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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T3 - Capítulo 89
Transcripción completa

-Pero prefiere verme pasar por el aro y cumplir con las apariencias.

Y es más sencillo que un alma descarriada vuelva al redil...

...antes que ayudar a un alma que él considera perdida,...

...aunque se muera.

-Que no siga intentando engañarme.

Ya sé que es una mala persona y me ha hecho mucho daño.

-Con aquellos que parecen más radicales, tenga más cuidado.

-¿Lo dice usted por Jesús? -Lo digo en general.

-¡Pues sí que estamos apañaos!

-Mi único error fue abrirme ante ese manipulador.

-Bueno, pues ya lo has hecho. Y ahora sólo te queda decidir.

Pero con la cabeza fría.

Con madurez, eh.

Te dejo con las cartas.

-Un hombre refinado y con gusto y "honnêteté".

Ya he escuchado demasiado.

Por lo menos las tristezas del pasado sirvan...

...para entender el presente.

-Y en el futuro, Alicia. Y en el futuro.

Jacinto, tú eres el jefe de camareros y tú decides.

Pero te digo una cosa, si quieres acabar con esto, debes actuar.

Ya. Hay que hacer lo y punto.

Despertar con la luz de la mañana...

...y renovar otro día más la fuerza para amar...

...en tiempos revueltos.

No es sencillo...

...avanzar olvidando lo vivido...

...cuando tanto se ha dado por perdido...

...y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento por todo el que venció...

...su desaliento.

Le canto al mar por todo aquel que tuvo...

...que olvidar...

...para empezar...

Golpes.

-¿Ya has terminado de leer las cartas?

-Muchas gracias por habérmelas traído.

-¿Y has llegado a alguna conclusión?

-Sí, supongo que sí.

-¿y me la vas a contar o no?

-Bueno, pues... me han hecho pensar mucho.

Ya no sólo por lo que él me dice...

...sino por la referencia que hace a mis palabras en las cartas y...

Me han recordado cosas que sabía, pero que tenía enterradas.

-¿Como lo de su miedo a la soledad y eso?

-Al releerlas me he dado cuenta de que no es su principal queja.

-¿Ah, no? -No.

Las cartas de Ignacio hablan sobre la lucha,...

...el compromiso, el amor.

-Bueno, Luisa.

Tampoco tienes que perder tu dignidad, no cedas por don Senén.

-Son cosas distintas, ¿sabes?

Mi dignidad está en luchar a conciencia por lo que creo.

Pero también en ayudar a que Ignacio luche contra la muerte.

Y así se sobreponga y...

Nos ayude a luchar contra las injusticias.

-Yo me he perdido. Ya no sé lo que vas a hacer.

-Sole, yo quiero que Serafín viva en un país libre.

Un país... que todos tengamos las mismas oportunidades.

Que las mujeres seamos respetadas...

...y tengamos los mismos derechos que los hombres.

Un país que sea abierto y culto. Que no haya analfabetos.

Y que la gente pueda vivir en una casa digna.

Y que buscar la comida del día a día no se su mayor preocupación.

Un país donde puedan vivir personas de distintas ideologías.

Sin rencor ni resentimiento.

-Eso no es un país, Luisa. Es el paraíso.

Claro que me gustaría algo así para Serafín.

-Pues para conseguirlo, debemos seguir luchando.

Y para eso son necesarias personas como Ignacio.

-Y como tú.

-Así que tengo que sacrificarme.

-¿Entonces?

-Entonces cederé ante don Senén y me iré de retiro.

Y así me permitirá ver a Ignacio.

Y podré infundirle ánimos y nos ayudará a cambiar este país.

-Ven aquí. ¿Ves cómo sabía lo que querías hacer?

-Porque me conoces mejor que yo misma.

-Porque eres fuerte y eres muy cabezota.

Pero no querías agachar la cabeza, me parece bien.

-No soy tan fuerte, ¿sabes?

-Ya, ya lo sé.

Ahora, que te digo una cosa: la monjas te van a cuidar bien.

Timbre.

-¡Hola, Alicia! Pasa, pasa.

¿Cómo está? -Pues muy bien.

He venido a traerle estas cosas a Pedrito.

-Otro despiste de mi hijo, ¿no?

No, esta vez don Álvaro no se ha olvidado de nada.

-Bueno, pues ya que estás aquí, podíamos tomarnos esa merienda.

Me gustaría mucho, pero no tengo tiempo ni quiero molestarla.

Sólo quería saber cómo estaba Pedrito.

-Anda, aunque tengas prisa, siéntate y te lo cuento.

Pues tiene la garganta muy irritada todavía.

pero a base de gárgaras y de leche bien calentita con miel,...

...va mejorando.

Si quieres que te diga la verdad, creo que tiene mucho cuento.

Los niños, ya se sabe, quieren que estés pendientes de ellos.

Y este ha visto que su padre estos días se preocupa más.

¡Y le echa un cuento!

No se preocupe, yo eso también lo hacía de pequeña.

-El que no está es mi hijo.

No venía a verle a él. Venía a traer unos juguetes para Pedrito.

Para que se ponga bueno pronto.

-Ay, pues muchas gracias.

Te lo agradezco mucho, pero no tenías por qué molestarte.

¡Pero, hija, si pareces un rey mago! ¡Me da un apuro!

No, si ni siquiera los he comprado. Son de mi primo.

Ahora está haciendo las milicias y pronto será ingeniero.

-Entonces entiendo que no los quiera.

Bueno, yo no lo entiendo mucho.

Pero mi tía se empeñó en donarlos a la parroquia.

Y como estaban en tan buen estado. Y mire.

Los soldaditos. Pensé que a Pedrito le haría ilusión.

-No te lo puedes imaginar, es un pedigüeño.

Su padre y yo nos podemos serios porque no hace más que pedir.

Como se quedó sin madre, su padre y yo nos hemos volcado en él.

Ya, algo me contó don Álvaro. -Sí, fue una desgracia muy grande.

Pero, bueno, no nos pongamos tristes, espera aquí un momento...

...que voy a por Pedrito que está en su habitación...

