Capacitados La 2

Capacitados

2012 y 2015

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Capacitados - Hugo Silva - ver ahora
Transcripción completa

Mi nombre es Diego Quintero, trabajo para una fundación,

Fundación Manantial, un proyecto que se llama Ricamente.

Soy ciudadano colombiano, nacionalizado español,

llevo 17 años viviendo en España.

En Ricamente trabajamos ocho personas,

en dos turnos, en el trabajo todos los compañeros

tenemos un grado de discapacidad.

Yo tengo un grado del 43%.

Los clientes no preguntan por nuestras enfermedades,

por nuestros bajones, no les interesa eso.

Les interesa un servicio ameno, agradable y profesional.

La sociedad desconoce de las personas con discapacidad,

con una enfermedad mental,

desconocen que podemos desarrollar una actividad laboral,

profesionalmente, como cualquier otra persona.

La ayuda que hace la Fundación Manantial

es de un apoyo, tenemos asesoría laboral,

apoyo psicológico y están muy pendientes de nosotros.

A día de hoy no creo que una discapacidad desmejore

o quite puntos para que una persona pueda, en función de su puesto,

desarrollarla normalmente, creo que no.

Lo que me ha traído aquí es la curiosidad.

Me llama mucho la atención

este punto de la naturaleza humana en el que el cerebro del ser humano

da pie a realidades distintas y este tipo de circunstancias

en el que las personas no son capaces de controlar

estas situaciones y lleguen a perder esa referencia de la realidad.

Diego,

¿qué tienen de especial las personas que trabajan en Ricamente?

De una manera u otra tenemos una discapacidad,

un trastorno mental.

A lo largo de tu vida laboral,

¿has tenido algún problema para encontrar trabajo?

No he encontrado tropiezos para encontrar trabajo.

De hecho, en anteriores trabajos no he tenido

que marcar mi discapacidad y me han acogido

y he salido adelante y mis jefes me han dado un apoyo.

¿Crees que esto es lo habitual? No, no es lo habitual.

Para otras personas es muy difícil

encontrar un trabajo que lo acojan con su problema de salud mental.

¿Te gustaría dar un paseo conmigo y que habláramos de todo esto?

Vale, me parece muy bien.

¿Nos vamos o te cambias? Yo me cambio y luego salimos.

Perfecto.

Me interesaba mucho, sobre todo, por ver cómo se siente una persona

que sufre todos estos procesos y también cómo se ve desde fuera,

qué información tiene la sociedad de todos estos problemas

y de las personas que lo sufren.

La verdad es que espero que sea un viaje muy revelador.

Hoy les proponemos un coloquio, un debate, la relación

de la sociedad con los pacientes de enfermedades mentales,

¿cómo lo cuenta el cine? ¿Cómo lo cuenta el periodismo?

-¿Qué tal? -¿Qué tal?

-Vamos al lío. -Vamos al lío.

Las enfermedades mentales, las depresiones, la esquizofrenia,

bipolar, hay muchas, pero realmente,

¿cómo está respondiendo la sociedad a las enfermedades mentales?

Vamos a fijarnos cómo ha respondido el cine a las enfermedades mentales.

Fernando Franco, director de "La herida".

¿Por qué plantearte el tema de una enfermedad

mental para tu primera película? -Era algo que me era ajeno,

pero me puse a investigar sobre ello con la idea de hacer un documental.

Pero, por ciertas razones, decidí que iba a ser mejor

enfocarlo desde una óptica de película de ficción.

Pienso que el cine también tiene una utilidad social,

en el sentido de que contribuye a formar el imaginero colectivo

que tenemos todos.

Me parece que en el momento en el que tratas de ese tema,

lo pones en la pantalla, la gente toma más conciencia

de que eso está pasando a su alrededor.

Me parece

que el cine es una herramienta que construye en ese sentido

y de ahí viene un poco la motivación de hacer la película.

¿Cómo te diagnosticaron a ti? Al principio,

en Colombia no me habían dado un diagnóstico

porque siempre pensaban que era algo extranormal.

¿Algo paranormal? ¿Algo de brujería? Algo de brujería.

¿De qué año estamos hablando? De los años 85 al 90.

