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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 128 - Ver ahora
Transcripción completa

-¿Una garantía de qué? Quiero que me digas dónde vives.

Dónde escondes a la gente que ayudas.

-Te he dicho que no puedo.

No confiaré en ti si no confías en mí.

-Estoy rastreando el tema, pero encontrarla es imposible.

Son pocos los datos y ha pasado demasiado tiempo.

-No voy a rendirme tan pronto.

-Hazme caso, Estela, por favor, es un esfuerzo inútil.

Ahora debes concentrar tu energía en el estreno...

...de "El diablo bajo la cama".

-No he desaparecido.

Estaba dándole espacio a Alfonso para que se recuperara en su hogar.

No creí que su mujer se dedicara a meterse en mi trabajo.

Ahora no es momento de hablar de esto.

-Ya, claro, imagino que no querrá...

...que Alfonso se entere de lo que ha hecho.

-Está bien, es justo.

¿Me lo vas a decir?

-¿Conoces Paseo de Pontones, cerca de Puerta de Toledo?

Anda que no sabes nada tú.

-Anda que no te falta a ti por aprender.

Oye, que por eso hago clases.

-Eso no se aprende en ninguna clase.

Pero bueno...

-Entonces tal vez quieras que lo repita otro día.

Tal vez.

-¿Y los relojes que debían estar en la bolsa?

¿Qué has hecho con ellos? ¿Qué broma es esta?

-He traído la bolsa. -¿Me tomas el pelo?

Si es así, haré que te arrepientas.

-He traído la bolsa. -¡Te vas a arrepentir!

-¿Desde cuándo te dedicas a afeitar al escritor del café?

-Ya ves, cosas que pasan.

-Anda que...

-Puedes decirme lo que sea.

Le aseguro que ya no me asusto de casi nada, querida.

Quiero saber cuánto cuesta comprar un combate.

-¿De verdad quieres quedártela?

No, madre, haz lo que quieras con ella.

Yo me voy, he quedado con Rosa.

-¿Con Rosa? Sí, con Rosa.

Claro que estoy contigo, Alfonso.

Soy tu mujer y estoy muy orgullosa de serlo.

Y ahora vamos a salir a la calle.

-¿Cómo que a la calle?

Despertar con la luz de la mañana y renovar...

...otro día más la fuerza para amar...

...en tiempos revueltos.

No es sencillo...

...avanzar olvidando lo vivido,...

...cuando tanto se ha dado por perdido...

...y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento,...

...por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar,...

...por todo aquel que tuvo que olvidar...

...para empezar...

-Es una injusticia que llegue usted a dudar de Clementina.

Parece mentira después de lo que ha hecho ella por la empresa...

...que alguien piense que ha sido capaz de robar.

-No es lo que pienso, es lo que he visto.

-¿Lo que ha visto? Le voy a decir a usted lo que ha visto.

No ha visto en su vida a alguien más honesto que Clementina.

Se cortaría una mano antes de robar algo.

-Lo sé perfectamente.

-Ah, ¿lo sabe? Ya veo cómo lo sabe. Incluso ha sido capaz de seguirla.

Por cierto, qué vergüenza.

Un hombre siguiendo por ahí a una mujer.

-No confundamos los términos, eh.

La seguí por motivos exclusivamente profesionales.

Y ha sido ella, sin saberlo,...

...la que me condujo al autor de los robos.

-¿Cómo? ¿Que usted sabe quién es?

-Así es, lo descubrí... ayer.

-He traído la bolsa. He traído la bolsa.

-¿Me tomas el pelo? Si es así, haré que te arrepientas.

-He traído la bolsa. -¡Te vas a arrepentir!

-He traído la bolsa. He traído la bolsa.

-Esto no va a quedar así.

-He traído la bolsa. La bolsa.

Ay.

Ay, pero ¿qué hago aquí?

-Bueno, pues eso lo vi con mis propios ojos.

-¿Me está diciendo que el Doctor Sueño ha sido capaz...

...de hipnotizar a alguien para hacer lo que él quiera?

-Así es. -No sé, no sé.

Es que una cosa es ir por ahí...

...hipnotizando a alguien en un espectáculo,...

...para que lleguen a hacer de pajarracos, como usted dice,...

...y otra cosa muy diferente...

...convencer a la gente de que haga lo que él quiere.

-Parece increíble, pero lo vi con mis propios ojos.

Ese hombre manipuló la mente de Clementina...

...hasta lograr que ella hiciera lo que él quería.

-Ya, o sea que le dijo cuatro tonterías y ella obedeció.

-Exactamente sí.

-Clementina no es tan boba. -No es que sea boba.

Es que ese hombre maneja muy bien la técnica de la hipnosis...

...y además es muy hábil.

-Me da la impresión de que ha visto muchas películas.

-No será que a usted le gusta más el cine que a mí.

Me da igual lo que usted piense. Demostraré que el Doctor Sueño,...

...aparte de ser muy buen hipnotizador, es un gran ladrón.

Así que lo que quiero ahora es que le llame.

-¿Yo? ¿Que lo llame yo al Doctor Sueño?

-Sí, dígale que venga urgentemente, que necesito hablar con él.

-No... -Sí, Marifé.

Cariño, no puedes pasarte todo el día encerrado en casa.

-No me apetece salir a la calle.

A ver, tienes que salir y entretenerte.

Tomar el aire.

Eso te ayudará a ver las cosas de otra manera.

-¿Quieres que salga, me encuentre con la gente...

...y me digan que he perdido el combate?

Los he decepcionado a todos. A ver, cariño, eres boxeador.

Los boxeadores unas veces ganan y otras pierden.

La gente lo sabe.

Y también saben que puedes volver a ganar en el próximo combate.

Y que todo volverá a ser como antes.

-¿Y si pierdo qué? Me convierto en un perdedor toda mi vida.

No, eso no va a pasar nunca.

Ahora estás triste y decepcionado por lo que ha pasado.

Pero pronto te recuperarás.

Le vas a demostrar a todo el mundo...

...que Alfonso García no se rinde tan fácilmente.

