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Transcripción completa

Llanto de un bebé

Majestad, es una niña.

Completamente sana. Una infanta.

Llanto del bebé

La gran victoria que Dios nos ha concedido en Túnez

alegra a la Cristiandad.

Y claramente ofende al rey de Francia,

pues ha iniciado acto de guerra invadiendo Saboya y amenaza Milán.

Por si eso no bastase, en Túnez encontramos estas cartas,

que dicho rey enviaba a Barbarroja dándole palabras de gran amistad

y que podrá ver quien quisiere.

Con todo ello, el rey obliga a la guerra.

A no ser que, como caballero, prefiera batirse con mi persona,

donde quiera y como quiera,

o tenga a bien retirarse de tierra tomada en el plazo de 20 días.

Si no, será inevitable que parta a rompernos las cabezas.

Y si así ha de ser,

¡invoco contra Francia a Dios, al papa y al mundo entero!

Y, con esto, acabo diciendo, una vez y tres, que ¡quiero paz!

Que quiero paz.

Que quiero paz.

Lo sabíais y nada hicisteis.

Si Francisco trata con el enemigo de la Cristiandad,

se convierte también en vuestro enemigo. No podéis ignorarlo.

Debéis apoyarme contra él. No favoreceré a uno sobre otro.

Debéis cejar en vuestra rivalidad.

Negociad la paz. Solo así obtendréis ambos mi apoyo.

No consentiré que logre sus fines.

Si el rey de Francia quiere guerra, la tendrá.

(FRANCISCO RÍE)

Escuchad el duelo del emperador: "Que quiero paz, que quiero paz...".

"Que quiero paz".

Enrique, hijo mío, decidme qué hemos de hacer.

La victoria del emperador en Túnez le aportará aliados.

Yo procuraría negociar una buena paz.

¿Qué dijo el papa?

No dio su apoyo al emperador.

Entonces, seguirá la guerra.

Campanas

Fray Bartolomé, ¡cuánto celebro vuestro regreso!

A vos acudo en busca de justicia. Sois el virrey.

¿Cómo permitís que un hombre viva esclavo de otro

si es una injusticia que hiere a Dios?

Mostradme un esclavo que no lo sea por buena lid

y será puesto en libertad de inmediato.

Sé que Cortés explora nuevas tierras con vuestra ayuda.

¿Pretendéis explotar sus riquezas con el sacrificio de indios sin derechos?

Nada se hace en contra de la ley.

Bien sabéis que un indio en encomienda no es un esclavo.

En las Españas, algunos afirman

que los papagayos y los indios son de la misma naturaleza.

Vos, que los conocéis, ¿qué pensáis?

Para mí, un indio siempre será lo que me digan que ha de ser.

Creo que he errado viniendo a vos en busca de justicia.

Habré de obtenerla de más altas instancias.

Aquí no encontraréis autoridad por encima de la mía.

En España, hay rey. Y, en Roma, papa.

Es él quien ha de zanjar, de una vez por todas, esta cuestión.

Así es. Partid a verle si queréis. Pues, mientras nada diga su santidad,

seguirá habiendo encomiendas, reparto de indios

y colonos satisfechos y leales.

Vos, mi emperatriz,

que unís la bondad de la mujer cristiana

y la rectitud del gobernante justo en un mismo corazón,

podéis interceder ante su santidad

y buscar solución a tan gran problema.

(REZA EN LATÍN)

Contadme, reverencia.

No dejemos que se sigan amontonando los asuntos de gobierno.

He de daros noticia de graves trances, pero...

antes...

debo hablar con vos de un asunto mucho más importante.

¿Es el emperador? ¿Le ha ocurrido algo?

No. Se trata de vos, majestad.

Debéis evitar quedar de nuevo embarazada

o correríais un gravísimo peligro.

No temáis...

No he tenido embarazo mejor. Y el parto...

Es cosa segura. Si no cejáis, moriréis pariendo.

Al parecer del doctor Alfaro

se ha unido el del reputado converso Villalobos.

Vuestro cuerpo está agotado.

Si...

Si lo deseáis, hablaré con el emperador a su regreso.

¡No!

Yo veré el modo.

Dadme, ahora, noticias.

¿Alguna nueva de la campaña contra Francia?

Barbarroja ha respondido a la toma de Túnez arrasando Mahón.

Ha causado gran daño a las islas.

No puedo deciros que la guerra contra Francia vaya como esperaba.

Una vez más, fallamos a estos reinos. No nos lo perdonarán.

El cobarde de Francisco no presenta batalla.

Provenza es tierra asolada,

donde mis hombres no encuentran comida ni enemigo.

Caen como moscas a causa de la disentería.

Pero, pese a estos reveses,

mi corazón se muestra animoso.

Dios ha vuelto a bendecirnos con una hija.

No sabéis lo que ansío conocerla.

Volver a los dulces brazos de la familia y del hogar.

