www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
349017
No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 25 - Ver ahora
Transcripción completa

-O sea que, para usted, ¿las altas instancias todo su respeto...

...y no deben ser molestadas?

Muy realmente. Si no, figúrese cuál sería mi destino.

-No habrá que figurárselo. Podremos verlo.

Porque, no sé si sabe, que mi hijos es la mano derecha...

...de Venancio Rueda.

Y seguro que en Falange no hará gracia su falta de colaboración...

...en este caso.

-¡No puede ser!

-Lo siento, Loreto.

-¿Conmigo? ¿Y yo qué tendría que hacer?

-Nada, mujer, simplemente informarme.

Que me tengas al corriente de todo lo que veas y escuches.

Y te enteres de todo lo que puedas. Mis ojos y oídos en el bar.

-Tu hijo... ha muerto hace unas semanas.

¡No!

-El director de la cárcel...

...me contó que, cuando lo retiraron,...

...lo llevaron adonde tienen a los hijos de las reclusas.

Algunos tenían gripe y contagiaron a los otros.

Cuando se dieron cuenta de que era una epidemia, era demasiado tarde.

Muchos... murieron por la fiebre y...

Y Liberto entre ellos.

-Te vamos a llamar Miguel. ¿Te gusta?

¿Te gusta Miguel? Como el arcángel, cariño. ¡Que es precioso!

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

-Y ahí van las tropas de la legión desfilando junto al Caudillo,...

...que viste la boina roja del requetés y camisa azul de Falange.

-Sito, ¿no puedes jugar a otra cosa?

Una puerta se abre. -Es el desfile de la paz, tata.

¡Andrea!

-Anda, Sito, hijo, vete a la calle a jugar.

-¿Qué le pasa a Andrea? -Anda, vete a jugar. Venga.

-¿Qué pasa?

¡Mi hijo! Liberto.

-¡Nuestro niño! ¡No!

¡No! (LLORAN)

-Unas fiebres, Elpidia, ¡unas fiebres!

Eso le han dicho a mi marido.

-Una gripe que se complicó.

¡Quiero a mi niño, por favor!

-Duerme, mi niño, duerme, duerme, mi amor.

Duerme, tesoro, de mi corazón.

Duerme, mi niño, duerme, duerme, mi amor.

Duerme, te...

¡Elpidia! ¿Qué tienes?

Te voy a dar un poco de chinchón, verás como te sienta bien.

Anda. Siéntate. ¡Pero, bueno...!

¡Elpidia!

¿Qué ha pasado?

-¡Mi nieto está muerto!

-¡No sabes cuánto lo siento, Elpidia! ¡No sabes cuánto!

¿Cómo te has enterado?

-Don Fabián preguntó a sus amistades...

...y se enteró de lo que había pasado.

¡Y el niño se enfermó, le subió la fiebre y no salió!

-Elpidia...

¿Lo sabe Andrea? -Sí.

La he dejado en casa de sus padres. ¡Pobrecita mía, está deshecha!

-¿Y Antonio, se lo habéis dicho? -No.

Ni Andrea ni yo tenemos valor para darle la noticia.

¡Yo me quiero morir, Paloma!

-De eso nada, Elpidia, de eso nada.

Ahora has de estar más entera que nunca.

Has de sacar fuerzas de donde haga falta.

¡Pero no te puedes venir abajo! -¡No puedo más!

-Eso pensé yo cuando me dijeron que mi Maturino había muerto...

Se me vino el mundo encima pero... ¡Qué va, si no es verdad!

El mundo sigue dando vueltas.

-¡Mi niño, mi niño!

¡No te tortures, Elpidia, por favor, no te tortures!

Anda, Liberto ya descansa en paz. ¡Pobre! Él ya no sufre.

Te tienes que ocupar ahora de tu Pepe y de tu Antonio.

-¿Te acuerdas del hombre que vi en Guadalajara,...

...el que se hace pasar por él? ¡Le condenan a muerte!

¿Cómo le digo yo eso a Antonio y lo de Liberto?

-Pues contándoselo, ¿o prefieres que se entere por boca ajena?

-Ya sé que tengo que tirar de todo, pero no me alcanzan las fuerzas.

-Porque el dolor no te deja; el dolor se vence.

Las mujeres sabemos de esto más que nadie.

Mira, hijica, aunque los nacionales pasarán,...

