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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 143 - Ver ahora
Transcripción completa

Le estoy pagando un buen dinero.

Si no sabe hacer su trabajo como le pido,...

...nos olvidamos del asunto y ya está.

No, Alfonso no debe saber nada.

No debe sospechar nunca. ¡Nunca!

-Si me permiten, voy a seguir cocinando.

No sé qué pasa que la gente no para de comer.

Por cierto, Pelayo, le convendría ir haciendo sitio en la caja.

Ya apenas cabe dinero.

-Pero bueno, nos ha tocado la lotería.

-Precisamente ayer me encontré con Mauricio.

Sí, sí, muy bien.

Solo que yo no sabía que había roto con su novia.

Ay, ¿cómo se llama? La actriz, Rosa, sí.

¿No lo sabía?

-Ana... Rosa, ¿estás bien?

-No. Perdona.

Perdona que me presente así. Lo siento, es que no...

Tranquila. ¿Quieres tomar algo?

-Es que no sé qué hacer.

-La escriben desde la cárcel. Es un larga historia.

-Y complicada, me temo, si te la dan a ti...

...para que se la des a otra persona.

Eres muy inteligente.

-Es que el destinatario no eres tú. Sí.

-¿A partir de ahora me lo contarás todo?

-Sí.

-¿Y me vas a dejar que te ayude?

-Te lo prometo.

-No puedo garantizarle nada.

Aparte de que pondré todo mi empeño...

...en encontrar a esa criatura.

-A esa mujer, querrá decir.

Porque ahora debe tener veintitantos años.

Suponiendo que esté viva, claro.

-Tienes que andarte con cuidado. Tranquila, tendré cuidado.

-Esconde la carta y dame fuego.

-¿Y tú vas a estar a mi lado?

-Siempre.

-¿No me vas a abandonar?

¿Seguro que no estoy convirtiendo tu vida en un infierno?

-Cariño...

Calla y dame un beso.

Despertar con la luz de la mañana...

...y renovar otro día más la fuerza...

...para amar en tiempos revueltos.

No es sencillo...

...avanzar olvidando lo vivido...

...cuando tanto se ha dado por perdido...

...y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento...

...por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar...

...por todo aquel que tuvo que olvidar...

...para empezar...

-Ponnos dos cafés. ¿O quieres otra cosa?

-No, está bien. -Venga, cuéntame,...

...¿qué has hablado con el pájaro este?

-Poca cosa. Hemos estado hablando de sus admiradoras.

-¿Admiradoras? Manda huevos.

-Por lo visto, sus novelas están teniendo mucho éxito.

-¿Nada más? -No.

Le he estado dando cuerda, pero no he visto nada sospechoso.

Aunque esas cartas no me las ha enseñado.

No sé, vete tú a saber si... -¿Si qué?

-Pues si en esos papeles hay algo raro.

-Sí, señora, sí, señora.

Así me gusta, que uses la imaginación.

(EL MAÑO RÍE)

Veo que has recapacitado después de la lección del otro día.

Mujer, no te enfades.

Prácticamente me lo estabas pidiendo a gritos.

Lo siento.

Venga.

Venga, ¿me perdonas? -Déjame.

-Eres muy terca, eh.

¿No te das cuenta que yo estoy mirando por ti y por tu negocio?

Si no fuera por mí, igual estabas ahora a la sombra.

-Bueno, pero estoy colaborando, ¿no?

-Pues eso, que necesitabas un empujoncito...

...para darte cuenta de quiénes son tus verdaderos amigos.

-¿No vas a ir a mirarle las cartas?

-No. Si hubiera algo, no las tendría encima de la mesa.

-Yo pensé que ahí a lo mejor sí que había algo.

-Sí, tú cuéntame todo lo que se te ocurra.

Nunca se sabe cuándo darás con algo, aunque sea por casualidad.

Tómate el café. Voy a hacerle sudar un poco.

¿Qué es esa mierda?

Son cartas. -De tus admiradoras, ¿no?

Ya. Y yo me lo creo.

¿Qué te envían, panfletos subversivos?

Pues todavía no lo sé, no las he abierto.

Podrían ser cualquier cosa.

-¿Puedo? Adelante, por favor.

-Muchas gracias por la tila, Ana.

¿Estás un poco mejor?

-Pues no lo sé.

Por lo menos mejor color tienes.

-¿Sí? Debo estar horrible, ¿no? A ver...

Ay, Dios mío.

Qué cara tengo. No digas tonterías, Rosa.

Tú estás guapa hasta de espaldas.

-Sí, bueno...

¿Por qué no me cuentas qué ha pasado?

-Es que no sé ni por dónde empezar.

Es por Mauricio. -Sí.

Me ha dejado.

¿Qué dices? -Sí.

He intentado hablar con él y no hay manera.

No hay manera; no quiere ni verme.

¿Y qué ha pasado? -Que mi vida se ha ido a la mierda.

Que se ha ido a la mierda.

A ver, Rosa, ¿por qué no me lo cuentas todo?

-Es que...

Gabino Cifuentes me... Bueno, me obligó a irme con él.

¿Me estás diciendo que te violó? -No.

No, él es mucho más astuto que todo eso.

Me hizo ver que si no me acostaba con él, me iba a echar.

Pero, ¿y quién es ese tipo?

-Este es un mandamás del Ministerio.

Uno de estos que si quieren te echan a la calle...

...o te desmantelan la compañía. Es un miserable, un cerdo.

¿Y qué tiene que ver Mauricio con él?

-Bueno, es que... Es que yo me acerqué a Gabino...