¿No eras tú quien decía...

...que te había costado mucho a donde estabas?

¿No? ¿Cómo vas a echar todo eso a perder por sufrir una derrota?

¿No quieres luchar por lo que es tuyo?

-Claro que quiero luchar.

Pues lo primero que debes hacer es salir a la calle...

...y dejar de esconderte en casa.

Tienes que empezar por recuperar tu orgullo.

Cariño.

Te voy a cambiar esta corbata.

Es muy oscura. Parece que vayamos a un entierro.

-Un entierro...

En un entierro me siento yo.

Y el muerto soy yo también. Estoy muerto, muerto.

-Este es el último que os pongo.

Marce y Pelayo os ponían chatos a estas horas,...

...pero a mí no me gusta.

Esta es la hora de un cafelito,...

...un chocolate, una zarzaparrilla, ¿no?

-Hola, Manolita. -Ay, ¿dónde va tan cargada?

-No, si no pesa. Es más lo que abulta.

Ay, es ropa de Mauricio, que ya no se pone.

Antes de tenerla en casa en el armario,...

...pues la llevo a la parroquia.

o al local ese que está montando el padre Ángel.

-Ah, el dispensario, sí. Qué pena que esté aquí sola.

Si no, la acompañaba a llevarlo.

-No, no te preocupes. Me apaño perfectamente.

Oye, ¿y dónde están Pelayo y Marcelino?

-Los tengo a los dos en la cama enfermos.

-¿Cómo a los dos? -Con varicela, ¿qué le parece?

-Ay, pobres... -Pues sí.

Allí están en casa, como pueden.

Vamos, los tengo a todos en casa porque las niñas igual.

Ellas ya se están recuperando, pero ellos... Qué pesadez.

Gracias a Dios que están las crías para que les echen un ojo..

...porque están insoportables. Me los tienen que vigilar.

Todo el rato pensando en salir a la calle.

Vamos, no sabe usted el esfuerzo que me cuesta que estén en la cama.

-Ay, es que los hombres son muy malos enfermos.

-¿Verdad que sí? ¿Sabe qué le digo yo a Marcelino?

"Si vosotros tuvierais que parir, apañado iba el mundo".

-Ya lo creo.

Incluso mi marido, que era médico, era un enfermo pero malísimo.

-Ay, Dios mío, cómo son.

Bueno, ¿qué, doña Lourdes? ¿Le pongo un cafelito?

-No, no, no. No, Manolita, gracias.

Si tomo café ahora, no me sienta bien.

Oye, ¿tú sabes exactamente dónde cae ese local del padre Ángel?

-¿El dispensario? ¿No lo sabe?

-Pues no. Sé que está por aquí cerca, pero no...

-Es muy fácil. ¿Usted sabe dónde está El Cascabel?

-Sí, sí. -Bueno, pues es esa calle,...

...toda para arriba, para arriba, y al final al a derecha.

Vamos, donde está la carbonería.

Teléfono. -Ah, ya, ya sé.

-Un momentito.

¿Sí? Hola, Leonor, cariño, ¿qué?

Anda, quítate esa cosa tan triste.

Levanta.

Ya verás que estás mucho mejor con esta.

A ver...

La ropa influye mucho en el estado de ánimo.

No sé si lo sabías.

-Tú estás muy guapa. Gracias.

Uno está triste y no se da cuenta de que es por la ropa que lleva.

-Ah.

Así estás mucho mejor, eh.

Venga, vamos.

Toma.

Vamos, Alfonso, ¿a qué esperas? -No puedo, Ana.

No, no, no puedo salir a la calle, Ana.

Alfonso.

Cariño, no te agobies, las cosas son mucho más sencillas.

-No puedo salir, no puedo salir. De verdad, no puedo.

Tranquilo. -Lo he intentado, de verdad.

No puedo.

-¿Ana?

¿Alfonso?

¿Ocurre algo?

-No, no, no, que se metan inmediatamente en la cama.

Leonor. Que su padre y su abuelo se quieren levantar.

Que no, que no, hija. Escúchame.

Diles que te he dicho que les prohíbo terminantemente...

...que se levante de la cama hasta que no se les baje la fiebre.

Sí, en ese tono se lo dices, eso es.

Bueno, ¿y vosotras cómo estáis?

¿Tú bien? Bueno, me alegro. ¿Y tus hermanas?

Mejor.

Sí... No, Leonor. Ya sabes, cariño, que no te puedes rascar...

...porque luego te pueden quedar marcas.

-No, no, que no se rasque. -No.

-Lo mejor para eso es que se frote con patata cruda.

-Leonor, espera un momentito.

-Primero se ralla la patata y luego se frota con la ralladura.

Eso le aliviará mucho, ya verás.

-Estoy aquí con doña Lourdes que me está dando...

...un remedio casero buenísimo.

Mira, tú vas a la fresquera y coges una patata.

-Que la pele mucho. -La pelas entera.

¿Y luego qué más?

-Pues nada, se frota. Que la ralle muy bien.

-Rallas muy bien la patata. -Se frota con las ralladuras.

-Y te frotas la carita, los granitos. Donde los tienes.

Con la patata, sí.

-Eso es. -Dice que muchas gracias.

-Bueno, yo me voy, ¿eh? -Adiós.

Sí, claro. Si quieres, también se lo haces a tus hermanas.

Para ti y para ellas.

Bueno, pues si tu padre y tu abuelo se dejan...

Pero sobre todo que no se levanten de la cama.

-Sí, por supuesto.

Continúen con los pedidos con absoluta normalidad.

Los pagos quedaron estipulados...

...tal y como acordaron ustedes con doña Ana.

No, ha vuelto de viaje. Hoy no está en los almacenes...

...porque debía resolver unas cuestiones.

Muy bien. Adiós, señora. Buenos días.

Llaman a la puerta. Sí.

(TITUBEA) -Don Leonardo, que ya ha venido, que está aquí.

-¿Que está aquí quién? -El Doctor Sueño.

Ha entrado en los almacenes.

-Muy bien, pues dígale que pase y cálmese un poco, Marifé.

