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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

Espero un hijo vuestro, alteza.

Si esto llegara a saberse, ¡podría llegar a costaros la Corona!

¿Acaso a mis vasallos les importa más lo que ocurre en mi cámara

que vuestra codicia?

Ha llegado a mis oídos que estáis preparando

una expedición para socorrer a Grijalva.

Quiero comandar esa expedición.

No estáis autorizado a colonizar nuevos territorios.

La elección de un nuevo emperador es una cuestión de tiempo.

¿Acaso no presentaréis vuestra candidatura, alteza?

¿Por qué habría de ser francés el sucesor de Maximiliano?

Porque contará con nuestro apoyo.

Cuidaos de Enrique y de sus secretas alianzas, pues amenazan con ser

un difícil escollo para vuestras aspiraciones al trono imperial.

¿Podéis garantizarme el papado?

Mi señor acudirá a Roma para recibir vuestra bendición.

- ¿Qué esperáis de mí, señora? - Seréis el contrapunto de Chièvres.

Debéis mermar su influencia sobre Carlos.

Los desafíos de nuestros reinos no son desdeñables, como bien sabéis.

Por ello, he decidido que Mercurino Gattinara sea mi nuevo canciller.

Castilla espera que cumpláis vuestro compromiso con Isabel de Portugal.

¡No me casaré con Isabel!

Hacédselo saber al rey. ¿A vos no os ofende el rechazo?

Sé que Carlos me aceptará como esposa.

Si Dios os llama a su presencia y no habéis tenido un heredero,

vuestro hermano Fernando habrá de ocupar el trono de Aragón.

Doña Germana me ha dado una hija.

Os he pedido que vinierais para anunciaros algo: vuestra boda.

Uníos a mí y os concederé el mando de uno de mis barcos.

Hernán Cortés se despide de vos hasta su regreso.

Las Cortes se doblegaron ante vos. Es el momento de volver a Flandes.

¡No! Vos no regresaréis.

Partiréis hacia Portugal para desposar al rey Manuel.

Os recibo para deciros que ya no estáis a mi servicio.

El canciller de Inglaterra tenía un plan contra vos

que he conseguido desbaratar.

Inglaterra apoyará vuestra candidatura, mi señor.

El emperador ha muerto.

Todavía con la pérdida de mi abuelo, el emperador, declaro mi voluntad

de sucederlo en el trono que por rango y linaje me pertenece.

Música

¡Quietos!

Cuidaos de provocarlos con cualquier gesto.

Señor...

¿Sois vos el cacique?

¡Señor!

¡Señor,

muéstranos cómo redimir el merecido castigo de Babel

y permítenos expandir Tu Gloria!

Augustos señores,

Maximiliano murió sin ser coronado por el papa.

Por tanto, sin derecho a nombrar un sucesor.

Según la ley del Imperio,

os toca elegirlo, ¿no es así, Federico de Sajonia?

Según la ley, en tres meses, decidiremos

siguiendo únicamente el mandato de nuestras conciencias.

Así, sé que estaréis de acuerdo con el deseo del emperador

de que lo suceda su nieto,

- Carlos de España. - ¡Nobles señores!

Por esa misma ley que invocáis,

vuestra conciencia os obliga a elegir al mejor entre los candidatos.

¿Quién sois vos?

Anne de Montmorency. Al servicio del rey de Francia,

sin duda, el mejor candidato a emperador.

Su santidad tiene un empeño que habrá de hacer realidad el elegido:

liderar la cruzada contra el turco y expulsarlo de nuestras fronteras.

Varias generaciones de mi familia han luchado para defenderlas.

Vuestras explicaciones están de más.

El rey Francisco ya ha demostrado de lo que es capaz.

Y os da su palabra de que, si lo elegís,

en tres años, habrá tomado Constantinopla.

Y no he de recordaros que mi señor desciende del linaje de Carlomagno.

Y mi sobrino es nieto y bisnieto de emperadores.

Por tanto, justo heredero del trono.

También es hijo de loca, que es nieta de loca.

¿Pondréis al frente del Imperio a quien quizá ha heredado tamaña tara?

Tranquilizaos. El francés solo ha dicho lo que todos piensan y callan.

Ahora sabemos que están dispuestos a todo por ganar.

¡Si yo fuese el rey de Francia, tampoco permitiría

que las posesiones de Carlos rodeasen mi reino!

¿Acaso es menos vital para nosotros?

Si Francia y el Imperio fueran uno, ¿cuánto tardarían en ocupar Flandes?

Y eso sería solo el principio. Será una lucha a muerte.

Está claro que nos llevan ventaja. El papa está con ellos.

Pero manifestó su neutralidad. De los siete electores,

tres son príncipes de la Iglesia.

Debemos asegurarnos los cuatro votos de los laicos.

Y, entre ellos, es fundamental el voto de Federico de Sajonia.

Su prestigio arrastrará a los indecisos.

Es difícil que esos cuatro caballeros se pongan de acuerdo.

Habrá que pelear por conseguir cada voto.

En algo coinciden todos: su sed de oro.

Todo menos la virtud se necesita para ganar esta corona.

Fernando,

el Imperio pertenece a nuestra familia.

Si lo perdemos, nuestra familia también se perderá.

Os lo he dicho: para nosotros, es vida o muerte.

(FRANCISCO) ¡Madre!

Mirad la maravillosa armadura que está diseñando Leonardo

para mi coronación imperial.

Pensáis en qué vestiréis ese día, si llega,

en vez de en qué hacer para conseguir tal honor.

Señora, salvo lo que nos regala la naturaleza,

todo a vuestro alrededor, antes, fue un sueño en la cabeza de un hombre.

- ¿Qué os inquieta, madre? - Ver que lo dais todo por ganado.

No está en mi naturaleza sufrir por un trance que concluirá a mi favor.

El margrave de Brandeburgo se comprometió a votar por vos.

- Veo que ignoráis que ahora duda. - ¿Cuánto le ofrecimos?

