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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

-Yo soy de la Falange.

¿Qué hay de malo en ayudar a una pobre madre?

-Entre cómo defiendes a tu hermana y cómo ayudas al desgraciado...

...que la perdió,... cualquiera diría hijo,...

...que has cambiado de bando.

-Primero, en este país ya no hay bandos.

Y segundo, yo tengo muy clara mi posición.

Usted debería avergonzarse de dar la espalda a su familia.

-El amigo tuyo, que rejuntaron contigo,...

...el de la fábrica...

-¿Antón?

¿Quién sabe? Pero seguro que bien.

Porque no tiene nada tampoco a sus espaldas.

Le llamaron a filas, como a mí.

Y además... se lo merece, madre.

Se merece que le dejen en paz.

Si no llega a ser por él, yo no estaría vivo.

Si le ve, madre, dele las gracias.

Yo no pude, porque me dieron el alto.

A él no y cuando... -Calla, hijo.

-Sepárese, nada de contacto físico.

(TOSE)

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

-Antonio.

Antonio.

Eh, joder, que soy yo. Perdona.

-La próxima vez la dejo en la escalera,...

...como al Conde de Montecristo.

Y me largo, ¿eh? Ya me acostumbraré.

-Además, si viniera alguien,...

...te aseguro que no lo haría a oscuras y sin hacer ruido.

Ya lo sé. -Te he traído una vela.

Te la quedas y cuando pueda, arreglo la luz.

¿Qué es esto? -Lentejas.

De primero lentejas.

Eso que ves ahí es tocino.

Poco.

¿Estás mejor, no?

¿No tienes que subir?

-No, casi no hay parroquia, mi padre se apaña.

¿No te han dicho nada de Andrea, claro?

-¿De Andrea?

No.

De quien sí sé es de tu madre.

¿Cómo está?

-Hombre, las fuerzas no las pierde.

Esta tarde ha ido a Guadalajara.

¿A qué?

-Al penal.

Mi padre, ¿le han trasladado?

-Dicen que ha ido a verte a ti.

¿A mí? -O a alguien que se llama como tú.

Mi nombre es muy corriente.

Antonio Ramírez. -Si lo de Ramírez, pase.

Pero Ramírez Grande ya es mucha coincidencia.

No sé, puede ser, ¿no?

-Si tú lo crees.

Será un error.

Pobre mujer.

Habrá dejado de comer para llevar algo.

-Todo este tiempo temiendo que pudieras estar muerto.

De repente le dicen que estás vivo. Y ahora, cuando llegue al penal...

...otra vez se le cae el suelo debajo de los pies.

Antonio, yo le he estado dando vueltas.

¿Y?

-Que creo que tu madre debería saber que estás aquí.

No, no debería saberlo, Marcelino.

-Estaría más tranquila, al menos.

Nunca, ¿me oyes? Nadie debe saberlo.

Bastante es que tengas que jugártela tú.

Los demás, cuanto menos sepan, mejor para ellos, ¿vale? ¿Vale?

-Tú sabrás.

Oye,...

Gracias.

-Ah y dame medio de harina de almorta.

-Muy bien.

-Yo estoy más harta de gachas...

Gachas por la mañana, gachas por la noche.

-Ya... yo por la noche se las pongo dulces...

Y arreglao.

-Ya, lo que llamamos "poches", ¿no?

Si yo también se lo pongo cuando puedo.

Porque si no hay para azúcar, a ver qué hacemos.

-Ya.

-Hala, tu medio de almorta.

Elpidia.

¿Qué, le has visto, por fin?

-Sí, hija.

-¿Y? ¿Qué tal? Le... le tratan mal.

Hija, traes una carica.

-No, está bien, está bien.

-¿Cuánto le piden?

-¿Pero de quién están hablando?

-De su hijo Antonio, que está en la cárcel.

-¿Y le van a juzgar? -¿Eh?

-Que si le van a juzgar. -No lo sabe.

-Pobre.

-Pues sí que tiene que ser un trago verle allí.

Anímate, hay muchas madres...

...que no volverán a ver a sus hijos nunca.

-¿Le gustó la comida que le llevaste?

-Sí, sí, le gustó mucho y me dijo que te diera las gracias.