...el dolor no nos va a organizar ningún desfile, ¿me explico?

¿Tú me has visto llorar alguna vez?

-¡Paloma, tú eres fuerte, joven, tienes la vida por delante!

-A mí el futuro me lo arrebató la jarca.

En las colinas.

Con mi Maturino se llevaron los planes, las ilusiones,...

...el futuro, todo... Y los hijos que nunca tendré. ¿Y qué?

¿Sabes lo que pasó al día siguiente?

Al día siguiente salió el sol, Elpidia, y al otro también.

Y mañana volverá a salir, por favor.

-Pero ¿por qué hay tanta desgracia?

¿Por qué, Dios mío?

-Al de arriba no hay que preguntarle,...

...no responde nunca.

Él sabrá por qué, pero no rinde cuentas.

El día que lo tengas de cara, el día del juicio final,...

...vas y se lo reclamas, a ver por dónde sale.

Pero ahora tenemos que apechugar, Elpidia.

-Sí, tienes razón, pero...

Es tan difícil.

-Anda, tómate otro traguito.

¿Estás mejor?

No te apures que está rebajado con agua.

Elpidia...

Ahora sólo tienes que preocuparte por tu Antonio.

-A muerte... Lo han condenado a muerte.

-Pero no es él el que está en la cárcel, Elpidia.

Ahora más que nunca hay que ayudarle a salir del país.

Mi niña...

Lo vamos a sacar, Elpidia.

Lo vamos a sacar.

-Mi niño...

(SUSPIRA)

¿Y mamá?

-Se ha echado un rato en la cama para descansar un poco.

Tú también deberías hacerlo, hija.

No puedo.

Si me acuesto me pongo a pensar y es peor.

-¿Un poco de agua?

Gracias, papá.

-Papá.

Siempre me has llamado padre.

Perdone. -No, no, no.

Si cuando eras pequeñita me llamabas papaíto.

Hasta que un día me llamaste padre.

Normal, ley de vida.

Mi hijo nunca le llamará abuelo.

-No soporto verte sufrir, Andrea, es más fuerte que yo.

Sólo quiero lo mejor para ti.

Si desaprobé tu matrimonio con Antonio...

...fue porque que creía que te precipitabas.

Tu madre y yo pensábamos que sólo era...

...un capricho de juventud,...

...que podría arruinarte la vida para siempre.

Quiero que comprendas, hija mía,...

...aún pudiendo estar equivocado, todos mis actos los hice...

...pensando en ti, en tu futuro, en tu vida.

Y que he tomado decisiones sin desearlas realmente,...

...algunas, algunas me han resultado muy dolorosas;...

...pero las he tomado convencido de hacer lo que debía.

-El niño no estaba bautizado, así que le cambiaron el nombre.

Por eso me había resultado imposible encontrarlo hasta ahora.

Si quiere, le puedo dar la dirección del orfanato.

-¿Entonces el niño está bien? -Cuando salió de aquí estaba bien.

Las monjas son especialistas en cuidar de ellos.

Así que es de suponer que estará perfectamente;...

...pero con otro nombre.

-Con otro nombre.

(SUSPIRA)

Quizás me haya equivocado, Andrea.

Quizás algún día descubras algo sobre mí que no comprendas,...

...que te parezca monstruoso,...

...pero quiero que sepas, hija mía,...

...que todo lo que he hecho lo he hecho sólo...

...y únicamente pensando en tu felicidad.

Yo ya no pienso en mi felicidad.

Yo no puedo ser feliz.

-No digas eso. Es la verdad.

-Lo superarás, estoy seguro.

Jamás...

Me han arrancado un trozo de mi vida.

Y no pasará ni un sólo día...

...en el que no eche de menos a mi hijo.

-El tiempo todo lo cura.

La guerra... ha dejado muchas heridas abiertas.

Pero hasta las peores heridas acaban cicatrizando.

Se me ha muerto un hijo, padre.

Si yo hubiera muerto siendo una niña de dos años,...

...¿cómo cree que se sentiría mamá?

¿Podría ser feliz?

Yo creo que no.

Yo creo que sentiría cada día del dolor de esa ida.

Y ese dolor no es de los que se curan.

Porque el dolor de parir un hijo se pasa,...

...se pasa con la inmensa alegría de verle crecer...

De verle sonreír.

