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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 141 - Ver ahora
Transcripción completa

Por eso quiero estar segura de que ganará ese combate.

El contrincante se tirará en el tercer asalto.

-Efectivamente. -Quería organizar una verbena...

...pa dar la bienvenida a mis hijos viajeros.

-No os he dicho la última palabra. No permitiremos...

...que nos agüen la fiesta. -Tiene que reponer fuerzas...

...para volver a subir al ring y conseguir otro título.

Teléfono. Le querréis ver como campeón.

Y nosotros... -Una llamada para un tal Ángel.

De Salvador. -¿Salvador?

Ah... -Ahí tienes el teléfono.

-Ya seguiremos charlando otro día.

Cuando quiera.

-¿Qué te ha dicho? ¿Qué quería ese hombre?

¿Le conoces? -Da igual. Es un tipo peligroso...

...y puede traer problemas. -Sí, sí, sí.

Arquitectónicamente hablando, sí, sí.

Las aulas, los claustros, los jardines...

Todo en medio de la naturaleza. Vamos, una maravilla.

Pero los asistentes estábamos hospedados en el pueblo de al lado.

En un hotel llamado Vitoria. No te gires.

Esos guardias civiles no te quitan el ojo.

Echa a andar delante de mí.

Sin girarte.

-Veo que cuenta usted entre sus amistades...

...con un médico y un abogado de prestigio.

-Sí, es que yo no hago distinciones a la hora de escoger mis amistades.

Al fin y al cabo todos somos iguales.

Y nacemos y morimos de la misma manera.

-Sí, pero algunos mueren antes que otros.

-A pesar de que el peligro nos ronda y para prueba tienes...

...a ese de la social husmeando por la tienda,...

...he decidido que voy a ayudarte. ¿De verdad?

-Sí, de verdad.

Y que conste que lo voy a hacer por ti.

-Tengo tres, me muerdo el labio. Envido, levanto la cabeza.

Todo eso sin que nadie se dé cuenta.

Por el amor de Dios. ¿Cómo no se van a dar cuenta?

(RÍE) -Pues sí.

O sea, ¿que lo más importante en el mus es saber mentir?

-Pues sí, cariño. Como en la vida misma.

-Ayudar a los demás está muy bien. Y es de muy buen cristiano.

Pero también hay que mirar a quién se ayuda.

De lo contrario, uno puede meterse en problemas muy serios...

...y entonces no le salvaría ni la gracia divina.

Despertar con la luz de la mañana y renovar...

...otro día más la fuerza para amar...

...en tiempos revueltos.

No es sencillo...

...avanzar olvidando lo vivido,...

...cuando tanto se ha dado por perdido...

...y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento,...

...por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar,...

...por todo aquel que tuvo que olvidar...

...para empezar...

-Rosa, ¿qué haces aquí tan pronto?

-Estoy esperando a Estela.

Estoy desesperada. Necesito que me dé...

...otra oportunidad para volver a la compañía. Lo necesito.

-Bueno, pues mira, ahí viene. Mejor os dejo solas, ¿eh?

-Deséame suerte, por favor. -Claro que sí, mi vida.

-Doña Estela, ¿puedo hablar con usted un momento?

-No tengo nada que hablar contigo. Si me permites...

-Sólo serán unos minutos. De verdad. Para pedirle...

...por favor que me dé otra oportunidad...

...para volver a su compañía, por favor.

-Uh... ¿Qué es esto?

-Déjame ver. Ah, es una entrada de cine.

De la última vez que fuimos. ¿Te acuerdas?

-Sí, sí, sí. Es verdad. Qué tontería.

-Siempre te dejas cosas en los bolsillos.

-Claro, ¿para qué están los bolsillos si no?

-Me refiero a la ropa que echo a lavar.

El otro día encontré un billete hecho trizas al secar la colada.

-Que sí, que sí. Es verdad. Soy muy despistado.

Timbre. La memoria no es lo mío.

-Ya abro yo.

Hola, Ana. Pasa. Hola, Cristina.

-Hola, Ana. ¿Qué tal? Hola, Abel.

Te traigo unos papeles para que los revises.

-Ah. ¿De qué se trata? El contrato para el próximo...

...combate de Alfonso. Los almacenes se hacen cargo...

...de la publicidad y quería que le echases...

...un vistazo como abogado. -Si lo has hecho tú,...

...seguro que está perfecto. Sabes tanto de derecho mercantil...

...como yo. Bueno, no es muy urgente.

Y no exageres, que el que sabe derecho de verdad eres tú.

-Bueno, no te preocupes. Le echaré un vistazo...

...en el despacho y luego te llamo y te lo comento.

Perfecto. -Muy bien. Yo ya me voy.

Así habláis de vuestras cositas. Si me tengo que ir a trabajar.

-Quédate y tomamos un café. -Adiós, Ana.

Adiós, Abel. No me puedo entretener mucho,...

...pero nunca le digo que no a otro café.

-Muy bien. Siéntate allí. Gracias.

-Sonar el organillo y entrarme el dengue bailón...

...fue todo uno. Así que Carmen y yo nos marcamos un pasodoble...

...de esos cañí que ha dado mucho que hablar y lo que dará.

Pero en cuanto se pasaron los efluvios musicales,...

...me pegó un golpe la ciática que me ha dejao deslomado.

Será mejor que te cures pronto, Pelayo.

Si no te veo organizando la verbena desde la cama.