Manda recuerdos para todos.

-¿Y de ella se sabe algo o no?

Me refiero a la mujer de Antonio, Andrea.

-Andrea está en un convento.

También mejor que muchas.

Mario, lo primero es dar con mi hijo.

-Pero es que no tienes papeles y piden la documentación...

...en todas las esquinas.

Me las apañaré.

Tengo que dar con él, cueste lo que cueste.

-¿Y mientras tanto dónde piensas vivir, eh?

¿Aquí? No, no, aquí no hay condiciones, Andrea.

No hay ni un fogón para calentar la comida.

Comeré frío, pero al convento no vuelvo.

-No, no hará falta tanto, estoy de acuerdo.

Una opción que creo que es la más razonable es volver a tu casa.

Sí, reconcíliate con tu padre.

¿A casa? -Sí.

Tú no conoces a mi padre. -Yo hablaría con él.

No aceptó mi matrimonio, ni tampoco a Liberto.

Y aquí, os nos quiere a los tres o a ninguno.

-¿Sabe algo de Antonio?

No.

Ni siquiera sé si está vivo.

-Bueno...

Vamos a tratar de resolver todo este asunto.

Tu situación legal lo primero. Haré unas llamadas de tanteo.

Conozco gente que puede ayudarnos.

Después buscaremos a tu hijo.

Antes te encontraré un sitio para que te puedas quedar.

Tú mientras tanto espérame aquí. Por favor, no hagas tonterías.

¿Te vas?

-Volveré a buscarte.

Tú no salgas que yo volveré enseguida.

Ah, por cierto. No le abras la puerta a nadie.

-Ángel, una de pecebrero para el carbonero. Venga.

-Marchando.

-Los garbanzos por fin, Marcelino.

-Ni a los reyes magos los espero con esta ilusión.

Oye, Paloma, ¿tú cómo haces para conseguir estas cosas?

-¿Le preguntarías eso a los reyes magos?

-No, pero cuando los reyes magos, que yo sepa,...

...no había estraperlo con el oro, la mirra y el incienso.

-Bien pensado.

Y ya puestos, ni tú eres el niño Jesús ni esto el portal.

Y si vuelves a llamarme estraperlista, te va a traer...

...los garbanzos tu madre y te vas a ganar un guantazo.

-Mujer, no te pongas así. -¿Y cómo quieres que me ponga?

¿Voy contando yo en público de qué bando luchaste...

...a ver si lo oye quien no debe y acabas en el penal...

...de las comendadoras? -Tienes razón. Lo siento.

-Menos sentir y más callar.

Cada vez que abres la boca, sube el pan, Marcelino. Ya.

Con lo contenta que yo venía.

-Perdona, no quería estropearte tu día.

-Hay que saber a poner la lengua bajo el zapato.

¿Y tú, Paloma, por qué estás tan contenta hoy?

-Eso. ¿Cuál es la fiesta?

-¿No has hablado con Elpidia? -¿Ya ha vuelto?

-Ha visto a Antonio en el penal. Está bien.

Nos manda recuerdos a todos.

-Pues eso sí... O sea, eso es una gran noticia.

Eso es lo que es. Una gran noticia.

-¿Pasa algo?

Ay, Marcelino. No te hagas mala sangre con lo que te he dicho.

Perdóname. Por mí está olvidado.

-Si no tiene nada que ver con esto.

Estaba pensando en Manolita y en el luto, lo de siempre.

-Sí, a ver si te casas y te sacudes las telarañas...

...de las entendederas.

-Oye, ¿sabes si Elpidia está en su casa?

-Supongo. -Ya.

-Padre, que salgo un momento.

¡Elpidia!

Vengo de su casa. Creía que estaba arriba.

Dicen que ha visto a Antonio.

-Sí.

-¿En Guadalajara?

-Sí, en Guadalajara.

-Pero ¿está bien?

-Sí. Bueno...

Eso dice él. -Ah.

Muy cambiado, ¿no?

-Más delgado.

-Y mayor.

-Bueno, la guerra ya se sabe que... -Ya.

¿Y se ha dejado barba o bigote?

-Marcelino, ¿por qué me preguntas eso?

-Ya.

Yo... tampoco sé por qué lo he preguntado.