(TITUBEA) -Pero ¿y qué pasa si no es el ladrón?

Nos vamos a meter en un lío, don Leonardo.

-Que yo sé muy bien lo que me hago, Marifé.

-Ya, ya voy.

-Don Leonardo. -Servidor. Pase, pase.

Usted váyase y se toma un vaso de agua.

O mejor una tila.

-Sí.

-Tómese una tila, Marifé.

-Me han dicho que quería verme para algo importante.

¿De qué se trata?

¿Quiere montar un espectáculo en la tienda?

¿Algún empleado que se jubila?

¿Un homenaje a un vendedor?

Le advierto que tengo infinidad de espectáculos...

...de diferentes categorías.

Y de diferentes precios, claro está.

-Lo que tiene usted es una desfachatez inaudita, vamos.

-¿Cómo? -Que es usted un farsante,...

...un embaucador y un sinvergüenza.

Se aprovecha usted de la buena fe de la gente.

Pero ¿cómo se puede ser tan cínico? ¿A cuántos ha robado ya?

-Es verdad, es verdad. Tiene usted razón.

Tiene usted toda la razón.

Por eso quiero que mire mi mano.

Mire mi mano, mientras respira profundamente.

Mire aquí.

Ahora va a respirar profundamente.

Respire.

Respire.

-Entiendo que la situación sea muy incómoda para ti.

Te habías hecho unas expectativas y...

-No, yo solo no. Mucha gente se había hecho expectativas.

-Sí, bueno, eso también.

Debes de sentir que el mundo entero se te ha caído encima.

Y la peor tentación es pensar que sólo te pasa a ti.

-No, esto sólo me pasa a mí.

¿Conoces a muchos campeones de boxeo que hayan perdido...

...el campeonato de España?

-Bueno, campeones de boxeo, no, tienes razón.

Pero empresarios en quiebra, comerciantes hundidos,...

...jugadores arruinados,...

...padres de familia destrozados por alguna desgracia...

Conozco a muchos.

Tengo muchos clientes así.

Sí, yo también conozco a muchos de esos.

-Son gente que daría lo que fuera por desaparecer,...

...por meterse en un rincón y que nadie los viera más.

Todos ellos se sienten como tú,...

...pero al final salen a flote y ¿sabes por qué?

Porque no hay más remedio.

-Me estás hablando de clientes tuyos.

Son otras personas, no entienden lo que me pasa.

-¿Por qué? -Porque tú eres un abogado.

Eres un tipo distinguido.

Y vosotros tenéis otro tipo de problemas.

-Lo que hace usted no está bien.

Coge cosas que no son suyas.

-Es verdad,...

...pero lo hago por el bien de todos.

Simplemente me limito a coger las cosas que los demás no quieren.

Mire al péndulo.

Haga lo que yo le digo.

Obedezca mi voz.

Y ahora su enfado se habrá pasado...

...y los dos seremos grandes amigos.

Ya.

Bueno, ya está.

Ahora todo es diferente. ¿Se encuentra mejor?

-Sí, mejor.

-Claro que sí. ¿Ve como yo tenía razón?

-Sí, tenía usted razón.

-Claro.

Y ahora hará lo que yo le diga.

-Sí, haré lo que usted me diga.

-Alfonso, ¿crees que yo no tengo mis fracasos?

¿Cómo crees que me siento...

...si un defendido mío pierde la demanda o es condenado?

¿Acaso eso no es una derrota?

Cuando eso pasa, me debo enfrentar a mi cliente, a su familia...

...y a todos los que confiaban en mí.

Tiene que ser muy duro. -Lo es, Ana.

Cuando pierdo un caso tengo la impresión...

...de que todos los abogados se ríen de mí...

...cuando nos cruzamos en los juzgados.

-Abel, de verdad, yo te lo agradezco mucho.

Sé que lo haces con la mejor intención, pero es inútil.

La gente como vosotros no entendéis mis problemas.

-Pero ¿a qué te refieres?

Alfonso cree que la gente de cierta posición social,...

...al tener nuestras necesidades cubiertas,...

...pues afronta los problemas...

...de otra manera. -Ya.

-No, y no os molestéis, pero es que es así, es verdad.

Los que desde pequeños tenéis vuestro futuro resuelto,...

...cuando tenéis algún tipo de problema,...

...sabéis que hay una solución y no es lo mismo.

-¿De verdad crees eso?

-Abel, tú no me conoces, eh. Yo vengo del arroyo.

Mi única opción de vida era delinquir o meterme en peleas.

Y gracias al boxeo, he podido salir de todo...

Gracias al boxeo y a mi mujer, he podido salir de todo eso.

Y ahora pensar que me acerco al pozo otra vez,...

...me entra una angustia que, de verdad, no la aguanto.

-¿Crees que es la mayor angustia...

...que se puede padecer? -Sí.

-Alfonso, ¿esa angustia que tú tienes te hace enloquecer?

¿Sentir que todos tus sentidos se estén desquiciando?

¿Te hace mirarte al espejo y dudar de que seas tú?

¿Mirar a los que quieres y no reconocerlos?

¿Te hace llorar de miedo por las noches?

¿Has tenido que ir a un psiquiatra porque piensas que estás loco?

Pues esa es la angustia que yo tengo.

Así que no me digas que no sé de lo que hablo.

No, Ángel, no, hazme caso.

Tras las pruebas que he hecho, tengo clarísimo que hay que operar.

-¿Y no hay otras solución?

No, esta mujer tiene una hernia inguinal...

...y corremos el riesgo de que se le estrangule.

Es muy peligroso y muy doloroso. Hay que operar.

-Ya, pero una operación así debe de ser muy costosa.

Pues Elisa no tiene dinero. Sí que lo es.

-Vaya. ¿Es muy urgente? Sí.

-Podría conseguir algo de dinero y nosotros algo también.

Pero eso llevaría tiempo.

Espera, estoy pensando una cosa.

Podría hablar con el hospital al que mando a mis pacientes...

...e intentar que se lo hagan gratis.

Pero el posoperatorio deberá hacerlo en su casa.

