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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

Cada minuto que pasa me acuerdo más de ellos.

Pero les ahorraría disgustos si me mataran de una vez.

Al menos tendrían un sitio donde ir a visitarme,...

...aunque fuera al cementerio.

-Una mujer que casi ha criado a tus hijos ha enterrado...

...a su marido y sólo debiste ir a darle un abrazo y unas palabras.

-¡Basta ya! Me voy a la fábrica.

Ni en mi casa puedo trabajar tranquilo.

-Darle la espalda a los problemas no hace que desaparezcan...

...en el aire.

Piénsalo, Fabián. Tu actitud casi nos cuesta perder...

...a nuestra hija Andrea. Por no hablar de nuestro matrimonio.

Bueno, de lo que queda de él.

-Loreto,...

...el pilar de la familia es la unión entre hombre y mujer.

Si de verdad aprecias a tus hijos,...

...debes reconstruir ese sagrado vínculo.

¿Lo harás?

-Lo intentaré, padre. Lo intentaré.

-Pero ¿tú qué coño quieres? ¿Que Franco indulte a todos?

-Pues no estaría mal. Él ya ha ganado su guerra.

-Tan difícil es ganar la guerra como administrar la victoria.

-Pues díselo a Elpidia.

-Antes de la guerra pensamos que esto iba a acabar por fin.

-No.

No fuimos ingenuos. Necesitábamos creer,...

...pero como siempre han pisoteado nuestros sueños.

¿Libre? -Sí. Libre.

Para el nuevo gobierno tu matrimonio fue una farsa.

Eres una mujer libre de todo compromiso.

¡No! Soy la mujer de Antonio y lo seré siempre.

Nada va a cambiar eso.

¿Me escuchas? Nada, Rodrigo. Nada.

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

-Justo, es para hoy. -Voy lo más rápido que puedo.

-Como no le demos brío, nos encontrará medio barrio.

-¿Madruga mucho la gente aquí?

-En media hora esto es un hervidero.

-Ya falta poco.

Siento haberme retrasado, pero estoy aquí de chiripa.

-¿Has tenido problemas con la policía de abastos?

-Yo no llego a la estación con mercancía. Menudos son.

Ha sido culpa de mi cuñado. -¿Qué pasó? No sueltas prenda.

-Vine anoche de Valladolid. Quedé con él en el puente...

...de los franceses para tirarle los sacos.

Pero anoche aquello era un baile.

-Estaban todos los estraperlistas de Madrid.

-Todos menos mi cuñado. Yo no me di cuenta.

Empecé a tirar los sacos hasta que vi a dos llevándoselos.

-Y no te tiraste de milagro.

-¿Que no? Di un salto que casi caigo encima de uno.

Del golpe, ahora estoy mal de la espalda.

-Anda, que para haberte desnucado. -No faltó mucho.

Pero el negocio es el negocio, y yo vivo de esto.

-Como te sigas tirando de los trenes, no vivirás de nada.

-O me juego la vida así o me muero de hambre.

Pero ya he aprendido la lección.

Si no te traigo el pedido, tú eres capaz de darme una paliza.

-Cualquiera que te oiga. Ni que yo fuera un ogro. Cómo pesa.

-¿Con qué hubiera ido a verte si te hubiera pasado algo?

-Oye, ¿lo recuperaste todo?

-Casi todo. Y unos puñetazos que me costó.

Pero el pedido está completo que es lo que importa.

-Por eso confío yo en ti, porque tienes palabra.

-Es que hay clientes y clientes.

Y antes me parto la crisma que fallar a mi Paloma.

-Oye, ¿por qué no fue tu cuñado a por los paquetes?

-Mi hermana que ya tiene 3 chicos se ha empañado en ir a por la niña.

Y ya me entiendes.

(RÍE)

-Tienes que traerme los fijadores Omega. Cada vez vienen más hombres.

-Eso está hecho.

Te he traído las tenacillas para el pelo que me pediste.

Y unos tintes que ni en Hollywood.

-Ya te diré si se venden.

-Esto aquí.

-Sí, venga.

Aligerando que todavía tengo que pasarme por la tienda de Martín.

-Mira qué eres. A ver qué le llevas.

-Las sobras. Lo mejor siempre te lo traigo a ti.

Chis. Moros en la costa.

-No te apures. Es Elpidia. Es una amiga.

¿Dónde irá tan pronto? ¿Dónde vas tan tempranera?

-A la cárcel a ver a mi Antonio.

Quiero contarle todo lo del entierro de su padre.

Debe estar desesperado pensando que no pudo estar a mi lado.

-Lo sé. Dale un abrazo de mi parte. Y llévale unos cigarrillos.

Seguro que el único tabaco que cata es el de las colillas.

Por lo menos matará los nervios.

-No sé cómo agradecerte todo lo que haces por mí.

-Anda, anda. Ya vendrán tiempos mejores, Elpidia.

-Para quien pueda disfrutarlos.

Yo ya no espero nada.

