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No recomendado para menores de 12 años Carlos, Rey Emperador - Capítulo 6
Transcripción completa

Lutero niega que Roma medie entre Dios y los hombres.

Con sobrada generosidad, he dado a ese hereje 60 días para desdecirse.

Si no lo hace, deberá ser arrestado inmediatamente.

Sin pierdo el favor del papa,

la amenaza de Inglaterra y Francia se extenderá a todas mis fronteras.

(FRANCISCO) Os propongo un acuerdo pacífico.

Animad a Enrique a reunirse conmigo para tal fin.

Que todos sepan que el delfín y mi hija un día serán marido y mujer.

Hernán Cortés, ¿por qué acudís ante mí?

Por orden de mi señor, el rey de Castilla,

vengo a mostraros la fe verdadera.

Con quien aquí lo representa, Hernán Cortés, gobernaré estos dominios.

El cardenal Wolsey se ha entrevistado con Francisco. Planean una alianza.

- ¡Partimos! - Alteza, fue tan solo un juego.

Volvamos al banquete. Ganadle, al menos, en magnanimidad.

¡Está muerto para mí!

Gobernaréis las Españas durante mi ausencia.

Los rebeldes de Castilla han tomado Tordesillas.

Declarad que el trono os pertenece solo a vos

o los enemigos de nuestra causa no se detendrán hasta aniquilarnos.

¿Pretendéis que derroque a Carlos?

(MARGARITA) Fernando no se propuso como candidato.

Si algún rencor albergáis por ello, que sea hacia mí.

Os presento al nuevo archiduque de Austria, mi hermano Fernando.

Yo solo me casaré con Carlos. O César o nada.

Partiréis hacia Portugal para desposar al rey Manuel.

(CATALINA) Con pesar os informo de que mi esposo,

el rey de Inglaterra, selló graves acuerdos con Francia.

Aveníos a nuestras condiciones y aislemos al francés con el acuerdo.

Me arrebata un imperio y, ahora, un aliado.

¿Qué mal le he hecho a Dios para merecer a Carlos?

Han enfebrecido. Parecen poseídos por el maligno. Y aún más los nuestros.

Creen que los mexicas se preparan de esta guisa para atacarnos.

(CORTÉS) ¡Deteneos!

(CORTÉS) No abandonaremos este lugar.

(AGUILAR) O escapamos o esta será nuestra última morada.

Música

(CORTÉS) Enviada por Hernán Cortés, capitán y justicia mayor de Yucatán,

al muy alto y potentísimo césar, Carlos, emperador y rey de España.

Hacemos la relación de las cosas sucedidas

en la conquista de la ciudad de Tenochtitlán

y las otras provincias que se rebelaron.

Como las muertes de españoles estaban en nuestros corazones,

mi voluntad era volver sobre la ciudad.

Prometimos todos no salir sin victoria o dejar allí las vidas.

Murieron más de 6.000 ánimas entre hombres, mujeres y niños.

Los de la ciudad peleaban y eran tal multitud

y daban tantos gritos y alaridos

que parecía que se hundía el mundo.

A todos los españoles que tomaron los sacrificaron

sacándoles los corazones para ofrecérselos a sus ídolos.

Desde el día en que se puso cerco a la ciudad hasta que se ganó,

pasaron 75 días, con muchos peligros y desventuras

que sus vasallos padecieron.

Muy católico señor:

Dios Nuestro Señor la vida real persona conserve

y aumente con acrecentamiento de mayores reinos y señoríos

como su real corazón desea.

Ese Cortés ha derrotado un imperio.

Así es. ¿Lo nombraréis gobernador de los territorios conquistados?

Todavía no.

Ahora solo he de pensar en La Dieta de Worms.

Lo celebro.

Ese es, sin duda, vuestro primer gran reto como emperador.

En la asamblea de Worms, majestad,

os encontraréis con todos los príncipes de los estados imperiales.

Habrá peticiones que atender. Lo habitual.

Cierto. Pero, sobre todo, los príncipes quieren ver

al nuevo emperador. Para hacerse una opinión.

Muy caros nos han resultado ya esos príncipes y todavía quieren más.

Por ello, debemos preparar ese encuentro con el máximo cuidado.

Worms marcará el inicio de vuestra gobernanza. Y no será tarea fácil.

Disculpad mi tardanza, majestad.

Ha llegado una misiva de Roma.

El papa quiere saber por qué todavía no he hecho nada contra Lutero.

Mi señor, ese hereje no solo desafía al papa con sus burlas.

Sino al Imperio y a vuestra autoridad.

Entregadlo a los agentes de Roma. Lutero goza del afecto alemán.

Ir contra él sería ir contra Federico y, por tanto, contra los príncipes.

¿Es así como debe presentarse el emperador ante ellos

en su primer encuentro? Solo debe haber una fe en el Imperio.

Es lo que lo mantiene unido y el emperador vela por ella.

Bastantes amenazas acechan ya nuestras fronteras, señor.

Así que mejor no provocar más conflictos en el interior.

Lo que no podemos es... ¡Basta!

Sé lo que debo hacer.

(FRANCISCO) Señores, subí al trono ávido de gloria

y con el propósito de demostrar el poderío de la Corona de Francia.

Y, gracias a ello, el Milanesado os pertenece.

Sin duda, Carlos alberga pretensiones similares.

Media España se ha alzado contra él.

Y la nobleza alemana no se lo va a poner fácil.

¿Apaciguará eso sus anhelos? No.

En el mejor de los casos, solo los postergará.

He decidido atacar al emperador por varios frentes.

Navarra, donde Albret entrará con el apoyo de Lesparre.

Mientras Carlos reordena sus tropas para repeler el ataque,

nosotros invadiremos Luxemburgo.

Su primer ducado. No le causará regocijo.

He previsto que contrataque desde Alemania y Nápoles hacia Milán.

Por eso, reforzaré nuestra presencia en Italia.

Enviaré al señor de Lescun al Milanesado para apoyar a Lautrec.

- ¿Alguna objeción, condestable? - Sire...

Me inquieta menos el plan que los hombres elegidos para ejecutarlo.

Con el debido respeto, el señor de Lesparre no es la persona adecuada

para comandar la ofensiva en Navarra. Y el señor de Lescun...