...para intentar conseguir un papel mejor en la compañía.

Estela me había dado un papel minúsculo.

Y no es justo, yo puedo hacer cosas mejores.

Y pensé que a lo mejor a través de Gabino lo conseguiría.

Y sí, lo hizo, pero claro, a qué precio.

Al final se metió en mi cama.

Pero, Rosa... -Ya lo sé, si soy una imbécil.

Soy una imbécil. No, peor, soy una furcia.

No. No digas eso, Rosa, ni en broma.

-Joder, cómo está el mundo. (RÍE)

Una señora de Teruel que dice que se encuentra muy sola...

...desde que murió su marido y que sólo encuentra consuelo...

...leyendo tus novelitas.

(RÍE) Me la quedo.

Le voy a contar que eres un rojo peligroso...

...y que has estado en la cárcel.

Vas a ver qué pronto se busca otro consuelo la viudita.

No te importa, ¿verdad?

Sólo son cartas de admiradores que escriben a la editorial.

Ni siquiera saben a quién van dirigidas.

Mis novelitas aparecen con el nombre de otro.

-¿Y de qué te quejas, no te pagan?

¿O prefieres que se sepa que las escribe un rojo?

No me quejo.

-Bueno, ¿qué hago?

¿Te llevo detenido ya o espero un par de días?

¿Por qué? -No te hagas el tonto.

Sabes perfectamente por qué. Yo no he hecho nada.

-No, pero pensabas hacerlo.

¿O no?

¿No tienes nada preparado para pasado mañana?

¿Pasado mañana? -Pasado mañana, sí.

¿No sabes lo que se celebra? 20 de noviembre.

Claro que sí, claro.

-¡Pues dilo!

Se celebra el aniversario de la muerte...

...de José Antonio Primo de Rivera. -La muerte no, el asesinato.

Y no hace falta que digas Primo de Rivera.

En este país con decir José Antonio todo el mundo sabe...

...de quién estamos hablando. De acuerdo.

-¿Y qué hago entonces?

¿Te llevo detenido ya o espero a pasado mañana?

No tengo ninguna intención de meterme en líos.

Sólo soy un escritor de novelitas policíacas.

-¿Escritor, tú?

Escritor es Pemán.

Escritor era Muñoz Seca.

Tú, vamos a dejarlo en escribano.

De acuerdo.

-¿Qué pasa, no te levantas?

¿Estoy detenido?

-Ya. Eso te gustaría, ¿eh?

Dos noches ahí, a la sopa boba sin pagar un duro.

Que no, coño, que no, que te digo que te levantes...

...para despedirte. Pura cortesía.

Que no tenéis formas, joder.

No me fío de ti, Bellido.

Si no te he llevado detenido ya es porque prefiero pillarte...

...con las manos en la masa para llevarme...

...también por delante a tus amigos.

Es cuestión de tiempo.

¿Qué te crees, que soy sólo yo?

Allá donde vayas...

...vas a tener una sombra.

Adiós, cariño.

-Si es que, Ana, me amenazaba con echarme a la calle.

¿Qué iba a hacer? Al final, pues...

Pues se metió en mi cama y...

Y entró Mauricio y nos pilló.

Ay, Dios.

-Qué vergüenza, por favor.

Qué vergüenza. Si es...

Además, Mauricio es un hombre decente y yo...

Tú también eres una mujer decente.

-No, Ana, yo soy una imbécil.

Una imbécil que lo ha echado todo a perder por mi ambición,...

...porque no me contento con lo que tengo.

Quiero ir a más y paso por encima de la gente...

...y me olvido de todo, ¿y al final qué he conseguido?

Pues quedarme sin la única persona que me importa en el mundo.

Ya ves, aquí, sola,...

...humillada y encima sin trabajo. Si es que...

¿Cómo que sin trabajo? -Sí, Estela me ha echado.

¿Y eso? -Porque no es tonta.

Se dio cuenta de que yo me había acercado a Gabino...

...para conseguir un papel mejor y me ha echado a la calle.

¿Así, sin más?

-Bueno, he intentado hablar con ella y...

Nada. Me he humillado delante de ella. No me quiere ni ver.

Bueno, ya verás como encontramos alguna solución.

Llaman a la puerta.

-Amo...

(AMBAS) Hola. -¿Interrumpo?

No, no.

¡Aah! ¡Coño, qué susto me has dado!

-¿Qué te ha dicho?

De todo menos bonito.

Empezó por amenazarme con llevarme detenido,...

...a reírse de mis libros para variar.

En fin, que me anda con cuidado,...

...que tiene gente vigilándome a todas horas.

-Y tú te lo has creído, claro.

Yo qué sé. Al fin y al cabo soy un ex presidiario.

-El Maño actúa solo, Salvador. No me fío.

-Sólo quiere meterte miedo.

¿Pero por qué? -Para ablandarte.

Si consigue tenerte todo el día nervioso...

...mirando a todas partes a ver quién te sigue,...

...sin poder estar ni un minuto relajado, te tendrá a su merced.

Acabarás cometiendo un error y te acabarás delatando.

¿Entiendes? O eso es lo que piensa él.

No le dejes, Salvador. ¿Y si fuera verdad?

Al fin y al cabo, él es de la Social.

Y yo soy un ex presidiario fichado por subversivo.

Debo presentarme periódicamente en comisaría.

Pasado mañana mismo, alguien vendrá a detenerme...

...por el aniversario de Primo de Rivera.

Me tienen controlado. -No, menos de lo que crees.

Lo que dices es pura rutina. Lo hacen...

