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Para todos los públicos Buenas noticias TV - La fe de Samuel y Vivian - ver ahora
Transcripción completa

Hola, amigos y amigas, de "Buenas noticias TV".

Muy bienvenidos.

Nos acercamos al hogar de una familia cristiana

para descubrir

cómo llegaron a conocer a Jesucristo

y decidieron seguirle.

Cada historia es diferente

y nos muestra que Dios trata con cada persona

según su necesidad.

Queremos también invitarte a compartir tu opinión

en nuestras redes sociales.

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¿qué hubiera sido de ti si no hubieras conocido a Jesús?

También nos gusta que nos cuentes cómo este programa te ayuda.

Es importante para nosotros

conocer incluso los pequeños detalles

de cómo Dios lo usa en tu vida

y lo puedes hacer a través de las redes sociales

o de WhatsApp.

El 673466366.

Vamos ya a conocer a la familia de hoy.

Yo soy Vivian, soy la esposa de Samuel,

y mis hijas, Noa y Sara.

Somos una familia de cuatro miembros

y estamos muy agradecidos a Dios

porque ocupa el primer lugar en nuestra vida

y de él aprendemos valores

que nosotros intentamos enseñar a nuestras hijas.

Intentamos que vivan día a día en esta casa

y que crezcan agradecidas

y reconociendo

que Dios es lo más importante en sus vidas.

Yo nací en una familia cristiana.

De pequeñito iba a la iglesia y me enseñaron la Biblia

y me enseñaron los valores cristianos.

Hay un momento en tu vida en el que te das cuenta

de que no es solo asistir a una iglesia,

que lleva más.

Lleva un compromiso.

Es el momento en que das ese paso

y tomas una decisión por hacer lo que dice la Biblia.

Por seguir a Jesús e intentar ser como él.

Es lo que muchas veces pasa en las vidas de las personas.

Ves que en tu vida falta algo y que hay un hueco

y es Jesús quien lo llena.

Mis padres murieron cuando yo era muy pequeña.

Mi madre cuando yo nací.

Soy gemela, mi gemela murió a los 28 días,

y a los dos años murió mi padre.

Crecí con mis abuelos hasta los 11 años

y mi necesidad de buscar una respuesta

me llevó a Jesús.

Mi familia es cristiana

y mi abuela me llevaba durante dos horas

caminando a través de montañas y lagos y todo

a la iglesia

cuando yo tenía tres añitos.

Recuerdo muy bien

que a los tres años dije que quería que fuera mi amigo.

El pecado es cualquier cosa que hacemos nosotros

y que a Dios no le agrada, ¿vale?

Hay pecados todos los días en nuestras vidas.

Todos los días hacemos cosas que no debemos

o contra nosotros mismos

o contra la gente que está alrededor de nosotros.

Entonces, eso es necesario cambiarlo.

¿Cómo lo cambias?

Arrepintiéndote.

Dios va cambiándonos y moldeándonos poco a poco

de tal forma que seamos más agradables para él,

pero el perdón de pecados es una vez y para siempre.

Cuando cumplí 11 años

y me tuve que ir a vivir sola con mi hermana de 12 años

a un apartamento,

recuerdo que me puse de rodillas y oraba por unos padres siempre.

Trabajábamos dando clases a niños que vivían en la basura

para un proyecto

que nos había concedido las becas para estudiar

y ahí conocimos a un chico que trabajaba en el mismo proyecto

y que tenía los mismos apellidos que nosotras tenemos.

No éramos familia.

Un día nos encontramos en la calle,

porque teníamos que dejar la casa donde estábamos,

y yo no sabía

que mi hermana había dicho

que si nos acogían en esa casa, iba a pagar 50 quetzales,

que son como diez euros menos,

al mes,

y cuando llegamos, nos dieron una casa,

pero nos prepararon una cena.

Era una mesa enorme

con todas las viandas que nunca habíamos tenido

y salió la mamá de este amigo, que es mi hermano de acogida,

y nos vio.

Nosotras nos arreglamos muy guapas,

nos puso una mano a cada una y nos dijo:

"Sois la respuesta a mi oración.