...y así le das tú los juguetes.

O mejor, doña Marcela, podemos hacer una cosa:

Yo le doy uno y ustedes dosifican el resto.

-Ah, mira, pues muy buena idea.

Me gusta que sepa apreciar las cosas.

Que sepa que su padre trabaja mucho para sacarlo adelante...

...y que no se puede ser un caprichoso.

Muy bien, ¿cuál le damos entonces? -Los soldados.

Se pasa las horas haciendo batallas.

(RÍEN) Pues los soldados entonces.

-Te lo agradezco mucho, hija.

Es muy gratificante y muy tranquilizador para una madre...

...saber que su hijo tiene amistades que le aprecian.

Bueno, don Álvaro es mi profesor, y sí, nos llevamos muy bien.

-Claro, claro.

-Hombre... -Hombre.

-Has venido a ver a don Paco, ¿verdad?

-Sí, vengo de la productora, me han dado este sobre...

...y me han dicho que es urgente.

-¿Me lo dejas en mí o debes dárselo en mano?

-Ya que estoy aquí déjame que cotillee un poco.

Seguro que tiene un despacho de lujo.

-Tenías que haberlo visto en época de doña Paloma.

Ella sí lo tenía apañao. -Entrego esto y luego charlamos.

-Estate ahí.

-Pase, pase.

-Eh, don Paco, que hay un mozo aquí que trae algo para usted.

¿Le digo que pase?

-Sí, sí, sí, totalmente de acuerdo.

Oye, te llamo después, ¿eh? Adiós.

Juanito, ¿no? -El mismo que viste y calza.

Pa servirle a usted y a su familia.

-Anda, pasa conmigo, ven.

-¡Pam, pam, pam! ¡Pam, pam!

-¡He ganado!

Y ahora léeme todos los cuentos. ¿Todos los cuentos?

-Sí, primero uno, luego otro, luego otro... así hasta todos.

Son muchos, a lo mejor no da tiempo.

-No importa. Yo me tengo que ir a casa...

...dentro de un ratito.

-No, te quedas aquí a vivir si quieres.

Me lo paso muy bien contigo.

Y yo también me lo paso muy bien contigo, Pedrito.

Pero no puedo leerte todos los cuentos porque se acabarían.

-No importa, cuando acabes volvemos a empezar.

Claro que sí. Mira, vamos a hacer una cosa:

Esos libros son para ti, entonces te los puede leer...

...tu abuela o tu papá cualquier día.

-Yo no tengo mamá. Sí, claro que la tienes.

No la puedes ver, pero siempre va a estar ahí.

Mira, haremos una cosa, como estos cuentos...

...ya están escritos te contaré uno que no sepa nadie.

-¿Qué cuento? Pues es un cuento que...

...no sabe nadie y nunca le he contado a nadie.

Es un cuento secreto. -¡Sí! Y es largo, ¿verdad?

Bueno, como nunca se lo he contado a nadie ya veremos.

Esto era un niño muy valiente, muy valiente, muy valiente...

Tan valiente que no le tenía miedo a nada.

Ni siquiera a vivir solo. -¿Solo?

-Bueno, Juanito, aprovechando que es tu primera visita a local...

...quiero que te tomes una copa a mi salud...

...antes de ir al trabajo. -Muchas gracias.

-Hilario, ponle a Juanito lo que pida.

Bueno, te dejo que tengo que seguir trabajando.

Cuando llegues a la productora dile a Fernando...

-Don Fernando está con Belmas en el hotel.

-Pues le dices a Roberto, me da igual, que mañana o pasado...

...quiero visitar el rodaje, ¿de acuerdo?

A lo mejor eres tú el que tiene que venir a recogerme.

-Como usted mande. -Tú estate a lo que te digan...

...y, oye, bienvenido, ¿eh?

-Qué buen hombre este, ¿eh?

Vaya don de gentes, qué simpatía y, además,...

...cómo se ha estirao con lo de la copa.

-No nos podemos quejar de jefe, pero tiene su genio.

-Como to el mundo. Oye, ponme, no sé,...

...lo más caro que tengas, ¿no? -Hombre... lo más caro...

...tampoco porque no voy a abrir una botella pa ti.

Pero si quieres te pongo un Scotch.

-¿Un qué? -Un escocés.

-Ah, sí, sí, sí, sí. Sí un whis... ah...

Un whisky escocés, claro.

-Pues sí, no está mal el jefe, mucho mejor que la patrona.

-Bueno, no me hables que doña Pruden me tiene la cabeza...

...frita, frita.

-Bueno, ¿qué me dices con lo que ha salido ahora?

Si subimos a alguien a la habitación...

...hay que pagar un plus.

-Vaya... tengo unas ganas de irme de allí.

Oye...

Ponme otro poco, ¿no? -¿Y por qué no lo haces ahora?

Ahora que tienes trabajo.

-Pues sí, ahora la verdad es que lo puedo hacer mucho mejor...

...porque tengo un sueldo fijo, al final de cada semana...

...hago caja pero, bueno, que tú también, ¿no?

Ya veo que tienes un trabajo fijo.

-No te creas que esto está lleno de bichos...

...y te meten una puñalada trapera en cuanto te descuidas.

-¿A quién te refieres, a un compañero?

-Al Jacinto ese...

Me tiene una tirria desde que he venido...

...que no me puede ni ver.

¿Y tu amigo el Juan? -Ah, pues muy bien.

Juanito como siempre, muy bien, también le contrataron.

Le contrató don Paco, pero a él de carpintor.

Nos vemos poco y como me huelo que se va a casar...

Me imagino que nos veremos bastante menos.

-A mí lo del matrimonio me parece el peor invento del mundo.

Vamos, que yo no me caso ni borracho.

Habiendo tantas, ¿pa qué me voy a quedar con una?

-Hombre, que los que se casan no sólo se quedan con una...

...muchas veces. -Ahí también tienes razón.

-Hala. Cuánto ganao.

No tenía papá, ni mamá, pero él no tenía ningún miedo...

...porque aprendía mucho de los vecinos, por ejemplo.