-Pero es que esto, puf...

-Buenas, Pelayo. -Hola, Ángel.

-Hola, Salvador. Hola.

-Ponme un café, por favor. -Sí, hijo, ahora mismo.

-¿Nos sentamos? Sí, vamos.

¿Cómo está César? -De momento sigue escondido...

...en el dispensario. Ajá.

Te agradezco mucho lo que estás haciendo.

Es una causa noble y justa. -Lo sé.

Y no hace falta que me lo agradezcas.

Pero esta mañana lo he pasado realmente mal, Salvador.

¿Qué ha pasado? -Se presentó en el dispensario...

...uno de la político-social tratando de intimidarme.

A... Aguirre, creo que me ha dicho que se llamaba.

Lo conozco. Le llaman también el maño.

Un mal tipo. -Me hizo preguntas...

...y después me pidió la documentación.

¿Crees que sospecha algo?

-No lo sé. El tipo no hablaba claro.

Me insinuó que no me metiera en problemas,...

...que andara con cuidado. Pero también te digo una cosa.

Si sabe que César está ahí nos detiene seguro.

¿Por qué crees que ha ido al dispensario?

-Muchas gracias, Pelayo. -No hay de qué, hombre.

¿Son calamares eso que huelo? -Sí, señor. Calamares fritos.

Si quiere le pongo un platito. Sí, pero no muy grande.

Sólo es para probarlos. -Enseguida.

Con la campaña navideña estamos hasta arriba.

Tengo que cerrar los pedidos, remodelar las plantas,...

...diseñar los escaparates... En fin, un horror.

Por eso he aprovechado que tengo al abogado en el edificio.

Para ahorrar tiempo. -Claro que sí.

Yo no suelo abordar a los profesionales en sus casas.

Lo normal hubiera sido concertar una cita con él.

-Abel está encantado de poder ayudarte.

Hoy lo he visto más animado que de costumbre, ¿no?

No sé, siempre está muy serio, muy...

-Sí, a mí también me ha sorprendido.

Esta mañana me ha hecho una demostración de señas...

...del mus que me tronchaba de risa.

Aún me entran ganas de reír cuando me acuerdo.

Creo que cuando duerme de un tirón se levanta lleno de energía.

Teléfono. Le pasa a todo el mundo, ¿no?

Sí. -Disculpa.

¿Dígame?

Hola, Pepín. Pues no, Abel ha salido ya para el bufete.

Muy bien, yo se lo dijo.

Ah, Pepín, Abel me dijo que estás hecho un campeón...

...en el mus. (RÍE)

¿Cómo que no? Si os pasasteis todo el seminario jugando al mus...

...en el hotel Vitoria.

¿Cómo que no sabes de qué seminario te estoy hablando?

¿Que hace dos meses que no ves a Abel?

Ya. Me habré confundido de amigo.

Muy bien, yo se lo digo. Hasta luego.

Bueno, Cristina, yo me tengo que ir a trabajar.

-Muy bien.

Te acompaño a la puerta. Gracias por el café.

-De nada.

Adiós. -Hasta luego.

-Para mí que el social estaba dando palos de ciego.

Husmeando. Me han dicho que hacía rondas por todo el barrio.

¿Qué pasaría si fuera alguien ahora al dispensario?

-He dejado un cartel de que vuelvo más tarde.

Está cerrado. Es peligroso esconder a César...

...en un sitio donde pasa tanta gente.

Hay que trasladarlo cuanto antes. -En eso estamos de acuerdo.

Antes tengo que hacer una cosa ¿Qué?

-Algo que me ha pedido César y no puedo negarme.

¿Qué te ha pedido? -A ver esos calamares.

-Bueno, pues aquí están. Hum...

-¿Alguna cosa más? -No, yo me marcho ya.

Muchas gracias, Pelayo. -No hay de qué, hombre.

Salvador, estamos en contacto. Sí, sí, adiós.

-Ay, este jodío muchacho desde que ha llegao a la plaza...

Parece que le han puesto en cuáquera.

Si es que no para quieto un momento.

Será que el dispensario da mucho trabajo.

-Será eso.

Oiga, Salvador, no le he contado nunca mis aventuras...

...de corneta en la mili. Pues no.

-Fueron tiempos muy difíciles. Empezar siempre cuesta trabajo.

Yo mezclaba todas las melodías del cornetín.

Tocaba zafarrancho cuando era rancho...

...o rancho cuando era quinto levanta, tira de la manta.

Uh...

-Para mí, el hombre perfecto no existe.

-No. -Pero si tuviese que elegir...

...a uno, elegiría a Gregory Peck, porque es guapísimo.

El otro día vi "Las nieves del Kilimanjaro".

No te imaginas cómo estaba. Para comérselo.

Con ese mentón pronunciado y ese porte aventurero...

...en medio de toda África. Bueno, bueno.

(RÍE) -A ver, hay que reconocer que guapo, es guapo.

Pero de ahí a decir que es mi hombre ideal,...

...pues no sé qué decirte, Clemen. -Elige tú uno que te parezca...

...más atractivo. A ver, por ejemplo... ¿James Mason?

(RÍE) -¿No? Eh... ¿James Stewart?

(RÍE) -¿Spencer Tracy?

(RÍE) -Sí, sí, no están mal. Son todos muy guapos.

Pero no sé, ninguno de ellos me termina de convencer.

