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-Espere un momento.

Su cara me es completamente desconocida.

¿Dónde trabaja usted?

-Aquí en el hospital. Lo que pasa es que llevo poco.

-¿Aquí en el hospital? -Sí.

-No la he visto antes.

-Pues yo a usted sí, no se habrá fijado.

-¿En qué sección trabaja?

-Te diré que ya he encontrado el convento perfecto para ti.

Está junto a El Escorial, pero apartado y recogido;...

...ideal para la meditación y cerca de Madrid,...

...para que puedas ir y venir con facilidad mientras preparas...

...el ingreso definitivo.

-Deberías estar contento de poder contar con su ayuda.

-Tal vez, pero el modo en el que han sucedido las cosas...

...es humillante. Encontrármela de repente husmeando en las cuentas.

-Amador, creo que debes saber algo.

Yo estaba a punto de salirme de esto, de retirar mi capital...

Cuando ha llegado Paloma y ha querido meterse en el negocio.

-Tú no puedes sacar dinero de la empresa cuando te dé la gana.

Eso era para pagar a la compañía y a los proveedores.

-Yo hago las cosas a mi manera, Paloma.

-Muy bien, me parece fenomenal.

Cómprate un reconstituyente porque vas a tener que acostarte...

...con toda la compañía.

-El médico no podrá descubrir tu condición si tú no quieres.

Los hombres y los maricas somos iguales.

-Pero ir al médico a que me analice me resulta humillante.

¿Por qué tengo que pasar por eso?

-Pues entonces deberías cumplir con tus obligaciones matrimoniales.

Si lo haces... ella te dejará en paz.

-Lo haría.

Lo haría si pudiese.

Pero es que me resulta imposible.

-Lo siento.

Hoy no...

Perdona. -No, no pasa nada, Ildefonso.

Le puede pasar a cualquiera.

-Ya.

-He encontrado esto dentro de una Biblia.

Es una novela.

-"La azucena de noche".

-Tú sólo estás furiosa por lo que pasó entre nosotros.

No me has perdonado que te dejase para casarme con Clarisa.

-¡Pero tú qué...! Estás loco.

-Sí.

Puede que esté loco.

Pero loco por ti.

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...en vencedores y vencidos.

Hubo que aprender a ganar y a perder...

...a fuerza de amor y coraje.

Días de un ayer, marcado para ser...

...vivido sin equipaje.

Amar en tiempos revueltos...

...tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

En la madrugá cuando despierto...

...en el cielo veo yo un lucero.

La noche oscura se va rompiendo...

...con al luz de tus ojos negros.

-Sí. Póngame con el doctor Izquierdo.

-¿Sí? -Soy Ernesto Expósito.

¿Cómo evoluciona Marcos?

-Continúa empeorando.

Hemos valorado la situación.

Y tanto el doctor Laín como yo estamos acelerando todo...

...para poder operarle lo antes posible.

-¿Cuándo? -Hasta que el paciente...

...no esté preparado el Dr. Laín no podrá intervenirle.

Aunque cree que podrá operarle en las próxima 48 horas.

Por cierto, ayer su amigo recibió una visita un tanto sorprendente.

-¿De quién?

-Una chica disfrazada de enfermera se había metido...

...en la habitación. Cuando entré la sorprendí besándole.

Cuando descubrí su embuste me aseguró que era su novia...

...y que se puso esa ropa para poder entrar a verle.

-¿Una chica... de pelo castaño, casi pelirroja?

-Sí, podría ser.

-¿De... ojos oscuros, mirada un tanto descarada y voz algo ronca?

-Sí, sí, esa era.

-Sí, creo que ya sé quién es. Olvídelo, no tiene importancia.

Manténgame informado, eso sí.

-Descuide. -Gracias.

-Estúpida.

-Bueno, no tengo tiempo para paseo, me esperan en la fábrica.

-Tú eres el jefe, puedes llegar cuando quieras. Que esperen.

-El jefe tiene que dar ejemplo.

Si quiero que mis trabajadores sean puntuales debo hacer lo mismo.

-Está bien, iremos dando un paseo.

Pero primero pasamos por la iglesia.

-¿Por la iglesia? -Sí, venga vamos.

-Si está para allá. Y no nos pilla de paso, Inés.

-Bueno, pero es que yo quiero ir.

-Si vamos todos los domingos. Yo creo que con eso ya está bien.

-Pues no está bien, porque no se va sólo los domingos.

También se va cuando a uno le hace falta.

Y a nosotros nos hace mucha falta. -¿Pero qué dices?

-Voy a empezar una novena a San Gerardo...

...y le pediré por mi embarazo.

-¿Cómo?

-San Gerardo de Mayela, el patrón de las embarazadas.

Me voy a encomendar a él.

-Pero bueno, esto es el colmo.

Está obsesionada, Inés.

Primero lo del médico, que no sé a santo de qué tienes que ir...

...a verle para saber si eres fértil y ahora esto, por favor...

Ten paciencia y déjate de supersticiones.

-Perdona, he recurrido a esto porque te negabas a ir al médico.

-Eso faltaba. A mí no tiene nada que verme.

Eres tú quién lo complica todo con tus obsesiones.

Además, todo el mundo sabe que cuanto más se buscan...

...más difíciles son. -Bueno, me da igual.

