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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 22 - ver ahora
Transcripción completa

En el sótano puedo aguantar mucho tiempo sin que se enteren.

¡Es peligroso!

¿Y si hacen un registro?

No me voy a ir solo.

Encontraremos al niño.

Y entonces subiremos los tres.

-¿Creías qué no te iba a reconocer?

(RÍE) ¿No te acuerdas?

(GRITA) Soy Genaro, el de Sigüenza.

¿Genaro?

-¡Claro! Estuvimos juntos en el hospital,...

...cuando te hirieron la cabeza. ¿Has perdido la memoria?

¡Sí, hombre, Genaro! Ahora que me acuerdo, ¿cómo estás?

-Muy bien, dame un abrazo, Juanito. (RÍE)

-Policía.

Vigilancia de locales públicos, para protegerlos y evitar...

...que sucedan incidentes. "Un servicio especial".

Y vas a tener que pagarlo, ¿entiendes?

-¿Pagar? ¿Por qué? -Porque son las nuevas normas.

-Tengo un licor para las ocasiones especiales...

-¡Vamos! -¡Huy, qué lanzado!

(RÍE) En la guerra aprendí que no hay que perder el tiempo.

-Por mí encantada, hay muchas maneras de celebrar la victoria.

Antonio ha estado aquí.

-¿Antonio? Sí.

-¿Antonio? Andrea. Sí, Antonio.

Está escondido, se disfrazó y aprovecho el desfile...

...para venir a verme.

-¡Mi marido! Genaro, mi marido.

-Pero ¿estás casada? -Sí, y es muy celoso,...

...es capaz de cualquier cosa. -¿Y qué hacemos?

-Irte, ¿no?

-Si llega a ser otro en vez de Paloma, la cagamos.

Era como una lapa, no he podido librarme de él.

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

(RÍEN)

-¿Qué te hace tanta gracia? -Tú, que no te has visto.

-¿Tengo monos en la cara o qué?

-Los monos no me harían tanta gracia.

-Supongo que ha llegado el momento de decir verdades.

-Llevo toda la tarde diciéndotelas y no te enteras.

Huy. -Sí.

-Gracias.

-¿Quieres sentarte? -No, gracias.

-Bueno, estoy esperando. ¿Cuáles son esas verdades?

-Primera verdad, estás enamorado.

-Primera decepción, eso ya me lo habías sacado.

-Pero estás enamorado hasta los huesos, y más profundo...

...de lo que se dice por ahí. (ASIENTE)

Segunda verdad, esa mujer tiene algo oscuro, en su pasado...

...o en su presente.

Lo cual te obliga a callar y a no gritarlo a los cuatro...

...vientos como te gustaría hacer. -No te vayas a creer...

-No sigas, me gustan los lados oscuros.

Es más, las mujeres con lados oscuros, hoy día es signo...

...de valor e independencia.

-Tocado, ¿hay más?

-Tercera verdad.

Y esta es por la que reía tanto. Te cambia la cara en cuanto...

...entras por el portal de esta casa.

-Aquí nunca me van a entender. -No, ni aquí, ni allí, ni más allá.

(SUSPIRA) Ay, Mario, estos tiempos no están hechos para nosotros.

-¿Para tenientes jurídicos y chicas que piensan?

-No, para quien se enamora sin importarle si es adecuado,...

...para quien va más allá de sus intereses, y para quien...

...está dispuesto a ir más allá de las conveniencias e hipocresías.

¿A que llevas un tiempo dándole vueltas a algunas locuras?

-¿Lo llevo escrito en la cara? (RÍEN)

La verdad es que sí. -Pues hazlas.

Y llegado a este punto, hay dos opciones:

decírselo primero a tu madre o primero a ella.

No sé, preséntate aquí un día con ella o en una fiesta.

Mira, hoy hubiese sido un día perfecto.

-Suena bien, pero te olvidas de un detalle.

-¿Ah, sí? ¿Qué detalle? -Verás.

