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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 0 - ver ahora
Transcripción completa

Antonio.

-¡Alto a la Guardia Civil!

¡Alto a la Guardia Civil!

¡Antonio!

Aplausos.

Himno republicano.

-¡Viva la República!

(GRITAN DE ALEGRÍA)

-¡Viva la República!

(TOCAN EL HIMNO REPUBLICANO) (HABLAN ENTRE SÍ)

-¡Antonio!

(TARAREAN EL HIMNO REPUBLICANO)

-Salud, compañeras.

Salud. -¡Que hemos ganado las elecciones!

¡Viva el Frente Popular! (TODOS) ¡Viva!

-¿Qué haces? No sé, pero están tan contentos.

-¿Ese no es tu vecino?

Menudo lanzado.

¿Adónde vais con tanta prisa? -A que nos dé el aire.

Pues tenemos agua fresca en el botijo.

Yo prefiero la de mi casa. Gracias.

Ah, que les gusta que les sirvan en copas de cristal de Bohemia.

-Ignóralo, Andrea. Sólo quiere provocar.

¿Eso os enseñan, a no hablar con los obreros?

Sólo cuando son maleducados.

¿Qué pasa, que a las burguesas...

...no las quieren besar y por eso se enfadan?

Pues no te disgustó la vez que te besó un obrero.

-¡Viva el Frente Popular! (TODOS) ¡Viva!

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

Música.

(RADIO) De acuerdo con los votos escrutados,...

...se confirma el triunfo del Frente Popular...

...en las elecciones del domingo.

Unas elecciones que, como da cuenta el diario inglés "The Times",...

...han sido generalmente ejemplares.

Habida cuenta... (APAGA LA RADIO)

-Para ejemplaridades estoy yo.

¿Y dónde está Andrea?

-Ha salido un momento con su amiga Consuelo.

-¿Cómo se te ocurre dejarla salir en un día así?

-Ay, niñas, menos mal que ya estáis aquí.

-Hemos venido derechito de la tienda, madre.

-Y con escolta.

Andrea, si quieres subir un rato a acompañarnos.

No, gracias, doña Pura. Mis padres me esperan.

-Bueno, bueno. Vamos, Consuelo, es muy tarde.

Espera. Vamos al mismo sitio. Podemos ir juntos.

Yo te llevo el paquete.

Gracias, pero puedo yo sola.

(SILBA)

Veo que no te gusta la música.

¿Quién te ha dicho que no? No sé.

Como nunca has bajado a las verbenas de la plaza.

Pues yo, desde mi balcón, te he visto bajar a todas.

Es que algunas se matan porque las saque a bailar.

Yo tengo cosas más importantes que hacer.

Tú primero.

Cuánta galantería. No, es que tú vas al principal.

-¡Antonio? ¿Dónde estabas? Te busqué y habías desaparecido.

¿No te sabes? Han nombrado a Azaña jefe del Gobierno.

¿Qué me dices? ¡Pues vamos a celebrarlo!

Coge una botella, pero de las buenas, ¿eh?

Timbre.

-Menos mal que llegaste. Tu padre está que trina.

Hola, padre.

-Ya tienen el poder. No tienen vergüenza.

No han esperado ni a que se constituyan las Cortes.

Esto es lo que traen tantas libertades.

¿Qué libertades ni qué niño muerto?

El libertinaje y la disolución es el futuro que nos espera.

Hasta hay gente de bien a la que no le importa...

...mezclarse con la chusma.

Padre, sé que no quería que saliera,...

...pero fui a hacer un encargo.

-Esto es lo que le has enseñado a tu hija, a responderme.

Pero si no le respondo. Procuro siempre obedecerle,...

...incluso cuando no tiene razón.

-¿Ah, sí? ¿Y en qué cosas no tengo yo razón?

Padre, quiero ir a la universidad.

-Te dije que no quería volver a hablar de eso.

Pero llevo cinco meses cruzada de brazos...

...desde que acabé el Bachillerato. -¿Otra vez con lo mismo?

Hice bastante dejándote hacer el bachillerato.

Y maldita falta te hacía.

-Tu padre quiere decir que lo normal es...

...que una señorita aprenda cosas útiles.

Labores, cultura general, a llevar una casa...

A tocar el piano.

Si son conocimientos útiles,...

...no sé por qué no los estudian Rodrigo y Sito.

-Porque tus hermanos son hombres, Andrea, hombres.

Y por eso pueden estudiar y salir cuando les venga en gana.

Pero seguro que ninguno de ellos puede pintar un retrato a su padre.

Ni se le ocurre llevarlo a enmarcar para regalárselo por su cumpleaños.

-Y yo, qué sabía, Loreto, qué sabía.

-Calamares, otra ronda para todos.

Los patrones van a saber lo que es bueno.

Se acabaron los despidos.

(TODOS) Sí.

-Si quitan el servicio militar, me doy por satisfecho.

-Espera sentado.

Nos tienen que dejar decidir sobre la marcha de las fábricas.

-Sí. Sobre los salarios.

(TODOS) Sí. Para eso damos el callo.

Deja de mirar a la tendera que tienes novia.

(RÍEN)

-Dime si no hay motivo, Antonio.

Te has queda'o atonta'o.

-Está muy rica, ¿eh? Pero que muy rica.

-Andrea no está hecha para estar sin hacer nada.

-Que te ayude en las cosas de la casa.

-Ya lo hace.

A todas las chicas les pasa lo mismo.

Hasta que tienen novio, entonces todo cambia.

-Y según tú, ¿qué deberíamos hacer, eh?

-Dejarla que haga... algo... fuera de casa, que la entretenga.

-¿Sí? ¿Y que vaya sola arriba y abajo tal como están las cosas?

-No va sola. Va siempre con su amiga Consuelo.

La que iba con ella a las monjas.

Su madre es viuda. De buena familia.

Desde que es viuda...

...están con una mano por delante y otra por detrás.

-Loreto...

¿Por qué me cuentas todo esto?

-Consuelo trabaja en el colegio.

Y parece ser que los sindicatos han puesto clases...

...por las tardes para adultos.

De música, idiomas, máquina de escribir...

De dibujo.

-De dibujo.

-Y ya que Andrea tiene tan buena mano...

¿Por qué no permitirle que asista?

Así está entretenida y no piensa en cosas peores.

Toque de tambor.

-No entiendo la circular de José Antonio.

Nos pide que no tomemos actitudes hostiles...

...contra el Gobierno.

-Son cosas que se dicen porque hay que decirlas.

Tú hazme caso.

Hay que estar listos para entrar en acción.

-Este y yo no estamos esperando otra cosa.

-Con eso ya no es suficiente.

Territorio de la República. (TODOS) Sí.

Tendrán que inclinar la cabeza. (TODOS) Sí.

Aunque les joda. -Y les joda.

-Esto es un insulto.

En mi propia casa.

-Calma, Rodrigo, no hay que actuar precipitadamente.

Cada cosa a su tiempo.

(CONTINÚAN LOS VÍTORES)

-¿Quién es ese?

-Un obrero que trabaja en la fábrica de mi padre.

Se la tengo jurada desde que éramos niños.

Por una patada suya, me falta una muela.

-Pues va siendo hora de cobrarse agravios.

Arriba parias de la Tierra.

En pie, famélica legión.

Atruena la razón en marcha,...

...es el fin de la opresión.

-¿Se puede saber qué vas a hacer con esa bandera?

Los que viven en esta casa son republicanos leales. ¿O no?

-Lo que seamos es cosa nuestra. Eso es lo que tú crees.

-Antonio, no me provoques.

No sabes con quién te juegas los cuartos.

Los cuartos.

Los cuartos, compañeros. (RÍEN)

Quieres decir los cuartos que tú y tu padre nos habéis robado.

-Si vuelves a llamar ladrón a mi padre...

¿Qué vas a hacer, valiente, eh? ¿Qué vas a hacer?

¿Llamar a papá? ¿Como cuando éramos niños?

(RÍEN) -Arranca.

-Me las vas a pagar. Te lo prometo.

Vete a llorarle a mamá, corre.

-¿Qué hacemos con la bandera? Colgarla, Tocho, súbeme.

Dámela.

¡Viva la República! (TODOS) ¡Viva!

-Bang, bang, bang.

Toma, malvado. Soy un legionario en guerra contra los moros.

-Sito, por el amor de Dios. ¿Quieres dejar en paz esa pistola?

-Pero qué bonita es.

Parece de verdad.

-¿En serio? -En serio.

-Con todo lo que estamos viviendo, hijo.

¿Qué va a pasar, Rodrigo?

¿Qué va a pasar? -Nada, que les vamos a dar...

...una lección a esos rojos de mierda.

-No sé de qué hablabais.

Ya te he dicho que no te metas en líos.

