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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

- ¿Que envíe mis tropas a Italia? - Estrechad los lazos con Francisco

y marchad juntos contra los imperiales para liberar al papa.

Como representantes de los príncipes cristianos, os exigimos su libertad.

Otro ejército enviado por el rey de Francia ha entrado en Italia.

- Que el papa me envíe un nuncio. - ¿Con qué fin, señor?

Presidirá el juicio que voy a abrir contra Catalina.

¡Catalina, reina de Inglaterra, compareced ante este tribunal!

No cederé. Enrique no se saldrá con la suya.

¿Cómo se atreve? Enrique ha ido demasiado lejos.

Habrá cambios en la casa de mi esposa para avenirse a los usos de Castilla.

Ahora, seréis su caballerizo mayor. Alto ahí. No deis un paso más.

Yo di la palabra a Cortés, pues vino a mí en busca de justicia.

¿Disteis la palabra a un enemigo de la Corona?

Tenéis una nueva hija. Ha llegado un informe contra vos.

No tardarán en apresaros. Conservaréis el cargo de capitán.

Como compensación por los agravios, os hago marqués del valle de Oaxaca.

Es hora de que resolvamos nuestras diferencias cara a cara.

No permitiré que me humille una vez más.

Negociaremos.

Al menos, ganaremos tiempo para reorganizar nuestros ejércitos.

- Francia ha perdido la guerra. - ¿Cuándo recuperará sus rehenes?

Cuando reclame que su legítima esposa,

hermana del emperador, se reúna con él.

La liga contra el emperador está muerta. Solo nos queda negociar.

El papa acepta coronarme. Isabel...

Hoy, abandonamos nuestro hogar por una noble causa. ¡Partamos a Italia!

Música

Mi muy amado esposo, a la felicidad por vuestra coronación,

se une el nacimiento de un nuevo infante para las Españas,

vuestro hijo Fernando.

Aplausos

Pensad en él, que aguarda para conoceros,

y regresad tan pronto como os sea posible.

Los días sin vos parecen años.

Ni estos reinos ni yo hallaremos paz hasta teneros junto a nosotros.

La impaciencia apenas me ha dejado dormir.

Espero que a vos no os haya desvelado vuestra herida.

Gracias. Solo es un corte provocado por un cristal inoportuno.

No me impedirá recibir al emperador.

Ahora, Carlos podrá nombrar a su sucesor.

Lo hará. Estoy seguro.

Tal vez sea eso lo que os ha despertado al romper el día.

Si os dijera que no he pensado en que yo podría ser su sucesor,

mentiría. ¿Deseáis que así sea?

Hablad sin temor.

En el fondo de mi corazón, quisiera que mi hermano apreciara mi lealtad

y actuara en justicia.

No lo digáis como si vuestro anhelo fuera ilícito e inmerecido.

Sabéis gobernar. Sois valeroso y cabal.

Vuestro hermano no encontrará mejor sucesor.

Pronto habrá de abordar este asunto. Entonces, contaréis con mi apoyo.

Ma tante...

Bienaventurada sea la venida del césar.

Hermano.

¡Hermano!

(SUSPIRA)

¿Os acordáis de las palabras de nuestro abuelo Maximiliano?

Todos debemos ser uno... ... compartiendo los mismos fines.

Ahora, tenemos la fuerza para ir más allá de sus sueños.

¿Vos sois...? Vuestra hija.

Margarita.

Veo en vos a Johanna, vuestra madre.

Os agradezco la educación que le estáis dando.

¡Carlos!

¡Avisad a un físico!

Siento ser tan inoportuno, majestad.

¿Por qué me habéis ocultado vuestro estado?

No deberíais haber gastado fuerzas en acompañarme.

Era mi deseo.

Los trabajos de tantos años han culminado, por fin.

No. Ahora, os toca descansar y disfrutar de las dichas alcanzadas.

No, alteza.

Nadie puede ignorar la llamada de Dios.

Es mi hora. El Señor no ha de privarme

de vuestros consejos. Lo hace, pues os sabe preparado.

Como yo.

Pero hay algo...

algo de suma importancia.

Nombrad a vuestro sucesor, sin demora.

Designad a vuestro hermano.

Necesitáis garantizar la estabilidad

en el Imperio,

mi señor.

(INSPIRA) No...

(EXPIRA)

(SOLLOZA)

En Roma, me comprometí a luchar contra la herejía.

He venido para acometer esa misión.

¿Y cómo pensáis hacerlo? Dialogando.

Para disgusto de su santidad.

No solo Lutero opina que la Iglesia necesita una reforma.

Urge desterrar la corrupción de los monasterios

y devolverles la dignidad perdida. Muchos pensamos así, pero...

Ello no ha de servir de excusa para caer en la herejía.

Un concilio que reúna a católicos y reformadores logrará tal fin

sin provocar un cisma. Su santidad es un intrigante.

No he de recordároslo.

Si, pese a vuestros esfuerzos, no hay concilio, ¿qué sucederá?

Seréis rehén de la palabra dada a los herejes y no podréis ir contra Roma.

Al contrario, el papa os exigirá que los sometáis por la fuerza.

Eso es justo lo que deseo evitar.

Tal vez... Tal vez, las reformas no puedan acometerse con este papa

y sea más prudente esperar a otro.

El pensamiento de Lutero se propaga como una peste.

Hay que devolverlo al seno de la Iglesia cuanto antes.

Preocupaos vos y Roma de quien en verdad nos acecha.

El turco, no la herejía, amenaza al Imperio. A la Cristiandad entera.

La amenaza en nuestras fronteras no os deja ver la que crece dentro.

¡No! No es un concilio lo que ha de convocar el papa, sino una cruzada.

Solo la unidad de todos los príncipes cristianos acabará con el infiel.

¡Basta!

Devolveré al turco a Constantinopla.

Pero, antes, evitaré el cisma de la Iglesia.

Alteza.

Disculpadme.

Escribía tan abstraída a mi hermano que no había reparado en la hora.

A veces, me invade la nostalgia. Entendedme.

Yo la padecí cuando estuve preso en Castilla y vos fuisteis mi medicina.