Lo necesito y lo quiero y tengo que quedarme embarazada como sea.

-¿Pero por qué tanta prisa?

¿A qué tanta urgencia, Inés?

-Pues porque no quiero ser una mujer sola y amargada...

...a la que su marido no le presta la más mínima atención.

Y los fines de semana te los pasas metido entre los papeles...

...de la fábrica.

Y ahora, encima, cada dos por tres, te vas de viaje.

Que estoy sola, Alfonso.

¡Me siento muy sola, desde por la mañana hasta la noche!

A ver, qué tiene de raro que quiera tener un hijo.

Alguien con quien compartir mi vida y...

Y que siempre esté ahí.

Llaman a la puerta.

Cariño.

-Hola. ¡Hola!

Esta tarde va a venir Ramiro a ensayar conmigo un poco.

-Pero si te he estado escuchando y sonabas de maravilla.

Muchas gracias, pero...

No te creas, la segunda estrofa se me atraganta.

-¿Qué? Si daba gloria oírte. Es que no me has escuchado bien.

-Sí.

¿Ya te vas?

-Si tengo que hacer un recado, pero vuelvo ahora.

Bueno, ¿te acompaño? -Vale.

-Anda... Tranquilízate.

Ya hablaremos de esto. -No, no hay nada de qué hablar.

O vas a ver a ese médico o vienes ahora conmigo a hacer la novena.

-Está bien. Vamos a la dichosa novena.

-Dame un beso.

-Anda, vamos.

¿Le gustó el café? Lo trajo Elisa. -Sí.

Ayer, a última hora en el Morocco se armó una bronca...

Que yo creí que venía la policía. ¿Sí?

-Uno del Madrid que empezó a meterse con uno del Deportivo.

Empezó a reírse de él y a presumir.

A decir que si sois muy malos, que si no sé qué.

Y luego, debió decirle algo, que el otro se sintió tan ofendido,...

...el gallego se lió a mamporros...

Que se metió Santiago a separar y cobró.

Y a mí me rajaron la camisa. Pues tenga cuidado, padre.

-¿Y qué quieres que haga? Tendré que dar la cara.

Al final, los separamos y los mandamos a cada uno a su casa.

Oye, Carlota, andas un poco coja. ¿Qué te ha pasado?

¿A mí?

Nada. -¿Seguro?

-No sé, daba la sensación de...

Ah.

Carlota...

Quería hablar contigo de otra cosa.

Bueno, dígame.

-Mira. No hago más que darle vueltas a la cabeza...

...esa idea tuya de meterte a monja.

No, Carlota, no quiero que pienses que quiero prohibirte nada.

Dios me libre de ser yo quien impida semejante vocación, pero...

Pero te confieso que no me gusta nada.

Vamos a ver, padre.

¿Cree que una toma la decisión de meterse a monja por capricho?

-Lo sé, hija, lo sé. Pero...

¿Tú qué crees que diría de eso tu madre?

Por desgracia, madre ya no está. Nunca sabremos lo que diría.

-Pero no es difícil de imaginar, ¿no?

-Hombre, Ernesto. ¡Cuánto tiempo! -Hola.

-Pues sí, la verdad. -¿Cómo te va todo?

-Bien, bien. ¿Está Sole?

-Pues no, ahora no está. ¿Querías algo?

-Quería hablar con ella.

-Si quieres esperarla dentro. -No, tengo un poco de prisa.

-Bien. ¿Quieres que le dé recado? -No, no, no hace falta.

-Por cierto, ¿sabes algo de Marcos?

-No, no tengo noticias. Si me disculpas...

-Claro.

Si te enteras de algo, dínoslo. -Descuida.

-Hasta la vista. -Hasta la vista.

-¿Vendrás luego? -No lo sé. Di a Sole que he venido.

-Escucha, Carlota. Si quieres...

Y con un poco de esfuerzo te matriculamos en la Escuela Normal.

Ahora que tu hermana está mejor situada, nos puede ayudar, ¿no?

Mire, la decisión está tomada.

De todas formas, no quiero que se preocupe.

No lo haré hasta que se case.

No se va a quedar desasistido. -Si no es eso.

Es esa idea de meterte a monja. Está fuera de lugar.

No, no lo está.

Y tampoco va a ser una carga para usted.

He hablado con don Senén y...

Dadas nuestras circunstancias, no pagará dote al convento.

-Pero quién piensa en dote ahora. ¡Vamos a dejarlo estar, por favor!

-Carlota, hija, por favor, prométeme una cosa.

Prométeme que lo pensarás de nuevo, por favor.

Bueno, ya veremos, eh.

Y hala, que va a llegar tarde al trabajo.

Venga.

Se cierra una puerta.

-Anda, si ya están preparando las fiestas del beato.

-Toma, no, como que ya estamos en octubre.

-¡Lo rápido que pasa el tiempo! -Y que lo digas.

Aún me acuerdo de las del año pasado.

-Como para no acordarte,...

...con la de espectáculos que se dieron aquí.

-Ya lo creo. Fue cuando la Palomita bailando con aquel pimpollo.

Que podía haber sido su hijo perfectamente.

-Bailando y lo que no es bailar.

Acuérdate la poca vergüenza que tuvo Paloma.

-Y ahí la tienes.

Hace un año de eso y ya lo ves.

Casada y viviendo en casa de los Robles.