De dar sus primeros pasos.

Pero el dolor de perderle,...

...saber que no voy a volver a verle,...

...ese dolor no se cura nunca.

-Sé que...

No va a ser fácil superar esta tragedia;...

...pero no estás sola.

Nos tienes a tu madre, a mí, a tus hermanos.

Tienes razón.

No estoy sola.

-¿Adónde vas?

Tengo que hacer una cosa...

...que no puede esperar, no se preocupe.

Elpidia.

-¿Cómo te encuentras?

Estoy bien.

Y mejor que voy a estar. -¿Dónde vas?

He perdido a un hijo,...

...pero tengo a mi marido y él me tiene a mí.

(SUSURRA) Es peligroso.

No podemos enterrarnos en vida, eso sería peor que la muerte.

Elpidia, Antonio tiene que saberlo.

Bastante tiene con vivir escondido, no le neguemos la verdad.

-Está bien.

Voy contigo. Sabía que lo entenderías.

Vamos. -Chis, una cosa,...

...no le digas nada de lo de Villegas.

Al final se enterará.

-Pues más vale que sea tarde.

¿Quieres que le mienta?

-Le partiremos el corazón al decirle lo del niño.

Si encima se entera que Villegas ha sido condenado a muerte...

Yo no sé cómo va a reaccionar.

¿Qué harías tú en ese agujero sin poder salir?

¿Cómo crees que reaccionará al saber que se lo hemos ocultado?

-No, es que no era un compañero, era más.

Se lo encontró en el monte y se hicieron muy amigos.

Si se entera que está condenado a muerte lo querrá ayudar.

Villegas ya estaba condenado a final de la guerra, lo buscaban.

Ya hizo por él todo lo que pudo.

Escúchame. No hay nada que temer. Se lo diremos así a Antonio.

Él lo entenderá.

Mi marido es fuerte y yo tengo que serle fiel.

-Pero también tienes que cuidarle.

Nadie conoce mejor a un hombre que su madre.

Y te digo que es capaz de cualquier cosa.

Bastante miedo me da que le digamos lo de Liberto.

Lo que quieres arriesga también a perder a tu marido.

(SUSURRA) Anda hija, vamos.

-¡Elpidia!

¿Se puede saber dónde vais? Que está la plaza llena.

¡Hortensia! No te había visto.

Tengo unos judiones para caerse de espaldas.

Y tengo una mojama, bueno, pasad a verla.

Qué guapas os veo ¿no?

-Vamos a cerrar, señores.

-Ya han oído a mi hijo. La casa invita.

Señores, lamentamos las molestias. Pero debemos cerrar.

Gracias.

-Señores, lamentamos las molestias. Pero tenemos que cerrar.

-¿Dónde estabas, abuelo?

-La Elpidia parecía un ánima.

-¿Por qué cierra? -Te estaba buscando.

-Vamos, padre, acompáñeme al almacén a por gaseosa.

-Sí, claro, vamos.

Puerta.

Andrea, ¿qué?

Nuestro hijo, Antonio.

No.

-El padre de Andrea hizo averiguaciones y no hay duda.

Era él.

Se nos ha ido, Antonio.

No, amor mío, no. No se ha ido.

Estará con nosotros para siempre. Para siempre.

-Antonio tiene razón.

Escúchame.

Escúchame.

Cuando estaba en el frente... Tú y mi hijo siempre estabais conmigo.

Cada día os sentía cerca.

Durante tres años estuvimos separados.

Pero en mi corazón permanecíamos los tres juntos.

Y así será también a partir de ahora.

Menos mal que estás conmigo, Antonio.

Me moriría...

Esto nos tiene que hacer más fuerte, escúchame.

Cada miliciano abatido en el frente a mi lado...

...alimentaba mi coraje con su sacrificio.

¿Me oyes? Tenía que seguir luchando por ellos.

Y ahora nos toca seguir luchando por Liberto.

Mi amor.

-¿Qué estará pasando ahí dentro? -El fantasma.

-Y dale molino, no existen los fantasmas.

-A ti lo que te da miedo es entrar en la cueva.

-Que no es que me de miedo...

-Dice que no.

Si eres tan valiente, demuéstramelo.

-¿Qué andáis tramando aquí, pareja?

-Sito, Ángel, venid acá.

-Llegaos y traedme unos mistos que no tengo, venga.