Ahora, espero corresponderos.

Mostradme qué libro habéis escogido para distraerme de mis cuitas.

Selladla de nuevo y enviadla.

Nada hay que temer en sus escritos.

Pero no bajaremos la guardia con la española.

Y más ahora que su hermano es más poderoso de lo que nadie ha sido.

Sin nadie que lo desafíe, ¿cuánto tiempo tardará

en volver la mirada hacia Francia para acrecentar sus dominios?

O quebrantamos la autoridad del emperador o acabará con nosotros.

Si rompéis la paz de nuevo,

iniciaréis una contienda imposible de sufragar.

¿Y qué he de hacer?

¿Permanecer impasible mientras se adueña de toda Europa?

Por supuesto que no.

Buscad a quien le aseste el golpe por vos. No le faltan enemigos.

Con toda la Cristiandad rindiéndole pleitesía,

solo uno está dispuesto a hacerle frente.

Solimán arde en deseos de someter Viena.

Pero no atacará hasta el momento propicio y eso puede tardar.

No necesitamos al turco, sino a su armada.

Barbarroja lleva tiempo hostigando a Carlos en el Mediterráneo.

Con un incentivo, podría redoblar sus esfuerzos.

Y, más, sabiendo que no hay rey en las Españas.

Aprovechemos su debilidad,

antes de que el emperador afiance su posición.

No habrá ocasión mejor.

Barbarroja nos desafía con cada nuevo ataque.

¿Hasta cuándo lo alimentaremos con oro y hombres?

¿Siguen sumándose a sus filas los moriscos del sur?

Cada vez, en mayor número.

Demuestran ser más fieles al enemigo que a su rey.

No permitiré que se siembre la semilla de la insurrección

entre nuestros vasallos.

Hemos de ponerle fin.

Difícil cuando nuestra armada es tan precaria comparada con la del turco.

Nuestros tercios aún no obraron el milagro de caminar sobre las aguas.

Pero ponedlos en tierra firme y demostrarán ser dignos de su fama.

¿Cómo hacerlo si nunca sabemos dónde atacarán?

Pero conocemos dónde se esconde.

Argel, desde donde organiza sus incursiones.

Atacando allí, le infligiremos el mayor de los daños.

Loable empresa, mas arriesgada y muy cara de llevar a cabo.

Serían necesarios muchos hombres y barcos.

Mayor será el gasto si vuestros vasallos se convierten

en la avanzadilla de los berberiscos de África.

¡Eso nunca!

Acabaremos con Barbarroja en Argel.

Pero, antes, he de informar al emperador para que dé su beneplácito.

¿Un concilio para defender nuestras ideas?

Parece que el emperador demuestra buen talante hacia nosotros.

No os dejéis engañar. El papa y el emperador son la misma cosa.

Uno no cambiará un ápice su doctrina y tampoco lo hará el otro.

- Algún provecho podríamos obtener. - Tenéis razón.

Pero para alcanzar un fin diferente.

Vuestros postulados no serán sino un florilegio de buenas intenciones,

mientras no acalléis las voces disonantes.

¿Habláis de Calvino u otros?

No compartimos las mismas creencias.

Cada cual habrá de hacer su camino al encuentro de Dios.

Solo ha de haber un camino.

El que os enfrente unidos al papa y al emperador.

¡Jamás se logrará tal unidad

sin debatir con nuestros hermanos protestantes!

Hacedlo entonces. Elaborad un texto común y presentadlo al emperador.

Os aseguro que ello os hará más fuerte a sus ojos de lo que hoy sois.

Pero, antes... os conviene forzarlo a un compromiso.

¿Pretendéis que guíe los actos del hombre más poderoso de la tierra?

Decís bien:

por poderoso que sea, solo es un hombre.

Quizá baste con sembrar la semilla de la discordia en su propia familia.

Celebro que su majestad haya propuesto un concilio.

Veo más cercano el momento en que todos juntos caminemos

- hacia la luz de una misma fe. - Rezo para que así sea.

Y yo, personalmente, admiro vuestro espíritu tan abierto y tolerante.

Creo que os habéis interesado por las ideas de Lutero.

Aprecio la devoción con que se ha entregado

al estudio de las Sagradas Escrituras.

Entonces, os placerá leer uno de sus últimos textos.

Como buscamos la necesaria concordia,

es bueno que unos escuchemos las voces de los otros, ¿no os parece?

¿Acaso no resuena en todas ellas la voz de Dios?

Lo leeré con la atención que merece.

Para Lutero sería un honor que aceptaseis que os dedique el volumen.

¿Qué mejor prueba para todos del acercamiento que procuramos?

Dejad que lo lea

y os daré una respuesta.

Por fin, en nuestro nuevo destino.

Qué poco ha cambiado el Nuevo Mundo desde que tomé los hábitos.

- (SE QUEJA) - ¡Maldito puerco! ¡Levanta!

- ¡Levanta! - ¡Deteneos!

- ¡En nombre de Dios! - ¿Cómo os atrevéis?

Es mío y puedo hacer con él lo que me plazca. ¡Cogedlo!

¡Es culpa vuestra! Os llevaré ante la justicia.

Quizá, si os paga por él lo que vale, no haya que molestar a la autoridad.

Por cómo lo tratáis, no ha de ser muy alto su precio.

Ni mucho ni poco he de dar.

Ningún hombre es dueño de otro, según las leyes divinas.

(TOSE)

Aquí, las únicas leyes que cuentan son las que rigen en esta tierra,

- fray... - Bartolomé de las Casas.

Si alguna cuita tenéis, discutidla con el Altísimo,

pues a Él solo obedezco.

¿Cómo es posible que siga sin cumplirse la voluntad de la Corona?

La repartición de indios en encomiendas servía a un solo fin:

enseñarles a vivir por sí mismos, a que tuvieran un oficio.

Y, luego, habían de ser puestos en libertad.

Aquí, no hay más rey que el oro.

Y los indios son mano de obra barata con la que hacer fortuna.

Demasiado bien lo sé.

Pues fui encomendero antes que fraile.

