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Subtítulos de Amar en tiempos revueltos - T7 - Capítulo 54

Qué raro... juraría que falta un bote de este medicamento. -¿Yo qué es lo que hago, padre? Estar aquí todo el día, limpiando un poquito la parte de plaza que nos ha tocado, dejarlo como una patena, entrar dentro, servir los vinos de siempre. Cortar el queso de la misma manera de siempre. Volver fuera y cuando se ha manchado esto, lo vuelvo a limpiar. Eso es lo que yo hago con la vida, padre. -Bonilla, quién en sus cabales se presenta en la oficina de dos detectives con un dedo en una caja, por Dios santo. Se convertiría en el principal sospechoso. ¿Eh...? Quien nos haya mandado este regalito, quiere que investiguemos; pero sin que, de momento, demos con él. -No, Chelo, no lo he hecho bien, tal y como me temía. -¿Ha pasado algo? No te habrán despedido, ¿no? -No, si don Jesús ha sido muy atento y amable conmigo. Me ha dado mi primera lección de periodismo que aún digiero. -¿No le entra el líquido? -Sí... sí. -Ja... ¿Adónde vas con esto, Julio? -Por eso necesito que me la guardéis un tiempo, me las ha encargado una publicación extranjera y me pagan bien. Pero un compañero mío de "La codorniz"... Quiere hacerme chantaje y me ha amenazado con denunciarme. ¿Así usáis la edición especial de "Sucesos" para hacer juegos de palabras? -¿Qué? -Estas letras son de la edición especial, ajá... Yo mismo ayudé a elegirlas. -Para ti. -Mi teniente coronel, estaba como una fiera ha agredido a un compañero y no hemos podido reducirle entre dos enfermeros y yo. ¿Dónde está él? -Ha corrido hasta la ventana y ha saltado al vacío. Está muerto en el patio. Despertar abrazada a la ironía de ocultar la razón de cada día para amar... En tiempos revueltos. Asumir la alegría y el lamento y descubrir, sorprendida, mi tormento y mi dolor... Con tu amor envuelto. No es sencillo avanzar olvidando lo vivido, cuando tanto se ha dado por perdido y el camino es volver a comenzar. Le canto al viento por todo el que venció su desaliento. Le canto al mar por todo aquel que tuvo que olvidar... Para empezar. -Asun, espera un momento que quiero hablar contigo. -Anoche no te oí entrar. -Porque vine tarde. -Se nota que los padres no están. -Bueno, estuve ensayando y, luego... pasó algo. Me hubiera gustado contártelo, pero estabas dormida. -Es que me acosté porque estaba muy cansada y agobiada: el artículo no me salió como yo esperaba. Pero, bueno, supongo que tendré que aprender. -Yo también. -Hombre, en tu caso es normal, Chelo. Estás aprendiendo con la magia. -No, no me refiero a la magia, me refiero a la vida en general. Aunque no aprendo, siempre me pasan las mismas cosas, siempre. -Ay, Chelo, por Dios, pero qué pasa. -Nada... no pasa nada. -No, venga, cuéntamelo de una vez. -A ver... Pues que ayer... Después del ensayo... Gerardo me besó. -¿De verdad? -Pero no te creas que fue un "aquí te pillo, aquí te mato". No, él es muy romántico y es muy atento y... Antes de ensayar me regaló un vestido precioso para el show. -¿Lo eligió él? -Sí y no sabes lo que me gusta. Y, luego, estuvimos ensayando mucho el número... Tengo bastante protagonismo. -¡Felicidades, Chelito! -Gracias. El caso es que... después, cuando terminamos de ensayar... De una forma muy bonita y muy romántica... Me besó. -Mi doblón de oro 1798... Luminoso como el sol. La moneda por excelencia del Imperio español. Y vosotras... No lloréis tanto, porque aunque sois más jovencitas no por eso tenéis menos tronío numismático, ¿verdad? Os voy a echar de menos. Sois tan hermosas. En fin... -Marcelino que no. -Voy a llevar el abrigo, hombre, como toda la vida. -No ves que está roto, completamente roto que da pena verlo que ayer te lo iba a remendar; pero tenía tantas cosas con lo de tus hijos que no pude. -No pasa nada, es lógico, todos saben que yo soy el último mono. -¿Qué quieres que te atienda a ti antes que a tus hijos? -No, pero a la par no estaría mal. -Qué egoístas sois los hombres. Y tú sobre todo, que compites con tus hijos a ver a quién hago caso. -Qué estás diciendo, no compito con nadie, qué tontería. Pero yo, últimamente, no existo. -Bueno, Marcelino, date unos biberones, cambia los picos, remienda las cosas... y, entonces, tendré tiempo para ti. ¿Sí o no, suegro? -¿A que no? -A mí no me metáis en líos, dejadme en paz. -Muy bien... -Bueno, pero estarás contentísima. -Eso es lo que me pasa, Asun, que no lo sé... -A ver, Chelo, me pierdo, de repente te diste cuenta de que no te gusta o... ¿se propasó contigo? -No, no... ninguna de las dos cosas, a mí me gusta mucho. De hecho, diría que estoy, incluso, enamorada y... Él es muy correcto conmigo, es muy atento y educado, respetuoso. -¿Entonces? Bueno, qué... -Pues que tengo miedo, Asun. Tengo miedo de volver a sufrir. Porque, en el fondo, yo... A Gerardo le conozco desde muy poco tiempo y... Yo creo que es buena persona, pero ¿y si no lo es qué? -Chelo, no te angusties. Y, sobre todo, date tiempo. -Ya, pero lo que pasa es... No puedo confiar en la gente. -Entiendo lo que dices, es que las decepciones dejan mella. Pero, bueno, por un lado está bien que estés alerta para que no te engañen; pero tampoco vas renuncies al amor porque te fallara alguna vez. -Ya... -Yo, lo único que te puedo decir, es que tengas tiento y no te precipites. Y que te des cuenta, realmente, de si tú le quieres y él te quiere a ti. Pero no renuncies de antemano. -¿Tú crees? -Pues claro que sí. Además, tengo el pálpito de que Gerardo va en serio contigo. -Bueno, pues con mi abrigo que me voy. Faltaría más... y si el forro está roto, ande yo caliente y ríase la gente. -Bueno, pero... Tú que... pues vete, vete hecho un espantajo a la calle pero no le digas a nadie que eres mi marido. -No se lo dirá a nadie, todos saben que llevas siglos casada con este