-¿Qué pasa? ¿Se ha muerto alguien? -¿Por qué?

-Coño, las horas que son y con el cierre echado.

-Pues habrá ido a algún recado.

-¿Y Pelayo?

-Y Pelayo, se habrá ido con él. ¿Qué es esto? ¿Un interrogatorio?

-¿No te parece raro?

Si cierran por recados...

Así no se hace dinero.

-A ver, no todo el mundo tiene el mismo olfato que tú.

-Lo que tú digas.

-A ver dónde me tomo yo ahora algo. Para refrescar el gaznate.

-¿No estás de servicio?

-¿Y qué? -No nada, que...

Creía que los policías de servicio no bebían.

-Eso será el Hollywood, peliculera.

¡Marcelino!

Llama a golpes. ¡Marcelino!

-¡Eh, al ladrón! ¡Eh, al ladrón!

¡Me han robado la cartera!

Usted es policía ¿no?

Un chaval joven con una gorra. Se ha ido por este callejón.

-Antonio, tienes que esconderte. ¿Qué pasa?

-Rafael que está con la mosca detrás de la oreja y ya vuelve.

-¡Vamos! Llévatela.

-Vamos Antonio.

-Andrea, por lo que más quieras. Antonio.

-Que saltes ya.

(SUSURRA) -Algo aquí.

-Joder, cómo corría el condenao.

-¿Lo has alcanzado?

-Qué va, ha desaparecido. Como por arte de magia.

-¿Qué ha pasado?

-Un raterillo que robó la cartera de un abuelo.

-¿Un vermú? Para reponer fuerzas.

-Mira, sí. -Padre, un vermú.

-Con un golpe de sifón. -Con un golpe de sifón.

-Un vaso, padre. Un vasito, aquí.

-Oye, por qué tenías cerrado hace un momento.

-Ha sido... pues un momento. Mira, ¡qué rico!

-Ya, que por qué has cerrado.

-El bar...

Pues...

Es que no puedo decírtelo, Rafael.

-¿Tú sabes con quién hablas? -Sí.

-¿Cómo que no puedes decírmelo?

Secretitos ahora conmigo, con el tito Rafa.

Marcelino, a que te lo cierro yo.

Y te advierto que no va a ser por un momento.

¡Huy, huy, huy, huy! Me parece que alguien se está metiendo en un lío.

¿Qué pasa, que guardamos algo en el almacén?

-No.

-Eh, ¿qué pasa, estás trapicheando a mis espaldas?

-No. -¡Contesta, coño!

¿Entonces?

¿Qué es? ¿Coñac, whisky, tabaco? -Anda, hijo, díselo.

-¿Pero qué dices, padre?

-Díselo o nos acabará cerrando el bar y es una tontería. Díselo.

-Verá, Rafael...

Es que el otro día mi padre se...

Se dio un homenaje. Una canita al aire, ya me entiende.

Y el caso es que la lumia, en cuestión,...

...que era de Puertollano.

Pues que le pasó las purgaciones.

-¡Coño, don Pelayo!

Y yo creí que andabais tramando algo.

-Pero, claro, el caso es que le tengo que poner...

Una inyección dos veces al día.

Con discreción, claro. -Ya.

Si es que, Pelayo, antes de entrar a matar hay que ver dónde se mete.

Bueno, venga, que tengo mucha faena.

Maestro, que Dios reparta suerte.

-¡Ole!

¿Antonio? Soy yo, Paloma.

Lo siento.

¿Qué más desgracias nos pueden pasar?

¿Qué ocurre?

-El hombre de Guadalajara, el que se hace pasar por ti.

Sí, Villegas. ¿Qué pasa?

-Lo han condenado a muerte.

¿Es tu amigo? No.

Estuvimos juntos muy poco tiempo.

Pero el suficiente para saber que era un buen hombre. Un valiente.

Me lo encontré en plena huida.

Dijo que era profesor en la universidad.

No estaba acostumbrado al monte. Se cansaba enseguida.

Tuvimos mala suerte, la verdad.

Unos soldados republicanos nos confundieron con nacionales.

Le hirieron en una pierna, apenas podía andar.

Fui un momento a buscar agua para él...

y cuando volví, unos soldados nacionales le hicieron prisionero.

Fue la última vez que le vi.