-Porque le pones pegas a todo. Pero aparece por aquí...

...cualquiera de ellos y te caes redonda al suelo.

(RÍE) -Seguro que del susto, porque de otra cosa...

Anda, te lo digo en serio, Clementina,...

...a mí los hombres no me impresionan...

...por su belleza física.

A mí lo que de verdad me puede impresionar...

...de un hombre es lo que tiene dentro de él. Ya sabes.

-Bueno, sí, pero es que eso ya se lo imagina una todo.

-Clementina, por favor, pero ¿cómo puedes ser...

...tan bruta a veces? No me refiero a eso, mujer.

Me refiero al interior, al corazón.

A los pensamientos y sentimientos más profundos...

...que guarda un hombre dentro de sí.

A la parte más espiritual, para que tú me entiendas.

-Anda, que menuda cursilada acabas de decir.

(SUSPIRA)

Ay...

-Me marcho ahora, que es de noche. Voy más seguro.

No te vas a ningún sitio. ¿Adónde vas a ir?

-Agradezco mucho tu ayuda, pero me equivoqué al venir aquí.

No sabía que estabas embarazada ni casada.

Me duele que te comportes así. -Y a mí que te importe tan poco...

...nuestro hijo.

Nunca lo hubiera pensado de ti.

Nunca.

Ah, ah...

Lo siento.

Siento no haber podido ayudarte.

Ah...

-Hola, Teresa. Hola.

-¿Qué te pasa? Te noto preocupada.

Bueno, porque no he pegado ojo en toda la noche.

-¿Tu marido no te deja dormir con los ronquidos?

No, no, no es Héctor. Estoy preocupada por otra persona.

-¿Y si te digo que esa persona que tanto te preocupa está sana...

...y salva y me ha enviado para tranquilizarte?

Sí. ¿De verdad?

¿De verdad está bien? -Está en el dispensario escondido.

Gracias. Es la mejor persona que he conocido en toda mi vida.

-No te preocupes. Entre todos le ayudaremos a salir adelante.

Gracias.

¿Sabes qué? Tengo una idea. -¿Qué vas a hacer?

Voy a cerrar la tienda porque tengo que ir a un sitio.

-¿No es sospechoso cerrar a estas horas?

Da igual. Es muy importante. Ahora te lo cuento.

-A las mujeres lo que les gusta es un buen achuchón.

-Huy. -Pues sí. Que a ti te guste...

...un amor más platónico, pues bueno.

Para eso ya tienes al jovencito ese rubito, que seguro...

...que es tan agradable y tan simpático...

...y tiene un interior precioso. -Ya sé por dónde vas tú.

Te refieres al chico ese que trabaja con el marido...

...de Teresa en la agencia de detectives.

-Está loquito por ti. ¿No te das cuenta?

-Te estás equivocando de lado a lado, porque no es así.

Ese chico... -Bonilla, que se llama Bonilla.

-Bueno, ese chico, Bonilla o como se llame,...

...no lo conozco apenas de nada. Solamente una vez...

...me acompañó a casa. Y ni siquiera he tenido...

...una conversación con él de más de cinco minutos.

¿Qué me dices? -¿Pero te gusta o no te gusta?

-Eh...

Anda, Marcela...

-Hola, hermana. -¿Cómo tú por aquí?

-Vengo a ver la mantelería. -¿Qué tal?

-A ver esa niña. Mira, Clemen, qué cosa más bonita.

-Qué linda. Chiquitina, qué guapa eres.

Y qué gordita, que te pareces a tu madre.

En los ojos, igualita. -Sí, se lo digo siempre.

O sea, que de mantelería. Pues muy bien.

Están en la planta de arriba. Pero si quieres te acompaño.

-Bien. -Si queréis me quedo cuidándola.

A mí no me importa. Podéis dejar aquí el carro.

-¿De verdad que no te importa? -Yo encantada.

-Mejor, así vamos más ligeritas. Pues nada.

Vamos a arriba, que te enseño una mantelería morada...

...que acaba de llegar de lo más elegante.

Clemen, gracias. -Nada, a vosotras.

Ay, chiquitina, qué bonita eres. Eres muy bonita, ¿eh?

De mayor vas a tener un hombretón de novio guapísimo, ¿eh?

Más guapo que Gregory Peck. ¿A que sí, preciosa?

Una estrellita del cine para una estrellita como tú.

-Doña Estela, por favor, yo... Es que necesito que me dé...

...otra oportunidad. Necesito volver a la compañía.

El papel es muy importante para mí. -No sé cómo no te da vergüenza...

...arrastrarte ante mí así. ¿Qué piensas que es una compañía?

¿Una pandilla de niñas donde entras y sales...

...cuando te da la gana? -No, eh...

-Este es un trabajo muy serio y no me gusta que te lo tomes...

...tan a la ligera. -Si no me lo tomo a la ligera.

Ya sé que lo he hecho mal. Lo he hecho mal...

...y lo siento muchísimo. Por favor, cualquier papel.

Me da igual. El papel que sea. Cualquiera.

Estoy dispuesta a humillarme. No me deje en la calle.

-De tanto saltar de cama en cama has perdido la poca dignidad...

...que te quedaba. -No sabía que D. Gabino...

...era tan importante para usted. Si no no lo hubiera hecho nunca.

-No entiendes nada. Gabino Cifuentes me importa un pimiento.

-Tenga en cuenta que me he dejado la piel por su compañía.

