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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

-Esta obra es de locos, el país todavía está en rodaje.

¿Y si se queda sin fondo...

...a mitad de camino? -Si les va a salir tirado.

No nuestros suministros, pero sí la mano de obra.

-Sí, los salarios son bajos.

De eso no podemos quejarnos. (RÍE) ¿Bajos?

Tirados, para Franco, tirados.

Va a emplear presos políticos como obreros.

-¡Joder, qué listo es el tío!

-La cárcel no es el lugar más apropiado para un crío.

Supongo que lo harían con su mejor intención.

¿Pero cómo puede usted decir eso?

¡Me lo han matado!

Y ahora han terminado con mi suegro.

¡Y también quieren acabar con mi marido!

Y yo ni siquiera puedo verle.

-¿Que no puedes verle? ¿Por qué?

Porque dicen que no soy su mujer.

Le pueden fusilar en cualquier momento y yo ni siquiera...

...puedo escribirle.

-Eh, un amigo. Otro que se va a forrar con nosotros.

-Hola, cariño.

¿Te has asustado con lo de las chicas repartidas?

-No. Yo no... -Que no, bobito.

Que os lo creéis todo, con lo listos que parecéis, oye.

Aún me queda una para ti. Y de las más dispuestas.

-Lamento decepcionarla, señorita, pero no necesito su...

..."distribución".

(RÍE) ¡Señorita!

-¿Qué se supone que es este sitio?

-¿Necesitas más datos?

-Si es lo que estoy pensando... Me marcho.

-¡Eh, tú!

¿Qué tienes ahí? -No tengo nada.

-¿Y esto qué es, eh?

¿Quién te ha dado esto?

-Estaba en el suelo. -Lo repetiré una vez:

¿Quién te lo ha dado? -Estaba en el suelo.

-Ahí acabará tu cuello, bajo mi bota.

¿Quién te lo ha dado? -Nadie, estaba ahí tirada.

-Ven con nosotros. Te vamos a refrescar la memoria.

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

-Adiós, hermosa.

Azúcar, ¿qué más?

-Ponme un kilo de lentejas, y un poco de esa panceta.

-Sí, está buenísima. Te va a encantar.

-Pero mira que te has puesto guapa hoy.

Seguro que vas luego de fiesta. -¿Yo?

-Anda, pero si te has puesto hecha un pincel.

-No hay que ir de fiesta para eso.

-En mi caso sí.

-Crees que voy a gastar un poco de carmín sin pensármelo.

-No sale tan caro arreglarse un poco.

-Para ti, que tienes ahí detrás muchas cosas para ponerse guapa.

-Ya estamos. Y aunque así fuera.

Si tuviera lo que dices. Que no lo tengo.

Y me lo echara encima sin venderlo ¿de que iba a vivir?

-Seguro que algo guardas para ti.

-Buenos días.

-Hola, buenos días.

-¿Qué quieres?

-No tengo prisa. Espero mi turno.

-Sólo faltaría... Si he llegado yo primero.

-Voy a tardar un poco con esta señora.

-No importa, espero.

-Lo siento, ¿sabes qué pasa?

Íbamos a la trastienda para enseñarle unas cosas,...

...aquí, a la señora. -¿A mí?

-Sí. Los productos de belleza que hablamos.

-Ah, pero... -¿Entonces qué es lo que...

...quieres?

-Nada. Tranquila.

Ya volveré en otro momento.

-Paloma, ¿qué es eso que no tienes y dices que me quieres enseñar?

-Ay, Valentina...

-¿Qué le habrán hecho? Darle hasta que confiese.

Estos sólo entienden de golpes.

-No os preocupéis.

Me responsabilizo de lo que pase.

Lo garantizo.

Lo siento, de verdad.

Es igual, ya está hecho. No le des más vueltas.

-Estábamos teniendo cuidado, como siempre.

Si hubiera sospechado que esto iba a pasar...

Cállate, Villegas.

¿Qué dices de la menor idea?

Estaba diciéndote que no pasaras la revista.

-¿Qué le han hecho?

-Hala, ahí le tenéis.

Mucho cuidado, que os estamos vigilando.

Si vuelvo a ver ese librillo de mierda os vais a arrepentir.

Os lo hago tragar.

-¿Respiras bien? ¿Respiras?

(JADEA) Sí...

Sí. -Venga, arriba.

-Estoy bien.

¡Qué se jodan!

No les he dicho nada.

No me han sacado nada.

Ni una palabra. -Pues te han dado a placer.

Los tienes bien puestos.

-Me pegaban, pero yo me acordaba de los chistes de Franco...

