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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 8 - ver ahora
Transcripción completa

-No quiero que tengas relación con el hospital.

Tiene que parecer que no fuiste nunca.

-Pero tengo que volver.

Aún quedan muchos niños enfermos...

-Que los cuiden los nacionales. Para eso han ganado.

-Pero de estos no se salva ni uno.

-Te estás despachando a gusto, ¿eh?

Qué bien has sabido disimular. -¡Cállate!

No, no quiero dejarte sola.

-¿Pero qué importo yo? Debes ponerte a salvo con el niño.

Si te cogen, ¿qué será del niño? No dejaré que me separen de él.

-¡Alto!

¡Alto o disparo! ¡Alto!

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

-¿Y no sabían nada de ella?

¿Y fuiste a la plaza correcta? Allí todos conocen a Andrea.

-Sí. Si estuve hablando con una señora mayor...

...y me dijo que se había ido.

-¿Esa señora se llamaba Elpidia?

-Pues la verdad es que no se lo pregunté.

-Desde luego, estás hecho un detective de primera.

Hasta que el tobillo no se enderece,...

...no podré solucionar este asunto bien.

Y vete a cepillar bien ese traje. ¿Quieres guardarlo con polvo?

-Sí, mi Teniente. Digo, claro que no, Teniente.

-Disculpe. ¿Se acuerda de mí?

Me dijo hace un rato que iba a ver...

...si podía ver a mi marido.

José Ramírez Olivares, ¿se acuerda?

Me dijo que esperara.

-Aquí no se admiten visitas.

-Le he traído un poquito de comida.

¿Sería tan amable de hacérsela llegar?

Se lo ruego.

¡No, no haga eso! ¡No haga eso, no haga eso!

-Si parece un campo de batalla. -Es un campo de batalla.

Pero pudo ser peor.

-¿Peor, Fabián? -Sí.

Pudimos perder la batalla y la guerra.

Sito, deja de enredar. Lleva esto dentro.

-No sé cómo encontraremos la casa. -Espera lo peor.

Habrán arramplado con todo.

Suerte que el edificio sigue en pie.

-Mamá, ¿estará Andrea arriba?

-No lo sabemos, hijo.

-Os he dicho que ni pronunciéis su nombre en mi presencia.

-Pronto verás a tu hermana, pero no enfades a tu padre.

Anda, ve a ayudarle. Corre. -Ven.

-Ya me dirá, con la comida que hay...

...como para poner una mesa tan bien puesta.

-Una mesa bien puesta siempre es una mesa bien puesta.

Timbre. -Ya voy yo.

-Será D. Pablo que ha ido a ver si encontraba una palma.

-Es verdad, si mañana es Domingo de Ramos.

-¡Andrea! Pasa, pasa. Hola.

Es Andrea, madre.

-¿Estás bien? ¿Y esa cara de sofoco?

Es que he venido desde casa con el niño a cuestas.

-¿Qué llevas ahí?

Cuatro cosas que ha podido preparar Elpidia corriendo.

-¿Pero qué ha pasado?

Se han llevado a Pepe.

-¿A Pepe, el marido de Elpidia?

Pero por Dios, si no ha hecho nada malo.

-Colaborar con la dichosa colectivización de la fábrica.

Esto pasa por significarse.

-Hola. Pepe se limitó a hacer su trabajo.

Igual que mis compañeros el suyo en el Prado.

Pero todo aquel que haya seguido fiel a la República,...

...lo depuran o lo encarcelan.

Y eso el que tiene suerte.

A Pedro, uno de los líderes el sindicato, le han dado el paseo.

-Pero bueno... -¿Y crees que te están buscando?

Eso cree Elpidia.

Dice que lo mejor para el niño es que nos escondamos.

Y yo había pensado que quizás aquí, no sé...

-Oye, hija, aquí ya no cabe un alma.

Tengo la casa llena. No tenemos sitio, Andrea.

-Madre, si no hay, se inventa.

¿Dónde va a estar mejor que aquí?

-Claro que sí, Consuelo.

Yo... Ya sabes que quiero a Andrea como a una hija...

...y lo que aprecio a su familia.

Pero no sé cómo nos las apañaremos para alimentar dos bocas más.

-Pues nada, multiplicaremos os panes y los peces.

Muchas gracias, doña Pura.