- 40.000 florines. - Dadle 80.000. ¿Veis qué fácil?

- El dinero se acaba. - Pediremos crédito.

Los sobornos no bastarán. Necesitaréis algo más.

¿En serio? (RÍE)

Estos príncipes electores son artistas de un género peculiar.

- La codicia es su única musa. - ¡Dejaos de chanzas!

Os hace falta el apoyo del papa. Y él se ofrece a brindároslo.

Pero, a cambio, os exige mano dura con ese hereje alemán.

¿Votará por vos entonces el sajón que lo protege?

¿Cómo pensáis conformar a uno y a otro?

Diciendo a cada uno lo que quiera oír.

Dejad que Montmorency actúe. Una vez coronado, haré lo oportuno.

No lo conseguiréis con oro y con mentiras.

Solo siendo el soberano que todos desean ver al frente del Imperio.

(WOLSEY) Debéis estar satisfecho. Es un varón robusto y sano.

Un tudor. En los ojos y en la frente se ve.

Os felicito, alteza.

¿Qué merece tal alegría?

Iba a ir a decíroslo, pues llevo días pensándolo.

He decidido presentar mi candidatura

al Imperio.

Ha sido una gran alegría para Wolsey. Está seguro de conseguir el triunfo,

pues en nada soy menos que Francisco o nuestro sobrino.

¡Wolsey!

¿Pensáis que me afeará una corona tan vieja?

Por vuestras palabras, entiendo que es oro lo que de nosotros solicitáis.

(CHIÈVRES) Conseguir el Imperio tiene un precio.

Y el rey necesita la ayuda de sus nobles.

Alteza, Castilla sigue pagando,

mientras vos os demoráis en cumplir lo acordado en Cortes.

Ahora, además, solicitáis nuestra ayuda para alejaros del reino.

Que yo sea emperador beneficiará a todos.

Pero Castilla necesita a su rey aquí.

No merece ser gobernada desde un trono lejano

como si fuese tierra administrada.

¡Como un pedazo más de las Indias! No está en mi ánimo que eso ocurra.

¿He de recordaros que me jurasteis lealtad?

No, alteza.

Pero, por ello mismo, os lo advierto: entre nosotros, hay nobles que sueñan

con volver a la Castilla de 60 años atrás.

Una Castilla donde el rey portaba la corona,

pero otros gobernaban en beneficio propio.

¡Mucho me habéis ofendido!

¡Retiraos!

Convocaremos Cortes y se avendrán, como siempre.

Reunirlas llevará un tiempo que no tenemos. ¡Necesitamos el dinero ya!

Mientras, pediremos la contribución de vuestros más humildes vasallos.

(IRÓNICO) Que lo harán de buena gana. Aumentaremos los impuestos.

Quien no pague habrá de atenerse a las consecuencias.

¡Pero no bastará! ¡Solo conseguiremos acrecentar el descontento!

Y lo dirigirán contra los nobles a los que obligaremos a recaudarlos.

En poco tiempo, los tendréis comiendo de vuestra mano.

(DA UN RESPINGO) ¿Pretendéis provocar una revuelta?

¡Es una locura!

Es eficaz.

¿Acaso lo desaprobáis?

(RESOPLA)

Deberíais haberlo visto. El rey está cada vez más solo. Rectificará.

- Se irá con su séquito de ladrones. - Lo que está pidiendo es marcharse.

Para hacerlo, reclama nuestro auxilio convocando Cortes.

Ahí está nuestra oportunidad.

No le daremos el dinero que tanto le urge, sin recibir nada a cambio.

Hasta ahora, siempre ha sido así. ¿Qué reclamaréis esta vez?

Que nos ceda parte de su poder y que jure cumplir nuestras exigencias.

Luego, si lo desea, que vaya en pos de su imperio.

- Castilla quedará bien gobernada. - ¿Menoscabar el poder de la Corona?

Cuanto menos poder tenga, menos ocasión de usarlo contra Castilla.

Deseo unas Cortes cuya voz se escuche, fuertes y cumplidoras,

¡pero no sometidas!

Cuanto más necesario es el dinero, más difícil es conseguirlo.

Raro es tenerlo a punto cuando se precisa. De ello viven los banqueros.

Bien lo sabía vuestro abuelo, el emperador, pero confiad:

vuestra tía sabe tratar con ellos.

Mi querido Jakob, no debéis temer perjuicio alguno.

Las rentas de Castilla y Aragón avalarán el crédito que os pedimos.

Alteza, vuestro sobrino no va a ser el emperador.

O sois mal adivino o estáis al servicio de Francia.

Aunque admito que, al término de nuestro encuentro,

pondré rumbo hacia allí, donde me espera el rey Francisco.

¿Es esto lo que queda de la estrecha relación que tuvisteis con mi padre?

Esto y una importante deuda que aún no he conseguido cobrar.

Con mayor dificultad podré saldarla,

si contribuís a la ruina de mi familia.

Nos debéis gran parte de vuestras riquezas. ¡Y lo sabéis!

Olvidaos de la corona imperial.

El rey de Francia ha pagado importantes sobornos en mano.

Y cuenta con el apoyo del papa. ¿Qué opciones tenéis?

Todas. Pues me acabáis de demostrar que os necesitan tanto como nosotros.

Vuestro sobrino es un desconocido. Aún no ha demostrado nada.

Todos quieren al francés como emperador.

Y yo no puedo apostar por el perdedor.

¿Confiáis en él? Veis que gasta sin freno.

¿Dejará de construir sus castillos y de enriquecer a sus aduladores

para pagaros lo que os debe?

Os prometo que conseguiré el dinero que os debe el Imperio.

Tomadlo como prueba de buena fe. Solamente os pido una cosa a cambio:

no os comprometáis todavía con el francés

hasta que pueda daros las garantías que necesitáis.

De esta lid, saldrá el amo de Europa. No os conviene errar en la apuesta.

¡Gobernador!