Pero, bueno, ¿no está herido ni nada?

-¿Por qué me haces tantas preguntas?

-Que no, te he dicho mil veces que no te pases el día en la calle.

-Es que en casa me aburro. -Si estudiaras, no te aburrirías.

-Ya, pero es que no tengo deberes. -Te voy a poner yo a ti.

Elpidia, ¿estarás mejor? -Sí.

-Qué descanso. Tanto tiempo sin saber nada de tu hijo...

...y al menos sabes que está vivo. -Claro.

-¿Puedes subir que tengo que hablar contigo?

-Ahora mismo voy. -Vamos, hijo.

-Ha pasado allí la noche. Pero es un estudio de pintor.

Así que se lo puede imaginar, no está en condiciones...

...ni para pasar una noche más.

Lo que vengo a pedirle, doña Pura, es que permita a Andrea,...

...por favor, vivir aquí durante unos días.

-Hijo, ya sabes que si por mí fuera, no habría ningún problema.

De hecho está casa ha estado llena de gente la mitad de la guerra.

Refugiados.

Habían perdido sus casas en los bombardeos.

No tenían ni donde caerse muertos, como quien dice.

Y es de buen cristiano pues, acoger al necesitado.

-Por eso he pensado en usted, doña Pura.

Confiando en su buen corazón.

-Y ni siquiera harían falta esos antecedentes.

Para nosotros Andrea es como de la familia.

-En ese caso, no esperemos más. Voy por ella y la traigo.

-Pero digo yo...

¿Y no nos estaremos poniendo en un compromiso?

Me refiero a que Andrea es una chica excelente, lo sé.

Pero como está todo ese lío de la cárcel por medio...

-No, eso no va a ser ningún problema.

Soy abogado, y tengo mis relaciones tanto en el ejército...

...como en la judicatura. Yo le doy mi palabra...

...de que lo que llevó a Andrea a la cárcel es un error.

-De eso no me cabe ninguna duda.

-Yo mismo voy a ocuparme de que se resuelva el malentendido...

...y dejen en paz a Andrea. -Qué alegría más grande me das.

No le deseo ni a mi peor enemigo lo que le está ocurriendo.

-Entonces, ¿consiente usted en alojar a Andrea?

-Por mí, encantada, ya te digo.

Y más, después de lo que acabas de explicarme.

Pero el caso, hijo, es que... Ya sabes cómo están los tiempos.

Con lo que a Consuelo le pagan en el colegio,...

...casi no nos llega para ella y para mí...

...y una boca más.

-Tenga la amabilidad de disponer de este dinero como le parezca.

-No, no. No puedo aceptarlo.

Andrea es la mejor amiga de Consuelo, me sentiría...

-Cójalo. Y mientras Andrea esté aquí, no dude en pedirme más.

-Pero, Mario,... -Correré con sus gastos. Cójalo.

Quedará entre nosotros. -Mario.

-Hola, hija. -Hola, madre.

-Vaya.

¿Ya has terminado tu gestión con el abogado?

-Sí. Bueno, se lo estaba contando a tu madre.

Tengo una noticia que te alegrará. -Es de Andrea.

-Ay, ¿la han encontrado? -Mario.

-Al salir del abogado, debía pasar por el estudio de mi hermano.

Nos avisaron por unas goteras y estaba allí.

-¿Sí?

-Sabía dónde Eduardo ponía la llave y pasó la noche allí.

-Tengo que verla. -Espera, con calma, Consuelo.

Le he pedido a tu madre que le deje pasar aquí unos días.

-¡Qué tontería! Pues claro. ¿Cuándo la traes?

-Enseguida. Si quieres, ven.

Ya estoy haciendo gestiones para resolver su situación.

-Mario, ¿crees que la obligarán a volver a convento?

-Calculo que podré evitarlo.

Ahora hay muchos casos.

Muchas delaciones, detenciones, pero bueno,...

...creo que Andrea no les interesa. -Pero...

-Sí, por menos se llevan a gente.

Pero... Yo mismo estoy dispuesto a darle mi aval.

Mi adhesión al régimen será suficiente garantía.

-Mario, por Dios.

-Como te digo, Elpidia.

La muy tonta se escapó del convento ayer.

En un camión, escondida, como una delincuente.