-¿Todavía no ha vuelto mi marido? -Todavía no, doña Carmen.

En cuanto llegue, almorzamos. -¡Huy! ¿Y este niño tan guapo?

(BALBUCEA) -Es el hijo de mi amiga Andrea.

Andrea, ella es doña Carmen, uno de nuestros...

Bueno, una de las personas que viven con nosotras.

-Sí, es hijo de Fabián Robles,...

...ya sabe, de Mármoles Robles, el industrial.

-Huy, qué niño tan guapo. Hola, Miguelito.

Hola. Dile hola.

-Andrea se quedará aquí unos días.

-Hola. -Di hola.

-¿Estás viendo lo mismo que veo yo?

-No lo entiendo.

-¿No nos han desvalijado?

Pasos.

-Nadie ha tocado nada.

-¡Elpidia!

-¿Cómo has crecido? Estás hecho un hombre.

-Que va, sigue tan trasto como siempre.

Qué alegría volver a verte, Elpidia.

-A mí también me alegra, doña Loreto.

Las llaves.

He dado un repaso a la casa dos veces por semana.

Para que cuando volvieran lo encontraran todo como lo dejaron.

Muchas gracias, Elpidia.

-Dios te lo pague, de verdad.

Ni en mis mejores sueños esperaba encontrar todo en su sitio.

-Bueno, no todo está en su sitio.

¿Se acuerda de la cubertería de plata, la del aparador?

-¿Qué fueron? ¿Los milicianos? No te apures, Elpidia.

-No, no, no fueron los milicianos.

Fue una servidora.

Durante el asedio no había nada que llevarse a la boca y...

Y sí mucha hambre.

Faltan cinco cucharillas de las de café...

Porque las cambié por cinco puñados de garbanzos.

-Ha tenido que ser espantoso.

Pero ya pasó, Elpidia.

Pronto todo será como antes, ya verás.

-No, doña Loreto, no.

Estos tres años han sido un calvario, pero yo tenía al lado...

...a mi marido y ahora...

Don Fabián se han llevado preso a mi marido.

-¿Preso? Se lo habrán llevado para hacerle unas preguntas, mujer.

-Él sólo se ha ocupado de su fábrica como yo de su casa.

Para que cuando regresaran lo encontraran todo tal cual.

Usted tiene influencias...

...haga que me devuelvan a mi marido, se lo suplico.

-Mi marido aprecia mucho al tuyo.

Y hará lo que pueda para sacarlo. ¿Verdad?

-Haré todo lo que pueda. Te doy mi palabra.

-Gracias.

-La sopa ha estado muy rica, doña Pura.

-Usted siempre tan cumplido, don Pablo.

-¿Le ha puesto usted chorizo? -Que más quisiera.

Una pizca de pimentón blanco.

Y un trozo de hueso de caña, era pequeño pero le da sustancia.

-Pues si echa un huevo escalfado con el pan viejo...

Está sabrosísimo.

-¿Un huevo? Se me va a olvidar cómo eran.

-¿Han escuchado alguna vez la emisión de Leonor Pareja?

-¿La cocinera ideal? -Sí.

Bueno, da unas recetas, la mar de curiosas.

Hace tortilla de patatas sin patatas y sin huevos.

-Pero eso es como la cuadratura de círculo, Consuelo.

Un imposible. -De imposible nada, don Pablo.

-En lugar de patatas, se usa la cáscara de la naranja.

Eso blanco que va por dentro...

Y en lugar de huevo, un poco de harina con colorante.

-Yo no la he probado nunca, pero dice que da el pego.

-Quite, donde esté una buena tortilla de patatas.

La más rica que he probado la de mi tía Rosalía, de Betanzos.

-A ver cuándo podemos volver a comer una tortilla.

-Con el general Franco se acabaron las miserias.

Por fin, por fin. -Dios te oiga, querida.

-Ya nos ha oído. Claro que nos ha oído.

Como dice el refrán: Dios aprieta pero no ahoga.

Y desde que los nacionales entraron en Madrid...

...Dios ha dejado de apretar.

-Don Fabián ya está aquí.

-¡Arriba España, don Fabián!

Permítame darle la bienvenida a esta su casa.

Hemos esperado mucho tiempo la llegada de este día.

Habrá notado algunos cambios.

