www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.14.0/js
348800
No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 7 - ver ahora
Transcripción completa

-La radio lo acaba de anunciar.

Han entrado los nacionales.

(BALBUCEA)

Ya están aquí.

-¿Dónde vas con eso?

-Pues a la azotea a quemarlo. Más vale prevenir que lamentar.

-Entonces, nunca debió entrar esa bandera en casa.

-Nos queremos mucho y tenemos que casarnos.

Si no, me pasará algo malo.

-Si me quieres, me esperarás, como yo a ti, y nos casaremos.

-Vamos, niña, vamos.

-Pero Manolita, espera. -Adiós.

-¿Y qué querías que hiciese, dejarle que lo quemase todo?

-D. Fabián estaría orgulloso de ti.

Gente como tú es la que hace falta en la nueva España.

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

(RADIO) Por tanto, todas las personas que colaboraron...

...en sus trabajos con el comité rojo...

...deben presentarte ante la autoridad con urgencia.

Nadie debe temer represalia alguna si no ha cometido delitos.

La generosidad del Caudillo y su victorioso ejército...

...así se lo garantiza.

Ha llegado la paz.

Es el momento de reanudar la indispensable actividad...

...laboral para la reconstrucción de España...

...y se requiere la colaboración de todos.

-¿En qué estás pensando?

-Tengo que ir a la fábrica.

-¿Pero qué dices? Tú allí no vas.

-Elpidia, soy el único que sabe todo sobre la fábrica.

Sólo yo puedo decirles que no hicimos nada incorrecto.

Si no voy, los compañeros no tendrán posibilidad de defenderse.

-Pues que los compañeros tampoco vayan.

Lo que dice la radio es mentira. Están castigando a la gente.

Ayer mismo, se llevaron al jefe de Andrea...

...y quizá lo fusilen.

-Yo no he hecho nada malo, Elpidia.

-Has trabajado para la República y eso no te lo perdonarán.

-He hecho lo que me han mandado.

No me pueden condenar por trabajar y sacar a mi familia adelante.

Eso es lo único que he hecho.

No tengo nada que temer y mis compañeros tampoco.

-Por Dios te lo pido, no vayas a la fábrica.

-Sería inútil, Elpidia. Saben quién soy y dónde vivo.

Si no me presento voluntariamente, conseguiría despertar sospechas.

Entonces, sería mucho más difícil convencerles de que no hice nada.

¿Qué crees que pasará si preguntan por mí...

...y les dicen que estoy huido? -Pero estarías a salvo.

(TOSE)

-¿Por cuánto tiempo?

Eso me obliga a estar escondido para siempre.

No tengo por qué esconderme, ni puedo, ni quiero.

-Encima de no tener noticias de Antonio, esto.

¡No vayas a la fábrica!

-No tengas miedo, mujer.

Eso que dicen es verdad.

En España, ahora se necesita a todo el mundo trabajando.

La fábrica le será devuelta a D. Fabián...

...y todo volverá a la normalidad.

Llaman a la puerta.

-¿José Ramírez vive aquí?

-Sí. Soy yo.

-Tiene que venir a la fábrica.

(RÍEN Y HABLAN ENTRE ELLOS)

-¡Chis! ¿Habéis oído por aquí? ¿Habéis oído algo?

-No se oye nada, ¿eh?

-Venga, vamos.

(RÍE) -Vamos.

-¡Martínez!

(HABLAN ENTRE ELLOS)

Se han ido.

-Creí que eras uno de ellos.

Llevan pasando grupos de nacionales toda la mañana.

Sí. Bajan del frente de Aragón.

-¿Estás tú solo? Sí.

Mi compañía se disolvió.

A los que iban conmigo, me dejaron solo mientras dormía.

-No hay control ni disciplina.

Eso nos ha costado la guerra. Es posible.

-Me llamo Anselmo Villegas.

Soy profesor de Literatura en la universidad de Valencia.

Aunque para los rebeldes, soy, sobre todo,...

...un intelectual agitador.

Si me encuentran, se iban a llevar una gran alegría que no les daré.

Antonio Ramírez, soy obrero.

-¿Quieres que sigamos el camino juntos?

Creo que sé cómo salir de aquí.

Podemos seguir luego hasta el norte.

De acuerdo,...

...pero yo sólo seguiré contigo hasta la salida del valle.

Luego me dirigiré a Madrid.

-¿A Madrid? Allí están todos los nacionales.

Lo sé. Me están esperando.