-Ver para creer.

-¡Si doña Loreto levantara la cabeza...

...y viera a la querida de su marido viviendo...

...en su propia casa.

-Pero Jesús, Plácida, ya estás con la misma cantinela.

No seas agonías.

Lo que pasa es que la que no tiene vergüenza, no tiene vergüenza.

-A ver si la fiesta no sale tan deslucida como la pasada.

Por cierto, ya me dirás en qué se gastó Pelayo...

...todo lo recaudado.

Porque se pasó una buena temporada sacándonos los cuartos...

...a los de las tiendas del barrio.

A los de las tiendas y a las vecinas.

Que a mí también me los sacó. Hombre, total, porque decía...

...que ese año las fiestas serían la envidia de todo Madrid.

Y luego 3 farolillos y 4 guirnaldas. Vamos.

-A ver el tejemaneje que se trajo con el dinero.

-Desde luego. Como dice el refrán:

"A mí que no me den...

...pero que me lleven donde están".

(LEE) Elisa Domínguez, calle del Amparo n 9...

-¡Sole, Sole! ¡Que se te ha caído esto, maja!

¿Dónde vas con tanta prisa, mujer?

¿Y quién es esta Elisa Domínguez?

Menudas fotos te habrá encargao para ir tan corriendo.

-Plácida, por favor. -¿O es... otra urgencia médica?

-Gracias.

-Ay. -¿Elisa Domínguez?

¿Esa quién es? -¿Esa?

Seguro que están conchabadas en lo de las juergas cochinas.

Y allí se irán, a ponerse esos trajes raros.

-¿Y van a cantar?

-Pero qué perra te ha dado con lo del cantar.

-No sé, chica, yo como... -Qué cantar ni qué cantar.

-Carlota.

¿Nos conocemos? -No sé si te acordarás de mí.

Estuviste en mi estudio hace meses.

Te dejé un vestido para ir al Morocco.

Ay, sí, sí, no me acordaba.

-Venía a hablar con tu hermana, ¿está en casa?

Mi hermana ya no vive aquí.

Se casó y ahora vive con su marido, claro.

-¿Podrías darme la dirección?

¿Para qué estás buscando a mi hermana?

-¿Te acuerdas de Marcos, el chico que te acompañó?

Sí, sí, claro.

-Pues... le han apuñalado en la cárcel.

¿Qué? ¿Le han matado?

-No, pero está... muy malherido. Está prácticamente agonizando.

Dios mío bendito.

-He venido a hablar con tu hermana porque...

...cuando ha recuperado la consciencia, pregunta por ella.

Y le van a hacer una operación a vida o muerte...

Mira, no sé si he hecho bien viniendo o no, pero...

...pero me parece que Elisa debía saberlo.

Yo también lo creo.

De todas formas, si no te importa, querría decírselo yo.

A ver si encuentro la mejor manera de hacerlo, ¿eh?

-Dile,... por favor...

...que la necesita a su lado.

Que se está muriendo.

Y verla, quizá sea el último instante de felicidad...

...que le quede en vida.

Claro, tranquila.

-Bueno, me tengo que marchar. Sí.

Llaman a la puerta.

Qué puntual, Ramiro.

¡Ya voy!

He preparado un café que le va a encantar.

¡Cariño! Pero ¿qué haces aquí? Pasa.

¿Esperabas a alguien?

Sí, a Ramiro, era su día libre...

...y quedamos para ensayar. Yo me voy pronto.

No, te quedas un rato, te tomas un café y me dices qué te parece.

Sí. ¿Qué te pasa en la pierna?

¿Te has dado un golpe?

Sí, eso es, un golpe con la puerta de la cocina.

Carlota... Es verdad, Elisa.

Me subí al altillo y no me di cuenta...

...de que estaba abierta la puerta del fregadero.

Ha pasado algo y no me gusta nada que no me lo quieras contar.

(SUSPIRA) Al contrario.

Tengo que decirte algo... y no sé cómo hacerlo.

Bueno, cariño, tranquila, mira, te tomas un café...

Pareces una remirada y que no nos conocemos.

¿Quieres leche? No.

Sí... sí, un poquito.

Te estás poniendo pálida.

Elisa, ¿te acuerdas de Sole, la hermana del fotógrafo?

Ha venido a casa a buscarte.

¿No sabía que me había casado?

Venía del hospital.

De ver a Marcos, le han apuñalado.

-Sr. Pavón, ¿podemos hablar un momento?

-Lo siento, ahora no. Mañana quizá.

-Es muy urgente, se trata de Marcos.

-Te he dicho que ahora no puedo.

-Encontré en su casa algo que tiene que ver con usted.

He estado limpiando... -Creí que ya lo hizo la Policía.

-No sea sarcástico y ayúdeme.

Encontré el manuscrito de una novela de Marcos.

-En eso se entretenía con las perras...

...que le daba por sus cuartillas.

¿Qué coño tengo que ver con sus ínfulas literarias?

-No sé qué hacer, y como usted está en el mundillo...

-Con la escasez de papel que hay, podíamos repartírnosla...

...y usarla como papel del váter.

-O quizá sea buena y saquemos dinero para Marcos.

-Olvídate de Marcos y de novelas y no te metas en más líos.

No está la imprenta para bollos.

-¿Así es como le ayuda? Él siempre le ha sido fiel.