Fui tratado con teguas, con chamanes, con brebajes.

¿En qué momento un especialista ya te diagnostica lo que te pasa?

Fue en el 2001, donde tuve una recaída en España,

fui ingresado en el Hospital La Princesa.

¿En qué consistía tu recaída? Estaba escuchando voces.

Supongo que te ingresan.

Estuve casi 40 días ingresado y en el trascurso del 2001

ya me diagnosticaron que lo que yo sufría era esquizofrenia.

¿Y con qué tratamiento comienzan a tratarte?

Con Tranxilium,

pero del 2001 al 2004 me hacían un tratamiento y no era el adecuado.

Seguía con recaídas,

seguía con pensamientos extraños, con voces.

Ya fue en el 2004 donde acertaron con un medicamento

que se llama Invega.

¿Y a partir de ahí hasta la fecha no has vuelto

a tener una recaída? No he vuelto a tener una recaída.

-Es complicado, las enfermedades mentales son complicadas para todos,

para el propio paciente, que no sabe lo que le pasa,

para las familias, que no saben cómo tratarlo.

¿Cómo se detecta? Y tenemos aquí a Helena de Carlos,

psicóloga de la Fundación Manantial.

-Depende de qué enfermedad mental. Pero a nivel general,

cuando hay un problema de salud mental en una persona,

interfieren muy habitualmente

en su rendimiento académico si es un adolescente,

en su vida laboral, social, familiar.

Existe un sufrimiento y esa interferencia hace

que esa persona necesita acceder a un tratamiento adecuado.

-Marian, bienvenida a este debate. -Gracias.

-¿Cómo compusiste? ¿Cómo construiste el personaje de esa paciente?

-Para mí era complicado,

porque no conocía el trastorno límite,

no conozco a nadie que padezca este tipo de trastorno.

Lo primero,

quería ser rigurosa con los síntomas del trastorno,

sobre todo lo que quería era dar mucha entraña,

dotarla de mucha humanidad a Ana.

Que fuera un personaje no ajeno a los demás,

que pudiese ser tu hija, tu hermana, tu vecina, tu amiga.

Me has dejado tirada, cabrón.

Que estoy hecha mierda y lo sabes y ni siquiera me llamas.

Eres una puta mierda de persona,

una puta mierda.

Que no...

Que es broma.

Que yo te quiero mucho,

que eres muy majo.

-No sabe lo que le ocurre,

no sabe por qué siente con la intensidad que siente,

no sabe por qué pasa del blanco al negro.

Esa escena en la que "Te odio. Eres un hijo de puta"

y, de repente, da una calada y dice:

"No, que yo te quiero".

En el trastorno límite de la personalidad no hay escala de grises.

Es una respuesta emocional muy intensa

y la vida es blanca o es negra.

Eso desborda a la persona que lo padece

y también a su entorno, a la familia, a esa pareja,

que a lo mejor lo quiere,

pero no sabe cómo responderle y prefiere echar un paso atrás.

Los actores solemos trabajar en una cuerda muy floja

entre lo real y lo irreal y, además,

nos metemos en ese viaje personal, en la irrealidad.

Incluso creamos una realidad paralela para poder trabajar.

Yo sé quién eres, un hombre inteligente.

-¡Déjame en paz! -¡Dabas clases en la universidad!

-¡Suéltame ya! -Harry, tú eres un profesor.

(Gritos)

¡Harry!

-Lo que quiere construir Terry Gilliam en esta película

es que uno de los efectos inmediatos de la locura es la exclusión social.

-Sin duda.

Si una persona no tiene el apoyo familiar, social,

laboral, tiene todas las papeletas para acabar en la calle.

Cuéntame, ¿conoces otros casos?

Porque supongo que cada caso tendrá una peculiaridad.

En tu caso era una cuestión de querer ayudar,

pero en otros casos a lo mejor...

Conozco el caso de un chico que sufre un trastorno mental

y por presiones laborales y familiares tiene recaídas,

hasta que un momento determinado explota

y se toma 40 o 50 pastillas

porque no quiere pasar más en esta vida.

El problema es cuando todo tu mundo se basa en la irrealidad.