-Dios mío, le podría haber ocurrido cualquier cosa.

-¿Podría haber ocurrido, dices?

Todavía puede ocurrirle si sigue haciendo el insensato.

Dios mío, ¿dónde habrá pasado la noche esta niña?

-La verdad, doña Loreto, es que...

Si Andrea ha cometido es locura es porque es horrible...

...lo que hacen con ella.

Bueno, con todos.

-Sólo que sabemos es que ha ido por varios orfanatos...

...preguntando por Liberto...

Por el niño.

-Ángel mío.

Daría cualquier cosa por poderle abrazar.

Pobrecito, debe estar tan solo, sin su madre,...

...sin nadie que le cuide.

Digo yo, si la guerra ha terminado,...

...¿por qué no dejan que la gente vuelva a casa?

¡Que los hijos vuelvan con sus madres!

-A mí, ahora la única que me importa es Andrea.

No sé por dónde puede andar esa insensata.

Tú que viviste tres años con ella...

¿Sabes adónde ha podido ir?

Alguna amiga o amigo, alguien en quien ella confíe.

-¿Ha ido a ver a Consuelo?

-No, la llamé esta mañana y no sabía nada.

-Pues Andrea no se trataba con nadie más.

Bueno, sí.

Se trataba con otras personas, pero están presas o desaparecidas.

-Al menos, tú sabes dónde están los tuyos.

-Sí, claro.

Pepe cada día está peor.

Tengo mucho miedo de que no salga vivo de esa cárcel.

Dicen que todos los días muere mucha gente allí.

Los que no mueren de tisis, mueren de hambre.

-No te desanimes.

Pepe es fuerte como un toro y saldrá adelante.

-Eso es lo que hace falta, ¡que salga de allí!

-Claro que sí, mujer.

Si Pepe no ha hecho nada, eso lo sabemos todos.

¿Para qué van a quererlo en la cárcel?

Y... ¿Qué sabes de Antonio?

-¡Pues no sé nada!

Quiero decir que Antonio me dijo que estaba bien.

Pero claro, nadie puede estar bien dentro de una cárcel.

Sabe Dios por lo que estará pasando.

-Mal que bien, es un alivio saber que está vivo.

Y Guadalajara no está tan lejos, al fin y al cabo.

-Sí, bueno. Si no quiere nada más, me marcho.

Tengo que trabajar.

-Elpidia...

Si te dicen algo...

-¡Mario, te cojo dinero para pagar al cobrador de la luz...!

¡Que no tiene cambio!

Pero si no hay nada.

Este chico, de verdad, qué desastre.

-¡Madre!

-¿Qué?

-Tengo tres preguntas que hacerle: ¿a qué vienen esos gritos?

¿Qué hace usted fisgando mis cosas y quién es el señor en la puerta?

-El señor es el cobrador de la luz.

Y voy a tener que debérsela como una muerta de hambre,...

...¡porque el señorito gastó el dinero en Dios sabe qué!

-El señorito se gasta su dinero como le parezca...

Para eso lo gana con su sudor, si no le importa.

-Pues si vas a ser un manirroto como tu padre, sí me importa.

A ver, ¿en qué te lo has gastado?

Porque ayer tenías la cartera llena.

-¿Me fisga usted a diario?

-Si dejas la cartera encima de la mesa, no es fisgar.

-Vaya concepto más particular tiene de la propiedad privada.

-No me has contestado. -No tengo por qué.

-¡Soy tu madre!

¡Tengo todo el derecho a saber si te gastas el dinero...

...como tu padre, si tienes una mantenida,...

...o lo que quiera saber! Para eso vives bajo mi techo.

-Para que se quede tranquila, madre,...

...le diré que no lo gasté ni en apostar, ni en mantener.

No bebo, ni tengo un negocio turbio,...

...ni vicios que roben dinero.

¡Tampoco tengo la intención de decirle en qué lo gasté!

No lo considero de su incumbencia.

-No se si te has dado cuenta, pero desde hace un tiempo...

Me estás faltando muchísimo al respeto ¡y no lo voy a tolerar!

-Creo que esta conversación no nos lleva a ninguna parte.

¿Verdad, madre?

Así que, con su permiso, voy a resolver unos problemas.