-Sí, Isidro me ha enseñado la nueva maquinaria.

¿Soviética? ¿No? -Sí.

Hay que reconocerles a estos bolcheviques...

...su avanzado conocimiento de la ingeniería industrial.

No se inquiete, es el único vestigio de comunismo que queda.

Yo mismo me encargué de que así fuera.

-¿Tan avanzadas son estas máquinas que no necesitan de obreros...

...que las manejen?

(RÍE) -Todo llegará, don Fabián.

-Y mientras llega, Rafael...

-No le entiendo.

-¿Dónde está Pepe?

-Respondiendo de sus actos, señor.

Fue la cabeza de la colectivización de la fábrica ¿verdad?

-¿Y Pedro? -Criando malvas, señor.

Por enemigo de España y por cobarde.

Intentó darse a la fuga. -¿Y los demás?

-Depurados por atentar contra la propiedad.

La nueva España ni cobija, ni necesita a estos subversivos.

-Pero mi fábrica necesita obreros.

-Pero don Fabián... -¡No hay peros que valgan, Rafael!

Te dejé una fábrica a pleno rendimiento y me devuelves...

...un erial.

-La patria... -¡No me irás lecciones...

...de patriotismo, Rafael! ¡Sólo me faltaba eso!

¿O es que piensas depurarme a mí también?

-Me he expresado mal, don Fabián. -¡Fuera de mi vista!

-Como usted mande. -¡Los dos!

Está claro que tendré que ser yo quien arregle este desaguisado.

Toses.

-Es cosa de esta humedad que cala hasta los huesos.

Pero a todo se acostumbra uno.

¿Llevas mucho tiempo aquí? -Desde el miércoles.

Me dijo un compañero tuyo que eres José Ramírez.

Y trabajabas en Mármoles Robles.

-Con todos estos compañeros.

-¿Y tu hijo se llama Antonio?

-¿Le conoces? -Sí.

Le perdí la pista en Guadalajara.

Alguien me dijo que acabó en la cárcel.

Era un gran tipo.

Muy valiente. -¡Antonio!

-Bueno.

Andrea, ¿por qué no aprovechas un poquito para descansar?

Ahora el niño está dormido. Mi madre y yo recogemos esto.

Gracias. -De nada.

-¿Qué opina que sucederá ahora, doña Carmen?

-Pues algunos dicen que restaurarán la monarquía.

Al fin y al cabo, se contó con el apoyo de Kindelán y Orgaz.

Y ambos eran afines a Alfonso XIII.

Y su padre, Andrea, ¿qué opina?

Un hombre con tantas relaciones y tan importante, tendrá información.

Yo no hablo con mi padre de esas cosas.

-Muy bien. Las mujeres no debemos meternos en política.

-Creo que lo mejor que ha hecho la derecha ha sido permanecer unida.

No como esos irrespetuosos de los de la FAI y los comunistas.

Siempre a la gresca.

-Debo reconocer que mi marido tiene más razón que un santo.

-En mi opinión, la izquierda española empezó a cavar su tumba...

...el día que Azaña dijo esa majadería de:

"España ha dejado de ser católica".

-Y ahora recogen lo que han sembrado.

Por mí, que los fusilen a todos.

Pero a todos, sin excepción.

¿Qué pasa, bonita?

Disculpen, pero creo que he escuchado a mi hijo llorar.

-Ah, bueno, pues entonces ve. Quizás tiene hambre la criatura.

(SUSURRANDO) Todo va a ir bien. Espero.

Una puerta se cierra.

-Andrea, ¿se puede saber qué te pasa? ¿Por qué te has ido así?

Porque si me quedo un minuto más, acabo despellejando a esa bruja.

-¡Baja la voz que te van a oír!

Pues que me oiga. ¿O no se puede hablar en esta casa?

-Pues no. Desde que perdimos la guerra no.

¿Peor se puede saber qué te pasa? ¿Dónde tienes la cabeza?

No puedo más. ¿Pero adónde quieren llegar con todo esto?

¿Tú has visto cómo habla?

Se les llena la boca hablando de Kindelán, Alfonso XIII.

Cualquiera dirían que son grandes de España.

Y después de lo que tu madre ha hecho.

Lo mínimo que podría hacer es expresar un poco de agradecimiento.