...con todos los que habéis estado presos.

Sí, pero además, yo tengo encima a uno de la Social.

-Pero hay algo que no sabes.

En la policía lo odian, no tiene ningún amigo.

Han estado a punto de echarle. ¿Qué dices?

-Pues que anda en todas las salsas y se pasa de listo.

¿Quieres decir que anda metido...? -En todo lo que pilla.

Drogas, putas, dinero falso.

Aún no le han pillado en nada gordo,...

...pero todos saben que es un corrupto.

Por eso insiste tanto contigo y te quiere cargar un muerto.

Entonces no me lo podré quitar de encima nunca.

-Claro que sí. Sólo tienes que aguantar y tener sangre fría.

Acabará por caer; no es tan listo como cree.

Y cuando le descubran, se acabarán todos tus problemas.

Mientras tanto me tienes a mí para ayudarte.

Gracias.

Y gracias por lo de antes.

Te la has jugado por mí.

-Deshazte de esa carta cuanto antes.

Lo haré, lo haré de inmediato.

-Bueno, ahora me voy.

Si el Maño nos ve hablando, la liamos pero bien.

De acuerdo. -Ten mucho cuidado, Salvador.

Y sobre todo no te fíes de nadie.

Ni siquiera de mí.

Alfonso, ¿no te importa que me quede un rato hablando con Rosa?

-¿Pasa algo? No, no, nada importante,...

...pero todavía nos quedan algunas cosas que hablar.

-Es que pensaba que íbamos a ir a dar una vuelta.

¿Nos vemos luego en casa?

-Sí, claro.

No tardes mucho.

Adiós. -Adiós.

Siéntate.

-Muchísimas, gracias, Ana.

Te estás tomando muchas molestias conmigo.

Que no, mujer, si me encanta charlar contigo.

-Si soy la alegría de la huerta yo.

Tampoco te creas que yo estoy en mi mejor momento.

-¿Por qué no? ¿No has visto a Alfonso?

Me viene a buscar como si fuéramos chiquillos.

Me ve que estoy acompañada y todavía me insiste.

"No, pensé que daríamos una vuelta. No tardes".

-Bueno, Ana, está enamorado.

No. Lo que pasa es que está muerto de miedo con el próximo combate.

-¿De miedo? ¿Alfonso por qué?

No es que tenga miedo a pelear.

Es que le da miedo no estar en forma.

Tiene miedo a defraudar a todo el mundo.

No sé, tiene miedo al fracaso.

¿A los actores también os pasa eso?

-¿El miedo al fracaso? Pues claro. A todo el mundo, creo.

Pero hay actores que se quedan en blanco en mitad de la escena.

Se paralizan por el pánico, no sé.

Pero a Alfonso no le va a pasar eso, Ana.

No sé, Rosa, yo hago lo imposible por animarle,...

...pero es que a veces resulta agotador.

En fin, soy su mujer, no su madre.

Y también tengo mis problemas y mi trabajo.

-Claro. Y también tengo mis días malos.

Lo que pasa es que hago frente a los problemas.

Pero Alfonso... Es que no sé.

Cada día está más cerca el combate y lo veo con más pánico.

No sé, Rosa, es que me desespera.

-Perdona que yo te esté contando mis penas...

...y tú también tienes tus problemas.

No, de verdad, si me encanta hablar contigo.

Además, no tengo a nadie más.

-¿Cómo que no? ¿Y Teresa?

Apenas nos hablamos.

-Pues yo pensé que erais muy amigas.

Qué duro, ¿no? Sí.

-Y más siendo familia.

¡Oh! Lo siento.

Héctor. -Hombre, Salvador.

Perdone, pero es que... -¿Qué pasa?

Cualquiera diría que está huyendo de alguien.

¿Quién, yo? No, no, ¿pero de quién? -Es un decir, hombre.

Bueno, la verdad es que no es que estuviera huyendo de nada,...

...pero sí que tenía la impresión...

-¿Qué pasa, le están siguiendo?

Creo que sí. -¿Quién?

Da igual, da igual. -¿La policía?

Creo que sí. He tenido problemas con un tipo de la Social.

-Mala cosa. ¿Qué ha pasado? Nada.

El tipo está convencido de que soy un subversivo peligroso.

-Pues en la plaza no veo a nadie.

No, ya. Puede que sean imaginaciones mías,...

...pero el tipo me dijo que me estaría vigilando.

-Eso es que no le sigue nadie.

Si le colocase una sombra, no se lo diría.

No, claro, pero aun así estoy nervioso.

El tipo está obsesionado conmigo. -¿Cómo se llama ese policía?

Quizás yo le conozca. Le llaman el Mano.

-¡Joder! ¿Lo conoce?

-Sí. Es un mal bicho.

Me he cruzado con él en un par de ocasiones.

Pero si no tiene nada que ocultar, tranquilo, ya se cansará.

Bueno, esperemos que ese mal bicho se canse pronto.

-Sí. A no ser que sí que tenga algo que ocultar.

No exactamente, pero... -No me diga nada.

Sólo quería ayudar a una persona que lo necesita.

-De verdad, no me diga nada. Es mejor así.

Gracias.

-Mucho tute, pero es que no consumen nada.

Llevan toda la mañana con lo mismo.

-¿Qué, suegro, cómo va esa ciática? -A la rastra con ella.

-Oye, Manuela. -¿Y eso?

-¿Esto? El cocido que voy a hacer mañana va a hacer historia.

-Pero, bueno, por Dios. ¡Quieta, Manuela!

