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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 6 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Y dónde te mandan?

No muy lejos.

Los fascistas se han hecho fuertes en la Casa de Campo y...

-¡No! ¡Allí no! ¡Allí no vayas!

¡No, hijo! (LLORA)

Por favor, madre, no se ponga así.

El bocazas de Marcelino te ha contado que vamos al frente.

¡Mira que le advertí que no te dijera nada!

El pobre está tan asustado que se lo cuenta a todos.

Te quiero, mi amor, te quiero.

-De mí no tienen por qué sospechar.

-Ah, ¿tú crees que les hacen falta motivos?

Hay una locura colectiva.

Lo digo de corazón. Yo me andaría con cuidado.

Porque te estaremos esperando. -¡Al camión!

Tu hijo y yo.

¿Mi hijo? ¡Estoy embarazada!

Tuvo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y de escasez...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos,...

...tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos,...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

-¿Ha visto algo?

Ni las nubes se mueven.

-Tome.

¿Y este rancho?

-Hemos recogido unas hierbas, pero saben a rayos.

Menos es nada.

¿Cómo están los compañeros?

-Regular.

Le han revisado la herida a Damián...

...y está más tranquilo, pero...

...la bala le rozó por encima de la oreja.

¿Y Julio?

(SUSPIRA) -Se ha bebido todo el agua ardiente...

...de la cantimplora y lleva horas durmiendo.

Su pierna tiene muy mala pinta y empieza a doler, por la gangrena.

Esa pierna tiene mala solución.

Si no se la amputan pronto, podría morir.

-Hace un rato me dijo que si nos vamos,...

...antes de marcharnos le pegáramos un tiro.

No le dejaremos.

Buscaremos un médico que le vea lo antes posible.

-No creo que ande mucho más.

Es un milagro que haya llegado hasta aquí.

Le ayudaremos, que descanse y luego seguiremos.

-Como mande.

Voy a descansar. Buena guardia.

(SUSPIRA)

Querido Antonio:

Hace meses que no sé nada de ti,...

...pero confío en que esta carta te llegará de un modo u otro.

Aquí en Madrid, la vida se hace más dura...

...a medida que pasan los meses.

Avión.

Los bombardeos no cesan y las noticias son confusas.

Los fascistas siguen atacando, pero no consiguen pasar.

Creo que eso es una buena señal.

Mientras Madrid siga siendo libre, la guerra no estará perdida.

El pequeño Liberto sigue creciendo.

Si lo vieras, no para de sonreír.

Le hablo mucho de ti.

De por qué estás lejos de nosotros luchando por nuestros ideales.

Me escucha con la boca abierta.

Y siento que, a pesar de su edad,...

Me comprende y te quiere.

Aunque apenas te conozca.

Es tan precioso y tan dulce...

...que a su lado todas las penas desaparecen.

Ayer, los aviones alemanes llegaron por sorpresa,...

...sin que sonaran las sirenas...

...y no tuve tiempo de alcanzar los refugios.

Una bomba cayó cerca de la plaza.

Explosión. ¡Ah!

Grito.

(El NIÑO LLORA)

No te inquietes. Los dos estamos bien.

Liberto sólo tiene una pequeña quemadura...

...que le ha dejado una marca, pero ni siquiera se queja.

Supongo que esto no es nada comparado con lo que estarás...

...pasando en el frente.

Pienso en ti cada día.

Cada minuto.

Y no dejo de soñar con el momento en que toda esta locura acabe...

Y volvamos a estar juntos los tres.

En paz y en libertad.

Querida Andrea:

Por fin me llegó tu carta.

Estoy bien, dentro de lo que cabe.

Las líneas del frente se han estabilizado,...

...pero ha habido muchas bajas y los refuerzos...

...son chavales que casi no pueden sostener un fusil.

En el fondo sabemos que estamos perdiendo la guerra.

Pero ninguno se atreve a decirlo.

Algunos abandonan las posiciones y se entregan al enemigo...

...en cuanto aparece.

Hay quien les disparan mientras huyen.

Nunca podría hacer algo así.

No seré yo quien les juzguen si se rinden.

El enemigo cada día parece más fuerte y mejor equipado.

Y todos estamos cansados de esta guerra inhumana.

Injusta.

Pero ten la seguridad de que, pase lo que pase,...

...cuando todo acabe,...

...aunque hayamos perdido,...

...con las fuerzas que me queden iré a buscaros a ti y al niño.

Juntos huiremos a algún lugar seguro.

-Sargento, vienen muchos por abajo. ¿Cuántos son?

-No sé, pero no podemos contenerlos.