...que vienen en la revista.

Y no sentía el dolor.

-Eres la leche, tío.

-Para esto, tío.

Para esto sirve la revista. -¡Venga, vamos!

¡Todos a las celdas!

-¡Vamos, venga!

-Eh, tú no.

Tú vas a otro sitio.

-Adiós, hijo.

-Buenos días. -Buenos días.

¿Por qué arrastras los pies? -A mí no, nada.

Me voy a la escuela, no quiero perder ninguna clase.

Tengo que estudiar mucho. -Excelente. Muy bien, muy bien.

Aplícate, ¿eh?

Adiós, hijo.

Loreto, ¿qué le pasa a Sito?

Tiene prisa por llegar al colegio. No parece él.

¡Loreto, buenos días!

Te pregunto qué le pasa a Sito.

¿Me oyes bien o vamos al médico para que te revise los oídos?

-Te oigo perfectamente.

Pienso si tengo que darte explicaciones,...

...ya que tú no eres muy amigo de hacerlo.

-Si quieres que nos pasemos el día discutiendo no cuentes conmigo,...

...¿eh?

Me ha sorprendido ver a Sito tan dispuesto a ir al colegio.

No creo que llegue para montar el primer drama del día, ¿no?

-Muy bien.

¿Sabes lo que ha pasado? ¿Quieres saber lo que le ha pasado?

Ha llamado el padre Vicente porque no ha entregado...

...las notas firmadas. -¡Dios!

-¿Y sabes por qué?

Porque ha suspendido todas las asignaturas menos Dibujo.

-¡Pero bueno, este niño no tiene vergüenza!

Cuando le pille le voy a poner peras al cuarto.

¿Qué se ha creído, que puede engañarnos a todos?

-No sólo eso. El padre Vicente dice que en el recreo...

...le cuenta a sus amigos... historias de un sobrino muerto.

-Esto es intolerable.

-El padre Vicente cree que todo es producto de la mente de Sito.

Yo he tenido que mentir y decir que por supuesto.

-Este niño tiene peligro.

-Y cuando no sea el niño será la criada o cualquiera.

¿Crees que nadie se va a enterar de lo que pasó?

-Loreto, por favor.

-El niño...

...contándoselo a todo el mundo, poniéndote en evidencia.

Tú, por ahí con tus amigotes, hay que tener desahogo,...

...que se dice pronto. -¡Basta, Loreto!

-No sé quién es peor, si el niño o tú.

¿Qué digo? Tú.

Eres consciente de lo que haces.

Él es una criatura inocente, incapaz de hacer el menor daño.

Para eso hace falta ser un hombre como su padre.

-Se acabó, me marcho a la fábrica.

-Sí, recoge, recoge... Olvídate.

Vete, como si aquí no hubiera pasado nada.

Pero sí que ha pasado.

La memoria de nuestro nieto estará aquí presente mientras vivas.

Te lo juro.

-Aquí lo tiene, Padre.

-Gracias.

Hola, Antonio.

¿Te acuerdas de mí?

Usted es don José Enrique...

...el cura de los Robles.

-Bueno, sí, soy don José Enrique.

Pero no soy solamente el cura de los Robles.

Aspiro a ser algo más que eso si tú no tienes inconveniente.

He estado recorriendo la prisión con el capellán.

He tenido oportunidad de conocer cómo son las instalaciones...

...y las condiciones en las que vivís.

Ningún ser humano debería pasar por esto.

Me ha afectado mucho.

Te lo confieso.

Es sólo el primer día.

A los meses te acostumbras al frío, al hambre,...

...a las ratas, a los golpes de los guardias.

-No comprendo cómo alguien puede acostumbrarse a eso.

Muchos no lo consiguen...

...y mueren.

Es lo que hay.

¿Por qué se ha tomado la molestia de venir a verme?

-No ha sido ninguna molestia.

He venido porque tengo noticias de alguien que te interesa.

¿De Andrea?

¿Cómo está?

¿Le ha pasado algo? -No, no, no...

Andrea está muy bien de salud.

Pero comprenderás que de ánimo no tanto.

Andrea quiere que sepas, que se vuelve loca por verte.

Que ha intentado de todas formas conseguir una visita, pero...

...ha sido en vano. Lo sé,...

...esta gente no respeta nada, ni la familia.

Padre, dígale que la extraño, que pienso en ella siempre...

...y que sólo su recuerdo me mantiene en pie.

¿Se lo dirá? ¡Dígaselo!

-Sí, sí, sí. Se lo diré.

Tranquilízate, tranquilízate...

Se lo diré.