Hoy me he levantado por Antonio, pero si a él le pasara algo...

-No seas agorera, mujer.

Adiós.

-Estás aquí. Al no verte en la cama, me he asustado.

¿Qué haces mirando por la ventana? -Matar el tiempo.

No podía pegar ojo. Daba vueltas en la cama como un loco.

Me levanté para no molestarte.

-No me he dado cuenta de nada.

-Lo sé, dormías como una bendita. Hasta roncabas.

-Será porque no tengo problemas de conciencia.

-Será eso. -¿Y tú por qué estabas inquieto?

-Habré cenado demasiado.

-O habrá algo que te reconcome por dentro.

-Ya no puedo más. No puedo estar recibiendo reproches a diario...

...como si fuera el responsable único...

...de los males de esta familia. A mí también me duelen las cosas.

-Vaya, qué sorpresa me das hablando así.

Había llegado a pensar que estaba casada con un bloque de granito.

-Pues no y de sobra lo sabes.

-Llevamos tanto tiempo discutiendo por lo importante...

...y por las bobadas que ya no sé cómo eres.

-No digas eso. -Hace un tiempo hablábamos,...

...ahora sólo peleamos. Y mira que tuvimos problemas recién casados.

Pero entonces estábamos más unidos.

-Últimamente siento que me tratas como si fuera tu peor enemigo.

Loreto, yo necesito apoyo, comprensión...

-Ambas cosas se las negaste a tu hija durante mucho tiempo.

¿No te parece egoísta pedirlas para ti?

-Yo no tengo derecho a nada. No sé para qué abro la boca.

Te recuerdo que fue Andrea la que desairó a la familia.

Fue ella la que dio el portazo.

La que se quedó en Madrid a arruinar su vida.

Yo le tendí la mano y Andrea escupió en ella.

-Sé que no eres un monstruo, pero es tarde para lamentaciones.

-¿Por qué? -El hijo de Andrea ha muerto...

...y eso no tiene solución. Ninguna te perdonaremos...

...nunca que no hicieras nada cuando estabas a tiempo.

-Hice todo lo que pude.

Y si tú quieres tanto a Andrea como dices,...

...deberías mirar hacia adelante y no recrearte en su dolor.

Andrea necesita olvidar. -¿Olvidar a un hijo?

No es tan fácil.

-Olvidar el pasado y rehacer su vida.

-No es fácil cuando la que tenías te la han roto a pedazos.

-No he dicho que sea fácil.

Lo que hay es que mirar al futuro, un futuro distinto...

...para Andrea, casada con un hombre de su clase.

¿No estás de acuerdo? -¡Pues claro que me gustaría!

Pero con desearlo no es suficiente.

-Así no ayudas, Loreto, así no ayudas.

Yo tengo el empeño de verla con una familia...

...como Dios manda. Pero yo sólo hago algo para que lo consiga.

-¿Ah, sí? ¿Y qué has hecho tú?

¿Dónde está tu empeño en mejorar la vida de Andrea?

-Conseguir que volviera. -Después de renegar de ella...

...y prohibírselo durante mucho tiempo.

Esta casa es su casa. Abrirle la puerta no tiene mérito.

-Loreto, déjalo ya. Ninguno me entendéis.

Me acusáis de intransigente.

Y tú la primera, Loreto, tú la primera.

Y no es eso lo que un marido espera de su mujer.

Pero es lo que me das.

Desprecio y más desprecio.

Cada día me siento más solo.

-Antonio, tu... tu padre ya descansa en paz.

Eso es lo que tenemos que pensar ahora.

No me dejaron ir, madre. Habría matado por estar allí.

-Lo sé, lo sé. Pero quizá haya sido mejor así.

Te hubiera impresionado verle tan consumido.

El pobre...

Me habría gustado darle un abrazo. El último.

-Antonio, mejor que le recuerdes cuando tú eras niño, eh.

Lo guapo que se ponía para llevarnos...

...a la verbena de San Isidro.

Era un hombre muy bueno.

Era el hombre más honrado que he conocido en toda mi vida.

Cómo se enfadaba cuando cogía las rosquillas de los puestos...

...de la verbena. -Sí.

Y era capaz de quedarse sin comer con tal de darte un capricho.

La vida es así de injusta.

Siempre se van los mejores.

¿Y Andrea, madre? ¿Está mejor?

-Sí, sí, sí.

Sí, mucho mejor. Más animada, sí, sí...

Eh... me manda muchos besos para ti. Y me ha repetido...

...mil veces que te quiere mucho. Y que está deseando verte,...

...pero que esos mal nacidos de la puerta no le dejan.

Bueno, ya pronto.

Algún día tendré que salir, ¿no?

-Sí, claro. Hijo mío, tú no desesperes...

...porque seguro que el indulto llega muy pronto.

Seguro. -Sí.

Además, últimamente no están fusilando a nadie.

-¿Lo ves?

Pronto vas a salir de aquí.

Y podrás reunirte en casa con Andrea... y conmigo.

Yo ya no tengo a nadie mas que a ti.