Y uno está convencido

de que lo que uno está viviendo es lo que tiene que seguir,

porque para uno esa es la realidad, lo irreal.

Tú en el momento que oyes voces

o que ves cosas diferentes en ningún momento

te planteas que eso no es real.

En ningún momento.

Lo que más me impacta de todo esto es la falta de control

y la percepción equivocada de la realidad.

"Vamos poco a poco,

pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño,

yo fui loco y ya soy cuerdo". Miguel de Cervantes.

Es el final, es lo que cuenta "El Quijote"

cuando se da cuenta de que todo ha sido una irrealidad,

todo se lo ha inventado él.

En el caso de "El Quijote", tiene visiones, oye voces,

tiene una misión encomendada por esas voces...

¿Cómo es tu caso? ¿Qué tiene en común?

Tú oyes voces y, de alguna manera, ¿tienes alguna misión?

Mis voces son una misión que me dan unas pautas a seguir.

¿Cuáles son esas pautas?

Me acuerdo una mañana que salí de casa y dije:

"Tengo que salir porque hay alguien que me necesita",

salí a las dos calles, encontré un mendigo y le dije:

"Te voy a invitar a un desayuno, ¿a que no has desayunado?

Yo sé que tú no has desayunado", "¿Cómo lo sabes?".

Yo más me afianzaba en que estaba viviendo la realidad

de lo irreal, estaba conociendo a esa persona antes de conocerla.

Tú te reafirmabas en ese momento. Me reafirmaba, sí.

Y tenía que salir adelante con esa persona,

incluso cogí algo de dinero, monedas que tenía, y le dije:

"Toma, para que más tarde te compres un bocadillo".

En el final de "El Quijote" hay un desengaño.

El Quijote se da cuenta,

como hemos leído antes, de que todo se lo ha inventado él.

Todas esas voces

y todas esas misiones encomendadas se las ha inventado él.

¿Cómo es tu momento en el que tú te desengañas de tu enfermedad?

He sido ingresado y a partir de ahí

es donde un especialista me dice:

"Tienes que estar tratado porque tú sufres esquizofrenia".

¿Cómo te sientes en ese momento cuando te dicen eso?

Era parte de mi enfermedad también. Era un desengaño.

¿En ese momento qué es lo que te ayuda a aceptarlo

y a tener la valentía de empezar a tratarte?

Lo que más me ayuda es el apoyo de mi actual pareja.

Me dice: "Tienes que tomar medicación,

tienes que estar yendo a citas con el especialista".

Después del diagnóstico y un tratamiento adecuado

yo he tenido una vida normal laboral, social, familiar...

Es muy esperanzador.

Ya me puedo dar cuenta de que voy en recaída.

Acudo al especialista, me ajusta la medicación y santas pascuas.

Diego está totalmente integrado, tiene un trabajo,

es una persona que tiene una vida, una familia, cariño.

¿Qué significa integrar a un paciente con una enfermedad mental?

-Yo creo que tiene que ver con todo lo que estamos hablando,

con ver que no es algo completamente ajeno a uno,

que todos en un grado u otro podemos sufrir las cosas de diferente manera,

que a todos nos puede pasar en cualquier momento.

Yo en el caso que tiene que ver con el trastorno

que nosotros tratamos en la película,

el trastorno límite de la personalidad,

hay gente que necesita realmente de los que están a su alrededor,

necesitan cariño.

Hay gente que vive con mucha frustración gran parte

de lo que le pasa y la reacción que genera en los demás.

Yo creo que hay que intentar acercarse.

-Yo creo que el problema es la desinformación

y el miedo a lo desconocido que tenemos todos.

Hay algo que es inherente en el ser humano

y es que lo desconocido nos da miedo.

Como las enfermedades mentales son tan desconocidas,

nos da miedo a priori.

Yo siempre he dicho que interpretar a Ana me ha hecho mejor persona.

Ahora cuando alguien tiene un comportamiento extraño

ya no lo juzgo de primeras, "Qué raro, no te aguanto",

ahora puedo pensar:

"Espera, a lo mejor le ha pasado algo o tiene algún problema".

-Porque ahora tienes esa información que antes no tenías.

