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Subtítulos de Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 26

-Por un capricho de juventud que podría dar muerte a la vida. -Nadie conoce mejor a un hombre que su madre. He tenido que escapar de cualquier cosa. Bastante miedo me da que le digamos Liberto. ¿Pero qué quieres, arriesgarte a perder a tu marido? No, amor mío, no, no se ha ido. Estará con nosotros para siempre, para siempre. -¡Antonio...! -¡Marcelino! ¡Marcelino! -¡Eh, eh, al ladrón! ¡Eh, al ladrón, me han robado la cartera! Usted es policía, ¿no? Un chaval con una gorra, se ha ido por este callejón, ¡vamos! -Es que el otro día mi padre... se dio un homenaje. Una canita al aire, ya me entiende. Y el caso es que la rubia en cuestión, que era de Puertollano. Pues que le pasó las purgaciones. -¡Coño, don Pelayo! Y yo creí que andabais tramando algo. -Y qué es lo que ha hecho. Nada. No he hecho nada. Pero ya va siendo. -Pero de qué habla. Si no ha hecho nada, por qué quiere entregarse. ¿Nos toma el pelo? En Guadalajara tienen preso... ...a un hombre que dice llamar como yo. Antonio Ramírez Grande. Le han condenado en mi lugar. -¿Seguro? Antonio Ramírez Grande soy yo. Es a mí a quien han condenado a muerte. Hubo que aprender a llevar y a tener... ...el corazón y el alma heridos. Días de avidez, de hambre y escasez,... ...de vencedores y vencidos. Amar en tiempos revueltos. Tiempos de ruina y lamento. Amar en tiempos revueltos... ...por vientos que trajo un mar. De batallas por contar. (REZAN EN LATÍN) -Oremos. (DICEN EL PADRE NUESTRO EN LATÍN) (TODOS) Amén. -In nomini Patris et Filii et Spiritu Sancti. -Elpidia, que Dios lo tenga en su gloria. Mamá, gracias por venir. -Hija, tu padre no ha podido... No le disculpes. Has venido tú y eso es lo que importa. -Qué poca cosa somos, Elpidia. Ved de cuán poco valor son las cosas tras que andamos... ...y corremos,... ...que, en este mundo traidor,... ...aun primero que miramos las perdemos. Como no tengo fe y no puedo rezar,... ...en estos casos siempre echo mano de los poetas. La muerte nos enfrenta a todos con lo inevitable. ¿Y eso que has recitado quién lo ha escrito? -Jorge Manrique. Son las Coplas que compuso a la muerte de su padre. Sonaba a antiguo. -Lo escribió hace casi cinco siglos. ¿Y todavía hay gente que lo recuerda? -Son eternos, Antonio. Yo los memorice de niño en la escuela. (RECITA) Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte... ...contemplando cómo se pasa la vida,... ...cómo se viene la muerte, tan callando. Jorge Manrique. ¿Y dices que los escribió a la memoria de su padre? -Cuando murió. Debía de sentirse como tú te sientes ahora. Pero a mí no me sale decir nada ni escribir nada. Se ha muerto mi padre y ni siquiera puedo llorar. -Las lágrimas no son el único... ¿Qué clase de persona soy, eh? Si muere el hombre que me ha dado todo en su vida y sigo tumbado. No sé rezar... no sé hacer versos ni juntar palabras bonitas... -Sofócalo, expúlsalo, pero no dejes que te consuma. ¿Cómo? Eh, ¿cómo se hace eso, encerrado aquí en esta ratonera? Dime. Aquí no hay manera de quitarse los malos pensamientos. Me voy a acabar volviendo loco. Yo no estaba preparado para esto. ¡Ni siquiera me han dejado enterrarle! Qué persona le puede negar a un hijo despedirse de su padre. ¿Qué clase de persona? ¡Mal nacidos! -Cálmate, Antonio, desahógate pero no con ellos. ¡Son ellos los culpables! ¡Son ellos! -Te juro que no estamos solos, trata de contenerte un poco. ¿Y qué más me pueden hacer? Me han condenado a muerte. Que me peguen un tiro de una vez. Que me den garrote y acaben con esta tortura. -Elpidia. ¿Quieres que vaya un ratito contigo a casa? -No, no. Gracias, doña Loreto,... ...pero... creo que voy a echarme un poco. No te preocupes, mamá. Consuelo y yo la acompañamos. -No, no lo hagáis. Bastante os habéis preocupado ya por mí. -No insistas, Elpidia. Nos vamos a quedar contigo. -Si quieres, esta tarde le encargaré a D. José Enrique... ...unas misas por él. -Gracias, doña Loreto. -Hija. -Descanse. Jovencito, vengan para acá. ¿Qué se dice? -¡Arriba España! -Estás en lo mismo que pensaba yo el año pasado... ...cuando estaba tirado, malherido. ¿Qué podía esperar? Nada. Sólo que llegaran los nacionales y me mataran. ¿Y qué ocurrió? Es distinto. -¡No! ¿Qué ocurrió? Que apareciste tú y me salvaste la vida. No te rindas, Antonio, eso nunca. No me rindo, me han vencido. Y no es lo mismo. Nos han vencido, ¿no lo ves? Pasaron, vaya si pasaron. Nos pasaron por encima. -Aún estamos vivos, ¿no? ¿O no estamos vivos? Si a esto lo llamas vivir. -Todavía te pueden conmutar la pena. ¡Que no, Villegas, que aquí no se libra ni Dios! Nos trasladan a Madrid para darnos esperanzas,... ...pero al final, acabaremos todos en el paredón. -Mírame a mí. Gracias a tu generosidad, me levantaron la pena capital. Y confío en el indulto. Hace semanas que no fusilan a nadie. A mí ya me da igual lo que me hagan. -Pues no te debería dar igual. Te recuerdo que tienes una mujer, una madre y amigos. Lo recuerdo, sí. Cada minuto que pasa, me acuerdo más de ellas. Pero les ahorraría muchos disgustos si me mataran. Al menos, tendrían un sitio al que ir a visitarme,... ...aunque fuera una tumba. -No eres tú quien habla, es el dolor. Y no te puedes dejar consumir por él. Es todo lo que me queda. Mi dolor. Tú me lo echas en cara porque no sé convertirlo en sonetos. -No te rías de los poetas. No me río, Villegas. Pero no creo que las palabras puedan solucionar mis problemas. -Pero pueden ayudarte a comprender cuál es tu problema. Y es el primer paso para resolverlo. ¿Y cuál crees que es mi problema? -Un gran poeta dijo que el recuerdo de la felicidad... ...ya no es felicidad,... ...pero que el recuerdo del dolor es todavía dolor. Yo ya sólo recuerdo dolor. Sólo dolor. -¿Qué haces aquí? -Revisar unos contratos. -Ahora, te hacía en la fábrica. -Tendría que haber ido, pero allí no me puedo concentrar. No paran de molestarme con pequeñeces. -Pues si no pensabas ir, pudiste acompañarme al cementerio. Se te ha echado de menos, y no sólo yo, todo el mundo. -No empieces. Tengamos la fiesta en paz, te lo ruego. -Pepe era tu obrero más fiel. Le conocías desde que tenía 18 años. -No quiero discutir. -No hay nada que discutir. Debiste venir al cementerio y punto en boca. Fabián, por el amor de Dios, si se lo debemos todo a ese hombre. Si no fuera por él, Pedro habría quemado la fábrica. ¿Y dónde estaríamos nosotros ahora? Tenías que haber ido. -Deja de pincharme de una vez. -¿Pero qué te pasa, si puede saberse? ¿Tanto te costaba darle el pésame a Elpidia? ¿Tanto te costaba portarte como un buen cristiano... ...con una mujer que acaba de perderlo todo en la vida? -No quiero hablar de eso. -Tú nunca quieres hablar de nada. -¿Quieres saber por qué no fui? Pues porque apreciaba a Pepe. Porque era un buen hombre y trabajó conmigo... ...muchos años, en los buenos y malos momentos. Porque cuidó de la fábrica, pero acabó en la cárcel... ...y yo no pude hacer nada para ayudarle. -Es por eso. Te sientes responsable de lo que le pasó. -Me siento impotente. -Y por eso no fuiste al cementerio, porque te sientes culpable. Eso es soberbia. Una mujer que casi ha criado a tus hijos enterraba a su marido. Y tú sólo tenías que estar allí para abrazarla... -¡Basta ya! Me voy a la fábrica. Ni en mi casa puedo trabajar tranquilo. -Darle la espalda a los problemas no significa... ...que estos desaparezcan. Piénsalo, Fabián. Esta actitud tuya casi nos cuesta perder a Andrea,... ...por no hablar de nuestro matrimonio, bueno, de lo que queda. Una tila bien calentita. Verás como te templa. -Gracias. Pues sí, muchos compañeros murieron de eso. Tantos años respirando el polvo que sale de la piedra... ...cuando la cortan y la tallan... Eso es malísimo para los pulmones. Lo llaman la tisis de los marmolistas. -No sabía yo eso, Elpidia. -Pero a Pepe lo que le mató... ...fue la humedad, el frío de la celda, el hambre. Eso ha podido más que tantos años respirando el maldito polvo. Bueno, eso y el estar ahí metido,... ...lejos de su familia, recibiendo siempre malas noticias. -Venga, mujer. -Pobre Pepe. Y cómo se esforzaba siempre... ...en intentar animarme cuando iba a verle. Siempre me decía que estaba bien. Que esa tos era sólo por un catarro. -Venga, mujer. Venga, Elpidia. -No te preocupes por mí. Estoy bien. No tengo más remedio que estar bien. Estoy sola y más me vale estar bien. No estás sola, Elpidia. Yo me quedo aquí contigo. -No, no. Vosotras debéis marcharos a vuestras casas,... ...con vuestras familias. Tú eres mi familia. Cuando estaba sola en la guerra con Liberto,... ...tú te ocupaste de nosotros. Ahora me toca a mí cuidarte. -¿Sabes lo que pienso? Que nuestro Liberto ahora no está solo ahí arriba. Que tiene al lado a su abuelo. Y el pensar que están juntos, es lo único que me consuela. -Mujer, bebe un poquito. Yo siento a mi hijo conmigo. A mi lado. Incluso hablo con él. Habrá quien piense que estoy loca. -Eso no es ninguna locura, Andrea. -Cuando Pepe... Cuando Pepe estaba en la cárcel, yo también hablaba con él... ...como si estuviera sentado. Me ponía a limpiar la casa... ...y le contaba las cosas del barrio. Tantos años de matrimonio no se pueden borrar. El amor... El amor es capaz de saltar cualquier distancia. Lo mismo me dijo Antonio. Cuando él estaba en el frente... ...y apenas recibía noticias nuestras,... ...Liberto y yo siempre estábamos en su corazón. -Ahora que lo han trasladado a Madrid,... ...podréis ir a visitarlo más a menudo, ¿no? A mí ni siquiera me dan permiso. Dicen que no soy su mujer, que no soy nada suyo. -Ellos pueden decir lo que quieran. Tú eres su mujer. Yo mañana iré a ver a Antonio. Conseguiremos que pronto puedas ir tú a verle. Ojalá, Elpidia. Ojalá. Las dos lo necesitamos cerca. -Ahora debéis marcharos a dar un paseo. Yo... Yo... Me gustaría estar sola. -¿Está usted segura, Elpidia? -Quiero hablar con mi Pepe. Si necesitas cualquier cosa, lo que sea,... ...por favor, ven a casa. -Sí, hija mía. Sí. -Bébaselo todo, ¿eh? -Adiós, hija. Pepe... -Dios, nuestro Señor, en su infinita misericordia... ...perdona a todos los que se arrepienten de corazón... ...y demuestran propósito de enmienda. -Entonces, padre, no sé si Dios podrá perdonarme... ...porque no sé si me arrepiento de mis pecados. -Pero, hija. -Lo sé. Lo sé, padre. Pero no lo soporto. Ya sé que le debo obediencia, que es el padre de mis hijos,... ...pero... -¿Han vuelto a discutir don Fabián usted? -Padre, para mí mis hijos son lo más importante del mundo. Y yo veo a Andrea que se está consumiendo,... ...que se está cayendo en un pozo. Y todo por culpa de su padre y de su cabezonería. -Pero Fabián puede ser muy severo,... ...pero sus intenciones son nobles. Limen sus diferencias. Acérquese a él. -No puedo, padre. -Claro que puede. -No puedo. Ese es mi pecado. No puedo acercarme a él. No soporto que me toque. -¿Que él le reclama el cumplimiento de sus deberes conyugales... ...y usted lo rechaza? ¿Desde cuándo viene sucediendo eso? -Meses. -¿Meses? Pero ¿cómo no me lo has dicho antes, hija? -Me daba vergüenza, padre. Pensaba que sería algo pasajero. Pero... es superior a mis fuerzas. -Pero es conculcar el sacramento de matrimonio. No te das cuenta de que ofendes a Nuestro Señor Jesucristo. -Lo sé, padre. -¿Y a pesar de todo no tienes propósito de enmienda? Loreto, Loreto. El pilar de la familia es la unión entre hombre y mujer. Si de verdad, aprecias a tus hijos,... ...debes reconstruir ese sagrado vínculo. ¿Lo harás? -Lo intentaré, padre. Lo intentaré. -Escucha una cosa. Cuando un hombre no encuentra en casa lo que busca... Tú ya me entiendes. No tengamos que lamentar males mayores. -Y han llamado de la cantera de Alpedrete. El camión que traía la partida de granito ha tenido un reventón. -Vaya por Dios. Siempre tiene que pasar algo. -Ha metido la rueda en un socavón y ha pinchado. Dicen que tardarán varias horas en arreglarlo. -Que manden otro. ¿Tengo que estar en todo? -Se lo dije, pero no hay más camiones. -Perdone, no quería hablarle de esta manera. Pero con tantos inconvenientes... -No se preocupe. -¿Cuándo llegará entonces? -Como mínimo tendremos que esperar hasta mañana. Por el reventón, se les ha caído parte de la carga... ...y tardarán en recogerlo todo. -En este puñetero país nada funciona como debería. ¿No han llamado del ministerio? -No que yo sepa. -Otros igual. No sé qué estarán esperando. Esto no es forma de administrar las obras de un país moderno. -Sinceramente, no sé... -¿Qué esperarán para dar... ...el contrato del monumento a los caídos? Que no es una ermita de pueblo lo que hay que construir. Digo yo. No sé. No sé por qué me hago ilusiones. Al final se lo darán a un amigo del ministro. -Don Fabián, yo quería... -Burocracia y comisiones. Ese es el lenguaje del nuevo régimen. Tendré que untar al intermediario de turno. Si no, tendré que esperar que me toque una parte del pastel. -Don Fabián, me permite... -Isidro, ¿qué quiere? -Si me da permiso, yo querría salir hoy antes. Debo acompañar a mi mujer al médico. -Es verdad. Con tantos problemas, hace tiempo que no le pregunto por su mujer. No sé dónde tengo la cabeza. -Es natural... -No, no es natural, Isidro. No es nada natural. Un buen jefe debe preocuparse por la salud de sus empleados... ...y por la de sus familias. ¿Qué sería de una empresa sin la salud de sus trabajadores? En fin. Vamos a ver. Dígame, Isidro. ¿Cómo sigue Sagrario? -Tirandillo, don Fabián. Gracias por preocuparse. -Si hay algo que yo pueda hacer. -Es usted muy amable. ¿Entonces puedo marcharme? -Sí, vaya, vaya. -Gracias, don Fabián. -A los buenos días. ¿Qué pasa? ¿Pelayo sigue toreando o qué? Hace 20 minutos que he pasado y tenías el cierre echado. -Pues hoy he madrugado más que de costumbre. Vengo del entierro de Pepe. ¿Pepe? ¿Qué Pepe? -¿Qué Pepe va a ser? Pepe Ramírez. -¿Se ha muerto Pepe? No me jodas. Primera noticia, macho. ¿Se ha muerto en chirona? -En el Palacio de Oriente, en una cama con dosel. -Pero ¿se ha muerto él solo? ¿Ha sido muerte natural? -Pues no le han hecho el paseíllo. -Pues eso, ha sido muerte natural. -Los cojones. -Que a Pepe lo ha matado la cárcel,... ...los tienen como a ganado. -Si lo señoritos están incómodos,... ...podemos habilitarles unas suites en el Ritz. -Lo que tienen que hacer es liberarlos a todos. Que gente como Pepe no tenía que estar en la cárcel. -Es muy valiente por tu parte dar tu opinión cuando nadie te la pide. Pero si no mal recuerdo, eso lo deciden los jueces. -A los jueces me los paso por el forro. -Cuidado con lo que dices. A ver si te voy a tener... ...que a disfrutar de la hospitalidad del estado. -¿De verdad piensas que Pepe era una amenaza para el régimen? -A este régimen ya no le amenaza nada. Pero Pepe era un elemento subversivo. -¿Pepe? Pero si le conocías, Rafael. Pepe no hacía mal a nadie. -Mira, los tribunales no dan abasto. Se les amontona el trabajo, no pueden tramitar todos los casos. Pepe ha muerto esperando juicio, mala suerte, qué se le va a hacer. -¿Mala suerte? Díselo a su viuda... Doña Elpidia. Lo de Pepe ha sido mala suerte. Y lo de su hijo Antonio mala suerte también. Mala suerte. -Pero ¿tú qué coño quieres? ¿Que Franco indulte a todo quisqui? -Pues no estaría mal, que ya ha ganado su guerra. -Sí, pero tan difícil como ganar la guerra... ...es administrar la victoria. -Pues díselo al Elpidia. (SUSPIRA) -Vale, muy bien. La mujer está hecha polvo, ojalá no o estuviera. Pero no me voy a poner a llorar por eso. Ella no es la única viuda de España. -Eso seguro. -Ponme un coñac, anda. A ver si entramos en calor. -A mandar. -Lo de Pepe es una desgracia. Lo siento por la viuda. Pero lo que te quiero decir es que este país viene... ...de la anarquía... ...y restablecer el orden lleva su tiempo. La verdad es que vida nos colocó en bandos diferentes,... ...pero... él y yo trabajamos muchos años juntos, ¿sabes? Y era un buen hombre. A su salud. Llaman a la puerta. -¿Molesto, doña Elpidia? -Isidro, pasa, pasa. -Siento mucho no haber ido al cementerio esta mañana. Estaba solo en la fábrica y... -No te preocupes, siéntate. Yo sé que apreciabas mucho a Pepe. -Lo siento mucho. Le acompaño en el sentimiento. Pepe era como un hermano para mí. -Gracias, él también te quería mucho. -¿Usted está bien? Si necesita cualquier cosa, ya sabe que me tiene... ...a su disposición para lo que sea. -¿Sabes lo que me pasa? -Que estuve tanto tiempo separada de él,... ...cuando estaba en la cárcel que todavía creo,... ...que cualquier día pueda volver a verle. -Lo de Pepe ha sido una injusticia. Una canallada. -Sí, Isidro, sí. Los que no tenemos apellidos, los que no tenemos dinero,... ...siempre acabamos pagando. -Qué ingenuos fuimos, ¿no? Antes de la guerra pensamos que esto iba a cambiar por fin. -No, no fuimos ingenuos, necesitábamos creer. Pero como siempre han pisoteado nuestros sueños. -¿Sabe una cosa? Desde que don Fabián me nombró gerente de la fábrica,... ...yo tengo una espinita clavada, doña Elpidia. -¿Cuál? -Ya se lo dije, ¿no se acuerda? Quien tenía que haber ocupado el puesto era Pepe y no