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Arqueomanía

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Para todos los públicos Arqueomanía - Un paseo por Hispania (1ª parte) - ver ahora
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Se puede realizar una aproximación a Roma

desde diferentes puntos de vista.

Se puede poner el foco en cualquiera de los siglos

de su extensa historia, ya que todos aportan piezas

al engranaje de su extraordinaria maquinaria.

Es legítimo contemplar sus grandiosas obras públicas

o los detalles más precisos que sus artesanos dejaron

en miniaturas de cristal.

Desde Roma, nos han llegado los relatos

de sus legiones y de sus políticos.

Viviendas, termas y calzadas,

epigrafías que conmueven o aterrorizan.

Transitando por la Península Ibérica,

Roma aparece por doquier.

En cualquier lugar de este "Finis Terrae" para el mundo clásico

aflora el pulso de una civilización con vocación de globalidad.

Roma fue una manera de ver el mundo,

una forma de organización social,

una escala de valores que tuvo la fuerza para imponerse

con mano de hierro apoyada en su corpus legal.

En Hispania, se manifestaron todas sus potencias.

Llegaron hasta aquí en busca de recursos,

sobre todo, minerales,

y de una posición estratégica fuerte para completar su mundo.

Ese mundo que se extendió

de un extremo al otro del Mediterráneo.

Algunos autores han defendido

que el pilar de Roma eran sus legiones.

Vamos a aproximarnos a dos aspectos de las mismas

que tal vez sean menos conocidos.

La sanidad militar y las vías de transporte.

En el Parque de las Ciencias de Granada se ha desarrollado

una exposición sobre medicina militar

y Roma ha tenido su lugar.

Las legiones estaban tremendamente alejadas

de la ciudad y de la cabecera del Imperio,

era difícil

restituir el capital humano,

y entonces se dieron cuenta que era muy importante conservarlo,

es decir, prevenir

y evitar las epidemias y enfermedades y recuperar a los heridos.

Trajano tiene una frase que dice que no hay nada más desmoralizador

que el grito de un legionario herido.

Eso es porque afecta tremendamente a la moral del combate,

primero es la prevención

y el control de las epidemias,

el crear una estructura estable en cada campamento romano,

que era el valetudinarium,

que por emplear una palabra conocida, como una enfermería.

El retirar a los heridos inmediatamente en cuanto se podía

del campo de batalla, no esperar a que se terminara la batalla,

sino intentar retirarlos antes, de tal manera que pudieran

recibir tratamiento lo antes posible.

Porque hoy las armas son más devastadoras pero entonces,

las armas producían unas heridas que, fundamentalmente,

mataban a la gente por exsanguinación,

lo mismo que ahora, es decir, se desangraban.

Tratarlas lo antes posible, para evitar que murieran.

Y luego, el avance tecnológico en cuanto al instrumental,

pues tienen instrumental de sutura, material de separación de heridas,

extractores de proyectiles,

tienen cauterizadores,

tienen elementos para hacer

craneotomías, para descomprimir el cráneo,

tienen elementos para amputar, es decir, lo conseguían,

y además, sorprendentemente, como sabían hacer las cosas

y lo habían probado...

Pues con un índice de supervivencia bastante alto, es decir,

se puede calcular que en las heridas de combate

podían conseguir una supervivencia del 60-70 %.

Las calzadas romanas son conocidas por todos.

Aunque su verdadera funcionalidad y aspecto se prestan a confusión.

Entre las actuales provincias de Burgos y Soria,

muy cerca de la ciudad romana de Clunia,

gracias a las indicaciones del ingeniero Isaac Moreno,

hemos podido visitar una calzada romana fosilizada.

Se ha practicado un corte en una sección

y puede verse bien su estructura y composición.

Las vías romanas eran verdaderas carreteras

en todos los sentidos de la palabra, tenían pendientes pequeñas,

para que las cargas pudieran transportarse,

una buena capacidad portante, con un buen firme,

de forma que permitían tanto transportes pesados

como ligeros a buena velocidad.

-Estoy seguro que cualquier persona que esté viendo el programa

asocia calzada romana a una calzada de grandes losas de piedra irregular,

y uno piensa que si fuera así, sería muy incómodo mover el carro.

