Buen camino La 1

Buen camino

Jueves a las 00.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años ¡Buen camino! - Programa 5 - ver ahora
Transcripción completa

Peregrinos de más de cien países hacen todos los años

el Camino de Santiago... Cada uno tiene sus motivos,

sus argumentos, y cuando los conoces

entiendes la magnitud y la importancia

de este bonito viaje.

Hay gente que no lo entiende. Que me dice:

"¿Dónde vas con un niño tan pequeño?".

Y yo: "Pues al Camino".

"¿Pero no se cansa? Pobrecito, no va al cole".

Y me miran como diciéndome: "¿Qué estás haciendo?".

¿Y tú mujer no ha querido hacerlo? Sí, pero no se animaba físicamente

a hacerlo todo. Me dijo que venía a hacer los últimos 100 kilómetros

para llegar juntos a Santiago.

Ahí está. ¿Esa es ya? ¿Es ella?

¿No se lo espera? ¡Eeh!

A primera vista es la cara de sorpresa,

y luego es lo típico de darte ánimos, a decirte:

"Ole tus huevos".

Allí tienes Santiago.

Eso lo hacemos nosotros en nada. -¿En nada? ¿Seguro?

Seguro. -¿Somos leones?

¡Somos leones!

Hola, buenos días. Buenos días.

¿Cómo se presenta el día? Bien.

¿De dónde vienen? De Argentina.

¿La primera vez? Sí.

Venimos un grupo de seis, una experiencia hermosísima.

Hola, buenos días. Hola.

¿Qué tal? Buen Camino.

Buen Camino. ¿Eres de aquí?

No, de Alicante. ¿Eres de Alicante?

¿Cómo llevas el cansancio? Lo voy llevando bien.

Tengo en la planta muchas ampollas.

¿Sí? Las he tenido que pinchar...

¡No me digas! ¿Y puedo verlo? Sí, claro.

No me digas que la tienes... O sea, de ir caminando...

¡Ahí va! Madre mía... ¿Y esto vas a un sitio donde...?

No, me lo he hecho yo. ¿Te lo haces tú? ¿Cómo?

Con una aguja, la paso por la ampolla,

y luego la muevo... Me lo tengo que hacer, si no...

No, claro... Es peligrosísimo lo de las ampollas en los pies.

Yo, por ahora, no tengo. Qué bien.

Hay gente a la que no les sale. Dicen que las ampollas

son las heridas del alma.

Que vas sanando tus heridas en el Camino.

Así es. Bueno, voy a seguir mi Camino.

Muy bien, buen Camino. Igualmente.

El Camino está repleto de grandes momentos,

pero también de sorpresas dolorosas.

Por eso es importante que lleves siempre contigo

un botiquín de primeros auxilios.

El botiquín no tiene que ser un minihospital.

No vamos a operar a nadie, pero debe tener lo mínimo

para poder tratar ampollas, tendinitis, cortes o insolaciones.

Coge papel y lápiz porque te vamos a dar

un par de consejos sobre qué debería tener

nuestro botiquín del peregrino.

Aspirinas para el dolor, aguja e hilo para las ampollas,

agua oxigenada para desinfectar las agujas, vaselina para pies,

apósitos y gasas para proteger las heridas...

Y no te olvides de la crema solar a menos que quieras volver a casa

con un bonito color gamba.

Hoy empezamos etapa en Sarria, sin duda,

uno de los puntos neurálgicos del Camino de Santiago,

y es que desde aquí restan poco más de 100 kilómetros

hasta nuestro destino, el mínimo necesario

para conseguir la tan preciada Compostela.

Hace unos días conocí a Manuel Arévalo

y a sus dos amigos: Fito y Manu.

Hoy casi no han dormido por los nervios

ya que afrontan su última etapa: la que les va a llevar juntos

a Santiago de Compostela.

A cinco y pico por hora... -Ahora crema en los pies.

Mira cómo tengo este pie.

La uña. -Esta cae.

¿Qué es eso? -La toalla.

¿No te dejas nada?

Como Manolo, los bastones. No, yo me dejé la ropa sucia

en León. -Ah, sí.

Lo peor fue lo mío, y tú cómo te callaste

cuando dejé la credencial... -Pero estaba yo al quite, amigo.

Y rebuscaba... Puso la mochila de arriba a abajo,

lo revolvió todo.

Bueno, pero acaba de una vez. Ya sabemos que eres el mayor...

Hay que hacer dos sellos hoy, ¿eh?

Dos sellos, sí. -Como mínimo.

Un abrazo fuerte que ya nos queda nada.

¡20 kilómetros!

Venga, Manuel.

Venga. -Ánimo, vamos para allá.

Vamos a dar los 20 kilómetros. -Esto está chupado.

Manuel es un gallego afincado en Menorca.

Sus raíces atlánticas y su pasado de estudiante

en Santiago lo han empujado a hacer el Camino.

Yo viajaba solo y tuve la suerte en encontrar

a estos dos figuras, dos magníficos compañeros,

que para mí son como hermanos ya. Siempre nos hemos apoyado,

siempre que flaqueaba uno, el otro: "Venga, vamos, venga".

Y muy bien, muy bien. Tengo mucho que agradecerles.

Yo a Manu lo adelanté una etapa anterior...

Le adelanté. Y me fijé en él. llevaba una mochila enorme,

de 65 litros.

Y para este viaje, una de 45 es grande ya.

Y luego llegué a un albergue y al cabo de una hora

lo veo que entra él y se pone justamente

tres camas antes.