Se ha armado un barco para zarpar a tierra firme. Yo misma lo he visto.

- ¿Y eso en qué os incumbe? - Decídmelo vos.

¿Vais a perseguir a mi esposo?

¿No estaría en mi derecho si así fuese?

La desobediencia de vuestro marido es manifiesta.

Lo hecho hecho está. Ya no se puede impedir.

No. Pero sí que el mal vaya a más.

Solo quiero asegurarme de que no olvida lo que el rey ha dispuesto.

Solo yo puedo poblar y comerciar en esas tierras.

Lo que Cortés haga en ellas, deberá hacerlo en mi nombre y beneficio.

Un acuerdo muy conveniente...

para vos.

Vuestro marido pretendió burlarme.

Veremos si se atreve con el rey.

¡Señor! Señor...

Venid presto. Hay algo que debéis ver.

¿Sois cristiano?

Jerónimo de Aguilar.

Cristiano y súbdito de la reina doña Juana y de su padre don Fernando.

¿Cuánto tiempo lleváis en estas tierras?

Naufragamos en... (DUDA)

En 1511.

¿Ocho años, pues?

Apenas diez alcanzamos estas costas.

¿Y los demás?

Valdivia, nuestro oficial, asesinado con otros cuatro al caer prisioneros.

Los sacrificaron y se los comieron.

Lo vimos desde las jaulas donde nos cebaban para la próxima ceremonia.

¿Cómo escapasteis?

Saber próximo el fin nos dio fuerzas para hacerlo.

Encontramos otro poblado, pero...

nos esclavizaron.

Tan crueles maneras emplearon, que solo dos sobrevivimos

y aun pudimos ganarnos la libertad.

¿Habláis la lengua de estas gentes?

Desde hoy, vos y yo somos hermanos.

(TRADUCE)

(HABLA EN SU LENGUA)

Vuestro nuevo hermano os hace este regalo.

Este es el regalo que más apreciará mi señor.

Y yo.

(AGUILAR TRADUCE)

(HABLA EN SU LENGUA)

El oro es para el emperador Moctezuma.

Todo lo que veis le pertenece. Es un dios para ellos.

Pero, señor, no los afrentéis y coged a esas mujeres.

Será para vos.

¡Cuidado, señor!

No es la primera mujer que lo intenta.

Y espero que no sea la última.

¿Cuál es su nombre?

La llaman Malinche.

Traducid palabra por palabra, Aguilar.

Nosotros necesitamos el oro más que vuestro emperador.

Porque los españoles sufrimos una enfermedad que solo cura el oro.

(AGUILAR TRADUCE)

¡Señor, venid! ¡Venid!

¿Qué fruto es este?

¿Qué hacéis?

Esperad a que llame a Aguilar.

¡Aguilar!

(HABLA EN SU LENGUA)

- ¿Qué ha dicho? - El emperador os saluda.

Gusta de la pintura y por ella desea llegar a conoceros.

Al igual que vos, yo sirvo a un gran señor que gusta de la pintura.

(AGUILAR TRADUCE)

Pero decid a vuestro señor que podrá conocernos en persona

cuando tenga a bien recibirnos.

(AGUILAR TRADUCE)

(HABLA EN SU LENGUA)

(AGUILAR TRADUCE) Dice que eso no será posible.

Su señor nos pide que volvamos a nuestras tierras

y os entrega estos presentes como muestra de su buena voluntad.

También nosotros llevaremos presentes a vuestro señor cuando nos acoja.

(AGUILAR TRADUCE)

(EL CACIQUE SE SOBRESALTA)

¿Pensáis darles un arma?

¿Creéis que son gentes a las que se pueda engañar con cuentas de cristal?

(HABLA EN SU LENGUA)

En nombre del emperador, nos desea buen regreso.

Traedlo lleno de pepitas de oro para poder compararlas con las de España.

Y, después, quedáoslo como recuerdo de nuestro encuentro.

(AGUILAR TRADUCE)

No hay duda. El oro debe cubrir sus calles.

Un trabajo delicado.

Solo que no sean cristianos hace que estos hombres no nos vayan a la par.

O aun sean mejores que nosotros.

Gracias.

Salid.

Hoy, tendréis que salir a montar sin mí.

¿Y eso, señor? Si sé que tanto os place.

Prometí atender asuntos que no pueden esperar.

¿Fue a vuestra madre a quien hicisteis tal promesa?

¿Qué hay tan grave que os impida gozar de unas horas de sosiego?

- ¿Una guerra? ¿Una invasión? - Un imperio.

Aún no os habéis ceñido esa corona,

pero su peso ya os impide deleitaros como corresponde un rey.

(EL PAJE SUSURRA)

Asuntos de la mayor urgencia impiden al rey acudir a nuestro encuentro.

No obstante, no he de explicaros por qué os ha convocado.

Señora, apenas se me recibe por otros motivos.

¿Prestaréis a mi hijo el montante necesario para asegurar su elección?

Montmorency nos hizo saber que ya estaba todo hablado.

- ¿Acaso mintió? - No.

Pero yo necesito una garantía y ni siquiera tengo la palabra del rey.

Mi hijo será el próximo emperador. ¿No es suficiente garantía?

¿Consideráis a Carlos de España más digno de vuestro crédito?

Sois banquero.

Y no vais a dejar pasar la oportunidad de hacer un buen negocio.

De los dos contrincantes, nosotros os damos mejores garantías.

Exponed vuestras condiciones y cerremos el trato.

Señora, aún hay tiempo.

En los negocios, no conviene precipitarse.

Señor duque, mi padre siempre confió en vos y en vuestro buen juicio.

Decidme, ¿habéis decidido ya vuestro voto?

Mi señora, por tener buen juicio, la elección entorpece mi sueño.

- ¿A qué fin ese desvelo, qué teméis? - Las consecuencias.

Tanto si gana vuestro sobrino como el rey de Francia,

el equilibrio en Europa se romperá.

Y los alemanes veremos comprometida nuestra libertad.