Sin duda, Lautrec se alegrará mucho de recibir la visita de su hermano,

pero confiarles la defensa del Milanesado se me antoja temeridad.

¿Y supongo que vuestras reservas nada tienen que ver

con que sean los hermanos de Francisca de Foix?

Más bien con que sea el único hecho reseñable de su hoja de servicios.

Cuestionando su capacidad de mando, dudáis también de la mía.

Soy vuestro consejero, alteza. Y el jefe de vuestros ejércitos.

Debo comportarme como tal.

Entonces, id y acatad mis órdenes.

Señora, no recurro a vos invocando una amistad que sabemos devastada,

pero nuestras disputas no han de impedir que intervengáis.

Pues en algo estoy de acuerdo con vuestro hijo:

el futuro de Francia está en juego.

Me estáis pidiendo que censure al mismísimo rey en un asunto de guerra.

Apelo a vuestro sentido común.

Os pido que lo hagáis entrar en razón.

A mí, hace tiempo que no me escucha.

Si desea dar pruebas de amor a su favorita,

convendría que encontrase un modo de hacerlo

que no conduzca a Francia a un desastre.

¡Bienvenidos! Me complace felicitaros por vuestra victoria en Tordesillas.

El rey os agradece que hayáis liberado así a su madre y hermana.

No todo son buenas nuevas.

La caída de Tordesillas debía provocar la rendición

- de las demás ciudades alzadas. - Pero no ha sido así.

Pensaba que pronto podría comunicar a su majestad

que Castilla volvía a estar en paz.

Padilla ha reorganizado sus fuerzas y eso ha alentado a los rebeldes.

Sin embargo, hay algo. Tengo la impresión de que no tomamos

Tordesillas solo por el arrojo de los nuestros.

Alguien pudo allanarnos el camino.

- Explicaos. - ¿Recordáis a Pedro Girón?

- Quería el ducado de Medina-Sidonia. - Pero su majestad se lo negó.

Sus hombres protegían la villa, pero tomó una decisión inexplicable,

un error que nos permitió abrir una brecha y reconquistarla.

¿Pensáis que lo hizo para favorecernos?

No tenemos pruebas, pero es nuestra sensación.

Una suposición interesante... ¿Qué sugerís?

Quizá sería provechoso conocer qué ronda por la cabeza de Girón.

Decid, Girón,

¿por qué dejasteis desprotegido el acceso a Tordesillas por el sur?

Vimos la oportunidad de tomar Villalpando y así lo hicimos.

Bien sabéis que tuvimos éxito.

¿Decís que os pareció oportuno mermar la defensa de doña Juana

para ir a la conquista de otra plaza?

Una estrategia insólita, sin duda. Y muy arriesgada.

¿Hay detrás de vuestras palabras una acusación precisa?

Porque, de ser así, es propio de caballeros formularla de frente.

Muchos se preguntan lo mismo que nosotros,

pero yo he intercedido por vos.

Pensé que entendería vuestras razones,

sin embargo, no me dais argumentos para defenderos.

Parece que no os baste ni a vos ni a los demás

con que haya arriesgado mi hacienda y mi nombre por esta causa.

Quizá hayáis llegado a la conclusión de que vuestra presencia

entre nosotros os sale cara.

Soy un grande de Castilla.

Lo que yo puedo perder ni siquiera podéis imaginarlo.

Pero quien piense que soy uno de esos traidores

que ya ha vuelto sus ojos hacia la Corona

- habrá de vérselas conmigo. - Sosegaos, Girón.

Habéis luchado bravamente. Por ello, permaneceréis a nuestro lado.

Pero solo mandaréis sobre vuestros hombres.

Traidor o no, la pérdida de Tordesillas ha sembrado el desánimo.

Ya hay voces que abogan por negociar con los nobles.

¡Haber llegado tan lejos para acabar humillados!

No es momento de arrepentimientos, sino de pelear con más fiereza.

Es cierto. En Burgos, todavía quedan

muchos fieles a nuestra causa y podemos reconquistarlo.

Padilla, a vos os respetan más que a ninguno.

Si saben que os dirigís hacia allí, nos apoyarán.

Entonces, partamos cuanto antes.

Mi señor...

Juan.

Decidme, padre.

Pronto, vais a ser rey de Portugal. Quiero...

que cuidéis de vuestra madrastra y de vuestra hermana

como si fuerais yo mismo.

Así lo haré, padre.

Prometedme...

que no os casaréis

hasta haber desposado a vuestra hermana con el emperador.

Prometedlo.

Lo prometo, padre.

(SUSPIRA)

Padre...

(INSPIRA PROFUNDAMENTE)

(EXPIRA)

La muerte de vuestro padre me convierte en viuda

y me condena a regresar a Castilla.

No será mañana.

¿Pensáis que Carlos no me reclamará sin demora,

para casarme con quien más le convenga?

El emperador respetará vuestro duelo. Estoy segura.

Querida amiga, ese césar, con quien soñáis desposaros,

no tiene corazón. Os lo aseguro.

¿Cómo podéis decir eso de vuestro hermano?

Porque lo conozco. Sacrifica a quien sea necesario.

Incluso a sus seres más queridos. Todo, en aras de sus intereses.

Escuchadme, Leonor.

Cuando despose a vuestro hermano, y Dios sabe que ese día llegará,

yo intercederé por vos y haré lo todo lo que esté en mi mano

por daros un marido que esté a la altura de la reina de Portugal.

¿Entregar a Lutero? ¿Cómo podéis pensar tal cosa?

¿No habéis leído su carta al papa?

¿Se ha retractado por fin? No exactamente.

Pero en ella queda bien claro que Lutero es fiel a su santidad.

Sus críticas van dirigidas a la curia romana.

Tal vez vuestro protegido debiera ser menos prolijo en sus escritos

y reflexionar con más prudencia sobre sus actos.

No estamos aquí para discutir sobre teología

ni para juzgar quién lleva razón.

Podría ordenar prender a Lutero hoy mismo.

Y tendríais que entregarlo.

Sin embargo, quiero darle una última oportunidad.

Hay algo en lo que Lutero y yo estamos de acuerdo.

Yo mismo creo conveniente una reforma de la Iglesia.

Pero el debate debe hacerse dentro de la propia Iglesia.

No al margen. Ni contra Roma.

¿Pensáis que tal cosa es posible?

