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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 3 - ver ahora
Transcripción completa

-Me marcho fuera de Madrid.

Y hasta que yo vuelva, Rafael es el máximo responsable.

¿Entendido?

-Sí, señor. -Bien.

Confío en vosotros.

Sois parte de esto.

No dejéis que se venga abajo. ¿Eh?

-Yo os propongo que vayáis a buscar a don Fabián.

Que ha ido a esconderse a El Escorial.

Id a por él, dadle el paseo... ¡Y viva la libertad!

(TODOS) ¡Viva! ¡Viva la República!

(TODOS) ¡Viva!

Matrimonio... ¿Casados tú, José Enrique y yo?

-Un momento, un momento...

Podemos decir que... somos hermanos.

Pero de diferente padre.

Que mi padre murió y mi madre...

Ay, quite, quite no complique usted las cosas, padre.

Que las mentira muy embarulladas se pillan enseguida.

Son ustedes matrimonio y no se hable más.

¿Dónde está Andrea?

-¿Cómo? ¿Y a ti qué te importa dónde está mi hija?

Necesito hablar con ella. ¿Dónde está?

-¿Pero tú qué te has creído que eres?

-Fabián, por favor, déjalo ya.

Y tú, Antonio, ya está el pedido, pues ya te puedes ir.

Quiero ver a Andrea. -¡Vete!

-Antonio, ya te puedes marchar, por favor.

Antonio, te lo estoy pidiendo por favor.

Doña Loreto.

-¿Que dónde está mi hija? Jamás he visto descaro.

Este chico y yo vamos a acabar muy mal, pero que muy mal.

Antonio.

Andrea.

¿Dónde estabas? Llevo toda la tarde buscándote.

Estuve... -¡Pero estáis locos!

¿Cómo se os ocurre abrazaos así en mitad de la plaza?

¿Qué va a pasar, madre, qué va a pasar?

-Sois muy jóvenes.

No sabéis hasta dónde puede llegar la maldad de la gente.

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

¿Por qué está usted tan seria, madre?

-Nada, cosas mías.

No me gusta nada verla así.

Tan sería cuando yo estoy tan contento.

-Tus alegrías nos van a costar más de un disgusto, hijo.

¿Pero por qué me dice eso, madre?

-Pues tú dirás sino.

Primero, te echan de la fábrica.

Y ahora esa locura de Andrea.

De locura nada, al contrario.

-Locura, sí.

Primero faltándole al respeto a don Fabián.

Y luego besándote con Andrea delante de todos.

¿Pero no comprendes que no puede ser?

Ella es la hija del patrón y tú...

Un simple obrero, hijo de obreros. Ya lo sé.

Pero las cosas están cambiando.

-El mundo no se cambia de la noche a la mañana.

Si no mira tú, una guerra.

Ellos lo han querido, no nosotros.

No tienen que poder con la voluntad de un pueblo.

-¡Déjate de políticas, Antonio! Bueno...

-Sólo sé que desde las elecciones de febrero...

...las cosas han ido de mal en peor. Mira la fábrica.

¿Qué pasa con la fábrica? La fábrica ya no es de don Fabián.

¡España ya no es de los "donfabianes"!

Les guste o no a los generales de África.

-Esas ideas tuyas nos van a llevar a la ruina.

Pero digo yo que alguien tendrá que dirigir la fábrica, el país.

Y si no es don Fabián, será Rafael.

¿Qué, prefieres a "rafaeles"?

Ni los unos ni los otros, madre.

Será el pueblo quien decida su propio destino.

Puerta. ¡Antonio!

Abre, por favor. Antonio.

¿Qué pasa, Andrea, qué pasa?

Mi padre. Dice que no nos podemos quedar en Madrid más.

Que nos tenemos que ir a Salamanca.

-¿Salamanca? ¿No se iban a El Escorial?

¿Y cómo piensa cruzar el frente?

No lo sé. Sólo nos ha dicho que hagamos las maletas.

Tengo miedo, Antonio.

-Andrea.

¿Qué estás haciendo aquí?

Dice su hija que se marchan. Es un disparate, doña Loreto.

Estarían más seguros en Madrid.

-¿Seguros aquí?

La gente como Dios manda no está segura en esta ciudad.

Además, que nos quedemos o nos marchemos eso no es asunto tuyo.