-Vamos.

-Tres días ya sin saber nada de él. Se lo llevaron y hasta hoy.

-¿Y qué esperaba? 3 años de ha pasado dándoselas...

...de republicano con todo el que subía al autobús.

Pues ahora, hijo, a aguantarse.

-Carmen, por favor. Es sólo un conductor de tranvías.

Tiene familia y dos hijos. No ha hecho nada a nadie.

-A saber a cuantos curas y nacionales les habrá dado...

...paseo alguna noche.

-¿Jacinto? Vamos, mujer.

-Mi marido es que tiene el corazón muy generoso.

Todos les parecen buenos. Si incluso cuando bombardearon...

...la casa, que la destrozaron, aún les perdonaba.

-Pero los que bombardeaban eran los otros, los nacionales.

-Sí, ¿y por qué? Porque les obligaron a hacerlo.

Nos tiraron la casa abajo. Los rojos tienen la culpa...

...de que no tengamos casa y vivamos aquí como los gitanos.

-Mujer, no digas eso. En casa de doña Pura estamos muy bien.

-Disculpe, doña Pura. De verdad. Mi marido tiene razón.

Si yo sé que en su casa estamos muy bien.

Pero al fin y al cabo, ¿qué somos? Unos refugiados.

¿Y quién tiene la culpa de que nos veamos así?

Porque después de todo nosotros somos de confianza.

Pero aquí en esta casa han metido ustedes a cada prenda.

Que yo le he oído a don Matías cada alegato...

...a favor de los rojos que le va a costar muy caro.

-Doña Carmen, por favor.

Don Pablo, dígale a su mujer que en esta casa nunca se habla...

...nada de política, ni de uno ni de otros.

Lo han visto.

Llevan ustedes refugiados aquí dos años.

Aquí lo único que hemos hecho, sin importarnos de qué color...

...era cada uno, es sacar de donde no había para poder comer todos.

Nada más. ¿O no?

-En eso tiene usted razón.

Venga, Carmen, vamos al cuarto y terminas de planchar.

-A propósito, don Pablo.

Le he teñido la camisa de azul como usted quería.

-¿Ha quedado bien?

-Yo creo que si no se mira muy de cerca, da el pego.

-Es la manera de mostrar mi apoyo al gobierno del ejército nacional.

No le haga mucho caso a mi mujer.

Es muy impetuosa, pero luego todo queda en agua de borrajas.

-Consuelo. -Sí, madre.

-Hija, estoy pensado que vamos a quemar todas tus batas.

-Pero ¿por qué? -¿Cómo que por qué?

No quiero que tengas nada que ver con el hospital.

Debe parecer que nunca has estado allí.

-Pero, madre, tengo que volver. Aún quedan niños enfermos y yo...

-Que los curen los nacionales, para eso han ganado la guerra.

Tú te quedas en casita.

Vamos, como que me llamo Pura que no vuelves a ir allí.

-Pero, madre, ¿qué me va a pasar? Por Dios.

-¿No lo estás viendo, hija?

La gente se acusa unos a otros de haber colaborado con los rojos.

Y eso basta para que te detengan.

Y muchos luego no aparecen.

Mira Jacinto, el del tranvía, no ha vuelto.

Y a Paco, el lechero, ya has visto lo que le pasó.

Hasta don Pablo me ha obligado a teñirle la camisa de azul.

Hija, la guerra ha terminado, pero lo que empieza ahora...

...me parece a mí que puede ser peor.

-Todos esos son los archivos de pedidos.

Y aquellos de allí los apuntes contables.

Están todos los papeles. No se ha destruido ni uno.

Muy al contrario de lo ocurrido en otras empresas.

No se han destruido porque yo lo impedí y me aseguré...

...que estuviera todo para cuando el ejército nos liberara.

-¿No será de esos que se están haciendo nacionales a última hora?

-Dicho sea con todo el respeto, esa duda me ofende.

Llevo trabajando para la Quinta columna más de 2 años.

He pasado informes al teniente Menéndez.

Pregúntele a él.

-El teniente Menéndez está en Alemania.

-Bueno, le juro que ha sido así.

Además no sólo he pasado informes, también he hecho sabotajes.

Casi ningún pedido de los que iban destino al frente he dejado...

...que salieran. He roto máquinas, camiones...

Y, espere, eso no es todo.

Aquí están apuntados los nombres y domicilio de todos...

...los que han estado trabajando para la República.

-Aquí le traigo a este.

