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Mensaje de Navidad de su Majestad el Rey de 2014 reproducir video 13.22 min
Transcripción completa

Buenas noches.

Quiero, en primer lugar, daros las gracias

por abrirme vuestras casas en esta Nochebuena.

Un momento que es, sobre todo, de cercanía y de reencuentro,

un momento para aproximarnos,

para mirarnos con la voluntad y el deseo de entendernos,

para transmitir a las personas que nos rodean

nuestros mejores sentimientos de afecto, de paz y de alegría.

Hoy quiero estar a vuestro lado para compartir

―en el primer mensaje de Navidad que os dirijo-

unas reflexiones sobre nuestro futuro,

con la mirada puesta con confianza en el año 2015.

Estamos viviendo tiempos complejos y difíciles para nuestros ciudadanos

y para España en general.

La dureza y duración de la crisis económica

produce en muchas familias incertidumbre por su futuro,

la importancia de algunos de nuestros problemas políticos genera inquietud,

y las conductas que se alejan del comportamiento

que cabe esperar de un servidor público,

provocan, con toda razón, indignación y desencanto.

Los problemas que he mencionado

han dado lugar a una seria preocupación social.

Sin embargo, no debemos dejarnos vencer por el pesimismo,

el malestar social, o por el desánimo,

sino afrontar con firmeza y eficacia las causas de esos problemas,

resolverlos y recuperar el sosiego y la serenidad que requiere y merece

una sociedad democrática como la nuestra.

El pasado mes de octubre afirmé en Asturias

que necesitábamos referencias morales a las que admirar,

principios éticos que reconocer, valores cívicos que preservar.

Decía, entonces que necesitábamos un gran impulso moral colectivo.

Y quiero añadir ahora que necesitamos

una profunda regeneración de nuestra vida colectiva.

Y de esa tarea,

la lucha contra la corrupción es un objetivo irrenunciable.

Es cierto que los responsables de esas conductas irregulares

están respondiendo de ellas,

eso es una prueba del funcionamiento de nuestro Estado de Derecho.

Como es verdad también que la gran mayoría de servidores públicos

desempeñan sus tareas con honradez

y con voluntad de servir a los intereses generales.

Pero es necesario ―también y sobre todo-

evitar que esas conductas echen raíces en nuestra sociedad

y se puedan reproducir en el futuro.

Los ciudadanos necesitan estar seguros de que el dinero público

se administra para los fines legalmente previstos,

que no existen tratos de favor por ocupar una responsabilidad pública,

que desempeñar un cargo público

no sea un medio para aprovecharse o enriquecerse,

que no se empañe nuestro prestigio y buena imagen en el mundo.

Pocos temas como éste suscitan una opinión tan unánime.

Debemos cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción.

La honestidad de los servidores públicos

es un pilar básico de nuestra convivencia

en una España que todos queremos sana, limpia.

También quiero hablaros de la situación económica,

porque continúa siendo

un motivo de grave preocupación para todos.

Los índices de desempleo son todavía inaceptables

y frustran las expectativas de nuestros jóvenes

y de muchos más hombres y mujeres que llevan tiempo en el paro.

Es cierto que nuestras empresas

son punteras en muchos sectores en todo el mundo,

pero también lo es que nuestra economía no ha sido capaz, todavía,

de resolver de manera definitiva este desequilibrio fundamental.

No obstante, es un hecho ―y muy positivo-

que las principales magnitudes macroeconómicas están mejorando

y que hemos recuperado el crecimiento económico

y la creación de empleo.

Estos datos son una base nueva

para la esperanza de que, en el futuro,

puedan generarse de forma sostenible muchos más empleos

y, especialmente, empleos de calidad.

Es evidente, por tanto, que la lucha contra el paro

debe continuar siendo nuestra gran prioridad.

El sacrificio y el esfuerzo de los ciudadanos

durante toda la crisis económica

exige que los agentes políticos, económicos y sociales

trabajen unidos permanentemente en esta dirección,

anteponiendo solo el interés de la ciudadanía,

porque la economía debe estar siempre al servicio de las personas.

Por eso, debemos proteger especialmente

a las personas más desfavorecidas, más vulnerables.

Y para ello debemos seguir garantizando

nuestro Estado de Bienestar,

que ha sido durante estos años de crisis

el soporte de nuestra cohesión social,

junto a las familias y las asociaciones

y movimientos solidarios,

algo de lo que debemos realmente sentirnos orgullosos.

Quiero referirme ahora también

a la situación que se vive actualmente en Cataluña.

El pueblo español, en el ejercicio de su soberanía nacional,

ratificó mediante referéndum la Constitución de 1978,

que proclamó nuestra unidad histórica y política

y reconoció el derecho de todos

a sentirse y ser respetados en su propia personalidad,

en su cultura, tradiciones, lenguas e instituciones.

Bajo ese espíritu constitucional, hemos convivido estos años.

Cada Comunidad, cada pueblo y territorio de España,

cada ciudadano,

han aportado lo mejor de sí mismos en beneficio de todos.

Y sin duda, desde Cataluña,

se ha contribuido a la estabilidad política de toda España

y a su progreso económico.

Es evidente que todos nos necesitamos.

Formamos parte de un tronco común

del que somos complementarios los unos de los otros

pero imprescindibles para el progreso de cada uno en particular

y el de todos en conjunto.