¿Y si es ella, la mujer misteriosa, la que no quiere?

-Pues lucha, comete la locura B, pero haz algo.

Vive, que la vida se te escapa entre los dedos si la dejas.

-¡Qué poético! Suena muy bien. Pero no es tan fácil, no.

-¿Fácil? (RÍE)

O sea, ¿qué estás pensando en secuestrarla?

(RÍEN)

Di que sí, ese es mi teniente.

-Gracias, Beatriz, necesitaba hablar con alguien,...

...y si además me pincha, mejor. (RÍEN)

-Me parece que estoy escuchándote aquí, Mario.

-Sí. -¡Hombre!

Beatriz, ¿cómo te encuentras? Me tenías muy preocupada.

-¿Cómo? -Sí, la indisposición...

...que tuviste después del desfile.

-Ah, ya me encuentro fenomenal, fíjese, se me había olvidado.

-¡Qué bien! ¿Queréis tomar algo? -No, gracias.

-No. -¡Qué capacidad de recuperación!

-Es que su hijo es mano de santo, hasta la cabeza tiene de santo.

-¿A que sí?

Fíjate tú, que hasta le estoy viendo la aureola y todo.

(RÍEN)

Bueno, oye, qué bien lo pasáis juntos, ¿no?

Tenéis que repetir.

-Lo haremos, no le quepa la menor duda.

Mario tiene miles de cosas que contarme.

-Y tú, miles de consejos que darme.

-Bueno, entonces hasta otro día.

-¿Ya te vas? -Sí.

Los mejores licores es mejor beberlos en sorbos pequeños.

-¡Ajá!

-Beatriz va para poetisa, madre. -Vaya.

Ah, por cierto, dile a tu padre que me llame y una noche...

...de estas organizo una cena, y os venís.

-Te acompaño. -Vale.

-Adiós. -Adiós.

-¿Qué pasa, que no da?

-Qué va a dar, no da ni la mitad. Lo que pide es una barbaridad.

-¿Y si aguamos más el vino?

-Ni vendiendo el agua de la fuente.

Ojalá se lo gaste todo en botica.

-Tranquilo, hablaremos con él, alguna solución habrá.

-Pues que la busque él, que ha creado el problema.

O nos plantamos, que yo también he estado en la guerra.

-Menos lobo, que tú de guerra poquito.

-Porque me pegaron un tiro, pero vamos, puedo ser tan animal...

...como esos que están ahí fuera.

-No tanto, fueron ellos los que ganaron.

-Sí.

Pero peleamos con más carácter y menos armas.

-¡Qué no! ¿Por qué hablas ahora de combatir?

¿Quieres buscarte la ruina?

¿Sólo se te ocurre liarte a tiros con un policía?

Pues menuda solución.

Tú no eres así, nosotros no somos así.

-Pues a lo mejor ha llegado la hora.

Lo que hace ese policía es ilegal.

Si le plantamos cara, igual se achanta.

-Vete a saber quién está tras ese policía.

Pero sí sabemos quién está detrás. Imagínate que registran esto.

¿Quieres que cojan a Antonio? ¿Quieres ir tú también p'alante?

Contesta.

Alguien subiendo escaleras.

¿Qué pasa? ¿Por qué estos gritos? -No pasa nada.

El negocio, que va flojo.

-Buenos días, cariño.

Voy a organizar una merienda.

No sé cómo no se me ocurrió anoche, la verdad.

Bah. Ya está helado el café.

Oh.

Ahora que me doy cuenta no.

A los Cifuentes les voy a quitar, ¿sabes?

Porque el hermano de ella es de izquierda republicana...

...y me han dicho que está ayudando a los exiliados.

Así que lo siento mucho porque me cae muy bien Mari Paz.

Marita, naturalmente.

¿Quieres que invite a Beatriz?

Que sí, bobo. ¿Cómo no la voy a invitar?

¿A santo de qué organizaría yo este follón si no?

Lo que quiero es daros oportunidades.

-¿De qué habla, mamá?