-¿Te pongo algo más, Plácida? Que para unos panes...

...y unos garbanzos llevas aquí toda la mañana.

-Ay, hija, parece que molesto.

-No, mujer, que va. Sólo que me has preguntado...

...3 veces si tengo sobres de bandolina para el pelo.

Y 3 veces te he dicho que no vendo.

-Ya, mujer, pero como a la gente le gusta tanto hablar.

-A ver, es gratis.

¿Y qué, qué es lo que dicen?

-Pues eso, que el barrio hay varias tiendas...

...que venden de estraperlo. -¡Qué dices!

-Lo que oyes.

Caprichos y cosas de lujo.

Para quien puede pagarlas, claro.

-¡Madre del amor hermoso, las cosas que se ven!

-Y digo yo que polvos Bella Aurora tampoco tendrás, ¿no?

-¿Tú los ves por aquí, Plácida? ¡Pues entonces es que no tengo!

-Buenos días, Palomita. ¿Te acuerdas de mí?

-¡Ay, Fani, pues claro! ¡Cuánto tiempo sin verte!

-Sí, bueno, he tenido mis dificultades, ya sabes.

Pero ya estoy de vuelta, y como en mis mejores momentos.

Venía a buscar aquel carmín...

-¡No! No, es que aquí no te lo has dejado.

¿Has mirado en el bar? Porque lo mismo allí...

-No, si no lo he perdido. Vengo a por otro.

-Ay, chica, pues cómo siento no poderte ayudar.

Te lo prestaría, pero yo es que de esas cosas no gasto.

Mira a ver en el bar, que igual allí sí que...

-No lo perdí, lo compré aquí y vengo a por otro.

-Que no. Si esto es una tienda de comestibles. ¿Verdad?

-Sí. -Aquí no fue, no.

-Me llevé el carmín, la crema esa tan buena, Nievina y unas me...

-¡Medicinas! Medicinas, ves como no.

Si esto no es una droguería.

-¡Ay, Paloma, claro! De verdad...

Bueno, pues entonces nada, muchas gracias.

-Lo que te llevaste fueron unas almendras.

Que las machacas, las maceras con leche...

...y hace milagros con el cutis.

-Qué barbaridad, desperdiciar comida así de esa manera.

Anda, cóbrate.

-Por ser tú, 5 céntimos.

-Que te aproveche, hija. -Pues muchas gracias.

-Hasta mañana, Paloma. -Hasta mañana, Plácida.

Mi hijica, cómo se nota que hace mucho que no vienes por aquí.

Está el barrio lleno de soplones y de chivatas.

Hay que tener una prudencia. -Ay, he metido la pata.

Pero es que no me di cuenta.

-Lo que acaba de salir es... lo peorcito.

Le va con todos lo cuentos a un policía.

Mal bicho él y una desgraciada ella.

-Ay, no me hables de policías.

Que a mí me detuvieron ahí, en plena plaza.

Me trae malos recuerdos.

-Ay, Fani. ¿Y al final qué, te llevaron a la cárcel?

-4 meses. Todo el verano, que es cuando mejor me va el negocio.

Me harté de fregar suelos y de rezar y al final me soltaron.

Porque me había reformado. Ja, eso se creen las monjas.

-Pues para estar recién salida te veo pero que muy bien.

-Bueno, es que me he situado.

Estoy con un médico muy importante. -¡Anda!

No te digo más que una vez fue el mismo Franco a la consulta.

-Y estás encantada.

-Pues sí, con mi protector ahora estoy más tranquila.

Y tengo más cuartos.

Paloma, ¿tienes perfumes, verdad?

¿Y medias?

-¿Tú has estado alguna vez en la cueva de Alí Babá?

Pues te vas a enterar.

Y he aquí todos mis tesoros. -¡Dios mío!

Pero si esto es mejor que la perfumería Padilla.

-El tabaco, el licor y los comestibles están en la alacena.

-¡Tú si que te has situado! -Pues sí.

Y sin necesidad de que ningún macho me proteja.

-Ay, me voy a llevar dos barras de carmín, ¿vale?

Y el colorete color coral.

Y el agua de colonia Ranfina. ¿Y tienes fijador Omega?

-Claro.

-Le quiero regalar uno a mi doctor. -Gracias.

-Tengo también tenacillas para el pelo, mira.

Y tengo los polvos Bella Aurora.

Y tengo un lápiz para perfilar las cejas... color marrón.

-Me voy a desmayar.

No veía estas maravillas desde antes de la guerra.

Bueno, una vez fui con la señora a la que servía a la perfumería...

...de la Puerta del Sol.

¿Qué tienes aquí? -Ahí abajo hay medias.

-¡Ah, fortalecedor del cabello!

¡Y abeñula! -Sí.

¡Ay, Paloma!

Me viene clientela, ve probando lo que quieras.

-Vale.

-Menos mal que he entrado yo y no un maleante.

¿Cómo dejas la tienda sola?

-Estaba ordenando unas cajas en la trastienda. Te he sentido.