(SUSPIRA) Tenemos que salir de aquí, deprisa.

Antes que nos vean.

(BALBUCEA)

-La radio lo acaba de anunciar.

Han entrado los Nacionales.

(BALBUCEA) Ya están aquí.

-¿Qué va a ser de nosotras?

Y de nuestro niño.

(BALBUCEA)

-Sí... sí.

No puedo creer que todo haya terminado.

-Ni yo.

Los fascistas están entrando por todas partes.

Lo peor es la gente, que sale a recibirlos como si fueran héroes.

¿Tú qué piensas hacer?

-Yo seguiré en mi puesto en el museo.

No he hecho nada malo, sólo proteger las obras.

Estoy obligado a dar la cara.

Pero tú debes marcharte con tu hijo.

Ahora que todavía estás a tiempo. No.

-Lo vuestro.

Gracias.

-Gracias.

-¿Has sabido algo de Antonio?

Nada.

Hace semanas que no recibo carta suya.

Y no dejo de pensar que algo malo le haya podido ocurrir.

-¿A Antonio? Antonio seguro que está bien.

No hay nadie en to'a la guerra sepa cuidar mejor de sí mismo.

Si es listo y valiente como un zorro.

¿Te he conta'o cuando me salvó la vida?

Muchas veces.

-Llevábamos días en una trinchera.

Con los fascistas a menos de 100 metros de nosotros.

Protegidos por un nido de ametralladoras.

Y recibimos la noticia de que pensaban atacar...

...al día siguiente,...

...para abrir una brecha justo en nuestras líneas.

Por donde estábamos.

-Marcelino, ve a ver si a Paloma le queda vino.

-Ahora voy, Padre.

Bueno, la orden era resistir hasta el último hombre.

Pero éramos 20 soldados y un sargento malherido.

Y entonces Antonio, Antonio se dio cuenta...

...que si nos quedábamos allí, nos matarían a todos.

Y nos convenció para que nos anticipáramos por sorpresa.

Y así lo hicimos.

Salimos corriendo como locos, disparando a vida o muerte.

Y no supieron reaccionar.

Las ametralladoras las volamos con granadas. Nos hicimos fuertes.

Y evitamos la penetración de sus tropas.

Yo fui el único herido.

Y por eso me mandaron a Madrid, que si no...

Pero a Antonio, a Antonio le nombraron sargento.

Y le dieron una medalla.

¿Sabes qué me dijo cuando se despidió de mí?

Que te dijera que pasara lo que pasara,...

...él cumpliría su promesa.

Y volvería sano y salvo junto a ti.

-Marcelino.

-Ya voy. Muchas gracias.

Seguro que tienes razón. -Estará bien.

Adiós.

-Andrea, no te hagas falsas ilusiones.

Si sigue vivo, le será imposible llegar a Madrid.

Llegará.

-Si lo intenta, lo matarán.

Claro, que...

Como están las cosas, lo más probable...

...es que esté huyendo hacia el norte.

Andrea, por favor, hazme caso. Vete con tu hijo.

Aún hay vías de escape.

Mira, intenta llegar a Francia.

Como están haciendo los que no se han rendido.

Sólo allí podrás reunirte con él.

No, Marcial. Mi marido me prometió que vendría a buscarnos.

Y sé que cumplirá con su palabra.

Mi hijo y yo nos quedaremos aquí a esperarle.

(RADIO) Las nuevas autoridades competentes instan al pueblo...

...de Madrid a celebrar la victoria del Movimiento Nacional...

...liderado por el caudillo Francisco Franco, a incorporarse...

...a sus puestos de trabajo y quehaceres habituales.

A quienes acaten este llamamiento de forma voluntaria,...

...y muy especialmente para los excombatientes,...

...no habrá represalias si se comprueba...

...que no han cometido delitos.

Por el contrario, quienes incumplan estas ordenanzas, seguirán...

...teniendo la consideración de enemigos de la Patria...

...y deberán atenerse a las peores consecuencias.

Para que... -Déjame escuchar, mujer.

-¿Pa' qué? -Pa' saber lo que tengo que hacer.

-Estás tonto o qué. -Soy un excombatiente.

Si me quedo, vendrán y me matarán.

-¿Esperas una medalla por entregarte?

Dicen que no van a tomar represalias, es mentira.

A los que se entreguen, igual les meten un tiro hoy mismo.

-¿Y qué hago?

Esconderte en un lugar seguro, en el sótano del bar...

...lo que sea hasta que se aclare. No se te ocurra entregarte.

-Paloma.

Paloma, ¿tienes fósforos? -Lo siento, Elpidia, no me quedan.