Me place veros tan crecido.

Pronto seréis un hombre.

Reverencia. Majestad.

Madre.

¡Querida hija!

He de hablar con vos.

Cualquiera de mis soldados será mejor recibido que su emperador.

¿Acaso esperabais dulces palabras de bienvenida?

¿Qué hombre no las espera después de la contienda?

Quizá porque no partieron con engaños como hace un malhechor.

Vuelvo y no os reconozco.

Salisteis un día y no regresasteis.

Si, al menos, hubieseis ido a Argel, como se esperaba de vos.

Pero vuestra vanidad y vuestro fatuo sueño de gloria

os llevaron a Túnez.

¡Arriesgando vuestra vida!

Dejando familia y reinos desamparados.

Habláis de mí como de un villano

y no hice trabajo de tal, sino de emperador.

¡Me mentisteis!

¡Me abandonasteis!

Embarazada,

sola de nuevo.

A cargo de todo. Hice lo que debía hacer.

Oyéndoos,

pareciese que actuaríais igual de nuevo si tuvierais ocasión.

¡No os quepa la menor duda!

Hijos míos, es hora de ponerse en camino.

Vuestro padre debe descansar y nosotros hemos de volver a la corte.

Alteza.

Necesitáis a vuestra esposa tanto como ella a vos.

Estos reinos os necesitan.

Unidos.

Ella está cerca.

No permitáis que esa distancia se agrande tanto

que no seáis capaz de recorrerla.

¡Majestad! Os esperábamos con impaciencia.

Son muchos los asuntos que hay que despejar.

He de hablar con la emperatriz.

Excelencia.

Os pido perdón.

No debí partir así.

Fue un acto impropio del amor y respeto que os tengo.

Pero Nuestro Señor nos hizo reyes.

Vos tenéis vuestras obligaciones. Yo he de cumplir con las mías.

Vos, como mujer;

yo, como hombre.

Hubiese preferido no poner mi vida en peligro.

Pero era lo que me demandaba Dios.

Y a Él me debo.

¡Os he echado tanto de menos!

Marchaos.

¿Me rechazáis?

Os ruego que salgáis.

(SUSPIRA)

(RESOPLA)

Reverencia, necesito confesión.

¿Cómo me pone a prueba Dios de este modo?

Solo Él podría responderos.

Me debo a mi esposo y a estos reinos, y me exige

que no cumpla mis obligaciones con ninguno de ellos.

Antes que a nada o a nadie, os debéis a Nuestro Señor.

¿Y por qué me hizo reina si no puedo asegurar la sucesión?

¿Y si le ocurre algo al príncipe? Dios cuidará de él.

Pero el emperador ha de saber lo que ocurre.

Lo he intentado, pero no puedo.

Solo tenéis que decidiros a hablar.

Tengo tanto miedo...

Él es el más cristiano y amante esposo, pero...

temo alejarlo.

Que busque lo que yo no puedo darle

y acabe perdiéndolo para siempre.

Debéis confiar en su majestad.

¿Y decir adiós a esos días felices que aún más me lo parecen

cuando sé que no han de volver?

¡Es la voluntad de Dios!

Cometeríais un grave pecado si, por vuestros temores,

arriesgáis vuestra vida.

Solo tenéis un camino.

Resignaos y confiad en el Señor.

(JUAN DE VELÁZQUEZ) ¡Don Hernán Cortés!

- Al fin regresáis. - ¡Amigo mío!

Tengo mucho que contaros.

Pero, antes, me gustaría ver al virrey.

Es él precisamente quien me envía a vuestro encuentro.

¿Andáis en buen trato con él?

Vos partisteis y yo quedé aquí. Y mi experiencia, conmigo.

Solicita mi ayuda cuando lo precisa.

El virrey es inteligente. Yo no hubiera hecho cosa distinta.

Si bien es una tierra estéril, es ya por fin una costa conocida.

Como muestra el mapa que hemos podido dibujar.

Pese al logro que supone cartografiar esta costa, sin especias ni oro,

hemos de considerar la expedición como un fracaso.

Estaría de acuerdo con vos, de no haber traído importantes noticias.

A mi regreso, unos nativos me dieron nuevas de unas ciudades al norte.

Fabricadas en piedra y llenas de oro.

¿Y disteis crédito?

Describieron lo que vieron y todos los relatos coincidían.

Señor, estoy convencido de que son las siete ciudades de Cíbola.

Es posible que todo eso no sea más que leyenda.

De no haber creído en lo increíble, ninguno de los dos estaríamos aquí.

Mi buen don Hernán,

no es tiempo de invertir dineros en aventuras que persiguen quimeras

o dan tan poco fruto como esta de la que volvéis.

Deberíais marchar a vuestras tierras y forjaros allí una buena vida.

No seré yo quien dé la espalda a la fortuna.