Casi no se quejaba, aunque usted se llevara la gloria.

No sabe que se está muriendo. ¿Cómo?

¿Y cómo... cómo está?

Está malherido.

Pero... Carlota, dime que no le han matado.

Dime que no le han matado, por favor.

Están intentando frenar la infección.

Pero parece una cuestión de vida o muerte.

Pero...

Pero ¿está consciente? ¿Se le puede ver?

No lo sé.

Y...

¿Y cómo ha entrado Sole en el hospital?

Tampoco lo sé.

Pero Sole me ha dicho que deliraba, y en su delirio...

...decía que te quería.

Mira, se ve a la legua que Sole adora a Marcos, y sin embargo...

...cree que es bueno que vayas a verle.

-¿Cómo? ¿Qué has dicho?

-Le han acuchillado y no saben si saldrá de esta.

-¡Joder!

-Lo mínimo que podía hacer usted, era leérsela y ver...

...si se puede publicar o algo.

-O algo, sí. ¿Pero tú te crees...

...que es tan fácil publicar una novela?

-No lo sé, pero podemos intentarlo...

...y ver si sacamos dinero para ayudar a curarle.

-Olvídalo, muchacha.

-¡Señor Pavón! Si no me ayuda...

...y Marcos muere, es muy probable...

...que donde encontré esta novela, encuentre...

...algún artículo original firmado por usted...

...y escrito de puño y letra de Marcos.

-Está bien. La leeré y ya te diré algo.

-Muchas gracias.

(TOSE)

-Este año el otoño parece que no acaba de llegar, ¿eh?

-Ojalá.

Tuvimos nuestros días de frío en septiembre.

Esto se llama el veranillo de San Miguel,...

...que to los años te constipas.

-Ya veo, ya. (FERMÍN TOSE)

-Menudo trancazo que te estás agarrando.

Anda, vamos p'adentro. -Qué va, no estoy acatarrado.

Es el tabaco, que cada vez me sienta peor.

Sole me da la bronca con esto.

Al final le haré caso.

-No me extraña. Tú no te escuchas, pero parecen estertores.

-Sí. Me dan ataques de tos de vez en cuando...

...y luego se me pasan.

Lo curioso es que como mejor se me pasan, es con un cigarro.

Me enciendo uno y mano de santo. (TOSE)

-Pues yo creo que deberías ir al médico.

-Sí, la verdad es que sí.

Porque a la noche es de lo peor. Por la tos y... En fin.

En el metro es una odisea.

Tengo que pensar en qué estación me apeo, como tenga...

...más de dos tramos de escaleras, soy incapaz de subirlas.

Es que parezco un viejo. -¿Que estamos, a principios...

...de octubre, no? Pues tú para el año nuevo...

...tienes que dejar el tabaco, del to.

-Qué más quisiera yo.

Pero no tengo fuerza de voluntad, Marce.

-¿Y eso qué más me da? Tú me lo prometes ahora mismo.

Que pa fin de año has apagao los pitillos.

-Palabrita del niño Jesús.

-Menos cachondeo, la salud es lo primero.

Hombre. -Buenas, don Marcelino.

¿Ha visto usted a Margarita? -Pues hoy todavía no.

Pero si quieres dejar un recao, ahora vendrá.

-No, ya vuelvo yo luego.

Bueno, Carlota, voy a recoger todo.

No, no, ya lo recojo yo. ¡Que no,...

...que es mi casa y lo recojo yo, no pasa nada!

A ver, yo soy tu hermana.

Y no hace falta ningún tipo de ceremonia conmigo.

Mira, voy a llevar esto a la cocina y te voy a hacer...

...una tila, que te va a sentar de perlas.

¿Cómo ha sido?

No lo sé. Supongo que una pelea. Claro.

(LLORA) Claro, por eso no me quiso ver.

Pero a mí nadie me dijo nada.

¿Por qué el director no me dijo nada?

¿Por qué Ernesto no me dijo nada, Carlota?

Vamos a ver, lo más probable es que ni siquiera...

...Ernesto, el pobre, sabría nada.

Quizás fue después. ¿Quién sabe?

Además, en la cárcel siempre hay muchos secretos.

Pero... Pero, Carlota, si está tan mal,...

...imagino que se le podrá hacer visitas, ¿no?

Pues no lo sé. Sole no me ha dicho nada.

(LLORA) Chis.

Mira, ¿por qué no vas a hablar con Sole?

Quizás ella te pueda dar algún detalle más, ¿eh?

¿No dices que... que parece muy enamorada de Marcos?

Mucho. Pues entonces prefiero...

...no hacerle más daño.

Pero, vamos a ver, ¿tú no le vas a pregunta cómo?

Marcos era amigo de tu marido. Era amigo tuyo, ¿no?

¿Por qué dices era? Mujer, es una forma de hablar.

Quiero decir, que es tu amigo.

Mira, si quieres, yo te acompaño para que parezca algo...

...más familiar, ¿quieres?

-Sí que te tiene respeto el muchacho, ¿eh?

-Calla, anda. Que me trata como a un señorito.

Cada vez que me habla, me entra la tiritona.

-¿Se las puede dar a Margarita cuando vuelva?

-Sí, hombre, claro. Trae p'acá.

-Agradecido. -De nada. No lo agradezcas tanto.