-Doña, Loreto, si puedo ayudar en algo.

-No, gracias, Elpidia.

Si necesito algo te mando aviso con Sito.

Andrea, vámonos.

Pero madre, por favor... -¡Andrea!

Andrea, ¿es que has perdido la cabeza?

¿Se puede saber qué hacías abrazando así a Antonio?

¿A ti qué te parece, mamá?

-Creía que habías aprendido algo de tu encaprichamiento...

...con el profesor de dibujo. Y eso que él era de buena familia.

Pero Antonio...

No es ningún capricho, mamá.

¿Qué tiene de malo la familia de Antonio?

¿A caso no te parecen buenas personas Elpidia y su marido?

-Basta de tonterías. Las cosas son como son.

Y cada uno pertenece al lugar que le corresponde.

Ponerlo todo patas arriba como pretendéis los jóvenes ahora...

...sólo conduce a la anarquía.

Deja de hablar como papá.

No haces mas que repetir sus palabras.

-¡Loreto!

-A tu padre ni una palabra de Antonio.

-Ah, estáis aquí. ¿Dónde os habíais metido?

-Dándole instrucciones a Elpidia. -Mira quién ha llegado.

-¡Hijo! -¡Madre!

-¡Hijo mío, hijo...!

-Madre, basta de besuqueos que no hay tiempo.

Hola, hermanita. ¿Dónde has estado?

-Consiguiéndonos los salvoconductos y todo lo necesario...

...para pasar a la zona nacional.

No os dije nada porque cualquier error podía ser fatal.

-¿Y las maletas? -No tuvimos tiempo ni de respirar.

-Para luego, es tarde. Coger sólo lo imprescindible.

¿Pero cómo piensas sacarnos?

-Nuestra gente controla los pasos de Somosierra.

No sé por cuánto. Cuanto antes salgamos mejor.

-Ya habéis oído.

Hay que estar listos cuando vengan a buscarnos.

Coged solo lo necesario.

Venga, vamos. -Sí, Fabián.

-Están saqueando el país. Qué vergüenza.

Miliciano... Maleantes eso es lo que son.

Han abierto las cárceles y les han dado fusiles.

-Pero, mamá, ¿qué le ha dicho el director del banco?

Ha volado como cualquier persona con dos dedos de frente.

Y el subdirector me ha dicho que un grupo de milicianos...

...se ha llevado todas mis joyas. Sí, hijo, sí.

Que las han requisado en nombre de la República.

-Bueno, tranquilícese. Creo que tengo algo de dinero.

-Si queremos llegar a Suiza no nos basta con algo de dinero, Mario.

Necesitamos todo el que podamos.

-Yo me quedo.

-¿Qué dices? ¿Aquí en Madrid?

-En España, mamá.

En una zona segura. No pienso abandonar el país ahora.

-¿Pero por qué?

-Porque tarde o temprano reinará la calma.

Y alguien tendrá que reconstruir todo lo que ahora se desmorone.

Lo he pensado muy bien, madre. Mi sitio está aquí.

Una morena y una rubia...

(RÍE)

Hijas del pueblo... de Madrid.

(RÍE)

-Lo que faltaba.

-¿Tan mal lo hago, mujer?

Yo creo que no desafino tanto como aquella tiple, ¿cómo se llamaba?

Eh... bueno, qué más da.

¿Sabéis lo que dijo de sus dotes artísticas un afamado crítico?

En cuanto a Fulanita de Futanes...

Ni canta, ni baila... ni falta que le hace.

-Apestas a vino barato.

-De vino nada, Eulalia, cuidado. Auténtico scotch.

Gentileza de mi buen amigo el corresponsal del "News Chronical".

-Me da igual, apestas.

¿Es que ni en un momento como este vas a mantener la calma?

¿Por qué me casaría con un fantoche como tú?

-¿Un fantoche yo?

-Tengamos la fiesta en paz. Siéntese, padre. Le traeré un café.

-No, no quiero café, quiero un coñac.

Y no te preocupes por tu madre, verás cómo retira sus palabras.

-Tú hijo y yo devanándonos los sesos para intentar salir...

...de este infierno y a ti sólo se te ocurre emborracharte.

-¿Y qué? ¿Cómo pensáis escapar de este infierno?

-Ya le he dicho a mamá que tengo algo de dinero.