-Sí, claro, así es difícil pillarte por sorpresa.

-Yo soy más clara que el agua, Rafael.

No hay lugar para las sorpresas.

-Mujer, ¿no coges las indirectas?

Lo que digo es que así ningún hombre te puede pillar...

...desprevenida y no sé, robarte un beso, por ejemplo.

-No, ni en sueños, fíjate.

-¿Qué quieres?

-Que me pague lo que es mío.

Por cierto, este mes serán 25 pesetas más.

-¿Cómo? Tú estás mal de la cabeza.

-Quien algo quiere, algo le cuesta.

Yo dedico toda mi atención a proteger tu negocio.

-No, hasta aquí hemos llegado. Es un abuso, lárgate.

-No te quejes si un día tienes un registro.

¿Eh? O te roban.

-Por no verte ni oírte más, te voy a pagar.

Pero si te cruzas conmigo por la calle, no me digas ni hola.

¡Es verte y se me amarga el día!

-Ole, las mujeres con redaños, como a mí me gustan.

-Hola.

-¿Y esta? -Una amiga.

-Qué elegante.

¿Y esos labios tan rojos?

¿Dónde te has comprado el carmín?

¿Por aquí cerca?

Chis.

Es que tengo una amiga que está enfadada conmigo.

A lo mejor si le regalo algo, me perdona.

-Aire, Rafael. Estamos en paz.

-Un día me tienes que invitar a tomar café...

Ahí dentro.

Se cierra la puerta.

-¡Madre! Ya estoy aquí. -¡Hijo!

No te esperaba, cariño. ¿Qué tal el viaje?

-Bah, ni pregunte. Vengo agotado.

-Siéntate.

¿Quieres comer algo? -Algo picaré.

-Bueno...

Cuéntame, te habrás dado una vuelta por la playa, ¿no?

Por la Concha. ¿No te encanta?

Yo adoro, me encanta, adoro el mar de San Sebastián.

-Ya sabe que he ido por trabajo, no de placer.

Y el mar de San Sebastián que adora es el de verano...

...y estamos en febrero.

Donde he tenido más tiempo libre ha sido en Vitoria.

-Te habrás pasado a ver a los López de Letona.

-Pues no, sinceramente, ni ganas.

-Como se enteren que estuviste allí, la que...

Va a tener culpa del feo soy yo. -Si no se lo dice, no se enterarán.

-No te esperaba hasta esta noche.

-Es que he venido en un avión del ejército.

-¿Sí? -Sí.

-Qué horror.

Hijo mío, tú sabes qué miedo me dan esos cacharros, Mario.

Podías haberte venido en automóvil, cariño, es más cómodo y racional.

-Le repito que no he ido a un viaje de placer.

He tenido que hacer lo mismo que mis compañeros.

¿No le suena la disciplina militar?

-Me suena, me suena. ¡Gruñón!

Qué guapo estás con el uniforme, Mario, de verdad.

Te queda de cine.

-Pues puede deleitarse un rato más, pero sólo un rato, porque...

Es la última vez que me lo pongo.

He aprovechado para pedir el pase a reserva.

-¿Qué dices, insensato? ¿Qué estás hablando?

¿Cómo que a la reserva? ¿Y el escalafón?

Pero, ¿no piensas seguir subiendo? -No.

-¿No vas a llegar a ser coronel?

-Madre, a partir de ahora me dedicaré a la abogacía,...

...que es, y ya debería saberlo, lo que en realidad me gusta.

-Me estás dando un disgusto de muerte.

-¿Qué disgusto? No le he dicho que me vaya a hacer contrabandista.

-Mario, pensaba que seguirías los pasos de mi padre.

Te recuerdo, por si lo has olvidado,...

...que eres nieto de don Ramiro de la Torre,...

...héroe de Filipinas. -Que perdió las últimas colonias.

-¿A qué viene esa falta de respeto?

Tu abuelo fue un héroe con todas las de la ley, Mario.

Si no, ¿por qué le hicieron un monolito en Cáceres?

-Porque tendrían el monolito muerto de risa...

...y a alguien se lo tendrían que dedicar.

-Ya, no te lo consiento.

Tú no te guaseas de las cosas importantes.

¡Mi padre es un héroe nacional!

(RÍE) Y pensaba que te parecías a él.

Y para que lo sepas...

¡Filipinas se perdió por culpa de los americanos!

-Ah, claro, como Cuba.

-Sí, como Cuba, exactamente.

Porque los americanos nos tienen mucha envidia, hijo mío.

¿Sabes? Porque no nos perdonan nuestra brillante historia...

...y nuestras tradiciones. Por eso.

Ah, y lo más importante: no perdonan que seamos católicos.

-Para que lo sepa, ese país, en estos tiempos,...

...marca el rumbo de la historia.

-Deberíamos impedirlo.

Un país protestante que sólo piensa en sus intereses.

-Por el amor de Dios, todos los países velan...

...por sus intereses, igual que las personas.

-Pues aplícate el cuento, guapo, ¿eh?

Que si fueras un poquito listo, te quedarías en la carrera militar.

-Bah. -Sí, hijo, sí.

Porque con tu formación, en menos de nada llegarías...

...a ser el coronel jurídico más joven del ejército español.

¡Te lo digo yo!

-Bastante tenemos con mantener en el poder...

...al General más joven del ejército español.

-Me aturdes, Mario, de verdad te lo digo.

Me mareas, ¡me cansas, Mario, me cansas!

-Por cierto. -¿Qué?

-Te llamó esa chica.

-¿Quién, Andrea? -Sí.

-¿Qué quería? -Yo qué sé, dijo que la llamaras.

-¿Te vas así, sin comer nada? -Sí, madre, adiós.

-Esa hija de picapedrero te tiene sorbido el seso.

Tú no te pareces a tu abuelo, no.

¡Has sacado el lado más populachero de tu padre!

Qué asco, qué asco.

-Me voy a echar un rato antes de ir a la fábrica.

-Me parece bien, Sito aún tardará en volver.

Puedes dormir tranquilo.

-Yo también voy a salir.

He quedado con Venancio para resolver unos asuntos...

...y voy tarde.

-¿Nos dejáis solas? (RÍE)

Qué maravilla. ¿Quieres un poco más de café?

No, gracias, mamá. Dos ya me ponen muy nerviosa.

Timbre.

-¿Quién será a estas horas? No sé.

Cierran la puerta.

-¡Ay! (RÍE)

Qué bochorno, por Dios, están todavía comiendo.

Lo siento mucho, no sabía.

-Tranquila, Consuelo, pasa. Si eres de la familia, mujer.

-Gracias. -Estás en tu casa.

-Por favor. (RÍEN)

Es que no entro al colegio hasta las cuatro...

...y he pensado: voy a ver a una amiga que está un poco floja.

(RÍE) ¿Qué tal, cómo estás?

Así, así.

-Anda, Consuelo, tómate un café y así charláis tranquilitas.

Rodrigo se tiene que ir y yo os dejo solas.

Ya sé que a la juventud le gusta estar a su aire.

-Bueno, madre, no me eche tan pronto, ¿no?

Me tengo que terminar el café. -Pero tenías que irte...

-Bueno, Consuelo, muchos saludos a tu madre, ¿eh?

-De su parte, doña Loreto.

¿Qué tal? ¿Has visto a Antonio?

No, aún no.

Rodrigo, ¿le vas a decir algo esta tarde a Venancio?

-¿Algo sobre qué?

Sobre lo que hablamos ayer.

(SUSPIRA)

Tu jefe tiene que intentar que vea a Antonio.

Para alguien de su posición no será imposible.

-No, de imposible nada.

La burocracia y las normas están para saltárselas...

...cuando un jefe levanta el teléfono.

-Eso no es así, no es tan sencillo.

-Yo lo veo todos los días en el colegio.

Y si tú eres tan amigo de ese señor, pues no sé...

...a lo mejor puedes hacer algo. Puede, pero no quiere.

Ayer estuvo muy brusco conmigo, Consuelo.

Me dijo que me olvidara de Antonio, que no lo vería nunca más.

-Eso no fue lo que te dije. Sí fue así.

Te dije que es muy difícil, por no decir imposible.

-Bueno, Rodrigo...

¿Lo intentarás?

-Claro que lo voy a intentar.

Soy la mano derecha de Venancio, ¿no?

Pero vas a conseguir que me echen de la Falange.

-Eres muy valiente, Rodrigo.

Yo sólo te pido que lo intentes.

Y sobre todo no me vuelvas a decir nunca más que me olvide de Antonio.

Porque eso sí que es imposible.

(RÍEN)

-¡Estáis siempre igual!

-¿Cómo te voy a pagar 25 pesetas más al mes?

Si no lo gano ni en una semana de aforo completo.

-Pues es lo que hay.

Te advierto que otros de mis protegidos...

...ya me han pagado religiosamente.

Moroso impresentable. -Pero entra en razón, hombre.

Con la escasez que hay y el racionamiento, no llego.

-Aquí no hay más razón que la mía.

Y si no cumples con tu obligación...

-¿Pero qué dices? No me jodas.

-No, no me jodas tú a mí, que tienes más que perder que yo.

-¿Ah, sí? Pues míralo de esta manera.

Si me sigues sangrando así, tendré que cerrar.

Entonces, no recibirás ni un duro.

-Ya ves tú qué problema.

Vendrá otro primo, abrirá otro bar y le sangraré a él.

-¿Pero cómo eres tan sinvergüenza?

-Un respeto, que soy la autoridad.

-La autoridad no roba a punta de pistola.

Tú eres un ladrón y un chantajista.

-¿Me estás insultando?

¿Me estás insultando a mí?

¿Te atreves a insultar a un policía?

-¡Chis! Habla bajo que nos espantas la clientela.

-Tranquilízate, Rafael, te pagaré, pero cuando pueda.

-A punta de pistola, ¿no?

Lo has dicho tú. Pues a punta de pistola.

-Guarda eso. Tengamos la fiesta en paz.

-Ni fiesta ni paz ni Cristo que lo fundó.

Tú me das a pagar ahora por mis santos cojones.

Sólo me faltaba que se me rebelara un chiquilicuatre como tú.

¡Ja! Venga, ponme ahí un cacharro. -No.

-No bebas más, Rafael, que estás muy nervioso.

-¿Y cómo quieres que esté, Marcelino, eh?

Maldito rojo.

Porque tú, Marcelino, y tu padre, Pelayo,...

...y tú, Marcelino, y tu padre, Pelayo,...

...sois dos rojos de mierda.

¿Creéis que me la vais a dar a mí? Os voy a denunciar.

-Mira, tranquilízate.

Vamos a tomar el aire y... -¡No me toques!

-Guarda la pistola, no vayamos a tener un disgusto.

-Ven a quitármela.

Ven, ven a quitármela si tienes huevos, claro.

Venga.

¿No hay cojones o qué?

-Andrea tiene suerte de tener un hermano como tú.

Se nota que te quiere más. -Lo sé.

Al final, me habéis convencido.

En cuanto llegue al despacho, intentaré conseguir el bis a bis.

-Tu hermana lo necesita más que comer, que ya es decir.

Bueno, yo me voy por ahí. -Te acompaño. Me pilla de camino.

-Si voy al colegio y tú al despacho, si no me confundo.

-Pues no, pero tengo que ir a una notaría...

...cerca de tu colegio.

-¡No me toques! -Asuntos de despacho.

-Mira. -Suéltame que...

-Rodrigo, hay una pelea en el bar.

-Voy a llamar a los guardias.

-¿A quién vas a llamar tú?

-Ten cuidado, ten cuidado que ese hombre está loco.

-Esto lo soluciono yo. Tú quédate aquí.

-Rodrigo, ten cuidado.

-¿A los guardias? Si yo soy el jefe de la guardia...

-Suelta esa pistola.

¿No ves que haces el ridículo?

-Vaya, vaya, vaya, el señorito Robles.

¿Sabes por dónde me paso lo que dices?

Eres de la misma calaña que tu padre.

Mucho aparentar, mucho aparentar,...

...pero tu hermana está deshonrada. -¡Te voy a matar!

-Que lo sabe todo el mundo. -¡Alto ahí!

¿Qué hace con esa pistola, loco?

-Yo soy policía. -Como si es ministro.

No puede enseñar el arma por la calle.

No veo a ningún criminal que lo justifique.

Así que guarde ese arma o daré cuenta a sus superiores.

Circulen. -Estábamos jugando.

-Vamos. -Si somos amigos, ¿eh, Marcelino?

-Me lo llevo.

-Rodrigo. -Mario.

-Hola, Mario. -Hola.

-Menos mal que redujisteis esto. Está loco.

-Tranquila. -Es un pobre diablo.

-¿Andrea está en casa? -Sí, acabo de estar con ella.

-Ahora me toca intentar animarla. Adiós.

-Adiós, Mario.

Bueno, Rodrigo, ¿vas a la notaría o no?

-Sí, y aunque no fuera, no te dejaré sola en la calle.

Tal y como están las cosas... Vamos.

-¿Que cómo está Antonio?

Pues Antonio...

Elpidia, ¿qué pasa, por favor?

-No pasa nada, es que no puedo más.

Antonio te ha dicho algo malo.

-No, qué va, pobrecito hijo mío, al contrario.

Ha intentado animarme,...

...pero yo sé que esta misma mañana han fusilado a otro preso.

Y el otro día, a uno que estaba en la celda de Antonio.

Antonio no me lo dice, pero le veo desanimado.

Si no llega pronto el indulto, yo me vuelvo loca.

No puedo pasar otra vez por lo mismo.

Por favor, Elpidia, escúchame. No puede verte así.

-Al condenarle a él, me han condenado a mí también.

Timbre.

Enar, por favor, la puerta.

Tranquila. No va a pasar nada.

Nada, ¿me oyes?

-Hola, Andrea. Buenas tardes.

Hola, Mario. No sé si lo sabes,...

...pero ha fallecido el marido de Elpidia.

-Mi más sentido pésame, señora. -Gracias.

Estaba diciendo que teme por Antonio.

No podemos permitir que le ocurra lo mismo.

Tenemos que sacarle de allí.

-Doña Elpidia ya sabe que estoy haciendo...

...lo posible por ayudar a Antonio.

-Sí, lo sé. Gracias, don Mario.

¿Pero usted cuándo cree que puede salir en libertad?

-No lo sé, es muy difícil de saber.

Ahora, con la guerra en Europa, puede haber cambios.

Si ganan los aliados, Franco tendrá que dimitir.

Entonces, vuelve el Rey.

Si vuelve el Rey, no sería descabellado pensar...

...en una amnistía general para los presos políticos.

-Dios le oiga.