Mientras ha gobernado Cortés, aquí, se ha dejado hacer, pero...

ya es hora de que alguien ponga coto a los excesos de los encomenderos.

Si no obedecen al rey,

quizá teman más el juicio de Dios.

La emperatriz solicita mi autorización para ir contra Argel.

Si desea acabar con las incursiones de Barbarroja, no hay mejor opción.

Así opina vuestro abuelo.

¿Y cuál va a ser vuestra respuesta?

Dejadnos solos, os lo ruego.

Estoy preocupada.

La herida no da descanso a nuestra tía.

No debió sufrir tanto sin advertirnos.

Espero que el físico encuentre pronto un remedio.

Hay un asunto que deseo tratar con vos.

Se trata de esta carta que he recibido.

La envía el rey Jacobo de Escocia.

Parece bien dispuesto a desposaros.

Yo no quiero volver a casarme.

Quisiera quedarme aquí, con nuestra tía.

Dado que nuestra tía Catalina ha caído en desgracia,

necesito un nuevo aliado cerca del rey de Inglaterra.

Solo me guía el interés del Imperio. Y, aun así, pretendéis unirme

al enemigo de los reformadores.

¿Cómo van a interpretar vuestra elección?

Jacobo no dudó en quemar vivo... Sé mejor que nadie lo que debo hacer.

Vos, como yo, debéis trabajar por el bien de la dinastía.

Amo y respeto a mi hermano por encima de todo,

pero ¿por qué no atiende a razones?

María, puede que Jacobo no sea el marido que más os complazca,

- pero ha de primar la diplomacia. - Mi hermano no...

Sois una Habsburgo, como yo.

He sido hija, hermana y esposa de soberanos

y jamás escucharon de mí una queja.

Haced, pues, lo que vuestra posición os exige

y enfrentaos a vuestro destino con orgullo.

Seréis reina de Escocia, si así Dios lo quiere.

Si Dios no escucha mis plegarias, tal vez, yo encuentre otro modo.

María, basta ya, por favor.

Vuestra tozudez no hace honor a vuestra inteligencia. Reflexionad.

¡Ay! Y ahora, por favor, ayudadme a llegar al lecho.

Permitid que os haga llegar el escrito que Lutero

y otros partidarios de reformar la Iglesia

han acordado para dialogar con Roma.

La esencia de su doctrina.

Haré llegar este memorial al papa.

Y os prometo que no cejaré hasta que se debata en un concilio.

Conozco el valor de vuestra palabra.

Así lo espero.

Alteza.

¿Leísteis el escrito?

Lo leí. Y encontré inspiración en sus palabras.

A Lutero le honrará saberlo.

Y a mí, que me las dedique.

Hermanos, heme aquí,

sin saber qué decir

para abrir vuestros corazones

tan ciegos de codicia e indignidad como antaño lo estuvo el mío.

Solo acierto a recordar las palabras que hicieron temblar mi corazón,

hace ya más de una década.

¿Con qué derecho

os constituís en dueños de los indios

y les quitáis lo que es suyo? ¿Acaso no son hombres?

¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos, hermanos en la fe?

¡Os encontráis en pecado mortal! ¡En él vivís y morís

por la crueldad con la que tratáis a gentes inocentes!

¡Marchad!

¡No me dais la espalda a mí, sino a Dios!

Arrepentíos ¡o arderéis en el infierno!

Mas no esperéis la absolución de vuestros pecados

si insistís en poseer indios

y darles maltrato.

El emperador ordena aplazar la campaña de Argel

hasta momento más propicio.

Cuestión de prioridades.

Teme que el esfuerzo en acabar con Barbarroja

nos prive de los recursos necesarios para hacer frente al turco.

Al menos, envía la armada de Doria a proteger las costas.

Sabéis que eso no soluciona el problema.

Cada vez que el Imperio lo necesita,

la Corona sangra a los suyos para llenar sus arcas.

¿Y qué recibe a cambio? Tenéis razón en vuestra queja.

Pero es la voluntad del emperador y, nos guste o no, hemos de acatarlo.

Sin embargo, ¿qué regente soy si no puedo tomar decisiones?

Señora...

¿Qué sucede?

¿El infante Fernando?

(BORJA) Respirad...

(BORJA) Respirad, ¡por Dios!

¿No podéis hacer nada?

(SOLLOZA)

(SUSPIRA)

(SOLLOZA)

(GRITA, DESESPERADA)

(LLORA)

Majestad, mi señor, mi amado esposo,

con el alma devastada por el dolor, he de anunciaros que Nuestro Señor

ha querido llamar a su lado a nuestro hijo Fernando.

Vuestro hijo está junto a Dios.

Las penas de este mundo ya no le afligen.

Todavía no hay decisión sobre el concilio.

(RESOPLA)

A duras penas, me retengo para no salir hacia España.

Pero no puedo partir sin una respuesta.

Hay algo más que debéis saber.

El físico ha visitado de nuevo a nuestra tía.

No ha dado buenas nuevas.

(SUSPIRA)

Yo hablaré con ella.

Pero evitémosle más pesares.

(SUSPIRA) El físico no consigue calmar mis dolores.

Os recuperaréis. (SE QUEJA)

Solo un remedio se impone para devolveros la salud.

El mal de vuestra pierna se ha tornado ponzoñoso.

Amenaza con invadiros entera.

De modo... Habrá de amputarla.

Perderéis una pierna. No la mente y el espíritu que todos admiramos.

O, quizá, no soporte la cura. Dios no lo permitirá.

¡Debéis ser fuerte! Os necesito aquí.

En nadie confío como en vos.

Habéis perdido a Gattinara.

Y yo no estaré siempre a vuestro lado.

Por fortuna, podéis confiar en otros.

En vuestro hermano Fernando siempre hallaréis la lealtad de un aliado y

la inteligencia del mejor consejero. No es la primera vez que os lo oigo.

¡Oh, no! ¿Dudáis acaso?

No deseo comprometer en el futuro la unidad del Imperio

por la que tanto hemos trabajado. ¿El futuro?