Voy a impulsar la convocatoria de un concilio.

Allí, él y otros muchos podrán exponer sus ideas.

Pero pongo una condición:

debe retractarse de sus escritos, tal y como reclama el papa.

Y ha de hacerlo en público, ante la asamblea del Imperio.

Prometisteis que vuestros súbditos serían juzgados con ecuanimidad.

Entiendo que Lutero tendrá la oportunidad de defenderse.

Yo cumplo mis promesas.

¿Y vos?

¿Lo convenceréis para que comparezca?

¿Quién me asegura que no se aprovechará para prenderlo?

Nada se hará contra él.

Tenéis mi palabra.

En mi ánimo está encontrar la mejor salida para este conflicto.

Majestad.

Francia nos ataca.

¡Maldito Francisco! Bien ha elegido el momento.

Una habilidad propia de serpientes, majestad.

La cuestión es que nos ha sorprendido.

No podemos atender a tantos frentes al mismo tiempo.

Y el francés lo sabe.

Debemos reorganizar nuestras fuerzas. Eso llevará un tiempo que no tenemos.

Gattinara, viajaréis a Inglaterra de inmediato.

Majestad, dudo mucho que Enrique acepte verse envuelto en esta guerra.

Se comprometió a ello si Francia nos atacaba.

No lo hará. Pero puede mediar para conseguir una tregua.

Una tregua para ganar tiempo y reorganizar nuestros ejércitos.

Confío en vos. Haced cuanto podáis.

Cada hora rentará a nuestro favor. Majestad.

Pronto Francisco será un pobre rey

o yo seré un pobre emperador.

Cierto es que tenéis el privilegio de elegir a vuestros hombres.

Pero también la obligación de contar con los mejores.

¿Y qué os hace pensar que los hermanos de Francisca no lo son?

(LUISA) Que nadie los considere dignos de tales honores,

excepto vos y, supongo, vuestra favorita.

¿Os habéis aliado con mi primo en contra de Francisca?

¿Con quién más conspiráis a mis espaldas?

Os prohíbo que dudéis de mi lealtad.

Sois el rey de Francia, pero también sois mi hijo. Yo os he concebido.

Yo os he creado.

No es animadversión, sino franca preocupación

lo que ambos sentimos por vuestros caprichos.

No tomo decisiones a la ligera, madre.

Y no apartaré a los señores de Foix de las misiones encomendadas.

Pero, ya que os preocupa tanto esta campaña,

sabed que yo me pondré al frente de mis ejércitos en Luxemburgo.

Y así se lo haré saber a vuestro amigo el condestable.

Debéis descansar.

(SUSPIRA) Mañana será un día largo.

Todos lo son, hermano.

Se multiplican los frentes que debo atender. A mis días les faltan horas.

Me pregunto si tendré tiempo para sofocar tantos fuegos.

Mis enemigos me creen vulnerable. Y se atreven a lanzarse sobre mí.

¿Acaso lo sois?

Todos lo somos en algún momento.

Ellos también, por tanto.

No tardarán en descubrirlo.

De uno en uno, majestad.

De uno en uno.

De acuerdo, entonces. Primero, Lutero.

Después, iré al encuentro de Francisco al frente de mis ejércitos.

Y yo iré con vos.

Por nada del mundo me perdería la derrota de ese francés arrogante.

Lutero no debe comparecer ante la asamblea de Worms.

Es una grave equivocación.

No sois quien para cuestionar una decisión del emperador.

¿Y debemos permanecer callados cuando puede traer nefastas consecuencias?

Antes de partir hacia Inglaterra,

os ruego que aprovechéis vuestra influencia sobre él.

¡Convocar al hereje ante la Dieta

le da la oportunidad de difundir aún más si cabe sus ideas!

Como si no bastara con sus libros.

Pero debemos confiar en el buen juicio del emperador.

- ¡Debemos protegerlo de él mismo! - ¡Teneos, señor de Chièvres!

No podemos calcular las consecuencias de la comparecencia de Lutero.

Pero su majestad ha empeñado su palabra. Solo cabe cumplirla.

No lloréis más, por favor.

Espero que lo que voy a deciros alivie vuestro dolor.

¿Qué tenéis, señora?

¿Tanto os desagrada la idea de casaros conmigo?

No. No, alteza. No es eso.

Entiendo que os pueda parecer precipitado.

Aún es reciente la muerte del rey, pero el consejo del reino...

Señor, conocéis las capitulaciones firmadas por vuestro padre.

En las mismas, no se contempla ninguna boda con el heredero.

Mi hermano no tardará en reclamar mi regreso a Castilla.

No os atormentéis. No me doblegaré ante él.

Escuchadme. Os lo ruego.

Llevo tiempo ocultándoos algo que me devora por dentro.

Os amo, Leonor.

Os amo desde que os vi entrar en palacio.

No sabéis cuántas noches he muerto de celos.

Cuánto he odiado a mi padre al saberos en sus brazos.

Alteza, por favor... ¿habéis perdido el juicio?

Dios sabe que estoy diciendo la verdad.

¡Mi adorada Leonor!

Sé que sentís cariño hacia mí. Eso me basta.

Albergo la esperanza de que algún día me améis como yo os amo.

¡Ay, mi señor! Yo...

Nada deseo más que permanecer aquí, pero...

Decidme, ¿habéis enviado una embajada a Castilla

para acordar mi boda con el emperador?

No. Todavía no.

Vuestra boda tendrá que esperar.

El consejo real ha decidido que debo casarme con Leonor.

Es lo más conveniente para la Corona.

Prometisteis a nuestro padre... ¡No habéis de recordármelo!

Pero casaros con el emperador exige una dote

que Portugal no puede afrontar sin esquilmar las arcas.

En cambio, mi boda con Leonor no requiere dote.

Se trata de una boda entre iguales.

¿No os da vergüenza? ¡Teneos, hermana!

Entiendo vuestra frustración.

Pero no voy a tolerar que me faltéis al respeto.

¿Vos os atrevéis a reclamar respeto?

(SUSPIRA)

¡Mi señor!

Burgos está definitivamente perdida.

Los hombres del rey no solo son diestros con la espada,

- también se sirven del miedo. - Han sembrado el terror

- entre los nuestros. - Nuestra causa es justa.

No debemos perder la fe.