Supongo yo que la integración social

puede ser qué puede dar este paciente.

¿Puede estar cuatro horas trabajando haciendo

un rendimiento perfecto?

Supongo que ese sería el mensaje

que habría que dar tanto a las empresas, a las escuelas,

hospitales y también a las familias.

-Yo creo que hemos avanzado muchísimo tanto en los tratamientos

como en las facilidades

para que una persona con una discapacidad mental

o de otro tipo se integre en la sociedad.

Queda un camino muy largo por recorrer,

pero creo que vamos dando pasos.

Lo que pasa es que el esfuerzo

no solo hay que pedírselo

a la personas que tienen esas dificultades,

sino que nosotros, como familia, como pareja, como jefes,

como empresa, también tenemos que hacer un esfuerzo

por adaptar el espacio o las relaciones a esa persona

para que consiga un éxito.

-Tienes buen aspecto.

¿Has perdido mucho peso? -Así es, gracias.

-¡Apártate de mí, no me toques! -Estoy mejor,

solo quiero que lo sepas. Me encuentro bien, muy bien.

Mira mis ojos, mira qué claros.

Ya no soy un quejica, soy un tipo positivo.

-Dale tiempo al tiempo.

Pasaron muchas cosas, pero la gente lo superará.

Todo irá bien.

-¡Eso es! Me lo tomo como una evolución positiva,

el lado bueno de las cosas.

-Esta película, "El lado bueno de las cosas",

toca también un tema que hemos tocado aquí, el estigma.

-Cuando él sale del ingreso ya ha superado

los síntomas de la enfermedad, pero tiene un segundo reto,

que es enfrentarse al rechazo de su entorno,

que ya solo le ve como el loco.

Dice: "Estoy mucho mejor.

Estoy bien", incluso hay un momento que quiere

darle un abrazo y ella se pone a gritar.

Es el estigma, que no facilita esa integración y esa recuperación.

-Te presento a Maite. -Hola.

-Buenos días, ¿qué tal? Te presento a Hugo.

Hugo. Encantado.

Os dejo para que conversen un poco.

Perfecto.

Muchas gracias. Hasta ahora.

Cuéntame, con el permiso del señor Woody Allen,

cómo es tu vida normal, qué es lo que tú haces.

-Soy actriz de doblaje, también he trabajado

de locutora en documentales, una profesión que me encanta,

y me gustaría seguir en cuanto pueda, pero ahora,

estoy con un proyecto de un libro que estoy escribiendo,

sobre el pensamiento positivo, y todo no puedo,

para buscar trabajo tienes que moverte,

y no puedes quedarte en casa escribiendo.

-¿Es tu segundo libro?

-Sí, escribí uno en 2012, sobre el tema de trastorno mental,

ése era un poco como primera salida del armario.

-¿Qué es lo que a ti te sucede? ¿Qué te sucedió?

-De esto hace mucho tiempo, cuando tenía 33 años,

en 2001, fue a partir de tener muchos episodios de estrés,

de pasarlo mal, de sufrimiento de cosas que me venían de fuera

pero que no podía controlar,

entonces, se me fue la cabeza directamente.

-¿Y qué te diagnosticaron exactamente?

-Al principio no me diagnosticaron, porque a veces el tema

de los trastornos mentales, no se distingue exactamente cuál es

el diagnóstico en la primera vez que te da un brote o una crisis.

Como no llegaron a una conclusión clara,

me dieron el alta. Me fui poniendo peor,

y ya tuve un segundo brote, y esta vez sí que me ingresaron,

estuve varios días en el hospital, y me diagnosticaron trastorno bipolar.

Te descontrolas emocionalmente,

y eso te hace estar muy arriba o muy abajo.

En mi caso, he ido siempre hacia la euforia,

hacia una subida de estado de ánimo, a una exagerada euforia,

mucho entusiasmo, pero es a nivel patológico,

no real, de manera te provoca sufrimiento.

-Diego por ejemplo, oía voces, ¿qué te pasaba a ti exactamente?