Necesitáis alguien capaz de gobernar mañana mismo si fuese necesario.

No veo motivo para pensar en esa circunstancia.

Ni vos ni yo

sabemos cuánto tiempo nos queda en este mundo.

Meditaré sobre lo que me proponéis.

Carlos...

Siempre habéis desconfiado de todo y de todos.

Veros coronado no ha hecho sino acrecentar vuestros recelos.

Desconfiad de vuestra propia familia

y el peso del Imperio os aplastará.

Acabaréis perdiéndolo.

¿Un concilio?

¿Para discutir esta sarta de herejías?

Una inmensa hoguera convendría más.

El emperador ha perdido el juicio.

¡Antes trataría con el diablo que con el infame Lutero y sus seguidores!

Necesita garantizar la unidad en el Imperio.

Sabe que, sin ella, su autoridad peligra.

¡A costa de que esos blasfemos cuestionen la mía!

Por desgracia,

temo que use su influencia sobre los soberanos cristianos

para obligarme a convocar el concilio.

(ASIENTE) Entiendo.

Queréis saber si Francia se dejaría convencer.

Es conocido que mi señor considera excesivo el poder del emperador.

- Sin embargo... - No os pediría su apoyo,

sin dar algo a cambio.

Francia ha perdido toda influencia en Italia.

En mi mano está que cambien las tornas.

- ¿Qué sugerís? - Una alianza

erigida sobre un buen casamiento.

Mi sobrina Catalina con el príncipe Enrique.

Prometedora unión, a mis ojos.

Pero ¿en qué os basaréis para negaros a complacer al emperador?

Su hermana me ha proporcionado la excusa perfecta.

¿Quién es el cristiano que espera gozar de la presencia de Dios?

Un encomendero.

No puedo negarle el perdón en sus horas postreras.

Rompería mis votos condenando a un cristiano por toda la eternidad.

¿Acaso se ha arrepentido de sus pecados?

¿Ha concedido la libertad a sus indios?

Si negamos la absolución a los encomenderos,

nuestra orden tendrá en contra a todos los españoles de estas tierras.

Ya que os preocupa más congraciaros con el poder,

dejad que yo me ocupe de las almas.

Indicadme dónde se halla el moribundo.

Poned vuestra alma en disposición de encontraros con Dios, hermano.

Todos los pecados que imaginéis los tengo en mi haber.

Absolvedme, pues veo llegar mi hora.

¿Os arrepentís del trato que habéis dado a los indios, hijo mío?

- Sí, sí... Me arrepiento. - Entonces, renunciad

a los que os tocaron en las reparticiones y liberadlos.

- Quedaréis limpio de pecado. - ¡Nunca!

- Es la herencia de mis hijos. - Recapacitad, por caridad.

Aún estáis a tiempo. ¿Acaso no vale el cielo vuestra renuncia?

Dadme la absolución. Es vuestra obligación.

De nada serviría, pues vuestro arrepentimiento no es verdadero.

Pero rezaré para que Dios se apiade de vuestra alma en el juicio final.

(SE QUEJA)

María...

¡María!

¡Tía!

Juradme...

Juradme que siempre procuraréis la paz entre vuestros hermanos.

Vos misma os cuidaréis de ello,

pero, ahora, calmaos. Mañana, este sufrimiento habrá acabado.

Escuchadme...

El ansia de poder...

puede lanzar a los hombres

a las acciones más insensatas.

Vos tendréis que devolverlos al camino de la cordura.

Lo haré. Os lo juro.

Pero, ahora, no os fatiguéis más.

(MARGARITA LLORA Y RESPIRA CON DIFICULTAD)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Pronto llegará el físico. Ordenad que preparen a nuestra tía.

¡María!

¿Es cierto que habéis consentido que Lutero os dedique un libro?

Pidió permiso y se lo concedí. ¿Pidió permiso?

¿Cómo habéis podido cometer semejante desatino?

¿No entendéis que me compromete?

¡No puedo perder el favor de Roma!

Lo hice para que el rey de Escocia me rechazara.

¿Y pensasteis que sería la única consecuencia?

¿Tan necia sois?

Por vuestra culpa, el papa se niega a convocar el concilio.

Quiere excomulgaros.

No era mi intención provocar la ira del papa.

Ni perjudicar vuestros planes.

Solo quería evitar un matrimonio penoso para mí.

Anteponiendo vuestros deseos a mi voluntad.

Os pido perdón. Salid.

No quiero teneros en mi presencia.

¡Salid!

No negaré que María ha actuado mal,

pero que las artimañas de ese papa artero no os confundan.

Si buscaba un pretexto, ¡se lo ha ofrecido en bandeja!

Dudo que cumpla su amenaza. No la excomulgará.

Pero me obliga a someter a la fuerza a Lutero y a los que le protegen.

Quería un concilio. ¡Y me veo abocado a la guerra!

Vais a ir contra los príncipes alemanes cuando más los necesitáis.

No contéis conmigo. Hasta ahora, el turco solo ha enseñado los dientes.

Iniciad una contienda en Alemania y no tardarán en invadirnos,

pues nos sabrá débiles.

¿También vos me desafiáis? (MARÍA GRITA)

(LLORA DESCONSOLADA)

¡Alteza, lleváosla!

(LLORA DESCONSOLADA)

Nadie puede saber qué guardaba en su mano.

Juro por mi honor que nadie lo sabrá.

Roguemos a Dios por su alma.

(INSPIRA PROFUNDAMENTE)

Os ruego que olvidéis nuestra disputa.

Aceptad mi consuelo, Carlos.

Sé lo que nuestra tía era para vos.

La aliada más leal.

La mejor consejera.

Toda su vida se entregó sin reservas,

para dar lustre a nuestro linaje.

Una misión que todos compartimos.

María me desobedece.

Y vos me dais la espalda cuando requiero vuestro apoyo.

¿Así pretendéis ganaros mi confianza y ser mi sucesor?

¿Dudáis de mi lealtad?

Si no me apoyáis, vuestra presencia en la corte carece de sentido.

Partid cuando os plazca.