Y no ese revanchismo tan asqueroso. -Pero déjala, doña...

Ha acabado la guerra. Muy bien. ¿Qué más quieren?

¿Que nos pasemos el día diciendo:

tenían razón, estábamos equivocados?

¡Qué asco!

-Tranquila, Andrea, todo va a ir bien.

Sí.

Eso mismo le estaba diciendo yo a mi hijo.

¿Pero sabes lo que pienso? Que no.

¿Tú crees que las cosas pueden ir a mejor...

...cuando ni siquiera se puede pronunciar el nombre de Liberto?

Liberto. ¿Entiendes? ¿Es que acaso la libertad no es algo bueno?

-Pues no lo sé. Pero, por lo menos, sabemos que la guerra ha terminado.

Se acabaron las bombas, las alarmas antiaéreas...

Claro, ¿y ahora qué empiezan?

Las sacas, los fusilamientos, la cárcel.

Por supuesto que todo va a ir mejor, pero para doña Carmen.

-Andrea, debes aprender a mirar el lado positivo de las cosas.

El lado positivo. Eso está muy bien cuando lo tienes.

Tú ya sabes por Marcelino que Mario ha vuelto y no le pasó nada grave.

Pero yo no tengo familia.

No sé nada de Antonio.

Y a mi hijo, a mi hijo le quieren poner Miguelito.

-Es el peor momento de tu vida.

El peor, probablemente, Andrea. Pero tienes a tu hijo.

Ha sobrevivido tres años aquí en Madrid.

Podría haber sido peor, ¿no?

Bonita forma de verlo.

Pero, para mí, todo siempre puede ir a peor.

Y esa no es excusa para intentar mejorar este mundo.

-¿Mejorar este mundo? Sí, mejorarlo.

-Eso suena muy bonito, Andrea, cuando se dice. Pero ni tú ni yo...

...hemos nacido para hacer algo tan importante.

Mi hijo se llama Liberto.

-¡Qué perra te ha dado! Y si empiezo a tolerar...

...que una vieja me prohíba llamar así a mi hijo,...

...creerá que tienen razón y fusilarán al enemigo.

Y que los obreros tienen... -¡Que te calles!

Mira, escúchame, Andrea, no quiero volver a oír más esos discursos.

No porque esté en contra tuya ni a favor de doña Carmen.

Sino porque...

...lo que tú yo pensemos ahora mismo ya no tiene importancia.

Hemos perdido. Hemos perdido, Andrea.

Lo hemos perdido todo. Todo.

Y el orgullo, ese orgullo por el nombre de tu hijo,...

...ese orgullo es tu peor enemigo.

Consuelo... -Y el peor enemigo de tu niño.

Piénsalo, Andrea.

Si no puedes salvar la República,...

...intenta, por lo menos, salvarte a ti misma.

Alzando la voz, lo único que vas a hacer es que... te maten.

Te quiero mucho, Andrea.

Sabes que no te diría esto si no fuera por tu bien.

Pero, ahora mismo, nos guste o no,...

...sólo podemos meternos dentro de una madriguera y esperar.

Hasta que pase el peligro. Y esperar.

Esperar, Andrea.

-Se lo apunto en la cuenta.

-Hola, Marcelino, qué te cuentas. -Vengo a pagarte lo que te debía.

Échame la cuenta, anda. ¿Has oído lo que dice la radio?

-Y quién no, no se comenta otra cosa.

Si te digo la verdad, estoy harta de oír lo mismo.

Como si no supiéramos que la guerra está perdida.

-No está perdida hasta que acaba. -Estaba perdida antes de empezar.

La primera tarde que vi bajar a los milicianos de Guadarrama,...

...¡porque querían dormir en casa!, pensé: así no se gana.

Y ya va a hacer tres años de esto.

-Perdona, en el alto del León se peleó.

Si no, de qué iba a resistir Madrid tres años.

-Tienes razón pero... Dos, cuatro, seis...

-Que yo sepa, los soldados duermen en la trinchera.

Y en casa cuando no hay que luchar.

-Que yo sepa esos rebel... bueno, nacionales,...

...se llevaron algún susto en estos 3 años.

-Sí, los nacionales, ¿eh?

Bah, yo qué sé.

Nunca tuvo sentido hablar de política y menos en estos días.

La gente necesita volver a estar tranquila otra vez.