Y entonces me acerco a él y digo:

"¿Qué? Con un poco de paciencia se llega a todas partes."

Y dice: "Claro que se llega". Y le vi el acento y le digo:

"¿De qué parte de Galicia eres?".

Y me dice: "De Ribadeo". Y digo: " "Somos casi vecinos".

Ya empezamos el Camino juntos, y en el albergue siguiente

llegó Fito y también, no sé cómo fue,

por el tema de la lavadora o de la secadora, hablamos

Y vimos que nos compenetrábamos muy bien.

Y continuamos juntos, no nos hemos separado ni un día.

Ni un solo día. Muy bien.

Nuestra consigna era: Para atrás, ni un solo paso.

Aunque se nos quede lo que sea, se quede lo que se quede

en un albergue, ya no volvemos. Siempre hacia adelante.

De hecho, hemos dejado cosas por ahí todos.

¿Por qué he dejado los caramelos artesanos de miel

para vosotros? Porque os ahogáis. -Y son buenísimos.

No los muerdas, ¿eh? -No, que me dure más.

Lo tengo con el papel. -Hace igual con los billetes.

Los tiene en plástico. -Es verdad.

Va con el verde... -El verde ese no lo gastas.

"No tengo cambio para la máquina". -Siempre dice:

"Pagad vosotros que no voy a pagar con el de cien".

Y lleva así... Vaya papo. -Lleva así 840 kilómetros.

Bueno, pues otro día en el Camino.

Y, por supuesto, lo que tengo que hacer

es sellar mi credencial porque es la única manera

de demostrar que estoy haciendo el Camino de Santiago.

(AMBAS) Hola. ¿Qué tal?

Vengo a sellar mi credencial.

Muy bien. Ya veo que estás preparada, ¿no?

Vendrán muchísimos peregrinos... Hay días que más

y hay días que menos, pero bueno.

Recuerda que a partir de Sarria tienes que sellar

dos veces al día. Vale, muy bien, para que te den

la Compostelana. Cuando llegues a Santiago.

Importante. Mínimo dos veces al día

hay que sellarlo. Exactamente.

¿Cuantos sellos puedes poner al día?

Como si llegas a Santiago con 200 credenciales.

Lo que te piden son dos sellos al día,

de ahí para arriba... Hay gente que los colecciona,

porque llegar a casa con diez sellos

o con dos credenciales repletas... Es mucho más bonito.

Claro que sí. Muchas gracias. A ti. Buen Camino.

Buen Camino. Hasta luego.

Uno de chocolate.

Gracias.

Irene y Tan es la pareja más entrañable de este Camino.

Madre e hijo han hecho de cada etapa y destino su hogar,

y ya no echan nada en falta. En su bici con remolque

han cruzado media España, y no piensan parar

hasta alcanzar el mar.

Pues un poco las ganas de aventura, de salir con mi hijo,

de estar juntos muchos días y muchas noches,

de ir a algún sitio donde sea dentro del país,

que no vayamos muy lejos.

Con la bici, un poco de bosque, montaña, carretera,

ciudades, pueblos...

Un poco de todo. Para ver un poco...

Salir un poquito.

Y luego hice un trocito hace unos años.

Y estaba sin mi hijo y entonces era como:

"¿Qué estoy haciendo aquí si él está allí?"

Entonces no tenía...

Era como: "O lo hacemos juntos o yo sola no voy."

Entonces a la que pudimos, que es ahora,

pues hemos venido los dos.

(NARRA) "Irene desprende amor por los cuatro costados.

Toda su atención se centra en el pequeño Sam,

uno de los peregrinos más jóvenes del camino,

y el centro de todas las miradas.

Esta madre aventurera vive su camino

desde la mirada de un niño."

Sí, a la gente le sorprende.

Incluso por el Camino no hay muchos niños.

Entonces cuando vez a uno es como:

"Voy a preguntar si viven por aquí

o si están haciendo el Camino y hacia adónde van,

y cuando han empezado."

Sí, también hay gente que no lo entiende.

Me ha pasado aquí en Galicia sobre todo,

algún hospitalero que me dice:

"¿Dónde vas con un niño tan pequeño?"

Y yo: "Bueno, pues al Camino."

"¿Pero no se cansa? Pero pobrecito.

¿Pero no va al cole?"

Y me miran así como diciendo: "¿Pero qué estás haciendo?"

Y yo dije: "Bueno, no sé. Cada uno, ¿no?"

Yo sabía el día que empezaba el Camino, pero no sabía

si en diez días llegaría a un sitio o a otro.

Entonces según el día que hace, el tiempo, las cuestas...

Un poco es improvisar.

Y vemos un sitio bonito y nos paramos.

Cuando paramos es un poco su rato, ¿no?

Yo estoy por él, jugamos juntos y me reclama para jugar

a lo que sea, pues yo estoy ahí para...

En vez de decir: "No, estoy cansada. Ahora no."

Sé que cuando terminamos

él ha estado unas horas en la bici sentado.

Y luego cuando paramos es el momento de jugar.

Entonces yo estoy para jugar.

Sí, él se levanta por la mañana y el primer trozo

siempre yo voy pedaleando con la bici y él está sentado.

Está ahí como descansando.

Y a la que baja de la bici empieza a correr.

Entonces cuando baja es cuando hay cuestas,

o cuando yo necesito que me ayude.

Porque hay muchas cuestas

que yo con la bici no puedo subirlo, entonces él camina.

Y ahí es cuando corre y ya no...

A veces incluso hay otra gente que camina y él pasa delante

y dicen: "Huy, el niño este cómo va rápido."