haragán. -Pues no metas nada en los bolsillos y no enseñes el forro, da mucha pena verlo. -Vámonos, padre. -Vamos. -¿Usted dónde va con ese paquete que está roto? -Esto es un libro usado que me dejó D. Inocencio, el de la librería y voy a devolvérselo. -Se lo envuelvo bien. -No, no hace falta. -No hace falta, hemos perdido tiempo discutiendo banalidades. -Pues iros como dos haraganes, eso, eso... para que todo el mundo sepa que soy mala ama de casa. Eso es lo que queréis, ¿no? Ir a hacer... ir a hacerme pasar vergüenza. Eso iros, iros. -No cabe duda, se trata del mismo tipo de letra. Gracias por facilitarnos todos estos ejemplares. -Y por explicarnos el proceso se impresión que es muy interesante, la verdad. -Una clasecilla cualquiera para el caso en cuestión, si os sirve de algo... -Tú siempre dices que el saber no ocupa lugar. -Entonces ¿por qué no me contáis de qué va este asunto? Al fin y al cabo estamos en el mismo barco. -Pues me parece justo después de todo lo que nos ha ayudado. Mira, fue muy curioso porque, de repente... -Bonilla, a ti todo te parece curioso, hombre. No creo que a Jesús le interese lo más mínimo. Es el típico caso de cuernos. Un marido nos ha contratado para ver si podemos descubrir al amante de su mujer que no es otro que el mejor amigo del marido. Y la única prueba con la que contamos es un trozo de periódico. El cliente dice que si podemos determinar la fecha, tal vez podamos determinar si se trata del amigo... U otro tipo del que también sospecha. -Pues vaya pieza la mujer. -Puf... Pero ya me conoces, Héctor. A mí los casos de cuernos me aburren infinitamente. A no ser, claro está, que al final haya sangre. Desgraciadamente en este caso no hay sangre, ¿verdad, Bonilla? -No... no hay sangre. -Bueno, pues... si se complica y, al final, podemos publicar el artículo, me avisáis. Podría encargárselo a Asunción que está haciendo sus primeros pinitos. Estaría bien sacar el punto de vista del amante por partida doble. -A lo mejor son todo suposiciones del marido, eso pasa. -Cuando el río suena... En fin, os dejo que tengo cosas que hacer. -Gracias por todo, Jesús. -Que vayan bien las pesquisas. (SUSURRA) -Perdón, he metido la pata, lo sé, perdón. -Cada día reaccionas más tarde. -Pero ¿por qué no quiere que se entere Rubín? -Porque si se entera la prensa, nos quitan el caso. Ya has oído a Rubín, son como vampiros, les encanta la sangre. -Sí, pues... aquí la hay y mucha. -Por eso te pido discreción, este caso es nuestro y los resolveremos, ¿estamos? -Sí. -Bien. -Lo siento... A ver... -Esta es mi ruina. Como habrás podido comprobar he dejado mi cuenta tiritando para pagarte la deuda. -Narciso, no tengo la culpa de que ande tan despistado, por más que lo intento, me tiro faroles y usted pierde como un principiante. -Una cosa lleva a la otra: pierdo, me pongo nervioso, no me concentro y vuelvo a perder. -Ya... ¿y el resto qué? -Ya sabes que no tengo más dinero, no lo tengo. Ni lo tengo ni lo voy a tener durante un tiempo. -Ya... pues usted verá, pero las deudas de juego son sagradas y usted me dijo lo mismo cuando no tenía dinero. -Lo sé... lo sé, lo practico. Pero de donde no hay, no puedo sacar. -¿No será un farol y tiene cuentas más nutridas en otros bancos? -Qué más quisiera yo, el jornal de periodista no da para más. -¿No se quejaba de ser un pluriempleado? ¿Y los otros sueldos? -Sí, me quejo porque trabajo y no me luce. -Pues no se queje, yo soy de confianza y tengo más paciencia que un santo; pero un día dará con alguien que le rebanará el cuello si no paga. Así que no se meta en líos, ¿eh, Narciso? -Lo tenemos... -¿Qué has encontrado? -Hay una coincidencia con las letras de nuestra nota, posiblemente sea un error tipográfico en la impresión; pero en la nota la A tiene una marca, la misma que hay aquí en las aes mayúsculas, esta publicación es de la semana pasada. Eso coincide... En que un día después, el macabro carnicero nos mandó el regalito. -O sea, tendríamos la fecha del día de autos. -Sí, eso confirma nuestra teoría: el corte era reciente, no había piel necrosada. -Vamos por buen camino. -Muy bueno. -¿Cómo va la cosa? -Por vuestras caras parece que os acercáis a algo. -Podría ser... Y quizá tú podrías acercarnos aún más. Verás, Bonilla ha detectado un error tipográfico que... Que tenemos en nuestro trozo de periódico y que, también, aparece en este suplemento, mira esta A. -Malditas máquinas, las que tenemos en la imprenta donde nos hacen las tiradas están para el arrastre. No tienen tiempo ni para limpiarlas, es cierto que salieron a la calle algunos ejemplares con el fallo. Pero no me costaría mucho averiguar en qué zona los distribuyeron. -Pues eso sería maravilloso, la verdad. -Sí, porque así podríamos identificar al amante traidor, incluso, deducir dónde vive. -Si no todo son fantasmas del marido. -Claro... si no todo son fantasma del marido. ¿Podrías hacer eso por nosotros? -Dadlo por hecho, pero más tarde, que tengo que llamar a la imprenta por otra cosa. -No te preocupes, nosotros nos marchamos ya, te dejamos libre tu mesa. Bueno, pues... Nada más, tú nos llamas, ¿de acuerdo? Adiós. -Adiós, gracias. -¿Y tú...? ¿Tú qué? -Yo no soy el único que tropieza con la misma piedra. ¿Por qué sigues erre que erre con la hija del teniente coronel? ¿No te dejé bien claro con aquellas fotos que te habían tendido una trampa? -Ese tipo es un malnacido que me la jugó; por eso no voy a permitir que se salga con la suya. -¿Y qué vas a hacer? Porque tú eres muy valiente en la mesa de juego; pero te acobardas como un ratón asustado, cuando se trata de plantarle cara a Armenteros. -Usted me dijo que mantuviera distancias. -Con la chica, al padre deberías darle un buen escarmiento por marcarte semejante gol; pero como no tienes lo que tienes que tener. -Narciso, cuidado, no me gusta que diga eso. -Qué