(SUSURRAN)

He venido para eso, hijo mío.

Para traerte... su palabra.

No sabe cuánto le agradezco lo que hace, Padre.

Es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

-Me alegra mucho saberlo. Muchas gracias.

Oye... Antonio. Yo tengo mucha amistad...

...con el capellán de la prisión.

Si quisieras confesarte o ayuda... Yo no quiero ofenderle, pero...

...yo no soy creyente.

Lo sé, lo sé...

Pero la situación en la que estás podría hacerte cambiar de opinión.

Quiero que sepas, que llegado el caso...

...encontrarás en él la ayuda que necesites.

(SUSURRA) También tienes que hablarle,...

...para responderle a Andrea.

Le entregas el mensaje, y él me lo dará a mí.

¿Por qué?

¿Por qué hace esto? Ayudarme así.

-Porque eres un ser humano que sufre.

Pero sobre todo,...

...porque quiero que comprendas una cosa,...

...que yo comprendí en el curso de la guerra.

Antes pensaba... que los rojos eran unos bárbaros desalmados.

Que lo único que querían era destruirnos.

Pero al convivir con ellos, comprendí que no siempre era así.

Eran seres humanos... con ideas distintas.

Yo quisiera demostrarte, que tampoco los curas...

...somos unos fanáticos.

-¡Don Fabián!

Buenos días. -Hola, Paloma.

No creo que nos convenga vernos. -Perdóneme.

Sólo quería dejarle la nota de lo que dejó pendiente...

...su señora el mes pasado.

No le entretengo. -Espera, Paloma, espera.

Lo... Lo de anoche...

...estuvo bien... Eso dijiste, ¿no?

-Dije...

Me ha gustado mucho, sí.

-A mí también.

Sólo que...

...no creo que sea algo que se deba repetir.

(ASIENTE) -Digo que no sería conveniente.

-No, no es conveniente, claro, don Fabián.

-Compréndeme...

Yo estoy casado y en mi situación...

-Lo comprendo perfectamente.

-Fue...

...muy agradable y...

-¿Y?

-Que a mí también me gustó mucho.

-Don Fabián, somos adultos.

Lo de anoche fue muy especial, pero...

...será mejor dejar que las cosas sigan su curso. ¿No?

-Eso haremos.

Bueno, se... Será mejor que me marche.

Suenan campanas.

-Claudio, entonces,...

...¿seguro que no han llamado del obispado?

-Que no, don José Enrique, se lo aseguro.

-Será posible.

Yo quería tener resuelto ya cuanto antes lo de este muchacho.

-Perdone que me entrometa.

Pero, ¿por qué va usted haciendo favores a los rojos?

-Si los hubieras visto allí, Claudio,...

...hacinados, malnutridos,...

...pasando frío y calamidades. No, no es que no piense...

...que a un preso halla que tratarle como a un huésped de lujo.

Pero aquello, sinceramente... clamaba al Cielo.

¡Había ratas como gatos!

-Pues yo ¿qué quiere que le diga, Padre?

Me cuesta sentir lástima por ellos.

-¡Pero, hombre de Dios, un poco de compasión! ¿O no?

-Pero, ¿no se acuerda, Padre, de lo que le hicieron a la Iglesia:

Las imágenes quemadas, las monjas violadas?

Eran salvajes sin compasión, eso es lo que eran.

Y ahora sufren el castigo que se merecen.

-Eso lo hicieron unos cuantos milicianos descontrolados.

Y además...

También los nacionales cometieron atrocidades...

...en las ciudades que ocuparon.

Sí, sí... Claudio. Los nacionales,...

...fusilaron a gente en las cunetas.

Y de los moros ya... ni hablemos.

-Pero es distinto. -Ah, ¿es distinto?

¿No violaban los moros?

Y el propio Franco...

¿No fusiló a un montón de curas vascos?

-Bueno, pero eran vascos.

-Curas, Claudio, curas.

Lo que es bueno para unos, es bueno para otros.

No se puede justificar el asesinato de ningún religioso,...

...ni el de ninguna otra persona.

Pero claro,...

La guerra es una explosión de violencia,...

...que arrastra a gente a cometer locuras.

-¿No te han castigado sin bajar por las notas?

-No, nunca me pasa nada.

Me han castigado sin campamento, pero es igual, no tengo ganas.

-¿Seguro que no?

-No, me he enterado de que allí hace mucho frío.

Además,... me han dicho que tengo que hacer el petate.

-¿Qué es el petate? -Donde se duerme.

-¿Se duerme en un petate? ¿Y cómo es?

-No lo sé, nunca he estado en ninguno.