En cada ensayo, en cada lectura. Me he sabido el texto...

...desde el principio. He estado ahí... Yo deseo...

-Eso no puedo negarlo. Pero tampoco puedo perdonar...

...una traición. ¿Crees que puedo tener a alguien...

...en la compañía capaz de venderme a la primera de cambio?

Es un riesgo que no puedo volver a correr.

Y otra cosa más, Rosa. Para tu información,...

...a mí no me importa Gabino ni ningún otro hombre.

Lo único que me interesa de verdad es mi profesión.

Así que no se te ocurra jugar con ella.

-Doña Estela, yo no quiero...

(SUSPIRA)

-Eres muy guapa, muy guapa. Tu madre no sabe la suerte...

...que tiene de tener una niña tan guapa y tan buena.

Timbre. Espérame un momentito.

¿Sí? -Necesito que vengas al despacho.

-Ahora no puedo ir, Marifé. -Es por un pedido urgente.

-De acuerdo. (LA NIÑA BALBUCEA)

-¿Qué dices tú, eh? La tita Clementina se tiene que ir.

Pero enseguida vengo. Claro que sí. Qué bonita eres, hija.

Ay...

(LA NIÑA GIMOTEA)

(GIMOTEA)

-Eh... Hola. (RÍE)

¿Qué hace una señorita como usted aquí?

¿Eh? Una señorita digo, porque supongo que será usted...

...una señorita. Por el vestidito rosa...

...y los pendientes tan bonitos que lleva.

(RÍE) ¿Dónde está mamá, eh?

¿Dónde está mamá?

¿No te habrá dejado olvidada? Eso es imposible.

Con lo preciosa que eres, ¿verdad? (RÍE) Y sería un engorro.

Porque... imagínate.

¿Qué hacemos hasta que aparezca?

Espera. ¿Y si no aparece?

Si no aparece. A ver si se ha olvidado de ti.

¿Te ha dejado abandonada?

(LLORA) -No, mujer, si era broma.

Era broma. ¿Cómo se va a olvidar de una cosa tan preciosa como tú?

No llores. Seguro que aparece enseguida.

No llores. (LLORA)

-No llores, que me espantas a las clientas.

Hola, ¿qué tal? (LLORA)

-Sigan, sigan. ¿Un chupete no tienes por aquí?

(LLORA) -¿Si te pongo un chupete te callas?

Ah... Ven aquí, anda, ven.

Ven aquí. (LLORA)

-Ven aquí. Ea, ea, ea, ea...

Ea... -¿Qué pasa? ¿Qué hace usted?

(LLORA) -Nada. Cuando la he cogido...

...ya estaba llorando. Coja, coja.

Coja, Clementina, por Dios. -Ay, ay.

¿Qué te han hecho, hija? ¿Qué te han hecho?

(LLORA) -Nada. Alguien se ha olvidado...

...de ella o la han abandonado. Estaba aquí.

-¿Cómo la van a abandonar? No diga tonterías.

(LLORA) -Usted es mujer. Haga algo.

Todo el mundo nos mira. Esto es un espectáculo.

-Hago lo que puedo. -Es una niña.

No hay ningún espectáculo. Miren las estanterías,...

...que es donde hay que mirar. Esto no tiene más...

(LLORA) -Venga...

-Ya, ya, ya. -Esto es lo que faltaba.

-Doña Estela, ¿puedo ayudarla en algo? Parece preocupada.

-Me quieren cobrar 5000 pesetas por unos apliques en el decorado.

¿Te lo puedes creer? No sé cómo pagaré esta producción.

¿Tienes 5000 pesetas, Diana? -¿Yo? Pues... no.

-Pues entonces no puedes ayudarme.

¿Se puede saber qué te ha pasado en el ojo?

-¿Aquí? Estoy muy despistada últimamente y me tropecé.

-Claro, te has tropezado. -Como le decía. Parece un poco...

-Enfadada. Crispada, quizá. ¿Por qué todo el mundo cree...

...que una empresaria de teatro es la reina de Saba?

No tengo tanto dinero, Diana. Soy sólo una actriz que trata...

...de salir adelante lo mejor que puede.

Con mucho esfuerzo. Trabajando 14 horas. Pero sólo una actriz.

-Bueno. No diga eso. Es la mejor actriz de Madrid.

De España, si cabe. -¿Qué me quieres pedir?

Jamás me haces la pelota si no quieres sacarme algo.

-Digo la verdad y no me duelen prendas, señora.

Pero, bueno, sí, quería comentarle una cosita.

-¿Sobre qué? -Sobre Rosa.

-No me lo puedo creer. Es como una pesadilla.

-Usted es importante y generosa. Y Rosa no es más...

...que una muchacha con la cabeza llena de pájaros.

Debería admitirla en la compañía. Es buena actriz.

-Es buena actriz y tonta de remate. -Pues por eso la defiendo.

Es muy impulsiva y no sabe lo que hace.

-Lo único que me falta es que venga la peluquera de la compañía...

...a decirme cómo llevar mis asuntos.

¿O también quieres ser empresaria? -¿Yo? Dios me libre.

Lo siento, doña Estela. No quería molestarla.

-Pues lo estás consiguiendo. No vuelvas a nombrarme a Rosa.

Ni a cuestionar mis decisiones.

O te vas con tu amiga a hacerle compañía.

-Ya me voy.

Lo siento.