Nuestra estirpe es germana como la vuestra.

Eso debería templar vuestra aprensión.

Pero el rey de Francia podrá defendernos del turco,

la mayor amenaza que se cierne sobre el Imperio y la Cristiandad entera.

¿Habéis comprometido vuestro voto con él?

Entendedme: de ambos, es el mal menor.

¿Cuánto os ha ofrecido?

Nada.

Solo el favor de su santidad para mi protegido, Lutero.

Diría cualquier cosa por el voto. No menos que vos.

Carlos gobierna consultando el parecer de sus vasallos.

Sabrá respetar las libertades de los alemanes.

¿Acaso Francisco hará lo mismo?

Ya conocéis su forma de gobernar.

¿Acaso no convertirá vuestros estados en meras posesiones de la Corona?

El rey de España ya posee suficientes territorios. No saldrá elegido.

No serviría de nada que cambiase mi voto.

Fernando, dejadnos solos.

Salid. Os daré cuenta de lo hablado. No lo dudéis.

Os comprometisteis a recibir al banquero.

¿Cómo vais a pagar los sobornos sin su dinero?

¿Va a negármelo por no habernos visto? Carlos tampoco le recibirá.

Esa, precisamente, era nuestra ventaja, y la habéis desperdiciado.

¡Basta! La partida está decidida.

Nada está decidido. Seguid fiándoos de quienes os adulan

y os veréis despojado de todo.

- Que se atrevan a intentarlo. - Ya lo han hecho.

El rey Enrique de Inglaterra ha decidido presentarse a la elección.

¡Maldito Wolsey! Esto ha de ser obra suya.

Enrique ni siquiera pestañea sin consultarle.

Habrá encontrado a otro que le allane el camino a Roma y os ha traicionado.

- Le escribiré. - Hacedlo.

Pero aprended la lección: el trono imperial aún no es vuestro.

- Señor, se acerca un barco. - ¿Trae enseña?

Las armas del gobernador y las de la Corona.

Id a su encuentro y que se expliquen.

Mas dejadles claro que no les permitiremos desembarcar.

Hacedles saber que tendré nuestras lombardas apuntando en su dirección.

Calmaos. El gobernador solo os recuerda que estamos bajo su mandato.

Ya. Nada que no supiéramos.

Si no aceptáis la autoridad del gobernador,

os estaréis rebelando contra la Corona.

Del rey me encargo yo.

¿Y vuestros hombres?

¿Vais a obligarlos a quedar fuera de la ley sin poder regresar?

- No lo aceptarán. - Lo harán, si los hago ricos.

Os juro que volverán y serán recibidos como héroes.

¡En nombre del rey, mi único señor,

tomo este lugar en el que fundaremos la Villa Rica de la Vera Cruz!

¿Entonces...?

¿Habéis llevado a buen puerto las negociaciones con el duque?

Y así será con todos.

Casi aseguro que la corona imperial permanecerá en nuestra familia.

¿Pero qué habéis ofrecido para contentar a unos y a otros?

A vos.

Seréis el próximo emperador.

¿A qué viene esta chanza? Federico de Sajonia os respaldará si

os apoya el papa. Y lo hará, porque no sois dueño de Nápoles ni de Milán.

Fernando, tenéis muchas virtudes. Y una, especialmente valiosa.

Nadie os teme. Nadie. Ni siquiera el turco.

Esa es una amenaza a la que ningún soberano podrá enfrentarse solo.

Ni vos ni Francisco ni vuestro hermano.

Confiad en mí. Solo un milagro llevaría al trono a Carlos.

O sois vos o el francés.

¿Y pensáis que mi hermano aceptará?

(SUSPIRA) Dejadlo de mi cuenta.

¿Fernando?

¡Hasta mi propia familia me da la espalda!

Señor, no malinterpretéis la decisión de vuestra tía...

¡No hay interpretación que valga! ¡Salid!

¡Vos quedaos! Deseo tratar un asunto.

Dijisteis que contaba con el apoyo de Inglaterra.

Y, ahora, mi tío Enrique decide competir contra mí.

Por ese lado, nada debéis temer.

Me dejé engañar por Wolsey.

Pero vuestro tío ha empezado tarde. No tiene posibilidades. Alegraos.

Al menos, estamos seguros de que no le prestará su apoyo a Francisco.

Sin embargo, el dinero me preocupa.

Y no caben más demoras. Deberíamos buscarlo donde sabemos que está.

Vuestra madre conserva bienes dignos de una reina que no volverá a usar.

¿Qué clase de hombre pensáis que soy? Debéis conseguir la corona imperial.

Vuestro linaje y vuestra posición os obligan. Nada está por encima.

El tiempo siempre corre a favor del rival.

Meditad.

(FRANCISCO) La candidatura de vuestro señor evidencia vuestra traición.

No soy hombre propenso a perdonar afrentas semejantes.

No obstante, espero un gesto que me permita confiar en vos,

para que vuestras aspiraciones no se vean truncadas para siempre.

Deseo que nuestras entrevistas sean siempre cortas. ¿Qué queréis de mí?

El rey no tiene ninguna posibilidad de obtener la corona imperial.

Y vos lo sabéis.

Hacédselo ver.

También sé que ciertas cosas es mejor que las descubra por sí mismo.

¿Preferís someterlo a una humillación tan gravosa para las arcas del reino?

Nada de eso os preocupa.

Solamente las consecuencias de fallar a vuestro rey y al de los franceses.

Tenéis razón.

De lo contrario, no necesitaría vuestra ayuda.

Pues no contéis con ella. Mi esposo no ganará.

Cuando os culpe de su fracaso, yo le respaldaré.

No.

No haréis tal cosa. Os perjudicaría.

Ahora que el rey está seguro de que puede tener hijos varones y sanos,

vuestra situación y de vuestra hija, la princesa, se ha vuelto vulnerable.

¡Sed claro! ¿Qué habéis venido a pedir?

Haced lo que os pido e Inglaterra apoyará a vuestro sobrino Carlos.