Durante 20 años,

he orado y clamado para que Dios nos diera unas hijas".

Y no se lo dijo al sordo.

Levanté el rostro y le dije:

"¿Te puedo llamar mamá?".

Y me dijo que sí

y desde que llegué a esa casa con 16 años

hasta que salí a España con 28

Dios usó a mi madre para transformar mi vida

y el amor que yo conozco de Jesús proviene de ella.

Así que conozco a Jesús de manera personal,

porque él es real en mi vida.

La madre de Vivi murió cuando ella nació,

en el parto,

y unos días antes de nacer Noa, nuestra hija mayor,

estábamos hablando y me dice:

"Si tienes que decidir entre mí o la niña,

decide por la niña, ¿vale?".

Entonces,

en el día del parto,

estábamos tal y de repente nació la niña,

me la dan

y, en ese momento, Vivi empezó a sangrar, ¿vale?

Entonces, la enfermera se alarmó y llamó a la doctora corriendo.

Yo estaba con la niña

y no sabía si dejar a la niña o si ir hacia Vivi.

En ese momento,

te pones tan nervioso que no sabes lo que hacer

y, en ese momento justo, la enfermera o la doctora llegó,

hizo una cosita y se solucionó todo.

Yo quiero contarte

una de las experiencias más difíciles

que he vivido en mi vida.

Es la gestación de mi hija Sara.

A los tres meses,

en el cribado,

me dicen que la niña viene con muchísimas malformaciones,

que tenía síndrome de Down

y tenía que hacerme la amniocentesis.

Para mí fue un "shock"

porque fue la única vez

que Samuel, por trabajo, no pudo ir conmigo al médico

y fue bastante difícil la presión que sentí

de "esta niña no va a nacer" o "viene con malformaciones"

o "tienes que abortar".

Los doctores nos dijeron que venía con síndrome de Down

y que tenía una vena que funcionaba al revés.

El ductus reverso.

Son momentos delicados como familia y como personas

porque te aconsejan abortar directamente

y aconsejan no complicarte la vida realmente.

Entonces, nosotros, como familia, pensamos que la vida no es nuestra.

La vida nos la da Dios.

Me dijeron que venía con malformaciones

y que no era un producto bueno.

Para mí,

la expresión "producto" sonó muy fuerte y respondí:

"Es mi hija.

Venga con síndrome de Down o venga con lo que venga

mi hija va a nacer".

Yo soy cristiana

y lo que tenga que pasar en mi vida

está dentro de la voluntad del Señor.

Nos hicimos unas pruebas

que siempre te las hacen por privado y tal

y las noticias que nos dieron fueron buenas,

pero nunca te aseguran que sea al 100 % cierto, ¿vale?

Te dan un porcentaje de un 95 o un 98 %.

Entonces, cuando nos dijeron que los resultados eran buenos

y que realmente no había síndrome de Down,

nos quedamos muy tranquilos y nos quedamos descansados,

pero no podíamos tenerlo a ciencia cierta

hasta el día del parto.

Una semana antes de nacer se le corrigió el ductus reverso,

la vena que irrigaba la sangre hacia los pies

en lugar de la aorta.

Era lo que nos decían que era incompatible con la vida

porque podía morir dentro o podía morir al nacer.

Ella está perfecta

y el resultado genético es rasopatías

de malformaciones que nunca llegaron a desarrollarse.

Cuando nació, estaba todo correcto.

Realmente, sientes descanso y la paz de Dios.

Sientes que la vida no depende de nosotros.

Depende de muchas más cosas, ¿vale?

Pero, sobre todo,

depende de alguien que es el que da y quita la vida

y, realmente,

te sientes muy agradecido a Dios y cuidado por él

y que, realmente, él tiene cada detalle en su mano

y en su prohibición.

Cuando pienso que Jesús ha muerto en una cruz

en mi lugar,

siento gratitud inmensa.