Y hay gente que me pregunta: "¿No se cansa?"

Y digo: "No, lo llevo yo. Él sólo camina trocitos."

Y cuando para es el momento que él tiene la energía

para jugar o para subir las cuestas o lo que sea.

Bueno, la relación es... claro, es todo el día juntos.

Pero es mucha complicidad.

Cuando él dice algo yo ya sé por qué lo dice.

Cuando yo a veces me enfado él sabe qué tiene que hace,

sabe que tiene que callarse. A veces hablo con otra persona

y él está ahí como molestando y sabe que...

Entonces la complicidad que tenemos es muy grande.

Porque nos conocemos muchísimo uno al otro.

Y vamos siempre, claro, siempre juntos.

Dormimos juntos, nos despertamos juntos,

comemos juntos, es todo... todo el día.

Hola. -Hola.

Va todo bien. -Sí, sí.

(HABLA EN PORTUGUÉS)

A Muxía. -Nos vamos a Finisterre.

Ah, muy bien. (HABLA EN PORTUGUÉS)

800. -¿Desde dónde?

De Jaca. -Jaca.

Nos venimos de Portugal.

Ah, muy bien. (HABLA EN PORTUGUÉS)

Ahora 30.

30 días, un mes.

Un mes. (HABLA EN PORTUGUÉS)

Sí, sí. Bien, un día de lluvia y ya está.

¿Y el camina? -No, a la silla.

Pero las cuestas... -¿Cómo te llamas?

¿Cómo es tu nombre?

¿Cómo te llamas? -Sam.

¿Sam? -Sam.

Sam. Yo tengo un perro que se llama Sam, un labrador.

Y yo quería llevarlo.

Un buen Camino a todos. -¡Buen Camino!

Buena suerte. Buen Camino. Chao, Sam.

Diles "Buen Camino". -Adiós.

Chao. -¡Chao!

¡Buen Camino! -Buen Camino.

Sí, sí, yo veo que ha aprendido muchísimas cosas

que no sabía que existían.

Primero el tema de la gente de otros países.

Porque en mi pueblo hablamos catalán y sí ha oído

el castellano por la tele a veces

o sabe que hay otros idiomas. Pero estar en una habitación

que hay gente de Corea, alemanes, italianos y de todo.

Incluso un día me preguntó: "¿El señor de arriba

es holandés, o es alemán o es francés?"

Y me pregunta por el idioma que habla este señor.

Que eso él no sabía que había gente.

Y me pregunta a mí:

"¿Tú, mamá, qué idiomas hablas?

¿Con ese señor podemos hablar?"

El peor momento fue en Navarra, en una cuesta

que no me esperaba, no sabía que había.

Porque nunca miro el mapa del día siguiente.

Nosotros vamos y según lo que haya vamos más o menos.

Y había una cuesta de 7 kilómetros, de gravilla,

todo que patina y no teníamos agua.

Y era la una del mediodía, hacía un sol.

Y no cogía agua y para mí fue...

No sabía lo que duraría la cuesta.

Pero era seguir, seguir y nunca terminaba.

No había nadie. No pasó nadie en todo el día.

Y estuvimos muchas horas bajo el sol,

él ya no podía más, yo tampoco.

No había ni "ombras", ni árboles.

Era como una pista.

Y ese fue el momento que dije: "Buf..."

Hola, buenas. -Hola.

¿Qué desean ustedes? -¿Las patatas?

¡Patata, patata, patata!

¿Algo más? -Ya está.

Muchas gracias.

Si vas siguiendo una guía es la guía de otra persona.

Te dice: "Este pueblo tienes que parar porque es bonito."

Y tú lo ves y dices: "Para mí no es tanto.

A mí me gustó más el de antes y no me paré

porque en la guía no lo ponía."

Entonces cada uno hace su Camino

y cada uno para donde a él le gusta.

(NARRA) "María Lozano es una entusiasta de Galicia.

Hizo su primer Camino hace unos años

y se ha convertido casi en su manera de vivir."

Buen Camino. -Hola, buen Camino.

Oh, españoles. -Sí.

Qué guay. ¿De dónde sois? -De Barcelona.

Ah, qué bien. Yo Valencia.

Ah, de Valencia. -Sí.

¿Desde dónde vienes? -De Oporto.

Ah, nosotros también.

¿Pero cuándo salisteis? -Pues el día 15 concretamente.

¿El día 15? -¿El 15 salimos?

El 12, el 12. -Ah.

Fíjate, yo empecé en Roncesvalles.

Pero el Camino me echó fuera.

Bueno. -En Carrión de los Condes

tuve que marcharme porque tenía los pies destrozados.

Pero bueno, me entusiasmé tanto que volví al septiembre

para terminarlo. -Eso es bueno.

Se entusiasmó tanto que me ha embarcado a mí.

Este es mi quinto Camino. -¿Tu quinto Camino ya?

Y me da lo mismo.

Cada vez he tenido una lesión distinta.

O bueno, no he tenido ninguna, pero es igual, no me retira.

El Camino está ahí y es lo mejor.

Lo mejor que me ha pasado desde que empecé a caminar.

Realmente cuando a nosotros nos preguntan:

"¿Qué encontráis en el Camino y por qué volvéis?"

Es inexplicable. -No, no.

No se puede explicar. -Es magia, es magia.

Exacto, esta es la palabra. -Es la magia del Camino.

Y como te entre el virus de la "Xacobei"...

"Sempre no Camiño".

(NARRA) "Alex Ferradás es un ejemplo de superación.

Un accidente lo dejó en silla de ruedas

y ahora busca afrontar nuevos retos en el Camino.