Cuando sea emperador, su poder os protegerá.

Cuando vos caigáis en desgracia, me bastaré yo sola.

Llegado el momento, haré que se rompa

el compromiso de vuestra hija con el delfín.

Será el emperador Carlos quien la despose.

A partir de entonces, vos solo habréis de preocuparos

por los frutos de ese matrimonio y no por los que no podéis dar al vuestro.

- ¡Marchaos! - No.

No sin antes saber que estáis conmigo.

Debo asegurarme de que entendéis las razones con que convenceréis al rey.

Tomad.

- Llevaos todas. - ¿Qué es esto?

Ni una joya he de guardar,

si os puede servir para conseguir el Imperio que tanto anheláis.

Os lo agradezco, pero no necesitaremos tanto.

El crédito de los banqueros de Londres

ya está comprometido con el rey de Francia.

Y aún solicitará más. Os hará falta oro. Mucho oro.

Las arcas de la Corona no están tan mermadas

como para tener que expoliar a su reina.

Nuestras arcas nunca igualarán a las de Francia o España.

Necesitaréis vender tierras, títulos...

¡Callad!

Veo que no aprobáis mi candidatura. ¿Tan escasos son mis méritos?

No.

No, mi señor.

Sin duda, superan a los de vuestros adversarios.

Pero, por entrar en este juego de resultado incierto,

os arriesgáis a perder la gran oportunidad que se os presenta.

- ¿Qué oportunidad? - La de ser el árbitro de Europa.

Gane quien gane, es cuestión de tiempo

que nuestro sobrino Carlos y el francés se enfrenten.

Ambos buscarán vuestro apoyo.

Vos tocaréis la música con la que danzarán.

Dais por hecho que no saldré elegido.

Si me presento y pierdo, ¿en qué cambiará lo que decís?

Solo en que seréis un rey humillado

y más pobre.

Si no temiera por que me arrebataseis la Corona,

os nombraría cancillera en vez de Wolsey.

El margrave de Brandeburgo nos ha escrito.

El duque de Sajonia le pide el voto para Fernando,

- el hermano de Carlos de España. - ¿Desiste Carlos del Imperio?

Tal parece.

Y ahí estará nuestra derrota.

Era cien veces mejor que Carlos y soy mil mejor que su hermano.

- Sin duda, todos pensarán como vos. - ¿Entonces, qué inconveniente veis?

El papa os apoyaba como un mal menor.

Pero ahora preferirá un emperador menos poderoso

y con menos pretensiones hacia Italia.

Con el apoyo del sajón,

el banquero le dará crédito para comprar los votos que le faltan.

Carlos pierde ante vos.

Pero vos perderéis ante su hermano.

La providencia viene a resolver vuestro conflicto.

Ahora, Francia no será un reino amenazado.

¿Qué sabéis vos?

¿En qué beneficia a Francia

un emperador a las órdenes del rey español?

Salid.

¡Retiraos!

Reconduciremos la situación.

Pero prometedme que atenderéis este asunto con la importancia que tiene.

No lo dudéis.

¿Qué habéis pensado?

Alteza...

¿Es la preocupación por mi salud lo que os ha traído en esta fría noche?

¿Os extraña?

Quizás porque no estáis acostumbrada a tratar con vuestra familia.

Vuestro hijo Fernando está en Flandes y yo aquí.

Es mi deber.

No me agrada que sea el deber lo que os trae a mí.

Pues fue lo que me obligó a separarme de vos.

Por ello, siempre estaréis en deuda conmigo, madre.

¿Creéis que no lo sé?

¿Habéis sido feliz alguna vez?

Fui la mujer más feliz del mundo,

pues amé y fui amada como nadie.

Son tres los arcones que cargarán las mulas. Más de lo que esperábamos.

(RESOPLA) ¿Podrá perdonarme Dios?

Alteza, la locura de vuestra madre es un obstáculo

para obtener el trono imperial. Es justo que lo compense.

No nos llevemos a engaño: esto es un robo.

Y, si mi tía no consigue el aval, no habrá servido para nada.

Os noto abrumado, señor duque.

Solo he acudido a vuestro requerimiento por no desairaros.

Sé que, tras el vino, me revelaréis vuestras intenciones.

¿Y qué esperáis?

Querréis comprometer de nuevo mi voto.

Como ya me habéis dado oro, ahora, vendrá la amenaza.

Solo tengo la intención de demostraros que estáis equivocado.

Os conviene un emperador fuerte.

Y no ese joven que nada ha hecho y poco hará.

La cuestión es qué conviene a los alemanes.

Ellos, igual que vos, saldréis ganando conmigo.

¿Acaso no fortalecería a los territorios germanos

que vuestro ducado de Sajonia se convirtiera en reino?

Verme rey

- no complacería a muchos. - Estaré a vuestro lado.

Y sabré imponerme, os lo aseguro.

Tened presente que a la oferta de mi hijo se suma

todo lo que se os ofreció en su momento.

¿También la gracia de su santidad a Lutero?

Por supuesto.

Así nos lo ha hecho saber el papa. Y no podía ser de otra manera.

Hasta mi propia hermana simpatiza con las ideas de ese fraile.

Si gano, el Imperio recuperará su esplendor.

Y lo lograremos juntos. Pues vos seréis mi mano derecha.

Alteza...

El maestro Da Vinci...

ha muerto.

(LLORA DESCONSOLADO)

¿Bastará? ¿De dónde habéis sacado todo esto?

Viajaréis con ello a Flandes inmediatamente.

Pero, más que el oro, me interesa que hagáis llegar a mi tía

un mandato inapelable:

nada ha alentado más a mis enemigos que el desafecto de los míos.

Y a mí me ha causado un hondo pesar. Señor, comprended...

¡No! Comprended vos y haced que todos lo entiendan:

soy el jefe de esta familia y no consentiré que nadie

trate de apartarme de mi destino.

Solo yo seré el candidato al Imperio.