Pero si hay cocido de sobra, mujer.

-Pero yo mañana quiero que haya cocido para todo el barrio.

Cuando se corra la voz, querrá venir a comer...

...hasta el dueño de El Cascabel. -Va de retro.

-Ni va de retro ni leches. Vamos a ver, Manuela Sanabria.

¿Esos pendientes son nuevos?

Cada día son más hermosos, no sé.

Bueno, que tu cocido siempre ha gustado mucho,...

...no hace falta demostrarlo. -Mañana va a gustar mucho más.

-Manuela, te voy a decir una cosa. Mi madre decía:

"Si no está roto, no lo arregles".

-¿Le ha preguntado alguien a usted?

-Yo puedo dar mi opinión. También soy el dueño de este bar.

-Y yo soy la cocinera.

¿Me preguntó alguien a mí si me molestaba que...

...un desconocido entrara en mis fogones? ¿No, verdad?

Entonces, yo no tengo por qué preguntarle si puedo o no...

...el cocido que a mí me salga del moño, ¿estamos?

-A sus órdenes, Generalísima de los Alcázares.

Mira, Marcelino, lidia tú con ella, que yo ya bastante tengo...

...con la ciática.

-Sí, hombre, un poquito de paciencia y mano izquierda.

Oye, cariño, vamos a ver...

A mí me parece estupendo que hagas el cocido como quieras.

Lo único que te pido... -No te preocupes.

No te preocupes, que el cocido tendrá su relleno.

-¿Relleno el cocido?

-El cocido madrileño de toda la vida tiene su relleno.

-Bueno, si tú lo dices. -No, no lo digo yo.

Lo dice la tradición. ¿Ves estos panes recién hechos?

Pues los coges y le quitas la miga.

Voy a hacer un relleno que os vais a chupar los dedos.

-Pero si está todavía hasta calentito.

¿Cómo le voy a sacar la miga? Lo estropeamos.

-Otro que me quiere dar a mí lecciones de cocina. ¡Vamos!

Y perdone por el encontronazo. -Nada.

Salvador... ¿Sí?

-No haga ninguna tontería, ¿quiere?

Descuide. -No es por inmiscuirme,...

...pero con su historial, yo procuraría...

...no cometer el más mínimo error. Lo tendré en cuenta.

-Vamos a hacer una cosa.

Le voy a acompañar un rato.

Iremos andando, nos pararemos en un sitio tranquilo...

...y poco comprometedor, usted entra y yo le espero fuera.

Si le han colocado una sombra, lo sabré. ¿Le parece bien?

Creo que se está tomando muchas molestias conmigo.

-Su primo es buena gente.

Me consiguió mi primer caso y estoy en deuda con él.

Gracias.

-Hoy por usted y mañana por mí.

-Madre mía, si no ha hecho un cocido como Dios manda nunca.

Seguro que ese hombre echa cuatro fideos al caldo...

...y se queda tan ancho.

Aquí, Manuela Sanabria, sabe cocinar.

-Manuela, hermosa mía.

Yo únicamente... Vamos, es que a veces me pongo nervioso.

Yo sólo te digo que... -No te preocupes, cariño.

No te preocupes, que el cocido tendrá de todo.

He comprado bien de morcillo, gallina, tocino,...

...su puntita de jamón, sus buenos huesos con sus tuétanos.

¿Qué te parece? -Admirable. Va a quedar perfecto.

Lo único que te pido... -¿Qué le falta? Nada.

-Le sobra. Que no te hagas tanta sangre, que no es para tanto.

-Ah, que no es para tanto.

Qué insensible. -¿Insensible yo?

-Sí, Marcelino, sí, insensible.

Me paso media vida ahí metida, salgo oliendo a grasa...

...y con el pelo ahumado, me mancho, me corto, me quemo.

¿Y para qué? Para hacer una comida como Dios manda.

Y en cuanto me voy dos días, aparece un advenedizo que...

...hace cuatro tapas y dos bocadillos y todos aplauden.

Y a decirme que debería aprender de él.

-Eso no lo ha dicho. -No tenéis corazón, Marcelino.

-¿Que yo no tengo corazón? Si sólo te estoy diciendo...

-Que no me digas nada y pon el menú.

Mañana habrá un cocido maravilloso que va a hacer Manuela Sanabria.

¡Y no quiero oírte hablar más! -Sí, Manuela, ahora...

-¿Qué dices? -Nada.

-Venga.

¡Y que nadie me moleste mientras cocino, que no respondo!

-Esos son humos, doña Manuela, y no los del fogón.

-Mire, Pelayo. Mire, Pelayo, menos guasa.

Y a ver si deja de usar el linimento ese, que apesta.

Yo no sé cómo la gente puede comer aquí.

Timbre.

-Hola, Salvador. ¿Cómo estás?

-Muy bien. Qué sorpresa.

¿Molesto? -No, no, pasa, pasa.

¿Quieres tomar algo? ¿Eh? No, no, gracias.

-De verdad, ¿un café? ¿Quieres un café?

No, de verdad, no te molestes.

¿Seguro que no interrumpo? -De verdad que no.

No es ninguna molestia. ¿Te pongo un café y unas pastas?

Que no, de verdad que no.

-¿Cómo estás? Pues... perfectamente.

Me iba para casa y al pasar por aquí he pensado:

"Sube a ver cómo están Cristina y Abel".

-Muy bien. Me encantan las sorpresas.

Pero Abel no está, está en el bufete.

Creo que vendrá tarde, hoy tenía lío.

¿Te pasa algo?

No, no, no, nada, nada.