-Mira bien, aunque sea una caja empezada.

-Espera a ver.

Tenía por aquí un mechero de yesca que se dejó un cliente.

Aquí está.

Si te sirve... -Sí, tendrá que servir.

¿Cuánto vale?

-Con que me lo devuelvas, me conformo.

-Gracias, mañana mismo te lo devuelvo.

-Tranquila, que no hay prisa.

¿Quieres algo más? -No, gracias.

-¿Y si me caso? -¿Cómo?

-Es la solución, casarme.

-¿Con quién? -Con quién va a ser.

Con mi novia, Manolita.

Por la iglesia, como ella querría. -¿Y qué vas a arreglar?

-Si formo una familia cristiana y vienen a buscarme...

...me verán de otra forma y no me harán nada.

-No se me había ocurrido esa justificación para casarse.

-Pero Manolita está en el pueblo.

Y a ver lo que tardo en localizarla,...

...tengo que casarme ya.

-¿Y crees que ella querrá? Hace mucho que no os veis?

-Me quiere, en cuanto se lo diga, dice que sí.

Su padre, si nos casamos por la iglesia, como Dios manda,...

...no pondrá problema. Es la solución.

-Ojalá. ¿A por qué venías t?

-¿Eh? Ah, mi padre, que si tenías una botella de vino para el bar.

No hay nada. -¿Para celebrar la ocupación?

-No, mujer, que es que no hay nada. Ni café, ni vino, ni zarzaparrilla.

Vamos, nada. -A mí tampoco me queda casi nada.

¿Quieres algo más? -Entonces no me presento, ¿no?

-Ni loco, hazme caso. Hala.

Elpidia, ¿es necesario que lo quememos?

-Sí, ¿y el niño? Sigue dormido.

Esto es lo único que he encontrado,...

...el uniforme y el mono azul del sindicato.

-Me alegro de que hayas venido a vivir conmigo.

Creo que juntas estaremos más seguras.

Sí, yo también, Elpidia.

-Bajé a limpiar la casa de tus padres para que la vean bien.

Ojalá vuelvan pronto. Es lo mejor para todos.

¿Por qué, porque ganaron la guerra?

-Sí, hija. Yo comprendo que para ti será duro enfrentarte con ellos,...

...pero son buenos y te quieren con toda su alma.

Se van a preocupar de que no os pase nada.

Eso no depende de ellos, Elpidia. No.

-Piensa en algo más que nos pueda perjudicar.

Por muy pequeño que sea, pueden usarlo contra nosotros.

No se me ocurre nada.

-¡Las cartas de Antonio! ¿Dónde están?

Guardadas. -Tráelas.

No. No me pidas que me deshaga de ellas.

Es lo único que me queda de él.

-Está bien, hija.

-¿Dónde vas con eso?

-A la azotea, a quemarlo. Más vale prevenir que lamentar.

-Por esa regla de tres, nunca debió entrar esa bandera.

Las banderas para los cuarteles.

Elpidia, ponme algo de comer que tengo que volver a la fábrica.

-¿Estás loco? No vayas hasta que no se aclaren las cosas.

-Mal se aclararán si cada uno no hace su trabajo.

La fábrica debe seguir funcionando.

¿No te das cuenta de que allí no estás seguro?

Los fascistas sacan a los obreros de las fábricas y los fusilan.

-Déjate de historias.

Hay que hacer lo que hay que hacer.

Más sospechoso parezco si me quedo en casa mano sobre mano.

-¿Pero tú te crees que pensarán si eres...

...un buen trabajador?

-Sí. Los fascistas son el demonio y los republicanos...

...son unos angelitos.

Y así nos va ahora.

No entiendo de política ni me importa.

Sólo sé que mientras la gente iba a trabajar todos los días...

...y se ocupaba de sus asuntos, salíamos adelante.

¿Y ahora qué?

Mucha revolución, mucha libertad, pero llevamos años...

...esquivando bombas y pasando hambre.

¿Y para qué? Para nada.

No digas eso. No fue para nada.

Nuestra causa era justa. -La mía también lo es.

Y cuando vuelva D. Fabián, le diré con la cabeza bien alta...

...que cumplí con mi deber.

Esa es mi causa.

-Bien. Voy a ver qué te hago de comer.

-Sargento, pare un poco. Venga, no os detengáis.

-Llevamos horas andando. No podemos más.

Está bien. Reponed fuerzas un momento,...

...pero luego seguiremos hasta encontrar al batallón.

-¿Qué batallón? Al nuestro, soldado.

-No hay nadie con quien reunirse. Sí lo hay.

Tenemos que reorganizar las líneas.