(LLORA) -Dios mío, no para de llorar.

-Eso ya lo oigo. Estamos dando la nota.

En todos los años que llevo de dependiente de comercio...

...jamás me había visto en una situación semejante.

-Vamos a llamar a la policía. -¿A la policía?

Si la niña no hace nada malo. -¿Y si no aparece la madre?

Cállate. ¿Y si la ha dejado abandonada, como empiezo a temer?

-¿Cómo la van a abandonar? Es la sobrinita de Mariana.

Han subido a ver las mantelerías y me han dejado al cargo.

-¿A usted? -Sí, señor.

-Peor me lo pone. Entonces fue usted...

...y no la otra persona la que abandonó a la niña.

-¿Cómo dice? No le consiento que diga eso, ¿eh?

He ido a la oficina porque Marifé me ha llamado.

Usted la asustó. Con la cara esa que tiene, no me extraña.

-¿Qué cara? -La que tiene.

-¿Qué cara tengo? -Tiene cara...

-Dígame qué cara tengo. No le consiento...

-Hola. -No se lo consiento.

Hola. -¿Está Mariana?

-No, ya me gustaría que apareciese para que se llevase a esta niña.

Contrariamente a lo que parece, hay algunas mujeres...

...que no valen ni para cuidar a un bebé.

-Se hace lo que se puede. -Ya.

-Haya paz, haya paz. Entonces, ¿no está Mariana?

-Joven, le he dicho hace un instante...

...que no tengo la más remota idea de dónde se encuentra.

-En la primera planta con su hermana. Ahora viene.

(LLORA) -¿Qué le pasa al bebé?

-No para de llorar. ¿No lo ve? -Y no podemos calmarla.

Ninguno. -A lo mejor la tienes mal cogida.

Estás como ahí, asfixiándola, ahí, a la niña.

A lo mejor por eso llora, digo yo.

-Pues no lo sé, pues no lo sé. -¿Usted sabe algo de bebés?

-¿La quiere coger? Tenga. -La cojo. Me están volviendo loco.

Verás como se calla. Venga. (GIMOTEA)

Hala, ¿eh?

¿Eh? Que no saben cogerla.

(LA NIÑA CALLA) -Ahora a dormir, ¿eh?

-Pues sí, parece que se está durmiendo la niña.

-Es inaudito, Bonilla. -Chis.

-Has escogido una mantelería de lo más bonita.

Y fíjate qué precio, ¿eh?

-Pero ¿qué haces?

-¡No, no, Marcela, no, no!

Bofetada.

-Señora, lo único que pretendía era... dormirla.

-Bartolo, los calamares y el chato.

Ah, doctor, qué alegría verle. ¿Qué tal, Pelayo?

Va cojeando. ¿Qué le ha ocurrido? -Un ataque ciático...

...de pasodoble cañí. Vaya.

-Resulta que... Me perdonará, pero tengo prisa.

Busco a Ángel. ¿Lo ha visto? -¿No está en el dispensario?

Vengo de allí y no lo he visto. No sé dónde puede estar.

-¿Le digo algo si le veo? Que le estoy buscando.

Muchas gracias. -No se preocupe.

Hasta luego, Pelayo. -Adiós.

-Hola. Hola.

-¿Podemos hablar? No, tengo prisa.

-Mauricio, es un momento. Sólo para explicarte...

No quiero que me explique nada, Rosa, por favor.

-Tú y yo no podemos acabar así.

Por favor, dame otra oportunidad.

No, Rosa, no.

-Pasa, pasa.

¿Dónde está? -Un momento.

César, sal, que no hay peligro.

-Teresa... Ay, César...

Me temía lo peor.

¿Cómo has llegado hasta aquí? -Lo importante no es cómo...

...ha llegado, sino que está a salvo.

Sí. -Lo importante...

...es que no te ha pasado nada. Cuando Ángel me dijo...

...que estabas aquí fue la mujer más feliz del mundo.

No me hubiera perdonado que te hubiera pasado algo.

-Os dejo un momento. Me tengo que ir a la oficina.

(RÍE)

Tengo un regalo para ti. -¿Un regalo?

Sí. -Hace muchos años que nadie...

...me hace un regalo. ¿Qué es?

¿Las fotografías?

Gracias.

Fui a ver a tu vecina, la modista, y... y me las dio.

-Gracias.

-Mauricio... Rosa, déjame en paz.

-Por favor. Rosa, déjame en paz.

-Por favor. Estamos montando el numerito.

Nos mira todo el mundo. -Me da igual.

A mí no me da igual. Yo tengo una reputación, Rosa.

Nadie visita a un médico al que no se respeta.

Por favor, no te comportes como una cría.

Un poquito de buena educación. -Lo siento, perdóname.

Es que no sé qué hacer. No sé qué hacer, Mauricio.

Lo siento muchísimo. Ojalá pudiera volver atrás...

...en el tiempo. Pero no se puede.

Esto no es el cine ni el teatro. Esto es la vida real.

¿Entiendes? La vida real.

-Mauricio...

Yo te quiero muchísimo.

Yo te quiero y yo sé que me quieres. Por favor.

Rosa, por favor.

Rosa, por favor. Yo ya no sé si te quiero...

...o no te quiero. Lo que tengo muy claro...

...es que no quiero volver a verte. Hemos terminado.

Acéptalo. Y ha sido por culpa tuya. Acéptalo y déjame en paz.