yo. Y, verá, me siento como un intruso. Si él no hubiera estado en prisión... -Lo estaba, Isidro, Pepe estaba en la cárcel. Así que eras el mejor para ocupar el puesto. -A menudo... me surgen dudas en la oficina,... ...pienso en qué es lo que haría Pepe si estuviera en mi lugar. -Es natural. Habéis pasado tantas cosas juntos. -Bueno, doña Elpidia, yo... Yo ya me tengo que marchar. Sólo quería darle el pésame. Le he dicho a don Fabián que iba a acompañar... ...a Sagrario al médico. -Oh, por Dios, Isidro, perdóname. No te he preguntado por tu mujer, ¿cómo está? -Mal. Para qué nos vamos a engañar. Ya ni sale de casa... ...y muchas mañanas ni se levanta de la cama. Cualquier día de estos... -No, Isidro, no pienses eso. Dale muchos besos de mi parte y dile que iré a visitarla. -Se lo diré. ¿Seguro que... que no puedo hacer nada por usted? -No. Anda y vete antes de que te riña don Fabián. -Le he puesto el pretexto de mi mujer... ...porque tenía miedo de que no me diera permiso... ...si decía que venía a verla. -Anda, Isidro, muchas gracias. Cuida mucho de tu mujer. -Se lo repito, doña Elpidia. Si me necesita para cualquier cosa. -Gracias, Isidro. -Isidro. ¿Qué hace aquí? -¿Sí, don Fabián? -¿No iba al médico con su mujer? -Sí, claro, con mi mujer. El doctor le sacó sangre... ...para unos análisis y hemos vuelto a casa pronto. -¿Y a qué ha venido, me estaba buscando? -¿Buscándole a usted? Sí, sí, claro. Como me he ido temprano de la fábrica,... ...venía a preguntarle si le habían llamado del ministerio. -No, no, no han llamado. -Quería decirle que, si a usted le parece bien,... ...mañana, antes de ir a la fábrica,... ...me paso por el ministerio a ver si me entero de algo. Ya sabe, a ver qué se cuece. -Me parece una buena idea. -Muy bien. Entonces, hasta mañana, don Fabián. -Hasta mañana. Isidro. -¿Sí, don Fabián? -¿Qué tal Elpidia? -Muy bien, dadas las circunstancias. Son momentos difíciles. La mujer agradece cualquier muestra de cariño. -Lo quiero en la fábrica antes de las diez. Hay mucho trabajo pendiente. -Descuide, don Fabián. -Rodrigo llegará tarde. -¿Puedo levantarme? -Pregúntaselo a tu padre. -Papá, ¿puedo? -Sí. -Ponte el pijama y a la cama. -¿Y puedo leer un rato? -¿Y los deberes? -Sí. -Bueno, puedes leer un rato. Luego me das las buenas noches. -Yo también me voy a la cama. -¿Y Andrea? -¿Ahora te das cuenta de que no cenó con nosotros? -Por supuesto que no. ¿Ha cenado en su cuarto? -No. Ha ido un rato con Elpidia... ...para hacerle compañía. Hasta mañana, que descanses. -Hasta mañana. -Buenas noches, papá. -Eh, granujilla, no tanta prisa. -¿Qué? -Hace mucho que no hablamos, eh. ¿Qué tal las clases? -Bien. -¿Sólo bien? -Muy bien. -¿Seguro? -Sí. Bueno, menos el álgebra que no me entra. -Pues te tiene que entrar. ¿Y las otras materias? -El padre Vicente dice que todo muy bien. ¿Me puedo ir ya? -Espera. ¿Te acuerdas de rezar todas las noches? -Sí. -Mira que es muy importante. ¿Nunca se te olvida? -Bueno, a veces. -Pues te tienes que acordar. ¿Quieres que hoy yo rece contigo? -Sí. ¿Un padre nuestro? Por Pepe. El padre Vicente dice que hay que rezar por los difuntos. -El padre Vicente tiene razón. Vamos a rezar por el alma de Pepe. Que Dios lo tenga en la gloria y que vele por nosotros. (AMBOS) Padre nuestro que estás en los Cielos... Alguien abre una puerta. -¡Me cago en el Santo Misterio! ¿Qué haces despierta? Quiero hablar contigo, Rodrigo. -¿Qué pasa? Tienes