-No hay líneas, ni ejército, ni nada.

Sólo hay cadáveres y enemigos.

Necesitamos volver a casa. Nos vamos a entregar.

¿Entregarnos a los fascistas?

-Nos haremos pasar por civiles.

¿Ves esta marca que llevas en el hombro? ¿La ves?

Es del retroceso de la culata.

Significa que has estado disparando contra ellos.

En cuanto te vean, te fusilarán.

(GRITA) ¿Lo comprendes?

Escuchad.

Yo también estoy cansado.

Yo también tengo miedo a morir.

También tengo una familia que me espera.

Pero la única posibilidad que tenemos de sobrevivir...

...es encontrar lo que queda de nuestras tropas.

Ahora, descansad. Pasaremos la noche aquí.

Mañana, seguiremos andando hasta encontrarlos.

Estén donde estén.

Cabrones.

(TARAREA)

-Buenos días. -¿En qué puedo atenderle?

-¿Tiene usted tela azul, azul oscuro?

-Yo no vendo de esas cosas. Apenas me quedan cosas que vender.

-Me habían dicho que por aquí, estaban distribuyendo esas piezas.

-¿Tela para hacer camisa de falangistas?

Pues lo siento, pero no, no vendo tela salvavidas.

-De todos modos, muchas gracias.

-Nada, que no logro localizar a Manolita.

Las líneas de teléfono apenas funcionan.

-Seguro que está bien. ¿Su padre no es de derechas?

-Sí. -Pues tranquilo.

Si le hubiera pasado algo, lo sabrías.

-¿Pero no lo entiendes? Que yo quiero casarme con ella.

Para eso, tengo que explicárselo y pedirle la mano a su padre.

Si no la localizo, mañana voy a su pueblo.

-¿Y cómo vas a ir?

Si está todo lleno de controles de los nacionales.

Para salir de Madrid, hace falta un salvoconducto.

¿Quién te lo dará?

-No sé, pero debo llegar hasta ella.

-Si te pillan, te condenan por prófugo.

Hazme caso, Marcelino. Estate quietecito en el bar.

Marcelino, ¿me estás escuchando?

-No... No es posible.

-¿Qué pasa? -¡Manolita, mi novia, que está ahí!

-¿Aquí? -Ahí. Mírala, es esa.

-Oye, ¿y por qué va de luto?

Os acompaño en el sentimiento. -Muchas gracias.

Lo siento. (AMBAS) Gracias.

-Manolita, llevo intentando localizarte desde ayer.

¿Qué haces aquí? -Hola.

Yo también intenté avisarte, pero fue imposible.

Esta es mi tía Carlota, la hermana de mi padre.

-¿Por qué vais de negro, qué ha pasado?

-Mi padre ha muerto.

-Lo han matado, claro. -No, se murió él solo.

De repente, pobrecito...

-¿Y cuándo? -La semana pasada.

Mi tía y yo hemos venido a resolver unos papeles de la herencia.

-Manolita, lo siento muchísimo.

Siento no haber estado contigo en momentos tan difíciles.

Aunque te quedes huérfana tú no tienes que preocuparte:

me tienes a mí. -Lo sé.

-Quería localizarte para decirte que no podemos seguir así...

Lo mejor es casarnos. -¿Casarte?

-Sí, yo no sabía nada de la desgracia.

Así Manolita no se queda sola y ya que estáis aquí, buscamos al cura..

-Pero es que Manolita no puede casarse.

-¿Y por qué no puede casarse Manolita?

-Por el luto de papá. -¿Y qué tiene que ver el luto?

-La tía Carlota dice que tenemos que llevar luto por papá un año.

Lo peor es que en ese tiempo, por respeto,...

...no me podrás ver, Marcelino, dice la tía Carlota que no saldré.

-¿Un año? Pero Manolita eso no es posible, no, tía Carlota.

Nosotros nos queremos, casémonos, si no me pasará algo malo.

-Si me quieres, me esperarás, como yo a ti y nos casaremos.

-Vamos, niña, vamos. -Pero Manolita...

-Adiós.

-Un año... hay que joderse.

-Lo primero el despacho, que no quede ni un papel...

...ni un pedido ni nada y bajamos al taller.

Nos aseguramos de que todos los compañeros estén fuera.

Hasta que no veamos que arda bien, no avisamos.

¿Entendido? -A mí me queda una duda...

Si no te importa.

¿Cómo puede alguien ser tan bestia para quemar el lugar donde trabaja?

-Trabajaba, a partir de ahora esta fábrica volverá a la explotación.

A no ser que alguien tenga lo que hay que tener y lo impida.