Pero no se trata solo de economía o de intereses

sino también y sobre todo, de sentimientos.

Millones de españoles llevan, llevamos, a Cataluña en el corazón.

Como también para millones de catalanes

los demás españoles forman parte de su propio ser.

Por eso me duele y me preocupa

que se puedan producir fracturas emocionales,

desafectos o rechazos entre familias, amigos o ciudadanos.

Nadie en la España de hoy es adversario de nadie.

Y lo que hace de España una nación con una fuerza única,

es la suma de nuestras diferencias que debemos comprender y respetar

y que siempre nos deben acercar y nunca distanciar,

porque todo lo que hemos alcanzado juntos nace de la fuerza de la unión.

Y la fuerza de esa unidad

es la que nos permitirá llegar más lejos y mejor

en un mundo que no acepta ni la debilidad

ni la división de las sociedades,

y que camina hacia una mayor integración.

Los desencuentros no se resuelven con rupturas emocionales o sentimentales.

Hagamos todos un esfuerzo leal y sincero,

y reencontrémonos en lo que nunca deberíamos perder:

los afectos mutuos y los sentimientos que compartimos.

Respetemos la Constitución

que es la garantía de una convivencia democrática,

ordenada, en paz y libertad.

Y sigamos construyendo todos juntos

un proyecto que respete nuestra pluralidad

y genere ilusión y confianza en el futuro,

porque necesitamos, también, ilusión y confianza.

El mes de junio pasado,

España se dio a sí misma y al mundo un ejemplo de seriedad y dignidad

en el proceso de abdicación de mi padre el rey Juan Carlos

y de mi proclamación como rey,

todo ello de acuerdo con nuestra Constitución.

Y a lo largo de estos últimos meses

me habéis rodeado de vuestro respeto, afecto y cariño.

Sinceramente, me he sentido querido y apreciado

y os lo agradezco de corazón.

Y tengo que deciros también

que he visto ilusión en muchos de vosotros,

en vuestras miradas, en vuestras palabras,

y ante el inicio de una nueva época de nuestra historia.

Es cierto que vivimos tiempos complejos y difíciles, sin duda,

pero también son tiempos que debemos afrontar con responsabilidad,

con ilusión y espíritu renovador.

Tiempos nuevos que se proyectan

en todos los ámbitos de nuestra vida colectiva e individual.

Y ahora nos corresponde a los españoles de hoy

continuar la tarea de labrar nuestro mejor futuro,

que empieza ya, que ha empezado ya.

Afortunadamente, no partimos de cero, ni mucho menos,

y, por ello, no debemos olvidar lo que hemos conseguido juntos

con grandes esfuerzos y sacrificios,

generación tras generación;

que es mucho y lo debemos valorar con orgullo.

Aunque también tengamos la responsabilidad

de corregir los fallos

y mejorar y acrecentar los activos de la España de hoy,

con la vista puesta en un futuro que nos pertenece a todos los españoles.

Somos una democracia consolidada,

disfrutamos de una estabilidad política

como nunca antes en nuestra historia.

Nuestro marco constitucional

nos ha permitido la alternancia política

basada en unas elecciones libres y democráticas.

Somos, además, una nación respetada y apreciada en el mundo

y con una profunda vocación universal,

imprescindible para promover nuestra cultura

y defender nuestros intereses en un mundo global.

Hoy, más que nunca, somos parte fundamental

de un proyecto europeo que nos hace más fuertes,

más competitivos y más protagonistas de un futuro de integración.

Como dije en mi discurso de proclamación,

todo tiempo político tiene sus propios retos.

Debemos seguir avanzando en nuestra convivencia política,

paso a paso,

adaptándola a las necesidades de nuestro tiempo.

Poner al día y actualizar

el funcionamiento de nuestra sociedad democrática

y conseguir que los ciudadanos

recuperen su confianza en las instituciones.

Unas instituciones con vigor y vitalidad,

que puedan sentir como suyas.

No quiero terminar mis palabras sin transmitiros un mensaje de esperanza.

Regenerar nuestra vida política,

recuperar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones,

garantizar nuestro Estado del Bienestar

y preservar nuestra unidad desde la pluralidad

son nuestros grandes retos.

No son tareas sencillas,

no son retos fáciles

pero los vamos a superar, sin duda, estoy convencido de ello.

Tenemos capacidad y coraje de sobra,

tenemos también el deseo y la voluntad

y hemos de sumar, además, la confianza en nosotros mismos.

Esa es la clave de nuestra esperanza en el futuro,

la clave para recuperar el orgullo de nuestra conciencia nacional:

la de una España moderna,

de profundas convicciones democráticas,

diversa, abierta al mundo, solidaria, potente y con empuje.

Con ese mismo empuje

y con el ejemplo con el que vosotros afrontáis vuestro día a día

luchando ante las adversidades, intentando progresar,

procurando mejorar honestamente vuestra vida

y la de vuestras familias.

Y ahí estaré siempre a vuestro lado

como el primer servidor de los españoles.

Gracias nuevamente por escucharme esta noche

y muchísimas felicidades en nombre de la reina,

de la princesa de Asturias y de la infanta Sofía.

¡Feliz Navidad!

¡Eguberri on!

¡Bon Nadal!

¡Boas Festas!

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Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey de 2014

24 dic 2014

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