Siento un gran reto y un gran compromiso

por vivir cada día un cristianismo

o una cultura de vida real y verdadera

que pueda impactar a la gente que está a mi alrededor

y que pueda creer en ese amor tan grande

que llega a dar alguien a su único hijo

para renunciar a todo por ti

y que lo pueda ver a través de mí de una forma palpable.

Dios entregó a su hijo

para que pagase por mis faltas y pagase por mis pecados.

Entonces,

yo lo único que tengo que hacer es aceptar eso

y dejar que sea él el que pague por mí.

Entonces, yo voy a ir al cielo no por algo que yo haya hecho,

sino porque he aceptado ese regalo que me han dado,

ese regalo que me han tendido,

y que yo acepto y lo quiero para mí.

Si él no hubiera existido y no hubiese llegado a mi vida,

estaría totalmente perdida.

¿Por qué lo digo?

Cuando tenía 16 años, me violaron.

Así es que todo mi mundo se revolucionó.

Sin Jesús mi vida no existiría.

Él me sacó de la depresión.

Él no permitió que me asesinara, porque lo intente.

Mi vida sin Jesús no existiría.

Lo cierto es que Dios ayuda

a todos los que le buscan de corazón.

José Pablo, ¿cómo te ayuda Dios a ti?

Me ayuda de muchas maneras.

Yo destacaría, por ejemplo, que me da esperanza.

¿Y a ti?

Yo creo que escribiría un libro

de cómo Dios me ha ayudado hasta aquí

y me sigue ayudando.

Pero yo destacaría... Escríbelo, escríbelo.

Yo destacaría el aspecto del sentido de la vida, ¿no?

El propósito. El propósito.

Muy bien.

Pues, como te decía,

la esperanza es una de esas bendiciones

que podemos disfrutar cuando confiamos en Jesús.

Especialmente, cuando afrontamos la muerte.

A nadie le gusta hablar de la muerte,

pero es una realidad que tendremos que afrontar.

Es curioso que siempre estamos preparando

y organizando nuestras actividades futuras.

Reservamos los viajes y hoteles para nuestras vacaciones

con meses de antelación.

Invertimos en planes de pensiones

e incluso contratamos seguros de decesos,

pero muchos no hacen nada para tener esperanza

una vez que llegue ese día.

Jesucristo habló sobre este tema

y contó la historia de un hombre rico

que había prosperado.

Estaba pensando hacer sus almacenes más grandes

e invertir en nuevos proyectos.

Esto es lo que, precisamente, cuenta la historia

que Dios le dice.

"Luego podré decirme:

'Tienes riquezas acumuladas para muchos años.

Descansa pues.

Come, bebe y diviértete'.

Pero Dios le dijo:

'Estúpido, vas a morir esta misma noche.

¿A quién le aprovechará todo esto que has almacenado?'".

Qué importante es preparar el día que tengamos que dejar esta tierra.

Qué importante es tener esperanza.

Solo Jesús puede dártela.

Además, es gratis y para todo el mundo.

También para ti.

Aprovéchala.

Y puedes encontrarla en la Biblia.

Por eso, te animamos a leerla.

Y si todavía no has empezado,

puedes hacerlo por esta carta de Pablo a los romanos

que queremos hacerte llegar gratis

si nos llamas al teléfono 91 743 44 00

gracias a la labor de las iglesias evangélicas.

El teléfono, repito, es el 91 743 44 00.

Y si formas parte del club de amigos,

vamos a sortear este libro titulado "No me avergüenzo"

del teólogo Martyn Lloyd

que nos llega gracias a la editorial Peregrino.

Necesitamos amigos como tú que se unan a nuestro club

para seguir regalando la Biblia

y ofreciendo ayuda espiritual a nuestra audiencia.

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y te explicaremos en qué consiste.

Gracias por tu atención.

Y, no lo olvides, tú vales mucho para Dios.

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Buenas noticias TV - La fe de Samuel y Vivian

16 jun 2019

Nos acercamos hoy al hogar de una familia cristiana para descubrir cómo llegaron a conocer a Jesucristo y decidieron seguirle. Cada historia es diferente y nos muestra que Dios trata con cada persona según su necesidad.

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