-Estás esperando a alguien. ¿Yo? No.

-Siempre con esos aires tan misteriosos.

Bueno, será de tanto escribir novelas policíacas.

-Ya. ¿Y tú cómo estás?

-Yo, muy bien. Bueno, estaba pensando en ti.

-Buenas tardes, Marcelino.

-Hola, Benigno, ¿cómo estás? -Bien. ¿Tu padre, qué tal?

-Pues anda fastidiadillo.

Ha ido a la farmacia a por más linimento de ese.

Lo de la ciática lo está volviendo loco.

-Marcelino, ¿has desmigado ya el pan?

-Enseguida voy, Manuela.

-No, ahora mismo, que te lo he pedido hace media hora.

-Pues vamos con ello.

Es que verás, Benigno.

Mi mujer se ha empeñado en hacer un cocido especial para mañana.

-¿Y le echa miga de pan?

-Pues sí. Se la echa para el relleno.

¿Quieres un chatito de vino? -Sí, por favor.

Para relleno. Pues no lo había oído nunca.

-Parece que viene a quedar como una especie de pan frito.

Y seguro que haciéndolo mi Manuela queda bien rico.

-Pues, mira, nunca se me habría ocurrido.

Yo no le había echado nunca.

Siempre pensé que lo más importante de un cocido...

...era que tuviera buena carne: ternera, pollo.

Ingredientes de calidad.

-Estela me los ha dejado para que le dé mi opinión.

Los bocetos de la escenografía.

-Sí. ¿Qué te parecen?

-Pues no lo sé, la verdad, yo no entiendo.

Podías echarles un vistazo y me das alguna idea.

¿Yo? No, no, no sé, no...

Está muy bien. -¿Te gustan?

Sí, sí, sí.

-Pero dime alguna cosa que le pueda decir,...

...algún comentario.

No sé.

No sé qué decirte, no...

-Estás totalmente coladito, ¿no? ¿Quién?

-Has quedado con tu novia, ¿verdad? ¿Yo? No, no, no.

-Dentro de poco escribirás novelas románticas.

¿Tanto se me nota? -Sí. Estás como un colegial.

No puedes pensar en otra cosa que no sea en ella, ¿no?

Lo siento. Vamos a ver esos bocetos.

-¿Seguro? Sí, sí, seguro.

-Espera, que traigo un lápiz.

-Hola, Benigno.

¿De qué estaban hablando? -Del partido de ayer.

-Si ayer no hubo partido. -Del de mañana del Madrid.

-Pues yo desde la cocina estaba entendiendo que...

...estabais hablando del cocido.

-Pues sí. Estoy deseando probar el suyo.

-¿Ah, sí?

¿Y para qué, para ponerme nota? -¿Cómo?

-Y le advierto que probablemente mi cocido no le guste,...

...porque es un cocido madrileño como Dios manda, de toda la vida.

Y no, señor, no, no lleva ternera, lleva vaca.

Y tampoco lleva pollo, lleva gallina.

Y sí, lleva relleno de pan... porque así es como se hace...

y así me gusta a mí. ¿Hay algún problema?

-Ya le digo que estoy deseando probarlo.

-Bueno. Y le voy a decir otra cosa.

La próxima vez que haga una verbena con mi suegro...

...me deja bien recogida la cocina. -Pero estuve tres horas recogiendo.

-Lo dejó todo manga por hombro.

Los platos donde iban las cacerolas,...

...las cacerolas donde las sartenes...

...y las sartenes no las encuentro.

-No sabe cuánto lo siento. No volverá a ocurrir.

-No, no volverá a ocurrir. Ya me encargaré yo de eso.

Porque si cada vez que me voy dos días,...

...mi suegro me mete a un amigo en la cocina, mejor no me voy.

-Yo me voy a tirar pan para los pájaros a la plaza.

Porque me estoy poniendo un poco nervioso.

-Y ya que estamos, le voy a decir otra cosa.

El sistema ese suyo de los palillos es un auténtico desastre.

Primero, porque a los clientes se les olvida darme el palillo...

...y comen mucho más de lo que yo les cobro.

Segundo, porque el pincho acaba cayéndose.

¿Y quién tiene que recogerlo? Manolita.

Y tercero, porque esto es una casa de comidas...

...de toda la vida y muy decente y aquí se come sentado en la silla.

¡Y yo no entiendo por qué viene alguien de fuera a cambiarlo todo!

-Lo siento. Tiene usted razón.

-Bueno, pues eso.

No sé, no sé, me parece poco versátil.

-¿Poco versátil?

No sé, quiero decir que es muy realista.

-Ya. ¿Y eso es malo? Es aburrido.

No sé, no hace falta mostrar la casa con tanto detalle.

Para mí, la escenografía debe sugerir algo,...

...aportar algo nuevo a la obra.

-¿Algo como qué?

Pues no lo sé; no soy escenógrafo.

Pero para el caso valdría con un escenario vacío.

Una mesa, dos sillas y cuatro cosas de atrezo.

-¿Quieres que le diga eso? No, no, no, no.

Lo que quiero decir es que el público ya puede imaginar...

...cómo es una casa normal por dentro.

Si quieres mostrar una casa en particular,...

...lo importante no es que las ventanas y las puertas...

...sean muy realistas.

Lo importante es que revele algo de cómo es la gente que vive ahí.

-Salvador, por favor. Oh, lo siento.

-No pasa nada. Pero esto es muy importante.

Lo sé, lo sé.

-No sabes lo mal que lo paso cuando Estela me pide mi opinión...