No seáis terco. Los tiempos de la conquista han de dar paso

a los de la buena administración de las tierras conquistadas.

Míos son los derechos de exploración.

Y, si vos estáis tan ciego como para no ver la oportunidad que os ofrezco,

buscaré los dineros en otro sitio.

Señora, vuestro esposo está enfermo.

Agradezco que me informéis, pues nadie lo hubiese hecho.

¿No pensáis ir a verlo?

Su favorita lo atenderá con la dedicación que acostumbra.

Comprendo vuestro enojo, pero...

desdeñáis la oportunidad de ganaros al rey

y ocupar vuestro lugar como esposa y como reina.

Dejadme marchar, os lo ruego. ¡Atendedme!

¡No soy nadie en esta corte!

Se me ha recordado cada hora de cada día que he pasado aquí.

Os pido perdón, alteza.

En mi nombre y en el del reino entero.

En la enfermedad del rey se revela la de Francia.

Pues la guerra con el Imperio nos lleva a la ruina.

Vos sois la hermana del emperador.

Promoved su entendimiento con mi padre.

Solo la paz con vuestro hermano salvaría el reino.

Y a vos.

Afilado

Seguid con lo que tengáis que hacer.

(FRANCISCO DA UN GRITO DE DOLOR)

(SUSPIRA)

(TRAGA CON DIFICULTAD)

(TOSE)

Sin duda, vos sois mi buena samaritana.

Fray Bartolomé de las Casas pide mi intercesión ante el papa.

¿Qué asunto le mueve a ello?

La naturaleza de los indios y su libertad.

Mi abuela fue muy clara en su testamento.

Son súbditos de Castilla.

Pero, en estos 30 años, nada se ha cumplido de lo poco legislado.

Es tema harto complicado y que aún se discute.

Ante asuntos tan importantes, no valen medias palabras.

Voy a escribir a su santidad.

¡Majestad! El príncipe es presa de una gran calentura.

Avisad al emperador.

Vuestra hermana María teme que la guerra con Francia

afecte a Flandes y pide más recursos para reforzar sus fronteras.

¿De qué disponemos?

De muchas deudas y de muy pocos dineros.

Y Francisco tanto podría atacar Flandes como el Rosellón,

Navarra, Nápoles o cualquiera de nuestras fronteras.

¡Sería inútil tratar de anticiparnos sin recursos para defenderlas todas!

Mi señor, vuestros reinos necesitan paz.

Es imposible derrotar a Francia... ¡Si pude una vez, podré de nuevo!

¡Majestad! ¡Ahora no!

Han de sajarlo para que bajen las fiebres.

Puede que no pase de esta noche.

¡Hijo mío!

¡Dios os trae de vuelta a nosotros!

¡Felipe, hijo!

Vos, señora, habéis hecho de mí un cobarde.

Pues no he conocido el miedo ni por el turco ni por el francés.

Sino por pensar que os estaba perdiendo.

Cada instante sin vos,

teniéndoos tan cerca, ha sido...

Ha sido peor que el infierno.

Jurémonos que nunca nos volverá a pasar.

Sin vos a mi lado, la vida no tiene sentido.

He de deciros algo importante.

He de confesaros

una gran culpa.

¡Os amo!

¡Os amo más que a mi vida!

Os amo por encima del amor a mis hijos,

a estos reinos...

Por encima de lo que hay en este mundo.

Que Dios me perdone.

¡Necesitamos dinero para no perder la guerra con Francia!

Majestad, nada hay. Y lo que llegue ya está comprometido.

¡Pues habréis de encontrarlo!

¡Majestad! Ha llegado un emisario de su santidad con gran urgencia.

Yo, Paulo III, pontífice máximo,

os hago saber el grave momento que vive la Cristiandad.

El gran turco ha asolado las costas de Italia

aprovechando nuestra gran debilidad.

Ya que quienes más deberían defenderla

se empecinan en destruirse el uno al otro

y hundir, con ello, a nuestra civilización.

¿Cuál será el próximo golpe del infiel? ¿Roma, quizá?

¿O volverán a ser los cristianos nuestros verdugos?

(PAULO III) Vosotros, señores, que ostentáis

el título de Rey Católico y Rey Cristianísimo,

sois los responsables. Y tened por seguro que ni Dios...

... ni la historia os perdonarán, si no buscáis fin a nuestra desgracia.

Os ordeno y conmino a que encontréis la paz

o, al menos, una tregua tan larga como sea necesario

y que permita a la Cristiandad marchar unida contra el infiel

y procurar su salvación.

Recias palabras. Y acertadas.

Pues, sin duda, la situación es grave.

Mi señor,

ante el papa, alzasteis vuestra voz tres veces exigiendo la paz.

Ahora, no podéis renunciar a ella.

Quizá llega en buena hora este ataque del turco.

Esperemos a ver qué dice Francisco.

Hablad sin temor.

Solo es mi familia la que aquí se halla.