Majestad, vuestro dolor es el nuestro,

pero hace días que importantes documentos aguardan vuestra rúbrica.

Majestad,

¿os encontráis bien?

Tenéis calentura, majestad.

Yo seré fiel

a la misión que mi esposo me encomendó.

(SE QUEJA) ¡Avisad al físico! ¡Rápido!

Ya la han sangrado varias veces, pero la calentura persiste.

Diríase que no quiere abandonar su letargo.

La ausencia del emperador ha debilitado su espíritu

en estos momentos tan dolorosos.

¿Habéis mandado recado al duque de Alba

para que se presente en la corte?

Sí, reverencia. Pero me temo que su salud se lo impida.

¿Ha caído enfermo?

- ¿Qué haremos si muere Isabel? - Quiera Dios que no.

Por el bien de los reinos.

Con el príncipe tan niño, ¿en qué manos recaería la regencia?

¿Deberíamos dar aviso a su majestad para que disponga?

Esperemos a ver si el nuevo día nos depara un milagro.

No os dejéis vencer por la enfermedad.

Luchad.

Luchad.

Vuestra gente os necesita.

Dios misericordioso,

dejad que viva

y llevadme a mí en su lugar,

pues yo no soy necesario como ella.

No debisteis aceptar servir a señora tan enfermiza.

No os causo más que sobresaltos.

Una y mil veces volvería a hacerlo, majestad.

(SUSPIRA)

¡Alabado sea Dios!

El prior no cambiará de proceder. Estad seguro.

No censuro que pretenda mejorar la vida de los indios.

Pero, esta vez, ha ido demasiado lejos.

Tenemos que hacerle ver cuanto antes lo que puede suceder si persiste.

(DE LAS CASAS) Al Consejo de Indias,

¿hasta cuándo consentiréis que se prive de derecho divino y humano

a los súbditos de su majestad?

Ya llegan al cielo los alaridos de tanta sangre derramada.

Los ángeles y el mismo Dios lloran ante tanta crueldad

y solo los infiernos se alegran.

Conceded a los indios su libertad y no les obliguéis a servir más

que a cualquier persona libre de estos reinos, antes de que sea tarde.

Que salga en el primer barco hacia Castilla.

¿Dónde lo tenéis escondido?

Habéis dado refugio a un indio huido, delito muy grave en estas tierras.

Más os vale confesar.

Con lo que os gusta hablar en vuestros sermones y ahora calláis.

Apresadlo.

Han llegado nuevas de Castilla.

Vuestro abuelo, el duque...

Mi fiel Fernando, la muerte no quiere darnos tregua.

Debo consolaros por esta pérdida triste para vos y para las Españas.

Fue un vasallo leal y valeroso.

Se le recordará con respeto.

Ha de enorgulleceros heredar el título.

Poco a poco, nuestros mayores nos abandonan.

Me pregunto si nuestras obras serán justa continuación de las suyas.

Ruego me disculpéis.

Me gustaría rezar a solas por su alma.

Pasad, hermana.

No deseo que sigamos más tiempo distanciados.

Pero entended que nada me desviará de mi misión.

Me sigáis o no en ella.

Una y otra vez os pediré perdón hasta quedar sin aliento.

Me concedáis o no vuestra gracia,

juro que jamás os dejaré solo ni os seré desleal.

Si fui demasiado riguroso con vos, no me lo tengáis en cuenta.

No lo haré.

Permitid que clame por el regreso de nuestro hermano Fernando.

¡No os corresponde interceder por él!

Nuestra tía me encomendó esa misión.

Fueron las últimas palabras que escuché de sus labios.

Regresará cuando esté presto a rendirme obediencia.

O no regresará.

Querida hermana Leonor,

en ausencia de nuestra difunta tía, solicito vuestra ayuda.

Pues temo las consecuencias del gran enojo

que ha nacido entre nuestros hermanos.

¿Así llegó la carta de mi joven cuñada, entre estas telas?

Leedla y entenderéis las precauciones.

El emperador y el archiduque no están en los mejores términos.

¿Pensáis que los protestantes son motivo suficiente para tal discordia?

Quizá no. Ahora que el emperador puede elegir a su sucesor.

Podría ser que el archiduque no viera colmadas sus aspiraciones.

Carlos no es hombre propenso a ceder el mando ni a compartirlo.

Si la disputa nace de los protestantes alemanes,

pongámoslo en su conocimiento.

Quizá la ruina del Imperio venga de su propio corazón.

Entretanto, que la carta llegue a su destinataria.

Y que parezca que nadie la hubiera tocado.

Majestad, ¿cómo os levantáis tan pronto?

Las fiebres os han dejado muy débil.

Ya he desatendido mis obligaciones demasiado tiempo.

Es hora de cumplir con mi deber.

¿Qué sucede?

Otro ataque de Barbarroja. Esta vez, en Cádiz.

Hemos estado a punto de perder el puerto

donde recalan los barcos procedentes de Ultramar.

¿Cuántas humillaciones nos ha de infligir para que respondamos?

¿Cuál es el escollo? ¿La falta de dinero?

Pues lo buscaremos donde sea menester.

Recaudad entre mis súbditos lo necesario

para acabar con Barbarroja en Argel.

Pero, majestad...

el emperador ordenó posponer el ataque.

Me ha de guiar lo que sea mejor para España, pues aquí soy regente,

no en el Imperio.

Empeñad mi palabra en ello.

Gracias por acudir a mi llamada.

¿Qué se os ofrece?

¿Quizá vuestro protegido Lutero desea dedicarme un libro?

No. Pero, tal vez, lo que deseo exponeros sea de vuestro interés.

Permitid que lo dude.

De una cita secreta, solo se pueden adivinar intrigas.

Y, sin embargo, aquí estáis.

Sabréis que el papa ha rechazado el concilio.

Sí, lo sé.

Supongo que exigirá al emperador la aniquilación de los protestantes

y de los príncipes que se oponen a los abusos de Roma.

Vuestro silencio es elocuente.

Si vuestro hermano obedece, nos obligará a defendernos.

Y nos empujará a separarnos del Imperio.

¿Por qué me hacéis partícipe de todo esto?

Vos podríais ser la cabeza de ese nuevo estado alemán.

Vuestra legitimidad como Habsburgo y nuestra fuerza lo harían posible.

¿Qué os hace pensar que estaría dispuesto a traicionar a mi hermano?

¿Acaso os concede el lugar que merecéis?

No, alteza. Más bien os lo niega. ¿Me equivoco?

Aunque educado en las Españas, vos comprendéis mejor nuestras cuitas.

Pero el emperador menosprecia vuestra opinión y os impide intervenir.

Si aceptaseis ser nuestro soberano, nada se os podría reprochar.

Solo la cerrazón de Carlos sería la causa del cisma.

No puedo contestaros ahora.

Asunto tan grave merece una respuesta bien meditada.

Por supuesto. El Imperio aún no nos ha declarado la guerra.

Ni nosotros a él.

Que Dios no lo quiera. Amén.

- ¿No os parece gallardo el príncipe? - Muy gallardo.

- La viva imagen de su padre. - (RÍE)

Hay nuevas de Federico de Sajonia, mi señor.

Considera que el archiduque se mostró más favorable de lo que presuponía.

¿Y dais crédito a sus palabras?

Al menos, no rehúsa alzarse contra su hermano, llegado el caso.

Excelente.

Quizás veamos caer pronto al césar a manos de su propia sangre.

Hijo mío,

un rey ha de cuidarse de sus enemigos,

pero, especialmente, de sus amigos.

No confiéis en nadie, nunca. Ni siquiera en vuestra familia.

La codicia y la venganza no entienden de parentesco.

¿Cuántas veces habéis soñado

en ser vos el heredero al trono en vez de vuestro hermano?

(RÍE)

Si alguna vez cometéis traición contra vuestro linaje,

desterrad la piedad de vuestro corazón

o nada valdrá vuestra vida.

Yo no soy un traidor.

Eso creo.

Aun así, aprended la lección.

Hoy no estáis muy atento.

Quizá preferiríais estar cazando con vuestro padre.

¡El rey y yo no tenemos los mismos gustos

ni procedemos de la misma manera!

No pretendía enojaros.

¿Es verdad que nunca podré confiar en nadie, como dice mi padre?

¿Esa es la vida que me espera por ser el hijo del rey?

Sed prudente, no desconfiado.

Misericorde con quienes os rodean e implacable cuando os traicionen.

Pero no veáis al enemigo en todos.

¿Por qué mi padre no habla igual que vos?

Quizá nunca tuvo quien se lo enseñara.

Como mi tía hizo con mis hermanos y conmigo.

Vuestras palabras no se corresponden con la realidad.

A lo mejor, el destino de un segundón es traicionar al primogénito.

¿Por qué decís eso?

Vuestro hermano,

el archiduque Fernando,

está a punto de alzarse contra el emperador.

La información es veraz. Os lo juro por mi honor.

Ayudadme a impedirlo.

Traicionaría a mi padre yendo contra sus intereses.

Solo deseo enviar una misiva que llegue a su destino

sin que otros ojos la lean.

Pedís demasiado. ¡Os lo suplico!

Por la amistad que nos une.

Haré llegar la carta que escribáis.

Pero dad por saldada mi deuda con vos.

Pues no volveréis a obtener de mí gracia alguna.

(FEDERICO) Vos podríais ser la cabeza de ese nuevo estado alemán.

Vuestra legitimidad como Habsburgo y nuestra fuerza lo harían posible.

¡Fernando conspira contra mí! Eso no puede ser cierto.

¡Ha hecho tratos con Federico de Sajonia para separarse del Imperio!

¡Leed!

He de entrar en guerra con los protestantes

y, ahora, descubro que lo haré contra mi hermano.

Majestad, comprendo vuestro dolor.

Pero, si de verdad está en marcha tal conspiración, hay que atajarla.

Pensad en la suma de fuerzas de vuestro hermano y los príncipes.

Emprenderíais una guerra costosa y de final incierto.

La ocasión que aguarda el infiel para infligirnos una herida mortal.

Id en busca del archiduque. Prendedlo y llevadlo a prisión segura.

Evitaré que trate con los príncipes. Quizá podamos malograr la conjura.

¿Y si se resiste?

Hermano, no vayáis contra Fernando.

Diga lo que diga esta carta, mi corazón me dice que no es posible.

La traición es un hecho. ¡La guerra, inevitable!

He de ir a ella en las mejores condiciones.

Mi señor,

os ruego me dejéis ir con el duque. Si nuestro hermano se resiste,

lo convenceré. ¡No!

Carlos, su traición no se ha probado. No deis lugar a una tragedia.

Majestad, vuestro pueblo ha respondido.

Esto es lo recaudado para combatir a Barbarroja en Argel.

Y aún queda por llegar.

No esperaba menos, pues sé cuánto aman a estos reinos.

Tanto como a su emperatriz.

Sin vuestro empeño, la defensa de las fronteras tendría que esperar.

Ahora, todo está en manos de Dios.

Dios Todopoderoso,

a vos acudo en esta hora de soledad y tribulación.

Os ruego que me iluminéis para que mi juicio sea justo.

Dadme fuerzas, Señor, pues he de tomar la más terrible decisión.

¡So!

En nombre del emperador, daos preso, hermano, os lo ruego.

¡Bajad las armas!

¿De qué se me acusa? De conspirar contra el emperador.

Por lo tanto, de alta traición.

¡Fernando!

Si este es mi delito, ¿a qué esperáis para ajusticiarme?

Para morir, este es tan buen lugar como cualquier otro.

¡Nada se hará contra vos sin antes escucharos!

(MARÍA) Así lo ha dispuesto su majestad.

Pero debéis entregaros. Llevadme, entonces, ante él.

Le será de provecho oír lo que tengo que decirle.

- No son las órdenes que tengo. - ¡Concededle esa merced!

Es mi hermano y sé que no es un traidor.

(MARÍA) Os lo suplico.

¿Os parece sensato traerlo aquí? No culpéis al duque.

Yo le rogué que me trajera ante vos.