...y no sé qué contestarle. Y a lo sé. Discúlpame, por favor.

-Cada vez me cuesta más fingir que soy la verdadera autora.

No lo entiendo, si se pasa el día entero en el gimnasio.

Sí, sí, a mí también me dice eso, que se siente bajo de ánimos,...

...que no está capacitado.

Pero al final siempre va a entrenar, que es lo que cuenta.

Sí, sí, ya lo sé.

Yo hago lo posible por animarle, pero esa también es tarea suya.

Llaman a la puerta.

-¿Se puede?

Yo más de lo que he hecho ya no puedo hacer.

Usted está cobrando un buen dinero por entrenar a Alfonso.

Haga magia si es necesario,...

...pero métale en la cabeza que está preparado...

...para ganar ese combate.

No podemos hacer el ridículo ahora que está todo preparado.

Muy bien. Adiós.

Perdona, Rosa.

-Perdona tú, que te interrumpo siempre.

¿Estás mejor? -Sí.

Me ha hecho bien hablar contigo. Bueno...

-Pero, Ana, a mí también me gustaría poder ayudarte a ti.

Sí, te veo muy triste con todo esto de Alfonso...

...y no te lo mereces. Tú no te mereces sufrir tanto.

Agradezco tu preocupación, Rosa, pero no se puede hacer nada.

-Siempre se puede hacer algo, Ana.

Yo he pensado que puedo hablar con él, si te parece bien, claro.

Ir al gimnasio y luego te cuento.

Sabes que a veces es más fácil hablar con cualquiera que...

...con tu pareja. ¿O no? Sí.

La verdad es que casi siempre.

-Pues eso. Mañana a primera hora me presento allí y hablo con él.

Pero, Rosa, con los problemas que tienes tú.

-Pero esto es más urgente. El combate es ya, ¿no?

Si para eso están las amigas, Ana.

Gracias.

-De nada.

¿Qué tal? ¿Qué te trae por aquí, te encuentras bien?

-Sí, estoy bien. Es que quería pedirte un favor.

Pero no quiero pasarme, eh. No, no, lo que tú digas.

-Es que necesito que me peses.

Tengo un combate importante y no puedo pasarme del peso...

...porque anulan el combate. Ah. Claro que sí.

Pues vamos a pesarte y salimos de dudas. Quítate la ropa.

-De verdad, Mauricio, no quiero...

No te preocupes. Somos vecinos, ¿no?

-Es que si me paso de peso se anula el combate.

Yo pensaba que te pesaban en el gimnasio.

-Sí, lo que pasa es que la báscula está estropeada.

72,200. -¡Ah!

¿Qué tal?

-Bueno, con 72,500 me paso. Así que...

Pues ten cuidado, porque 300 gramos los ganas sin darte cuenta.

-Hola, Héctor. -Hola.

-Qué sorpresa. Hoy es el día de las visitas inesperadas.

-¿Es mal momento? -No, no, no, pasa.

¿Te acuerdas de mi primo Salvador? -Sí, claro.

Hola. -¿Qué tal?

-¿Quieres tomar algo? -Eh... no. Venía a saludar a Abel.

-Pues Abel no está. Está en el bufete.

¿Pasa algo? -No, todo está bien.

Pero, ¿me podrías dar un vaso de agua?

Últimamente tengo la garganta algo seca.

-Sí, sí, claro. -Gracias.

-¿Quieres algo? Sí, aceptaré ese café ahora.

¿Has visto algo? -Nada de nada.

¿Seguro? -No te sigue nadie, Salvador.

Por lo menos hoy. Menos mal.

-De todas maneras, no te fíes.

Ese Maño es un mal nacido de mucho cuidado.

Lo sé. Andaré con ojo.

-Salvador, ¿el café lo quieres solo o con leche?

Sí, sí, sí. Ah, solo, solo. Solo, por favor.

-¿Y tú podrías darme una lista...

...con los alimento que no debo tomar?

Sí, por supuesto, pero yo pensaba que eso te lo daba tu entrenador.

-Sí, pero yo prefiero que me los dé mi médico.

Sí, cómo no.

Vamos a ver...

Para empezar, por supuesto nada de alcohol.

-Claro.

Tampoco quiero que comas legumbres.

Por supuesto, pues eso...

Los potajes mejor te esperas a después del combate.

-¿Y huevos? Huevos puedes comer...

...siempre que estén cocidos o crudos, pero jamás fritos.

Tortilla de patatas, prohibidísima. -Vaya.

Y lo que sí que puedes comer es carne.

Sin pan, pero puedes comer carne.

-Muy bien.

Pues nada, te lo he apuntado aquí.

¿Y por lo demás, qué tal, todo bien?

-Pues sí, muy bien, la verdad.

Tengo ganas de que pase este combate...

...y volver a enfrentarme a un rival de categoría.

¿Y tú cómo estás? Bien, bien.

Bueno, si tienes dudas o consultas, ya sabes dónde estoy.

-Muchas gracias, Mauricio. No hay de qué.

Te acompaño a la puerta.

-¿Dónde ha dejado el Benigno este el azafrán?

Eso si queda, porque este hombre es un despilfarrador.

Madre mía. ¡Marcelino!

¡Marcelino! -No está, Manolita.

-No lo había visto. ¿Usted sabe dónde está el azafrán?

-Supongo que Benigno lo dejó en el cajón de las especias.

-No es un mal sitio, pero a mí me gusta tenerlo más a mano.

¿Está usted bien? -¿Eh?

Sí, sí, sí, sí.