(MONTMORENCY) Atended las palabras de su santidad.

El reino está cercano a la quiebra y continuar

la guerra contra el emperador sería un sacrificio estéril.

Lo derrotamos en Provenza.

Alteza, lo que hicimos fue no presentar batalla,

dejando solo tierra quemada detrás de nosotros.

No podéis negar vuestra ayuda al papa.

Antes, deben cesar las hostilidades contra el emperador.

(MONTMORENCY) Escuchad a vuestro hijo.

La paz es necesaria.

Aceptaré una tregua. En lo que dure, nos recuperaremos.

De la paz ya habrá tiempo de hablar.

Entonces, no hay duda.

¿Estoy encinta?

Así es, majestad.

Salid, os lo ruego.

Señora.

En buena hora llegáis,

pues debo comunicaros algo de la mayor importancia.

He de partir de inmediato.

Francisco ha respondido al papa aceptando una tregua.

¿Volvéis a dejarnos?

¿Ahora?

¿Hay algo más importante que detener la guerra con Francia?

Juradme que volveréis lo antes posible.

Nada me alejará de vos un minuto más de lo que sea necesario.

No...

No habrá encuentro con el emperador. ¡No me verá de esta guisa!

¿Por qué no me apoyáis?

¿Estáis resentido porque partiera sin vos?

¿Acaso podíais, habiendo recibido tal paliza?

Nada tiene que ver con eso. Ya os lo he dicho. Cíbola es una fantasía.

¡Pero son los sueños los que mueven a los hombres, Juan!

Decid, si nosotros encontramos un imperio aquí

y Pizarro encontró otro al sur,

¿por qué no debería esperarnos uno desconocido al norte?

¿No habéis encontrado dinero para vuestra expedición, verdad?

Ni mi crédito ni mi palabra valen lo que antes.

Os equivocáis si pensáis que soy el hombre que puede convencer al virrey.

Siempre os hacéis de menos.

Alteza.

¡Salid!

Dejadme hacer.

¿Qué esconde vuestra toca?

Crecerá.

Sois una mujer admirable.

Y vos sois un rey admirado.

Debes ir al encuentro del emperador, pues vuestro reino os lo demanda.

Además, podéis conseguir una paz que os procure lo que más anheláis.

¿A qué os referís? A Milán.

Vuestro hermano conoce bien tal anhelo.

Eso hará que nunca se avenga a satisfacerlo.

Dejad que yo lo intente. Señora mía...

Permitid que os acompañe.

A nadie ha de extrañar que quiera abrazar a mi hermano.

Aunque el emperador os escuchase,

jamás cedería el ducado a cambio de nada.

Todo tiene un precio.

¿Y cuál es el vuestro?

Tener un hijo con vos.

Cortés necesita vuestro apoyo para poner en marcha su expedición.

- Cree que yo puedo convenceros. - ¿Y por qué no lo intentáis?

Porque yo no creo en la empresa.

- Y vos no creéis en Cortés. - Merece la pena correr el riesgo.

De no ser un delirio, calculad los beneficios en dineros. En mérito.

No creáis que Cortés va a compartir su gloria.

No deberá hacerlo. Es del todo impensable

que él vaya a la expedición. Todos sabemos que su tiempo ya pasó.

Suyo es el derecho de expedición.

Si él no va, no permitirá que nadie vaya.

Dejemos que piense que la va a comandar.

¿Pensáis engañarle de tal manera?

Lo importante es evitar que siga buscando dineros. Si lo consigue,

podríamos perder nuestra oportunidad.

Solo por veros ya ha merecido la pena el viaje.

Hagamos que nuestra alegría sea también la de nuestros vasallos.

Así, perdurará cuando regresemos a nuestros reinos.

¿Conocéis vos la plegaria que puede obrar tal milagro?

Venís a acordar una tregua,

marchad habiendo conseguido una paz perpetua.

Si vuestro esposo quiere paz y tiene justa demanda, tendremos paz.

La quiere.

Y está dispuesto a dárosla

si vos le cedéis Milán.

Marchad.

Sois la reina de Francia y no puedo culparos

porque trabajéis contra mis intereses.

Escuchadme.

Hasta aquí he venido y nada tenéis que perder.

Esperáis del rey que no se interponga en vuestros planes.

¿Y si en vez de eso

conseguís su apoyo y sus galeras se unen contra el infiel?

¿No es ese el paso que anheláis dar después de Túnez?

¿Acaso no vale Milán tal victoria?

Ya firmé acuerdos con vuestro esposo.

No los cumplió.

¿Qué conseguía él con el trato?

Solo que renunciarais a la Borgoña, que ya era suya.

Eso y una esposa.

Que, por ser impuesta, decidió no tocar.

Vivo con el temor de que mi destino sea el de nuestra tía Catalina.

Debéis ayudarme.

Aveníos.