Estáis en lo cierto.

Perdida Burgos, solo nos queda una oportunidad.

Hay un lugar, en la línea que une Valladolid, Tordesillas y Rioseco.

¡Torrelobatón!

Desde ese punto, se domina la región. Si tomamos Torrelobatón,

podemos cortar los suministros a nuestros enemigos.

Y preparar el contrataque.

¿Qué esperamos para dirigirnos hacia allí?

No. Esta vez, vos no vendréis conmigo.

Después de un revés como este, os necesito en Toledo. María...

La llama de la rebelión no debe apagarse

en las ciudades que todavía son leales.

Y, en Toledo, os respetan tanto como a mí.

Prometedme que volveremos a vernos.

Ni la misma muerte podrá impedirlo.

Os amo.

Os agradezco que hayáis acudido a mi llamada,

pero, sobre todo, que hayáis confiado en mí.

Quiero pensar que la palabra de un grande vale como la de su igual.

¡Incluso en estos tiempos convulsos!

Os preguntaréis por qué he propuesto este encuentro.

La guerra que nos enfrenta solo puede terminar de una manera.

- Con la victoria de la Corona. - Eso está por verse.

Hay un orden natural. Nada puede cambiarlo.

Ese orden propicia que, ahora, estemos conversando entre iguales,

- pese a luchar en bandos opuestos. - Estáis dando muchos rodeos.

Sed claro y explicadme qué estoy haciendo aquí.

Queremos proponeros un trato.

Ayudadnos a prender a los caudillos del movimiento.

He oído de vuestras desavenencias.

¿Vos también me consideráis un traidor?

Los únicos traidores son los que pagarán por sus actos

cuando esto acabe del modo que ya os he expuesto.

Vos, sin embargo, no solo podríais obtener el perdón,

sino mejorar vuestra situación.

Doy por supuesto que habláis en nombre de la Corona.

Así es.

Vuestra oferta me interesa, pero sé muy bien lo que quiero a cambio.

¿Así que ese felón reclama el ducado que le negué en su día?

Parece que no fue otra la causa de que se uniera al bando rebelde.

Y, ahora, vuelve a las andadas.

¡Qué osadía! Debería conformarse con conservar la cabeza.

Entiendo vuestro enojo, pero Castilla se desangra en esa guerra.

Girón podría ayudarnos a terminar con las revueltas de una vez.

Bien. Será duque, entonces. Pero nada más se le concederá.

Ahora, veamos cómo se defiende el hereje.

¿Reconocéis esos libros?

Sí.

- Yo los escribí. - Contienen ideas escandalosas,

erróneas, ofensivas

y seductoras de ánimos sencillos.

(CHIÈVRES) Demuestran vuestro ataque contra la doctrina de la Iglesia.

¿Os retractáis de esos escritos?

¿Os retractáis?

Necesito tiempo para responderos.

¿Tiempo?

Vos, que usáis con tanta facilidad las palabras,

¿necesitáis tiempo para responder con un sí o un no?

Quisiera meditar mi respuesta.

Para ser justo con la palabra de Dios y la salud de mi alma.

¡Debéis dar la respuesta ahora!

Murmullos

¡Ahora!

Concededle lo que os pide. ¡No!

Debe responder sin más demora.

¿Acaso no veis lo que está sucediendo?

Tenéis un día.

Mañana, compareceréis ante nosotros con vuestra respuesta.

¡Tenía que retractarse! ¡Para eso debía comparecer!

Convendría hablar con su protector.

Averiguar cómo reaccionó Lutero ante vuestra propuesta.

¡Despertad, alteza! El sajón ha vuelto a engañarnos.

Si actuamos ahora contra Lutero, lo convertiremos en un héroe, un mártir.

¿Cuánto tardarían los nobles en azuzar a los campesinos contra vos?

Pero, si lo dejamos ir, sus ideas se extenderán como la mala hierba.

(SUSPIRA) Una trampa... ¡He caído en una trampa!

Prended a Lutero, mi señor.

Roma os lo exige. Nadie os lo podrá reprochar.

Hacedlo y los alemanes os tendrán como un lacayo del papa.

Disteis vuestra palabra de que Lutero no sería apresado.

¡Vos habéis cumplido! No así el hereje.

Esperemos a mañana. Que nos dé su respuesta.

¡Para ser tan joven sois demasiado prudente!

¡No hay que esperar el golpe; hay que adelantarse a él!

¡Esperaremos a mañana!

Flaco favor hacéis a vuestro emperador con semejantes consejos.

La mala hierba

solo puede ser erradicada de raíz.

Cara habéis vendido vuestra derrota

y bien la ha pagado vuestro pueblo con sangre.

Habéis vencido.

Coged vuestro cuchillo y matadme aquí mismo. Eso es lo justo.

Habéis luchado con bravura.

No merecéis morir.

Sois mi prisionero.

Pero recibiréis un trato digno de vuestra posición.

Se respetarán vuestros privilegios. Tenéis mi palabra.

No os avergoncéis. Solo los cobardes y gente sin honra deben hacerlo.

Aún vencido, sigue siendo un gran caudillo para los suyos.

Nos es más útil vivo que muerto.

Señor.

Mucho hemos padecido juntos para llegar hasta aquí.

Pero recordad que mis padecimientos

empezaron antes de que vos arribaseis a estas costas.

¿A dónde queréis ir a parar?

- Deseo regresar a Castilla. - Partid, si ese es vuestro deseo.

Conmigo habéis cumplido con creces. Y con la Corona.

Aguilar, amigo mío.

Gracias...

señora.

(RESPIRA AGITADO)

Puerta

Mi señor...

- Ayudadme. - Calmaos. ¿Qué os sucede?

Deseo con todas mis fuerzas ser fiel a la palabra de Dios.

Pero...

- Temo que me fallen las fuerzas. - Escuchadme bien:

nadie, excepto Dios, ha de juzgaros.

¿No es lo que sugerís en vuestros escritos?

Cada hombre tiene en sus manos la salvación de su alma.

Ni el papa ni la Iglesia de Roma median entre el creyente y Dios.

Entonces, si tenéis fe en lo que escribís, nada debéis temer.

- ¿Y mañana? - Yo estaré junto a vos.

Sed fiel a vuestra conciencia.

¡Señor!