quieres que te diga, yo te tenía, Alejandro, por un hombretón con un par... Pero haber permitido que ese tipo te deje en evidencia delante de su hija con una treta tan sucia y que tú no hagas nada... Ahora te veo más nenaza que otra cosa. -Ya le daré su merecido cuando lo vea... oportuno. -Cuando hayas perdido a la chica para siempre quieres decir. -Con esto queda saldado un tercio de la deuda ¿y el resto qué? -Tengo... un asunto entre manos, ajá... Si se me da bien... te daré hasta el último céntimo pronto. -Pues a ver si es verdad. -Ah... Narciso, tengo un par y quien me la juega, me la paga. Antes o después... ¿estamos? Hasta luego. -¿Le has visto bien? -Sí... -No olvides esa cara, que, como dice él, "antes o después" meterá la pata. -Sé cómo hacer mi trabajo, no te preocupes, adiós. -Enseguida se lo preparo todo, aquí servimos el mejor café de todo el barrio. Vamos, Marcelino, espabila, hijo, vamos a ver, hacen falta dos cafés con leche, un café solo con dos terrones y un vasito de leche fría con unas rosquillas de Ledesma. Para don Eliberto hay que preparar una tostada con miel de La Alberca y churros para Fermín. Vamos, Marcelino, espabila, prepara los cafés mientras preparo las viandas, ¿a qué esperas? -Pero ¿qué le ocurre? ¿Está en una maratón de camareros? -Hijo, revolotea con diligencia. -Está bien, a qué viene tanta prisa. -Eso sí, acabas de decir que tengo prisa, quiero servir ya, porque me voy a hacer un recado y no quiero juntarme con el desayuno y la comida. -Ya, oiga, qué recado es ese. Bueno, no me lo explique, le diré algo antes: a la gente no se la puede tratar con prisas, pensarán que queremos echarlos. Vaya por las tostadas, yo me encargo del resto. -Julito, invítame a una copa. -No seas pesada... -Venga, Julio, una copa. -Déjame. -Soso... -Perdón, perdón... anda, si eres tú. -¿Dónde vas tú tan despistado? -Iba a sentarme en otra mesa. ¿Me acompañas? -Sí... claro. Además, te invito yo. Por toda la información que nos has dado sobre el caso. -Dice Jesús que habéis estado por la redacción comprobando letras -Sí, estoy tan contento que he venido a darme un homenaje. -Pues estupendo que hayamos coincidido. -Sí... eh... dos coñacs, por favor. ¿Coñac...? -Sí. -Bueno... por cierto... Tus dibujos están a buen recaudo, nadie los ha visto, no te preocupes -Eso espero, en realidad, sé que no debo preocuparme porque nadie sabe de su existencia, por tanto, nadie los va a buscar. Pero, chico... me puse nervioso. -No, si la verdad es que son dibujos muy comprometedores. Te puede caer un buen puro como los encuentren, mejor que los tengamos nosotros. Teniendo en cuenta tus antecedentes, además. -No sé a qué te refieres. -Vamos a ver, Julio, no quiero pecar de indiscreto; pero no sé si sabes que éramos policías antes... Y, bueno, en comisaría teníamos acceso a mucha información. A la de los fichados, por ejemplo. -¿Y...? -Pues que tienen tu ficha, Julio. -En realidad todo eso fue una confusión... -Aquí tiene. -Gracias. -Gracias... -Una confusión... (SUSURRANDO) Yo no estaba haciendo nada. -Ya... Julio, sé lo que pone. Detenido por prácticas perversas, invertidas con otro hombre. -No es verdad. Yo no soy de la acera de enfrente. Tienes que creerme. -Ya, ¿qué se supone que tengo que creer que estabas en la pensión con ese hombre para enseñarle las caricaturas y no para...? ¿Hacer lo otro? -Sí, eso fue. En realidad, él era... mi contacto, a quien yo debía pasar mi material. Pero aquella mujer... la dueña de la pensión, pues se pensó otra cosa y nos denunció. No nos vino mal que nos acusasen de invertidos, así no hubo registro y no encontraron mis dibujos. -Ya, claro... Es justo lo que yo pensaba. -No me llegaron a detener, pero el incidente sí consta en la ficha. Ya sé que estoy señalado, pero no es verdad. -No quiero meterme donde no me llaman, así que no te preocupes. -Te lo agradezco, pero quiero dejar esto muy claro: ese estigma me acompañará siempre, pero yo sé que no es verdad y es lo que importa. -Cuidad, Julio, por Dios, que te vas a ahogar. -Al final, me alegro de haber aclarado las cosas contigo, será mejor para nuestra amistad. -Sí, claro. Mucho mejor... -Bueno, Bonilla, te dejo que tengo mucho trabajo, muchas gracias. -Que tengas un buen día. -A ver, Marcelino, aquí están las tostadas de don Eliberto y churros para Fermín. -Padre, ahora mismito las llevo, pero una cosa... A la gente no le meta esta prisa, por el amor de Dios, que se ponen nervioso y no disfrutan del desayuno. -Escucha, hoy se aplica la normativa 3.14 que es "con ritmo pocilguero", así que espabila. -Pues no me ponga un petardo en el culo, a ver si reviento. -Llévale las tostadas... -Oiga, ¿qué encargo es ese? -Pues es un encargo... ya lo he dicho en casa, Marcelino, que no te enteras, contreras. Voy a devolver un libro que me prestaron los de la librería Iglesia. -A ver, las tostadas con miel, mejor que sobre que falte, ¿no? Fermín... churritos y el café. Vamos que nos vamos, pero nos vamos yendo, que ya está todo. Por cierto, padre, ¿qué libro es ese? -El que tengo que devolver a la librería, hace un año que me lo prestaron, ya me da vergüenza. -Claro... un año, y le vienen las prisas justo hoy. -Más vale tarde que nunca. -Y una cosa, ¿eh...? Que prisa no hay, vamos a disfrutar del desayuno como Dios manda. Menos mal que nos vamos de compras, Amina, porque las clases de la Sección Femenina cada día me aburren más. -Para que no te quejes tanto, esta mañana primero el placer y después el deber, aunque debería ser al revés y tu padre es un ejemplo. Lo que más me divierte de ir de compras contigo es la manía de regatear como si siguiéramos en Tetuán. -Claro. Pero es que aquí no hay costumbre. -Aquí es lo mismo, precisamente te ponen las cosas más caras para bajar el precio cuando regateas. Te digo yo que no, aquí las cosas tienen