Su última meta: Fisterra."

¿Y cómo te ves para mañana?

Tantos kilómetros y cuestas y tal.

Yo no sé cómo vas a acabar, ¿eh?

Pues andaremos y veremos.

Yo creo que habrá que probar.

Y aparte como vamos a ir al ritmo de la gente caminando,

yo creo que sin problema.

(CONVERSAN)

(CONVERSAN)

(CONVERSAN)

Tú haces el Camino de Santiago de una manera distinta,

que es con handbike.

Sí, eso es, una handbike. Que es una bicicleta

exactamente igual que cualquier tipo de bicicleta.

Pero la diferencia es que en vez de propulsarse

con las piernas se propulsa con los brazos.

Y el gesto es moviendo de forma circular

los dos brazos a la vez.

¿Y qué es lo que te movió para hacer

el Camino de Santiago en handbike?

Antes de tener el accidente había hecho

el Camino de Santiago en dos ocasiones,

una vez desde Oseira y una vez desde O Cebreiro.

Y la verdad es que es una experiencia

que me había gustado mucho. Y después de tener el accidente

nunca me había planteado pues el tema de hacerlo.

Y surgió la oportunidad. Y bueno, esta pues tuve

la oportunidad de poder hacer el Camino hacia Finisterre,

y concretamente la etapa de Lires-Finisterre.

Con la handbike se pueden hacer etapas

más largas en cuanto a kilometraje.

Pero el mayor problema es el hecho de estar sentado

en una postura tan incómoda tanto tiempo, ¿no?

Y hablando del accidente, fue hace 11 años, ¿qué pasó?

Ah, bueno, pues estaba trabajando de mantenimiento

en los parques eólicos y, bueno, pues recuerdo que un compañero mío

me mandó a por... a por material,

porque estábamos en una avería de retenes un fin de semana.

Y, bueno, cuando fui a por el material recuerdo cogerlo.

Lo que no recuerdo es cuando volvía.

Tuve un accidente y después, nada, me desperté en el hospital.

Lo que me produjo este accidente fue una tetraplejia, es decir,

una lesión medular que me dejó afectadas las cuatro extremidades:

desde, digamos, un poquito por encima del pecho hacia los pies.

Ni tengo sensibilidad ni muevo nada.

Y me quedaron afectados, por ejemplo, no muevo los dedos.

Eh, digamos, ciertos movimientos de los brazos no puedo realizarlos.

Claro, eso fue con 22 años, te cambió la vida.

Claro. Pero, de alguna manera,

te has ido superando, ¿no? Bueno, a ver...

El tema es que, claro, cuando tienes 22 años

y te pasa algo de este estilo, recuerdo que los primeros años

pues se me caía el mundo encima. Piensas que siendo...

Claro, eres muy inútil,

no vas a volver a poder hacer absolutamente nada.

Y, bueno, con los años...

Eh, la verdad es que la cabeza va madurando

y sí que te das cuenta de que puedes...

Teniendo en cuenta las limitaciones que tienes,

sí que puedes hacer mogollón de cosas.

Nos pueden costar más hacerlas y conseguir ciertas cosas,

pero sí que podemos hacerlas.

Te encuentras con peregrinos por el Camino.

¿Qué te comentan? ¿Qué te dicen? Claro, a primera vista

ya es un poquito la cara de sorpresa.

Y, luego, nada, pues lo típico, desde darte ánimos a...

a decirte, pues eso, que "ole tus huevos

por poder hacer, digamos, estas cosas en tu situación".

Y lo mismo pues los chicos que nos acompañaron hoy.

Había un chaval que iba en una silla electrónica,

otro en una silla manual. La verdad, es un regalazo.

Es decir, que el Camino para ti es...

El Camino es felicidad.

Y el Camino es paz.

Y el Camino es superarse uno a sí mismo.

el Camino es constancia, es esfuerzo, es...

Relajación, es sufrimiento, es dolor, es...

Tantas cosas.

Morriña es la palabra que Daniel lleva tatuada en el alma.

Sus padres nacieron en la Costa da Morte

y se fueron a vivir a Argentina.

Para él, completar cada etapa

simboliza alcanzar el sueño de caminar hacia sus orígenes.

El Camino lo hago por dos razones: una por mi padre,

que fue el que me enseñó esto del Camino,

que me motivó con el Camino, me...

Él era un apasionado del Camino, aunque no lo haya hecho

por problemas cardiacos, fue quien me inculcó el Camino.

Y, bueno, una promesa que yo le había hecho

que algún día la iba a hacer.

Lamentablemente, falleció hace tres años y...

Bueno, entonces trato de cumplir la obra.

Y, por otro lado, por una experiencia personal,

por un encuentro personal, ¿no?

Yo necesito... En este momento de mi vida me viene muy bien un...

Un parate y un cable a tierra, como quien dice.

Y... Y, bueno, nada, para revaluar mi...

mi vida y organizarla nuevamente y para ver cómo seguir adelante.

Hola. -Hola.

-Daniel. -Sebastián.

(RÍE) Bueno, a ver...

-¿Qué? ¿Primero? -Eh, primero.

-Bueno, primero.

Hay aquí un buen muro, yo me voy a quitar el polar

y me voy a poner el anorak.

-El chubasquero. -Va a llover.

-Sácamelo de... -¿De dónde? ¿De aquí? ¿De arriba?

No, aquí no lo tienes, ¿eh? -Arriba del todo.

-¿Aquí? -No, no, no, no, no, no.

El naranja, arriba de todo, hay una cremallera.