-Pero eso ya es mucho. Espere, le diré que pase...

...y se lo cuenta usted mismo. Muy bien.

-Ha sido muy amable explicándome cómo funcionan los almacenes.

-¿Desea saber algo más?

-No, por el momento ha sido suficiente.

-Le acompañaré hasta la puerta.

Es usted uno de nuestros clientes más distinguidos.

Es un placer y un honor para mí contar con su amistad.

-El placer es mío, Leonardo.

Créame, el placer es mío.

-Pero ¿tú lo has visto?

Pero si lo iba a desenmascarar.

-Marifé, pues si no lo ha hecho, será por algo.

-Este hombre lo que es es un cobarde.

-Y si no es el ladrón, ¿eh?

-Pero si él me ha dicho que estaba seguro de que era él.

-Pues habrá cambiado de opinión. -Sí, de opinión, ya.

Tanto hablar, tanto hablar y luego míralo.

Encima de feo, es un gallina.

-Oye, no está nada bien que hables así.

Te recuerdo que es un compañero y además un superior.

No se puede hablar tan mal de las personas.

-Tú eres una pelota. ¿Crees que no se te ve el plumero?

-¿A mí? -Sí, sí, a ti.

Se te nota que lo único que te interesa es ascender.

Y muy deprisa.

-Perdona, pero creo que te estás equivocando conmigo.

Si te pido por favor que no sigas hablando así de él...

...es porque está muy feo hablar mal de las personas.

Y mucho más a las espaldas.

-Perdona, Mariana, es que estoy muy nerviosa.

Hace un rato don Leonardo me dijo que le iba a poner...

...de vuelta y media y ahora míralo, míralo.

De verdad que...

Vamos a tener que operar.

Porque lo que tiene es una hernia inguinal.

Si no lo hacemos ahora, luego se pondrá peor.

Llaman a la puerta.

-Hola, padre Ángel. Buenos días. -Buenos días. ¿Cómo va tan cargada?

-Ya ve usted, cosas que se acumulan en el armario.

Mauricio...

¿Entonces has ido a un psiquiatra?

-Sí, mi situación llegó a ser tan desesperada...

...que tuve que ir a un psiquiatra.

-A ver, ¿cómo que a un psiquiatra?

-¿Por qué? ¿Porque ahí sólo van los locos?

-Sí.

-Yo también pensaba eso, pero no es así.

Aún existen muchos prejuicios con las enfermedades mentales.

Yo mismo al principio lo pasé muy mal.

No aceptaba que debía ir a un psiquiatra.

Y no me gusta hablar del tema. Si quieres, lo dejamos.

-Lo he sacado a colación porque la conversación nos ha llevado...

...y he pensado que sería útil hablar de ello.

-Pero vamos a ver, ¿qué es lo que tienes exactamente?

-No es fácil de explicar.

A ver, el caso es que mi mente produce unas imágenes...

...y unas sensaciones tan reales...

...que pienso que son verdad, pero sólo pasan en mi cabeza.

Como podéis comprender es difícil vivir con esas experiencias.

Dios mío, pero ¿desde cuándo te pasa eso?

-Ya hace tiempo.

Al principio no le di importancia.

Entonces las imágenes se hicieron más recurrentes.

Pero yo me empeñé en no hacerles caso.

Pensaba que escondiéndome del problema, este desaparecería.

Pero no es así, nunca es así.

Si no te enfrentas a tus problemas, estos crecen...

...y se hacen cada vez más grandes hasta ser más fuertes que tu.

En mi caso llegaron a alterar mi conducta y mi carácter.

Llegaron a amenazar con destruir mi matrimonio y mi vida entera.

Y decidiste enfrentarte a ellos. -Exacto.

Si tengo un problema y me lo puede solucionar un psiquiatra,...

...iré a un psiquiatra.

Lo que no haré es quedarme sentado en una silla. Eso nunca más.

Por eso me he sentido tan conmovido por lo que le pasa a Alfonso.

No te dije nada porque esperaba...

...a que el dispensario estuviera funcionando.

-Pero si estabas atendiendo a un paciente.

Cuánto has cambiado, hijo. Cuánto.

Desde que conoces a esa chica, no eres el mismo.

Ay, no digas tonterías. Déjate de lamentos estúpidos.

-Antes no me mentías, no ibas sólo a lo tuyo.

Me contabas las cosas.

Madre, es sólo un dispensario.

Pasaré un par de horas a la semana, nada más.

-¿Por qué no me lo has dicho? ¿Quieres llevar una doble vida?

¿Qué tontería de doble vida dices?

Estaba esperando a tenerlo funcionando para contártelo.

-Pero ¿por qué tienes secretos conmigo?

¿Qué secretos ni secretos?

Lo que no me gusta es que me trates como a un niño de ocho años.

Teléfono.

Y además, lo de la sociedad esta ya te lo había contado.

Sí, dígame.

Hola, cariño, ¿qué tal?

No, no, ya he terminado de trabajar.

Ah, yo pensaba que ibas a acabar más tarde.

Sí, sí, puedo ir a buscarte dentro de cinco minutos.

De acuerdo. Muy bien. Ahora nos vemos.

Hasta ahora. Adiós.

-Era ella, ¿verdad? Con ella no tienes secretos.

Mamá, por favor, no te pongas pesada.

Déjame que ya está bien.

(SUSPIRA)

-Este chico...

Ojalá hubiera dejado embarazada a Cayetana.

Porque tal y como están las cosas, hubiera sido lo mejor para todos.

-Alfonso, enfréntate al problema.

No huyas de él. Asume tus miedos y véncelos.

Pero nunca te sientas avergonzado de ti mismo. Eso jamás.

No eres el primero en fracasar ni serás el último.

¿Qué te parece lo que ha dicho? -Que tiene razón, Ana.

Tienes mucha razón, Abel, mucha. Pero ¿dónde vas?

-Voy a coger el abrigo, me lo voy a poner y me voy a la calle.

Y me voy solo.

Abel, jamás voy a olvidar lo que has hecho por nosotros.