Mira, aprendió a coser y a planchar...

...y a irse a la cama pronto por la noche.

-¿Y no tenía miedo?

No, ya te he dicho que era muy, muy valiente.

Y era tan valiente porque él sabía que sus padres...

...le cuidaban desde el cielo. -¿Iban en avión?

Más o menos y desde allí le mandaban todo su amor...

...y él sabía que tenía que ser una buena persona...

...porque le estaban mirando, entonces tenía que ayudar...

...a la gente y resolverle sus problemas.

-¿Y por día tan pequeño? Sí.

Si alguien tenía hambre iba con ellos hasta...

...una vega donde había árboles inmensos frutales...

...y les decía cuáles eran las mejores frutas...

...o compartía con ellos su pan y si alguien estaba muy enfermo...

...como tú lo estás ahora iba con ellos y les daba ánimos...

...para que se pusieran pronto buenos...

...o si algún malo le pegaba a algún niño iba junto...

...de ese bruto y le decía que por la fuerza no conseguiría nada.

Y sus padres le veían desde las estrellas...

...y se sentían orgullosos de que ese niño estuviera...

...haciendo cosas buenas por la gente.

-¿Y ese niño se llamaba Pedro?

Pues ahora que lo dices se parece mucho a ti.

-Pero yo sí tengo papá. ¡Claro!

Y qué suerte, porque si le haces caso y eres obediente...

...seguramente llegues a ser más bueno y más valiente...

...que el niño del cuento secreto.

-¿Me lo cuentas otra vez? Ah, qué fresco.

(RÍE)

-¿Qué, sigue dormidito?

-Y debe estar soñando porque se le pone toda la cara arrugada.

-Cada día está más mayor. -Pues sí.

-Bueno, pues esto ya está.

Termino con la camisa y me voy a hacer la maleta.

¿Le llevas esto a Marina? -Claro.

¿Estás segura de que quieres ir? -Qué remedio me queda.

Se lo he prometido a don Senén y tengo que recorrer...

...el tortuoso y empedrado camino de la virtud...

...y no el ancho y pavimentado camino de la perdición.

-Sí, o algo así.

-Espero que el director espiritual...

...no sea como don Senén. Me van a salir yagas...

...en la lengua de mordérmela para no decir inconveniencias.

-Te vas para quedar bien...

...con un cura y acabas mal con la congregación.

-Tú no te preocupes que me voy a portar bien.

-Anda, que tienes una fuerza de voluntad.

-Tan sólo son unos días.

Y además, tengo un pequeño as guardado en la manga.

-Ya me parecía a mí.

-Mira. Estos son los libros que don Senén...

...quiere que me empape de rectitud y virtud cristiana.

Y... esto es lo que guardo en ellos.

-¿Qué es eso? -Mis apuntes de la oposición.

Así que mientras el director espiritual se cree...

...que estoy leyendo "Las lectura piadosas"...

...de Longino Navas. O "El breve compendio...

...de la Santa María Micaela del Santísimo Sacramento".

-Menos mal que era breve el compendio,...

...porque esto debe pesar un kilo y medio.

-Yo en realidad estaré estudiando mis apuntes de Magisterio.

Para camino tortuoso y empedrado no está nada mal.

-¡Ay, mala pécora!

-¿Qué se creen, que iba a volver hecha una beata?

Mire, Sole, que a Dios rogando y con el mazo dando.

-Anda, que menos mal que no voy yo, porque me llevaría...

...dos novelas románticas y revistas del hogar y moda.

¡Ay, Dios mío!

-No sé a qué viene esto ni para qué me has citado,...

...pero estoy empezando a hartarme. -Tenemos que hablar.

-La última vez que dijiste eso tu caballero andante...

...casi me parte la cara. -Me levantaste la mano.

-No te merecías menos. -Basta ya.

Comportémonos como adultos.

-¿Te me vas a insinuar otra vez?

-Alejandro, Matilde ha descubierto algo.

-¿De qué me estás hablando? -¿Tú qué crees?

De lo nuestro. -Mira, no sé adónde...

...quieres ir a parar... -No te pongas a la defensiva.

Te estoy diciendo que Matilde sabe que hubo algo entre nosotros.

-¿Cómo? -No sé cómo.

-Le has ido tú con el cuento. No te podías estar callada.

-¡No digas tonterías!

Yo nunca he querido tirar de la manta.

Eres tú el que amenaza.

-Si es sólo para darte un susto.

¿Cómo puedes ser tan vengativa?

Esto se puede volver en tu contra.

-Alejandro, lee mis labios. No le he dicho nada.

Soy la primera interesada...

...en que no se sepa nada. -Cuidado.

-Disimula.

-No me entra en la cabeza cómo ha podido ocurrir.

-No importa cómo. Lo que importa es qué vamos a hacer...

...para que esto no nos estalle en las narices.

Si Matilde conoce los detalles, sólo será cuestión de tiempo...

...que mi marido se entere. -Está bien.

Vamos por partes. ¿Qué te ha dicho Matilde?

-Matilde estuvo ayer aquí con su madre.

Se las apañó para quedarse a solas conmigo.

Y entonces comenzó con las insinuaciones.

Que si yo soy una mala mujer.

Que si no va a permitir que la engañe. Una retahíla.

-Pero no te acusó directamente. -No.

-Entonces puede que no sepa nada.

-Alejandro, tal vez no lo sepa todo.

Pero sabe algo. Sospecha algo.

-Sigo sin entender cómo. -No lo sé,...

...pero tenemos que hacer algo.

¿Tú te das cuenta, verdad?

-Me has jodido la vida de principio a fin, Julieta.

-¿Cómo puedes decir eso? Yo nunca...

-Sí, tú nunca me has hecho nada. Ya lo he oído.

El otro día me partieron la cara y arruinas mi noviazgo.

Pero nada es culpa tuya.

-Está bien. Yo soy una adúltera. Lo que tú quieras.

Pero que te quede claro que tú no eres mejor que yo.

Así que pensemos algo rápido para que Matilde...

...no sepa nada más.

¿Y esa cara? ¿En qué estás pensando?

¿No creerás que te vas a librar de esto sin más, verdad?

-Es a las mujeres adúlteras a las que meten en la cárcel.

Yo sólo perdería una novia.

-Piensa un poquito, guapo.

Si Matilde tira del hilo, mi marido se enterará.

E Hipólito también. Y Regina también.

Y luego tu familia.

¿Es que piensas arruinar tu vida por una aventura pasajera?

-Está bien. Está bien.

-Pedrito, deja el teléfono que no es un juguete...

...para que trastees con él.

Venga, que se te enfría la leche. -No tengo hambre.

-Cómete aunque sea una galleta.

Un día de estos vamos a tener un disgusto...

...con el telefonito. -Quiero jugar.

-Si te acabas el desayuno, cuando te recoja del colegio...

...te llevo al parque a jugar. ¿Quieres?

Venga. Cómete esta galletita.

-Que no tengo hambre.

-Buenos días. -Papá, papá.

¿A que no hay que comer sin hambre?

-¿Todavía tienes así el desayuno?

¿Qué quieres, llegar tarde al cole?

Mamá. -Hola, hijo.

Pero come un poco más, que pareces un gorrión.

Y tú no le rías las gracias, que cada día me come menos.

-Es por la mañana y se levanta con el estómago cerrado.

Como me pasaba a mí. ¿A que sí, hijo?

-Con lo buenos que me han salido los buñuelos,...

...me da un coraje que Mati esté tan melindrosa.

¿No se ha levantado?

-No. Dice que no quiere hacer nada.

¿Está enferma o algo? -Yo creo que no.

Debe ser mal de amores.

¿Está mal con Alejandro, tía? -Que yo sepa, no.

Pero algo debe haber. Porque está intratable, hija.

Hoy quería ir con ella al taller de Marina...

...pero va a ser imposible.

No se ha querido levantar cuando le dije...

...que había buñuelos. Con lo que le gustan.

No sabe lo que se pierde.

Están buenísimos. -Pues come, hija.

El caso es que me resultan familiares.

No sé, el olor...

Es como si ya los hubiera probado antes.

-Quizás es que los has probado antes.

¿Cuándo? -La receta es de la abuela.

A lo mejor mi hermana te los hizo algún día.

¿Mi madre? (RÍE) -Claro.

Tu abuela decía que la receta de los buñuelos con crema...

...se iría con ella a la tumba.

Pero cuando crecimos nos la confió.

Porque ella decía que a un hombre se le conquista por el estómago.

Y qué razón tenía la mujer.

Tu padre siempre hablaba maravillas de las manos...

...que tenía tu madre para la cocina.

¿Ves? Yo en cambio... no he salido tan mañosa.

¿Puedo coger otro? -Pues claro. Claro, hija.

Es que su olor...

No sé, es familiar. Pero hace mucho tiempo.

No me acordaré. -Pues no hay nada...

...que avive más los recuerdos como un olor o un sabor.

Sobre todo los de la infancia.

Yo, hay un olor que siempre que lo huelo...

...me acuerdo mucho de... de mi abuela Juana.

Los huesillos. ¿Los huesillos?

-Sí, son unos bizcochos fritos y...

...cada vez que los hago me acuerdo tanto de la abuela.

De tu bisabuela. Qué mujer, Alicia. Qué mujer.

-Anda que no me acuerdo yo de estas guerras matinales.

Casi se me juntaba la hora del desayuno con el almuerzo.

La paciencia que tenías conmigo.

-Con este no tendré tanta.

En cuanto le deje en el colegio, me acercaré al mercado...

...a ver si encuentro bacalao para hacerle un potaje.

Le pondré bien de espinacas...

...que es lo mejor contra la inapetencia.

-Mira también si tienen carne de caballo.

-Huy, ¿eso no será demasiado dispendio?

-Nada. Este niño tiene que crecer fuerte como un toro.

-Y valiente, como el niño que vivía solo en la aldea.

Papá, ¿me cuentas el cuento del niño valiente?

-Esta noche, hijo.

Es un poco largo y en cuanto desayune me voy a trabajar.

-¿No te lo sabes? Alicia sí se lo sabe.

¿Puede venir Alicia a contármelo, abuela?

-Sí, ya vendrá. Pero termina que vas a llegar tarde al cole.

-¿El domingo puede venir?

-Sí, igual el domingo sí. Ya veremos.

-Tenía todo el pelo blanco, pero desde joven.

Y una energía, vaya.

Y la despensa siempre llena de comida.

No permitía que nadie se fuera de casa sin una tartera de...

...albóndigas, de croquetas o de huesillo.

Timbre.

Voy yo, tía. -Muy bien, hija.

-Buenos días, Alicia. Buenos días.

Supongo que vienes a ver a Matilde.

-Sí. Está durmiendo.

-Pero ¿le pasa algo? No, no creo.

-¿Quién es, Alicia? -¿Está bien?

¿No estará enfadada conmigo?

No sé. No creo.

-Hace un tiempo que no consigo hablar con ella...

...y como estáis muy unidas, a lo mejor a ti te ha dicho algo.

-Alicia, ¿quién es? Es Alejandro, tía.

-Huy, Alejandro. Pasa, pasa, hijo. Qué sorpresa.

-Doña Regina, buenos días. No, no se levante.

-Siéntate con nosotras a tomar un cafetito.

-Perdone que haya venido sin avisar.

Tenía la mañana libre y pensé en traerle un presente a Mati.

-Has dado en el clavo, hijo. La tengo en la cama pachuchita.

-Ya. ¿Está enferma? ¿Le ha dicho qué le pasa?

-No, yo creo que no le pasa nada.

Hijo, ¿os habéis enfadado? ¿Os ha pasado algo?

-No, no... No que yo sepa.

-Entonces no te preocupes.

Cuando le diga que estás aquí, se levantará.

-No le prometas cosas que luego no puedas cumplir.

-Mamá, por favor.

-Dile que venga a comer y por la tarde juegue conmigo.

Luego vamos a El Retiro y después me acuesta...

...y me cuenta el cuento del niño valiente.

(RÍE)

-Pedrito, hijo, Alicia no puede venir a casa así como así.

-¿Por qué? ¿Vive muy lejos? -Pues...

Sí, es eso. Vive en la otra punta de Madrid.

Y, además, no estaría bien. -¿Por qué?

-Eso. ¿Por qué? -Mamá, haz el favor.

-¿Por qué no estaría bien? -Pues...

Porque Alicia es alumna mía.

-Pero si es tu alumna, le puedes ordenar que venga.

-¿Qué? -El profesor es el que manda, ¿no?

-El profesor es el que manda en clase, pero fuera de ella no.

-¿Entonces no va a venir nunca más? -Claro que va a venir, tontorrón.

-¿Cuándo? -Si te limpias bien los dientes.

Así que, venga, corre y cepíllatelos.

-¿Entonces vendrá? -Sí, pero primero te tienes...

...que cepillar los dientes muchos días, hasta que brillen.

-Voy.

-Qué buena mano tienes con él.

-El pobre se ha encariñado con Alicia.

-Cosas de críos. Ya se le pasará.

-Eso espero. A ver si se le pasa también al padre.

-Mamá... -Anda, hijo.

Te conozco como si te hubiera parido.

-Alicia Peña es sólo una alumna más.

Exactamente igual que el resto de mis pupilos.

¿Por quién me has tomado?

-Te había tomado por un hombre de carne y hueso.

Pero, perdona, ya veo que eres de pedernal.

-Vaya desayunito que me estáis dando entre el uno y el otro.

-Para ti Alicia será como los demás,...

...pero yo veo que esa chiquilla es distinta.

Tiene vida, tiene energía, tiene luz.

-Pues le vendrá muy bien cuando circule de noche.

-Que no voy a salir, mamá. Déjame, por favor.

-Mati, no seas descortés con el muchacho.

Ha venido a verte y te trae un regalo.

-Que no me encuentro bien.

-Sí, claro. Por eso te has vestido enseguida que has oído el timbre.

Por favor, acabarías con la paciencia del santo Job.

-¿Por qué insistes?

-Porque se nota a la legua que no estás enferma.

-¿Y cómo lo sabes? Ni que fueras don Octavio.

-No soy médico ni falta que hace.

Soy tu madre y sé si estás enferma o enfurruñada.

-Nadie me toma en serio. Estoy harta.

¿A que me vuelvo a la cama?

-Eso, eso. Esconde la cabeza como el avestruz.

Así no se arreglan los problemas.

-¿Qué problemas? -Pues eso digo yo.

¿Que qué problemas tenéis para que no quieras verle?

Venga, hija, lleva rato esperando.

A los hombres no les gusta que les hagan esperar.

-Si no quiere esperar que se vaya. Yo no le mandé venir.

-Muy bien. Tienes dos opciones.

O sales a hablar con él o me explicas qué ha pasado.

-Cosas nuestras, mamá. -No, cosas tuyas.

Porque yo a él le he visto divinamente.

-¿Ah, sí? Valiente canalla.

-¡Mati!

(SUSPIRA)

A ver, hija. De toda la vida se ha dicho que amores reñidos...

...son los más queridos.

Pero es que vosotros os pasáis más tiempo reñidos que otra cosa.

-No será por mí.

-Pues seguramente será por nada. Conociéndote...

...seguro que te has enfadado por una tontería.

Anda, sal a hablar con él. -Que te he dicho que no.

-Muy bien. Pues voy a decirle que no quieres verle.

A ver qué le parece.

-No, mamá, dile que estoy enferma. -No, no, no.

Si tú quieres mentir, allá tú.

Pero yo no voy a mentir en tu nombre.

Bastante cara de boba se me va a quedar...

...cuando le dé plantón. -Dile lo que quieras.

-La verdad, la pura verdad.

Ahora, una cosa te voy a decir, Mati.

Así no se lleva un noviazgo.

Los hombres ahora se buscan a otra chica así,...

...en menos que canta un gallo.

¿Tú te quieres quedar para vestir santos, hija?

-Está bien, saldré a hablar con él.

-Ay... Pero cuánto cuesta que cambies de opinión.

-Qué bonito, qué lindo es él. A ver, di:

Manolita guapa. Manolita guapa.

-Pues no le queda por aprender a hablar.

-No tengo prisa, pero antes de decir mamá dice Manolita guapa.

Ay, mírale, mírale cómo sigue con los ojitos mi dedo.

Ay, qué rico.

-Si le pones un chupete, te come con los ojos.

-Si es más espabilao.

Oye, como Luisa no va a estar, llámame cuando me necesites.

-Sí, no va a hacer falta.

-¿Que no? Anda que no conozco el percal del barrio.

Cuando te vea doña Pruden sola, te empezará a dar la barrila.

-Le hago yo el mismo caso que a Plácida y Valentina.

-Si eso está muy bien, pero tú llámame.

Así me da un poco el aire.

De estar todo el día en el bar, salgo con un olor a fritanga.

-Yo creo que tu prima no aguanta una semana de ejercicios.

Pasao mañana la vamos a tener aquí.

-Pues espero que no. -¿Tú crees que va a soportar...

...estar rodeada de beatas y solteronas?

-Sole, lo dices como si ya estuviera casada.

-Porque no quiere, no es lo mismo.

-Yo sólo sé que mi prima es una descreída y que así le va.

-Manolita, no seas rancia.

¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra?

-Mira, yo creo que no se puede estar renegando de todo en la vida.

¿No te parece? Que no está mal creer en algo.

-Pero si no crees no crees, y ya está.

-Hay que poner algo de tu parte. Yo, que me parece a mí...

...y tú lo sabes, no soy ninguna chupacirios.

Pero yo creo que escuchar la palabra de Dios...

...y tener un poco de fe, te hace mejor persona.

-Yo pienso que es muy buena y no le hace falta nada de eso.

-Nadie es perfecto, todos podemos mejorar.

Y, oye, que es muy fácil, que esto consiste en ir...

...un poquito a misa, en rezar un padre nuestro de vez en cuando.

-Que no es tan fácil, Manolita.

Bueno, no voy a discutir contigo porque no.

-Hola, Manolita, Sole. Buenos días.

(AMBAS) Hola, Juanito. (GRITAN)

-Ay, hijo, ¿quieres que te ayude? -No, por Dios.

Que te puedes manchar o hacer daño que esto pesa mucho.

-Te vas a hacer daño tú.

-¿Yo? Pero si para mí esto es un juguete.

Anda. -¿Sí?

-Ah... ay.

Pues sí que pesa, ¿eh? -A ver, hijo, a ver que te ayude.

-¡No!

-Bueno, pues nada, yo os dejo.

Hala, hasta más ver. -Venga, adiós, Manolita.

-Adiós.

-Anda, yo cojo por aquí y tú por allí.

-Que no, Sole, que esto es cosa de hombres.

-Pesa mucho para una sola persona.

-Hombre, ligero no es, pero, bueno, yo estoy más acostumbrado.

-Bueno...

Rasgadura de tela. -¡Ay!

Creo que... (RÍE) Ah, Juan, Juan...

(RÍEN)

-Come otro buñuelo que me han salido riquísimos.

-Muchas gracias.

Están deliciosos. -Pues, venga, comed, comed.

Menos mal que Alicia os ha dejado alguno, con lo que le gustan...

-No es para menos, están muy buenos.

¿Y tú, Mati, te encuentras mejor?

-¿Yo? Perfectamente.

-La visita del novio es la mejor medicina.

-La verdad es que me he preocupado cuando tu madre me ha dicho...

...que estabas en cama. -Una ligera indisposición nada más.

-Pensé que estarías enfadada conmigo.

-¿Por qué habría de estarlo? -Bueno, no sé.

-No, ¿por qué va a estar enfadada?

El misal que le has traído realmente es una exquisitez.

-Sí, pensé en traerte flores, pero como ya...

...lo he hecho más veces pues para variar.

-Es un misal muy bonito. Gracias.

-A las mujeres siempre nos gustan las flores.

Si no nos las regalan nos las regalamos nosotras.

¿Verdad, hija? -Me gustan mucho las flores.

-Pues mañana te traigo un ramo de gladiolos, ¿quieres?

-Si tú quieres.

-Yo por ti haría lo que fuera, Mati.

-Qué suerte ha tenido mi hija contigo, Alejandro.

-Bueno, Sole, ¿ahora qué hago? (RÍEN)

-Pues no sé, quítate la chaqueta y te la amarras a la cintura.

(RÍEN) -Tira de ahí, tírame de ahí.

-Ah, ay, a ver... -Espera, espera, espera.

(RÍEN)

-¿Qué tal? ¿Se ve algo? -Eh, no...

-Va, no te rías, ¿se ve o no se ve?

-Que no se ve, hombre.

Ven, que te ayudo, hala, agarra por ahí.

-No, pero por ahí. -Ay...

-A ver, a la de tres, ¿eh? -A ver...

(AMBOS) Una, dos y... (SOLE RÍE) -Cómo pesa...

Ay... -Ah...

-Ay...

-Bueno, pues muchas gracias, pero que una mujer haga fuerzas...

No sé yo, además, podía yo solo.

-Sí, tú sí, pero el tiro de tu pantalón no.

Eres cabezota como esto. -¿Cabezota...?

Querrás decir caballero.

-Menudo caballero con el calzón al aire.

(RÍE) -Anda, ven, que te arreglo...

...el pantalón.

-Eh... ¿Al... al estudio? -Claro.

-No, no, no, no...

Que no creo que sea muy apropiado.

-Es más apropiado que vayas por Madrid con el culo al aire.

-Ya, pero no sé yo.

-¿Te crees que no le he arreglado pantalones a mi hermano?

-Ya, pero es distinto, tu hermano era tu hermano y yo soy yo.

-No te voy a dejar en paños menores, te pondrás un pantalón.

Anda, tira para el estudio. -Te lo agradezco, dejo esto...

-Al estudio, ar.

-A sus órdenes, mi sargento. (RÍE)

-Adiós, hasta luego.

-Buenos días, doña Julieta, ¿cómo está su marido?

-Pues anda de viaje, ya sabes.

Trabajando. -Cuánto viaja este hombre, ¿eh?

-Sí. -¿Por dónde anda trajinando ahora?

-Pues anda de aquí para allá, ¿has averiguado algo?

-Nada de nada.

-¿Pero has visto a tu novia?

-Sí, he tomado un café con ella y con su madre.

Y no sospechan nada. -¿Estás seguro?

-Absolutamente.

Le he preguntado de 70 maneras que si le pasaba algo...

...y no ha dado muestras de estar enfadada por nada.

-¿Y por qué iba a darlas?

Quizá se está reservando para saber cómo te castiga.

-Matilde no es así.

-Ah... ¿no?

Claro, tú la conoces tan bien... -A lo mejor no tan bien como a ti.

Pero sé cuando guarda algo. -No me busques las cosquillas.

Yo me juego el cuello en esto.

-Tú te lo buscaste. -¿Ah, sí?

¿Soy yo la que va amenazando por ahí a la gente porque...

...no se quieren acostar conmigo?

-No te hagas la digna que me entra la risa.

Si no querías líos no haber salido de la cama de tu marido.

-Si hubiera sabido lo que me esperaba fuera no lo habría hecho.

Puedes creerme.

-¿Estás intentado pincharme de nuevo? Dime.

-Ah...

-¿Tienes a tu guardaespaldas por aquí cerca?

¿Esa es tu nueva manera de calentarte...

...viendo cómo tu nuevo amante pega a los antiguos?

-Fíjese, Enriqueta, que enchaquetaítos.

Y van todos a estudiar, fíjese en esos dos.

-Ay, cómo huelen estos chorizos.

¡Madre del amor hermoso! Yo no sé qué le dan...

...a los cerdos de comer en el pueblo de Manolita.

Pero los embutidos son extraordinarios.

-Sí. ¿Corto unas rodajas para los bocadillos?

-Venga, buena idea.

Hay que mandarle unas letras a Margarita para darle las gracias.