Por favor, déjame en paz. -Mauricio...

-Hola, Mauricio. Mira, te presento a mi novio.

Felipe. Él es Mauricio Salcedo.

Mi ex novio del que tanto te hablé. Hola, Felipe, ¿qué tal?

-Un placer, doctor. Se ha perdido una mujer maravillosa.

-Ella es Rosa, su nueva novia.

-No.

Yo no soy su novia, no.

-Bueno, te dejamos. Tenemos que ir a una tienda...

...a comprar una cubertería y se nos hace tarde.

-Hasta la vista. -Adiós.

¿Eres tú? -Sí.

Llaman a la puerta.

¿Quién puede ser? -Me tengo que esconder.

-¡Ángel, soy Héctor!

-Tranquilo, César. Le he dicho a mi marido...

...que estabas aquí. No puedo tener secretos con él.

-Pasa, Héctor.

-Usted...

Vengo a pedirle disculpas por todo lo que le dije ayer.

No tenía por qué ser tan duro.

Uno tiene que saber reconocer sus errores, Teresa.

-Nada de disculpas, por favor.

Usted ha protegido a su familia por encima de todo.

Es lo que hubiera hecho cualquiera en su sano juicio.

-Y quiero que sepa que estoy dispuesto a ayudarle...

...para que no acabe en manos de esa gentuza.

Y para eso lo primero es sacarlo de aquí.

Pero, la verdad, aún no sé cómo.

-Yo sí sé cómo hacerlo.

-Bueno, ya está, ya está. No me lo recuerdes. Menudo susto.

Mi hermana es una persona muy impulsiva.

Con mucha fuerza. Si llega y ve a un desconocido...

...sujetando a su hija, imagínate. Le ha salido el instinto maternal.

Normal. -Sí, bueno, lo normal.

Lo más normal. Si la niña puede estar tranquila.

Según me han visto me ha dado dos mamporros...

...que casi me deja tuerto. (RÍE)

-Tú ríete, ríete. -No, no, discúlpame, discúlpame.

Lo siento, lo siento. No sabes cuánto siento que te haya pegado.

Pero, en fin, ¿te duele mucho?

-No, no.

No, es que tengo suerte al ser detective, ¿sabes?

Estoy acostumbrado al peligro y a los golpes.

Vamos, que estoy muy atento para cuando salta la liebre y...

Que estoy en forma, vamos. -Ah, pues es curioso.

Yo siempre he pensado que los detectives como tú...

...a la hora de trabajar desarrollaban y utilizaban...

...mucho más el intelecto más que la fuerza física.

-Depende del caso, Mariana. Depende del caso y...

Si puedo serte sincero, yo soy más del intelecto.

-Ah, pues no sabes cómo me alegra oírte decir eso.

Porque yo siempre he pensado que lo verdaderamente bonito...

...y auténtico de las personas está donde no se puede ver.

-¿A qué te refieres? -Al interior.

-Ah. -A la parte más espiritual.

La belleza física no es más que pura fachada.

Un auténtico engaño para la vista, me atrevería a decir.

Pero, discúlpame, que estoy avasallándote con un montón...

...de palabras y, no sé... ¿Qué piensas acerca de todo esto?

-Bueno, a mí las mujeres me gustan con curvas, ¿no?

Así como...

Podría decirte eso. Pero no, es lo típico.

Para mí eso es apariencia. Como una fachada.

Y a mí eso no me gusta. Lo que me gusta es lo de abajo.

Lo de dentro, lo de dentro, lo de dentro, lo de...

-Lo de dentro. El corazón... -Ahí.

(RÍEN) -Es que a veces me trabo...

...con las palabras. -Te has liado un poco.

-Es que una mujer sin corazón es... Es un jardín sin flores, Mariana.

-Vaya, eso es muy bonito. -Gracias.

(SOLLOZA) -Perdón.

Perdón, no sabía que... -No se preocupe. No pasa nada.

-¿Ha estado usted llorando? -Ah...

-¿Se puede saber qué le ocurre, Clementina?

-No me pasa nada. Tengo hipo. (HIPA) ¿Lo ve?

-Ya.

Venga, mujer, no será para tanto.

-Eso... eso lo dirá usted, don Leonardo;...

...pero es que antes tenía muchísima mano con los niños.

De verdad. Yo incluso soñaba con ser maestra de escuela y...

Y estaba enamorada de las criaturas de mi calle.

Jugaba con ellos, les hacía reír... Incluso llegué a pensar...

...que tenía un don con los niños.

Y, ahora, en cambio, pues... -No diga eso.

Además, usted es todavía muy joven, señorita.

-Pero cuando he cogido a la sobrina de... de Mariana,...

...es como si de repente me hubieran dejado de gustar...

...los niños. No sé. -¿Cómo no le van a gustar?

Lo que pasa es que esa criatura se puso imposible.

-¿Y qué haré cuando mi niño se ponga imposible?

¿Cómo le calmo? Que no, que no seré una buena madre. Ya lo sé.

-Eres una persona muy sensible.

Y bastante distinto a otros hombres que he conocido anteriormente.

-Por dentro sí que seré distinto, la verdad.

-Seguro que sí.

-Tú también eres...

...distinta.

No sé, más...

...distinta. (RÍEN)

-Seguro que vas a ser un padre estupendo para tu hijo. Seguro.

-Eso lo podemos comprobar ahora mismo si quieres.