Primero, pagamos al señor de la luz,...

...que le van a salir telarañas, de esperar en el descansillo.

Segundo, quitamos mis cosas de en medio...

...para calmar sus ansias.

Y tercero, me voy a dar una vuelta, porque hoy no hay quien la soporte.

(EN VOZ BAJA) -Bueno...

Risas.

-Venga, hombre, que te vas a dejar todo el jornal.

Anda, vamos, venga.

Hala. (TOSE)

-¡Vamos!

Y derechito para casa, ¿eh?

-Menuda torrija que lleva el gachó.

-Di menuda mierda.

No digas tajada, ni torrija, que se pone el estómago a trabajar.

Anda, ayúdame con los vasos.

¡Venga, que es pa hoy!

¿Qué estás mirando tanto tiempo ahí?

-Yo, nada.

-Angelito, no me jodas, que te tengo muy visto.

-¡Que no estoy mirando nada! -Ya, ve pa ahí.

-¡Que ya he dejado de mirar! -¡Que te sientes!

Vamos a ver, ¿tú has bajado al sótano?

Ya...

¿Pero has oído algo?

-He oído ruidos.

-O sea, que tú también...

-Y no son ratas.

-¿Y qué crees que son?

-Pues no creo, estoy seguro de que hay un...

Un fantasma. Ya está dicho. -¿Un fantasma?

¡Uf! Contigo ya no tengo que fingir. Yo también lo pensaba.

Pero me daba vergüenza decirlo porque te toman por loco.

-Qué va. Yo lo he visto con estos ojos.

¿Tú también lo has visto?

¿Y cómo era?

-Si lo sabes. ¿Para qué quieres que te lo cuente?

-Ya, ya, pero ¿a que daba miedo?

-¡Ángel!

Ven aquí, hombre, ven aquí. Siéntate con tu abuelo.

Estás muy callado. ¿Qué te pasa?

¿Has comido? -Con Marcelino.

-¿Lentejas? -Garbanzos.

-¿Y lo dices así, como si tal cosa?

-¿Qué? -Nada, hijo, nada.

Que yo creo que a las lentejas que nos dan les quitan el hierro.

A mis rodillas no les llega.

-Abuelo, ¿usted cree que las estampas...

...espantan a los espíritus?

¿Eso qué es, un trabalenguas?

-No, es en serio.

Si por ejemplo, un muerto...

Bueno, primero prométame que no se enfadará.

-Venga, dilo ya.

-Si un muerto no ha recibido los sacramentos...

-¿Pero qué...? -Juró que no se enfadaría.

-No, yo no juré nada. Como mucho, he prometido.

-Es lo mismo.

Si un muerto... Si el alma de un muerto va vagando...

...porque no recibió la extrema unción...

...y le das una estampita de Sta. Casilda...

-Bueno, vale, se acabó. Hasta aquí llegamos.

¡Joder! Y eso que no vas al colegio a diario.

-¿Qué tiene que ver? -Nada, hijo, nada.

Os están convirtiendo en gilipollas entre los cuervos...

...y los de la camisa azul... -¿Qué le ha dicho madre?

-Si es que me descomponen, me descomponen.

¿Has visto esta mano?

-Que sí, la he visto.

Los callos de los dedos son de los tornillos,...

...los de la palma son... -Hoy no hablamos de eso.

Esta mano la ha estrechado una vez Urruti...

...y dos veces la Pasionaria.

-¿Y qué? -¿Cómo que y qué?

Que no me he tragado esos mítines para que mi nieto sea de ellos.

-Todo el mundo cree en los espíritus, menos usted.

-Ya, ¿no te jode?

Que no, que no, meapilas. Los espíritus no existen.

No hay vida tras la muerte.

Todo eso son historias que nos cuentan para camelarnos.

-¿Y entonces usted en qué cree? -¡Ah!

En lo que cree la gente sensata, angelito, en la materia.

Sólo existe la materia, ¿te enteras?

Bueno, y como mucho, pero como mucho, en la telepatía.

-Pues en el sótano del Asturiano hay un fantasma. Lo he visto.

-¿Cómo que lo has visto? -Y lo he oído.

Mira.

¿Ve este bacalao? -¡Joder!