Es mi deseo y mi orden. Y cualquiera que pretenda discutirla,

sea quien sea, incurrirá en desacato y traición.

¿Entendido? Señor.

No son propias de Carlos tan recias palabras.

Apenas son un pálido reflejo de la determinación que las acompañó.

(RESOPLA)

Lo que más ha dolido a su alteza

es que hayáis elegido al infante como alternativa.

¿Está la mano de Chièvres tras su reacción?

No. Creo que vuestro sobrino se ha convertido ya en ese rey

que temíamos que nunca llegaría a ser.

Para ello os envié a su lado.

Aunque todavía albergue dudas, he de felicitaros por vuestro trabajo.

Gracias. Pero la actual obstinación del rey nos pone en un aprieto.

Al contrario. Solo hay ya un camino.

Y hemos de emprenderlo sin titubeos, con total decisión.

Entonces,

que el Cielo nos asista.

Lleváis días con esa carta.

Ha de quedar bien explicado. Todo

¿Creéis que será suficiente para conseguir el amparo del rey?

No os tenía por ingenuo. Los hombres están inquietos.

Muchos de ellos desean regresar ya con lo ganado.

Me seguirán. Son mis hombres.

Mas están hartos. Perded su favor,

y seremos vulnerables a los peligros de estas tierras.

Hombres de Moctezuma.

(HABLA EN SU LENGUA)

Poderoso Moctezuma

os ofrece estos presentes y os da lo que deseáis prueba de su amistad.

(HABLA EN SU LENGUA)

- Pide que los toméis y nos vayamos. - No pide, es una orden.

- ¡Esperad! - (TRADUCE)

(HABLA EN SU LENGUA)

Que pronto llegarán los recaudadores. A su contribución sumarán 20 jóvenes.

Que puede que ese sacrificio haga olvidar a los dioses su traición.

¿Cuándo partís?

¿A qué viene esa pregunta?

Ya tenéis vuestro oro.

Si dejáramos estas tierras, vos podríais volver con los vuestros.

Mi padre murió.

Mi madre me vendió como esclava. He pasado de mano en mano.

Así, hasta que sea sacrificada ante los dioses.

Eso no ocurrirá.

Porque yo os protegeré.

No pienso irme a ninguna parte.

Aquí, solo hay lugar para Moctezuma.

Entonces, tendrá que marcharse.

Sois solo unos cientos contra miles de guerreros.

Pero tenemos a Dios de nuestra parte.

Os vendría mejor la ayuda de los hombres de estas tierras.

Odian al emperador.

Solos no venceréis.

No vais a quedaros.

Cogeréis vuestro oro y os iréis.

Hay quienes, desde sus cómodas moradas,

esperan nuestro regreso, para ocupar el lugar

que solo a nosotros nos pertenece.

Yo he decidido no ceder el paso.

Y, si no estoy solo en ello,

pedir el concurso del rey para que solo respondamos ante él.

¿Vais a obligarlo a elegir entre el gobernador y vos?

Así es.

¿Por qué pensáis que se va a decidir a apoyaros?

Porque no vamos a enviarle el quinto que le corresponde,

sino todas las riquezas obtenidas. ¡Un tesoro digno de un rey!

¿Nuestro oro? Señor... Ya es hora de regresar.

¿Habremos de hacerlo con las manos vacías

mientras otros llenan sus bolsas a nuestra costa?

Todo lo que hemos conseguido, todo lo que tenemos

no es sino una centésima parte de lo que nos aguarda.

¿Por qué hemos de conformarnos con tan poco

cuando aún queda tanto por encontrar?

¿Cuándo os he fallado yo?

Unos meses más y jamás tendréis que pensar en vuestro porvenir.

¿Solo ella comparte mi sueño? ¿Solo una mujer?

Os aseguro que no os arrepentiréis.

En ello confío.

El oro de Castilla saldó nuestra deuda.

El señor Fugger ha tenido a bien prestarnos la misma cantidad.

Con nuevos intereses.

Mi señora.

Esa cantidad no bastará para comprar los votos necesarios.

Ya lo sé, pero no podemos permanecer de brazos cruzados

mientras Carlos reúne la suma necesaria.

Lo apostaremos todo a un solo elector, el arzobispo de Maguncia.

¿Proponéis romper la unidad del voto eclesiástico? Roma no lo permitirá.

La codicia del arzobispo está completamente probada.

Fue la que sacó a Lutero de las sombras.

Aceptará. Pero ahí acabará todo.

No tenéis oro para los demás electores.

¿Que impedirá que el arzobispo coja vuestro dinero como el del francés

- y vote a quien quiera? - No podrá.

Solamente cobrará si Carlos obtiene la corona.

Lo importante ahora es conservar el voto de Federico de Sajonia.

- No contéis con ello. - ¿Os desdecís?

No comprometí mi voto con vuestra familia, sino con Fernando.

Si el rey de España se presenta,

las razones que os di entonces valen lo mismo ahora.

¿Qué queréis por apoyar a mi sobrino?

Permitidme votar en conciencia, señora mía.

¡Haced emperador al rey de Francia y la conciencia os atormentará un día

por haber traicionado a los alemanes!

(RESOPLA)

Protestas en el exterior

Pasos

Abuelo...

Acabo de cruzarme con vuestro amigo, Padilla.

Las malas noticias parecen causarle satisfacción.

¿A qué os referís?

Apenas se ha dado fecha para Cortes y ya hay tumultos en algunas ciudades.

Solo Dios sabe cómo acabará esto.

Padilla no entiende la lealtad a la Corona como nosotros.

Ni sueña con la misma Castilla.

Creí que compartíais sus opiniones.

Aunque el rey y sus flamencos me disgusten,

Dios y la Corona son todo para mí.

Por ello, no puedo compartir sus planes.

- ¿Qué se propone? - Debilitar a la Corona.

En las Cortes, las ciudades venderán caro el servicio que demanda el rey.

¿Entonces las Cortes son una trampa?