-Lo que ocurre es que tradicionalmente, durante muchos años

se había extrapolado el arquetipo de la Via Apia,

que todos conocen, con grandes losas,

a todas las carreteras que comunicaban las ciudades romanas.

La Via Apia realmente es una calle

de la ciudad de Roma, que sale con tratamiento urbano

durante muchos kilómetros porque hay un gran complejo monumental

que son las tumbas a un lado y otro del camino,

pero las carreteras romanas no son así, son muy diferentes.

-¿Cómo sería una sección clásica de una calzada?

-Una sección clásica de una vía romana por todo lo que hemos visto

y encontrado en todas las partes del Imperio,

son piedras gruesas abajo que sirven de cimentación,

que son los que de alguna manera dan capacidad portante al firme

y una buena capa de materiales granulares finos,

normalmente zahorras naturales, como estas que estamos viendo aquí,

que son lo que permiten una rodadura cómoda

y una pisada del caballo eficaz para poder ir a buena velocidad

y que el agarre sea el que tiene que ser,

suficiente y adecuado.

-Es decir, no se verían las piedras,

se vería la base, la zahorra, y se rodaría sobre zahorra,

mucho más cómodo para un carro.

-Una vía romana era como un camino moderno, de zahorras naturales,

de gravillas finas con arcilla, en forma de trapecio, es decir,

prácticamente era un camino moderno, que es como se podía construir.

Este caso, como muchos otros, es muy significativo,

porque además de verse muy bien toda la cimentación de piedra gruesa,

en esta sección, en este corte transversal,

se ve luego una capa de unos 30 cms de zahorras naturales, cantos rodados

de orígenes variados, sobre todo, cuarzíticos y también calizos,

que no son propias de este terreno. ¿Qué administración, qué Estado

pudo hacer esto durante kilómetros, esta loma que vemos fosilizada,

que es realmente una vía romana, entre Roma y el siglo XIX,

que se hacen las primeras carreteras, que además, esta no es una de ellas,

porque está fosilizada y llena de bosque,

pues solamente Roma, nadie tenía esa potencia para hacer esto.

Las fuentes clásicas llegan a decir que recorría la posta imperial,

el correo digamos estatal en ese momento,

distancias equivalentes hoy en día a 150-200 km. en un solo día.

Y vamos a darle una jornada de 8-10 horas,

tampoco estaba 24 horas. Las carreteras eran magníficas,

los carros también, y la posibilidad de cambiar el caballo,

que era el que realmente sufría porque no iba en un carro cómodamente

pues existía. -¿Quién las construía?

Son esclavos, las legiones que construyen, trabajadores normales

bajo un salario, ¿quién construye la calzada?

-Me voy a remitir a un autor francés, a Chevalier, en su libro

"Voies romaines", las vías romanas, de año setenta y tantos,

se documenta y consulta muchos documentos clásicos

donde se habla de la construcción de vías romanas,

ciento y pico documentos, de los que solamente 4 o 5

hablan de la intervención de una legión determinada

o de una rama del ejército en la construcción de la vía romana

y ni siquiera que las construyan físicamente, sino que intervienen

como cuerpo administrativo o contractual.

El resto son contratos a empresas privadas.

De hecho, existían los funcionarios. -Las constructoras Gomorra.

-Empresas encargadas de la construcción de carreteras

y de puentes, y había funcionarios cualificados

para celebrar en nombre del Estado esos contratos.

Esta vía era subsidiaria de Clunia,

y el paso de la calzada por esta región

se ha relacionado con el transporte del oro del noroeste hasta Tarraco,

la actual Tarragona.

El famoso oro de Las Médulas

habría transitado por aquí en su camino

hacia las arcas capitalinas.

No obstante, la opinión más generalizada

es que Clunia tiene una finalidad estratégica

tras los problemas militares de Roma con la población indígena,

fundamentalmente, los arévacos.

Los nombres de Numancia y Tiermes son legendarios.

Los pueblos que vivían en esta zona de la meseta

plantaron cara a Roma y lo pagaron caro.

Pero en Clunia no se aprecian restos de este conflicto.

Es un ciudad de nueva creación

aunque con una población arévaca en sus inmediaciones.

Veamos qué depara su visita.

En cierta manera, aquí enfrente están

los últimos que se resistieron a Roma

en este territorio.

Cada mañana, cuando se levantaban

y veían este teatro,

pues eso era una forma de recordarles quién manda.

Sabemos que en el alto de Peñalba

hay ciudad romana a partir del cambio de era, de época de Augusto

Y no aparece nada de época celtibérica

o anterior de la época republicana.

En cambio, enfrente del alto de el castro,

está algo que se conoce como el alto del Cuerno

que ahí sí que hay restos de la época celtibérica.

Por el hecho de ser capital de convento jurídico,

tengamos los edificios públicos que tiene la ciudad,

porque para el territorio en la que está enclavada

no tiene mucho sentido tener un foro inmenso como tiene,

el teatro que tiene, los conjuntos termales,

es decir, da la sensación de que es una ciudad

muy, muy política.

Con el paso de los años,

el público que asistía a las representaciones teatrales

mudó sus gustos por otro tipo de espectáculos

y el teatro pasó a ser una especie de anfiteatro

con exhibiciones de fieras.

La ciudad posee edificios de entidad,

unas grandes termas en las que se separaban

a los hombres de las mujeres por razones morales,

es una de las construcciones más destacadas, aunque no la única.

Próxima al foro, una gran villa, de casi 1000 metros cuadrados,

da fe del peso que debieron tener algunos personajes de Clunia.

Se conoce como "La casa de Taracena",

por Blas de Taracena, que la excavó en los años 30.

Fue el comienzo de los trabajos arqueológicos de Clunia.

Destaca su conjunto de mosaico.

El foro, de grandes dimensiones, es la inequívoca demostración

de la importancia política de la ciudad.

Esta gran plaza pública daba servicio, en este caso,

al municipio y al convento jurídico.

Su estructura es clásica y las funciones judiciales,

religiosas y comerciales se desempeñaban aquí con normalidad.

Clunia es un deseo de la Imperial, de la Administración,

para convertirse en el centro administrativo de un gran convento.

¿Hubo población, se instaló alguna legión,

o es la propia población de la zona la que viene a vivir aquí?

-No tenemos constancia de que se instalen veteranos

de ninguna legión, parece que es gente del territorio

y que debieron ir ocupando el alto paulatinamente,

a partir del siglo I antes de Cristo.

-¿Y sobre esa primera ocupación se hace el foro, o estaba antes?

-El foro es una implantación posterior sobre una trama

y se ve claramente porque corta algunas de las casas preexistentes.

-Por tanto, no hay el clásico trazado romano

del cardo o decumano, no existe como tal.

-Todo lo contrario.

En eso se parece mucho a Roma, que dicen que es la menos romana

de las ciudades romanas.

Se han cumplido 2000 años de la muerte de Augusto,

y su legado ha sido puesto de manifiesto

en diferentes ciudades de España.

En el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida

se ha dedicado una muestra al bimilenario.

Roma no pasa de moda.

El mundo clásico no pasa de moda,

despierta en nosotros sueños utópicos.

Mérida, Augusta Emérita, fue una colonia otorgada

a los veteranos de las guerras cántabras.

Augusto tuvo allí una formidable piedra de toque.

El rigor de Roma volvió a imponerse,

aunque no era la primera vez que este hecho

se constataba en Hispania.

Este cadáver, con una herida de espada,

fue recuperado en el yacimiento cordobés de El cerro de la Cruz,

en Almedinilla, Priego.

Había quedado abandonado en plena calle

cuando los militares romanos tomaron la ciudad.

Vamos a ser testigos hoy de una historia trágica, épica,

cómo Roma decide destruir rigurosamente y dejar para el olvido

esta ciudad que osó ayudar al rebelde Viriato durante la guerra lusitana.

-Fue precisamente aquí, donde nos encontramos ahora,

donde hallamos dos cuerpos

tirados en la calle, entrelazados,

dos adultos, uno de unos 25 años y otro de unos 35 años,

posiblemente familiares entre ellos, fuertes, de hombros y de brazos,

bastante altos para la época, 1,75

y con cortes de espada evidentes.

Cortes de espada que supuso la muerte

y así murieron en la calle, sin duelo y sin ceremonia religiosa

hasta que se pudrieron.

Apiano nos dice que las mujeres que caían prisioneras,

las mujeres indígenas incluso preferían la muerte, suicidarse,

a ser esclavas, ¿no? Y que mataban a sus hijos

y a ellas mismas antes que caer en la esclavitud, ¿no?