-Lo estaba cogiendo cuando vi al fantasma.

Era de estatura normal y no arrastraba.

Estaba ahí, en el sótano. -Que no es un fantasma.

-Se lo he puesto a huevo para que hablara claro y nada.

Que te ha visto en el penal de Guadalajara.

Está intentando protegerme.

-¿A quién, a ti? Si no sabe dónde estás.

Le han dicho que estás en la cárcel cuando deberías estar en Francia.

O muerto.

Entonces, está protegiendo a quien esté en la cárcel.

-Pues si a ese le va mejor con tu nombre, es una buena noticia.

Viniendo hacia aquí perdí los papeles.

Bueno, si le sirven a alguien para salvarse, bien perdidos están.

¿Y ella cómo lo lleva?

-Ella habla poco.

Ya.

Se lo guarda todo mi madre.

Al menos, a mi padre sí puede visitarle.

¿Cómo están las cosas ahí fuera? -Pues mal. ¿Cómo van a estar?

Están deteniendo a medio mundo.

Hacen falta vales hasta para ir a mear.

Antonio, yo me subo.

Ten cuidado. -Ya.

Oye, Ángel, el chico este, que te ha visto.

¿Quién, el hijo del tornero?

-El tornero era su abuelo.

Su padre era maestro y le mataron.

Le habrá enseñado su abuelo a callar.

-Sí, pero es un crío.

¿Y qué le has dicho?

-Pues que tenemos un fantasma en el sótano.

No es una mentira tan grande.

-Y sé que es verdad porque Marcelino se enfada...

...cuando me ve cerca de la escalera.

-Que no son fantasmas, Ángel, te lo digo yo.

-No sé ni p'a qué hablo. -Está bien.

Eso no significa que no crea lo que has visto.

-Ahora, el de los misterios es usted.

-¿Pero qué misterios?

Marcelino tiene a alguien escondido.

-¿Un rojo? -¡Eh!

A ver si hablamos con respeto.

-Si mi padre también era rojo. -Eso es. Dicho así, suena mejor.

Rojo.

-¿Y usted cree que allí hay uno?

-En ese y en más.

¿Qué crees que harían esos de ahí si encuentran a tu fantasmita?

-Pues meterle preso, ¿no?

(RÍE) -Ojalá.

Lo fusilan, hijo, lo fusilan. No dejan de él ni el alma.

-¿Y quién podrá ser? -Mira, no hablaremos más de esto.

Ni de sótanos ni de fantasmas, ¿de acuerdo?

Como mucho, le deseamos buena suerte a ese y cremallera.

¿Me lo juras? -De eso nada. Se lo prometo.

-Bueno, está bien, eso quiero decir.

¿Sabes donde sí hay fantasmas? -¿Dónde?

-En los libros. Y ahí sí que entretienen.

Es más, te voy a dejar uno que estoy leyendo:

"El fantasma de Canterville".

-¿Ah, sí?

En serio. Se lo inventó todo un autor inglés que...

-¿Qué? -Un escritor inglés, muy bueno.

-Desde luego, no hay manera de encontrar nada en esta casa.

-Haz que vuelva, Señor. Haz que vuelva.

Que no le pase nada a mi niña. Te lo ruego, Señor.

Quítame a mí lo que sea, pero...

...no dejes que le pase nada malo, por favor, Señor.

Devuélveme a mi niña. -Loreto, ¿se puede saber dónde...?

¿Pero qué haces?

Mujer.

Venga, levántate.

Vamos a la iglesia y enciendes una vela por ella.

-No.

-¿No quieres poner una vela para pedir por tu hija?

-Una no, tendrían que ser tres.

Aunque no sea plato de gusto, Andrea tiene una familia.

-Familia.

-No se piden por los que no tienen problemas, Fabián.

Se piden por los pecadores.

Por los que están perdidos; por los que nos necesitan.

Y si no puedes entender eso, déjame rezar en paz.

-Mira, Loreto, vamos a la iglesia y enciendes las velas que quieras.

Una, tres o medio centenar. ¡Pero levántate de una vez!

¡Y encuéntrame los gemelos, por el amor de Dios!

Pensarás que estoy loca. -Por qué.

Por haberme escapado del convento. -Mujer...