-¿Cuánto dinero? -Algunos miles de pesetas.

-¿Dinero de la República?

¿Y quién va a querer dinero de la zona roja?

¿Creéis que en Suiza os servirá de algo?

-Para eso necesitábamos mis joyas. Pero ahora no tenemos nada, ¡nada!

-¿Seguro?

-¿Y eso qué es?

-Los ahorros de mi amigo el corresponsal.

Arthur, se llama Arthur.

Su gusto por el scotch es excelente.

Pero me temo que su destreza en el noble arte del póquer...

Deja mucho que desear.

-Son dólares, dólares americanos.

-Dólares...

-Tu malísimo fantoche no ha perdido una mano en toda la partida.

-Retiro lo dicho, Javier.

Eres el hombre más maravilloso del mundo.

-Yo también te quiero, Eulalia.

-Trae.

(RÍE)

-¿Qué te dije? Ni canto, ni bailo, ni falta que me hace.

Me merezco un coñac. ¿O no?

-Tú eres un mujer, Paloma. A la vista está.

Bueno, y tan a la vista.

Y como mujer que eres me darás la razón.

-No, si yo te la doy de mil amores, Marcelino.

Pero a quien tienes que convencer es a tu novia.

-Pero si Manolita está más que convencida. El problema es...

...su padre, el alcalde. Esa es harina de otro costal.

Ponme un chato, Marcelino. O no, un orujo mejor.

-Buenas. Menuda cara traemos.

El padre de Andrea.

Que se quiere llevar a toda su familia lejos de Madrid.

-Andrea, ¡atiza!

Esta cara larga de hoy explica la cara de Pascua de ayer. Andrea.

-Para pasarte las horas detrás del mostrador...

...te enteras de bien poco.

-¿Y ella te corresponde?

¿Y ahora de qué me sirve?

-¿Don Fabián lo sabe?

Por eso se van. No.

Huye como huyen todos los explotadores. Tiene miedo.

Si además supiera que Andrea y yo nos queremos, huiría más rápido.

-Almas gemelas, tú y yo somos almas gemelas.

Nos enfrentamos a la incomprensión de padres opresores.

Corren malos tiempos para los enamorados.

-Corren malos tiempos, punto.

Marcelino, tú puedes ir a ver a Manolita siempre que quieras.

A Andrea y a mí nos va a separar un frente de guerra.

-Cásate con ella.

¿Casarme?

-Aún vivimos en la República.

La mujer no ha de guardar débito de obediencia al padre.

Si Andrea es la mujer de tu vida, si la quieres de verdad, cásate.

Claro que la quiero de verdad.

Pero se van hoy mismo. ¿Qué quieres que haga?

Como no nos case Marcelino. Y no creo que ni en tiempo...

...de guerra un tabernero puede celebrar bodas.

-Los taberneros no. Pero tengo una idea.

-Todo va a salir bien, ya verás.

No tengas miedo. ¿Quién tiene miedo?

¿Cuándo vais a dejar de tratarme como si fuera una niña?

-Y si no es miedo, ¿a qué viene ese ceño fruncido?

Madrid no va tardar en caer. Quedarse aquí es muy peligroso.

En cuanto los nuestros instauren el poder podremos volver a casa.

Los vuestros. -¿Qué?

¿Qué has dicho?

No puedo estar favor de los que pretenden ganar a tiros...

...lo que no ganaron en la urnas.

-¿Qué manera de hablar es esa? ¿Quién te ha metido esas ideas?

Yo pienso por mí misma, Rodrigo.

Oigo y veo lo que pasa a mi alrededor.

Y saco mis propias conclusiones.

Y esta claro que no coinciden con las tuyas.

Ni con las de papá.

-¿Ha sido Antonio?

No intentes negarlo.

El otro día te vi con él en la bicicleta.

¿No te das cuenta de que te está poniendo en contra de tu familia?

Hace unos días una persona me dijo unas palabras...

...que se me han quedado grabadas en la memoria.

Me dijo que un mundo libre, hombres y mujeres son dueños...

...de sus actos y de sus decisiones.

Y así es el mundo en el que me gustaría vivir, Rodrigo.

-¿Eso te ha dicho Antonio?

No, no fue Antonio. -¿Y quién ha sido? ¿Eh?

¿Algún agitador?

¿Algún intelectual?