Voy a guardar esta ropa que me dio tu madre para planchar.

Cuídate mucho, Elpidia. -Sí.

Si necesitas cualquier cosa, ven, por favor.

-Tú también cuídate, hija.

Adiós. -Buenas tardes, señora.

Mi madre me dijo que me llamaste. Acabo de llegar de Vitoria.

No sabes lo que me he acordado de ti.

¿Y eso?

Yo nunca he estado allí.

-Pues prometo llevarte algún día.

He conocido a un pintor genial. Se llama Sáenz de Ugarte.

No me suena. -Me llevaron a ver la obra...

...que hizo el año pasado y es maravillosa.

Allí mismo me enteré de que es un paisajista estupendo.

Paisajes. -Sí.

¿No es demasiado tradicional?

-Tendrás que decirlo cuando veas los cuadros.

Andrea, ¿cuándo me dejarás que te lleve a Vitoria?

No creo que vaya nunca.

Anda, ven, Mario, pasa.

-Elpidia.

-Buenas tardes, don Fabián. -Hola, Elpidia.

-Vine a traer la ropa que me dio a planchar doña Loreto.

-Iba a ir a verte.

No... No pude asistir al entierro.

Tenía mucho trabajo, ¿sabes? Y ya...

Las cosas no funcionan si no estoy yo.

-Me lo dijo doña Loreto.

-Siento muchísimo la muerte de Pepe.

-Gracias.

-Él era un buen hombre y un gran, gran trabajador.

No mereció correr esa suerte.

Yo... Yo le apreciaba, le apreciaba de verdad.

Nunca olvidaré lo que hizo por la fábrica.

-Pepe se desvivía por su trabajo.

Y él... también le apreciaba mucho a usted.

-Desde que él no está no sabemos lo que es el orden...

...ni el saber llevar las cosas en el almacén.

Pero... quiero que sepas algo más.

Si la fábrica se mantuvo a flote durante la guerra fue gracias a él.

Eso lo tengo siempre presente.

-Sí. Él salvó su fábrica durante la guerra...

...y lo hizo por usted, por su familia.

Adiós, don Fabián. -Espere un momento, mira,...

...he dispuesto todo para que desde este mismo mes...

...percibas la pensión de viudedad como si Pepe hubiese trabajado...

...en Mármoles Robles hasta su muerte.

Y... cualquier otra cosa que necesites, ¿eh?

-Don Fabián, muchas gracias.

Pero no.

¿Se acuerda lo que me dijo usted hace años?

"Usted y yo no somos nada".

Así que, por favor,...

...mi hambre me la administro yo.

-Y después de una comida fastuosa, que no sabes el buen saque...

...que tienen los vascos,... nos llevaron al Palacio...

...de Villasuso, un palacio renacentista en medio...

...de un entorno medieval, eso es una maravilla.

Sí, me imagino.

¿Es cierto lo que has dicho a Elpidia?

¿Que en el caso de que ganen los aliados se restituirá...

...la monarquía y habrá una amnistía?

-Eso es una posibilidad.

Hay comentarios al respecto; pero nadie sabe...

...lo que ocurrirá en Europa y menos qué haría Franco...

...en el hipotético caso de una derrota alemana.

Ya sé que a veces me pongo muy pesada.

Pero es que necesito ver a Antonio.

Mi hermano me acaba de decir que intentará hacer algo;...

...pero ya no confío demasiado. -Rodrigo hace lo que puede.

Lo sé. Pero lleva meses diciéndome lo mismo.

Y seguimos en las mismas: ni puedo ver a Antonio...

...ni le conceden el indulto y yo... cada vez tengo...

...menos fuerzas para seguir esperando.

-Yo creo que estás demasiado obsesionada con el tema.

Sólo piensas en eso y te estás consumiendo.

¿Y qué quieres que haga?

-Tienes que sobreponerte por tu bien.

Yo no digo que no pienses en eso, tienes derecho a pensar...

...lo que quieras, porque no puede ir en contra...

...de tus deseos; pero puedes hacer un esfuerzo...

...por salir, por mantener la cabeza ocupada en otra cosa.

Es que no me sirve de nada.

Cuando salgo aún me siento peor.

-Así lo único que conseguirás es ponerte enferma.

Y entonces no podrás hacer nada por ayudar a Antonio.

Lo sé.

Pero es que todo me cuesta tanto.

Hasta charlar con los amigos. -Vamos a hacer una cosa.

Un día de estos nos vamos a la sala Casablanca,...

...está Juanito Sánchez con su orquesta...

...y actuará Inma Zumaque, que tiene una voz prodigiosa.

Te lo agradezco, pero no me apetece.

-A veces tenemos que hacer cosas que no nos apetecen;...

...pero que son por nuestro bien. Sí. Pero aún no puedo.

-Por lo menos me tienes que dejar que te lleve al Moroco...

...a tomar un té. Parece mentira,...

...pero parece que recupera su ambiente.

Quizás más adelante.

Mario, quiero que sepas que... te agradezco en el alma...