un precio, si te gusta las compras y si no, pues no. Donde puedes intentar que te bajen el precio es en el rastro, es como un zoco. -No sé... Parte de la gracia de comprar está en el regateo. Sabes que en Marruecos se hace así. Sí, es de las pocas cosas que no echo de menos de Tetuán. Qué mal se me ha dado siempre lo de regatear. -Pues a mí me conocen en el mercado, saben que siempre me tienen que bajar unos céntimos. Te verán como un bicho raro. -Puede ser. ¿A qué hora empiezan...? ¿Qué haces aquí? -Cecilia te esperaba, tengo que contarte algo importante. -Deja en paz a la niña o llamo a la policía. -Tengo pruebas de que tu padre me tendió una trampa. -Vete o grito, como te acerques tendrás que vértelas con el teniente coronel. -Tengo pruebas, tengo una foto de tu padre. -Vamos, Cecilia, corre, este chico es peligroso. ¡Corre! -¡Tengo una foto de tu padre! Escúchame... Fue todo una trampa que me tendió tu padre... ¡Pregúntaselo! ¡Cecilia, pregúntaselo, a ver qué te dice! -Hola, Chelo... -Hola, Bonilla, no te había visto. Bueno, es que acabo de llegar. -Cuando he llegado tampoco te he visto detrás de la barra. ¿Me cobras, por favor? Dos coñacs. -Ajá... claro. ¿Te vas ya o qué? -Sí... ya me voy, es tarde. Estaba tomando algo con Julio, el dibujante de la revista "Sucesos", ¿sabes quién es? -Sí, es encantador, no como D. Narciso, que es una bestia parda. -Ya, son dos hombres un poco distintos, la verdad. -Prefiero al primero. Oye, una pregunta: ¿has visto a Gerardo el otro camarero que trabaja con nosotros? -Pues cuando... he venido, por lo menos no, no me he dado cuenta. -Ya... es que tenía que estar por aquí. Bueno, pues nada, me alegro mucho de verte. -Igualmente, da recuerdos a tu hermana y a tu familia. -Hasta la próxima. -Adiós, Chelo, adiós. -Chis... Hacia atrás... claro, como se ha ido su amiguito. (RÍE EBRIA) -Señora... ¿nos conocemos de algo? -Te digo que se va un palomo cojo y el otro vuela detrás. Conmigo no tienes que disimular, cariño. -Perdone, pero creo que se confunde de persona. -¿Sí? Yo creo que no. A ti no te conocía... A tu amigo sí lo conocía, le gusta andar por la acera de enfrente. -Me temo... -A ti también te gusta... -Yo no tengo por qué aguantar sus impertinencias... borracha. -Sí, voyborracha... porque me han engañado como a una estúpida, pero no me lo van a volver a hacer más. Tu amigo pierde aceite, lo conozco de ambientes de la noche, donde todo... todo vale. Y te aseguro que ahí va mucho más desenfrenada, muchísimo más. -Eh... Váyase a paseo, ¿eh? ¡Está usted borracha! -Sí, he bebido... ¿y qué? Por eso digo la verdad. Cómo sois los sarasas, cómo os defendéis entre vosotros. Dicen que sois poco hombres, pero desde luego... Tenéis vuestro genio. -Ni me toques. -Oh... -Ni me toques. -Adiós, cariño... (LE LANZA UN BESO) Guapo... Risas de la mujer ebria. -Así que el tipo está nervioso. -Sí, muy nervioso. -Eso está muy bien, si va por el barrio encontrándose a gente acabará metiendo la pata en un momento. Yo, por mi parte, he abonado el terreno todo lo que he podido y creo que lo he puesto a cien, a punto de estallar. -Seguro que consigo buenas fotos. -Para esto te pago, ¿no? Te advierto que me juego mucho dinero en todo esto; así que... aplícate el cuento y no pierdas el tiempo. ¡Venga! Qué haces que no estás en la calle siguiendo al pájaro. -Ya voy, no te pongas nervioso. -Venga, venga. -Con Dios. -Adiós... -Aquí estoy, Marce. -Hombre, Manuela, qué alegría verte, mujer. -¿Y tu padre? -No está, si es que me ha dejado más solo que a la una. -Sabes que no me importa ayudar, pero avísame con tiempo, tengo que apañar a los críos. -Ha sido repentino, tras servir los desayunos, se ha puesto nervioso y se ha ido. -¿A dónde? -No sé, se supone que a devolver el libro a Iglesia. -Sí, pero no puede tardar tanto en devolver un libro, a no ser que se lea la librería, cosa que no me extrañaría. -Manuela, aquí hay gato encerrado, estaba nervioso con los desayunos y se ha ido pitando. Ahora está todo tranquilo, pero cuando empecemos las comidas... -¿Me quede aquí o en la cocina? -Estamos tranquilo, pero se acerca la hora de las comidas... -Dame el mandil que me meto a hacer unas croquetas, así avanzamos la comida. -Gracias, cariño. -¿Te ha dicho algo esa chica? -Nada, no te preocupes. -Que sepas que es una fulana, además estaba borracha. -Ya me he dado cuenta, Chelo. -¿Te ha dicho alguna inconveniencia o pelaba la pava? -No... más bien lo primero. Lo siento, a lo mejor no viene a cuento pero... Qué difícil es conocer a las personas, por un lado lo que aparentan, por otro lo que te dicen y... Luego, lo que realmente son. -Pues sí... conclusión que no te puedes fiar de nadie. Todos tenemos dobleces. -Sí, en eso justamente estaba pensando, la gente miente para protegerse, pero... La mentira no es una buena base para empezar una amistad. -Lo peor es cuando juegan con tus sentimientos y... Te prometen mucho y, luego, te dejan tirada. -Sí, sobre todo, en relaciones de pareja sí. Pero yo te hablo... no sé, algo más general. Los amigo... o por lo menos los conocidos, bueno... Que nada es lo que parece, Chelo, hay que andarse con pies de plomo. -Es lo que voy a hacer, no dejaré que nadie me machaque otra vez, no voy a sufrir... No voy a confiar. -Eh... bueno... Yo... me voy, nos hemos puesto muy trascendentes y... No es el momento. Que tengas... un buen día, Chelo. -Lo mismo digo. (AMBOS) Adiós... -Hombre, hombre... Dichosos los ojos, ¿eh? -Ya estoy aquí, hijo, llego justo a tiempo para preparar la comida. -No, a tiempo para que dé explicaciones, ¿dónde estuvo este tiempo? -Suegro... -Dónde voy a haber estado, te lo dije, a devolver el libro. -Suegro, que no nos lo creemos, ¿dónde ha estado? -Y no ponga excusas que no somos tontos, desembuche. -Está bien, os lo voy a decir, era una sorpresa que quería