Convencisteis a vuestros hombres de que os siguieran

con la promesa de que volverían ricos a sus casas.

Y algunos ni siquiera tienen para pagar sus armas. Bien lo sé.

¡Vimos un tesoro con nuestros propios ojos!

¡Conquistamos un imperio para hacernos con él! Mas ahora...

Yo también estoy decepcionado con el botín.

Mi parte y el quinto real están a la altura de su mísera paga.

Si supiéramos dónde lo esconden...

¡Os juro que no nos detendremos hasta encontrarlo!

Cuauhtémoc...

ha de saber dónde lo ocultan.

Los hombres se preguntan a qué estáis esperando para obligarlo a hablar.

¡No atormentaré a quien luchó con bravura para amasar nuestra codicia!

Con él debemos conducirnos de otro modo.

Hay quienes sospechan de vuestra deferencia con el vencido.

Piensan que vos conocéis el paradero del tesoro,

pues os creen compinchado con Cuauhtémoc.

¡Si tienen redaños, que se atrevan a decírmelo a la cara!

- (MALINCHE) ¡Serenaos, mi señor! - Descargad vuestra ira sobre mí.

¡Hacedlo! Pero os advierto:

os ven como el único obstáculo que se interpone entre ellos y el tesoro.

Y ambos sabemos cómo se eliminan los obstáculos por estas tierras.

No me preocupan los hombres, ¡me preocupa el rey!

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

En Castilla, creen que aquí basta con alargar la mano

para seguir llenándola de oro.

¿Qué ocurriría si esos rumores llegaran a los oídos de la Corona?

¿Cuánto tardaría Velázquez en arrebatarme

el gobierno de estas tierras? ¿Cuánto?

- ¿Habéis sido discreto? - Sí, señor.

Aquí está lo acordado.

Monedas

Yo he cumplido. Ahora, os toca a vos.

- Por supuesto. - No podéis fallar. Os lo advierto.

Ahora, marchad.

Espero que hayáis meditado bien vuestra respuesta.

Sí. Lo he hecho.

Y, como me pedís, voy a dárosla.

Mientras yo no sea rebatido con las Sagradas Escrituras

o con razones evidentes,

no mediante papas y concilios que, a menudo, se han contradicho,

no quiero

ni puedo retractarme.

Porque sería ir contra mi conciencia y la palabra de Dios.

¡Que Dios me ayude!

Aplausos

Él mismo se ha condenado, majestad. Es el momento de apresarlo.

(SUSPIRA) Tenéis un salvoconducto para salir de la ciudad.

Hacedlo, mientras siga en vigor.

Después, se decidirá vuestra suerte.

Descubrid quién fue el hombre que logró escapar, pero no hagáis nada.

Solo quiero su nombre.

Estáis a tiempo de ahorraros un sufrimiento innecesario

y, a mí, una penosa tarea.

Os lo ruego...

Decidme dónde escondéis el tesoro.

Si lo decís, haré que dejéis de penar vos y vuestro pueblo.

¡Otra vez!

Haced lo que sea necesario para que hable.

Insistid hasta que suelte la lengua.

¡Más!

(LUTERO SE QUEJA Y RESPIRA CON DIFICULTAD)

- Os dije que nada debíais temer. - Gracias.

Pensé que nunca vería la luz del próximo día.

Así pudo ser.

Pero quien quiso acabar con vos no tendrá otra oportunidad.

¡Sosegaos, querida amiga! Os lo ruego.

¿Cómo queréis que me sosiegue? Vais a impedir mi boda con vuestro hermano.

Yo nunca haría tal cosa, Isabel. Sabéis cuánto os aprecio.

¿Qué ocurrirá cuando se entere el emperador?

Volved a Castilla o seréis cómplice de mi desgracia.

¿Es que no lo entendéis?

Si no cumplimos lo pactado, rehusará casarse conmigo.

¿Me estáis pidiendo que sacrifique mi felicidad por la vuestra?

(GRITA) ¿Vuestra felicidad?

A mi hermano no le importáis. Solo pretende ahorrarse mi dote.

¡Sois vos quien no lo entendéis, señora!

¡Soy la reina de Portugal y aquí deseo quedarme!

De modo que también os conviene el arreglo.

Juan tiene casi mi edad y siento un gran afecto por vuestro hermano.

¿Vos...

lo amáis? Llegaré a amarlo.

Sé que lo haré.

Sin duda, mi hermano y vos haréis un buen trato con vuestra unión.

Pero no a mi costa.

¡Faltaréis a la promesa que hicisteis a nuestro padre en su lecho de muerte

solo para meteros en la cama con su viuda!

¿Desde cuándo sois tan miserable?

¡No renunciéis a Leonor si tanto la deseáis, pero casaos con otra!

(SUSPIRA AGITADA) ¿No es la dote lo que os preocupa?

Con la de vuestra esposa compensaremos la mía.

¡Basta!

Querida hermana, vuestra oferta es indigna.

Pues amo profundamente a Leonor.

Pero, sobre todo, es inútil.

Vuestro anhelado emperador se ha comprometido

con la hija de Enrique de Inglaterra.

Leed.

(JUAN) ¡Leed!

(JUAN) Vos misma lo dijisteis: O César o nada.

Me temo que será nada.

(SOLLOZA AGITADA)

(RESPIRA CON DIFICULTAD Y SOLLOZA)

¿Cómo es posible que hayamos perdido Torrelobatón?

El conde de Haro afirma que el conde de Melgar

no le pidió que acudiese a la defensa de Torrelobatón,

- el de Melgar culpa al de Haro... - ¿Y quién es el responsable?

- Los dos y todos ellos. - No me vengáis con acertijos.

Los grandes señores no quieren presentar batalla a los comuneros

en sus propiedades. Temen que sean asoladas como represalia.

Mayor es el compromiso de los rebeldes con su causa

que la lealtad de los nobles hacia su rey.

Solo miran por sus intereses.

No tienen prisa por ganar la guerra. Desean la victoria de la Corona,

pero no sin que antes el emperador entienda que nada puede sin ellos.

¡Tanta añagaza me repugna!

¿Qué hay de nuestro trato con ese Girón?

Sed paciente, reverencia. Ha de hacerse en el momento oportuno.

Hay otra cosa más...

Los nobles me han encomendado que os transmita

un mensaje para su majestad.