-Por no meternos en sus líos, nos vemos ahora como nos vemos.

-Eres demasiado joven.

-Los jóvenes somos los únicos capaces de despertar al país.

Hacerle gritar: basta ya. -Rodrigo.

-Si vais a discutir de política, como siempre, me voy a la cocina.

Vamos, Sito.

-Los militares intervendrán tarde o temprano.

Ahora lo importante es capear el temporal...

...y prepararse para el mañana. -Suponiendo que lo haya.

Como están las cosas...

-Tú no abandones los estudios.

Algún día te harás cargo de la fábrica.

Si algún día me encargo yo, lo primero que haré es...

...echar a esa gentuza que trabaja para usted.

-Es el hijo del amo, ¿por qué has tenido que provocarle?

No le he provocado, siempre hemos tenido problemas, desde niños.

No soporto la soberbia de Rodrigo.

Cómo nos mira y nos trata a todos.

-Pero es el hijo del amo. Acuérdate de aquella pelea con él.

¿Otra vez con eso, no hace ya mucho tiempo?

-Nunca olvidaré la vergüenza que tuve que pasar...

...pidiéndole disculpas al amo.

Pues yo sólo me defendía.

Las veces que me pegó y no salí corriendo a contártelo.

¿Para qué? Si era el hijo del amo.

-Hijo, no hables así.

-Los obreros lo que deben hacer es trabajar...

...y dejarse de historias.

Como lo de ir al ateneo o estudiar inglés.

¿Para qué le sirve eso a un obrero?

¿Usted piensa que estoy perdiendo el tiempo?

-Hijo, yo sólo soy una ignorante, pero creo que...

Que querer saber algo más no puede ser nada malo.

Y quítate esa barba.

Golpean la puerta y se abre.

-No deberías romper unos dibujos tan bonitos.

Venga, hermanita, conmigo no hace falta que disimules.

Papá se ha puesto fuera de sí sin ningún motivo.

-Me lo ha contado todo.

Y reconoce que te has puesto un poco impertinente.

Dices eso porque eres un hombre y papá a ti te lo consiente todo.

-No le gusta que le lleves la contraria,...

...eres la niña de sus ojos.

Preferiría que no me quisiera tanto y que me dejara respirar.

-Tiene miedo de que venga algún moscón y te separe de él.

Para eso aún falta mucho.

-Sé de sobra que hay muchos que beben los vientos por ti.

No digas tonterías. -Y más que van a haber,...

...todos persiguiéndote por la calle, a por Andrea.

¿Y tú me salvarás de ellos? -No, ya no.

Tuve que quitarte uno de encima cuando éramos pequeños.

Ahora ya eres grande, te los vas a tener que quitar sola.

Es que papá no me deja hacer nada.

Sí, quiere tenerme todo el día encerrada en esta casa.

-No seas exagerada.

Tú búrlate, la de veces que papá te castigaba sin salir.

No sé cómo te las arreglabas; pero terminabas escapándote.

-Bueno, tengo poderes especiales como el gran Houdini.

Incluso cerraba la puerta con llave...

...y en los cinco minutos ya estabas en la calle.

-El milagro del corazón de Jesús. Anda ya.

-¿No me puedo creer que aún no sepas dónde guarda...

...mamá la llave de repuesto?

Se abre la puerta. -Andrea, hija, una buena noticia.

Le he explicado a tu padre que te gusta la pintura...

...y está de acuerdo en que vayas a la academia con Consuelo.

Ya sé que no es todo lo que querías...

-Pero... es más de lo que esperabas.

¿A qué sí?

-Don Fabián, aquí tiene el estudio de costes...

...y los albaranes que me pidió. -Gracias, Isidro.

-¿Manda usted alguna cosa más?

-Sí, dígale a Pepe que venga, por favor.

-Sí, señor.

Gritos en la calle.

-Ahí siguen, no sé por qué es usted...

...tan tolerantes con ellos, don Fabián.

Si de mí dependiera, ahora mismo iban todos a la calle.

-Nuestra fuerza, compañeros, es la unidad,...

...unidos somos los más fuertes. (TODOS) Muy bien.

-El amo nos ha pedido tiempo, pero todos sabemos que no es...

...más que una estrategia para no readmitir...

...a los compañeros.

-Queríais la República y esto es lo que ha traído.

Ya podéis estar contentos. -No diga eso, don Fabián.

Uno puede ser republicano de corazón y estar a favor...

...de la propiedad privada y del orden.

Y eso por encima de todo significa defender la fábrica.

-Don Fabián, ¿da usted su permiso? -Pasa, pasa, Pepe.

Déjanos solos, Rafael.

-Como mande.

(DON FABIÁN CARRASPEA)

Pepe...

Eres el encargado del almacén, un hombre de mi confianza.

Elpidia, tu mujer, ayuda en casa cuando hay necesidad.

Y buenas pesetas se gana, ¿no?

Yo mismo fui tu aval para que pudieras vivir...

...en la casa en la que vives y siempre me he preocupado mucho...

...porque os tengo afecto.

Pero el camino que está tomando Antonio, tu hijo,...

...no va a traeros más que problemas.

Le admití en la fábrica por hacerte un favor.

Apenas era un chaval y no sabía hacer nada de nada.

Y ya ves cómo me lo paga, siguiendo a los que agitan...

...a los obreros en mi contra. -Lo lamento, pero Antonio es...

...un hombre y no tengo ninguna influencia sobre él.

-Está bien, Pepe, tú verás lo que haces.

Pero si Antonio no rectifica, aún sintiéndolo mucho,...

...tendré que tomar contra él las mismas medidas...

...que con los agitadores.

Puedes marcharte.

Hola, buenas.

-Hola. ¿Eres la nueva?

Sí. Hoy es mi primer día.

Me llamo Andrea. -Yo Eduardo. Encantado.

¿Hace mucho que vienes a la academia?

-Bueno, lo que va de curso.

¿Y es cierto lo que me han dicho de los profesores?

-¿Y qué te han dicho? Que la mayoría son unos carcamales.

-Bueno, todos no... Seguro que nos ponen a pintar...

...bodegones de esos aburridísimos.

-Si vas a Bellas Artes, no creas que te propondrán...

...nada mejor. Allí es donde debería ir.

A la universidad, pero mis padres no me dejan.

Así que tendré que conformarme con asistir...

...a las clases de algún artista del tres al cuarto.

-Hola. Hola, Consuelo.

-Vengo de administración. Andrea, deja que te presente.

Ya nos conocemos. -No te preocupes.

Él es Eduardo Ayala, es nuestro... profesor de dibujo.

Un pintor con mucha trayectoria y, bueno, en fin...

Lo siento, discúlpeme, no lo sabía.

-¿Así que eres una pintora que estás en contra...

...de la tradición? ¿Eso quiere decir...

...que habrás estudiado a los clásicos?

Los he leído. -Los has leído.

Ahora veré cómo pintas. Y si te parece,...

...el viernes te daré una clase práctica en el Prado.

A la que está invitada Consuelo,...

...la persona más eficaz de esta casa.

Del transporte se ocupará mi hermano Mario.

Un tipo aburrido, pero buena persona.

¿No os importará trabajar fuera de horas?

Por supuesto que no.

¡Madre! ¿Está la comida?

-Chis, Antonio, no grites que tu padre está en la cama...

...porque se encuentra mal.

Yo creo que esta tarde no va a poder ir a trabajar.

¿Qué le pasa? -Pues...

Pues nada, que habrá cogido un mal aire.

¿Un mal aire?

Ayer estaba bien. -¿Y qué quieres que te diga?

Quiero que me diga la verdad, que ya no soy un niño.

-Pero eres tan cabezota como si lo fueras.

Pasa que tu padre sufre por ti porque don Fabián le ha pedido...

...que te apriete para que no te hagas...

...de notar en la fábrica. Pues no me ha dicho nada.

-Pero ¿y qué te va a decir?

Él te quiere y le da miedo de que te hagan daño.

Y el obligarse a callar es...

...lo que le tiene reconcomido por dentro.

Madre, están sucediendo cosas muy importantes.

Y no puedo comportarme como si no tuviera nada que ver conmigo.

Lo siento por mi padre, pero no puedo.

No puedo.

-Mira, Antonio, yo...

Yo sólo sé que os quiero a los dos y que sufro mucho.

Con lo de tu padre casi no me ha dado tiempo a hacer nada.

¿No hay vino?

-Fíjate qué cabeza la mía.

Me he dejado casi la mitad de la compra en la tienda.

Hola, Paloma. ¿Qué te debe mi madre?

-Hola, Antonio.

No te preocupes, tu madre es buena clienta.

Va pagando poco a poco, cuando puede.

Ya, ¿pero ahora cuánto te debe?