-Ese. ¿Ese es José Ramírez? -Sí, sí. Es él.

Él es el que estaba al frente de todo.

Desde el primer día.

-Qué alegría tenerla otra vez por aquí.

¿Cómo va todo? -Bien. Muy bien.

Bueno, ya ven, ya he podido volver a vestir mis hábitos.

Gracias a Dios que todo pasó. -Ay, menos mal.

-He venido para agradecerles lo que hicieron por José Enrique...

...y por mí cuando las cosas se pusieron tan mal.

-Sor Rosa, eso era una cuestión de humanidad.

Ustedes lo habrían hecho por nosotras, llegado el caso.

-Desde luego.

Pero en esos días era muy difícil hacer lo que hicieron...

...y no crea que eso se olvida.

Mire, en el paquete que les he dejado,...

...no es gran cosa, pero les traigo huevos y carne.

-Ay, por Dios. -Seguro que les viene bien.

-Sor Rosa. Esto es gloria bendita.

Don José Enrique no sé si me dejaría decir eso...

...de unos huevos y algo de ternera.

-Yo creo que sí. Nos lo da el Señor y sí que es gloria bendita.

-¿Verdad? (RÍEN)

-Bien, sabrán que nos devolvieron el hospital y nuestro convento.

(AMBAS) Sí, lo sabemos ya.

-Y se sabe que has estado trabajando allí, lo que has hecho.

-Sólo lo hizo por auxiliar a los heridos.

Por favor se lo pido sor Rosa... -Puedes estar muy orgullosa.

Lo que has hecho con esos niños es maravilloso.

Y me consta que sin apenas medios.

Hay muchos niños que le deben su vida a Consuelo.

-Sor Rosa... sólo lo hice por ayudar a los que lo necesitaban.

-Y a fe que los has hecho, hija.

Pronto empezaremos las actividades habituales y se abrirá el colegio.

Quiero que sepas que, si quieres, puedes volver a dar clases allí.

-¡Oh, muchísimas gracias, sor Rosa!

-Pero... también has demostrado un fervor...

Y una vocación que no debería quedar sólo en eso.

-Bueno... -Te gustan los niños, ¿verdad?

-Sí... -Y ayudar a los demás.

(ASIENTE) -¿Y no has pensado...

...en dedicar tu vida al Señor?

-No me es posible imaginar una vida más dichosa para una joven.

Créeme... (SUSPIRA)

Cuando yo me desposé con el Señor, mi vida cobró auténtico sentido.

-Oh... no me cabe la menor duda, sor Rosa, pero...

No puedo, porque yo ya he decidido con quién me quiero casar.

-Espera... espera.

Hemos quedado muy al descubierto aquí.

Vamos a avanzar hasta allí.

-Sí... sólo necesito descansar un poco.

Venga, va, un poquito más.

Estás ardiendo.

Vamos a descansar un rato, ¿vale?

Tira...

(TOSE CON FUERZA)

¿Hace cuánto que no bebes?

-Desde ayer...

Tenemos que encontrar agua y comida, urgente.

Estás muy débil.

¿Conoces esta zona?

-Esta parte no mucho... creo que hacia el Este hay un pueblo.

No nos interesa pasar por poblaciones.

Esta zona es nacional.

Sería mejor una casa de labranza, un sitio con poca gente.

Pero para eso hay que andar.

-Estaré listo en un momento. Tranquilo.

(RESPIRA HONDO)

-¿Quién te espera en Madrid para que la juegues?

Mi mujer, mis padres.

Mi hijo.

-Qué mierda de guerra, joder.

He oído algo.

Son republicanos.

¡Eh! (SILBA) ¡Aquí, ayuda! ¡Eh!

¡Cuidado! ¡Menos mal!

¡Eh! ¡Somos de los vuestros! ¡Eh!

Se van, se van corriendo.

¡Malditos imbéciles!

Ni siquiera se han fija...

¿Estás bien? ¿Qué te pasa? -Que me han dado en la pierna.

¡Aaah!

-Mi pobre casa. ¿Qué habrán hecho con ella?

-Félix, ponme allí.

-No, hijo, no, mejor aquí, que te dé el sol.

-No necesito sol.

-Sí. Los enfermos siempre necesitan sol.

-No estoy enfermo. Sólo tengo un tobillo roto.

-¡Oh!

-Félix, ayúdame a levantarme.

-¿Pero qué haces? Siéntate ya.

-¿Qué quieres, caerte y estropearlo todo?