Vos conseguiréis vuestra cruzada

y yo un hijo con nuestra sangre entre los príncipes de Francia.

¿Os encontráis mal, majestad?

¡Traed al físico! Dejad.

No hay motivo de inquietud.

¡Escuchad,

nobles señores!

Tornad la preocupación de vuestro rostro en alegría.

El corazón de un nuevo hijo del emperador ya late en mis entrañas.

Dejadme ir sola.

Ahora no necesito compañía.

¡Majestad! ¡Estáis desafiando a Dios!

Para atender la sucesión de tantos reinos.

¡Os lo advertí! ¡Basta!

Dijisteis que Dios velaría por mi hijo, y casi se lo lleva.

¿No veis en ello un aviso? ¿Y si morís en el parto?

¿Qué habrá ganado el reino? Un infante.

Mi vida está en manos de Nuestro Señor, pues solo sigo su voluntad.

¿Su voluntad o la vuestra? ¡La que prefiráis!

Pues ambas debéis acatar.

Rezaré por vos.

De esto, nadie debe saber una palabra.

Y, menos que nadie, el emperador.

Dejadnos solos.

Pues de hermano a hermano hemos de hablar.

Hemos envejecido, emperador.

Y eso debería habernos hecho más sabios.

Antaño, si os hubiese visto como ahora,

en mi reino, a mi merced,

os hubiera hecho prender.

Habríais sufrido la humillación y el tormento

que deparasteis a mí y a mis hijos.

Tampoco haría yo hoy las cosas como las hice en su día.

Entonces, sí que somos más sabios.

Y, sin duda, más viejos.

¿Veis posible el acuerdo? ¿Veis posible cumplirlo?

(RÍE)

Si incluye Milán y no atenta contra los intereses de Francia,

podéis contar con ello.

Si concertáramos el matrimonio de mi hija María con vuestro hijo Carlos,

su dote podría ser Milán.

(SUSPIRA)

Ni para vos ni para mí.

Pero será vuestra dinastía quien ostente el ducado.

Habrá paz, entonces.

La paz obliga.

Y no me es fácil olvidar vuestros anteriores tratos con el infiel.

Francia socorrerá a su santidad. Tenéis mi palabra.

¿Estáis dispuesto a llegar hasta el final?

¿Hasta Constantinopla?

¿Irá a Francia parte de esa gloria?

Vos y yo iremos a esa cruzada mano a mano.

Entonces, o yo entro en Constantinopla

o Solimán en París.

Caballeros cruzados

luchando unidos por la Cristiandad.

Granada... Lo que daría por volver.

Un día regresaré.

Y vos vendréis conmigo.

El palacio que el emperador desea construir en la Alhambra

es un proyecto soberbio.

¿No deberían ser las plazas y patios como han sido siempre? ¿Cuadrados?

Un patio circular es una novedad,

pero no algo inadecuado.

(SUSPIRA)

¿Creéis sensato gastar los dineros, que tanta falta hacen,

en crear bellas obras que nos sobrevivan?

Las obras magníficas dan cuenta de un magnífico reinado.

Tal respuesta sería la de vuestro padre.

En todo sigue el príncipe la senda marcada por el emperador.

Será tan buen rey como su majestad.

Espero que pueda ser tan buen rey

sin exponerse a morir en la batalla.

¿Pensaréis en ello, alteza?

Majestad, tan normal es que una reina tema por la suerte de su esposo

como que este defienda con las armas la seguridad del reino.

¿Creéis que vivimos una vida sin peligros

mientras lucháis en vuestras guerras?

Pues sabed...

Lucharía en diez batallas antes que dar a luz

una sola vez.

Trote

¿Habéis esperado mi regreso para darme tan feliz noticia?

Dios nos bendice, Isabel.

Ahora, todo es posible.

Francisco y yo culminaremos la cruzada tomando Constantinopla.

Majestad, si carecemos de medios para defender las fronteras,

¿de dónde vamos a sacar lo necesario para tan costosa empresa?

Siempre dineros y más dineros. Pediremos auxilio a nuestros nobles.

No se negarán a sí mismos la gloria de contribuir en tamaña ocasión.

Todos hemos de hacer sacrificios.

Y vos también.

¿Y si os toman prisionero o morís?

¿Qué será de la Cristiandad dejándola indefensa?

¿Qué será de todos nosotros?

Como reyes, nos debemos a unas obligaciones.

Tales fueron vuestras palabras.

Solo os pido que penséis bien cuáles debéis atender,

antes de tomar una decisión.

Está tomada.

Isabel...

Isabel, confiad en mí.

Derrotado el turco, os juro que todo será diferente.

¡O sea, que los indios son personas y el papa decide aclararlo

justo antes de que salga mi expedición!

¡Decidme vos qué hubiese sido de la conquista de estas tierras

con esta bula! ¡Con estos estorbos!