-Me creé un mundo a mi medida, muy bonito y feliz,

contrario a lo que era mi realidad normal y cotidiana,

en ese momento, y entonces,

tenía delirios, alucinaciones, no a nivel de escuchar voces,

pero sí me imaginaba cosas que no estaban ahí.

-¿Cómo es esa reentrada en la sociedad y realidad?

-Un bajón de ánimo total,

físicamente estás muy mal porque con la manía,

pierdes muchísima energía, y quieres descansar,

pero a la vez quieres seguir haciendo cosas, llegar a ese nivel,

sabes que no puedes, y que no vas a poder.

Quieres volver a sentirte bien, y no puedes.

-Supongo sería bastante duro que, de repente, me dijeran

que todo lo que estoy viviendo, no es real, sobre todo,

me imagino a nivel personal, me sentiría un poco solo.

Bueno, un poco no, bastante.

Me he dado cuenta de que la sociedad tiene

muchos estigmas con las personas que sufren estos trastornos.

-Cuando alguien te pone la etiqueta de una enfermedad precisa y mental,

supongo que eso en sí mismo es una losa,

muy fuerte, difícil de quitarlo.

-Lo que está claro es que el tema del estigma

es algo transversal a toda la sociedad,

y que hay que trabajarlo en muchísimos ámbitos.

No solo con la sociedad, que parece que la sociedad no somos nadie:

"El estigma lo tiene la sociedad", y así nos quedamos, tan a gusto.

La sociedad somos todos,

y el estigma existe porque hay una desinformación,

como decía Marian, nos hemos quedado con cuatro

clichés del mundo del cine, de ese miedo ancestral histórico,

porque no sabíamos lo que era la enfermedad mental, y ahora sí,

poco a poco vamos teniendo un poquito más de información,

entonces, hay que trabajar en los colegios,

en los entornos laborales, con las familias,

y hay que trabajar con los propios afectados

y con los propios profesionales, que muchas veces tenemos

unos estigmas y etiquetas preconcebidas,

que nos hacen ver las cosas de una manera parcial.

-Es tan fuerte y poderoso el estigma, que enfermos, pacientes,

gente incluso del espectáculo, del cine, del teatro,

que tiene algún tipo de patología de las que hemos ido hablando

a lo largo de este encuentro, lo esconden.

-Creo que es muy importante la visibilidad.

Es decir, no podemos hablar

de normalizar la vida de estas personas,

si se oculta lo que nos pasa.

Uno tiene derecho a tener cierta información privada,

y personal y que no quiera compartirlo.

Pero si realmente

lo que quieres es sensibilizar a la gente,

contar y salir del armario que decimos habitualmente,

es fantástico para eliminar el estigma, porque de repente,

tu ídolo en el cine, resulta que tiene un trastorno bipolar,

entonces ya no ves a las personas con trastorno bipolar

bajo el mismo prisma de es un loco, es un tipo raro, no,

es una profesional del mundo del espectáculo y además,

tiene un trastorno bipolar.

Creo que es esencial esa visibilidad,

para luchar contra el estigma.

-Qué pena también que estemos en eso: "si digo que me pasa esto,

igual puedo tener una repercusión negativa en mi trabajo,

que no me contraten".

Creo que ahí realmente la enferma es la sociedad.

-Realmente no somos tan distintos las personas que estamos,

entre comillas, sin un diagnóstico psiquiátrico,

de las que tienen una enfermedad mental,

como es un trastorno límite de la personalidad

o una esquizofrenia.

-Si puedo estar contigo,

hablando tal cual estamos, no soy una enferma.

Me puedo poner enferma, es muy distinto,

el problema es que cuando nos ponen esa etiqueta: "Enfermo mental",

ya no somos cualquier persona, y si tú te cuidas,

no te tiene porqué volver a pasar nada.

De hecho, la última crisis que tuve, hace tres años,

fue una pequeña, hipomanía, una manía más pequeñita,

la pasé en casa, me ajustaron la medicación y en dos o tres meses,

estaba perfectamente bien.

¿Crees realmente que esto le puede pasar a cualquiera?

-Creo que sí, a cualquiera.

-Vale, entonces, ¿por qué tanto miedo?