¡Quieren que pague la soldada de sus ejércitos!

En poco difieren los nobles de Castilla de los alemanes.

Solo cabe esperar de ellos la lealtad que se compra.

¡Ni siquiera tenemos recursos para contentarlos!

¿Habéis pensado qué hacer con los bienes incautados a los comuneros?

Necesitáis satisfacer a los nobles.

Prometedles indemnizaciones cuando acaben con la rebelión.

Gracias. (DA UN RESPINGO)

Así lo haré.

Pasos

Ya está aquí.

Y, ahora, enfrentémonos a otro falsario.

Majestad, disculpad mi aflicción.

Sabréis que a Lutero se le ha visto por última vez...

Entrando en el bosque del Palatinado. Al parecer, nunca salió de él.

Y los dos guardias que lo acompañaban fueron hallados muertos.

Es una pésima noticia, sobre todo para vos,

ya que garantizasteis su seguridad.

Temo que esto ponga en entredicho vuestra palabra.

¿Hemos de creer que Lutero se ha desvanecido en el éter, señor mío?

¿Pensáis que yo tengo algo que ver?

El plazo que le concedí se ha cumplido.

Lutero no se ha retractado y será declarado prófugo.

Cualquier hombre en Alemania podrá quitarle la vida

y no irá contra la ley.

Si no lo han hecho ya. Dios no lo quiera.

Pues terribles serían las consecuencias para todos nosotros.

¡Oídme bien!

Si algo lamento es haberle dado la oportunidad de defenderse.

¡Solo la hoguera merecía!

Hacédselo saber.

Os agradezco el empeño que habéis puesto en las negociaciones.

Nos han proporcionado el tiempo que necesitábamos.

Pero espero que no estéis fatigado, porque debéis partir de nuevo.

(GATTINARA) Iré donde vos preciséis.

Debemos compensar a Roma por haber permitido la fuga de Lutero.

Dad este mensaje a su santidad, León X:

Prometo conquistar Parma y Piacenza para los estados pontificios.

Y añadid que Lutero ha sido declarado prófugo

y sus escritos prohibidos en todo el Imperio.

Su santidad debería quedar satisfecho.

Es mucho lo que le ofrecéis a cambio de un hereje.

De un hereje y de un concilio, no lo olvidéis.

Pues la Santa Sede necesita algo más que abrir sus ventanas

para espantar los malos humores.

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Majestad...

Os ruego que me excuséis. Me siento algo indispuesto.

¿Avisamos al galeno? No. No es necesario.

(SE ESFUERZA)

¡Vos preparaos! Partimos hacia Valenciennes.

No me sobrará vuestro consejo en el frente.

Será un honor acompañaros.

Parece escrito que Francisco y yo hayamos de vernos las caras

en el campo de batalla.

(GIME DE DOLOR)

(GRITA)

(SE QUEJA DESESPERADO)

(TOSE Y SE QUEJA)

(RESPIRA CON GRAN DIFICULTAD)

(GRITA DE DOLOR)

(GRITA Y RESPIRA CON DIFICULTAD)

(GRITA CON GRAN ESFUERZO)

(EXPIRA)

Sé cuánto lo apreciabais.

El brazo de los príncipes alemanes es más largo de lo que pensábamos.

¿Estáis seguro de que ha sido envenenado?

Habremos de ser más precavidos.

Lamento vuestra pérdida.

Me agrada volver a veros, a pesar de las circunstancias.

Confío en que pronto me permitáis disfrutar de vuestra compañía.

Así lo procuraré.

Si no me equivoco, la Corona me debe 700.000 libras

que tuve a bien adelantar de mi fortuna.

Así es, señora.

Creo llegado el momento de cobrar mi deuda.

Señora, con el debido respeto,

hay una guerra en marcha, ¿es el mejor momento?

No os falta razón, mas yo también he de hacer frente a mis gastos.

Dejémoslo en 400.000 y no se hable más.

Entiendo vuestras reservas, pero el dinero es mío.

Yo responderé de mis actos.

Hacédmelo llegar sin más dilación.

(MENSAJERO) ¡Señor Padilla, una carta!

¿Qué hay?

María.

Los realistas le cortaron el camino y hubo de refugiarse en Toro.

Pero están bajo asedio y los doblan en número.

No podrá resistir mucho tiempo.

La carta es una despedida.

Os pide que no desbaratéis vuestros planes por ella.

- ¿Y he de abandonarla? - Pensadlo bien.

No es sensato abandonar nuestra posición.

Si sus cálculos son ciertos, las fuerzas realistas nos superan.

¡Es mi esposa, Maldonado!

¿Qué haríais vos en mi lugar?

Dejaremos una guarnición suficiente para defender el castillo.

El resto partiremos de inmediato a Toro.

¡Vosotros, conmigo!

Señor, el emperador apenas ha conseguido reunir 15.000 hombres,

incluido el ejército del conde de Nassau.

Vos disponéis de 3.000 lanzas y 30.000 infantes,

entre gascones y suizos.

Considerad también la superioridad de nuestra artillería, alteza.

¿Se han levantado los puentes sobre el Escaut?

Estarán listos a medianoche.

Debemos atacar en cuanto los pontoneros terminen.

No, no os precipitéis.

Sire, no demos ocasión al enemigo para que reagrupe sus ejércitos.

¿Pretendéis que lance a mis hombres a un ataque en mitad de la noche?

¡Sería suicida!

Sois tan arrogante como imprudente, señor mío.

Alteza, tenemos la oportunidad de ganar con una única batalla.

¡Podríamos capturar al mismísimo emperador!

Esperaremos.

¿Confiáis en él?

No.

Pero, esta vez, tiene razón.

Es ahora o nunca.

(SUSPIRA FRUSTRADO)

¿Qué dicen los ojeadores?

Que los franceses nos doblan en número, señor.

El conde de Nassau ha hecho una incursión con sus hombres

y lo ha confirmado.

(RESPIRA AGITADO) ¿Qué haríais vos en mi lugar?

Lo más prudente sería replegarnos y esperar refuerzos.

¿Pretendéis que rehúya la batalla? Os pido que la aplacéis.

Hasta igualar nuestras fuerzas con las del francés.

Debemos atacar, ¡maldita sea! Es lo que menos esperan.