De nada sirven las preguntas ociosas. Esta bula es una realidad

y con ella habéis de contar.

Este documento no se ha recibido.

Quizá vuestra conciencia os consienta embaucar a Cortés,

pero no os permitirá desobedecer al papa.

Mi conciencia está dispuesta a permitirme lo que sea

para conseguir lo que persigo.

Perded cuidado. Esta bula se conocerá.

Pero tendrá que aguardar el momento oportuno.

(RESOPLA)

Hay algo que necesito contaros.

No lo quiero oír.

Habéis trocado el espíritu de conquistador por el de cortesano.

Y, ahora, tenéis otro amo.

¿Eso pensáis después de...

- tantos años de amistad? - Ya no puedo confiar en vos.

Ni siquiera puedo consideraros uno de los míos.

En realidad, nada nos une ya.

Pronto partiré de nuevo hacia la gloria.

No contéis con venir.

Solo vos sois el responsable de vuestro destino.

Ha sido un error venir a veros.

Podemos escuchar vuestra respiración,

podemos arrasar vuestro reino.

No hagáis de mi imperio vuestro enemigo.

Solimán no está dispuesto a que olvidemos los favores recibidos.

- ¿No contabais con ello? - Sí...

Pero no que su daga estuviera tan cerca de mi cuello.

Alteza. Desearía preguntaros

si habéis notado algún cambio en vuestro estado.

Cuando quede embarazada, vos seréis el primero en saberlo.

Deseo que le transmitáis un mensaje al emperador.

No participaremos en su cruzada contra el turco.

¿Qué ha ocurrido?

El emperador os dio su palabra y sabéis que la cumplirá.

Que lo sepa por vos y, así, valorará vuestro gesto.

¿Renunciáis a Milán?

Todo ha sido un sueño. Para vos...

y para mí.

Tantos años sin conocernos y, ahora, nos vemos aquí.

¿Y cómo os sentís al estar, por fin, delante del...

"tirano"?

En parte, complacido, pues veo que conocéis mi obra.

Y también defraudado porque, siendo así,

haya hecho tan poca mella en vos.

Nunca he apreciado la mentira.

Y en eso se convierte una verdad exagerada.

La Corona me encomendó defender a los indios.

Y solo me dio un arma para ello: mi pluma.

¡En estas tierras, es probable que yo haya hecho más cristianos que vos!

¿A qué precio?

Por conseguir riquezas, habéis masacrado y destruido sin cuento.

¡A veces, diez muertos pueden salvar mil almas!

¡Eso es lo que no entendéis!

¡Almas que luego esclavizáis en encomiendas ofendiendo así a Dios!

¿A Dios? ¡No nos pondremos de acuerdo nunca!

¡Nunca!

Espero que el virrey haya decidido tomar partido.

O ganáis vos o gano yo.

¿Por qué habéis provocado tan indeseado encuentro?

Ambos debéis saber algo de la mayor importancia.

El papa concede la bula que pedisteis.

Indios y españoles somos iguales ante Dios y la Corona.

Eso altera la expedición que estamos armando.

La expedición ya ha partido rumbo a su destino.

¡Nos habéis engañado...!

Esta vez, voy a viajar a España.

¡Y os juro que volveré con leyes que nadie pueda burlar!

Habéis desobedecido a la Corona...

Sabéis que solo yo tengo derecho a explorar esas tierras.

Partid también y defended allí vuestro derecho.

Aquí, nada más puedo hacer por vos.

¡Vos lo sabíais!

¡Sois un traidor! ¡En eso os habéis convertido!

No puede haber traición entre dos a los que nada les une.

Eso es lo que dijisteis.

¿Acaso no está en esas palabras la verdadera traición?

Culpad de este revés a vuestra soberbia.

¡Defenderé mis derechos ante el emperador y regresaré!

¡Entonces nos veremos y os pondré a cada uno en su sitio!

Mendoza os ha vencido. Os ha quitado de en medio.

No regresaréis.

Mezclé mi sangre con esta tierra para levantar esta ciudad.

Para crear todo cuanto veis. Tened por seguro que, un día,

seré yo quien os vea partir.

¡Volveré!

¡Jía!

¡Que abandone mis planes de guerra, que resida en estos reinos

y que ahorre en el gasto de mi casa!

¿Qué broma es esta?

Mi señor, es la respuesta de la asamblea de nobles

a vuestra petición de dinero para la cruzada.

Les ofrezco la gloria y me vuelven la espalda.

Os advertimos de su descontento y no nos atendisteis.

Ahora que Francisco está conmigo,

no daré un paso atrás. Un mensaje de la reina Leonor.

¡Leed!

Detened vuestros preparativos,

pues ya no contáis con el apoyo de Francia.

El propio rey, mi esposo, me ha pedido que os transmita su decisión.

¡Pues iré solo!

¡Majestad! Dejadme.

Majestad, atendedme. Os lo ruego.

¡Cómo osáis!

Habréis de escucharme, queráis o no.

Entregaría cuanto poseo por ser capaz de retroceder en el tiempo

y evitarnos este tormento.

¿Por qué no me frenasteis?

Porque me faltó valor.

Solo mis ansias para asegurar la sucesión de estos reinos

os empujaron a correr este riesgo.

Perdonadme.

Esas ansias también eran mías.

Y se sumaron a otros temores.

¿Qué podíais temer?

Haber vivido ya vuestra última caricia.

No volver a sentir vuestro cuerpo en el mío.

¿Cómo podría soportarlo amándoos tanto?

Ahora, solo una cosa importa en este mundo.

Vos.

Os necesito cerca de mí.

Que vuestra seguridad aliente la mía.

Todo irá bien.

Cuando esto pase,

juro que nada podrá separarnos.

¿Vos tampoco podéis conciliar el sueño?

Tomad cerveza.

Sentaos junto a mí.

No abundan las ocasiones de vernos a solas.

Hace tiempo, decidí alejaros de vuestra madre.

Ahora quiero pediros todo lo contrario.

¿Va a morir?

¿Sabéis, entonces, del riesgo en que se halla?

¿Cómo no me dijisteis nada?

Ella no quería que ninguno lo supiésemos.

Pero a vos os lo dijo.

No.

Escuché lo que no debía.

No podía traicionarla.

Tenéis valor,

pues fuisteis leal a vuestra madre guardando para vos esta angustia.

Es culpa mía.

Si fuese más fuerte...

Si no me asaltasen las fiebres y temieseis mi muerte...

¡Callad!

Cada día he rezado para que Dios me lleve a mí en vez de a ella.

¡Nadie tiene la culpa!

Dios dispone.

¿Creéis que yo no preferiría que me llevase a mí en vez de a ella?

Pero vos sois el emperador. Y vos...

sois mi heredero en estos reinos.

Tenéis ya una gran responsabilidad sobre vuestros hombros.

Debéis ser fuerte para soportar lo que Dios decida.

Confiad en mí.

Ya no soy un niño. No.

Ahora sois mi mayor apoyo.

Campanas

¡Majestad!

¡El parto de la emperatriz se ha precipitado!

Quiere hablar con vos.

(SE ESFUERZA Y SE QUEJA)

(GRITA DE DOLOR)

Perdonadme... Perdonadme. ¿Qué decís?

Ahora no os vayáis.

No os vayáis. Nada va a apartarme de vos.

Tengo tanto miedo... Tengo tanto miedo...

(GRITA, CADA VEZ MÁS FUERTE)

¡No! No, no... No quiero dejar de veros.

(GRITA Y SE ESFUERZA)

(GRITA)

Alteza.

Podéis aguardar en vuestros aposentos.

No.

¿Nada se sabe?

Aún no.

Alteza...

Debéis ser fuerte.

La emperatriz ha pedido la extremaunción.

Id vos a buscar a las infantas.

(DA UN RESPINGO)

(SOLLOZA)

Acercaos, hijos míos.

Que abrazaros sea mi última felicidad en este mundo.

(LLORA)

En vos deposito todas mis esperanzas.

Sed fuerte y velad por vuestro padre.

El amor que le deis también me lo estaréis dando a mí.

Os quiero tanto...

Salid todos.

Mi amor...

Es imposible huir del destino.

Tantas veces he rezado a Dios

por que no me sorprendiera la muerte estando lejos de vos.

He de deciros algo.

Si volvéis a tomar esposa... Callad.

¡Por Dios, os lo ruego! Os debéis a estos reinos.

Jamás.

¿Creéis que mi amor morirá con vos?

Juro ante Dios que jamás volveré a tomar esposa

y que nada ni nadie

podrá quebrar mi palabra.

Ni vos misma.

Hasta vuestra testarudez he amado.

Abrazadme.

Que sienta vuestro calor.

Mi vida... Mi amor.

¡Os amo tanto!

Tanto...

(AHOGA UN GRITO)

(GRITA DESESPERADO Y LLORA)

(GRITA DESESPERADO)

(LLORA) No...

(LLORA Y SE LAMENTA)

(LLORA DESESPERADO)

Majestad. Abandono la corte.

Cuidaos de hacer todo cuanto aquí sea menester.

No me pidáis más de lo que puedo dar.

Cada minuto que paso ante su cuerpo

solo pienso en cómo hacer para seguirla.

Solo Dios me puede ayudar.

No puedo jurar que esta sea la emperatriz.

Pero sí juro

que es su cadáver el que aquí ponemos.

Y juro también nunca más

servir a señor que pueda morir.

(ORA EN LATÍN)

Es ahora o nunca. Carlos no se lo espera.

La derrota de Argel ha diezmado sus fuerzas.

He visto pasar la muerte muy cerca. Siento que pronto llega mi hora.