De hecho, venía hacia aquí cuando fui arrestado.

¿Con qué intención? Confieso que me sentí tentado

de abandonaros. Dejaros solo con vuestra terquedad y desconfianza.

¿Ibais a alzaros contra mí? ¡Jamás! ¡Jamás os traicionaré!

Nunca lo he hecho y nunca lo haré. Lo juro.

Prestasteis oídos a mis enemigos

y no corristeis a advertirme de lo que se tramaba.

Nada de lo que pretenden puede hacerse sin mí.

Quise averiguar quiénes eran los conspiradores

y con qué fuerzas contaban.

No me creéis.

¿Tan poco me conocéis?

Conozco de vuestros anhelos y de cuán desairado os sentís.

¡Conocéis mi lealtad! Por encima de todo.

¿Cómo podéis ser tan cerril? ¡Escuchadme ambos!

¿Acaso habéis olvidado los lazos que nos unen?

Graves peligros nos acechan. Lo sucedido es clara prueba de ello.

Si nos volvemos enemigos, ¿qué suerte nos espera sino la destrucción?

Debemos seguir la estela de nuestros ancestros.

Y solo unidos podremos cumplir con tan sagrada misión.

Mi señor,

las tropas de Solimán se dirigen hacia Viena.

Majestad,

espero vuestras órdenes.

Majestad, malas noticias de Nueva España.

Aquel que fuera nombrado protector de los indios por el emperador

ha sido encarcelado.

¿Qué delito ha cometido? Ayudar a huir a un indio encomendado.

Asunto muy grave en esas tierras incluso para un prior dominico.

Sus superiores os piden que intercedáis.

Pero mucho me temo que su proceder no carecía de motivos.

Debió de enviarla al Consejo de las Indias antes de ser apresado.

Triste destino soportan los súbditos de Castilla más desfavorecidos.

Pero, si intervenís a favor de fray Bartolomé,

vos misma os saltaréis las leyes que exigís cumplir.

Unas leyes injustas que convierten a unos en esclavos de otros,

cuando, a los ojos de la Corona, son todos iguales.

¡Cambiémoslas!

Daremos sosiego a los indios y libertad al fraile.

¡Levantad! Podéis marcharos.

Agradecédselo a la emperatriz. A ella le debéis la libertad.

Por fin, alguien escucha el lamento que llega desde estas tierras.

¡Qué gran impulso para continuar una lucha que parecía agotada!

Admiro vuestra determinación,

mas si en algo estimáis vuestra vida, partid de aquí cuanto antes.

- ¿Amenazáis a un siervo de Dios? - No, solo os prevengo.

La cárcel no es lo peor que os puede pasar

si persistís en enfrentaros a los encomenderos.

Nuestro Señor padeció por denunciar la injusticia.

No he de padecer yo menos que Él.

Por fortuna,

para nuestro sosiego, vuestros superiores no opinan lo mismo.

Ya han nombrado a un nuevo prior.

Acataré las decisiones de aquellos a quienes debo obediencia.

Pero jamás me rendiré.

Lucharé siempre por dar a los indios lo que en derecho les corresponde.

Pues Dios está conmigo.

Pecáis de soberbia si pensáis que vos solo podéis cambiar el mundo.

Lo que hagáis fuera no me incumbe.

Admitid un consejo:

cuidaos.

Castilla está lejos y la protección de la emperatriz

no alcanza a todos los rincones del Imperio.

(RESOPLA)

¿Os inclináis ante aquel contra quien intrigáis?

Debería prenderos sin demora.

A vos y a vuestros cómplices. Mi señor...

Nuestra única falta ha sido la de intentar defendernos de vos.

Si acudimos a vuestro hermano fue porque solo un Habsburgo

podría dar legitimidad a nuestra causa.

Así me lo ha hecho saber el archiduque.

Mientras conspirabais contra el Imperio,

Solimán llegaba a las puertas de Viena.

Para defenderla, he hecho un llamamiento a los príncipes.

Si no quieren ver sus tierras arrasadas

y a sus pueblos sometidos, solo queda enfrentarse, unidos, al infiel.

Os propongo que olvidemos nuestras diferencias,

que os unáis a mí y a mi hermano, pues, juntos, iremos a la batalla.

Habláis de unión,

pero los reformadores seguirán siendo proscritos.

Obligaré al papa a convocar el concilio en el futuro.

Os doy mi palabra. ¿Y hasta que eso llegue?

No perseguiré a los acusados de herejía por Roma.

Entonces, marcharemos juntos contra el infiel.

Sea.

El momento que tanto temía ha llegado.

Recemos a Dios para que proteja al emperador en su batalla.

El emperador solicita que las Españas envíen dinero y hombres

para la defensa de Viena.

Majestad,

vuestros súbditos han contribuido con generosidad contra Barbarroja,

pero se negarán a dar un solo maravedí más.

¿He de elegir entre socorrer a mi esposo y señor

y defender las fronteras de mis reinos?

¿Entre España y el Imperio?

Actué contra la opinión del emperador y debo asumir las consecuencias.

Destinaremos lo recaudado a la defensa de Viena.

Perderéis la confianza de quienes tanto entusiasmo han mostrado.

Mi palabra quedará en entredicho, bien lo sé.

(RESOPLA)

Ha de haber alguna forma

de mitigar su descontento.

No sabemos cuándo necesitaremos de nuevo su ayuda.

He aquí lo recaudado para la lucha contra el infiel

que devasta nuestras costas.

Pero no será en Argel donde tenga lugar la contienda. Será en Viena,

donde el emperador ha convocado a toda la Cristiandad.

Nadie desea más que yo acabar con Barbarroja.

Pero de nada serviría nuestro sacrificio, si, vencido él,

otro ocupa su lugar.

Sé que otros fines alentaron vuestra generosidad.

Empeñé mi palabra, bien lo sabéis.

Nunca he pretendido engañaros.

Por eso,

si alguien quiere lo suyo,

que se acerque y lo tome de vuelta.

El emperador reclama nuestra presencia para luchar contra Solimán.

Madre, ocupaos solo de reponeros de vuestro mal.