-Ah, ¿en este? -¡No!

-¡Ay, me cago en...! -Me lo sacaste 32 veces.

Ya, pero no me acordaba ahora. Toma.

Anda, ciérrame todo ahora, por favor.

-Sí, ya cierro. -Te ayudo yo ahora.

Somos más lentos que el caballo del malo.

Sí, que siempre llega tarde.

Vamos, jorobado.

Con estos chubasqueros parecemos enterradores.

Ahora ya no paramos hasta que no haya un bar

donde tomar un café y un cruasán.

-Siempre pensando en comer. -No, tú pensando en comer.

Manuel Arévalo ha esperado mucho tiempo para hacer su Camino.

Hoy nos revela sus auténticos motivos.

Yo me imaginaba el Camino, bueno, por supuesto mucho más corto.

Mucho más corto. Pero me imaginaba que algo especial debía de tener.

Yo me fijaba en los peregrinos que llegaban exhaustos,

llegaban muy cansados, pero muy felices.

Con una sonrisa y con una alegría tremenda.

Y yo pensaba: "Algo tendrá el Camino".

Y, de hecho, creo que debe de ser así.

Nosotros hemos pasado días muy malos, muy malos, muy malos.

Hemos tenido mucha lluvia, mucho frío y mucho viento.

Y sin encontrar un cobijo en ningún sitio.

14, 15, 18 kilómetros que tienes que hacerlos.

Y llegas al albergue con las botas llenas de agua,

la ropa toda empapada y todo.

Y te hace pensar: "Dios mío, qué hago yo aquí".

Bueno, una anécdota especial es que Manu reserva el albergue

en los templarios. Y llegamos allí en los templarios

y entramos, ¡y madre mía!

Eran dos o tres legionarios que tenían un chamizo de maderas.

Ponemos la mochila encima de un banco,

se rompe el banco. Unas pintas tremendas.

Las cacerolas negras.

Ni quisimos mirar ni los...

Teníamos, eh... Teníamos...

Teníamos reservado para dormir allí.

Y llegamos allí y, al poco, nos moramos así con la cara

y no hizo falta ni hablarnos.

Y dijimos: "Es un poco pronto, nos vamos a ir hasta...

al de más abajo". Había 11 kilómetros.

Y habíamos hecho 34 o 36 kilómetros.

"Y, bueno, sí, nos vamos un poco más abajo".

Porque era un sitio inmundo, inmundo.

Es una anécdota curiosa, eso se lo recordaré siempre.

¡Vamos, vamos, Ribadeo! ¡Eres el campeón!

-¡Que no desfallezca! -¡Sí, señor!

(MURMURA) ¡Sí, señor! ¿Eh?

-Con esa barba te favorece, hombre. -Con esta barba no me conoce...

(Murmullo)

¡Hola! ¿Qué tal?

Muy bien, ¿y ustedes? ¡Muy bien!

¡Buen Camino! Buen Camino.

¿De dónde sois? Ah, de Los Ángeles.

¿De Los Ángeles? Ajá.

¡Ah, qué bien! ¡Yeah!

-Italia. ¿Italiana?

De Bilbao. De Bilbao.

Del centro. -De los Estados Unidos.

Pero hablas español muy bien, ¿no? Oh, un poco.

Un poquito. Ella es de Canadá.

Ah, muy bien, ¿y sois amigas? Ah, no, nos conocimos aquí,

en el Camino. ¿Ah, sí?

Yeah, yeah. Habéis venido solas las dos,...

...cada una por vuestro lado, y os habéis conocido.

Sí, aquí en el Camino, dos o tres días antes.

¿Qué es lo que más te está gustando?

La gente, la gente. Y las montañas.

(HABLA EN INGLÉS)

La soledad un poco, cuando caminas así, sola,

y puedo pensar y... Claro.

Prefiero pensar en mis cosas.

¿Y por qué te animaste a hacer el Camino?

La aventura. -Es muy fácil, eh...

conocer a la gente, platicas con ellos, ah, es...

Yo tenía una pared y ahora siento que no la necesito.

¿Te costaba relacionarte con la gente antes?

Sí. Fue un poco, ah... difícil.

Ah, platicar con la gente. Ahora es más, más fácil.

O sea, que te has quitado como ese bloqueo

gracias al Camino. Ajá.

Está muy bien. Yeah. Soy más fuerte

de lo que creía antes.

-¡Hola, buenos días! -Buenos días.

-¿Qué tal? -Haciendo el Camino.

-¿Qué tal? -¿De dónde son?

-Ellos... -Mira, nosotros de Barcelona,

Sant Cugat del Vallès. -¡Qué bien!

Pues aquí tienen un sitio estupendo para descansar un ratito.

-Ay, qué bien. Yo voy a sentarme un poco.

-Siéntese, por favor. Siéntese un rato.

-¿Vive aquí? -Yo vivo aquí, sí.

-Ay, qué buena. Yo soy de Valencia.

Yo soy de Valencia. -Estas son de mi naranjo.

-De naranjo gallego. -Gallego.

Lo que pasa es que ahora, como nos gustan,

las papamos bien. Empuje por ah...

-Ten, José María. -No, le doy yo, le doy.

-Sí, muy bien, gracias. -Muchas gracias.

-Coja por ahí. -Qué rica.

-¿Lleva muchos años aquí? -¿Yo?

-Sí. -Es que vivo aquí y llevo 42 años.

¿Cuántos peregrinos han pasado por aquí?

-Muchísimos. -Todos esos y más.

Hasta pasan de estos... no sé decir la palabra, menos válidos.