Manden unos o otros, los de abajo estaremos igual de mal.

-Sí, supongo que sí. ¿Has visto la moto de Robles?

-Ya lo creo, con el ruido que han hecho.

Con su cochazo y esos equipajes de rico.

Porque la ciudad está cerrada.

Eso para los rojos.

Que don Fabián entra y sale como Pedro por su casa.

-Hala, esto es lo que me debes.

-¡La madre del cordero! -¿Qué?

-Que si lo sé echo yo la cuenta, Paloma.

-Si echas tú la cuenta te debo yo a ti las perras.

-A mí lo que me da pena son los amigos que acaban...

...la guerra por ahí. ¿Ahora cómo van a volver con sus familias?

Mejor que a los rojos se los tragase la tierra.

-Marcelino. -Sí.

Y por lo que cuentan de Queipo de Llano, esto va a ser...

-Déjate de tonterías.

-Si van a dejar la tapia del cementerio como un colador.

-¡Que te calles!

Elpidia.

-Lo siento, Elpidia.

-¿Estás tonto o qué?

-No tengo ojos en la nuca.

-Para tener la boca tan grande hay que tenerlos.

Como no aprendas a callarte te veo mal.

Aquí faltan 5 céntimos.

-Vamos, Elpidia, mujer, tranquilízate.

-No, no, doña Loreto, no.

Mi hijo en el frente, sabe Dios si vivo o muerto.

Y ahora mi marido preso.

Han sido 3 años de pasar calamidades,...

...de bombas, de hambre.

Han sido 3 años de ver muertos por las calles, mujeres, niños...

3 años de vivir en el Infierno y no puedo más.

-Esta guerra ha sacado lo peor de la gente.

El odio, la venganza, la crueldad.

Y se ha derramado mucha sangre inocente.

Pero esta tragedia está a punto de acabar.

-Que no, doña Loreto.

Que están fusilando a mucha gente por la menor excusa.

Tengo mucho miedo de que a mi Pepe le metan...

...en una de esas sacas.

-Ya verás como no, eso es imposible.

-Si mi Pepe no ha hecho nunca daño a nadie, ¡nunca!

-Claro que no, mujer. Mira, antes de lo que crees...

...los tienes a todos sentados a la mesa.

Las dos recuperaremos a nuestras familias.

Ya verás.

Y... hablando de familia, ¿dónde está Andrea?

¿Y el niño?

-No, están bien.

Están en casa de Consuelo, su amiga.

Tenía también mucho miedo de que vinieran a buscarla...

...como hicieran con Pepe y pensé que allí estaría más segura.

-Bien hecho, sí.

-¿Don Fabián... sabía lo del niño?

-No.

No me he atrevido. No quiere saber nada de Andrea y...

Aún no le ha perdonado que se casase con Antonio.

-Cuando vea la carita del niño... lo olvidará todo.

-Eso espero, Elpidia.

Eso espero.

-Cuando se vaya, dígale a Ana que se lleve ese café...

...o lo que sea. No hay Dios que se lo beba.

Teléfono. -Es achicoria, don Fabián.

Hoy el café es difícil de encontrar.

-¿Sí?

Ah, sí, sí, pásamelo, pásamelo.

Galindo, aquí Fabián Roble.

Sí, ya me he reintegrado en la fábrica, sí.

¿Salamanca? Bueno, no nadábamos en la abundancia, pero estábamos...

...mejor abastecidos que aquí desde luego.

Hay que poner a trabajar a este país cuanto antes.

Por eso te llamo.

Voy a necesitar mano de obra.

Entre los caídos en el frente y los que están entre rejas...

No tengo obreros.

Mira, te voy a pasar la lista completa de la plantilla, así...

Sí, claro, por supuesto. Sí, sí, espero, espero.

Dice que a los muertos no los puede resucitar.

Pero los detenidos que no hayan ocupado un cargo...

...en los sindicatos o tenido un papel destacado...

...en las socializaciones pueden volver a su trabajo...

...en un par de días. -Gracias a Dios.

-Sí, sí, dime.

Claro que tienes mi palabra, sí. Por supuesto.

Oye, Galindo, una cosa más.

Mira, hay un hombre, se llama José Ramírez.

Es un obrero de gran experiencia y hombre de mi confianza.