Mi hermano dice que hay que hacerlo al levantarse.

Como una especie de cama.

-Yo me hago mi cama todos los días. -Yo no.

En mi casa las camas las hace Enar.

-A lo mejor, no te dejan llevarla. -Seguro que me dejan.

-¿Y cómo lo sabes, listo?

-Porque si das dinero, seguro que me dejan llevarla.

Si le das a la gente lo que les hace falta hacen lo que quieras.

-No tiene por qué. -Eso lo hace mi padre.

-Si no dejan llevar a las chachas,...

...pues no dejan y punto, por mucho dinero que des.

Venga, vamos a jugar al fútbol. ¿Qué equipo te pides?

-Eh... el Valladolid.

No, no, mejor. Con el Real Madrid.

-Bueno. -¿Y tú? Con el Atleti, seguro.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque siempre coges a Arancibia.

-Porque marca un montón de goles. -A mansalva.

Vámonos.

-Ellos son los que han perdido, así que se atengan...

...a las consecuencias.

-No me gusta oírte hablar así, Claudio.

Eso no fue lo que nos enseñó Jesús, no.

Jesús nos enseñó el perdón, y comenzó dando ejemplo...

...él mismo allí en la cruz.

Perdonó a los que le estaban matando.

-¿Pero se ha parado a pensar, Padre,...

...en lo que habría sido de nosotros si ellos...

...hubieran ganado la guerra, eh?

-Sí, me imagino que las circunstancias...

...serían idénticas.

Millares de seres, de pobres infelices hacinados en cárceles,...

...tratados allí como animales. -¿Lo ve?

Lo que yo le decía:

La diferencia es que los que estaríamos allí...

...seríamos nosotros. -Está bien, imagínate...

...que somos nosotros los que estamos allí.

La guerra se podría haber perdido.

Tú mismo lo pensaste en algún momento.

Bien, imagínate que somos nosotros los que estamos allí.

Hacinados en unas celdas diminutas, pasando hambre, sed,...

...durmiendo con bichos. ¿Te lo imaginas, eh?

¿Te lo imaginas? -Sí, sí.

-¿Y no te gustaría que en ese momento...

...apareciera una persona reclamando el perdón para todos?

El perdón y el olvido para poder seguir todos juntos.

¿Te mereces tú o cualquier otro ser humano...

...pasar por esas circunstancias?

Han perdido la guerra, es cierto;...

...pero la guerra la hicieron todos.

Y todos cometieron atrocidades, los vencedores y los vencidos.

Y una atrocidad, es siempre una atrocidad,...

...la cometa quién la cometa.

No te engañes, Claudio.

Haber vencido en una guerra no te limpia las manos de sangre.

Y están tan sucias las de unos, como las de otros.

Se oye un órgano.

Solamente... el perdón y la misericordia...

...pueden limpiárnoslas a todos.

-Voy... Voy a ver si ha venido mucha gente.

Teléfono.

Teléfono.

Teléfono.

-¿Sí? Dígame.

Ah, buenos días, señor Obispo. ¿Cómo se encuentra?

Sí. ¿Recibió usted mi mensaje?

Sí, comprendo lo extraño de la consulta;...

...pero, en cualquier caso, se trata del sagrado matrimonio.

Ajá.

Naturalmente, yo respondo por ellos.

Entonces, llegado el caso si siguiéramos adelante...

...no habría ninguna oposición por parte del obispado.

Oh... Muchísimas gracias, señor Obispo.

Y muchas gracias, también, en nombre de la familia.

Les va a hacer usted... muy felices.

Buenos días, señor Obispo. Muchas gracias.

En los momentos en el que el recuerdo de nuestro hijo...

...me tortura y me desgarra el corazón...

Cierro los ojos y te siento cerca,...

...diciéndome que seamos fuertes,...

...y que aún nos tenemos el uno al otro.

Siento que me acompañas y estás a mi lado.

Tu imagen,...

...tu mirada...

Estás ahí conmigo y noto tus manos.

Y el calor de tus besos como si estuviéramos juntos.

-¿No es sospechosa la ayuda de ese cura,...

...ahora de repente?

Ya te lo he dicho: Nos conoce y nos está ayudando.

Eso es todo.

-A mí me parece que está buscando algo.

Aún no lo sabes, pero verás como hay algo raro.

Si se la ha jugado trayéndome la carta.

Se ha ofrecido a llevarle mi respuesta a Andrea.

Por favor, Villegas... Es un buen tipo.

-Si va a resultar que te me vas a hacer creyente.

Déjame en paz, anda.

-Eso puede ser una trampa.

Una manera de ganarse tu confianza y enterarse de qué pasa aquí.

Mira, Villegas, creo que sé distinguir...

...cuando alguien me engaña. ¿De acuerdo?

-Hace un rato eras tú el que me pedías prudencia con la revista.

Y ahora, de repente, lo olvidas todo y te arriesgas a caer...

...en manos del enemigo.

Has hecho la revista porque es lo que querías.

¿Y por eso te la juegas, no?

Pues bien, yo quiero a mi mujer.

Y he decidido jugármela por ella.

¿No tengo yo también derecho?

Anselmo, pueden ejecutarme en cualquier momento.

Este cura me ofrece la oportunidad...

...de comunicarme con Andrea.

Puede ser la última.

Porque en unos días o, tal vez, en unas horas,...

...todo habrá acabado para mí.

(ACENTO INGLÉS) -Hallo! Mi nombre es Charles.

Estaba en las Brigadas Internacionales...

...y me acaban de trasladar aquí.

Podéis confiar en mí, y además os conviene:

Un tipo como yo seguro que os interesa.

Me he fugado ya tres veces.

Por eso me han traído a esta prisión.

Dicen que es la más segura. (RÍE)

Aunque yo no lo creo. I don't believe it.

Y se lo voy a demostrar.

Hello.

Hello. -Hi.

-Hola.

-Don José Enrique, ¿más café?

-Bueno, la verdad es que no acostumbro.

Pero este café está delicioso. -Verdad que sí.

Es gracias a Enar. A la pobre la tengo siempre...

...martirizada con el café. -Ajá.

Pero hoy, la verdad, es que yo no venía solamente...

...a merendar con ustedes. Cosa muy agradable siempre,...

...por otro lado.

No, hoy quería comentarles algo que creo que puede servir...

...para ayudar a su hija a levantar el ánimo.

-Diga usted, Padre. ¿Qué nos propone?

Haremos lo que sea. Cualquier cosa...

...para que vuelva a ser feliz.

¿Verdad, Fabián? -Sí, por supuesto.

Naturalmente, Padre. Estamos agradecidos...

...por intentar hacer que Andrea se sienta mejor.

-No tiene que agradecerme nada.

Mi deber como cristiano es ayudar a los que sufren.

Verán: su hija tuvo el infortunio de casarse por unas leyes...

...que la Santa Iglesia Católica no reconoce,...

...ni tampoco la legislación actual.

-Padre, le aseguro que hice todo lo que estuvo...

...en mis manos para intentar detenerla, pero...

-¡Fabián! Deja que se explique, por favor.

-Bien, como les decía, en las actuales circunstancias...

...de nada le sirve a Andrea sentirse la legítima esposa...

...de Antonio.

Las leyes del país ni siquiera les permiten...

...verse en la cárcel con regularidad.

De este modo, su hija, no puede compartir el dolor...

...con la persona a quién más ama. La única, en mi opinión,...

...que puede ayudarle a reencontrar un poco...

...de esa felicidad perdida de la que antes hablaba.

-Bueno, Padre, también en el seno de nuestra familia...

...hacemos todo lo posible para que Andrea se recupere, ¿eh?

-Sí, pero no es suficiente, Fabián.

Diga usted, Padre.

-Loreto, Fabián, creo que hay que darles...

...la oportunidad a Andrea y Antonio de que sean felices...

...como pareja ante los ojos de Dios.

-No comprendo.

-Lo que quiero decir, es que...

Casémosles en la cárcel. Según el sacramento...

...de la Santa Madre Iglesia, permitámosles ser...

...legítimamente felices.

-Creo que tiene usted razón, Padre.

-El amor que se profesan es extraordinario.

Sólo necesita estar bendecido por Dios.

¿Qué le parece la idea, Fabián?

-¿Qué me parece?

Me parece que los dos estáis completamente locos.

Pero bueno...

¿Es que aquí nadie quiere enterarse de la situación de Antonio?

Es un preso republicano condenado a muerte.

¿Quién querría casar a su hija con un sujeto así?

-Pero, Fabián, tú mismo lo has dicho. Él está condenado.

Y Andrea pronto volverá a estar sola.

-¡Hombre, y tan sola! Como que lo van a fusilar.

¿Y qué pasará?

Que será la viuda de un rojo.

¡Con el que, por si fuera poco, tuvo un hijo!

¿Es eso lo que quieres?

¿Cuál sería su futuro?

Mancillada de por vida.

Ningún hombre decente querría casarse con una viuda así.

-Está usted hablando de un futuro hipotético.

Lo que debería preocuparle es su felicidad actual.

-Yo lo que quiero es sacarla del pozo, Fabián.

Que deje de consumirse como se consume.

¿No te das cuenta?

Va a volverse loca y yo con ella. -¡Basta ya!

No quiero volver a hablar de este asunto nunca más.

Y que nadie diga nada de la felicidad.

Porque en este país, si los curas y las mujeres...

...mantuvieran la boca cerrada,...

...todos seríamos más felices.

Todos.

Bullicio.

-Me voy corriendo, que empieza la novela.

Y está interesantísima. -Oye...

Ayer no pude ver el final, me tuve que ir.

¿El marido está enamorado de ella? -Qué va, hija.

El policía que le persigue tienen razón: es malo.

-Oh. -Va por el dinero de ella.

Ayer, aprovechando que es ciega... -Sí.

-Va y se la tima con la sobrina.

Delante de ella, Paloma, delante de ella.

-Si ya lo decía yo. Tan gentil y servicial.

No puede ser trigo limpio. -Menudo es.

A su mujer yo creo que se la carga. -Oh.

-Bueno, guapa, que me voy. -Hale, Valentina, mañana más.

-Buenas.

¿Tienes algún casco para darme?

-Pues no sé.

Es que tendría que buscarlos, estoy agotada.

Anda, ya se los llevo a Marcelino, ¿eh?

-Pues bueno.

-Espera...

Que un trato es un trato.

Una cosa es que yo esté cansada y otra que te quedes sin tu paga.

En este bote había caramelos de menta y de limón.

El azúcar debe de estar de rico...

Hala... -Gracias, Paloma.

-No hay de qué, querubín.

-Entonces todos bien, ¿no? -Sí.

Sí, sí, muy bien.

Pero mi padre liado con la fábrica y mi madre dedicándose a la casa.

-¿Y a ti lo de la fábrica no te llama?

Es el negocio de tu familia. -Mi padre me insta a que aprenda...

...el oficio, pero prefiero dedicarme a mi carrera en la Falange.

-Hace mucho que terminó la guerra. (RÍE)

-¿No piensas sentar la cabeza? -Doña Pura...

Nuestra tarea no terminó con la pacificación.

Hay muchas cosas por hacer en España.

Mejoras sociales, educación, obras públicas...

-Pues hombre, sí.

Pero es una pena que no sigas los pasos de tu padre.

Aunque si a ti te gusta más lo otro...

(RÍE)

-Madre, pero está aquí Rodrigo y no me llama.

Hola.

-Hola. -Hija, le estaba saludando.

-Sí, hemos tenido una conversación muy interesante.

Estás muy bonita, si me permites que te lo diga.

-¡Anda no te lo va a permitir!

Esas cosas le alegran el oído a una.

-Madre, por favor...

¿Y cómo que has venido de visita?

¿Le ha pasado algo a Andrea? -No, está bien.

-Estupendo.

-El motivo de mi visita es cumplir la promesa que te hice el otro día.

Lo del teatro, ¿te acuerdas?

-Ay, sí, claro que me acuerdo. (RÍE)

-He comprado entradas para "Un marido de ida y vuelta".

Me he permitido comprar cuatro.

Una para usted y otra para mi hermana si...

Si les... apetece acompañarnos.

-Huy, hijo, qué bien, yo por mí encantada.

-Pues esta tarde las recojo, ¿le parece?

-No, madre, no diga usted qué bien.

No se sienta comprometida, si el teatro no le gusta.

-¿Cómo que no me gusta? -No.

-Si a mí el teatro me encanta. Las veces que su padre...

...me habrá llevado a teatro cuando éramos novios.

Es cierto que fuimos novios una barbaridad de tiempo.

(SUSURRA) Madre, por favor.

-"Hoy no te puedo llevar que se nos va el presupuesto en comedias."

(RÍEN)

Ay, qué comedias había entonces...

(RÍE) No, madre, se confunde.

Es una obra de teatro.

Lo que a usted le gusta es la zarzuela.

No le gusta. -Ah...

No es zarzuela. -No, no es una zarzuela.

-No es una zarzuela. Es una obra de Jardiel Poncela.

Estoy seguro de que le encantará. -Yo si no es zarzuela...

...me aburro mucho, ¿verdad, hija? -Sí.

-Bueno, pues entonces... nada.

-Claro que la pena sería perder la entrada, ¿no?

-Hombre la verdad, es una butaca muy buena.

-¿Y si hacemos una cosa? ¿Por qué no llamamos a Mario?

Es muy majo y es amigo de tu hermana y se ha...

-¿Mario? Genial.