Venga, que vas a envejecer de agradecer.

Tira. -Gracias.

-Desde luego, le ha salío un pretendiente poeta a Margarita.

-A ver qué es lo que pone. -Quieto parao.

Que esto es privao.

Un respeto, Fermín. -Hombre, Marce.

Pues entonces me voy.

Si no me dejas leerlas... el deber me reclama.

-Ya. ¿Y Sole no está?

-Sole se ha ido a hacer unos recados.

Estoy yo solo. -Pues nada, a la faena.

-Venga, compañero. -A levantar el país.

¡Joder, Fermín! ¿A ti qué te pasa?

Siéntate ahí. -No, que no es nada.

Ha sido un vahído. -¿Qué estás diciendo un vahído?

A tu edad no se tienen.

Mañana te vas al médico.

-Me he levantado deprisa, no es nada.

No te preocupes. -Anda despacio, a ver.

-Que estoy bien, estoy bien. -Te acompaño.

Llaman a la puerta. Ay, Dios.

Ya voy yo.

Ah, Ramiro, pase. -Hola, Carlota.

Está tu hermana en casa, ¿no?

Elisa, he encontrado un par de canciones conocidas,...

...para las que se me ha ocurrido un aire nuevo.

Verás cómo...

¿Qué te ocurre? (LLORA) Nada.

-No, no, no, no me digas que nada, que te conozco.

¿Quieres que se lo diga yo? Sí.

Verá, Ramiro, hay... hay un chico del Morocco,...

...que... bueno, le han apuñalado.

-Pero no es un chico, es el prestamista, ¿no?

No, no, no, no. Este estaba en la cárcel.

Marcos de la Cruz se llamaba. Era... bueno, es,...

...es amigo de Elisa. -Sé quién es, sí.

Lo siento, Elisa. Verás como se pone bien.

Creo que será mejor que me vaya. ¿Me llamarás?

Cuando tengas un momento... ¡No, no! Ramiro, vamos a ensayar.

Pero, Elisa... Carlota, el trabajo es lo primero.

Ya he hecho todo lo que podía hacer por Marcos.

Y, además, no me van a dejar hacer nada más.

Él quiere verte. ¿Y cómo lo sé, Carlota?

A lo mejor es verdad que no me quiere ver.

Sólo está delirando, el pobre. Yo no puedo paralizar...

...mi vida y la de mi marido, Carlota.

No puedo estar siempre pendiente de él.

Vamos a ensayar, Ramiro,...

...que seguro que vienen...

(LLORA) Elisa.

Elisa, ven aquí. Ven aquí.

Ya está.

-Ni una llamada, ni una sola llamada.

Y le di el número de teléfono de acá...

...y el número de teléfono de la vecina de abajo.

Mujer, no te apures. ¿No dices que es un pueblo de pescadores pequeño?

-Sí, cuatro barracas y su casita.

-A lo mejor no tienen teléfono ni nada.

-Ahí no. En el pueblo de al lado, a cuatro km,...

...hay un teléfono. Carlitos me lo explicó muy bien:

Que me llamaría en cuanto pudiera.

-Florita, imagínatelo.

Carlos sube al pueblo grande y pide una conferencia,...

...¿sabes la demora que hay con las conferencias?

Y más a Madrid, chica.

¿Qué hará el hombre, esperar tres y cuatro horas?

No, lo lógico es que llame si tiene algo que decir.

-Es verdad.

-Por ejemplo, que ya tiene todo listo y que te puedes ir para allá.

-¿Ves? Cuando yo estoy bien, también a mí se me ocurre eso.

-Claro.

-También podía haber mandado un telegrama.

-Quita. ¿Un telegrama? Sólo traen malas noticias.

Florita, paciencia.

-Yo no puedo estar así.

Yo averigüé el número de teléfono del bar del pueblo...

...y yo voy a llamar así.

Ya sé que no hablaré con Carlos, pero al menos le dejo un recado.

-¿Desde aquí? -Claro.

No esperaré en la farmacia del barrio dos horas...

...a que me den una conferencia.

-No podemos hacer llamadas telefónicas, y menos conferencias.

Como se entere don Pablo, te la monta.

-No me importa; yo no puedo vivir así.

-Florita... -Quiero saber de Carlos como sea.

¿Operadora? Quisiera poner una conferencia a Alicante.

No, no, no. A un pueblo.

Sí, sí, ahora mismo se lo doy.

52349.

¿Cuánto?

Tres o cuatro horas...

Bueno, ¿qué se le va a hacer?

Muchas gracias.

-¿Se puede saber qué hacéis llamando por teléfono?

-Una urgencia. -¿Una urgencia?

¿Y el cliente enfermo? -Una urgencia mía.

-Ya. Pues por como te veo de salud, la urgencia que tienes...

...es ir detrás del mostrador del guardarropa.

Y esta llamada la pagas. ¿Adónde llamabas?

-A Alicante.

-Encima una conferencia.

¿Te pongo una copa por cuenta de la empresa...

...para amenizar la espera? -Ya está bien, don Pablo.

Florita necesitaba llamar urgentemente.

-Ya. Y yo necesito que me toque una quiniela.

Y no echo el boleto a cuenta de D Paloma.

-No se preocupe; esa llamada se pagará.

-Claro que se pagará.

Lo que le dije a Florita también va por ti.