¡Caer sobre ellos conmigo al frente!

Permaneced en la retaguardia. ¿Qué clase de emperador haría eso?

¡Uno astuto, majestad!

Si os hacen prisionero, la guerra estará perdida.

¿Carlos se retira? ¿Estáis seguro?

Partió al frente de una nutrida escolta. Muchos lo han visto.

¿Y a qué esperáis para cortarle el paso?

Demasiado tarde, alteza.

¡Marchaos entonces!

Los generales siguen esperando vuestras órdenes.

Las recibirán en su debido momento. ¡Retiraos, he dicho!

¡Maldito bastardo! ¡Maldito sea mil veces!

(SE ESFUERZA)

(GRITA) ¡Hablad!

- (JUAN DE VELÁZQUEZ SE ESFUERZA) - ¡Basta!

De nada nos sirve muerto. ¡Fuera!

(RESPIRA EXHAUSTO)

Vuestra tozudez nos está poniendo en aprietos a los dos. ¿No lo veis?

(ESCUPE Y SE QUEJA)

¿Qué vais a hacer?

Si matarlo con mis propias manos saciara la codicia de mis hombres,

no lo dudaría un instante. ¡Os lo aseguro!

Solo nos queda enfrentarnos a la verdad.

Y confiar en que Dios nos proteja.

¡Rendíos!

(GIRÓN) Salvad a los vuestros de una muerte segura.

Porque la derrota es lo único que os espera.

Aliviaos, Padilla. Que vuestra esposa no está cercada en Toro.

(GIRÓN) Ya la apresaremos en Toledo.

¡Traidor! ¡Mil veces traidor!

¡Santiago, libertad!

Bien os lo advertí, señora.

Vuestro hijo ha hecho un daño irreparable a Francia.

Ha dejado escapar al emperador. Y es tan necio que perderá la guerra.

Que Dios lo perdone. Yo no puedo.

Nuestro ejército ha recuperado Parma y Piacenza para el papa.

Y eso no es todo, majestad.

Hemos arrebatado el Milanesado a Francisco.

¡Magnífico! ¿Qué hay de Luxemburgo? Hemos contenido a los franceses.

También en Navarra. El ejército imperial ha entrado en Francia

y se ha hecho con varias plazas.

Gracias.

Por fin, el viento parece soplar a nuestro favor.

(PAJE) Alteza... Correo de Italia.

¿Pero en qué diablos estaba pensando Lautrec? ¡Maldito sea!

¿Cómo se ha podido dejar vencer en Italia?

El condestable tenía razón. Mi madre tenía razón.

¡Nunca debí confiar en vuestros hermanos!

No culpéis a Lautrec de la derrota.

Tuvo que permitir que se lanzaran en pos del botín.

¿Qué hubierais hecho vos si no tuvierais

con qué pagar la soldada de los suizos?

¡Excusas! Ordené que les enviaran el dinero. ¿Qué hicieron con él?

Quizá deberíais preguntar a vuestra madre.

¿Os quedasteis con el dinero de Lautrec?

- Marchaos. - ¿Os lo quedasteis?

Era mío. La Corona me lo debía.

¿400.000 libras? ¡He perdido el Milanesado,

y todo porque vos decidisteis cobrar vuestra deuda en el peor momento!

No carguéis sobre mí vuestra derrota. Os advertí sobre los De Foix,

pero vuestra soberbia os cegó.

Ese era vuestro objetivo, ¿verdad, madre?

Poner en evidencia a los hermanos de Francisca y a ella misma.

Vos lo habéis hecho. Al encomendarles una misión para la que no servían.

¿Os dais cuenta de las consecuencias de vuestros actos?

(RESOPLA)

Mi querido hijo...

Nunca os he traicionado y nunca lo haré.

(SUSPIRA)

¿Cuándo entenderéis que solo me tenéis a mí?

¿Que solo en mí podéis confiar?

(SOLLOZA)

¡Santidad! El emperador ha recuperado el Milanesado.

Santidad...

¡El papa ha muerto!

(CARDENAL) ¡El santo padre ha muerto! ¡El papa ha muerto!

¡Qué infortunio! Ahora que estaba de nuestro lado.

Una gran pérdida para la Iglesia,

pero, sobre todo, para nosotros.

¿Quién es el candidato con más posibilidades de sucederlo?

El cardenal Wolsey, sin duda.

(SUSPIRA) También decían que Francisco sería emperador.

Habremos de mandar un correo urgente. ¡Seguidme!

Os prometí oro y riquezas si me acompañabais.

Y no lo he olvidado.

Como ninguno habrá olvidado el tesoro que allí vimos.

Con ayuda de Dios, pudimos recuperar parte del oro

que se llevó al fondo de la laguna a muchos de los nuestros.

Pero no basta.

Nunca basta.

El tesoro de Moctezuma

se ha perdido.

Tal vez para siempre.

Sin embargo, fuimos los primeros en llegar a estas tierras.

Como bestias sufrimos

y como bestias nos comportamos para someter a sus habitantes.

Ahora, recogeréis los frutos.

Pero no con las armas en la mano,

sino gobernando estas tierras,

vuestras tierras, con justicia.

Mas una ley habrá de respetarse por encima de todas.

Quien levante su espada contra mí o contra alguno de los míos ¡morirá!

Sois hombre de palabra.

Os precipitáis, Johanna.

Pues aún no habéis gozado de mi compañía.

Señora... Vos sabéis que no está en mi ánimo perjudicaros.

Os prometí que intercederé por vos ante mi hermano.

Temo que sea tarde para eso, alteza.

No os rindáis. No es propio de vos.

En todo caso... no hubiera sido apropiado

devolver a Castilla a quien quizá lleve en su vientre

al futuro rey de Portugal.

¿No os alegra la buena nueva?

(JUAN) Me alegra veros juntas.

Espero que en mejores términos que días atrás.

Así es, alteza.

(JUAN Y LEONOR SE BESAN)

(RÍE)

Señor Bravo,

ayer era día de pelear como caballero.

Hoy, de morir como cristiano.

Golpe seco

Golpe seco

(PADILLA) Señora...

Si vuestra pena no me lastimara más que mi muerte,

yo me tuviera por bienaventurado.

Quisiera tener más tiempo para escribiros

algunas cosas para vuestro consuelo.