-Pues son...

Siete pesetas con 50 céntimos.

Toma.

Vale, gracias.

-No te vayas aún, que tengo una cosa para tu madre.

Dile que pruebe este arroz, que es muy bueno.

No, gracias, ya tenemos.

-Cógelo, hombre, que es un regalo. Y esto para ti.

A ver si te afeitas esa barba, que parece que la llevas muy dura.

De momento me arreglo bien con la que tengo.

-Olerías muy bien con ese.

Me lo quedo para darte el gusto.

Me voy a la fábrica, que llego tarde.

-Hala, ya sabes, aquí me tienes, para lo que gustes mandar.

Vale, hasta luego.

-Si viera mamá qué guapo es Eduardo.

-¿A ti también te lo parece, Andrea?

Sí, la verdad que Consuelo tiene razón.

Ay, ¿me dejas un poco de colorete, de ese del tuyo?

-Y no veas cómo te mira. ¿A mí?

(RÍEN)

-Pero si durante las clases no te quita los ojos de encima.

Le gustas, Andrea.

Y menudo partido.

Los Ayala de la Torre son una familia de la nobleza.

Eduardo ganó una medalla de oro en un certamen de pintura.

Y si él es de familia monárquica,...

...¿por qué el comité de la escuela lo ha aceptado como profesor?

-Los monárquicos son los padres.

Pero él es un libertario.

-Te lo he dicho mil veces, Consuelo.

No quiero que en mi casa se hable de política.

Eso decía siempre tu pobre padre que en paz descanse.

Y sabía lo que se decía.

Llaman al timbre.

-Ya están aquí. Vamos.

Adiós, doña Pura.

-Adiós.

-Vuelvo pronto.

-Consuelo, la amiga de Andrea es un encanto, ya verás.

Ya están aquí.

Dejadme que os presente.

Consuelo y Andrea, él es mi hermano Mario.

-Hola. Encantada.

-Me ha costado mucho sacarlo de casa, no creáis.

-Pues con un día tan bonito y encerrado en casa...

-Sí, tenía asuntos pendientes que resolver,...

...pero Eduardo ha insistido.

Seguro que nos lo pasamos muy bien.

¿Le gusta la pintura? -Trátame de tú, por favor.

Sí y aunque no me gustara, he aprendido a convivir con ella.

-Lo dice porque vivimos juntos. -Ah, ¿vivís solos?

¿Y vuestro padres?

-Ellos nunca están en casa. Viajan mucho.

-Aquí donde le veis tan formal, es todo un licenciado en leyes.

-¿Eres abogado? -Sí.

-Acaba de terminar la carrera y tiene un futuro brillante.

Yo soy todo lo contrario.

Soy bohemio, agitador, un artista.

(RÍEN)

Él es aliado de los reaccionaros. -No, eso no es verdad.

Sólo pienso que este estado de agitación no es lo mejor...

...para solucionar los problemas.

-lo que yo digo, un conservador.

Bueno, ¿nos vamos ya?

Es que me muero de ganas por ver lo cuadros del Prado.

Y de escuchar las explicaciones de Eduardo.

-Las dará Marcial Aguirre.

Un crítico de arte importante, amigo de la familia.

Es consejero del museo.

Ah, qué bien.

Bueno, pues ya está.

-Me están soliviantando a los obreros,...

...y más Antonio, hijo de Pepe, que en mala hora entró.

-Ahora no puede mostrarse débil. Hay que darles un escarmiento.

-No es fácil, la chusma anda envalentonada.

-Pronto les pararemos los pies.

-Sí, los tuyos mucho hablar, pero no hacen nada.

-Se equivoca, padre.

Cada vez somos más militantes, se apuntan a millares.

Y no se quedan con los brazos cruzados.

-Yo lo único que sé es que se pasean en sus automóviles...

...armados, gritando y riendo como si fueran a un desfile.

-Hay que desconcertar al enemigo.

Aumentar el desorden.

-No, no es más desorden lo que necesitamos, sino orden.

El orden se impone con la fuerza.

Eso es lo que necesitan sus trabajadores:

una demostración práctica.

-Rodrigo, ¿qué estás pensando? ¡No te metas en mis asuntos!

Ya tengo bastantes problemas.

-No se preocupe, padre. Usted no me ha pedido nada.

Soy yo.

No quiero que piense que no me preocupo por la fábrica.

(SUSPIRA)

-Gracias, Marcial, ha sido una visita muy instructiva.

Y apasionante, señor Aguirre. Una maravilla.

-Gracias, es usted muy amable. Le agradezco sus explicaciones.

Me ha hecho ver los cuadros bajo una nueva luz.

-Eso me llena de orgullo. (RÍEN)

Buenas tardes, señoritas, amigos.

-Buenas tardes. Gracias.

-Vamos, yo también tengo algo que enseñaros.

¿Qué?

-Que el arte es múltiple.

Que todos los caminos son válidos si el artista pone su genio.

¿Por qué no venís a mi estudio?

-Yo debo irme.

Tengo trabajo.

-¿Tú no me dirás que no, verdad, Andrea?

A Mario no le importa acompañar a Consuelo.

-Claro que no. Si a Consuelo no le importa.

-Por mí no, encantada.

Vamos.

-Ahora ya conoces mi secreto.

Aquí la cueva de Alí Babá.

¿Todos los has pintado tú? -Sí.

Si pintas como siempre he querido pintar.

Es lo que he estado buscando desde hace tanto tiempo...

...sin saber muy bien lo que era.

Pero, si haces esto, ¿por qué defiendes a los clásicos?

-Pues porque para llegar a esto, hay que pasar por Velázquez.

Bueno, y entonces, ¿qué opinas de mí?

-Que eres una chica muy guapa y muy inteligente.

No, de mi pintura.

-En unos días no me ha dado tiempo a ver tu trabajo, pero...

Diría que tu trazo es firme.

Y si te lo propones puedes ser una gran pintora.

¿De verdad piensas eso?

-Tienes intuición.

Y te apasionas por lo que haces.

No, tú sí que eres bueno.

Lo que no entiendo es qué haces de profesor en una academia.

Ese no es tu sitio.

Tu sitio sería,... (AMBOS) París.

Sí.

-Mira.

Una carta de recomendación de un escritor muy conocido:

para Pablo Picasso.

¿Entiendes? Pablo Picasso, el arte en estado puro.

¿Y piensas marcharte pronto? -Lo tenía todo preparado, pero...

De repente algo ha cambiado en mi vida.

¿Qué?

-No sé, se trata de una impresión.

Quizá algo precipitada, pero...

Algo me hace pensar que estoy en el momento adecuado.

En el lugar exacto.

Mucha gente quiere irse de Madrid...

...por la situación política y los disturbios.

Yo no entiendo bien por qué anda todo el mundo...

...tan crispado de repente.

Pero si tuviera la oportunidad de irme, no lo pensaría.

-Seguro que dejarías detrás de ti muchos corazones rotos.

Porque una chica tan bonita tendrá algún pretendiente interesante.

Hay momentos en que pienso que las cosas serían más fáciles...

...si siguiésemos siendo niños.

Siempre. -¿Niños?

Sí, cuando eres pequeña, no te das cuenta...

...de las diferencias sociales, pero las diferencias existen.

-No exageres. No estamos en la Edad Media.

En el mundo que intentamos hacer, todos tienen que ser...

...dueños de sus actos y decidir con libertad.

Ya, para ti es fácil decirlo porque eres un hombre,...

...mayor de edad y seguramente rico.

-No, no, Andrea. Absolutamente todo es posible.

Sólo hace falta valor para enfrentar los obstáculos...

...y voluntad para creer en uno mismo.

¿Sabes? Nunca le había hablado a ningún hombre con tanta sinceridad.

-Quizá has encontrado un alma gemela.

Quizá ella te ha reconocido a ti también.

Pero aunque una mujer rompiera las barreras...

...que las separan del hombre al que ama...

...y le dijera "te quiero"...

...y "no me importa que seas, no sé, por ejemplo, un obrero",...

...tal vez él no fuera capaz de aceptarlo.

-Así que ese corazoncito tuyo suspira por alguien.

No, no. Era solamente un ejemplo, un suponer.

-Andrea...

Eres un diamante en bruto.

Si tú me dejas, pulirlo será un inmenso placer.

Se me hace tarde y mis padres estarán preocupados.

-Te acompañaré a casa, pero piensa en lo que te he dicho.

Nada que merezca la pena, es fácil de conseguir.

-¡Rojo de mierda!

¿Qué pasa? -¡Eres una mierda!

Venga, ya está bien. ¡Vámonos, deprisa!

-Hola, hija. Hola, padre.

-Esperaba que entraras a darme un beso, como siempre.

Creí que no estaba en casa.