Fue un hombre que amaba la belleza por encima de todas las cosas.

Un hombre al que una bala disparada por alguno de los tuyos...

...le arrebató todos sus sueños.

Timbre. -No abras a ningún desconocido.

Andrea, tenemos que hablar.

Rodrigo, por favor, déjame despedirme de él.

Te lo pido por favor. Te lo ruego, Rodrigo...

Rodrigo.

-Que sea rápido.

¡Amor!

¿Recuerdas lo que dijimos la otra noche?

No permitiremos que haya diferencias entre nosotros.

¿Recuerdas?

Iguales. Iguales.

¿De verdad crees que eso es posible?

Depende de nosotros.

Ojalá estuviera en nuestras manos. Pero no estamos solos.

Pero estamos juntos, Andrea. Juntos somos más fuertes.

Te olvidas de los planes de mi padre.

No, no me olvido.

¿Estás segura de quererme, Andrea?

Sabes bien que sí.

Igual que yo sé que tú me quieres a mí.

No me cabe ninguna duda.

¿Necesitas que te lo diga?

No, a mí no, al mundo.

¿Quieres que lo grite a los cuatro vientos?

Aquí no, tonta.

¿En dónde?

¿Quieres casarte conmigo, Andrea?

¿Ser mi compañera el resto de nuestras vidas?

Juntos para siempre.

Pero tú familia nunca va darnos su bendición.

Nunca.

No necesitamos la bendición de nadie.

Te cuento por el camino. Vamos.

Timbre.

-Muy buenas tardes tenga usted, señorita.

-Hola, buenas tardes. ¿Podría hablar con Mario, por favor?

-Claro, pase, pase. -Gracias.

-Papá, ¿han llamado a la puerta? -Sí.

Esta bella sirena a varado en nuestra orilla y pregunta por ti.

¿Puedo ofrecerle un dedito de brandy, señorita...?

-Consuelo. No, no, se lo agradezco. No tengo sed.

-Consuelo.

Por favor, felicite a sus progenitores por el buen tino...

...demostrado en la pila bautismal.

En efecto, su sola presencia proporciona alivio al espíritu...

...a los que tienen la fortuna de disfrutar del privilegio...

...de su compañía.

-Papá, ya me encargo de la visita. Gracias.

-Ah, comprendo, tres son multitud.

Consuelo, a sus pies.

-Igualmente. Buenas tardes. -Buenas tardes. Sí, sí.

-Perdónale. Le ha dado parlanchina.

Es que ha ganado a las cartas y no ocurre muy a menudo.

-No, perdóname a mí. No quería presentarme así de sopetón.

-No, me alegro de que hayas venido. ¿Quieres tomar algo menos fuerte?

-No, gracias. Además no quiero entretenerte.

-Sí, mis padres se van fuera hasta que se calmen las cosas.

-Vaya. ¿Y no te vas con ellos?

-Yo no me iré tan lejos.

-¿Y eso?

-Hasta hace un tiempo no había nada que me atara a esta ciudad.

Y luego... mi hermano me presentó a unas amigas y todo cambió.

-¿Ah, sí? -Sí.

Al principio no supe interpretar muy bien mis sentimientos.

Era algo nuevo para mí.

Y es que han pasado tantas cosas en tan poco tiempo.

Cosas buenas, sí, pero también cosas terribles.

-Es que claro, la muerte de Eduardo nos ha destrozado a todos.

Y bueno, siendo tu hermano, es alguien muy especial, lo entiendo.

-Sí. Y a pesar de nuestras diferencias estábamos muy unidos.

Por eso he querido esperar para hablar de mis sentimientos.

-No, claro, lo comprendo perfectamente.

-Y por otro lado, en estos tiempos uno no sabe...

...qué le va a ocurrir en el minuto siguiente.

-Pues sí, es verdad.

-¿Me vas a ayudar? Porque...

Yo no tengo mucha experiencia en estas lides.

-Bueno, yo... tampoco tengo mucha experiencia.

-Bueno, pero tú eres la mejor amiga de Andrea.

-Andrea...

-Sí, sí, ya lo sé. Andrea sentía algo por Eduardo.

Y Eduardo también. Por eso yo no me quise entrometer.

¿Cuánto crees que debería esperar para hablar con ella?

-Ni idea.

-Estas cosas no se hacen así, por Dios.

No, no se puede improvisar.