(RÍEN) -Era una broma, mujer.

-¿Y la Navidad? ¿Qué te parece la Navidad?

Como el que no quiere la cosa, el invierno lo tenemos encima.

-La Navidad es... Navidad.

-Anda, pues eso pienso yo. -Qué casualidad.

Pero si quieres saber lo que me gusta de la Navidad,...

...te diré lo que no me gusta. Ah... La apariencia.

-Ah. -Pero, es...

-Claro. -No, para mí lo importante...

...es lo de... de lo dentro. Lo que hay en el interior de ella.

-Eso justo pienso yo. -A mí me importan realmente...

...los sentimientos que hay en la Navidad.

-Claro, claro, la paz, el amor, la familia...

-Siempre desde el...

...corazón. -Claro.

Me lo acabas de quitar de la boca. -¿Vamos?

-Sí.

-Bueno...

Es curioso, ¿no? Tenemos muchas cosas en común, parece.

-Sí.

-Clementina, usted será una madre magnífica.

Porque es usted dulce, cariñosa...

Cuando tenga a su hijo en brazos se le olvidará todo eso...

...de que no le gustan los críos. -¿Usted cree?

-Seguro. Lo que pasa es que ahora está usted angustiada. Es natural.

Los niños no vienen como... pues un frigorífico o una radio.

Con instrucciones. Vienen como vienen...

...y uno se las tiene que apañar lo mejor que pueda.

Para eso está el instinto, supongo. No tiene nada que temer, de verdad.

-Lo dice porque le doy lástima. -No, lo digo porque sé que será...

...una muy buena madre. Al igual que es usted...

...buena persona, buena amiga y buena trabajadora.

-¿Y por qué tengo tanto miedo? ¿Por qué me siento así ahora?

No lo entiendo. -Mire, Clementina, yo...

Yo de esto no sé gran cosa. Hablo según lo que siento.

Aparte, que no quise ofenderla con el comentario.

Me puse nervioso por el jaleo que estaba montando la niña.

Le pido disculpas. -Gracias.

(SUSPIRA)

-Mire, sé que me ve en muchas ocasiones como un encargado...

...gruñón y antipático. Comprenda que no me resulta...

...fácil ser agradable en el trabajo en muchas ocasiones.

Pero a partir de ahora le pido que si necesita ayuda...

...o consejo, acuda a mí como a un amigo, ¿eh?

Venga a mí como a alguien que le aprecia...

...y en quien puede confiar. -Muchas gracias, de verdad.

-Muchas veces sólo necesitamos a alguien con quien desahogarnos.

Ya lo sabe, si necesita cualquier cosa,...

...ya sabe dónde encontrarme. -Gracias.

(JADEAN)

-Uh...

(JADEAN)

(RÍE)

Puerta. -¡Hola, ya estoy en casa!

-¿Qué me estás ocultando?

-Hola, cariño. -Hola, cariño.

-Me muero de hambre. -Menos mal que no estás...

...en ese hotelucho donde te alojabas durante el seminario.

-Pues sí. -¿Cómo se llamaba?

-Vitoria. Hotel Vitoria. Aunque más bien parecía...

...una fonda del puerto de Tánger. Toma. Si no llega a ser...

...por los bocadillos del colmado me quedo hecho un fideo.

Me voy a lavar las manos. -Sí.

-Isabel... -Cállate.

-Perdona. -Que te calles.

¿No escuchas? ¿No sabes hacer lo que se te dice?

¿Se puede saber qué hacéis así vestidos?

Era la forma más segura de salir a la calle.

-Aficionados. ¿De dónde las habéis sacado?

Ángel, un amigo, nos la ha prestado.

-Un amigo cura, supongo. Ex sacerdote.

-Estupendo. Muy bien pensado.

¿Cuánta gente más sabe que estás en Madrid, César?

Venga, responde.

¡Venga! Bueno, ya está bien.

-No, yo decido cuando está bien, no tú.

Este imbécil se tiene que enterar de lo que ha hecho.

Ha puesto en peligro a muchas personas. ¿Y por qué?

¿Eh? ¿Por un ideal? ¿Por un objetivo común?

No, porque al señorito le apetecía tomar el aire.

-¡No podía! No me marché por gusto. -Ay, el señorito no podía.

Hay mucha gente trabajando para ayudar.

Jugándose el cuello para sacar de la cárcel a gente como tú.

¿Así lo agradeces? ¿Qué hubiera pasado...

...si te coge la policía? ¿eh?

No duras ni dos minutos. Les hubieras dado mi nombre,...

...mi dirección... -¡Yo no!

Yo nunca os traicionaría.

-Salvador, dame unas tenazas. -¿Qué?

-Venga, hombretón. Vamos a ver cuánto aguantas el dolor.

Dame dos minutos y me suplicarás que matemos a tu hermana.

Isabel, ya es suficiente. ¡No tienes derecho a esto!

-Este individuo no puede hacer lo que le dé la gana.

Eres un insolidario y un mierda.

No voy a permitir que el grupo se la juegue por alguien como tú.

No mereces la pena. Tampoco merece la pena...

...machacar así a un compañero. Ya sabe que cometió un error.

Golpes.

-Voy a cerrar la ventana del fondo.

No he acabado contigo.

-Ah... Muévete.

Muévete, Alfonso. ¿O qué?

¿Qué pasa? ¿Qué pasa, Alfonso?

Ah, ah... Alfonso.