-Ya no me cuentas nada.

¿Qué tal la academia?

Bueno, poco a poco.

-Muy bonito, sí.

La verdad es que cada día dibujas mejor.

Si parece casi casi una fotografía.

¿Le gusta? -Mucho.

Debes controlar tu temperamento.

No sé a quién le habrás sacado ese carácter, a tu madre no.

¿De verdad le gusta lo que pinto?

-Pero lo que más me gusta es que, al final, comprendieras...

...que tu madre y yo queremos lo mejor para ti.

¡Ah!

-¡Antonio!

¿Qué te han hecho?

¡Ay! Sube. Vamos. Venga.

¡Ay! Ven.

Hijos de puta.

-Pasa.

-¿Pero qué te...?

Voy a ver qué te han hecho.

A ver.

¿Te duele mucho?

Con sólo mirarte, ya me estoy poniendo bien.

-Antonio...

Y mejor que te vas a poner.

Gente hablando a la vez.

-Tú, pisaverde, ¿sabes para qué nos llamó el amo?

-Parece que está enfadado por lo de la huelga.

-La culpa es de esos fachas...

...que le pegaron a Antonio por cuenta del amo.

-Bueno, bueno, eso tampoco está probado.

Aunque personalmente, estoy con vosotros.

Que yo soy un asalariado, un obrero.

-Los obreros no llevan corbata.

Tú estás con los explotadores.

Eres de la misma calaña. -¿Qué dices?

Pertenezco a la clase obrera. Soy un trabajador como vosotros.

¿Por qué han hecho venir a mi padre?

Él no hizo huelga. -Porque es un esquirol.

Vuelve a llamar eso a mi padre y te mato.

-Pepe, vuelve al almacén.

A los demás prepárales la liquidación. Están despedidos.

-Le juro que se arrepentirá de esta.

Vamos.

-Permítame decirle que hizo bien despidiendo a los que le dije.

Aunque perdonó a Pepe y no sé por qué.

-Porque no ha hecho nada.

Y porque si sigue trabajando aquí, quizá contenga a su hijo.

Me he quedado sin trabajo. Me han echado a la calle.

-¿Creías que podías jugar a líder obrero...

...y no sufrir consecuencias?

Se trataba de forzar la situación para que D. Fabián...

...se viera obligado a aceptar alguna de las reivincadiciones.

-Ya ves cómo las ha aceptado. ¿Y ahora qué hago?

¿Qué le voy a decir a mi padre?

No he ido a casa. No soportaría ver llorar a mi madre.

-Toma, bebe. Te sentirás mejor.

Antonio, digo yo que mientras encuentras otra cosa,...

...podías echarme una mano aquí, en la tienda.

No podría pagarte mucho,...

...pero mejor que estar todo el día en el bar.

Un momento. Oye, no tienes que hacer esto por el hecho...

...de que nos hayamos acostado.

-No seas burro. Burro no, soy sincero.

-Por esa sinceridad tuya debería mandarte a paseo.

Pero en fin, quien con niños se acuesta...

¿Eso soy para ti? ¿Un niño?

-No, tonto.

Un hombre que me tiene loca.

Ay.

¿Esto significa que aceptas el trabajo?

Sí.

-Muy bien.

Pues hala.

Pues hala. ¿Dónde vamos?

-A celebrar que te acabo de contratar.

Para que veas que soy una buena patrona,...

...nos vamos a ir de fiesta unas horitas.

De fiesta. -Ajá.

-Mi madre escribió de Canarias.

Allí el Gobierno tiene alejado a Franco.

Dice que él, Mola y otros generales preparan algo gordo.

¿Cómo? ¿Por qué no me has dicho nada?

Somos amigos. Creía que confiabas en mí.

-No podemos hacer caso a lo que se rumorea.

Y no quería asustarte.

-No son rumores. Ayudadme a convencerlo.

Debe irse como tenía pensado.

-París puede esperar. Ahora no puedo marcharme.

Es imposible.

-¿Y por qué has cambiado de opinión?

-Me debo a la causa de la república.

-Me atacas los nervios cuando te pones cabezota.

Dejémosles solos, a ver si Andrea le convence.

No os mováis de aquí. Damos un garbeo y volvemos.

-Ni caso. Andrea está muy preocupada por ti.

Tu hermano tiene razón. No debes correr riesgos.

-No insistas. ¿No comprendes que ya no puedo marcharme?

Pues no. La verdad que no lo entiendo.

-Andrea, si ya no concibo marcharme es porque...

Me he enamorado de ti, Andrea.

París ya no tiene sentido si tú no vienes conmigo.

Eduardo... No sé qué decirte.

-No digas nada. Te parecerá todo muy precipitado.

Pero estoy dispuesto a hacer lo que sea para conseguir...

...que me quieras.

Ya verás, dame algo de tiempo y llegarás a quererme.

Y entonces, tú y yo nos marcharemos juntos.

Aunque quisiera irme contigo a París, no podría.

Nunca me darían el pasaporte.

-Pasaríamos la frontera clandestinamente,...

...a través de los Pirineos y juntos.

Huiríamos hacia la libertad.

-Le daremos su merecido al amo.

Que aprenda que no puede burlarse. -Le ajustaremos las cuentas.

-Los que estéis conmigo, subid. (TODOS) ¡Vamos!

(TODOS) Le vamos a dar para el pelo.

Para el pelo al explotador.

¡Le vamos a dar para el pelo! ¡Para el pelo al explotador!

¡Le vamos a dar para el pelo...!

-Deberías hacer algo.

Deberías avisarlo.

-¿Tú has oído algo?

Pues yo tampoco.

-Antonio, ¿dónde vas? Déjame.

¿Qué haces aquí? ¿Celebrando que tu padre nos ha jodido?

No sé de qué hablas. -No sé quién eres. Déjanos en paz.

¿Por qué te metes? ¿Quién te preguntó?

-Antonio, por favor. Espérate.

-No tolero que le hables a Andrea así.

Contigo no hablo, señorito.

-Señorito no. Estoy en contra del explotador y a favor del obrero.

¿Aunque el explotador sea el padre de tu amiga?

¿Aunque nos haya echado a muchos compañeros?

¿Qué estás diciendo?

-Ya sé quién eres. Te digo que la dejes tranquila.

Eduardo, por favor. No te creo.

No creo que mi padre haya sido capaz de hacer lo que tú dices.

¿Ah, no? No. No lo creo.

-Pero ¿dónde vas?

A preguntarle a mi padre si es verdad.

¿Qué? -Antonio.

Antonio.

¡Le vamos a dar para el pelo! ¡Para el pelo al explotador!

-Tú, ¿sabes dónde vive Fabián Robles?

¿Don Fabián? -Sí.

No, aquí no vive. Quizá en la finca de al lado.

-Vamos, compañeros.

-Procura que no queden arrugas en el embozo.

-Sí, señora.

-Aquí tienes el dinero. -Gra...

Doña Loreto, se ha equivocado. Hay más de la cuenta.

-No, no me he equivocado. Imagino los apuros que pasaréis.

-Señora, no haga esto. Si nos podemos arreglar.

-Cógelo, que un sueldo menos se tiene que notar.

-Antonio ya está trabajando en la tienda de Paloma.

-Antonio es muy buen muchacho y muy trabajador.

La de veces que venía a merendar con Rodrigo...

...hasta que se enfadaron.

-Sí. Cuando eran niños eran muy buenos amigos.

En fin, se lo cojo por no hacerle un desprecio.

-Dijiste que me ibas a dar las sábanas viejas para hacer...

...una tienda de campaña.

Timbre.

No sé de dónde saca tanta imaginación.

¿Y papá? -En el salón.

¿Está en casa? Debe esconderse. -¿Qué pasa?

-¿Qué? Unos obreros vienen a por usted.

Los envié a la casa de al lado, pero no tardarán en volver.

Tiene que esconderse. -¿Dónde quieres que vaya?

No sé. Suba a la azotea. Allí estará seguro.

-No, la azotea no. Mejor en mi casa.

Sí. Vamos, don Fabián.

Vamos. -Allí nadie le va a buscar.

Estará seguro. Vamos. -Corre, Fabián.

-¡Es aquí, compañeros!

Esa mosquita muerta ha intentado engañarnos.

Tranquila, mamá, no va a pasar nada. Ya lo verás.

-Hijo, tú no te separes de mí.

Golpes en la puerta.

Golpes en la puerta. -Sagrado Corazón de Jesús...

-A ti te estaba buscando yo, mentirosa.

¿Dónde está don Fabián? ¡Venga, hable!

-Yo... no sé, no está aquí.

-Tú no lo sabes, pero el crío sí. Y se lo vamos a sacar.

¡No! Se ha ido antes de que llegarais.

-Venga, buscad a ese tío.