Si no lo aguantabas, no lo aguantabas, qué te voy a decir yo.

Os he puesto en un compromiso.

-En menos que canta un gallo, no tendrás nada que ocultar.

No sabes lo agradecida que te estoy.

-Bobadas. -Es un ángel, ¿a que sí?

-Bueno, he estado haciendo unas llamadas.

Aún no sé cómo va a respirar la policía.

Pero los colegas con los que hablé están de acuerdo.

Si te permitieron el traslado al convento, no hay cargos.

Menos los que me haya echado yo con la fuga.

-Sí, supongo que eso lo complica. -Bueno, pero poco.

Mario te va a avalar.

No puedes decirles que soy adicta al régimen.

-Pero lo haré. Y no me importa que lo seas o no.

-Andrea, lo único que tienes que hacer es callar.

¿Y si detienen a Antonio?

No sé si está en París, no lo sé.

-Antonio era sólo un soldado, cumplía órdenes.

La cárcel de Ventas está llena de hijas de soldados, hermanas...

Y de mujeres de soldados. -Andrea, no puedes seguir huida.

Cuánto crees que durarías.

-Hazle caso. Andrea, ven con mi madre y conmigo.

-Es lo mejor que puedes hacer.

¿Doña Pura está de acuerdo? -Claro, cómo no va a estarlo.

-Yo mismo he hablado con ella.

-Y Andrea, cuando no tengas nada que ocultar, buscamos a Liberto.

Mario. ¿A que nos vas a ayudar? -Claro que sí.

-Tiene permiso para entrar en todos los despachos de abogados.

Nos va a ayudar. Y a Antonio también.

Escribiremos al Ministerio de Justicia;...

...vamos a preguntar a la Cruz Roja y...

Mario, ¿a que nos vas a ayudar a buscar a Antonio? ¿A que sí?

-Claro.

-¿Lo ves? ¿Ves, Andrea?

-A Antonio no voy a volver a ir a verle.

-Y por qué no vas a ir.

Elpidia.

-Si lo que quiere es dar una buena lección a ese jefe,...

...debe levantarse ahora mismo y llamarle, ¿qué me dice?

-Quiero que la próxima vez que vayas a ver a Antonio...

...le lleves esto.

De mi parte.

-La sola mención por su parte,...

...de que va a reclamar lo que es suyo por derecho paterno,...

...hará encanecer los cabellos a ese sujeto.

-¿Podemos hacer eso?

-Viene a cobrar su minuta de abogado.

-Ya está bien. ¡He soportado sus desdenes!

Pero todo tiene un límite. Vengo a decirle...

...que su hija está libre y le necesita.

-¿Qué le pasa a Pepe?

-Pues, Isidro, que el estar allí encerrado le está consumiendo.

Yo le veo muy apagado.

-Las acusaciones en tu contra han sido retiradas.

-¡Ay, Mario!

Pero no puedo creer que sea verdad. -Pues sí.

¿De verdad que me van a dejar en paz?

¡Ay, no sabes lo agradecida que te estoy!

-La que está muy angustiada es tu madre.

No os tiene a ninguno de los dos. Por qué no le dices que estás aquí.

Eso la pondría en peligro.

-Tiene una memoria prodigiosa.

Pero soy un hombre ocupado; adónde quiere llegar.

-Muy probablemente a los tribunales, señor mío.

-Parece mentira que yo haya criado a un ser como tú.

-No, usted no, me crió una nodriza gallega. Usted jugaba al tenis.

-Bueno, pero la pagaba yo. ¡Te crió con mi dinero!

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  • T1 - Capítulo 16

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 16

20 oct 2005

Antonio, escondido en el sótano del bar, le pide a Marcelino que no revele su paradero, ni siquiera a su madre, y que averigüe con quién habló realmente Elpidia en el penal de Guadalajara. Antonio sospecha que Elpidia miente para proteger a alguien. Pero ¿quién?

Mario le promete a Andrea toda su ayuda para buscar a Liberto, y consigue que Pura la acepte de nuevo en su casa. 

Mientras tanto, en la plaza, el abuelo de Ángel descubre que en los sótanos del bar se esconde alguien. Seguramente, un rojo.

Histórico de emisiones:

20/10/2005

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