-No seas tan vergonzoso.

Si es una chica estupenda, de las mejores familias.

Vamos, de los grandes de toda la vida.

Justo lo que tú necesitas. -Lo que necesito lo sé yo.

No tiene nada que ver con la cuna o la alcurnia.

-¿Ah, no? -No.

-Bueno, pues como quieras. Pero si puedes enamorarte,..

...te haces, que fácil lo tendrías con Beatriz si te lo propusieras.

-¿Si me lo propusiera? ¿Esas cosas hay que proponérselas?

-A tu edad, sí. Mario, por favor, un chico como tú.

Con tu formación, con posibles.

Dime qué problema puedes tener para encontrar novia.

A no ser, claro está, que no te dé la gana.

-Supongamos que nos empeñamos en casarnos con Beatriz.

¿Luego qué?

-A vivir que son dos días. Aristocracia, rentas, tierras...

Hasta obras públicas que eso ya no da vergüenza, hijo.

-Madre, no me haga hablar.

¿Ella en una obra pública y yo en otra como usted y papá?

-Pero, hijo, qué mal carácter por las mañanas, ¿no?

Espero que se te haya pasado en la merienda.

Y, por favor te lo pido, Mario, con Beatriz mucho tacto.

Que a la futura esposa...

...se le debe un respeto.

Teléfono.

-Dígame.

Por fin. Llevo dos días esperando esa llamada.

¿Cómo se encuentra de salud?

Bien. ¿En qué penal?

Guadalajara.

Ya.

Muy bien. Gracias.

-El uniforme limpio. ¿Lo cuelgo en el armario de Rodrigo?

¿Qué pasa?

¿Tiene alguna otra mancha?

-Elpidia, no puedes estar así por más tiempo.

-¿Así cómo?

-Gracias, Enar.

Elpidia, que nos conocemos de toda la vida.

Cuéntame la verdad, lo que pasa.

-¿Lo que pasa de qué?

-De Antonio o de Pepe. No dices nada.

-Pues Pepe está bien. -¿Y Antonio?

-Pues... Antonio también está bien. Vamos, que no ha pasado nada nuevo.

-Pues no entiendo por qué estás siempre con esa cara.

Bueno, claro, hace mucho que no vas a visitar a Antonio.

-Es que es muy difícil para mí.

-Buenos días.

Hombre, Elpidia. Qué casualidad. A ti quería verte.

Mira lo que tengo para ti, otro salvoconducto.

Para que puedas visitar a Antonio en el penal.

-Pues... Muchas gracias. -No hay de qué.

Ya sé que es muy difícil conseguir esos papeles.

-Elpidia, una buena noticia para variar. ¿Estás mejor?

-Sí. Mejor sí. Voy a colgar el uniforme.

-Buenos días, madre. -Hola, hijo.

-Qué mala cara tiene la pobre.

Parece que ya sabe que Antonio lo tiene muy mal.

-¿Mucho?

-Sí. Los cargos son muy graves.

-¿Le vas a ayudar?

Tienes que hacerlo.

-Madre, por favor. No se ponga dramática.

-¿Te parece poco drama el de esta mujer?

Su hijo está a punto de morir.

-Antonio va a pagar por los delitos que ha cometido.

-Por Dios, que Elpidia es como de la familia.

-Sí, madre, que no le deseo ningún mal a nadie.

Pero no olvidemos una cosa.

Antonio optó por el bando que mató a Calvo Sotelo.

-Ahórrame el parte de guerra que yo también la he vivido.

Sólo te pido que actúes como un buen cristiano.

-Y yo sólo le pido que entienda que Antonio lo pudo ver venir,...

...como yo. Nadie le obligó a que se hiciera miliciano.

-Está bien, hijo.

Si no lo haces por Antonio, hazlo por Elpidia.

Y sobre todo por tu hermana Andrea.

¿Me lo prometes?

-Venga, chaval. A la escuela que no hay faena.

-¿No necesitas que te haga ningún recado?

-Si no tengo dinero para ayudas.

-Ya pedirás, ya. -Ojalá.

-Pues que sepas que los patrones sin lo obreros no sois nada.

-A ese chaval un día le van a dar p'a el pelo.

-Pero si es un crío, joder. -Uh...

Dale a ese crío un fusil ya verás lo que te arma.

-Pues como no lo limpie no sé qué va a hacer.

-No eran mucho mayores los de la quinta del biberón...

...y mira cómo se divirtieron matando nacionales. Ponme otra.

-No son las nueve y ya llevas dos.

-¿Y qué? Mejor p'a ti.

-Mejor p'a mí no, que tu cuenta está engordando.

-¿Te crees que no te voy a pagar?

-No creo nada, pero de cuentas no vivo.

-Me cago en la leche.

Los dos de hoy, sírveme y déjate de monsergas, anda.

Que la cuenta te la voy a pagar religiosamente.

-No importa cómo, importa cuándo. -Pronto y déjate de joder.

-Toma, es lo que he ido arañando de aquí y allá un poco.

-Guárdelo, es suyo. -Es lo que llevo haciendo...

...desde hace tiempo, por si venían mal dadas y han venido.

-Que no, que ya me las apañaré. -Claro.

-Fue el capitán Valverde quien me pidió que viniera a verle.

-El bueno de Valverde.

Estuvimos juntos en la misma compañía.

Por eso me he permitido molestarles.

-Ninguna molestia, mi Teniente.

El caso es que, como ya les habrá dicho...

...el capitán Valverde, tengo interés en este asunto.

-Alférez Padrillo, a sus órdenes, mi Teniente.

-Apéeme del cargo y llámeme Mario.

Aquí pienso que podemos hablar con mayor libertad.

Supongo que habrá traído el expediente, ¿verdad?

-Sí. Aquí está.

-¿Cómo se encuentra el acusado de ánimos?

-Aguanta; pero no parece muy fuerte.

-No se le acusa de debilidad. -Ascendió a sargento por méritos.

Pero... -Ya sé lo que quiere decir,...

...no estaba presente cuando ocurrieron los hechos.

¿Sería tan amable de explicarme lo que ocurrió?

-El sargento Antonio Ramírez fue a la serranía a hacer...

...en enlace con un grupo de irregulares.

Mientras tanto, a pesar de sus órdenes,...

...sus soldados encontraron a unos nacionales y los fusilaron.

-Se tomaron la justicia por su mano.

-Perdón, mi Teniente, eso no es justicia.

-Era una forma de hablar.

-De acuerdo con el código militar el superior es responsable...

...de la conducta de los subordinados...

...en cualquier circunstancia. -Dejemos que lo diga la acusación.

Veo que el presidente del tribunal es el coronel Atienza.

-Sí. -Ramírez ha tenido suerte.

-Hemos tenido suerte.

-Somos la defensa, ¿recuerda, Pradillo?

Aunque con una corte marcial, nunca se sabe.

Bueno. No hay más cargos, ¿no? -¿Le parece poco?

-Cinco asesinatos y se alistó voluntario...

...en el quinto regimiento. -Porque le iban a llamar a filas.

Y en cuanto a los muertos, vamos a encastillarnos,...

...todos eran combatientes, los unos y los otros.

Nosotros nos estábamos allí para ver lo que ocurrió...

...y el sargento Antonio Ramírez tampoco.

Por lo tanto, vamos a suponer que entraron en el granero...

...y encontraron resistencia. -Pero...

-Déjeme acabar, Pradillo.

El sargento no estaba allí, aunque le tiren el argumento...

...y los soldados se dejaron llevar por el pánico.

Vamos a llevarlo por ahí. Tampoco era una conducta...

...habitual del pelotón, porque no existen...

...otros incidentes en el historial.

Timbre. -¿De acuerdo?

-Lo haré lo mejor que pueda. -Tiene que estar convencido

Golpean la puerta. -Sí, mi Teniente.

-Ha venido el señorito Rodrigo Robles.

Dice que tiene urgencia de hablar con usted.

Le he dicho que estaba con otra visita, pero insiste...

-Permiso.

-¿Qué haces aquí? -Alférez Pradillo.

-¡A sus órdenes! -Quería cambiar impresiones con él.

-El oficial de guardia me informó que había venido a tu casa...

...y me ha sido fácil imaginar por qué.

-Perdone, pero no... -¿Nos dispensa?

-¡A sus órdenes, mi Teniente!

-Socorro, ¿te ocupas del alférez, por favor?

Toses.

-Hola, Elpidia.

-Pepe...

Pepe...

¿A ti te dan la comida que te traigo?

-Sí.

-Esta vez te he traído un poco de asadura;...

...pero no la calenté porque no he conseguido manteca.

-Ahí habrá alguno que tenga.

-La próxima vez te traigo un guiso...

(PEPE TOSE) Deja de hablar de comida.

(PEPE TOSE)

-No han encontrado al nieto.

-Pero Andrea sigue buscando.

-¿Y a ella la siguen buscando?

-No sé, pero no te preocupes por Andrea porque es...

...una muchacha fuerte... (A PEPE LE DA UN ATAQUE DE TOS)

-¡Pepe! ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? ¿Estás malo?

-Es la humedad, un catarro.

¿Por qué te callas lo de Antonio?

-Yo... Yo no me callo nada.

Antonio está bien.

-¿No le juzgan?

-Pues le juzgarán algún día como a ti.

-Qué mal mientes, Elpidia, qué mal.

¿Qué le han hecho al chico?

-Pero, por Dios, no pienses barbaridades.

Es... -Se acabó.

P'a dentro. -No, espere, espere, por Dios.

Espere un minuto, espere.

-Ya está contando.

-Pepe, hemos tenido mucha suerte con el chico.

Antonio está... -Calla.

A lo peor, aquí dentro no hay tanta...

...y cuanto menos sepan, mejor.

Pobre Elpidia,...

...qué sola te he dejado.

-Le he explicado cómo enfocar la defensa,...

...dónde puede encontrar atenuantes, guiándole.

-¿Y cómo lo ves? ¿Podrá con ello?

-Es un pipiolo, acaba de terminar de estudiar...

...y eso si ha estudiado y no le han dado el título...

...por saludar.

Pero... ¿será capaz de evitar lo peor?

Tal y como están las cosas, el defensor es lo de menos,...

...depende más del presidente del tribunal...

...o, peor, si la noche anterior alguien...

...no suelta su flama por la radio.

¿Por qué estás aquí? -Por su madre.

Ha trabajado en mi casa desde siempre.

Y por él.

Crecimos juntos.

Mi hermana, Antonio y yo.

Inseparables.

A bofetadas, pero inseparables.

Hasta el 31.

Hasta la República.

No sé por qué coño tuvimos visiones diferentes de la vida.

-¿Visiones? ¿Qué importa eso?

-La mitad de la gente que luchó no eligió el bando donde servir.

Cada uno donde le tocaba.

-Antonio no, fue voluntario. -Y tú también.

-Pero elegí el bando correcto. -Sí, pero tú lo dices ahora.

En noviembre del 36, cuando Madrid resistía...

...y los tanques rusos os freían, a lo mejor no estabas tan seguro.

-Yo estaba dispuesto a luchar por lo que es justo.

Y a dar mi vida si es necesario. -Dar la vida es un honor, sí...

Pero perderla en el paredón, bien acabada la guerra,...

...es una injusticia se mire por donde se mire.

La visión, no puede pagarse con la vida.

Al fin y al cabo, tu hermana tuvo la misma visión que Antonio.

-También lo hago por ella.

-Ya, ¿le quiere mucho, no?

-Ya te lo he dicho.

(SUSPIRA)

-Yo estoy aquí por ella.

Conozco al presidente del tribunal.

Es el coronel Atienza.

No es blando, pero tampoco es una fiera.

-¿Y puedes acercarte a él? -Quizá.

Tampoco estaría mal que tú movieras tu uniforme.

¡Socorro!

-¿Sí?

Acompaña a Rodrigo, por favor.

Dile al alférez Pradillo que venga.

-¡Que me dejéis en paz!

¿Qué culpa tengo si la vida está tan cara?

-¡Ha subido medio real el litro de vino de pronto!

-¿Quién lleva este negocio?

Yo, ¿no? Pues te jodes.

-Tú que lo veas con los ojos en la mano.

Con no beber, tengo bastante.

-Le valdría a tu costilla si dejaras el vidrio.

-¿Qué nos estás llamando: borrachos?

-No, Dios me libre. Alegrillos, nada más.

-Eres tú el que te vas a joder.

No vuelvo a entrar ni aunque me ahorquen.

-Te ahorcarán, tranquilo.

Coño, que se van.

-¿Si lo subo a cinco céntimos sólo? -¿Y sigues poniendo para picar?

-Y una mierda. -Ahí te quedas.

-Vale, que sí. Que seguís picando a mi costa.

A ver si cuando necesite fontanero, me tiene tanta consideración.

-Andamos bien de parroquia.

-De parroquia sí, pero no deja.

-Será porque no eres listo.

-Que no, es que la gente no tiene ni para comer.

-Señor, si no te importa.

Y vamos a dejar de quejarnos. ¿Tienes lo mío?

-No, de verdad que no le miento.

He subido los precios lo que he podido.

-Siempre quejándose.

Si hay algo más llorón que un rojo, es un tendero rojo.

Mira ahí fuera.

Sólo con hacer así, entran y te llevan con candados.

A lo mejor es lo que estás buscando.

Tienes mucho amigos dentro, ¿no?

-Lo conseguiré.

Ya veré cómo, pero tendré sus cuartos.

-Hoy.

-Lo juro.

-Mi madre me enseñó a odiar a los que juran en falso.

Acuérdate.

-No digo que no haya que preocuparse, pero...

...la cosa no pinta tan mal.

Ya te lo dirá él cuando vayas a verle.

-Tú... Tú no le has visto, claro.

-No, Elpidia, yo no pinto nada allí.

Quiero decir que...

No tengo que verle para ayudarle.

-¿Y de qué le acusan?

-De una barbaridad que cometieron sus hombres...

Pero él no estaba con ellos.

-Y si no estaba, ¿por qué le acusan a él?

-Tiene que pagar por sus soldados. -Ah.

-Era el sargento.

Y el sargento es para dirigirlos.

Pero vamos a intentar que ante el tribunal sea un atenuante.

-Perdona, ¿qué es un atenuante?

(RÍE) -Vamos a intentar rebajar la condena, que no ocurra lo peor.

-¿Y lo conseguirás?

-El abogado es un alférez joven...

Pero está dispuesto a que Mario y yo le ayudemos.

-¿Mario también le ayuda?

-Sí, también.

Está moviendo Roma con Santiago para que no ocurra lo peor.

Díselo, le animará.

-Sí, se lo diré, claro.

Bueno, doña Loreto, si no quiere nada más, me voy.

-No, gracias, Elpidia.

Dale recuerdos a Antonio de mi parte.

-Sí, señora.

-Qué extraño, madre.

A veces parece que Elpidia ni siente ni padece.

No digas eso, a saber cómo reaccionaríamos nosotros...

...con un marido y un hijo en la cárcel.

-En la cárcel o peor.

-¿Por qué dices eso?

¿No está todo tan bien como lo pintas?

-No, los cargos son muy graves, de sangre.

Un milagro sería que no le fusilaran.

-Dios mío, pobre Elpidia.

-Y el abogado es un pipiolo.

La única esperanza es que el instructor escuche a Mario.

Al parecer, le conoce.

-Mario te habrá dicho lo que sea,...

...pero no se comprometerá por un preso.

-No lo va a hacer por él. Lo va a hacer por Andrea, padre.

-¿Por qué por Andrea?

-Tenías que haberle visto. Parece muy interesado por ella.

-Es un chico estupendo.

-Eso sería lo ideal...

Si tuviera que cargar con el hijo de otro.

-No sabéis la última.

A los Alvarado les han tenido que devolver todas las tierras...

...que les quitaron los colectivistas.

-Vaya favor que le han hecho.

-¿Por qué?

-Como debería ser. ¡Vaya porquería!

Si ya antes de la guerra no sacaban ni para los gastos corrientes.

Yo creo que harían mucho mejor malvendiéndolo que manteniéndolo.

-Pues ahí te demuestra lo listísimos que eran...

...los hermanos proletarios.

-La colectivizarían porque no tendrían otra.

-De eso nada, hijita; por maldad.

Las expropiaban por pura envidia.

-Anda que les salió bien, ¿eh?

Además de la tierra les tienen que devolver...

...toda la inversión que hicieron los sindicatos.

-Sí, sí, la maquinaria y todo lo demás.

Vamos, hasta las caballerías.

-¿Las caballerías? Qué asco me dan.

-Buenas tardes, señoras. Señorita.

-Huy, hijo, qué formal.

Dime lo de: florido ramillete.

-Por favor, Sra. O'Higgins, ahora no.

-Llámame Marita.

-Verás, Beatriz, es que cuando Mario era pequeñito.

Pequeñito. ¡Siéntate, que eres muy grande ya!

Ha salido a mi padre.

Bueno, pues tendría... ¿qué tendría, doce años?

-Yo creo que menos.

-Bueno, pues tendría unos diez añitos, ¿sabes?,...

...y estábamos merendando aquí como hoy.

Y resulta que él venía del colegio, tan formalito.

¡Parece que le estoy viendo!

Y nos saluda: "¡Oh, qué florido ramillete...

...me encuentro aquí esta tarde!"

¡Qué rico es mi niño!

Anda, Marita, ven, te voy a enseñar una colcha preciosa...

...que han hecho las presas de Las Ventas.

¡Oye, un trabajo, maravilloso! Verás.

Es muy fina, eh.

-Sácame de aquí ahora o grito. -Como quieras.

-¿Qué te pasa? ¿Lo has intentado y te ha dicho que no?

Plan B. -Bueno, estoy intentando...

...un plan X y no creo que funcione.

Verás, el marido de esa mujer tiene problemas.

Si no hacemos algo pronto, puede que no lo cuente.

Estoy intentando ayudarle. -¿En serio?

-Pero no lo veo nada claro. Cada vez veo el panorama más negro.

-¿Ayudar al marido?

De verdad que los caminos del Señor son infinitos.

Pero, bueno, bien está si te hace feliz.

-Con el panorama que veo, no tengo mucha felicidad pero...

Me conformo con ayudar a que ella sea feliz.

-En mi opinión, llegas 100 años tarde para ser tan romántico.

Pero no tengo que decir nada en contra.

Espero que tengas mucha suerte.

Y ahora, lo mío. Vamos.

-Pero, bueno, ¿ya os vais?

-Sí. Si no les importa que les prive del placer de su compañía.

-Pues no. -Bueno, adiós.

-Esta vez no.

¿Qué? Dime, cuenta.

-Tenías razón. La mayor de los de la Palma...

...es el mejor partido del mundo para... ¡don ramillete!

-Vamos, no me jodas, Isidro.

Es que me cuentan eso hace... un año y me río en su cara.

-Yo no lo he buscado. -¡Anda ya, coño,...

...que ya estoy harto de mosquitas muertas!

Ahora va a resultar que nadie hace nada.

-Te lo juro, se le metió en la cabeza.

-Qué me estás contando. ¿Que te dio el puesto por tus méritos?

Si no has sabido llevar nunca al personal.

-Don Fabián me lo pidió.

Yo le dije que no me sentía capaz, pero insistía, insistía...

¡No pude negarme! Y menos estando mi mujer enferma. Además, que tú...

-Calla, calla.

-Eh, tú, ¿tienes los cuartos?

-¡No te parto la cara! -Perdona un momento. Suéltale.

-¿Qué coño dices? -Que le sueltes.

-Quién te ha dado vela. -La tengo en todos menos en el mío.

-¿Señora Ramírez?

Soy el alférez Pradillo, abogado de su hijo Antonio.

Mire, señora, no voy a darle falsas esperanzas.

Pero sí me gustaría que me contara cómo son, cómo es la familia.

-Una familia trabajadora. -Sí, bueno.

Yo me refiero a si tienen ustedes inclinaciones políticas.

-En mi casa nunca nadie ha pertenecido a ningún partido.

-Pero Antonio fue voluntario. -Sí, como muchos otros.

-La verdad, no esperaba que se lo tomase con tanta tranquilidad.

-¿Qué cree, que no me importa mi hijo Antonio?

Me importa y mucho.

Cuándo va a ser el juicio. -Muy pronto. Esta misma semana.

-¿Lo han adelantado? -Cambian las fechas constantemente.

Algunos juicios duran horas y otros minutos.

Por eso he venido, quiero que sepa que haré todo lo posible.

Cuento con la ayuda de un teniente jurídico, D. Mario Ayala.

Pero hay que estar preparados para una sentencia dura, muy dura.

Y no creo que deba ir usted, no haría más que sufrir.

-No se preocupe. No me dejarían ir.

-¡Vete a la mierda! Y tú ya puedes ponerte un cohete, como vuelva...

-Como tengas que volver, qué.

No voy a repetirlo otra vez.

La próxima llamo a la pareja de servicio.

-Muy buena idea. Mira, te voy a ahorrar trabajo, hombre.

¡Guardias! ¡Guardias!

Policía. Documentación.

Si ni siquiera es buena la falsificación.

-¡Policía!

¿Ahora eres policía?

-Todos nuestros esfuerzos han sido en balde.

No damos con el niño. Nadie sabe de él.

Es como si se lo hubiese tragado la tierra o...

-Pues, Consuelo, yo... yo no soy mago.

-La cuestión es que me defiendo muy bien solita. Y gratis.

-Ya sé que estás haciendo lo imposible por intentar ayudarme.

-Antonio y yo tenemos nuestras diferencias.

Eso no te lo voy a negar.

Pero le aprecio.

-Vamos a dejar las cosas claras.

Qué pretendes, qué buscas molestando a mi familia.

Yo sólo he protegido a su hijo. -¿Protegerle de qué?

-De los líos en los que se puede meter.

Tienes que resistir.

Y tienes que hacerlo por nuestro hijo.

Y por el amor que nos une.

Te quiero con toda mi alma.

-Que todo vuelva a la normalidad, eh.

Que vuelvas a casa. Y que sepas, por encima de todo,...

...que soy tu padre.

¿Qué dices?

  • T1 - Capítulo 22

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 22

28 oct 2005

Mario y Rodrigo se alían para tratar de ayudar al supuesto Antonio, pendiente de juicio en la cárcel de Guadalajara. Dada la falta de pericia del abogado, Mario y Rodrigo ponen todo su empeño en aleccionarlo y en mover todos los contactos posibles para evitar una condena.

Mientras tanto, Eulalia está cada vez más convencida, erróneamente, de que la complicidad que surge entre Beatriz y Mario es el preludio al amor. Beatriz se va convirtiendo en la confidente de Mario, que le confiesa sus sentimientos hacia Andrea, aunque sin darle nombres.

Marcelino, desesperado por no poder pagar la 'mordida' que le exige el policía corrupto, teme que su bar sufra un registro y Antonio sea descubierto. Sin embargo, el policía no es tal, sino sólo un farsante. Quien se descubre como auténtico policía no es otro que Rafael: tras su expulsión de la fábrica, movió algunos hilos y consiguió un puesto de favor. Un puesto que piensa aprovechar...

Histórico de emisiones:

28/10/2005

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