-Ya. Pero es una situación excepcional.

Que requiere una solución excepcional en estos momentos...

...excepcionales que vivimos.

-Excepcional, excepcional.

A ver, ¿qué es lo que hace de este un caso tan excepcional?

Si se puede saber.

-Mi amigo Antonio se va esta noche a la zona nacional.

Él es un patriota.

-Patriota. -Sí. Quiere combatir junto...

...a los sublevados junto a la gloriosa cruzada.

-Eh... ¡No me digas! -Sí.

Qué valiente es. Está dispuesto a derramar hasta la última gota...

...de su sangre por sus ideas.

Pero antes, y ahí es donde entra usted, cumplir su máxima ilusión.

Casarse con el amor de su vida.

-Y... digo yo, ¿en este caso no sería mejor un cura?

-Un cura. Es que hay un problema.

-Un problema.

¿Y... qué problema?

-Perdónala, Señor.

Ella no está bautizada.

-¡Cómo! -Sus padres que son muy rojos.

Ya me entiende, unos ateos. Y...

Bueno, ella está deseando abrazar la fe católica.

Pero claro, con la que está cayendo.

-Pobrecilla. -Ya, ya le he dicho que es...

...una situación excepcional.

Y dadas las circunstancias, todas sus esperanzas pasan por usted.

-Pues sí que es excepcional, sí.

Y yo que pensaba que tú eras más bien de izquierdas.

-¡Rojo yo! No, no, yo voté a la CEDA, como usted.

-Ah.

Bueno. Estas cosas las hace normalmente el juez de paz.

-Ya.

Pero dadas las excepcionales circunstancias...

Dile a tu amigo que les casaré inmediatamente.

¿Qué, le has convencido?

-No ha sido fácil. He tenido que doblar un poco la historia.

Luego os cuento.

-Consuelo, ¿qué te pasa?

-Que estás enamorado de Andrea.

-Sí, bueno, ya te he dicho que al principio no supe interpretar...

...mis sentimientos. Pero sí, creo que me enamoré en cuanto la vi.

-Es que... No sé, me siento tan...

Me siento tan tonta.

-No, Consuelo, no digas eso, por favor.

Sí, ya sé que tú y yo... Bueno, en fin...

Vamos a ver, tú pudiste pensar que nosotros...

Pero yo nunca te he dicho nada que pudiera llevarte a engaño.

-No, no, de verdad que no. La culpa no es tuya, Mario.

-Consuelo tú eres una mujer maravillosa.

-Sí.

Pero amas a Andrea.

¿Qué piensas hacer?

-Yo me iré de Madrid.

Ella también se irá con sus padres tarde o temprano.

No hay que forzar la situación.

No creo que sea el momento de plantearle nada.

La muerte de Eduardo está muy reciente.

La guerra es un hecho. Pero bueno, espero que cuando volvamos...

...y la guerra termine ella pueda considerarse mi oferta.

-Pues yo no contaría con eso.

Pase lo que pase o gane quien gane la guerra,...

...no creo que Andrea esté a la vuelta esperándote.

-No crees que... ¿Cómo estás tan segura?

-No puedo decirte nada más.

Pero si de verdad crees que soy una mujer maravillosa...

Quiero que sepas que...

Que cuando vuelvas y Andrea te rechace...

-Pero es que no entiendo por qué dices eso.

¿Sabes algo más? -No, y no importa lo que yo sepa.

Las cosas están cambiando mucho y muy deprisa.

-Vamos a ver. Andrea es una chica muy seria, equilibrada.

Ha sufrido un duro golpe. Estoy de acuerdo, sí.

Y entiendo que esté confusa.

-No. El que está confuso eres tú, Mario.

Qué poco conoces a Andrea.

Cuando algo o alguien se le mete en la cabeza...

Nada ni nadie puede hacerle cambiar.

Quiero que recuerdes esto, Mario.

Mi corazón va a seguir libre para ti.

Y yo si te voy a seguir esperando siempre.

Siempre.

-En tiempos revueltos como los que vivimos,...

...es para mí un gran honor...

...dar fe del amor de dos jóvenes valientes como vosotros.

Antonio y Andrea están aquí, delante de nosotros...

...y no delante de un sacerdote como su voluntad pedía,...

...porque los padres de esta angelical criatura...