-¿Pero no te importa? -Para nada. Me...

Me cae muy bien.

-Pues nada. Estupendo entonces. ¡Huy!

-Hija, no sé cómo puedes disfrutar esas farsas que ponen hoy en día.

-Ay, madre. No sabe la necesidad que tengo de un poquito de teatro.

(RADIO) "Ernesto sabía que no había marcha atrás.

El inspector Herranz le pisaba los talones.

Debía conseguir rápido el dinero de su esposa...

...si quería huir con Irene para siempre.

La decisión estaba tomada.

Mercedes se había quedado dormida en su sillón junto a la ventana.

Era el momento.

Ernesto se acercó a ella.

Sus manos rodearon el delicado cuello de su esposa.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

No sería fácil matar a quién antes le había confesado su amor.

A una mujer indefensa y ciega que no iba a verle el rostro.

Ernesto comenzó a temblar convulsivamente.

Un sudor frío le brotaba de las sienes.

Parecía a punto de abandonar su pérfido plan...

...cuando una horrible mueca de maldad se dibujó en su cara.

Sus manos como garras se ciñeron en torno al cuello de Merc..."

-Las cerillas...

Golpes.

-¿Quién anda ahí?

¡Quién anda ahí!

Maullidos.

¡Huy, zape! ¡Sal de ahí, hombre!

El jodío gato... El susto que me ha dado...

Llaman a la puerta. Hombre.

Hombre, se nos han pegado las sábanas, ¿eh?

-Perdona, hijo. Se me ha hecho un poco tarde.

-¿Qué harías anoche?

-Oh, he dormido mal. Me dieron las tantas hasta que caí.

-¿Por qué? Una mujer fuerte y sana como tú.

-Cosas mías, Justo. Preocupaciones que tiene una.

-En eso te doy la razón. Ni juventud, ni salud.

Cuando se tienen preocupaciones...

-Justo, ¿esta es mi caja? -Sí.

-Oye, de momento lo que te puedo traer.

-Uf, pues muchas gracias.

-De nada. Hasta otro día. -Hala.

-Puf, ¡qué mal huele!

-Es la sosa. Pero luego verás que jabón tan estupendo queda.

-¿Me dejas moverlo? -Lo muevo yo.

-Bueno, bueno. Primero uno, después otro.

-Entonces yo primero, que he traído la grasa.

-Si ella te va a dar jabón para que te lo lleves.

-Ángel tiene razón. Si no trae él la grasa, no hacemos jabón.

-Tú primero, y luego tú un poquito de tiempo más.

-Vale. -Pero a ver cuánto más.

-Que éste es un listo. -Pues un poquito más. Ten.

-Sigue mezclando y no metáis la mano en la sosa que quema.

Que os quedáis sin ella.

-Así no, al revés. -Bueno, déjame que estoy yo.

-¡Aaay! -¿Qué pasa ahora?

-¡Cómo escuece! -Trae aquí. Te lo he dicho.

Te lo he dicho, eso quema.

-Yo no he hecho nada. -¡Jo, qué no!

-Bueno, bueno. ¿Ya está bien? -Sí, gracias.

-Me recuerdas a Antonio, cuando estaba ahí como tú...

...haciendo jabón conmigo.

Ay, qué lástima que os hagáis mayores...

-¿Qué te pasa, Elpidia? -Nada, Sito.

-¿Se puede pasar?

La puerta está abierta. -Sí, don Mario, pase.

Estamos haciendo jabón y huele muy mal.

Llevaos eso a la azotea.

-Vamos.

-Pase, por favor, don Mario.

-No quisiera molestarla.

-Usted no molesta, por Dios.

Siéntese, siéntese. -Gracias.

Es que como le robo tanto tiempo con el papeleo.

Verá, le he traído más papeles para que me los firme.

A ver, son estos.

Es una nueva petición de indulto para Antonio.

Tiene usted que firmarme aquí y aquí.

-Don Mario. (ASIENTE)

-¿De verdad usted cree que...

...que esto sirve para algo?

-Mejor será esto, que no quedarse mano sobre mano a ver qué deciden.

-Claro, pero...

Como hemos echado tantas solicitudes y nadie contesta.

¿A cuánta gente le hemos pedido el indulto de Antonio?

-Hay que insistir, es la única manera.

-Sí, pero a los pobres nadie les hace caso.

-No diga usted eso, Elpidia.

Estos procesos son siempre lentos.

Esto pasa por muchas manos, el día menos pensado...

...llega a un mando más humano que los demás,...

...informa bien y le conceden el indulto. Esto es así.