¿Qué, no habrás notado hoy el olor a linimento, verdad?

-Pues no. La verdad es que hoy no huele nada mal.

¿Ha cambiado la marca? -No, no.

Fui a la botica a preguntar a ver si tenían otro que...

...no diera tanto tufo, pero no lo había.

-¿Y entonces?

-Entonces, hija, pues que no me lo he dado.

-¡Pero, bueno, con la ciática que usted tiene!

-Sí, qué le vamos a hacer; no se puede ser tan pejiguera.

Hay que aguantar el dolor.

-Ande, váyase a casa y póngase el linimento, venga.

-Sí, tienes razón. ¡Ay, ay, ay, ay!

-A ver, suegro, siéntese un momento.

Por favor, siéntese.

Pasa, Rosa. Siéntate.

¿Qué, cómo lo has visto?

-Bien, bien. Mejor de lo que pensaba.

Sí, he llegado y estaba entrenándose...

...y el preparador está encantado y le da muchos ánimos.

Le he visto bien.

¿Y Alfonso le hacía caso? -Sí. Bueno, no siempre.

Pero yo tampoco entiendo nada de boxeo, eh.

Está bien, no sé.

¿De verdad?

-Sí.

Alfonso ha sido campeón de España, es un gran boxeador.

Sí, Rosa, pero ahora... -Lo que quiero decir es que...

...cuando uno ha estado en lo más alto,...

...cualquier pequeño bache parece el fin del mundo,...

...pero que en un futuro él puede hacer...

¿Me estoy explicando? No.

Y para ser actriz mientes bastante mal, la verdad.

-Lo siento, es que...

Rosa, si me quieres ayudar, tienes que ser sincera conmigo.

Si no, si pasa cualquier cosa, no le podré ayudar.

Le has visto muy mal, ¿verdad?

¿Pero has podido hablar con él? -Sí, he hablado con él.

He intentado animarle, pero no hay manera.

Es que no me quiere escuchar, no escucha a nadie.

Está como... ¿Te acuerdas lo que hablábamos del pánico?

Paralizado. ¿De verdad?

-Sí, sí, es como si no quisiera estar allí.

Él intenta escaparse todo el tiempo, se enfada,...

...le da mil vueltas a todo, discute,...

...tiene como una especie de actitud derrotista siempre.

Está deprimido, Ana.

Lo debe estar pasando fatal.

¿Y cómo se supera eso?

-Pues hay gente que no lo supera nunca. Yo qué sé.

¿Y qué hago, Rosa?

-Ojalá pudiera ayudarte, Ana.

Yo creo que no está preparado para esa pelea.

-Suegro, perdóneme. Perdone si ayer le hablé mal,...

...pero estaba muy apurada haciendo el cocido.

-No te preocupes, si yo lo entiendo perfectamente.

Nos metimos en tu territorio y es normal que te enfadaras.

Pero debes saber que lo hicimos con buena intención.

-Pero si yo lo sé.

Y en el fondo les estoy muy agradecida.

Es este mal carácter mío, que me pierde.

-Hija, yo te quiero y te acepto como eres.

Pero al pobre Benigno le echaste un rapapolvo que...

...lo dejaste hecho fosfatina.

-¿Yo? -Sí, sí.

Menuda filípica le echaste encima.

Vamos, que no se atreve hoy ni a tocar el organillo.

-Tampoco es para tanto, tampoco le dije tantas cosas, ¿no?

-Pues ahí está, sentado en el banco de la plaza.

No sabe ni siquiera dónde ir.

-¿De verdad? Pero...

Pues, suegro, la verdad que mi intención tampoco fue...

...decirle a este hombre... No sé.

-Mira, Manolita,...

...el único amigo que tiene, por lo visto, Benigno soy yo.

Con la familia no se lleva muy bien que digamos.

El Asturiano para él es como un oasis en el desierto.

Y ahora ni siquiera se atreve a entrar a tomar un vino.

Ay, Dios mío, pobre hombre, ¿no?

¿Pero tan mal le traté? -¡Oh!

-Madre mía, si que al final, con su buena intención...

...y yo soy una desagradecida.

-Vamos a ver, ¿por qué no sales y hablas con él?

-¿Y qué le digo? -¿Qué le dices?

-Pues dile que eres una mujer de carácter tormentoso...

...y que tienes un pronto algunas veces...

En fin, el caso es quitar hierro al asunto.

¿Eh?

-Buenos días.

¿Puedo sentarme? -Buenos días.

Sí, sí, claro, por favor, siéntese.

-¿Qué pasa, hoy no tenemos música?

-No estoy de humor.

Y estaba pensando que igual no ha sido tan buena idea...

...lo del organillo.

Hace mucho jaleo, ¿no? -No, es un sonido muy alegre.

A mí me gusta oírle tocar.

(MANOLITA SUSPIRA)

-Benigno, usted y yo no hemos empezado con buen pie.

Un poco por mi culpa, la verdad.

Me gustaría pedirle disculpas por el rapapolvo de ayer.

-Si supongo que es normal. Es que entré en su cocina...

...como un elefante en una cacharrería.

Comprendo que no me quiera ni ver. -No es eso.

Lo que pasa es que yo tengo muy mal pronto.

Pero se me pasa enseguida, eh. Yo soy como la gaseosa,...

...igual que se me suben los humos se me bajan.

-¿Entonces no está enfadada conmigo?

-Qué voy a estar enfadada, hombre, no.

-¿Y no le molestará que me tome un café...

...con su suegro y con su marido de vez en cuando?

-Un café y lo que guste.