...pretendían arrastrarla con ellos hacia el infierno de su paganía.

Pero este joven patriota... -Andrea y Antonio.

¿Qué le has contado? -¿Tú quieres casarte o no?

Pues síguele la corriente.

-Que caracterizan a esta gran nación que es España.

-¡Así se habla!

-Bueno.

Andrea Robles, ¿quieres por esposo a Antonio Ramírez,...

...en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza...

...hasta que la muerte os separe? Sí, quiero.

-Antonio Ramírez,...

...¿quieres por esposa A Andrea Robles,...

...en la salud y en la enfermedad,...

...en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte os separe?

Sí, quiero.

-Los anillos.

-Los anillos. Yo no tengo anillos.

Los anillos, claro. Eh...

-La de mi difunto y la mía.

Si no os importan de segunda mano. (AMBOS) Gracias.

-Bien. Con la autoridad que me otorga...

...el gobierno de la República,...

...yo os declaro marido y mujer.

Enhorabuena, hijos míos. Ahora sólo tenéis que firmar aquí.

Vosotros y los testigos. Y ya el matrimonio será oficial.

-¡Qué oratoria la suya, señor alcalde, el vello de punta!

Me ha recordado usted a don Gil Robles.

-No exageres, Marcelino.

Aunque no eres el primero que me lo dice.

-No, si no exagero.

Oiga, y ya que estamos, ¿qué le parece si aprovechamos...

...y nos casa usted a Manolita y a mí también?

-¿Pero qué dices? -Sí, a Manolita y a mí.

Ya sabe lo que dicen, que una boda lleva a otra y...

Yo quiero mucho a su hija, señor alcalde.

¿Puedo llamarle papá?

¿Puedo llamarle papá?

-La votación es un mero trámite.

Con don Fabián en El Escorial y la fábrica socializada,...

...yo soy el candidato ideal para llevar el timón en este rumbo.

-¿Y qué quieres de mí?

-Que seas mi lugarteniente. Mi mano derecha, mi hombre de confianza.

Tú conoces mejor que nadie el día a día y te respetan.

-No lo sé, Rafael. Me gustaría saber qué piensa don Fabián.

-¿Y don Fabián? Olvídate de él. Pepe, ese hombre ya es historia.

El futuro de la fábrica pasa por mis manos.

Únete a mi equipo, es el equipo ganador.

-¿Y qué tengo que hacer? -Venir conmigo a la asamblea.

Y en cuanto los obreros me elijan como el nuevo director,...

...tú estarás a mi lado.

Golpes. -Voy.

Hola, Sito, ¿qué quieres? -Mi madre dice que vayas.

Quiere que te quedes con las llaves para cuidar de la casa.

-¿Ya os vais? -En cuanto llegue mi hermana.

-¿Andrea? ¿Y dónde ha ido? -Ni idea.

Creo que ha sido capturado por mil malvados infieles...

...y la estarán torturando en algún sótano.

-¡No digas barbaridades! Anda, vamos, vamos.

-¿Entonces? ¿Qué me dices?

(REZAN EN VOZ BAJA)

Una puerta se cierra.

-¡Huy, perdón! Lo siento.

-No te preocupes, Consuelo, ya hemos terminado.

-Cuenta, cuenta, ¿qué tal está todo?

-¿Qué tal... qué tal el qué? -Qué va a ser. El convento.

¿Cómo lo has encontrado?

-¿El convento? -¿No venías de allí, chiquilla?

-No, sí... el convento bien.

-¿Han profanado la capilla?

¡Ay, seguro que se lo han llevado todo!

-Sor Rosa, deje que cuente lo que ha visto.

-Vamos, Consuelo, dinos de una vez qué ha pasado.

-¡No puedo, madre, lo siento!

-Déjela. Ahora es mejor que esté sola.

-¡Qué no habrá visto la pobre criatura!

¡Ni pensar quiero lo que esos salvajes sacrílegos habrán hecho!

-Elpidia, te dejo las llaves de casa y la del aparador grande,...

...donde guardo la cubertería de plata.

No puedo llevármela ni dejarla en la caja fuerte.

-Pierda cuidado, doña Loreto. Le cuidaré la casa para que,...

...cuando regrese, encuentre como lo dejó.

-Que Dios te oiga.

-Madre, ¿ha vuelto ya? -No, hijo, todavía no.