-Minusválidos. -Pero van encantados de la vida.

Pasan cantando. Pasan sacerdotes.

Pasan monjas, rezando, cantando "A Rianxeira".

"A Rianxeira". Se me ha pegado.

-No me diga eso. -Lo que digamos.

No la voy a cantar, porque no es el momento,

pero llevo todo el Camino que, en cuanto empiezo...

¡Pam, pam! No sé por qué razón.

(CANTAN) #"Ondiñas veñen. Ondiñas veñen.#

#Ondiñas veñen e van.#

#Non te embarques rianxeira

#que te vas a marear".#

(NARRA) Daniel interpreta el Camino

como un gran reto personal y físico.

Extraña a su padre y se siente bloqueado

en la empresa que montaron juntos.

Conocerle será una buena experiencia para mí.

Hola. ¿Cuántos días llevas caminando?

Arranqué el 24 de abril.

O sea, van seis... 18 días, más o menos.

18 días caminando. Sí.

¿Y lo llevas bien? ¿Estás cansado? Sí.

Me tomé un día de descanso en Burgos, porque estaba cansado.

Bueno, después, a continuar. Y voy bien.

¿Caminamos juntos? Vamos.

Y a ver qué tal. ¿Y tu mujer no ha querido hacerlo?

Sí. Pero no se animada físicamente a hacerlo todo.

Pero me dijo que venía a hacer los últimos 100 kilómetros,

que me iba a acompañar para llegar juntos a Santiago.

Eso está bien. Eso está bueno.

Vamos a sentarnos un poco, a ver si un poco de llover.

(SE QUEJAN)

Ponte aquí más cerca de mí.

Ahí está.

Te habías criado con familia gallega.

Con familia gallega. Sí. Toda mi vida.

Porque mis tíos, mis padres, toda la familia era gallega.

Entonces, las costumbres

con las que me crié, fueron entre gallegos.

Soy un forastero acá, pero tengo sangre gallega.

Por las venas me corre sangre gallega.

Claro. Y antes de empezar a hacer el Camino, ¿qué pensabas?

Para mí, era un lugar de reflexión.

Bueno, por ahora, viene siendo eso.

Es un lugar de reflexión. Y cuando se acabe,

veré a ver qué cambios en la vida, que dicen te da cambios,

después del Camino, que uno cambia.

Bueno, veré qué cambios en la vida positivos puedo sacar de esto.

Y ahora, dentro de nada, te vas a encontrar con tu mujer,

que hace muchísimos días que no la ves.

Hace muchos días que no nos vemos.

Y, bueno, me está esperando.

Así que vamos a ver cómo va el encuentro.

Va a estar bien porque tenemos muchas ganas de vernos los dos.

¿Sí, verdad? ¿Cuántos años lleváis juntos?

26. 26 años de casados. 26 años. La mitad de tu vida.

Sí. Más de la mitad de tu vida.

Un poco más, de los 50. Sí, sí.

Mi señora. ¿Es tu mujer? A ver qué dice.

Hola, Bibiana. Hola.

Hola. Soy Marta. He conocido a tu marido

en el Camino y ahora vamos a tu encuentro. ¿Qué tal estás?

Y a va ser tu primera vez en el Camino, además.

Sí. Es la primera vez en el Camino. Exactamente.

¿Tienes ganas? Tengo ganas, muchas ganas.

¿Sí, verdad? Sí. La verdad es que sí.

Pues ahora mismo nos vemos, Bibiana.

Gracias. Un beso grande. Otro. Chao.

Ya está nerviosa Bibiana. Vamos a caminar, ¿no?

Vamos. Vamos, que ya nos espera. Tengo ganas de conocerla.

Venga. Vamos allá.

Bueno, quédate ahí. Quédate ahí. Chao.

Chao.

Me parece que, por lo que marcó, era por aquella avenida.

¿Por la avenida? A ver, enséñame. Ella está parada.

Creo, eh. A ver, nosotros vamos por esta.

Era por la otra avenida. Era por la avenida que cruzamos.

A ver. ¿Hay calle aquí que vuelva a cruzar?

Sí. Vamos por aquí. Esta calle que cruzamos,

esa calle hasta el puente.

Ya estamos a pocos metros, después de tantos días.

Ahí está, en la esquina. ¿Es ella? ¿Esa espalda?

No se lo espera. No. Está de espaldas.

¡Eh! -¡Ay!

(RÍEN) -Estaba mirando para atrás.

Ya veo que estabas mirando para otro lado.

-No creía que venías de allá. -No. De allá.

Te dije todo el tiempo al revés. (RÍE)

¡Eh! No llorés.

Bueno, ahí está Marta. Estoy emocionada hasta yo.

Hasta Marta se emocionó.

Encantada.

¿Cómo estás, Bibiana? Bien.

¿Sí? ¿Estás un poco nerviosa? Sí, ¿verdad?

Son muchos días. Lleváis toda la vida juntos.

20 o 20 y pico. Y tantos días separados,

supongo que se nota.

Horrible. Nunca más. Nunca más, ¿no?

O sea, que como él quiera caminar 1000 kilómetros,

tú con él a su lado. Claro que sí.

Bueno, os dejo vuestro momento aquí, que disfrutéis.

Un placer haberos conocido. Y buen Camino.

Gracias. -Bueno, gracias.

Gracias, Marta. Gracias por acompañarme un poco.

Buen Camino. A ver si coincidimos también.

Seguramente, nos veamos. Seguro. Listo.

Gracias. Buen Camino. Suerte Buen Camino. Suerte.