(IRÓNICO) -Qué buena idea, quemar la comida para no pasar hambre.

-Es mejor que volver a las órdenes de D. Fabián.

Mientras me suplicas que no te denuncie.

-¿Por qué? ¿Por seguir en mi puesto en la Guerra...

...guardando la fábrica y sin dejar de producir ni un día?

-Qué ingenuo eres.

Por gente como tú hemos perdido la Guerra.

-Así que habéis perdido.

Si no me falla la memoria, tú no has pegado un tiro.

-Porque estaba trabajando. -¡Pues sigue trabajando!

Ahora es cuando va a hacer falta, trae aquí eso.

Venga... para el tajo, que el trabajo no se hace solo.

¡Iros de un puñetera vez!

-Sí, anda, largaos, qué falta me hacéis...

¡Pero avisad a los compañeros de que vayan saliendo y rápido!

Y tú lo mismo...

Oye, que no tengo intención de matar a nadie.

Pero tampoco me pongas a prueba, lárgate ahora que tienes tiempo.

A tu edad ya no estás para correr.

-¡A mí no me toques, malnacido! -Pero ¿tú qué te crees?

¿Te crees que estoy de broma? -¡Suéltame!

-¡Te voy a matar, hijo de perra!

Voy a quemar la fábrica, pero contigo dentro.

-¡Por encima de mi cadáver!

-Bueno, pero ¿qué está pasando? Quietos, hombre...

-Esta mala bestia que quería quemar la fábrica.

-¡Maldito chivato!

Perros... eso es lo que sois, nada más que unos perros,...

...lamiendo las botas de vuestro amo.

-¡Lárgate de mi vista, desalmado!

-Arrieros somos, Pepe, y en el camino nos encontraremos.

-¿Estás bien, Pepe?

-Gracias por tu ayuda.

-¿Te has enfrentado a él tú solo? -¿Y qué querías que hiciese?

¿Dejarle que lo quemase todo?

-Don Fabián estaría orgulloso de ti.

Gente como tú es la que hace falta en la nueva España.

En fin, voy a esconder esto, antes de tener un disgusto.

-Están todos como cabras...

¿En qué locura hemos caído?

Hay que seguir en el trabajo...

Como si no hubiera pasado nada, hay que seguir en el trabajo.

-Quietecito ahí, ni un movimiento, vayan saliendo.

Pasos.

Vamos, rápido...

Ya te daremos tu merecido más tarde.

Cuando nos hayas contado lo que sabes sobre los cuadros.

-Están bien, lo tenemos archivado...

-¡Calla!

Tú eres un ladrón... y vas a tener tu merecido.

Andando y cuidadito con hacer alguna tontería.

¡Venga!

-¿José Ramírez vive aquí? -Sí... soy yo.

-Tiene que acompañarnos al a fábrica.

-Aquí están apuntados los nombres y domicilios...

...de todos los que han trabajado para la República.

¡Son republicanos! ¡Aquí, ayuda!

Disparos y gritos.

-Te estás despachando a gusto, ¿eh? Qué bien supiste disimular.

-Cállate. -Félix, toma, lleva esta carta...

...a la Srta. Andrea Robles.

Quiero que se la entregues en mano. -Porque saben dónde viven todos.

-Y tarde o temprano vendrán a buscarte.

Andrea... tienes que irte.

-Oye... Chis.

Tú eras soldado republicano, ¿no? -No, no...

-¿De verdad, hija?

Mira que si te has liado con uno de esos milicianos, me matas.

-Pregunto por Andrea Robles, creo que vive aquí.

-No, no, Andrea ya no vive aquí. -¿Ah, no?

-Cuando empezó la Guerra se fue y...

No ha vuelto por aquí.

Disparos. ¡Alto!

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  • T1 - Capítulo 6

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 6

05 oct 2005

Marzo de 1939. 

Han pasado 3 años desde que Antonio se marchó. Su hijo, Liberto, ya tiene 2 años y, él, sigue luchando en uno de los últimos reductos del Frente Republicano aunque, en el fondo, todos saben que están perdiendo la guerra. Mientras Andrea lee la última carta de Antonio, los nacionales entran en Madrid. A pesar de la ocupación está decidida a esperar a que Antonio vuelva a buscarla. Elpidia, siempre pendiente de ella y el niño, destruye pruebas de su implicación con la República. Pepe se enfrenta a Pedro para evitar que quemen la fábrica.

Mientras tanto, Marcelino se desespera por localizar a Manolita para casarse con ella y Andrea asiste horrorizada a la detención de Marcial y otros empleados del Museo del Prado.

Histórico de emisiones:

05/10/2005

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