...todo lo que me has ayudado.

Consuelo y tú sois mis mejores amigos.

-¡Rafael!

Vaya, vaya, vaya... Con la tendera incorruptible.

Así que es aquí donde tienes guardado el material prohibido.

-¿Cómo has entrado? La puerta está cerrada.

-Mal andaríamos si un agente de la ley...

...no puede atravesar una puerta. -Ya te he pagado, sal de aquí ya.

-Chis... ¿Cómo me voy a perder esto, Paloma?

A ver qué tenemos por aquí.

Hombre, medias de seda.

Barra de labios,...

...como el que le has vendido esta mañana a la fulana esa.

¡Coño, fijador de pelo!

Chis... -¿Qué?

-Cremas para la cara,...

...perfume.

Perfume, ponte un poquito. -Rafael...

-Chis...

Quiero olerlo en tu piel.

Ya sabemos que el perfume es según quien se lo ponga.

-¡Coge lo que quieras y vete, Rafael, por favor!

-Vamos a ver, Paloma.

Tú sabes que como dé cuentas a los compañeros de abastos...

...de todo lo que tienes aquí, te vas a pasar unos años...

...a la sombra, ¿verdad? -¿Y qué pasa? ¿Lo vas a hacer?

-Eso, en realidad, depende de ti.

Ya sabes que te aprecio,...

...que no te deseo nada malo.

Al contrario, mira, si te portas bien conmigo,...

...incluso podemos trabajar juntos.

-¡Rafael!

-Muy digna, ¿no?

Pero ahora que las cosas han cambiado,...

...fíjate en mi generosidad, te ruego que vuelvas...

...a considerar mi proposición. -Te ruego que te vayas ya.

Bastante ganas con tu comisión. Que me sueltes.

-Vamos a ver. Todo esto no está incluido...

...en mi comisión, Paloma,...

...que al fin y al cabo la idea fue mía, ¿no?

Algo me corresponderá, digo yo, que algo me corresponde.

-¡Que me sueltes!

-Así no, Paloma. -¡Eres un hijo de puta!

-Chis...

Así no se porta una buena chica, ¿entiendes?

-¡Rafael, eres un miserable, eres un cerdo, déjame!

-Tú sigue insultándome que ya verás lo que te pasa.

-¡Rafael! -Estate quieta.

-Rafael... -Sí.

-Ya te he pagado, estamos en paz.

-Quieta. -Por favor, no hagas una tontería.

-Dame un beso. -No hagas una tontería.

Rafael, quita la pistola. -Estate quieta.

-Quítala... ¡Quítala!

-Ah...

Hija de puta.

Te vas a acordar de esta, zorra.

-Venimos a hacer un registro, así que te conviene colaborar.

Porque de lo contrario cuando encontremos...

...lo que buscamos, te acusaremos de resistencia a la autoridad.

-Yo no sé quién... -¿Que no lo sabes?

-No debo utilizar mis influencias para conseguir...

...beneficios personales. -Todos lo hacen.

-No debo. -Será el único.

Porque cuando estoy aquí pidiéndole favores a mi hijo,...

...otros están invitando a marisco a los funcionarios del ministerio.

-¿Cómo está Antonio?

-Pobre hijo, él dice que está bien, pero no me fío.

Creo que me dice eso para que me quede tranquila...

...igual que Pepe, que se pasaba la visita entera...

...diciéndome que estaba bien y luego se lo llevó la tisis...

...y no pude hacer nada.

Me das pena, ¿sabes, Villegas?

Vives en un mundo totalmente irreal.

Yo me sacrifiqué para salvarte, pero empiezo a pensar...

...que fue inútil.

En la cárcel no puedo hacer nada, pero fuera...

Fuera, a lo mejor, habría la oportunidad de seguir luchando.

-No es precisamente una carta que se pueda echar en el correo.

Ya sabes... Exceso de peso.

-Fabián, guarda esa carta antes de que me enfade.

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 27

04 nov 2005

Rafael sigue apretando las tuercas a los comerciantes. Les exige veinticinco pesetas más al mes. Ante la negativa de Marcelino, no duda en tirar de pistola. Sólo la intervención de Mario evita una tragedia.

Mientras tanto, Rodrigo parece ir enamorándose poco a poco de la amiga de Andrea, Consuelo, que visita con frecuencia la casa. Y para quedar bien delante de ella, promete esforzarse porque Andrea visite por fin a Antonio en la cárcel.

Por su parte, Mario trata por todos los medios de consolar a Andrea, aún destrozada desde la supuesta muerte de Liberto. A pesar de sus acercamientos, Mario comprueba que el corazón de Andrea sigue siendo de Antonio. 

Paloma sigue adelante con sus lucrativas actividades de estraperlo. Pero no a cualquier precio. A pesar de sus precauciones, Rafael la descubre y trata de cobrarse con ella la derrota sufrida ante Marcelino. Pero esta vez busca algo más que dinero...

Histórico de emisiones:

04/11/2005

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