Y tú, como le muevas y le pase algo, se te cae el pelo.

¿Entendido?

-Anda, ponme allí.

¿Pero tú has visto cómo está todo esto?

Félix, no quiero sol. ¿Quieres ponerme donde te he dicho?

-A sus órdenes.

-Y no le tengas miedo a mi madre, que tu teniente soy yo.

-Sí, pero con su permiso, su madre tiene mucho carácter.

-Sí, está un poco enfadada.

-Esto es una vergüenza, Mario. Nos han destrozado la casa.

Todo lleno de carteles y muebles horrendos.

Ha debido de ser un garito de la soldadesca.

-Lo único que hubo es una oficina de la CNT.

-¡Gentuza! A saber qué habrán hecho aquí.

-Pues no lo sé, pero en la zona nacional, ocupamos casas...

...y no hicimos nada malo. -Me da igual lo que hicierais,...

...pero esta casa está hecha un asco.

Han desaparecido muchos muebles. -No se preocupe.

Hablaré para que nos lo repongan.

-Ah, y voy a mirar la cubertería y las vajillas.

A ver qué nos han dejado estos anarquistas.

-Todos estos han trabajado para la cooperativa.

Apoyaron a la República en lo necesario.

Este... Isidro...

Este no, este es buen patriota. Yo respondo por él.

Pero de estos no se salva ni uno. -Te estás despachando a gusto, ¿eh?

Qué bien has sabido disimular. -¡Cállate!

-Hace falta tener estómago.

-Este ya se lo dije antes, ha sido el responsable de todo,...

...pero había uno peor, porque este llevaba la fábrica,...

...pero el otro era el líder sindical.

Un fanático de la CNT. Se lo apunté.

-Sí, ya le han ido a buscar.

-Menos mal que han liberado Madrid.

Porque aquí ya el caos era general.

-¡Hijo puta!

-¿Pero qué le han hecho?

-Mira, el héroe sindical.

-Vamos. Lleváoslo de aquí y le dais el paseo.

-Diles que no le peguen más, por favor.

¿Pero no has visto cómo estaba?

Disparo.

-Mira, te han hecho caso.

-Ay, muchas gracias por todo, doña Pura.

-A usted, hermana, por venir a vernos.

Ya sabe que aquí tiene su casa. -Qué gran verdad fue eso.

Nunca lo olvidaré. -Bueno...

-Que Dios te bendiga, hija. -Igualmente, hermana.

-Ya se ha marchado. -Ajá.

-¿Y ahora me vas a explicar a mí eso de con quién te vas a casar?

-Por Dios, era sólo una frase.

-¿Una frase...?

¿Una frase? -Sí.

-Una frase es: "ya veremos" o "nunca se sabe".

Lo que me dijiste es que ya sabías con quién te ibas a casar.

Lo he oído perfectamente, hija.

-Que no. -¿Conociste a alguien...

...y no me lo has dicho?

-Que no, madre, de verdad que no. Se lo prometo.

-¿De verdad, hija?

Mira que si te has liado con uno de esos milicianos me matas.

-Madre, se lo prometo, de verdad.

-Ay, hija, qué sustos me das.

Voy a ver qué milagro hago hoy con la comida.

(SUSPIRA)

-Tampoco encuentro los candelabros de plata.

Teníamos una docena.

-Apúntelo, madre, apúntelo y lo reclamamos todo.

-Vaya si lo apunto y ya verás cómo aparece.

Hasta la última cucharilla va a aparecer.

Como que me llamo Eulalia.

-Félix, lleva esta carta a esta dirección.

Es para la señorita Andrea Robles.

Quiero que la entregues en mano. -¿Cuándo?

-Ahora, Félix, ¿cuándo va a ser?

-Es que ahora no puedo. -¿Cómo que no puedes?

-Es que su madre me ha dado... -Ah, ya irás después.

-Es que se va a enfadar... -No se enfada.

Lleva la carta. -No me haga esto.

-Eres mi asistente y haces lo que te diga.

¿Sabes lo que te caerá si no lo haces?

-A sus órdenes, mi teniente. -¡Ya!

-Pero dígale a su madre... -¡Que te olvides de mi madre!

-Bueno, pues ya está todo.

¿Y el muchacho ese? -Acaba de salir.

-¿Ah, sí...? Cuando vuelva se va a enterar.

Vamos.

Se abre la puerta.

No he encontrado leche por ninguna parte.

¿Cómo está el niño? -Dormidito.

¿Y no te queda nada de lo que te mandó tu madre?

No, se terminó esta mañana.

He ido a la vaquería de Tetuán pero...

Allí se había acabado a primera hora.

Traerán más vacas, pero no saben cuándo.

Y eso si no se las requisan.

¿Ha pasado algo, Elpidia?

-Se han llevado a Pepe.

¿Cómo que se han llevado a Pepe?

¿Cuándo? ¿Quién?

-Unos soldados esta mañana.

Le estaba diciendo que no fuera a trabajar a la fábrica pero...

Han venido de repente y se lo han llevado.

Dios mío. -Yo no sé qué hacer.

Hasta voy a poner una bandera de los nacionales en la ventana.

No haga eso. -Hay que hacer lo que sea.

Van a por todos los que tuvieron algo que ver con la República.

Corres peligro. Lo sé, pero no sé qué puedo hacer.

-Saben dónde vive todo el mundo.

Tarde o temprano vendrán a buscarte.

Andrea, tienes que irte.

No, no quiero dejarte aquí sola.

-¿Pero qué importo yo?

Lo importante es que te pongas a salvo con el niño,...

...si te cogen, ¿qué será de él? No nos separarán.

-Tienes que esconderte en casa de Consuelo, allí no te buscarán.

Elpidia, no, no te voy a dejar sola, no.

-Yo no soy nadie.

A mí no me harán nada. Pero a ti sí.

-Hola, buenas tardes.

Oye, el número siete dónde cae.

-Es ese de ahí, justo a la derecha. -Ah.

Eh, ¿tú eras soldado republicano, no?

-¿Yo? No, yo, no.

-Joder, pero si eres Marcelino.

Macho, que soy Félix.

-¿Félix? -Félix.

-Si tú eras republicano. -Sí, pero me cambié.

-No me jodas. -Chis.

-¿Y cuándo te cambiaste?

-Pues en Mérida, tenía familia allí y...

Lo estábamos pasando tan mal en aquel frente que...

Aproveché y me fui al bando nacional.

-Ya, sí, si sé que hay gente que lo ha hecho, pero...

No sabía que tú... -¿Qué iba a hacer?

Si nos estamos muriendo de hambre.

Y a mí la política me da igual. Ya lo sabes.

-Ya, pues te ha salido bien.

Te has ido con los vencedores.

-Pues sí, pero... lo que quiero es volver a casa.

Y que me licencien de una vez.

-¿Unos chatos? -Eso ni se pregunta.

-Tengo aquí un vino increíble. No se lo digas a los clientes.

Bueno y cuéntame, ¿dónde estás destinado?

-Estoy de asistente, de un teniente... jurídico.

Un tío muy culto, muy... muy educao, ya sabes.

Me trata muy bien, la verdad.

Pero tiene una madre... qué bruja, macho.

Bueno, ¿y tú qué tal?

-¿Yo? Yo estuve en el frente...

...pero me hirieron en un brazo y volví.

Cuando me curé ya no se podía salir de Madrid.

Y aquí me quedé, en la taberna.

-Oye, oye, oye.

¿Sigues con esa chica que te gustaba tanto?

-¿Manolita? Claro.

-Ya os habréis casado, ¿no?

-Ya quisiera yo.

-Bueno, ¿cuál es el problema?

-Antes, era por el padre que era de la CEDA...

...y no me dejaba casarme con ella. -¿Y ahora?

Ahora el problema es que se ha muerto.

-¡Joder! ¿Manolita? -No, su padre, ¡coño!

-Ah. Bueno, pues mejor, ¿no? -Qué va.

Hay que esperar el luto. Un año, para vernos, y otro para casarnos.

-¡Caray, que mala leche tiene! -Hasta muerto está jodiendo.

-No puedo seguir. Un poco más.

-No puedo más. Hay que conseguir agua.

Llevamos a los nacionales detrás. Tenemos que seguir.

-Tú sí, pero yo no puedo más.

La herida me sangra otra vez y la fiebre no baja.

Déjame aquí. Tú tienes que volver con tu familia, hazme caso.

Vamos a hacer una cosa. Te dejaré aquí escondido, ¿de acuerdo?

No te muevas, voy a buscar agua.

Tú, descansa un poco.

-No vuelvas, Antonio. Soy una carga, sigue tu camino.

Escúchame.

Conseguiré agua. Volverá a por ti, saldremos de esto juntos.