-También cualquier día pueden fusilar a mi hijo.

-Por amor de Dios, Elpidia, no diga eso.

Usted tiene que tener fe por los dos.

Y confiar en que, el día menos pensado, lo tiene de vuelta.

Y ese día...

Todos estos malos tragos le parecerán sólo un mal sueño.

-No puedo...

Yo no puedo permitirme esos pensamientos.

Yo siempre me pongo en lo peor, y así,...

...si me llevo una sorpresa,...

...sólo puede ser buena.

Pobre Antonio,...

...está desesperado.

Ni le dejan ver a su mujer,...

...eso es lo único que piensa.

-Sí.

Ella también está con esa única idea en la cabeza.

-Claro, es natural.

Cuando uno lo pierde todo,...

...ya sólo le queda ahogarse en sus recuerdos.

-Mire, yo he hecho lo que he podido...

...para que la dejen visitarle, pero no he conseguido nada.

Es imposible que les dejen.

Yo, sinceramente, ya no sé qué hacer para ayudarles.

-Entonces, ¿llegan hoy los paquetes?

-No lo sé.

-Pero sí llegan muchos días, camiones con cosas, ¿no?

-Sí...

-¿Siempre vienen los mismos o cambian?

-No...

No le sabría decir.

-Ponnos un par de vinos más, Marcelino.

Oye, a ver si liquidas tus cuentas.

¿Crees que lo olvidé?

No, es que la cosa está floja,...

...y aún no lo tengo. Pero esta semana sí.

-Muy bien. Pero... ten cuidado.

El mes que viene no esperaré tanto, ¿eh?

Y por cierto, este vino no me gusta.

Mira, nos vas a traer un par de coñacs,...

...que te veo con ganas de invitar.

-Marcelino, te traigo más.

(SUSURRA) -Ten cuidado con Rafael.

No deja de preguntar a los vecinos por ti.

Que quién va a tu tienda, qué te llevan,...

...de parte de quién van.

-¿No lo ves?

¿Que no te puedes encerrar en casa?

¿No ves tu cara de lápiz?

Ay, perdona que no me ponga a cantar y bailar,...

...pero no veo motivos para ello. -Tranquila.

-Estamos peor que en guerra.

Antes no había esta escasez. -Pues no.

Decías que pasada la guerra iría mejor, y ya ves.

-No puedes ir como un cordero, porque te devoran.

Cada vez creo más, que con esta gente no puedes ser blando.

¿Sabes?

-¿Qué haces aquí? ¿Estás loca?

-Necesito tu ayuda,...

...ha pasado algo muy grave.

Te recuerdo que sigo sufriendo injusticias hoy en día.

Y no me llames agorera,...

...porque sois vosotros los inconscientes.

-¡Estoy muy sola, y muy asustada!

-¿Qué pasa? ¿Por qué tienes miedo?

No sé lo que me pasó.

De repente perdí el control, y me enfrenté a todos.

-Juro que a veces he pensado coger una pistola.

-Macho... empiezo a pensar que es por una mujer.

-Dígale, que soy el alférez Ayala,...

...que le ayudó a cruzar la frontera en el 36.

Y si no recuerda a quien le salvó la vida...

-Por desgracia, será imposible probarlo.

-Me temo que es su palabra contra la de él.

-¿Seguro que no tiene que ver con el estraperlo?

-Sé una manera de que puedas ver a Antonio.

¿Lo estás diciendo en serio? -Sí.

No te lo dije antes porque es algo especial, pero...

No estaba seguro de que te hiciera bien.

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 30

08 nov 2005

Después de hacer el amor, parece que Fabián ha encontrado en Paloma un alivio a sus agobiantes problemas matrimoniales, mientras que ella espera conseguir de él la protección que necesita contra el corrupto Rafael.

Mientras tanto, en la prisión, Antonio recibe la visita del padre José Enrique, que le entrega clandestinamente una carta de Andrea, y le informa de que podrá escribirla en secreto con la ayuda del capellán de la prisión. 

El padre José Enrique, después de ver en qué condiciones vive Antonio en la cárcel, y el sincero amor de Andrea por él, se arriesga a proponer a Fabián una solución drástica: volver a casar a Andrea con Antonio por la iglesia, de modo que al menos puedan verse.

Fabián se niega rotundamente, y prohíbe al cura y a su mujer que vuelvan a proponerle semejante cosa.

La de José Enrique no es la única visita inesperada que recibe Antonio: a la celda se incorpora ahora Charles, un preso de las Brigadas Internacionales con una amplia experiencia en fugas. Una experiencia que pretende seguir aumentando¿

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