Sí, y lo necesito para poner la fábrica en marcha.

Con cierta urgencia, sí.

José Ramírez. Se ha hecho cargo de la fábrica en estos 3 años.

Fue elegido durante la socialización por la asamblea...

...de obreros y por eso está detenido.

¿Que lo ves francamente difícil?

¿Y qué es eso de que tendrá que ser juzgado?

Hombre, pero en este caso puedes hacer una excepción.

Ya te he dicho que es un hombre de mi confianza.

Ha dirigido la fábrica para que no cayera en manos...

...de los extremistas.

-Ojalá le escuchen.

-Sí.

Bueno, pero...

Vamos a ver, ¿de qué me sirve a mí que el juez valore mis testimonios?

Dime, ¿de qué me sirve?

Yo necesito a ese hombre en la fábrica ahora.

Sí.

¿Castigos ejemplares a los cabecillas?

¡Pero qué cabecillas ni niño muerto!

Si te digo que es un hombre de mi confianza y cuando...

Que sí.

Claro, claro. No, sí, claro, claro, por supuesto, sí.

Todo lo que puedas hacer. Hombre, sí, te lo agradezco.

Bien, Galindo, bien, bien. Sí, ¿cómo?

Ah, sí, arriba España.

Dice que tendremos que prescindir de él.

-¿Pero cómo se atreve a tratarme así, hombre?

¿Quién se ha creído que soy, su criado?

Mientras él estaba en Salamanca paseando por la Plaza Mayor...

...con su señora, yo estaba en la fábrica jugándome el tipo.

-Pero ahora que ha vuelto es don Fabián el que da las órdenes.

Y él siempre quiso a Pepe a su lado.

-Porque Pepe es un pelota, por eso.

Un perrito faldero sin sangre en la venas.

Y en España hacen falta ahora hombres con agallas.

Pero don Fabián parece que no se han enterado aún.

-Sólo sé que Pepe no merece estar en la cárcel.

-¿Y a qué viene eso ahora?

Pepe es un don nadie, Pepe es un perdedor.

Pepe y los que son como él han perdido esta guerra.

Su sitio es la cárcel o el paredón.

Yo he ganado esta guerra.

Yo soy un español, un patriota.

Y Fabián Robles me debe un respeto.

¿Está claro?

A ver, Marcelino, sirve otro chato.

Eso es.

Me debe un respeto.

Teléfono.

-Sí. Dígame.

¡Rodrigo! ¡Hijo! ¿Estás bien?

¿De verdad? No me mientas, cariño.

Ay, Dios mío. Qué bien.

No sabes cuánto he rezado por ti, hijo mío.

Sí, sí. Estamos... Hoy, hoy hemos llegado a Madrid.

Todos bien.

¿Cuándo? ¿Mañana?

Ay, hijo. No sabes qué alegría tan grande me estás dando.

Espera. No. No cuelgues que está entrando tu padre.

Es Rodrigo que viene a casa mañana.

Un beso, tesoro. Te pongo con tu padre.

-¡Rodrigo! ¿Qué pasa, hijo? ¿Cómo estás?

Sí, hace unas horas.

No. El ejército controla la situación por completo.

Esto no tiene vuelta de hoja.

Sí. Por fin se ha acabado la pesadilla. Oye...

He oído decir a tu madre que llegas mañana.

Bien. Te estaremos esperando, hijo.

Sí, ya hablaremos tranquilamente tú y yo.

Cuídate. Hasta mañana. Un abrazo.

-Fabián. (RÍE)

Gracias a Dios que está bien.

-Estarás contenta, ¿no? -Mucho, Fabián.

Durante todos estos años le he pedido al Señor...

...el volver a estar juntos.

Que toda la familia volviéramos a reunirnos.

-Mañana tendrás aquí a tu hijo.

-Sólo falta Andrea.

-Loreto, no empieces. No quiero hablar de eso.

-Está en casa de su amiga Consuelo. -Me da igual dónde esté.

No quiero saber nada de ella. -Es tu hija.

-He dicho que no quiero hablar del tema.

-¿Cuándo vas a ponerle fin a todo esto?

¿Es que no vas a perdonarla nunca?

-Primero, tendría que venir ella a pedirme perdón.

Y aún así, ya veríamos.