En la "peli" de "La mente es maravillosa",

me gustó bastante, me gustó la parte en la que John Nash,

tiene sus alucinaciones y quiere cambiar el mundo,

pero llega un momento en el que está harto de estar

con eso encima, y dices: "Vale, vivo con ello, tengo que vivir con ello,

pero vosotros os quedáis en la puerta, y yo sigo mi vida".

-Nunca más hablaré contigo, entiéndelo.

Eso va también por ti.

-Me ha gustado mucho que Mai,

ha dicho que después de todas estas crisis,

ella ha aprendido mucho, ha salido adelante, y sobre todo,

lo que más me ha llamado la atención,

es que ella no se cambiaría por la persona anterior

a los 33 años, que es cuando tuvo la primera crisis.

-Nadie tiene tampoco la verdad, y desde luego,

no está dentro de manos del psicólogo y el psiquiatra,

a lo mejor hay que buscarla entre ambos.

-Claro, una persona con una esquizofrenia,

no es un conjunto de signos y síntomas.

Sobre todo, es una persona,

siempre intentamos decirle a la gente:

"No digas esquizofrénico", no por tontería del lenguaje,

si no ante todo, es una persona, y es lo que debe inundar

mayoritariamente su identidad, y además, tiene esquizofrenia.

-Las personas que tienen un trastorno,

son personas sobre todo.

No es un esquizofrénico, no es un border-line,

no, nadie dice de una persona que padece cáncer: "Es un cáncer",

es ridículo, entonces me quedo con eso.

Las personas somos personas ante todo,

y cada uno con nuestros problemas, porque todos los tenemos.

-Me interesa mucho cómo has vivido la reacción de la sociedad

con tu enfermedad, porque supongo que habrá muchos prejuicios

por lo imprevisible

de las situaciones que se crean por tu enfermedad.

Cuéntame un poco.

-Tuve un jefe y unos compañeros de trabajo,

que sabían de mi enfermedad, y me sabían llevar.

-Aceptaban tu situación. -Me veían un poco decaído,

o algo, y me motivaban para que siguiera adelante.

Pero también he vivido un caso de rechazo de unos paisanos,

que tenía ganas de salir fuera del bullicio de Madrid,

y ellos residían en otra ciudad, y les propuse que iba a probar

vida a este otro sitio, y ellos como conocían mi enfermedad,

me rechazaron.

Estaban pensando que podría ser un problema para ellos.

No ayuda para nada que lo estigmaticen a uno,

y que crean que es un peligro para los demás.

-Digamos que para luchar contra esta enfermedad,

uno tiene que sentirse fuerte, arropado.

-Sí, por la gente que está a su alrededor,

y que ellos convivan con uno y lo acepten.

-¿Te parece que sigamos viendo figuras y situaciones?

Venga, vamos a ver por aquí.

-Que la sociedad les dé una oportunidad,

un espacio, un empleo,

y les permita desarrollarse como ciudadanos libres,

y no solamente bajo la etiqueta de la enfermedad mental,

si no bajo la más importante

que tenemos cada uno de nosotros: personas.

-Con Mai, me llevo la sensación de que este tipo de personas,

son muy luchadoras.

Pasar por toda esa crisis, por haber estado ingresado,

por empezar a medicarte, no es nada fácil.

Diego me parece un ser totalmente adorable.

Creo que la sociedad en general

tiene miedo de este tipo de personas,

y la verdad es que me ha desmitificado muchísimo

todas las ideas preconcebidas que tenía.

Me ha parecido alguien muy interesante,

con una inmensa bondad y sobre todo, un luchador.

Pero sí que me he dado cuenta, después de esta experiencia,

primero, que cualquier persona que tenga un problema de estos,

si es tratada adecuadamente, y tiene un seguimiento y una medicación,

puede hacer una vida normal, como cualquier otro.

Y segundo, están totalmente capacitados para trabajar

y encajar en la sociedad, como cualquier otro.

  • Hugo Silva

Capacitados - Hugo Silva

06 jun 2015

Hugo Silva, actor y Diego Quintero, camarero 49 años y enfermo de esquizofrenia se encuentran para conocer uno acerca del otro y comprender hasta qué punto esta enfermedad estigmatiza a quien la padece.

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