Gracias.

-¿Para qué están los amigos, si no?

-Yo hago entrega de la cantidad de dinero...

...que usted me ha solicitado,...

...pero usted sigue sin justificarme para qué lo necesita.

-No se preocupe, todo está controlado.

-Ya, ya, pero es que a mí esto no me parece normal.

Porque las normas en los Almacenes Rivas...

...es justificar cada cantidad de dinero que sale de la caja.

Y además, hay que firmar el documento.

-Necesito este dinero.

-Pero vamos a ver, don Leonardo,...

...es que luego la responsable ante doña Ana, seré yo.

-Asumo la responsabilidad.

-Don Leonardo, yo no me puedo quedar tranquila,...

...después de las cosas tan raritas que está haciendo.

¿Comprende?

-Confíe en mí.

-Bueno, ¿y qué ha pasado con el Doctor Sueño?

¿No le iba usted a poner las peras al cuarto?

¿No le iba a decir que es el ladrón?

Teléfono.

-¿Sí?

Sí, señor.

Lo tengo todo preparado, señor.

Iré al sitio que teníamos fijado, sí.

No se preocupe, no me olvido de nada.

Adiós. Adiós.

-¿Dónde va ahora, don Leonardo? ¿Dónde va?

Si a mí me pregunta doña Ana, ¿cómo le justifico esa cantidad?

-No se preocupe, todo está controlado. Adiós.

¿Te ha gustado la comida? -Ay, me ha encantado, Mauricio.

Y el lugar era precioso. Si es que tienes muy buen gusto.

Tú sí que eres preciosa.

Tú sí que eres bonita.

No he visto nunca una mujer tan preciosa como tú, tan bella.

-Pues tengo un rato, así que si te quieres quedar.

Sí que me quiero quedar.

Llaman a la puerta. Claro que sí.

-¿Quién es? -Preguntan por don Mauricio.

¿Qué sucede? -Es su madre,...

...que le ha dado un ataque.

¿Cómo que le ha dado un ataque? ¿Y no han dicho nada más?

-No, nada más.

Me tengo que ir. Me voy. Adiós.

-Llámame. Sí.

-Hola, querido amigo. -He traído lo que me pidió.

Todo el dinero que se ha recaudado hoy en los almacenes.

-Estupendo, ha cumplido con su deber.

Ahora quiero que me escuche atentamente.

Lo que ha hecho es una buena acción.

No debe preocuparse por lo que suceda en los almacenes.

Es sólo la recaudación de un día. Para ellos no es importante.

En cambio, el dinero que me dará hará felices a algunas personas.

Debe sentirse muy orgulloso por ello.

-Estoy muy orgulloso.

-Bien, ahora quiero que me entregue el sobre, se marche...

...y se olvide de todo lo que ha ocurrido.

Y recuerde: usted no es culpable de nada.

-Aquí está todo el dinero...

...que se ha recaudado hoy en los almacenes.

-Estupendo, Leonardo.

-Está todo en el sobre.

Todo el dinero que se ha recaudado hoy en los almacenes.

-¿Esto qué coño es?

Son recortes de periódico. ¿Dónde está el dinero?

-Todo lo que se ha recaudado en los Almacenes Rivas.

-¿Dónde está el dinero? -En el sobre.

-¡Dime dónde está el dinero! -Ahí.

-¿Y la recaudación? -En el sobre.

Todo lo que se ha recaudado en... -Leonardo, ¿dónde está el dinero?

-Ahí está. -¿Qué es esto?

¡No me estarás engañando!

Todo lo que se ha recaudado en los almacenes...

-¡¿Dónde está el dinero?! -Queda usted detenido.

-¿Eh? ¿Cómo? Suélteme, que yo no he hecho nada.

Si no hay dinero en ningún sitio, ¿de qué se me acusa?

-De inducción al delito. -Si no hay dinero.

-Eso se lo cuenta al juez. -Soy inocente.

Él tiene el dinero. Que les diga dónde está.

¡Soy inocente! ¡Soy un artista, un genio del espectáculo!

Os estáis equivocando.

¡Esto es un atropello, una tropelía!

Leonardo, ¡sabrás de mí!

-Manolita cuando nos vea, se va a cabrear.

Se va a cabrear, que la conozco.

-Vamos a ver... -Cuidado, cuidado, macho.

¿Se va a cabrear o no? -No, no te preocupes.

Al principio arrugará el hocico como es costumbre,...

...pero luego verá que estamos casi curados y lo entenderá.

No vamos a estar todo el día metidos en la cama.

-¿Usted cree que estamos casi curados?

-¿Tú te encuentras mal? -Hombre, mal, mal, no. Jodidillo.

-Bueno, pues entonces aplícate la filosofía de Perogrullo:

Si uno no está mal, es que está bien.

-Ya, entonces me planteo yo:

¿Y los granitos que hay por nuestra cara?

-Esos son ya restos de naufragios.

La batalla ya pasó, ¿o qué quieres?

¿Que vayamos a casa a escuchar de nuevo a doña Elena Francis?

-Eso sí que le digo que no.

Otra vez en la cama escuchando ese programa de radio,...

...con esa música del principio. Me pongo enfermo de escucharla.

-Pues claro que no, Marcelino, nosotros ya estamos curados.

En cuanto nos vea Manuela, lo entenderá perfectamente.

-Pues le digo una cosa. Cuidado.

Si quiere que no se dé cuenta Manuela, empiece a echarse

...otra vez los polvos esos porque se les están viendo los granos.

-¿Aún se me nota? -Mucho.

-A ver si soy capaz de abrir este artilugio.

-Ahí está. Dese. -A ver, ¿dónde?

-Por ahí. Ahí. Fuerte. Fuerte, coño.

Y luego aquí en el otro lado. -Si es que esto...

Todo es lo mismo, Marcelino, todo es lo mismo.

No me extraña que las mujeres se acicalen tanto en el baño.

-Cuidado, que te van a ver.

-Doña Lourdes, tome.

-Gracias, hija. Ya me encuentro mejor, de verdad.

-Sí, eso parece, pero prefiero que se tome la tila.

