las producciones

    27 feb 2016
  7. Elena L.

    Después de ver con tanto interés una serie tan bien hecha en mi tierra, estoy desilusionada porque rtve ha ignorado las múltiples peticiones de quienes no vivimos en España. Por favor arreglen esto para que podamos ver los capítulos 16 y 17. Es una terrible falta de respeto a los seguidores. A menos que este probelma se solucione, dudo que muchos se atrevan a ver otras series en el futuro por el temor de que suceda lo mismo.

    17 feb 2016
  8. maría quintana

    Muy mal......me encantan sus series y mi favorita es carlos...es una pena que las tengan bloqueadas al menos deberían dar una explicación....saludos desde PERÚ

    16 feb 2016
  9. Víctor

    Es cierto una falta total a su audiencia internacional. Si hay que pagar se entiende. Pero dejarnos sin una explicación es intolerable. Igual gracias porque al menos aprendimos algo de nuestra historia ahora que más que nunca nos hace falta volver a nuestros orígenes. Saludos desde el sur de EEUU.

    12 feb 2016
  10. apolo12344

    con el navegador opera me a funcionado puedo ver todos los capítulos con internet explore no asi que ya sabeis cambiar de navegador

    12 feb 2016