que ayudarme. Es Antonio. -Mañana hablamos... No, hablamos ahora. -Mira, vengo cansado, estoy deseando irme a la cama. Tengo que verle. -Cuántas veces te he dicho que no puedo ayudarte. Los condenados tienen visitas... Soy su mujer. -Oficialmente no lo eres. Sí lo soy, Rodrigo. Antonio es mi marido. Hace casi un año que no lo veo. Sólo te pido que me arregles una visita para verlo unos minutos. -Hermanita, tienes que olvidarte de él. ¿Vale? Legalmente eres una mujer soltera, libre. Y Antonio está desahuciado. ¿Libre? -Sí, libre. A los ojos del nuevo gobierno tu matrimonio fue una farsa. Eres una mujer libre. No. Soy la mujer de Antonio y lo seré siempre. Nada va a cambiar eso. ¿Me escuchas? ¡Nada, Rodrigo! Nada. Pasos. ¡Villegas! ¡Chis! ¡Villegas! -¿Qué pasa? Creo que vienen a por alguien. -Estarán haciendo la ronda. Si fuera la ronda, vendría uno solo. -Tú, bello durmiente, arriba. -¡No, joder, no puedo ser yo! Estáis en un error. -Eso es lo que te gustaría. Vamos. -¡No, joder, no quiero morir! ¡No, no quiero morir, por favor! ¡No quiero morir, no, no! -Y vosotros, seguid durmiendo. -¡No, por favor, no quiero morir! -Pensaba que venían a por ti. Estaba convencido. La próxima vez que vengan será mi turno. -Yo le tendí la mano y Andrea escupió en ella. -Fabián, ya sé que no eres un monstruo, pero es tarde. -¿Por qué? -El hijo de Andrea ha muerto... ...y eso no tiene solución. Y ni tu hija ni yo te perdonaremos nunca que no hicieras nada por él. -¿Qué quieres? -Que me pagues lo que es mío. Que, por cierto, este mes van a ser 25 ptas. más. -¿Cómo? ¡Estás mal de la cabeza! -Quien algo quiere, algo le cuesta. Y yo dedico mi atención a proteger tu negocio. -Soy la mano derecha de Venancio, ¿no? Pero sólo conseguirás que me echen de Falange. -Eres muy valiente, Rodrigo. Yo sólo te pido que lo intentes. Y no me vuelvas a decir que me olvide de Antonio. Algún día tendré que salir, ¿no? -Sí, claro hijo mío. Tú no desesperes. Porque seguro que el indulto llega muy pronto. Seguro. Además, últimamente no están fusilando a nadie. -Claro que sí. -Buenos días, Palomita, ¿te acuerdas de mí? -Ay, Fani, pero claro. ¡Cuánto tiempo sin verte! -Sí, bueno, he tenido mis dificultades. Pero ya estoy de vuelta. Y como en mis mejores momentos. -Don Fabián, muchas gracias. Pero no. ¿Se acuerda lo que me dijo usted hace años? "Usted y yo no somos nada". Así que, por favor, mi hambre me la administro yo.

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Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 26

11 jul 2014

Madrid, febrero de 1940. Pepe acaba de morir de tuberculosis. Nunca llegó a salir de la cárcel. Y allí sigue todavía su hijo Antonio, esperando a ser ejecutado, casi sin esperanzas de un indulto, y sin poder recibir visitas de Andrea porque, según las leyes vigentes, ya no es su esposa.

Por su parte, Fabián y Loreto están cada vez más separados. Loreto no perdona a su marido que dejase morir a Liberto (todo el mundo sigue creyéndole muerto), y ha llegado al punto de no poder soportar que la toque. A los problemas en casa, Fabián suma los de la fábrica: el contrato del Valle de los Caídos se hace esperar.

Mientras Andrea trata de convencer a Rodrigo de que le consiga un permiso para visitar a Antonio, éste ve cómo se llevan a uno de sus compañeros de celda... al paredón.

Histórico de emisiones:

03/11/2005

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