daros, pero no importa porque me salieron las cosas que ni pintadas. Pero macanudamente bien. -Pues suegro, venga, desembuche. -No he ido a devolver un libro, sino a vender mi flamante colección de monedas, mi colección numismática. -¿La colección esa que, de pequeño, no me dejaba tocar? -¡La misma! Me han dado un fortuna por ella. No pensé que las monedas pudieran valer tanto. -¿Sí? Fíjate que a mí me parecía una tontería coleccionar sellos y monedas. -A ver, padre... hay una cosa que no entiendo, si a usted le encantaba la colección de monedas, yo de pequeño pensé que las quería más que a mí, que me daría en adopción si le daban a elegir entre ambos. -Pues te equivocabas, me he desprendido de ellas con todo el dolor de mi corazón pensando en ti. -¿En mí? -Sí, las he vendido porque es la mejor herencia que te puedo dar: que se cumpla tu deseo de tener la radiogramola en el bar. -Ya podía pensar en la dote de sus nietas. -Lo he pensado, si está contento Marcelino, lo está su mujer y su abuelo y colorín colorado, el cuento se ha acabado. -Me parece bien. -Aquí tienes el dinero, Marcelino. Ya puedes ir a comprar la radiogramola, marca Iberia, modelo... (EMOCIONADO) -Modelo 02. -Eso, en la tienda que me dijiste. -En la tienda Titán, calle Quevedo, padre esto es mucho sacrificio. -Marce, cuidado, no pierdas eso, es mucho dinero. -Anda, anda... no seas tan meloso, hombre. -Pero, hombre, ¿qué va a hacer sin su colección de monedas? -No pasa nada, mira... me he quedado con la primera con la que empecé. ¿Y sabes una cosa? Me ha dado fuerzas para pensar en hacer una nueva, por eso de que nunca es tarde si la dicha es buena. Además, a mí me quedan, todavía, muchos años. Y, bueno, ten cuidado, a ver si lo vas a perder. -Sí, lo voy a guardar en la cocina. -Anda... lo ha hecho usted el hombre más feliz del mundo. Venga, hay que trabajar que me tengo que ir. Vamos... -¿Qué pasa, Fernando? -¿Miguel...? -Hombre, tío Marce, ¿cómo está? -Pero bueno... qué sorpresa verte aquí. -Sí... tenía un rato libre y he venido a echarle una mano a mi padre con la moto, tiene que entregarla cuando vuelva de vacaciones. -Y yo que pensaba que no te iba a ti lo del taller. -Ni me va ni me viene... no es lo mío y así se lo hice saber a mi padre. -Pues él confiaba en que trabajaseis aquí, los dos. -Ya lo sé, tío Mace, pero tengo que seguir con mi vida. Eso no quiere decir que no vaya a ayudarle cuando lo necesite. -Muy bien hablado, él tiene que ver que os queréis y que estáis unidos. -Sí... ah, por cierto, ¿le he contado lo del negocio que estoy montando con los compañeros del cuartel? Es un negocio que da mucha rentabilidad. -No... digo yo que para eso hace falta dinero. Sí, un poco... Pero, bueno, una pequeña inversión y, enseguida, uno gana dinero. -Caramba... ¿tiene usted dinero para invertir? Bueno... Vaya día de trabajo más agotador. El suicidio del muchacho ayer nos ha trastocado todos los planes. -Espero que el informe lo deje todo claro y se eviten habladurías, ¿hay una versión oficial de lo ocurrido? Me han enviado una nota esta mañana, se ha determinado... Que la locura del muchacho era real: esquizofrenia. La pelea que tuvo con un recluso en el urinario, le provocó un brote psicótico, a resultas del cual, se tiró por propia voluntad desde el tercero. No habrá más investigación. -Mi teniente coronel, hay algo que no comprendo, ¿por qué poner una cadena en la barandilla del balcón desde el que se tiró el joven? Esa barandilla, según el código militar, está arrestada por no cumplir con su cometido... Evitar la caída de ese u otro recluso. -Sigo sin entenderlo, la verdad, pero prefiero no seguir haciendo gala de mi ignorancia en temas militares o juicios de valor, ¿por qué arrestar objetos? Alberto, el código militar se cumple a rajatabla y no se cuestiona. -Entendido, mi teniente coronel. -Parece magia, pero es real, porque desde el primer momento en que uno hace la inversión, empieza a ganar dinero. Por ejemplo, ¿ve estas manos llenas de grasa? ¿Cuántas tuercas cree que tendría que apretar para ganar lo mismo que gano en un día con mi negocio? Muchas, tío, muchas. -Así que... no lo piense más, si tiene dinero es el momento, no se va a pasar toda la vida sirviendo chatos. -Miguel, ¿esas inversiones están garantizadas? -Claro, ¿se cree que soy tonto? -A ver, me estás diciendo que pones dinero, no mucho, y desde el primer día te dan intereses a espuertas. No lo entiendo bien. -Yo se lo explico, tío Marce, las inversiones están avaladas por unos terrenos de Salamanca que son unas fincas gigantescas del marqués de Galván, ¿le suena? (IRÓNICO) -De toda la vida, el marquesito, pero ya no viene por El Asturiano. -Ya, pues es muy amigo del Caudillo, se va con él de caza por la zona de Salamanca y Extremadura, tiene unos cotos por la zona de Candelera. -Se van de caza juntos... qué bien. Tú has conocido gente importante en la mili. -Bueno... aún no conozco al marqués, pero está interesado en conocer a los inversores, así que si se apunta... -Dime una cosa, Miguel... si el marqués ese tiene tanto dinero y es tan rico... ¿Para qué quiere el mío? -Porque quiere aprovechar los contactos que tiene en el Pardo para meterse en la industria de derivados del cerdo y necesita liquidez. Es como si usted pide una partida de jamones y no tiene dinero en caja, lo que hace es pedir un préstamo y poner el bar de garantía. -Ya, eso lo entiendo, no soy tonto, solo tabernero. Digo yo, ¿por qué no le pide dinero al banco? -Porque en ese caso, el beneficio se lo queda el banco y el marqués quiere que seamos los españoles los que nos quedemos los beneficios. -Qué bueno es el marqués... Recuerda que esta tarde asisto al discurso del Dr. Gregorio Marañón, con motivo de su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes. -El Dr. Marañón es una eminencia en endocrinología. Es