-¿Dónde se habrá metido esa niña? Quién la ha visto por última vez.

-Madre, el aviso son tres llamadas. Cuando suenen, tenemos que bajar.

Estemos los que estemos. Si no, se van.

-¡Maldita cría! ¿Dónde está Sito?

¡Sito, Sito!

Sito, qué haces ahí. Coge ese maletín, venga.

¡Ay, Andrea, Andrea, por Dios! ¿Dónde se habrá metido?

-Me llamo Aníbal, papá, es mi nueva identidad.

-Enano, te sigues llamando Sito, ¿entendido?

-¡No hay derecho, quiero un nombre nuevo!

-¿Tienen sus pasaportes? Recuerden sus nuevas identidades.

Si hay un control, no podemos levantar sospechas.

-Papá es Ignacio Puerta y mamá Julia Olivares.

-Muy bien, hijo. -Y tú, Alfonso Puerta Olivares.

Y nosotros te llamamos Sito.

-Prefiero Aníbal. -¡Que te calles de una vez!

-¡Esto es una locura!

El teléfono suena tres veces.

-¡La señal secreta!

-Padre, vámonos. Rápido.

-¿Y Andrea? -¿Dónde estará nuestra hija?

-Hijo, espera. El Sagrado Corazón.

-Venga, nos tenemos que marchar. -Espera un segundo.

-¿No podríamos esperar un poco? -No, don Fabián.

-Mira, ahí viene. ¡Sube al coche inmediatamente!

Ya hablaremos tú y yo luego.

-Menos mal que has venido, cariño.

Yo me quedo.

-Venga, hermana, no digas tonterías y sube al coche.

Andrea se queda.

-Sube al coche, soy tu padre. Y yo su marido.

-¿Pero qué estás diciendo? Lo que oye, madre.

Nos casamos por lo civil.

-¡Rodrigo, no podemos esperar más!

-¡Andrea, por Dios, Andrea!

Me quedo con mi marido.

¡Lo siento, mamá! ¡Lo siento!

-¡Hija! ¡Te quiero! ¡Lo siento!

-¡Rojo de mierda! -No, no, no pierdas el tiempo.

Es su decisión. Ella sabrá lo que hace.

Loreto, todo el mundo al coche.

¡No, por favor, mamá, quédate! ¡No! -Loreto, vamos.

¡No te vayas, mamá, por favor!

-¡Hija! ¡Por favor, por favor!

¡No, mamá!

-Andrea, por favor... ¡Mamá!

¡Te quiero, mamá!

¡Mamá, por favor! -¡Andrea, mi niña...!

Te quiero, mamá.

¡No, por favor, mamá! ¡Mamá, por favor, no te vayas!

No...

-Pedro.

-¡Viva la clase obrera! (TODOS) ¡Viva!

-Don Fabián volverá.

-Lo sé. Y se lo he dicho a los chicos.

-Y con memoria. Y recordará no sólo que le robamos la hija.

También que tuvo que despedir a Antonio por alborotador.

No nos lo va a perdonar nunca.

Explosión.

Madrid va a aguantar.

Pronto volverán a la casa. Todos.

Explosión.

¡Antonio, pero...! -¿Pero qué barbaridad habéis hecho?

Lo que debíamos. -¿Barbaridad?

¿Así es cómo reciben a los soldados las mujeres de Madrid?

¿Pero estáis locos? Y qué queríais que hiciéramos.

-¿Meternos en madrigueras? Cállate, Marcelino.

  • T1 - Capítulo 3

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 3

30 sep 2005

Para angustia de Andrea la huída de su familia es un hecho. Rodrigo ha conseguido salvoconductos para pasar a la zona nacional. Alguien irá a buscarles y solo les queda tiempo para coger lo imprescindible. Los Ayala también están decididos a marcharse a Suiza, pero, en el último momento, Mario, comunica a su madre que no piensa abandonar el país ahora. Según él, tarde o temprano volverá a reinar la calma y alguien tendrá que trabajar para reconstruir lo que ahora se desmorona. Solo Consuelo conocerá el verdadero motivo de su decisión. Antonio se lamenta en el bar de Marcelino: un frente de guerra va a separarle de Andrea y no sabe como evitarlo. Paloma le dice que solo tiene una solución: casarse con ella.

Histórico de emisiones:

30/09/2005

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