-Tienes que salir del país, Antonio.

Si te cogen, te fusilarán a ti también.

Es todo lo que tenía en la tienda. Cógelo y vete.

¡Estoy cansado de huir, de esconderme!

¡De no dar la cara!

¿Es justo todo lo que está pasando? Dime, ¿es justo?

Mi hijo... Villegas.

¡Tanta y tanta gente fusilada!

¡Enferma! ¡Desesperada!

La vida se ha convertido en un infierno.

Parece el fin del mundo.

¿Y tanto sufrimiento para qué?

Y yo qué hago mientras.

¡Esperar, siempre esperar aquí escondido, encerrado!

¡Sin poder hacer nada!

El mundo se derrumba a mi alrededor y yo no hago nada.

¡No hago nada! ¡Nada!

-Piensa en Andrea, Antonio.

Tienes que vivir por ella, para ella.

No tengo elección.

-No, no la tienes.

Coge este dinero, vete a por Andrea y huid.

Antonio.

Mucha suerte.

Padre.

Salude a su nieto. Liberto.

-¿Entonces este es...?

Sí, ya sé lo que va a decir. Parece imposible, pero no.

Mario le ha encontrado. -¿Mario?

¿Dónde estaba?

Estaba en un orfanato con unas monjas encantadoras.

¿Y sabe lo que me han dicho?

Que era un niño muy bien educado para estar abandonado.

Sabían que su madre vendría a recogerle.

(RÍE) ¿Qué le parece?

-¿Estará... Está bien de salud?

Claro, está sano como una rosa.

Se han portado muy bien con él.

Le han regalado todos estos juguetes.

(RÍE)

Padre...

Dele un beso a su nieto.

Vamos.

(LLORA)

-Tú no tienes la culpa de nada.

(LLORA) Tú no tienes la culpa de nada.

Tú no tienes la culpa de nada.

Tú no tienes la culpa de nada.

No tienes la culpa de nada...

(TOSE Y SE AHOGA)

-¿Qué te pasa, Fabián? ¿Estás bien?

-¡Ah! Una pesadilla.

(TOSE) -Te has quedado transpuesto.

-No podía respirar. -Ya ha pasado, ¿eh?

¿Mejor? -Sí, estoy bien, quita.

-Oh, menudo susto me has dado.

Te he dicho mil veces que no hagas la siesta después de comer.

Luego vienen los malos sueños.

¿Qué soñabas? ¿Que te ahogabas?

-No me acuerdo.

Ha sido sólo la impresión.

Timbre.

-Voy a ver.

Oh, hija.

Hija mía, ¿dónde estabas?

Me tenías preocupada.

Necesitaba tomar el fresco, mamá.

-Cariño, pero es mejor que durante unos días no salgas a la calle.

¿Estás bien, de verdad?

Sí, mamá, de verdad, estoy bien.

-Tenía miedo de que hicieras una locura.

-Andrea no va a hacer ninguna locura, ¿verdad?

No, Elpidia.

-Esta desgracia nos tiene que hacer más fuertes para seguir luchando.

-¿Cómo quieres que me lo tome? ¿Has visto cómo me has dejado?

-Fue lo primero que se me ocurrió. -¿Lo primero que se te ocurrió?

Expurgaciones, Puertollano, piensas cosas muy raras.

-Lo importante era quitarse de en medio a Rafael, ¿no?

-Sí, expurgaciones, Puertollano... Vamos, hombre.

Chavales, ¿adónde vais?

-Eh... Mi abuelo nos ha dicho que esperemos aquí.

-¿Y se lo apuntamos en la cuenta a tu abuelo?

-No sé, Marcelino. No me ha dicho nada.

Como vuelvas a llamarme miedica, te vas a enterar.

(RÍE) -Cobarde, gallina, capitán de las sardinas.

-Vale, ¿quieres que baje a la cueva?

-Pues bajo a la cueva, pero tú vienes conmigo.

-Padre, écheme una mano con las botellas.

Y vosotros, si viene alguien, avisáis.

-Tú primero.

-Vale, verás como los fantasmas sólo existen en los cuentos.

-Espera, espera.

-¿Qué pasa? ¿Quién es el miedica?

Como no bajes diré a todos que eres un cagón y mariquita.

-No me llames mariquita.

-Sito es Sita y es un mariquita. -¡Calla!