Le sentará bien. -Sí, hija mía, sí. Gracias.

La verdad es que estoy un poco alterada.

Todo esto me ha pasado porque he discutido con mi hijo.

Y me he sentido... muy mal. Muy agobiada.

-No debería tomarse las cosas así.

Aunque no creo que haya sido una gran discusión.

Tiene un hijo excelente.

Lo último que haría Mauricio sería disgustarla.

-Ay, sí, hija, sí. Es verdad que es muy bueno.

Pero precisamente por eso,...

...se deja influenciar por todo lo que le dicen.

-Bueno, déjelo estar y tómese la tila.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo estás? -Tranquilo, está bien.

Afortunadamente no ha sido nada grave.

Pero ¿qué ha pasado? -Nada, que me ha dado un mareo.

Justo, justo cuando iba a poner la olla al fuego.

No sé qué me ha pasado, hijo.

Pero ¿cómo ha sido exactamente? -Pues eso, un mareo.

Me ha empezado a dar vueltas la cabeza...

...y el cuerpo no me respondía.

-He oído un ruido y he subido de inmediato.

Llamaba a la puerta y nadie me abría.

Cuando iba a avisar a la policía o a los bomberos,...

...me ha abierto y me ha explicado todo.

Ella misma me ha dado el número teléfono para avisarte.

Ya.

Pues muchas gracias. Ya me quedo yo con ella.

-De nada. -Gracias, hija.

-No puedo dejarla en mejores manos.

Si necesitáis cualquier cosa, avisad.

Gracias, Cristina.

-Hay que ser muy inteligente...

...para darse cuenta del plan que tenía trazado ese sinvergüenza.

-Gracias. El problema era demostrar cómo lo estaba haciendo.

Comprendan que no es sencillo presentarse en la policía...

...y convencerles de que hay un mago hipnotizador,...

...que induce a la gente a robar objetos valiosos...

...y a regalárselos a él.

-Sí, sí, es que es asombroso, Leonardo, es increíble.

-Sí, a mí también me lo parecía.

Pero he leído algunos libros sobre hipnosis...

...y parece ser que se puede influir en la mente...

...de determinadas personas hasta ese extremo.

Claro, que se trata de gente muy influenciable.

-Bueno, pero siga, siga. ¿Y qué fue lo que hizo?

-Para demostrar a la policía...

...lo que estaba haciendo este señor,...

...convencerle a él de que podía usar...

...sus poderes de hipnosis conmigo.

-Huy. -¿Cómo?

¿Se expuso a que le hipnotizaran?

-Sí. -¿Y no le dio miedo?

-En absoluto. Sabía que conmigo no podía. Yo no soy tan tonto.

Quiero decir, tan... Influenciable.

-Ya. -Claro.

-El caso es que él pensó que me había hipnotizado...

...y quedé con él para entregarle la recaudación de los almacenes.

Previamente yo había avisado a la policía, que estaba vigilando.

Cuando él abrió el sobre y vio que había recortes de periódico,...

...intentó agredirme.

Pero entró en acción la policía y lo detuvo.

-¿Recortes de periódico?

¿Entonces para qué me hizo sacar el dinero de la caja?

-Bueno, eso fue una decisión de última hora.

Marifé, improvisación.

Al principio planeé hacerlo con dinero real.

Luego pensé que si él en vez de dinero encontraba papeles,...

...esto provocaría en él una reacción violenta.

Y lo desenmascararía directamente ante la policía, como así sucedió.

-Bueno, pues menudo mal rato...

...me ha hecho pasar a mí, don Leonardo.

Por cierto, el dinero. Lo tenemos que devolver a la caja.

-Perdón. El dinero.

No falta una peseta. -Ya.

-¿Aquí? -Un poco más arriba. Ahí.

-¿Dónde? -Ahí, ahí, ahí.

-Hola, familia. ¿Cómo estamos?

¿Te estás maquillando? -No me estoy maquillando.

-Te estás maquillando. -No me estoy maquillando.

-Alfonso, verás, no es lo que parece.

Escucha, hombre. Resulta que hemos pillado la varicela...

...y la Manolita no nos deja salir de casa...

...hasta que no estemos curados y se nos hayan caído los granitos.

-Es simplemente por eso.

Estábamos en casa que no aguantábamos más.

-Claro, y nos estamos dando estos polvos de arroz...

...más que nada para disimular los granos.

Es la única manera de salir. -La varicela es muy jodida.

Hemos estado entre la vida y la muerte.

A ti no te veíamos pues desde... Desde el combate.

-Sí, pues no te preocupes que tampoco había mucho que ver.

Para lo que hice, Marce...

-No te preocupes, hombre, que agua pasada no mueve molino.

Por cierto, Alfonso, te queremos pedir un favor.

-Ah, ¿sí?

-Es que nos vienes como agua de mayo.

-¿Para qué?

-Las cosas parecen... -Don Leonardo.

-¿Sí? -Verá, es que he estado pensando...

...en lo que ocurrió ayer y no paro de preguntarme...

...qué debo hacer para demostrar que soy inocente, que yo...

-Usted no tiene que demostrar nada, Clementina.

Usted es una dependienta ejemplar. Usted ha sido una víctima.

-Perdone, ¿cómo dice? -Lo que oye.

Es más, creo que se merece usted una gratificación...

...por los riesgos que ha sufrido.

-¿Yo? ¿Que yo he sufrido riesgos? ¿Qué riesgos?

-Vente conmigo, yo te lo explico.

Que tú vives un poquito en la inopia. Vamos.

-Desde luego, don Leonardo, ha estado usted asombroso.

Pero realmente asombroso.

Por momentos me recuerda a los detectives...

...que aparecen en las novelas de Ágata Christie.

Tendiendo trampas y enfrentándose a los delincuentes.

-Bueno, he hecho lo que he podido.

-No, pero en serio, don Leonardo, tengo que decirle sinceramente...

...que me parece que ha sido muy valiente...

...y muy atrevido para hacer lo que ha hecho.

-Padre, ¿y si nos vamos para casa un par de días?

-No seas cagón, Marcelino.

-No me llame cagón, se lo tengo dicho.

Para usted es muy fácil. Manolita se enfada con usted,...

...hace oídos sordos, y ya está.

Pero si Manolita se enfada conmigo, lo que ocurre es muy grave.

En la cama, que es más pequeña que la almohada,...

...pone esa almohada entre los dos,...

...y estoy sin meter ni miedo dos semanas. Dime si eso es plan.

-A mí no me digas, Marce. -¿Cómo que no te diga?

¿Por qué ese desprecio?

¿Porque me has visto maquillarme tres granitos?

Pues lo he tenido que hacer por supervivencia.

Que si estoy dos semanas... Que yo soy muy macho.

Dos semanas con Manolita ahí sin... Y lo paso muy mal.

-¿Se puede saber qué hacéis aquí vosotros?

-Manuela, que hemos considerado que nos encontramos mucho mejor.

-¿Y quién te ha dicho que estás bien con la cara llena de granos?

¡Y usted! ¿Adónde se cree que va?

-¿Dónde voy a ir, mujer? Pues a trabajar.

-A la cama que se va a ir. Y tú también. ¿Te lo puedes creer?

Los dos con varicela y por ahí danzando.

-Por ahí danzando no, Manuela.

Deja que te explique las cosas como son.

En primer lugar, si nos hemos ido de casa mi padre y yo,...

...es porque lo estamos pasando muy mal encerrados.

Somos trabajadores, clase obrera, y amamos nuestro bar.

Y no te queremos ver sola trabajando porque no es justo.

En segundo lugar, yo te quiero mucho.

Y esa cama tan pequeña que tenemos sin tu presencia a mi lado,...

...se me hace enorme.

Y en tercer lugar, Alfonso es mi amigo.

Y no le veo desde el desgraciado día del combate.

Y necesito al menos tomar el aire, ver la luz y estar con él un rato.

¿Te parece tan descabellado? -Bueno, ya, ya.

Alfonso, perdóname que no te he dicho nada...

...por estos dos inconscientes.

¿Y sentiste algo extraño antes del mareo?

-Sí, sentí como una especie de ahogo.

Y luego se me puso un dolor aquí, en la boca del estómago.

Al principio no hice mucho caso.

¿Y qué te pasó después?

-Pues no sé, hijo,...

...supongo que fue cuando me caí al suelo con la olla.

Y no me acuerdo más.

Me despertaron los golpes de Cristina que llamaba a la puerta.

Ya.

-No me crees, ¿verdad?

¿Crees que me lo he inventado todo?

Pues te advierto que me has disgustado mucho.

Y no te extrañe que haya sido por eso.

¿Qué me vas a inyectar? ¿Esto?

Es un veneno que tenía guardado para ti.

-Yo estuve escuchando el combate y me dio mucha pena que perdieras.

Pero tú lo hiciste muy bien.

-Bien no lo hice. -Qué más da, lo intentaste.

-Lo intentaste. -Salió mal, pues salió mal.

Así es la vida: unas veces se gana y otras veces se pierde.

Pero lo importante es que tú eres muy joven y tienes mucho talento.

Pronto te llegará la ocasión de darle la vuelta a la tortilla.

-Claro que sí. El campeón nace, y tú has nacido campeón.

-Y vas a volver a serlo, te lo digo yo.

-Eso espero porque...

-Espero no. Faltaría más, Alfonso.

Alfonso, pero qué alegría verte.

¿Cómo estás?

-Pues aquí recomponiéndome con los amigos.

Pero ¿qué dices? Si estás estupendo.

¿Cuántos boxeadores habéis visto que sean tan guapos como él?

-Ya le gustaría a Fran Carrera tener tu percha.

(RÍE) -Hombre, campeón.

¿Qué tal? ¿Cómo andas?

Ya era hora de que te pasaras. Nos tenías a todos deseando verte.

-Son granos, Héctor, granos.

-Ahí lo tienes. Ya está pensando en volver a prepararse...

...para quitarle el título a Fran Carrera.

No se puede quedar ese individuo con él toda la vida.

-Eso digo yo.

-Eso estoy seguro que no.

Cuando lo escuchamos en la cama,...

...en esa cama que se hace tan enorme sin tu presencia,...

...te voy a decir una cosa,...

...el radiofonista lo estaba diciendo,...

...que tuviste mala suerte, que te despistaste.

-Que sí, hombre. Te sabías superior y te confiaste,...

...pero eso lo arreglas tú en el próximo combate.

-A ver. -Es que yo estoy convencido.

Si está todo el barrio contigo.

Y digo yo, Manuela, a lo mejor... Qué guapa estás hoy.

Quizá podemos proponer un brindis por el campeón...

...y por que mi padre y yo volvemos a estar sanos, ¿te parece?

-Claro, claro. -Vamos.

-Pero no toques a nadie que les contagias la varicela.

Tranquila, que ya la hemos pasado.

¿Y tú? -Yo también.

-Lo ves. -Y tienes que firmarnos más fotos.

Que nos las están pidiendo a cientos.

-Sí, hombre. -Para adentro.

-A cientos no, a miles. Campeón.

-Nos hemos salvado, padre.

-Vamos, hijo. -Venga, un vinito para el campeón.

-Perdona que te interrumpa,...

...pero ha llamado la señora de don Carlos García.

Dice que su marido ha debido salir para Galicia...

...y que no podrá venir hasta dentro de una semana.

Pues eso es porque ya se encuentra mucho mejor.

-Sí, parece que se ha aliviado mucho de los dolores.

A ver cómo vuelve del viaje, porque el clima de Galicia...

...no es precisamente el más apropiado para el reuma.

¿Estás molesto conmigo?

Apenas me has dirigido la palabra desde que viniste.

Yo quiero pedirte disculpas por la discusión que tuvimos.

No tienes que pedirme disculpas de nada.

Además, ya está todo olvidado. -Es que me dolió muchísimo...

...que no me comentaras nada de ese dispensario.

Estás en tu derecho de hacer todo lo que quieras...