más que eso, es uno de los grandes pensadores españoles. -Yo le admiro profundamente. Gracias a él, tendrás la tarde libre. -Mi teniente coronel, si no es mucho pedir... Me gustaría acompañarle a la conferencia, jamás había soñado con escuchar en persona al doctor. Podemos intentarlo, pero hablará de arte. -Da igual, cualquier cosa que diga me puede interesar. No hace falta ir de uniforme, ¿tienes un traje que ponerte? -Eh... lo conseguiré, no se preocupe. -Miguelillo, digo yo, no sé si no tengo muchas luces, pero esas inversiones que no ves ni tocas... Me dan bastante miedo, te lo digo de verdad. Fíjate en Povedita, a este chaval lo he visto yo en la Plaza de los Frutos desde que tenía cuatro años, ahí, con un trapo soñando con ser torero y, ahora, fíjate... Va a tomar la alternativa en Las Ventas. -Es que ese sueño es peligroso. -Sí, pero real, como los chatos. Eso huele a verdad y, sin embargo, esas inversiones ¿a qué huelen? -Qué cosas dice... -Digo lo que tengo que decir, un taller o un bar son maneras de vivir, humildes, por supuesto y dan para lo que dan; pero son reales. ¿Eh...? Y esas inversiones tuyas... ¿son reales? -Si no lo ve, no lo ve, no voy a insistir. -Está bien, Miguelillo. De todas formas te digo una cosa, ¿eh? Te deseo suerte. -Gracias, tío. -Ah... otra cosa, de vez en cuando, mánchate las manos de grasa... Para no olvidar de dónde vienes. Venga... -Perdona, no te voy a molestar, solo cojo esta revista. -Ya he terminado. -Pero tendrás que repasarlo. -Quizá... Pero me gustaría leértelo antes para saber tu opinión. Con sinceridad, ¿eh? -Ya, pero es que ahora... -No te preocupes, Chelo, que no voy a tardar. Necesito una opinión. He seguido todas las directrices que me dio don Jesús, pero quiero saber si está bien. Como lo eche para atrás, me muero. -Pero es que yo no entiendo de esto, Asun... -Tú escúchame y dime si te parece interesante, de eso se trata. -Está bien... -Bueno, no sé, dime si suena bien y si te parece interesante. Empiezo por el titular, ¿vale? -Sí. (LEE) Viaje por la mente de un asesino: Un crimen veraniego que puede ser resuelto antes de Navidad. Los turistas que, cada vez en mayor número, nos vistan trajeron, el verano pasado, la mente perturbada de un hombre que fue capaz de asesinar a dos camareras en uno de los bares más conocidos de la Costa Brava, en distintos días del mes de julio. Hasta ahora, pocas pistas se tenían sobre la identidad del posible asesino que actuó como si de un fantasma se tratase. Chelo... no te parece nada interesante, ¿verdad? -No... lo siento, no es eso. -No, si la culpa es mía. Yo pensé que con el asunto de las camareras... Pero si está mal, está mal. -No está mal, de verdad. Perdón, soy yo, no tiene que ver ni con el artículo ni contigo. Son mis cosas, perdón. ¿Sabes que tienes buena planta con ese traje? -Gracias, mi teniente coronel, es de un compañero de la facultad me llevo bien con él y es de buena familia. Sí... Suerte que seas de la misma talla. -Pues sí, yo tengo un traje; pero está algo raído, lo uso para ir a clase y, desde luego, no es para ir a una Real Academia. Después habrá un piscolabis y hasta con un poco de suerte, podrás estrechar la mano del insigne maestro. -No sé si me atrevería. ¿Cómo no te vas a atrever si te lo presento yo? -¿Cómo? ¿Usted lo conoce personalmente? ¿Por qué crees que me han invitado? -Por su cargo, no pensé... Bueno, si me lo presenta podría hablarle de lo mucho que me gustó su último libro "Fisiopatología y clínica endocrinas". Sigo más sus libros de pensamiento. Tengo dedicado "El alma de España". -Mi teniente coronel... he de reconocer que ayer fue un día negro, con lo que ocurrió con ese joven, pero... He de decir que usted me está dejando admirado. Con poca cosa te admiras tú... -Vaya, vaya... El teniente coronel Armenteros, sé que me tendió una trampa y que es un cobarde porque no pudo enfrentarse a mí. Por eso utilizó a esa puta. Te equivocas si pretendes buscarme las vueltas, te complicarías la vida. Así que lárgate, antes de que sea demasiado tarde. -No le tengo ningún miedo, no temo a cobardes que tiran la piedra y esconden la mano. Su hija se va a enterar de toda la verdad, sabrá que es un embustero y un cobarde. Apártate de mi camino. -Chelo, perdóname tú. ¿Ha pasado algo con Gerardo? -Precisamente es eso... que no ha pasado nada. Que no le he vuelto a ver después de lo de anoche. -¿No ha ido a trabajar? -No... Y tampoco ha dado señales de vida. Es que no es normal, Asun. -Hombre, un poco raro sí que es. Pero, a lo mejor, no le tocaba ir hoy a trabajar o se ha puesto enfermo. -No, nadie me ha dicho nada. Hombre... yo tampoco lo he preguntado, pero... No creo. -Y tienes miedo de que te diera esquinazo. ¿Es eso? -Pues, Asun, yo creo que está claro. Creo que está claro que se ha arrepentido y por eso ha desaparecido, no sabrá cómo decirme que... No le importo nada y que, en realidad, lo que pasó ayer fue un impulso y que él nunca, en la vida, estaría... -Chelo, Chelo... para el carro. -Asun, es verdad, qué va a ser. No puede ser que esté malo, me habría llamado para decírmelo y si le importa el qué dirán y no quiere hablar conmigo, podría decírselo a otro camarero para que me lo dijese a mí. ¿No crees? -No lo sé, pero con los hombres hay que andarse con ojo. -¿Con qué hombres? -No, le estaba leyendo a Chelo mi artículo. -Ah... voy a lavarme las manos. -¿Has terminado? -Sí, ahora voy a tomar unas cañas con los compañeros. -No vives nada mal. -Y mucho mejor voy a vivir cuando me cuadren un poco mejor las cosas. Por cierto, Chelo, hay... un chico en el portal que te está buscando. -Chelo... que seguro que es él, vete al cuarto, ponte guapa y sal. Corre, vamos... -¿Seguro? -Si, seguro. -Usted estuvo con esa fulana, usted y no yo. Vámonos, Alberto. -Espere... -¿Quiere dejar en paz al teniente coronel? -¿Qué pasa, sin uniforme pierde la fuerza? Por mí mejor, teniente, por mí mejor. Así nos vemos las caras de hombre a hombre; pero dígame... ¡mirándome a los ojos! Dígamelo... ¡Ha engañado a su hija! -¡Que lo deje en paz! Alberto, deja a esa escoria, no merece la pena. -Teniente... quien ríe el último ríe mejor. Cuando Cecilia sepa lo que ha hecho no lo va a mirar a la cara. Usted es una escoria, una escoria. ¡Un cobarde! Alberto... déjalo ya. Déjalo estar... ¡Alberto! ¡Alberto, déjalo estar! ¡Alberto, te ordeno que pares! ¡¡¡Guardias!!! ¡Guardias...! ¡Que alguien avise a un guardia! Vamos, parad los dos, os ordeno que paréis. Para... para... parad. -Hola... -Hola. -¿No te habrá molestado que me presente aquí sin avisar? -No, no te preocupes, ya sabes que no están mis padres. -Bueno... tampoco me hubiera importado presentarme a ellos. -¿Ah... no? -No... Al contrario, les habría dado la enhorabuena por la maravilla de hija que tienen. -Hoy no has ido a trabajar. -Es que no te he visto en todo el día, después de lo de ayer; me he puesto a imaginarme cosas y... La verdad es que no han sido muy buenas. -¿Te habías preocupado por mí? Siento haberte hecho pasar un mal rato, aunque me alegro de que haya alguien a quien importo. -En realidad, me imaginaba que... Que no querías volver a verme. En el fondo, lo entiendo porque yo sé que tengo una situación y un pasado que no se puede borrar. -Yo quería volver a verte, pero... si no he pensado en otra cosa desde anoche. En realidad, desde el primer día que te vi un poco triste en el café y hablamos por primera vez. -Entonces... ¿por qué no has ido a trabajar? -Llamé al gerente del café para avisarle, él ya sabe que mi situación familiar se complica y me tengo que hacer cargo de... En fin, da igual. -¿Y te ha regañado mucho? -Ya le advertí antes de entrar. -Pero no es nada grave, ¿no? -Nada que no se pudiera resolver. -Pues he estado todo el día liado, intentando escaparme porque... Quería decirte, Chelo, lo mucho que me gustó lo de ayer. ¡Alberto! -Gonzalo... Gonzalo. -¿Qué hacéis? ¡Quieto, quieto! -¡Ven aquí, valiente! ¡Míreme! ¡Míreme! ¡Estense quietos! Pero ¿qué está pasando aquí? No pasa nada, Cecilia, por favor, vete a casa. Amina, por favor, llévatela, luego te explico. Venga... ¡Idos! -Está bien, venga... -¡Alto, policía! ¡Ese hombre! -¡Alto, policía! ¡Alto o disparo! ¿Estás bien? -Sí, me duele un poco el brazo, pero estoy bien. No te preocupes... Tarde o temprano caerá. -Gracias. -¿Necesitan algo? No, gracias, Marcelino. Vamos... -Sí. -¿Y por qué no me has llamado a mí? -Me dijiste que, de momento, no se enterara nadie de lo nuestro en el café. Sabes que no me importaría propagarlo a los cuatro vientos. -¿Lo nuestro...? ¿Qué es lo nuestro? -Bueno... yo te puedo hablar por mi parte. -Pues habla... -¿Qué te voy a decir que no sepas? Tú eres lo único que me da alegría, Chelo... Porque te quiero... Te quiero y, después de besarte ayer, me he dado cuenta de que no solo te quiero, sino que además estoy enamorado de ti y... me gustaría formar una familia contigo y... Chelo... ¿Quieres ser mi novia formal? -No te estás riendo de mí, ¿verdad? -Cómo me voy a reír de lo más serio y lo más de verdad que me ha pasado en la vida. -Creo que deberías pensarlo mejor, mira la situación que tengo yo. -Mi máximo deseo es que soñemos juntos el mejor futuro para los tres. -¿Tú estás seguro? -Chelo, te estoy diciendo que eres lo mejor que me ha pasado en la vida, que te quiero... Y quiero todo lo que venga de ti. Además... es mucho más cómodo empezar con una familia casi hecha. -Tendremos que volver a hablar con Rubín. -Ajá... -Y que te señale en un mapa el área en el que se distribuyeron los ejemplares. -Ajá... -Y eso es lo que harás esta mañana. -¿Yo...? -Sí, habla con Rubín y solo con él. -Padre, es que estoy emocionado, me imagino ya la radiogramola ahí, bien puesta, con su aguja bonita y su teclado mágico, joder... -Estás apañado como pienses ponerme la radiogramola detrás de la chepa, hijo. -Bueno, si ese es su sitio, ¿dónde va a estar si no? -Preferiría no ser yo quien tiene que ir a "Sucesos". -¿Se puede saber qué mosca te ha picado? ¿Qué ha pasado para que no quieras ir? -No ha pasado nada, usted es más profesional y sacará mejores resultados, lo dice siempre. -Bonilla, no trates de engañarme... lo normal sería que te implicaras a fondo con la investigación. -Usted mismo me habló de... La fama de Julio Segura, ¿se acuerda? -Si no querías que me salpicara, ¿por qué enviar una carta con mi nombre en el remite? -Pensé que te mandarían otra carta. -Pues no, esa gente no se limita a contestar educadamente, fueron a dos animales a mi casa a interrogarme. -Pues escúchame, la pongas donde la pongas, piensa que no me moleste a mí y que no moleste a la parroquia. -A la parroquia no le molesta, es para que la parroquia disfrute de la música en el bar, ni más ni menos. -Por lo visto, ayer, Armenteros se pegó con uno en la calle. -¿De verdad? Oh... supongo que Armenteros ha ganado, aquí como en Hungría, los militares jamás pierden. -Ya, pero hay gente muy malintencionada, jefe, que si me ve con él puede pensar, por pensar que... Que yo soy de la misma cuerda que él, punto. -Que no, hombre, que no, pero quién va a pensar eso. -Yo no he enviado ninguna carta, lo hiciste tú con mi nombre. -Algún día te lo diré. -Las explicaciones ahora, tú no tuviste que clavarte las uñas por no gritar de miedo. -¿Han dicho algo en la radio? -Nada... ni dirán hasta el próximo parte, con suerte... Parece que preocupan más... homenajes a sus caídos que... La actualidad mundial. -Quería invitarte un día, el sábado o el domingo, bueno, cuando quieras. -¿Tú y yo solos? -Sí... sí, como amigos, claro, eso... Ni que decir tiene. -Así que, de repente, quieres que te acompañe a cualquier sitio. -Sí... sí.

Amar en tiempos revueltos - T7 - Capítulo 54

21 nov 2011

Tras el beso, Chelo tiene miedo de que Gerardo sea uno más que quiere aprovecharse de ella o que le haya entrado miedo a causa de su azaroso pasado. Pelayo vende su colección de monedas y da a Marcelino el dinero para que cumpla su sueño.

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  1. Pasaba por ahi

    Creo recordar que los turnos en la porteria se establecieron como sigue: Chelo por la mañana (ella va al café por la tarde); Asunción al mediodía (había como tres o cuatro horas porque la gente se iba a su casa a comer) y Miguel por la tarde. // en cuanto al minuto 47`57 yo creo que Marcelino dice Alejandro y además se dirige hacía él para sujetarle y parar la pelea. Un saludo a todos y todas desde Costa Maresme

    22 nov 2011
  2. Cuando debo escribir o o u en un texto

    Quien está en la porteria desde las 8 hasta las 2 o por la tarde si el está en el cuartel y ellas la una en el periódico y la otra sirviendo copas en el bar? El pase pernocta es para ir a casa a dormir y salian del cuartel a eso de las 6 de la tarde.

    22 nov 2011
  3. teresa

    a jotajota, el uniforme era asi tal cual por esos años, es que yo ya soy un poco mayor y recuerdo esos uniformes de los soldados, como tu dices un poco grandes. asi que en ese sentido no hay fallo alguno. en cuanto a la portería parece ser que se van turnando entre los tres hermanos.

    22 nov 2011
  4. Cuando debo escribir o o u en un texto

    Lo de Manolota es normal ya que todos los drogadictos tardan su tiempo en engancharse. Lo de las crias de 2 años tomando biberones es otra de las tantas chorradas que se inventan los guionistas. Para quienes hablan de niñas fantasmas solo aclarar que 3 de las 4 mayores solo aparecen de vez en cuando y la primera vez que salieron tendrian entre 6 y 7 años....

    22 nov 2011
  5. Cuando debo escribir o o u en un texto

    Lo de Miguel es otra chorrada como lo de que la porteria está desatendida, Marcelino llama Gonzalo al ayudante del TC, el pluriempleo de Narciso o que el pretendiente de la hija del TC tiene un prospero negocio regentado por sus padres en Africa. Si Miguel dió todo el dinero que le dejó el abuelo a su padre para que se comprase la moto ¿de donde ha sacado el dinero para invertir en el prospero negocio del que aún no ha visto beneficio alguno? ¿No será que pretende estafar al primo de turno y ese negocio solo sea una tapadera para conseguir dinero?

    22 nov 2011
  6. Isabelita

    Hola, me gustaria saber si alguien tiene el mismo problema, se me abre la pagina hasta aqui pero por alguna razon, no me muestra el contenido del capitulo, la pantalla pequeña esta en blanco. Podria alguien decirme si hay algo que pueda hacer?

    22 nov 2011
  7. Avatar de Marina  Gutman Marina Gutman

    hola desde Israel ,la verdad Manolita cansa no me gusta la situacion .no me gusta q marcelino no se entere de cosas cuando no tiene ni voz ni voto . Pelayo unGenio me encanta saludossss

    22 nov 2011
  8. Marina

    Hola desde israel , los sigo siempre esta temporada es un poco rara pero NO me gusta MANUELA en esa actitud cansa ! fijense que es siempre lo mismo y q todo se oculte me disgusta mas ,q no se se entere Marcelino de esto de lo otro ,igual si se entera ni voz ni voto tiene el pobre y eso q es un hermoso personaje pero a veces de bueno pasa a ser buenudo , se entiend e ? bueno hermosisima serie

    22 nov 2011
  9. yoyoyoyo

    es verdad, le llama gonzalo, que fallo...

    22 nov 2011
  10. Avatar de Marisa Saenz Marisa Saenz

    lo del capitan Armenteros y sus esperimentos me da mucho que pensar.

    22 nov 2011