Sí. Y los tumultos darán más alas a su partido.

- ¡Avisad a su alteza! - No quiere oírme.

No oirá a nadie que se interponga en su obsesión imperial.

No lo entiendo. Solo un necio podía no haber visto adónde nos dirigíamos.

Yo sé a quién atenderá.

(SOLLOZA)

¿Señora?

Hace tiempo que no hablamos.

Tan solo desde mi boda, alteza.

¿Os trata bien vuestro esposo?

No tengo queja de vuestra elección.

¿Y vuestra hija?

Crece con amor.

Pero no vengo a hablar de mí, sino a preveniros.

¿Vos?

¿De qué peligro debéis darme cuenta?

Vais confiado a unas Cortes que son una celada.

Las ciudades han resuelto daros el dinero que solicitáis,

a costa de mermar vuestro poder.

¿No entienden que el Imperio encumbrará

las Españas sobre los demás reinos cristianos?

Pretenden aprovechar su oportunidad, como tantos otros.

Y están dispuestos a desafiaros.

La nobleza me da la espalda.

Y, ahora, he de sufrir la coacción de las Cortes.

No está loca la reina, ¡lo está el reino entero!

Casaos.

Castilla insiste en que desposéis a la infanta portuguesa. Lo sabéis.

Por otra parte, no hay soberano tan rico como su padre. Cobrad la dote

y no tendréis que arrodillaros ante las Cortes.

Es singular oír tal propuesta de vuestros labios.

No penséis que no valoro vuestro consejo.

Pero no deseo esposarme.

Haciéndolo, mi voluntad también se vería doblegada.

Temo el matrimonio.

Pues recuerdo el de mis padres y he conocido sus consecuencias.

Tarde o temprano, habréis de casaros.

No soy como mi padre.

Cuando dé el paso, solo seré de esa mujer.

Debo estar seguro de que es la adecuada

y, así, evitar el infierno en vida.

¡No soy yegua de postas, alteza!

Cuanto más solo estéis

antes encontraréis a esa mujer.

En verdad, la dote de la infanta aliviaría vuestros problemas.

Quizá bastara para proporcionaros la corona imperial.

(SUSPIRA)

Un caballero no debería desposar a una dama llevado solo por el interés.

Pero, alteza, vos no sois solo caballero.

Sois rey. Razón de más.

En un rey, el matrimonio es un deber.

Lo más justo sería que, al elegir a la mujer adecuada,

el interés del rey y el del reino fuesen el mismo.

¡Mi señor! ¡Hay nuevas de Sevilla! ¡De las Indias ha llegado un tesoro!

Ese tal Cortés ha puesto el Imperio a vuestros pies, alteza.

Podéis hablar sin cuidado.

He oído lo que decían unos hombres que creían que no podía entenderlos.

- ¿Algo que yo deba saber? - Cogerán uno de los barcos

- y se irán. - Un motín... ¡Cobardes!

¿Estáis conmigo?

Avisad a los más fieles.

Necesito hombres que cumplan mis órdenes sin la menor vacilación.

Gracias.

(CORTÉS) ¡Sí! He hundido las naves. No es tiempo aún de regresar a Cuba.

Marchándonos ahora, dentro de unos años, estaríamos de vuelta,

pero trabajando para los que hasta aquí seguirán nuestros pasos.

¡Confiad en mí y volveréis no a la isla, sino a España!

¡Ricos! ¡Y honrados!

Ahora, solo nos quedan nuestras manos y una única certeza:

¡conquistar esta tierra o morir en el intento!

Señor Fugger,

hasta vuestros oídos habrá llegado la buena noticia.

¡Un verdadero milagro!

Ahora, no podréis negarnos el préstamo.

Aún espero el informe de mis agentes de Sevilla.

Cuando lo recibáis, pensad que solamente menciona un barco,

no todos los que seguirán.

¿Cuánto podéis poner a nuestra disposición?

Unos 200.000 florines.

No precisaremos menos de 500.000.

Fijad el interés que consideréis necesario. No regatearé.

No me ofendáis. Solo cobraremos el 18 por ciento habitual a la familia.

Entonces... Ya tenemos emperador.

¿Estáis seguro, Montmorency?

Completamente.

Puede que Carlos haya conseguido el oro,

pero nosotros tenemos los votos comprados y al sajón de nuestro lado.

Nada de eso servirá.

Recomprarán los votos subiendo la puja lo que sea necesario.

Habéis perdido la corona.

¡Ni hablar! ¡Mataré a esos malditos usureros con mis propias manos!

¡Venderé Francia si es preciso!

Hay que ser un buen rey cuando se gana

¡y mejor aún cuando se pierde!

Si no sois emperador,

- evitemos que lo sea Carlos. - ¿Cómo?

La propia Margarita nos mostró el camino.

¿Yo? ¿Presentarme a emperador?

Ganaréis. Pues os preferirán al poderoso Carlos.

Y, además, sois alemán, cualidad que nunca estuvo a mi alcance.

Francia os garantiza su apoyo y el de la Santa Sede.

Pero hacen falta rentas para mantener la paz del Imperio. Sajonia...

Contareis con las de Francia. Por eso no debéis temer.

¿Qué decís, Federico?

Federico de Sajonia, tan celoso de su independencia,

¿convertido en títere del francés?

Ante el poder de Francisco podíamos luchar,

pero, ante la insignificancia del sajón, poco podemos hacer.

¿Os dejáis vencer por el desaliento?

Es un candidato propicio para la victoria.

Nadie lo teme, vive en el Imperio...

Una estrategia que nosotros sembramos en su cabeza.

¿Pensáis que voy a renunciar al 18 por ciento de semejante suma?

¡No, señora!

No he llegado hasta aquí para dar media vuelta ahora.

¿Qué os proponéis?

Proteger mi inversión.

Vos habéis sido humillado por el rey de Francia.

Yo también tengo cuentas pendientes con él.

Poneos a mi servicio, Sickingen. ¡Juro que las saldaremos con creces!