Venga. Quiero ver las torres de la catedral, para asegurarme

de que no me he equivocado de Camino.

¿Cómo te vas a equivocar? Con la inteligencia de Manuel

y la sabiduría tuya, está solucionado todo.

-Qué malo que eres. -Soy auténtico.

-Arriba, vamos. -Vamos a subir aquí.

Venga, sacamos foto. Venga.

Venga, que estáis locos.

Estáis locos. Os hecho dos.

Pero sale tal y como sois. Más guapos, es imposible poneros.

-La cámara no hace milagros. -¿Con pies o sin pies?

Si no nos sacas los pies, seríamos...

-Preferible que saques con pies. -Claro.

-Hala, a ver. -Dos manolos gallegos.

-Os pensáis que sois gallegos. -Sin batería.

(RÍEN) -Perfecto. Venga.

-Venga. -Allí tienes Santiago.

-Sí. -Eso lo chupamos nosotros en nada.

-¿Seguro? -Seguro.

-¿Somos leones? -¡Somos leones!

Vamos a fichar, vamos a poner el sello

y para adelante. El último tramo, venga. Vamos.

Hola. Hola.

¿Dónde estoy, exactamente?

Estás tú en la villa de Portomarín. Portomarín.

Portomarín. Muy bonito, eh.

Pues bonito era antes que ahora. Ahora, ya ves. Mira.

El pueblo de Portomarín estaba allí y San Pedro, aquí.

Y el río en el medio era mucho más bonito que ahora.

Pero, bueno, es lo que hay.

¿Ahora están debajo del agua? Exactamente.

Aquí hay un pueblo que se llamaba San Pedro,

en el margen izquierdo. Y a mano derecha,

donde ves aquellos barcos, todo eso, hasta aquí, en el puente,

era Portomarín, San Juan.

Había la iglesia de San Juan y la iglesia de San Pedro.

Dos iglesias aquí. Y las dos están arriba.

Una, piedra a piedra y la otra, solo la fachada principal.

¿Por qué quedó el pueblo bajo las aguas?

Porque había una orden de Franco de hacer el embalse este último.

Y, a lo primero, la gente no lo creía,

decía que no era verdad. Pero cuando vinieron los peritos

a medir y esas cosas, a la gente ya le empezó a entrar

una cosa que... claro, era que venían de verdad.

Y así vino. ¿Usted ha hecho el Camino?

Yo, a trozos más pequeños. Porque estoy un poquito operado

de una rodilla y de una cadera y tal.

Pero el Camino lo conozco desde Ponferrada hasta aquí

como si fuera... como si fuera mío.

Bueno, pues voy a continuar mi Camino.

Espera, que antes de continuar tu Camino,

te tengo que enseñar una cosa que hacíamos aquí los chicos.

Aquí, a las noches, cuando veníamos de ver a las chicas por aquí,

nos juntábamos todos aquí del pueblo

y cuando íbamos a nuestras casas, a las dos de la mañana,

cogíamos hojas de los árboles y con esas hojas,

íbamos para casa, en vez de llorar, cantando

y atronando y haciendo más cosas. Mira.

Se mete aquí la hoja. Y después, el labio

y el aire sale por arriba. El labio de abajo, cierras.

Y esto suena y es como una trompeta.

A ver. Y tocas lo que quieras.

(EMITE UN SONIDO DE TROMPETA)

¡Esto es una maravilla! Yo quiero otra hoja.

Pues venga. Así cantamos los dos.

Yo no sé si me va a salir, eh. Mira, aquí hay una.

Una más grande. Venga. Más grande, porque es más fácil.

(EMITE UN SONIDO DE TROMPETA)

(SOPLA SIN EMITIR SONIDOS) (RÍE)

(TARAREA)

Mira, este se ha roto.

Aunque se rompa, no pasa nada, hay más hojas.

Claro, así.

Así, y ahora.

Cierra el labio por abajo y echa el aire por arriba.

(INTENTA QUE SUENE)

(RÍE)

Esta hoja toca, trae que te la toco yo.

(TARAREA CON LA HOJA)

¿Me regala una hoja para yo ensayar durante el Camino?

Exactamente, sí, creo que el apóstol Santiago

te dará fuerzas para tocar la hoja.

Qué bien. Yo te explicaré,

pero Santiago te ayudará.

Te cantaré "Adiós con el corazón" para que hagas bien el Camino.

(TARAREA "ADIÓS CON EL CORAZÓN")

Me vinculé con asociaciones, la primera de ellas

fue la de aquí, la de Agacs,

Asociación Galega Amigos del Camiño de Santiago.

Me dijeron de ser hospital era voluntaria,

me encantó porque era otra vivencia

del Camino desde la otra parte del Camino, es decir,

tú vas de peregrina y cuando llegas a los sitios,

quieren que te ayudes cuando llegas hecha polvo

tras una etapa del calor.

Nos halaga cuando no escriben en el libre, cuando final,

cuando se marchan a la mañana, te dan esos abrazos al salir

como diciendo: "Gracias".

Hola, ¿qué tal?

-Bien. -¿De dónde eres tú?

-De Israel. -¿De Israel?

De Israel. -Empezó el 16.

Sí. -¿De mayo?

-De mayo, la primera noche estaba aquí.

-Yo también, 16 de mayo, de Oporto.

-De Oporto. -Sí.

Uf, ¿con eso caminas? -Sí, con esto.

-Madre mía. -Hago el Camino Francés,

el año pasado tuve muchos problemas con las botas.

-Pero un mocasín,

¿un par de mocasines todo el Camino?

-Sí, Camino Portugués, sí.