¿Cómo no estás en tu puesto de trabajo?

Cada una a su sitio. Arreando.

¡Ya!

Piano y gente hablando.

-Mira, se lo voy a diré a Sole y que haga lo que quiera.

-¡De eso nada! A Sole, ni una palabra.

-Fermín está enfermo y puede que mucho.

¿Te gustaría estar enfermo y que no me lo dijeran?

-Joder, no quiero estar enfermo.

Pero si se lo contase a un amigo...

...y te viene con la cantinela, me sentiría traicionado.

-¿Los hombres sois tontos o qué?

-Los hombres somos cabales.

Sí, mucho secreto, mucho secreto; parecéis niños de colegio,...

...en vez de hombres y derechos. Quita.

A ver.

-Cada uno en su casa se maneja como quiere.

Si Fermín se hubiese abandonado, sería otra cosa,...

...pero me prometió que iría al médico. ¡Y punto!

-Pues te diré una cosa:

Como vea a Fermín con otro ataque de tos,...

...corro rauda a contárselo a Sole y que ella haga algo.

-Antes me lo dices a mí, que soy el que manda.

(MANOLITA) Mira que eres cabezota.

Mira que eres cabezota.

(LEE) -¿De dónde le viene al poeta...

...ese runrún en las tripas?

De tu presencia o tu ausencia...

...o de tu linda carita. (RÍE)

-Oiga, Sr. Pavón, ¿de dónde ha sacado eso?

-¿Esto? Se lo ha debido dejar alguien en la mesa de la terraza.

(RÍE)

-Pues debería tener más cuidado con las cosas ajenas.

Vamos, digo yo. -¿Son tuyas, chico?

Si quieres, te las corrijo, ¿eh?

-¡Pero no diga tonterías! ¿Cómo van a ser mías?

-¡Mira, otra rima! Cada vez las haces mejor. (RÍE)

-¡Que no son mías, Sr. Pavón!

Trae para acá ahora mismo.

-Vamos a ver cómo sigue. -No leas, por favor.

-Si tengo un marido poeta, debo ser la primera en saberlo.

-No son mías, coño. Y no leas, por favor.

-Si no son tuyas, ¿qué más da?

(LEE) Porque cuando tú le miras, todo al poeta le pica.

Huy, "le pica", "le pica".

(LEE) ¿De dónde le viene al poeta ese runrún de las tripas?

De tu presencia y tu ausencia,...

...¿por tu existir,...

...Margarita?

-Ahí lo llevas.

-Tu Demetrio para siempre.

Este me va a oír.

¡Vamos que si me va a oír! -¡Espera!

¡Manuela!

(RÍE)

-Buenas.

No has podido hablar con Carlos, claro.

(SUSPIRA)

-¿Pero te han dado noticias de él?

-Bueno, en el pueblo, dicen que hace unos días, llegó...

...un hombre de Madrid.

Creen que era un tal Lentini, pero no están seguros.

-Bueno, pero tú sí.

-Sí, llegar, llegó.

Compró... No sé...

Café, naranjas,...

...un bacalao seco...

Pero no volvieron a saber nada de él.

¿Y cómo es posible que no haya tenido que comprar más comida?

-A lo mejor la compró en otro sitio.

-No hay otro sitio en el pueblo.

-¿Tú cómo lo sabes? Si no has estado allí.

-Me lo dijo Carlos.

-Pero si Carlos no ha estado desde antes de la guerra.

No sé, quizá abrieron otra tienda más cerca de la casa.

-Aunque sea así, no justifica que no me llame.

-Ya. En eso tienes razón.

-No, tengo que ir a verle. Tengo que ir.

-No, no, no, no. Espera.

Te dejas llevar por los nervios y tienes...

...que tranquilizarte para poder pensar con más frialdad.

-Es Carlos. ¡No quiero pensar con más frialdad!

-Perdóname. -No, no, no...

Perdoname vos, Rosarito. Perdoname vos.

-Vamos, señoras, a trabajar. Ya os lo he advertido.

-Don Pablo, quiero pedirle un favor.

-Mira que tenemos un día revuelto. ¿Qué quieres?

-Tengo que pedirle 3 ó 4 días de permiso.

-3 ó 4 días. ¿Y qué más?

-Carlos desapareció y debo ir a buscarlo.

-Lo siento, pero no.

-Está muy enfermo. Quizá le pase algo.

-Te he dicho que no puede ser. ¿Dónde está?

-En un pueblo de Alicante. Es un día de ir y otro de volver.

-Pues le llamas o le escribes, pero no puedes faltar.

-Pero, don Pablo... -No y no hay más que hablar.

-Podías haber tenido más de manga ancha.

-Ni siquiera sabe si le ha pasado algo.

Y al no estar casados ni siquiera son parientes en primer grado.

-Ni en segundo ni en tercero, pero se quieren, Pablo.

¿Hay mayor grado que ese?

-Eso no es un argumento. Imagínate que los que tienen...

...novio o novia no vienen a trabajar. No, ni hablar.

-Que somos todos compañeros. -Por eso le hago este favor.

¿Crees que no sé que piensa irse con Carlos y dejar a Paloma?

-No la va a dejar. Y si quiere se puede ir. Está en su derecho.

-Ya, y doña Paloma en el de no darle una carta de recomendación.

Sabes que sin eso le costará encontrar trabajo.

Eso le pasará si se va o si se ausenta unos días.

-Sólo te ha pedido dejar el trabajo unos días para ver cómo está.

-Sí. Contigo pan y cebolla, ¿no?

Y dentro de unos meses a buscar trabajo en una sala de fiestas.

-A veces no te conozco, Pablo. -Pues mira que es fácil.

-No, no lo es.

El Pablo al que quiero es capaz de comprender...

...y ayudar a sus compañeros.

-Y yo soy así cuando veo que hay razones.

-Y Florita las tiene. -¿Sí?

-Sí. Claro que las tiene.

Es que tú sólo eres capaz de pensar en el trabajo...

...y no somos mulas de carga. No lo somos.

-Ahora te explico cómo funciona la cartilla de racionamiento.

-Bien.

-Verás, es muy fácil. Este es el azúcar que nos queda...

...para terminar el mes y este otro el que hemos comprado.

¿Lo vas entendiendo? -Sí, sí lo entiendo. Sí.

-Vale. Y ahora vamos con las vueltas.

Tienes que fijarte siempre en lo que te devuelve la tendera.

Por ejemplo, si te pide 3,50 y tú le das un duro:

¿Cuánto te tiene que devolver?

-1... con 50.

-Muy bien. Y no sólo eso, sino que tienes que mirar...

...que lo que te pone en la mano es una peseta y dos reales.

Porque las tenderas son muy listas.

Son más listas que los ratones coloraos.

-Mirarlo, sí. Mirarlo.

-Eso es. Tú lo miras tranquilamente y te tomas todo el tiempo...

...que necesites. Esto es muy importante, Margarita.

Porque tu tiempo es tan bueno como el suyo.

Tú lo compruebas y una vez que estás convencida...

...de que está bien, te vas de la tienda, pero no antes.

-No. Me fijo y lo cuento. -Eso es.

Muy bien, pero si es muy fácil.

-¿De dónde le viene al poeta ese runrún en las tripas?

De tu presencia y tu ausencia...

...por tu existir, Margarita.

-Ay, pero qué bonito. Muchas gracias.

-¿Quieres que te recite más? -Ay, sí, sí.

-No, no, no hace falta, señor. Muchas gracias.

-No... Pelayo, espera, que me gusta mucho.

-Tiene el poeta una cita con su linda muñequita.

No le hace falta reloj pues sabe por su barriga...

...que está al venir Margarita.

-Qué bonito. Ay, muchas gracias.

¿Verdad que son bonitos, Pelayo?

-Sí, hija, sí. Me ha dejao de una pieza el rapsoda este.

Anda, mete lo que has comprado para adentro.

-Qué bien. En Madrid todos hacen rimas fenomenales.

-Sí, hija, sí. -Luego me recita más, ¿eh?

-Anda, corre. Vete.

-Pero, vamos a ver, ¿a qué viene ese pitorreo?

(RÍE) -Por la tonta esa que os ha salido.

Se ve que se ha echado un novio poeta...

...que le ha dejado unas cuartillas a Marcelino...

...y se las ha olvidado en una mesa de la terraza. (RÍE)

-Pero ¿no le da a usted vergüenza?

-Pues no mucha, la verdad.

-Pues debería, señor Pavón, debería.

Porque esta es tonta como todos nosotros,...

...pero con una diferencia, sería incapaz...

...de hacer daño a nadie.

Incluido a usted que se lo ha ganado a pulso.

-Últimamente estáis de un chulito subido, ¿eh?

-Pues todavía no he hecho más que empezar.

Así que ya estáis levantando el culo de la silla,...

...cogiendo la maleta, el botijo y el perro y al abrevadero...

...con las mulas y no volváis hasta que seáis personas.

Ah, y otra cosa que le voy a decir.

Que sea la última vez que falta al respeto a una mujer...

...delante de Pelayo.

Porque a lo mejor me caliento.

Y si me caliento me da lo mismo 8 que 84.

¡Así que marchando!

¡Vamos!

¡Avía, hombre! ¡Avía!

-¿Qué pasa? -No pasa nada.

¡Toma! ¡Guárdalas que estás en Babia!

-¿Dónde vas, Florita? -A Atocha.

Me voy a ir con el primer tren que salga.

-No puedes hacer eso. Así no, Florita.

-Ya oíste a don Pablo.

-Espera un poco. -¿A qué viene eso?

Si vos me convenciste de que dejara todo y me fuera con Carlos.

-Florita, espera un momento.

Mira,...

...siéntate y escúchame.

Es un momento. Sólo un momento.

Tú sabes que yo te aprecio mucho.

Y por eso... voy a ser muy franca contigo.

Yo sé que Carlos y tú...

Vais a ser muy felices, de eso no me cabe la menor duda.

Pero... tú yo sabemos,...

...desgraciadamente, que tú vas a vivir más tiempo que Carlos.

Y tendrás que volver a trabajar, Florita.

Y tienes que irte con una carta con buenas referencias.

Si no, dónde vas a encontrar trabajo después.

Tienes que irte de aquí de buenas maneras, Florita.

-No, no, me tengo que ir porque algo le pasó.

-No, tranquila, tranquila, tranquila, Florita.

-Pero si es que no vamos a convencer a don Pablo.

-Tú, deja a don Pablo de mi cuenta.

Dos días.

Si en dos días no te he conseguido el permiso, te marchas.

¿De acuerdo?

Venga. ¡Y alegra esa cara!

Que dentro de poco, nos estaremos riendo de estos miedos.

¡Y ahora a trabajar, que te vea don Pablo!

-Gracias. Gracias, Rosarito.

-¡Ay... no hay de qué!

-Que no es para tanto, mujer.

Hasta los más grandes pierden la voz a veces. Es normal.

No me trate como a una niña. -Pero es verdad. ¿O qué te crees?

¿Que tienes en tu garganta un instrumento que siempre suena...

...y que sólo hay que afinar? Pues no.

Tu voz es la voz de una persona.

Y se muestra sensible a los nervios y a los problemas.

Sabe que no es la primera vez.

-No es la primera vez que tienes motivos para ello.

Ahora debes esforzarte por mantenerte tranquila,...

...por evitar los problemas.

¿Y hay alguna receta para eso?

Se abre una puerta. -No, claro, pero...

-Buenas tardes.

-Don Ernesto. -¡Ramiro! Carlota.

¿Qué ha pasado?

-Íbamos a ensayar...

Elisa no ha podido cantar, anda un poco nerviosa.

-Deberías descansar más, Elisa.

Sí. Sí, Ernesto, me voy a echar un rato.

-¿De qué habéis estado hablado, Carlota?

¿De Marcos?

-¿Te vienes conmigo?

Golpean una puerta.

-Elisa, por favor, déjame pasar.

Golpes. ¡Elisa, abre!

-Vamos.

No, yo me quedo.

-No es lo más conveniente, Carlota.

Mire, Ernesto era muy amigo de Marcos y Marcos...

Bueno, estuvo pretendiendo a Elisa.

-Es igual. Son un matrimonio y ellos se lo manejarán.

Y ella es mi hermana. -Las cosas se pueden poner peor,...

...si él ve que te quedas, para ver qué hace.

Vamos, es lo correcto.

Yo no digo que mi hermana no esté enamorada pero...

No sé, Ramiro, hay heridas que no cicatrizan nunca.

Eres especialista en arreglar todo, sin importar cómo.

-¿Qué crees que te he hecho? ¡Mentirme!

-En qué. ¡Me has mentido en todo, Ernesto!

-Y dime, ¿crees que ese chico te ronda con buenas intenciones?

-No sé. -A nosotros puedes contárnoslo.

-Yo creo que está enamorado de mí.

-Pase por aquí, caballero. -No soy yo el que se retrata.

-Ah, es para la señora.

-Los que hagan falta para que los empresarios contraten...

A la señora. -¿Crees que me sacarás mona?

Y estás muerto de celos. -¿Y no es para estarlo?

Tengo mi conciencia tranquila. Me da igual lo que pienses.

-Estoy muerto de celos.

Pero nunca te impediría ver a Marcos.

Incluso si lo prefirieras a él,...

...no me opondría, Elisa. Para mí es más importante tu felicidad.

Intentas engatusarme.

-Vamos allá.

Eso es... Ahí, quieta.

Perfecto, muy bien.

A ver, déjese caer un poco en la silla. Así.

-¿Dejáis que a la chica se la coma el tigre y no os enteráis?

¿Esa es la manera que tienes tú de cuidar de tu sobrina?

-¿Qué hay que hacer para reflotar un espectáculo?

-Si la obra, el elenco no funcionan, no gustan al público,...

...entonces no se puede hacer otra cosa.

-¿Qué cosa, Ramiro?

-Bajar el telón, cambiar de espectáculo...

Aprender de los errores y evitar que el fracaso sea estrepitoso.

-¿Tú puedes pagar el cirujano de Marcos? No, ¿verdad?

Entonces no tienes forma de ayudarle.

-Sí, cometí un error yendo al hospital.

-Y no es el único.

Para qué hablaste con Carlota. -Bueno, yo creí que...

-¿Pero tú quién eres para decidir lo que mi esposa debe o no saber?

-¡Marcos es mi asunto, es mi amigo!

¿Es ese cura quien te metió esa locura de ingresar en un convento?

¡No!

La mortificación de la carne es una forma de purificar...

...el espíritu; el camino a la perfección.

¿Quieres que te diga lo que es?

¡Ponerse un cilicio es una barbaridad, eso es lo que es!

Amar en tiempos revueltos - T2 - Capítulo 83

04 ene 2007

Elisa recibe la noticia de que Marcos se encuentra en las puertas de la muerte. Muy impactada, acusa a Ernesto de ocultárselo todo, pero él consigue una vez más salvar la papeleta y quedar como el amigo fiel que lo ocultó todo por no hacerla sufrir a ella. Raimundo acude al estudio de Fermín con la excusa de hacer una sesión fotográfica a Loli. Pero su verdadera intención es esconder algo en un lugar oculto del estudio... Florita se desespera por no tener noticias de Carlos. Se plantea abandonar el trabajo para ir en su busca, pero Rosario la disuade. Un cliente del bar descubre los versos que Demetrio dedicó a Margarita. Los poemas provocan gran pitorreo entre los parroquianos, hasta que Pelayo sale en defensa de Margarita. Ella, finalmente, confiesa que está enamorada de Demetrio. Inquietud en la familia, que apenas sabe nada de él. 

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