Vos, señora,

como cuerda, llorad vuestra desdicha y no mi muerte,

que, siendo ella tan justa,

de nadie debe ser llorada.

No quiero dilatar,

por no dar pena al verdugo que me espera

y por no dar sospecha que, por alargar la vida,

alargo la carta.

Mi ánima,

pues ya otra cosa no tengo,

dejo en vuestras manos.

Haced con ella como con la cosa que más os quiso.

Y así quedo,

dejando esta pena

esperando el cuchillo de vuestro dolor

y de mi descanso.

Música solemne

Leonor regresará, como se estipuló en las capitulaciones, tras dar a luz.

Sois el rey de Portugal. Debéis actuar como tal.

En nombre del emperador, os propongo una alianza.

Ruego, majestad, que busquemos el modo

de parar esta contienda que nadie desea.

(ADRIANO) Si decidís ejecutar a monseñor Antonio Acuña,

me veré forzado a excomulgaros.

Veo que tenéis valor presentándoos aquí,

cuando el emperador ha puesto precio a vuestra cabeza.

¿Cómo sé que puedo confiar en vos?

Vuestra esposa está muy enferma. Se muere.

Roma me comunica que he sido elegido papa.

Si el emperador y yo... ¡Ingenua!

¡Mi hermano jamás se casará con vos!

¿Qué demonios está ocurriendo en Portugal?

- ¿Le ha ocurrido algo a mi esposo? - Aquí sugieren que tiene otra mujer.

Roma no puede hincar la rodilla ante el Imperio.

Averiguad cuanto podáis sobre la situación de doña Germana.

Si reináis es porque yo lo permito.

¡Pediré el amparo de la máxima autoridad!

¡No os atreveréis!

Vive Dios que haré todo lo que esté en mi mano

para evitar que os arrebaten de mi lado.

Andad por ella y traedla a rastras si hace falta. ¡Debe regresar ya!

Vos me habéis vendido.

¿Qué maltrato le he dado para que me ofenda de esta manera?

Avisad a su majestad. Es urgente.

Atacaremos a Francia por tres frentes.

Parto hacia Italia con mis hombres.

Necesito saber si puedo contar con vos.

No podríamos tener mejor botín, caballeros. Es el rey de Francia.

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Carlos, Rey Emperador - Capítulo 6

12 oct 2015

Tras el amargo trance conocido como “La noche triste”, Hernán Cortés ha logrado someter a los mexicas, diezmados por el hambre y las enfermedades. Su caudillo, Cuauhtémoc, ha sido apresado. Cortés repite con él el intento de colaboración que no pudo alcanzar con Moctezuma. Pero Cuauhtémoc es un irreductible.
En el Imperio, Carlos ha de hacer frente a su primer reto en la ciudad de Worms. El joven emperador es una incógnita para sus vasallos y lo que diga y haga durante la Dieta lo calificará ante ellos. No lo tendrá fácil, pues habrá de dilucidar el problema luterano. Carlos se verá obligado a juzgar a Lutero entre la presión de Roma para que aprese y ejecute al hereje y la simpatía que sienten hacia él buena parte de los príncipes alemanes a los que ha de ganarse.
La nobleza castellana, que quiso aprovechar la revuelta comunera contra la Corona, cambia de bando cuando sus intereses sufren los ataques de los alzados. Carlos logra que se unan a sus tropas para aplastar a los rebeldes y no dudará en echar mano de la traición para conseguirlo.

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Añadir comentario ↓

  1. Ines

    Futuro brillante el de nuestro Emperador aunque antes debe vencer a los comuneros

    25 jun 2016
  2. Cristina

    soy de Argentina y pude ver toda la primera temporada. A partir del capitulo trece, con la nueva apariencia de la pagina se hizo imposible ver los capitulos. Que pena que nadie responda como hacer para poder ver la serie.....y que esta pagina tenga sentido.

    27 abr 2016
  3. Beatriz

    No se puede ver! Qué lástima que tan buena serie, y sea tan difícil de ver! He intentado todos los medios posibles y me es imposible, podrían mejorar eso ppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppp

    14 mar 2016
  4. Beatriz

    Es inútil, no la puedo ver, he intentado por todos los medios y nada!

    14 mar 2016
  5. luis

    Simplemente no lo puedo ver. Hace ya 5 días que intento y parece que el sistema se cuelga.

    24 ene 2016
  6. Adriana

    Soy mexicana, no puedo opinar acerca de la historia contada en Europa, sin embargo, todo lo relevante a la caída del imperio en Tenochtitlan y el personaje de Cortés, carece de veracidad y es contada de una forma absurda. Es una pena que no hayan contado con un historiador serio para relatar esta parte de la historia. Por lo que me hace dudar, seriamente en que este basado en hechos reales, parece mas bien ficción con un poco de destellos de historia.

    03 dic 2015
  7. Maria del Carmen Pilan

    Hola! Soy de TUCUMAN ARGENTINA, no puedo ver la serie desde el capitulo 6! Una pena realmente. Hay alguna forma dr hacerlo? No leo respuestas de uds. en el foro. Saludos. Maria del Carmen Pilán

    10 nov 2015
  8. Lorena

    Yo estoy en España y desde el capítulo 6, que se emitió el 12 de octubre no se pueden ver los vídeos.

    21 oct 2015
  9. Lisa

    Bueñas tardes. Desde este fin de semana, yá no podemos ver los videos de todas las series propuestas de parte de RTVE y ni siquiera podemos disfrutar de los capítulos, particularmente los últimos. Qué lastima... El botón que permite arrancar los capítulos no functiona. Probablemente es un problema técnico global que le impide, lo espero... ¿Es posible volver de nuevo al sistema anterior para lanzar los capítulos? Le agradezco mucho, mucho.

    18 oct 2015
  10. Juan

    No me gusta como le faltaron al respeto a mis antepasados Los Mexica. Me gustó la serie Isabel pero esta serie no. Los Mexica usaban ropajes exóticos con plumas de colores brillantes. Las ciudades eran grandiosas y las más limpias del mundo. No me gustó como no pitaron las caras de los Mexica más bien. Para nada me gustó como mí gente fueron retratados en la serie. También va muy rápido la serie sin guerras ni nada. Seguiré viendo la pero la falta mucho más.

    17 oct 2015