-¡Eh, mi Capitán, aquí hay un miliciano!

¡Está herido!

Quedaos aquí. Voy con los demás a dar una batida,...

...puede que este no esté solo.

-¡Alto!

¡Alto o disparo! ¡Alto!

-Ahí estaba, a las dos de la mañana.

Toda la compañía buscando la alfalfa de los mulos...

...y nos la habíamos comido.

No veas cómo guisaba Matías.

¡Tortilla de alfalfa, era increíble!

¡Y estaba buenísima! De verdad.

Bueno, también que... que había mucha hambre.

-Oye, ¿y qué fue de Matías?

-Al Matías lo mató una bomba en Guadarrama, en una trinchera.

-¡Joder! -No le hizo ni herida.

La onda expansiva le reventó los pulmones.

-¡Vaya!

¿Y Fernando y Teo?

-Del Fernando no sé nada y a Teo le cortaron una pierna.

-¿Y Antonio?

-No sé nada de él.

-¡Puta guerra!

Oye, oye, que me tengo que ir que...

Nos hemos puesto a hablar y... Me va a caer una buena.

Pero cualquier otro día me paso. -Claro, cuando quieras.

-Que me alegro mucho de verte.

-Yo también.

Bueno, me voy. Estamos en contacto a través de Consuelo.

Y si necesitas cualquier cosa o sabéis de Pepe, házmelo saber.

-Cuídate.

Cuidaros los dos, eh.

Si consigo leche o algo de comida, enseguida te lo hago llegar.

Gracias, Elpidia. -Anda, tonta. Vete.

Cuídate. -Sí, sí.

-Hola, buenas tardes, ¿vive aquí? -Sí.

-Estoy preguntando por Andrea Robles. Creo que vive aquí.

-No, no. Andrea ya no vive aquí. -¿Ah, no?

-No. Cuando empezó la guerra se fue y no ha vuelto por aquí.

-Vaya. Oiga, es que tenía que entregarle esta carta.

¿No sabrá dónde podría encontrarla?

-Pues no, lo siento, yo no sé nada de ella. Adiós.

¡No me haga eso, no haga eso, no haga eso!

¡No haga eso!

-Usted ve la casa llena, ¿no? No tenemos sitio, Andrea.

-Madre, si no hay, se inventa.

Dónde va a estar mejor ella que con nosotras.

-¿Se acuerda de la cubertería de plata, la del aparador?

-Qué fueron, los milicianos. No te apures, Elpidia.

-No fueron los milicianos. Fue una servidora.

-La nueva España no da cobijo ni necesita elementos subversivos.

-Pero mi fábrica necesita obreros.

-Pero, don Fabián. -¡No hay peros que valga!

¡Te dejé la fábrica funcionando y me devuelves un erial!

-¿Y tu hijo se llama Antonio? -¿Le conoces?

-Sí. Le perdí la pista en Guadalajara.

Alguien me dijo que acabó en la cárcel.

Era un gran tipo. Muy valiente.

-¡Antonio!

¿Tú crees que las cosas pueden ir a mejor...

...cuando ni se puede pronunciar el nombre de Liberto?

Liberto. ¿Entiendes? ¿Es que acaso La libertad no es algo bueno?

-¡Han sido tres años de pasar calamidades, de bombas, de hambre!

-¡Han sido tres años de ver muertos por las calles!

¡Mujeres, niños!

¡Tres años de vivir en el Infierno y no podré más!

  • T1 - Capítulo 7

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 7

06 oct 2005

Elpidia trata de disuadir a Pepe para que se quede en casa pero dos soldados se presentan en su casa y se lo llevan, esposado, a la fábrica. Una vez allí, Rafael, se destapa como quintacolumnista y le acusa, ante los falangistas, de estar al frente de todo desde el primer día. Antonio, intenta regresar a Madrid aún sabiendo que los nacionales están allí. Le prometió a Andrea que volvería. Por el camino conoce a Villegas, que también se esconde de quienes le consideran un intelectual agitador y con quien sigue su camino hasta que se ve obligado a abandonarle. Los Ayala han vuelto a Madrid y Mario quiere contactar con Andrea, pero Elpidia, que sabe el peligro que corren ella y el niño,  la convence para que se esconda en casa de su amiga Consuelo.  

Histórico de emisiones:

06/10/2005

ver más sobre "Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 7" ver menos sobre "Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 7"
Programas completos (1711)

Los últimos 4.653 programas de Amar en tiempos revueltos

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios