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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 17 - ver ahora
Transcripción completa

-Porque tu madre debería saber que estás aquí.

Pues no, no debería saberlo, Marcelino.

-Así estaría más tranquila.

Nunca, me oyes, nunca nadie debe saberlo.

Bastante es que te la juegues tú.

-¡Elpidia!

¿Qué, le has visto por fin?

-Sí.

-¿Y? ¿Qué tal, le tratan mal?

Hija, traes una carica.

-No... Está bien, está bien.

¿Cuánto le piden?

-¿De quién hablan?

-De su hijo Antonio que está en la cárcel.

-¿No quieres poner una vela por tu hija?

-Una no. Tendrían que ser tres.

Aunque no sea plato de gusto....

Andrea tiene una familia.

-Familia...

-¿No has hablado con Elpidia?

-¿Pero ya ha vuelto?

-Ha visto a Antonio, en el penal. Está bien.

Nos manda recuerdos a todos.

-Eso sin... O sea, eso es una gran noticia. Eso es lo que es.

Una gran noticia.

-Y tengo el derecho a saber si te gastas el dinero...

...como tu padre, si tienes una mantenida...

...o lo que quiera saber, que para eso vives bajo mi techo.

-Lo único que sabemos es que ha ido por varios orfanatos...

...preguntando por Liberto.

Por el niño. -Ángel mío.

Daría cualquier cosa por poderle abrazar.

-Bueno, vamos a ver, he estado haciendo unas llamadas.

Aún no sé cómo respirará la policía, pero todos los correos...

...están de acuerdo conmigo.

Si te permitieron entrar al convento, es porque no hay cargos.

Menos los que me haya echado yo misma con la fuga.

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

Y mientras la fruta esta verde.

Aunque yo viera los besos sobre mi pecho...

...yo no cruzaría la...

¡Elpidia!

-¿Qué quieres, Paloma?

Que tengo aquí unos paquetes preparados para Pepe y Antonio.

¿Estás bien? Se te ve pálida.

-No, no, es que estoy muy cansada. -Ya.

Lo que te decía, que tengo unos paquetes ahí; son de comida.

No es nada del otro mundo. Ya que tienen que estar ahí...

...pasando lo que están pasando por lo menos que se lleven...

...algo rico a la boca.

-Muchas gracias, Paloma.

-No hay de qué, mujer. Ojalá pudiera hacer algo más.

¿Cuándo vas a verles?

-Pues a Pepe voy a verle ahora.

-¡Anda! Y a Antonio otro día, claro.

Lo de Guadalajara es más complicado.

¿Seguro que estás bien, no tendrás fiebre o algo?

Mira que ahora tienes que cuidarte.

Con todo lo que llevas lo que te falta es caer enferma.

Además, que no te deben ver así ni Pepe ni Antonio.

-A Antonio no voy a volver a ir a verle.

-¿Y por qué no vas a ir? Elpidia.

Sea lo que sea lo que te está reconcomiendo por dentro, suéltalo.

-Es mentira.

-¿El qué es mentira?

-¡Todo! Lo de Guadalajara, lo de que está vivo es mentira.

-¿Qué quieres decir que le ha pasado algo a Antonio?

-¡Es que no es él!

Es un desconocido, no es él. -¿Cómo, quién?

-No lo sé, es un hombre que no conozco.

Yo sólo sé que no es mi Antonio.

-No, lo entiendo. ¿Por qué has dicho que era él?

-Porque cuando sacaron a aquel hombre a la visita,...

...tenía un guardia al lado y me dio a entender que se hacía...

...pasar por él por necesidad.

-¿Y entonces dónde está tu hijo? -¡No lo sé!

Sólo sé que aquel hombre me pidió con los ojos que no le delatara.

Pero no puedo seguir mintiendo y diciendo que sí que es Antonio,...

...que está bien, que está en Guadalajara.

¡No puedo, no puedo! Te lo cuento porque eres mi amiga.

-Claro, mujer, sólo faltaba, menudo trago.

¿Y aquel hombre quién será?

-No sé, por lo que me dio a entender, parece que es...

...amigo de Antonio, que el fin de la guerra les pilló...

...allí y yo qué sé...

-A saber quién será teniendo que hacerse pasar por un soldado.

Algún cargo importante de la República seguro.

-No lo sé, pero no he dicho nada, bastante tiene el pobre hombre.

Pero saber que no está allí me está matando.

Y sobre todo, ¿cómo se lo digo a Pepe?

-Claro.

-Porque a Pepe el saber que Antonio está vivo le está dando...

...la vida. ¿Cómo le digo que el preso de Guadalajara no es él?

Por Dios, no sabes lo que estoy pasando y lo sola que estoy.

-Pues alguna idea ya me hago. Cuando vinieron...

...los militares a contarme lo de mi marido en el Rif...

...me tuve que ver así.

Así que tú no te vas a ir sola a ver a Pepe.

-¿Pero qué dices, Paloma? -Que te acompaño.

Que no es momento de andar rumiando tú sola esa angustia por ahí.

Así que hala, voy a cerrar y nos vamos.

-¿Pero y la tienda?

-A las tiendas no les pasa nada por quedarse solas y cerradas.

A las personas sí. Así que hala, vámonos.

-Sí. Pero necesito saber el nombre del responsable actual, por favor.

Sí, sí, claro, tomo nota.

-Mario, por favor, otra vez trabajando en el salón.

¿Cuántas veces te he dicho que no es de buen tono?

Ve al despacho y habla allí.

-Por favor, no puedo mantener dos conversaciones a la vez.

-El Sr. De la Palma acaba de llegar.

-Ah, sí, sí, dile que pase.

¿Lo ves? Y tú ahí.

-Eulalia, querida.

-Arturito.

-Dichosos los ojos. ¿Qué tal estás?

-Muy bien.

-No sé para qué lo pregunto. Se ve a leguas que estás estupenda.

-Bueno, sí, estoy bien.

Estoy un poco fatigada con esto de poner en orden la casa, ya sabes.

Pero me encuentro bien.

Ay, no sabes las ganas que tenía de verte.

Me tienes que contar muchas cosas de Roma.

-Ah, Roma, querida...

Qué maravilla de ciudad. Es extraordinaria.

Roma es...

Bueno, a parte de los siglos y siglos de historia...

...y de ser el eje de la cristiandad.

Sobre todo ahora Roma es...

La residencia del Rey y su familia.

-¿Pudiste verlos?

-Naturalmente. Varias veces.

Tuve ocasión de pasar con su Majestad y con la Familia Real...

...un par de tardes y...

Estaban también el príncipe don Juan y su esposa.

Y hasta jugué con el infante don Juan Carlos.

Ya tiene casi un año. -Qué rico.

Oye, ¿y hablasteis de la guerra?

-Naturalmente. ¿Cómo no, querida?

Constantemente. -¿Y qué piensa el Rey?

¿Cuánto tiempo cree que debemos soportar a estos?

-Eso no lo sabe ni él.

Personalmente, considero que es algo coyuntural,...

...pero depende de muchos factores incontrolables.

El resultado de la guerra en Europa influirá aquí.

-Ay, qué lástima, Arturo.

Ver a España gobernada por estos militares garbanceros...

...pudiendo reinas D. Alfonso XIII.

-Supongo que sí,...

...aunque entre nosotros,...

...que esté D. Alfonso XIII reinando...

...no te garantiza que también haya al mando militares garbanceros.

Acuérdate de lo que hizo con Primo de Rivera.

-¡Ay, sí, qué error!

Qué gran error de la Corona.

Ahí es donde empezamos a perderlo todo, ahí.

-Hola, Arturo. -Hombre, Mario.

-¿Cómo tú por aquí? -Pues ahora que lo dices,...

...además de venir a saludaros y saber de vosotros,...

...el motivo de mi visita es traeros este pequeño objeto...

...que encontré en un anticuario y que os resultará conocido.

-¡Vaya! Qué sorpresa.

¡Ay! ¡Mi San Gabriel!

¡El que me robaron los rojos, Mario!

Pero bueno, esto es increíble. ¿Dónde lo has conseguido?

-Lo encontré en el escaparate de un anticuario...

...y recordé por qué me era tan familiar.

Así que, bueno, lo compré y aquí está.

-No sabes cuánto te lo agradezco, Arturo.

Pero por favor, dime qué te debo.

-De ningún modo. No quiero que me des nada por el cuadro.

Es un regalo. -Bueno, tú siempre tan gentil.

-Sin embargo, hay una cuenta que sí tengo pendiente.

-Dime.

-1000 duros que le gané a tu marido,...

...en una partida a las cartas. Me dijo que tú me los darías.

-Sí, claro, naturalmente.

-Bueno, si me disculpáis, me tengo que ir.

Arturo, me alegro de verte.

-Pero hijo, por Dios, ¿dónde vas con esa prisa?

Quédate un rato con nosotros. -No puedo.

-Yo... Yo no sé lo que le pasa a este chico últimamente.

Está como ido. Entra, sale y no me dice nada.

-Eso me suena a cosa de faldas.

-Y a mí, pero no consigo que suelte prenda.

-No te preocupes. Es normal.

-Ya, si a mí no me importa.

Con tal de que no se haya liado con una monja alférez de esas.

-Eso ya sería otro cantar. -Pues sí.

¡Ay, mi San Gabriel!

Llaman a la puerta.

-¿Qué pasa?

-Don Rafael, aquí le traigo este caldito.

-Lléveselo. No quiero nada.

-¿Usted cree que esas son formas de salir adelante?

Ahí tirado todo el día.

Así no se gana para vivir ni para pagar las cuentas.

Pero le voy a decir una cosa.

Por mucho daño que le haya hecho ese jefe suyo,...

...no se puede hundir así.

-Usted no sabe de la misa la media.

No era sólo mi jefe.

Era como mi familia, ¿entiende?

Era mi familia y me despreciaron, me humillaron.

Me lo han quitado todo, la ilusión.

Usted no entiende nada.

-Bueno, eso de que yo no puedo entenderlo...

Usted ha confiado en ese hombre como si fuese un padre...

...y él le traicionó.

Pues ese tipo es un canalla y usted no puede quedarse quieto.

-Ya me gustaría hacer algo.

Es un hombre muy poderoso.

Usted no sabe los contactos que tiene.

-¡Denúnciele! ¡Llévele a los tribunales!

Si ha hecho alguna fechoría, acabará pagándola.

-Sí, claro, a los tribunales, así de fácil.

-¿Ha oído nombrar a un abogado llamado Toribio Pardo?

-Por favor, ¿por qué no me deja tranquilo?

Sólo quiero que me dejen en paz.

No quiero calditos, ni abogados, ni juicios.

-Eso, pudrirse en la cama no es la solución.

Si es que se le van a freír los sesos de estar tumbado.

Hágame caso.

Este Toribio Pardo es un abogado buenísimo.

De esos que se la saben todas.

De esos que cuando te hablan, te meten el miedo en el cuerpo.

-Esos cuestan mucho dinero. -Este no.

-Entonces, no será tan bueno.

-Este no porque yo le conseguiría un precio especial.

¿Y sabe por qué? Porque es el marido de mi sobrina.

-¿Pero no me dijo que me convenía una mujer como su sobrina?

Ahora resulta que está casada.

-Esa es la del pueblo. Esta es la que vive en Madrid.

Tiene un marido que es una fiera. Pleito que pone, lo gana.

Ha puesto pleitos a un policía, a un almirante, a un alcalde...

Y los ha ganado todos.

Así que si quiere darle una buena lección a su jefe,...

...tiene que levantarse ahora mismo y llamarle. ¿Qué me dice?

(TOSE)

-Hola, Elpidia.

-¡Pepe, Pepe!

-¿Y Antonio, cómo está? ¿Qué te dijo?

-Bien, Antonio está bien.

Sí, pero le vi muy poco tiempo porque enseguida se lo llevaron.

-¿Y qué te contó?

-Pues no... Él me preguntó por el niño y por Andrea,...

...y por ti, claro.

Me dijo que te diera muchos besos y se lo llevaron.

-Menos mal que él está bien. Me tranquiliza mucho saberlo.

Lo demás ya da más igual.

Lo importante es que los jóvenes salgan adelante.

Nosotros, los viejos, ya iremos tirando.

(TOSE)

-Pepe, ¿estás bien? -Estoy bien.

A mi edad, uno se hace a todo. -No digas barbaridades.

¿Cómo se va a hacer uno a la cárcel?

-Anda que no.

Te digo yo que si ahora volviese a nuestra cama,...

...no podría pegar ojo en dos o tres noches.

Estoy tan acostumbrado al catre de ahí dentro, tan duro,...

...que no sería capaz de dormir en un buen colchón.

(TOSE) -Mira, mira lo que te pasa...

...por decir tonterías.

-Que no te preocupes por mí te digo.

-Oye, no te olvides de decirle a Paloma...

...que le agradezco muchísimo la comida.

-Sí, se lo diré.

Ha venido conmigo, pero no la han dejado pasar.

-Claro. Y a saber cuánto habréis tenido que pagar...

...para entrar otra vez a verme.

-Pepe, olvídate de eso. ¿Cómo voy a estar sin verte?

-Elpidia...

Quiero que la próxima vez que vayas a ver a Antonio,...

...le lleves esto.

De mi parte.

-¡Tu reloj!

¡El reloj de tu padre!

¿Pero no te lo han quitado?

-Aquí me lo quitarán más tarde o más pronto.

Decían que, en esta cárcel, la dirección había dado orden...

...de no despojar a los presos.

Pero las cosas son como son.

Una cosa es la norma y otra...

...las personas que tienen que ponerlas en práctica.

Elpidia, cógelo...

...y se lo das a Antonio.

-Por favor, Pepe, no. No me asustes.

¿Pero por qué quieres que haga eso?

-Tiene que ser así. ¡Por favor, cógelo!

-Sí, Pepe.

-Amigo mío, el art. IV de la ley de propiedad, extensivo...

...a la propiedad industrial y su ejercicio con lucro, lo dice:

"Toda inscripción que se registre expresará las circunstancias:

la naturaleza, situación y linderos de los inmuebles...

...o a los que afecte el derecho que deba inscribirse.

Y su medida, nombre y n, si constaren".

El derecho sobre el cual se constituya el objeto...

...de la inscripción y la persona de quien procedan los bienes.

En este caso, su padre. -¿Mi padre?

-¿Ese D. Fabián tiene la propiedad respetando los requisitos?

-Pues no lo sé. Supongo que, a base de engaños,...

...al final, mi padre acabaría entregándole todos los papeles.

-¿Pero no está seguro? -La verdad, no.

Ocurrió hace mucho. -Buena noticia para sus intereses.

Pero aún hay otra mejor.

El registro de la propiedad sirve para anotar los actos...

...y contratos relativos al dominio y derechos de bienes e inmuebles.

¿Eso qué quiere decir? Que si no hay constancia...

...de la transmisión de propiedad,...

...la transmisión no ha sucedido. ¿Comprende?

-Sí. Bueno, creo que sí.

-Amigo, intento decirle que esos documentos,...

...relativos a la propiedad legal de la fábrica, quizá no existan.

Y si existieron, habrán sido destruidos por los bombardeos.

Por tanto, la sola mención, por su parte,...

...de que va a reclamar lo que es suyo por derecho paterno,...

...hará encanecer los cabellos a ese sujeto.

-¿Podemos hacer eso? -Desde luego que podemos.

Y ese D. Fabián querrá llegar a algún acuerdo...

...antes de arriesgarse a perder media fábrica.

Bueno, la mitad o toda.

-Vamos a por él. -Excelente.

Ahora voy a registro para ver cuál es la situación.

-Y si estuvieran los papeles...

-Le denunciaríamos por engaño y estafa a su padre.

Recurriríamos a testigos y se vería, en el mejor de los casos,...

...metido en un pleito donde se jugaría la propiedad de la empresa.

Ya le digo. Ese D. Fabián va a dormir bien poco desde ahora.

Bueno, yo ya me voy. ¿Qué se debe aquí?

-No, no, por favor, está invitado. -Gracias.

Y disculpe que no lo reciba en mi despacho pero...

Están pintándolo y aquello está imposible.

-Tranquilo, no se preocupe.

-Amigo mío, me gusta este caso.

-Yo mismo la he avalado ante las autoridades militares.

Y Andrea, que está viviendo en casa de su amiga Consuelo,...

...está libre de todas la acusaciones.

-Y por qué me cuenta esto a mí.

-Hombre, usted es su padre, ¿no?

-Andrea tomó algunas decisiones respecto a su vida que no comparto.

Eso hace que no me sienta responsable de sus actos.

Y mucho menos de sus consecuencias.

-Si se refiere a su matrimonio... -Por ejemplo.

-Pero supongo que estará usted al corriente de que...

Su marido no está aquí.

De hecho no se sabe si aparecerá. -Pues peor para él.

¿Entonces cuál es el problema?

Claro, usted viene a cobrar su minuta de abogado.

-Ya está bien. He soportado sus desdenes.

Pero todo tiene un límite. Vengo a decirle...

...que su hija está libre y para que sepa que le necesita.

-Ella decidió en su momento lo que necesitaba...

...y no era su familia. Y haga el favor, estoy ocupado.

-Vamos a ver, le han quitado a su hijo. Su nieto.

¿Eso tampoco le importa?

-Por favor, tengo mucho trabajo. -¿Qué clase de hombre es?

Si mi hija y mi nieto me necesitan, yo iría en su busca.

Puedo comprender que hayan tenido sus diferencias.

Pero hay cosas por encima de todo eso.

No son tiempos para seguir anclados en el rencor. Debería perdonar.

-No le consiento que me diga qué debo hacer.

Usted y yo ya no tenemos nada más que hablar.

Haga el favor de salir por esa puerta y dejarme trabajar.

-Tiene usted razón. Perdone mi atrevimiento.

Pensé que era un ser humano como los demás.

-¡Yo soy como me da la gana, señor mío!

Llaman a la puerta.

-Perdone, ha vuelto a llamar el Sr. Pardo.

-Y quién es ese tal Pardo.

-D. Toribio Pardo, el abogado de Rafael Serrano.

Le ha llamado varias veces, dice que es urgente.

-No quiero saber nada de ese patán, que no me moleste.

Teléfono.

-¿Sí, dígame?

Es su señora.

-¿Qué quieres, Loreto?

¿Andrea? Y por qué tengo que saber yo algo de Andrea.

No, no tengo noticias, no sé dónde está.

Qué quieres, que llame a la policía y la metan en la cárcel.

¿Nos ha necesitado a ti y a mí en este tiempo? No.

Se las ha arreglado muy bien solita. Pues que siga así.

Loreto, por favor, tengo mucho trabajo.

Tengo que volver a poner la fábrica en marcha.

Dios sabe a qué hora llegaré esta noche.

¡Que no, no me esperes despierta! ¡Adiós, adiós!

¿Qué pasa hoy?

-Marcelino, un par de limonadas.

-Que no, yo mejor me voy a casa.

-De eso nada, primero te tomas tu refresco.

Hemos andado un buen trecho, tienes que estar cansada.

-¿Qué te ha pasado hoy? Tu tienda estaba cerrada.

-Nada, he acompañado a Elpidia a la cárcel a ver a Pepe.

-¿Y qué tal está Pepe, Elpidia?

-Mal, mal. Muy mal.

Tose mucho.

-Doña Elpidia, ¿qué le pasa a Pepe?

-Pues, Isidro, que el estar allí encerrado le está consumiendo.

Yo le veo muy apagado.

-Mujer, eso es normal. En cuanto salga, se le pasa todo.

-No, si la tos ya la tenía de antes de que se lo llevaran pero...

Pero es que ahora tose mucho, muchísimo más.

Y además está muy triste. Está convencido de que no va a salir.

-Bueno, doña Elpidia, es que estar en prisión...

...le debe de dejar a uno la moral por los suelos.

Pero conozco bien a Pepe y va a ver usted, doña Elpidia,...

...cuando estén Antonio, usted y él, los tres juntos,...

...Pepe se anima y todo vuelve a la normalidad.

Porque, ¿Antonio qué tal está?

Usted fue a verle el otro día.

-Antonio.

-Antonio, sí, estaba bien, ¿verdad?

¿Cuándo va a volver a verle?

-Está en Guadalajara, ¿verdad?

-Guadalajara.

Sí, yo me tengo que marchar porque tengo mucho que hacer.

-¿Pero qué le pasa?

¿Por qué se pone así?

Antonio estaba bien.

¿Verdad?

-Haceos cargo de la situación.

De la noche a la mañana le han arrebatado todo.

El marido en la cárcel, el hijo también y ella...

Pasando todo tipo de calamidades por ellos.

Y aguantando el tipo.

Que cada día lo aguanta peor, no hay más que verla.

Hasta que no vuelvan a estar con ella no...

No os podéis imaginar lo que está soportando esa mujer.

-Si... gui... Siguiendo la señal.

-Siguiendo la se... ñal.

Golpe. ¡Ah!

Espera, espera, espera.

Mira, la ñ y la a son con los meñiques.

Y tienes que colocar todos los dedos sobre el teclado.

-¿Así? Sí.

-Pero es que me cuesta mucho. ¿Y si uso menos dedos qué pasa?

Que nunca vas a tener soltura ni velocidad.

A ver, pon todos los dedos sobre el teclado.

Por eso estudiamos este sistema de mecanografía.

-Es que cuesta, ¿eh? Claro que cuesta.

Pero verás que con el tiempo escribirás más rápido.

-La se... Ñal.

-Te admiro. Tienes paciencia para enseñarme...

...a escribir a máquina con lo torpe que soy.

Consuelo, que no eres torpe. -A ver.

Venga.

Timbre. -Voy.

Voy a la habitación, ¿vale? Por si acaso.

-Mario, hola. Pasa, pasa.

Qué alegría verte. Andrea, es Mario, puedes salir.

Hola, Mario. -Hola.

¿Alguna novedad? -Pues sí, una.

Siéntate.

-Ya no tendrás que esconderte cuando alguien venga a esta casa.

Las acusaciones han sido retiradas.

-Ay, Mario. No me puedo creer que sea verdad.

-Pues sí.

¿De verdad que me van a dejar en paz?

Ay, no sabes lo agradecida que te estoy.

-Eres impresionante, habrás tenido que convencer...

...a gente muy influyente. -No ha sido para tanto.

En la facultad tenía amigos que ahora ocupan cargos...

...de responsabilidad.

Sólo he tenido que avalarla.

Entonces puedo hacer lo que quiera, puedo salir a buscar a mi hijo...

...y salir a la calle. -Bueno, vamos a ver, eh...

Sí, ¿no? Vamos, que puedo ir entonces a los hospitales,...

...dónde más, a los orfanatos, a los patronatos de beneficencia...

Pero primero iré a la cárcel, allí me separaron de mi hijo.

-Espera, no puedes hacer eso.

¿Qué problema hay?

-Por mucho que yo te haya avalado, eso no borra tu pasado.

Si empiezas a dejarte ver preguntando por él...

...volverás a tener problemas.

¿Por qué? Sólo soy una madre preguntando por su hijo.

La policía sospecha de cualquiera que haga algo fuera de lo normal.

Y tú evidentemente no eres la única sospechosa que busca a su hijo.

Bastará con que reparen en ti, comprueben tu historial...

...para que lo que he hecho no sirva para nada.

Y volverá la rueda. Y ya no podré intervenir.

¿Y qué quieres que haga?

-Por favor, espera a que las cosas se calmen, ¿de acuerdo?

¿Quieres que me quede de brazos cruzados sin saber nada...

...de mi hijo ni de Antonio? Tengo que encontrarlos a los dos.

¿Qué clase de libertad me has conseguido...

...que ni puedo hacer lo que más deseo en la vida?

-Pensé que era mi deber decirte lo que podría ocurrir.

Pero, bueno, yo me tengo que ir.

-Mario, ¿quieres tomar algo? -No, gracias. Tengo prisa.

-¿Un café o algo? -Por favor, Consuelo.

Intenta convencerla. A mí no me hace ningún caso.

-Andrea. Por favor, no me digas nada.

Son mi hijo y Antonio, ¿lo entiendes?

-Ah, ¿estás aquí?

-Sí, es que he venido a recoger una cosa.

-Muy bien.

Oye, ¿qué te parece si pongo el S. Gabriel...

...en un sitio destacado del salón?

Ya ves, ahora que lo he recuperado me doy cuenta de su valor.

-Ese S. Gabriel es falso, madre. -No digas bobadas. ¿Falso?

Si no, no hubiera estado en un anticuario que fue...

...donde lo encontró Arturo.

-Arturo seguro que sabe que es falso, igual que el anticuario.

Se lo dejaría a un precio irrisorio y por eso se lo regaló.

Vamos, madre, no sea usted ingenua.

-¿Y los milagros también son falsos?

-¿Qué milagro? Yo no he visto ninguno.

-Por favor, no seas irreverente, Mario.

Yo sé cuánto le debo a este S. Gabriel.

Él siempre escucha mis plegarias.

-Muy bien, para usted la perra gorda.

-Por favor, no me des la razón como a los locos.

-Se empeña en decir que es verdadero y es falso.

Dice que hace milagros.

Quizá usted hace los milagros y no lo sabía.

-Me escandalizas, hijo.

Parece mentira que criase a mis pechos a un ser como tú.

-Es que usted no me crió. Me crió una nodriza gallega...

...porque usted jugaba al tenis. -Yo le pagaba.

Te crió con mi dinero.

A ver si voy a ser menos madre por eso.

-Tranquila, yo sé quién es mi madre.

-Yo, naturalmente. -Sí, usted. Usted.

Bueno, me marcho al Ardy a cenar algo.

-¿Al Ardy? Te acompaño. Me arreglo un poco.

-No hace falta que se arregle. -¿Voy bien así?

-Quiero ir solo.

-¿Solo? -Ajá.

-Ya habrás quedado con esa chica con la que sales.

Esa que te deja la cartera vacía. -No salgo con ninguna chica.

-¿Cómo es? ¿Rubia, morena...?

Bah, será pelirroja.

No me gustan las pelirrojas.

-Esto ya está. Por fin vamos a tener luz aquí abajo.

¿Seguro?

Antes ha dado un buen chispazo.

-Los cables estaban pelados e hizo corto. Mira ahora.

De todas formas, no creas la usarás mucho.

Cuando el bar esté cerrado, digo.

Y yo que iba a montar una fiesta en tu ausencia.

-Menos cachondeo. Se me eriza el vello de pensar...

...que pudieran descubrirte.

Y Ángel, ¿te ha vuelto a preguntar por el fantasma?

-No. Le he contado la historia del espíritu y no habla del tema.

Mejor, un niño con curiosidad puede ser más peligroso...

...que un policía fascista. Más listo seguro.

-Si encuentro algo de leer, te lo bajo.

Pero los periódicos de hoy no te harán mucha gracia.

No, ¿no?

-Oye, otra cosa, Antonio.

Antes tu madre estaba con Paloma. Que han ido a ver a tu padre.

¿Y? ¿Qué te ha dicho? ¿Cómo está?

-Bueno, pues... un poco abatido.

Pero es normal, eso es de estar ahí dentro.

La que está muy angustiada es tu madre.

No os tiene a ninguno de los dos.

Dile que estás aquí.

Ya te lo he dicho. Eso la pondría en peligro.

Ella es muy inocente, no tiene malicia ninguna.

Acabaría por contárselo a alguien.

Se correría la voz y antes de darse cuenta...

...estaría implicada encubriéndome.

Y sería ella la que acabaría en la cárcel, y no.

Eso no lo voy a permitir.

-Antonio, que no lo está pasando bien.

Ya lo sé.

Vaya, hombre, ¿pero qué arreglo hiciste tú?

-Pero que esto es un apagón.

Que han dicho que iba a haber restricciones.

Seguro que está toda Madrid así.

¡Antonio! No te rías, joder.

-Si piensan levantar España con este servicio de luz, mal vamos.

-Don Fabián, ¿sabe cuánto van a durar estas restricciones?

-Hasta que se enteren de que para crear riqueza hace falta energía.

Que quiten de otro sitio, pero no de ahí, hombre.

Llaman a la puerta.

-Hola, buenas tardes. ¿Don Fabián Robles es usted?

-¿Y usted quién es? ¿Quién le ha dado permiso para entrar aquí?

-Disculpe. La urgencia de mi demanda y el trato...

...dado a mis solicitudes lo han hecho necesario.

Soy Toribio Pardo, abogado de don Rafael Serrano.

-¡Pero esto es el colmo!

Que tenga que aguantar en mi despacho al abogado de ese patán.

Por favor, Isidro, echa a este hombre.

-Por favor, váyase, no quiere hablar con usted.

-El asunto le interesa, se lo aseguro.

-Váyase. Tengamos la fiesta en paz.

-Muy bien. Pero antes quiero que sepa que he descubierto...

...algunas irregularidades en el registro de la propiedad...

...sobre la titularidad de esta fábrica.

Adiós, buenas tardes. -Espere, un momento.

Usted, vuelva aquí.

-No quisiera molestarle.

Ya que ha insistido tanto que me vaya...

-Déjese de monsergas y diga ya lo que ha venido a decir.

-Muy bien, si me insiste con esa amabilidad.

He estado en el registro de la propiedad y no figuran...

...todos los documentos que acrediten que sea el dueño...

...legítimo de esta empresa. No sé si está el corriente...

...del artículo 4 de la ley. Yo se lo recordaré.

El derecho singular y exclusivo de propiedad sobre un espacio...

...delimitado y susceptible de aprovechamiento independiente...

...con los elementos... -Sí, sí, señor...

Pardo.

Tiene usted una memoria prodigiosa, pero yo soy un hombre...

...muy ocupado. ¿A dónde quiere ir?

-Muy probablemente a los tribunales.

Pretendo ponerle un pleito para reclamarle para mi cliente...

...la parte de la fábrica que le corresponde legítimamente.

Y en el que demostraré que usted se la robó a su padre.

Pleito que, tras lo visto en el registro,...

...a buen seguro ganaremos.

Sin bien mi cliente estaría dispuesto a no ir...

...a los tribunales si antes se llegara a un acuerdo económico...

...que le compensara de este daño. -Por favor, váyase de aquí.

-O sea, que Rafael quiere llegar a un acuerdo.

-Sería lo más conveniente para todos.

-Bien.

Acabemos con este asunto de una buena vez.

Les espero a los dos aquí mañana por la mañana.

-Aquí estaremos.

Llaman a la puerta.

-Hola, Elpidia, buenas noches. Perdona que la moleste.

-¿Pasa algo, Marcelino? -Tenemos que hablar.

-Siéntate, Marcelino, siéntate.

Si gustas... -No, gracias, ya he cenado.

Verá, Elpidia, yo vengo a hablarle de Antonio.

-Antonio...

¿Le ha pasado algo?

-Yo sé que en realidad usted no ha visto a Antonio,...

...porque no está en Guadalajara.

-Escúchame, Marcelino.

Escúchame bien que te conozco desde que llevabas pañales.

No vayas a decir por ahí lo que has dicho, ni abrir la boca.

-Elpidia, que es mi mejor amigo, no se me ocurriría.

-¿Pero tú cómo sabes que no está en Guadalajara?

-Porque está en otro sitio.

-¿Vivo?

-Vivo.

-¡Dios mío, Antonio, está vivo! ¿Y dónde está?

-Bueno, yo... yo no lo sé exactamente.

Pero le ha visto alguien que le conoce.

Bueno, ha estado con el y...

-Estás escondido como otros muchos republicanos.

-¿Entonces no le han detenido? -No, no le han detenido.

Y mientras esté escondido no le cogerán.

-¿Pero dónde está escondido? ¿En un casa, en el monte?

¿Dónde? ¿Y cuánto estará?

Porque esto de las detenciones no se va a acabar.

-No lo sé, exactamente pero...

Parece ser que hay una organización que los va a sacar de España.

-¡Ay, Dios mío, mi Antonio! ¡Vivo!

¡Marcelino, por tu santa madre, llévame a verle!

-No, yo no puedo.

Bueno, es que no sé dónde está exactamente.

Pero creí que era importante que lo supiera.

Que Antonio está vivo, Elpidia. Que su hijo está vivo.

-¡Está vivo! ¡Gracias, Marcelino, gracias!

Gracias...

-¿Has tenido noticias suyas?

-Está en Madrid, escondido.

-No entiendes lo que es ser falangista.

-No, no lo entiendo.

Para vosotros la familia es un pilar de la organización social.

-Sí. Pero la fábrica no es mi familia.

-¿Usted confía en mí?

-Por favor, naturalmente.

-Y hace bien. Déjelo en mis manos.

Cuando vayamos a su despacho deje que sea yo el que hable.

-Me gustaría contar con sus servicios como letrado.

¿Cree que será posible?

-No sólo será posible, sino que será un honor.

-¿Y todo este dinero?

-Guárdalo, que te lo van a ver.

-¿Y qué hago con este dinero? -Dárselo a Antonio.

-Mi cliente asegura que el Sr. Robles se aprovechó...

...de salud de su padre, el Sr. Serrano, y le obligó...

...a firmar la compra-venta engañado.

-Eso es una infamia.

-Eso es la pura verdad.

-Y si a usted no le parece mal que yo acepte...

-Isidro...

¿Me estás queriendo decir que me estás pidiendo permiso...

...para aceptar el puesto?

-Cálmate, Rafael, estás sangrando.

-No te acerques.

-Está cerrado.

-Abre, Marcelino, soy yo, Elpidia.

-Le dije que estabas bien, pero que no sabía dónde estabas.

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Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 17

21 oct 2005

Elpidia, apesadumbrada por la mala salud de Pepe y la ausencia de Antonio, acaba confesando que no vio a su hijo en Guadalajara. Marcelino, finalmente, le confirma que Antonio está vivo, pero no le dice la verdad sobre su paradero.

Por su parte, Rafael recaba la ayuda de un ambicioso abogado para luchar con Don Fabián por el control de la fábrica. 

Mientras tanto, Mario logra que los cargos contra Andrea sean retirados. Sin embargo, fracasa en su intento de convencer a Don Fabián de que perdone a su hija, y la propia Andrea anuncia que piensa seguir buscando a su hijo, pese al riesgo que ello implica...

Histórico de emisiones:

21/10/2005

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