-Joder. ¿Qué te pasa?

(RESOPLA) -Que he tenido una pesadilla. Dios...

No parabas de hablar y de moverte.

-¿Y qué decía? Decías...

"¿Qué pasa? ¿Qué pasa?". -Mira...

Me tiembla la mano todavía. ¿Qué soñabas?

(RESOPLA) -No sé.

Voy a por agua. Alfonso...

Cuéntame lo que ha pasado, que así te lo quitas de la cabeza.

(RESOPLA) -Pues nada, que...

Estaba como en el ring de boxeo y...

No sé qué pasaba, Ana, que...

Tenía como las manos enganchadas a la cintura y no...

No podía sacarlas. ¿Y perdías el combate?

-Encima, el que me golpeaba tenía la cara de...

¿De quién?

-Da igual. Me trataba como aun pelele.

No estaba como si estuviera en un combate.

Me daba golpes así, como en la cara.

Como si me estuviera chuleando.

Vamos, sólo es un sueño.

-Sí. Voy a por agua.

Uf...

Alfonso... -¿Qué?

Vas a ganar ese combate. Estoy segura.

-¿Y cómo lo tienes tan claro? Porque sé que eres el mejor.

Has pasado una mala racha, pero pronto volverás a estar...

...en lo más alto. Tienes que tener fe.

-Ah...

-¿Dónde está Salvador? -No lo sé, se marchó.

-¿Cómo que se marchó? -Se quitó la sotana y se ha ido.

-¿Adónde? -¡Que no lo sé!

-¿Qué coño haces aquí?

-Hace falta mucho más que fe para ganar a un Fran Carrera.

Y yo no sé si lo tengo.

Alfonso. -¿Qué?

¿Ese tipo del sueño quién era?

-Da igual, si es un sueño, Ana. ¿Quién era?

-Es que parece una locura, pero...

Era clavadito a tu padre.

-¿Todavía andamos así? -Huy, y lo que te rondaré, morena.

Esto no ha hecho más que empezar. -Lo peligroso que puede ser...

...un pasodoble, ¿eh? -Uno ya no tiene edad...

...pa andar de galgo corredor saltando empalizadas.

¿Por qué no te metes en la cama y descansas de tanta ley y recurso?

-Sí, ha sido un seminario bastante duro.

Y ahora me está pasando factura. No creo que te sorprendiera.

Eres experta en irte a la francesa. -No me fui por gusto.

Cumplí órdenes. ¿Del partido?

-Chis, baja la voz.

Claro. ¿De quién si no?

¿Y esas órdenes cuáles eran?

¿Dejar que nos pudriéramos en la cárcel?

-La única manera que puedo soportar esto es teniéndolo bien estirado.

Así podría aguantar unas cuantas horas.

Pero, mientras tanto, ¿quién atiende el bar?

-Lo que se me acaba de ocurrir. -Por cierto, llamó Pepín Martínez.

-Ah... ¿Qué quería? -No sé. Algo del mus.

-He dormido poco. Hoy estoy flojo.

Está perfectamente. Salta a la vista.

-Pero si está hecho un toro.

Venga, a trabajar.

(SUSPIRA)

-Todo el mundo piensa que estoy bien y no lo estoy.

Deja de decir eso. -Si hubieran detenido a César...

Ya lo sé, ya lo sé. Pero no lo detuvieron.

Entre otras cosas porque hubo gente capaz de ayudarlo.

Hace falta tener algo más que ideales.

Algo más que disciplina.

Hace falta tener humanidad. -Es de los sitios más finos...

...de la capital. -¿El bar de un teatro?

-Hola. -Hola.

-Dos cócteles. -Enseguida.

-El bar del Cervantes. Aquí tiene su compañía...

...Estela del Val. -Esa me suena.

Creo que la vi en una función. Igual en este teatro.

-Hombre, Pelayo.

(RÍE) ¿Qué?

¿Qué le parece? -Pero ¿qué es todo esto, Benigno?

-Pinchos. -¿Tapas?

-Es por Abel. ¿Qué le pasa?

-Esperaba que tú pudieras decirme algo.

Me he encontrado esto.

Es la primera noticia que tengo.

¿No te lo había dicho?

  • T5 - Capítulo 141

Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 141

23 mar 2010

Teresa vive un emotivo reencuentro con César y Héctor, por amor a su esposa, se ofrece a ayudarle. Mariana lleva a su sobrina a los Grandes Almacenes y Clementina, convencida de que será una mala madre, se deprime. Leonardo la consuela mientras Bonilla sigue galanteando con Mariana. Estela del Val no concede a Rosa la oportunidad de volver a la compañía y amenaza a Diana con seguir los pasos de su amiga. Mauricio se topa con Rosa, desesperada y angustiada. La actriz le pide perdón y le ruega retomar la relación pero el médico, aunque la sigue queriendo, se muestra inflexible, justo cuando Cayetana se les acerca en la calle para presentarles a su nuevo novio. Cristina descubre que su marido le mintió ya que realmente no fue a ningún Seminario de Derecho. Encuentra un sospechoso papel en su pantalón y se pregunta dónde estuvo durante todo ese tiempo. Salvador e Isabel discuten acerca de sus diferentes posiciones políticas, para el escritor las personas están por encima de los partidos y las ideas. Alfonso sufre pesadillas por miedo a su próximo combate.

Histórico de emisiones:

23/03/2010

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