Voy con esto.

Pero... es muy doloroso.

-No, en Israel,

el Camino es sin zapatos.

-Sin zapatos. -Sin zapatos.

Quiero salir antes de las 7.

-Puedes salir antes, ¿por qué?

-Porque para mí la madrugada.

-Entiendo. -Es la hora espiritual del día.

-Te entiendo. -Hoy empecé a las 5.

-¿A qué hora saldrías? -A las 5.

5:30.

¿Es posible?

-Sí, es posible, claro.

Yo me despertaré adrede para abrirte la puerta.

Pues, nada, que tengas buena estancia,

que disfrutes y descanses, ¿de acuerdo?

-Gracias. -Muy bien.

Como todo gran esfuerzo tiene su recompensa,

hoy me toca acabar la etapa de una manera muy especial.

Espero mañana estar mejor porque hoy, como tantos otros días,

el cansancio ha venido a visitarme.

Eh, venid por aquí.

Bueno, aquí la tenemos, eh.

Aunque está en obras, sigue siendo bonita.

-Siempre, siempre bonita.

-Nos ha costado, pero hemos llegado.

-Hemos llegado y me gusta con andamios y todo, es preciosa.

-Bueno, después de tanto Camino, llegamos, por fin, a la meta,

a la Plaza del Obradoiro, aquí estamos.

Con mucho orgullo, con mucha alegría por este logro

porque, la verdad, no fue fácil, pero es muy reconfortable.

Gracias por acompañarnos a los dos,

la verdad, una experiencia divina, linda, divina.

Un beso, chao. Un beso.

Este viaje ha hecho que entablemos una amistad.

Esto puede, esto va a ser muy duradero.

Venga, que hoy nos separamos.

-No nos separamos, no.

-Esto lo tenemos aquí, siempre. -Esto queda grabado.

-Aquí siempre. -Venga.

Eso es, somos los mejores.

Pensaba entrar solo, entré con dos compañeros admirables

y para mí, amigos ya,

y el reto lo tengo conseguido.

Ha sido duro,

impresionante, no tengo más que decir.

Hola.

¿Qué tal?

Yo, como gallego, vine muchas veces a Santiago,

bajé muchas veces esa puerta, pero nunca la bajé como hoy.

Ha sido una sensación grande, llegar y ver la familia

después de un mes, un mes sin verlos.

La verdad, ha sido algo

muy grande, muy grande que hay que repetir.

Vaya campeón que tengo aquí.

-Guapa.

-¿Qué pasó, eh, qué pasó? Guapo.

No me llores ahora, eh, tigre de la montaña palentina, eh.

Es una satisfacción entrar con estos dos compañeros aquí

y ver a catedral, que la veía inalcanzable

cuando estábamos allá por Los Pirineos

y después de...

contando los extras que hemos hecho después del Camino

que son casi 900 kilómetros,

pues llegamos bien, cumplimos nuestro objetivo.

Estoy muy contento por mi parte y muy satisfecho.

(RÍE) Cómo estás, niña.

Qué tal.

Bueno, yo siempre que consigo algún tipo de logro,

ya sea a nivel deportivo o como hoy en el tema

del Camino de Santiago,

me acuerdo mucho de mi familia porque mi familia,

en realidad, pues son el pilar básico de mi vida.

Son quienes me ayudaron siempre y los que siempre están ahí

cuando tengo algún problema, los amigos.

Pero todo, la familia.

Es la sensación de éxito,

de haber podido llegar y terminar el viaje.

Y, bueno, llegar a un sitio que hay como una recompensa.

Llegas al mar y te puedes bañar los pies,

está frío, es un sitio agradable.

Aparte con él que le gusta jugar

y todo, un sitio como para llegar el mejor sitio, el mar.

Desde los ojos de un niño es un Camino inocente,

bonito y que no hay ningún problema en nada, puedes dormir

donde sea con quien sea y con gente que no conoces de nada

y hablan otros idiomas y es todo mágico, todo curioso

y todo va bien.

En el próximo capítulo de "Buen Camino"

conoceremos a Álvaro, un madrileño que descubrió

en Camino en el 2010 y desde entonces

lo ha hecho 24 veces.

El Camino es muy fácil, no hace falta nada.

No hace falta llamar a nadie, te vas tú solo,

compras un billete, te vas a un sitio,

y empiezas a caminar y no hay más.

Caminaremos con Jeffrey, profesor de un coro de música

y entre canción y canción, nos explicará por qué

es tan importante este viaje para ellos.

Olvidamos que el mundo es tan grande

y el amor puede pasar

por todos.

Con Pera descubriremos las ventajas e inconvenientes

de hacer el Camino de Santiago con dos caballos.

Con dos caballos en casa,

¿me voy a pegar un mes andando? No.

Estaría andando, pensando con los caballos.

Y nos emocionaremos con Kathy, una estadounidense

que quiere llegar hasta Finisterre para despedirse de su madre.

Ya estoy llegando al Ferrol.

En Finisterre.

Llevo conmigo cenizas de mi mamá

que siempre iba conmigo.

  • Programa 5

¡Buen camino! - Programa 5

10 ago 2017

Marta Márquez recorre la quinta etapa de su viaje hasta Santiago de Compostela. Inicia el recorrido en Sarria para llegar a Portomarín. Durante el viaje conocerá a tres peregrinos que se han conocido en el Camino, y descubrirá que esta experiencia es para todas las edades con Irene y su hijo de 3 años, que llevan más de 800 kilómetros en bicicleta.

Contenido disponible hasta el 30 de junio de 2067.

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