Pero hay que pensar que los supervivientes

de la matanza que pudo haber aquí, pues ese sería su destino,

la esclavitud, en el mejor de los casos.

Es muy probable que esta población apoyara la revuelta de Viriato,

a mediados del siglo II a.C.

Existen otras pruebas, además de las muertes violentas.

Lo primero que tenemos es un nivel de cenizas generalizado

en todo el yacimiento.

Ya sea el lugar donde uno haga un sondeo,

a lo largo de todo el cerro, aparece ese nivel de cenizas

que tenemos aquí, un nivel blanquecino,

que es la prueba de un incendio generalizado.

Si hubiera sido un incendio fortuito, se hubiera vuelto a reconstruir

las viviendas, sin embargo, no hay fases constructivas posteriores,

el yacimiento es monofásico. -O sea, que arde, estas cenizas

serán lógicamente fruto de las vigas, las cañas del techo, etc,

mas la arcilla y la cal, ¿no? -Exactamente.

-Está todo cubierto. -Cubierto de esa ceniza,

no se vuelve a reconstruir, es monofásico de hecho,

a mediados-finales del siglo II a.C.

por tanto, el incendio parece que no debió de ser fortuito,

porque si no, se hubiera vuelto a reconstruir las viviendas.

Roma condenó al poblado al olvido,

y el Cerro de la Cruz no volvió a habitarse

hasta la época califal.

Tanto con la República como con el Imperio,

Roma tenía una política clara, y la dureza contra los enemigos

fue la base de su estrategia durante siglos.

Casi 200 años después, vemos un comportamiento similar

durante el desarrollo de las guerras cántabras,

que fueron un verdadero quebradero de cabeza para Roma.

El mismísimo Augusto intervino en un conflicto

que sirvió para terminar de someter el norte peninsular.

Julióbriga es testigo de aquel dominio.

En el año 29 Augusto llega justamente a la zona cántabra

para conquistar la última parte que le quedaba de la Hispania.

Viene acompañado de varias legiones

y tiene una guerra encarnizada, sobre todo en el año 29 a.C.,

que se repite y se sucede a través de una serie de sublevaciones

por parte del pueblo cántabro, que queda según los escritos

finalizada en el año 19.

Julióbriga es consecuencia de esa batalla,

ya que se funda en el año 15 a.C.,

a través de la distribución administrativa del territorio

que realiza el propio Augusto.

De hecho, el nombre que percibe Julióbriga

viene del término Julio, que es su padre adoptivo.

Según Plinio el Viejo, el entramado urbanístico

que tiene la propia ciudad

hace que de las diferentes villas romanas que hay

actualmente en Cantabria, la única de ser mencionada es Julióbriga.

Conocemos en la zona central, el foro

constituido por un pódium donde había un templo,

seguramente estaba dedicado a Júpiter, por un fragmento de ara

que se ha encontrado cercano a este templo adosado al foro.

El foro tenía doble columna

y luego se ha encontrado un recinto

rectangular, también adosado al foro,

que se piensa que era el lugar utilizado por la curia para asambleas

y cercano al foro tenemos la ínsula de las tabernas,

aquí, justamente, en esta zona que se llama La Llanuca,

estaban las estancias de la gente pudiente de la ciudad,

con unos 1200 metros de superficie. Tenían las edificaciones

patio central y las edificaciones, las estancias estaban distribuidas

en torno al mismo.

Por otro lado, tenemos otro barrio, el barrio de los humillati,

de los humildes donde el trabajo artesanal, agrícola y ganadero,

toda la gente que realizaba ese trabajo

lo tenemos allí, bien concentrado.

Julióbriga empieza a ser abandonada a mediados del siglo II,

para desaparecer a mediados del siglo III d.C.

Sin embargo, en la memoria colectiva, Julióbriga no se olvida.

Tenemos enterramientos en torno al siglo VI,

ocho en fosa, que están cercanos a una iglesia románica del siglo XII,

Santa María la Mayor, y además, la tenemos justamente

adosada a ese antiguo templo romano. Por tanto, vemos una continuidad,

es decir, aunque Julióbriga es despoblada,

dentro de lo que es el centro religioso,

se vuelve a recuperar siglos después.

(Música)

Cuando un arqueólogo se refiere a algo como tafonómico

quiere decir que es una característica que ha aparecido

en un resto fósil mientras se convertía en fósil,

no previamente. Por ejemplo,

un hueso de cráneo está muy curvado y esa curvatura

se debe a la presión del terreno en el que fue hallado,

entonces, el arqueólogo dirá que el rasgo es tafonómico.

(Música)

Hubo un tiempo no tan lejano en el que la arqueología

era una actividad más vinculada a la historia del arte y la aventura

que en la actualidad.

El exotismo fue un motor muy potente para comenzar

la investigación arqueológica.

Hoy en día, la ciencia positiva y experimental

se ha incorporado a la investigación arqueológica

para confirmar o desmentir algunas ideas preconcebidas.

Los análisis de materiales pueden determinar

el origen local o foráneo de una determinada materia.

Las pruebas cronológicas fijan la edad de un yacimiento

con gran exactitud.

La incorporación de estudios genéticos

ha contribuido notablemente a esclarecer los tipos humanos

y los orígenes de las poblaciones.

Se analizan pigmentos, fibras vegetales

o grasas animales con gran precisión.

La ciencia y la tecnología han contribuido igualmente

a los procesos de restauración y conservación

del patrimonio arqueológico.

La consolidación de huesos fósiles o la limpieza de un pecio

han mejorado notablemente gracias a los avances tecnológicos.

Pero este análisis material de vanguardia

no hubiera sido posible sin los primeros arqueólogos.

Fueron personas con gran intuición y determinación

que comenzaron una tarea desde la nada,

contando solo con fuentes históricas

y sin ningún protocolo de trabajo establecido.

Los pionero se hacían las preguntas fundamentales

que se hacen hoy día.

No disponían de instrumental sofisticado

ni de un poso bibliográfico como el actual.

Pero suplían esas carencias con una voluntad a prueba de bombas

y una filantropía que les llevó a buscar financiación

en sus propios bolsillos más de una vez.

Aunque tampoco era extraño que los pioneros

vendieran las piezas que extraían del subsuelo.

El comercio de antigüedades era una gran fuente de ingresos

y en casos como el de Luis Siret o Georges Bonsor

sirvió para que pudieran continuar sus investigaciones.

Hoy en día, la venta de objetos arqueológicos

es completamente ilegal, pero entonces no lo era.

Por decirlo de alguna manera, no se veía con malos ojos.

Prejuzgar desde la actualidad, además de inútil, es injusto,

ya que la escala de valores era bien diferente.

No obstante, fueron los propios pioneros

los que pusieron las herramientas para frenar estas prácticas.

Sin duda, Pelayo Quintero fue uno de los más destacados

en esta labor.

Los primeros arqueólogos, como el abate Breuil,

dormían al raso tras largas jornadas a lomos de una mula.

Atravesaban sierras, campiñas y marismas.

Descendían a las cuevas más profundas con antorchas,

lámparas de gas y primitivos cordajes.

Da la sensación de que no había dificultad

que no fueran capaces de enfrentar,

ni problema que se negaran a resolver.

En ocasiones se ha relacionado alguno de estos arqueólogos

con servicios de información o inteligencia.

Al igual que se ha indicado que Breuil era un espía aliado,

era muy significativo

que con el coronel Verner

pasara largas temporadas en Tarifa,

se ha escrito el porqué de las excavaciones

de la casa de Velázquez en Bolonia,

era controlar el Estrecho en la época casi previa a la Guerra Mundial.

Se ha llegado a decir que Breuil era espía.

Y era un hombre que por esos ambientes se movía

por zonas insospechadas, ¿no? Mientras que Obermaier

es más el científico, aunque juntos tuvieron una colaboración magnífica

y publicaron cosas y fueron grandes colaboradores.

Es difícil encontrar unos personajes más románticos

a lo largo de la historia.

Esa mezcla de aventureros, descubridores y espías,

puede hacer las delicias de más de un aficionado

a la historiografía o la arqueología.

Es lógico que los pioneros hayan sido fuente de inspiración

para las generaciones venideras.

En la actualidad, y salvo contadas excepciones,

se tiende a encontrar un perfil más bajo

en los profesionales de la arqueología.

Ahora prima el componente científico y es muy difícil que nadie confiese

que en realidad, le encantaría encontrar la ciudad de Tartesos,

o el eslabón perdido.

Ahora todo es más reglado, menos espontáneo.

Es la evolución lógica hacia la ciencia.

Desde aquí nos gustaría hacer un pequeño homenaje

a algunos arqueólogos legendarios que trabajaron en nuestro país

y en otros lugares.

A Luis Siret, Hugo Obermaier, Pelayo Quintero,

Georges Bonsor o Henri Breuil.

Y a los investigadores locales que se interesaron

por el patrimonio de pueblos y ciudades de España.

Farmacéuticos, cronistas, archiveros y socios de casinos,

ateneos y sociedades excursionistas.

Además de los historiadores y arqueólogos

formados en la Universidad española.

A ellos les corresponde el mérito de haber descubierto

la mayoría de los grandes yacimientos

y de haber entrevisto en la niebla de la historia

el verdadero camino que había que seguir.

Por suerte, muchos de estos primitivos investigadores

tuvieron la precaución y el acierto de acompañar sus trabajos

de dibujos, planos y fotografías.

Uno de los mayores archivos fotográficos antiguos

es el de George Bonsor, tiene cientos de fotografías.

Cada fotografía de este archivo parece encerrar un misterio,

una historia que llega a nosotros como un susurro.

En la actualidad, universidades y centros especializados

como el Instituto Arqueológico Alemán

dedican buena parte de sus recursos a la documentación fotográfica.

El archivo del Instituto Arqueológico Alemán

es de los que no deben perderse los estudiosos y aficionados.

A veces, el Instituto publica ediciones como esta en colaboración

con el Museo Arqueológico Nacional de Tarragona.

En el libro se repasa la actividad de la sede de Madrid

en su labor por toda la Península,

así como una aproximación a los fondos fotográficos.

Se percibe que quizá sea la fotografía

el testigo más fiable del trabajo arqueológico.

O al menos, el que llega con más fuerza al público.

En muchos casos, son fotografías testimoniales

y en otros, tienen la visión de los artistas

que estuvieron al otro lado del objetivo.

Se pueden ver muchas cosas en este archivo.

Desde arte rupestre hasta el ídolo de Peña Tú en 1969.

Si vemos el estado actual del monumento,

comprobamos que no ha cambiado demasiado.

En esta otra fotografía,

observamos al arqueólogo Michael Blech

ante la Bicha de Balazote, que ya tiene nueva ubicación

en el remodelado Museo Arqueológico Nacional.

Vista en la fotografía de Peter, realizada en 1981,

la dama fenicia del sarcófago de Cádiz

parece tener una mirada más melancólica.

Y así podríamos continuar por Ampurias, Tarragona, Segóbriga

o por Mulva Munigua.

Casi por cualquier lugar de esta piel de toro

horadada por los arqueólogos.

Se puede afirmar que en la arqueología española

todo empezó con Carlos III y su interés por las antigüedades.

En el Museo Arqueológico Nacional pueden contemplarse

parte de sus colecciones, destacando las cerámicas griegas.

Pero ahí todavía existía más

un afán de coleccionismo que de ciencia.

Carlos IV continuó con la labor de su predecesor

y con la ayuda de Godoy y del conde de Campomanes,

impulsó notablemente las excavaciones en Mérida.

Los dibujos de don Manuel de Villena son un testimonio extraordinario

de aquella época y un archivo visual impagable.

Algunos de los grandes monumentos emeritenses

que podemos disfrutar en la actualidad

ya fueron plasmados a finales del siglo XVIII.

En 1868, Manuel de Góngora y Martínez

publica en Madrid su obra

"Antigüedades prehistóricas de Andalucía".

En este trabajo ya se aprecia un interés por el método científico,

por la descripción prolija.

Un intento por contextualizar los hallazgos descritos

con la información que existía en la época.

Destaca el especial cuidado que se presta a los dibujos

que muestran los descubrimientos publicados con todo detalle.

En este primer gran catálogo de la arqueología española

Góngora y Martínez se detiene especialmente

en la Cueva de los Murciélagos de Albuñol, en Granada.

Llaman la atención los dibujos de cestos de esparto neolíticos

y toda la industria lítica que encuentra en la cueva.

En este volumen también podemos ver los primeros calcos de la célebre

Cueva de los letreros de Almería.

Y un catálogo del mundo dolménico andaluz.

Góngora se detiene especialmente en los trabajos de Mitjana

en el dolmen de Menga.

Recorre los caminos del altiplano granadino

y cuenta su experiencia en el hoyo de Gorafe,

describiendo sus monumentos megalíticos,

dibuja copas argáricas y se detiene especialmente

en una muralla que denomina "Castillo de Ibros", en Baeza.

Compara sus murallas con las de Micenas, Beocia y Samos.

Para los aficionados a la arqueología,

la obra de Góngora y Martínez es una joya y puede consultarse

en la Biblioteca Virtual de Andalucía.

El Castillo de Mairena del Alcor es el hito que nos va a conducir

a la extraordinaria vida y compleja personalidad

de George Bonsor.

En la actualidad, el castillo es un museo

levantado con gran talento y esfuerzo

sobre la figura de Bonsor, quien siempre quiso tener

aquí precisamente un museo con sus colecciones arqueológicas

halladas en Los Alcores.

El castillo es un ejemplo de arquitectura militar cristiana

de la Baja Edad Media, de la primera mitad del siglo XIV.

en 1902, George Bonsor lo adquirió en una situación de gran deterioro

y se propuso su restauración.

Durante las tareas de desescombro, Bonsor aprovechó

para ir catalogando materiales y estructuras antiguas,

entre ellas, una necrópolis de hornacinas

con urnas cinerarias que compara con las canteras romanas

de Carmona y Osuna.

Bonsor construyó una vivienda con una portada morisca

inspirada en el alcázar de Carmona.

Allí ubicó su estudio, que hoy conserva aún

ese halo de exotismo y romanticismo propio de la época.

En el patio de armas del castillo Bonsor diseñó un jardín.

¿Fue Séneca el que dijo que teniendo una biblioteca y un jardín

ya no se necesitaba nada más? Quizá fuera Lucano, qué mas da.

El caso es que Georges Bonsor debió pensar lo mismo.

En el jardín, y sobre todo, en las murallas,

puede verse la mayor población de cernícalos de España.

Entre las estancias del castillo, existen un par de salas expositivas

con materiales sobre George Bonsor y su labor.

Pueden verse cosas muy interesantes,

como sus mapas, publicaciones y algunas de sus fotos.

Los más curiosos seguro que se fijan en la tartera

que Bonsor llevaba a las excavaciones.

Y es que la casa de Bonsor, en el castillo de Mairena del Alcor

desprende arqueología.

En cada vitrina parece habitar un misterio,

en cada estancia, una época.

Suena a gramófono, a charla distendida y a canto de aves.

Y delante de la mesa del despacho del arqueólogo,

parecen correr las preguntas grabadas de alguna manera

entre las incisiones de la cerámica y la forja de viejos metales.

Conviven dentro de estas 4 paredes piezas iberas de Elche

y de las islas Scilly.

Armas de fuego, pinturas y ropas extrañas.

Hace fresco y la primavera termina.

Al ser George Bonsor un personaje principal

de la arqueología española y europea,

recibió en esta casa la visita de varios de sus colegas.

De especial interés resulta la que hizo Adolf Schulten en 1910.

Tartessos, la "Moby Dick" de la arqueología fue la razón.

Las relaciones de Bonsor y Schulten darían para mucho.

George Bonsor será recordado por muchas de sus intervenciones,

desde las de Baelo Claudia hasta las de Itálica.

Su expedición a las islas Scilly en busca de las míticas Casitérides

es una de las más notables de la época.

Bonsor conocía bien la cultura del sur peninsular,

y quería rastrear las rutas del estaño.

No encontró las míticas islas pero dio pasos firmes

en la investigación del megalitismo británico.

Su trabajo en Los Alcores, con la excavación de Setefilla,

en pleno valle del Guadalquivir, es otro de sus grandes hitos.

Aunque la posteridad le tiene un hueco reservado

por su dilatado y prolijo trabajo en la necrópolis de Carmona.

Él fue el actor principal.

La tumba de Servilia o la del Elefante

son testigos imperecederos.

La tinta de los pioneros seguirá fluyendo.

(Música)

Arqueomanía - Un paseo por Hispania (1ª parte)

23 jul 2018

Un paseo por Hispania I. Pioneros de la arqueología española.

Histórico de emisiones:
25/01/2015

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