Para eso nos has engañado, para que ese tipo se escondiese.

¿Y tú qué haces aquí? Eso mismo te pregunto yo.

Buscan a mi padre, pero ya les dije que no está.

¿Os habéis vuelto completamente locos?

¿Queréis que os metan en la cárcel? Anda, marchaos.

-Si lo hacemos por ti, imbécil.

Y a mí no me pone la mano encima ni Dios.

-Aquí no hay nadie. Pues muchas gracias.

Pero no necesito que hagáis nada. ¿De acuerdo?

¡Tomemos unos vinos! Yo invito y aquí no ha pasado nada.

-Antonio tiene razón. A por esos vinos, compañeros.

-Algún día te partiré el alma.

Sí. Pero vamos a remojar el gaznate que tengo sed.

-Gracias a ti no le han partido la cara.

Debería readmitirte en la fábrica.

Pensará que con mantener a mi padre y no echarnos del piso es bastante.

-Bueno, de momento trabajas aquí.

No ganas tanto como en la fábrica, pero tienes otras compensaciones.

Perdón.

Antonio, ¿tienes un momento?

Sí. Sí, claro.

Quería hablar contigo.

Pero en serio.

Quería decirte que siento mucho todo lo que ha pasado contigo.

Y quiero que sepas que no estoy de acuerdo con las ideas de mi padre.

Ya le he dado las gracias a tu madre. Y ahora quería dártelas...

...a ti personalmente por todo lo que has hecho.

Cualquiera hubiese hecho lo mismo.

Si le hubieran tratado como te ha tratado mi padre seguro que no.

Bueno, eso es todo lo que tenía que decirte.

Adiós. Y gracias otra vez.

-Despierta. ¿Qué pasa?

-Que a este paso vas a ser el último en darte cuenta.

¿De qué?

-De lo mucho que te gusta esa chica.

Tonterías, tonterías.

Yo sólo tengo ojos para ti, para ti y nadie más.

-A mí los hombres me miran mucho.

Pero cómo tú acabas de mirar a esa niña...

Hace tiempo que nadie me mira.

-Y me contaba Mario que su familia tiene un cortijo en Extremadura.

Un cortijo con muchas tierras.

¿Tú te imaginas? Pero que no van casi.

Bueno, su padre sí, pasa allí mucho tiempo.

Porque a él el campo parece que sí le tira.

Y que su madre viaja mucho.

Pues la verdad no lo entiendo.

Vaya un matrimonio raro, cada uno por su lado.

¿Andrea?

¿Qué?

-Te estoy hablando.

Perdona, tenía la cabeza en otro sitio.

-Ya. Es que no sé qué te pasa últimamente.

Hija, no sé, te veo como alelada.

El otro día le pregunté a Mario que qué pensaba Eduardo.

¿Que qué pensaba Eduardo de qué?

-¿De qué va a ser, mujer? Pues de lo vuestro.

¿Cuántas veces te tengo que decir que entre nosotros no hay nada?

-Bueno, no es eso lo que él cree.

Él sigue teniendo esperanzas de que a lo mejor con el tiempo...

Eduardo es un artista y yo le admiro.

Es un gran profesor y...

Y... me gusta.

Sólo eso.

Bueno, no sé, me siento bien a su lado, me enseña, me divierte...

-Está siempre pendiente de ti.

¿No me digas que no te gusta? ¿Aunque sea un poquito?

Bueno, está bien, un poquito sí.

-Pues ponle dedicación, todo es cuestión de proponérselo.

Claro, como si fuera tan fácil.

-Bueno, pues para eso debes olvidarte del otro.

¿Qué otro? ¿De qué estás hablando ahora?

-Andrea, no soy tonta.

Te estoy hablando de Antonio.

Es que no sé qué capricho te ha entrado con el obrerito ese.

Cuanto antes te lo saques de la cabeza mejor.

¿Por qué dices eso?

-Andrea, porque la vida no es como una película.

Sois tan diferentes.

Venís de dos mundos tan distintos como el agua y aceite,...

...que no pueden mezclarse.

Andrea, ¿tú te imaginas casada con un obrero?

Con tu educación, con el tipo de vida que has llevado hasta ahora.

¿Eh? Además, sabes perfectamente...

...que tus padres no aprobarían esa relación.

Bueno, las cosas están cambiando y...

Ya no son como antes, tan cerradas.

-Las leyes cambian, no digo que no, Andrea,...

...pero las personas...

Las personas no cambian nunca.

Además, me han dicho que la dueña del ultramarinos...

...de enfrente de tu casa lo tiene de querido.

Bueno, ¿qué tal te ves?

-Qué suerte tienen algunos. ¿Y suerte por qué?

-Porque no sólo te dan trabajo. También te dejan probar el género.

Es para pasar el rato.

-¿Para pasar el rato? Si te cansas, se lo dices a mi padre y cambiamos.

Yo encantado. Sin que se entere mi novia, claro.

Quiero decir que lo de la tienda es provisional.

Hasta que encuentre algo mejor.

-Mejor que eso no lo encuentras.

O sea, que me ves toda la vida despachando.

-Pues no sé. Mira.

Desde luego, trabajemos donde trabajemos,...

...nunca podremos comprar un coche como ese.

-Antonio.

Me acabo esto y voy. -Joder, Antonio, cómo te controla.

Ya ves. A mí me gusta mantener un poco las distancias.

-Pues en la tienda, las distancias será difícil mantenerlas.

Sobre todo con este calor.

Anda, pero si resulta que han venido a por tu vecina.

Pues va a ser verdad que se ha echado por novio a un pintor.

¿Y a mí qué? Como si se va con el sereno.

-Antonio, ¿vienes o qué? ¡He dicho que cuando acabe el vino!

-¡Ay! Qué calor.

Ay, sí. -Este verano va a ser insoportable.

-¿Os apetece un helado?

Vale.

-Pues sí. De fresa.

-O de nata. -Vale. Enseguida.

-Muy bien.

Bueno, ¿ya sabes lo que harás este verano?

Lo de siempre, irme a El Escorial con la familia.

-No parece que te haga mucha ilusión.

¡Ay! Menudo aburrimiento, Consuelo.

-Tú te quejas, pero algunas no tenemos ni eso.

¿Vas a continuar en el colegio?

-Las monjas me han pedido que las ayude.

Ya sabes que, en casa, cualquier dinero es poco.

Pero si te pagan una miseria. -Ya, pero no lo hago sólo por eso.

Me dan pena las pobres hermanas.

Hasta se han quitado los hábitos...

...para no llamar la atención. Pobres.

Bueno, míralo por el lado positivo.

Si te quedas en Madrid y Mario también...

-Me parece que a Mario no le intereso tanto como quisiera.

Aunque quizá son figuraciones mías. Seguro.

-Bueno, ¿y tú qué? ¿Sigues dándole largas a Eduardo?

No hay prisa.

-Puestos a casarse, cuanto antes mejor.

¿Casarse? ¿Tú estás loca?

Si aún soy muy joven.

-Que vienen.

-No había de fresa. Todo es de nata.

Bueno. -¿Vamos a la rosaleda? ¿eh?

-Bueno, estupendo. Vale.

-Hacen buena pareja, ¿verdad? Son tal para cual.

-Como nosotros.

¿Te gustaría posar para mí?

Necesito desesperadamente pintar esa sonrisa.

Llaman a la puerta.

-Don Fabián, ¿se puede? -Pasa, Pepe. Adelante.

-Con su permiso.

Quería decirle que lo del almacén estará listo mañana,...

...pero para poner orden en la fábrica, nos faltan brazos.

-Tú ocúpate de lo tuyo y céntrate en el inventario.

¿Algo más? -Sí, si usted me lo permite.

Le ruego que le diga a su señora que no le dé más dinero a Elpidia.

Con el debido respeto, nosotros sólo queremos trabajar...

...y vivir en paz.

-Entiendo.

Pepe, estoy muy agradecido a tu hijo y a tu mujer...

...por lo que hicieron por mí,...

...pero no puedo hacer excepciones.

Si readmitiera a Antonio, me tacharían de blando.

En cuanto a ti, mientras la fábrica siga en marcha,...

...tu puesto está asegurado.

Y si mi mujer le da dinero a la tuya, ella sabrá...

...a cambio de qué lo hace.

-No estará pensando en cerrar, Don Fabián.

-Espero no verme obligado a ello. Puedes irte.

¿Averiguaste?

-Sí, señor.

Su hija se ve fuera de la academia con su profesor,...

...don Eduardo Ayala de la Torre, y su hermano Mario.

-¿Gente de orden? -Aristócratas.

Mario es de lo mejorcito,...

...pero Eduardo, el profesor de Andrea, tiene fama de bohemio.

Ignoro cuáles pueden ser sus intenciones.

-Tonterías. Mi hija no tiene edad para pretendientes...

...y menos para hacer cosas a escondidas.

Se va a enterar.

Échale una mano a Isidro. Quiero ese balance ya.

-Como usted mande.

¡Uh! Qué bien hueles.

-Quita, que puede entrar alguien.

Bueno, ya es hora de cerrar, ¿no?

-Oye, ¿cuántas latas de sardinas quedan?

¿Latas de sardinas? Bastantes.

Podríamos salir luego a tomar el aire luego, ¿no?

-Ve tú. Yo me quedo.

¿Pasa algo?

-Nada. ¿Qué va a pasar?

Toma. No puedo pagarte más.

Ya cierro yo.

¿No quieres que nos veamos luego?

-Antonio, no tengo ganas.

Además, tengo que pasar a recoger un vestido.

Déjalo estar, anda. Marcha.

¿Vengo mañana? -Claro.

-Sito, deja de pensar en las musarañas y termina.

-Es que no sé por qué los curas no pueden tener novia.

-Porque hemos hecho voto de castidad. Ya te lo dije.

Además, así podemos concentrarnos más en amar al prójimo.

-¿Y no se puede amar al prójimo y tener novia?

-Sí, pero sin ser cura.

Además, eres muy pequeño para pensar en esas cosas.

Cuando seas mayor, comerás huevos.

-A mí no me gustan los huevos.

Yo quiero tener novia, como mi hermana. Tiene novio.

¡Ay! -Sito, no se dicen mentiras.

-Es verdad. Me lo ha dicho un amigo del colegio.

La vio paseando del brazo de un chico.

-¿Qué sucede? -Nada, doña Loreto.

Este niño, que tiene la cabeza llena de pájaros.

-Anda, Sito, vete a la cocina a merendar.

-Yo no digo mentiras.

-Buenas tardes. -Buenas. ¿Qué tal?

-Me alegro de verle. -Igualmente.

-¿Ha vuelto ya Andrea? -Debe estar al caer.

-Cuando llegue, dile que quiero hablar con ella.

Si me disculpa, padre. -Por supuesto.

-¿Quiere que le prepare un café antes de marcharse?

-Se lo agradezco mucho, pero es que me están esperando...

...en la parroquia. ¿Va todo bien con su hija?

-Sinceramente, estamos preocupados.

Desde que comenzó las clases de pintura no para en casa.

Y no están los tiempos para que una señorita ande...

...por la calle a todas horas. -Andrea está en edad de merecer.

-Pero habrá que vigilarla, padre. -Sí, pero no ahogarla.

-Le acompaño hasta la puerta.

-Lo siento; pero han debido informarle mal.

Es cierto que tengo el título de abogado, pero no ejerzo todavía.

-Ya. Es una lástima, me habían encarecido mucho...

...su nombre unos amigos comunes.

-¿Puedo saber de quién está hablando?

-Me temo que no.

Pido discreción.

Sabe muy bien que estamos viviendo situaciones difíciles.

-Ya... Aún así no sé por qué han acudido a mí.

Para el caso que me solicitan es mejor recurran...

...a un colega más experimentado.

-Compréndalo, es una situación delicada.

Estos jóvenes pertenecen a buenas familias...

...y están siendo procesados por delitos de opinión,...

...lo que es una represalia política.

Es lógico que nosotros queramos solicitar el concurso...

...de personas afines.

No sé ni quiero saber a quién se refiere...

...cuando habla de nosotros. Y esa afinidad que ustedes creen...

...encontrar conmigo. -Cuestión de matices si lo desea.

Podremos discrepar en los detalles; pero estamos de acuerdo...

...en que la República ha traído caos en este país.

-Es posible que coincidamos en algunas apreciaciones;...

...pero me temo que tenemos serias discrepancias...

...en cuando al método para corregirla.

-Comprendo sus escrúpulos y es lógico que tome precauciones...

...teniendo el hermano que tiene.

-No sé qué pinta mi hermano en todo esto.

-Bueno, todos sabemos que su hermano simpatiza...

...con el bando contrario.

Y eso, imagino, está creando ciertas incomodidades...

...entre ustedes. -No, Eduardo y yo procuramos...

...no interferir en las ideas del otro porque somos hermanos.

-Ya que lo dice, convendría que aconsejase...

...a su hermano que deje en paz a mi hermana...

...o se comporte como es debido. -¿Perdón?

-Me refiero a Andrea.

Si su hermano tiene interés en mi hermana,...

...que se mantenga en su sitio y dé la cara con mis padres.

Si usted fuese el pretendiente, imagino que habría hecho...

...las cosas como hay que hacerlas.

Y esta situación sería tratada de modo muy distinto.

-¿Ah, sí?

¿Y puedo preguntarle por qué?

-Señor Ayala, España está revuelta;...

...pero al final el orden se restablecerá.

-¿Sí? -Usted es uno de los nuestros...

...y estoy convencido de que podemos llegar a acuerdos.

Pero, bueno, no molesto más.

Ha sido un placer conocerle.

No hace falta que me acompañe, conozco la salida.

-¿Tenías visita? ¿Quién era?

-Nadie, un antiguo compañero de estudios.

-¿Qué quería?

-Si le podía recomendar para unas oposiciones.

-Pero ¿crees que con todo lo que está pasando van a seguir...

...habiendo oposiciones en España? -¿Quién sabe?

-Quien no sabe la hora que es eres tú,...

...hemos quedado con Andrea y Consuelo, llegaremos tarde.

-¿No sé si tengo ganas de seguir haciendo de carabina?

-¿No te has fijado cómo te mira Consuelo?

Qué suerte tienes.

A mí, sin embargo, Andrea se me resiste;...

...pero se acabará rindiendo.

-Unos chatos. Por el triunfo de la clase obrera.

Salud.

-Ten cuidado con Pedro.

Habla mal de ti a tus espaldas. Es lo malo de que te despidan,...

...que no tienes otra cosa que hacer que cotorrear.

-Se ha tomado a mal eso de que defendieras...

...a don Fabián.

-Lo que tenemos que hacer es ocupar la fábrica,...

...echar al patrón y socializarla.

-¿A qué estamos esperando? A que la ley lo permita.

Cuando el Gobierno haya abolido la propiedad privada,...

...tomaremos las fábricas; pero con la ley de la mano.

-¿Quién te ha dado vela en este entierro?

Me han despedido. -Pero yo no me he puesto...

...de parte del amo, ni soy hijo de un esquirol.

Mi padre es mi padre y yo soy yo.

En cuanto a don Fabián, os he demostrado de qué lado estoy.

Pero las cosas no se arreglan dándole el pasaporte a nadie.

-¿Y cómo se arreglan? ¿Vendiéndose a los explotadores?

La gente como tú es la vergüenza de la clase obrera.

-Lárgate antes de que te demos lo que mereces.

Soy más hombre que tú. -¿Estáis todos locos?

Él es de los nuestros. -¡Ya no!

-¿Vendrás mañana a la exposición de mi amigo?

Lo intentaré; pero no te prometo nada.

-Déjalo de mi cuenta.

Si no quiere venir, la llevaré a rastras.

-Le hablé de tus cuadros y tiene interés en conocerte.

Y piénsate lo de posar para mí.

La Gioconda llora la sonrisa de Andrea.

-Piénsalo, Andrea, el que yo te hice era horroroso.

-Andrea, adiós.

Hasta mañana. -Adiós.

Ese novio tuyo es un lechuguino.

¿Ah, sí? Pues que sepas que como pintor,...

...y no de paredes, me parece muy interesante.

Y como lechuguino puede presumir de una cultura que ni te cuento.

Más cultura tendría que él si hubiese podido estudiar.

No, si un señorito me parece lo más adecuado para ti.

Lo malo es que cuando te des cuenta de que busca...

...lo que busca será tarde.

¿Nunca te han dicho que eres insoportable?

Sí, pero procura posar vestida.

Timbre.

-¿Qué hora de llegar son estas?

Me entretuve con Consuelo, me voy a cambiar.

-¡Andrea!

¿Ocurre algo?

-Dime dónde has estado.

Fui a casa de Consuelo a doblar ropa vieja para la parroquia.

-No mientas. Sé con quién andas y no me gusta nada.

¿Me ha estado espiando? -No me hables en ese tono.

Si te permití estudiar dibujo fue para no contradecir a tu madre;...

...pero se acabó la academia y todas esas niñerías.

Pero ¿qué he hecho? -Lo sabes.

Te han visto del brazo del pintor, subir y bajar del coche.

Padre, no sea antiguo.

Es mi profesor de pintura y no he hecho nada vergonzante.

-Ni lo harás. Porque no lo volverás a ver.

Pero no lo comprende.

Puedo llegar a ser una gran pintora.

Eduardo me ha abierto los ojos.

Pero tiene razón, está visto que aquí no podré realizarme.

Tendré que irme a París. -¿A París? ¿Te has vuelto loca?

No, no puede impedir que trate de conseguir lo que deseo.

-¿Qué deseos ni deseos?

Eres mi hija y te comportarás como tal.

Y te olvidarás de esas sandeces de dedicarte a la pintura.

Desde este momento te prohibo que salgas sola de esta casa...

...y que cojas un pincel. Pero...

-Te repito que no saldrás si no es bajo mi vigilancia.

No soy una monja y puedo ir donde quiera.

-¿Te atreves a enfrentarte a la cara de tu padre?

¡A tu cuarto antes de que me quite la correa!

-Estoy desesperada.

Desde que su padre la castigó, se ha encerrado en su habitación.

Andrea, hija, abre. Tienes visita.

-Soy Consuelo.

Abre. No seas testaruda.

Pasa, Consuelo.

-Hija, ¿necesitas algo?

No, mamá, estoy bien.

-¿Qué pasa?

Me ha dicho tu madre que os vais en unos días.

No pienso irme a la sierra a pudrirme bordando.

No pienso ir, Consuelo. -Ya está.

-Rodrigo, hijo, ¿de dónde vienes así?

-No pregunte, madre. Vengo a asearme y a comer.

-Te calentaré un plato.

-¿Está mi padre? -No, está en la fábrica.

Creo que quiere cerrar antes de irnos.

-Si todo va bien, no tendrá que cerrar mucho tiempo.

-Hijo, ¿en qué estás metido? -Tengo mis obligaciones.

Sólo dígale a mi padre que muy pronto,...

...los rojos tendrán que esconderse.

¿Y ese pollo? -¿Quién? Ah, ¿Paco? El del carbón.

¿Y qué hacíais los dos con la puerta cerrada?

-Nada que sea de tu incumbencia. ¿Queda claro?

No. Creí que lo nuestro iba en serio.

-¿Lo nuestro? Mira, Antonio.

Tengo algún año más que tú.

Me gustas, lo pasamos bien, pero nada más.

Si quieres algo más, te buscas una novia.

Búscate a quien te convenga.

-Queridísima Andrea, qué difícil te está resultando...

...sacar a la luz la gran artista que llevas dentro.

Consuelo me informó de tu encierro y lo siento en carne propia.

Justo cuando la vida iba a darnos su mejor regalo,...

...nos priva de disfrutarlo.

Y ese regalo no era otro que el amor correspondido,...

...el que siento por ti y el que veo, día a día,...

...crecer en ti.

Por eso, ahora que me faltas,...

...veo lo mucho que necesito de este amor tan joven,...

...tan dulce, tan lleno de alegría.

Y de que no podré vivir sin ti.

Andrea, si me amas al menos la décima parte que yo a ti,...

...haz lo que sea y reúnete conmigo, inmediatamente.

No dejaremos que tu padre intente impedir tus sueños.

Está claro que aquí no podrás hacerlo realidad.

Ha llegado el momento de huir juntos y marchar a París.

Como ya te expliqué, está todo dispuesto.

Si no puedes escapar, dime cómo puedo rescatarte y lo haré.

Pero no me prives más de tu compañía.

Como sea, huye.

Tuyo siempre, Eduardo.

¿Mamá?

¿Rodrigo?

¿Hay alguien en casa?

(RECUERDA) Incluso cerraron con llave.

Y a los cinco minutos, ya estabas en la calle.

-El milagro del Corazón de Jesús.

(RADIO) Los últimos datos indican que una parte...

...del ejército de Marruecos se ha levantado en armas...

...contra la República.

Heroicos núcleos de elementos leales resisten a los sediciosos...

...en las plazas del protectorado.

Nadie, absolutamente nadie, se ha sumado en la península...

...a este absurdo empeño.

En estos momentos de confusión para la patria,...

...el gobierno de la República quiere llamar a la calma...

...ante lo que no pasará de ser una sonada más...

...que será pronto derrocada por el ejército y el pueblo español.

Gritos.

(GRITAN)

-¡Compañeros, esto es un golpe de estado!

Tenemos que defender la República de los militares.

(TODOS) ¡Sí! -El Gobierno nos niega las armas.

-Salgamos a tomar las calles. (TODOS) ¡Viva la revolución!

-¡Viva la clase obrera!

Arriba, parias de la tierra.

Empieza... ¡Pedro, Pedro!

Necesitamos estar unidos en esto.

-Juntos acabaremos con ellos. Vamos.

-¿Qué es esto, Dios mío?

¡Andrea! ¡Andrea! -¿Qué ha pasado, mamá?

¿Han entrado ladrones? -¡Andrea!

¿Qué has hecho, hija? -¡Viva la revolución!

-¡Arriba, hijos del pueblo! -La victoria es nuestra.

(TODOS) ¡La victoria! ¡Victoria! ¡Victoria!

Eduardo. -¡Andrea!

He recibido tu carta.

¿De verdad me llevarás contigo? -Claro que sí, princesa.

Ya nada podrá detenernos.

-¿Has traído la munición? -Toda la que cabía.

-Perfecto.

-Esa gentuza se dirige a las Cortes para pedir armas.

-Tenemos que evitarlo.

-Esas son las órdenes.

Darles fuerte en las esquinas para que vuelvan a sus casas.

-Si nos adelantamos, podemos evitarlo.

-Por fin, esos rojos se enterarán de con quién han estado jugando.

Venga, tira.

Entonces, ¿qué va a pasar ahora? Están pidiendo armas.

-Puede pasar cualquier cosa.

Durante unas semanas, habrá jaleo, pero todo se arreglará. Tranquila.

¿Cuándo nos vamos a París? -Enseguida.

Lo tengo todo listo, pero no contaba con esto.

Esperaremos unos días. Pero yo no puedo esperar.

Si mis padres me encuentran, me llevarán lejos.

-¿No lo ves? Un grupo militar se ha levantado...

...contra la República.

Habrá controles en las carreteras, trenes y fronteras.

En tu carta decías que estaba todo listo.

-Y lo está. El levantamiento se sofocar en unos días.

Después nos marcharemos. Como te prometí.

Te doy mi palabra de honor. Pero es que yo he huido de mi casa.

Mis padres me buscarán.

Me obligarán a regresar con ellos.

-Yo cuidaré de ti. Ten paciencia.

¿Y dónde voy a vivir hasta que nos marchemos?

-Aquí, conmigo.

Te amo, Andrea.

No permitiré que vuelvan a separarnos.

Lo siento, no puedo.

-Te deseo tanto.

Tranquila.

¿Es la primera vez?

No estoy preparada, Eduardo.

-¿Por qué no? Somos libres.

¿O es que aún no me amas lo suficiente?

Esto es una locura.

-No me has respondido, Andrea.

Yo te amo.

Quiero que seamos compañeros, amantes,...

Pero si tú no estás segura, no tiene sentido.

Perdóname, Eduardo.

Tú eres la persona que más admiro en este mundo.

-Me admiras. Sí.

Y quiero irme contigo a París.

Y llevar a cabo todos esos sueños tan maravillosos.

-Pero no me amas.

Dame tiempo.

Todavía no estoy preparada. -¿Y cuándo lo estarás?

¿Esta noche?

¿Mañana, en París? ¿Dentro de un año?

Estoy aquí.

He venido a buscarte. ¿No es eso lo más importante?

Eduardo, vamos a París y dejemos lo demás...

...para cuando tenga que llegar. -No, Andrea.

Cómo he podido ser tan ingenuo.

Tú misma me lo dijiste. Amabas a otro hombre.

¿Es Antonio, verdad?

No, Eduardo. Te quiero a ti. -No te engañes.

Pensé que ese amor era una niñería.

Un recuerdo de juventud.

Pero me equivocaba.

Para ti no soy más que un profesor de pintura.

Y lo seguiré siendo siempre.

Eduardo, por favor, no te vayas.

-Necesito pensar.

Necesito estar con los míos. No me dejes sola, por favor.

¿Cómo vas a defender la República?

-Demostremos de qué lado estamos. -¿Dónde vais?

El Gobierno reparte armas en los cuarteles leales.

-Voy con vosotros. -¡Viva la República!

(TODOS) Viva la República. -Ahí vienen.

-Démosles una lección.

Venga, Rodrigo, qué esperas.

Tira.

Aguanta, señorito, aguanta, eres todo un hombre.

-Acabar así sin poder ver lo que pasará...

¿Y Andrea? No te canses, no te canses.

Te llevaré a la casa de socorro, no te canses.

-Antonio... cuida... de Andrea. No, señorito.

Señorito.

Toma, bebe un poco.

Aquí ya no hacemos nada, Andrea.

Sería mejor que te fueras a casa.

Mi casa.

¿Te acompaño?

No quiero irme.

No puedo.

Todo ha sido culpa mía. ¿El qué?

Lo que le ha pasado a Eduardo.

¿Pero qué estás diciendo, Andrea?

El me hablaba de pintura,...

...de libertad,...

Quería que nos fuésemos a París.

A París. Pero yo no estaba segura...

...de estar enamorada de él.

Yo creía que...

No estaba segura, Antonio.

Por eso se fue a la calle.

Y le dispararon. No, Andrea, no.

No es así.

Y esas balas no sólo buscaban acabar con él.

Disparaban contra todos nosotros. Contra lo que representamos.

Libertad, un mundo más justo.

Yo no lo supe ver a tiempo,...

...pero Eduardo era uno de los nuestros.

Por eso lo mataron.

Por eso lo mataron, Andrea.

-Andrea.

¿Qué ha pasado?

¿Qué ha pasado?

Lo intenté.

Pero no se puede querer a alguien cuando tienes...

...otros pensamientos por dentro.

Otras ilusiones.

Yo también tengo cosas de las que arrepentirme.

¿Tú... de qué?

He sido un animal, Andrea.

Me he portado contigo como un chiquillo malcriado.

Como cuando te tiraba de las tranzas, ¿te acuerdas?

¿Me das uno? ¿Qué?

Un cigarrillo.

¿Tú fumas?

No, es por hacer algo.

Mi padre me había prohibido salir de casa, ¿sabes?

¿Y eso por qué?

Por que no quería que me fuera con Eduardo.

Decía que es... que era un republicano.

Sólo quería estar con él porque me hacía ver la vida...

...de una manera distinta.

Hacía que yo misma me viera de otra manera.

¿Comprendes?

Sí. Bueno, no sé, supongo.

Si tu padre no te dejaba salir, ¿cómo has hecho?

Me he escapado.

¿Tú estás loca, Andrea? ¿Y ahora qué vas a hacer?

Vas a volver a casa, ¿no?

-Eduardo Ayala de la Torre, descansa en paz.

(TOCA EL HIMNO REPUBLICANO)

-¿Qué hacen aquí esos desarrapados?

-Madre, a su manera, honran la memoria de Eduardo.

-Que se vayan. Por su culpa, ha muerto mi hijo.

-Dicen que los nuestros le mataron. -Fueron todos.

¡Malditos los unos y los otros!

(SUSURRA ALGO)

-Andrea, ¿te acuerdas de Marcial?

Claro.

-Eduardo me confesó hace unos días que estaba muy enamorado de ti.

Todos le echaremos en falta.

-¿Qué piensas hacer?

No sé. No quiero volver con mi familia.

-Piénsalo bien, Andrea. Ellos te perdonarán.

Te llevarán adonde haya triunfado la sublevación.

¿Cómo puedes decir eso después de lo que pasó?

-No puedes renunciar a tu clase.

Tu sitio está junto a la gente como nosotros.

Eduardo creía en la República, en la libertad.

Sus asesinos serán siempre mis enemigos.

-Está bien, no puedo obligarte.

Marcial también se queda en Madrid.

Tenemos nuestras diferencias, pero seguimos siendo amigos.

-Si necesitas trabajo, en el Prado hay muchas vacantes.

Gracias, pero necesito pensar.

(SUSURRA)

-Papá, mamá, os presento a Andrea.

Era la novia de Eduardo.

No sé qué decir. -Pues no digas nada.

Y deja de llorar, mujer.

Los sentimientos de verdad se llevan por dentro.

Se guardan para fortalecerse.

Las lágrimas son para gente común.

-Mamá, Eduardo estaba enamorado de Andrea.

-Mi hijo era un gran chico y un buen artista,...

...pero no tenía ojos para ver el mundo como es.

¿Qué digo? Eduardo no sabía ni dónde tenía la cabeza.

¿Pero cómo puede hablar así de su propio hijo?

-Porque yo le parí y nadie le conocía mejor.

Pero tú no eras lo suficientemente buena para él.

Si no, le habrías protegido de esas ideas que le mataron.

-Mamá, Andrea no tiene ninguna culpa.

-Cállate. Estoy cansada de escuchar tonterías.

¿Dónde está mi coche? -Allí.

-Vámonos a casa.

-Lo siento.

-Perdónala, ¿eh? Está trastornada por el dolor.

-¡Mario! Vámonos.

-Lo siento, me tengo que ir.

-¿Qué? -Ya está en su habitación.

Le dije que Sito estaba durmiendo y que tú no habías llegado.

-Esa costumbre tuya de no enfrentarte a los problemas.

-Fabián, tu hija está destrozada. Tiene los nervios deshechos.

-Ya.

-¿Hablarás con ella mañana?

De día, las cosas no parecen tan terribles.

Anda, vámonos a dormir.

Nosotros también estamos cansados. Vamos.

¿Qué haces aquí?

No podía dormir.

Yo tampoco pasé buena noche.

Hacía mucho que no subía aquí.

Está todo igual que cuando...

¿Quieres decir igual que cuando tú y Rodrigo subíais a jugar conmigo?

Está igual, sí.

Muchas veces subía a escondidas,...

...procurando que mi madre no se enterase.

No le gustaba que sus hijos se mezclaran con clases inferiores.

¿Qué nos ha pasado, Antonio?

¿Por qué Rodrigo, tú y yo no podemos ser como antes?

Supongo que porque la vida nos puso a cada uno en su sitio.

No voy a dejar nunca más que me digan lo que debo hacer.

¿De verdad crees que el futuro que nos espera será mejor?

Si nos lo proponemos entre todos, hay un mundo más libre, más justo.

Está luchando por nacer.

El mundo viejo hace lo posible por impedirlo.

Si luchamos para que todos seamos más libres,...

...iguales.

Para que no haya diferencias entre nosotros.

Que no haya diferencias nunca.

Iguales, Antonio.

Iguales, Andrea.

-¿Pero te has vuelto loco? ¿Cómo se te ocurre besar a Andrea?

Ella me ha correspondido.

-Ay, Antoñito, qué sola me vas a dejar.

(CARRASPEA) -Hola, Andrea.

Os he visto abrazados, y no sólo hoy.

-Lo que haya habido entre él y yo es agua pasada.

No significa nada para él.

Él te quiere, niña, desde siempre.

-¿Es Eduardo? No, no es nadie. Es sólo un boceto.

-Ya sabes que no le tenía mucha simpatía,...

...pero siento mucho que haya muerto.

Ha sido una muerte horrible. -Quizá fue un accidente.

-¿Dónde vive Rodrigo Robles? -En el principal.

-Como todos los señoritos de mierda.

-Don Fabián. -Pasa, pasa, Isidro.

¿Y los obreros?

-Vienen hacia aquí. La fábrica ha sido confiscada.

-Te buscan. Tu padre intenta detenerles.

-Subiré a la azotea y saltaré al otro edificio.

-No, no te arriesgues. Métete en el lavadero.

Atranca la puerta desde dentro. ¡Corre!

-Me marcho de Madrid.

Hasta que yo vuelva, Rafael es el máximo responsable.

¿Entendido? -Sí, señor.

-Espera un minuto.

Oye, ¿podéis parar? -¿Estás loco?

Ya sabes cómo se las gastan.

Tenemos que llegar a Francia antes de que amanezca. Pisa fuerte.

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Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 0

27 sep 2005

Madrid, febrero de 1936. 

Mientras Antonio y muchos compañeros, de clases populares, celebran, en una verbena improvisada en la calle, el triunfo del Frente Popular, Andrea regresa a casa en compañía de su amiga Consuelo. Allí le está esperando su padre, Don Fabián, dueño de una empresa de materiales de construcción a quien, Andrea, se enfrenta continuamente porque no le permite estudiar en la Universidad. Doña Loreto, su madre, logra convencerle de que le permita asistir a una academia de dibujo. Allí conoce a Eduardo, un joven pintor de ideas progresistas, aunque de familia aristocrática, con quien descubre un mundo de libertad que sus padres no sospechan y de quien cree estar enamorada. 

Los hechos se precipitan. Llegan noticias del alzamiento militar y mientras los partidarios de la República salen a la calle dispuestos a defenderla, Rodrigo, hermano de Andrea, prepara con los suyos la neutralización de los rojos. En esta escaramuza estúpida se produce un trágico suceso que favorece el acercamiento entre Andrea y  Antonio, obrero e hijo del encargado del almacén de la empresa de don Fabián, que ha sido despedido de la fábrica por agitador. Entre ellos surgirá un amor apasionado, que se ha mantenido latente desde la adolescencia. 

Histórico de emisiones:

27/09/2005

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