-No importa los errores que pueda cometer un hijo, Fabián.

La obligación de un padre es estar a su lado pase lo que pase.

Es tu sangre y eso tiene que estar por encima...

...de cualquier diferencia que exista entre vosotros.

-Voy a oír lo que dice la radio.

Se comenta que Franco va a dirigirse a la nación.

Música en la radio.

-Andrea. ¿Estás bien?

Sí, Consuelo. Estoy bien.

Gracias.

(RADIO) Parte oficial de guerra correspondiente...

...al primero de abril de 1939, tercer año triunfal.

En el día de hoy, cautivo y desarmado...

...el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales...

...sus últimos objetivos militares.

La guerra ha terminado.

Burgos,...

...primero de abril de 1939, año de la victoria.

El Generalísimo Franco.

Españoles, con el triunfo de las tropas nacionales...

...confirmado por el último parte de guerra...

...al que acabamos de dar lectura,...

...concluye uno de los períodos más negros de la historia...

...de nuestra patria.

Malos españoles intentaron venderla y humillarla,...

...pero el arrojo de sus hijos más preclaros...

...agrupados en torno a la espada más limpia de Europa,...

...la de nuestro invicto caudillo,...

...supo frustrar la inicua maniobra y con su sangre fecundó...

...un nuevo amanecer.

Dios está de nuestro lado.

Nuestra cruzada se ha iniciado en su nombre y en su nombre...

...deberá administrarse una justicia que,...

...aunque exigente a la hora de determinar...

...las responsabilidades de cada uno,...

...no debe, no puede renunciar al ejercicio...

...de la cristiana virtud de la misericordia.

Hora es ya en este momento en el que callan los fusiles...

...y se escuchan en los campos y las fábricas,...

...en los pueblos y en las ciudades de una España unida,...

...ya nunca más rota...

...por separatismos fraticidas y disolventes,...

...las voces armoniosas de quienes entonan los nuevos cantos...

...de paz y de progreso que acompañan...

...a nuestro glorioso movimiento nacional...

...de repetir todos bien fuerte, como quien reza una oración...

...antes de iniciar la dura tarea de reconstruir la patria...

...herida.

¡Arriba España! ¡Viva Franco!

-Hija mía.

No te hagas el duro. Sé que te gustaría tanto como a mí...

Qué digo, mucho más que a mí que Andrea estuviera...

...esta noche con nosotros.

No me digas que no la echas de menos.

-Mírame.

No somos familia.

No somos nada.

Tú en tu sitio, nosotros en el nuestro.

Y no volveremos a hablar de eso.

-Si te han escuchado cantar el "Himno de Riego"...

...o "La Internacional",...

...ya es motivo para que los envidiosos te delaten.

Esto es una locura.

-Y a ti habrá más de uno o una que te envidie.

-Seguro que no te faltan pretendientes.

-Yo soy muy exigente.

-Pues a exigir.

-No es fácil. A lo mejor es porque soy viuda.

Pero todos los hombres que me interesan...

...ya están casados.

-¿No os basta con estar todos otra vez juntos?

-No estamos todos. -¿No empezarás con lo de la carta?

-Claro que empiezo. Aquí falta Andrea.

-¡Mamá!

-¿Andrea Robles? -Mamá, mamá.

Sí, soy yo. -¡Mamá!

  • T1 - Capítulo 8

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 8

07 oct 2005

Elpidia intenta inútilmente ver a Pepe en la cárcel, pero acaban echándola. Andrea se instala en casa de Consuelo donde, para su incomodidad, tiene que aguantar las continuas críticas, de los inquilinos de doña Pura, hacia el gobierno derrotado. 

Los Robles vuelven a casa. Don Fabián, que todavía desconoce la existencia de su nieto, no quiere ni oír hablar de su hija pero doña Loreto quiere saber como están Andrea y el niño. Elpidia, ha cuidado de la casa durante su ausencia y, ahora, con el ánimo por los suelos, le suplica a don Fabián que interceda por Pepe.

Rafael, lejos de recibir las felicitaciones que esperaba, tiene que aguantar los duros reproches de don Fabián por la situación en que ha quedado la fábrica. Necesita recuperar a sus obreros. Mientras, en la radio, nuestros protagonistas escuchan el parte del final de la guerra.

Histórico de emisiones:

07/10/2005

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