...sin contar para nada conmigo.

Eso desde luego.

Yo lo último que quiero es ser una carga para ti.

Nadie ha dicho que seas una carga.

-Te ha fastidiado mucho tener que venir a atenderme.

Igual has pensado que lo hice a propósito.

Mamá, por favor...

-Te aseguro que si no es por Cristina, no te hubieras enterado.

Hijo, ¿por qué no me dices lo que piensas?

Últimamente no hacemos más que discutir.

Y parece que estás siempre enfadado conmigo.

Alfonso, venga, levántate ya.

Quiero desayunar contigo antes de irme.

-Ven.

Eh.

Anda, haz algo útil y súbeme la cremallera.

-De verdad, eh...

A ver.

Ah, sí, por aquí era. (RÍE) Alfonso.

Alfonso, que me arrugas la ropa.

Ahí.

-No haces más que quejarte. Ven, dame un beso.

No me das un beso desde no me acuerdo.

Cómo me gusta verte tan animado.

-¿Sabes qué?

Ayer estuve con Marcelino y con Pelayo en la plaza.

Y estaban con la varicela. Tenías que verlos.

Estarían deseando verte.

-Nada, me dijeron que no pudieron venir al combate.

Mira, así no me vieron perder.

Alfonso, gane o no, te van a seguir queriendo.

-Me hubiera gustado haberlos visto antes.

Gracias, Ana, por obligarme a salir.

Gracias. Gracias a ti por el esfuerzo.

-¿Sabes qué? ¿Qué?

-Voy a cambiar esta mala racha.

Conseguiré el cinturón de campeón de España de boxeo.

¿Y sabes por qué?

Porque nunca más... (AMBOS) Volveré a besar la lona.

Eso lo doy por seguro. -Ah, ¿sí?

-Últimamente he estado pensando en irme a pasar unos días...

...con la prima Amalia.

A ver si así nos tranquilizamos un poco los dos.

La he llamado ya y me ha dicho que puedo ir cuando quiera.

Bueno, pero antes llamaré a la escuela de enfermeras...

...para que nos traigan a una sustituta.

No te preocupes, ya me encargo yo de eso.

Además, creo que tienes razón.

Te vendrá bien un cambio de aires.

Eso sí, yo no lo dejaría para el fin de semana.

Si no, los autobuses de línea de se ponen imposibles.

-Bueno, pero tampoco hace falta que salga corriendo.

Además, debo organizar todo...

...y darle instrucciones a la enfermera que venga.

Madre, tú piensas que esta consulta depende de ti y no es eso.

Tómate unos días de descanso y olvídate un poco.

-Está bien.

Lo prepararé todo para irme hoy mismo.

-Nunca me hubiese imaginado que Leonardo fuese tan valiente.

-Y tan listo, eh.

Hay que se un rato largo para darse cuenta de que detrás...

...de todo esto andaba el maldito Doctor Sueño ese.

-Mi marido es bueno y me quiere mucho,...

...pero pierde los nervios cuando bebe.

Pues entonces una de dos: O él deja de beber...

...o usted, cuando él beba, desaparece.

-Comprar un combate también lleva sus riesgos.

Estoy segura de que usted sabe los hilos que hay que mover...

...para que nadie se entere nunca de nada.

-¿Yo? Señora mía, lo lamento muchísimo,...

...pero no soy como piensa.

-Disculpen, señoritas.

¿Podrían decirme dónde encontrar a Leonardo Guerrero?

-Sí, claro, ahí lo tiene usted.

-Vaya, no lo había visto.

Muchas gracias. (AMBAS) De nada.

Hay que reconocer que los hombres cuando nos enamoramos,...

...pues no podemos evitar querer poseer a la mujer.

Por eso hay algunos que pierden la cabeza.

-¿Hasta el punto de golpearla? No, el que golpea a una mujer...

...es un loco, un borracho o un hijo de mala madre.

-¿Y esta mujer tan guapa quién es?

-No sé.

Eso mismo estaba pensando yo ahora mismo.

-¿No se llamará alguno Gabino Cifuentes, por casualidad?

-Puede ser, sí.

-¿Ya te lo has engatusado?

-Anda, deja de preguntar.

Vamos para adentro. -Ay.

-Si se refiere a mi pasado como sacerdote,...

...se equivoca.

Un hombre por muy cura que sea, nunca deja de ser un hombre.

¿A que usted también sabe lo que es...

...la pasión por una mujer?

-Yo jamás me atrevería a hacer algo así.

Estamos hablando de un simple combate.

-Lo siento, pero no pienso mancharme las manos...

...con un juego tan sucio.

-¡Mira que te pones pesadita cuando quieres!

-A ti te pasa algo.

Diana, ¿qué pasa?

  • T5 - Capítulo 128

Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 128

04 mar 2010

Ana trata de convencer a un Alfonso hundido de que salga a la calle ya que aún no lo ha hecho desde el combate. Alfonso se siente incapaz de enfrentarse a la realidad y es Abel quien, explicando sus propios problemas con total sinceridad, consigue que reaccione. Lourdes descubre que Mauricio atiende a enfermos en el local de Ángel y no le ha dicho más que mentiras. Pero Mauricio corta la discusión cuando recibe una llamada de Rosa y se va raudo y veloz a verla. Cuando está con ella, le llega una noticia muy preocupante de su casa acerca de la salud de su madre. Leonardo tiene un plan para acabar con el Doctor Sueño, ya que está convencido de que además de farsante es un ladrón. Marifé no confía demasiado en él y menos cuando le ve sumiso e hipnotizado obedeciendo al mago. Pero pese a ello, y para admiración de Mariana, Leonardo logrará desenmascarar al Doctor Sueño y hará  que sea detenido por la policía. Ana trata de convencer a un Alfonso hundido para que salga de casa. Con la secreta esperanza de que intente disuadirla, Lourdes comunica a Mauricio que ha decidido marcharse unos días a visitar a una prima. Pero Mauricio no hace nada para retenerla y vive su marcha como una pequeña liberación.

Histórico de emisiones:

04/03/2010 

 

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