Por supuesto que... no será esa la única recompensa.

Tras largas semanas de cavilaciones,

he decidido prestar oídos únicamente a mi conciencia.

Como representante de la Iglesia alemana y con el beneplácito de Roma,

otorgo mi voto a Federico de Sajonia.

¡Juro!

Nadie defenderá mejor los intereses de la nobleza alemana

desde el trono del Imperio.

Federico de Sajonia es también mi candidato.

¡Juro!

Cientos de mercenarios nos rodean.

¿Quién los envía?

Lo ignoro. Pero de una cosa podéis estar seguros: no soy yo.

Retiro mi candidatura.

Mi voto es

para Carlos de Habsburgo.

¡Juro!

Mi señor, Dios ha querido que seáis vos

quien maneje las riendas del Imperio.

Habéis sido elegido por unanimidad, majestad.

(RESOPLA)

Ardua ha sido la lucha por la victoria.

Ahora, ya sabemos a qué habremos de enfrentarnos en el futuro.

O me extermina el rey de Francia

o seré el amo de Europa.

¿Dónde están?

A las puertas de Tenochtitlán. ¿Cuándo tendrá lugar el ataque?

Declarad que el trono os pertenece solo a vos,

o los enemigos de nuestra causa no se detendrán hasta aniquilarnos.

Los rebeldes de Toledo han tomado el Alcázar.

¡Dios santo! ¿Qué ha ocurrido?

¿Qué mal he hecho a Dios para merecer a Carlos?

¡Llevadme! ¡Os lo suplico!

¿Nos proponéis una alianza contra Carlos?

Presidid nuestra junta, mi señora. Pues nos gobernáis.

Grata sorpresa vuestra visita, majestad.

Nos honra recibir al flamante nuevo emperador.

¡Parecen poseídos por el maligno! Y aún más los nuestros.

Quieren hacerse con el tesoro antes de que caigan sobre nosotros.

Lutero niega que Roma medie entre Dios y los hombres.

¿Qué os falta? Poder.

- ¡Respetad a la reina, desgraciado! - ¡No!

Si pierdo el favor del papa,

la amenaza de Inglaterra y Francia se extenderá a todas mis fronteras.

Os arresto en nombre de la Corona de Castilla.

¿Compensaréis ese celo que nos exigís en la salvaguarda de la fe

rechazando una alianza entre ingleses y franceses?

Seguid adelante. Y me desviviré por protegeros.

Lamento confiaros la regencia en semejante trance.

Asumo el desafío, mas habréis de reconsiderar

los poderes que delegáis en mí.

Ha llegado la hora de atacar.

(GRITA CON FIEREZA)

¡Maldito Adriano! ¿Cómo ha podido permitirlo?

  • Capítulo 4

Carlos, Rey Emperador - Capítulo 4

28 sep 2015

Mientras Cortés llega a tierra firme, en la actual costa mexicana, toda la Europa cristiana está pendiente del Sacro Imperio Romano. La elección para suceder al fallecido emperador Maximiliano se complica aún más de lo previsto: no solo Carlos se postula para el cargo, sino que el propio rey de Francia se alza como su principal competidor. Incluso Enrique VIII de Inglaterra manifiesta su voluntad de optar a tan alta dignidad.

 

La elección se convierte así en una subasta en la que las sumas invertidas en sobornos y presiones decidirán el resultado. Margarita, la tía de Carlos, mueve todos los hilos a su alcance para lograr el objetivo fundamental: que la corona imperial siga en manos de los Habsburgo.

 

A cientos de leguas de este escenario, Hernán Cortés entra en contacto con una civilización mucho más avanzada de la que conoció en Cuba. El conquistador encontrará en una mujer, Malinche, la inspiración para hacerse con las riquezas de otro imperio, el que rige Moctezuma, a quien numerosos pobladores locales ven como un tirano.

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  1. Johan

    Finalmente hay gente que hablan su propio idioma (los aztecos). Por que los franceses y ingléses no hablan sus propios idiomas?

    29 jun 2016
  2. josé

    Nadie contesta los comentarios?

    06 mar 2016
  3. ayarawka

    He tratado de ver los capítulos completos desde el 3 para adelante, lamentablemente no cargan. Escribo desde Perú. Hay alguna otra forma de ver los videos o una página alterna?. Una serie de gran calidad como esta, merece contar con las herramientas informáticas adecuadas para que no suceda este tipo de problemas.Ojalá se solucione.

    29 ene 2016
  4. Marcelo CH

    Estoy en Lima, Perú y no puedo ver los vídeos desde el capitulo 3, muy por el contrario con la serie Isabel que se podía ver sin ningún problema.

    27 ene 2016
  5. m favela

    Estoy en Mexico, tampoco puedo ver los videos, desde el capitulo cuatro estan boqueados, por qué? he seguido la serie Isabel sin ningún problema...

    26 ene 2016
  6. Olga Gonzalez

    No los puedo ver estoy en california alguien que diga donde los pudo ver.

    06 ene 2016
  7. Ramón Gómez

    Ya pude ver todos los capítulos hasta el diez. Me parece excelente la producción de este tipo de series históricas, pero puede ser necesario el rigor histórico en América para verlas incluso con mayor interés y entusiasmo; me pregunto si no tiene rigurosidad confiable sobre lo ocurrido en México, como dice el Dr. José Alvarez, ¿la tiene sobre los sucesos en Europa? Espero que si. Por otro lado, espero que tengan planificada una serie sobre Felipe II y su época. Saludos

    17 nov 2015
  8. Ana

    No puedo ver el capítulo 4.. Ayuda

    11 nov 2015
  9. franalur

    Se corta continuamente. Imposible ver el episodio. Es de vergüenza. Era de esperar algo más de calidad en los contenidos.

    10 nov 2015
  10. Maria Mercedes

    Pude ver completos los 2 primeros capítulos. Que lástima. Los siguientes se bloquean permanentemente.

    27 oct 2015