El príncipe es inteligente

y no manifiesta interés por los asuntos de estado.

¿Recordáis a mi hijo Maximiliano?

Demasiado tiempo sin noticias de vuestro hermano

y, ahora, quiere quitarme a una hija.

Vuestro padre va a regresar. Dejó ordenado...

Padre no está aquí. ¡Nunca está!

¿Os alegra mi vuelta?

Ya no recordaba vuestro rostro.

Milán será para el príncipe Felipe.

Un título digno para el hijo de un emperador, ¿no creéis?

Quedan suprimidas las encomiendas.

Tenía la esperanza de que hallaríais paz y reposo en Castilla.

No. No descansaré hasta que mi obra culmine.

Voy a casarme.

No podéis ver más a esa mujer.

¿Pretendéis que yo solo me encargue de las enseñanzas del príncipe?

Vos también quedáis liberado de esa carga.

Cuantos allí se han forjado un porvenir no van a permitir verse

perjudicados por unas leyes impuestas desde la comodidad de la corte.

No he de confiar en nadie. Ni en mi propio padre.

¿Por qué ser cortés con quien no tiene consideración por nosotros?

¡Ha sentado a su hijo en el trono de España!

¡Francisco pretende recuperar Milán! Marcharé al frente de mis ejércitos.

Sois el príncipe. Tarde o temprano, os cansaréis de mí.

Nunca hubo mujer más amada que vuestra hermana Isabel.

¿A dónde me habéis traído? Al mejor rincón de vuestro Imperio.

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  • Capítulo 13

Carlos, Rey Emperador - Capítulo 13

23 nov 2015

Carlos, victorioso en Túnez, denuncia airadamente en Roma los pactos entre Francia y el turco, sin que ello le reporte el apoyo del Papa contra Francisco. De vuelta a España, se encuentra con una emperatriz ofendida por su partida casi clandestina a la guerra y ha de lograr de nuevo su favor. Isabel, además, vive con angustia el riesgo que representaría para su vida quedar de nuevo embarazada. Sin embargo, también considera su deber asegurar la sucesión del reino. Isabel cede ante los avances de Carlos, que ignora el peligro que corre su esposa, y queda de nuevo embarazada.

Leonor aprovecha la enfermedad de su esposo para ocupar el lugar que le corresponde en la corte y, desde esa posición, propiciar la paz entre Francisco y el emperador.

Desde Nueva España, De Las Casas logra la intermediación de Isabel para que Roma proteja a los indios. Cortés, por su parte, es manipulado por el virrey Mendoza hasta conseguir alejar de la colonia al hombre que la conquistó y la puso al servicio de la Corona.

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  1. Artemio Corsai

    La pagina del capitulo 13 no presenta el video, todas las demas estan bien. http://www.rtve.es/alacarta/videos/carlos-rey-emperador/carlos-cap13-201115/3372984/

    15 feb 2016
  2. marga rova

    desde México no lo puedo ver!! a partir del 14 no me deja!!.

    07 feb 2016
  3. marga rova

    desde México tampoco puedo verlos!!!

    07 feb 2016
  4. Mirta Beatriz

    Desde Argentina.. lamento informar que no se puede ver ningún capitulo de la 2da. temporada. La primera la pudimos ver perfectamente!!! Hay algún problema con el portal? Gracias por su ayuda!!!!

    06 feb 2016
  5. Maria del Carmen Pilán

    Hola! No puedo ver los ultimos capitulos!!! Uso el navegador aconsejado y nada..... Cómo se hace? Estoy en Tucumán, Argentina. Gracias

    06 feb 2016
  6. Mario Perez

    Desde La Florida en EU sigo estas series por internet. Me gustan mucho: Pero ahora no se lo que pasa que no puedo ver los capitulos finales . Mi señal es de unos 25 MB. No se que pasa.

    29 ene 2016
  7. Carolina romero Bs As Argentina

    Alguien me podrá responder por q no puedo ver el capítulo 12 y 13? La sigo desde Internet es excelente

    28 ene 2016
  8. Annie Loria Pacheco

    Vi todos los capitulos de Isabel. Ahora estoy enamorada de la Serie Carlos Rey Emperador, pero no puedo ver los capitulos. ¿Por que? ¿Que necesito para verlos??? Desde México Saludos

    28 ene 2016
  9. Luis E. González-Mujica

    Me perdí los cap. 13,14 y 15. No los puedo cargar off line desde mi computador. ¿Hay alguna restricción? Isabel la pude disfrutar off line y no tuve ningún problema. Estoy en Venezuela, por si agrea información.

    23 ene 2016
  10. Luis E. González-Mujica

    Me perdí los cap 13,14 y 15. Lamentablemente no los puedo cargar desde la página. ¿Hay alguna restricción? Isabel la pude apreciar completa fuera de línea. No entiendo porqué no puedo en este caso con Carlos.

    23 ene 2016