-Las gracias y un poco de ánimo, que su madre está fatal.

-¿No me digas? Pobrecita. Yo es que le tanto aprecio...

-Si es que es un ángel.

-Ya te lo dije más de una vez, para mí esa chica es como...

...la hija que nunca tuve.

-Bueno, y viceversa. -¿Tú crees?

-Claro, usted ha sido como una segunda madre para ella.

Se lo digo yo.

-Ay... -Oiga, por cierto,...

...¿dónde está mi padre? -¿Pues dónde va a estar?

Está escandileando, por ahí andará.

-Ah, ¿y qué tal se lleva con la clientela esta?

-Se está todo el día quejando, ya sabes como es tu padre.

Que si los maestros son unos estirados,...

...que si los alumnos van a lo suyo.

Tarde o temprano siempre encuentra a alguien pa pegar la hebra.

Hay que ver lo que le gusta charlar a tu padre.

-¿Y de qué habla con esta gente tan cultivá?

-De qué va a hablar, de salvar el mundo.

Se ponen y no hay quien los pare.

Ya lo sabes, es un poquito filósofo...

...y como aquí hay más de uno y de dos que son de su misma cuerda.

-¿Ah, sí? ¿Aquí hay republicanotes?

-Uh, haberlos haylos, no se ven, ¿eh?

Nunca se sabe si vienen o si van.

-Sí, yo creo... -La gente no se suele significar.

Pero igual que en la calle o en el Asturiano.

A casi todo el mundo menos a tu padre le da miedo hablar.

-Mi padre siempre ha hablado más de la cuenta.

Se podía meter la lengua bajo el zapato.

-Todo lo contrario, y como le den un poquito de cuerda...

...se crece, se crece y se crece, como se cree un Castelar...

-Enriqueta, míreme a los ojos, usted no le permita a mi padre...

...que se signifique en la universidad, ¿eh?

-Fuiste tú la que empezó con esta tontería...

...de que Matilde sospechaba. -Escúchame bien, Alejandro:

Matilde viene a la tienda de malas maneras.

-No sigo que te inventes nada, Julieta.

Sólo digo que Matilde no sospecha.

-¿Entonces por qué me lanzaba esas indirectas?

-¿A mí qué me cuentas? Sospecharía de ti.

A lo mejor piensa que vas detrás mía.

(RÍE) -A lo mejor le han contado...

...alguna de tus otras aventuras, has tenido tantas...

-Lo que tú digas. -En serio, Julieta,...

...Mati no tiene dobleces, no tiene malicia.

Si está enfadada se le saltan las lágrimas, si quiere...

...esconder algo se echa a reír.

Cuando le ha intentado esconder algo a la familia...

...le descubren en minutos.

La pobre no sabe disimular. -De acuerdo.

Tal vez yo...

No sé, puede ser que esté un poco confundida.

-Bueno, pues quítate esas ideas de la cabeza.

Matilde no sospecha nada. -Más nos vale a los dos.

-Así que ya te digo, hijo, aquí hay mucho lorito.

Cualquier día un estudiante silba la Internacional en el pasillo.

-No exagere usted, me dijo que aquí son todos bastante... disimulaos.

-Pues sí, es verdad.

Es que a veces también yo me pongo a exagerar y oh...

Aquí la gente habla dando rodeos.

Diciendo una cosas... "Que si Paquito esto..."

"Que si los franceses lo otro;...

...que si los arrieros lo de más allá".

-Ah. Paquito es el bajito con el bigotito.

¿Pero los otros quiénes son? -Huy, eso me lo he aprendido ya.

Los franceses son los del partido comunista.

-Ah. -Y los arrieros el maquis.

-¡Anda, coño, maquis!

¡Joder, qué jerga tienen aquí los chavales!

Mi padre se lo estará pasando rodeado de veinteañeros...

-Huy, huy, huy, está más joven que nunca.

Le noto yo muy, muy envalentonado.

Y como estamos protegidos por el fuero universitario.

-¿Por quién? -El fuero universitario.

Unas leyes inventadas del s. XIII. -¡Joder!

-Y que quiere decir, más o menos, que quien manda es el rector.

Como si fuera el dueño, el jefe, el director.

Y si lo dice, aquí no entra ni la policía.

-¡Es acojonante, qué gustito! Como en las embajás.

-Claro. O como en las iglesias, he pensado yo pa mí.

-Sí, también. La verdad, no lo he oído.

-Ni yo tampoco, Marcelino.

¿Pero, nosotros, qué vamos a saber de la universidad?

-Claro, tiene razón. Fuero universitario.

¡Coño, Enriqueta, casi me corto! ¡Vaya susto!

¡Es curioso eso del fuero!

A ver cómo me manejo con los estudiantes.

Oiga, joven. ¡Usted!

-Tu hermano era más alto que yo, ¿no?

-Hombre, pa ser de mi familia, sí.

Pero más o menos como tú.

-¿Tú crees? No, no.

-Para mí, erais los dos igual de altos.

-¿Y guardas muchas cosas de él? -No.

Al principio sí. Pero es que me daba no sé qué...

Me daba nostalgia.

-Claro, si es que... no sé, da como pena tirar las cosas...

...de un ser querido, ¿no?

-No las tiré, eh. La mayor parte se las di a un amigo. Marcos.

Pero otras me las quedé, claro.

-Ya. ¿Y este Marcos qué fue? ¿Un novio?

-¿Un novio mío? -Sí.

-No, Marcos y yo nunca fuimos novios.

-Pues fíjate que siempre pensé que lo habíais sido.

-Pues no. Eso sí, era mi mejor amigo.

De hecho, tenía las llaves de su casa, vivía aquí.

Era una persona muy especial. Muy especial.

Escribía. -¿Era periodista?

-Sí, pero sobre todo escribía novelas y poesía.

Si es que era muy sensible.

-Pues sí que era un tipo muy especial, sí.

-Sí, lo era. Lo pasó muy mal, eh.

Porque estuvo en la cárcel y casi ni lo cuenta.

-¿Y estuvo con los republicanos? -No, qué va.

Si es que tenía muy mala suerte.