- ¿Qué respuesta le daremos? - (RESOPLA) Que Solimán

enseñe a la Cristiandad que, sin Francia, no habrá victoria.

¿Así es como hacéis honor al tratado firmado con el emperador?

¿Rehusando acudir en su ayuda?

¿Cómo os atrevéis a pedirme explicaciones?

He soportado cuanta humillación me habéis infligido

por el bien de la paz.

Pero de nada ha servido. Traidor os conocí

y traidor habréis de morir. ¡Cuidado con lo que decís!

¿Negáis haber conspirado contra el Imperio?

Yo solo busco la gloria de Francia. Y vos deberíais hacer lo mismo,

pues, muy a mi pesar, sois la reina. ¿Cómo?

¡Ni siquiera me tratáis como vuestra esposa!

No sois más que la hermana de mi enemigo.

¡Jamás yaceremos juntos!

¡Dios os devuelve con vida!

El turco se ha retirado sin presentar batalla.

Si tal ha sido la voluntad de Dios, bendita sea.

¡María!

Agradezco mucho vuestros desvelos.

Sois mi fortaleza.

Os concederé lo que me pedisteis.

Permaneceréis aquí, gobernando los Países Bajos.

Es lo que nuestra tía Margarita hubiera querido.

En cuanto a vos,

ruego a Dios que nunca más permita desavenencia alguna entre nosotros.

Ambos habremos de poner de nuestra parte.

Seréis rey de romanos,

mi sucesor.

Solo os pido que mi hijo Felipe herede el título.

Así será.

Todos debemos ser uno.

Y compartir los mismos fines.

¡Carlos!

Con este anillo, yo te tomo por esposa.

- ¿Vivirá? - El daño ha sido terrible.

- ¡Dios mío! - Hay que proteger al heredero.

Con una firma, entroncaréis con la Corona de Francia

y el mundo sabrá que no hay tirano que someta al santo padre.

- Mi vida corre peligro, alteza. - Miradme a los ojos

y llamadme bastarda.

¡Mis manos! Inglaterra tendrá su propia Iglesia.

¡Y yo la gobernaré!

¿Pensáis restituirle el cargo de gobernador?

Con prometerlo bastará.

Roma no os apoyará para recuperar Milán. El papa Clemente ha muerto.

Os ruego que encomendéis a otro el gobierno de Flandes.

Tan alto deber no puede quedar en manos de alguien tan quebradizo.

Hoy mismo, abandonaréis la corte. El amor fortalece como el rigor.

Acatad mi decisión y hacedlo en silencio.

Demostradme que el rey ha hecho de Nueva España un virreinato

y de vos, un virrey!

(FRANCISCO) Quiero oír a vuestros protegidos,

a quienes dicen hablar de otra forma con Dios.

¿Quién os ha hecho esto? ¿Los fiadores? ¡Dadme nombres!

A vos no os dejarían...

¡En Inglaterra, no hay más reina que yo!

¡Padre! Padre...

  • Capítulo 11

Carlos, Rey Emperador - Capítulo 11

16 nov 2015

El Papa corona por fin a Carlos. Con ello, Gattinara ve cumplido su sueño. Pero la trascendencia del hecho conlleva más obligaciones para el emperador: Su Santidad lo insta a resolver de una vez por todas el problema protestante. Fernando previene a su hermano sobre las consecuencias de ir de la mano de Roma contra los alemanes: la animadversión contra Carlos puede ser funesta para los intereses de la familia, cuya unidad parecerá a punto de quebrarse.

Por su parte, Isabel se ve en la peliaguda disyuntiva de socorrer a su esposo o favorecer los intereses de España, cuya regencia ostenta.

En Nueva España, los esfuerzos de De Las Casas por mejorar las condiciones de vida de los indios se topan con la férrea oposición de los encomenderos. La violencia de estos y la intransigencia del dominico avivarán el conflicto.

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  1. agleh

    Yo las he visto todas y la peli q es la 2° parte antes q esta y muy bien La serie de Carlos Isabel y la Corona Partida están en armazón el pack completo o en el alcampo o el corte inglés por Navidad o youtube Pero mirad primero en armazón fijo % Un saludo ya me contareis

    13 dic 2016
  2. Avatar de Dolores Mena Mitche Dolores Mena Mitche

    Esto es ridiculo ya tengo un año tratando de ver la serie me que de en el capitulo 11 no se vale alguien que me siga si en España estan vendiendo las reries de isabel , carlos el rey emperador y( la Corona perdida ) no se si haci se llame la ultima perk si quisiera veras y tenerlas , por favor diganme como conseguirlas.

    31 oct 2016
  3. Verónica Alcalá

    Gracias Adrián Gutiérrez, eres el único que ha contestado, pero entonces ¿ya no la podremos ver nunca más las series?. tenemos que ser pacientes, porque RTVE no quiere dar la cara :-(

    24 mar 2016
  4. Adrian Gutierrez

    Por esto http://www.expansion.com/empresas/tecnologia/2015/10/22/5628980322601d14508b465b.html

    09 feb 2016
  5. Sebastian

    No se pueden reproducir lo videos :( En que otro sitio los podré ver?

    04 feb 2016
  6. baba loka

    Hola que tal. No se reproducen los videos en I pad, mobil u ordenador de escritorio. Eso empezó apenas dos semanas cuando más. Gracias y felicidades por sus series INCREIBLES pq

    29 ene 2016
  7. mariella mamani

    Hola porque no se puede reproducir el video de la serie pongo play y no da no reproduce hagan algo porque la mayoria avalos carlos mala comodidad de el celular y no se ve

    26 ene 2016
  8. Ma Josefa perez

    No se puede ver la serie no entra en ningún capítulo Arréglenlo que pasa con rte

    26 ene 2016
  9. mariana

    Por favor arreglen el problema necesito ver el capitulo 11 ,,,,,!!!! No es posible que no funcione

    24 ene 2016
  10. Diandra

    Venía siguiendo la serie y es imposible ver los capítulos desde el 11 en adelante. No va a estar disponible por Internet la serie? Gracias

    24 ene 2016