Un cocido, si quiere. Le invito yo.

-¿En serio? -Sí.

Pero con una condición: que en cuanto lo pruebe...

...me dé su opinión y si sabe una forma de mejorarlo, me lo dice.

¿Entendido? -Muchas gracias, Manuela.

-Gracias a usted.

Bueno... Me voy para El Asturiano.

Música del organillo.

-Está todo: la cédula, el pasaporte. Todo.

Procura hacerte a la idea de que has cambiado de identidad.

-Muchas gracias, Isabel.

Sé que te he causado muchos problemas.

-No pienses en eso ahora.

Mentalízate de que ya no eres César.

Es vital que hagas bien tu trabajo si quieres salir de esta.

-Lo haré. Esta vez no fallaré.

No sé lo que me pasó.

No podía más, me ahogaba.

-Es comprensible, pero pusiste en peligro...

...a mucha gente que se juega la vida por ayudarte.

Que no se te olvide. -Tienes razón.

-Voy a ver si la calle está despejada.

César... -¿Qué?

-¡Mal, muy mal! -¿Cómo?

-No debes responder cuando oigas el nombre de César.

Ya no eres César. -Lo siento, lo siento.

Soy un inútil. Todo lo hago mal. -Cálmate, cálmate.

Muy pronto estarás en Francia y esto te parecerá una pesadilla.

-¿En Francia? -Te hemos conseguido casa...

...y trabajo en Toulouse. Te gustará.

-Pero en Francia... ¿hasta cuándo?

-Yo qué sé. Hasta que le demos una patada a Franco.

-No me puedo ir, no puedo dejar sola a mi hermana.

-¿Qué pensabas hacer, eh, ir a visitarla a la cárcel?

-No, pero ella sólo me tiene a mí.

-No, a ti no te tiene.

Tú eres un prófugo.

César, para tu hermana es como si hubieras muerto.

-Pero irme de España es como... -No te lo estoy sugiriendo.

Te vas a Francia porque así se ha decidido...

...y no hay más que hablar. El partido cuidará de tu hermana.

-No puedo, no puedo.

-No empieces otra vez, César, eh.

Llaman a la puerta. Por favor, tranquilo.

Golpean la puerta. Tranquilo, César.

-Buenos días.

-Hola, Benigno. -Que buena pinta tiene esto, ¿no?

-No cabe un alfiler. Debe esperar al segundo turno.

-Seguro que vale la pena.

-¡A ver, segundo vuelco!

-¿Me ha parecido ver azafrán, Manolita?

-Sí, Benigno. ¿Qué le parece?

-No sabía yo que el... (PELAYO CARRASPEA)

-Suegro, déjele hablar, hombre.

-Sí, lléveselo.

Qué poco has comido, ¿no?

-Es que tengo que cuidar lo que como.

¿Has subido mucho?

-Estoy a 300 gramos de pasar de categoría.

Sólo vengo a traerle esta carta a César y me voy.

Es de tu hermana.

Está un poco arrugada porque tuve que llevarla escondida.

-Manolita, el tercer vuelco para la mesa 1.

-Aquí tiene. -¡Ahí va, qué rapidez!

-Son muchos años sirviendo mesas. -Gracias, salerosa.

-Suegro, tenía usted razón, Benigno es muy buena persona.

¡Madre! ¿Pero dónde está?

-Estaba pensando en tu padre, hija.

¿Quieres que te guarde la bolsa? -No, déjala ahí.

Como quieras. ¿Le digo a Dionisio que te llame en una hora?

-En media hora. (LE TIRA UN BESO)

-¿Cómo anda la cosa? -El cocido está muy bueno,...

...pero como el que hizo usted el otro día, nada de nada.

-¿Mi cocido?

-Porque hoy es el aniversario del fusilamiento de José Antonio.

Y en un día como hoy la policía se dedica...

...a buscar a los antiguos presos políticos y a meterlos...

...un par de días en la cárcel.

Y cuando no encuentran nada, los sueltan.

-Está todo preparado para llevarlo a Francia.

Todo menos una cosa. ¿El qué?

-¡Que yo no me voy! ¿Cómo que no te vas?

-Mi hermana me necesita. Confía en que estoy cerca de ella.

¡Dame eso! -¿Pero qué haces?

¡Métete ya en la cabeza que en este país eres un criminal!

-Quiero quedarme en España. No me importa lo que tú quieras.

Si no puedes saber qué es mejor para ti, Isabel y yo sí lo sabemos.

  • T5 - Capítulo 143

Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 143

25 mar 2010

Rosa se ha refugiado en Ana, pero al ver lo angustiada que está ante el hundimiento de Alfonso y la inutilidad de sus esfuerzos por animarle, Rosa quiere ayudarla y se ofrece a ir a ver a Alfonso. Alfonso inventa trampas para no tener que combatir, como comer en exceso y rebasar el peso admitido en su categoría. Manolita se empeña en cocinar un cocido que acalle cualquier especulación sobre la superioridad de la cocina de Benigno. Pero los consejos del intruso acaban con su paciencia y lo echa del bar. Amonestada por Pelayo, le pide disculpas pero cuando, según los clientes, su cocido no es tan suculento como el del "intruso", Manolita cuelga el delantal. Salvador se asegura de que nadie le sigue antes de ir al piso franco. Cuando, con la ayuda de Héctor, cree que no hay peligro, decide ir a entregar la carta de Adelaida a César. Éste, después de leerla, cambia de opinión y acepta huir a Francia tal y como han diseñado Isabel y los suyos. 

Histórico de emisiones:

25/03/2010

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