Le encontraron unos panfletos subversivos en su casa.

Pero al final era un montaje que le hicieron.

-¡Vaya, pues sí que ha tenido una vida interesante!

No como la mía.

A mí lo más interesante que me pasó fue ganar una carrera.

Y a las dos horas me descalificaron.

-Bueno, esto ya está. Voy a plancharlo.

-No, no te molestes. -Hombre.

-Hola. -¡Hola!

-Vengo a despedirme. -¿Qué tal?

-Bien. Huy, ¿y esos pantalones, son nuevos?

-No, eran de Fermín. Se le rompió el mono en la plaza.

-¿Se te han roto los pantalones?

-Se agachó a coger un bulto y, ¡ras! De arriba a abajo.

-Ya veo que esta anécdota me va a perseguir.

-Y porque no llevaba la cámara de fotos, que si no...

-Bueno, menos pitorreo, eh.

-Voy a coger la tabla de planchar.

Vigílalo, no vaya a ser que se agache a por otro bulto...

-Que... ¿te vas por mucho tiempo? -No, dos semanas.

Juanito, ¿cuidarás de Sole?

-Sí, claro. -Que no le falte de nada.

-Tú, descuida que yo me ocupo.

-Gracias.

-¡Madre del amor hermoso, Enriqueta, qué chorizo!

¡Huele que alimenta!

-¡Te lo dije, te lo dije!

-En ese pueblo la matanza la hacen macanuda. Y eso que son mu brutos.

Les pones un yugo y tiran del arao.

Pero debo reconocer que hacen una matanza de primera.

(ENRIQUETA SUSPIRA)

-¡Qué chorizo!

-Buenas tardes, Pelayo. -Hola, Jesús. Buenas tardes.

-¿Me puede hacer un favor?

-Pues sí. Y dos, si son pequeños.

-Tenía que dejar estos apuntes en clase, pero el bedel cerró.

-¡Hay que ver la obsesión que ha cogido con trincar la puerta!

¡Ni que fuese suya la universidad!

Si no tiene nada que hacer. -Pues sí.

Me preguntaba si usted me los podría guardar.

-Naturalmente. Yo te los voy a guardar como oro en paño.

-Me hace un gran favor. -No, eso no es un favor.

-Muchas gracias. -A ti, hombre.

-Hasta luego. -Adiós.

-¿Qué quería ese?

-Nada, dejarnos aquí unos papeles pa que se los guardara.

-¿Qué papeles? -Cómo, pues unos papeles suyos.

¿Qué te han pedido esos, un café? -No, un bocadillo de chorizo.

Les atrae el olor.

-Si ya te lo he dicho, ese chorizo huele que alimenta.

Anda, pon por ahí esos papeles, no sea que se vayan a manchar.

-¿Pero cómo no se van a manchar?

Si esto es un bar, con cocina y todo.

No puede ser que cada uno use esto para guardar cosas.

-Bueno, no seas tan exagerada.

Ha traído los papeles pa que se los Guardemos. Es un cliente.

Le echamos una mano; quedamos bien y damos buen ejemplo e imagen.

-¿Buena imagen, buen ejemplo?

Tú, déjales que dejen aquí lo que quieran.

Pero pronto tendremos que comprar un armarito.

-Anda, trae los apuntes y haz tú el bocadillo de chorizo.

¡Pesada, qué eres una pesada!

-¿Pesada? Con PA de pazguato. Mejor los guardo yo.

Que tienes la cabeza como un bombo y no te vas a acordar.

-¡Mujeres!

-¡Hombres!

(LEE) ¡Política del régimen!

¿Pero esto qué es?

(LEE) El principio del caudillaje.

Francisco Franco...

¡Ay!

¿Pero será posible que el niñato este nos ha dejado pasquines?

-Pasa que mi apellido es muy decente.

Y según en qué bocas, preferiría no oírlo.

Lo que me tengan que decir, me lo dicen a la cara.

-¿Es que hay que explicártelo todo? -Pues sí.

-Bueno, pues resumiendo, que en el Morocco hay pilinguis.

-Que todos sabe a lo que va tu novio al taller de la modista.

-¿Y a qué va, señora? ¡Usted delira!

-Mira, no te hagas la tonta.

Le han visto salir más de una vez del taller de doña Marina.

-Vengo del hotel, de buscar a Belmas y no está.

¡Valiente golfo! Estará en el Morocco.

-No se moleste, don Fernando. Tampoco está.

-¿Qué sonámbulo ni qué leche?

Lo que pasa es que bebo, bebo y bebo.

Y de repente pierdo el contacto con la realidad.

Te estaba buscando. ¿Sabes dónde está Belmas?

¿Belmas? No, por qué. ¡Joder! Ha desaparecido.

-¡Viva la libertad! -Que se calle, Andrés.

¡Que se calle! -¿Qué cojones está pasando aquí?

-Nada, nada, este pobre borracho...

-Eso no eran apuntes. -¿Cómo que no?

-Que no, eran soflamas políticas.

Papelillos de esos que escribe la gente con cosas revolucionarias.

Ya verás. Pamplinas, "panflecos". -¿Panfletos?

  • T3 - Capítulo 89

Amar en tiempos revueltos - T3 - Capítulo 89

03 ene 2008

Julieta advierte a Alejandro de que Mati ha descubierto lo que hubo entre ellos. Alejandro trata de sonsacar a su novia lo que sabe. Pedrito quiere volver a ver a Alicia. Alvaro intenta contener el entusiasmo que siente su hijo por su alumna. Comprometida con don Senén a ser 'una buena cristiana¿, Luisa se va de ejercicios espirituales. Antes de irse le pide a Juanito Grande que cuide de Sole. Alarma en Numancia ante la espantada de Delmás, que ha abandonado el hotel. Jesús le pide a Pelayo que le guarde unos papeles con contenido político. Enriqueta los encuentra y se deshace de ellos por considerar que pueden comprometer a su marido. Julieta y Alejandro son fotografiados por un detective. Las fotos llegan a manos de Adriano que miente a Julieta sobre el regreso de su viaje.

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