-Sito es Sita y es un mariquita. -Calla, bajamos los dos a la vez.

-Ven.

-Vámonos, Ángel, seguro que no está el fantasma.

-Anda trae, miedica.

Vamos, vamos. ¡Mira, alguien ha comido!

-¿Será el fantasma?

-¡Me cago en la madre que me parió!

-Estamos buscando corchos. -Os voy a dar corchos a vosotros.

¡Os he dicho que está prohibido bajar!

-Él tuvo la idea.

-¡Mentiroso!

-Venga, ¡a ver si os voy a colgar como a dos jamones!

-Antonio...

(SUSURRANDO) Antonio...

¡Eh, guardias!

-¿Qué, se encuentra bien? ¿Qué quiere?

Entregarme. -¿Cómo?

Quiero entregarme. -¿Usted quién es?

Me llamo Antonio Ramírez Grande. -Que quiere entregarse, qué bueno.

¿Qué es lo que ha hecho, si puede saberse?

(RÍE) Nada, no he hecho nada.

Pero va siendo hora de hacer algo. -¿De qué habla?

Si no ha hecho nada, ¿por qué se entrega?

¿Nos toma el pelo?

En el penal de Guadalajara alguien dice llamarse como yo:

Antonio Ramírez Grande. Lo condenaron a muerte en mi lugar.

-¿No se trata de una broma? ¡Antonio Ramírez Grande soy yo!

Es a mí a quien han condenado a muerte.

-Aún estamos vivos, ¿no?

¿O no estamos vivos?

Si a esto lo llamas vivir...

-Todavía te pueden conmutar la pena.

¡Que no, que aquí no se libra ni Dios!

-¿Quieres saber por qué no he ido?

Porque apreciaba a Pepe...

Porque era un buen hombre...

Porque trabajó conmigo muchos años, en buenos y malos momentos,...

...cuidó de la fábrica en la guerra y acabó en la cárcel.

Y no pude hacer nada para ayudarle.

(LLORA) -No puedo acercare a él. No soporto que me toque.

-¿Él le reclama el cumplimiento de sus deberes conyugales...

...y usted lo rechaza?

-Es valiente por tu parte opinar cuando nadie te lo ha pedido.

Pero si recuerdo, eso lo deciden los jueces.

-A esos me los paso yo... -Cuidadito con lo que dices.

A ver si voy a tener que llevarte a ti también,...

...a disfrutar de la hospitalidad del Estado.

-¿Qué tal Elpidia?

-Muy bien, dadas las circunstancias.

Son momentos difíciles.

La mujer agradece cualquier muestra de cariño.

-Lo quiero en la fábrica antes de las diez.

Hay mucho trabajo pendiente.

Antonio es mi marido, hace casi un año que no lo veo.

Sólo te pido que arregles una visita para verlo...

...por las rejas, unos minutos aunque sea, por favor.

-Tienes que olvidarte de él.

¿Vale? Legalmente eres soltera...

Libre... Y Antonio está desahuciado.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • T1 - Capítulo 25

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 25

03 nov 2005

Andrea, destrozada por la noticia de la muerte de su hijo, regresa a casa de sus padres. A pesar de los riesgos, ella y Elpidia visitan a Antonio en pleno día, y le cuentan la noticia. Antonio demuestra una gran entereza y es capaz de dar fuerzas a su madre y a su esposa para seguir adelante.

Paralelamente, descubrimos que la muerte de Liberto no es más que un embuste de Don Fabián para evitar la vergüenza a la familia. En realidad, el hijo de Andrea está vivo y sano, al cuidado de unas monjas que le han bautizado con otro nombre¿

Mientras tanto, la intervención de Paloma precipita los acontecimientos. Paloma, más pragmática que Andrea y Elpidia, comprende que la sentencia a muerte de Villegas acabará desenmascarando a Antonio, y proporciona a éste el dinero suficiente para huir del país. 

Pero hay algo con lo que ni Paloma ni nadie cuenta: Antonio no es capaz de dejar que Villegas corra la suerte que le corresponde a él. Sin avisar a nadie, Antonio sale de su escondite, y se entrega a las autoridades...

Histórico de emisiones:

03/11/2005

ver más sobre "Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 25" ver menos sobre "Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 25"
Programas completos (1710)

Los últimos 4.652 programas de Amar en tiempos revueltos

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios